lunes, 30 de mayo de 2016

La importancia de comprender el comportamiento de los niños con trauma complejo. Orientaciones para familias y profesionales.



Diez meses, diez firmas.


Profesional invitada en el mes de mayo de 2016:





Tatiana Caseda Fernández


Conocí a Tatiana Caseda Fernández hace ya unos cuantos años, a principios de este siglo, allá por el año 2000. Trabajábamos los dos para la misma empresa responsable de implementar los programas de evaluación e intervención de la Diputación Foral de Gipuzkoa con menores en situación de grave desprotección. Ella era trabajadora familiar de unos menores que estaban haciendo psicoterapia conmigo. Me impactó profundamente que los niños la tenían siempre presente como una persona capaz de empatizar y dar seguridad. Tatiana continuó su carrera profesional como psicóloga responsable de la misma tipología de casos, realizando una importantísima labor al trabajar con familias y menores con severas alteraciones psíquicas y comportamentales como consecuencia de los malos tratos. Hemos compartido muchas horas de coordinación y dedicación a estos menores. Posteriormente, se formó como psicoterapeuta y tuve la dicha de acompañarle en su proceso de aprendizaje dentro del Postgrado en traumaterapia sistémica-infantil de Barudy y Dantagnan. Ahora ejerce en su consulta particular como psicoterapeuta infantil y adultos y es docente del mencionado postgrado. Además de su trayectoria contrastada, Tatiana tiene -algo no alcance de todo el mundo- capacidad para conectar emocionalmente con los niños y especialmente con los adolescentes. Me ha parecido que debía compartir todo lo que ella ha aprendido estos años con vosotros/as y gustosamente ha escrito este artículo que nos enseña qué les sucede a los menores con trauma complejo y cómo podemos ayudarles tanto las familias como los profesionales. Muchísimas gracias, Tatiana, por compartir tu tiempo y tus conocimientos y aceptar la invitación a participar en Buenos tratos.



Tatiana Caseda Fernández. Licenciada en Psicología clínica  por la Universidad del País Vasco. Máster en terapia de familia y de pareja por la Universidad del País Vasco con orientación sistémica. Diplomada en  psicoterapia infantil por el IFIV de Barcelona. Formación de psicoterapia en técnicas gestálticas y bioenergéticas. Formación en EMDR adultos (nivel I). Profesional con amplia experiencia valorando e interviniendo en casos de menores y sus familias en situaciones de desprotección grave. Actualmente trabaja en consulta privada como psicóloga y psicoterapeuta infantil y de adultos en Donostia-San Sebastián y es docente en el  Diplomado en Traumaterapia infantil sistémica de Barudy-Dantagnan en el País Vasco.

Cuando mi compañero y amigo José Luis me planteó poder escribir en su blog sentí una gran responsabilidad. Pensé en nuestros niños traumatizados, en todos los retos a los que se someten diariamente y me sentí animada para desde mi experiencia diaria, exponeros (a los padres, las familias y profesionales) lo que considero importante tener en cuenta para poder ayudarles.

Aunque hoy en día se sabe las secuelas que produce el trauma a nivel neurológico, me ha conmovido profundamente escuchar a mi profesor Jorge Barudy en el congreso de Naciones Unidas al que fue invitado, cuando explicó de una manera tan gráfica, arrugando un papel delante de todos los presentes, la manera en que el trauma afecta al cerebro. 

Así que si lo pensamos bien, nuestro cometido, el de las personas que trabajamos con estos niños y el de los padres adoptivos, acogedores y/o tutores, sería intentar alisar esa hoja de papel todo lo que podamos, ya que eso lograría mejoras importantes en las diferentes áreas de su vida, tejiendo para ello una red de personas que les apoye y les ayude a construir lo que no pudieron aprender y construir en sus primeros años de vida.

Por lo tanto deberíamos reflexionar sobre la responsabilidad que tenemos como especie humana para no permitir que se siga traumatizando a los niños, extinguiendo de una vez tópicos tan usuales como: “sus padres sabrán”, o “es mi hijo y hago con él lo que quiero”. Debemos darnos cuenta de cuanto dolor puede haber detrás de eso y no permitir que ocurra, ya que nos podemos convertir en cómplices del sufrimiento que padecen muchos de ellos.

Con todo esto me gustaría poder contribuir a ayudar a la comprensión, que tanto los profesionales que trabajan con estos menores, como los padres adoptivos y o acogedores o tutores deberían hacer, para  poder entender el comportamiento de estos niños, y de esa manera ayudarles; ya que habitualmente no han oído hablar del apego, de la resiliencia y de cómo la crianza en los primeros años de vida es fundamental para que se geste un cerebro sano. Por lo que se encuentran totalmente desbordados y perdidos a la hora de actuar con sus hijos o alumnos.

Todo lo que aquí expongo es una elaboración personal de lo que he aprendido de mis profesores y amigos Jorge Barudy, Maryorie Dantagnan y José Luis Gonzalo Marrodán.

Como todos sabemos un bebe nace totalmente dependiente de su cuidador, y si no dispone del mismo, podría morir, por lo que busca apegarse al cuidador para garantizar su supervivencia. Si el cuidador responde de manera cariñosa, ordenada, predecible y se establece una adecuada comunicación entre ambos, además de empatizar con el mismo y calmarle cuando lo necesita sin invadirle, el bebé y con él su cerebro comenzaran a ordenarse psíquicamente. Es especialmente sensible el periodo de cero a tres años, etapa en la que se está en pleno desarrollo. Cuando esto ha sido posible, tendremos un cerebro organizado y lograremos que el menor adquiera competencias cognitivas para aprender, para expresar sus emociones de manera regulada, para interiorizar normas, para atribuir intenciones positivas hacia los demás, empatizar con los otros. Sabrá relacionarse de manera adecuada con los demás, poder centrar su atención, sentirse seguro con el otro, tolerar la frustración, ser más autónomo, aceptar la ayuda… pero si por el contrario el bebé no recibe estos cuidados, lo que hace es aprender a desconectarse de la mente de los otros, ya que las comunicaciones con sus padres biológicos o cuidadores son vacías o terroríficas;  y si además se mantienen en el tiempo no serán capaces de leer los deseos o las intenciones de los otros, teniendo dificultades en  la función  mentalizadora y o reflexiva. No hay que olvidar que hay un periodo crítico para ello, y que pasado el mismo, será más difícil poderlo lograrlo.

Es muy importante que los padres adoptivos o profesionales que trabajan con menores que han padecido situaciones de negligencia y maltrato grave en sus primeros años de vida, sepan el daño que ha provocado en los niños el no haber tenido estos cuidados, ya que si somos capaces de entenderlo, podremos verles desde otro registro, no poniendo intencionalidad en las acciones o comportamientos que tienen. Entenderemos que debemos convertirnos en tutores de resiliencia secundaria, ya que no tuvieron resiliencia primaria.

Cuando no estamos familiarizados con esta teoría, resulta  difícil entender como muchas de las conductas que muestran, la mentira, la manipulación, la necesidad de control hacia el otro, las dificultades de vincularse, las de aprender, de empatizar, de mentalizar... están directamente relacionadas con las carencias y el maltrato sufrido en los primeros años de vida. Su cerebro les hace comportarse, sentir y pensar de la única manera que han aprendido a hacerlo, para garantizar la supervivencia en aquel entorno, trasladándolo a los entornos y a las relaciones actuales, pese a que en este momento sea desadaptativo para ellos y para los que le rodean. Para ello, debemos trabajar entre todos para poder aportarles la seguridad que no tuvieron, con firmeza, empatía, constancia y paciencia.

En relación a la permanencia

El profesorado se mostrará de acuerdo si afirmo que  los que están más dañados tienen muchas dificultades para realizar cualquier tarea dentro del aula cuando el adulto desaparece de su lado, ya que no han desarrollado una guía interna que organice su comportamiento. Por lo tanto debemos ser conscientes que estos niños tienen necesidades educativas especiales y debemos hacer lo posible para poder aportárselas. No solamente van a necesitar está permanencia del adulto dentro del aula, sino también en otras actividades extraescolares que realicen y en el propio domicilio familiar.  Por ello, los padres y cuidadores deberán hacer un importante acompañamiento a lo largo del tiempo, ya que debemos tener en cuenta su edad emocional y no la cronológica, por lo que no podre exigirle determinados comportamientos o actitudes, ni en casa ni el centro escolar, ya que no serán capaces de llevarlas a cabo. En mi práctica profesional me encuentro con adolescentes de 14 años que se comportan en determinadas situaciones como si tuvieran 4 años.

