lunes, 2 de diciembre de 2019

"Impacto del maltrato infantil en la salud mental: nuevos conocimientos desde la ciencia del cerebro", ponencia del Dr. Martin Teicher traducida y adaptada al español por el Dr. Rafael Benito Moraga.

Es un placer para mi presentaros la primera de las dos conferencias que el Dr. Martin Teicher pronunció en San Sebastián los días 4  y 5 de octubre de 2019. Su presencia, amable y cercana, y su excelencia académica y profesional, dejaron huella entre todos/as los/as asistentes a las IV Conversaciones sobre apego y resiliencia infantil. 

Rafael Benito Moraga, con la generosidad que le caracteriza, se comprometió a redactar las dos conferencias del Dr. Teicher, traduciéndolas al español y adaptando las mismas para que podamos entenderlas mejor.

Hoy nos presenta la primera de ellas.

Agradezco de todo corazón a Rafael Benito el trabajo, el tiempo y el esfuerzo invertidos para que todos/as nos podamos beneficiar de esta ciencia de calidad, como el propio Rafael, acertadamente, denominó a las intervenciones del Dr. Martin Teicher.


Impacto del maltrato infantil en la salud mental: 
nuevos conocimientos desde la ciencia del cerebro.

Dr. Martin Teicher


Resumen de la conferencia impartida por el profesor Martin Teicher durante las IV Conversaciones sobre apego y resiliencia realizadas en Donostia los días 4 y 5 de Octubre del 2019.

¿Por qué es tan importante el estudio y la prevención del maltrato en la infancia?

El maltrato en la infancia es el factor de riesgo prevenible más importante, tanto para trastornos psíquicos, como para trastornos somáticos.

El estudio ACE (Adverse Childhood Experiences) (Edwards, Holden, Felitti, & Anda, 2003) realizado en la población general, con 17000 participantes, demuestra que cuantos más acontecimientos adversos ha sufrido una persona en su infancia, más riesgo tiene de sufrir depresión, intentos de suicidio y abuso de drogas por vía intravenosa.

La adversidad temprana aumenta también el uso de psicofármacos en el adulto: cuando la puntuación ACE supera los 5 puntos, la probabilidad de uso de ansiolíticos se multiplica por 2, la de antidepresivos por 3, la de antipsicóticos por 10, y el uso de estabilizadores del ánimo es hasta 17 veces más probable.

Los trastornos psíquicos asociados a antecedentes de maltrato serían de un tipo diferente

Ilustración 1. En pacientes con depresión, los antecedentes
de maltrato en la infancia disminuyen las probabilidades de que el
trastorno responda al tratamiento o remita después del mismo.
Los problemas psíquicos que sufren las personas con antecedentes de maltrato en la infancia tienen peor evolución y peor pronóstico que los de personas sin esos antecedentes. Los estudios indican que, en quienes han sufrido adversidad temprana, los problemas psíquicos tienen un inicio más temprano, un curso más severo, se asocian con más frecuencia a otros trastornos (tienen más comorbilidad), sus síntomas son más graves, y responden peor al tratamiento (Ilustraciones 1 y 2). Además, es habitual que estas personas tengan peor salud general, con más enfermedades autoinmunes, más problemas metabólicos y cardiovasculares, y más riesgo de migraña, entre otras dolencias…

Ilustración 2. Cuando hay antecedentes de maltrato, las
depresiones crónicas responden peor a cualquier tipo
de tratamiento.
Cuando se compara el estado de las estructuras cerebrales en pacientes que sufrieron maltrato, con pacientes que no lo sufrieron, se hallan también diferencias importantes. Por ejemplo, pacientes con esquizofrenia y antecedentes de maltrato en la infancia tienen volúmenes del córtex prefrontal, ínsula y tálamo inferiores a pacientes que no sufrieron esas circunstancias.

En la depresión de las personas con antecedentes de maltrato habría cambios neuroquímicos específicos. Por ejemplo, la depresión melancólica de quienes tienen esos antecedentes, se caracterizaría por una elevación de los niveles de las hormonas relacionadas con el sistema de respuesta al estrés (cortisol y CRH).

Por tanto, parece que algunas de las alteraciones estructurales y funcionales descubiertas en el sistema nervioso de quienes padecen depresión mayor, esquizofrenia, trastorno bipolar y otros trastornos mentales, tendrían que ver más con el hecho de haber sufrido maltrato que con el hecho de padecer esos trastornos mentales.

Jacqueline Samson, Ph.D., una de las colaboradoras del profesor Teicher, ha denominado ECOFENOTIPOS a esas formas particulares de trastorno mental que sufren quienes han padecido maltrato en la infancia.

Es probable que las diferencias observadas en el mismo trastorno, entre quienes han sufrido maltrato y los que no, tengan que ver con las consecuencias de la adversidad temprana en el neurodesarrollo. El maltrato en la infancia produce una reprogramación de los sistemas de respuesta al estrés. Inicialmente se produce una sobrerrespuesta, con aumentos importantes y sostenidos de cortisol; pero posteriormente hay una especie de agotamiento, con una imposibilidad para elevar los niveles de esta hormona. Dado que el cortisol reduce la respuesta inflamatoria, la dificultad para elevar sus niveles ante una situación estresante aumenta las respuestas inflamatorias, haciendo que se eleven sustancias como las citoquinas, producidas por los leucocitos. Cuando los niveles de citoquinas son excesivos se produce un daño en el neurodesarrollo a través de diversos mecanismos:

-Las citoquinas reducen la disponibilidad de neurotransmisores y del BDNF (factor de crecimiento nervioso).

-También afectan al sistema dopaminérgico, muy relacionado con los circuitos cerebrales de la recompensa (vía mesolímbica) y con las funciones ejecutivas (vía mesocortical, córtex prefrontal)

-Por último, las citoquinas aumentan la actividad de los “circuitos del miedo” (amígdala y sus conexiones con el hipocampo y la ínsula.

Maltrato en la infancia y consumo de drogas

El consumo de alcohol durante la vida adulta correlaciona con el maltrato físico en la infancia.

Cuando se estudian los factores que predicen el consumo de drogas en personas que han sufrido maltrato, no queda claro si la presencia de trastorno por estrés postraumático es un predictor más o menos importante que la irritabilidad límbica; aunque los estudios más recientes parecen confirmar que la irritabilidad límbica tiene más peso. La irritabilidad límbica sería un predictor especialmente importante en chicas de 15 años; el segundo en importancia después del hecho de haber sufrido abuso sexual.

Maltrato y resiliencia

Ilustración 3. Diferencias entre la red neural en el cerebro de una persona expuesta a maltrato en la infancia y una no expuesta. En la imagen de la derecha, en la persona no expuesta, se observa una mayor conexión entre áreas distantes del cerebro, y una mayor conexión córtico-subcortical; mientras que en la imagen de la derecha, las conexiones se concentran sobre todo en áreas subcorticales, quedando relativamente desconectadas áreas importantes como el córtex prefrontal. 
Aunque el maltrato en la infancia predispone a padecer numerosos trastornos psíquicos, algunas personas no acaban enfermando, lo que las hace resilientes por lo que se refiere al mantenimiento de su salud mental. Curiosamente, cuando se estudian las alteraciones neurobiológicas en ambos grupos, el que tiene problemas psíquicos y el resiliente, no se encuentran diferencias importantes; es decir, tanto quienes tienen un diagnóstico como quienes no lo tienen, presentan alteraciones similares en la estructura y función del sistema nervioso. Tampoco hay grandes diferencias entre los sintomáticos y los no sintomáticos por lo que respecta al tipo de maltrato sufrido.


