Dolores Rodríguez Domínguez Psicóloga y traumaterapeuta
PRESENTACIÓN
Me es grato presentaros la reflexión que una compañera y colega psicóloga y traumaterapeuta, Dolores Rodríguez Domínguez, ha realizado a partir de la experiencia que ella ha tenido en psicoterapia con una familia y una joven adoptada. Han sido varios meses de acompañamiento en un grupo de supervisión a su trabajo de intervención utilizando la metodología de la traumaterapia. Meses en los que hemos compartido con Dolores muchas alegrías, pero también muchas penas y sobre todo, impotencia. Porque cuando se trata de proteger, cuando ya la traumaterapia -dentro de su modelo coherente- clama que el derecho a la protección no puede ser suplido por ninguna psicoterapia individual ni familiar, cuando se señala a la red, incluso con la familia colaborando y siendo consciente de la necesidad de la ayuda, el informe de una profesional intachable -activista- debería de bastar para que las instituciones pusieran en marcha, sin mayores enredos, sus programas de protección. Pero hete aquí que no. Un expediente se mueve en círculo vicioso de lugar en lugar de tal manera que entra en bucle y, paradójicamente, termina donde empieza sin que nadie vea que, tras esos papeles, hay un ser humano cuyo neurodesarrollo no espera... A nadie se le revuelven las tripas y salva la burocracia en nombre de los derechos de los niños... ¿Cuándo nos daremos cuenta de que tras los expedientes laten vidas humanas?
Pero al margen de dejar constancia del síndrome de la estupidez humana -ofreciendo la mejor versión posible del libro de Cipolla-, quiero rescatar la parte bella de toda esta historia. Parece una paradoja, pero lo dice el gran Boris Cyrulnik: cuando se sufre, permanezcamos atentos porque algo bello va a suceder. Los diferentes encuentros terapéuticos de Dolores con su joven paciente -en los que esta pudo experimentar lo que es ser sentida por primera vez en su vida- y su trabajo durante estos años con esta familia adoptiva, le han inspirado y han dado como resultado esta reflexión que ella nos regala, junto con un micro relato para padres y madres adoptivos titulado: “El sentir de la pequeña paloma” Micro relato que nos hace reflexionar profundamente sobre la parentalidad, en especial la adoptiva.
Felicidades Dolores, ya sabes cuánto te admiro, sobre todo tu capacidad de empatía, extraordinaria.
Gracias por formar parte del elenco de profesionales colaboradores del blog Buenos tratos, por tu tiempo y tu generosidad al compartirnos tu experiencia.
INTRODUCCIÓN AL RELATO, por Dolores Rodríguez Domínguez
En niños/as y adolescentes cuyas vidas han estado profundamente tintadas por el tremendo sufrimiento que provoca el abandono, la negligencia y el maltrato, la necesidad de ser reconocidos/as en su esencia, en sus maneras de mostrar su dolor y su amor, se convierte en un reto imprescindible, pero de difícil recorrido. Difícil recorrido para todos/as, niños/as, adolescentes, familias, terapeutas y un largo etc. He de decir que muchos sentimos, que este viaje, aunque difícil, no sería imposible.
Muchos expertos/as hablan, y cargados de razón, de la invisibilidad del dolor de estos niños/as y adolescentes. Dolor invisible para los ojos del observador. Y es que “los ojos, ojos son”. Unos maestros en reconocer formas, colores, tamaños, cualquier característica física en la que podamos pensar. Sí, física. Un formato de información a lo que nuestros ojos están muy acostumbrados, y que codifican y clasifican con suma precisión. El sufrimiento invisible de nuestros niños/as y adolescentes, en muchas ocasiones, en su lucha por intentar ser visible, logra transformarse, disfrazarse y adquirir un formato más visual, a través de síntomas físicos, o a través de conductas…, conductas que entonces pasan a ser, muy pero que muy visibles para todos/as. Esas conductas tan visibles a menudo son interpretadas por el mundo adulto como síntomas y trastornos que etiquetan al joven y le “culpan” de lo que ocurre. Sin saber que en realidad, son expresiones de un profundo sufrimiento por sus duras historias y por la incomprensión que han recibido y siguen recibiendo de su entorno. Y es que a veces, hasta quienes tendrían el deber de proteger, no serían capaces de ver en esas conductas un auténtico y desesperado grito de apego.
