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lunes, 2 de febrero de 2026

"¿Es el abandono la primera forma de amenaza?" Resumen en español del artículo de Karlen Lyons-Ruth publicado en la revista Attachment and Human Development (Apego y Desarrollo Humano)

Uno de los últimos números de la revista Apego y Desarrollo Humano está dedicado a rendir tributo a la Dra. Karlen Lyons-Ruth y a toda una vida profesional destinada a la investigación sobre la enorme trascendencia que tienen los dos primeros años de vida del ser humano, y a las complejas intersecciones entre apego y desarrollo del cerebro. La Dra. Karlen Lyons-Ruth es una eminencia en su campo de trabajo y sus contribuciones, científicas, son de una enorme trascendencia para la psicoterapia individual, la psicoterapia padres/hijos y la protección a la infancia. 

Dra. Karlen Lyons-Ruth

En el año 2022, la Dra. Karlen Lyons-Ruth aceptó nuestra invitación para participar como ponente en las V Conversaciones sobre Apego y Resiliencia que bianualmente celebramos en San Sebastián desde el año 2013. Fue un privilegio poder aprender con ella directamente, aunque al final un accidente le impidió viajar y estar físicamente con nosotros, participó online. Pero su cercanía y trato atento y amable facilitaron el encuentro y la conexión entre nosotros. 

El blog Buenos tratos, con motivo de su visita a San Sebastián (España) le entrevistó y dejamos constancia de ello en esta entrada:

http://www.buenostratos.com/2022/03/entrevista-la-dra-karlen-lyons-ruth.html

Buenos tratos se quiere sumar a este homenaje que le rinde la revista Apego y Desarrollo Humano traduciendo al español la introducción que esta realiza sobre ella, con unas palabras de Howard Steele. Y también dando a conocer un resumen de un artículo escrito por Karlen Lyons-Ruth que recoge una exhaustiva investigación sobre los efectos del abandono en el desarrollo del bebé y su impacto neurobiológico y transgeneracional.

Considero que los resultados y conclusiones son muy relevantes, y su difusión verdaderamente importante porque su conocimiento nos puede conducir a promover políticas preventivas y protectoras de la infancia. Por encima de visiones familiaristas, que priman el mantenimiento (o el retorno) del bebé o del niño a toda costa con sus padres o cuidadores, artículos como el de Lyons-Ruth, a nuestro juicio, ponen el acento en que si esto no es posible (porque está en riesgo la integridad y la salud del bebé y el preservar su sano neurodesarrollo) es necesario neuroprotegerlo. El Derecho a un buen vínculo es lo que debería de primar, y el interés superior de la persona menor de edad radica en la defensa de este derecho.

También creo que debe de alertarnos en cuanto a que el abandono, tal y como lo describe la Dra. Karlen Lyons-Ruth, es una de las formas de maltrato que repercuten de manera severa en el neurodesarrollo. Un maltrato físico y emocional moviliza a los adultos que rodean al niño y se notifica a los servicios sociales más fácil y rápidamente su situación, cuando es detectada. Pero las secuelas que el abandono o la negligencia dejan en los niños (si no conllevan síntomas externalizantes, y a veces sucede así) pueden generar síntomas internalizantes (que pueden no asociarse con el abandono) o incluso sobreadaptaciones valoradas socialmente como la complacencia, el perfeccionismo u otros rasgos obsesivos. La Dra. Karlen Lyons-Ruth pone el acento precisamente en la falta de cuidado, en lo que no se hace, para dar a conocer los efectos que dicha falta tiene en el cerebro. La sociedad no tiene interiorizado que descuidar es una de las principales amenazas que un bebé puede sufrir, ni tampoco las consecuencias que tiene para su desarrollo. Espero que este artículo entregue los fundamentos científicos y motive a todos los agentes políticos, sociales, sanitarios y educativos que lo conozcan a promover los cuidados de calidad en el bebé. Si nos ocupamos de los bebés, contribuimos a crear una sociedad mejor en el futuro. 

Los datos del último informe de la Fundación ANAR, de noviembre de 2025, nos alertan de unas cifras muy elevadas de personas menores de edad que sufren violencia:

59.616 niños/as y adolescentes fueron ayudados por el Teléfono/Chat ANAR de la Familia y los Centros Escolares entre 2019 y 2024, gracias a las 89.411 peticiones de ayuda realizadas por parte de personas adultas. En estos 5 años se registró un incremento del 17,3% de los casos.

Para poder ayudarles se requirieron 16.865 intervenciones por situaciones de emergencia y extrema gravedad, así como 209.290 derivaciones a recursos de infancia de toda España.

Los menores de 10 años suponen el perfil más vulnerable, ya que el 70% sufren algún tipo de violencia (maltrato físico, maltrato psicológico/emocional, abandono, agresión sexual, violencia de género, entre otros).

Principalmente llaman las mujeres (78,2%), destacan las madres, que suelen contactar preocupadas por la violencia que padecen sus hijos/as.

El 69,1% de los/as menores de edad por quienes piden ayuda las personas adultas no recibe ni ha recibido tratamiento psicológico, dato que se agudiza en los menores de 10 años (hasta el 75,5%).

La mayoría de los problemas detectados presentan alta cronicidad y severidad.

Os dejo con el artículo de la Dra. Karlen Lyons-Ruth.

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Introducción de Howard Steele

The New School for Social Research

En la Conferencia Internacional sobre Apego, celebrada en julio de 2024 en Rouen, Francia, Karlen Lyons-Ruth fue ponente principal y recibió un premio a la trayectoria profesional otorgado por la Society for Emotion and Attachment Studies (SEAS). Este número de Attachment and Human Development incluye, como primer artículo, un recorrido por la destacada carrera de Karlen a lo largo de décadas en Boston. La propia Karlen ofrece aquí una visión de conjunto de una trayectoria brillante que permanecerá como testimonio de su mente creativa, su perseverancia y sus importantes hallazgos sobre el apego, las experiencias adversas en la infancia y las medidas neurobiológicas que ponen de relieve cuán vulnerables son los dos primeros años de la vida humana, así como el impacto del abandono tóxico en la vida infantil.

Karlen muestra, a partir de datos de más de 175 madres, que aquellas que descuidaban a sus bebés se asociaban con respuestas de estrés elevadas y con volúmenes aumentados de la amígdala en sus hijos durante la infancia. Este hallazgo converge con un número considerable de estudios en roedores que respaldan la relevancia de un cuidado materno bajo o impredecible en el desarrollo de una respuesta de estrés elevada que persiste hasta la edad adulta. Esta trayectoria evolutiva adversa contrasta con cinco décadas de investigación en apego, que han subrayado reiteradamente la necesidad del bebé de recibir respuestas rápidas y adecuadas por parte del cuidador ante su malestar, de modo que se promueva la seguridad del apego y se establezca una regulación óptima de la respuesta al estrés infantil, con beneficios a largo plazo en el bienestar social, emocional y cognitivo a lo largo del ciclo vital.

Karlen concluye sugiriendo que los patrones alterados de respuesta al estrés infantil y de desarrollo cerebral observados podrían ser prevenibles si se implementan intervenciones de apoyo dirigidas a mujeres maltratadas durante el embarazo y se mantienen a lo largo del periodo posnatal. Afortunadamente, existen múltiples intervenciones basadas en el apego, validadas y adecuadas para lograr este cambio esperanzador en la vida de padres e hijos. En resumen, esta revista tiene la fortuna de contar con un relato exhaustivo de la carrera vital de Karlen Lyons-Ruth, algo de lo que muchos colegas a los que ha mentorado con éxito no albergan duda alguna.

Para aquellos lectores que deseen conocer más sobre Karlen y su trayectoria, pueden consultar el libro de acceso abierto (gratuito) de Duschinsky (2025), Developments in Attachment Research, recientemente publicado, en el que dedica más de cien páginas a describir a Karlen Lyons-Ruth, el Harvard Family Pathways Study y el estudio Mother–Infant Neurobiological Development (MIND). Así pues, este artículo de Karlen puede considerarse una muestra representativa de todo lo que puede aprenderse de los dos estudios longitudinales que ha desarrollado y publicado ampliamente

Resumen ampliado del artículo

“Is neglect the first form of threat?”
Karlen Lyons-Ruth (2025)





El artículo “Is neglect the first form of threat?” de Karlen Lyons-Ruth constituye una contribución teórica y empírica de gran relevancia para la psicopatología del desarrollo, la teoría del apego y la psicotraumatología relacional. Su tesis central cuestiona de manera directa los modelos clásicos del estrés y la amenaza, tradicionalmente centrados en el daño físico, el ataque o la violencia explícita, y propone que durante los primeros años de vida la forma de amenaza más saliente para el sistema de estrés del ser humano es la falta de cuidado.

