lunes, 19 de septiembre de 2022

"Segunda Cumbre Hispano-Americana sobre el Trauma", del 12 al 22 de octubre 2022, online


Cumbre del trauma





Tengo el gusto de participar, junto con prestigiosos colegas de todo el mundo, en esta Segunda Cumbre del trauma con una ponencia sobre la Traumaterapia infanto-juvenil Sistémica de Barudy y Dantagnan, y también con un taller online sobre la caja de arena (para sensibilizar y dar a conocer la técnica)

Presentación

El trauma del desarrollo lo sufren aquellas personas que vivieron experiencias traumáticas reiteradas en su infancia y/o juventud, personas no tuvieron el suficiente afecto, empatía, protección y apoyo por parte de sus cuidadores, y no pudieron desarrollar un apego seguro y saludable.

El impacto del estrés, soledad, abuso, abandono y desprotección ocasionados por estas carencias tiene efectos perjudiciales en la identidad, la personalidad, las relaciones interpersonales y la regulación emocional de la persona; y afecta al desarrollo cerebral temprano.

Si en la edición de octubre 2021 disfrutaste de las entrevistas, si participaste en los talleres en vivo con nuestros ponentes, o si acabas de descubrir este magnífico evento que reúne a muchos de los terapeutas con mayor trayectoria en el campo de los tratamientos y la recuperación del trauma del desarrollo en el mundo hispano… 

¡No querrás perderte esta nueva edición!

12-16 Octubre: Entrevistas grabadas
17-22 Octubre: Talleres en vivo

Reunimos más de 35 psicólogos, psiquiatras, terapeutas, muchos de ellos referentes internacionales en el mundo hispano-hablante, expertos en los diversos métodos terapéuticos basados en neuro-experiencia, cuerpo-mente y experiencia somática, específicos para la comprensión y recuperación del trauma, y en concreto del Trauma del Desarrollo o Trauma Complejo, para comprender más y adquirir recursos que nos permitan desarrollar resiliencia, y vivir la vida desde la plenitud.

Son muchas las consecuencias que multitud de estudios científicos asocian al Trauma del desarrollo:

Ansiedad, depresión, baja autoestima, impulsos suicidas, autolesiones, ira explosiva, inhibición de autodefensa, sexualidad compulsiva o inhibida, adicciones, narcisismo, problemas del aprendizaje, dificultades del desarrollo y del habla, deterioro cognitivo, trastornos de personalidad…

Si padeces alguno de estos síntomas, si convives o trabajas con personas que los presentan. Si eres madre o padre biológico, adoptivo o de acogida, o estás pensando en serlo. Si eres maestr@, educador, pediatra, juez, fiscal… cualquier profesión relacionada con menores o personas en riesgo de exclusión social.

Si estás interesad@ en comprender las causas profundas de las que surgen conductas: ansiosas, depresivas, evitativas, dependientes, adictivas, amenazadoras o violentas… y conocer qué ayuda verdaderamente a sanar y prevenir los síntomas de un alma humana herida.

Entonces este evento es para ti. ¡Te esperamos y reserva tu plaza!

martes, 13 de septiembre de 2022

Técnicas Gestálticas aplicadas a la Infancia, comienza el 23 de octubre en UmayQuipa, Madrid


Especialización en Técnicas Gestálticas aplicadas a la Infancia

Organiza: UmayQuipa


La Terapia Gestalt está incluida dentro de las terapias humanistas, aquellas que se acercan al paciente de un modo activo, y con una relación más cercana. Pero ¿es posible que un terapeuta entrenado para hacer psicoterapia con adultos pueda ejercer en la ayuda a los niños? No creemos que sea lo mismo y es por esto que después de muchos años de investigación y práctica, venimos desarrollando este seminario de especialización.

Está dirigido a toda persona y profesional que trabaje con niños y necesite de un amplio abanico de técnicas para su mejor desempeño : psicólogos, médicos, mediadores, educadores,  profesores, pedagogos, enfermeras pediátricas , facilitadores emocionales.

Este Seminario es impartido por diversos profesionales del sector bajo la supervisión de Loretta Cornejo Parolini.  Consta de catorce módulos, que se dan a razón de  un sábado al mes. 

Una formación avalada por la Asociación de Terapia Gestalt Española, por el Centro Gestalt del Perú. Y por diversas asociaciones de Latinoamérica desde hace ya 30 años.

Los que están interesados pueden ver nuestro programa en nuestra web.

www.umayquipae.com 

Y escribir a umayquipae@gmail.com  para más informes.

Empieza el 23 octubre, un sábado al mes

Programa

Diagnostico gestáltico en niños. (Loretta Cornejo)

Concepto de figura y fondo. Primeras entrevistas con los padres y el niño. (loretta Cornejo)

Hora de juego. (Diana C. de Baumann)

El Dibujo del problema, trabajo de la Contratrasferencia desde la Gestalt. (Loretta Cornejo)

Del Yo Piel al Yo Ideal. De Winnicott a la Gestalt. (Diana Baumann)

Los Vínculos familiares en la Terapia Infantil. (Sara Fernández Wolf)

Técnicas en sesiones de padres. Ejercicio de las normas y rituales en el niño. (Marga de La Torre)

Técnicas gestálticas aplicadas a los niños. Segismundo o el uso de la silla vacía. El uso del cuaderno de terapia, el uso del animal doméstico dentro de la sesión. (Loretta Cornejo)

Grupo de crecimiento personal para niños. (Martín Padilla)

Casos clínicos, incidentes críticos en terapia. Resistencias a la terapia. (Marga de La Torre).

Resiliencia y Apego Contratransferencia y transferencia en la terapia gestalt. (José Luis Gonzalo Marrodán)

Introducción al Focusing aplicado a los niños. (Lucía Ema)

Cómo cerrar sesiones. La despedida. Los cuidados del terapeuta. (Loretta Cornejo)

lunes, 12 de septiembre de 2022

"Cuidado maternal y amor", John Bowlby en 27 pasos (I)



ABIERTA LA INSCRIPCIÓN A LA 9ª PROMOCIÓN DEL 
POSTGRADO DE TRAUMATERAPIA DE BARUDY Y DANTAGNAN.
ABIERTO A PSICÓLOGOS, MÉDICOS, TRABAJADORES SOCIALES, MAESTROS, ORIENTADORES, PEDAGOGOS, PSICOPEDAGOGOS
Información y reservas: www.traumaterapiayresiliencia.com




Lo primero, espero que los que vivís en las latitudes donde hemos celebrado el verano hayáis pasado unas buenas vacaciones y/o temporada estival. Un curso más, inauguramos una nueva temporada -y van quince- del blog Buenos tratos. Con mucha ilusión, aquí estoy con todos y todas vosotros y vosotras para compartiros conocimientos, libros, experiencias, reflexiones, opiniones, cursos… Bueno, después de tanto tiempo, ya sabéis lo que podéis encontrar en el blog y cuál es su línea editorial.

Este curso seguiré publicando artículos míos, y de compañeros y compañeras que generosamente quieran transmitirnos sus saberes. Lo haré de una manera más aleatoria, sin seguir una frecuencia determinada de publicación. Cuando considere que tengo cosas interesantes mías -o de otros- para publicar, lo haré. Casi siempre será los lunes a las 9,30 hora española, eso no variará.

