miércoles, 18 de enero de 2017

"Padres, madres. Hijos, hijas. Un buen vínculo para crecer", conferencia a cargo de José Luis Gonzalo en Logroño, invitado por APIR y el Gobierno de La Rioja.

El próximo jueves, 26 de enero de 2017 es un placer para mí impartir -invitado por El Gobierno de La Rioja y APIR (Asociación Pro Infancia Riojana)- una comunicación en el Salón de actos de la Biblioteca de La Rioja, a las 19,00h, titulada: "Padres, madres. Hijos, hijas. Un buen vínculo para crecer"

La Rioja es una tierra con la que me unen vínculos de origen y afectivos, por lo que me siento particularmente emocionado de compartir esta comunicación con todos/as los/as que os acerquéis.


Entrada libre


En esta comunicación pretendemos exponer qué es el apego y la trascendencia que tiene como garante de un óptimo desarrollo integral. Las personas que logran un vínculo de apego seguro sientan las bases de la futura competencia social y emocional. No es que no vayan a tener problemas o riesgos para la salud mental pero sí podrán saber beneficiarse de relaciones de apoyo sanas y de la búsqueda de ayuda para resolverlos. Por el contrario, el desarrollo de un vínculo de apego inseguro es una forma de especial vulnerabilidad con repercusiones en el desarrollo posterior tanto en la regulación de las emociones y los impulsos, el neurodesarrollo así como de la valoración que hacemos acerca de nosotros mismos y de la expectativa en cuanto a la disponibilidad de los otros para brindarnos consuelo, apoyo y seguridad cuando la necesitamos en momentos de estrés o crisis personal. “Para criar a un niño se necesita toda una tribu”, es una expresión cierta que refleja que todos nos hacemos bajo la influencia de otros. Primero, gracias a las personas que nos cuidan. Y después, con el resto de figuras que conforman el universo del niño como sus familiares, profesores, amigos…esto es, nuestra red de apego subsidiaria.

José Luis Gonzalo Marrodán. San Sebastián-Donostia, 1967. Psicólogo Especialista en Psicología Clínica. Psicoterapeuta por la EFPA. Master en terapia de conducta por la UNED. Diplomado en psicoterapia infantil por el IFIV de Barcelona dirigido por Barudy y Dantagnan. Formación en EMDR adultos (nivel II) y EMDR niños y adolescentes (nivel I) Trabaja en su consulta privada realizando tratamiento psicoterapéutico a niños, adolescentes y adultos. Desde 1999 su campo de interés profesional se centra en la psicoterapia basada en el apego y en la traumaterapia con niños y jóvenes adoptados y acogidos. Combina su actividad como psicoterapeuta con la de formador de profesionales y familias. Es autor del blog: www.buenostratos.com

martes, 17 de enero de 2017

Formación en psicología evolutiva aplicada a la Gestalt, organizado por UmayQuipa, en Madrid. Comienzo: último fin de semana de enero. ¡Quedan 2 plazas!

LO ESPERADO Y LO INESPERADO: 

Formación en psicología evolutiva  infantil aplicada a la Gestalt.



PRESENTACIÓN. Por Loretta Cornejo

Seguimos con las entrevistas para el curso de formación: DE LO ESPERADO A LO INESPERADO. La psicología evolutiva bajo una mirada gestáltica.

Seguimos considerando que todo profesional que se encargue de estar al lado de las familias y los niños y jóvenes debe actualizar los conceptos de evolutiva. Y por qué no, los que trabajan con personas adultas para entender desde un punto de vista diferente qué pasó, de qué se vio rodeado en su infancia, que cosas hicieron que la energía familiar derivara en conflictos irresolubles o en chispazos que llevaron a encuentros diferentes y sanadores.

Todo manual nos dice cuando un niño debe comer, cuándo caminar, cuándo sentarse, cuándo tener amigos... pero ninguno o casi ninguno nos habla de los ritmos, de las propia música que trae cada niño y cómo se engarza con la melodía de cada uno de los padres y que pieza instrumentará en el mundo.

Pocos manuales hablan de la angustia de los padres prematuros y cómo acompañarlos, de qué cosas que se hacen o se dejan de hacer en la niñez repercuten en la adolescencia y tampoco de la evolutiva de los niños en acogida o adoptados, que llegan con toda una historia y sus propios recursos a una nueva familia que ellos no saben aún si adoptarán o no y en cuánto tiempo. 

Hablaremos de los niños de alta sensibilidad que muchas veces son diagnósticados como déficit de atención, hiperactividad, trastornos del desarrollo y tantas cosas más. Son niños que vienen con otras tareas que cumplir en esta vida y no los estamos entendiendo. 

En esta formación son bienvenidos los padres que quieren entender y acompañar a sus hijos con estas características y saber más, un viaje que empezarán desde los 0 meses a los 12 años, pasando por conceptos introductorios de neurología afectiva, procesos de resiliencia, figuras de apego y daños que se pueden heredar junto a conceptos de psicoeducación. 

Ya no quedan muchas plazas, si están interesados: 

Llamar al 91 5493878  o escribir a: umayquipae@gmail.com


 La teoría infantil desde la psicología del desarrollo por edades




TEMARIO Y PROFESORADO

1-Crianza positivaapego y desarrollo en las distintas etapas evolutivasJOSE LUIS Gonzalo Marrodán.

2-La construcción del mundo emocional durante los primeros años de vida (o a 3 años): Los procesos emocionales necesarios a lograr durante el primer año de vida, y la prevención de posibles patologías. DIANA C. de Baumann.

3-Introducción a la neurología afectiva. LUCIA Ema.

4-La personalidad emocional de 3-6 años: Los seis años se termina la esencia de la personalidad adulta. Procesos evolutivos emocionales y formas de intervención. Trabajo con los padres o figuras parentales. Iniciación y desarrollo del  proceso de socialización.

5-La edad de la incertidumbre y la edad dorada De 7 a los doce años LORETTA Cornejo.

6-La primera infancia y sus diferentes etapas en correlación con las etapas de la adolescencia. MARGA de la Torre.

7- El no tirar la toalla: entre la fuerza y lo vulnerable: Acompañando a los hijos prematuros. PEDRO Valentín-Gamazo.

8-Cómo ayudar a sostener las relaciones afectivas desde el principio de la vida. Claves desde la psicoeducación e intervención comunitaria.

9- Distintos niveles de intervenciónDr. CARLOS Pitillas (Universidad de Comillas y Primera Alianza)

10.-Algunos temas especiales: Niños con alta sensibilidad. Evolutiva de los niños adoptados. LORETTA Cornejo Parolini.

lunes, 9 de enero de 2017

Un excelente libro para empezar el año: "El apego. Cómo nuestros vínculos nos hacen quienes somos", de la Doctora en psicología Inés Di Bártolo.

Recientemente he terminado el libro de Inés Di Bártolo (especialista en la teoría del apego, profesora titular de la Universidad Católica Argentina, Doctora en Psicología, docente en cursos de postgrado y doctorado, conduce investigación y ejerce la práctica clínica con niños y adolescentes) titulado “El apego. Cómo nuestros vínculos nos hacen quienes somos. Clínica, investigación y teoría” Editorial Lugar, Buenos Aires, 2016. 

