lunes, 22 de abril de 2019

Hoy sale en preventa "Caminares", una mirada ilustrada para que niños y jóvenes comprendan el apego.


Diez meses, diez firmas IV

Profesional invitada en el mes de abril de 2019: 

Itziar Fernández Cortés

Psicóloga clínica

Título de su artículo: 
"Caminares, una mirada ilustrada para que niños y jóvenes comprendan el apego"





Para adquirirlo en preventa haz click aquí

Presentación

Es un auténtico placer, un gusto, que mi amiga, colega y profesora Maryorie Dantagnan y yo hayamos sido elegidos por Itziar Fernández Cortes para prologar este relato que ella ha ideado para que niños y jóvenes puedan aproximarse a la comprensión del apego de una manera vivencial -sin nombrarlo, pero poniendo palabras que describen y explican los diferentes estilos de apego- y que ha sido ilustrado maravillosamente por Zaida Escobar. Desde que conocimos su proyecto, que Itziar tuvo a bien compartir con nosotros, nos sentimos entusiasmados y valoramos la excelencia y la calidad de esta innovadora idea y de cómo ha sido capaz de plasmarla en un relato con sugestivas imágenes. Creemos que ha superado con nota el reto de acercar el apego y sus estilos a los más jóvenes.

Como solemos decir muchas veces en este blog, no andamos sobrados de materiales que acerquen la comprensión del apego a niños y jóvenes. Caminares viene a cumplir esta función psicoeducativa que muchos echamos de menos, ya que es útil para trabajar, de una manera adaptada a su nivel de desarrollo, algo que, explicado con palabras, puede resultar tedioso y, sobre todo, complicado de transmitir a las personas menores de edad, además de que prescindiríamos del componente sensorial visual, tan imaginativo e importante en la infancia. Los relatos ilustrados favorecen también ese acercamiento simbólico a temas que a veces son dolorosos de abordar, reduciendo las posibilidades de retraumatizar a quienes ya pueden estarlo por vivencias que afectaron de manera negativa al proceso del establecimiento del vínculo de apego. Me acuerdo que Boris Cyrulnik recomienda que las personas tengan acercamientos simbólicos (mediante la literatura, el cine, la música, el teatro...) a vivencias duras, como un modo más seguro y menos retraumatizante que con la palabra directa, pura y dura.

Es un honor que la firma invitada del mes sea la autora de la obra Caminares, Itziar Fernández Cortés, y que en el post de hoy nos presente la misma en primicia. Hoy comienza la preventa de Caminares, por eso os animo a que apoyéis esta iniciativa porque Maryorie Dantagnan y yo la consideramos de gran valor y utilidad en el acompañamiento educativo y terapéutico a niños, jóvenes y adultos. Con la presencia y la sensibilidad de un adulto, el relato de Caminares adquiere aún mayor potencial, pues puede constituirse en ese tercer elemento en el que apoyarse para psicoeducar al niño/a o joven y honrarle por su historia, de la que también forman parte, por supuesto, los vínculos que ha ido forjando a lo largo de su vida para convertirse en lo que hoy es.

Sólo nos queda a Maryorie Dantagnan y a mi felicitar a Itziar Fernández Cortés por este precioso relato, Caminares, y agradecerle su participación en el blog al escribir sobre el mismo. Enhorabuena, Itziar, ya formas parte del elenco de ilustres invitados e invitadas colaboradores/as de este blog. ¡Muchas gracias por hacer y construir Buenos tratos!.


Itziar Fernández Cortés. Psicóloga clínica y psicoterapeuta infantil experta en intervención en trauma y violencia de género. Desarrolla su labor profesional a nivel terapéutico con niños, niñas y adolescentes en el Servicio Insular de Atención Especializada para Víctimas de Violencia de Género de Tenerife. Colabora como investigadora especializada con Espirales Consultoría de Infancia, realizando estudios sobre protección a la infancia desde un enfoque de derechos. Autora de “La Casa del Mar el Calma” y coautora de “Diario Arcoíris”. Contacto: itxitas@hotmail.com.

Escribimos un post presentando en este blog "La casa del mar en calma"





"Caminares", una mirada ilustrada para que niños y jóvenes comprendan el apego. 

Aterrizar en el blog Buenos tratos de José Luis Gonzalo Marrodán y pretender hablar de apego es algo más que un riesgo, una temeridad. Sin embargo aquí estoy aceptando el reto con más miedo que vergüenza. 

Esta invitación es un viaje de ida y vuelta. Yo me aventuré a contactar con él para pedirle que me honrase con el prólogo de “Caminares”. Él se aventuró a invitarme a escribir en su blog para presentaros el mismo.

Este es uno de esos ejemplos en los que lanzarse a la aventura, a veces sale bien.

“Aquí estás, llegaste.
Los miembros de tu manada te enseñan a caminar.
Serán tus primeros espejos,
y aprenderás a mirarte a partir de la imagen que reflejan de ti”

A lo largo de todos estos años como terapeuta,y sobre todo, a partir de mi proceso terapéutico personal, he podido comprobar lo importante que es detenerse a mirar más allá del malestar que trae a las personas a consulta, puesto que lo que duele ahora es tan sólo el síntoma, la punta del iceberg que se sostiene en una masa de hielo interiorizado.



Esta masa de hielo es nuestra historia de vida: nuestras propias creencias, valores, mandatos culturales y experiencias vitales que generan emociones y patrones de comportamiento aprendidos y en ocasiones automatizados.

Nuestra tarea consiste en atender lo inmediato, reducir el malestar, pero no podemos dejar pasar la oportunidad que nos brinda la relación de intimidad y confianza que se establece en terapia para ir un poco más allá. Debemos aprovechar el momento de autocuidado que la persona se está regalando a sí misma cuando decide venir a vernos para acompañarla en su proceso reflexivo.

Rememorar su historia, traerla al presente, evocar recuerdos y personas significativas, sentir y comprender el impacto o la huella que todavía persiste al acercarnos a su niño o niña interior. Analizar con ella como todo esto ha influido en el desarrollo de su personalidad y ayudarla a entender que lo que fue adaptativo ayer, puede generar sufrimiento ahora. 

Todo ello nos permitirá comprender como hemos ido ajustando “la brújula que nos guía en el mundo de las relaciones interpersonales”. Sobre todo cuando esa brújula nos trae a terapia porque a veces nos confunde y otras, directamente, nos hace daño.

Si llegamos hasta aquí, nos toca hablar del apego. 

Nos toca hablar de Caminares.

En ocasiones, intentamos transmitir teorías explicativas para ayudar a las personas a comprender lo que les pasa. Para ello recurrimos a multitud de técnicas e instrumentos, en función de la formación y especialización de cada terapeuta. 

Una de estas técnicas son los cuentos, los relatos y las metáforas, que a través de un lenguaje simbólico permiten a la persona identificarse con las vivencias de sus protagonistas y externalizar el discurso, reduciendo las defensas y la tensión emocional. 

Nuestra intención es aproximar la teoría del apego a adolescentes y personas adultas de una forma amable, tierna y cercana. Invitando a la reflexión sobre qué aspectos del adulto o adulta que somos hoy están relacionados con las experiencias vividas con nuestras figuras de apego durante la infancia. 

Para ello, hemos tejido un puente entre la imagen y la palabra, entre la emoción y la cognición, poniendo a trabajar en equipo a ambos hemisferios cerebrales para integrar su mensaje. 

Caminares pretende ser una mirada que legitime, una narrativa que explique y nos ayude a comprender que todos y todas aprendimos a querer a partir de cómo nos sentimos queridos. 

Los vínculos afectivos van dejando huella y son la base sobre la que construimos nuestra historia de vida. Dependiendo del relato que podamos contarnos a nosotros y nosotras mismas, afrontaremos nuevas experiencias y relaciones, construiremos nuestra forma de ser y nuestra confianza en el mundo.

“En el mejor de los casos, pudiste sentir el abrazo de tu manada. 
Sin miedo, con calma y seguridad, encontraron el equilibrio entre protección y autonomía”

Sin embargo, la visión idealizada de los vínculos afectivos hace que pensemos que las personas que nos quieren nunca nos dañan, y nada más lejos de la realidad. Sólo tenemos que acercarnos a las cifras de maltrato infantil, abuso sexual o violencia de género. En estos casos, el entorno que debía ser protector se convierte en caos y confusión. 