Ilustración 4. Diferencias en la eficiencia de la conectividad 
de la amígdala derecha entre individuos maltratados 
durante la infancia con y sin síntomas psíquicos relevantes. 
Surge entonces la pregunta: ¿qué tipo de funcionamiento cerebral contribuye a esta forma de resiliencia?

Kyoko Ohashi, Ph.D., del equipo del profesor Teicher, ha estudiado las redes neurales que conectan distintas áreas del cerebro en las personas que han sufrido maltrato y no han desarrollado síntomas psíquicos relevantes. En general, en los chicos y chicas que han sufrido maltrato, hay una preservación de las “redes locales”, también llamadas de “mundo pequeño”; y un deterioro de las redes que comunican nodos distantes (Ver Ilustración 3). Cuando se comparaban las redes neurales de personas que habían sido maltratadas y tenían síntomas, con las de quienes lo habían sido, pero estaban asintomáticas, se encontraba un hallazgo sorprendente: las personas resilientes tenían UNA MENOR EFICIENCIA GLOBAL en la conectividad de la red. Parecía que la resiliencia al trastorno mental se relacionaba con el aislamiento de ciertos nodos problemáticos, que estaban menos conectados con el resto en las personas resilientes.

Esto se observaba por ejemplo en la amígdala derecha (Ilustración 4), que está menos conectada en personas que han sufrido maltrato pero que no tienen síntomas. Conexiones fuertes entre amígdala y ciertas áreas de la corteza cerebral (lóbulo paracentral) se relacionan también con niveles más altos de estrés y ansiedad; así que cierto grado de “desconexión” de la amígdala con estas áreas puede favorecer la resiliencia.

Uno de los nodos estudiados es las personas resilientes es la pars triangularis (Ilustración 5), una pequeña zona del lóbulo frontal próxima al área de Broca, donde se produce el lenguaje hablado. La actividad de la pars triangularis se relaciona con las autorrecriminaciones presentes en muchos trastornos psiquiátricos como la depresión. De hecho, las investigaciones encuentran correlación entre una buena conectividad de la pars triangularis y la gravedad de la ansiedad y la depresión. Pues bien, en individuos que han sufrido maltrato en la infancia y no presentan síntomas psiquiátricos, encontramos una cierta desconexión de esta pars triangularis, lo que reduciría la probabilidad de que estas personas entren en estados de autorrecriminación y autodesprecio.
Ilustración 5. El estudio de conectividad de la pars triangularis izquierda (círculo verde) indica que su “desconexión” relativa de la red global (imagen del lado derecho) favorece la resiliencia dado que implica una disminución de la repercusión de las autorrecriminaciones. 

Ann Polcari, otra colaboradora del profesor Teicher, ha conseguido reducir la actividad de esta pequeña zona del córtex a través de técnicas de desensibilización. 

Sería interesante estudiar la conectividad de otros nodos y su relación con la resiliencia; como por ejemplo el córtex cingulado o la circunvolución posrolándica, cuyas activaciones se relacionan con el dolor físico, así como con el dolor de la pérdida y el causado por el rechazo social.

lunes, 18 de noviembre de 2019

La traumaterapia de Barudy y Dantagnan con menores víctimas de abuso sexual (2 y final).


Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan (2017) refieren que en su modelo de psicoterapia denominada Traumaterapia Infanto-juvenil sistémica, difundido través de un Diplomado, “compartimos y enseñamos a profesionales de la infancia provenientes de comunidades de todo el Estado Español, así como de nuestro país de origen, Chile. Nuestra metodología terapéutica está basada en una lectura sistémica del sufrimiento infantil y en un paradigma integrador cuyos principales dominios son el apego, el trauma, el desarrollo, las competencias parentales y la resiliencia”. 

Los cuatro pilares básicos de la traumaterapia (Dantagnan, 2014, 2017):

1. La evaluación comprensiva. Es el qué trabajamos, qué aspectos del niño están afectados por los abusos y hemos de evaluar cuidadosamente con un instrumento elaborado por Maryorie Dantagnan llamado Pauta de Evaluación Comprensiva, donde se consignan todos los apartados de dicha evaluación. Sin esta, realmente se dan palos de ciego, se hace una mala práctica y se aplican técnicas sin ton ni son. La evaluación permite establecer objetivos de trabajo en función de las áreas que están afectadas en el menor de edad como consecuencia del posible impacto traumático de los abusos. Hemos de tener in mente que muchos niños y niñas, además de abuso sexual, han podido sufrir abandono emocional –ausencia de un adulto que fuera sintónico y empático con el niño y a quien pudiera recurrir- maltrato y negligencia, esto es, los abusos sexuales se pueden dar en un contexto de una desprotección mayor. 

2. Metodología coherente. Es cómo trabajamos. Es el camino y la manera (coherente con las teorías en las que se sustenta) de poder llegar a la consecución del qué, de los objetivos y metas que nos proponemos en función de los resultados y conclusiones resultantes de la evaluación comprensiva del menor.

3. La co-construcción de una relación terapéutica: Apego terapéutico (Siegel, 2007) Como Maryorie Dantagnan expresa, es con qué trabajamos. La persona del terapeuta es el principal instrumento de reparación y cambio del niño o joven. Precisamente, al afectar el daño del abuso –como hemos afirmado en párrafos precedentes- a una de las áreas fundamentales como lo es el vínculo de apego, los menores pueden estár alterados en la manera en la que establecen y mantienen los vínculos afectivos posteriores, pues sus vivencias y representaciones mentales (cargadas de inseguridad, abandono; o temor, miedo, desconfianza, ambivalencia...) influyen en dichos vínculos. 

Las representaciones mentales de apego del niño, codificadas en su memoria implícita (inconsciente), van a interactuar con las representaciones mentales del terapeuta, también codificadas en esta memoria y ambos las enactuarán (escenificarán, corporalizarán...) en el aquí y ahora de la terapia (Wallin, 2012) Por eso un terapeuta debe de trabajar su persona y su historia de vida y elaborarla. Trabajarla para poder conducir su propio apego a la seguridad y poder manejar adecuadamente estas relaciones de transferencia-contratransferencia, ayudando y favoreciendo con sus fortalezas personales a la creación de un apego terapéutico en el niño, fundamental a lo largo de toda la psicoterapia y la base para que todo lo demás (objetivos, técnicas...) funcione y contribuya a reparar al niño de los daños en el apego.