No sería mi intención poner en duda la importancia de observar, explorar, analizar, detallar y comprender toda la información que llega a nosotros/as para poder situarnos en la historia de estos/as niños/as y adolescentes, pero si me gustaría volver a recordar que, “los ojos, ojos son”. Neguémonos a caer en el engaño de lo “nuestro ojo ve”, y empeñémonos en descubrir lo que “nuestro ojo no ve”. Lograrlo sería toda una victoria, y nos ayudaría enormemente, tanto a los profesionales como a las familias, a que la visibilidad y reparación del sufrimiento de los niños/as y adolescentes pudiese tener sentido. “Sentido”…bonita palabra de amplio sentido. Seguro que a muchos de vosotros/as os suena esta palabra, “Sentido”, y ¿“Sentirse Sentido”? (Sigel, 2007). Seguro que también.
Y es sobre esto de lo que trata este micro relato, de Sentir. De cómo sienten nuestros/as niños/as y adolescentes, y de sentir con ellos/as, y a veces también por ellos/as. De ir más allá de “lo que el ojo ve”, y llegar hasta lo que el corazón siente, y a veces se duele. En este caso, el sentir de una adolescente al que le genera mucha confusión y miedo no reconocerse a sí misma, ni verse reconocida en los ojos ni en el corazón ni en la mente de los demás. Su lucha por abrirse paso para poder corresponder a quienes le dieron una segunda oportunidad, oportunidad con condiciones, pero en definitiva su oportunidad.
EL SENTIR DE LA PEQUEÑA PALOMA
Por Dolores Rodríguez Domínguez
Esta es la historia de una pequeña paloma. Se sentía triste, enfadada, e incluso sentía estar enjaulada.
No se entendía qué le estaba pasando, nadie parecía entender cómo aquella pequeña paloma que tan dulce había parecido ser, lo había dejado de ser. Pues para todos era doloroso entender que ya no pareciera ser la tan dulce paloma, y a veces ni siquiera pareciera poder ser tan paloma.
Y es que, no se comportaba como lo hacían las demás palomas. Eso era al menos, lo que tanto le decían y repetían sin parar.
Y cada vez que eso oía, más sufría, pero también más se defendía.
Y es que no parecía tener miedo a nadie ni a nada. Pero cuanta más valentía parecía mostrar, más difícil se le hacía a los demás y a ella misma ver, lo que por dentro a ella le hacía llorar.
-“Sé obediente”, le decían.
-“Deja atrás tu rebeldía”
“Sin con nosotros quieres vivir, debes esforzarte en ser lo que nosotros esperamos de ti”.
-“¿Pero cómo?”, se preguntaba la pequeña paloma.
-“No sé bien qué debo hacer,
ni tan siquiera quién debo ser para vuestros deseos y anhelos yo pueda complacer.
*Nota: Le denomino "cantautor" varias veces a lo largo del artículo como recurso literario (para no repetir tantas veces su nombre). Pero él no está de acuerdo con esta etiqueta. Huye de este cliché que parece contener la idea de que un cantautor es alguien triste, deprimido y pesado. Hasta se mofa de ello en una canción llamada Autotango del cantautor. Luis Eduardo Aute arrastra fama de ser alguien aburrido y cansino. Y, sin embargo, es todo lo contrario, cualquiera que haya asistido a un concierto o velada con él sabrá que es gracioso e ingenioso, capaz de hacer reír de manera inteligente. Como no sé qué palabra usar como alternativa a "cantautor", a pesar de que no le agrada, en este artículo la utilizo. Perdona, Luis Eduardo. Como veis, hablo de él en presente, aunque haya fallecido, pues para mí siempre está presente en mi vida.
Artículo dedicado a todas las personas que han perdido seres queridos.
Luis Eduardo Aute. Foto: abc.es
Hace poco, durante el confinamiento por el coronavirus, concretamente el 4 de abril de 2020, falleció Luis Eduardo Aute, un cantautor y artista integral que ha influido poderosamente en mi identidad. He estado y a veces aún sigo estándolo, apesadumbrado por su muerte. Desde que llegó a mi vida, me ha acompañado en muchísimos momentos, a veces casi a diario. Él ha puesto -y sigue poniendo- palabra y música a muchos de mis estados internos y vivencias emocionales. Ningún otro músico ha conseguido llegarme tan adentro como él. Su voz profunda y de una belleza única, sus melodías (muchas insuperables) y sus letras lo convierten en un genio creativo y artístico inigualable.