“El miedo te invitaba a huir mientras que el amor te pedía aproximarte. 
Un enigma sin solución que brotaba con rabia”




Pero este daño también puede darse desde el mayor de los afectos, cuando padres y madres tienen integradas una serie de creencias acerca de cómo fueron educados en su niñez. Hablamos de los apegos inseguros que están tan integrados entre nuestros patrones de crianza y que han ido evolucionando culturalmente, llevándonos a los dos extremos del continuo “autonomía versus protección”.

“Resolviste tus dudas sin el consejo de tus mayores. 
Todo lo hace sola, siempre tan madura”

“Quisieron evitar tus tropiezos, sin saber que con sus consejos 
te hacían dudar de cada paso que dabas”

Los estilos de apego que aquí detallamos no son compartimentos estancos, de hecho, ni tan siquiera mencionamos sus nombres. Tampoco son estables y permanentes, aunque tengamos nuestra tendencia hacia alguno de ellos. Esto se debe a que, normalmente, no tenemos una persona única como referente afectivo en nuestra infancia, y a lo largo de nuestra vida nos vamos vinculando con personas distintas, en diferente grado de intimidad, que pueden ir moldeando nuestra experiencia afectiva y nuestra manera de relacionarnos en el futuro. 

Por ello, Caminares te invita a reflexionar sobre las huellas del apego para terminar proponiendo “un viaje de ida y vuelta a la niñez”. Tanto si quieres reflexionar sobre tu estilo a la hora de establecer relaciones afectivas como si quieres plantearte tu forma de ejercer la parentalidad, repensando tu propia crianza, puesto que una vez que le pones consciencia tienes la capacidad de modificar reacciones y actitudes interiorizadas.

“Porque somos manada y seguiremos vinculándonos toda la vida.
Porque somos y seremos referentes afectivos
para los niños y niñas que vienen detrás”




Todo esto y mucho más es lo que puedes encontrar en Caminares. Un libro ilustrado escrito por mí e ilustrado por Zaida Escobar (www.zaidaescobar.com) que pretende ser una herramienta terapéutica, una aproximación a la teoría del apego y  una excusa que te lleve al recuerdo de tu primera infancia desde el respeto, porque siempre lo hicieron lo mejor que pudieron.

En esta aventura han creído José Luis y Maryorie, que nos ponen su sello de calidad y calidez regalándonos un prólogo a modo de introducción teórica.  Como ellos mismos dicen “existen numerosos libros y revistas científicas que exponen la teoría del apego y su trascendencia para el ser humano. Sin embargo, existen pocos que la acerquen al gran público, que divulguen la misma y la hagan formar parte del acervo común” 

Solo nos faltaba conquistar a una editorial, y nos encontramos con El Hilo Ediciones (https://www.elhiloediciones.comsello editorial independiente especializado en la publicación de libros sobre ciencias humanas, especialmente psicología, pedagogía y crianza. Buscaban autoras arriesgadas, esas éramos nosotras. Aquí les tenemos apostando por un proyecto literario innovador.

Ahora solo nos queda esperar que llegue a tocar el corazón de gente como tú y te animes a conocerlo en persona, por lo que te invitamos a conseguir tu ejemplar en la preventa (disponible hasta el 1 de mayo de 2019), a encargarlo por internet, o a solicitarlo en tu librería más cercana:

lunes, 15 de abril de 2019

Entrevista a Gema Puig Esteve, de Addima (Asociación para el Desarrollo y Promoción de la Resiliencia), ponente en las IV Conversaciones sobre apego y resiliencia infantil, San Sebastián, 4 y 5 de octubre de 2019.

IV CONVERSACIONES SOBRE 

APEGO Y RESILIENCIA 

INFANTIL

SAN SEBASTIÁN, 4 y 5 DE OCTUBRE 2019


Damos a conocer a la quinta ponente que participará en las Conversaciones impartiendo una conferencia plenaria.

Mes a mes, iremos conociendo a todos/as los/as ponentes, mediante una entrevista.

El día 6 de mayo de 2019 se abrirá el plazo de inscripción.

Gema Puig Esteve


Es un honor presentaros a la quinta ponente que participará en las IV Conversaciones sobre apego y resiliencia infantil. Ya vamos desvelando a casi todos/as los profesionales que nos deleitarán en una edición más con los temas que tanto nos apasionan y nos ayudan en nuestro trabajo diario como marcos explicativos del comportamiento y desarrollo humano. En unas jornadas sobre apego y resiliencia, echaba a faltar desde hace tiempo (obviamente, no se puede invitar a todos/as los/as que uno desearía en una sola edición, así que vamos poco a poco) a una de las voces más autorizadas de nuestro país sobre resiliencia: Addima, la Asociación para el Desarrollo y Promoción de la Resiliencia, capitaneada por dos colegas y amigos: Gema Puig Esteve y José Luis Rubio Rabal. Les conoceréis por sus cursos sobre resiliencia y por sus excelentes publicaciones. En esta ocasión, ha sido posible que sus repletas agendas hagan un hueco y podamos disfrutar de la presencia entre nosotros de una de las dos voces representativas de Addima: Gema Puig Esteve. En las jornadas de Donostia nos hablará de la resiliencia aplicada a los equipos que trabajan con menores de edad, y en concreto de un tema fundamental: el autosaneado.

Aprovechando la visita que Gema Puig Esteve girará a Donostia, le he pedido una entrevista con el fin de que conozcamos mejor la labor de Addima y sepamos también sobre qué ejes versará la ponencia que ella impartirá en las IV Conversaciones. Elaboran las respuestas los dos como miembros de Addima y hace de portavoz Gemma Puig Esteve, quien estará en Donostia representando a la Asociación.

Les agradezco tanto a Gema como a José Luis que compartan generosamente su saber con todos/as nosotros/as sobre uno de los fenómenos más bellos que existen: la semilla resiliente que en todos/as puede brotar. Con muchas ganas de verle y escuchar a Gema en Donostia. 

El 6 de mayo se abrirán las inscripciones. ¡Ya falta cada vez menos!


1. Para las personas que no os conocen, presentaos en unas breves líneas. ¿Quiénes son Gemma Puig y José Luis Rubio?


Somos la cara visible de ADDIMA, sobre todo estos últimos años. Pero la esencia de ADDIMA se ha construido gracias a las aportaciones, reflexiones e ilusión de mucha gente que, sobre todo en los inicios, compartió una parte del trayecto con nosotras. Siempre nos ha movido el interés por dar a conocer lo que implica intervenir desde el paradigma de la resiliencia, y conectar entre sí a profesionales y proyectos que pueden aportarse mutuamente. 

Pareja artística que nos hemos nutrido el uno al otro hasta crear un estilo propio, una metodología particular. La magia surge cuando estamos los dos, porque nuestras formas de hacer y pensar son complementarias. En algunos momentos del trayecto hemos podido compartir con otras personas ilusión, cuestionamientos y propuestas. Y eso posibilita que ADDIMA sea un proyecto vivo. 

En lo personal, somos muy inquietos, en formación permanente, apasionados con las oportunidades de acompañar profesionales y equipos en ese redescubrimiento del potencial humano en aquellas personas con las que trabajan, incluso frente a situaciones tan dolorosas que nos resulta humanamente complicado no salir huyendo.

Cartel de una jornada sobre resiliencia organizada por Addima en Zaragoza.
Con una de las metáforas que mejor la definen creada por ellos, parafraseando a Arquímedes.

2. ¿Por qué decidisteis haceros psicólogos? 

Cada uno de nosotros hemos llegado de distinta manera y a distintos ritmos a la Psicología, pero a ambos nos ha ayudado a ordenar y estructurar nuestro conocimiento y nuestra experiencia. De hecho, seguimos estudiando mientras el cuerpo, la mente y el tiempo nos lo permiten. Lo que nos une es la búsqueda de explicaciones, el interés por conocer mejor lo que opera detrás de aquello que observamos en la práctica, y la inquietud por mejorar nuestras intervenciones. Algo que nos encanta es relacionar conocimientos dispares que acaban cobrando sentido al interpretarlos desde otro prisma. Cada uno aportamos un punto de vista y una experiencia distinta. Uno de nuestros lemas es “donde no llega tu neuronilla, llega la de tu amiguilla”. 

3. ¿Desde cuando os interesáis y dedicáis vuestra vida profesional al estudio y promoción de la resiliencia? 