Es cierto que en ocasiones no es fácil, ya que el menor no desea este acompañamiento, porque quiere ser como sus iguales; pero debemos negociar y hacerle entender la necesidad de ayudarle y protegerle de esta manera, hasta que poco a poco pueda ir estando más preparado para ir realizando determinadas actividades sin tanta supervisión. Si somos empáticos y firmes, serán más capaces de entender que es la manera de protegerles y ayudarles.

También es importante señalar, que pese a que no se puede desaprender lo aprendido, si se puede aprender nuevas formas de funcionar, que es lo que intentaremos conseguir entre todos con estos menores. Aunque el camino sea largo y no sea fácil es importante ser paciente y perseverante, no debemos olvidarlo.

En relación a la estructura

En la mayoría de los centros escolares y domicilios familiares se nota una mejoría cuando tenemos en cuenta lo siguiente: se debe crear un ambiente estructurado, donde las normas y los límites sean claros y predecibles. Donde el menor es aceptado, no así determinadas conductas que pueden dañar a otros o a él mismo. Reconocemos su dolor y su sufrimiento y le ayudamos a entender que sus conductas tienen que ver con las situaciones vividas en sus primeros años de vida y se le anima a dejarse ayudar para poder cambiarlo, ya que dichos comportamientos (pese a que en su momento fueron adaptativos), no le ayudan en la actualidad y le hacen sufrir. Le explicamos que los problemas que padece son fruto de su sufrimiento, no hay nada malo dentro de él para comportarse así. Los padres, los cuidadores y los profesionales que trabajamos con estos menores debemos tenerlo siempre presente.

En relación a los castigos

Más que utilizar el castigo debemos ayudarles a que puedan darse cuenta de cómo se sienten las otras personas cuando ellos realizan determinadas conductas, y valorar las consecuencias que trae, tanto en lo emocional como en lo estructural para ambas partes.  Para ello, debemos trabajar la empatía y ayudarles a reparar el daño causado al otro, apoyándoles emocionalmente para que puedan llevarlo a cabo.

En este sentido, nunca es adecuado retirar el afecto, aunque el comportamiento del otro si debe denotar que lo ocurrido ha sido grave.  Es importante que los niños aprendan desde las consecuencias y no tanto desde los castigos, y mucho menos cuando son excesivos y se mantienen exageradamente en el tiempo. Los castigos y el tiempo fuera no les suelen ayudar, ya que pueden conectar con situaciones del pasado donde el abandono y la violencia estuvieron presentes, y lejos de ayudarles y tranquilizarles, pueden provocar el efecto contrario. Activando las partes más primarias del cerebro, el reptiliano, que les hacen conectar con fantasmas pasados.

Son muchos los padres adoptivos y también profesionales, a los que les resulta difícil llevar esto a la práctica y no utilizar el castigo, ya que piensan que al no hacerlo, los menores les están “ganando” y haciendo lo que les da la gana con total impunidad. En esos momentos no debemos olvidar todo lo que hemos abordado y pensar que ellos están asustados y que tienen miedo a que les dañemos, porque es lo que hicieron con ellos. Debemos trabajar nuestras propias dificultades para que por nuestra parte no mostremos una respuesta desadaptativa, y así no confirmar el miedo a que se les haga daño, ya que ellos intentaran verificar esta hipótesis.

No hay que minimizar lo complejo que resulta para los padres adoptantes y acogedores, con menores muy dañados, el estar sometidos a prueba constantemente. Hay que ser consciente del desgaste y del cansancio diario que supone, ya que en algunos casos la presencia debe ser continua durante mucho tiempo, siendo difícil en algunos casos que dicha presencia pueda desaparecer del todo. El estrés y la ansiedad que genera determinadas situaciones, puede hacer que a los padres les cueste ser capaces de regularse y ayudar a sus hijos a no descontrolarse más. Porque hay que ser conscientes que el reto es grande y que uno se puede  equivocar, pero también que se debe reflexionar sobre lo que no se debería hacer e intentar repararlo en la medida de lo posible. Además de darse cuenta que hay respuestas que tienen que ver con las propias dificultades y no poner toda la responsabilidad en los hijos. Por todo ello, es imprescindible que hagan equipo con los profesionales y proporcionarles espacios que ayuden al autocuidado, a la reflexión y que sirvan de contención emocional. Estos profesionales deberían estar especializados en apego y trauma para poder entre todos ser tutores de resiliencia.

En relación al control

Otro aspecto a señalar es que muchos de estos niños tienen dificultad para ceder el control,  no es fácil que  lo hagan, ya que el hacerlo supone conectar con sus miedos (abandono, vacío, incertidumbre, incluso la muerte) Lo primero que se debe valorar es si se le está pidiendo demasiado. En tal caso se le deberá decir que se le está exigiendo demasiado y se le pedirá disculpas, se le dirá que igual ahora no está preparado para poder hacer lo que se le pide, y que se va a trabajar entre todos para ayudarle a poderlo realizar. Además de empatizar con él, recuperamos el control, ya que no es que él quien decide no hacerlo, sino que lo decido yo. Si por el contrario es capaz de hacerlo, ya que en otras ocasiones lo ha llevado a cabo de manera adecuada, se le debe intentar ayudar a darse cuenta que es capaz de hacerlo, ya que en otras situaciones lo realizó de manera adecuada.  Aun así, puede ocurrir que ese día no se vea capaz, por lo que volveré a recuperar el control diciéndole, que hoy voy a ceder porque veo que está muy nervioso o no se encuentra bien (empatizo)… pero que mañana debemos intentarlo porque es bueno para él. Debo intentar que se comprometa, pero nunca entrar en una escalada de poder, ya que se puede tirar por tierra todo el trabajo logrado.  Si se entra en una lucha de poder hay que estar muy seguros de que se va a ganar. Si no, no entrar.

Es necesario estar atentos a nuestra contratransferencia (las emociones y creencias internas no conscientes que el menor nos mueve y que reflejan aspectos de nuestra propia biografía) para no vivirlo como un ataque, sino como una incapacidad temporal de esa persona, y trabajar para poder modificar dicho comportamiento, debiendo regular el mío y no caer en su provocación, intentando recuperar un control parcial del mismo, desde una semidirección.

Por todo ello, es importante que las personas que estamos con estos menores en el día a día sepamos que la manera de poder ayudar a estos niños no puede ser la misma que utilizamos con otros niños que no han tenido estas vivencias, porque estos últimos son más capaces de regularse, de reflexionar, de vincularse, de ponerse en el lugar del otro, y además no conectan con “gatilladores”, situaciones  e incluso olores que tienen  a nivel inconsciente  y que generan  un comportamiento  desregulado, sin llegar a entender nosotros , y muchas veces, ni ellos, que es lo que  ha podido provocarlo y con qué ha conectado. Debo intentar darle la calma y la seguridad que necesitan.

Parte del trabajo de la terapia se basa en lo anterior esto es, desculpabilizar al menor por el daño sufrido y ayudar a los padres y los profesionales a entenderlo. Es importante que todos trabajemos en red para lograr la mejora de estos menores, y que ellos puedan percibir que nos preocupan, que les queremos ayudar y que son importantes para nosotros. Por todo ello, lo más importante antes que nada es trabajar la relación, la vinculación, ya que si no logramos esto, conseguir avances resultará tarea difícil. Después, cuando esté preparado, abordaremos cuáles son sus orígenes y su historia de vida. Se debe reconstruir una narrativa de su historia de vida, ya que le ayudamos a desarrollar una visión coherente de los distintos sucesos traumáticos por los que ha pasado. Le ayudaremos a juntar fragmentos que él ya tiene y le aportaremos una narrativa que termine de dar un sentido a lo vivido, favoreciendo una mente y un cerebro más integrado y organizado, ya que en ocasiones ha rellenado “huecos” para buscar la comprensión de lo sucedido.  Se debe buscar el momento adecuado para no retraumatizar. 

Dedicado a todos los valientes y a las personas que les acompañan.

