lunes, 25 de mayo de 2015

Estrés, apego y desarrollo cerebral.

Sigo entusiasmado con el nuevo descubrimiento (que ha venido de la mano de mi amigo y colega Rafael Benito, médico psiquiatra, cuya consulta está en Donostia-San Sebastián, especializado en trauma, apego y neurodesarrollo) a saber, el libro del que os vengo hablando desde hace unas semanas: What´s going on in there? (¿Qué pasa ahí dentro?) Hace referencia al cerebro, claro. Es un manual completo y detallado acerca de cómo la mente y el cerebro se desarrollan durante los cinco primeros años de vida. Hace un repaso exhaustivo por todos los temas importantes en cuanto a neurodesarrollo: biología básica, influencias prenatales en el cerebro, cómo afecta el nacimiento al cerebro, la importancia de tocar y acariciar (que ya vimos en un precioso post), el mundo de los sentidos, la emergencia de la memoria, el desarrollo socio-emocional, el lenguaje, la inteligencia… Y la buena noticia es que es para todos los públicos, esto es, los padres y las madres podéis acercaros al mismo tranquilamente y aprender sobre un tema trascendente para poder comprender a los niños y las niñas. El único requisito es que debéis saber inglés al menos como para poder leer.

Estoy revisando el apartado dedicado al área socio-emocional y he leído con verdadero gusto los epígrafes dedicados al apego. Hay uno que ha cautivado mi atención e interés más que otros, porque guarda estrecha relación con mi trabajo con los niños traumatizados y con problemas y trastorno del apego, y también me imagino que os atrae e interesa a vosotros/as que tenéis hijos/as o niños/as adoptados o acogidos a vuestro cargo y posiblemente algunos de ellos presenten problemas en estos aspectos. Me estoy refiriendo a los vínculos existentes entre estrés, apego y desarrollo cerebral. Tópico que ya hemos tratado en este blog en otras ocasiones pero siempre se hace necesario volver sobre ello y recoger las nuevas aportaciones, como las que este libro contiene.

Voy a exponeros lo más importante sobre el particular y os lo comento.

Lise Eliot -la autora- refiere que el apego y el desarrollo cerebral son como una calle con dos sentidos. La maduración del lóbulo frontal es un aspecto clave en el apego. Como ya sabéis -y sintetizando- en este lóbulo reside la capacidad del cerebro, entre otras funciones, de modular las emociones y los impulsos provenientes del sistema límbico (el área del cerebro donde residen dichos impulsos y emociones): esto implica regulación emocional, tolerar la demora de la gratificación, calmarse cuando se experimenta ansiedad o malestar, dar una respuesta meditada y planificada… Un apego seguro con el cuidador es esencial –nos dice la autora- para el normal desarrollo del cerebro y en concreto, para un funcionamiento saludable del sistema límbico. Lo que más puede afectar a esta amplia zona del cerebro responsable de nuestras vivencias emocionales, lo que más puede desregularla, es desgraciadamente, lo que muchos niños y niñas adoptados/as o acogidos/as han padecido en demasía y a edades tempranas: el estrés.

Un cuerpo creciente de investigación muestra que una elevación de las hormonas del estrés puede ser nocivo para el cerebro, especialmente para partes del sistema límbico como el hipocampo, el giro cingulado (hace de frontera del sistema límbico) y la amígdala (como una almendrita, órgano responsable de procesar muchas respuestas emocionales rápidas como la ansiedad, la ira…) En ratas adultas, por ejemplo, un exceso de hormonas del estrés hace a las neuronas del hipocampo (una estructura clave para el desarrollo de la memoria y el aprendizaje) más vulnerables. Si estas hormonas permanecen elevadas mucho tiempo, mayor es la extensión del daño. Los humanos también somos vulnerables: se ha observado atrofia en el hipocampo en pacientes que sufren depresión o trastorno por estrés postraumático, dos síndromes en los que se sabe que la hormona del estrés, el cortisol, es elevada.

Un estudio hecho con niños de un año con niveles elevados de cortisol mostró una disminución de la actividad eléctrica procedente del hipocampo, sugiriendo que el cerebro de los bebés puede ser vulnerable a los efectos del estrés.

¿Cómo hemos de interpretar esto? Si mi hijo/a o mi niño/a ha vivido el estrés de la separación a edad temprana, significa que su hipocampo y su sistema límbico quedan dañados y afectados de por vida? No. Lo que hemos contado en el párrafo anterior tiene importancia a nivel de investigación: examinada una población de niños cuyo hipocampo está afectado, aislados muchos factores, se observa que en todos esos niños estaba presente una variable: el estrés del abandono temprano. Por ello, ambos factores o variables correlacionan. Por lo tanto, un exceso de cortisol pudo estar presente y pudo afectarlo. Incluso si el volumen del hipocampo presentara un tamaño inferior a la media, eso no quiere decir necesariamente que ese hipocampo falle en su funcionalidad. Y en los casos en los que el sistema límbico y el hipocampo estuvieran alterados por ese exceso de cortisol que afectó a su funcionamiento, con cuidados adecuados, estimulación y tratamiento, el cerebro es cambiable y se puede producir neuroplasticidad (regeneración y creación de nuevas conexiones neuronales) Por ello, las pruebas de neuroimagen no tienen demasiada utilidad a nivel de diagnóstico porque los tratamientos son de estimulación (con terapias que potencien el neurodesarrollo) y psicoterapia. Así que nadie se obsesione ni agobie, que los datos son estadísticos (¡con mucha utilidad para saber cómo el ambiente temprano afecta a nuestro cerebro, desde luego, y ayudarnos en el diseño de terapias!) 

Una evaluación neuropsicológica sí puede ser necesaria, si se observan alteraciones severas de memoria, atención, lenguaje… u otras áreas del desarrollo que han podido quedar afectadas por el estrés de la separación materna, al cual debemos sumar el estrés de la institucionalización (si la hubo) en orfanatos o casas de acogida donde pudieron sufrir abandono emocional y/o los cuidados (físicos y emocionales) no fueron de calidad. Una evaluación (junto con una intervención, si se precisa) temprana es importantísima. Por eso, una vez que el niño/a está en la familia (adoptiva o acogedora) y si existen dudas a este respecto, lo más adecuado es hacer esta evaluación. Los niños y niñas, además de psicoterapia, pueden precisar (antes o después) otro tipo de intervenciones especializadas conducentes a reparar otros daños producidos en su desarrollo por efecto del maltrato o el abandono: neuropsicología, logopedia, psicomotricidad… En España Montse Lapastora y equipo, en Madrid, además de terapia, ofrecen un buen número de terapias destinadas a este fin. En Donostia-San Sebastián Uxue Doñate, miembro del Basque Center of Cognition, Brain and Language y con consulta privada. Y en Iruña contamos con Cristina Cortés y equipo.

Porque los niños y niñas tienen que aprender con programas pedagógicos adaptados a sus posibilidades. Porque si no, si el niño/a percibe que las demandas superan su capacidad, o si hay una exigencia muy alta de trabajo y tarea, entonces sobrevendrá nuevamente el estrés. ¡Y el sistema de estos niños está ya muy afectado desde temprana edad! Eso es tóxico para todos los niños/as, pero para los que han sufrido esas adversas experiencias en la infancia temprana, es como golpear sobre heridas. Los niños/as no podrán gestionar ese estrés y a no mucho tardar el menor de edad desarrollará trastornos de ansiedad, de conducta, del estado de ánimo, se afectará el proceso de vinculación con la familia si se le presiona para lo que no puede… Sé (en el caso de que, por ejemplo, el aprendizaje escolar sea fuente de estrés) que no hay soluciones fáciles con lo que ofrece nuestro actual sistema de enseñanza, pero podemos y debemos exigir que el niño/a sea evaluado por los equipos psicopedagógicos escolares y que se le ofrezcan adaptaciones (si las necesita) del currículo. Para respetar su estilo, capacidad y ritmo de aprendizaje. Psicoeducar a los centros escolares (orientadores, profesores, tutores…) es fundamental para que puedan comprender todo esto y aplicar las medidas de atención a la diversidad que el niño/a necesite.