En realidad al principio, hace uno quince años, era más una necesidad que un objetivo profesional. Descubrir que lo que intuíamos tenía nombre fue una revolución personal que tuvimos la suerte de poder compartir. El efecto contagio fue tan rápido, y lo que aportaba a los equipos era tan esperanzador, que nos fuimos autoformando para poder contar a otros profesionales nuestros hallazgos. Y así, poco a poco, nos descubrimos como “contagiadores de resiliencia”, casi sin planificarlo. Pero disfrutábamos tanto acompañando a quienes se acercaban en esa revisión y búsqueda de otra mirada que no podíamos dejar de hacerlo. Siempre como una parte extra, como un añadido a nuestros otros trabajos. Incluso después de constituirnos en cooperativa, hace tres años, el estudio y divulgación de la resiliencia sigue complementando el resto de nuestras ocupaciones profesionales.

4. Estarás, Gema, en San Sebastián en las IV Conversaciones... Estamos encantados y felices de tenerte con nosotros y de que Addima haya aceptado la invitación. El título de tu ponencia será: "Dame un punto de apoyo y moveré mi mundo. Autosaneado de los equipos que trabajan con menores". ¿Podéis hacer un resumen de lo que Gema vas a abordar? Tratad de que quien os lea se motive a ir a escucharte...

Llevamos ya unos años trabajando con equipos de profesionales que intervienen con menores, muchos de ellos en programas residenciales. Algo que comenzó siendo una demanda puntual frente a situaciones de desánimo, de pérdida de expectativas sobre las posibilidades de trabajar con diversos colectivos, ha ido conformándose paulatinamente como una oportunidad para acompañar a los equipos en la toma de conciencia de dos cuestiones que hemos visto fundamentales tanto en nuestra práctica profesional como en la suya:

La necesidad de implementar plantas de “reciclaje emocional” en los equipos, porque la tendencia es dejar que los residuos radiactivos que surgen en los contextos de alta emocionalidad en los que nos movemos se acumulen, sin recibir ningún tratamiento para su reciclaje, reutilización o eliminación. Hemos visto en equipos muy dispares que la gestión emocional no forma parte de sus recursos laborales, desaprovechando una de las herramientas más potentes y necesarias (al menos así lo hemos visto y sentido) en la intervención con personas que hacen tambalearse a nuestra lógica y a nuestras expectativas vinculares.

Por otra parte, hemos ido comprobando durante estos acompañamientos que en los equipos hay un desconocimiento e infrautilización de los recursos personales y del efecto multiplicador de ponerlo a disposición del equipo. Por eso acompañamos los procesos individuales y los grupales, partiendo de la toma de conciencia de sus potencialidades y de sus modelos de relación.

"Manual de resiliencia aplicada"
Todo lo que necesitamos aprender sobre resiliencia
en un didáctico libro de Gema y José Luis.

5. Tempus fugit es el lema del congreso. Con ello queremos aludir a que el neurodesarrollo no espera y que un niño necesita los nutrientes físicos y afectivos necesarios para un pleno desarrollo físico y psicológico. ¿Creéis que existe una verdadera concienciación social sobre estos periodos sensibles del desarrollo o por el contrario aún estamos muy lejos de darnos cuenta de ello y actuar en consecuencia y protegiendo al niño? 

Afortunadamente está habiendo una producción muy interesante y un gran empeño por trasladar los avances de la neurociencia a la tarea de quienes trabajamos con personas desde el plano educativo y terapéutico. Esto está revolucionando la manera de afrontar esta etapa tan plástica. Centrándonos en los profesionales con los que trabajamos, en nuestros contextos vemos que está cada vez más clara esa necesidad de protección que tú planteas. Pero también que resulta costoso traducir ese conocimiento en prácticas que garanticen un vínculo segurizante. Y muchas veces, como contaremos en las jornadas, el motivo es que no se explicita nuestra vinculación como herramienta de trabajo. Nosotros hablamos de conexión reparadora, en el sentido de que nuestra cognición social es una de las funciones cognitivas más desconocidas pero a la vez más útiles cuando acompañamos a personas que están siendo desafiadas, más aún cuando hablamos de niños y niñas.

6. ¿Cómo definiríais la resiliencia? Compartirnos una metáfora que en una imagen exprese lo que es. 

Pues hay muchas metáforas muy visuales que hemos ido escuchando en distintos escenarios desde que descubrimos por primera en Argentina de la mano de Néstor Suárez Ojeda, hace veinte años: la perla de la ostra, el ave fénix que resurge de las cenizas, el muñeco tentetieso... Todas ellas facilitan enormemente la comprensión del fenómeno.

A nosotros, quizá porque es algo que vemos todos los años, nos sirve mucho lo que observamos tras pasar el duro invierno en nuestros balcones. Pasamos meses viendo macetas aparentemente vacías, con la tierra reseca, que, aun siendo personas optimistas, apartamos a un lado pensando que en ellas ya no hay vida… hasta que una mañana, si no la has dado del todo por perdida y sigues confiando en que es posible, descubres que hay un brotecito, minúsculo, pero vivo. Y a partir de ahí surge una nueva planta, que aún pareciéndose a la del año anterior en esencia, no podemos decir que sea exactamente la misma planta… ha resurgido y se ha transformado. 

7. ¿Es posible que un niño traumatizado se proyecte hacia el futuro de una manera sana y constructiva y haga un proceso resiliente?

8. Un tutor de resiliencia puede marcar un antes y un después en la vida de un niño o un joven traumatizado. Si es así, ¿cómo podemos potenciarlo? ¿Qué podemos hacer?

Vamos a contestar estas dos preguntas en una, porque nos ayudará a clarificar alguno de nuestros planteamientos. En cuanto a la posibilidad de que un niño o niña que sienta esa agonía psíquica que nos hace “sentirlo” traumatizado haga un proceso resiliente, la experiencia, y las investigaciones avalan que es posible. Además, desde nuestro punto de vista, es precisamente esa proyección constructiva hacia el futuro la que nos da la pista de que ya está trascendiendo el dolor, y está comenzando a transformarlo. Entendemos que la posibilidad existe de manera connatural a nuestra esencia, pero ni los tiempos ni las manifestaciones son la mayor parte de las veces similares a las que esperaríamos quienes les acompañamos. Y el hecho de que no suceda lo que consideramos que tiene que suceder y además no sea en el breve instante de tiempo en el que nuestros caminos confluyen, nos lleva a pensar que no es algo posible. Como una autocrítica a nosotros mismos, solemos recordarnos que, aunque nos cueste reconocerlo, “hay vida más allá de nuestro recurso”. 

Y aquí es donde vemos fundamental rescatar la figura del tutor o tutora implícita de resiliencia, que posiblemente al tratarse de un encuentro casual, por no conocer esa condición de persona traumatizada, la ve como alguien con posibilidad de crear futuros que, a priori, son tan posibles como las de cualquier otra persona. Y es que el tutor o tutora implícita ve el futuro donde otras personas ven la agonía, porque no ve la barrera, porque le trata con dignidad, de igual a igual, de ser humano capaz a ser humano capaz.

Esto posibilita otra lectura sin un final conocido o predeterminado. Ni sabe de que va la película, ni tiene claro el final. Porque a veces, cuando conocemos los detalles, el daño, el dolor se inscriben en el imaginario, y si es compartido se colectiviza la identidad de esa persona como traumatizada.

Por otra parte, podemos hablar de personas que de manera explícita están disponibles y son capaces de generar un campo de seguridad, un vínculo, donde la otra persona comienza a volver a creer en ella misma, lo que le permite volver a la vida a partir de sus cenizas. Estos serían los tutores y tutoras explícitos de resiliencia. Y aquí encontramos a muchas personas que por su rol profesional están en primera línea y de manera consciente ejercen esa disponibilidad.

Bello libro de Gema y José Luis en el que
aprendes, emocionándote, sobre la tutorización de resiliencia.

9. ¿Qué no es la resiliencia para vosotros? ¿Corremos el riesgo de utilizar mal el concepto?

En las formaciones que impartimos comprobamos que existen distintas maneras de concebir la resiliencia (como rasgo, estrategia, proceso, paradigma). También que hay un conocimiento previo sobre la experiencia del ser humano de trascender la adversidad, aunque en muchas ocasiones no se le ha puesto nombre. Y encontramos lo que nosotros llamamos “superhéroes de barrio”, personas anónimas que constatan ese proceso de resiliencia.

Pero lo que más encontramos son planteamientos que toman una parte como el todo, y ahí es donde, a nuestro entender, se corre el riesgo de vanalizarlo. Por ejemplo, se asemejar la resiliencia al pensamiento positivo, defender que uno será resiliente si cumple unas indicaciones dadas, o plantear que “ser resiliente” es sinónimo de ser sano. Si algo hemos aprendido es que no se trata de defender posturas como verdades absolutas. Todas estas posturas son rescatables, pero insistimos, como parte de un todo. Por eso invitamos a quienes ponen el foco al hablar de resiliencia en un aspecto concreto, a dar un paso atrás para poder ver la escena completa, (hay un antes, un durante y un después de esa situación (adversidad) que ha generado la agonía psíquica en esa persona) y contemplar cual es el desafío, cuáles son los recursos de la persona y del entorno, cuál es el proceso y cuál es la transformación para poder contemplar la resiliencia en todo su explendor. 