Me ha atrapado y aportado enormemente este libro por varias razones. Desde aquí felicito a la autora por su excelente trabajo, el cual recomiendo a todos/as los/as lectores de Buenos tratos, tanto si son profesionales (de orientaciones diversas) como a familias y personas en general interesadas por la teoría del apego y sus aportes. Aunar rigor científico con un texto comprensible y accesible al público es –como he dicho en otras ocasiones- una cualidad al alcance de pocos. La Doctora Di Bártolo es una de las personas que lo ha conseguido. El texto no resultará complejo al lector no familiarizado con la psicología.


La primera virtud que le veo es que para ser un libro no demasiado extenso (237 páginas no es un tamaño excesivo para lo prolija que es la teoría del apego y lo mucho que hay que contar) es una visión completa del dominio del apego. Quien lea el libro se ha hecho con un conocimiento de todos los aspectos importantes a nivel clínico y de investigación que conforman el apego, tanto de teoría como de intervención. Y ofrece, además, múltiples referencias bibliográficas para profundizar en el tema. 


El segundo aspecto que considero un acierto es que reúne en una lograda combinación expositiva lo que la investigación empírica en teoría del apego aporta (ella lo llama la reinvención de la rueda: “el psicoanálisis tiene una tradición rica en la conceptualización de las estructuras mentales, con muchos puntos en común con la teoría del apego. Pero la revolución de la teoría del apego es contar con los instrumentos para investigar estas estructuras empíricamente. En muchos aspectos, los teóricos del apego parecen estar reinventando la rueda que ya inventaron los psicoanalistas. Pero es una rueda con una diferencia básica: una cosa es hablar de las estructuras internas de la mente y otra investigarlas empíricamente”) con su experiencia como clínica (donde podemos aprender de viñetas clínicas que utiliza para ilustrar con casos reales los temas que ella va exponiendo) A ello le añadimos, además, el compromiso ético de la autora con la infancia desde lo que este gran descubrimiento que es el apego puede aportar a la infancia vulnerable y vulnerada: las implicaciones que para las políticas públicas tiene la comprensión de los trastornos del apego. Aquí la Doctora Di Bártolo desarrolla un epígrafe de obligada lectura para todos/as los/as técnicos de protección a la infancia que toman las decisiones sobre el marco convivencial y de figuras adultas a ofrecer a los menores maltratados y que pueden marcar (¡y de que manera!) su futuro. Tengo permiso de Inés Di Bártolo para transcribir ese epígrafe, y lo haré en un próximo post porque pienso que puede ser de gran utilidad darlo a conocer. Son muy sensibles las decisiones que se pueden tomar y hacerlas desde un modelo científico como lo es el apego, ofrece una base sólida.


El tercer aspecto que me ha capturado desde nada más ojear el libro, es la estructura del guión y los temas a tratar. Es un gran acierto empezar el libro por las bases de la teoría del apego. Los conceptos fundamentales, para que el libro sea accesible a las personas no conocedoras de esta propuesta científica y nadie sea descartado. Se explica con claridad -con una lectura fácil y amena pero impecablemente académica y clínica- cómo el apego se construye desde las experiencias interpersonales al mundo representacional interno. 

Inés Di Bártolo explica qué es el procedimiento de la Situación extraña (ideado por Mary Ainsworth): el paso científico para demostrar cómo el niño desde muy temprana edad  genera en su mente modelos internos en los que se representa la relación de apego, y que éstos difieren unos de otros en función de la calidad de los cuidados recibidos. La Situación extraña -la doctora usa esta expresión- equivaldría a que un científico analizara los restos arqueológicos de una determinada civilización. A partir de los mismos, podría averiguar muchas cosas sobre su cultura, religión, costumbres… Del mismo modo, cuando analizamos la Situación extraña, podemos inferir mucho de lo que ha sido la relación del bebé con su figura de apego y la huella que internamente ha dejado en la psique del menor. 

El libro avanza y desarrolla un capítulo donde nos propone cómo evaluar el apego en los niños más mayores (desde los 3 años a la segunda infancia): los guiones lúdicos de apego. Nos describe distintos instrumentos para acceder a las representaciones de apego de los niños como lo es el clásico Tareas Incompletas de Apego (de Bretherton, Ridgeway y Cassidy); pero también más recientes y modernos como las Tareas de Historias de Apego para Niños de Manchester. 

El cuarto aspecto que me ha encantado está en el capítulo 3 de la obra que nos habla de apego, riesgo y psicopatología. Incluye una conceptualización de los trastornos del apego que me ha resultado muy clarificadora. Los trastornos del apego ya constituyen cuadros psicopatológicos, nos recuerda la autora. Así pues, ella contempla tres categorías donde inserta las clasificaciones:

1. El apego no llega a formarse porque un niño no puede organizar un apego a ninguna figura en especial. Los contextos suelen ser muy específicos: institucionalización, cambios frecuentes de hogares y abandono o maltrato extremo. Aquí incluye los trastornos reactivos del apego.

2. El niño ha logrado establecer la relación de apego con una figura preferida y discriminada. Pero en la relación hay una perturbación severa. El funcionamiento de la figura de apego como una base segura está distorsionado.

3. El niño pierde abruptamente a una figura de apego. El niño tiene una reacción de duelo y dolor similar a la adultez.

Finalmente, tras pasar detallada revista al apego en la adultez y a los recientes aportes de la teoría de Peter Fonagy sobre la mentalización, dedica el resto de capítulos a la intervención desde la perspectiva vincular tanto con adultos como con niños.

La autora nos llama la atención -y subraya- un aspecto relevante que no se nos debe de olvidar: trabajar el apego con los pacientes es trabajar la relación. La relación, como afirma Di Bártolo, es el tercer paciente. Si hacemos psicoterapia con el menor, hemos de trabajar con el referente adulto del niño, sí. Pero además, hemos de constituir como objetivo de tratamiento el tercer paciente: la relación. Hay que tratar la relación referente/niño. Esto entronca y casa perfectamente con la propuesta de traumaterapia de Maryorie Dantagnan en la que la relación niño/referente es uno de los ejes centrales. 

Y me recuerda otro tema crucial: al afirmar que un niño presenta un trastorno del apego, hemos de ser cautelosos y cuidadosos con considerar esto sólo como rasgo interno del menor. Es cierto que presenta unas características y unos síntomas pero nunca hemos de soslayar que son síntomas que emergen en la vinculación con el otro. Con lo cual, lo que ese otro haga (adulto responsable del cuidado del niño) también tiene influencia. Todo sucede en una relación, no somos entes aislados. El problema no sólo es del menor. 

Un libro, en resumen, que debe formar parte de nuestra biblioteca: clarificador, completo, riguroso y ameno. Personalmente, descubrir en otros profesionales como Inés Di Bártolo (y en este caso, además, académica) de prestigio refuerzos de este tipo, que casan muy bien con el tipo de psicoterapia que uno practica, que le abren nuevos conocimientos, son un estimulo y motivación enormes para proseguir en nuestra labor.

En el próximo post transcribiré cuáles son para Inés Di Bártolo, desde su experiencia como clínica e investigadora, las implicaciones para las políticas públicas de la comprensión que actualmente tenemos sobre los trastornos del apego. Y en este tema la doctora coincide plenamente con el punto de vista que nosotros sostenemos en este blog, y con el de otros muchos profesionales como, por ejemplo, Barudy y Dantagnan. Remar en una misma dirección reconforta y refuerza en el camino a seguir, sobre todo cuando encontramos refrendo en la investigación y práctica de profesionales y académicos tan eminentes como Inés Di Bártolo. 

