viernes, 22 de enero de 2021

Vídeo de la presentación del libro "Una nueva vida florece. La historia resiliente de mi adopción"



Vídeo de la presentación del libro "Una nueva vida florece. 

La historia resiliente de mi adopción"

Janire Goizalde, José Luis Gonzalo, Cristina Herce, Carmen Ortiz de Zarate

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miércoles, 20 de enero de 2021

RECTIFICACIÓN: La hora de presentación del libro "Una nueva vida florece. La historia resiliente de mi adopción" es mañana 21 enero a las 18,00h (hora española)

 

Una nueva vida florece. 

La historia resiliente de mi adopción

Janire Goizalde

José Luis Gonzalo

Cristina Herce

Carmen Ortiz de Zarate

Facebook de la Editorial Sentir, jueves 21 enero a las 18,00h (hora española)

Este es el link para acceder a la presentación:

https://fb.me/e/jxwkQs5DO

¡¡Os esperamos!!

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lunes, 18 de enero de 2021

"Gotas de lluvia", excelente novela de Jorge León Gustà. Cuando ya solo queda la calle...

Es un auténtico gusto, un placer, presentaros esta novela recién publicada escrita por un gran literato como lo es Jorge León Gustà. Sabéis que en este blog tienen cabida los buenos libros tanto científicos como literarios que versan sobre la temática del trauma y la resiliencia. La novela social que busca concienciar a las personas sobre determinadas problemáticas e injusticias, como ya sabéis, no nos es aquí ajena en absoluto. La que hoy tengo el honor de presentaros es un relato de seres humanos que viven en la calle, una dura y triste realidad cotidiana para todos/as, la presenciamos a diario en nuestras ciudades. Todos podemos vernos abocados a quedarnos sin nada y sin nadie y terminar en la más absoluta indigencia. Detrás de esta penosa realidad, si ahondamos en las vidas de estas personas y nos interesamos por lo que les ha ocurrido, descubriremos que en ellas pervive un trauma no resuelto; por ello este ha sido llamado la "epidemia oculta". Jorge León Gustà, en una novela llena de ágiles diálogos, intensa y emotiva, nos acerca precisamente a este drama de quienes despojados de todo, terminan devorados por un sistema social injusto y muchas veces inhumano. 

El propio autor ha escrito para Buenos tratos el artículo que tenéis a continuación, presentando en exclusiva para todos nosotros su novela Gotas de lluvia. Contada con maestría por un escritor comprometido socialmente y ubicada en un reciente y convulso contexto histórico: el Movimiento del 15M.

Jorge León Gustà. Nació en Barcelona en 1962. Estudió Filología Hispánica en la Universidad de Barcelona, y se doctoró en 2000. Ha editado obras de Lope de Vega (Los melindres de Belisa. Ed. Milenio, Lérida, 2007), o La Celestina, de Fernando de Rojas (Ed. La Galera, Barcelona, 2012) y las Poesías completas de Cristóbal Mosquera de Figueroa (1547-1610) (Ed. Alfar, Sevilla, 2015). Como catedrático de instituto, ha escrito más de una veintena de manuales de Lengua castellana y Literatura de secundaria de editorial Cruïlla. Es autor del libro de poemas Pobres fragmentos rotos contra el cielo (Ed. El llop ferotge, Gerona, 2014). Colabora mensualmente con la revista electrónica Las nueve musas con un artículo sobre literatura del Siglo de Oro español.

Portada de la novela "Gotas de lluvia"


Leo en la revista El salto: “Madrid, Barcelona, Valencia, Murcia, Sevilla, Murcia, Granada, Palma... En todas partes, una marea multiforme y permeable se alimenta de tragedias cotidianas. De cracs personales. Un hombre que pierde su empleo. Una familia desahuciada. Una mujer violentada que huye con sus hijos. Una adicción que rompe una cadena familiar y deja al eslabón más débil a la deriva [...]. Llegar a la calle, como emigrar, es perder tu nombre. Empezar a llamarte: sin hogar, sin techo, mendigo. “Persona en situación de calle”. Y perder tú sustancia, porque nadie te ve. Porque nadie quiere verte.”

Con estas palabras ha resumido Edu León (con el que, por cierto, no guardo ningún parentesco) el drama de las personas que entran en una vida en la calle: los sintecho, los homeless, indigentes. Siguiendo esta idea, en Gotas de lluvia he construido un relato a partir de seis personajes que viven en la calle desde hace tiempo. El título nace de los versos de una canción de Janis Joplin, Little girl blue



Somebody told you 'cause you got to know
That all you ever gonna have to count on
Or gonna wanna lean on
It's gonna feel just like those raindrops do
When they're falling down, honey, all around you.
Oh, I know, I know you're unhappy.



Alguien te lo dijo porque tú tienes que saberlo,
que todo lo que tienes que contar
o en lo que te quieras apoyar
se sentirá justo como esas gotas de lluvia
cuando caen, cariño, todas a tu alrededor.
Oh, yo lo sé, sé que eres infeliz.


En la novela reflejo este sentimiento de que el mundo y todas las cosas en las que uno se apoya se deshacen como las gotas de lluvia se escapan por la pendiente. Consideran que han fracasado en todo. Ya no hay nada a dónde agarrarse y solo les queda la calle. 

No es, desde luego, una historia amable que muestre el lado más romántico de la Barcelona actual en la que está situada; ni tan siquiera es una historia que acabe bien. Por eso se abre con un poema atribuido a Bertold Brecht, Maneras de matar, que vi pintado hace años en una calle próxima a la Plaza de los Ángeles, donde se sitúa la acción de la novela:

 
Hay muchas maneras de matar.
Pueden clavarte un cuchillo en el vientre,
quitarte el pan,
no curarte una enfermedad,
meterte en una mala vivienda,
torturarte hasta la muerte
por medio del trabajo,
llevarte a la guerra, etc.
Solo pocas de estas cosas están
prohibidas en nuestra ciudad.

 

Porque eso es la pobreza: una forma de anular y de matar a las personas. De perder su sustancia y su nombre

La novela es el retrato de seis personajes durante los acontecimientos que asombraron a la Ciudad Condal (y a España entera): la ocupación por parte del movimiento 15 M de la Plaza Cataluña. Como sucede a menudo en estas vidas marginales, los personajes protagonistas han formado un grupo unido cuya existencia se desarrolla sin excesivo contacto con la sociedad, empezando por su situación: viven en la Plaza de los Ángeles, que es, paradójicamente, uno de los lugares más turísticos de Barcelona, pues en ella está la entrada principal del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (el MACBA). Los protagonistas son Nicasio, un ex-legionario –al que todos respetan como jefe-, Théo, un refugiado ruandés que recoge chatarra con un carrito de supermercado; Paco, ex-convicto por asesinato; Isa, víctima de malos tratos; Estela, antigua cantante alcohólica; Charly, un esquizofrénico. Su marginalidad es tal, que la ocupación de Plaza Cataluña no es para ellos una oportunidad ilusionada y juvenil de cambiar el mundo, sino solo un modo de conseguir tabaco, comida y cervezas.