Desde una perspectiva evolutiva, Lyons-Ruth argumenta que la supervivencia del lactante depende absolutamente de la disponibilidad física y emocional del cuidador. En este contexto, la indisponibilidad, la retirada o la imprevisibilidad del cuidado no constituyen una adversidad secundaria, sino una amenaza directa para la vida. Esta premisa lleva a la autora a replantear el estatuto de la negligencia temprana, situándola como una amenaza primaria y fundacional, anterior en el desarrollo a la amenaza de ataque.

El artículo se apoya en los hallazgos del estudio longitudinal Mother–Infant Neurobiological Development (MIND), diseñado para examinar los mecanismos de transmisión intergeneracional del maltrato infantil a través de vías neurobiológicas, hormonales, conductuales y relacionales. Uno de los aportes centrales del trabajo es la diferenciación sistemática entre abuso y negligencia en la historia infantil materna, mostrando que ambas experiencias generan firmas psicobiológicas distintas tanto en la madre como en el lactante.

Los datos del estudio MIND indican que la negligencia sufrida por la madre durante su infancia se asocia, en la siguiente generación, con alteraciones tempranas y persistentes del sistema de respuesta al estrés del lactante. En concreto, se observa una mayor producción de cortisol, tanto basal como a lo largo de situaciones de estrés relacional moderado, así como volúmenes aumentados de la amígdala y el hipocampo durante los dos primeros años de vida. Estos efectos aparecen de manera consistente a lo largo del rango de edad estudiado, lo que sugiere que la negligencia materna infantil impacta en procesos neurobiológicos muy tempranos y sensibles al contexto.

Estos hallazgos convergen con una amplia literatura procedente de estudios experimentales en roedores, en los que un cuidado materno bajo, impredecible o inconsistente durante los primeros días de vida se asocia con una activación sostenida del eje hipotalámico-hipofisario-adrenal y con alteraciones estructurales en regiones límbicas implicadas en la evaluación de la amenaza. Lyons-Ruth subraya que, aunque los modelos animales no son directamente extrapolables al desarrollo humano, ofrecen una base sólida para comprender cómo la falta de cuidado temprano puede organizar de manera duradera los sistemas de estrés.

Eje HPA


En contraste, el abuso materno en la infancia muestra un patrón psicobiológico diferente. Cuando se controla estadísticamente la negligencia, el abuso se asocia con una menor producción de cortisol infantil en contextos de cuidado negativo-intrusivo y con una reducción del volumen de la amígdala derecha que emerge principalmente durante el segundo año de vida. Este patrón sugiere la posible existencia de un periodo temprano de hiporreactividad al estrés frente a la conducta materna adversa, interpretado como un mecanismo adaptativo orientado a preservar el vínculo de apego con un cuidador potencialmente peligroso pero necesario para la supervivencia.

Uno de los aspectos más relevantes del artículo es el análisis detallado de las alteraciones tempranas de la interacción madre–lactante. Las madres con historias infantiles que incluyen negligencia, especialmente cuando esta se combina con otras formas de maltrato, muestran con mayor frecuencia conductas de retirada, desorientación afectiva y confusión de rol. Estas formas de disrupción interactiva se diferencian claramente de la conducta negativa-intrusiva, más estrechamente asociada a historias de abuso.

La retirada y la desorientación materna tienen un impacto particular sobre el lactante, ya que interfieren de manera directa en la comunicación afectiva contingente. El lactante se encuentra entonces con un cuidador que no responde de manera predecible ni sintonizada a sus señales, lo que limita su capacidad de regular el estrés a través de la relación. Los datos del estudio MIND muestran que estas formas de cuidado desorganizado se asocian con niveles elevados de cortisol infantil y con alteraciones en el desarrollo de regiones cerebrales sensibles al estrés.

A partir de este conjunto de resultados, Lyons-Ruth propone el Modelo de Saliencia Evolutiva del Desarrollo de la Amenaza. Este modelo amplía los enfoques clásicos de la amenaza al postular que distintas formas de peligro adquieren saliencia diferencial a lo largo del desarrollo. En la infancia temprana, la amenaza derivada de la falta de cuidado es prioritaria para el sistema de estrés, mientras que la amenaza de ataque o lesión adquiere mayor relevancia en fases posteriores del desarrollo, cuando el niño dispone de mayores recursos de autonomía.

Un elemento clave del modelo es que cada tipo de amenaza requiere respuestas adaptativas diferentes. Las respuestas clásicas de lucha, huida o congelación resultan inadecuadas ante la amenaza de abandono. En su lugar, el lactante despliega conductas de llamada, protesta, búsqueda de proximidad e hiperactivación del sistema de apego, orientadas a restablecer la disponibilidad del cuidador. Esta distinción permite comprender por qué la negligencia temprana se asocia con patrones relacionales caracterizados por hipervigilancia interpersonal, dependencia forzada o inversión temprana de roles.

El artículo tiene implicaciones profundas para la teoría del apego, en particular para la comprensión del apego desorganizado. Lyons-Ruth muestra que la desorganización puede emerger más tempranamente en contextos de retirada y falta de implicación que en contextos de hostilidad abierta. Esto sugiere que el miedo al abandono puede constituir un organizador más temprano y fundamental de la desorganización que el miedo al ataque.

Desde una perspectiva clínica, el trabajo subraya la necesidad de reconocer la negligencia temprana como una forma central de trauma relacional, a menudo invisibilizada tanto en la evaluación como en la intervención. Asimismo, destaca la importancia de identificar y apoyar a mujeres con historias de negligencia durante el embarazo y el periodo posnatal, dado que existen intervenciones basadas en el apego capaces de modificar la calidad del cuidado temprano y prevenir alteraciones duraderas en la regulación del estrés infantil.

En conjunto, el artículo propone un cambio de paradigma: comprender el trauma temprano no solo como exposición a eventos dañinos, sino como exposición a la ausencia de las condiciones relacionales necesarias para la supervivencia y la regulación. En este marco, el miedo al abandono emerge como una amenaza primaria, profundamente inscrita en la biología del desarrollo humano.

martes, 18 de noviembre de 2025

"El cerebro solitario. Neurobiología y soledad no deseada en adultos y ancianos", por Rafael Benito Moraga e Icíar García Varona.

Para comprar el libro, haz click AQUÍ
(Envíos a todo el mundo)

El cerebro solitario.

Neurobiología y soledad no deseada

en adultos y ancianos 

Rafael Benito Moraga

Iciar García Varona




Os había hablado de la publicación de este libro "Apego y conexión. Soledad no deseada en la infancia y la adolescencia", pero nos faltaba este que hoy tengo el gusto de presentaros: "El cerebro solitario. Neurobiología y soledad no deseada en adultos y ancianos". Además, lo vamos a hacer de la mano de sus dos autores (Rafael Benito Moraga e Iciar García Varona), que han escrito -en exclusiva para Buenos tratos- el texto que podéis leer a continuación. Conocéis muy bien a los creadores de este libro porque han colaborado varias veces en este blog con artículos brillantes. Sus posts, excelentemente elaborados, les preceden. Este libro se trata de un proyecto literario diseñado en dos volúmenes, pero ambos tienen continuidad y siguen una línea conductora y unas bases epistemológicas comunes. 

Sin más dilación, os dejo con el texto que presenta el contenido del libro. 

Presentación

Rafael Benito Moraga

Iciar García Varona


La soledad en la etapa adulta y en edad avanzada: un problema de salud pública.

La soledad en la edad adulta no es un hecho aislado, sino un paisaje que atravesamos muchas veces sin darnos cuenta. A veces duele como un vacío emocional que nace de vínculos que no sostienen; otras, aparece como un silencio social cuando nuestra red se debilita; y en ocasiones es un fenómeno que nos excede, impulsado por formas culturales que fragmentan lo común.