4. Apoyo y promoción de la resiliencia. Es el para qué trabajamos, como nos recuerda Maryorie Dantagnan (2014, 2017) Evidentemente, la finalidad es la consecución de la resiliencia secundaria. La resiliencia secundaria emerge en el niño gracias a los tutores de resiliencia (Cyrulnik, 2003) en los que nos podemos convertir explícita o implícitamente los psicoterapeutas. Pero también el psicoterapeuta necesita trabajar (y el niño lo requiere para que pueda hacer un proceso de reconstrucción resiliente) con el referente del menor de edad (el o los adultos que se ocupan de su persona y le acompañan), los maestros, familiares significativos, educadores, monitores deportivos o de otras actividades... 

La resiliencia secundaria (Barudy y Dantagnan, 2005) es un conjunto de cualidades insospechadas que irán emergiendo en el niño o joven gracias a la disposición de recursos externos a lo largo de todo su desarrollo. No son rasgos, no son características estáticas, sino que están en constante proceso de cambio y evolución a lo largo de su desarrollo. Cualidades como el coraje, el orgullo, la perseverancia, el humor positivo, la experimentación creativa, los vínculos cada vez más sanos y positivos que va creando, los límites, las oportunidades de participación en la comunidad, el autocuidado, la toma de opciones más responsables, pedir ayuda, una regulación emocional cada vez más eficaz... son manifestaciones de que la resiliencia, el para qué, emerge.

La evaluación comprende la valoración del niño, del cuidador y del contexto. Maryorie Dantagnan basándose en sus años de experiencia y trabajo con niños y menores con trauma complejo, y recogiendo los aportes de la neurobiología interpersonal, incluye estos tres elementos porque son inseparables y se interinfluencian unos con otros. "No podemos entender nada si lo aislamos de su entorno" El principio budista de que el todo contiene a las partes, y a la inversa (las partes forman un todo en estrecha comunicación) es llevado a su máxima expresión por Maryorie Dantagnan. Sería una psicoterapia negligente la que dejara fuera de la valoración y la intervención al cuidador o referente del niño, así como la que prescindiera de la influencia (y transacciones entre menor / ambiente) del contexto. Muchas veces este último (hemos aprendido con Maryorie Dantagnan) influye y hasta condiciona poderosamente la psicoterapia y su proceso.

Modelo de intervención en Traumaterapia tres bloques de Barudy y Dantagnan.


Los tres bloques de intervención (Dantagnan, 2014, 2017)

Bloque I. SINTONIZACIÓN Y AUTORREGULACIÓN. Conscientes de que los menores de edad víctimas de los traumas provocados por los abusos sexuales presentan déficits en esta área, en este primer bloque nos centramos en trabajar los siguientes aspectos (los que se encuentren afectados tras la evaluación): 

Estabilizar las rutinas en el menor de edad. 

Potenciar los elementos del contexto que permiten la vinculación positiva, la contención y la regulación.

Tratamiento de la sintomatología aguda que el menor pueda presentar con las técnicas adecuadas e, incluso, con tratamiento farmacológico si es preciso (interconsulta con psiquiatría) 

Desarrollar las habilidades de auto-observación del menor de edad para que aprenda a conocer sus estados internos y los disparadores que en las distintas situaciones los gatillan. 

Proporcionar psicoeducación sobre los efectos del trauma en el cerebro. Del mismo modo, es necesario proporcionar psicoeducación sobre sexualidad y vínculos afectivos sanos. 

Desarrollar habilidades de expresión y modulación adecuada de las emociones.

Bloque II. EMPODERAMIENTO. Una de las nefastas consecuencias del trauma de abuso sexual suele ser la sensación de vulnerabilidad, de indefensión y sensación de amenaza permanente que acompaña a la persona. Por ello, los autores expertos en trauma hablan de devolver a la víctima el poder perdido. Específicamente: 

Que el menor de edad vaya siendo protagonista de su propio proceso de terapia, de tal manera que el trabajo terapéutico es co-dirigido. Hacer consciente al menor de edad de su propio modelo interno de trabajo (representaciones mentales que pueden contener rasgos del abusador) y trabajar con los contenidos del mismo tratando de modificar estas representaciones. 

Tratamiento de las partes o estados del yo disociados. 

Tratamiento de la identidad y la autoestima del menor de edad. 

En este bloque se utilizan también técnicas diversas expresamente diseñadas para trabajar estos contenidos. La técnica de la caja de arena es idónea para el tratamiento de las víctimas de abuso sexual porque permite acceder al trauma desde lo no-verbal y de un modo lúdico y metafórico que ofrece la distancia suficiente para que recordar no sea una fuente de sufrimiento adicional.

Caja de arena elaborada por una menor abusada de 12 años: 
La muerte viene a llevarse a los niños al matadero, mientras las que viven en casa no lo ven.


Bloque III. REINTEGRACIÓN RESILIENTE. Es el bloque de tratamiento más delicado y de gran profundización, en el que más apoyo requiere el menor de edad del psicoterapeuta -y de la red- para poder tener suficiente coraje y valentía para hacer este trabajo. Específicamente: 

Desarrollo de una narrativa histórica con el menor de edad. 

Tratamiento de los contenidos traumáticos específicos del abuso. 

Proyección de futuro.

Opciones y consecuencias. 

Cierre de las sesiones. Éste se planifica con tiempo y se trabaja específicamente pues la despedida y la separación en una psicoterapia vincular se cuida especialmente. En este bloque se utilizan también técnicas diversas expresamente diseñadas para trabajar estos contenidos.

Respecto a la caja de arena que hemos mencionado, en este bloque esta se revela también como un potente instrumento terapéutico que favorece que el menor de edad pueda expresar sin tanto dolor y de una manera segura, procesando la experiencia (desde los tres modos: intelectual, corporal y emocional) con niveles moderadamente altos de ansiedad y activación, los contenidos traumáticos específicos y la elaboración de historias de vida. 

Solamente terminar estos dos post sobre tratamiento de los abusos sexuales sensibilizando a todos y todas de la enorme importancia que tiene creer a las víctimas de abuso sexual (los casos en los que la víctima se lo inventa o son falsos recuerdos son escasos) y estar dispuestos a escuchar, sentir y conectar con lo que nos transmitan.

REFERENCIAS

Barudy, J. y Dantagnan, M. (2005) Los buenos tratos a la infancia. Parentalidad, apego y resiliencia. Barcelona: Gedisa. 

Barudy, J. y Dantagnan, M. (2017) Prólogo. En Gonzalo, J.L. y Benito, R. (2017) La armonía relacional. Aplicaciones de la caja de arena a la traumaterapia. Bilbao: Desclée de Brouwer.

Cyrulnik, B. (2003) El murmullo de los fantasmas. Barcelona: Gedisa. 

Dantagnan, M. (2014) La trauma-terapia sistémica aplicada a los niños, niñas y adolescentes afectados por traumas. Un modelo basado en los buenos tratos y la promoción de la resiliencia. Powerpoint presentado en el marco del Diplomado en trauma terapia infantil sistémica. Bilbao: Documento no publicado.

Siegel, D. J. (2007) La mente en desarrollo. Cómo interactúan las relaciones y el cerebro para modelar nuestro ser. Bilbao: Desclée de Brouwer. 