Este verano Maryorie Dantagnan -amiga, colega y mentora- me envió un mensaje y me dijo: “¡mira lo que estoy leyendo!” A la frase le acompañaba una imagen de la portada del libro de John Bowlby titulado: “Cuidado maternal y amor”, del año ¡1953! Maryorie me dijo lo imprescindible que es Bowlby y lo actuales que son sus postulados, que había disfrutado y aprendido mucho con su lectura, y que se había ratificado en muchos temas de vital trascendencia para el cuidado, tratamiento y protección de los niños y niñas. Su picada, como otras veces, hizo que aumentaran hasta deseos irrefrenables mis afanes de tener el libro en mis manos. Me costó dar con él, porque está descatalogado -a ver si alguna editorial se anima a reeditarlo-. Gracias a un portal de coleccionismo de libros antiguos, me llegó a casa en dos días; y así he podido leerlo este verano.

Portada del libro de John Bowlby de 1953

“Cuidado maternal y amor” es un libro del año 1953 y es un encargo de la Organización Mundial de la Salud a John Bowlby, como sabemos organismo especializado de la ONU. Como dice en la contraportada, el libro es un resumen de un extenso informe que John Bowlby redactó dirigido a los expertos en salud mental -y a la población en general, porque está escrito sin barroquismos y sin términos especializados, como gustaba al creador de la teoría del apego-, donde trata sobre la prevención de la delincuencia en los jóvenes y en los adultos, sobre los “hijos no deseados”, la preparación a la maternidad y las pautas recomendables para satisfacer las necesidades de los niños que no cuentan con el cuidado de sus propias madres. 

Lo que más me ha llamado la atención es que se trata de un libro que tiene ¡69 años!, y a pesar de ello, exceptuando algunas matizaciones que la investigación en apego actual ha hecho, todo lo que John Bowlby expone sigue siendo válido y de vital importancia, si queremos cuidar de los niños y niñas y sus madres con buenos tratos y garantizando su bienestar y salud mental futuras. Además, sorprende -y hasta enfada- que un libro así no haya sido de obligada lectura y aplicación para todos y todas las personas que tienen como tarea cuidar de los niños y las niñas, especialmente los y las que tienen la delicada responsabilidad de protegerles y toman las decisiones sustantivas. 

En la actualidad, el libro más reciente que tenemos y que sigue una línea similar es el escrito por Sue Gerhardt, “el amor maternal”, que sigue los pasos de su predecesor y actualiza los conocimientos a la luz de la neurociencia y las nuevas aportaciones de la psicología del desarrollo y la psicopatología; pero los aspectos fundamentales continúan siendo los descubrimientos de John Bowlby. 

Sorprende -y enfada- que el conocimiento científico acuñado por John Bowlby no haya sido tenido en cuenta hasta prácticamente hace nada... Cuando es de una sabiduría y una ciencia bien argumentada, y tiene tanta trascendencia para la sociedad y su bienestar. Incluso hace poco, en un congreso en Londres sobre apego (año 2017), ninguno de los ponentes, eminentes especialistas en trauma y apego, nombró u homenajeó a John Bowlby, con quien empezó todo y, encima, en su ciudad natal... En fin, vamos a centrarnos en el contenido, pero quede aquí plasmada nuestra admiración por John Bowlby y también por Mary Ainsworth (padre y madre de la teoría del apego, respectivamente).

Para redactar este libro, Bowlby realizó -y recogió de otros- numerosos estudios y recopiló una importante cantidad de datos basados en observaciones sobre las consecuencias del daño que los malos tratos (separación, interrupción o alteración de los procesos de apego bebé/madre) producen entre los seis meses y los tres años (y más). Rigurosamente trabajado, como acostumbraba el científico londinense, pero sencillamente presentado, con claridad y rotundidad. 

Mary Ainsworth y John Bowlby, fotografía disponible en IAN México

Creo que merece la pena darlo a conocer, por eso voy a compartiros los aspectos clave del capítulo más importante del libro: el dedicado al daño. Lo haré, usando un símil, como los menús degustación de los grandes restaurantes: en pasos. Serán 27 pasos para que podamos digerir bien lo leído. Porque lo importante no es leer -como decía el profesor Gustavo Bueno- sino digerir bien lo leído. Y en verdad es muy duro leer sobre las consecuencias del daño que las alteraciones en el vínculo de apego generan en los niños y niñas. Difícil de digerir, sí, pero hay que hacerlo para tomar conciencia y actuar. Porque podemos hacer mucho. Esto quiere decir que todos y todas estamos llamados a la acción, esto es, a llevar a la vida real los postulados preconizados por Bowlby hace 69 años y avalados por la neurociencia actual, si es que queremos, de una vez, enterarnos de que debemos cuidar bien a los bebés y a los niños y las niñas, salvaguardando y protegiendo su cerebro y cuerpecito, sobre todo, en las edades clave. Esto es la garantía para que estos se conviertan en adultos estables, responsables, empáticos y con conciencia ética. 

Los y las que tenéis conocimientos y prácticas avanzadas, os resultará increíble comprobar cómo es posible que lo que este hombre escribió el siglo pasado, tan relevante, haya llegado tan tarde a nuestros días (por ejemplo, traducido en la Convención de los Derechos del Niño, las leyes de protección de los menores…) y que todavía haya muchas decisiones arbitrarias que se toman ignorando la gravedad de sus consecuencias; y, a veces, saltándose a la torera lo que la teoría del apego sostiene, en favor de decisiones o medidas administrativas o judiciales que nada tienen que ver con la ciencia. Los y las que no sabéis demasiado aún sobre estos temas, este libro os sorprenderá por la calidad de su trabajo y porque las conclusiones que se desprenden de este redundan, sin duda, en una mejor calidad de vida de los niños y niñas. Es muy práctico y aplicable.

Tanto John Bowlby como en la actualidad Sue Gerhardt, autora del libro antes mencionado "El amor maternal", ponen en el título de sus obras la palabra maternal. No es casualidad. Esto es una cualidad intrínseca que poseen más las mujeres que los hombres. Estos puden y deben aprender. Bien es verdad que esta capacidad maternal de dar cuidados y amor no debe nunca instrumentalizarse para someter a las mujeres y sojuzgarlas al hombre y al hogar, impidiendo su autonomía y derechos como mujeres. Los hombres pueden y deben aprender de estos cuidados y reproducirlos por el bien de los niños y niñas. Es una labor conjunta y compartida por familia y la comunidad. Y también los profesionales de la ayuda deben aprender a ser sensibles y empáticos con los bebés y los chicos y chicas. A mí la palabra maternal me encanta, ahora que mi madre ha fallecido, aún más. Porque una madre estructura profundamente a los hijos e hijas, cuando es suficientemente buena (Winnicott, 1993); y me he dado cuenta de que te prepara hasta para la separación definitiva, que es la muerte, si esta separación se ha hecho adecuadamente. 

En el capítulo del libro “Cuidado maternal y amor” titulado: “El estudio del daño provocado” se abordan los siguientes y fundamentales temas (Nótese cómo Bowlby usa la palabra daño, porque los niños y niñas sufren un daño psíquico, a veces invisible, y que en la infancia tardía y en la adolescencia se va a manifestar mediante diferentes trastornos emocionales y sobre todo, de conducta, que van, a la larga, a etiquetar al niño niña y a hacerle “culpable” del daño que otros le hicieron, tanto sus padres o madres como, después, los adultos que no lo supieron ver ni tomar la decisión adecuada ante ese daño causado).

Foto: pngwing.com

John Bowlby en 27 pasos [Comentaré algunos de ellos, y los comentarios irán entre corchetes; lo que está fuera de estos y en letra cursiva es original de John Bowlby]

Como los 27 pasos en un solo artículo resultan demasiado largo, en este primer post publico los 14 primeros y, en un segundo, los 14 restantes.