A continuación me gustaría mostrar un video que refleja de manera muy gráfica parte de lo aquí explicado. 




El blog Buenos tratos regresa el 13 de junio.

domingo, 29 de mayo de 2016

"La adolescencia, una estación para la oportunidad. Construyendo resiliencias": 10 momentos para un magnífico congreso (Y dirección en internet para descargarse las ponencias)

Escribo, todavía con muy buen sabor de boca, sobre todo para los que no pudisteis acudir (me acuerdo de las buenas gentes de América Latina) diez momentos (obviamente, hay muchos más; cada uno tendrá los suyos. Os he seleccionado estos) con los que me quedo del Congreso titulado: "La adolescencia, una estación para la oportunidad", celebrado en San Sebastián, este pasado fin de semana (27-28 de mayo), y organizado por la Fundación IZAN-Programa Norbera.

Boris Cyrulnik, en un momento
de una de sus dos ponencias.
Foto: programanorbera.org
La organización impecable del Congreso, que movilizó y gestionó a 500 personas (y no es nada fácil). Felicidades a la Fundación IZAN-Proyecto Norbera por el éxito de participación, por haber podido reunir a tres de los grandes (Boris Cyrulnik, Maryorie Dantagnan y Jorge Barudy) en San Sebastián (una ciudad pionera y avanzada en servicios sociales) Todo funcionó como la seda, como una máquina bien engrasada. Además de las interesantísimas ponencias, fue todo un acierto introducir en el programa una mesa de experiencias. Esto le da todo el sentido a nuestro trabajo: éste sucede en el mundo real y sería absurdo dejar a los protagonistas sin voz en un evento que habla de ellos. Además, aporta coherencia a la labor de los profesionales. Felicidades a quien haya previsto este punto en el programa.

El poder encontrarnos, compartir, saludar, recibir y hacer de cicerone... de un buen número de queridos colegas, amigos/as, familias… que asistieron y participaron en un congreso multitudinario. Esto hizo que estar todo el tiempo que a uno le hubiera gustado con todas las personas fuera imposible. Estos espacios de intercambio profesional y afectivo convierten a los congresos en citas imprescindibles. Siento si no me acerqué o dejé de saludar a alguien, pero con tantas personas...

Las palabras de Jorge Barudy dedicadas a María José Gorrotxategi, quien trabajó con implicación profesional y compromiso ético durante muchísimos años como directora de centros de acogida de menores (¡desde principios de los años 80!, una auténtica pionera) para la Diputación Foral de Gipuzkoa desde la empresa Asociación de Educadores Especializados de Gipuzkoa. Fue un homenaje público merecido a su persona y una puesta en valor de su magnífico e intachable trabajo educativo con menores muy dañados por los traumas. Los/as que allí estuvimos prorrumpimos espontáneamente en aplausos que sentí comunicaban a la vez, afecto y protesta porque la administración toma decisiones a veces inexplicables e injustas. Jorge Barudy directo conocedor y por lo tanto testigo del excelente trabajo de María José durante todos estos años quiso ser coherente con sus ideas y apoyarle públicamente en estos momentos emocionalmente tan duros para ella.

Además de sus interesantísimas ponencias, Boris Cyrulnik deslumbró a todos/as los/as que estuvimos en el Congreso por su calidez, cercanía, educación exquisita y fino sentido del humor. Fue un lujo poder escucharle (y encima tenerlo a 4 minutos de mi casa) Me consta que se ha marchado feliz y satisfecho. Enamorado de la ciudad, su gastronomía y sobre todo de las personas que participaron.

Jorge Barudy aplicó y reinventó un modelo para comprender la adolescencia normal (la famosa “tormenta cerebral” de Siegel) a la adolescencia que ha sufrido trauma complejo (que padece un “tsunami cerebral”) Fue muy creativo e interesante, me gustó mucho. Y además, nos hicimos conscientes de cómo la adolescencia puede alterarse en sus procesos normales de una manera grave. Podéis leer su aportación (y la de los demás ponentes) y descargaros el pdf a vuestro portátil, tablet o PC desde esta dirección.

Me encantó que Maribel Elustondo pusiera, tras la segunda ponencia de Boris Cyrulnik, el toque afectivo (de corazón y no de cerebro) que conmueve y hace que la red wifi que es nuestro cerebro, se interconectara. Al menos con el mío. Le dedicó unas palabras muy bonitas en francés a Boris Cyrulnik deseándole un feliz regreso a su casa. Nos recuerda que lo humano debe estar siempre presente. Preparación personalizada por parte de Maribel, mostrando sensibilidad empática.

La ponencia de Alberto Ruiz de Alegría fue un completo -y muy bien elaborado y explicado- compendio de experiencia y conocimientos adquiridos a lo largo de su dilatada carrera como psicólogo y psicoterapeuta de adolescentes y sobre todo, familias. Impecablemente ordenada y sistematizada, la tabla y recomendaciones finales (como todo lo demás) son muy útiles para los padres que siempre demandan orientaciones.

La mesa de experiencias donde participaron adolescentes y familias que pasaron por Norbera fue emocionante y enriquecedora. Como he comentado, esto le da todo el sentido a nuestra tarea y labor. La condujeron magistralmente Monika Ejido e Ivan Rodríguez. Y esto lo escribo porque me lo contaron ya que para mi pesar, tuve que ausentarme para encargarme digamos de un proyecto emocional temporal que me impidió estar allí (pero me hizo disfrutar como nunca, así que el pesar se me disipó pronto) La niñez puede ser maravillosa, y cuando lo es pocas cosas pueden producir más satisfacción a un adulto que la sonrisa de un niño. 

A veces entre tanto dolor, entre tanto trauma o vivencia sobrecargante, es bienvenido el humor. Otro de los momentos del congreso fue el monólogo sobre familia y adolescencia, interpretado por Javier Merino, actor y humorista. Hizo reír al público, que es lo más difícil. Y además, a los que no lo son, les chocó e hizo mucha gracia el cómo somos los vascos desde la niñez.

Y mi último momento, cómo no, es para Maryorie Dantagnan: mi profesora, colega y amiga estuvo brillante (y directa al corazón, como ella es) porque nos expuso el modelo de traumaterapia que lleva muuuchos años trabajando (más de veinte) La cantidad de trabajo, pasión, lecturas y horas de terapia con chicos/as que Maryorie Dantagnan ha metido para poder diseñar el programa de terapia para niños y adolescentes que han sufrido traumas es enorme. Además, preparó un entrañable y emotivo (que hizo que nos emocionáramos y saltaran nuestras lágrimas) vídeo donde le dio voz a varios adolescentes que han hecho la traumaterapia; a ellos y a sus educadores (piezas clave en un modelo de trabajo de esta naturaleza) como homenaje y reconocimiento también para estos profesionales. Pudimos sentir y saber lo importante que son los educadores en la vida de los niños y cómo se implican desde lo profesional y lo personal. Pudimos conocer cómo se trabaja en el mundo real la traumaterapia, cómo la viven, la sienten, la cuentan… sus protagonistas. En mi mente se ha quedado guardada una imagen que creo me acompañará siempre: cómo una jovencita aferraba las manos de dos educadoras, sin soltarlas en ningún momento. Hablaba de que le llegaba el momento, con 18 años, de tener que dejar el centro de acogida… Su casa, su habitación, su cama, sus educadores y compañeros de centro (que son como su familia) Si de por sí es complicado que un joven normal sea plenamente independiente y autosuficiente a los 18 años, a los que tienen la herida del trauma y necesitan de proceso de acompañamiento más largos, ¿por qué (o que argumentos se pueden sostener para justificar esto) de la noche a la mañana, al llegar a los 18, la administración les obliga a dar un salto de tamaña altura? La adolescencia termina en el cerebro a los 25 años. En la ley, a los 18. La jovencita del video se echó a llorar mientras narraba con dolor este destino inexorable. Y nos dolió también a nosotros. Por ello, me parece que fue uno de los momentos clave que con gran acierto, Maryorie nos permitió compartir y conocer. Especialmente para los/as técnicos y políticos de la administración pública, los/as que toman las decisiones sustantivas, las que pueden marcar el devenir de una persona. Pienso que es muy necesario que tanto nosotros como aquéllos les escuchemos y hagamos por cambiar lo que no favorece su bienestar.