No había tenido tiempo de brindarle un homenaje. Pude saludarle una vez durante un ratito que se me hizo muy corto y decirle en breve intervalo lo mucho que lo admiraba y me habían ayudado sus canciones y su arte. No quise hablarle demasiado, porque sabía que no le gustaba en exceso la exposición pública. Y aunque esto era así, jamás evitaba a nadie y era amable y atento con todo el mundo. Pero ahora que la muerte se lo ha llevado, “la muerte parto inverso, partida mal parida” como él expresa en una canción titulada La mala muerte, con un sentimiento de tristeza y echando de menos su próxima obra artística, literaria o musical, sabiendo que no habrá más, noto en lo más profundo de mi cuerpo la necesidad de hacerle desde este blog un sentido homenaje y testimoniarle mi agradecimiento por haberme dado tanto, porque su obra y su símbolo (no su persona porque, desgraciadamente, no le conocí a este nivel) han sido (y lo seguirán siendo) un tutor de resiliencia para mí.
En el blog Buenos tratos deposito mucho de mi persona y filosofía de vida. Por ello, aunque la mayoría de los artículos que escribo y escriben mis compañeros son científicos, sabéis que en algún momento he creado otros en los que se atisban mis gustos y aficiones por el cine, la música, el arte y, en especial, por cómo unir estos conocimientos con la teoría del apego y el trauma. Así, me vienen a la mente varios posts sobre esto: las esculturas de Chillida y el apego;las adicciones, el trauma y las estrellas de Hollywood; y el amor y el vínculo en la música.
Hoy os ofrezco otro de estos artículos donde, para homenajear a Luis Eduardo Aute, relacionaré su música con el apego, el trauma y la resiliencia. Creo que es la mejor manera de rendirle tributo.
Aunque de este tipo de artículos a priori parecen más bien filosóficos y como padre, madre, cuidador o profesional que crías o trabajas con niños y jóvenes traumatizados no vas a sacar mucho en claro, es decir, que no va a ser útil y práctico, cercano al mundo de lo real, ¡a lo mejor cuando lo termines de leer cambias de opinión...! Porque personas como Luis Eduardo Aute aportan tanto en nuestras vidas que son símbolos que contribuyen al proceso de individuación del ser humano del que habla Jung.
Dice Gómez (2013) que los símbolos se constituyen en poderosos recursos psicológicos para la mente y el cuerpo, y pueden utilizarse en distintos momentos adversos (o cuando uno lo necesite) de la vida. Por su parte, Cyrulnik (2003) ha referido que transformar lo traumático en expresión simbólica (literaria, artística, musical…) consigue que la psique dé forma a lo traumático y lo convierta en energía constructiva, a veces, muy bella. Luis Eduardo Aute ha encontrado en las múltiples formas de expresión artística que dominaba (poesía, canción, escultura, pintura, cine…) un auténtico tutor de resiliencia. El mismo decía que su trabajo era una forma de terapia, económica y que le servía para dar forma interna a todo lo que sentía. Aute hace realidad la idea del psicoanalista Carl Jung que afirmaba que el proceso de sanación y el equilibrio personal radicaban en descubrir los arquetipos subyacentes a este proceso (Robertson, 2011). Creo que hay muchos arquetipos presentes en sus canciones y en su creación artística, por eso le resultaba tan terapéutico.
Luis Eduardo Aute es un autor muy prolífico, por lo que me ceñiré en mi exposición a sus canciones (obviaré poesía, cine, escultura y pintura) y seleccionaré aquellas que primero, más conozco, y segundo, las que mi mente asocie con el tema del apego, el trauma y la resiliencia. Lo que voy a tratar de hacer es casi un ejercicio que se asemeja a la creación de un cadáver exquisito, como al propio Aute le encantaba hacer y que dejó reflejado en una canción de su álbum Templo titulada Transfiguraciones. Intentaré que el resultado sea digno.