1) El término “privación materna” es un término general que abarca un buen número de diversas situaciones. Así un niño puede hallarse privado, aunque viva en el seno de su hogar, si su madre (o substituto materno permanente) es incapaz de darle el cariño y cuidado que necesitan los niños pequeños.  [Vemos que lo importante no es el vínculo de sangre o familiar como muchos profesionales mantienen, sino la calidad de este. Y que la persona sea capaz (en Bowlby ya está el concepto de competencia parental, Barudy y Dantagnan, 2010) de hacer esta función maternante. La madre es la figura idónea para hacerlo, pero para ello tiene que ser capaz. Si esta con ayuda no puede, deben ser otros, a nivel social y dentro de un concepto de tribu, quienes lo hagan. Por eso, aquí está implícita la idea del acogimiento familiar y la adopción competente, eso sí. Para que puedan dar, lo antes posible, cariño y cuidados maternales, que es lo que todos los bebés necesitan]

2) Esta privación será más o menos leve si después este bebé pasa a manos de alguien que ya haya aprendido a conocer y en quien confíe, pero será grave si la madre sustituta, aunque sea amorosa, le resulta totalmente extraña. No obstante, todos estos arreglos le dan a un niño cierta satisfacción y, por lo tanto, son ejemplos de privación parcial. [Por eso hay que evitar que, ante los desamparos, los bebés estén en familias de urgencia demasiado tiempo y se debería proporcionar hogares estables desde el principio, sin cambios ni interrupciones en los cuidados de las figuras de apego. Muchas familias acogedoras me han escrito angustiadas -y con razón- porque su hijo o hija de acogida llevaba con ellos tres años -vino para unos meses- y, súbitamente, la administración les propone una adopción para el niño o niña con una familia, siendo una separación, a todas luces, negativa. Hemos de procurar que el niño o niña tenga derecho a los buenos vínculos, como dice Hernán Fernández (2021), abogado chileno experto en leyes y teoría del apego]

3) La privación parcial produce ansiedad, una excesiva urgencia de cariño, poderosos sentimientos de venganza y, como resultado de estos últimos, sentimientos de culpa y depresión. La privación completa tiene efectos de mayor alcance sobre el desarrollo del carácter y puede invalidar completamente la capacidad de relacionarse de otras personas. Muchos investigadores han investigado la relación entre los hogares destruidos y la incapacidad de los niños para adaptarse a la vida con otras personas. [Creo que sobre esto saben mucho, y lo sufren, las familias acogedoras y adoptivas que tienen hijos e hijas que han convivido en esos hogares. Nos queda el "realismo de la esperanza" (Cyrulnik y otros, 2004) que es la resiliencia, si somos incondicionales y buscamos puntos de apoyo para los chicos, chicas, y para nosotros]

4) Existen otras maneras que no sea la privación, ya sea por separación o por franco rechazo, en que las relaciones padre y madre-hijo pueden verse afectadas. Las más comunes son a) una actitud de rechazo inconsciente oculta tras otra de amor; b) una excesiva demanda de amor y seguridad por parte de una madre y c) la obtención inconsciente de satisfacción por parte de una madre con respecto a comportamiento de su hijo, aunque crea que lo está culpando. [Este tipo de incompetencias se dan, también en las familias adoptivas y acogedoras, por eso deben de valorarse las competencias parentales usando la Guía de Barudy y Dantagnan, 2010. Las consecuencias en los niños y niñas adoptados y acogidos son severas, produce retraumatización]

5) La relación del niño o niña con su madre, que, sin duda alguna, y en circunstancias normales, es el vínculo más importante del primero durante estos años. Es ella quien lo alimenta y lo baña, quien lo mantiene tibio y lo conforta. Es a su madre a quien se dirige cuando algo lo aqueja. Para el niño pequeño el padre es una figura secundaria, y su valor aumenta solo cuando el niño empieza a valerse por sí mismo. [Aunque los hombres se están abriendo a la ternura y al afecto, y a los cuidados, y en muchas parejas hacen estas funciones maternales, todavía en nuestra sociedad es la mujer en quien recae esta labor. También tenemos las parejas homosexuales, dentro de estas, los dos miembros pueden hacer estas funciones, aunque es probable que una de ellas, en cuanto a la función del apego, sea la figura maternal, por ser tener más capacidad para este tipo de cuidados, que deben hacerse -recordemos- con sensibilidad y empatía. Por eso cuidar es una capacidad. 

El otro miembro de la díada es muy importante, aunque no se prodigue en cuidados directos de este tipo, porque ha de dar apoyo a la pareja, y seguridad. Recientemente Cyrulnik ha dicho que la seguridad que el padre da a la madre durante los primeros años de vida del bebé es fundamental porque esto hará que ella se sienta cuidada y segura, dando así seguridad a su bebé.]

6) Lo que ocurre en los primeros meses y años de vida puede tener efectos profundos y duraderos, y para demostrar que las teorías expuestas en este libro, lejos de ser improbables en sí, están en estricto acuerdo con lo que la ciencia biológica ha confirmado tanto del crecimiento corporal como del mental. [Hemos de añadir, en la actualidad, del cerebral, pues la neurobiología le ha dado la razón a John Bowlby, pues es un hecho contrastado que el maltrato afecta al desarrollo del cerebro y lo puede alterar de manera grave y permanente. Solamente hay que echar mano de la reciente investigación científica y de las observaciones clínicas de profesionales dedicados al tratamiento de personas víctimas de malos tratos por acción u omisión]

7) El tipo de cuidados que da una madre sin pensar, ese es el cuidado del que han carecido los niños y niñas. Todos los mimos y el jugueteo, las intimidades de la lactancia por la que un niño se da cuenta de la comodidad del cuerpo de su madre. Los rituales de bañarlo y vestirlo por los que, gracias al orgullo y ternura maternos hacia su cuerpecito, aprende a valorar su ser, todo esto ha faltado. [Bowlby en esta frase ya nos adelanta el concepto de "función reflexiva" de Bateman y Fonagy (2004) y la enorme importancia de incorporar el trabajo corporal en las intervenciones terapéuticas. Porque fuimos al principio sólo cuerpo, y si no tuvimos comodidad porque las interacciones con la figura de apego fueron desagradables o maltratantes, el componente somático se revelará como fundamental en el tratamiento de los posibles trastornos]

8) El dejar a cualquier niño de menos de tres años es algo muy delicado que sólo deberá hacerse por motivos válidos y suficientes, y que, cuando se haga, deberá plantearse con sumo cuidado. En ningún caso deberá dejarse al niño con personas que no conozca, y por esa razón los parientes o los vecinos son las personas más adecuadas. La madre sustituta debe estar consciente de que el niño echará de menos a su madre, especialmente a la hora de acostarse, y exigirá su atención con mayor insistencia que un niño corriente de la misma edad. [Aquí Bowlby ya nos advierte que las separaciones de la figura materna deben hacerse cuando sean estrictamente necesarias y justificar muy bien las razones. Esto es importante para que el niño no sea movido de un hogar a otro por reclamaciones judiciales y se respete su derecho al buen vínculo (Hernán Fernández). Por otro lado, nos sensibiliza sobre el cómo hacer las separaciones, con sumo cuidado, algo que todavía se hace de una manera brusca y rupturista. Estas actuaciones, si no se miman, pueden dejar secuelas en la vida adulta]

9) Los tiempos que una madre [o figura de apego] deja a su hijo, los tiempos de separación, han de ser lo más cortos posible, aunque en algunos casos esto no depende enteramente de ella. [Se refiere a separaciones con retorno, como posibles vacaciones, ingreso en guarderías, hospitalizaciones de la madre…En las guarderías es estrictamente necesario que las organicen y fundamenten en torno a la teoría del apego, con figuras de apego subsidiarias, no más de dos cuidadoras por niño y con el personal formado. Todavía en algunos hospitales prohíben las visitas del niño a su madre, cuando sólo por razones médicas muy fundadas deberían no permitirse] El niño no debe estar sin relacionarse con su madre o figura de apego más de diez días, dice Bowlby.