Wallin, D. (2012) El apego en psicoterapia. Bilbao: Desclée de Brouwer.

lunes, 4 de noviembre de 2019

"Cuentos para el desarrollo emocional desde la teoría del apego", por Rafael Guerrero y Olga Barroso


Firmas invitadas:
Rafael Guerrero y Olga Barroso
Psicólogos


Rafael Guerrero. Psicólogo y Director de Darwin Psicólogos. Profesor de la Facultad de Educación de la Universidad Complutense de Madrid y del Centro Universitario Cardenal Cisneros. Autor del libro “Educación Emocional y Apego. Pautas prácticas para gestionar las emociones en casa y en el aula” (2018). Editorial Planeta.



Olga Barroso. Psicóloga experta en Trauma y Teoría del Apego. Diplomada en Traumaterapia Infantil-Sistémica. Cofundadora de Ikigai Psicología centro especializado en Intervención Psicológica desde la Teoría del Apego. Autora del Cuento Infantil para la prevención de Violencia de Género “Los Pájaros Arcoiris”. Editorial Sentir.


Es un auténtico placer y un lujo tener como firmas invitadas a la psicóloga Olga Barroso (además, traumaterapeuta y compañera de la RED APEGA) y al psicólogo Rafael Guerrero, prestigiosos profesionales, quienes gustosamente han escrito para nosotros presentándonos su nuevo libro titulado: Cuentos para el desarrollo emocional desde la teoría del apego, publicado por la Editorial El Sentir, el cual presenta los principios de la teoría del apego mediante la información teórica pero también mediante una innovadora propuesta: los cuentos. Es un libro que ha sido prologado por nuestros profesores Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan. Quiero desde estas líneas agradecer a Rafael y a Olga de todo corazón su participación y contribución, expresamente elaborada para todos y todas los/as seguidores de nuestro blog Buenos tratos.

Título del artículo:
Cuentos para el desarrollo emocional 
desde la teoría del apego

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Portada del libro de Rafael Guerrero y Olga Barroso.

Érase una vez la magia de la vida.

Érase una vez un cerebro que nació con un peso de 350 gramos, que solo podía registrar y construir imágenes de aquello que estuviera a 20-30 centímetros de sus ojos, que no sabía que las personas de su alrededor, aunque no las sintiera, seguían existiendo. Este pequeño cerebro no era capaz de regular bien su temperatura, no era capaz de controlar esfínteres, por lo que dependía de alguien que limpiara los residuos que eliminaba el cuerpo en el que habitaba. No podía coordinar los músculos de su cuerpo para desplazarse, por lo que era incapaz de protegerse de los peligros, y, mucho menos, podía dar a su cuerpo lo necesario para evitar la enfermedad. Podía sentir sensaciones físicas, pero no distinguirlas. No sabía en qué se diferenciaba el frío del hambre, el calor del dolor. Más desconocidas aún le eran las palabras enfado, alegría, miedo, cuyas letras dan cobijo a estos sentimientos. Por no hablar de la vergüenza, la envidia o los celos, que quedaban a años luz de su recién estrenado pensamiento. No podía concebir los imprescindibles, a la vez que abstractos, verbos que nos permiten convivir y sentirnos bien en las relaciones con otros seres humanos, respetar, compartir, cuidar, ceder, dialogar y negociar. Y, mucho menos, podía razonar, planificar, restar, sumar o dividir. 

Sin embargo, este pequeño cerebro bebé se transformó en un cerebro niño y terminó siendo un cerebro adulto. Pasó a pesar aproximadamente un kilo y medio y a tener sus neuronas conectadas organizadamente. Siendo estas millones de conexiones neuronales, el soporte físico de sus capacidades intelectuales y emocionales, de su conocimiento y de su memoria. Aprendió a mover sus músculos a su antojo, a coordinar sus movimientos con su mirada, a andar, a reconocer sus emociones, calmarlas y comunicarlas, a hablar, a hacer razonamientos abstractos, a lavarse los dientes tres veces al día, a escribir, a hacer operaciones matemáticas complejas, a cumplir los horarios del trabajo, a ayudar a los demás, a estudiar, a amar…

Érase una vez la historia de cada uno de nosotros y nosotras.

Nuestro libro Cuentos para el desarrollo emocional desde la teoría del apego explica los principios de la Teoría del Apego a través de información teórica y a través de cuentos. Por este motivo, hemos querido empezar este artículo con un breve cuento. Con una historia que no habla de algo lejano y remoto, sino que habla de cada uno de nosotros y nosotras. El protagonista de esta historia no nos es desconocido, puesto que, es nuestro cerebro. El protagonista de esta historia es el cerebro con el que nacimos todos nosotros. Un cerebro inicialmente inmaduro que pasó a ser un cerebro adulto. 

Pero, ¿cómo se consigue esto?, ¿cómo se produce esta magia de la vida? Cómo sale de la inmadurez el cerebro infantil, cómo se van conectando de un modo organizado sus neuronas para lograr almacenar toda la información y las capacidades que necesitamos para ser adultos. 

Para explicar toda esta magia es preciso mucha ciencia. La teoría psicológica que cuenta con más evidencia científica para explicar todo este proceso es la teoría del apego. En este libro hemos explicado todo este proceso de desarrollo del cerebro infantil desde este paradigma.

El principio básico, que ya enunció Bowlby, de la teoría del apego, desde el que se inicia este libro, es que, dada la enorme dependencia de los bebés hacia sus figuras de cuidado, por su profunda inmadurez, la necesidad esencial y fundamental del ser humano, no es en sí que nos alimenten, que nos den cariño, que nos protejan, etc… es que haya un otro para nosotros, orientado a cubrir nuestras necesidades. Para conseguir a este otro atento a nosotros y disponible para satisfacer nuestras necesidades es necesario tener una unión afectiva con él, puesto que esto es lo que nos garantiza que esté ahí para nosotros. Por tanto, la necesidad fundamental del ser humano, de nuestros bebés es tener un vínculo afectivo sólido con sus figuras de cuidado. De no cubrirse esta necesidad el cerebro infantil sufrirá un profundo estrés que dificultará su desarrollo. Por este motivo es esencial hacer sentir a los bebés que estamos a su lado, para que sientan que su necesidad fundamental está cubierta y, de este modo, su cerebro tenga el menor estrés posible y el mejor desarrollo. 

La otra idea que articula el libro, y que es el siguiente pilar de la teoría del apego, es que, a través de la estimulación al bebé y de la satisfacción de sus necesidades, por parte de sus figuras de apego, se produce el desarrollo del cerebro. Se produce la asociación entre neuronas, la construcción de las conexiones neuronales de las que emerge la mente humana.

En función de cómo sea este proceso de satisfacer las necesidades de los bebés y de los niños, de estimulación, de dar afecto y establecer límites, el cerebro se desarrollará de un modo u otro, de manera más o menos sana. En el libro hemos querido dar las claves para cuidar, estimular, relacionarnos con nuestros niños y niñas, ya sean nuestros hijos, nietos, sobrinos, alumnos, etc.. de un modo que genere un mejor y más sano desarrollo de sus cerebros.