Seguro que vosotros/as tendréis vuestros momentos. Si queréis compartirlos, dejadlos en los comentarios ¡Encantado de recibirlos y de que los/as que nos juntamos en este blog podamos leerlos!

Inolvidable Congreso, mis felicitaciones a la Fundación IZAN y al Equipo de Norbera: Alberto, Iván, Itziar, Leire, Kike, Monika y Maribel.  

Aprovecho para informaros de:

Mañana a las 9,30h, Tatiana Caseda Fernández participa en el blog dentro de "Diez meses, diez firmas" con un precioso artículo sobre “El tratamiento de los niños y niñas con trauma complejo. Orientaciones para padres y profesionales”. No os lo perdáis, lleno de útiles propuestas y sabias reflexiones.

Voy a  hacer un resumen de las ponencias de Boris Cyrulnik, Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan. El martes 31 de mayo, pasado mañana, a las 9,30h publico la de Boris Cyrulnik. El resto, os voy diciendo.


Cuidaos / Zaindu

lunes, 23 de mayo de 2016

Abierto el plazo de pre-inscripción en el Diploma de postgrado en traumaterapia sistémica-infantil de Barudy y Dantagnan en San Sebastián. 3ª Promoción APEGA 3 Donostia (2016-18)

Diploma de postgrado en trauma terapia 

sistémica-infantil de Barudy y Dantagnan


3ª Promoción Apega 3 Donostia 2016-18


San Sebastián-Donostia


Organiza: IFIV Barcelona 



PRESENTACIÓN

Organizado por el IFIV de Barcelona (Instituto de Investigación-Acción sobre la Violencia y la Promoción de la Resiliencia), tengo el gusto de anunciaros que se abre el plazo para preinscribirse en el Postgrado de trauma terapia sistémica-infantil. El programa comprende dos cursos académicos (bienio 2016-18)  y se celebrará en San Sebastián-Donostia. Esta es la tercera promoción de profesionales denominada Apega 3. El plazo de preinscripción está abierto desde hoy hasta el 22 de julio de 2016. 

Es una formación especializada para poder trabajar en psicoterapia -o en contextos laborales donde puedan realizarse evaluaciones e intervenciones de carácter psicoterapéutico y/o psicoeducativo- con menores de edad que han sufrido abandono, malos tratos, negligencia y diferentes tipos de violencia. Éstos suelen presentar con alta probabilidad, trastornos del apego y traumas crónicos, tempranos y complejos. La formación se apoya en los cuatro dominios de la intervención con los niños y adolescentes dañados: apego, trauma, desarrollo y resiliencia. 

En este diplomado se aprende a aplicar el modelo de intervención psicoterapéutica para la trauma terapia infantil sistémica diseñado por Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan. Esta formación ya viene celebrándose en Barcelona desde el año 2004, denominando a cada promoción de profesionales egresados con el nombre APEGASiempre os he comentado que es la formación que a mí me cambió la vida a nivel profesional porque con este modelo de psicoterapia he podido y puedo comprender, evaluar e intervenir adaptándome al sufrimiento y daño que estos niños y adolescentes acarrean. 

La formación contempla tanto el aprendizaje de los conceptos y conocimientos (provenientes de la neurociencia, la psiquiatría, la psicología y la psicoterapia articulados y diseñados en un modelo -adaptado al sufrimiento infantil- propio tanto de evaluación como de intervención, que por encima de todo es respetuoso con la persona del menor de edad) como de las técnicas y metodologías de intervención psicoterapéutica necesarias para trabajar en cada uno de los tres bloques de tratamiento que se contemplan y que siguen un orden neurosecuencial. Finalmente, la formación da un lugar prominente al autoconocimiento y trabajo de la persona del terapeuta pues el niño o el adolescente desarrolla su proceso de sanación emocional en la interacción y relación con aquél. 

Participan como docentes de este diplomado: Jorge Barudy, psiquiatra y psicoterapeuta de familia; Maryorie Dantagnan, psicóloga y psicoterapeuta, del IFIV de Barcelona. Rafael Benito, psiquiatra y psicoterapeuta; Tatiana Caseda, psicóloga y psicoterapeuta y José Luis Gonzalo (servidor), psicólogo clínico y psicoterapeuta. Todos diplomados en trauma terapia infantil sistémica por el IFIV de Barcelona.

Las plazas son limitadas porque se requiere un grupo pequeño para poder trabajar individualizadamente con los alumnos/as. Se contempla la posibilidad de 4 plazas para personas de profesiones afines a la psicología y a la psiquiatría que tengan una trayectoria contrastada en el ámbito de trabajo que nos ocupa y tengan la posibilidad de aplicar los conocimientos y técnicas tratados en la formación. 

Todas las personas que se preinscriban aceptan participar en un proceso de selección que conlleva la realización de dos tareas que se detallarán. Los admitidos recibirán un mail comunicándoles su aceptación en el programa formativo para la última semana de julio, con el fin de que puedan formalizar la matrícula.

Para descargarse en formato pdf el folleto con los contenidos, objetivos, metodología, equipo docente, lugar de celebración, calendario y coste, así como la ficha de preinscripción, haced click aquí

lunes, 16 de mayo de 2016

El maltrato y la negligencia entre los 0 y los 18 meses: neuropsicología del apego desorganizado.

Ramón es un niño de 9 años que alterna temporadas de sobreactividad, acudiendo a clase, implicándose en actividades deportivas, excitándose en exceso con los cambios de rutina impredecibles, con una alta activación motriz en situaciones donde debería inhibirla y centrarse en la tarea que corresponde (por ejemplo, en clase), frustrándose cuando no se le deja hacer lo que quiere (incluso puede llegar a golpearse la cabeza con la mano, o descontrolarse tirando las mesas y las sillas y los objetos por el suelo. Le cuesta muchísimo ceder el control, él dirige. Cuando a Ramón una actividad le captura, le absorbe tanto que dejar lo que está haciendo para ir a cenar o a la cama resulta agotador para sus acogedores. La regulación de las emociones y la conducta son deficitarias, y si el chico percibe que el adulto puede ser amenazante, o éste se siente a su vez amenazado o intimidado, o cansado, y se altera a su vez más, las conductas defensivas hostiles o de oposición del niño aumentan, lo cual irrita y agota más a sus cuidadores terminando en una intensa rabieta y enfados y hostilidad por ambas partes. Curiosamente, Ramón tiene periodos en los que se muestra más apagado, se encierra más en su cuarto, parece como aislado, embotado, hipoactivado… Es como si mostrara la cara contraria a la que hemos descrito anteriormente. Sus cuidadores, acogedores, no se explican estos cambios que parecen suceder sin un disparador o factor explicativo claro.

Para todos/as los que cuidáis o sois responsables de niños o menores que tienen una historia de maltrato y negligencia, os interesan muchísimo las aportaciones de Schore, un auténtico maestro del que he aprendido muchísimo con su libro (el cual ya he terminado) Affect Dysregulation and disorders of the self. Quizá trabajes como acogedor/a profesional, como acogedor no profesional, como educador en un centro de acogida. Y hayas podido ver en esta descripción de Ramón un retrato parecido al del menor que tienes a tu cargo. 