10) Cuando el niño llega a los tres años el tiempo de separación puede ser más prolongado, siempre que el pequeño quede al cuidado de alguien a quien aprecie y en quien confíe, y que las ansiedades que inevitablemente se producirán en él se reconozcan y respeten. 

11) Los estudios directos son los más numerosos. Dejan bien sentado que, al faltar el cuidado materno, el desarrollo de un niño casi siempre se retrasa -física, intelectual y socialmente- y que pueden aparecer síntomas de padecimientos físicos y mentales. [Nada que añadir, solo que la ciencia de hoy en día ha ratificado esto sobradamente, baste hacer una búsqueda en las bases de datos de los artículos de investigación o trabajar en terapia o educación con niños y niñas que han sufrido privación materna. Los casos más graves son los de los niños y niñas provenientes de los orfanatos donde fueron criados en aislamiento]

Foto: etapainfantil.com

12) El niño privado difícilmente sonríe a un rostro humano o responde a un mimo, puede tener mal apetito o, a pesar de estar bien alimentado, no aumentar de peso, puede dormir mal o no mostrar iniciativa alguna. En general, desde el nacimiento hasta los seis meses los niños de orfanato siempre son menos expresivos que los que viven en familia. El retraso en el habla es característico del niño de institución de todas las edades. 

13) Los niños que reciben toda la atención de una madre substituta [entendemos acogimiento familiar, adopción…] tenían en promedio mayor desarrollo, mientras que los que tenían que compartirla con otros niños estaban retrasados.

14) En un estudio completo de treinta niños entre los treinta y cuatro y treinta y cinco meses de edad, la mitad de los cuales había vivido en una institución y la otra mitad en hogares sustitutos, desde los cuatro meses, se encontró que el desarrollo del grupo de hogares sustitutos era normal mientras que el de los niños de institución rayaba en la deficiencia mental.

En el próximo post, los 14 pasos siguientes.

Feliz comienzo del curso escolar 2022/23.

REFERENCIAS

Barudy, J., & Dantagnan, M. (2010). Los desafíos invisibles de ser padre o madre: Manual de evaluación de las competencias y la resiliencia parental. Editorial Gedisa.

Bateman, A. W., & Fonagy, P. (2004). Mentalization-based treatment of BPD. Journal of personality disorders, 18(1), 36.

Cyrulnik, B. Tomkiewicz, S., Guenard, T. (2004). El realismo de la esperanza. Testimonios de experiencias profesionales en torno a la resiliencia. Barcelona: Gedisa.

Winnicott, D. W. (1993). Los procesos de maduración y el ambiente facilitador. Estudios para una teoría del desarrollo emocional. Buenos aires: Paidós.





lunes, 5 de septiembre de 2022

En San Sebastián, abierto el plazo de inscripción al Postgrado de Traumaterapia sistémica infanto-juvenil de Barudy y Dantagnan, 9ª promoción

 


ABIERTO A PSICÓLOGOS/AS, MÉDICOS EDUCADORES/AS, PEDAGOGOS/AS, TRABAJADORES SOCIALES, MAESTROS...

PREINSCRIPCIÓN AL DIPLOMADO EN TRAUMATERAPIA SISTÉMICA INFANTIL SEMIPRESENCIAL 


PRE-INSCRIPCIÓN NIVEL 1 (PRIMER Y SEGUNDO AÑO):


Se abre el plazo de pre-inscripción del DIPLOMADO DE POSTGRADO EN TRAUMATERAPIA SISTÉMICA INFANTO-JUVENIL (TSI) 



9ª Promoción Apega 9 Donostia 2022-2024


Descargarse la información: AQUÍ
Inscripciones: click AQUÍ

Si estáis interesados, tenéis que mandarnos la ficha de inscripción cumplimentada, un currículo, una foto formato carnet, una carta de motivación y trabajo personal al correo ifiv2000@yahoo.es

Una vez recibidas todas las inscripciones, pasaremos a la fase de selección y nos pondremos en contacto vía correo electrónico. Dicha comunicación no implica la celebración del curso. Se iniciará el curso siempre que se cubra el mínimo de plazas ofertadas.


Si lo necesitas, estamos encantadas de atenderte:

Eulalia Mas
T. 932385760 / 618807565 

Foto: página web de IFIV

lunes, 27 de junio de 2022

La negligencia afectiva

Abierto el plazo de pre-inscripción al
Postgrado de Traumaterapia Sistémica Infanto-juvenil de Barudy y Dantagnan
Modalidad semi-presencial
Información y reservas: AQUÍ

Para asistir a la grabación del congreso
V Conversaciones sobre apego y resiliencia infantil, haz click AQUÍ

Jorge Barudy en las V Conversaciones

Con este artículo despedimos la temporada del blog 2021-22.

El blog Buenos tratos regresará en septiembre de 2022, tras las vacaciones de verano.

¡Felices vacaciones a todos y todas!

 

La negligencia afectiva

José Luis Gonzalo Marrodán, psicólogo clínico y traumaterapeuta sistémico. 

Miembro de la Red apega de profesionales y del equipo docente del PTSI

Llevo la mayor parte de mi vida profesional dedicado al tratamiento y acompañamiento psicológico a niños y niñas que han sido víctimas de malos tratos. Una de las tipologías de malos tratos que aprendí -gracias a la formación que hice en el Postgrado de Traumaterapia Sistémica de Barudy y Dantagnan y a la experiencia que fui adquiriendo- a detectar en las familias, y a tratar sus secuelas en el desarrollo infantil, es la denominada negligencia afectiva. También he tenido -y tengo- en psicoterapia a bastantes adultos que la han sufrido y que, con el tiempo, han sido conscientes de ello y del impacto que esta ha tenido en sus vidas.

La negligencia es una forma de malos tratos pasiva, a menudo no considerada y valorada por los servicios de protección de menores como dañina para la mente en desarrollo del niño/a, cuando está bien documentado el impacto negativo que puede tener (Barudy y Dantagnan, 2010; Johnson y otros, 2000; Lyons-Ruth, 2022). Este tipo de maltrato se da en todas las clases sociales, siendo las de clase alta las que menos se benefician de la actuación de los equipos especializados de intervención, porque existe aún un sesgo negativo en torno a las clases más desfavorecidas, mas susceptibles de que sean atendidas por servicios especializados. Cuando "la negligencia viste de Prada" (como dice Dolores Rodríguez, psicóloga) suele en general valorarse de una manera más laxa por parte de los equipos técnicos. 