¿Quién puede modular y reparar poco a poco el sistema de respuesta al estrés afectado desde temprana edad? A este respecto, Lise Eliot nos dice lo siguiente: "Como con las ratas y los monos, en los humanos el apego seguro con la madre (o persona sustituta) parece ser el responsable de modular este sistema de estrés. En efecto, los niños apegados seguramente mostraban niveles más bajos en las hormonas del estrés en respuesta a acontecimientos extraños o de miedo"

¿Qué podemos hacer? Si nuestro hijo/a tiene el sistema de estrés desregulado desde muy temprana edad, ¿significa que no podemos hacer nada por recuperar a nuestro/a hijo/a? Nada de eso. Lo primero es proteger adecuadamente a los niños y sacarlos fuera de las fuentes de estrés. Para ello, los acogimientos familiares a temprana edad (bebés) y la adopción son las mejores medidas porque garantizan la continuidad de los cuidados que el menor de edad precisa (con adoptantes y acogedores competentes, claro) Lise Eliot afirma que "los estudios científicos muestran que siempre y cuando los cuidadores (padres, madres acogedores, adoptivos… y también el resto de personas significativas en la vida del niño/a) sean receptivos emocionalmente, capaces de jugar, sensitivos… el niño/a no experimentará una elevación significativa del cortisol. Pero si el cuidador es frío, distante y no vincula… ¡los niños/as pueden elevar la tasa de cortisol!" Un cuidador competente podrá incluso ser filtro estabilizador y amortiguador de las fuentes de estrés que el niño/a pueda tener en su vida cotidiana. Y además, con los niños/as más dañados en este sentido, con sistemas de respuesta al estrés hiperalterados (con respuestas de lucha/huida hiperactivadas), con pautas adecuadas que muestran empatía y límite (con autoridad calmada), se consigue darle la vuelta y regularlo. Pero no existen recetas mágicas ni soluciones a corto plazo: toda la red social debe acompañar al niño/a para ayudarle a lograrlo, durante todo su desarrollo. Con ese trabajo y esa perseverancia, se logra devolverles (todo o parte) del bienestar que se les robó de bebés o niños/as. Con el post de hoy hemos podido comprobar que la calidad de los cuidados es la clave para proteger a los niños/as y contribuir a reparar el daño.

Cerramos el post de hoy como siempre, con la picada y el recordatorio de entradas antiguas en Buenos tratos.

Mi amiga y colega psicóloga Naiara Zamora me ha facilitado una picada buenísima: me ha pasado el enlace a un blog titulado: Mamás Gallina (me encanta este título) Su autora basándose en la literatura científica, "intenta responder a las principales dudas que nos invaden durante los primeros años del bebé" En dicho blog ha publicado recientemente un artículo titulado: "Los peligros de dejar llorar al bebé", en el cual desarrolla magistralmente por qué no se debe de dejar llorar a los bebés; además, nos expone los puntos de vista de Sue Gerhardt sobre cómo el adulto responsable del cuidado del infante regula la respuesta al estrés de su organismo. No os perdáis este magnífico artículo, al tiempo que os recomiendo el blog.

El post que recuperamos hoy de los archivos de Buenos tratos no es uno sino ¡dos!: los que en su día dedicamos, precisamente, al libro “El amor maternal” de Sue Gerhardt, el cual habla sobre cómo el afecto maternal regula todo el sistema hormonal y de respuesta psicofisiológica del niño de manera temprana. Son: La importancia de la edad bebé y Los buenos tratos regulan el sistema de respuesta fisiológico y emocional del individuo desde temprana edad.


Regresamos el 15 de junio con un post que despedirá la temporada. ¡No os lo perdáis!  Porque en el mismo -además de tratar un tema, como habitualmente hacemos- os daré un adelanto de las novedades -muy jugosas- que nos esperan la próxima temporada 2015-16, la cual dará comienzo en septiembre.

Cuidaos / Zaindu.

miércoles, 13 de mayo de 2015

Abierto el plazo de matrícula en el diplomado de formación en trauma terapia infantil-sistémica de Barudy y Dantagnan en Bilbao (curso 2015-17)


Diploma de formación en trauma terapia 

infantil-sistémica de Barudy y Dantagnan


Curso 2015-17


Bilbao


Co-organizan: IFIV Barcelona y Psikolan






Co-organizado por el IFIV de Barcelona (Instituto de Investigación-Acción sobre la Violencia y la Promoción de la Resiliencia) y Psikolan (Centro de desarrollo profesional), tengo el gusto de anunciaros que se abre el plazo para matricularse en el diploma de formación en la trauma terapia infantil-sistémica. El programa comprende dos cursos académicos (bienio 2015-17) y se celebrará en Bilbao. Esta es la segunda promoción de profesionales denominada apega 2. El plazo de matrícula está abierto desde hoy hasta el 1 de octubre de 2015. 

Es una formación especializada para poder trabajar en psicoterapia -o en contextos laborales donde puedan realizarse evaluaciones e intervenciones de carácter psicoterapéutico y/o psicoeducativo- con menores de edad que han sufrido abandono, malos tratos, negligencia y diferentes tipos de violencia. Éstos suelen presentar con alta probabilidad, trastornos del apego y traumas crónicos, tempranos y complejos. La formación se apoya en los cuatro dominios de la intervención con los niños y adolescentes dañados: apego, trauma, desarrollo y resiliencia. 

En este diplomado se aprende a aplicar el modelo de intervención psicoterapéutica para la trauma terapia infantil sistémica diseñado por Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan. Esta formación ya viene celebrándose en Barcelona desde el año 2004, denominando a cada promoción de profesionales egresados con el nombre APEGA. Siempre os he comentado que es la formación que a mí me cambió la vida a nivel profesional porque con este modelo de psicoterapia he podido y puedo comprender, evaluar e intervenir adaptándome al sufrimiento y daño que estos niños y adolescentes acarrean. 

La formación contempla tanto el aprendizaje de los conceptos y conocimientos (provenientes de la neurociencia, la psiquiatría, la psicología y la psicoterapia articulados y diseñados en un modelo -adaptado al sufrimiento infantil- propio tanto de evaluación como de intervención, que por encima de todo es respetuoso con la persona del menor de edad) como de las técnicas y metodologías de intervención psicoterapéutica necesarias para trabajar en cada uno de los tres bloques de tratamiento que se contemplan y que siguen un orden neurosecuencial. Finalmente, la formación da un lugar prominente al autoconocimiento y trabajo de la persona del terapeuta pues el niño o el adolescente desarrolla su proceso de sanación emocional en la interacción y relación con aquél. 

Participan como docentes de este diplomado: Jorge Barudy, psiquiatra y psicoterapeuta de familia; Maryorie Dantagnan, psicóloga y psicoterapeuta, del IFIV de Barcelona. Rafael Benito, psiquiatra y psicoterapeuta; Tatiana Caseda, psicóloga y psicoterapeuta y José Luis Gonzalo (servidor), psicólogo clínico y psicoterapeuta. Todos diplomados en trauma terapia infantil sistémica por el IFIV de Barcelona.

Las plazas son limitadas porque se requiere un grupo pequeño para poder trabajar individualizadamente con los alumnos/as. Se contempla la posibilidad de 2-3 plazas para personas de profesiones afines a la psicología y a la psiquiatría que tengan una trayectoria contrastada en el ámbito de trabajo que nos ocupa y tengan la posibilidad de aplicar los conocimientos y técnicas tratados en la formación. 

Para información detallada sobre el programa, el calendario, fechas... y para realizar las inscripciones, haced click aquí. Psikolan es la institución que lleva adelante los aspectos informativos, organizativos y de matriculación.

martes, 12 de mayo de 2015

"Vacaciones, una oportunidad para divertirse y crecer como personas y familia", charla-coloquio en Barcelona y desde el ordenador de casa, sábado 30 de mayo.




Charla Coloquio de mayo en Barcelona y 
en el ordenador de tu casa 





Las vacaciones de verano son un espacio de ocio y tiempo libre para disfrutar y crecer como personas y familia, haciendo otras actividades que aporten un valor añadido. Os invitamos a venir a esta charla con vuestros hijos.



En la charla coloquio de mayo vamos a reunir a diferentes profesionales que nos hablarán de sus experiencias con niños y adolescentes en un espacio lúdico y terapéutico, en diferentes ámbitos, como:

Danza creativa, con Aina de Gispert, adoptada y madre biológica que hace muchos años empezó con el mundo de la danza contemporánea y el jazz y decidió redirigir sus cursos hacia un espacio más libre, creativo y terapéutico. 

Teatro, con Rosa Galindo de Eòlia, que es mucho más que una escuela de teatro; es un proyecto vivo, un espacio donde todo el mundo puede encontrar un lugar en el que desarrollarse. 

Vela, con Toni Olivas hablaremos de una actividad que ya os hemos recomendado desde Instituto Familia y Adopción en otras ocasiones. "Acompañados por el viento" es un proyecto que nace con la intención de que los adolescentes se dejen acompañar por el viento navegando con velero.  

Y más....

Ponentes:

Toni Olives.  Educador Social y Capitán de barco con atribuciones profesionales (P.P.E.R.) 

Xavi Pérez. Educador social.

Aina de Gispert. Adoptada, madre biológica y profesora de danza.

Rosa Galindo. directora Escola Eolia ESAD (Escola Superior d’Art Dramàtic), fundada el año 2000  y asociada con las compañías de teatro Tricicle, Dagoll Dagom y desde 2012 también con Projecte Galilei.