10. ¿Qué habéis aprendido en todos estos años en los que venís trabajando y formando a equipos profesionales desde el modelo de la resiliencia?

Uno de nuestros principales aprendizajes es que hay aspectos esencialmente humanos, como la resiliencia, que están por encima de las disciplinas. De hecho, cuando conformamos ADDIMA no nos unía una formación académica, sino un interés por el ser humano y su posibilidad de trascender el sufrimiento, transformarse y transformar. También que nuestras experiencias y conocimientos, aparentemente poco relacionados con la resiliencia, eran un potencial que facilita nuestra autenticidad y coherencia entre lo que contamos y lo que hacemos. Somos especialmente insistentes (incluso pesadas) en este punto, pero sabemos por experiencia propia que la mirada de la resiliencia te implica y te cuestiona, y fieles a este planteamiento hacemos que nuestras formaciones contribuyan a generar esas pequeñas crisis que tanto enriquecen la práctica profesional , al ampliar el prisma para buscar posibles respuestas a los “casos contra pronóstico”.

11. ¿Vuestra cita favorita? 

“Mamá ¿quién conduce el tren de Hogwarts?” (el expreso que llevaba a Harry Potter a su escuela de magia). En realidad no es una cita, es una pregunta de hace unas semanas de uno de nuestros hijos. Pero resume lo que queremos que siga siendo ADDIMA: una oportunidad para cuestionarnos, para buscar otros caminos, para intercambiar esperanza realista, para promover buenas prácticas 

12. ¿Queréis compartirnos un momento clave de vuestra vida en términos resilientes?

La verdad es que, frente a toda la gente a la que hemos acompañado tanto profesional como personalmente, nuestras vidas no son nada extraordinarias. Claro que ambos hemos tenido experiencias dolorosas y momentos en los que, como decimos nosotros, el suelo tiembla bajo tus pies. Pero son parte de nuestra condición humana, y nos han hecho ser quienes somos. Eso si, ambos constatamos que en esos momentos hubo “un otro”, una persona que creyó en nosotros y nos ayudó a volver a la vida.

lunes, 8 de abril de 2019

La postura mentalizadora (2)

Continúo con la segunda parte de este tema que ha captado vuestra atención, a tenor del alto número de visitas que hemos tenido en el blog. Me alegro mucho de que os sea de interés y ayuda en vuestro trabajo y labor de crianza y acompañamiento a niños/as y adolescentes.

Todos/as sabemos las dificultades que presentan los niños/as y adolescentes que tienen historias de apego inseguro y trauma complejo. Cuando el yo se desorganiza, las cosas se complican aún más, porque se corta la capacidad de mentalizar (ceguera mental) o se produce una hipermentalización, tal y como nos expuso Norka Malberg en el seminario que nos impartió en Vilanova i la Geltrú a los profesionales de la red apega. Para entender mejor este post, recomendamos leer la primera parte.

La confianza epistémica, concepto propuesto por Fonagy (2019) para designar “la capacidad de un individuo para considerar un nuevo conocimiento proveniente de otra persona de forma confiable, generalizable y relevante para el self” se desarrolla durante los primeros años de vida. Depende de haber desarrollado un apego seguro, con lo cual muchas de las personas menores de edad con las que tratamos y/o trabajamos lo tienen muy complicado porque hacia nosotros/as, acogedores, educadores, padres y madres, profesionales, condicionados por sus duras historias de vida de maltrato, no tienen desarrollado precisamente eso: considerar con confianza el conocimiento y propuestas que vengan del otro.

Cómo desarrollamos la postura mentalizadora

En este post nos centramos en la consecución de este difícil, pero no imposible objetivo: trabajarnos la confianza epistémica con el niño/a o adolescente con el que estamos involucrados en una relación de apego. 

Como personas debemos saber que nuestro estado interno cuenta mucho. Si nos sentimos con alta excitación, tensos y pensando en nuestras exigencias al niño o joven, si estamos cansados, agotados y tenemos expectativas poco realistas con respecto a la persona de edad con la que convivimos, será muy complicado mentalizar con el mismo. Tenemos que focalizarnos en el niño o joven, y como dice Norka Malberg (2018), “mentalizar con su teoría de la mente”



La ceguera mental y la hipermentalización, en los extremos,
son dos posturas no mentalizadoras

¿Cómo? Norka Malberg (2018) nos lo dijo en la formación de Vilanova i la Geltrú:


1. Preguntar y no saber. ¿Os acordáis del más famoso teniente de policía de Los Ángeles, Colombo? ¿Aquella serie que comenzó en el año 1970 y terminó de rodarse en el año 2003, con emisiones esporádicas a partir de 1988? Este es el mejor ejemplo que podemos seguir de lo que es preguntar y no saber. Bueno, Colombo sí "sabía" (atención a las comillas) quién era el asesino desde el principio, esa era la dinámica de la serie. Pero tenía que hacerse el sueco delante del delincuente, para obtener pruebas que pudieran detenerlo y llevarlo al juez. Para eso se “hacia el tonto” y preguntaba como si no supiera (es verdad que a veces no sabía, pues se enfrentaba a hombres y mujeres muy inteligentes también; otras veces intuía, y en otras sabía y quería indagar más para obtener pruebas que pudieran avalar su detención) Es mítico ya verle “hacerse amigo” del asesino/a y tener diálogos mentalizadores con él/ella, jugando ambos a como si se metieran en la mente del posible perpetrador/a, adoptando Colombo una actitud de no saber (o aparentar no saber): Le decía al asesino en un capítulo: “Quizá pueda usted ayudarme. Estoy hecho un lío. ¿Cómo es posible que la víctima se desvistiera y cogiese un camisón del armario teniendo uno debajo de la almohada? ¿Por qué no usó el de debajo de la almohada? Francamente, no le veo la lógica. Son cabos sueltos que necesito cerrar antes de hacer el informe, seguro que no tienen importancia, pero necesito aclararlos” "¿¡No pensará que yo mate a mi mujer, teniente?!" - Respondía el asesino. "Noooo, ni mucho menos, no, usted estaba en ese momento tomando una copa en un bar, ¿no? Fue eso lo que me dijo, ¿no?"

Es verdad que Colombo llegaba a agobiar al asesino/a y este, en muchos capítulos, cuando veía que ya iba por él/ella y lo inteligente que era, intentaba, sin éxito, eludirle (el teniente es muy perseverante) o trataba con sus influencias, de quitarle del caso. 

Nosotros no buscamos agobiar, pues estamos en otro marco relacional. Traigo a Colombo como metáfora que nos ilustra el preguntar y no saber, y esa actitud curiosa y no amenazante. En algunos episodios el criminal hasta alababa su inteligencia y maneras de investigar, e incluso Colombo sentía cierta empatía hacia él de tanto que le había mentalizado y la cantidad de tiempo dedicado al mismo, entrando en su vida y motivos para matar.




Con los niños/as adolescentes, nuestra postura debe ser esa cuando trabajemos cualquier cuestión u objetivo, adoptar esa actitud, como si no supiéramos, pues eso baja las defensas, relaja a la persona y le invita a mostrar curiosidad y aprender y mostrar apertura. Es posible que el niño/a o joven se vuelvan menos rígidos. Seamos un poco Colombo con ellos/as.

2. Curiosidad genuina. Colombo también, si veis alguno de sus episodios, muestra esa curiosidad y sorpresa en sus investigaciones criminales. No sabemos si es una pose o es genuina cien por cien. Pero la curiosidad es patrimonio de los adultos mentalizadores. Ese fascinarse y mostrar un gesto como quien abre la puerta de un cuarto que encierra muchos misterios, es la actitud que debemos mostrar.

Un joven nos cuenta que sintió mucha ansiedad cuando montó en un autobús, que tuvo como un ataque. Le podríamos decir algo así como: “Siento que hayas tenido un ataque de ansiedad. Aunque es desagradable, yo creo que debemos abrirle la puerta e indagar los dos, colaborando, para aprender más sobre ello. Tienes todo mi apoyo.  ¿Qué te parece?"