Pensadlo por un momento, ¿cuántas de las capacidades que poseéis las tenéis gracias a que hubo un otro en vuestro proceso de desarrollo que se empeñó en que las desarrollarais?, ¿cuántas de las acciones que realizáis, de manera habitual, para alcanzar con éxito vuestras obligaciones y tareas cotidianas las podéis ejecutar porque hubo un otro en vuestro proceso de desarrollo que se empeñó en que hicierais bien y muchas veces eso mismo que ahora os resulta natural, sencillo y rutinario? Cuantas veces nuestra madre, nuestro padre nos sentó a estudiar, nos obligó a leernos la lección hasta aprenderla, nos obligó a ir a la ducha, a lavarnos los dientes, a poner el despertador de tal manera que nos diera tiempo a desayunar y no llegáramos tarde… 


"La necesidad fundamental de los bebés es tener
un vínculo afectivo sólido con sus figuras de cuidado"

En este libro vais a encontraros, a través de sus 10 capítulos, una guía para facilitar este desarrollo sano de los niños y niñas, para que el desarrollo de sus capacidades emocionales y de su inteligencia emocional sea el mejor posible. Así como indicaciones para lograr, ajustando nuestra manera de educar, de dar cariño, de establecer normas y límites, que vuestros niños construyan una fuerte y sólida seguridad en sí mismos.

Toda esta información se va facilitando a lo largo de las explicaciones teórica de los capítulos, pero se termina de trabajar sobre la información de cada capítulo con un cuento.

De la misma manera que las personas estamos hechas de átomos, la vida está hecha de historias y cuentos. Creemos firmemente que para poder entender cuestiones relevantes y complejas de la vida qué mejor que ir a uno de sus componentes fundamentales, los cuentos y las historias.


La intención de los cuentos que vais a encontrar en cada capítulo es múltiple. Por una parte, nuestros cuentos pretenden ejemplificar en una historia los conceptos teóricos explicados en cada capítulo. Creemos que es mucho más sencillo aprender una información si podemos relacionarla o incrustarla en una historia. Por otro lado, hemos querido terminar de explicar la información de cada capítulo con un cuento puesto que teniendo una imagen o una metáfora que conceptualice las ideas complejas que hemos explicado es mucho más fácil de recordar. Por ejemplo, antes hemos explicado que si los bebés no tienen satisfecha su necesidad constitutiva de tener una unión afectiva que les dé protección y afecto (vínculo de apego) con un adulto sufren estrés. Nos parecía que esta idea permanecería más tiempo en la memoria de los lectores si hablábamos del frio en alma. Todos sabemos qué es pasar frio, y sabemos que esto pasa si no estamos abrigados, pues creamos, a partir de esta idea conocida, el concepto de frio en el alma, un frio que se puede sentir estando adecuadamente abrigados, que se siente cuando no tenemos las necesidades afectivas cubiertas.


Y por último quisimos aderezar los capítulos del libro con cuentos para, después de haber hecho pensar a los lectores sobre los contenidos teóricos, hacerlos sentir estos contenidos. Sintiendo se aprende de una manera más significativa y profunda. 

Por otro lado, en el libro exponemos las maneras adecuadas de tratar a los niños y niñas y las no adecuadas. Esto puede llevar al lector a plantearse su crianza con sus hijos o a repensar en cómo él fue criado. A veces pensar en uno mismo, en nuestras actuaciones o en las actuaciones que otros tuvieron con nosotros no es fácil, pero es muy necesario para mejorar o para aprender de los errores que cometieron con nosotros y no repetirlos. Por todo esto también los cuentos son muy útiles puesto que nos ayudan a pensar en lo que nos ha pasado, pero desde la seguridad y protección que da el estar pensando en otros personajes. De esta manera se puede burlar los mecanismos de defensa normales que tenemos todos y todas, para entrar en contacto con nosotros mismos y nuestra historia de una manera mucho más profunda.

Pues esto es lo que contiene este libro de Cuentos para el desarrollo emocional. Contiene mucha magia que es explicada con ciencia. Contiene un puñado de historias mágicas para acercarnos a realidades del proceso de desarrollo de los niños y las niñas. Porque los cuentos no son sino la traducción de la vida real a fantasía. Y con estas fantasías esperamos que los lectores puedan llevarse muchas herramientas prácticas e imágenes metafóricas para esculpir el cerebro de sus niños de una manera más sana y adecuada. Esperemos que disfrutéis con los unicornios que no sienten frio en el alma, con los tres cerditos que explican  cómo construyen la casa emocional en la que viven sus hijitos y cómo en función de este proceso los cerditos tendrán unos problemas u otros en el futuro, con una bicicleta para manejar bien el enfado, con los neuroduendes que utilizan la tristeza para superar una pérdida… y con unos cuantos seres mágicos más. 

lunes, 28 de octubre de 2019

Campaña de sensibilización #Educar sin miedo promovida por Padres Formados.

Tenía pendiente -con tanto trabajo tras el verano no había podido hacerlo- presentaros la campaña #educarsinmiedo promovida por Leticia Garcés desde la web Padres formados. Leticia nos invitó a mi y a mis colegas Maryorie Dantagnan, Jorge Barudy y Rafael Benito a una jornada formativa en Iruña-Pamplona el pasado mes de mayo, y en este contexto Leticia presentó la mencionada campaña.

En nuestra sociedad perduran muchas ideas equivocadas sobre la educación padres-hijos, modelos de crianza que muchas familias transmiten transgeneracionalmente de una manera acrítica y sin cuestionamiento sobre su validez y utilidad. Formas de educar que nos son respetuosas con los niños/as y tampoco resultan eficaces ni saludables a largo plazo para estos/as. Hoy en día, las neurociencias han revolucionado todos los ámbitos y, entre otras muchas contribuciones, nos entregan el conocimiento de que los buenos tratos garantizan el desarrollo y el bienestar infantiles y son la base para que los niños/as desarrollen un fundamento seguro que les permita un crecimiento sano desde el punto de vista físico y psicológico. 

Teniendo en cuenta que esta campaña pretende dar a conocer y extender una educación basada en los buenos tratos, este blog no puede permanecer ajeno a la misma y pone su grano de arena para que pueda extenderse. Es necesario que le demos la máxima difusión posible porque muchas familias permanecen aún ajenas a este tipo de conocimiento y perpetúan los modelos sin cuestionarlos. Hacerles llegar esta información puede ser un primer paso para poder activarlas y hacerles pensar. A partir de ahí, es cierto que queda todo un trabajo de otro nivel que es acompañar  a y trabajar con estas familias para que puedan cambiar sus creencias, valores y actitudes hacia otros que entronquen con modelos respetuosos de crianza, tarea que lleva adelante Leticia Garcés y equipo desde Padres Formados.

Tal y como la web Padres Formados refiere, #educarsinmiedo es "una campaña de sensibilización de #padresformados por redes sociales para concienciar sobre la importancia de educar sin generar miedo en los menores y sin que la emoción del miedo se apodere de las intervenciones educativas que los adultos llevamos a cabo".

Prosigue Leticia y equipo afirmando que "el objetivo principal es sensibilizar sobre la importancia de educar con afecto, desde la educación emocional, con respecto y siendo conscientes de que el miedo condicionado daña la estructura cerebral de niños y niñas que están en desarrollo y cuya necesidad principal es vincularse afectivamente con sus figuras de referencia, sintiéndose amados, no solamente siendo amados y creando apegos seguros y relaciones estables".