Para poder comprender mejor por qué estos menores se comportan y reaccionan del modo en el que lo hacen, es necesario que retrocedamos a sus dos primeros años de vida, de los 0 a los 18 meses, una etapa crucial porque es donde el menor desarrolla lo que Porges denomina una neurocepción segura (Neurocepción es diferente de percepción. En la percepción existe un componente de valoración cognitivo. La neurocepción en cambio, son sensaciones y emociones que se experimentan por debajo del nivel de la conciencia y que se graban en la memoria implícita durante la etapa preverbal, antes de la aparición del lenguaje, y que transmiten el mensaje de que la expectativa prevista y la consecuencia que se va a dar con respecto a las figuras de apego es segura. Es una especie de pálpito, de feeling, que siente el niño en su cuerpo y en su piel, de que esas personas le van a dar seguridad y cuidados empáticos) La neurocepción segura -como os podéis imaginar a estas alturas que habéis leído tropocientos posts en este blog- lo que favorece es que el sistema de conexión social (asentado en el nervio vago ventral que va desde la columna hasta el cortex) el cual nos regula emocionalmente a nivel interno e interpersonal, predomine y se conforme adecuadamente; en detrimento de otras ramas del sistema nervioso (simpática / vagal dorsal) creadas para la defensa, que son las que funcionan y se estimulan y hiperactivan fácilmente cuando la neurocepción creada es de amenaza o alerta. Es por ello por lo que muchos de estos niños están en alerta, prestos para reaccionar, porque han mamado desde pequeños sensaciones y emociones y ambientes cargados de hostilidad, amenaza, riesgo, impredectibilidad…

Es necesario que retrocedamos a este periodo porque en el mismo se puede gestar un patrón de apego que contiene la neurocepción de peligro (una reacción presta a salir huyendo o agredir. O a disociarte si no puedes hacerle frente o escapar) Si ese patrón de apego se mantiene en el tiempo durante esos dos primeros años de vida no es que todo esté ya fijado y no haya posibilidad de cambio. Lo que sucede es que la mente de ese niño (y su cerebro) en una etapa en la que las estructuras neurobiológicas se están formando, ha comprobado muchas veces que la expectativa y el resultado con esos cuidadores traen determinadas y dolorosísimas consecuencias. Por ello los esquemas mentales (cognitivos, sensoriales y emocionales) quedan grabados y es mucho más complicado recalificarlos.

El patrón de apego que contiene una neurocepción de peligro y que se gesta en los 18 primeros meses de vida cuando el niño sufre trauma relacional temprano (el cuidador al que no tienes otra que apegarte para sobrevivir es el mismo que te maltrata, es decir experimentas una paradoja irresoluble, una vivencia de terror de la que no puedes escapar ni enfrentarte) es el desorganizado. Si un cuidador maltrata al niño y a la vez sufre negligencia por parte del mismo o de otro –por ejemplo, la pareja- también se puede desarrollar el patrón de apego desorganizado. Nos lo explica el gran Alan Schore. Si pudiéramos ver por unos momentos cómo fueron esos 18 meses para ese niño o menor que cuidamos ahora, al que ya tenemos libre de ese terrorífico patrón relacional con esas personas, nos sobrecogería comprobar lo que sufrió. Pero al mismo tiempo comprenderíamos que sus reacciones ahora, tienen un por qué.

Vámonos a ese periodo…

Fueron las autoras Solomon y George las que estudiaron este patrón de apego tan grave que es el desorganizado, el cual es el más frecuente en las muestras de maltrato (el 80% de los bebés exhiben este patrón) Ellas refieren que la desorganización/desorientación refleja el hecho de que el niño –como hemos comentado- en vez de obtener seguridad en la relación es alarmado por el cuidador. Lo que ellas denominaron paradoja irresoluble y que acabamos de mencionar en el párrafo anterior: el bebé ni puede aproximarse, desplazar su atención o huir. Al más básico nivel, estos niños son incapaces de generar una estrategia de afrontamiento conductual coherente para manejar sus desafíos emocionales. ¿Seguís viendo esto último en vuestro niño/a?

Cuando oímos la expresión patrón de apego desorganizado puede que los legos en la materia (los padres, los acogedores…) os imaginéis un niño permanentemente fragmentado, roto o sin brújula, desregulado e inestable como los antiguos programas de Windows cuando ya estaban muy baqueteados. La verdad es que en la Situación extraña, un procedimiento simple e ingenioso diseñado para evaluar el patrón de apego de los niños con el cuidador principal al que se han apegado el primer año de vida, no muestran en todo momento la desorganización. Hay que estar muy atentos. Los episodios de interrupción de la conducta organizada y de baja tolerancia al estrés son a menudo breves, frecuentemente duran 10-30 segundos, no obstante son muy significativos, nos dicen Solomon y George.

Las autoras describen cómo se comportaban los menores de apego desorganizado entre los 12-18 meses: “Un niño se mostraba por un momento excesivamente detenido, actuando en el espacio como completamente fuera de contacto consigo mismo, el entorno y los padres. Otro niño mostraba una apariencia facial de aturdimiento… acompañada por una paralización o detención de todos los movimientos del cuerpo, y algunas veces una congelación de las extremidades con las que había estado en movimiento. Y aún otro niño cayó boca abajo en el suelo en una postura depresiva antes de la separación, paralizando todos los movimientos del cuerpo” 

Todavía hay muchos foros (incluso de profesionales) en los que consideran que este tipo de experiencias se olvidan, o no tienen capacidad de afectar a la vida posterior del niño, cuando sabemos que no es así. Como muy bien afirma mi amigo y colega Rafael Benito: “El cerebro no te lo trasplantan, es el mismo toda la vida y lo que se registra, queda almacenado. Si se trabaja con las personas afectadas con paciencia, perseverancia y medidas terapéuticas diversas, el cerebro/mente ha demostrado su plasticidad a lo largo de la vida”

Es más, no sólo es que esas terribles experiencias de maltrato o negligencia (que te descuiden o abandonen y no encuentres consuelo en el cuidador, ni sintonía afectiva, ni empatía, ni episodios de comunicación lúdica… es tan dañino como maltratar activamente) no se olviden o se vayan, sino que dan forma al mismísimo cerebro y dejan una primera configuración. A este respecto, dice Schore: “Durante el trauma, el niño presencia la cara de la madre (o padre) con una expresión agresiva (el estímulo preferido por el bebé durante el primer año de vida es la cara humana. La cara agresiva de un progenitor es el estímulo más potente al cual un bebé puede exponerse) La imagen de esta cara agresiva, así como las caóticas alteraciones en los estados corporales del niño que están asociados a ella, es indeleblemente [la negrita es nuestra] imprimida dentro de los circuitos subcorticales límbicos y registrada y procesada en una memoria procedimental-implícita”

La cara humana es el estímulo más potente para un niño
durante el primer año de vida.
Si el bebé convive durante los 18 primeros años de vida (e incluso más tiempo) en un ambiente de maltrato y negligencia y supongamos que un progenitor le grita, le chilla, le mira con la cara que veis a la izquierda en la foto, le zarandea y le llena de imprecaciones… El niño se siente aterrorizado, rompe a llorar, se hiperactiva y toda la inundación de sensaciones negativas intensas que su sistema nervioso inmaduro aún no puede gestionar, le desregulan… Gatea en busca del otro progenitor (una madre en esos momentos en estado depresivo y con trauma no resuelto que está sentada con la cara y la mirada inexpresivas y con un cigarro en la mano consumiéndose mientras parece ver la TV) buscando consuelo y protesta aún más para atraer la atención de esa madre pero no lo logra... Entonces el niño se hipoactivará y entrará él a su vez en ese estado, se alineará con el de la madre, se disociará…

Cuando un niño se relaciona y apega a un cuidador desconectado y disociado de las necesidades de aquél, dice Schore que "el niño finalizará en silencio, tras la terminación de la protesta. Después, se disociará (igualándose con el estado de la madre) Este fallo regulatorio se experimenta como una discontinuidad referida como islas de vacío en la experiencia subjetiva, una definición operacional de la restricción de la conciencia en la disociación. Esta estrategia disociativa como respuesta postraumática al trauma relacional se insertará dentro de la personalidad" Es habitual escuchar a adultos en terapia sentir un vacío interior tremendo. En su historia hay una experiencia continuada con un adulto cuidador con un patrón relacional sumamente desconectado y disociado de sus estados mentales.

¿Comprendemos mejor ahora dónde está el origen de la alternancia de estados de hiperactivación-hipoactivación que Ramón experimenta en la actualidad?