Podéis escuchar una entrevista radiofónica a la Dra. Di Bártolo haciendo click aquí.

La picada de primeros de año. Es una tradición terminar los posts ofreciéndoos algo interesante para compartir. Hoy la picada es una entrevista que me hicieron en el blog Educación Emocional. Lo dirige la psicopedagoga Izaskun Valencia, donostiarra como yo. El mes de octubre pasado me entrevistó para su blog, haciéndome un gran honor. Me preguntó sobre distintas cuestiones como la importancia del apego, cómo es trabajar con menores con daño emocional, que son los buenos tratos, cómo debe ser una relación para que sea reparadora, sobre la caja de arena… Hasta ahora no la había mencionado en mi blog pero compañeros/as me han animado a que la consigne y difunda. Así que, si es interesante y puede seros útil, la comparto con todos/as vosotros/as gustosamente. Podéis encontrarla haciendo click en la palabra Educación Emocional

Buenos tratos regresa el día 23 de enero con la firma invitada del mes dentro de la sección "Diez meses, diez firmas II" Colabora con Buenos tratos la educadora social Rocio Fraga.

lunes, 2 de enero de 2017

"No entendía que esa familia era la mía"

El pasado 11 de diciembre el periódico euskaldun (vasco) Berria, con edición en todo el País Vasco, publicó un reportaje extenso sobre la protección a la infancia. Una investigación rigurosa por parte de la periodista Arantza Iraola, quien ha sido capaz de encontrar el punto de equilibro exacto entre la veracidad y la emotividad, la implicación. Los reportajes excesivamente científicos sin implicación emocional, desde la distancia, no llegan al lector. No es el caso del elaborado por Arantza Iraola, quien tuvo la feliz idea, además, de incluir en su trabajo periodístico el testimonio de una joven de 26 años que desde los 5 entró en el sistema de protección a la infancia. Nos recuerda el proceso de reconstrucción de las víctimas de abandono y malos tratos que postula Jorge Barudy: culpable – víctima – superviviente – viviente. Una víctima que ha podido hacer un proceso resiliente admirable, llegando a convertirse en una viviente (alegría de vivir a pesar de lo sucedido) Un camino que lleva toda una vida recorrer, en el cual en muchos periodos, se retrocede pero es posible -con trabajo personal, vínculos afectivos sanos, paciencia y perseverancia- nuevamente, avanzar hacia sentirse una viviente más. 

La entrevista que Arantza Iraola realizó está publicada en euskera (lengua vasca) Como muchos de vosotros/as que seguís el blog no sabéis este idioma, contacté con Arantza en el diario Berria y le comenté que sería muy interesante para mis lectores (vosotros/as) contar con la traducción al castellano de la entrevista. Ella misma, desinteresadamente, se ofreció a traducirla y en breves días la tenía en mi buzón de correo electrónico. 

Agradezco al diario Berria y a Arantza Iraola por la sensibilidad social mostrada al publicar un extenso reportaje sobre protección a la infancia y por la deferencia al brindarse a traducir la entrevista. Y en especial le doy las gracias a la entrevistada, Shandra. Creo que la entrevista merece difusión. Nos otorga el realismo de la esperanza (del que hablan autores de resiliencia como Barudy, Vanistendael, Cyrulnik…): el camino que una persona afectada por el abandono temprano debe de recorrer es muy duro y áspero, pero existe la esperanza de que con un entorno afectivo y solidario, a largo plazo, puedan recuperarse y vivir una vida que merezca la pena vivirse. Shandra es un ejemplo de esta esperanza. Ella dice: “Ahora estoy bien” Podemos imaginarnos lo que eso le habrá costado. Nuestro agradecimiento, reconocimiento y admiración hacia Shandra desde estas líneas por compartirnos su experiencia, que nos servirá a todos/as los/as que nos citamos en este blog.

"No entendía que esa familia era la mía"

La vida de Sanhdra, con apenas 26 años, ha pasado por muchas vicisitudes; separada de su familia de origen siendo muy niña, ha tenido que crecer en centros para menores y familias de acogida. El dolor perdura, pero mitigado: "Ahora, estoy bien"

Es Shandra (Donostia, 1989.) No quiere dar su apellido. Cuenta que sus buenos recuerdos de la infancia son escasos. Aquellos primeros años de su vida transcurrieron en Trintxerpe (Pasaia, Gipuzkoa), con sus padres, y recuerda bien a quién tuvo de aliento: "La madre de mi padre, mi abuela; tengo buenos recuerdos de ella". Contados. Pronto aparecieron sospechas de desprotección, y ella y un hermano menor -fruto de la relación de su madre con otro hombre- quedaron bajo la tutela de la diputación. Los llevaron a un hogar para menores. "Yo tenía 5-6 años, mi hermano, un año". No fue vivencia fácil de comprender: "Al principio, no te das cuenta de mucho, eres pequeña". Tampoco de integrarla: "Siempre estas con amigos, pero tú quieres estar con tu madre; no es lo mismo. No eres consciente de la imposibilidad de estar con tus padres". Cada quince días, tenía visitas con su madre. Aquellos primeros años, también con su padre. "Después, ya no". Desapareció: para siempre.

A los 9 años, el sistema de protección de menores llevó a Shandra a una difícil encrucijada. La desazón que le causó aquello se puede percibir aún en sus palabras. Argumentaron que ella era "demasiado mayor" para seguir en el centro en el que vivían, y que había que analizar otras alternativas. "La diputación me ofreció dos opciones: o ir a otro centro sin mi hermano, o que los dos fuésemos acogidos por una familia de acogida. Lo pasé realmente mal". Le parece injusto poner a un menor en una tesitura de ese tipo: "Es difícil decidir qué quieres con 9 años: o ir sola, o con tu hermano. Eres muy pequeña". Al final, decidió ir con una familia de acogida. Fue tiempo de mudanzas: otro nido, otras dos personas que llamar 'aita' y 'ama', otra escuela, otra localidad. "Al principio, todo fue bien".

La situación se tornó sombría cuando tenía cerca de 11 años. En el colegio: "Sufrí bullying". En casa: "Al principio bien, después mal. Yo tenía 11 años, había sufrido mucho, pero los de la familia no entendían eso. Culpaban, además, a la diputación; aducían que no les habían explicado qué me pasaba". La herida que empezó a infectarse en aquella infancia rota de Trintxerpe, explotó. "A pesar de mis 11 años yo tenía muchas rabietas; no estaba bien, estaba siempre llorando". Con el tiempo la convivencia se fue complicando, y pronto Shandra y su hermano tuvieron que aprender una nueva dirección: los llevaron a un centro de Tolosa. "Yo tenía 12 años, mi hermano 7". Era un centro para adolescentes de entre 12 y 18 años, pero les dejaron estar juntos. Actualmente tiene un recuerdo muy grato del trato que recibió por parte de los educadores de ese centro. Pero el trayecto para llegar a ese punto ha sido largo. "En los primeros 3-4 años no estaba bien; necesité años para entender que querían que estuviéramos bien". Pero actualmente prevalecen los buenos recuerdos de aquella época.