Foto: trovadiccion.com
Este genial cantautor es una persona realmente singular y única en sus composiciones, capaz de aunar melodías preciosas, cantar con hondura y emoción y a la vez, crear auténtica poesía. Nunca se plegó a las exigencias del mercado, del “tanto vendes, tanto vales”, que él denunciaba en una mítica canción suya que muchos veneramos llamadaLa belleza. Cuando la canciónAleluyale lanzó a la fama, él quiso renunciar a entrar en esa rueda productiva y mercantilista y se retiró. Su regreso se hizo bajo la condición de que ninguna discográfica le impusiera qué hacer, por muy poco comercial que resultara. Por eso, esta coherencia siempre me ha admirado. Algo así sería impensable en un cantante de hoy en día, metidos en la rueda del merchandising actual que lanza a la fama (efímera), quema y tira cantantes que en poco tiempo quedan relegados al ostracismo.
Voy a agrupar las canciones que elija de Luis Eduardo Aute en cuatro categorías y sobre las mismas haré mención a algunas (pocas) de sus canciones. Además, comentaré dichas canciones desde el punto de vista de mis conocimientos en el ámbito de la psicología. Las categorías son: vínculo de pareja y amor; desamor y pérdida del vínculo de pareja; compromiso social y niño interior. Agrupar la obra musical de Aute en cuatro categorías es una estrategia que uso solamente para ordenarla en relación a los temas que tratamos en este blog. La producción de este cantautor es, como digo, muy extensa, los temas que aborda son mucho mas amplios y, desde luego, no son reducibles a unas pocas categorías.
Vínculo de pareja y amor
Foto: youtube.com
Este blog se centra en la teoría del apego. Luis Eduardo Aute ha cantado al vínculo afectivo entre entre la pareja. Lo ha encumbrado como el único elemento que da sentido a la vida, lo que nos estructura y asegura, lo que nos calma y tranquiliza, lo que nos mueve a actuar y levantarnos cada día. El vínculo de pareja que se establece mediante el amor y la sexualidad, ambos unidos en las canciones de Aute, aunque a veces los separa.
Felix López (2003) refiere que “es muy probable que, desde el punto de vista funcional las primeras relaciones entre el niño y la figura de apego, en la intimidad, el contacto, la ternura, el tipo de lenguaje y la comunicación no verbal sean el prototipo de las relaciones íntimas posteriores a lo largo del ciclo vital”. Luis Eduardo Aute expresa esto en multitud de canciones:
Quiero vivir contigo Quiero vivir contigo Como vive el planeta en la esfera y la luna en el mar, Como el destino en el camino y así siendo distintos en la misma identidad Seré el deseo tuyo dentro de mi voluntad, Quiero vivir, Quiero vivir contigo.
También el cantautor ha cantado solo al amor con mayúsculas, como algo que mueve el mundo, lo que hace “que llegue al fin de la noche un rayo de claridad”. He aquí sólo una muestra de las canciones de Luis Eduardo Aute dedicadas al amor:
Que articula un lenguaje de una extraña dimensión.
Porque sucede que entre la fe y la felonía, la herencia y la herejía la jaula y la jauría
Entre morir o matar prefiero, amor, amar.
La fuerza del vínculo de pareja seguro es indestructible porque las representaciones mentales de apego residen en la memoria de las personas; sufrimos mucho cuando perdemos (porque muere) a la persona significativa amada, porque desaparece una de las bases seguras más importantes. Pero lo que interiorizamos de esta experiencia vincular con esa persona, esto es, la seguridad, la calma, el afecto, la ternura... que nos transmitió (cuando ya ha pasado el dolor agudo del duelo y transitamos hacia la aceptación de la pérdida real) vive dentro de nosotros y podemos evocarlo con un aleteo de melancolía, sí; pero también con el sabor dulce y reconfortante de esa presencia simbólica estructurante en nosotros. Su legado, que nos edifica, se convierte en base segura interiorizada. Esto no se pierde nunca, vive en nuestra representación mental. Y nos guía.
Luis Eduardo Aute en una extraordinaria canción describió mediante los arquetipos polvo y agua, parafraseando a Quevedo, esa fuerza del vínculo indestructible y eterno, que trasciende la muerte:
Cuando siento en tu cuerpo que el principio es el final,
Que la vida es el sueño que me acuna
Por tu vientre más allá del bien y el mal
Cuando eres tierra
Cuando soy agua
Y si al fin no somos mas que polvo,
Seamos polvo, seamos polvo nada más...
Mas polvo enamorado.