El trauma interferirá en la formación de las estructuras psíquicas, nos advierte Schore: “El niño alternará en el apego desorganizado entre los estados de hiperactivación simpática e hipoactivación parasimpática. Si esta experiencia es prolongada (cuidador que excita, ataca, altera, provoca, es agresivo… alternando con estados de depresión clínica, disociación…) en el tiempo y temprana (primeros dos años de vida), las alteraciones en el sistema límbico en desarrollo son profundas” El infante hiperactiva el sistema simpático  para hacer frente al cuidador que le desregula mediante el maltrato activo; el niño experimenta prolongados estados de hiperarousal (con secreción de hormonas corticotropinas), en un estado de expansión de la energía, como si estuviera pisando el acelerador del coche continuamente y a fondo. Así se siente ese menor en un contexto relacional de maltrato. Pero a este estado no le sigue ninguno (o muy pocos, en su corta existencia) de neurocepción segura, de conexión social que regule y calme, sino que le sobreviene la negligencia; entonces transita de hiperactivar el simpático a poner en marcha el sistema nervioso parasimpático vagal dorsal (propio de los estados de hipoactivación, desconexión y disociación, en un estado de conservación de la energía) Es como si frenara el coche. Y el menor puede sufrir esa aceleración y pisada de freno simultánea -o en breves intervalos de tiempo- de su sistema nervioso en la relación con un cuidador que ora le maltrata ora le abandona o es negligente, o cuando uno es de un tipo y el otro progenitor del otro. En un contexto relacional de esta naturaleza las oportunidades de mantener el delicado sistema nervioso de un bebé en un estado óptimo de regulación y atendiendo a su necesidad de conectarse de manera segura con un cuidador receptivo, sensible y empático son nulas o escasas. Por eso, siguiendo con la metáfora, el motor sufre daños que pueden ser profundos, como dice el experto Alan Schore. Y por ello nos costará tanto posteriormente, regular a los menores y que desarrollen una neurocepción segura.

El niño que desde temprana edad sufre el maltrato y la negligencia: 
es como si pisamos a fondo el acelerador y freno de un coche: podemos dañar el motor.

Recomendaciones para las familias y los profesionales

Nosotros hemos de estar tranquilos, calmados, no cansados y tener claro que necesitamos ver la mente del niño (y no la nuestra con nuestras preocupaciones, ansiedades, miedos, expectativas poco realistas con respecto al menor. La sociedad no nos lo pone nada fácil, llegamos a casa al final del día agotados y queremos funcionar, pero… ¡el niño tiene otra agenda!) para poder aprender a regularle y establecer una rutina de seguridad. Seremos firmes pero no amenazantes. No amenacéis. 

Armaos de paciencia y sobre todo fijaos en vuestro cuerpo: atended a vuestras emociones y sensaciones, observad si vuestro corazón late demasiado rápido. Respirad, lanzaos frases calmantes y tomaros un momento para tratar de entender qué le ocurre al niño. Permaneced serenos y firmes. Tratad de hablarle con palabras seguras y tranquilas, mirándole a los ojos. Buscad incentivar el sistema de conexión social para regularle y que el niño pueda salir del estado de aceleración o desconexión. Poned consecuencias sólo cuando el niño persevere en no elegir la opción responsable. Las consecuencias han de ser proporcionadas y que le enseñen (como dice mi maestra Maryorie Dantagnan) Y mientras ponéis consecuencias tratáis de modular. Porque si amenazáis (aparte de no servir de nada) el niño habrá conseguido confirmar la neurocepción de peligro con vosotros/as. Con lo cual no contribuiremos a reparar el sistema nervioso.  Los niños, si nos perciben alterados, atemorizados o atemorizantes, preocupados, ansiosos… captarán esa neurocepción que sucede a nivel no consciente grabada en su piel y saltarán chispas. Merece la pena trabajar esto con los menores antes de la adolescencia.

Por otro lado, todo este conocimiento entrega a las autoridades administrativas de las distintas comunidades autónomas la base científica para plantearse como prioridad número uno la detección temprana de los casos de maltrato y negligencia donde los menores sufren con progenitores o cuidadores con incompetencias severas y crónicas, que no son susceptibles de rehabilitación. Adoptar una medida de protección cuanto antes es un imperativo porque el derecho del menor a ser protegido debe prevalecer. Sabemos que son periodos críticos (donde los daños pueden ser muy profundos) y que una intervención a tiempo que dé seguridad al menor ya es una protección terapéutica (término magistral utilizado recientemente en un excelente artículo en este blog escrito por la psicóloga Cristina Herce) por parte de la administración, para que la crianza terapéutica posterior (de los acogedores o quienes se responsabilicen del niño) pueda hacerse con más garantías de reparación.

La picada con la que cierro los post me la ha proporcionado precisamente Cristina Herce (quien últimamente me está ayudando mucho a recopilar material para poder escribir en el blog; ¡gracias, Cristina!) Recientemente me ha enviado un artículo publicado en el diario El Mundo en el suplemento CIENCIA. Es un fascinante y curioso trabajo de investigación-acción en el que por primera vez, asistimos a un hito histórico: con terapia cognitivo-conductual han logrado curar la agorafobia y síntomas de estrés postraumático en dos chimpancés con historia de duro maltrato. Los pobres animales (Tarzán y Loti) “cuando fueron rescatados no eran más que dos famélicos y desnutridos esqueletos desprovistos de vigor en su pelo y en su ánimo. Su mirada mustia y sumisa disparaba un pasado cargado de tormentos y violencia. Fue hace nueve años. Eran los dos chimpancés más jóvenes de un grupo de seis que cumplía condena en ajados carromatos de un circo abandonado de Valencia. Los únicos que aún podían trabajar antes de que sus hormonas, su naturaleza salvaje, los hiciera inservibles para la industria del entretenimiento humano”

Este artículo, además de para denunciar los daños que los malos tratos causan en los animales y pedir que se castigue con contundencia a los responsables, nos alegra por la curación y mejora de la calidad de vida que estos chimpancés han logrado gracias al tratamiento recibido. Y nos enseña mucho para poder aplicarlo en futuros tratamientos para animales y en lo que podemos aprender para usarlo con los humanos.

Para leer el artículo completo haz click aquí.

Buenos tratos regresa el 30 de mayo. Cuidaos / Zaindu.

lunes, 2 de mayo de 2016

Jorge Barudy o elogio de la resiliencia.

Jorge Barudy junto a Maryorie Dantagnan y María Serrano durante
su intervención en las "II Conversaciones sobre apego y resiliencia infantil"
celebradas en Donostia el pasado mes de noviembre de 2015
Creo que todos/as los/as que seguís el blog Buenos tratos no sois ajenos a la figura de Jorge Barudy, nuestro querido y admirado profesor. Co-director del Centro Exil junto con su pareja y colega Maryorie Dantagnan, llevan adelante, entre otras actividades, un programa de atención a las víctimas de la tortura, los exiliados y los refugiados de guerra. Infinidad de personas han podido encontrar una familia en esa gran casa, cálida y empática, que es Exil, que son Jorge Barudy, Maryorie Dantagnan y equipo. El mencionado programa de intervención médica y psicosocial con las víctimas ha conseguido la integración social de gran cantidad de seres humanos que huyendo de las atrocidades causadas por otros seres humanos (lo más dañino que existe en esta vida, suele expresar el propio Jorge Barudy) encontraron en Exil un punto de apoyo para transformar su mundo (como afirman en su libro mis amigos y también grandes personas, José Luis Rubio y Gemma Puig, Tutores de resiliencia)

Las firmas invitadas este año a colaborar en el blog –y servidor de ustedes a lo largo de todos estos años en Buenos tratos- hemos mencionado a Jorge Barudy como un gran referente e impulsor, entre otras muchas acciones importantes, del fenómeno de la resiliencia; del reconocimiento del dolor y el daño -y la necesidad de proteger- a la infancia maltratada por encima de visiones adultistas (lo que actualmente se denomina “interés superior del menor” ya fue preconizado por Jorge hace muchos años); del asesoramiento y orientación en política de protección a la infancia; de la psicoterapia de familia y la traumaterapia; del concepto de competencias parentales; de la formación y supervisión de profesionales, familias… Dentro de la formación de profesionales, es el alma mater, junto con Maryorie Dantagnan, del programa formativo Traumaterapia infantil-sistémica, denominada red apega (término designado a todos/as los/as profesionales egresados de esta formación. En Barcelona vamos por la octava promoción y en el País Vasco estamos en la segunda, donde tenemos el honor de colaborar como docentes el psiquiatra Rafael Benito, la psicóloga Tatiana Caseda y quien estas líneas escribe. También se están formando profesionales en Viña del Mar, Chile, con la inestimable colaboración de Carolina Saavedra)

Todos/as los/as que conocemos a Jorge Barudy elogiamos su compromiso ético personal y profesional con la infancia y con su conceptualización del ser humano, que ha trascendido la visión predeterminista de la psicopatología y ha abierto las puertas a una nueva manera de entenderle, poniendo el foco en la capacidad que éste tiene para crecer y rehacerse desde la adversidad y los traumas: la resiliencia. Jorge Barudy sabe de lo que habla porque, como él mismo afirma, experimentó en su propia carne el maravilloso y asombroso fenómeno de la resiliencia.