Facilitadora:
Eva Gispert, Fundadora y Directora del Instituto Familia y Adopción, Terapeuta y Mediadora Familiar. Adoptada y madre adoptiva. 
Día y hora:
Sábado, 30 de mayo del 2015. 
HORARIO de 11:30 a 13:30 horas.
Información y reservas: aquí

lunes, 11 de mayo de 2015

Acariciar como terapia: el contacto temprano y el masaje pueden promover el crecimiento y desarrollo de los niños adoptados y acogidos

Cuando en el año 1995 Documentos TV emitió un reportaje titulado “Las habitaciones de la muerte”, pudimos conocer cómo los niños chinos (sobre todo las niñas) eran abandonados/as en las calles y llevados/as a orfanatos con escaso personal. Los/as que enfermaban eran literalmente dejados/as a su suerte en habitaciones, sin casi contacto humano. Pudimos sentir el terrible sufrimiento al que eran sometidos/as estos niños y niñas. He estado viendo el comienzo del documental (no he podido seguir, se encoge el corazón y como a muchos/as de nosotros/as, se me saltan las lágrimas), el cual, si lo deseáis, podéis visionar en Youtube (tecleando: “Las habitaciones de la muerte”) Es muy dura esta realidad, pero gracias a este reportaje de denuncia la comunidad internacional se concienció y las condiciones de los orfanatos chinos mejoraron.

En Rumania, bajo la dictadura de Ceaucescu se fomentaron planes para promover la natalidad. Como consecuencia, miles y miles de niños y niñas nacieron. Dada la crisis económica que padeció el país, los menores de edad tuvieron que ser entregados al Gobierno Rumano, el cual los relegó en orfanatos hacinados, en unas condiciones extremadamente dañinas para el desarrollo (mal alimentados, sin apenas contacto humano y estimulación) Eso es abandono: una tipología de maltrato. La pasada semana, precisamente, El Semanal publicó un artículo titulado: Orfanatos, ¿un daño irreparable?, en el cual da cuenta de las devastadoras consecuencias de la institucionalización de baja calidad (en este caso infrahumana) El reportaje no nos ha dejado indiferentes a nadie. He tratado a algunos de estos niños y niñas en mi consulta (algunos/as continúan, dadas las secuelas permanentes que este daño deja en el cerebro/mente) y os puedo decir que en algunos/as de ellos/as las consecuencias de esta temprana institucionalización -maltratante para su salud mental y desarrollo- son arrasadoras: trauma complejo, trastorno del apego, retraso severo en el desarrollo, trastorno de conducta… A pesar de todo, con trabajo, paciencia, perseverancia y tratamientos especializados, estos chicos y chicas pueden llegar a tener una vida suficientemente buena.

Como ya sabéis, el Gobierno Rumano encargó al especialista en apego (psiquiatra Zeanah y equipo) un estudio sobre los efectos de la institucionalización temprana en los niños (podéis leer en este post las conclusiones) Gracias al mismo dicho Gobierno prohibió la institucionalización temprana de los niños/as y dedica sus esfuerzos al acogimiento familiar. Nunca es tarde, pero… ¡La Organización Mundial de la Salud contaba ya con un informe de este tipo realizado por el mismísimo Bowlby en los años 60…! El estudio -anteriormente referido- que refleja el artículo de El Semanal pretende lo mismo: evidenciar las secuelas del abandono en el cerebro. ¡Pero si ya se sabe! ¿Es ético en nombre de la investigación hacer dos grupos de menores sabiendo que uno de ellos lo componen niños que se van a quedar en el orfanato, expuestos al daño, y otro grupo de menores, en cambio, va a pasar a acogimiento familiar? Personalmente, yo no podría...

Estos dos ejemplos son casos de niños/as extremadamente perturbados a nivel emocional. Todos/as padecieron graves carencias físicas y emocionales. Sobre todo las emocionales, que todavía en determinados sectores, cuesta entender que se puedan sufrir carencias emocionales. Ninguno de esos niños/as vivió el confort y el calor de ser acariciado/a y sujetado/a, contenido/a (holding) No hubo apenas contacto humano.

Afortunadamente, no todos los casos son tan severos como estos. Los niños/as pueden haber residido en instituciones de una mayor calidad, o provenir de familias de acogida adecuadas. Además, hay grados a nivel de maltrato y abandono: leve, moderado y grave. Pero, hecha esta salvedad, aunque en la institución haya habido más calidad en los cuidados prodigados al niño/a, no es lo mismo que tener y sentir a un cuidador exclusivo con el que el niño/a establece un vínculo de apego seguro; un cuidador que comprende al niño/a, sabe lo que necesita y conoce como calmarle, es experto en leer sus estados internos y responder adecuada y rápidamente a sus necesidades físicas emocionales. Hay un buen número de niños/as que, debido a esto que estamos contando, han experimentado escasos momentos de caricias y de contacto piel con piel. Algunos de ellos/as, como referimos en el post anterior, al nacer prematuros, han tenido que estar aislados en incubadoras rodeados de ventiladores, tubos y otros dispositivos, con una política de “mínimo contacto” (“minimal touch”) Y, posteriormente, son derivados a un orfanato donde ahí dependen de la calidad de los cuidados que prodiga el personal de esa institución. Muchos niños y niñas pasaron al menos los dos primeros años de su vida en una institución donde es posible que el elevado número de menores no permitiera ese contacto, ese tocar y acariciar al niño con toda la dedicación y exclusividad que necesita. Y si además el niño/a presenta antecedentes de prematuridad, este tipo de experiencias de contacto piel con piel son muy necesarias para estimular su crecimiento y desarrollo físico y psicológico.

Los padres y madres que estáis en espera en adoptar, los que acabáis de adoptar y vuestro hijo/a es aún bebé (tiene 1 año, 18, 24 meses o más), los que acogéis niños/as de urgencia o de manera temporal o permanente, y también los que tenéis niños o niñas más mayores que han podido padecer esa ausencia (o escaso) contacto humano (e incluso un contacto maquinal, o que irritaba o alteraba al niño) podéis añadir ahora esa experiencia de diarimente acariciarles y darles un masaje.

En nuestro grupo de fomento de la resiliencia con los niños y niñas adoptados/as de la Asociación Ume Alaia (institución señera en el ámbito de la adopción, con multitud de actividades, servicios y programas psicopedagógicos encaminados al logro del bienestar de las familias y de los menores adoptados/as, con quien tengo el honor de colaborar) al final de cada sesión, dedicamos el último cuarto de hora a que los menores se tumben en el suelo y mientras escuchan una música ad hoc, les acariciamos el pelo, la cabeza, la espalda, con un suave masaje. A la mayoría les encanta y si por un casual nos retrasamos, ¡nos lo piden con insistencia!: "¡Qué, hoy no hay mimos!"- Nos dicen. Casi siempre hay uno o dos niños o niñas que no desean ser tocados/as, les desagrada. Nunca lo forzamos, por supuesto. Así pues, ya veis que es una conducta tremendamente reparadora para estos niños y niñas. Los que no desean ser acariciados/as y tocados/as es posible que su vínculo de apego se defienda en torno a la evitación como consecuencia del rechazo o el maltrato tempranos sufridos. Con estos niños/as hay que ir desensibilizando el contacto poco a poco. Nunca forzar. 

Así pues, añadid una rutina de masaje en la vida de vuestros niños y niñas, incluso podéis dejaros asesorar y enseñar por un especialista en estimulación temprana (los/as fisioterapeutas son los/as profesionales fiables a consultar en este sentido) Lise Eliot (en su maravilloso libro titulado: “What´s going on in there?”, al cual acudiremos muchas veces aquí, en Buenos tratos) nos dice que el masaje infantil ha tenido mucha tradición en el Sur de Asia, donde un masaje por todo el cuerpo del niño/a forma parte importante del cuidado de éste/a. Incluso (¡y esto sí que es una buena noticia!) en los orfanatos indios (por eso no todos los orfanatos son iguales) los niños/as son tratados regularmente con masajes, y estos niños/as crecen y se desarrollan especialmente bien, teniendo en cuenta otras muchas desventajas que tienen. En los Estados Unidos, muchos estudios controlados han mostrado que los masajes mejoran la salud y el desarrollo de los bebés que tienen varios problemas médicos, incluyendo la prematuridad, la exposición a la cocaína e infecciones como el virus de inmunodeficiencia.

Con los bebés, durante una hora, podéis masajear, frotando a un bebé prematuro por todo el cuerpo –cara, hombros, espalda, pecho, brazos y piernas- parando cuando se haga una zona para que el niño/a no resulte sobreestimulado/a (si el masaje es demasiado suave, los niños reaccionan aversivamente, como si estuvieran recibiendo cosquillas y no  experimentan los mismos beneficios para la salud) A esto, a menudo le sigue una suave flexión y extensión de los cuatro miembros, proveyéndoles de estimulación propioceptiva. Desde luego que nosotros tenemos que estar en sintonía y contacto emocional con el niño/a, claro.