En este capítulo -de Iciar García- aborda la soledad desde una mirada ecosistémica, entendiendo que no surge únicamente de experiencias individuales, sino de la interacción entre nuestras historias de apego, las redes que construimos y el contexto social en el que convivimos. La soledad emocional se teje desde las primeras experiencias relacionales: cómo aprendimos a recibir afecto, a confiar, a pedir apoyo. La soledad social emerge cuando esas huellas internas se proyectan en nuestras relaciones adultas, influyendo en la calidad de nuestras amistades, la vivencia en pareja o la integración en el ámbito laboral. Y la soledad colectiva nos recuerda que pertenecemos a una sociedad que, a veces sin quererlo, fomenta el aislamiento a través del individualismo, las desigualdades y la pérdida de comunidad.

Sin embargo, también existe una soledad que acompaña, que fortalece, que permite regresar a una base interna segura para crecer. Reconocer nuestras “mochilas relacionales”, comprender cómo se activan los sistemas de apego y afiliación y reconstruir redes desde un lugar más consciente puede transformar la soledad no deseada en espacios de encuentro —con otros y con uno mismo— más auténticos y reparadores.

La transición al nido vacío marca una de las reconfiguraciones más profundas de la adultez tardía. La salida de los hijos del hogar deja un silencio nuevo que no siempre se vive como pérdida, pero que sí exige elaborar un cambio identitario: dejar de ser el centro logístico y emocional de la vida familiar para reencontrarse con una intimidad que a veces se ha pospuesto durante años.

En esta etapa, la soledad puede aparecer como un visitante ambiguo. Para algunas personas, trae nostalgia y preguntas sobre el sentido o el rumbo vital; para otras, representa un espacio de autonomía y renacimiento personal. El impacto no depende solo del evento en sí, sino de cómo se ha construido el rol parental, la calidad de los vínculos, las expectativas culturales y el apoyo social disponible.

El capítulo -escrito por Iciar García- subraya que el nido vacío no es necesariamente un duelo, sino un proceso de reorganización emocional, relacional y de proyecto vital. Implica revisar dinámicas de pareja, reactivar redes, reconectar con intereses olvidados y aprender a habitar un hogar que cambia de ritmo y de significado.

Lejos de ser un final, esta etapa abre la posibilidad de construir nuevas formas de presencia, intimidad y autonomía, siempre que se pueda transitar la soledad —cuando aparece— como un espacio que invita a reescribir quiénes somos más allá del rol de cuidado.

"La soledad no deseada es particularmente 
perjudicial en el final de la existencia"



Por su parte, Rafael Benito plantea que los bebés vienen al mundo con un cerebro por hacer, incapaces de huir del peligro, funcionalmente ciegos a las amenazas y con grandes dificultades para comprender y hacerse entender. No van a poder sobrevivir, salvo que dispongan de dos cosas: protección durante las etapas más vulnerables de su crecimiento, y alguna guía para el desarrollo de sus redes neurales durante las tres décadas que el cerebro tarda en conformarlas. La naturaleza ha resuelto ambos problemas, procurando que los cerebros ya formados de los adultos proporcionen al mismo tiempo ambas cosas mediante la relación de apego, una conexión especial y estable entre las crías humanas y los adultos de su misma especie, que genera las interacciones que moldean el desarrollo cerebral durante la infancia y la adolescencia. 

De ahí que, desde el nacimiento, el ser humano sienta una necesidad imperiosa de conectar con sus semejantes para que la relación con ellos guíe el desarrollo de las redes neurales hasta el final de la adolescencia. Los circuitos de la recompensa están listos en el cerebro del bebé desde el final del embarazo, y se activan de modo intenso cuando perciben cualquier estímulo relacionado con la presencia de otra persona, promoviendo la búsqueda de la cercanía al otro y encendiéndose con el placer de su contacto y sus caricias. El bebé nace con una especie de adicción a las relaciones: cuando se siente acompañado disfruta; cuando se siente abandonado, su sistema nervioso experimenta un síndrome de abstinencia que se manifiesta en forma de llanto, protesta y, si no recibe consuelo, abatimiento y tristeza.

Siendo la conexión con los demás la fuente de energía que sostiene el neurodesarrollo, dirigiendo el crecimiento del cerebro, no es extraño que el deseo de cercanía y el miedo a la soledad acompañen al individuo desde su nacimiento hasta el final de sus días. Cuando los niños y adolescentes sufren malos tratos o abandono, el crecimiento de las redes neurales sigue una trayectoria anómala, con graves consecuencias para su salud a lo largo de toda la vida. La soledad altera el funcionamiento del cerebro, dañándolo progresivamente, haciéndolo envejecer prematuramente y favoreciendo la aparición de deterioro cognitivo y demencia. La falta de relaciones genera además un círculo vicioso letal porque afecta a las áreas del cerebro que deberían facilitar la conexión con los demás; de este modo, a más soledad, más probabilidades de quedarse solo. 

Los problemas derivados de la falta de relaciones no sólo afectan al estado psíquico; cualquier perjuicio causado al cerebro daña inevitablemente la salud física. El sistema nervioso aparece en la evolución de los seres vivos cuando éstos tienen órganos complejos y sistemas especializados que requieren coordinarse para asegurar la supervivencia. Las redes neurales lo consiguen, integrando el funcionamiento de los sistemas corporales y regulando su actividad con arreglo a las circunstancias ambientales; de ahí que la afectación del sistema nervioso por la soledad no deseada acabe ocasionando o empeorando problemas médicos como diabetes, enfermedades cardiovasculares y una predisposición a las infecciones; con un aumento notable de la mortalidad y un acortamiento de la esperanza de vida.

Si la soledad es perjudicial en cualquier momento de la vida, lo es especialmente en la fase final de la existencia, una etapa en la que es especialmente frecuente estar solo. El impacto negativo de la carencia de relaciones en diversos indicadores de salud física y mental es muy intenso en los ancianos y las evidencias de todo ello son muy sólidas.

En este volumen, el lector encontrará un capítulo dedicado a la neurobiología de la conexión social -escrito por Rafael Benito-, en el que se analizan los dispositivos cerebrales que guían la relación con nuestros semejantes; más otra sección centrada en la incidencia y las repercusiones de la soledad en la vejez. 

No es especulación, es ciencia: la soledad es un problema de salud pública que nos concierne a todos y debería movilizar más recursos sociales.

lunes, 9 de septiembre de 2024

Mano a mano entre Rafael Benito, psiquiatra, y Jose Luis Gonzalo, psicólogo para hablar de neurobiología relacional en la infancia y adolescencia ¡Bienvenidos a la 17ª temporada del blog Buenos tratos!

Neurobiología relacional en la infancia y la adolescencia

Conversación entre Rafael Benito y Jose Luis Gonzalo

Jose Luis Gonzalo, psicólogo y Rafael Benito, psiquiatra


Presentación

Hace unas semanas Rafael Benito y yo nos reunimos para conversar sobre los aspectos más relevantes en relación a los adolescentes, el apego, el neurodesarrollo y los malos tratos tempranos, y cómo aunar visiones desde la neurobiología y la psicoterapia, huyendo de planteamientos cartesianos que dividen cerebro-cuerpo y mente. Desde ambos lados (como la anchura y la largura de una superficie, ambas son necesarias para calcular esta), nos proponemos explicar y desengranar algunos de los elementos más importantes, de acuerdo con la ciencia del cerebro, que conducen a un buen desarrollo infantil. También hablaremos de lo que ocurre en el cerebro cuando una persona sufre malos tratos, qué es lo que favorece su reparación.

Fruto de nuestra conversación, que fue grabada en vídeo (la grabación ofrece más contenidos que el texto y la ofreceremos pronto en este blog), elaboramos este documento-resumen que he ordenado para publicarlo aquí en formato conversación. Me parece que es el mejor modo de comenzar esta 17ª temporada de nuestro querido blog Buenos tratos: proponer una visión de las relaciones interpersonales desde la neurobiología y repasar qué aspectos favorecen el bienestar de nuestros niños y adolescentes, especialmente de los que han sufrido adversidad temprana.

Por utilizar una metáfora que nos ayude a comprender cómo podemos aunar visiones que se complementan, me vino a la mente la labor de dos genios como Eduardo Chillida (escultor) y Cristobal Balenciaga (modisto). Ellos, desde dos ámbitos artísticos diferentes, consiguen interpretarse el uno al otro para llegar a producir lo mismo: belleza y armonía a través materiales y expresiones distintas que dialogan. Psicología y psiquiatría llegan también por dos vías diferentes a dialogar para estudiar y tratar lo mismo: el cerebro/mente. Chillida y Balenciaga, mediante materiales y configuraciones en principio antagónicas (los vestidos y las esculturas) encuentran nexos y confluencias. Sin que tengamos la genialidad de estos grandes, ni mucho menos, intentaremos transmitiros esta idea del diálogo y la complementariedad entre psiquiatría y psicología. 