El objetivo de la novela es, sobre todo, conocer tanto la vida presente de los protagonistas y cómo establecen sus relaciones. Para ello, me he servido de un planteamiento muy dramático, en el sentido de teatral: los diálogos tienen un protagonismo en la novela, pues nos ayudan no solo a conocer, sino a ver en presente cómo se desarrolla su vida cotidiana, hasta casi poderlos tocar, ver, oír. Pero, a diferencia del teatro, la novela nos muestra los pensamientos más secretos de los personajes, no tanto sus deseos como sus frustraciones. No se trata de un estudio sociológico teórico y hasta cierto punto abstracto, sino que asistimos como espectadores indiscretos a la vida de estos personajes y comprendemos cómo han llegado hasta allí, qué los ha expulsado de la sociedad para encontrar una vida fuera del grupo y en la calle.

Varias son las causas que pueden llevar a las personas a una situación de precariedad. Por supuesto, la crisis económica (como la que sufrimos ahora) es la más importante. Pero no la única. Hay muchos otros motivos, desde el alcoholismo hasta los problemas de salud mental que conducen a estas personas, poco o nada medicadas, a la confusión entre lo que es realidad y lo que es fantasía... Sin embargo, en la novela he querido ir más allá y descubrir cuál es la causa de sus dramas personales, el principio de su tragedia, que suele estar en experiencias traumáticas del pasado, desde abusos hasta situaciones menos generalizadas pero que llevan a una incapacidad de integrarse en la sociedad. Esto nos permitirá comprender el drama de las personas sin hogar, sin caer en la censura o en el fácil rechazo de actitudes de personas con aspecto desagradable. Detrás de cada sintecho hay un drama originado en un trauma no resuelto.

Pero la marginación no supone que los personajes no tengan su propia organización microsocial, con sus propias jerarquías. La llegada en el tercer capítulo del personaje de Tito, de carácter tóxico, dinamitará las ya tensas relaciones entre los personajes. 

Si quieres conseguir un ejemplar del libro firmado por el autor, solo tienes que clicar en este enlace

Si quieres más información sobre mí, me encontrarás también en Facebook, así como en la revista literaria Las nueve musas.



viernes, 15 de enero de 2021

Presentación on line del libro solidario "Una nueva vida florece. La historia resiliente de mi adopción"

 


Una nueva vida florece. 

La historia resiliente de mi adopción

Janire Goizalde

José Luis Gonzalo

Cristina Herce

Carmen Ortiz de Zarate

Facebook de la Editorial Sentir, jueves 21 enero a las 18,00h (hora española)

Este es el link para acceder a la presentación:

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¡¡Os esperamos!!

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lunes, 11 de enero de 2021

Reflexiones sobre adversidad temprana y adopción desde la mirada perinatal, por Lola Pavón, psicóloga.


Firma invitada


Lola Pavón, psicóloga y psicoterapeuta

Presentación

Unas breves líneas para presentar a Lola Pavón. Siempre me hace una gran ilusión presentaros a las personas que colaboran con el blog Buenos tratos. Con cada una de ellas tengo una historia. Así pues, con Lola no puede ser de otro modo. Nos conocimos en Sevilla, en el marco de un taller de la caja de arena inolvidable para los dos. Posteriormente, nos hemos mantenido en contacto y hemos coincidido en congresos. Lola me impresionó como una persona genuina, el tripómetro (así le llama la profesora Josefina Martínez a la valoración que el sistema nervioso hace de una situación o persona en cuanto a la seguridad y las buenas vibraciones mediante el lenguaje del cuerpo, antes de que Porges (2011) inventara el término científico neurocepción) no te falla con ella: sientes tranquilidad, seguridad y confianza. Lola es, además de una profesional ampliamente formada y con experiencia, una persona sincera y honesta, cualidades imprescindibles en la vida, especialmente para tratar a pacientes traumatizados. Tenía muchas ganas de que formara parte del elenco de ilustres colaboradores de Buenos tratos. Le cursé invitación hace unos meses, y aquí la tenemos para disfrutar de un excelente artículo sobre adversidad temprana y adopción desde la mirada perinatal, tema que, hasta hoy, no habíamos abordado en el blog. ¡Quién mejor que Lola Pavón para hacerlo! Muchas gracias, Lola, por tu generosidad al compartirnos tu tiempo y tu trabajo. 

Lola Pavón es psicóloga y psicoterapeuta. Formada en Psicología Infanto Juvenil, Apego, Trauma y Psicología Perinatal, entre otras cosas. Su andadura profesional como psicóloga ha sido muy diversa. En relación al trabajo con familias coordinó durante cinco años un Servicio Comarcal de Atención a Familias e Infancia en la Sierra de Huelva y lleva más de catorce realizando acompañamiento con familias muy diversas que necesitan orientación en torno a la maternidad, paternidad y crianza, tanto en grupo como de forma individual.

Los últimos diez años se ha centrado en la atención en consulta privada, acompañando tanto a personas adultas, a adolescentes y niñ@s. 

Podéis conocer más sobre ella en wwwlolpavon.es 
o en https://www.facebook.com/lolapavonpsicologa/ donde realiza una labor más divulgativa.


Título del artículo: 
Reflexiones sobre adversidad temprana y adopción 
desde la mirada perinatal

El pasado 28 de noviembre de 2020 tuve el gusto de participar como invitada en las III Jornadas Atlas y Afada sobre “Heridas y suturas en personas que han sufrido adversidad temprana” con una ponencia donde reflexionaba sobre algunas cuestiones desde el enfoque que aporta la mirada perinatal.

Para mí la mirada perinatal supuso una gran revolución. Son de esas gafas que una vez instaladas en una misma ya no puedes dejar de aplicar. Como dice la propia Ibone Olza, directora del Instituto Europeo de Salud Mental Perinatal, esta mirada implica “poner en el centro al bebé” como ser de pleno derecho y, junto a él, poner en el centro también a su madre biológica, siendo esta su primer y fundamental contexto de desarrollo en los primeros momentos de su vida. A partir de ahí, desde un modelo ecosistémico e integral del desarrollo, habremos de tener en cuenta el contexto que rodea a esta díada durante la gestación y primeros años de crianza, periodos determinantes en la vida de todos los seres humanos. En los casos de adopción la díada se convierte en tríada cuando, debido a la imposibilidad de que ese bebé pueda seguir con su familia de origen, madres y padres adoptivos pasan a ser esa familia a la que todo niño y toda niña tiene derecho. 

En una historia de adopción confluyen por tanto tres historias de desarrollo y vida: la del bebé, la de la mamá biológica, y la de la madre y/o padre adoptivo. Conformando lo que podríamos llamar La Tríada Adoptiva+*. Muchas veces, sin embargo, esas historias tenderán a invisibilizarse, o se minimizará el impacto que haya podido tener en cada un@ ell@s, en la futura relación y en el propio desarrollo del niño o niña. La mirada perinatal pone la lupa precisamente ahí. 

Será preciso, desde el principio, cuidar y contener con delicadeza, rigurosidad y respeto todas esas biografías para que el puzzle esté lo más completo posible de cara a la integración de todo ello en el niñ@ y en su familia. De hecho, lo ideal sería acoger no solo esa tríada, sino a su contexto ampliado: unas leyes de protección a la infancia, un@s profesionales que median y acompañan la llegada de un bebé, unas instituciones de acogida y adopción. De ahí el +*.