Los resultados son muy beneficiosos, tanto para los bebés nacidos pretérmino, los bebes nacidos a término y para todos los niños/as que padecen diversos problemas psicológicos.

Los bebés pretérmino que reciben un masaje diario ganan peso más rápido, rinden mejor en los tests de conducta neonatal, y, debido a su más rápido progreso, son capaces de abandonar el hospital antes que otros bebés pretérmino que no recibieron estimulación. Estos masajes potenciaron además, la capacidad de tocarse a sí mismos. Seis meses después, en un estudio, aquéllos bebés que habían recibido los masajes rindieron mejor en los tests de reconocimiento visual que los comparados con los que no lo recibieron.

Los bebés que nacieron a término, comparados con los que no recibieron masajes, rindieron mejor en tests donde estímulos auditivos y visuales cambiaban y uno nuevo aparecía. También obtenían mejores resultados en CI que los que no recibieron masajes, sugiriendo que el masaje temprano y regular tiene importantes beneficios cognitivos para todos los niños y niñas.

Los masajes han demostrado mejorar el curso clínico con niños con todo tipo de problemas, incluyendo las condiciones de abandono y las patologías y secuelas físicas y psicológicas que pueden acarrear, por supuesto. Se incluye además: asma, diabetes, cáncer, autismo, problemas de piel, artritis juvenil, trastornos de alimentación y otros síndromes psiquiátricos. En general los niños/as mostraron niveles más bajos de ansiedad, mejor humor, mejoraron patrones de sueño y mayores niveles de atención cuando fueron masajeados/as por sus padres diariamente. Particularmente interesante es el descubrimiento acerca de que la terapia de masaje mejora el humor y la sociabilidad de los niños/as que han sido víctimas de abuso sexual o físico. Dada la importancia que esta terapia tiene y los beneficios físicos y psicológicos que se obtienen, sería necesario que los profesionales de jardines de infancia y preescolares incorporaran el mismo a sus programas de trabajo. Evidentemente, el masaje no es la panacea (ninguna terapia lo es, hay que hacer otras muchas cosas y tareas con los niños/as, no podemos ir  buscando ese "remedio mágico" que no existe; el secreto es acompañamiento, trabajo, paciencia, perseverancia, establecer un vínculo positivo con los niños/as, enseñar, empatizar, exigir según sus posibilidades y poner límites adecuadamente, durante el tiempo que el niño y la niña necesiten hasta que puedan desempeñarse por sí mismos/as) pero la investigación científica y los libros especializados avalan su utilización.

Despedida como siempre, presentando la picada: La de hoy es interesantísima, nos viene muy bien para aprender más sobre neurociencia y, más concretamente, sobre cómo se conectan las neuronas (a buen seguro que el masaje dado a los bebés potencia la interconexión neuronal) y el proyecto que a nivel mundial se está llevando a cabo para desentrañar este complejo y apasionante desafío. Os cuelgo a continuación un vídeo que me ha pasado una colega sudamericana (que recientemente ha estado en España), que corresponde a un programa de la serie Redes emitido por TVE (Televisión Española): "El neurocientífico Sebastian Seung afronta un reto titánico: desentrañar el patrón de conexiones que hay entre los 100.000 millones de neuronas de nuestro cerebro. Es el llamado conectoma humano y en él podrían residir aspectos de nuestra mente que todavía no logramos comprender, tales como el lugar donde residen los recuerdos. En este capítulo de Redes, Seung explica a Eduard Punset los detalles de su investigación y cómo su trabajo puede contribuir a entender mejor el cerebro y a combatir ciertas enfermedades mentales. Y en la Mirada de Elsa, veremos cómo podemos aprovechar la enorme capacidad plástica de nuestro cerebro para cambiar nuestros comportamientos más rígidos y rutinarios"



El post que rescato de los archivos de Buenos tratos entronca perfectamente con el tema que hoy hemos tratado: Cómo potenciar el apego seguro en los niños: parte I, parte II y parte III y última.


Cuidaos / Zaindu

lunes, 27 de abril de 2015

La importancia del contacto físico temprano en la vida de los bebés.










































Algunos de los niños y niñas adoptados y acogidos con los que trabajo en consulta tienen antecedentes de prematuridad (han nacido antes de la 37ª semana de gestación) He visto que es una condición que se da (al revisar los historiales clínicos) en algunos adoptados. Este relato lo he escuchado varias veces en los padres y madres adoptivos que han solicitado tratamiento en mi consulta: nada más nacer fue llevado al hospital. Al parecer, nació prematuro por lo que tuvo que estar bastante tiempo en la incubadora. Después, le llevaron directamente al orfanato y allí, a los dos años, fue cuando nosotros le adoptamos. ¿Os sentís reconocidos en esta historia? Me imagino que algunas familias tenéis hijos/as con estos antecedentes biográficos relevantes. Las causas de la prematuridad pueden estar asociadas, probablemente, a ausencia de cuidado durante el embarazo, consumo de alcohol, tabaco u otras drogas. Además, posteriormente, los niños, en los orfanatos, por norma general, no reciben los cuidados especializados que su prematuridad requiere. Es más, desgraciadamente, a veces, a este factor de riesgo para el neurodesarrollo se le añaden otros: abandono, maltrato...

Estos niños/as, al haber estado las primeras semanas en la incubadora, conectados a tubos y distintos dispositivos, necesarios para crear la humedad y temperatura adecuadas para que crezca ese ser vivo que es el bebé, han carecido del contacto piel con piel con la madre, una experiencia que como vamos a ver a continuación, es fundamental para el desarrollo global del niño o niña. Por ello, la posición hoy en día es la de dejar la incubadora neonatal sólo para patologías graves. El cuidado canguro con la madre, en posición vertical, en patologías menos graves, puede conseguir resultados similares.

He estado leyendo sobre la importancia de tocar, acariciar, tener contacto físico con el bebé durante los primeros años de vida. Resulta fascinante la conexión que existe entre los cuidados parentales y el desarrollo cerebral, como si la naturaleza fuera sabia y nos hubiese dotado de esas conductas, heredadas de la especie, para completar y orquestar el desarrollo fuera del útero (porque acariciar y tener contacto piel con piel es primordial también para todos los niños, no sólo para los prematuros. Nacemos con un cerebro no maduro que necesita del impacto positivo del ambiente para completar su desarrollo, y éste dura además, muchos años. El acariciar es un elemento que, según me he documentado, es importantísimo)

Ha caído en mis manos una joyita de libro (recomendado por mi amigo Rafael Benito Moraga, psiquiatra, experto entre otras muchas cosas, en neurobiología del apego y del desarrollo) titulado: What´s going on in there? Con este sugerente título (traducido al castellano significa: ¿Qué pasa ahí dentro?, en referencia al cerebro) nos adentra en todos los aspectos que son cruciales en el desarrollo humano, y cómo la biología y la actividad y conducta humana de cuidado se dan la mano para lograr la creación del ser. Está escrito para el gran público. Si podéis leer en inglés, merece mucho la pena. Es un libro extenso, por lo que se puede ir leyendo poco a poco. Pero aporta un conocimiento y una información actualizada excelente y rigurosa sobre neurodesarrollo humano.

Y es que el apego –uno de los temas centrales de este blog- tiene tres componentes: sensorial, emocional y cognitivo. El vínculo de apego se va construyendo inicialmente mediante el componente sensorial que permite reconocer a la madre por el olor y sentir su tacto y su contacto. Reposando con seguridad en su regazo y pudiendo buscar el pecho para alimentarse (las areolas se oscurecen para que el bebé pueda encontrar el pezón más fácilmente)


Las primeras impresiones de seguridad e inseguridad vienen sobre todo, de este contacto piel con piel con la madre o sustituto/a que transmite al bebé cómo es el mundo de ahí fuera: calmado o tenso u hostil; y se van codificando en la memoria sensorial. Así pues, nos interesa -y mucho- la función que tocar y acariciar tiene para el desarrollo del bebé. Sabemos que muchos niños y niñas adoptados se han perdido -o han vivido escasamente- esta experiencia. Pero es posible, posteriormente, estimular al niño mediante masajes y caricias y obtener muchos beneficios. Esta es la buena noticia para todos/as las familias que tenéis hijos/as adoptados/as que presumiblemente se han perdido esta vivencia bien por haber tenido que estar en aislamiento en una incubadora bien por permanecer horas y horas en una cuna, con mínimo contacto humano: hasta cierto nivel, se pueden reparar o compensar este tipo de experiencias de las que muchos niños/as, desgraciadamente, carecieron

En esta primera parte hablaremos de hasta qué punto es importante acariciar y tener contacto piel con piel con el bebé recién nacido. En la segunda, disertaremos sobre el acariciar y tocar como todo un tratamiento. Todos los especialistas en estimulación temprana me imagino que podrán dar fe de ello.