Pérdida del vínculo de pareja y desamor
Fragmento de la canción "De alguna manera"
La vida es también adversidad. Podemos perder a la persona amada, o sufrir desamor, por diversas causas. Entonces, el cantautor exclama y concentra toda la fuerza de su poesía en poner palabras a lo que podemos sentir: tristeza, despedida, duelo, desesperación, distanciamiento… Me recuerda a Bowlby (1989), el creador de la teoría del apego, cuando describe lo que ocurre cuando perdemos o nos separamos de la figura de apego (hay una continuidad en el modo en el que establecimos el vínculo en la infancia con las figuras de apego principales y la manera en la que lo hacemos de adultos con la pareja): “Al principio [se refiere al bebé] solicita llorando y furioso, que vuelva su madre y parece esperar que tendrá éxito su petición. Esta es la fase de protesta, que puede persistir durante varios días. Más adelante se tranquiliza, pero para una mirada avezada resulta evidente que se halla tan preocupado como antes por la ausencia materna y que sigue anhelando que vuelva; pero sus esperanzas se han marchitado y se halla en la fase de desesperación. Con frecuencia alternan ambas fases: la esperanza se torna en desesperación, y ésta en renovada esperanza”.
Aute ha escrito muchas canciones sobre ese llanto de apego. Ejemplos:
De alguna manera Tendré que olvidarte, Por mucho que quiera No es fácil, ya sabes, Me faltan las fuerzas, Ha sido muy tarde. Y nada más, y nada más, Apenas nada más.
EnSin tu latido, Aute se lamenta de esta pérdida del vínculo de pareja desde este grito de protesta bowlbyano:
Ay, amor mío,
Qué terriblemente absurdo
Es estar vivo
Sin el alma de tu cuerpo,
Sin tu latido.
Y en Siento que te estoy perdiendo, expresa el sentimiento de sentir que se pierde a la figura amada, cuando se teme que de la fase de protesta de Bowlby se llegue a la de pérdida:
Desde hace algún tiempo te siento distinta, No sé que será, pero no eres la misma. Observo en tus ojos miradas que esquivan la mía Cansado de tanto buscar tus pupilas Pidiendo respuestas a cada por qué Pero adivino en ti algo que empieza a huir Y no quiero entender.
Cuando un presentimiento no crea razón Sólo infunde terror
Siento que te estoy perdiendo, Siento que te estoy perdiendo, Siento que te estoy perdiendo, Perdiéndote...
A veces desde un apego preocupado, la ansiedad por no tolerar la ausencia de la persona amada, en la canción No sé vivir sin ti:
Como si un gran vacío
Llenará la habitación
Como si ardiera el aire
En cada respiración
Como si, de repente,
La vida fuera un puente
Sobre unas dunas en el desierto
Helado de mi corazón.
Yo no sé vivir sin ti
Yo no sé vivir
No sé vivir sin ti.
Portada del disco su mítico concierto "Entre amigos"
Y también la desesperación de la pérdida de la figura de apego amada de una manera terrible, ya traumática, dejando entrever una gran angustia que se desliza por toda la letra y música. Una composición que hizo eterna esta pieza. La más mítica de todas sus canciones. Él siempre dijo que es una canción de amor, pero en la transición española se hizo himno contra los fusilamientos del franquismo, aunque Luis Eduardo Aute no lo pretendió. Esta canción bien podría darle sentido a todas las personas que han sufrido un trauma por abandono. Cargada de simbolismo, Al alba dice:
Si te dijera, amor mío, Que temo a la madrugada, No sé qué estrellas son estas Que hieren como amenazas, Ni sé qué sangra la luna Al filo de su guadaña. Presiento que tras la noche Vendrá la noche más larga, Quiero que no me abandones Amor mío, al alba.
He escuchado a Aute cantar esta canción en directo tres veces, la última de ellas acapela, sin instrumentos, impresionante, el teatro rompió en aplausos.
Podría seguir escribiendo sobre muchas más canciones de amor, duelo y pérdida afectiva, pero este post se alargaría en exceso. Creo que recojo lo nuclear y para aproximarse a su capacidad poética es una bonita selección. Os animo a que os acerquéis a su obra e indaguéis más en su creación sobre este tema.