Qué es la negligencia afectiva

 

Por negligencia entendemos la incapacidad repetida por parte de los padres o cuidadores del niño, de proporcionarle los estándares mínimos de alimentación, vestido, atención médica, educación, seguridad y/o afecto. Es decir, la satisfacción de sus necesidades básicas (López, 2008) tanto físicas como emocionales. La negligencia afectiva, en concreto, resulta difícil de evaluar, si no se ha hecho una formación especializada. En mi opinión, Barudy y Dantagnan (2010) son los autores que mejor han desarrollado todo un modelo de valoración e intervención en competencia parental. Ellos han hecho, además, un análisis y estudio detallado de todas las tipologías de maltrato.


menteasombrosa.com

Lo que ocurre en los casos de negligencia afectiva es que los padres o cuidadores “no hacen nada" al niño/a (Benito, 2020). Y esto es precisamente lo dañino para el desarrollo del cerebro, el cual requiere para su crecimiento de alimento físico, pero también del emocional. Este órgano no recibe los nutrientes físicos, cognitivos y afectivos necesarios para poder interconectar sus neuronas y lograr así una integración cerebral. Las neuronas están listas para conectarse, al nacer tenemos billones de ellas, pero sólo un número de estas se unirán entre sí, porque el desarrollo neuronal sigue el principio de “úsalo o tíralo” (Siegel, 2007) Las neuronas que no se estimulen tenderán a no conectarse, y las que sí se usen tenderán a activarse. Cozolino (2010) ha explicado magistralmente que el desarrollo depende de la genética y del ambiente. Este autor denomina “programación medioambiental” a esa danza entre los genes y los primeros cuidados proporcionados por la figura de apego, justo en un periodo de la vida donde el material genético se expresa en todo su esplendor. Como Rafael Benito (2020) ha dicho, también magistralmente, los tres primeros años es el periodo de la vida en el cual el libro de instrucciones, que es el código genético, es más sensible a la influencia del ambiente y los cuidadores. Todas las páginas de este libro de instrucciones, por así decirlo, están abiertas... Por eso las acogidas familiares de urgencia son medidas para neuroproteger (Benito, 2020) a los niños/as tempranamente, y proporcionarles el derecho al buen vínculo (Hernán Fernández). Estas acogidas en familia han supuesto un gran avance en materia de protección. Así pues, no se debe esperar a que se produzca el daño en el bebé a su neurodesarrollo, cuando más vulnerable es el ser humano, sino que podemos prevenir primariamente. 


Importancia de los buenos tratos durante los tres primeros años de vida. 

Entrevista de Leticia Garcés a Rafael Benito

 

La negligencia más común en nuestros días es la afectiva, pues es menos probable encontrarse con situaciones de carencias físicas (alimentación, higiene…) Aún así, las sostenidas crisis económicas que hemos vivido en la década anterior han favorecido que se produzca un incremento de niños y niñas que pasan privaciones en este sentido. Recientemente (marzo de 2022) El diario El País sitúa a unos 700.000 niños/as en situación de riesgo de exclusión: "España destaca por sus altos niveles de pobreza infantil. Solo Rumania y Bulgaria presentan peores datos que España en la Unión Europea. La situación se agravó con la crisis de 2008 y los recortes, y las familias más vulnerables han vuelto a llevarse la peor parte del mazazo económico causado por la covid. Para combatir estas cifras, el Gobierno presentará a la Comisión Europea el 15 de marzo su hoja de ruta. Se trata del plan para aplicar la garantía infantil, un programa europeo para luchar contra la exclusión social de los menores. El Ministerio de Derechos Sociales está ultimando ese documento. Según el texto, al que ha tenido acceso EL PAÍS, se fija como objetivo bajar en 8,6 puntos porcentuales la tasa de riesgo de pobreza o exclusión social de los niños y adolescentes en 2030 respecto a 2019, cuando se situó en 30,3%. Esto equivaldría a recuperar a 713.000 niños de los 2,6 millones que están en esta situación..." [...]


Aunque hay una tendencia a separar la negligencia física de la afectiva/cognitiva, podemos pensar con razón, por ejemplo, que pasar hambre también tenga connotaciones y repercusiones en el área afectiva y cognitiva, pues el impacto traumático que conlleva afecta al área emocional  (aparte de que la carencia de determinados nutrientes físicos perjudica al desarrollo del cerebro) Un niño me dijo una vez en la consulta que pasar hambre era una experiencia horrible, el estómago se te retorcía y te producía un dolor insoportable. Esta experiencia es, desde luego, traumática y los recuerdos que produce son abrumadores para la persona, afectando al cerebro/mente en desarrollo, en suma, a todo el ser.


Consecuencias de la negligencia afectiva en el desarrollo del niño/a


La negligencia afectiva puede tener consecuencias para el desarrollo y el cerebro del niño/a mucho más graves que el maltrato físico y psicológico. Desgraciadamente, no suele movilizar a los equipos de protección infantil (Hughes, 2019) tanto como lo hace el maltrato físico o psicológico. Quizá porque lo que va mal es “lo que no ocurre” y esto no siempre se detecta o se atribuye a la negligencia, y/o no se tiene formación especializada, ni a veces, hay que decirlo, sensibilidad. 


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La negligencia afectiva presenta niveles y puede darse en combinación con otras tipologías de maltrato. Los que llevamos años trabajando en este ámbito sabemos que un abuso sexual intrafamiliar puede -y de hecho se suele dar- ocurrir en un contexto familiar de negligencia afectiva por parte de uno o de los dos cuidadores o progenitores. En ocasiones, estos presentan otros problemas asociados como consumo de sustancias, vida errática, trastornos de personalidad, trastornos mentales... que agravan la situación de las personas menores de edad.


La negligencia afectiva puede ser crónica o temporal, así como severa o leve. Puede ocurrir como consecuencia, por ejemplo, de un maltrato físico o psicológico de uno de los dos cuidadores y el otro, debido al impacto traumático de la situación, que merma temporalmente sus habilidades de cuidado, mostrarse negligente. Pero una vez que este está recuperado de dicha situación, si presenta capacidad, puede activarse, con ayuda psicoeducativa, para el cuidado afectivo de sus niños/as. La negligencia también puede ser crónica en el sentido de que no se explica por una situación estresante ocurrida en un periodo de tiempo, sino que forma parte de la persona y de sus déficits, como consecuencia de que son cuidadores que fueron ellos, a su vez, víctimas de negligencia en su propia infancia. 


La negligencia afectiva puede pasar inadvertida. A veces el niño/a lo exterioriza mediante problemas o síntomas (los denominados de conducta) Sin embargo, puede estar presente en algunos niños/as que aparentemente no muestran problemas de ajuste psicológico, incluso pueden obtenerse perfiles planos en las escalas que habitualmente utilizan los profesionales para evaluar las conductas y los síntomas clínicos. Los niños/as pueden manifestar una maximización de rasgos y comportamientos que son sobrevalorados por el mundo adulto, como la complacencia (cuando es compulsiva), el alto rendimiento escolar, la búsqueda de la aprobación social, la intelectualización excesiva y ser muy colaboradores, perfeccionistas y normativamente dóciles. Si no muestran síntomas de los denominados externalizantes, que son sobre todo molestos para los adultos, es posible que pasen desapercibidos. Detrás de estos comportamientos puede existir una situación familiar de negligencia afectiva de la que el niño/a -e incluso la propia familia- no sean conscientes. Detectarla para poder intervenir tempranamente con los niños/as y sus padres o cuidadores es muy importante, porque si no, pasará desapercibida, probablemente hasta la adolescencia, donde la manifestación sintomática puede cambiar y comenzar con síntomas externalizantes. Muchos de los problemas que sufren los adolescentes como autolesiones, ideas de suicidio, inestabilidad emocional, agresividad, sentimientos crónicos de vacío, angustia, impulsividad… se gestaron en la primera infancia, a veces de manera muy temprana y no siempre evidente (edad bebé) Perry y Szalavitz (2017) nos cuentan en su libro “El chico al que criaron como perro” un caso de este tipo. 