3. Adulto interesado, bien dispuesto, involucrado de manera recíproca. Creo que tenemos que olvidarnos del esquema del psicoanálisis clásico que tanto nos ha condicionado como interpretadores y analistas, así como de su antagonista, el conductismo, lo contrario a mentalizar, pues de lo que se trata no es de cambiar las contingencias de reforzamiento de una persona de edad (premiar, castigar, quitar estímulos…) o, si contemplamos la vertiente cognitiva, que sea consciente de sus pensamientos desadaptativos y los sustituya por otros, como si fuéramos robots.

El involucramiento debe ser recíproco, dentro de una relación donde hay un vínculo, donde ambos, niño/a o adolescente y profesional colaboran para llegar a conclusiones, decisiones, acuerdos, planes... de tal modo que lo aportado por la persona menor de edad no es menos relevante que lo aportado por el adulto.

Bien dispuesto significa que la actitud es positiva, colaboradora, genuina, paciente, reguladora del niño/a o joven, contenedora, con aceptación fundamental de su persona, como dice Maryorie Dantagnan. El adulto acepta al niño/a o joven, siente afecto genuino hacia él o ella y este/a siente que existe un interés y un deseo personales en verle crecer, avanzar, superar sus dificultades y alcanzar su bienestar. Partimos de la idea de que un niño/a o joven tiene “sus buenas razones” (Maryorie Dantagnan) para comportarse del modo en el que lo hace, y el adulto le ayuda a descubrirlo desde la colaboración. Y si esta se rompe por cualquier motivo, el profesional es capaz de encontrar un modo de restaurar la conexión emocional con el chico o chica. 

4. Genuino, receptivo, empático. Estas cualidades han salido muchas veces a lo largo de la historia de este blog, expuestas por mi y por numerosos autores que han colaborado con el mismo. Ser genuino es muy importante. Si tenemos yoes falsos, impostados, no nos mostramos como somos verdaderamente, será muy difícil que lleguemos a conectar con ese chico o chica. Y si no hay conexión, no hay posibilidades de trabajar con el paradigma de la mentalización, pues conectar con ellos/as es la puerta de entrada a que confíen en nosotros y permitan que su mente no sea tan opaca. Los niños/as y jóvenes saben "oler" quién es auténtico y quién no.

La receptividad empática, concepto que se lo he escuchado a Pat Ogden (2016), me parece fundamental en una relación que quiera ser reparadora del vínculo de apego temprano. Lo primero que debemos de mostrar con los niños/as o jóvenes, es ese abrirse a lo que intuimos que pueden estar sintiendo en toda experiencia (para reflejar el afecto marcado, que es lo que nadie hizo con ellos cuando eran bebés), con empatía, haciéndoles notar que sentimos que lo sienten. Si un paciente, por ejemplo, se enfada porque siente que no le estoy atendiendo bien o estoy emocionalmente ausente de lo que me cuenta, debo mostrar receptividad empática y mostrarle que lo siento, validar siempre su experiencia interna. 

5. Reducir los niveles de excitación. Una de las cosas más frecuentes que pasan en la parentalidad adoptiva (que es la que más trabajo últimamente) es la entrada en escalada con el chico o chica por una discrepancia, una norma que no se obedece, una mentira, una transgresión hecha… Los niveles de excitación aumentan, normalmente (aunque no siempre) empieza el joven a perder la calma si se siente muy confrontado. El adulto al ver que el chico o chica se pone “gallito”, a su vez se altera más… Ya no hay regulación, aumenta la entrada en escalada, comienza a activarse el sistema nervioso simpático: gritos, malas formas, insultos… se desconectó el adulto de la mentalización transitoriamente, y el joven por supuesto que también... 

Este tipo de padres/madres que conservan capacidad mentalizadora te dicen: “Me descontrolé, no debería haber ocurrido, pero perdí la calma. Llevo una mala temporada, cansado, agotado… sé que no es excusa. Quiero que me ayudes a mí a mantener la calma porque si lo consigo, si consigo conectar con lo que le pasa a mi hijo y tener un diálogo colaborativo, puedo entrar en él, comprenderle y llevarnos mejor”

Padres/madres conscientes que pueden corregir su rumbo y relación y llegar a ser suficientemente buenos y suficientemente mentalizadores. Eso es lo que necesitan los chicos y chicas. Eso es lo que buscamos.

La excitación es enemiga de la mentalización. Lo primero de todo es aprender a mentalizarnos a nosotros mismos y observar qué nos hace perder el control, qué nos gatilla y cómo regular lo que sentimos. 

6. Poner atención a las comunicaciones no verbales. Hace poco en un artículo de El País nos contaban que la mayoría de los mensajes que los jóvenes nos lanzan lo hacen mediante el lenguaje no verbal. Es muy importante saber leer estas comunicaciones y mantener un diálogo a este nivel, haciendo notar al chico o chica que nos damos cuenta y estamos ahí. Por ejemplo si vemos que un chico o chica tiene un gesto triste, con respeto podemos decirle: "Me dices que todo va bien; sin embargo, quizá me equivoque, veo que tu cara parece triste, ¿acierto o no?"

Pienso que para fomentar un trabajo en la línea de generar confianza epistémica y poder entrar en la mente de un chico o chica y que este/a nos abra sus puertas, tiene que ser a base de no resultar amenazador, esto es, ser capaces de generar una neurocepción segura, una sensación corporal que facilite abrir las compuertas mentales y permitir que alguien entre dentro del fortín de mi mente. Porque si los niños/as o jóvenes quieren, no nos dicen nada. Ellos/as ganan, son los dueños de su mente. A la fuerza, a la brava, por las malas… no conseguiremos nada. Acordaos de Colombo y su paciencia y su manera tan graciosa (empezando por su ropa) de entrar a un criminal y que éste piense “es un pobre diablo, este no me coge para nada, si es un despistado que no sabe ni donde tiene el boli…”

7. Aquí y ahora. El trauma es lo más contrario a una experiencia de aquí y ahora. Por eso las intervenciones mentalizadoras se interesan, indagan e inquieren sobre la comprensión de la mente, de lo que hay dentro de ésta, centrándonos en lo que se piensa, siente, imagina uno/a ahora, aunque estemos trabajando un recuerdo de un acontecimiento pasado. En ese sentido, es como EMDR que cuando tratamos de desensibilizar y reprocesar un recuerdo, al pedirle al paciente que lo evoque, le pedimos nos diga qué piensa o siente ahora y en la consulta, sobre el incidente.

8. Auto-revelación juiciosa. Nuestras revelaciones sobre lo que ocurre entre los dos, chico/a y profesional, son bien hechas, previstas y juiciosamente planteadas. Desde el marco de la mentalización, la persona menor de edad y el adulto hacen equipo y no dan nada por sentado, la actitud es investigadora, tratar de averiguar y comprender los estados mentales, con esa curiosidad que fomenta la apertura, ambos involucrados en una relación que genera confianza. El profesional interviene sobre todo cuando el proceso mentalizador se ve afectado. Una de las intervenciones pueden ser las auto-revelaciones, que ayudan a darse cuenta de lo que se puede estar experimentando por dentro y/o lo que ocurre entre los dos, profesional y chico/a.

Indicadores de una postura no mentalizadora

Norka Malberg
Norka Malberg (2018) nos dice cuáles son los indicadores de una postura no mentalizadora, justos los contrarios a los que hemos descrito:

Esforzarte por ser inteligente. 

Ofrecer explicaciones complicadas. ¡Qué rápido desconectan los chicos/as! ¿Os ha pasado? 

Intentar una respuesta autoritaria cuando no sabes. “Esto es así. No me lo niegues. Tú fuiste quien cogiste el dinero del bolso, yo te vi” 

Asumes que sabes lo que el otro está pensando. Como muchos chicos y chicas te cuentan de sus experiencias con psicólogos/as muy interpretadores: “Este dibujo significa que estás triste” -dice la psicóloga. “No, no es así, no lo estoy” - le responde un joven. “Aquella psicóloga me tocaba los cojones con sus intepretaciones” – Así lo contaba ese joven. Aquí el adulto asume que él es el que sabe, y como vemos no funciona sino que perjudica.

Ser rígido en tu forma de pensar. Un padre me dijo un día: “Una cosa te voy a decir y esto es así. El que diga lo contrario, miente” Os podéis imaginar los problemas que tenían a nivel familiar… Con una actitud rígida no se va a ningún lado. 

Centrarse en los comportamientos y acciones en lugar de los estados intencionales que subyacen a esos comportamientos. “¿Qué le pasará a mi hijo/a para comportarse, reaccionar, responder, actuar… del modo en que lo hizo? ¿Qué sentirá? ¿Pensará?" Y tratar de acercaros a ellos/as de una manera amable, cordial, respetando sus tiempos y su opacidad (a veces no quieren contar y hay que dejarles, ya vendrán si ven que hay confianza), curiosa, genuina, aquí y ahora, receptiva empáticamente y… con paciencia y perseverancia, nuestro mantra. 