Visita al 'orfanato'

En uno de esos recuerdos tiene 14 años. Llevó a cenar al hogar a sus nuevos amigos del colegio. "Pensaban que sería una especie de orfanato. Pero cuando vinieron a cenar, vieron algo diferente”. Una amiga me dijo: "Sois como una familia, aunque no tengáis a vuestros padres y madres, todos sois como hermanos". Cumplió los 18 años en ese hogar, y, gracias a una prorroga, consiguió estar ahí hasta los 19 y medio. No sin zozobra. "Yo estaba estudiando. Decía: '¿Pero cómo empezaré ahora a trabajar?'. '¿Cómo mantendré una casa yo sola?'. Tras la prorroga los jóvenes muchas veces no tienen otra opción que ponerse a vivir por su cuenta, y su caso era complicado: su madre seguía sin capacidad de darles cobijo, y tenía un hermano menor.

"Siempre he estado trabajando y estudiando". A pesar de ello, no era fácil alzar el vuelo en soledad. Y la opción de una nueva familia, un nuevo hogar, le vino de la mano de una educadora del centro. Tenían una relación muy estrecha con ella, y, con el paso del tiempo, también conocían a su familia. Y ellos les dieron una nueva casa, una nueva familia. "Ella acogió a mi hermano, y sus padres me acogieron a mí. Yo explico que, de alguna manera, esa educadora es mi madre, y sus padres, mis abuelos". 

Actualmente vive en casa de esos abuelos, en Irún. "Bien". Pero también ha sido un proceso que ha requerido mucha paciencia. "Hasta que pasaron dos años no entendía que esa familia era la mía, estaba como alejada de ellos. Se pasaron dos años diciéndome, que aunque no nos uniera la sangre, éramos una familia y que debía confiar; pero yo necesité mucho tiempo para llegar a ese punto". Nunca ha llamado 'ama' a esa educadora. "Le llamo por su nombre. A mis amigos/as igual les digo 'mi madre', pero directamente a ella no. En la familia de acogida fui obligada a llamar 'ama' la madre de acogida, y no. Madre, aunque no te guste, sólo hay una en el mundo. Por eso, le llamo por su nombre, aunque siento que ha sido mi madre".

Reflexiones desde la madurez

Actualmente es capaz de valorar lo que pasó desde la atalaya de la madurez. "Ahora opino que la diputación actuó bien; gracias a ello, estamos bien, tengo una familia, estoy estudiando". De vez en cuando habla por teléfono con su madre. Ha entendido que no podía haber estado con ella. "Si hubiéramos estado con ella, ahora igual estaríamos en la calle. Mi madre es como una niña: no entiende lo que ha hecho la diputación, cómo estamos. Quiere estar con nosotros, pero no es consciente de lo que ha pasado". Ahora tiene sus amistades y su trabajo en Donostia: estudió para ello, y trabaja en una farmacia. Su familia en Irún. Sus aspiraciones en Gasteiz: "Quiero iniciar el curso que viene los estudios universitarios de Farmacia".

Buenos tratos regresa la semana próxima, lunes, 9 de enero, a las 9,30h hora española, como siempre.

viernes, 30 de diciembre de 2016

"El perro y el monje", un sentido vídeo metáfora de la trascendencia de los buenos tratos (Y un adelanto de las sorpresas que nos esperan para celebrar en 2017 el décimo aniversario del blog)

Con este último post del año, quiero en primer lugar agradeceros a todos/as la fidelidad que mostráis al proyecto del blog Buenos tratos. Cada vez son más las visitas que mensualmente alcanza. Las entradas son leídas por muchas personas, tanto por profesionales de diversas disciplinas como por familias  e interesados/as en esta manera profunda de entender las relaciones humanas que es la visión desde la teoría del apego y los aportes de los modelos del trauma y la resiliencia. A cada uno/a de vosotros/as, uno/a a uno/a, en estas últimas horas que quedan para que el año termine, os deseo un feliz año 2017. Espero y deseo de corazón que vuestros propósitos se hagan realidad. Creo que es importante visualizar nuestros proyectos, ilusiones, esperanzas, anhelos… Porque encienden la llama que motiva a lograrlos, aunque es evidente que hemos de trabajar y perseverar para que puedan hacerse realidad. Quiero que tengamos por un momento (quedémonos unos instantes en silencio) en nuestras mentes y en nuestro corazón a todos/as los/as que sufren. Que sigamos contribuyendo desde nuestro ámbito -cada uno/a desde lo que sabe y puede hacer- a aliviar y sanar ese sufrimiento.



Vamos a dar paso en el 2017 a un año muy especial para mí y creo que también para todos/as vosotros/as, para los/as que nos citamos en este blog: ¡el décimo aniversario del mismo!. ¡Buenos tratos cumple diez años de existencia en octubre de 2017! Sí, ya han pasado diez años. ¡Parece increíble, pero sí! Hace diez años, en junio de 2007, en una localidad guipuzcoana llamada Irún, cercana a la frontera con Francia, mi amigo Alberto Barbero me habló de lo que eran (y son) los blogs. Cuando todavía estaban en ciernes y no se habían popularizado. De las posibilidades que ofrecían para llegar a todo el mundo. Me sentí rápidamente cautivado por la idea porque siempre he sentido la necesidad de escribir y compartir lo que aprendo con los demás. Un buen día, al principio, cuando el blog llevaba no más de un año, decidí publicar una entrada relacionada con el tema del apego. ¡Y me llevé la grata sorpresa de que fueron muchas las personas que visitaron la misma! La entrada en cuestión hablaba de un libro que acababa de publicarse: “El niño abandonado”, de Peter Niels Rygaard, un especialista en trastorno del apego que ejerce su labor profesional en Dinamarca y es mundialmente conocido por su proyecto para mejorar los orfanatos de todo el orbe. La fundación que dirige se denomina Fairstart Foundation. Help Children save the world. Dicho post sobre el libro de Niels Rygaard lo publiqué un 3 de marzo de 2008. Os dejo el link haciendo click aquí.

A partir de este post, publiqué otros sobre apego, trauma, resiliencia… y me di cuenta de la cantidad de familias adoptivas y acogedoras que me escribían valorando las aportaciones. Eso me motivó a cambiar el nombre del blog (que comenzó llamándose “Motivos psi”) por el de “Buenos tratos”, en honor a los que son mis amigos y profesores, Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan, con quienes he aprendido a trabajar con menores dañados por los malos tratos y a quienes debo mi formación como profesional y persona. Eso ocurrió en un post que publiqué un viernes 30 de julio de 2010. Os dejo el link haciendo click aquí.