Compromiso social (resiliencia)
Joyana Silberg (2019), psicóloga infantil especialista en trauma y disociación, en su libro El niño superviviente tiene un capítulo dedicado al tema del terapeuta de niños como activista. Me encantó que dedicara un capítulo a esta cuestión, pues en mi opinión todos los profesionales debemos de actuar motivados por un compromiso ético y social con la infancia. Creo que muchos terapeutas, educadores, trabajadores sociales, psicólogos, abogados… que eligieron trabajar, dedicar sus esfuerzos y poner sus conocimientos especializados al servicio de los niños/as, el logro de su bienestar y defensa de sus derechos tienen esta faceta activista. El activismo tiene muchas maneras de demostrarse: desde implicarse y participar en acciones solidarias pro infancia hasta detectar una situación de malos tratos y comunicarla a los servicios sociales para que protejan al menor o menores de edad, pasando por tener la convicción de que sólo podemos ayudar eficazmente a un niño/a cuando trabajamos con la red social promoviendo cambios, elaborando informes que modifiquen medidas que nos parezcan negativas para su bienestar y desarrollo, etc.
Portada del disco "Slowly"
¿Es Luis Eduardo Aute un activista? Sin duda. Podemos encontrar esta faceta de compromiso social en sus canciones cuando manifiesta su pacifismo, denuncia la corrupción, va contra quienes son capaces de sacrificar el patrimonio cultural de la humanidad por dinero y cuando critica ácidamente el abuso sexual perpetrado por los sacerdotes de la Iglesia.
Veamos algunos ejemplos:
En el año 1992, escribió esta canción para denunciar y protestar por la cruenta Guerra de los Balcanes, es toda una declaración de principios:
En esta canción denuncia que la ausencia de escrúpulos morales y por el afán de lucro algunos son capaces de destruir el patrimonio cultural. Arte, belleza y poesía no significan nada para los codiciosos y los cínicos:
En Libertad, reivindica que la vida tiene un mandato y un deber, como seres humanos estamos obligados a reflexionar:
Vivir es más que un derecho,
Es el deber de no claudicar
El mandato de reflexionar
Qué es nacer, qué es morir, qué es amar.
El hombre, por qué está hecho
Y qué eres tú, libertad,
Libertad, libertad, libertad.
Aute se lamenta de los incendios de Atenas, cuna de la civilización actual. Europa mira insolente (como mira ahora disociándose de la tragedia de los campos de refugiados):
Y Atenas en llamas y Atenas en llamas... Contra un Occidente narciso e insolente Rompiéndose a trizas... Atenas ardiente A veces sueña que va a renacer De sus cenizas.
En Siglo XXIcantó a la corrupción, denunciando sin ambages el país de trileros en el que vivimos, recurriendo para ello a Bob Dylan y a un cantante de tangos:
El camello del futuro no será aquel criminal Que vendía matarratas cuando aun era ilegal… Para entonces será el presidente de «coca-control» En su rama de entertainment: «sexo, droga y rock’n’roll».
En la canción que comparto a continuación denuncia una sociedad únicamente movida por el afán de lucro, incapaz de apreciar otro valor que no sea el dinero. “No hay más Dios ni más Rey que el maldito dinero”, dice Aute. Incluso por quienes tiempo atrás parecían “profetas y hoy el éxito es su meta”. Me estoy refiriendo como muchos sabéis a La belleza, una de las mejores y más aclamadas canciones del cantautor. Reivindica el “espejismo de intentar ser uno mismo”. La última vez que la escuché fue con una compañera traumaterapeuta muy querida, Iciar García Varona, profesora de la Universidad de Burgos, que en noviembre de 2019 me invitó a pronunciar una conferencia y la puso para inaugurar la misma. Fue un momento emotivo e insuperable. Ella también profesa admiración a Luis Eduardo Aute:
Reivindico el espejismo De intentar ser uno mismo Ese viaje hacia la nada Que consiste en la certeza De encontrar en tu mirada
La belleza.
Y también denunció con fiereza, como debe ser, los abusos sexuales de los curas a los niños/as, siendo sensible a esta dolorosa tragedia que ha sacudido -y dañado psicológicamente- a innumerables menores de edad a lo largo de la historia. Así el estribillo de No es en vano dice con sardónico humor, de una manera tragicómica:
Eso sí que no... ¡ah, no! Y aquí viene el estribillo que masculla el monaguillo: No es en vano, ano, ano, que se llame, ame, ame Vaticano el Vaticano ano, ano, ano, amén. No es en vano, ano, ano, ano, amén.