Espero que os haya sido útil e interesante, espero mentalizaros bien y averiguar que sí, que os ha aportado. Eso es lo que me gustaría que vuestras mentes pensaran. 

Zaindu / Cuidaros

REFERENCIAS

Fonagy, P. (2019) Apuntes personales de la ponencia presentada en las Jornadas de Protección a la Infancia y la adolescencia de la Fundación Xilema: Confianza y apego epistémico: una nueva mirada a los procesos terapéutico en el trastorno de personalidad. Pamplona.

Malberg, N. (2018) Apuntes personales del seminario impartido en las II Jornadas de profesionales de la Red Apega . Vilanova i la Geltrú. 

Ogden, P. y Fisher, J. (2016) Psicoterapia sensoriomotriz. Intervenciones para el trauma y el apego. Bilbao: Desclée de Brouwer.

lunes, 25 de marzo de 2019

"Autolesiones, las cicatrices del trauma", por Ana Isabel García Arpa, psicóloga y traumaterapeuta.

Diez meses, diez firmas IV

Profesional invitada en el mes de marzo de 2019: 

Ana Isabel García Arpa

Psicóloga y Traumaterapeuta de IFIV

Título de su artículo: 
"Autolesiones, las cicatrices del trauma"

Presentación

No he coincidido apenas con Ana Isabel García Arpa, nos hemos conocido en el marco del Postgrado de Traumaterapia Infanto-juvenil sistémica de Barudy y Dantagnan, en Barcelona. Sin embargo, como dice Cyrulnik, "un encuentro puede ser significativo". Vaya que sí. Es motivo de orgullo que las nuevas generaciones de traumaterapeutas pertenecientes a la Red Apega de profesionales colaboren con el blog mostrando y compartiendo su saber y conocimientos y que, además, brillen, como lo hace Ana Isabel con este magnífico trabajo. Me llena de satisfacción su generosidad al entregar sin pedir nada a cambio su esfuerzo intelectual para elaborar este excelente artículo con el fin de que todos/as (padres, madres, familias, profesionales...) aprendamos sobre las autolesiones, un tema que nunca se había abordado desde este blog y que era necesario tocar porque es un fenómeno que ha aumentado e indica la gravedad del estado psicológico en el que se encuentran cada vez más jóvenes. En el contexto de unos mails que nos intercambiamos con motivo de una investigación que junto con IFIV Ana Isabel García va a emprender sobre la eficacia científica de la traumaterapia, surgió la posibilidad de que ella escribiera sobre este preocupante tema. Dicho y hecho. Muchísimas gracias de todo corazón, Ana Isabel García, por participar desinteresadamente, por hacer y construir Buenos tratos. Ya formas parte del ilustre elenco de colaboradores y colaboradoras (la nómina aumenta mes a mes y año a año) contribuyendo con este completo, riguroso, emotivo y a la vez clínico artículo. 


Ana Isabel Garcia Arpa. Viví mi infancia en un pequeño pueblecito de la provincia de Valladolid, libre como un pajarito y ágil como una rana. Me encantaba ir en bici y esconderme en unas eras, mi campo de juego era todo el pueblo. Sin embargo, un día ese pueblo se le quedó pequeño a mi mente y me marché a estudiar psicología. Desde el primer día que entré por la puerta de la facultad de Salamanca supe que yo quería trabajar con niños y me enfoqué en ello.

Desde hace 5 años vivo y trabajo en Barcelona. En mi trayectoria profesional he trabajado en diferentes centros educativos y de la salud, interviniendo a nivel individual, con niños y adolescentes, jóvenes y personas en situación de violencia y a nivel familiar, asesorando a padres y promoviendo una parentalidad positiva. He colaborado con el Hospital Sant Joan de Déu. Gestiono e imparto talleres de prevención para niños, padres y profesores y soy formadora del proyecto “Eduquem en Familia” de la Diputación de Barcelona. Actualmente trabajo a nivel privado y me encargo del área de infanto-juvenil en el centro Psicoemocionat en Barcelona. 



Además de la clínica, disfruto mucho con la investigación y en 2014 llevé a cabo un proyecto sobre violencia en el noviazgo a través de las nuevas tecnologías.



Por casualidad, como todas las cosas buenas de mi vida, descubrí a Jorge y Maryorie hace dos años, comencé la formación en Traumaterapia y desde el primer día supe que aquel era mi lugar. Tanto la formación como mis compañeras han hecho que pueda comprender el mundo desde los ojos de los niños traumatizados. Del mismo modo, he integrado en mi vida tanto profesional como personalmente el paradigma de los buenos tratos, y allí donde voy trato de difundirlo. Estaré eternamente agradecida a la Red Apega por este regalo.

Autolesiones, las cicatrices del trauma

Se retrasa unos minutos, siempre necesarios para que me dé tiempo a pensar si hoy habrá podido salir de la cama. Llega a mi consulta, su estilo es moderno y jovial.

Viene tapada por un sin fin de capas de ropa que van desapareciendo poco a poco a lo largo de la sesión. Me hace pensar si ese movimiento realmente refleja cómo me va enseñando su mundo interior. 

Tiene 19 años y no ha tenido una vida sencilla, ha sufrido mucho. 

Hoy tiene ganas de enseñarme un poco más de ella, y quiere leerme un texto que ha escrito. 

Yo en silencio intento conectarme con su emoción. Ella lee:

No es cómoda mi piel.

Sentir que no puedo ni con mi propio cuerpo. Quiero, necesito hacerme daño, sentir el dolor físico sobre mi piel y sobretodo, verlo, ver brotar la sangre, apretarlaherida hasta que la sangre roja fluya y se deslice por mi cuerpo. Me veo desnuda y me imagino heridas por todo mi cuerpo, las veo en mi mente y sé que necesito sentirlas de verdad sobre mi piel. Sentir como la cuchilla atraviesa y abre la piel en dos. A lo largo de los brazos, de los muslos, las manos y la tripa, por el pecho e incluso por la cara, desde los ojos hasta las mejillas. Lo necesito, siento que lo necesito, y así lo llevo a cabo. Sin olvidarme, claro está del fuego, que tantas veces me ha acompañado, un pequeño dolor intenso al principio y una silenciosa calma al final. 

Mi inquieta, algo me inquieta al estar sola, al sentirme sola, al estar en la oscuridad, algo que no me deja dormir. Siento frío y calor, y escalofríos y siento como todo mi cuerpo tiembla y se retuerce. Solo quiere liberarse, pero, ¿de qué?

Y lloro y me siento impotente, quiero hacer tantas cosas y a la vez no hago nada. Quedarme todo el día en casa, noche y día enrollada en una manta que parece que me va a proteger de aquello que ha de venir y miro, miro a la nada, la mirada se queda perdida mientras el cigarro se va consumiendo lentamente. 

No soy capaz de ponerle palabras a la mayoría de cosas que me pasan y siento. Solo quiero cerrar los ojos y no volverlos a abrir. ¿Qué me pasa? ¡Esta no soy yo!

No debo quedarme sola. Eso me provoca querer hacerme más daño, más heridas, así que debo salir de casa, enfrentarme a la realidad. Pero no, no puedo, no quiero. Solo quiero, aunque suene contradictorio, quedarme sola, encerrada, bajo las sábanas, sumergida en la oscuridad. Y todo me da miedo, la realidad, mi mente, mi incapacidad… así que solo pienso en hacerme daño, en que cortarme es lo mejor, me hace sentirme bien. Y mi mente se ve así misma saltando desde el balcón… pero no lo haré, sé que no lo haré, no es lo quiero. ¿Pero qué me pasa?

Estoy inquieta, mi cuerpo me molesta, no es cómoda mi piel. Y no puedo respirar y solo me ahogo al pensar. 

Ella tiene una historia de trauma y se autolesiona. A pesar de estar sobrecogida, me maravilla su capacidad para expresar su dolor. Por ella y por much@s más me decido a escribir este artículo

¿Qué son las autolesiones?

Cuando hablamos de autolesiones nos referimos a todas esas conductas que dan lugar a un daño físico o herida en el propio cuerpo o partes del mismo. 

Las autolesiones se caracterizan por realizarse de manera intencional, la persona es consciente del daño que se quiere ejercer, son reiteradas, es decir, en la mayoría de los casos se dan en más de una ocasión. Por último, su objetivo no debe ser el suicidio. 