Aprovechando esta invitación que me hace ahora José Luis en este maravilloso blog del que tanto he aprendido, hago público aquí el contenido de las transparencias que utilicé ese día en aquella ponencia para que podáis leerlas y difundirlas de forma libre por si os resultan útiles. En ellas encontraréis más detalladas algunas de las cuestiones que compartí durante las jornadas y encontraréis la bibliografía en la que me basé. Enlace para descargar las transparencias: https://drive.google.com/file/d/1oDqqQ_oO-ZipABuZfCO2XVrGNtZg80WO/view?usp=sharing

Aunque el tema es apasionante y daría para escribir y escribir sin parar, en este artículo me centraré sobre algunas cuestiones que quisiera resaltar: 

1) Contribuir a lo que yo llamo la necesaria construcción del “traductor de bebés y peques”; 

2) Visibilizar las heridas emocionales y los duelos que implica todo proceso de adopción
 
3) Señalar la necesidad de ajustar las expectativas para no convertir en maltratantes los objetivos que se persiguen o la manera en la que nos relacionamos con las personas adoptadas y con las familias adoptivas.

I. El traductor de bebés y peques

Comencemos con algunas preguntas, viendo qué nos suscitan: 

• ¿Cómo creéis que es ser bebé en un mundo donde imperan las gafas adultocéntricas y te ningunean constantemente como si no fueras una persona con derechos y preferencias, con necesidades y ritmos específicos (los bebés no sienten, no recuerdan, no se enteran de nada, no tienen lenguaje, tienen que ser autónomos lo antes posible y adaptarse a los ritmos adultos lo antes posible, etc.)?

• ¿Cómo creéis que es tener un lenguaje preverbal, emocional y corporal que las personas adultas no saben traducir de forma automática para que puedan ayudarte y comprenderte? 

• ¿Cómo creéis que es ser un bebé que desde el inicio en la barriga de su mamá ha podido sentir dolor, hambre, frío o sensaciones angustiosas; y que además sufre y vive una separación de ella, de la que ha sido su lugar de seguridad conocido? ¿Cómo creéis que es todo eso si además se ha sufrido adversidad y/o maltrato en el nacimiento y en los primeros años de su vida antes de ser protegido por las instituciones? ¿Y cómo creéis que es todo eso si además ha podido vivir en alguna institución con la carencia de cuidados que esto puede suponer en algunas ocasiones, o con familias de acogida de las que también luego habrá de separarse; y que ha podido incluso cambiar de idioma, de país, etc; y todo ello en uno de los momentos más críticos y vulnerable del desarrollo de una persona?

• ¿Cómo creéis que es que las huellas de esa adversidad parezcan “invisibles” en muchos casos, pero que estén ahí en forma de heridas emocionales o alteraciones en cuestiones muy básicas del desarrollo, y todo el mundo diga “es cuestión de voluntad, amor y tiempo” y tu sepas y sientas que hay cosas que no funcionan y sensaciones dolorosas que no desaparecen tan fácilmente?

• ¿Cómo creéis que es llegar a un nuevo contexto, a una relación con nuevas personas, que en principio parecen amables y buenas, pero que en ti puede haber un “protégete por si acaso”, un “¿me volverán a abandonar?”, un “nadie me va a querer, si me abandonaron o me hicieron daño será por algo”, un “echo de menos a quienes conozco, ¿dónde están, porque no vienen a por mí?”, etc.?



Quizás sólo con esto ya vaya cogiendo forma en vosotr@s un pequeño traductor de bebés casi intuitivo. Igual también vais contactando con el o la bebé que fuisteis y eso os hace ir reconquistando ese idioma que una vez supisteis utilizar de forma natural. Si además conocemos un poco sobre lo que implica la adversidad temprana en el embarazo y en el nacimiento (ver transparencias 40-49) igual el traductor se vuelve un poco más completo y entendemos, por ejemplo, que cuando un niño o una niña roba puede significar que las carencias que sufrió activan de forma automática un patrón acumulador o ahorrativo casi de forma compulsiva. Activar ese traductor nos ayudará a no tratar a ese peque de ladrón sin remedio, reprendiéndole continuamente, sino que entenderemos que los mecanismos de prevención y supervisión amable le ayudarán mejor a ir resolviendo esa cuestión. Aún recuerdo un peque con el que hacíamos un juego de revisar bolsillos por si mágicamente había aparecido allí alguna cosa cada vez que iba a salir de la consulta. Con el tiempo él pudo reconocer lo que le pasaba y desde ahí pudimos trabajar ya de forma más consciente. Otro ejemplo de cuándo puede ser útil el traductor es cuando una niña se desregula emocionalmente “sin motivo comprensible”, pudiendo ser porque igual ha sentido hambre y esa sensación se asoció a la angustia de no tener qué comer en los primeros momentos de su vida. Esa niña no sabrá lo que le pasa. No podrá explicárnoslo de manera concreta. Pero con este traductor activo sí podemos intuir un poco, a la luz de lo que conozcamos de su historia, y eso nos ayudará a traducirla mejor, a ofrecerle las palabras que a ella le faltan, a ofrecerle el consuelo que ahora sí puede tener. A acompañarla cada vez que sienta esa angustia para que poco a poco el hambre no siga asociándose a ese malestar y pueda resignificarse. Un tercer ejemplo donde podemos usar el traductor es ante ese bebé que, al recibir un abrazo, parece congelado o nos rechaza explícitamente. Y es que igual no aprendió esa parte de las interacciones humanas y el afecto positivo le resulta un código que le despierta miedo, angustia o que simplemente no sabe manejar. Puede que cuando alguien le tocó no fuera muy amable, y entonces aprendió que el contacto físico era peligroso. O puede que cuando no hubiera nadie disponible cuando lo necesitara, así que conectar ahora con ese afecto le lleva a sentir soledad. Una sensación de soledad que para un bebé puede estar asociada a la sensación de morirse, con la angustia que esto conlleva, ante lo cual se activan mecanismos de defensa muy primitivos como la congelación o intentos de protesta. Entendiendo este tipo de cuestiones el traductor irá haciendo su trabajo cada vez mejor. No es que el bebé nos rechace, es que tal vez está asustado y aún no puede activar el sistema de conexión social al tener la alerta activa. Esas sensaciones sirvieron para activar mecanismos de protección frente a un contexto adverso, pero ya no resultan necesarias en un contexto más seguro. Con ayuda, esos viejos mecanismos habrán de ir abriendo paso a nuevas formas.

Pero todo ello requiere de muchas experiencias de seguridad y de mucha adecuada traducción por nuestra parte para que podamos comprender el idioma del trauma y como este se manifiesta en bebés. Somos las personas adultas las que tenemos que construir ese traductor y hacer ese trabajo. Para cada bebé será único. Es un trabajo artesanal. No siempre acertaremos. Tampoco se requiere un acierto del 100% de las veces. Ya lo dijo Winicott con su premisa de los padres y madres “suficientemente buenos”. La cuestión es estar siempre tratando de afinar ese traductor y conocer más a ese niño o niña.

II. Heridas emocionales y duelos durante el proceso de adopción

Siempre comento que para curar una herida lo primero es saber que un@ tiene una herida. Pero no siempre somos conscientes de tenerla. En el caso que nos ocupa, el trauma preverbal queda guardado en el cuerpo. No tiene imágenes explícitas, no tiene palabras. Es somatosensorial, estando en memorias implícitas, corporales y emocionales. Memorias que no han podido integrarse y organizarse, y eso nos puede dificultar esa tarea de identificar y comprender la herida. 