La negligencia afectiva está asociada claramente con el trastorno límite de la personalidad, el trauma complejo y la disociación (Lyons-Ruth, 2022) También se asocia con el trastorno antisocial de la personalidad (Bowlby lo dejó bien claro desde hace muchos años, en 1944, pero no hemos aprendido la lección, quizá porque sus postulados eran muy exigentes con el mundo adulto para con la infancia, pero desde luego que son científica y éticamente acertados) Recientemente, Markowitsch (2014) refiere que incluso en los adolescentes que presentan rasgos o conductas antisociales, se postula que éstos podrían no haberse manifestado si no se hubiesen dado los antecedentes de maltrato en la infancia: “Un entorno adverso puede ser responsable del desarrollo cerebral anormal en las personas con tendencia al trastorno antisocial de la personalidad y a la psicopatía” 


Vídeo que muestra los efectos de la deprivación y la negligencia en los bebés

 


En una reciente revisión de la literatura realizada por Iciar García Varona, refiere que "numerosas investigaciones han concluido que el abuso sexual en la niñez reportado por adultos, se asoció con una amplia gama de trastornos y problemas psiquiátricos, que incluyen: Depresión, fobias, trastorno obsesivo-compulsivo, trastorno de pánico, trastorno de estrés postraumático, trastornos sexuales e ideación suicida. Lo mismo ocurría con adultos que habían informado de abusos físicos y abusos emocionales o informaban de ACEs y que igualmente reportaban tipos de trastornos psicológicos y psiquiátricos. La negligencia se asociaba además con desórdenes de personalidad (Briere & Elliott, 2003; Dube, Anda, Felitti, Chapman, Williamson & Giles, 2001; Johnson, Smailes, Cohen, Brown & Bernstein, 2000; Lindert, von Ehrenstein, Grashow, Gal, Braehler &Weisskopf, 2014)".


La competencia m/parental suele estar afectada severamente en los casos de negligencia


Creo que debemos ser respetuosos con estos padres o cuidadores y referirnos a ellos como personas que, por su traumática historia, tienen prácticas negligentes. Como bien suele decir Jorge Barudy, "no recibieron la protección a la que tenían derecho de niños/as". Las secuelas de la desprotección que sufrieron en su infancia por parte del mundo adulto (técnicos, educadores, maestros, trabajadores sociales, psicólogos, psiquiatras, vecinos, familiares, amigos… que no supieron verlo) ha generado en ellos lo que Barudy y Dantagnan definen como “incompetencia parental severa y crónica”. Conclusión a la que se llega después de utilizar cuidadosa y exhaustivamente su programa de valoración de competencias parentales (Barudy y Dantagnan, 2010), y tras trabajar (psicoterapia, programas psicoeducativos de capacitación parental, atención en salud mental...) con las familias durante un periodo de tiempo suficientemente largo (no más de dos años) como para concluir que los cuidadores o padres no pueden responder positivamente al programa de rehabilitación de competencias. Si la incompetencia parental es severa y los niños/as están en riesgo, hay veces que esta valoración de las competencias parentales se hace protegiendo a los niños/as en un centro o familia acogedora. Dependerá de la valoración de cada técnico, pero no es extraño encontrarse con situaciones graves en las que los niños/as han permanecido -y permanecen- en sus hogares, padeciendo estos la negligencia afectiva sin que se adopte ninguna medida de protección.  

 

Si los padres o cuidadores de los niños/as presentan "ausencia de empatía" (Barudy y Dantagnan, 2010) o "empatía cero" (Baron-Cohen, 2012) -lo cual conlleva una imposibilidad de ver al niño/a como un ser con necesidades propias que han de ser satisfechas-, una incapacidad para reflexionar y una ausencia de conciencia de problema y del impacto que sus actuaciones negligentes tienen en los niños/as, probablemente estemos ante una incapacidad parental severa. 


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Proteger a los niños/as: una prioridad


En estos casos de incompetencia parental severa, y aunque es muy duro psicológicamente para los niños/as y sus padres o cuidadores, se debe de activar una medida de protección permanente de las personas menores de edad -o mantener la preexistente-, tratando de que aquellos sean recogidos en su dolor e implicándoles, con acompañamiento educativo, en la vida de sus hijos/as hasta donde ellos puedan o sean capaces de responder satisfactoriamente a las necesidades de sus hijos/as. Trabajar con los padres la narrativa del por qué de la medida, con empatía pero a la vez con firmeza, es necesario, aunque sea una tarea complicada por las defensas psicológicas que usan para protegerse de una medida que algunas familias niegan que sus hijos necesiten y la viven, además, de manera hostil. 

 

Cuando los niños/as tienen la fortuna de haber sido protegidos en una familia o centro de acogida, dado que la medida no suele ser aceptada por los padres o cuidadores, aquellos suelen ser -aunque no haya cambiado en nada la situación familiar grave- a la larga los candidatos a las medidas de revinculación familiar o -en el caso de los niños/as que residen en centros- a tiempos de convivencia compartida entre los educadores de estos y las familias. Normalmente, los niños/as que sufren malos tratos activos no pueden regresar a su casa o convivir con sus padres (golpes, palizas, tocamientos, insultos...); pero los que sufren malos tratos pasivos es más fácil que se planteen con ellos posibilidades de convivencia con aquellos. Aunque, insistimos, la negligencia se suele dar en combinación con otras tipologías de maltrato que pueden estar ocultas (como el abuso sexual)...

Entiendo que las decisiones son muy complejas y no dudo de la intencionalidad positiva de los profesionales de los equipos técnicos de valoración, ni pretendo juzgar a nadie. Dicho esto, solo quiero aportar mi experiencia y saber en este terreno -y dar mi opinión basada en la ciencia y en la práctica profesional con estos niños/as y sus familias-, por si puede aportar y contribuir a la mejora de la salud mental y la calidad de vida de los niños/as, futuros adultos.

 

Si la negligencia afectiva que los padres presentan, si esta práctica es severa y crónica y si estos han demostrado no ser capaces de hacer cambios sustantivos y duraderos en el nutrimiento afectivo y de seguridad hacia sus hijos/as o niños/as, proponer estas medidas de reintegración familiar, total o parcial, es una decisión perjudicial para los niños/as y con consecuencias a veces graves para el desarrollo sano de su cuerpo, cerebro y mente. Sin embargo, es una decisión que a menudo se suele tomar en los equipos y servicios de protección de menores, pensando en que será buena para la convivencia y el vínculo padres/hijos, bien favoreciendo convivencias vacacionales, bien con programas que tienen medios humanos y técnicos insuficientes en los que se comparte la crianza (cuando los cuidadores no son capaces, lo que pasa en estos casos es que se generan situaciones de alto riesgo para los niños y niñas), e incluso, a veces, se llega a decisiones que terminan desembocando con los niños/as reintegrados definitivamente en el hogar familiar con un seguimiento telefónico… a todas luces insuficiente. Esto, a mi juicio, no es protección...