Para que podamos hablar de autolesiones, éstas no deben aparecer como respuesta a alucinaciones o en presencia de diagnósticos como autismo o retraso mental grave.

Asimismo, las autolesiones suelen ir ligadas a la falta de control de impulsos y a la sensación de alivio resultado del acto agresivo.

Cuando nos referimos a autolesiones debemos excluir cualquier otro daño provocado de manera indirecta como el consumo de drogas, o los cambios en la superficie de la piel que están aceptados socialmente, véase tatuajes, piercings o autolesiones en el contexto de un ritual religioso. 

Un incremento progresivo de las autolesiones en las últimas décadas

En los últimos años, muchos profesionales y la población en general están poniendo su interés en las autolesiones. Esto se ha debido al incremento progresivo de estas prácticas entre adolescentes y adultos jóvenes en las últimas décadas y a las terribles consecuencias a las que pueden estar asociadas. El aumento de las autolesiones es un indicador alarmante de la pérdida de salud mental en la población en general. Después de años intentándolo, por fin, el último DSM-V ha incluido la autolesión no suicida como una nueva entidad diagnóstica que requiere más estudio. Será muy importante que se convierta en un diagnóstico definitivo en versiones futuras.

Un estudio reciente muestra que en Europa 1 de 4 jóvenes refiere haberse autolesionado alguna vez en su vida. Además, y lo que es más preocupante, en la mayoría de los casos estas lesiones son recurrentes.

Igualmente, en un estudio llevado a cabo en España se determinó que un 22% de los estudiantes evaluados se habían autolesionado alguna vez en su vida. La mayor parte de ellos refirieron que lo hacían para regular sus emociones. 

En la población general, los cortes en las muñecas y antebrazos constituyen el método más prevalente.

Las autolesiones pueden darse a lo largo de todo el ciclo vital

Al hablar de autolesiones lo relacionamos con adolescentes y gente joven, sin embargo, las autolesiones pueden darse a lo largo de todo el ciclo vital, aunque es cierto que la proporción es más alta en esta franja de edad. Es conveniente conocer que ocurre a las diferentes edades para poder detectar precozmente los actos autolesivos. 

En la infancia, las autolesiones son poco habituales y su aparición se asocia a síndromes más complejos como la esquizofrenia o el autismo. 

La adolescencia es el periodo de más vulnerabilidad, la edad de inicio se encuentra entre los 10 y los 15 años, y normalmente, entre los 12 y los 16 años es cuando existe más probabilidad de autolesionarse. Probablemente, porque en esta época existen niveles elevados de impulsividad y reactividad emocional asociados a grandes cambios cerebrales. Las autolesiones disminuyen a partir de los 17 años, aunque en los casos que continúan se eleva exponencialmente el riesgo suicida. 

Estamos hablando de un fenómeno que afecta principalmente a niños y adolescentes muy jóvenes, es decir, durante el periodo entre los últimos años de primaria y los primeros de la ESO. Se debería prestar especial atención a las conductas de los jóvenes de entre 11 y 13 años y poder concienciarlos sobre la existencia y las consecuencias de este tipo de prácticas. Hasta el momento se trata de una práctica bastante oculta o por la que los jóvenes no suelen pedir ayuda. Esto es una pena, porque en general los jóvenes que se autolesionan suelen presentar algún trastorno psicopatológico, y muchos de ellos necesitarían ayuda psicológica. Según los estudios hechos hasta el momento el 35% de los adolescentes que se autolesionan presentan alguna patología clínica. 

La prevalencia de autolesiones decae en la edad adulta, sobre todo a partir de los 29 años donde el cerebro está más formado. Sin embargo, pueden darse en personas con depresión crónica. 




Diferentes tipos de autolesiones

Cuando nos referimos a autolesiones no suicidas encontramos que los cortes en la piel, especialmente en los brazos y en los muslos, son los más frecuentes. A este tipo de autolesiones se las conoce como cutting.

Sin embargo, también se incluyen como autolesión otras muchas conductas que a veces no se tienen en cuenta como, rascarse en exceso, golpes autoinflingidos, inserción de objetos en el cuerpo (self-embedding), introducción o aspiración de objetos extraños a través de los orificios corporales y automutilación. Nader y Boehme (2003) además incluyen otras conductas que normalmente se atribuyen más a la torpeza o a la manía, como arrancarse costras, rascarse en exceso, devorar las cutículas y pieles, tricotilomanía...

Las autolesiones se promueven a través de foros y hashtags

La expansión de internet nos ha aportado muchas comodidades, pero también nos trae nuevos peligros. 

Alrededor de los movimientos pro-ana y pro-mia, páginas, redes sociales y foros dedicados a promover la anorexia y la bulimia, ha aparecido en los últimos años el movimiento Pro-SI (Self-Injury), que propone autoinflingirse dolor como forma de afrontar el malestar emocional. En este tipo de páginas podemos encontrar a adolescentes refiriendo haber comenzado a autolesionarse a los 7 u 8 años, sin saber muy bien lo que hacían, pero como modo de calmar su malestar. 

Las primeras aportaciones aparecieron en las páginas pro-anorexia y pro-bulimia, donde recomendaban ocasionarse algún tipo de daño para perder peso, es decir, promovían que el dolor ayudaba a adelgazar. A continuación, se presentaba el dolor como una manera de generar autocontrol sobre la sensación de hambre y como una manera de autocastigarse por haberse pasado en la ingesta. 

Actualmente, las páginas Pro-Si, plantean el dolor y las autolesiones como una forma de aliviar los sentimientos de angustia, inestabilidad anímica, rabia contenida, sentimientos de despersonalización y disforia. El mayor problema llega cuando está conducta autolesiva se hace de manera repetitiva y se convierte en una adicción.

Asimismo, a través de internet hace poco tiempo se propagaron una serie de juegos como el juego de "la ballena azul" que estimulaba el comportamiento autolesivo entre los más jóvenes hasta llegar al suicidio, las autoridades acusan 130 muertes debidas a seguir este juego. 

Además de estas páginas, en las redes sociales y más concretamente en Instagram, existe un lenguaje "secreto" que los adolescentes utilizan para referirse a estados de ánimo negativos que unen a las autolesiones. Según un estudio (Moreno, 2015), los hashtangs que suelen utilizar los jóvenes son los siguientes, #selfinjury, #selfharm, #mysecretfamily, #mysecretsociety123, #blithe, se trata de una palabra que los adolescentes utilizan cuando discuten sobre la depresión, cutting o trastornos de la alimentación, #cat, #deb, que significa depresión, #annie, que significa ansiedad y #olive, relacionado con el trastorno obsesivo compulsivo y #secretsociety123. El uso de estos pequeños hashtags les sirve para pertenecer a una comunidad muy extensa. La comunidad ejerce un efecto reforzador haciendo que las conductas autolesivas se fijen en su vida. 

Las autolesiones se están expandiendo cada vez más entre los jóvenes, vivimos una situación alarmante. Este tipo de conductas nos debería advertir de que los jóvenes están teniendo serias dificultades para gestionar su malestar. Se sienten solos (aunque estén acompañados), sienten abandono emocional y no tienen estrategias saludables que les ayuden a resolver sus problemas. Por ello, están encontrando cierto alivio en las conductas autolesivas. 

Como sociedad debemos dejar de mirar a otro lado y atender a las necesidades que los jóvenes actuales están planteando. 

Autolesión como forma de calmar el malestar emocional. Funciones de las autolesiones

En los últimos años, muchos profesionales se han dedicado a encontrar el porqué del uso de las autolesiones. Las conductas autolesivas pueden utilizarse como mecanismos de defensa para sobrellevar una determinada situación o cumplir otras funciones a niveles personal o social. A continuación, verás 4 de las principales funciones de las conductas autolesivas del modelo tetrafactorial de Nock y Prinstein (2004).

1. Evitación experiencial o refuerzo negativo intrapersonal. Las autolesiones se utilizan para regular emociones que les desbordan. Es tal el malestar y dolor que sienten que tratan de reducirlo a través del daño autoinflingido. La autolesión les alivia el malestar.

2. Refuerzo intrapersonal positivo. También se pueden utilizar las autolesiones como generadoras de placer ante sentimientos de abulia. Las autolesiones aportan sensaciones nuevas y diferentes que les ayudan a salir de su apatía. 