Comprobé que el número de visitas crecía mes a mes, recibía (y recibo actualmente) muchos mails de personas (padres, madres, acogedores, profesionales del mundo de la protección a la infancia y personas interesadas en estos temas tan apasionantes) agradeciendo el espacio de orientación y reflexión, tanto desde la teoría como la práctica. Y en distintas formaciones, congresos, encuentros, foros… muchas personas me revelan y me felicitan por lo mucho que les ayuda. Algo que me ha hecho (y me hace) sentir muy feliz y agradecido a todos/as. Es la gasolina que ha hecho que mi motivación y mi esfuerzo no decaigan y mantenga vivo el blog con nuevas publicaciones. Porque siendo consciente de la labor que cumple, no quiero ni puedo dejarlo. Aunque suponga un trabajo que lleva su tiempo, me siento feliz de compartir y poner un grano de arena que junto con otros, aúne energías para contribuir a la sanación de las personas (y en particular los niños y las niñas) afectadas por el trauma y los problemas o trastorno del apego. Siendo consciente del riesgo de repetirme, y pensando que existen otros/as excelentes profesionales que tienen mucho que aportar, el año pasado abrimos el blog a la colaboración mensual de una firma invitada. Ha sido una decisión acertada porque las entradas que los distintos profesionales han escrito han sido (y son) todo un éxito. Así acercamos el saber de muchos/as a todo el mundo que se cita en Buenos tratos. Por dar sólo un par de cifras, el blog recibe unas 25.000 visitas mensuales y ha sobrepasado el millón de visitantes en estos casi diez años.

¿Y por qué os cuento todo esto? Porque el blog tiene ya una historia y me parece bonito recordarla, cómo se ha ido gestando, fraguando, configurando… Un blog que habla sobre los temas de apego y trauma ha de ser coherente y mostrar los recuerdos que conforman su identidad. Me apetece compartirlo con vosotros/as. 

Y también os cuento todo esto porque el año 2017 vamos a celebrar el décimo aniversario del blog. Y para ello os invito a todos/as a las III Conversaciones sobre apego y resiliencia infantil que tendrán lugar en San Sebastián, Gipuzkoa, el 6 y 7 de octubre de 2017 (justo el mes en el que se cumple el décimo aniversario) Ya celebramos otras dos ediciones (en marzo de 2013 y en noviembre de 2015) de las Conversaciones (pues surgió la necesidad de juntarnos y conocernos en persona todos/as los/as que nos citamos en el blog y sentimos la motivación de compartir unas jornadas de reflexión y conexión emocional), con gran éxito, tal y como se recoge en las encuestas de valoración. La gran mayoría deseabais repetir unas III Conversaciones, con lo cual ¡qué mejor momento que el año de nuestro aniversario! 

Rygaard estará con todos/as nosotros en Donosti el 6-7 octubre 2017
en las III Conversaciones apego y resiliencia infantil

Id reservando las fechas porque contaremos con cuatro ponentes de lujo que estarán por méritos propios y porque todos/as tienen un vínculo afectivo conmigo y con este blog -tiene sentido que estén-, y además porque atesoran conocimientos y dilatada experiencia en el ámbito que nos ocupa. Han confirmado su presencia y participación: Peter Niels Rygaard (autor del libro “El niño abandonado”), experto en trastorno reactivo del apego. Un referente para nosotros y como habéis podido leer anteriormente, un histórico de este blog. Dará dos ponencias. Estarán Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan, por su competencia profesional y por ser nuestros amigos, profesores y referentes, así como alma mater de este blog, que tomó como referencia para el título su libro “Los buenos tratos a la infancia”. Los buenos tratos son el denominador común de todos los artículos escritos. Y finalmente, last but not least, mi amigo y colega Rafael Benito, psiquiatra y psicoterapeuta infantil y de familia, experto en neurobiología del apego y del trauma, que me ha inspirado numerosos artículos del blog y con el que he aprendido muchísimo desde que le conozco, de todos los temas que nos apasionan y que aquí tratamos. Su participación es siempre de las más valoradas por todos/as vosotros/as.

Los cuatro ponentes versarán sobre temas actuales y novedosos en torno al apego, el trauma y la resiliencia. De momento no puedo deciros los títulos de sus participaciones, pero os aseguro que no vais a poder resistiros a venir a escucharles y compartir con ellos/as las jornadas. Porque os van a atrapar sus propuestas. Algunas de ellas muy punteras y vanguardistas. 

Además, contaremos con dos mesas redondas de experiencias: una de ellas sobre adopción, con sus protagonistas, y la otra sobre la posibilidad de hacer un proceso resiliente en menores egresados del sistema de protección, al cumplir los 18 años, también con sus protagonistas. Unas jornadas no tienen sentido si no damos participación y voz a las víctimas. 

Aún más: el viernes noche 6 de octubre, queremos celebrar una fiesta a la que podréis apuntaros todos/as los/as que vengáis a las jornadas. Siento la necesidad de ofrecernos un espacio y tiempo lúdicos y de fiesta para reunirnos y pasarlo bien todos/as los/as personas que compartimos el modelo del buen trato. Para desearnos lo mejor, divertirnos y conmemorar el aniversario. El disfrute y el placer son sistemas necesarios para un buen equilibrio emocional, así que los hemos incluido. Una fiesta con buenas viandas (estamos en Donosti, la ciudad de la gastronomía por excelencia, así que no puede faltar buena comida y bebida) y música en directo. La organizará de manera desinteresada y diseñará con mucho cariño para nosotros/as mi amiga y colega Cristina Herce (¡Gracias!)

Habrá dos inscripciones: una para la jornada y otra para la fiesta, diferenciadas. Vamos a ajustar los precios al máximo para que pueda apuntarse todo el que lo desee. Y el local donde celebraremos las jornadas será con cabida suficiente (espero) para que podáis acudir. Otros años nos hemos quedado cortos de espacio ¡y espero y deseo que esta vez no ocurra!. 

Las jornadas –ya lo sabéis los/as que participasteis en las anteriores- serán muy sentidas y habrá sorpresas. Sorpresas coherentes y con sentido, conforme a nuestra forma de entender las relaciones y el modelo del buen trato.

De momento, sólo reservaros la fecha en vuestra agenda. Publicaré con tiempo suficiente (aproximadamente en abril 2017) en el blog la información con el programa, lugar y modo de inscribirse, tanto a la jornada científica como a la fiesta. Estad atentos a www.buenostratos.com y también a mi página web www.joseluisgonzalo.com

Y habrá una sorpresa más para este 2017, pero esta la dejo para un poco más adelante, cuando esté perfilada.

Así que cerramos 2016 y arrancamos 2017 entusiasmados. Quiero despedirme de todos/as vosotros/as regalándoos este vídeo que me conmovió. Se titula "El perro y el monje" Creo que es útil para transmitir muchos conceptos y conocimientos difíciles de comunicar con las palabras. Y pienso que se le pueden dar muchas lecturas. Una de ellas puede ser una metáfora de que el mundo es posible -y seguirá siendo posible: el realismo de la esperanza- si nos dispensamos buenos tratos. Y es doloroso (vaya que sí, porque todos/as somos conscientes del daño que nos hacemos los seres humanos entre sí, con guerras cruentas y calamidades sin fin en muchos lugares del mundo, con los niños y niñas como víctimas más inocentes y vulnerables) y con consecuencias devastadoras, cuando nos dispensamos malos tratos. También me parece útil para ilustrar la rigidez, la intolerancia, el arrepentimiento, la reparación, la dificultad en regular la impulsividad, cómo conciliar intereses, la necesidad de ver al otro para que el mundo viva en armonía... Seguro que le sacáis mil utilidades. Se lo he puesto a niños/as cuando me han invitado a colegios a hablarles de los buenos tratos y ha servido mucho más que cualquier discurso. También me ha recordado la necesidad que tienen los niños/as de conectar con nosotros/as a través del juego (simbolizado en el perrito) y la negativa del adulto (rígido y metido en su mundo y pendiente siempre de “ocupaciones”) a responder a esa conexión emocional. Un buen vídeo, en cualquier caso, para que nos demos unos minutos para pensar.