Espero que os aporte en vuestro caminar personal y profesional.

Balenciaga y Chillida, expresiones artísticas distintas, 
pero llegan a conceptos que confluyen y están unidos.

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Neurobiología relacional en la infancia y la adolescencia
Mano a mano entre Rafael Benito, psiquiatra y 
Jose Luis Gonzalo, psicólogo


Rafael Benito: La cría de la especie humana nace con un sistema nervioso sin hacer, con un desarrollo prolongado que se extiende hasta la treintena.

La naturaleza dispuso que el moldeado de las redes neurales que componen este sistema se produzca a lo largo del neurodesarrollo utilizando la plantilla proporcionada por el cerebro ya hecho de los adultos que interaccionan con el niño y el adolescente a través de una relación interpersonal suficientemente estrecha y duradera denominada relación de apego.

Y para moldear cerebros integrados, las figuras de apego deben proporcionar interacciones sintonizadas con los estados emocionales del niño y el adolescente, capaces de oscilar en función de las variaciones del afecto infantil, y suficientemente coherentes para evitar el caos que supondrían respuestas impredecibles para el niño. 

Jose Luís: En la línea de lo que comentas, Rafa, antes de ayudar a un adulto a sintonizar con un niño o joven, es importante que aprenda primero a sintonizar con sus propios estados emocionales. ¿Puede recordar alguna persona que en su vida validara sus emociones o mundo interno? Alguien que le dijera: "siento lo que te ha ocurrido, comprendo que te sientas así, tiene que ser duro, imagino que te sentirás triste…" "Al recordar esto, ¿qué sientes?" "¿Qué notas en tu cuerpo?" ... "Nótalo, acógelo y valídalo". Está bien lo que sentimos. Ahora quizá, después de sintonizar con nosotros, estamos  más preparados para sintonizar con el niño o joven. "¿Qué sentiste en esa situación?" Si sabe expresarlo, le decimos que entendemos que se sintiera así y validamos esa emoción. Si no lo sabe, podemos tratar de aventurar a modo de hipótesis cómo pudo sentirse. Por ejemplo: "Cuando alguien no te invita a una fiesta, uno se puede sentir rechazado. ¿Puede ser?" Si el chico o joven da muestras de que sí puede ser eso, le decimos que sentimos que se sintiera así pero que es normal que lo sienta y positivo que lo pueda expresar. Nosotros lo comprendemos y estamos a su lado. Hay que tratar de estar presentes corazón con corazón, que el niño sienta que escuchamos su yo autobiográfico. 

Rafael: ¡Muy bueno, Jose Luís!. Seguimos aportando conceptos científicamente importantes. Sabemos desde la neurobiología que la evolución de las redes neurales desde la máxima flexibilidad a la máxima eficiencia, a través de procesos de proliferación y poda, hace que las relaciones interpersonales que tienen lugar durante el desarrollo sean decisivas en la conformación del sistema nervioso, y determinen en gran medida como será su funcionalidad en el adulto. El cerebro no va a perder nunca la capacidad para moldearse con arreglo a nuevas experiencias; pero esta facultad nunca va a estar tan desarrollada como en las fases de proliferación y poda. 

El desarrollo cerebral en el ser humano es prolongado y se extiende desde la sexta semana tras la concepción hasta los 25 o 30 años. A lo largo de esas tres décadas hay dos fases fundamentales de proliferación y poda: la primera se produce durante la infancia y la segunda durante la adolescencia.

Cerebros moldeando otros cerebros. Cómo las relaciones interpersonales guían la evolución del cerebro infantil y adolescente desde el nacimiento. Nuevo libro de Rafael Benito. Para adquirirlo haz click aquí:

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Durante los primeros tres años el sistema nervioso es especialmente sensible a interacciones presididas por el maltrato o el abandono. Desgraciadamente, también es el periodo de tiempo en el que resulta más difícil detectar ese daño y acabar con él.

Jose Luís: Es impresionante lo que cuentas, Rafa. Pienso en un ejercicio que puede ayudar a tomar conciencia de la importancia de las relaciones interpersonales de las que hablas en la formación del sistema nervioso. A ver qué te parece. 

Le podemos pedir a un adulto que, tras un rato respirando, entre en un estado de calma atenta. La confianza que ese adulto tiene en la persona que le acompaña en el ejercicio es importante. Sería bueno hacerlo con un psicoterapeuta (u adulto) en el que se confía. Le indicamos que acceda a un recuerdo de la adolescencia asociado a una emoción difícil de regular, como el rechazo, la rabia o la vergüenza. Tratamos de que no sea un recuerdo de una intensidad emocional muy alta (No más de 3 ó 4 sobre 10) Le pedimos que nos diga qué imagen le viene a la mente, qué sensación corporal y qué pensamientos. Que sea capaz de traer al presente todos los componentes de la experiencia, que conecte sentidamente con el recuerdo (...) Le decimos que piense en lo que hubiera necesitado en ese momento por parte de un adulto. Le pedimos que, si es demasiado intenso, pare cuando quiera y se dé cuenta de que está en el presente con nosotros. Fundamental que sienta que no pierde la conexión emocional con nosotros en ningún momento. Le decimos si nota nuestra presencia reguladora. Y le pedimos que vaya expresando lo que le venga a la mente. Después, le ayudamos a comprender desde el yo adulto lo que se quedó sin poder elaborar. Este ejercicio suele servir para que los adultos se den cuenta de lo duro que es experimentar experiencias de este tipo a esta edad, y eso que no elegimos recuerdos de intensidad muy elevada. Permite tener más empatía, paciencia y comprensión hacia los chicos que han sufrido maltrato. 

Rafael: ¡Me ha encantado este moldeamiento neuronal a través de este ejercicio, Jose Luís! Seguimos. Consideramos la adolescencia como un regalo de la naturaleza; una época en la que se renueva el bosque neuronal y podemos reparar de un modo profundo y eficaz las heridas del maltrato durante la primera infancia.

Durante la pubertad se produce una nueva fase de proliferación a la que seguirá, a lo largo de toda la adolescencia, una fase de poda que finalizará hacia los 25 años con la culminación del desarrollo del córtex prefrontal. Todavía quedará, a lo largo de la treintena, completar el desarrollo de las conexiones interhemisféricas que perfeccionarán la capacidad cerebral para convertir en narrativa las vivencias corporales.

Jose Luís: ¡Excelente exposición! Ahora que mencionas las narrativas, me viene a la mente la técnica de la caja de arena (tú y yo colaboramos en la escritura de un libro titulado: "La armonía relacional. Aplicaciones de la caja de arena a la traumaterapia"). La creación de una escena usando miniaturas en una caja de arena, símbolos visuales, permite en un primer momento conectar con las vivencias corporales. Habrá símbolos que produzcan sensaciones placenteras y otros que generen sensaciones más intensas, como miedo, rabia, asco… Todavía la persona no sabe por qué. En ese momento, aún no accedemos a la narrativa. Le pedimos a la persona que observe lo que note en su cuerpo como sensación física mientras respira suavemente, tratando de observarlo. Poco a poco, notará que las sensaciones corporales se hacen más reguladas, o se transforman y varían. Ahora es cuando le podemos pedir al constructor de la caja que narre, o mediante preguntas le pedimos que vaya contando lo que cree que representan o significan, y podrá ligar una narrativa más coherente, consiguiendo convertir las sensaciones en narración. 

Rafael: Preciosa manera de llevar la neurobiología de las narrativas a una técnica que lo representa muy bien. Realmente, el neurodesarrollo durante la adolescencia es una especie de reinicio. Las áreas del sistema límbico proliferan en un crecimiento acelerado que rompe provisionalmente la integración, haciendo que predominen y abran al adolescente a nuevas experiencias en una búsqueda constante de nuevas respuestas. Por el contrario, la corteza prefrontal enlentece su desarrollo dificultando la regulación emocional y el control de los impulsos.

Como se puede ver, es un periodo lleno de oportunidades, pero también de riesgos; un periodo en el que vuelve a resultar necesario contar con el cerebro ya maduro de las figuras de apego para proporcionar recursos de que les ayuden a conectar adecuadamente las áreas límbicas con las zonas frontales que deben regularlas. Al mismo tiempo, las conexiones interhemisféricas del adolescente organizarán narrativas congruentes con las experiencias vividas.