Gestarse y nacer en un contexto adverso tiene consecuencias muy importantes y determinantes (modulación de la traducción del ADN mediante la epigenética, preferencia automática de la activación del sistema de alerta frente al sistema de conexión social, predisposición a enfermedades físicas y psicológicas, alteración de funciones básicas del desarrollo, enfermedades, etc). En la historia de personas que han sufrido adversidad temprana pudo haber además muchas cosas que sobraron (maltrato, violencia, abuso, negligencia, múltiples vinculaciones y separaciones, etc.) y también muchas cosas que faltaron (adecuada nutrición alimenticia, emocional y entorno saludable, contacto piel con piel, respeto, presencia, permanencia, amor, cuidados sensibles, interacciones positivas, juego, miradas, sonrisas, comunicación, sensaciones de sentirse sentido, querido y comprendido, sensaciones de seguridad, sensaciones de sentirse ayudado ante el malestar, etc). Conocer esto, lejos de ser pesimista o determinista, ayudará a despenalizar mucha sintomatología para las propias personas adoptadas y también para su entorno, y alentará a modelos más comprensivos. Nos ayudará a tener, tal y como antes decíamos, traductores cada vez más precisos. Y esos traductores nos harán entender que la persona tuvo que hacer muchos ajustes creativos que eran totalmente adaptativos en un contexto adverso y que están ahí porque con ellos se sobrevivió. Desde cada punto de partida se podrán realizar intervenciones más certeras y respetuosas.



En cuanto a los duelos, tanto madres y padres adoptivos como los propios bebés habrán de transitarlos. Muchas personas que llegan a la maternidad o la paternidad mediante la adopción vienen de una travesía donde ha podido haber pérdidas gestacionales o tratamientos de fertilidad. Ambas situaciones suelen ser muy difíciles y pocas veces se visibiliza todo lo que ello conlleva. Esos hijos biológicos fallecidos o esos hijos que no llegaron también tendrán su espacio simbólico en la vida de madres y padres. También habrá duelos que implican la despedida del hijo o hija imaginados para abrirse al real, un reencuentro con la propia historia de crianza, un tránsito entre el padre o la madre que se deseaba ser y el que realmente se es, la propia llegada a la maternidad y la paternidad con todos los cambios que implica… Muchas familias no compartirán estos aspectos con nadie por miedo a sentirse juzgadas, pero es crucial darles el espacio, el cuidado y la red que requieren.

Del mismo modo, es fundamental acoger el duelo de bebés que han sido separados de su madre biológica, de su padre biológico, de hermanos o hermanas, de abuelos, primos, tíos,… O incluso de un espacio físico conocido. Nancy Newton escribió un magnífico libro acerca de lo que ella llama la “Herida Primaria”. Esta idea implica la herida y el duelo ocasionados por la separación temprana de la madre, y que se da independientemente de la funcionalidad de la futura familia adoptiva. Profundizar en ello contribuirá a afinar más aún el traductor. Podremos entender con una mirada más limpia la necesidad de integrar a las dos familias de cada niño y de cada niña, la biológica y la adoptiva. Identificaremos la expresión de esta vivencia interna observando su cuerpo, sus reacciones, ofreciéndoles el respeto, el amor, los tiempos y las palabras para poder vivir y aliviar esas sensaciones de abandono y/o rechazo tan profundas. Les ayudaremos a organizarlas internamente en un contexto de apoyo y ayuda.


III. Ajustar expectativas para favorecer el buen trato

Todo ello nos llevará al último punto que quería destacar. Al comprender mejor lo que ocurre, el buen trato será más fácil. ¿En qué sentido? Muchas veces por desconocimiento podemos perseguir objetivos que son muy exigentes para las capacidades de base de la persona, y los pedimos además por vías imposibles o a ritmos que no son alcanzables tan rápidamente o tan automáticamente. También las familias necesitarán sus tiempos para asimilar sus propias historias y las vivencias con ese hijo o hija.

Yo suelo ser bastante optimista con lo que las personas somos capaces de lograr, incluso tras haber vivido las situaciones más terribles. No me gusta el etiquetado diagnóstico impersonal y estático, aunque puede ser útil para ir poniendo algunas palabras que ayuden a la comprensión del punto de partida. Tampoco soy de positivismos facilones del tipo “si quieres puedes o el amor todo lo puede”. A veces se podrá y otras no, y habrá que ver en ese caso todo lo que sí se puede lograr para ponernos manos a la obra, pasito a pasito. Con mucho amor, por supuesto, pero con otros muchos ingredientes que implica la crianza terapéutica.

Hay huellas que de hecho estarán presentes toda la vida, pero eso no quiere decir que con ellas no se pueda vivir una vida lo suficientemente buena y agradable. Si logramos convertir la herida en cicatriz no dolerá tanto. O lo hará, pero sólo en ocasiones. Otras secuelas necesitarán de caminos más creativos y del aprendizaje de habilidades que nos ayuden a suplir o complementar lo que más cueste. incluso tras haber vivido las situaciones más terribles. Tenemos ejemplos entre nosotros de muchas personas que han sido capaces de hacer un proceso de reconstrucción resiliente. Boris Cyrulnik (2003) dice que no solo es la mencionada herida que sufrimos sino el significado que le damos a la herida y lo que hacemos con ella. Él mismo es un ejemplo de que es posible la resiliencia, siempre y cuando ofrezcamos a los niños un entorno de comprensión, apoyo incondicional y ajuste a sus necesidades. Para ello es cierto que durante todo su desarrollo hay que trabajar mucho con paciencia y perseverancia, pero se puede conseguir.

Para ello, de hecho, muchas veces me toca dar “malas noticias” a personas que han sufrido adversidad temprana. Algunos ejemplos son:

- “Igual vas a tener que seguir poniéndote una alarma para acordarte de la hora de hacer los deberes, lo importante no es que haya alarma o no haya alarma, lo importante es que encuentres la manera que mejor te ayude a recordarlo a ti”.

- “Quizá eso de dar abrazos te va a seguir costando un poquito cada vez que te los den. Lo importante es que ya te das cuenta de esa dificultad y no te peleas tanto con ella. Ya entiendes porque te pasa eso, y muchas veces ya has aprendido a irlos disfrutando cuando son de alguien que a ti te agrada y de quien sí te apetece recibir ese abrazo. Ahora puedes seguir practicando esta nueva habilidad”.

- “Puede que sigas cogiendo alguna cosa que no es tuya de vez en cuando, la cuestión es que ahora ya entiendes porque te pasa y puedes elegir después cómo devolverla o cómo prevenir antes para no cogerla”.

- “Tal vez hay una parte de ti que aún sigue pensando que no merece ser querida. Es lógico que así sea ahora que comprendes mejor tu historia y no vamos a forzarla a que sienta algo distinto ahora. La cuestión es que ya hay otra parte de ti que se ha sentido querida y eso te ha gustado, te ha hecho disfrutar y sentirte muy bien. Esa parte sabe que en realidad todas las personas merecen tener a alguien que las quiera, incluida tú. Puede que de vez en cuanto tengas que poner a estas dos partes a hablar un poquito, desde el respeto a la primera, claro está. Así puede que, poco a poco, hasta ella pueda aprender a recibir abrazos con el ejemplo de la parte más nueva de ti o con el ejemplo de lo que sabes que merecen todas las personas”.