"A veces pasamos por alto ciertas actuaciones porque así las vivimos en nuestra infancia y por eso reflexionar sobre nuestras vivencias personales mediante recursos continúas es importante para no repetir ni proyectar patrones de conducta adquiridos", concluyen.

La campaña tiene como base cinco cortos que versan sobre los siguientes importantes aspectos:


Para ver los 5 cortos, haz click AQUÍ

1. Vincularse para compartir: Este primer cortometraje nos permite reflexionar sobre esas veces que el adulto toma decisiones sin poner demasiada conciencia en lo que está generando mediante su intervención. “Compartir” es un valor social importante, pero aún más vincularnos afectivamente con las personas con las que tenemos que compartir.

2. Etiquetas que dañan: Las etiquetas distorsionan el autoconcepto y dañan la autoestima, nos hacen creer que somos como los demás nos ven: vagos, desobedientes, despistados o torpes, incluso en positivo puede ser contraproducente porque ser “buena para el adulto” puede ser a costa de no expresar emociones o reprimirse por miedo a la reacción de éste.

3. Validación emocional: La “validación emocional” no es una estrategia que llevamos a cabo como alternativa a condicionamientos como la amenaza, el castigo o el grito. No es la forma positiva de conseguir lo mismo, sino la forma natural de tratarnos unos a otros, la base sobre la que construimos la comunicación, la toma de decisiones o la forma de comportarnos con los miembros de la familia que tanto amamos.

4. Reparación del vínculo: Es importante que los adultos que no hemos sido capaces de gestionar una situación, reconozcamos que nos hemos equivocado y reparemos el daño o malestar que hayamos causado. El miedo cuando se siente, se atiende y cuando se genera, se repara, no hay otra. Esto permite que los menores graben a nivel inconsciente experiencias empáticas que les hagan sentir amados y seguros con otras personas.

5. Hábitos saludables: Los hábitos saludables que destacamos son tres: la alimentación saludable, el ejercicio y el buen descanso. De esta manera, mantenemos los niveles de estrés a raya, para que cuando lleguemos a casa podamos ser capaces de dejar las preocupaciones del trabajo fuera y disfrutar de las relaciones familiares

Además, Padres formados ha publicado un libro titulado Educar sin miedo donde Leticia Garcés y equipo pasan revista a un buen número de frases que todos y todas nos hemos sorprendido repitiendo con nuestros hijos/as y que reflejan cómo en el conocimiento procedimental actuamos con ellos/as lo que vivimos y experimentamos en nuestra infancia con nuestros propios padres o adultos cuidadores. Ser conscientes de ello es un gran paso para poder darnos cuenta y así desde la reflexión cambiar estas creencias y actitudes por otras afectivas y contenedoras, de manera respetuosa, de nuestros niños y niñas.

Portada del libro Educar sin miedo


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lunes, 21 de octubre de 2019

La traumaterapia de Barudy y Dantagnan con menores víctimas de abuso sexual (1)


¿Quieres formarte como Traumaterapeuta en el 
Modelo de Barudy y Dantagnan?
Esta semana finaliza el plazo de inscripción para la promoción 2019-21.
Quedan algunas plazas en San Sebastián, Gipuzkoa.
Información e inscripciones: wwww.traumaterapiayresiliencia.com

Quiero empezar dando las gracias a mis pacientes, sobre todo a los niños y niñas, porque ellos me han enseñado a ser mejor persona y psicoterapeuta. Las víctimas siempre nos dan una lección sobre la increíble capacidad para crecer y rehacerse desde los traumas y la adversidad.

También quiero testimoniar mi agradecimiento a mi profesora y colega Maryorie Dantagnan, del Instituto para la Investigación Acción sobre la Violencia y la Promoción de la Resiliencia (IFIV), en Barcelona, pues a ella debo mi formación y mucho de lo que en estas líneas se expone. Su modelo de intervención en Traumaterapia Infanto-juvenil sistémica es el que desarrollo en este texto como el modelo idóneo al estar diseñado y adaptado al sufrimiento infantil, y por su concepción integradora.

Quiero proseguir este post invitándoos a que os pongáis en la piel de una persona menor de edad víctima de un tipo de abuso que puede ser devastador para su desarrollo, esto es, el abuso sexual, en el momento en el que es invitada a hacer una terapia psicológica. Una intensa neurocepción de terror e inseguridad pueden invadirle sin ser totalmente consciente de ello. Neurocepción es un término utilizado por Porges (2011). Dicho concepto es diferente del de percepción. En la percepción existe un componente de valoración cognitivo. La neurocepción en cambio son sensaciones y emociones que se experimentan por debajo del nivel de la conciencia y que se graban en la memoria implícita (un tipo de memoria inconsciente que registra emociones y sensaciones: olores, sabores, reacciones corporales…) y que transmiten el mensaje de que la expectativa prevista y la consecuencia que se va a dar con respecto a las personas con las que vas a estar es segura. (Ogden, 2016) Es una especie de pálpito, de feeling, que siente el niño en su cuerpo y en su piel, de que esas personas le van a dar seguridad y cuidados empáticos.

Cuando un niño o niña llega a la consulta y se encuentra con un desconocido a solas en el espacio cerrado de una sala durante una hora, solos los dos, con el propósito de hablar de lo que tengo apartado de mi mente porque su recuerdo me desregula, la neurocepción que pueden experimentar es de terror e inseguridad. Su cuerpo neurocepta, registra el mensaje de que con el psicoterapeuta –aunque no sea así- está en peligro. Por eso, los niños pueden no querer venir o excusarse, bloquearse durante las sesiones y no decir nada, como si no estuvieran presentes (es una reacción de su sistema nervioso ante la neurocepción de peligro, algo no voluntario y que no debe de confundirse con la actitud, esta es mucho más consciente) e incluso escaparse de la sala de la psicoterapia. 

La persona del psicoterapeuta –un adulto, solos los dos en una sala- puede evocarles el recuerdo inconsciente del abusador y la escenificación del abuso, y por consiguiente dispararse estas reacciones neuroceptivas defectuosas. Así pues, por ello, mi profesora Maryorie Dantagnan (2014) siempre recuerda a los psicoterapeutas que el hacer psicoterapia con un niño o joven víctima de abuso sexual es “como invitarle a dar un paseo por un campo de minas de la mano de un desconocido” El primer aspecto que hemos de tener muy en cuenta como profesionales es esto último. Por ello, hemos de cuidar muy mucho y hemos de conseguir que la persona menor de edad a quien un adulto traicionó su confianza sea capaz de bajar las defensas neuroceptivas de terror e inseguridad por las de confianza, tranquilidad y seguridad en la persona de su psicoterapeuta. Y hablo de persona porque el profesional es eso: una persona que debe de poseer unas cualidades –y tener muy bien elaborada su historia de vida y su historia de apego y vínculos afectivos con sus padres y familia- que harán que él o ella sea el principal instrumento de generación de cambios positivos y logro de restauración del bienestar en el niño o joven. 