"En la adolescencia hay que contar con el cerebro maduro
de las figuras de apego"
(Rafael Benito)


Jose Luís: Por eso, Rafael, de acuerdo con lo que dices, pienso que para que los niños y los jóvenes puedan contar con el cerebro maduro de las figuras de apego es importante que estas hayan desarrollado la capacidad de mentalizar. Para poder mentalizar hay que reconocer el mundo interno de los chicos. Partir de la idea de que debo darle herramientas que le permitan usar mis competencias como figura de apego para guiar sus actuaciones. Lo primero, escuchar sin juzgar. Por supuesto, validar y tratar de no criticar, los adultos en seguida moralizamos. Lo segundo, conversar y mediante preguntas (sabias por nuestra parte), ayudarles a comprender lo que les pasa a ellos y a los demás por dentro. Las preguntas no deben ser algo policial sino formuladas en términos de apertura, curiosidad y saber más. Preguntas que ayudan a los chicos a conversar y a aprender. En un momento dado, podemos orientar y mediante nuevas preguntas animarles a que vean más puntos de vista. Algunas preguntas útiles pueden ser (ya las ofrecimos en otro post):

¿Qué ocurrió?

¿Qué te lleva a afirmar eso?

¿Qué efecto tuvo en ti?

Hablando de uno mismo:

Cuál era tu estado emocional antes

En qué estado emocional te encontrabas…

¿Qué piensas de lo ocurrido?

Tal vez sientas…

Me pregunto si…

Pareces pensar que te voy a abandonar, no estoy seguro de que te lleva a pensar tal cosa...

Ayúdame a verlo de ese modo

Hablando de los otros:

¿Qué le llevó a actuar así?

¿Qué ocurría con la sensación de que él o ella…?

Creo que me he equivocado. Lo que no puedo entender es como he podido llegar a decir eso. ¿Puedes ayudarme a volver a lo que sucedió antes de equivocarme?

¿He pasado por alto algo obvio?

Ahora lo que me intriga es que tú y yo estamos teniendo una perspectiva diferente (marcar una perspectiva alternativa)...

Quiero sacar un tema que no quiero que tomes como que te juzgo, pero me parece importante porque me preocupa y tenemos que hablarlo…

Aprecio lo que dices, pero ese es el efecto que me produce lo que haces o dices… O lo que hace o dice otro.

¿Qué te parece, Rafa?

Rafael: ¡Muy bien! Seguimos con más cuestiones importantes. Vamos a hablar ahora de un tema muy sensible para nuestras familias, pero necesario para poder comprender y ayudar eficazmente: los malos tratos.

Cuando un niño ha sufrido maltrato o abandono en la infancia, llega a la adolescencia en las peores condiciones para afrontar los cambios del neurodesarrollo propios de esta etapa. Los problemas de integración vertical originados por el maltrato hacen que se acuse más la inestabilidad generada por el crecimiento acelerado de las áreas límbicas y la incompetencia transitoria del córtex prefrontal.

La necesidad de figuras de apego con sistemas nerviosos bien integrados es máxima en esta situación. Presencia e influencia serían las palabras clave en las necesidades de apego adolescente. Como dice Daniel Siegel en su libro "La mente en desarrollo", los adultos deben convertirse para los adolescentes en la “pista de despegue” que les ayude a volar, y en el “puerto seguro” al que siempre pueden regresar para encontrar apoyo y contención.

Jose Luís: ¡Aquí neurociencia y apego se dan la mano de una manera fascinante, Rafa!. Es muy importante -según lo que acabas de contarnos- decirles (ponerlo en palabras) a los niños que se les ama siempre y, sobre todo, que se les valora, que los comentarios, críticas o valoraciones cotidianas es sobre lo que hacen o dicen, no sobre lo que son (aceptación fundamental), que en ningún momento sientan que nos avergonzamos de ellos o que les devaluamos. ¡La persona y la relación por encima de todo! No necesitan ser competentes en todo lo que hagan para ser amados y considerados por nosotros. 

También es fundamental que sientan que estamos siempre disponibles para ayudarlos, que desarrollen esa expectativa. Primero, estamos presentes (presencia segura) cuando se sientan agobiados, frustrados, tristes, enfadados..., ante cualquier vivencia… Y, después, tratamos de ayudarlos con sus problemas: "¿Qué puedes hacer?" "¿Cómo puedes manejarlo?" "¿Qué opciones tienes?" "¿Cómo te puedo ayudar yo? Cuando son más pequeñitos, los tenemos que acompañar, cuando van creciendo, les guiamos, pero ellos mismos van afrontando las situaciones y les enseñamos a afrontar los problemas. "¿Cuál es el problema?" "¿Posibles soluciones?" "¿Consecuencias al ponerlas en práctica?" "¿Para mí?" "¿Para los otros?" Todo lo que sea potenciar su capacidad reflexiva es muy importante. Hay veces que las cosas no saldrán bien y los reconfortamos. El dolor forma parte de la vida, pero estamos ahí para escuchar, calmar, abrazar, ayudar a narrar… El asunto no es tanto que nos pasen cosas difíciles, adversas… sino no contar con nadie. Que sepan claramente: "Si me necesitas, estoy". Eso da muchísima seguridad. 

Rafael: En conclusión, la adolescencia de los chicos y chicas víctimas de maltrato en la infancia exige todavía más de sus figuras de apego; por lo que es vital que éstas sean suficientemente capaces de regular sus emociones, conozcan bien las fortalezas y debilidades de sus propios sistemas nerviosos y cuenten, si es necesario, con presencias auxiliares (educadores, terapeutas, médicos) que generen una red de cerebros moldeadores. ¿Qué te parece?

Jose Luis: Cien por cien de acuerdo. Llegamos al fin de nuestra conversación. Ha sido un placer, como siempre, departir y encontrar lugares comunes contigo, amigo y colega.

Rafael: Lo mismo digo, amigo y colega Jose Luís, un auténtico gusto poder encontrarnos y buscar nexos y confluencias que logren aportar luz a las familias en el acompañamiento de sus hijos durante la crianza. 

lunes, 6 de septiembre de 2021

Adolescencia, pandemia y adversidad temprana: claves desde la neurobiología (II y final), por Rafael Benito Moraga, psiquiatra y traumaterapeuta ¡Bienvenidos/as a la 15ª temporada del blog Buenos tratos!



Firma invitada

Rafael Benito Moraga

Psiquiatra y traumaterapeuta

Bienvenidos/as - Ongi etorri - Selamat datang - You are wellcome 

15ª temporada del blog Buenos tratos

Por primera vez en su historia, Buenos tratos os da, de la mano de Rafael Benito, la bienvenida a todos y a todas también en indonesio, pues es el segundo país donde más seguidores tenemos. El blog es leído en numerosos lugares de todo el mundo. Gracias a una opción disponible en blogger de Google, se produce una traducción automática a numerosos idiomas. Y, los datos no mienten: 2,98 mil seguidores en Indonesia. En primer lugar, España, y en tercero, Estados Unidos. Por eso, os saludo en estos tres idiomas, en este orden, para tener presente a toda esta comunidad de personas que nos siguen allí, la verdad es que el blog de la Red Apega se siente muy honrado por despertar interés en otros países y culturas. Los buenos tratos y su lenguaje son universales.

El blog ha estado parado porque por estas latitudes, ya sabéis, es verano y tradicionalmente nos tomamos un descanso. Inauguramos como siempre, con muchas ganas y alegría, esta nueva temporada... ¡Y ya van 15! Espero y deseo de todo corazón que os encontréis bien de salud, en estos tiempos que corren -con la pandemia por COVID 19- tener salud es un valor que apreciamos aún más. 

No quiero extenderme mucho, solamente deciros que cada vez somos más los escritores que colaboramos en el blog, se van sumando nuevas firmas, todo el mundo con un sólo deseo: colaborar desinteresadamente y aportar lo que saben. El resto es puro placer para nosotros porque -lo hagamos mejor o peor- nos gusta y disfrutamos con la escritura. Les iréis conociendo a lo largo de este año. Otros colegas repetirán participación.

También compartir con vosotros/as que tenemos para este trimestre numerosas novedades, que os iré contando poco a poco. Os adelanto que no os podréis despegar de la pantalla y que viviréis numerosas emociones, algunas, desgraciadamente, muy intensas y duras y que no nos gustaría sentir... Entenderéis pronto por qué digo todo esto...