Lise Eliot –la autora- refiere que acariciar o tocar juega un papel muy especial en la vida de los bebés. Es esencial para el desarrollo sensorio-motor de éstos, pero también tiene una sorprendente y poderosa influencia en el crecimiento físico, el bienestar emocional, el potencial cognitivo e incluso, sobre toda la salud en general, con algunos fascinantes efectos en la función inmunitaria.


Las caricias y el contacto temprano (nada más nacer) son fundamentales para estimular el crecimiento y el desarrollo, no sólo para los humanos sino también para otras especies de mamíferos. Para muchas especies, este contacto viene dado a través de las conductas de lamido, que hemos visto –y sentido con ternura y espíritu lúdico- en muchos documentales televisivos sobre naturaleza: las madres de los perros, gatos, roedores y caballos -todos sin excepción- lamen a sus crías con profusión, limpiando cada rincón de su cuerpo en los minutos y horas inmediatamente posteriores al nacimiento. Así pues, ¡cuán importante es!, ya que a menudo sin esta conducta de lamido, los animales recién nacidos ¡mueren normalmente por fallos en su tracto digestivo o urinario!

Lo que me ha cautivado y sorprendido es que esta ausencia de lamido o contacto corporal por parte de la madre puede ser sustituida por otras personas y hasta cierto punto, compensarla. En efecto, en investigaciones con monos, cuando las crías son separadas de sus madres y puestas en grupos pequeños, pasan mucho más tiempo trepando y poniéndose las unas con las otras, como una piña. Aunque estos monos socializados sin la madre son mucho más tímidos e inseguros que los que permanecieron con ella, socialmente son mucho más ajustados que los que se criaron en aislamiento. Pero si se les impide tocarse los unos a los otros, no obtienen los mismos beneficios emocionales. En el caso de los mamíferos que lamen a sus crías, si un veterinario les da un masaje extendido por todo el cuerpo con la mano (acariciando), en vez de la madre, ¡ya no fallecen! ¡Es impresionante!


Los científicos –prosigue Lise Eliot en su libro What´s going on in there?- han profundizado en esta última observación y han descubierto aspectos fascinantes en esa relación entre cuidados necesarios tempranos y desarrollo cerebral. Las ratas recién nacidas tomadas en la mano (para juguetear, acariciar…) durante un corto periodo de tiempo cada día por los investigadores muestran secreciones hormonales adecuadas, lo cual les acompañará toda su vida. Estas ratas son menos temerosas, tienen más receptores cerebrales para las benzodiacepinas (receptores relacionados con la tranquilidad y la calma y no con la ansiedad) menos degeneración del hipocampo en la edad madura (una estructura cerebral relacionada con la memoria y el aprendizaje) y mejor desempeño cognitivo cuando envejecen. El tocarles con la mano hace que estas ratas reduzcan permanentemente la reactividad de su sistema de respuesta al estrés. Ya que una prolongada elevación de las hormonas del estrés puede resultar dañina para muchos órganos del cuerpo, incluyendo el cerebro. Una respuesta al estrés mejor modulada es mucho más ventajosa para la salud física y mental del animal.

El más interesante descubrimiento es que el efecto de esta manipulación con las manos funciona ¡sólo durante los diez primeros días de la vida de una rata cría! Las ratas que son tocadas o acariciadas con las manos después de este periodo crítico no muestran de manera permanente las mismas ventajas. Desde luego que las manos humanas no son un estímulo natural para las ratas, sin embargo recientes investigaciones han descubierto los mismos beneficios que las que recibieron estimulación táctil por medio de sus madres. Aquellas ratas que dedicaron mucho más tiempo a lamer a sus crías indujeron los mismos y duraderos beneficios en ellas. Ellas tienen una mejor modulación del sistema de respuesta al estrés, incluyendo cambios en la neuroquímica cerebral que les hace ser menos temerosas en situaciones nuevas. No hay por qué no pensar que en los humanos los efectos de acariciar y tocar no sean los mismos, aunque evidentemente, con la complejidad que el ser humano tiene. Los niños separados de sus madres y con cuidadores alternativos no competentes, abandonados en un orfanato con cuidados de baja calidad, con contacto humano mínimo (a veces, sumamente maquinal: les manipulan sólo para alimentarles y/o cambiarles) suelen presentar una modulación emocional deficiente que influye y condiciona su desarrollo: enfrentar situaciones nuevas, regular el estrés del estudio, manejar la frustración, sentirse amenazados…

Seguiremos dentro de quince días con este atractivo tema. Antes de despedirme, que no se me olvide la picada: quiero anunciaros con mucho gusto, que en septiembre de este año publicaré un nuevo libro. Os adelanto el título: Vincúlate. Relaciones reparadoras del vínculo en niños adoptados y acogidos. Va a estar dedicado, precisamente, al apego y a cómo las familias adoptivas y de acogida pueden repararlo. Estoy realmente sensibilizado con este tema, creo que las familias necesitan que los conocimientos que la ciencia nos otorga les lleguen, de una manera accesible, así como también ofrecerles guías y orientaciones. Además, basadas en modelos avalados por la ciencia como el del apego y el trauma. 

Se trata un manual dirigido a vosotros/as, sí, las familias adoptivas y acogedoras, pero también a los profesionales de la protección a la infancia. Versa sobre cómo establecer relaciones reparadoras del apego con los niños/as adoptados/as y acogidos/as. Me siento satisfecho de cómo me ha quedado, del resultado. Además, la han evaluado -y corregido- familias adoptivas, biológicas y profesionales, y le han dado el visto bueno, animándome a editarla. Espero que os sea útil y os aporte luz, esperanza, comprensión de vuestro niño/a y orientaciones -que nunca son recetas porque éstas no existen- sino caminos a seguir para acompañar a nuestros/as niños/as a lo largo de todo su desarrollo. Tener claro qué podemos hacer y cómo desde la relación interpersonal y el total respeto al niño/a. El modelo del buen trato preside toda la obra.

Os anuncio además, que el 27-28 de noviembre de este año en Donostia-San Sebastián organizaré unas nuevas jornadas que servirán como marco de presentación del libro y una oportunidad para juntarnos todos/as los/as seguidores/as de nuestro blog Buenos tratos: las II Conversaciones de apego y resiliencia donde nuevamente podremos aprender y escuchar de especialistas en la materia. En cuanto tenga el programa y el evento perfilado, lo subo al blog. Permaneced pegaditos al mismo para estar al tanto y apuntaros. Me anima a organizarlas de nuevo el enorme éxito de asistencia y participación que tuvieron las anteriores.

El post que recupero del almacén de posts de Buenos tratos es uno que escribí hace relativamente poco pero que quiero volver a rescatar porque como un buen vino, marida muy bien con el tema de hoy: el fascinante mundo de la neurobiología del apego. ¡Leedlo a mi salud, y a la de todos/as!

Hasta dentro de quince días.

Cuidaos / Zaindu

miércoles, 15 de abril de 2015

El Centro Alen de A Coruña organiza un curso de formación para aprender a utilizar un procedimiento para evaluar el modelo interno de apego de los niños/as.



AVISO IMPORTANTE: LA ORGANIZACIÓN SUSPENDE EL CURSO DEBIDO A QUE EL PROFESORADO NO PUEDE ACUDIR POR CAUSAS FAMILIARES.

El Centro Alen me hace llegar esta interesante propuesta para aprender a utilizar un procedimiento para evaluar los modelos internos de apego de los niños/as, impartido por una experta y cualificada profesional en la materia, Emilia Comas, psicóloga. 

Os transcribo la información.

Se tratará de una mañana dedicada al conocimiento de uno de los instrumentos de valoración del estilo de apego en niños con mayor reconocimiento.

Tendrá lugar el día 23 de abril de 2015, en nuestro centro Alen.

La jornada correrá a cargo de la psicóloga Emilia Comas.


Attachment Story Completion Task (Bretherton, Ridgeway y Cassidy, 1990)



El ASCT, tarea de completar historias de apego, fue diseñado para evaluar el modelo interno de trabajo para niños/as de 3 a 8 años. La prueba consta de cinco historias creadas para provocar una variedad de temas relacionados con el apego utilizando distintos muñecos y soportes para que el niño/a pueda completar la historia. La codificación de las historias ofrece una puntuación del grado de seguridad-inseguridad del apego del niño/a. Con un material complementario se puede identificar el estilo de apego: Seguro, inseguro ansioso-ambivalente o evitativo, y desorganizado.