3. Refuerzo social positivo. La autolesión sirve para mostrar fuera, en su propio cuerpo como si de un lienzo se tratara, el gran malestar que están sufriendo por dentro. A través de sus marcas pueden buscar apoyo, atención, amor o protección de sus personas cercanas

4. Control intrapersonal o refuerzo negativo social. Los jóvenes que se autolesionan pueden ser exonerados de ciertas responsabilidades propias o externas. Esto se deben a la dificultad que como sociedad tenemos para gestionar el malestar de una persona que se autolesiona. Así, se opta por proteger e intentar apartarle de todo lo que le pueda generar más malestar.

Para otros autores como Taboada (2007) las autolesiones cumplen básicamente una función expresiva. Se utilizan para mostrar lo que no se puede decir con palabras. 

"Yo creo que soy adicta a las autolesiones, cada vez que me siento mal cojo una navaja y en mi piel marco cicatrices de soledad y del vacío que siento, creo que nunca lo dejaré"




El trauma y las autolesiones

Las autolesiones se han relacionado con el traumadesde el principio. Se ha hablado mucho de la relación de los actos autolesivos con el trastorno límite de personalidad. Aunque la relación es muy alta y las autolesiones se han considerado una característica del TLP, no solo se dan ante este trastorno. Tanto el TLP como las autolesiones pueden explicarse por una historia de trauma. Hay evidencias de la relación entre los ambientes abusivos, disfuncionales y ultraexigentes con el daño autoinflingido. En este tipo de ambientes los niños no son capaces de generar estrategias para afrontar las situaciones de estrés o tensión. Para que estas estrategias se desarrollen es necesario que exista un apego seguro, que vendría precedido por la sincronización y marcación de las emociones con cuidadores que puedan manejarlas de manera efectiva y positiva. 

Aunque, es cierto, que no todas las personas que se autolesionan han sufrido algún tipo de trauma, en muchas ocasiones es suficiente con la invalidación de sentimientos o aprender que sus sentimientos son malos o no son permitidos, para que aparezca la estrategia de la autolesión.

Las autolesiones se han vinculado con personas que han sufrido abusos físicos y sexuales (Villalobos Parra,2013) o bullying (Mendoza y Pellicer, 2002). Mediante las autolesiones los jóvenes intentan disolver el trauma que sufrieron y que no pueden manejar internamente (Ansermet, 2015). Las heridas físicas les ayudan a alejarse de los recuerdos traumáticos, permitiéndoles, al representar el trauma, manejarlo externamente. En este caso, las autolesiones funcionan como un modo de control, de autocastigo, o como forma de evitar el suicidio. Al trasladar el trauma mental a lo físico las personas pueden reorganizarse mentalmente, evitando la depresión o la locura. 

"Exacto, muchos dicen que nos queremos suicidar, pero en realidad solo es un escape a nuestro dolor"

Por esta razón, cuando acompañamos a niños traumatizados que utilizan las autolesiones para gestionar su malestar debemos tener mucho cuidado al confrontar este mecanismo, ya que puede que sea su única manera que tienen actualmente de regularse.

Como acompañar a una persona que se autolesiona

Desde la sociedad Internacional de Autolesión nos ofrecen una guía de tratamiento para poder ayudar a las personas que se autolesionan. 

En primer lugar, es importante entender el porqué de las autolesiones, a través de las siguientes preguntas. 

¿Le sirve principalmente para aliviar tensión?
¿Es una forma de concretizar una emoción?
¿Lo utiliza para sentir que está vivo?
¿Está tratando de comunicar algo?
¿Está buscando alivio de una experiencia dolorosa?

En muchas ocasiones tratar como primer objetivo que las personas se dejen de autolesionar puede ser contraproducente. Si el paciente no tiene otras estrategias para gestionar su malestar le estaremos desposeyendo de su única estrategia, dejándole completamente desamparado. 

Por otra parte, el terapeuta deberá encargarse de dotar al paciente de un plan para poder manejar los impulsos autolesivos y de estrategias de gestión emocional que le permitan abordar sus conflictos de una manera más saludable. El terapeuta le abastecerá de herramientas para manejar las situaciones estresantes o angustiantes.

El terapeuta debe asegurarse de que el paciente que se autolesiona este protegido en un contexto mínimamente seguro antes de comenzar a confrontar este mecanismo de defensa. Igualmente, buscaremos un contexto de buenos tratos ofreciéndole atención médica que no ponga en juego su dignidad o autonomía. La hospitalización debe de utilizarse como último recurso y únicamente cuando el paciente está en riesgo del suicidio o de una autolesión severa (Dallam, 1997).

Para ayudar al paciente que se autolesiona podemos utilizar técnicas como el mindfulness para enseñarle a tener una conciencia plena sobre su propio cuerpo. Asimismo, a poder hacer una lectura de su cuerpo sin tenerle miedo a las sensaciones físicas. 

Desde la Sociedad Internacional de autolesión se sugiere el uso de la relajación hipnótica siguiendo los siguientes pasos Malon y Berardi (1987) 

1. Conteo de la respiración: se le pide que observe su respiración, contando lentamente cada inhalación profunda. 

2. Imágenes positivas: se pone al paciente en estado de trance y se le pide que se visualice en un lugar tranquilo, agradable y relajante, haciendo algo que disfruta. Se mantiene esta imagen por un rato.

3. Efecto puente: después de que se ha conseguido el trance, se le pide al paciente que utilice sus sentimientos desagradables actuales para recordar otros tiempos de su vida en que se sentía de esta forma. Los recuerdos demasiado angustiosos como para hablar de ellos en un estado normal, a veces se pueden hablar durante un estado de trance.

Así mismo, es muy conveniente con personas que se autolesionan enseñarles técnicas de resolución de problemas y habilidades sociales, que les permitan afrontar las relaciones sociales de una manera más adaptativa. 

Las autolesiones pueden tener diferentes funcionalidades, pero, sea cuál sea la función, deberíamos tomarlas como señal de alarma, para darnos cuenta que la persona que tenemos al lado está sufriendo un malestar que no está pudiendo expresar ni gestionar de otra manera. Nunca lo deberíamos ver como que únicamente quiere llamar la atención. Estas personas nos están queriendo expresar su dolor y como sociedad no podemos mirar hacia otro lado. 

A pesar de la dificultad de este tema, debemos hablarlo con más libertad, sobre todo con los más jóvenes, para así, poder prevenir su utilización. Los jóvenes y especialmente las personas que han sufrido algún tipo de trauma necesitan ser vistos, acompañados y guiados para fomentar su resiliencia. Todos deberíamos poder sentir nuestro cuerpo como fuente de amor y placer. 

“Las pesadillas se han ido, los miedos y las inseguridades se han diluido, ya puedo vivir sin que sean ellas las que viven por mí mientras yo simplemente intento sobrevivir día tras día. Ahora no, aquí me planto y pienso comenzar a hacer las cosas que yo quiero. Pienso salir, disfrutar del día mientras el sol calienta mí piel; un día de lluvia con esas pequeñas gotitas que acarician mi rostro y lo refrescan. Me siento viva. Después de tanto tiempo, puedo decir que estoy viva. Vuelvo a ser yo”

REFERENCIAS

Mónica Díaz de Neira, Rebeca García-Nieto, Victoria de León-Martinez, Margarita Pérez Fominaya, Enrique Baca-García, Juan J. Carballo.Prevalence and functions of self-injurious thoughts and behaviors in a sample of Spanish adolescents assessed in mental health outpatient departments(2015) Revista de Psiquiatría y Salud Mental (English Edition), Volume 8, Issue 3, 137-145

Sánchez Sánchez, T. (2018). Autolesiones en la adolescencia. Significados, perspectivas y prospección para su abordaje terapéutico. Revista De Psicoterapia, 29(110), 185-209. https://doi.org/10.33898/rdp.v29i110.196

Llull-Carmona, J., Francés-Sanjuán, N., Pascual-Calatayud, C., Roselló-Miranda, R., Morant-Luján, Y. y Ibáñez Soriano, E. (2017). Conductas autolesivas no suicidas: breve revisión. Conceptualización clínica y causas. XVIII Congreso Virtual Internacional de Psiquiatría. Recuperado de: http://www.interpsiquis.com

Moreno, M.A., Ton, A., Selkie, E. y Evans,Y. (2015) Secret Society 123: Understanding the Language of Self. J Adolesc Health. 2016 Jan;58(1):78-84. doi: 10.1016/j.jadohealth.2015.09.015.

Vega D, Sintes A, Fernández M, et al (2018) Revisión y actualización de la autolesión no suicida: ¿quién, cómo y por qué? Actas Esp Psiquiatr 2018; 46: 146-55.


http://www.autolesion.com/guia-autolesion/para-el-psicologo/tratamientos/