Mencionar solamente que este próximo mes de octubre tendrían que haberse celebrado las V Conversaciones sobre apego y resiliencia, pero la situación motivada por el COVID 19 no nos permite celebrar este emotivo y bonito evento como nos gustaría. Por ello, lo hemos aplazado al 6 y 7 de mayo de 2022. ¡En diciembre espero confirmar que se abren las inscripciones y que celebramos estas entrañables jornadas!. Hemos de esperar a la evolución de esta pandemia, esperemos que, al fin, favorable. Tenemos muchas ganas de volver a reunirnos. Asistirán ponentes de gran nivel y será un congreso participativo.

Este curso 2021-22, en la medida que las ocupaciones nos lo permitan, seguiremos mis compañeros/as y servidor (José Luis) colaborando con diversos artículos sobre apego, trauma, desarrollo y resiliencia, en la línea de estos años atrás, sin perder la esencia, pero con novedades que no nos dejarán indiferentes.

Para empezar, inaugura brillantemente la 15ª temporada mi amigo y colega Rafael Benito Moraga, psiquiatra y traumaterapeuta, especialista en neurobiología. Si recordáis, despidió el curso anterior, mes de junio de 2021, con la primera parte de un artículo sobre la adolescencia y la adversidad temprana. Os prometimos que, tras la vuelta de las vacaciones, Buenos tratos os ofrecería la segunda parte: pues aquí está, para inaugurar con todos los honores esta nueva temporada del blog: 14 años de Buenos tratos, comienzo de la 15ª temporada. 

Agradecerle a Rafael Benito Moraga de todo corazón su generosidad al compartir desinteresadamente (en este blog no hay inserta publicidad alguna, ni ningún autor/a recibe retribución económica por su trabajo) sus especializados conocimientos y vasta experiencia en el ámbito de la neurobiología y la psiquiatría. Él, como miembro del equipo docente del postgrado de traumaterapia, es uno los ilustres colaboradores de este blog, el de la Red Apega -no es la primera vez que participa, ni será la última-, y nos entrega no ya un post sino todo un tesoro en forma de texto científico-profesional, un excelente artículo sobre un tema especializado que a todos y todas nos interesa sobremanera. 

Un saludo afectuoso de José Luis Gonzalo y de todo el equipo que formamos la Red Apega.

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Adolescencia, pandemia y adversidad temprana: claves desde la neurobiología 
(2ª parte y final)

Autor: Rafael Benito Moraga


La adolescencia: una segunda oportunidad para los niños y niñas que sufrieron adversidad temprana.

Andoni[1] tiene actualmente 17 años. Hace dos años fue detenido como cómplice de un robo y se le impuso el cumplimiento de una pena en un centro de reforma; pero las constantes fugas de ese centro y los incidentes violentos que protagonizó en el mismo hicieron que fuera trasladado a un centro cerrado de alta seguridad, donde permanecerá durante al menos un año más. 

Natural de un país del este, fue adoptado con tres años tras haber pasado ese tiempo internado en un orfanato donde sufrió una grave desatención con situaciones de abandono, abuso físico y abuso emocional. No se sabe mucho de sus padres biológicos; pero, por lo que les contaron a los padres adoptantes, su madre tenía probablemente rasgos antisociales de personalidad y era posible que bebiera alcohol cuando estaba embarazada de Andoni.

Teniendo en cuenta las circunstancias en las que creció durante sus primeros años, resultaba asombroso que se adaptara con tanta facilidad a su nueva vida. Durante los años siguientes su comportamiento fue bueno y no mostraba ningún signo de desregulación emocional ni del comportamiento; la relación con los compañeros y los profesores era buena y en casa se comportaba como un niño cariñoso y obediente. No les costaba ningún trabajo que hiciera sus tareas escolares; en clase estaba atento y no tenía ningún problema de aprendizaje. 

Todo parecía ir bien hasta que llegó la pubertad. Sus padres adoptantes no eran ingenuos y tenían dos hijos en la fase final de la adolescencia; estaban al tanto de los cambios que se podían esperar en chicos y chicas cuando llegaban a la temida “edad del pavo”. Por eso no les alarmó que las emociones de Andoni se hicieran más volubles, ni que se redujera su tolerancia a la frustración. Lo que no esperaban es que, de un modo bastante rápido, aquel niño cariñoso, obediente y muy listo comenzara a reaccionar con una agresividad cada vez mayor, y empezara a incumplir las normas, a mentir con frecuencia y a cometer pequeños robos. Pronto se inició en el consumo de drogas y llegó a ”trapichear” para sacar algún dinero. Su comportamiento en los estudios también empeoró: todo le parecía un “rollo”, no prestaba atención durante las explicaciones, casi nunca hacía los deberes y le resultaba muy difícil estar sentado estudiando más de diez o quince minutos.

Es posible que algunos de los/las lectores/as de este post, bien sean familiares, profesionales o jóvenes afectados, hayan identificado los rasgos fundamentales de la historia de Andoni con los de alguna de las historias que han conocido: 

- Una historia de abandono y maltrato durante los primeros años de vida.

- Una evolución post-adoptiva o post-acogida sorprendentemente buena; con una respuesta muy favorable al cariño y los cuidados.

- Un empeoramiento muy notable y rápido tras el inicio de la pubertad, en el que se observan los rasgos más o menos típicos de la crisis del adolescente, aunque mucho más intensos y difíciles de modificar.

Esta situación aparentemente inexplicable, que parece obedecer a la aparición de un trastorno mental o una psicopatía escondida, se puede entender si tenemos en cuenta los cambios que experimenta el sistema nervioso durante la adolescencia. Como veremos, el neurodesarrollo durante la adolescencia plantea grandes dificultades para los chicos y chicas que han sufrido maltrato durante los primeros años de vida porque tiene lugar en áreas y núcleos cerebrales que han sido dañados por las experiencias traumáticas. Todos estos cambios producen en los jóvenes alteraciones de la regulación emocional y del comportamiento graves y muy disruptivas, generando en quienes les rodean un estado de estupor, al que siguen una confrontación extenuante y finalmente la desmoralización y la desesperanza. 

Contemplar estas modificaciones desde la perspectiva neurobiológica nos puede ayudar por tres razones. Primero, porque nos hace entender que no se trata de un trastorno mental ni de un defecto de la personalidad; sino una crisis evolutiva exagerada por el daño que produjo la adversidad temprana. Segundo, debemos entender que los cambios cerebrales propios de la adolescencia están pidiendo, no una confrontación ni una pelea, sino una reactivación de la relación de apego que guíe de nuevo el neurodesarrollo en la dirección adecuada. Y tercero, la revitalización del apego y el hecho de que el cerebro entre de nuevo en un periodo muy activo de proliferación y poda es un regalo de la naturaleza porque nos ofrece la posibilidad de reparar el daño que no pudimos corregir cuando el niño o niña afectados eran demasiado pequeños/as.

En episodios anteriores…

Hagamos un repaso de lo visto en el primer post; nos ayudará a entender las dificultades que plantea la adolescencia, haciéndonos ver la importancia de esta etapa de la vida para la recuperación de un funcionamiento físico y mental sanos y adaptados.

1. El sistema nervioso es la sede de las funciones mentales y el regulador maestro de los procesos fisiológicos; aparece a lo largo de la evolución de las especies con ese cometido. Como consecuencia de ello, para lograr un estado de salud física y mental, es esencial que todas sus partes funcionen de un modo integrado, en el que ninguna de ellas tenga una actividad dominante que ahogue la libre actividad del resto. 

2. Para llegar a esa actividad integrada, las redes neurales que constituyen el sistema nervioso se desarrollan progresivamente, mediante fases de proliferación y poda, desde un máximo de flexibilidad y posibilidades hacia una eficiencia máxima con una variabilidad menor. Aunque la capacidad de las redes neurales para modificar su actividad y sus conexiones (su plasticidad) se mantiene de por vida, el paso de los años hace cada vez más difícil modificarlas. Por eso es muy importante sentar los cimientos de un desarrollo integrado aprovechando las oportunidades que nos ofrecen los años de proliferación y poda; ya que, lo ocurrido durante esos años va a establecer el funcionamiento del sistema nervioso del adulto.

3. No todos los periodos del desarrollo tienen la misma importancia; ya que la proliferación y poda de las conexiones se produce sobre todo en dos etapas de la vida: los primeros dos o tres años, y la pubertad y la adolescencia. Durante esta última el sistema nervioso experimenta una revolución que lo devuelve a una situación análoga a la de los primeros años de vida; una situación en la que el sistema límbico tiene una actividad más intensa, con un déficit relativo de las funciones reguladoras del córtex prefrontal. En esta etapa se hace necesaria de nuevo la presencia de las figuras de apego para guiar la evolución del cerebro adolescente hacia el logro de ese funcionamiento integrado. 