A padres y madres también les doy estas “malas noticias”: 

- “Puede que ahora tu hijo necesite hacer los deberes estando muy pegadito a ti. Es cierto que tiene 12 años de edad cronológica y es lógico que mucha gente piense que ya no debería necesitarte tanto, pero parece que una parte de su yo pequeñito necesita ese acompañamiento a la hora de afrontar algo que le está resultando difícil ahora. Vamos a trabajar ahora esa sensación de seguridad y más adelante iremos trabajando la autonomía, que llegará, pero a un ritmo más adaptado a tu hijo. Hablaremos con el equipo educativo también para que sepan que iremos al ritmo que tu hijo necesita y que entienda porque es necesario ahora hacerlo así”

- “Estos enfados contigo son una estupenda señal, y lo más probable es que ahora por un tiempo haya más. Por fin ha dejado de ser complaciente y ahora puede atreverse a expresar la rabia a tu lado. Eso puede indicar que ya incluso sus partes emocionales más pequeñitas no tienen tanto miedo a que puedas abandonarle. Te está preguntando incluso por su familia biológica y cuestionando todo. Eso puede estar indicando que confía en ti para hacer esa exploración tan importante y que de algún modo sabe que le acompañarás ahora para poder integrar esa parte de su vida tan dura y ese duelo pendiente. Vamos a ver cómo estás tú con sostener esto, que puede ser algo difícil, para que puedas cuidarte y acompañarle mejor en el proceso”.

Es curioso, pero estas malas noticias suelen causar mucho alivio. Suelen abrir más espacio para ir sanando heridas y ampliando recursos. No se trata de conseguir más logros, más rápido. La rapidez no será la cuestión. Lo será la seguridad, el buen trato y el respeto a la diversidad de capacidades y ritmos.

Ojalá llegué un día en que ningún niño y ninguna niña sufran adversidad temprana. Mientras tanto cuidemos de la mejor forma posible a quienes comenzaron la vida con estas dificultades. Quizá el inicio no fue el más adecuado. Abramos la posibilidad a que cada uno de los finales sí sea el más amable posible.

Referencias

Cyrulnik, B. (2003). El murmullo de los fantasmas. Barcelona: Gedisa.

Porges, S.W. (2011) The polyvagal theory: neurophysiological foundations of emotions, attachment, communication and self-regulation. New York: W.W. Norton & Company.

El resto de bibliografía que he empleado para la redacción de este artículo está en el Power Point que comparto con vosotros/as, al cual podéis acceder a través de este link:

jueves, 31 de diciembre de 2020

Hicieron Buenos tratos en un año de duelo (A todos/as ellos/as muchas gracias)

Durante el año 2020, Buenos tratos ha seguido su andadura gracias también a la participación de los profesionales, mujeres y hombres, que dijeron desinteresadamente "sí" a escribir un post y contribuir con ello a que sepamos más de trauma, apego y resiliencia.

1/ Todos y todas nos dejaron su saber.

2/ Todos y todas invirtieron tiempo, esfuerzo y usaron su intelecto y sus emociones para enseñarnos y conectar con nosotros/as.

3/ Todos y todas son expertos en el ámbito del apego, el trauma y la resiliencia.

4/ Todos y todas los/as colegas participaron con gran motivación y entusiasmo.

5/ Todos y todas los/as colegas recibieron como un regalo participar en Buenos tratos.

6/ Todos y todas los/as colegas lo hicieron dejando una parte de sí mismos/as que se plasmó en un post.

7/ Todos y todas participaron porque les motiva ser profesionales de la ayuda.

8/ Todos y todas escribieron textos de gran calidad y nos los cedieron para Buenos tratos.

9/ Todos y todas se sintieron muy alegres y orgullosos/as el día que su artículo se publicó.

10/ Todos y todas los/as post que escribieron fueron un éxito y alcanzaron una cifra muy alta de visitas.


En un año verdaderamente difícil y doloroso para la humanidad por la pandemia por coronavirus, la verdad es que al hacer el listado de todas las colaboraciones, observo que ha sido el más prolífico de todos. Es probable que necesitáramos más que nunca escribir, simbolizar, poner palabras para elaborar y tratar de encontrar un sentido y un significado a lo que vivimos. Esta idea, de Boris Cyrulnik, ha sido cierta en nuestro caso: en un año de trauma y adversidad, narrar y contar ha sido un factor de resiliencia para nosotros/as, y Buenos tratos ha aportado su granito de arena.

Si todos los años, como es tradicional, les honro y les homenajeo, este con más razón les doy las gracias de todo corazón a todas las personas que han colaborado escribiendo generosamente para Buenos tratos.

A todos y todas,
Foto: moniqueilles


Antes de dejaros la lista por meses, de autores y títulos de los post de cada uno/a de los profesionales, me despido deseándoos un esperanzador 2021, os doy las gracias por estar ahí y valorar el blog, un abrazo para todos/as y cada uno/a de vosotros/as. Esta canción de Pablo Alborán titulada "Gracias" nos viene muy bien para la ocasión.




Enero de 2020:

Arturo Ezquerro, "Cuento de Reyes Magos" 
http://www.buenostratos.com/2020/01/cuento-de-reyes-magos-por-arturo.html 

Jorge Barudy y Rafael Benito, conferencia pronunciada en la Universidad Católica de Santiago de Chile
http://www.buenostratos.com/2020/01/video-de-las-conferencias-pronunciadas.html

Febrero 2020:

Merecdes Bermejo, "Las emociones a través de los Plantánimals: La emocipedia infantil" http://www.buenostratos.com/2020/02/las-emociones-traves-de-los.html

Marzo de 2020:

Arturo Ezquerro, "El virus extranjero" 
http://www.buenostratos.com/2020/03/un-mono-prueba-de-tormentas-por-paula.html

Abril 2020:

Rafael Benito, "Sobre el alivio del desconfinamiento en población adolescente con antecedentes de adversidad temprana: los/as grandes olvidados/as"

Mayo 2020: 

Francisco Javier Aznar Alarcón, "Por qué importan las historias". 

Junio 2020: 

Alma Serra, "Acompañamiento en el duelo infantil. Una reflexión contracultural". 

Martin Teicher (traduce y adapta Rafael Benito), "Periodos de exposición sensible e importancia del tipo y duración del abuso"

Jorge Barudy, "La traumaterapia de las consecuencias de los procesos discriminatorios y racistas en las personas, las familias y la comunidad"

Julio 2020: 

Arturo Ezquerro, "Luces y sombras de una pandemia".

Septiembre de 2020: 

Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan, "La traumaterapia sistémica, un paradigma integrador".

Loli Urizar Nieto, “El gran secreto de Luar”, un cuento creado por Loli Urizar Nieto para ayudar y a apoyar niños/as pequeños en la transición de un centro de menores a una familia adoptiva. 

Arturo Ezquerro, "Psicoterapia en el confinamiento". 

Octubre de 2020: 

José Castillo y Nuria Molina, "Una carta a Santa Claus", un cuento para ayudar a comprender a niños/as adoptados/as que han transitado momentos de adversidad temprana

Diciembre de 2020: 

Dolores Rodríguez, "El sentir de la pequeña Paloma", un micro relato para padres y madres adoptivos/as"

Arturo Ezquerro, "El poder del instinto de supervivencia: un extraordinario caso de apego grupal"

jueves, 24 de diciembre de 2020

"El otro par", un mensaje para la esperanza


Sol invictus
Foto: pijamasurf.com
Como es tradicional en este blog, el día 24 de diciembre comparezco aquí para compartir con vosotros una reflexión. La Navidad -o solsticio de invierno para los no creyentes- se pierde en la noche de los tiempos. Ya era celebrado con grandes fiestas por los romanos (Las Saturnales) El cristianismo se apresuró a quitarle el cariz pagano y lo convirtió en una fiesta religiosa -la metáfora del sol que renace invencible: el nacimiento de Jesús como triunfo de la vida (luz) sobre la muerte (tinieblas)-. Sin embargo, en nuestros tiempos se ha convertido para muchos en una excusa más para el consumo desenfrenado. Por otro lado, "sentirse forzado a estar contento y reunirse con quien no quiero por que sí, porque toca”, hace que algunas personas odien la Navidad con todas sus fuerzas y están deseando que pase cuanto antes. Otros, en cambio, la viven con indiferencia. Y no pocos también la celebran con gran alegría y mesura -entre los que me incluyo- porque la memoria de la Navidad está impregnada de bellos recuerdos.