 

Los casos que yo he visto, graves, desgraciadamente, no fueron a buen término y concluyeron con el regreso de los niños/as al centro de acogida. En mi experiencia, retornar a casa no fue la solución al dolor que estos niños/as sentían. O si son adolescentes cercanos a la mayoría de edad, vuelven de nuevo a estar en el hogar negligente sin engancharse al centro de acogida, estando en riesgo para la inadaptación social, con un sufrimiento añadido que, además, retraumatiza… Estos chicos/as suelen terminar en tierra de nadie, probablemente pasando largas horas en la calle, sin afecto, estructura, límites y seguridad. 

 

Se argumentará que es muy duro psicológicamente para estos niños/as convivir en un centro de menores durante tantos años, si no se ha dado -o se ha pasado la oportunidad- de ofrecerles una familia de acogida. Soy consciente de ello, de que el dolor es grande, sobre todo porque la mente infantil no está preparada para integrar que quien te quiere te descuida de un modo afectivo grave. A menudo los niños/as presentan procesos de negación, proyección y racionalización que reflejan su sufrimiento y el de los padres y sus defensas para protegerse de actuaciones que viven de un modo persecutorio y hostil. De ahí que la empatía y la co-construcción de un relato sean una labor terapéutica fundamental a hacer durante muchos años (durante todo su desarrollo) con los niños/as y las familias. Estas suelen quedar muy abandonadas y sin ayuda profesional, y necesitan ser acompañadas. Los educadores de los centros suelen asumir la tarea de contener emocionalmente a los padres, empatizar con ellos, aportarles explicaciones y tratar de colaborar con ellos en lo que estén capacitados. Suelen hacerlo por teléfono y en las visitas o periodos de convivencia con sus hijos, que suelen ser -o deberían serlo- supervisados por los profesionales. 


Por muy negativo que pueda ser crecer en un centro de menores, creo que lo es aún más hacerlo en un contexto de negligencia afectiva familiar. Pienso que con un entorno de apoyo (educadores, psicoterapeuta, profesores y otros adultos significativos, adultos sanos de la familia...) puede darse la “resiliencia secundaria” (Barudy y Dantagnan, 2010)

 

Creo que las familias deben ser más acompañadas y contenidas en su dolor en este proceso, para que puedan implicarse en la vida de los niños/as, pero siempre con estos en lugar seguro, bien atendidos en sus necesidades y con vínculos resilientes con los educadores de los centros. Estos centros deberían ser organizados y estructurados para ser terapéuticos, ofreciendo una experiencia en la que los niños/as puedan crear vínculos afectivos de calidad con los educadores, manteniendo la relación con sus padres y familia de origen (siempre y cuando no sea tóxica para los niños/as). Para ello es imprescindible que los educadores -o una buena parte de ellos- permanezcan en los centros por periodos largos y que no haya tanta movilidad laboral. En los hogares que actualmente superviso, se ha cumplido esta permanencia de los profesionales y estos, capaces y trabajados para crear vínculos afectivos con los niños/as, han logrado resultados muy satisfactorios con ellos/as y sus familias. Es un acogimiento residencial que Jorge Barudy ha llamado "familiarizante".


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Sin embargo, en la práctica, este acogimiento residencial familiarizante no suele ser todavía, en muchos casos, así. Porque a las administraciones les cuesta asumir, quizá porque no es popular, la calificación de “incapacidad parental severa y crónica”, y observan que el vínculo que les une a padres o cuidadores y niños/as o hijos/as es muy fuerte. Creo que esto es una interpretación equivocada de la teoría del apego, pues lo que los niños/as necesitan son vínculos seguros y de calidad afectiva, no vínculos intensos. Lyons-Ruth (2022) ha investigado que los niños/as abandonados emocionalmente son niños/as que tienen altas conductas de aproximación a sus padres, pero no son de apego seguro, lo aparentan pero no lo son. Los denomina "D-acercamiento" y es típico de contextos familiares negligentes emocionalmente. Conviene tenerlo muy en cuenta.


Ofrecer alternativas de cuidado a los niños/as de calidad


Cuando ya no es posible un acogimiento familiar o este no es ya posible por diversas causas, creo que es negligencia de la administración no estructurar los centros de acogida para responder a estas necesidades afectivas de los niños/as. Es una pena escuchar a los niños/s decir que no quieren estar en los centros porque los educadores no les pueden atender en sus necesidades emocionales debido a que tienen poco tiempo. Por las noches, hay centros en los que sólo hay un educador... Si la medida no satisface las necesidades y ya no es terapéutica, estaremos cerca de que desde la administración se cometa otra negligencia por no dotar a los centros de acogida de los medios humanos y materiales que los niños/as necesitan para su reparación vincular. Las familias verán que no les aporta y, con toda la razón, dirán que para eso están mejor con ellas...

 

Otras veces los equipos técnicos aluden a que la realidad familiar del niño/a es esa, y mejor que se acostumbre a ella, que vea lo que hay, pues forma parte de su vida… Me parece una frase durísima. ¡Son niños/as! Hay que pensar y meditar muy bien cada decisión que se toma sobre los niños/as, está en riesgo su salud mental futura y su bienestar biopsicosocial... La negligencia afectiva daña, y, como decimos ¡no suele darse sola sino en combinación con abuso sexual y malos tratos...! "El neurodesarrollo no espera", como bien dice Rafael Benito. Hay decisiones que pueden retraumatizar a un niño/a, por muy bien intencionadas que sean. 


No olvidemos que los niños/as necesitan figuras de apego de calidad y estables en sus vidas (derecho al buen vínculo, propuesta del abogado Hernán Fernández) que satisfagan sus necesidades. Cómo dar respuesta a esto es el gran desafío de un sistema de protección, en mi opinión. Jorge Barudy revolucionó el sistema de protección porque sus planteamientos basados en la ciencia y en una metodología, la traumaterapia, que conlleva años de conocimientos y experiencia, son muy exigentes en la protección de las personas menores de edad y en poner a estos y su interés, como lo que es: superior a todo. Uno a veces asiste atónito a decisiones que buscan más contentar a las familias y que se olvidan del daño que pueden causar en las personas menores de edad. Y el daño al cerebro no es una especulación ni una intuición, la ciencia nos lo ha demostrado.


Es frecuente que estos chicos y chicas tarde o temprano acudan a buscar a sus familias para comprobar si la historia que les contaron -o descubrieron- acerca de su incapacidad es cierta. Pero si esto es así, sin ninguna duda es mejor que este descubrimiento lo hagan más cerca de los 18 años que en la infancia y la primera adolescencia, porque cuando se es niño/a se carece de recursos psicológicos para integrar el trauma complejo que esto suele conllevar y la dependencia de padres/cuidadores seguros es mayor (sentirse sólo y desprotegido es muy dañino emocionalmente, por eso se suele negar, "eso no ha pasado") Varios de los chicos/as que yo conocí de niños/as y que ahora son adultos, fueron a casa a los dieciocho años, a pesar de tener alternativas de vida preparadas por los equipos educativos. Algunos fueron de nuevo víctimas de negligencia, maltrato… duramente. E, incluso, algunos fueron echados de casa por sus propios padres... Porque aunque al principio todo era luna de miel, los problemas de negligencia y de otro tipo volvieron a surgir. Pudieron, entonces, asimilar mejor el golpe, pues con ellos se había trabajado el por qué de la medida del acogimiento; y pudieron admitir de buen grado los recursos de vida que se les habían ofrecido. Esto causa un impacto traumático, pero estimo que se está más preparado a los dieciocho -si se cuenta con recursos propios y con personas que te acompañen- que a los seis o siete años para asimilar la dureza de experimentar y tomar conciencia de la incapacidad de los padres. 