LUGAR DE CELEBRACIÓN:

Centro Alén. 
C/Alfredo Vicenti , nº 26, 2º derecha. A Coruña

FECHA/HORARIO:

Jueves 23 de abril de 2015. 9,00-15,00h.

GRUPO: Máximo de 20 participantes

PRECIO: 70 €

DESTINATARIOS:

Psicoterapeutas, psicólogos, profesionales vinculados a la infancia, pedagogos, educadores sociales, profesionales pertenecientes al sistema de protección de menores, médicos, psiquiatras.

OBJETIVOS DEL CURSO:

- Transmitir el procedimiento de aplicación de la prueba.
- Compartir el material necesario para la codificación de las historias del ASCT y conocer su funcionamiento.
- Practicar con la ayuda de audiovisuales la codificación de la prueba.

DOCENTE:

Emilia Comas

Psicóloga. Postgrado en Psicoterapia Familiar Sistémica en la “Fundació Universitat de Girona”. Diplomado de Formación Especializada en Trauma-Psicoterapia Infantil Sistémica en IFIV (Instituto de Formación e Investigación-acción sobre las consecuencias de la violencia y la promoción de la resiliencia). Experiencia de terapeuta infantil en programas de atención psicoterapéutica especializada para niños/as en el ámbito de la protección infantil, la atención en centros de menores y el acogimiento familiar; y terapeuta familiar en el apoyo a la marentalidad de mujeres víctimas de violencia. Ha diseñado y/o colaborado en programas de apoyo psicosocial Camboya, India y Nepal.

MODO Y PLAZO DE INSCRIPCIÓN:

- Enviando un email a centroalen@centroalen.org
- Plazo de inscripción: 21/abril/2015
- La inscripción se realizará por orden de solicitud hasta cubrir las plazas.
- Pago en el momento del curso mediante tarjeta bancaria

lunes, 13 de abril de 2015

Factores asociados a las rupturas en adopción y acogimiento familiar. Y una novedad editorial: Desclée de Brouwer acaba de publicar "Educar amando desde el minuto cero", gran libro de la psicóloga Paloma López Cayhuela.

Uno de los asuntos que más me preocupan son los fracasos en la adopción y el acogimiento familiar. Ese niño o adolescente que tras una situación de crisis no resuelta, prolongada y angustiosa para todos, debe de dejar el hogar familiar para ser tutelado por la administración (en el caso de las familias adoptivas) O manteniendo su tutela, el régimen de guarda pasa a ser ejercido por un centro de acogida en vez de la familia. Nuevas rupturas. Un fracaso para todos. Un nuevo abandono, una nueva desprotección. Y muchísimo dolor. Y el niño o adolescente que acumula daño emocional. Lo dijo Bowlby, el padre de la teoría del apego: tan dañina es la ausencia de vínculos afectivos como la ruptura de los mimos (y si ésta es reiterada, más daño) Sé que a algunos les cuesta entender el concepto de daño. Cuando hablamos de daño físico, en el cuerpo, todos entendemos perfectamente de lo que estamos hablando. Y la empatía se nos activa para ponernos en la piel de esa persona y movilizar todo un sistema de cuidados. Cuando el daño es en el vínculo, al ser invisible a los ojos, lo que sólo vemos es lo que se manifiesta: alteraciones de conducta y desregulación emocional. Esto hace que nos sea más difícil comprender a los niños que sufren heridas por rupturas vinculares. El acento se pone más en tratar de modificar sus conductas alteradas que en mostrarles, primero, conexión emocional.

Es muy doloroso para un niño o adolescente dejar a su familia de acogida o adoptiva y volver a escenificar un nuevo abandono. Creo que los esfuerzos de todos los profesionales deben de encaminarse a tratar de evitar por todos los medios que esto suceda. Un día en una entrevista en un periódico, afirmé que un fracaso en la adopción era un fracaso de todos los que habíamos intervenido. Y sigo pensando que es así, que todos tenemos una cuota de responsabilidad.

Creo que los equipos que se dedican a la complicadísima tarea de seleccionar y otorgar los certificados de idoneidad a las familias no lo tienen nada fácil. Quien quiere ser padre o madre vía adopción va a actuar consciente o inconscientemente mediante un constructo llamado deseabilidad social. En otras palabras: va a dar buena imagen de sí mismo, va a negar o minimizar errores. Y esto hace aún más ardua y compleja la tarea de los profesionales. Teniendo esto presente, creo que los protocolos de evaluación de los solicitantes deben de incluir la evaluación de las competencias parentales fundamentales (desconozco si se hace), con el fin de detectar incompetencias severas, no susceptibles de modificación, y no conceder en esos casos los certificados de idoneidad. 

Por mi parte, quiero hacer una modesta contribución sobre el particular y ofreceros desde mis conocimientos y experiencia en estos años de trabajo con las familias adoptivas y de acogida, qué factores he observado están asociados a los fracasos en adopción y acogimiento. Los factores no son mutuamente excluyentes:

Decisión consciente. No se buscan padres o madres ni acogedores o acogedoras perfectos/as. Porque no existen. Se buscan padres o madres con las capacidades parentales básicas (apego seguro y empatía), porque eso les permitirá tener las bases fundamentales para ejercer una parentalidad o marentalidad con aciertos y errores pero pudiendo aprender de ellos. Sobre todo poder sentir al niño/a y empatizar con su dolor por el maltrato que haya podido sufrir. Se buscan padres adoptivos y familias de acogida conscientes de la decisión que van a tomar: "acoger o adoptar a un niño/a es llevarse con él también su pasado", afirmamos en nuestra guía para padres adoptivos “Todo niño viene con un pan bajo el brazo” Y el pasado de muchos niños adoptados o acogidos contiene experiencias tempranas, traumáticas, donde el daño que han padecido es de naturaleza relacional. Por eso la adopción y el acogimiento son medidas de protección porque para llevarlas a cabo se necesitan familias que puedan contribuir a reparar el trauma y el vínculo de apego alterado. Esto debe de decirse con toda claridad y rotundidad en los procesos de selección y formación para que las familias que hayan ido con una idea equivocada, conscientemente, den marcha atrás a tiempo.

Informarse y formarse en parentalidad terapéutica. A pesar de la decisión consciente, el acompañamiento educativo no es tarea nada fácil para ningún padre, madre adoptivo/a o acogedor/a. Ni siquiera ser acogedor/a profesionalizado garantiza el éxito. Como Giménez Alvira escribió con ciertas dosis de fino humor en su libro titulado: “Indómito y entrañable. El hijo que vino de fuera”, que es ya un referente: “padre psicólogo y madre pedagoga, la pareja ideal para adoptar” Pues no. Lo verdaderamente crucial es primero, informarse (psicoeducarse en las consecuencias del abandono y el maltrato y cómo afectan al cerebro/mente en desarrollo) pero sobre todo y ante todo, formarse. Formarse como padres o acogedores que necesitan ser “terapéuticos” para sus niños/as. Ello requiere por un lado, aprender todos los contenidos referidos al apego, el trauma y la resiliencia, aplicados al ejercicio de la parentalidad y cómo convertir ésta en una experiencia y vivencia terapéutica para los menores de edad (sanadora y reparadora a nivel emocional y de apego); y, por otra, la revisión de nuestra propia historia de vida, de nuestro propio modelo de apego y de nuestros referenciales como cuidadores a la hora de educar. Hay que mirar a uno mismo, conocerse y conocer nuestro interior. Aprender a ver nuestra propia mente para poder ver la del niño y sus necesidades y no quedar entrampados por aspectos de nuestro pasado no resueltos que se actúan en la relación con los niños/as. Y finalmente, acompañamiento: nutrirse de una red de apoyo donde pueda encontrar el sostén emocional y la energía para seguir con una forma de parentalidad y marentalidad exigente pero muy gratificante.

Exigir al niño más allá de sus posibilidades. Expectativas poco realistas. Cuando no se ha hecho un trabajo personal, o cuando se normaliza en exceso por desconocer los efectos del abandono y el maltrato en el cerebro/mente en desarrollo, nos encontramos con padres y madres que empiezan a exigir a los niños más allá de sus posibilidades de desarrollo. Y hay que tener mucha cautela porque los niños y adolescentes pueden “engañar” mucho: parecen muy resueltos en algunas cosas pero en otras son sumamente inseguros. Esto pasa mucho con la presión escolar, que se retroalimenta entre los profesores y los padres para  terminar descargándose en el chico/a. Los niños o jóvenes pueden tener una inteligencia normal, y los padres, madres o acogedores reciben de sus tutores el “puede hacer más”, “es vago, si se esforzara...”, “es inteligente”, “entiendo que ha sufrido de niño pero hay que aprobar, es lo que hay” etc. Sin darse cuenta que aprender es un acto emocional que supone poder manejar y regular el estrés ¡Primera gran dificultad para muchos adoptados y menores en acogida! Y segundo, ir al colegio implica también relacionarse con otros niños y niñas, con quienes a veces por las dificultades que tienen, no logran integrarse. Son así, rechazados/as muchas veces y esto les hace entrar en desregulación emocional intensa y respuestas desadaptadas que van desde deprimirse o disociarse hasta hiperactivarse. En el ámbito familiar, por su parte, se les supone que “por la edad” deben de tener muchos hábitos y conductas adquiridas. Pero muchos tienen niveles de auto-organización muy bajos y no pueden dar respuestas planificadas, ordenadas y previendo las consecuencias de sus actos. Falla el capitán del barco, las denominadas funciones ejecutivas. Y se les pone una exigencia que no alcanzan. Necesitan el acompañamiento y la regulación externa de los padres, las familias, profesores y otros profesionales para conducirse.