El maltrato durante los primeros dos años de vida perjudica el neurodesarrollo (ilustraciones 1 y 2)

Ilustración 1. El cerebro de las niñas afectado por el maltrato y el abandono


La gran influencia de las relaciones interpersonales en el moldeado de las redes neurales del niño/a hace que, cuando adquieren características de maltrato, ejerzan un efecto muy dañino en el neurodesarrollo. En cualquiera de sus formas (negligencia, abuso físico, abuso emocional y abuso sexual), el maltrato va a causar un daño en el neurodesarrollo que perjudicará el funcionamiento integrado del sistema nervioso, afectando a la salud mental y física del niño/a, a veces durante toda su vida. Prácticamente ninguna de las áreas del sistema nervioso se libra de esta influencia.



Ilustración 2. El cerebro de los niños afectados por el maltrato y el abandono

Haber sufrido negligencia y abandono durante los primeros años de vida aumenta el tamaño de la amígdala (Roth, Humphreys, King, & Gotlib, 2018) y hace que sea hiperfuncionante (Tottenham et al., 2011) (Protopopescu et al., 2005). Este aumento de la amígdala se ha observado también en mujeres que sufrieron abuso sexual (Cassiers et al., 2018) y también en niños/as que sufrieron abuso emocional (Cassiers et al., 2018). Como consecuencia de estos cambios, puede darse una “irritabilidad límbica” con una predisposición a las respuestas de rabia y miedo exageradas, descontroladas y sin motivo aparente. 

Las estructuras relacionadas con la recompensa y las experiencias placenteras también se resienten, en especial cuando se ha sufrido abuso sexual (Cassiers et al., 2018). El maltrato infantil puede causar una reducción de la actividad de estos circuitos (Tomoda, Takiguchi, Shimada, & Fujisawa, 2017); aunque a veces, en función de la edad en la que se produzca el abuso, puede darse una evolución hacia la hiperactividad (Novick et al., 2018). La consecuencia observable de un funcionamiento deficiente es la falta de interés y motivación; si por el contrario se produce una evolución hacia la hiperactividad, se podrían observar intolerancia a la frustración, una búsqueda constante de estimulación que puede predisponer a las adicciones, y una gran dificultad para demorar la satisfacción de los deseos.

Como consecuencia del maltrato, el hipocampo tiene un tamaño reducido (Teicher & Samson, 2016); sobre todo en varones que sufrieron negligencia y mujeres que sufrieron abuso sexual (Teicher et al., 2018). Esto ocasiona dificultades para recordar y para situar los recuerdos en el tiempo; además, la capacidad de aprendizaje se deteriora, afectando al rendimiento académico.

Como hemos visto, el maltrato daña el sistema límbico conduciéndolo a una hiperactividad que amenaza con generar situaciones de secuestro emocional en las que la rabia, el miedo y el deseo de gratificación pueden tomar el poder, generando comportamientos incontrolables, impulsivos y disruptivos.

Si se pudiera recurrir a un “director de orquesta” (córtex prefrontal) activo y eficiente habría menos riesgo; pero desgraciadamente el maltrato daña también esta zona del cerebro. Todas las formas de maltrato perjudican el tamaño y el funcionamiento del córtex prefrontal (Cassiers et al., 2018). Como consecuencia de ello la regulación emocional es deficiente, hay problemas de atención y concentración, dificultades para planificar la conducta y propensión al comportamiento impulsivo.

Las consecuencias del maltrato en la infancia perduran hasta la adolescencia

Cuando explico a muchos de los adultos que atiendo de qué forma el maltrato sufrido durante su infancia está en el origen de su sufrimiento actual, se muestran escépticos. A lo largo de su vida, muchos de los médicos y psicólogos que han intentado ayudarlos les han dicho que todo eso está en el pasado, que deberían pasar página y dejar de pensar en ello; expresiones que también han escuchado de boca de amigos y familiares. La idea subyacente a estos comentarios es que el neurodesarrollo conlleva una especie de “plan renove” por el que un cerebro adulto nuevecito sustituye al malherido cerebro del niño abandonado y maltratado. Sería fantástico si fuera cierto; pero no lo es. El sistema nervioso del adulto se construye remodelando constantemente el sistema nervioso infantil; de modo que, así como la piel del abdomen mantiene de por vida la cicatriz de nuestra operación de apendicitis, el sistema nervioso del adulto puede conservar en su estructura y funcionamiento las huellas del maltrato. 

Sirvan como ejemplo los resultados de algunos estudios recientes:

· La separación temprana de la madre provoca alteraciones en el desarrollo de la sustancia blanca en la adolescencia (Farley et al., 2017) y también produce un acortamiento de los telómeros cromosómicos en el adolescente (Chen et al., 2019).

· Las experiencias adversas en la infancia también se relacionan con alteraciones en el desarrollo de la amígdala y el hipocampo en la adolescencia (Luby, Tillman, & Barch, 2019).

· Los diferentes estilos de apego con los que el niño evoluciona durante sus primeros años de vida se notan durante la adolescencia, provocando asimetrías en su electroencefalograma (Kungl, Leyh, & Spangler, 2016). En este estudio, aquellos que tenían un apego inseguro evitativo y preocupado activaban más las áreas del hemisferio derecho; mientras que esta activación era mucho más modulada en quienes tenían un apego seguro. 

Cuando los niños/as que han sufrido maltrato llegan a la adolescencia, su sistema nervioso conserva las huellas del trauma, y esto se notará cuando su cerebro experimente los inevitables cambios de la proliferación puberal. 

Los cambios de la adolescencia intensifican las dificultades de los chicos/as maltratados

Según lo expuesto, el cerebro de los niños/as que sufrieron maltrato durante sus primeros años de vida llega a la pubertad con [RBM1] :

· Una amígdala más voluminosa e irritable.

· Un Accumbens que puede haber evolucionado hacia la hipo actividad o la hiperactividad.

· Un hipocampo deteriorado, con dificultades para fijar lo aprendido y para evocar lo que se sabe.

· Un córtex prefrontal incapaz de armonizar y regular el funcionamiento del resto del sistema nervioso.

Ilustración 3. Consecuencias del daño producido por el maltrato y el abandono.



Y los cambios que va a afrontar durante la pubertad van a consistir justamente en un incremento de la actividad de la amígdala y el Accumbens; con un enlentecimiento del desarrollo del córtex prefrontal que comprometerá aún más el logro de una adecuada regulación emocional. Por todo ello, para los niños/as que sufrieron maltrato y para quienes intentan ayudarlos, la llegada de la pubertad supone un enorme desafío porque incrementa las probabilidades de desregulación emocional de un sistema nervioso ya desregulado (Ilustración 3).

· El incremento de la actividad amigdalar va a aumentar las probabilidades de secuestro emocional, con un gran aumento de las reacciones de cólera por motivos nimios.

· Un Accumbens hiperactivo va a disminuir la tolerancia a la frustración, aumentando la necesidad de una gratificación inmediata y la predisposición a las adicciones.

· El enlentecimiento en el ritmo de desarrollo del córtex prefrontal va a dificultar la regulación de una amígdala y un Accumbens tan acelerados. Además, disminuirá la capacidad para demorar la gratificación; lo que afectará a la capacidad de sacrificio y a la facultad para esforzarse en el presente por una recompensa futura. 

Teniendo en cuenta todo esto, los cambios observados en Andoni dejan de ser sorprendentes e inexplicables. Después de un periodo de relativa calma, su sistema nervioso ha experimentado una revolución como la que presentan el resto de los chicos de su edad. La diferencia es que en su caso esos cambios se producen en un sistema nervioso que conserva en las áreas límbicas y en su corteza prefrontal las huellas del maltrato y abandono sufridos durante la primera infancia. Por eso son más intensos, tienen una repercusión más grave y son más difíciles de controlar. 

No es que se haya vuelto loco o se haya trastornado; está pasando por una adolescencia hipercomplicada.