¡Feliz Año Nuevo a todos/as!

Buenos tratos regresa el 2 de enero de 2017, como siempre, a las 9,30h, hora española.

lunes, 19 de diciembre de 2016

La adolescencia de los/as adoptados/as, un reto a las familias adoptivas, por Montse Lapastora Navarro, psicóloga clínica y psicoterapeuta.

Diez meses, diez firmas II

Invitada del mes de diciembre de 2016:

Montse Lapastora Navarro, psicóloga clínica.



Título del artículo: La adolescencia de los/as adoptados/as, un reto a las familias adoptivas


La cuarta firma invitada del curso (y última del año) corresponde a Montse Lapastora Navarro, psicóloga y psicoterapeuta infantil y adultos, consultora EMDR y especialista en trauma temprano y trastornos del apego, lleva más de veinte años dedicada al ámbito de la adopción. Experta en este campo, dirige un centro en Madrid llamado Psicoveritas, formado por varias especialistas, donde atienden integralmente y mediante diversas terapias, a los menores (y sus familias) afectados por el impacto que el trauma temprano tiene en el establecimiento del vínculo de apego y en el desarrollo. Ha publicado diversos artículos sobre el tema, y también es co-autora de un libro titulado “Niños adoptados”. Trabaja además como formadora de familias y profesionales. Pocas personas tienen la pasión y la excelencia profesional como metas en su vida. Montse es una de esas personas, siempre formándose y tratando de ofrecer a sus pacientes las terapias más innovadoras, situándose a la vanguardia. Cuando nos conocimos, me impresionó el amplio bagaje de conocimientos y experiencia que Montse atesora. Por todo ello, me ha parecido que debía de formar parte del elenco de profesionales que han participado como firma invitada en Buenos tratos. Y lo hace escribiendo sobre un tema que no se ha tratado en el blog, no al menos específicamente y dándole un lugar central: me refiero a la adolescencia y la adopción. Montse nos regala un artículo donde demuestra su competencia en el ámbito y además, nos ofrece unas cuantas orientaciones muy útiles para los menores adoptados y, en suma, para todos/as en la delicada etapa de la adolescencia. 


Montse Lapastora Navarro. Licenciada en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid. Psicóloga Especialista en Psicología Clínica. Experta en adopción. Clínico en EMDR (Eye Movement Desensitization and Reprocessing): Certificado Europeo de Clínico en EMDR (Practitioner in EMDR). Actualmente trabaja y dirige el centro de psicoterapia Psicoveritas, en Madrid. Forma parte del Servicio de Apoyo Postadoptivo a las Familias de la Comunidad de Madrid y participa en diferentes investigaciones sobre adopción.

Es en esta etapa donde la estructura psíquica se recoloca para dar paso a la identidad adulta. Uno de los retos más importantes a los que van a tener que enfrentarse todas las familias, es a la crisis de identidad por la que pasarán sus hijos, como todos los adolescentes cuando lleguen a esta etapa evolutiva, pero en la adolescencia adoptiva además deberán enfrentarse a algunos añadidos.

Este proceso de formación de la identidad es muy importante, y aunque aquí ya se ha hablado, voy a hacer un rápido repaso, para explicar cómo algunas características de los adolescentes adoptados se ven influenciadas por su historia adoptiva en la reconstrucción de su identidad y cómo sus padres pueden acompañarles en esa reconstrucción.

La identidad es como el muro que nos sostiene, y cada ladrillo representa partes de nuestra vida. En la base del muro está el primer año de vida, el más importante en nuestro desarrollo, y por encima estarían el segundo y tercer año, que si no son tan importantes, son fundamentales en la vida de todo ser humano. Estos tres años estarían constituidos por los ladrillos más sólidos que constituyen la base de la identidad futura de las personas y por encima de ella estarían todos los demás, que representan todas las experiencias, emociones, sensaciones, etc. por las que pasamos en la vida y que van conformando nuestra personalidad. En el muro encontraríamos las respuestas a las preguntas de ¿Quién soy?, ¿De dónde vengo? y ¿A dónde voy?

Imaginémonos por un momento la formación de la identidad de un niño adoptado. En ese muro hay muchas preguntas sin respuesta, ya hay muchos agujeros que van a hacer que su seguridad sea menos consistente. Dependiendo de sus circunstancias los ladrillos que le sustentan estarán dañados en un mayor o menor grado y esto repercutirá en su manera de constituir su personalidad, y como veremos más tarde, las características de la adolescencia se verán influenciadas por ellas. 

El reto de los padres va a consistir en ayudarles a reparar esos ladrillos dañados, es decir, en ayudarles a rellenar los agujeros vacíos que hay en el muro, o dicho de otra manera, en acompañarles en la búsqueda de sus orígenes que es algo que está intrínsecamente relacionado con la construcción y reconstrucción de la identidad y con el proceso de revelación.

A lo largo de su vida, el niño llegará a la adolescencia con un camino recorrido en la búsqueda de sus orígenes que a lo largo de las diferentes edades habrá expresado de diferentes maneras y en la que sus padres le habrán acompañado de distintas formas.

Y en ese camino de acompañamiento, los hijos van a necesitar el apoyo de los padres, tanto para cuando encuentre respuestas como para cuando no las encuentre y para ayudarle a expresar sus sentimientos de rabia, de tristeza o de cualquier otro tipo; porque está claro que no va encontrar respuestas a todas sus preguntas, pero si se siente comprendido por sus padres, siente que ellos aceptan y respetan sus emociones, no podrá rellenar un hueco con un dato determinado, pero parte de su vacío emocional puede verse reparado por ese sostén de sus padres.

Volviendo al muro, en la construcción de ese muro sus padres pueden estar a su lado poniendo cemento, ayudándole a reconstruir las partes dañadas para que ese muro quede reparado de la mejor forma posible. ¿Y cómo se hace esto? ¿Cuál es el cemento más adecuado para rellenar las grietas? 

Pues bien, mi experiencia me dice que el mejor cemento es la empatía que acompaña la transmisión de los orígenes. Doy por sentado que siempre se dice la verdad.

Con esto no me refiero al hecho de transmitir todos los datos que se tengan del pasado del hijo en el momento adecuado, que es muy importante, o a reflejar el sentimiento de tristeza o cualquier otro que el niño pueda manifestar ante algún dato o acontecimiento relacionado con su pasado, que también lo es, me refiero a la comprensión profunda de lo que significa para su hijo el deseo de saber sobre sus orígenes, de entender lo importante que es para él todo lo relacionado con su historia previa.

QUÉ RETOS DEBEN SUPERAR LOS PADRES 

Lo primero sería superar su historia de infertilidad. Si no lo han hecho, ante las dificultades no se sentirán auténticos padres, si han estado pensando, de manera inconsciente, que la auténtica vinculación es la biológica pueden enfrentarse a una situación de desencuentro con sus hijos. Si los padres no han resuelto sus duelos difícilmente podrán ayudar a su hijo a resolver los suyos.

Su temor a que les dejen si conocen a la familia biológica. Si este temor está subyacente no harán una transmisión ni comprensión empática de los orígenes.