Niño interior
Foto: zendalibros.com
Podríamos seguir hablando mucho más de Luis Eduardo Aute, sus canciones y su legado social y cultural, dado su extenso cancionero. Pero para poder ilustrar y cumplir el objetivo de este post que no es otro que vincular su creación con nuestros temas favoritos referidos al apego y al trauma, es suficiente. Y también para rendirle mi homenaje sentido y expresar mi pena por su fallecimiento, que nos deja huérfanos de este tipo de autores.
Pero no lo haré sin antes recordar una de las canciones para mi más bellas y que forma parte de un álbum de su última etapa: El niño que miraba al mar. En esta canción Luis Eduardo Aute se encuentra emotivamente con su niño interior y le canta desde el Luis Eduardo adulto. Hace un precioso ejercicio terapéutico, pues la carta al niño interior es una técnica que se suele utilizar en terapia para, desde el yo adulto, poder acercarse al registro niño que vive en nuestro interior, mirarle con compasión y ternura, y acogiéndole, hacerle sentir que le sentimos y estamos con él, a su lado.
De este modo, me despido hasta el próximo post. Me viene justo ahora a la mente la primera vez que vi a Luis Eduardo Aute en un concierto. Yo tenía 19 años y él cantó en el Polideportivo de Donostia, sentado en un taburete con una luz cenital, haciendo un repaso a sus canciones más importantes hasta la fecha. Me acuerdo que su voz y sus canciones, en un concierto intimista, me llegaron profundamente. Era el día de su cumpleaños porque unas personas gritaron desde la grada: “¡Felicidades!”
Desde entonces, he seguido su obra, disco a disco, y me ha acompañado en muchos momentos de mi vida. Le voy -y le vamos- a echar mucho de menos, ya no podremos comentar: “¿ha sacado Aute un nuevo disco?”; pero sí podemos volver a su recuerdo y al legado que nos deja, enorme, de canciones, poesía y arte. Sabiendo que él ya es “polvo enamorado” y que "no le teme ni a la vida ni a la muerte”, pues la fuerza del vínculo es indestructible y trasciende más allá de la experiencia sensible.
Para ti Luis Eduardo, llegó el final del trayecto (Templo):
Siguen los años pasando, impasibles.
Por ahí asoma
El final del trayecto, cerca,
Tan cerca que anuncia los labios
Que habrán de sellar el último
Beso.
Bésame, bésame
Y dame tu nombre:
Yo, Tú, Él,
Las tres personas del Verbo.
Muchas gracias Luis Eduardo Aute, hasta siempre, estás en nuestra mente, corazón y cuerpo.
Cada vez que veo esa fotografía Que huye del cliché del álbum familiar Miro a ese niño que hace de vigía Oteando el más allá del fin del mar
Aún resuena en su cabeza el bombardeo De una guerra de dragones sin cuartel Su mirada queda oculta, pero veo Lo que ven sus ojos porque yo soy él
Y daría lo vivido Por sentarme a su costado Para verme en su futuro Desde todo mi pasado
Y mirándole a los ojos Preguntarle ensimismado Si descubre a su verdugo En mis ojos reflejado
Mientras él me ve mirar A ese niño que miraba el mar
Ese niño ajeno al paso de las horas Y que está poniendo en marcha su reloj No es consciente de que incuba el mal de aurora Ese mal del animal que ya soy yo
Frente a él oscuras horas de naufragios Acumulan tumbas junto al malecón Y sospecha que ese mar es un presagio De que al otro lado espera otro dragón
Y daría lo vivido Por sentarme a su costado Para verme en su futuro Desde todo mi pasado Y mirándole a los ojos
Preguntarle ensimismado Si descubre a su verdugo En mis ojos reflejado Mientras él me ve mirar A ese niño que miraba el mar.
Epílogo
Mencioné Aleluya nº 1,Al Alba y La belleza. Quizá las canciones más representativas de su carrera por distintos motivos. Pero no puedo terminar sin mencionar Rosas en el mar, que fue la que le dio a conocer, interpretada inicialmente por Massiel (al igual que Aleluya nº 1)
Con este vídeo en el que él y Massiel cantan Rosas en el mar, puedo concluir, triste y feliz, este post homenaje al cantautor natural de Manila.
Buenos tratos regresará con nuevos artículos en septiembre de 2020.
En verano es posible que publique algún post especial, permaneced atentos al blog (suscribiros para ello) Porque estaremos de guardia en función de cómo evolucione la pandemia de Covid-19 (¡ojalá no más confinamientos!), por si es necesario volver a apoyar desde el blog. También seguiremos publicando posts informativos sobre cursos, formaciones y campañas.