Las relaciones interpersonales modifican y reparan el daño en el neurodesarrollo

Estos cambios suponen un reto para el adolescente que los experimenta y para las personas que intentan ayudarle a transitar por esa fase de su neurodesarrollo. Si todos los adolescentes necesitan que se reactive la relación de apego; esta necesidad es aún mayor en los chicos y chicas que pasan por una adolescencia hipercomplicada como consecuencia del maltrato que sufrieron en su infancia. Andoni no es un caso perdido ni tiene un trastorno de mal pronóstico; más bien al contrario: está pasando por un periodo de crecimiento personal en el que la influencia de quienes le rodean puede reparar el daño sufrido en su infancia de un modo especialmente eficiente. 

En los niños adoptados/acogidos la pubertad ofrece una oportunidad de “recalibrar” los sistemas de respuesta al estrés, que tienen una respuesta excesiva en los chicos/as que han sufrido maltrato (Quevedo, Johnson, Loman, Lafavor, & Gunnar, 2012). El mismo estudio indica que las alteraciones cerebrales que presentan se corrigen a los 4 años del inicio del acogimiento/adopción (Quevedo et al 2012) porque su sistema nervioso ha llegado a un nuevo periodo de intensa plasticidad, a una tierra de oportunidades en la que la actitud de sus figuras de apego y de sus iguales va a producir cambios decisivos que pueden reasentar las bases de una buena salud mental y física; o por el contrario, predisponerles a sufrir problemas durante su vida adulta.

Las relaciones interpersonales son el mejor moldeador de las redes neurales, el que va a provocar más cambios en los circuitos cerebrales fronto-límbicos, de los que depende la regulación emocional. El afecto, el aliento y las muestras de cariño disminuyen las alteraciones de conducta en chicos que muestran una pobre función prefrontal (Brieant et al., 2018). El contacto físico frecuente entre padres/madres e hijos/as promueve un aumento de la conectividad en áreas cerebrales del córtex prefrontal relacionadas con la mentalización y la capacidad de reflexión (Brauer, Xiao, Poulain, Friederici, & Schirmer, 2016). A los 3 años del acogimiento/adopción, la presencia de los padres/madres atenúa la reactividad amigdalar en niños/as y adolescentes que procedían de instituciones (Callaghan et al., 2019)

Conclusiones

Como vimos en el artículo previo, la adolescencia implica una reactivación del neurodesarrollo que supone una gran oportunidad para que las redes neurales crezcan y se desarrollen de un modo que facilite una vida adulta sana y socialmente gratificante; aunque debemos tener en cuenta que en el crecimiento del sistema nervioso, todos los periodos de oportunidad son también periodos de vulnerabilidad.

Si esto es así en todos los/las adolescentes, es todavía más evidente en quienes sufrieron maltrato en la infancia. En muchos de ellos, el impacto de las experiencias traumáticas ha dejado un terreno poco preparado para hacer frente a los cambios de la pubertad: una amígdala hiperactiva va a incrementar todavía más su excitabilidad; un Accumbens ávido de sensaciones es vulnerable al impacto de las drogas; y un córtex prefrontal poco potente enlentecerá su crecimiento y se verá desbordado por el tsunami procedente del sistema límbico.

Los chicos y chicas que sufrieron adversidad temprana deben enfrentarse a los retos de la adolescencia desde una posición de desventaja; son víctimas del daño sufrido y de unos cambios neurológicos que no pueden evitar ni controlar. Necesitan que los adultos que les rodean se comprometan en el esfuerzo de reactivar e intensificar el vínculo de apego; que se conviertan en una pista de despegue para que prueben sus alas y un puerto seguro al que regresar para que, cuando finalice el neurodesarrollo en torno a los 25 años, hayan podido culminar su crecimiento sentando las bases de un funcionamiento cerebral saludable que facilite una vida adulta sana y feliz.

Referencias

       Brauer, J., Xiao, Y., Poulain, T., Friederici, A. D., & Schirmer, A. (2016). Frequency of Maternal            Touch Predicts Resting Activity and Connectivity of the Developing Social Brain. Cerebral             Cortex (New York, N.Y. : 1991), 26(8), 3544–3552. https://doi.org/10.1093/cercor/bhw137

Brieant, A., Holmes, C. J., Maciejewski, D., Lee, J., Deater-Deckard, K., King-Casas, B., & Kim-Spoon, J. (2018). Positive and Negative Affect and Adolescent Adjustment: Moderation Effects of Prefrontal Functioning. Journal of Research on Adolescence28(1), 40–55. https://doi.org/10.1111/jora.12339

Brody, G. H., Beach, S. R. H., Philibert, R. A., Chen, Y., Lei, M.-K., Murry, V. M., & Brown, A. C. (2009). Parenting Moderates a Genetic Vulnerability Factor in Longitudinal Increases in Youths’ Substance Use. Journal of Consulting and Clinical Psychology77(1), 1. https://doi.org/10.1037/A0012996

Callaghan, B. L., Gee, D. G., Gabard-Durnam, L., Telzer, E. H., Humphreys, K. L., Goff, B., … Tottenham, N. (2019). Decreased Amygdala Reactivity to Parent Cues Protects Against Anxiety Following Early Adversity: An Examination Across 3 Years. Biological Psychiatry: Cognitive Neuroscience and Neuroimaging4(7), 664–671. https://doi.org/10.1016/j.bpsc.2019.02.001

Cassiers, L. L. M., Sabbe, B. G. C., Schmaal, L., Veltman, D. J., Penninx, B. W. J. H., & Van Den Eede, F. (2018). Structural and Functional Brain Abnormalities Associated with Exposure to Different Childhood Trauma Subtypes: A Systematic Review of Neuroimaging Findings. Frontiers in Psychiatry9, 329. https://doi.org/10.3389/FPSYT.2018.00329

Chen, X., Zeng, C., Gong, C., Zhang, L., Wan, Y., Tao, F., & Sun, Y. (2019). Associations between early life parent-child separation and shortened telomere length and psychopathological outcomes during adolescence. Psychoneuroendocrinology. https://doi.org/10.1016/J.PSYNEUEN.2019.01.021

Farley, S., Grenier, J., Gorgievski, V., Barbe, A., Jaworski, W., Bochereau, A., … Tzavara, E. (2017). From Early Life Adversity to Adolescence Depression: White Matter Remodelling in a Translational Animal Model. Biological Psychiatry81(10), S46. https://doi.org/10.1016/j.biopsych.2017.02.121

Kungl, M. T., Leyh, R., & Spangler, G. (2016). Attachment Representations and Brain Asymmetry during the Processing of Autobiographical Emotional Memories in Late Adolescence. Frontiers in Human Neuroscience10, 644. https://doi.org/10.3389/fnhum.2016.00644

Luby, J. L., Tillman, R., & Barch, D. M. (2019). Association of Timing of Adverse Childhood Experiences and Caregiver Support With Regionally Specific Brain Development in Adolescents. JAMA Network Open2(9), e1911426. https://doi.org/10.1001/jamanetworkopen.2019.11426

Novick, A. M., Levandowski, M. L., Laumann, L. E., Philip, N. S., Price, L. H., & Tyrka, A. R. (2018). The effects of early life stress on reward processing. Journal of Psychiatric Research101, 80–103. https://doi.org/10.1016/j.jpsychires.2018.02.002

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Roth, M. C., Humphreys, K. L., King, L. S., & Gotlib, I. H. (2018). Self-reported neglect, amygdala volume, and symptoms of anxiety in adolescent boys. Child Abuse & Neglect80, 80–89. https://doi.org/10.1016/j.chiabu.2018.03.016

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Tomoda, A., Takiguchi, S., Shimada, K., & Fujisawa, T. X. (2017). Structural and Functional Changes of Brain Due to Childhood Maltreatment and Adversity. In Memory in a Social Context (pp. 251–266). https://doi.org/10.1007/978-4-431-56591-8_14

Tottenham, N., Hare, T. A., Millner, A., Gilhooly, T., Zevin, J. D., & Casey, B. J. (2011). Elevated amygdala response to faces following early deprivation. Developmental Science14(2), 190–204. https://doi.org/10.1111/j.1467-7687.2010.00971.x

Zhang, T.-Y., Hellstrom, I. C., Bagot, R. C., Wen, X., Diorio, J., & Meaney, M. J. (2010). Maternal Care and DNA Methylation of a Glutamic Acid Decarboxylase 1 Promoter in Rat Hippocampus. The Journal of Neuroscience30(39), 13130. https://doi.org/10.1523/JNEUROSCI.1039-10.2010



[1] El nombre no corresponde con una persona real; aunque los problemas que se describen los presentan muchos de los/las adolescentes que atiendo.


 [RBM1] figura