Por otro lado si ante la separación normal y de reafirmación del adolescente los padres temen que les abandone, reaccionarán con distancia emocional y de esta manera confirmarán el temor al rechazo del hijo, este lo interpretará pensando “es verdad que mis padres no me quieren” y esto lo único que favorece es el desencuentro.

Los padres tienen que entender que el “saber” no significa sustituir, los únicos padres son ellos. Buscar los orígenes significa encontrar dentro, no salir fuera.

No todo depende de los padres. Cada persona es el resultado de lo bio + psico + social y en el caso de los niños adoptados podríamos especificar un poco más:


Carga genética + vida pre adoptiva + vida postadoptiva

Si hay desencuentro, hay alternativas. A veces es necesaria la separación, cuando la convivencia es imposible, para adquirir la distancia emocional suficiente que pueda permitir establecer los vínculos de una forma diferente.

Pero además de la búsqueda de orígenes, hay otras características adolescentes que también estarán determinadas por esos primeros meses o años preadoptivos y que si se enfrentan con una actitud empática se afrontarán y se resolverán mejor.

Voy a intentar hablar de los ladrillos dañados en la construcción de la identidad y las consecuencias en la adolescencia:

La genética 

Los cambios corporales, el adolescente no tiene referentes con los que compararse, no dispone de un espejo en el que pueda mirarse y esto le genera inseguridad y puede generarle dudas sobre la pertenencia familiar, sobre todo si es de otra etnia, ya que en esta etapa se acentúan los rasgos específicos de la raza. Esto puede hacer que el chaval se rechace, no olvidemos la importancia actual del culto al cuerpo y la necesidad del adolescente de ser igual al grupo de pertenencia de sus iguales. (Ejemplo, la estatura en latinoamericanos)

Los padres: Reforzar las características psicológicas e intereses parecidos entre padres e hijos y otros miembros familiares (sonríes como tu madre, eres tan alegre como tu abuelo)

Vuelve a pensar en su familia biológica, ¿cómo será?, ¿Cómo hubiera sido su vida con ellos? Le surgen temores de parecerse a ellos (drogas, prostitución). En esta etapa se preguntará con más fuerza por qué le abandonaron, se planteará qué había de malo en él para que sus padres le abandonaran y surgirán sentimientos de rabia y de tristeza y esto hará que en muchas ocasiones su comportamiento sea agresivo y alterado y su autoestima sufra un nuevo envite. 

En este momento buscará sus orígenes con más o menos intensidad. Es importante que los padres diferencien lo que es una búsqueda activa de la búsqueda psicológica, el adolescente no está buscando otros padres, ya tiene unos, lo que busca es integrar en él esas dos partes de sí mismo separadas, construir una identidad única. 

Aquí el adolescente tiene que elaborar un duelo añadido, el duelo por los padres biológicos.

Duelo por los padres biológicos

El adolescente adoptado tendrá que renunciar a esos padres biológicos que no ha conocido o que lo ha hecho parcialmente, y de los que guarda recuerdos incompletos o imágenes difusas y con los que ha fantaseado a lo largo de su vida. Freud habla de que todos, en un momento determinado de nuestra vida hemos fantaseado con esa otra familia imaginaria, con la familia ideal que nos hubiera gustado tener, pero en el adolescente adoptado esa “otra familia” existe en la realidad, es su familia biológica. 

Respecto a ella habrá generado fantasías positivas o negativas con las que habrá tratado de cubrir los huecos vacíos sobre sus orígenes y también habrá pretendido amortiguar el dolor de su abandono idealizando o descalificando a sus progenitores. 

Por eso es importante que a lo largo de toda la infancia, los padres respondan con la verdad a todas sus preguntas, para que la fantasía ocupe el menor espacio posible. Si se hace de esta forma, no sólo se facilita la elaboración y asimilación del abandono sino que los vínculos con los padres adoptivos se refuerzan y se propicia un reencuentro del adolescente con su familia una vez pasada la crisis. 

Si la revelación se ha teñido de silencios, mentiras o de medias verdades, las fantasías del adolescente sobre sus padres biológicos pueden tomar fuerza y al sentirse engañados por sus padres adoptivos pueden ir en busca de los biológicos, pero no como la fase final de una búsqueda de sí mismo sino como el desencuentro provocado por la pérdida de confianza en ellos. En algunas ocasiones es la falsa esperanza o la fantasía actuada de encontrar en “los otros” lo que no ha encontrado en los suyos.

Silencio adolescente

Es importante que los padres respeten sus sentimientos, que estén ahí para apoyarles, pero que si el adolescente desea mantenerse al margen es mejor dejarle. En este sentido habría que diferenciar varias actitudes, por un lado estaría el silencio del adolescente marcado por su deseo de intimidad, por otro está la falta de respuestas que encuentra ante sus dudas; en muchas los padres interpretan que, como el tema de la adopción es algo que ya han hablado muchas veces, su hijo ya lo tiene todo claro, piensan que sus dudas están resueltas, y no es así. Como hemos visto antes sus preguntas son mucho más profundas y su manera de preguntar es otra. El silencio también determinado por el temor a hacer daño a los padres manifestando interés por su familia biológica.

Céline Giraud, una mujer joven adoptada en Francia y nacida en Perú cuenta en su historia que ella tenía todo el apoyo de sus padres, pero que prefirió estar sola a la hora de buscar los interrogantes de su familia biológica, sentía que sus padres podían sentirse heridos y desplazados por su preocupación a pesar de su ofrecimiento de ayuda.

Cècile Fevrier, también cuenta que su madre la ofreció a los 12 años leer juntas los papeles de su adopción y que ella dijo que no, pero que cuando su madre salía por la puerta, esquilmaba con vehemencia todos los documentos relativos a su historia. Cècile refiere que lo hacía así para evitar dañarla.

Ambas mujeres se sintieron muy aliviadas cuando al final decidieron compartir con sus padres sus inquietudes respecto de sus familias biológicas.

Vemos que a pesar del ofrecimiento de sus padres, ambas mujeres tenían miedo de dañarles, a pesar de que ellos se habían ofrecido a estar a su lado. Quizá hasta que no se sintieron preparadas para compartir sus sentimientos, prefirieron estar solas y sus padres supieron comprenderlo y respetarlo, pero siempre les dejaron claro que estaban a su lado para cuando los necesitaran. Sus actitudes empáticas hicieron que sus hijas se apoyaran en ellos cuando estuvieron preparadas para enfrentarse a sus historias.

Otro duelo diferente al que se tienen que enfrentar los adolescentes de otra raza es al de renunciar a la intimidad de su condición de adoptados. También Cèline cuenta que cuando veían que sus padres eran blancos y ella morena, las preguntas no paraban, ya no era aclarar que era adoptada sino todo lo que venía después, ¿y tu verdadera madre?, ¿y tienes hermanos? Y eso era algo que ella no podía evitar y con lo que tenía que enfrentarse muy a menudo.

Abandono

El adolescente cuyo punto de partida son las carencias afectivas, no tiene los mismos recursos psicológicos de base para aguantar situaciones que para otros niños pueden ser menos complicadas.

Por muy pequeño que haya sido abandonado un bebé, la experiencia de abandono queda registrada en su psiquismo, esa sensación de vacío será evocada por múltiples situaciones sin que él mismo sepa qué le está pasando, y lo único que sienta es malestar, y eso le genera una inseguridad que muchas veces le hace conectar con ese vacío y lo que vemos es su forma de responder con agresividad y rabia. 