REFERENCIAS
Bowlby, J. (1989). Una base segura: aplicaciones clínicas de la teoría del apego. Barcelona: Paidos Ibérica.
Cyrulnik, B. (2003). El murmullo de los fantasmas. Barcelona: Gedisa. Gómez, A.M. (2013). EMDR and adjunct approaches with children. Complex trauma, attachment and dissociation. New York: Springer Publishing Company.
López F. (2003). Apego y relaciones amorosas. Informació psicológica, 82: 36-48.
Robertson, R. (2011). Introducción a la Psicología junguiana. Una guía para principiantes. Barcelona: Obelisco.
Silberg, J. (2019). El niño superviviente. Bilbao: Desclée de Brouwer.
Sabéis que tengo
por costumbre elaborar posts en los que recojo cuentos que me parecen muy
interesantes desde el punto de vista del desarrollo psicoafectivo del niño/a.
Hay varios posts dedicados a este fin, y también los que ha escrito Verónica Pérez Gutiérrez sobre acogimiento familiar
La gran persona y
profesional que es Pepa Horno Goicoechea, psicóloga, actualmente trabajando en
la Consultoría Espirales, muy querida y admirada por todos/as los/as que
trabajamos en el ámbito de la educación, la psicología, pedagogía, la
protección a la infancia… ha desarrollado una meritoria carrera como consultora
en diversos temas de infancia (trabajó en Save The Children), psicoterapeuta,
autora de numerosos e importantes libros y además, ahora escritora de cuentos
infantiles.
Pepa Horno
Goicoechea tiene un alma y una sensibilidad especiales que la convierten en una
autora privilegiada para acercarse al mundo de los niños/as y poder ofrecerles
uno de los medios que más les facilitan el acercamiento a temas
complicados y complejos de abordar: los cuentos. A través de los mismos, los
niños/as pueden entender mejor determinadas vivencias. Además, los cuentos
favorecen que -junto con el adulto con el cual los menores los leen- puedan expresar
sus sentimientos, inquietudes, preocupaciones…
Recientemente ha
publicado dos títulos que he tenido el gusto de leer y que me han encantado por
su valor educativo y emocional:
El mago de los pensamientos: José era un niño tan listo que los pensamientos no le cabían en
la cabeza, se le salían a borbotones y a veces le asustaban y le impedían
concentrarse. Su maestra decía que parecía estar cazando moscas. Hasta que un
día conoció a un anciano que le enseñó un truco casi mágico… ¿Quieres saber
cuál fue?
Me ha parecido
genial este cuento porque enseña de una manera sencilla y muy sensible cómo
calmar la mente llena de pensamientos de los niños/as, tan sabelotoda, con un
suave y sencillo gesto, que recuerda, al menos a mí, al mindfulness.
Colabora con magníficas ilustraciones Margarita Sada.
El lenguaje de los árboles: El lenguaje de los árboles es ese lenguaje que sólo los que tienen
el corazón dividido, mitad en el cielo, mitad en la tierra, pueden escuchar.
Sobre todo si son niños o niñas dispuestos a creer en la magia del amor. Ese
amor es el que une a las nubes con las hojas de los árboles y llena los
silencios de significados.
Esta bella
historia de un niño y su abuelo nos enseña que la muerte, el dolor y el miedo
forman parte de la vida.
Precioso este
cuento. Pepa Horno se ha atrevido con gran delicadeza a acercar a los niños
el tema de la muerte, algo que nuestra sociedad trata de evitar, de apartar, de
alejar... Sin embargo, es necesario que nos sentemos y podamos hablar de ello con
nuestros niños/as. Porque forma parte de la vida, como dice Pepa en la reseña
del cuento. Por eso no podemos obviarlo. El cuento se completa con unas
palabras para el alma de los mayores, las cuales nos sugieren cómo hablarles a
los niños de la muerte.
Las igualmente magníficas ilustraciones
han estado a cargo de Martina Vanda.
Puedes comprar los cuentos y libros de Pepa Horno Goicoechea en http://www.casadellibro.com/
¡Enhorabuena, Pepa!, sigue con ello y regálanos
más pinceladas de ese alma tuya que también reflejas en tus obras, para adultos
o para niños/as.