Esto nos lleva también a señalar que los chicos/as que salen del sistema de protección a los 18 años no disponen de recursos adaptados a ellos/as, es una asignatura pendiente: ofrecerles alternativas de vida estables hasta una edad en la que alcancen una mayor madurez, en torno a los 25 años. Muchos/as se ven abocados a la mayoría de edad a estar en la calle, o con su familia (con la dureza que supone, si les admiten), o en pisos que tienen un nivel de exigencia y estructuración que no todos/as pueden alcanzar. 


Finalmente, comentar que en estos casos de familias con incompetencia parental severa y con prácticas negligentes hacia sus hijos/as, es muy importante la formación del técnico y su trabajo personal. El técnico que tiene clara la medida y se muestra empático pero firme, transmite esa seguridad a las familias en sus comunicaciones y devoluciones. Una técnico de protección de menores, psicóloga -con la que estuve tomando un café recientemente- y amiga me dijo que hay que hablarles a las familias cuidando muy bien los mensajes pero con claridad y firmeza. Me comentó que ella había tenido muchas experiencias de familias que no habían aceptado la medida de protección en su momento. Ella recordaba que un día, años después -se le quedó grabado-, un padre le paró en la calle y le dio las gracias por la decisión que tomó porque fue acertada, aunque en su momento no lo entendiera ni aceptara. Porque en verdad las medidas de protección hacia sus hijos/as son para ayudarles a ellos/as también, no echándoles responsabilidades de crianza y competencia parental que por diversas causas no pueden asumir.


La necesidad de mantener una mirada sistémica

 

Creo que también los profesionales de la psicología y psicoterapia infantil debemos de tener, ante una petición de tratamiento para un niño/a, esta mirada que valore la base de cuidados, porque corremos el riesgo de focalizar el problema en el niño/a, de buscar un diagnóstico y de hacer una terapia individual. Por eso creo que hemos de no utilizar nunca los abordajes EMDR, caja de arena, neurofeedback… exclusivamente sin la visión sistémica, que requiere un abordaje terapéutico integral del niño/a en su sistema (familiar, escolar…); y, en su caso, la derivación a los equipos especializados de protección con los que trabajar en colaboración. 


"El trauma causa daño cerebral, no de la otra manera" (Teicher, 2000)

 

Terminamos este artículo con estas palabras de Martin Teicher (2000) Tuvimos el placer de conocerle en Donostia en octubre de 2019, en las IV Conversaciones. Él y su equipo en la Universidad de Harvard ha investigado sobre el trauma de abuso en todas sus formas. Creo que no deja lugar a dudas de que es dañino para el desarrollo del cuerpo, mente y cerebro de los niños/as. Podéis leer los artículos que Rafael Benito tradujo al español que resumen las dos conferencias que pronunció en Donostia hace tres años:


http://www.buenostratos.com/2020/06/maltrato-infantil-periodos-de.html


http://www.buenostratos.com/2019/12/impacto-del-maltrato-infantil-en-la.html

 

"Mi hipótesis es que el trauma de el abuso induce una cascada de efectos, incluyendo cambios en las hormonas y los neurotransmisores que median el desarrollo de las personas en regiones del cerebro que son más vulnerables. Probar esta hipótesis en humanos es difícil, porque el abuso no es siempre un acto aleatorio. Si observamos una asociación entre una historia de abuso y la presencia de una anomalía física, el abuso puede haber causado esa anormalidad. Pero también es posible que la anormalidad ocurriese primero y ello elevara la probabilidad del abuso, o que la anormalidad ocurriera en la familia y esto condujera a abusos más frecuentes, o que fuera debido al comportamiento de los miembros de la familia u otros parientes. 

 

Para tratar de resolver estas comprometidas hipótesis, llevamos a cabo estudios de estrés temprano en animales, donde elementos potencialmente confusos pueden ser cuidadosamente revisados. La observación de resultados paralelos en animales y en personas, ha reforzado nuestra hipótesis de que el trauma causa daño cerebral, no de la otra manera". (Martin Teicher, 2000)



REFERENCIAS

Baron-Cohen, S. (2012) Empatía cero: una nueva teoría de la crueldad. Madrid: Alianza.

Barudy, J. y Dantagnan, M. (2010). Los desafíos invisibles de ser madre o padre. Manual de evaluación de las competencias y la resiliencia parental. Barcelona: Gedisa.

Benito, R. (2020). La regulación emocional. Bases neurobiológicas y desarrollo en la infancia y adolescencia. Madrid: El Hilo Ediciones.

Bowlby, J. (1985) El apego. El apego y la pérdida 1. Barcelona: Paidós Ibérica.

Bowlby, J. (1993) La separación. El apego y la pérdida 2. Barcelona: Paidós Ibérica.

Bowlby, J. (1983) La pérdida. El apego y la pérdida 3. Barcelona: Paidós Ibérica.

Bowlby, J. (1944). Forty-four juvenile thieves: Their characters and home life. International Journal of Psychoanalysis, 25 (19-52), 107-127.

Briere, J., & Elliott, D. M. (2003). Prevalence and psychological sequelae of self-reported childhood physical and sexual abuse in a general population sample of men and women. Child abuse & neglect, 27 (10), 1205-1222.

Cozolino, L. (2010). Neuroscience of psychotherapy. Healing the social brain. WW. Norton: New York.

Cyrulnik, B. (2003). El murmullo de los fantasmas. Barcelona: Gedisa.

Dube, S. R., Anda, R. F., Felitti, V. J., Chapman, D. P., Williamson, D. F., & Giles, W. H. (2001). Childhood abuse, household dysfunction, and the risk of attempted suicide throughout the life span: findings from the Adverse Childhood Experiences Study. Jama, 286 (24), 3089-3096.

Hughes, D. (2019). Construir los vínculos del apego. Cómo despertar el amor en niños profundamente traumatizados. Barcelona: Eleftheria.

Johnson, J. G., Smailes, E. M., Cohen, P., Brown, J., & Bernstein, D. P. (2000). Associations between four types of childhood neglect and personality disorder symptoms during adolescence and early adulthood: Findings of a community-based longitudinal study. Journal of personality disorders, 14(2), 171-187.

López, F. (2008). Necesidades en la infancia y en la adolescencia: respuesta familiar, escolar y social. Madrid: Pirámide.

Lindert, J., von Ehrenstein, O. S., Grashow, R., Gal, G., Braehler, E., & Weisskopf, M. G. (2014). Sexual and physical abuse in childhood is associated with depression and anxiety over the life course: systematic review and meta-analysis. International journal of public health, 59(2), 359-372.

Lyons-Ruth, K. (2022). Análisis del constructo de insensibilidad materna: distintas vías longitudinales asociadas a retraimiento materno temprano. En Marrone, M y Wolfberg, E. (2022) Parentalidad y teoría del apego Volumen II. Madrid: Psimática. 

Markowitsch, H.J.; Staniloiu, A. (2014). Neurofisiología de la conducta (anti)social. Mente y Cerebro, 69, 60-65.

Perry, B., Szalavitz, M. (2017). El chico al que criaron como perro y otras historias del cuaderno de un psiquiatra infantil. Madrid: Capitán Swing Libros.

Siegel, D. (2007). La mente en desarrollo. Cómo interactúan las relaciones y el cerebro para modelar nuestro ser. Bilbao: Desclée de Brouwer. 

Teicher, M. (2000). Wounds That Time Won’t Heal: The Neurobiology of Child Abuse. Cerebrum. The Dana Forum on Brain Science. Volumen II, 4