Foto: blogs.elcorreo.com

En esta época encaramos la recta final del año. Y este 2020 a nadie se le escapa lo duro que ha sido. Un año de dolor causado por la pandemia mundial por coronavirus. Por eso, no estamos para muchas fiestas. En las mesas de muchos hogares habrá sillas vacías en los días señalados porque faltan seres queridos -que no se hubiesen ido si no es por este maldito virus-. Muchas familias optarán por la separación para cuidarse porque reunirse puede ser peligroso para la salud. El riesgo está en que en las reuniones familiares podamos contagiar a quienes amamos y eso no nos deja estar tranquilos. Nos lleva a una dolorosa decisión que supone que mucha gente pase estos días sola. Además, hemos de sumar la crisis económica que ya sufrimos -y quizá se agrave-, los enfermos que llenan los hospitales -con visitas restringidas- y la perspectiva de que el invierno puede ser aún más crudo por la llegada de una posible tercera ola del coronavirus, con la amenaza de una nueva cepa que hace que la transmisión del mismo sea un 70% más alta. 

“Con todo esto -pensé- ¿qué mensaje puedo compartir con vosotros/as queridos/as seguidores/as y amigos/as de Buenos tratos?” Con la que está cayendo, no creo que un post lleno de optimismo ingenuo y de positivismo a ultranza sea realmente bienvenido por vosotros/as. Tenemos un elefante en la habitación, enorme, y no podemos ni negarlo ni evadirnos de ello.

No me llegaba la inspiración, y para hacer los post necesitas que una idea alumbre tu cerebro. “A pesar de todo -me dije- compareceré en el blog, creo que es mejor cumplir con lo que prometí: presentarme el día convenido a la hora que siempre publico” Ya la sabéis: las 9,30 hora peninsular española. 

Hasta que el pasado domingo 20 de diciembre, hablando con unos amigos, apareció la inspiración. Hasta ahora las musas nunca me han abandonado. Gracias a mis amigos, puedo hoy escribir algo medianamente decente -eso espero, al menos, y si no confío en que me perdonareis- para vosotros/as. Concretamente, hablaba con Carlos Escribano, líder de la banda musical MOU -Memorandum of Understanding- que como bien sabéis nos honró con sus conciertos en dos ocasiones (las III y las IV Conversaciones sobre Apego y Resiliencia). Carlos me compartía que realmente ha tenido que estallar una pandemia, un detonante, para que recibamos un mensaje contundente sobre hacia dónde dirigimos el planeta, es decir, el futuro de la humanidad. No podemos cimentar el desarrollo humano y el progreso a costa de agotar los recursos, cargarnos los ecosistemas, alterar el clima y crear profundas brechas entre los que tienen los recursos y los que no los tienen, entre los países ricos y los países pobres. Y pensar que nada va a pasar. Que podemos seguir tocando la música y bailando mientras el barco se hunde, como sucedió en la tragedia del Titanic.

¿Aprenderemos algo o seguiremos igual? Todos estamos deseando que acabe la pandemia y aguardamos la vacuna con esperanza. La esperanza de… ¿volver al ritmo de antes, en el que estamos quemando la madera de los vagones mientras la locomotora desenfrenadamente no sabe a dónde va? Hay expertos que dicen que no será tan fácil, que recuperarnos de esta crisis de dolor, muerte y devastación económica (esto aún está por llegar con toda su crudeza) llevará mucho más tiempo del que podamos pensar. 

Foto: elindependiente.com
Entramos en el territorio de la incertidumbre. Y esta genera ansiedad porque sentimos que no tenemos el control y que nuestras viejas comodidades pueden verse profundamente alteradas. Lo único claro es lo que me dijo Carlos Escribano: “este virus es nuevo en el sentido de que aunque se conoce desde hace tiempo, no se ha estudiado en profundidad. A ciencia cierta, todavía no hay evidencias incontrovertibles ni sobre sus consecuencias en la salud a largo plazo ni sobre la vacuna ni sobre su impacto a nivel socioeconómico” No lo sabemos. También las teorías sobre su surgimiento arrojan dudas. Hay una versión oficial que afirma que saltó de un animal (murciélago) a un humano, pero -como bien dice Rafael Benito- esta versión a algunas personas les parece tan prosaica que el hemisferio izquierdo de su cerebro -necesitado de narraciones interesantes y fascinantes- crea las más diversas teorías, algunas realmente delirantes y trufadas de todo tipo de conspiraciones. Parece ser que con el fin de controlarnos, como si fuésemos súbditos de los habitantes de la novela 1984 del autor Orwell. “¿Quizá pensar que un ente les quiere controlar a algunos/as les hace sentir precisamente que tienen el control no dejándose supuestamente manejar?”, pensé el otro día. Como si ellos supieran lo que se cuece mientras los demás, adocenados, obedecemos ciegamente lo que dicen las autoridades sanitarias. Pero lo cierto es que la OMS (Organización Mundial de la Salud) aún no tiene pruebas definitivas sobre cómo se originó el virus. Así que, realmente, no sabemos mucho de este coronavirus. Y esta incertidumbre, como digo, nos genera ansiedad. Y es lo que los seres humanos peor toleramos. Este es uno de los aprendizajes de la pandemia: aprender a manejarnos con la incertidumbre, buscando las redes de apoyo psicosocial que nos puedan ayudar a sujetarnos. El instinto de apego es cuando ahora cobra todo su sentido y necesidad. Nos sentimos más confortados cuando las personas especiales a las que queremos nos brindan su consuelo, apoyo, calma y seguridad. 

Tras hablar con Carlos Escribano, llego a casa y estoy con ganas de ver una serie titulada “El colapso” La verdad es que su visionado te deja mal cuerpo, pero, a la par, transmite una gran lección y te abre los ojos. Mi amiga Erenia Barrero me la recomendó, habiéndome advertido antes que es muy impactante, aunque de gran calidad. Y así es. 

La serie sobrecoge mucho más porque vivimos en un contexto de pandemia por el coronavirus. Presenta un escenario distópico en el cual el mundo ha colapsado porque algo ha pasado -no se dice concretamente qué, un punto a favor de la serie pues genera desasosiego-, algo, desde luego, grave. El planeta ha reventado su sistema. No hay recursos básicos para la vida (distribución de alimentos, combustible para los vehículos, medicinas…) Reina el caos y empieza la lucha por la supervivencia. Grabada en plano secuencia, un gran recurso narrativo para rodar series de este tipo, y sin necesidad de grandes presupuestos ni efectos visuales fulgurantes, consigue traspasarte la piel, crear tensión y que te enganches a la misma. Son episodios cortos, bien narrados, con un suspense que se palpa y sobrecoge.

Un portal especializado ha dicho de esta serie lo siguiente: “Ya sea en cine o en televisión, estamos más que acostumbrados a presenciar el fin del mundo desencadenado por los motivos más diversos; desde desastres nucleares a conflictos bélicos a escala mundial, pasando por invasiones alienígenas, catástrofes naturales o resurrecciones masivas de cadáveres sedientos de sangre; pero pocos tan mundanamente aterradores como el que explora 'El colapso'.