Sé que no hay formaciones en parentalidad terapéutica en muchas comunidades autónomas. Ni siquiera hay en algunas de ellas -por lo que me contáis muchas familias adoptivas- un programa en postadopción. Os dejan solos y solas en este aspecto y eso es un grave error e indefensión para vosotros/as. Algunos padres y madres, en algunas comunidades, estáis luchando por tener al menos, un seguimiento postadoptivo desde la administración. Pero lo que realmente se necesita, si queremos invertir en recuperar y sanar a estos niños y niñas, es una formación en parentalidad terapéutica. Debemos dirigir nuestros esfuerzos con las administraciones públicas en lograr un programa formativo de esa naturaleza. En el centro Alen, en A Coruña, hay un programa en crianza terapéutica -concepto diferente del de parentalidad terapéutica- dirigido a los profesionales (médicos, maestros, profesores, pedagogos, educadores, acogedores profesionales...) que acompañan a niños con trauma complejo y trastorno del apego. Os lo recomiendo a todos/as. Para más información, haced click aquí.

Valorar su persona sólo si hay logro. Hay padres adoptivos y familias acogedoras que, por cómo fueron ellos educados, valoran a los demás sólo si consiguen cosas, logros, tienen méritos, aprueban… Si no, no hay valoración o el mensaje es negativo e implícitamente se transmite (incluso con gestos) un “no pongo a tu persona y su valor por encima de lo que consigas". Esto los niños con trauma temprano pueden interpretarlo como que deben de conseguir cosas para ser aceptados y queridos. Es un grave error. El niño o niña crecerá y llegará a la adolescencia no comprendido o herido y estallará y romperá contra los padres (o contra lo que represente a la sociedad, en una estrategia proyectiva) al no sentirse jamás valorado y reconocido en nada.

Ausencia de receptividad empática. Hay padres y madres (o acogedores/as) prácticos, funcionales, normativos, que dan límites y además sancionan o castigan si se transgreden los mismos. El mensaje que se comunica es que no estamos al lado del niño cuando nos necesita. Esto por si sólo es un exceso (a veces también exceso de coerción) que conduce a adolescencias en las que los hijos pueden romper las estructuras familiares porque no se han sentido sentidos. Provoca rebeldía. La receptividad empática supone hacerle sentir al niño que estoy con él siempre, se porte bien o mal. Como dice Siegel, si sólo transmitimos a los niños/as que estamos con ellos cuando se portan bien, están regulados, contentos, aceptan las normas, no perturban a los adultos… pues no ejercemos una parentalidad competente y reparadora. Los niños y niñas necesitan saber que estamos con ellos cuando sufren, no pueden regular una emoción, se frustran, siente rabia y odio… Lo cual no equivale a dejarles hacer lo que quieran. Supone identificar y reconocer las emociones, y validarlas. Dice Siegel que cuando nos mostramos receptivos y devolvemos al niño que sentimos su mundo emocional, conectamos con él. La conexión puede costar un tiempo, pero lleva al niño, cuando se encuentra alterado, a cambiar de estado (a uno más calmado) y a volverse poco a poco, más abierto a la disciplina. El sistema límbico, responsable de la activación emocional, se va desactivando. La conexión emocional fortalece la entrada en acción (y por lo tanto el ejercicio) de los lóbulos frontales, los cuales se empiezan a activar y el niño puede reflexionar, pensar, ver alternativas, aceptar su papel en el problema, negociar con el adulto, prever para la próxima vez… La receptividad empática construye el cerebro. Y no olvidemos que en el caso de muchos niños adoptados y acogidos, su cerebro límbico está hiperexcitado por todas las experiencias de maltrato vividas. Por lo tanto si queremos reparar tenemos que darle al niño estas experiencias de conexión sana y sentida con un adulto tranquilo, el cual no ha tenido en su vida. Lo mismo que le damos de comer, le tenemos que dar el alimento de la empatía. Las familias con dificultades en esta área deben de trabajar en psicoterapia para poder aprender a ser empáticos. En el caso concreto del acogimiento familiar los niños necesitan empatía cuando se desregulan emocionalmente antes o después de las visitas, algo que sucede con bastante frecuencia.

Ausencia de base segura para los niños. Más que cariño y afecto (que también) muchos niños y niñas (no digo todos/as, pero sí en especial los de apego desorganizado, cuyo porcentaje en las poblaciones de niños maltratados o abandonados es alto. En el ámbito de la adopción internacional es frecuente que los niños/as tengan antecedentes de este tipo en sus vidas y en edades tempranas claves para el neurodesarrollo y para la adquisición de un apego seguro) los menores de edad necesitan un entorno seguro. “Jamás te haremos daño” “Aquí estás seguro, mira a tu alrededor, no hay peligro” Las maneras al hablar, transmitir las normas, los consejos, los aspectos que el niño debe mejorar, al estudiar, al aprender algo nuevo, etc. Todo lo que es autonomía, en suma, deben hacerlo con un adulto que es su base segura. No hay que hacerle las cosas ni hacerle dependiente de los padres. Eso no es fomentar el apego seguro sino insegurizar al niño/a. ¿Por qué necesitan seguridad?Levantad la mano cuántos de los padres y madres que estáis aquí en esta sala, consideráis que vuestro hijo/a tiene un problema de inseguridad” – Les pregunté a unos padres y madres en una formación que recientemente tuve con ellos/as. Levantaron la mano casi todos/as. ¿Por qué esto es así? Porque la gran mayoría no han podido tener, en las fases clave para la creación del vínculo de apego seguro (6 y los 18 meses), una base segura. El bebé recurre al adulto -hacia quien tiene creado el vínculo de apego seguro- cuando quiere explorar el mundo y se encuentra con una amenaza o un peligro. Este adulto calmará, tranquilizará y hará retornar al bebé a un estado de sosiego mediante el contacto. Con la esperanza y la SEGURIDAD de que podrá retornar de nuevo donde él si lo necesita, el niño vuelve a atreverse a explorar el mundo que le rodea. Los bebés con apegos inseguros exploran menos el mundo que les rodea o lo hacen de una manera hiperatrevida. Por eso ahora necesitan de ese adulto que les acompañe. Es como cuando el niño monta en bici: el adulto va ayudando y, al final, termina desapareciendo y desvaneciendo su ayuda y apoyo cuando el niño ya anda solo en la bicicleta. De este modo debemos de proceder en los aspectos de la vida que el menor de edad muestre inseguridad.

Ausencia de autoridad calmada. Para transmitir y hacer cumplir las normas no hace falta montar en cólera ni ponerse los bigotes o poner la cara de un ogro. El afecto o la amabilidad y hacer cumplir las normas no son incompatibles. Por otro lado, existe un tipo de padres y madres (o acogedores) que cuando el niño se comporta negativamente, está alterado o no logra las metas propuestas (va en asociación con bastantes de los aspectos anteriores) pierden el control emocional y llegan a cargar su cólera contra aquél: castigos desproporcionados, gritos, enviarle al cuarto… Y en los casos más extremos, insultar, desvalorizar y hasta repudiar al niño o adolescente. Éste puede a su vez, responder en la misma línea (activando el sistema de lucha/huida) y con ello, se puede instalar una dinámica maltratante peligrosa en la familia. Suelen ser padres que no pueden ver sus errores y proyectan en los niños o jóvenes pautas interiorizadas (o heridas sufridas) con sus propios progenitores. En estos últimos supuestos se puede llegar ya al maltrato y a la retraumatización del niño/a o joven. Pueden ser padres y madres que por circunstancias transitorias y vitales (estrés) pierden el control pero pueden darse cuenta y están abiertos a reparar y hacer un trabajo personal en terapia para que no vuelva a suceder. Pero también pueden ser padres y madres con incompetencias parentales no detectadas (trastornos del apego, de personalidad y traumas no resueltos en su historia de vida) De ahí la necesidad de evaluar las competencias parentales. El material de Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan en su magnífico libro está ahí dispuesto a ser estudiado y aplicado por todos los profesionales de la protección a la infancia: Los desafíos invisibles de ser padre o madre. Manual de evaluación de competencias y resiliencia parental. 