El modelo de interacción con nuestro pequeño paciente ha de ser relacional, basado en una comunicación afectivamente resonante, donde mostremos receptividad empática y el niño o joven sientan que puede dejarse caer porque vamos a responder como si fuéramos unos brazos seguros (afectivos, empáticos y contenedores de lo que surja) Una terapia analítica, interpretativa, interrogadora, basada en el uso de la palabra mediante la conversación vis a vis… es muy probable que esté abocada al fracaso. 

Por ello, es requisito fundamental durante toda la psicoterapia

-Ser capaz de generar confianza y seguridad en el menor de edad. 

-Dejar bien claros los límites y normas de funcionamiento de la psicoterapia, ello le da predictibilidad al niño o joven. 

-Asegurar que un adulto de la confianza del niño o joven les acompaña a las sesiones y les viene a recoger antes o después (con los jóvenes puede compartirse la conveniencia o no de esto, se les puede ofrecer)

-Explicar al niño qué vamos a hacer, en qué consisten las sesiones, cómo trabajamos, para qué va a venir, si está por voluntad propia, la estructura de las sesiones, lo que es confidencial o no (especialmente si la información relevante ha de trasladarse a un informe que irá al juzgado) y que nada haremos en la psicoterapia a la fuerza porque a él o ella bastante le han forzado ya en su vida. 

-Respeto total por la persona del niño, las resistencias son normales y esperables en una psicoterapia de este tipo y su resolución –usando la empatía- un motor de avance durante el tratamiento. 

-Recibir al niño o joven en una sala de psicoterapia infanto-juvenil, con materiales adecuados para que pueda expresarse con un lenguaje que sea apropiado, mediante técnicas adaptadas a su nivel de desarrollo y a los bloqueos verbales que los traumas psíquicos suelen conllevar. Son completamente inadecuados modelos de salas de adultos traspasados a los menores. En este sentido, apostamos por el tipo de sala de terapia que usamos todos/as los/as traumaterapeutas de la RED APEGA de profesionales que puede verse en la fotografía (sala de Maryorie Dantagnan, mi profesora y colega, en su centro de IFIV, en Barcelona) denominada Sala de valientes, con un mensaje metafórico de la consideración que tenemos del niño, como el héroe de una historia. 

Sala de los valientes de Maryorie Dantagnan, psicóloga, en IFIV Barcelona.
El modelo de psicoterapia y la sala deben estar adaptada a los niños.

Como refiere Maryorie Dantagnan, las sesiones deben estar basadas en una metodología semi-directiva, con un tiempo para que el menor de edad pueda expresarse mediante las técnicas que él elija (juego, juego con el cajón de arena, dibujo, títeres, arteterapia…) y otro tiempo en el cual el profesional elije qué tipo de trabajo realizar con el menor de edad. Tanto si este elige como si lo hace el profesional, el niño sabe que la psicoterapia es un espacio de trabajo, por lo que, pasada la fase de evaluación, ambos convendrán unas metas y objetivos psicoterapéuticos, que serán compartidos con el referente del niño o joven (adulto o adultos responsables de su cuidado y acompañamiento).

Además de todos estos aspectos, fundamentales, cara a una psicoterapia, otros requisitos que neuroceptan seguridad (reducen la probabilidad de que el menor de edad reaccione con ansiedad, hiperexcitación, rabia, miedo, escape, agresividad; o con bloqueos, disociación o embotamiento afectivo) y que no debemos olvidar antes de prescribir este tipo de tratamiento son (Dantagnan, 2014):

Para hacer una psicoterapia un niño tiene que estar protegido. Hay muchas maneras de estar y sentirse protegido. Si un niño o joven no lo está no podrá llevar adelante una psicoterapia, porque se sentirá en peligro o inseguro y necesitará las defensas (ataque, lucha, huida, disociación…) para sobrevivir en el contexto desprotector. La psicoterapia incide en reducir estas y en activar el sistema de conexión social (Porges, 2011), algo que no le será posible si se siente en peligro. Debemos asegurarnos que: (1) El menor de edad disponga al menos de un cuidador que satisfaga sus necesidades y crea en él y en sus posibilidades. Nos hacemos bajo la influencia de otros. Un psicoterapeuta difícilmente podrá por sí solo con una hora a la semana ayudar a sanar a un menor de edad si este no tiene cubiertas sus necesidades básicas. (2) No tenga contacto alguno con el abusador. Estar conviviendo con el agresor precisa de las defensas animales (ataque, lucha o huida, disociación) Si se consienten visitas o periodos de convivencia con el abusador estamos constantemente neuroceptando peligro al niño. Además de las consideraciones éticas o legales (interés superior del menor que no siempre es contemplado en un sistema judicial demasiado adultista) de estas medidas, hemos de tener en cuenta que sin la debida protección, la psicoterapia no será viable. Se puede prever una intervención de otro tipo (por ejemplo, resiliencia, acompañamiento…) pero una psicoterapia sensu estricto no será recomendable y puede estar hasta contraindicada.

El contexto es muy importante que apoye y participe de la medida psicoterapéutica. No sólo el menor de edad debe de estar protegido y contar con un adulto –al menos uno- que le cuide y satisfaga sus necesidades, sino que dicho adulto y su contexto de referencia inmediato (personas seguras con las que conviva, tutor escolar, psiquiatra…) apoyen y se coordinen con el psicoterapeuta. En el modelo de psicoterapia de Barudy y Dantagnan, en el cual me he formado, el adulto que acompaña al niño debe de apoyar e implicarse en el proceso terapéutico. Como dice Maryorie Dantagnan, su participación, tareas terapéuticas y trabajo junto con el profesional psicoterapeuta fuera de las sesiones se aprecia enormemente. Un menor de edad abusado necesita adultos sanos que sean capaces de ser personas que sintonicen con el niño, tengan la habilidad de regularle emocionalmente y darles seguridad y se muestren consistentes y coherentes con los límites y las normas. Adultos a cargo del niño o joven desregulados emocionalmente, inseguros, con un tipo de parentalidad desconectada y con muchas dificultades para contener y ser firmes con el menor de edad tienen que hacer un trabajo en paralelo al niño con el mismo u otro profesional. Del mismo modo, la labor de coordinación multidisciplinar con otros profesionales que intervienen y conforman la red psicosocial del niño o joven es necesaria, pues nuestra visión es siempre sistémica. Estoy de acuerdo con Maryorie Dantagnan en que una psicoterapia no debería de reemplazar el derecho del niño a ser protegido, que es su interés superior. 

Los abusos sexuales pueden ser traumáticos. Cuando son perpetrados por una persona ajena a la familia, los recuerdos traumáticos se integran mejor en el cerebro/mente del niño o joven porque de un desconocido podrías llegar a esperar una agresión, lo cual no quiere decir, por supuesto, que un adulto abusador desconocido para el niño no deje secuelas. Lo que ocurre es que cuando el perpetrador es alguien vinculado afectivamente al niño hay una traición a su confianza. Cuando el daño proviene de una figura con la que el niño tiene un vínculo de apego (progenitor), el abuso (el daño) se produce dentro de este vínculo. El vínculo de apego (Marrone y otros, 2001) es un tipo de vínculo específico que designa la estrecha unión afectiva que se genera entre el niño y su/s cuidador/es principales – usualmente los padres- desde el nacimiento y cuya función es la de proveer a aquel de una experiencia de regulación emocional y seguridad. El vínculo de apego garantiza la supervivencia de la especie, es imposible –en los casos de maltrato y abuso con figuras adultas que forman parte del universo afectivo del niño también hay un vínculo, otro asunto es el tipo de vínculo, el cual será, probablemente, inseguro- no vincularse pues la premisa es apégate o muere. Los seres humanos nacemos indefensos y prematuros, necesitamos completar nuestro neurodesarrolo –este, además, es muy prolongado en el tiempo, dura hasta los 25 años- fuera del útero materno. 