Basándose levemente en la teoría de Olduvai, que establece que la civilización industrial actual tiene una fecha de caducidad de unos 100 años —expirando en 2030—, tras la cual experimentaría una regresión a épocas anteriores con sus consiguientes modos de vida y sistemas sociopolítocos y económicos, 'El colapso' opta por prescindir de cualquier tipo de explicación sobre el origen de la debacle para volcarse en lo verdaderamente importante: el drama.

A través de ocho episodios autoconclusivos cuyo metraje medio ronda los 22 minutos, interconectados entre sí de un modo tan sutil como inteligente, la producción de Canal+ brinda un ejercicio apocalíptico que sale triunfante del mayor reto al que se enfrenta toda antología: mantener una calidad constante en todos sus fragmentos.

En el caso de 'El colapso', las ocho piezas muestran un nivel asombroso en términos narrativos y una variedad conceptual envidiable que se traduce en una espiral de emociones que abofetea al respetable; recorriendo lugares como la angustia y la desesperación más viscerales o el conflicto humano más intimista —es difícil contener las lágrimas en el sexto capítulo—, culminando en un crítico fin de fiesta dominado por la frustración.

Pero entre una dramaturgia de primera categoría, unos personajes reales e imperfectos que proyectan lo mejor y lo peor de nuestra especie y un imaginario para enmarcar, destaca un recurso formal que impulsa al show de lo notable a los terrenos de lo excelente”



¿Llegaremos a este punto que se narra en esta serie? No lo sé. Espero que “este mundo absurdo que no sabe a dónde va”, como dice Aute, sepa cambiar el rumbo. Confío en ello, aunque depende de todos/as y cada uno/a de nosotros/as. Como bien dice el crítico de esta serie, los seres humanos somos capaces de lo mejor y de lo peor. Y esto en “El colapso” se ve con meridiana claridad. Hay tipos humanos y colectivos que solo piensan en ellos y en salvarse y activan su cerebro reptiliano, el cual sigue el lema hobbesiano “el hombre es un lobo para el hombre”. No quieren morir y ellos/as y sus hijos/as están por encima de los demás. Pero en la serie también aparecen personas y colectivos capaces de dar lo mejor, siendo conscientes de que solo mediante la cooperación y la colaboración social -un sistema que los humanos pueden desarrollar mucho más que ninguna otra especie animal- podremos salir adelante y sobrevivir -y vivir- todos y todas. Porges (2017) apunta que el sistema de colaboración social se asienta en el mismo sistema nervioso, hay una fundación neurofisiológica sobre la que se construye la conducta social, si es que la crianza y la educación se centran en estimular y potenciar este sistema.

Pero, ¿dónde está la esperanza de la que hablo en el título de este post? La Navidad contiene un mensaje de esperanza, la misma llegada de Jesús es el nacimiento de un Salvador para los oprimidos. Los romanos, por su parte, rendían tributo a la nueva venida de la Luz. El culto a la luz, al Sol invictus, se pierde en la historia de la humanidad, la luz vence a las tinieblas...

Foto: youtube

Es verdad que el futuro pinta un tanto oscuro, no lo podemos negar. Los estudiosos dicen que muchos efectos del cambio climático, de la sobreexplotación y expoliación del planeta ya están aquí -el coronavirus sería un síntoma- y que son irreversibles, sólo podemos frenar y paliar las consecuencias, prepararnos para poder sanar lo mejor posible a un planeta herido. 

Pero...

En mi humilde opinión la esperanza está en todos/as y cada uno/a de nosotros/as con nuestro efecto multiplicador. La familia y la educación (los/as que son educadores/as y profesores/as) tienen en sus manos inculcar en los niños/as nuevos valores que incidan en que desarrollemos nuestro sistema de colaboración social. Además de valores cooperativos, solidarios y del bien común, la experiencia y la educación en la empatía son fundamentales. Sólo así podremos aminorar el individualismo y el neoliberalismo (el crecimiento económico por encima de todo) a ultranza que asolan el planeta. Estos valores nos permitirán sacar en esta crisis pandémica -y en futuras adversidades y posibles escenarios traumáticos- lo mejor de nosotros/as mismos/as. Frenará que usemos la lucha (violencia) y la huida, que evitemos convertirnos en reptiles (depredadores) que sólo maximizan su vida y bienestar -y si hay que pisar al otro, se le pisa, primero me salvo yo- y potenciemos el cerebro superior en toda su capacidad de ver y sentir al otro como importante porque suma al colectivo.

Después de ver “El colapso” necesito sentirme mejor y no caer tampoco en un pesimismo destructivo. Por ello, cojo de mi biblioteca el libro de Luis Moya titulado: “La empatía: entenderla para entender a los demás” Y al leer un capítulo, me doy cuenta de que es posible que desde cada uno/a de nosotros/as podamos expandir esta capacidad que creo puede llevarnos a un planeta mas justo, humano y solidario. Entonces, la angustia que me había dejado en el cuerpo la serie “El colapso” va mitigándose al leer esto: “Cuando me puse a revisar todos los artículos sobre empatía y cerebro, me di cuenta de que esas partes del cerebro se solapaban de forma sorprendente con la agresión y violencia. Por ello, argumenté que los circuitos cerebrales para la empatía y violencia pueden ser parcialmente similares, es decir, las mismas partes del cerebro pueden controlar ambas. […] Siguiendo el razonamiento, ¿puede entonces la empatía inhibir biológicamente la violencia? Es por todos sabido que fomentando la empatía disminuimos la violencia; si alguien se pone en tu lugar es más difícil que te agreda. Pero no sólo es una cuestión social sino biológica. Quizá la estimulación de esos circuitos cerebrales en una dirección podría reducir su actividad en la otra” […] No quiere decir que una persona empática no pueda ser violenta, pero cuando alguien tiene la habilidad de ponerse en la piel de otra persona es más difícil que se comporte de forma violenta, al menos en ese preciso momento”

Portada de un libro de Luis Moya
Creo que debemos empezar esta labor empática en nuestros círculos para que se expanda: con nuestras parejas, con nuestros/as hijos/as (en este mismo blog ya he hablado de la empatía como la “medicina” que necesitan los/as niños/as maltratados/as; porque es posible afirmar de ellos/as que potencialmente pueden repetir el ciclo de la violencia y el maltrato, pero no están determinados/as en absoluto. Para ello hace falta sacarlos fuera de las fuentes que les dañan y trabajar duramente para revertir esos circuitos cerebrales y que desarrollen así, con paciencia y perseverancia, la capacidad de empatizar porque la han experimentado con un otro significativo, adulto facilitador), con nuestros/as amigos/as, con nuestros vecinos, con cada persona que nos encontremos a lo largo del día… Esto contagia tanto o más que el coronavirus… Contagia humanidad. 

Que el espíritu de la Navidad sople empatía todo el año. 

Cierro el libro de Luis Moya más tranquilo y calmado. Esperanzado. Y recuerdo un vídeo titulado “El otro par” que hace meses me compartió una compañera por whataap (un corto ganador de un concurso internacional) Y me viene la inspiración para este post… Todo fluyó en mi mente después de despedirme de mis amigos, el domingo 20 de diciembre de 2021. Y decido escribir sobre ello, diciéndome: “terminaré el post compartiendo con todos y todas mis queridos/as amigos/as y seguidores/as de Buenos tratos este maravilloso vídeo que escenifica sin palabras y brevemente qué es la empatía, de la buena; será el mejor modo de cerrar el artículo y de desearles una esperanzada Navidad y Año 2021”


Antes de terminar, quiero compartiros una entrevista que me hizo mi colega y compañera Elena Reiriz Piñeiro desde En Mi Lugar Seguro-blog donde ambos charlamos sobre los buenos tratos. Os dejo el enlace para quienes deseéis escuchar la entrevista. 