He tenido la suerte de aprender de Jorge Barudy, de formarme con él, de conocerle y actualmente poder compartir la experiencia de ser colaborador docente y coordinador del Postgrado de traumaterapia en el País Vasco. Siento admiración y afecto por la serenidad y la seguridad que transmite, por cómo acoge y valora a todas las personas, por su ternura, su sabiduría y por el proceso de reconstrucción personal que él hizo al resiliar del trauma de ser torturado y tener que huir de su tierra y raíces para asentarse en Europa (Bruselas y Barcelona) 

Recientemente han ocurrido tres acontecimientos en torno a Jorge Barudy que desde el blog Buenos tratos no podemos dejar escapar:

Del primero de ellos, dimos cuenta hace unos días al dar la noticia de la invitación que Naciones Unidas le hizo para que formara y sensibilizara a la Comunidad Internacional de las consecuencias devastadoras de la tortura en los niños/as, y de qué se debe hacer para que éstos puedan construir un proceso resiliente (hay que invertir mucho, desde luego, pero es posible que se recuperen si se ofrecen apoyos psicosociales)

El segundo es un artículo sobre resiliencia que publicó hace unas semanas en el diario El País y que me parece de obligada lectura para todos/as los/as que no lo hayáis hecho. Dignifica el concepto de resiliencia, mal usado y gastado por los vendedores de buenrollismo (eso no es la resiliencia)  o los corruptos. El artículo, además, apela a la conciencia de cualquier bien nacido (y en particular de los que pueden tomar las decisiones sustantivas en el mundo, los gobernantes) confrontándoles con que están creando contextos maltratadores para estos seres humanos que sufren infinito, antiresilientes, como Jorge Barudy afirma.

En este sentido no puedo dejar de pensar en el vídeo de una joven Siria que hablaba tras una verja, con desesperación, expresando su dolor y rabia porque les trataban como animales. La joven no se había podido duchar más que una vez en 14 días… Pensemos en ello. El corazón se encoge al ver tamañas injusticias.

El tercero, es que Jorge Barudy asistió a declarar en Roma, recientemente, por el proceso Cóndor contra militares y civiles de Bolivia, Chile, Perú y Uruguay, que tiene en la lista de los acusados a 11 chilenos que deben responder por la desaparición o muerte de al menos cuatro ciudadanos italochilenos en la época en la que sufrieron la persecución y tortura por parte del régimen de Pinochet. Cuesta creer que aún esté pendiente todo esto.

Jorge Barudy acudió a Roma a declarar y su relato y sus palabras emocionaron y conmocionaron a todos/as los/as que asistieron. Hablé con el propio Jorge de todo esto a su regreso y le vi sereno, satisfecho y empoderado. Compartió la experiencia y la reviviscencia de todo ello sin salirse fuera de la ventana de tolerancia a las emociones y como un acto de triunfo. 

Desde aquí, de parte de todos/as los/as que formamos la familia del blog Buenos tratos, nuestra felicitación admiración y cariño, querido Jorge Barudy.

A continuación os transcribo los dos artículos seguidos, para todos/as los/as que no habéis podido leerlos. El primero sobre resiliencia, el de El País. El segundo es el reportaje recogido por el diario El Mundo sobre el juicio relativo al proceso Cóndor.

Tiempos de resiliencia 

Autor: Jorge Barudy

Diario “El País”, 27 de marzo de 2016

Recientemente, la RAE ha definido resiliencia como la “capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o estado o situación adversa”. Desde mi propia experiencia, como psiquiatra y terapeuta, puedo testimoniar, no solo del dolor y trastornos provocados por los traumas, sino de la capacidad y la valentía de las víctimas para resistir, y hacer lo imposible para que estas experiencias no determinen sus vidas.

Resiliencia designa la capacidad humana de superar traumas y heridas. No es una receta para la felicidad, sino una actitud vital positiva que estimula a reparar los daños sufridos. Las experiencias de huérfanos, niños maltratados o abandonados; de mujeres que han padecido violencia machista de sus parejas; de víctimas de guerras, de tortura, de catástrofes naturales, o de enfermedades han permitido constatar que muchas personas no se encadenan a sus traumas toda la vida, sino que cuentan con este antídoto. Solo necesitan encontrar entornos interpersonales y sociales que les ayuden a conocer el valor terapéutico de la solidaridad y el amor, porque son reconocidos como afectados por experiencias injustas y degradantes. Porque la resiliencia difícilmente puede brotar en soledad. La confianza y solidaridad de otras personas es condición imprescindible para que cualquier persona herida por una experiencia traumática recupere la confianza en sí misma y en la condición humana.

El término tiene su origen en la física. Es la capacidad de la que está dotada un material para resistir un impacto y retomar su forma original. Una pelota de caucho es un objeto resiliente, al contrario que el cristal de una ventana que, frente a un impacto, se hará trizas y no recuperará su forma anterior. Este fenómeno físico sirvió de metáfora para el ser humano, que puede recibir el impacto de un trauma, no destruirse y seguir adelante.

Conocí el fenómeno de la resiliencia en carne propia, cuando, siendo un joven médico en Chile, fui arrestado, encarcelado y torturado, tras el golpe militar de Pinochet. Pero lo que me asombra cuando recuerdo mi cautiverio fue la capacidad para crear lazos afectivos y estrategias solidarias con mis compañeros de cautiverio, para enfrentar el horror cotidiano de las sesiones de tortura y la posibilidad de ser asesinado impunemente. Un grupo de prisioneros –yo mismo, otro médico, un profesor de instituto, un pastor luterano y un sacerdote católico – fuimos facilitadores de estas respuestas. Hoy en día a quienes desempeñan este papel los llamamos “tutores de la resiliencia”.

Creo que debo en parte mi supervivencia mental a este compromiso de apoyar y trabajar para mantener la esperanza en el grupo de presos, a mis empeños en atenderles como médico. Pude hacerlo gracias a la fuerza del afecto que había recibido en mi familia y en mi barrio durante mi infancia y adolescencia. Se sumó mi capacidad de indignarme y rebelarme frente a los actos violentos de los militares, que encarcelaron, torturaron y asesinaron a civiles indefensos, amigos o compañeros de trabajo. Entonces no sabía que al resistir de aquel modo iniciaba mi propio proceso de remendar mi yo desgarrado por los traumas. Comenzaba así a construir mi propia resiliencia.

Fue gracias a la lectura de los libros de Boris Cyrulnik que me reconocí como una persona resiliente que había transformado su dolor y sus sufrimientos en acciones constructivas.

Si la resiliencia individual familiar o social es hija del amor y la solidaridad, no se puede desarrollar entre los refugiados, afectados por la indiferencia, el rechazo y el poder patriarcal de los gobernantes europeos.

Mi “obsesión”, desde que me dejaron en libertad, fue transformar mis dolores en solidaridad efectiva, y participé en un proyecto para reparar el daño traumático de otras personas. En 1974, el gobierno belga estableció un programa de acogida para los refugiados latinoamericanos con becas para estudios de postgrado, y me especialicé en Neuropsiquiatría, luego en Psicoterapia, Terapia familiar y Psiquiatría infantil. En 2002, tras conocer a Cyrulnik, me convertí en un activista para la promoción de la resiliencia, no solamente de refugiados y demandantes de asilo, sino de niños y niñas afectados por la violencia de los adultos, en forma de malos tratos, así como en la resiliencia de mujeres y sus hijos víctimas de la violencia machista.

En la actualidad, existe el riesgo de que el concepto de resiliencia se desvirtúe al ponerse de moda. Por ejemplo, algunos políticos y gestores de las políticas sociales lo usan para minimizar el daño y justificar los recortes en las políticas sociales.

En las empresas multinacionales, los seminarios sobre las capacidades resilientes están siendo usados para apoyar el tópico de “tú puedes”, aunque las condiciones laborales se degradan cada día. En el discurso mediático, se presenta asociado al éxito de deportistas de élite, cantantes de moda, o concursantes de MasterChef.

También los militares se han apropiado del concepto y lo han corrompido. Quienes provocan o participan en las guerras se interesan en el tema para motivar la fuerza destructiva de sus tropas y para banalizar el impacto de sus acciones en la población civil y en sus propios soldados.