La relación de apego es fundamental a lo largo de toda la vida, pero especialmente entre los 0 y los 3 años, edades muy sensibles donde se construyen los vínculos de seguridad y confianza en el mundo adulto. Además, en este periodo de la vida las estructuras neurobiológicas responsables de la regulación emocional están en desarrollo y son muy sensibles al impacto del entorno. Estas estructuras precisan de una figura de apego sensible, empática y que tenga total respeto por la autonomía segura del niño. Los buenos tratos que una figura de apego dispensa a un niño en forma de afecto, normas claras y coherentes, empatía, seguridad y confianza son necesarias porque orquestan el desarrollo y contribuyen al moldeado y adecuado desarrollo del cerebro/mente. (Barudy y Dantagnan, 2005; 2010) (Siegel, 2007) (Benito, 2015)


La memoria traumática es atemporal, queda registrada en el cuerpo y grabada en el sistema nervioso 
y puede activarse involuntariamente ante disparadores del presente. 
Si no se trabaja terapéuticamente, irá con la persona toda su vida, como en este impactante vídeo. Lo sabido impensado: "En realidad siempre lo he sabido pero nunca he pensado en ello" (Bollás)


La calidad de nuestro sistema nervioso depende de la calidad de las personas con las que nos relacionamos. Si hay calidad en nuestras relaciones, hay calidad en nuestra organización cerebral y, por ende, en nuestra personalidad. Si ningún ser humano adulto está preparado para un maltrato o abuso, menos aún lo está un niño. Que la misma persona que -como niño e indefenso- de la que dependes para tu supervivencia, en la que confías, sea simultáneamente la que te daña, abusándote, es inasumible para la mente infantil. De aquí es donde proviene el trauma: la traición a la confianza. El vínculo que hasta entonces era seguro se desorganiza y el menor de edad activará en su relación con el adulto tanto el sistema de apego como de defensa. Desarrollará una parte que se apegará al agresor, pero vivirá otra totalmente opuesta que se defenderá y que a menudo disociará de su mente (mecanismo de supervivencia), puesto que ni luchar ni huir del abusador es posible. Una gran confusión –pues el niño no tiene un sistema cognitivo suficientemente desarrollado para entender y los abusadores suelen ser manipuladores- y alteraciones de atención y memoria y en el desarrollo de la conciencia del self (sí mismo) sucederán en ese menor, máxime si no se detecta el abuso ni tiene una figura adulta alternativa que se haga cargo y le proteja, y el secreto perdure durante años. La posibilidad de desarrollar una personalidad fragmentada con partes o aspectos del yo no integrados –las partes emocionales que contienen los recuerdos disociados de las experiencias de abuso- y síntomas postraumáticos y disociativos (otros yoes que toman el control del sujeto) es alta (Liotti,2006) (Steele y otros, 2008)

Maryorie Dantagnan es co-creadora del
Modelo de Traumaterapia.
La intervención psicoterapéutica con menores víctimas de abuso sexual. El modelo de tres bloques de Traumaterapia infanto-juvenil sistémica de Barudy y Dantagnan es por el que apuesto y apostamos en la RED APEGA. No a todos los menores los abusos les afectan por igual ni tienen las mismas necesidades. La afectación depende de muchos factores: familiares, la existencia de vinculación segura con otros adultos, tipo y duración del abuso, la relación con el abusador (más tóxica si existe un vínculo afectivo), la reacción del entorno familiar del niño o joven, el grado de apoyo que encuentre tras la detección, la edad madurativa… La psicoterapia debe estar diseñada para atender a las necesidades, síntomas y áreas afectadas concretas de ese menor. Ha de estar adaptada a él y no a la inversa. Los profesionales a veces tratan de que el niño o joven encaje en su modelo de psicoterapia y no a la inversa. Esperan que el menor de edad traiga a la sesión aspectos a trabajar o pueda hablar de ello cuando no es así porque el trauma bloquea las palabras y hablar puede no aliviar nada sino al contrario, retraumatizar más. El paso por los juzgados y las declaraciones a las que se ven obligados a realizar también incide en la desregulación y en la retraumatización. 

En la segunda parte de este post nos extenderemos sobre la traumaterapia de Barudy y Dantagnan aplicada al tratamiento de los abusos sexuales a menores.

BIBLIOGRAFÍA

Barudy, J. y Dantagnan, M. (2005) Los buenos tratos a la infancia. Parentalidad, apego y resiliencia. Barcelona: Gedisa. 

Barudy, J. y Dantagnan, M. (2010). Los desafíos invisibles de ser madre o padre. Manual de evaluación de las competencias y la resiliencia parental. Barcelona: Gedisa. 

Barudy, J. y Dantagnan, M. (2017) Prólogo. En Gonzalo, J.L. y Benito, R. (2017) La armonía relacional. Aplicaciones de la caja de arena a la traumaterapia. Bilbao: Desclée de Brouwer.

Benito, R. (2015) Neurobiología del trauma. Powerpoint presentado en el Postgrado en traumaterapia infantil sistémica de Barudy y Dantagnan. San Sebastián: Documento no publicado. 

Cyrulnik, B. (2003) El murmullo de los fantasmas. Barcelona: Gedisa. 

Dantagnan, M. (2014) La trauma-terapia sistémica aplicada a los niños, niñas y adolescentes afectados por traumas. Un modelo basado en los buenos tratos y la promoción de la resiliencia. Powerpoint presentado en el marco del Diplomado en trauma terapia infantil sistémica. Bilbao: Documento no publicado. 

Marrone, M.; Diamond, N. (2001) La teoría del apego. Un enfoque actual. Barcelona: Psimática. 

Ogden, P.; Fisher, J. (2016) Psicoterapia sensoriomotriz. Intervenciones para el trauma y el apego. Bilbao: Desclée de Brouwer. Liotti, G. (2006) A model of dissociation based on attachment theory and research. Journal of Trauma & Dissociation, 7 (4), 55-73.

Porges, S.W. (2011) The polyvagal theory: neurophysiological foundations of emotions, attachment, communication and self-regulation. New York: W.W. Norton & Company. 

Siegel, D. J. (2007) La mente en desarrollo. Cómo interactúan las relaciones y el cerebro para modelar nuestro ser. Bilbao: Desclée de Brouwer. 

Steele, K., Nijenhuis, E. y Van der Hart, O. (2008) El yo atormentado: la disociación estructural y el tratamiento de la traumatización crónica. Bilbao: Desclée de Brouwer. 


Wallin, D. (2012) El apego en psicoterapia. Bilbao: Desclée de Brouwer.