Pensemos en su poca resistencia a la frustración:

Por un lado cuando un bebé tiene hambre, llora, su madre le da el biberón y se calma. En la siguiente situación que tenga hambre ocurre lo mismo, y poco a poco, el bebé va incorporando a esa mamá dentro de sí y aprende a confiar en que su mamá (o figura referencial) le dará la comida, aprende a confiar en el otro y en sí mismo, aprende que esa sensación de incomodidad se convierte en bienestar y aunque se demore, aprende a esperar porque sabe que su mamá aparecerá y le calmará. Ese bebé adquirirá seguridad en sí mismo y en los demás, y así mismo aprenderá a postergar su deseo, a esperar la satisfacción de su necesidad. Pero a un niño al que no han calmado sus necesidades de forma adecuada, al que no han respondido a su llanto, no aprende a confiar, simplemente deja de llorar porque el llanto no es operativo, pero crecerá con una sensación continua de incertidumbre e inseguridad hacía sí mismo y hacía los demás. No tendrá la confianza de que su malestar se convierta en bienestar y ante la mínima dificultad sentirá ese vacío primario.

Todos nosotros disponemos de un almacén psicológico de recuerdos agradables que se activa ante múltiples circunstancias. Por ejemplo, cuando vamos andando y nos cruzamos con alguien cuyo olor nos recuerda a nuestra infancia o vemos una imagen que nos sugiere a alguien querido, ese almacén de recuerdos agradables se activa haciendo que asociemos el olor a la infancia y la imagen al ser querido. 

Pero en el psiquismo del bebé que ha sufrido carencias quedan grabadas muchas situaciones asociadas al vacío del abandono, al malestar, es como si el almacén del bebé estuviera ocupado principalmente por sensaciones desagradables que también se activan con facilidad y que el adolescente actúa en conductas externalizadas. Por ejemplo ante una mirada o un empujón sin intención puede reaccionar con violencia porque se activa la sensación de malestar, el temor al rechazo, al vacío, en definitiva se evocaría esa sensación primaria de abandono y la soledad.

Por otro lado, en la adolescencia se adoptan actitudes muy regresivas, muy infantiles.

Esta actitud infantil unida a ese vacío y déficit en el aprendizaje de postergar el deseo hacen que tengan muchas dificultades en manejar la resistencia a la frustración.

Muy relacionado con esta falta de cubrir sus necesidades básicas estarían las consecuencias derivadas de los problemas de un apego mal establecido que aparecen en los adolescentes como dificultad en manejar conceptos de espacio y tiempo, falta de autocontrol e impulsividad y dificultad en manejar y expresar sentimientos.

En esa falta de satisfacción de necesidades que veíamos antes, cuando la figura referencial no calma al bebé, éste genera un patrón de relación con su madre basado en sentimientos de angustia, odio, apego paradójico, abandono, etc que quedan instaurados en su psiquismo.

En el establecimiento del apego se asientan las bases de las futuras relaciones emocionales y al llegar a la adolescencia se da una regresión a estados emocionales tempranos de relación que es inevitable y necesaria, para poder transformar toda experiencia pasada en un nuevo concepto de sí.

Pero en el adolescente que tiene problemas de apego esta regresión se produce con mucha más intensidad y aquellos modelos de relación tempranos basados en la angustia, el odio y el temor se ponen de manifiesto repitiéndose con mucha más fuerza y se proyectan sobre los padres adoptivos, las emociones pasadas se superponen a las actuales y pueden provocar las características mencionadas más arriba. 

La agresividad

Es otra de las características de los adolescentes y debajo de ella puede haber varias explicaciones (con el abandono siempre de fondo)

Por un lado estaría el trastorno del apego como acabamos de ver, por otro lado puede haber una necesidad de reafirmar del vínculo parental. Además de la necesaria oposición parental para separarse de una forma sana, algunos adolescentes adoptados necesitan enfrentarse a sus padres para comprobar que les siguen queriendo, ahora que desde su plena comprensión cognitiva saben lo que significa el abandono, necesitan verificar que sus padres quieren seguir siéndolo, es como si pidieran que le adoptaran de nuevo.

En este punto si los padres han entendido los actos de autonomía del hijo como una forma de alejarse de ellos, y en su fuero interno han seguido considerando que la vinculación más fuerte y auténtica es la biológica, es probable que este sea un momento de desencuentro.

Si por el contrario, aguantan la embestida, reafirman el vínculo, están convencidos de que su vínculo es auténtico y no tienen miedo a que su hijo les abandone, este será un momento de crisis, duro pero pasajero con un reencuentro definitivo.

A veces cuando los niños que han sufrido maltrato, al llegar a la adolescencia, en este estado emocional en el que se les moviliza todo su mundo interno, se reactiva el dolor y las heridas abiertas, y puede darse una identificación con el agresor en la que sienten una atracción por todo lo que implique violencia (Juegos, videojuegos, películas). Y pueden unirse a otros adolescentes violentos (pandillas o bandas)

En estos casos son muy difíciles de controlar, casi todo falla. Hay riesgo de desencuentro.

Aquí también es importante la actitud empática de los padres, yo sé que es mucho más difícil ser empático con la agresividad que con la tristeza, pero debajo de tanta rabia muchas veces hay verdadero sufrimiento. Si se puede habría que intentar ayuda profesional.

Otra característica, consecuencia de las carencias físicas y afectivas es la inmadurez emocional. Al no haber pasado por todas las etapas evolutivas con normalidad, su desarrollo puede tener déficit en algunos niveles, en el madurativo, en el cognitivo y en consecuencia en el aprendizaje. No se le puede exigir a un adolescente que ha podido sufrir elementos teratótegos en el embarazo de la madre, que no ha sido bien alimentado, que no le han enseñado a querer y que no ha tenido una estimulación adecuada, que tenga el mismo desarrollo cognitivo que otro adolescente de su edad sin ningún tipo de carencia.

Probablemente el primero puede tener dificultades de concentración, atención y de rendimiento de lenguaje, etc.

Dificultades de relación

Problemas de autoestima.

CÓMO AYUDAR AL ADOLESCENTE

Desde el primer día decirle toda la verdad sobre su historia con empatía.

En esta etapa animarle a que exprese todas sus fantasías e intentar desmontarlas.

Validar y empatizar con sus sentimientos ambivalentes.

Adoptar una actitud de respeto y disponibilidad. 
Apoyar sin agobiar. Que su hijo sepa que usted está ahí para cuando le necesite.

Decirle abiertamente que le quiere, sin pudor, aunque le responda que es una cursi o un pesado siempre le gustará (y necesitará) oírlo.

Escucharle sin juzgar ni hacer suposiciones.

No diga nada que no pueda cumplir.
Intente compaginar afecto incondicional con firmeza.

Transmítale que por el amor que le tiene no le va a permitir conductas peligrosas.

A pesar de sus errores, trasmítale que confía en él y que confíe en usted. No es el momento de pedir agradecimiento ni del “te lo dije, te lo dije”

Refuerce cualquier logro por pequeño que sea.

No le recrimine continuamente por sus errores.

Enséñele a ver sus aspectos positivos y a aceptar los negativos.

Todo ello siempre aderezado con una buena dosis de empatía.

BIBLIOGRAFIA

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