Esto se contradice con las investigaciones sobre la resiliencia, que muestran que esta es una producción social y siempre interpersonal.

Los contextos interpersonales resilientes son afectuosos (biología del amor), facilitan la conciencia de ser afectados por injusticias –vengan de la naturaleza (como las catástrofes naturales), de la opresión, la violencia política, de género, los malos tratos infantiles–, lo que permite empoderarse para salir adelante. La solidaridad empática con los afectados, la expresión artística, el humor y la espiritualidad son también factores resilientes.

En este sentido, es poco probable que se desarrolle resiliencia en los miles de refugiados que se encuentran en las puertas de Europa: las imágenes conmovedoras de las mujeres, niños, muchos de ellos bebes, y ancianos refugiados sirios son ejemplos de contextos antirresilientes.

Si la resiliencia individual familiar o social es hija del amor y la solidaridad, no se puede desarrollar en esta ingente población de refugiados, afectada por la indiferencia, el rechazo y el poder patriarcal de los gobernantes europeos.

Nos queda la esperanza de que algunas chispas de este fenómeno se produzcan por la acción solidaria de la sociedad civil, que aporta esperanza para que algunos de los afectados puedan resiliar estas dramáticas circunstancias.

Las torturas en los tiempos de Pinochet

Por Elena Llorente

Diario “El Mundo”, 28 de febrero de 2016


“Cuando Venturelli se sacó los zapatos, le miré los pies. Le habían sacado las uñas. Tenía los pies todos lastimados. Con las pocas cosas que teníamos traté de curarle las heridas y lo invité a compartir el colchón que tenía.”

El proceso contra el Plan Cóndor que se está llevando a cabo en Roma desde el año pasado tuvo el jueves una nueva audiencia en la que se trataron casos chilenos y en la que un médico que pasó por la misma cárcel que uno de los desaparecidos, Omar Venturelli, contó cómo los trataban y cuándo vio a Venturelli por última vez. Este proceso Cóndor contra militares y civiles de Bolivia, Chile, Perú y Uruguay, tiene en la lista de los acusados a 11 chilenos que deben responder por la desaparición o muerte de al menos cuatro ciudadanos italochilenos. En la audiencia de ayer, la última de los casos chilenos, testimoniaron, además del médico Jorge Barudy Labrin, también Pablo Berchenko, chileno, profesor universitario que vive en Avignon, en Francia, y Mireya García, vicepresidente de la Asociación de Familiares de Detenidos-Desaparecidos de Chile que trabaja actualmente en Suecia.

El relato del médico chileno Barudy –que ahora vive en Barcelona–, quien logró salvarse de la muerte pero no de las torturas de la dictadura chilena de Augusto Pinochet, fue angustiante y emocionó profundamente a más de uno en la sala de audiencias judiciales de la cárcel de Rebibbia, en las afueras de Roma, donde se está haciendo el proceso. Venturelli, militante del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria) y ex sacerdote, había sido arrestado en septiembre de 1973, es decir a menos de un mes del golpe de estado del 11 de septiembre. Como sacerdote había guiado las luchas mapuches contra la ocupación de tierras en el sur de Chile, y fue por eso suspendido “ad divinis” (es decir que no podía ejercer más su sacerdocio) por el obispo local. Pero luego dejó los hábitos y se casó con Fresia Villalobos con quien tuvo una hija, María Paz, quien actualmente vive en la ciudad italiana de Bolonia.

Barudy también fue arrestado en septiembre de 1973. Fue llevado a la cárcel de Temuco –al sur de Santiago– desde Puerto Saavedra donde trabajaba en un hospital. Fue torturado y testigo de las torturas que sufrieron muchos de sus compañeros de prisión, entre ellos Venturelli, que fue sacado de esa cárcel el 4 de octubre de 1973 y nunca más se supo de él. Venturelli tenía 31 años. Barudy contó entre otras cosas que vio a Venturelli por primera vez el 17 de septiembre, lleno de hematomas y que caminaba con dificultad. Le contó que lo habían torturado con electricidad. “Cuando Venturelli se sacó los zapatos, le miré los pies. Le habían sacado las uñas. Tenía los pies todos lastimados. Con las pocas cosas que teníamos –yo había logrado hacer llegar a la cárcel algunos ansiolíticos y remedios para el dolor– traté de curarle las heridas y lo invité a compartir el colchón que tenía. Yo era el único que tenía un colchón que me había hecho llegar mi padre, que era jurista. Luego, con él organizamos un pequeño comité para ayudar a los presos, para darles apoyo psicológico, con ceremonias colectivas de plegaria y de lectura de los Evangelios. Desarrollamos una intensa amistad”, contó.

Dijo también que “Omar me contó sus miedos y me dijo que él había reconocido a una persona que tenía responsabilidad en la represión de nombre Podlech. Yo no lo conocía y él me contó que Podlech pertenecía a un grupo de extrema derecha llamado Patria y Libertad. Podlech era el fiscal militar de Temuco en esa época. Fue detenido en España en 2011 y extraditado a Italia. Pero en la península, luego de varios meses, fue dejado en libertad por falta de pruebas. Ha sido acusado y en algunos casos procesado en su país por varios delitos, entre ellos por el asesinato de siete personas en el llamado “Asalto al polvorín del regimiento”, por la muerte de un médico y por la muerte de un abogado. Todos estos hechos ocurrieron en 1973.

Omar y él, contó además el médico testigo, hicieron un pacto: si uno de ellos moría, el otro habría tratado de dar una mano a la familia. Ambas familias tenían niños pequeños. “Estábamos generalmente despiertos hasta la una o dos de la mañana. Entonces apagábamos la luz seguros de que no iban a venir a buscarnos. Pero una noche, poco antes de las dos, llegaron, encendieron todas las luces y dijeron a Venturelli que agarrara todas sus casa porque se iba. Todos sabíamos que si uno salía no volvía más”, dijo Barudy embargado por la emoción pese a los más de 40 años transcurridos.

Poco después del traslado de Venturelli llegó a la cárcel de Temuco un prisionero que había estado en la base aérea de Maquehue, usada como lugar de torturas y desde donde partían las expediciones militares de la llamada Caravana de la Muerte –dirigida por el general Nelson Arellano Stark, uno de los 11 acusados en este juicio– para aniquilar opositores a lo largo de Chile. La Caravana de la Muerte asesinó a más de 100 personas en distintas localidades chilenas. El hombre contó que, mientras estaba vendado, escuchó a otro hombre que gritaba: “Soy Omar Venturelli. Estoy muy mal. Me matarán”.

Dejando de lado las emociones, María Paz Venturelli declaró a Página/12 que la del jueves le había parecido una buena audiencia. “Logramos poner juntos varios pedacitos que se necesitaban para una mayor precisión. Para el caso de los chilenos tenemos bastantes antecedentes ahora. Los testigos fueron muy claros y precisos, sobre todo los testimonios de Barudy y Mireya. El de Barudy porque fue quien estuvo junto a mi papá en la cárcel y tiene los recuerdos muy claros. El de Mireya fue muy importante parta reconstruir los cargos que tenían ciertos acusados en el momento de las desapariciones o asesinatos de los cuatro chilenos. Yo espero que podamos tener una sentencia antes del verano (europeo).”

La familia de María Paz vivió dos años de juicio en Roma, a partir de 2009, contra el ex juez militar Oscar Alfonso Podlech por la desaparición de su padre. Y todo quedó en nada. Fue dejado en libertad por falta de pruebas. La madre de María Paz y esposa de Venturelli, falleció en Bolonia poco después del fracasado juicio Podlech. Su abuelo había iniciado un proceso en Chile y otro en la década del 80, pero los dos fueron cerrados porque los culpables fueron amnistiados. “Espero que en Italia al menos los condenen”, concluyó.


Pero sigue siendo válida la pregunta que se hace el periodista italiano Paolo Brogi en su blog que publica muchas cosas sobre el juicio Cóndor: “¿Logrará este proceso restituir un mínimo de justicia a estas víctimas, condenando a personajes como Arellano Stark que viven tranquilamente en el país que una vez devastaron profundamente?

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El día 16 de mayo regresa Buenos tratos con una nueva publicación.

Hasta pronto, cuidaos / Zaindu