La rigidez. “O lo haces de este modo y a mi manera y como te digo, o nada” “O lo tomas o lo dejas” “Es así porque lo digo yo” Los niños y niñas con padres rígidos y con trauma en su desarrollo probablemente activarán toda sus defensas para protegerse del miedo y de la inseguridad que les produce un marco normativo férreo y una relación de apego que no contempla nunca el punto de vista del niño, su mente (sus necesidades, emociones, formas de pensar…) ¡Y los niños traumatizados suelen necesitar como el comer padres o acogedores que fomenten la función reflexiva! Los menores de edad se acercarán a la adolescencia con alteraciones de conducta que tratarán de romper esa pétrea rigidez. De niños pueden ser sumamente complacientes o conformistas para llegar a la adolescencia rompiendo de algún modo. La rigidez consiste en no ser adaptable a las circunstancias, necesidades, ni emociones del niño. Se puede ser coherente pero flexible. Por ejemplo, vienen los primos a ver al niño y éste se encuentra haciendo los deberes. Rígido: “Sólo cuando acabes tus deberes saldrás a verles” (sí y sólo sí) Coherente pero flexible: “Tiene que ser difícil hacer los deberes y concentrarse sabiendo que han venido los primos. Los deberes son importantes pero los hacemos todos los días a la hora (coherente); por eso hoy, por un día, los podemos dejar para dentro de una hora, cuando se hayan ido” (flexible)

No respetar sus orígenes y no abordar su historia de vida. Los orígenes son lo más sagrado que existe para todo el mundo. De dónde venimos, que también tiene que ver con el quién somos. Esto es crucial para la construcción de la identidad y la pertenencia, especialmente en la adolescencia. Los padres adoptivos que pretenden hacer tabula rasa del pasado del niño, que tratan de que su identidad exista sólo a partir de la fecha en la que llega a la familia adoptiva (algo imposible), que no honran a la familia biológica por haberle dado la vida a ese niño o niña, que no homenajean a su país de origen y su cultura, que no quieren escuchar ningún relato del niño o niña porque lo que van a oír no les gusta o entran en rivalidad con los padres biológicos. Padres, madres o acogedores/as que niegan, minimizan o dicen que son imaginaciones del niño o niña cuando éste/a cuenta o narra algo traumático del pasado, no reconociendo su dolor, e impidiendo con ello que el niño/a pueda beneficiarse de un relato que dé sentido a la adopción, están causando un grave perjuicio al menor de edad con repercusiones psicológicas a largo plazo de todo tipo.

“Yo no tengo nada que ver en cómo se comporta este/a niño/a, las causas están en él/ella o fuera de mí” Cuando el niño o niña entra (muchas veces porque ha habido rigidez, ausencia de receptividad empática, sólo te acepto si consigues logros…) en una espiral de conductas desadaptadas de diversa índole y perturba el ambiente social y/o familiar, existe un paso más que es negar cualquier influencia mía como padre o madre en los problemas o dificultades del niño o niña. Se empiezan a buscar otras causas: genéticas, biológicas, psiquiátricas, escolares… con el fin de evitar la parte de responsabilidad que nos corresponda como adultos que se relacionan con e influyen en el niño/a y por ende, en sus respuestas, reacciones, emociones y forma de pensar.

Es posible que vosotros/as contempléis más factores de riesgo. Podéis dejar vuestros comentarios o puntos de vista sobre el particular.

No quiero terminar el post de hoy sin afirmar que conozco y trato con muchos padres y madres, acogedores y acogedoras excelentes: solidarios, comprometidos, conscientes, dispuestos y abiertos a colaborar en todo para ayudar a sanar y reparar el daño vincular que el niño o niña tiene. Personas que conforman, como dice Barudy, la manada de gente buena, de hombres y mujeres buenos/as cuya labor educativa y de crianza con los niños y niñas es encomiable. Mis felicitaciones y reconocimiento desde estas líneas. Por el camino de los buenos tratos, a la larga, modificarán muchas de las defensas que los menores de edad traen consigo y que necesitaron para sobrevivir. Parece que el post que he escrito hoy se olvida de estos padres y madres (y acogedores) Pero no es así. He querido subrayar aspectos importantes que creo que debemos tener todos presentes. En especial los padres y madres que presentan más dificultades y cuyas conciencias quiero despertar para ayudarles a activarse y a hacer cambios. Porque sus hijos/as lo merecen y necesitan.

Nos despedimos con la consuetudinaria picada, que está en total sintonía con el post de hoy: mi colega Paloma López Cayhuela (a quien no tengo el gusto de conocer en persona) acaba de publicar, en la editorial Desclée de Brouwer, dentro de la colección AMAE (que sabéis que se caracteriza por presentar temas y contenidos útiles, para el gran público, con ejercicios prácticos y sencillos, que sin dejar a un lado la reflexión, se puedan aplicar en nuestro entorno de modo eficaz y con sabiduría), un gran libro titulado: “Educar amando desde el minuto cero” Nada más tener noticia de su aparición, me he acercado al mismo y lo he devorado con fruición y gran gusto. Esta obra cuadra perfectamente con los contenidos de este blog y con los temas que tratamos aquí: el respeto total por el niño. Pero es que además, el libro se lee con ganas, con entretenimiento, deseando pasar de página y continuar avanzando en sus capítulos. Combina acertadamente (como debe ser en la colección AMAE) la reflexión con ejercicios prácticos aplicables que nos invitan a pensar con cuidado sobre cómo ejercemos nuestra parentalidad. Interesando tanto a familias biológicas como adoptivas porque sus presupuestos son aplicables a toda forma de parentalidad, Paloma, en complicidad con nosotros, nos dice que para educar niños sanos tenemos primero que “sanar nuestro niño” Ella ante todo, hace que nos demos cuenta de que necesitamos un trabajo de preparación personal a la parentalidad y marentalidad; para después, invitarnos a que revisemos las herramientas que tenemos para ejercer el papel de padre o madre competente. Ya sabéis que esa es la palabra clave: competencia. Pasado el prólogo, nos adentra en un capítulo donde nos propone que mientras esperamos al niño, hagamos de ésta una espera reflexiva: cómo nos fue cuando éramos niños y pensar sobre las prácticas educativas que sirven y las que no sirven. Termina este primer capítulo animándonos a que revisemos nuestra inteligencia emocional aplicada a la tarea de ser padre o madre y propone el concepto de padres realistas.

En el segundo capítulo nos lleva de la mano tratando de sacudir nuestras conciencias para que “no pidamos peras al olmo”, esto es, para que eduquemos al niño real y no a aquél que nuestra mente desea porque idealizó a la criatura. Entonces se puede empezar a no ver al niño, ni sus pensamientos, ni sus emociones, ni sus intenciones… con los consiguientes perjuicios a su desarrollo. Esta es la gran pregunta a responder: ¿qué esperamos del hijo? En el tercer capítulo, nos habla Paloma de la pareja: el antes y el después de ser padres: las cosas van a cambiar, y mucho, con la paternidad o la maternidad. En el capítulo cuarto, perfila lo que es una relación que educa desde el minuto cero: la que fomenta el apego seguro, por eso dedica gran parte de este capítulo a hablarnos del apego.

En el quinto capítulo revisa algunas de las claves que permitirán a los padres desempeñar su papel ajustándose al perfil de lo que ella llama los padres realistas, los que no se crean falsas expectativas, proponiéndonos unos puntos que son fundamentales tener en cuenta a la hora de educar.

En el sexto y último apartado, Paloma versa sobre la formación para padres y madres: lo que no debe ser y lo que debe ser. Todo ello como digo, explicado de manera comprensible, entretenida y sentida, informando y formando, tanto en lo teórico como en la reflexión práctica: sus hojas al final de cada capítulo, tituladas recuerda (resume lo principal de cada capítulo) y reflexiona (plantea unas preguntas que nos invitan a acercar y pensar detenidamente el contenido de cada capítulo aplicándolo a nuestra vida particular) son metodológicamente un acierto porque ayudan a aprender y a trabajarse personalmente.

En suma, un libro recomendable cien por cien al cual le vais a sacar un gran aprovechamiento. Felicito a Paloma por esta gran aportación. Como siempre digo, libros sesudos sobre psicología hay muchos; libros que sepan llevar al gran público la psicología, sin perder rigor y verdaderamente terapéuticos y educativos, no tantos. El de Paloma López Cayhuela es uno de ellos.



El post que rescato hoy de Buenos tratos (ya sabéis que recupero entradas escritas hace un tiempo, para volver a leerlas y tenerlas en cuenta) es sobre la plasticidad del apego, si pueden cambiar las primeras tendencias infantiles que las personas (y los niños adoptados y acogidos) traen a la familia. 


Cuidaos / Zaindu