Buenos tratos regresará el día 11 de enero de 2021.

Cuidaros / Zaindu

lunes, 21 de diciembre de 2020

El poder del instinto de supervivencia: un extraordinario caso de apego grupal, por Arturo Ezquerro, psiquiatra

Firma invitada


Arturo Ezquerro

Solamente unas breves líneas para agradecer de todo corazón a Arturo Ezquerro su nueva colaboración con este artículo tan interesante y novedoso sobre el valor de la fratria y el poder del instinto de supervivencia plasmado en un caso sorprendente de apego grupal. Tenemos el privilegio de que nos traslade su saber en este campo de la teoría del apego en el que es experto. Arturo ya es un invitado habitual a este blog que es su casa. Honramos su tiempo, dedicación y generosidad. 

Arturo Ezquerro es psiquiatra, psicoterapeuta y grupo analista con ejercicio de 37 años en Londres, donde es profesor en el Institute of Group Analysis. Ha sido Jefe de los Servicios Públicos de Psicoterapia en el distrito de Brent. Es miembro honorario del International Attachment Network y de la World Association of International Studies. Colabora regularmente con radio, prensa y televisión, y tiene más de 70 publicaciones en 5 idiomas. John Bowlby fue su mentor (1984-1990).


Título del artículo: 
"El poder del instinto de supervivencia: 
un caso extraordinario de apego grupal"


Introducción

A finales de la década de 1980, le pedí a John Bowlby que me orientara sobre la creación de un programa de psicoterapia de grupo para niños supervivientes de maltratos y de abandono por parte de sus padres o de sus cuidadores tempranos. Estos niños vivían en un centro de acogida, en las afueras de Londres, en el cual buscábamos crear una cultura de comunidad terapéutica. 

Como parte de la preparación de nuestro programa, Bowlby me hizo inicialmente dos sugerencias. En primer lugar, me aconsejó estudiar a fondo una parte importante del desarrollo infantil: las relaciones del niño con sus hermanos y sus compañeros, que en aquella época recibían escasa atención en la literatura especializada, sobre todo la de orientación psicoanalítica. Por otro lado, Bowlby me invitó a reflexionar acerca del poder del instinto de supervivencia, según se manifestó en un caso excepcional de apego grupal infantil en ausencia total de apego individual con los padres, o con cualquier persona adulta que pudiese actuar como figura de apego. En este artículo voy a explorar algunos aspectos clave de ambas sugerencias del ‘padre’ de la teoría del apego.

La cara menos conocida del desarrollo infantil

Las relaciones con hermanos y con compañeros son un ingrediente esencial en el proceso de crecimiento del niño, pero se les ha prestado menos atención que a otros aspectos del desarrollo infantil. Dichas relaciones influyen profundamente en la formación de los rasgos del carácter y de la autoestima, así como en el desarrollo de la capacidad de bienestar, de adaptación al entorno, y de gestión cognitiva, emocional y social.

Sin embargo, en lo que se refiere a las relaciones paritarias y entre hermanos, buena parte de la literatura sobre el desarrollo infantil, en especial la psicoanalítica, ha puesto el énfasis en la rivalidad, en la envidia y en los celos. Nadie discute la necesidad de entender el origen y las manifestaciones de estos difíciles sentimientos, de cara a ayudarle al niño a gestionarlos adecuadamente. Pero la ecuación del desarrollo infantil quedaría incompleta si no se incluyesen otros aspectos importantes de este tipo de relaciones, como la amabilidad, la lealtad entre ellos y la capacidad de formar un frente unido en respuesta a una amenaza externa. De hecho, las experiencias entre hermanos y compañeros brindan oportunidades frecuentes y continuas para que el niño desarrolle una capacidad de empatía, de mentalización, y de aprender a estar en la piel del otro (Ezquerro, 2017).

Sigmund Freud escribió principalmente sobre un aspecto de la relación del niño con su hermano pequeño, tal como el sentimiento de ser destronado o desplazado en la relación con la madre. En 1917, afirmó: 

“Un niño que ha quedado en segundo lugar por el nacimiento de un hermanito, y que ahora está por primera vez casi aislado de su madre, no le perdona fácilmente este desplazamiento y pérdida de lugar” (Freud citado en Sanders, 2004). 

Varias décadas más tarde, desde la perspectiva del apego, Bowlby se refirió con más detalle a la reacción de un niño pequeño ante la presencia de un nuevo hermano:

“En la mayoría de los niños pequeños, la mera visión de la madre sosteniendo a otro bebé en sus brazos es suficiente para provocar un fuerte comportamiento de apego. El hijo mayor insiste en permanecer cerca de su madre o en subirse a su regazo. A menudo se comporta como si él mismo fuera un bebé... El hecho de que un niño reaccione a menudo de esta manera, incluso cuando la madre se esfuerza por estar atenta y receptiva con él, sugiere que hay más en juego..." (Bowlby, 1969)”.

Foto: bebesymas.com

El apego es primordialmente una fuerza instintiva que nos ayuda a optimizar la supervivencia, tanto física como emocional. Por ello, la disponibilidad y accesibilidad de la figura de apego primario es esencial en la mente del niño. Bowlby nos sugiere que la reacción de celos de un niño hacia su hermano pequeño es tan intensa porque lo percibe como una amenaza a su propia supervivencia, caso de necesitar a la madre a quien ahora percibe como menos disponible y menos accesible. De alguna manera lo que el niño siente que está en juego es su supervivencia emocional, hasta que poco a poco aprenda a adaptarse a la nueva situación.

Otra realidad que habla de la importancia de las relaciones entre hermanos es que, habitualmente, suelen ser las más duraderas de nuestra existencia. Por ley de vida, son más largas que las relaciones con nuestros padres, con nuestros hijos o con nuestras parejas. En los últimos lustros, un número significativo de autores (entre quienes me incluyo) hemos coincidido en describir la relación entre hermanos como distintiva por su poder emocional e intimidad, así como por sus cualidades dispares de competitividad, colaboración, ambivalencia y comprensión mutua (Dunn, 2014; Ezquerro, 2017). 

El niño aprende a reconocer quién es y quién no es a través de comparaciones continuas con sus hermanos y sus compañeros, imitándoles, contradiciéndoles, acercándose a ellos o evitándolos selectivamente, según las circunstancias. A nivel identitario, los hermanos y los compañeros con frecuencia representan un yo potencial sobre el que el niño puede reflexionar en relación a sí mismo y a sus relaciones futuras. 

El hermano es una figura única en la vida temprana del niño y puede ser considerado como el primer miembro de un ‘grupo de pares’, por así decirlo. Las relaciones entre hermanos en los primeros años de vida pueden verse, por lo común, como una preparación para el tipo de relaciones que el niño establecerá con sus compañeros y sus amigos fuera de la familia. Inicialmente, el hermano no es realmente una figura de apego. Sin embargo, cuando los padres están ausentes física o emocionalmente, los hermanos pueden verse obligados a acercarse unos a otros como quien se acerca a una figura de apego.

Existe un debate en curso sobre este modelo ‘compensatorio’ de las relaciones entre hermanos respecto a las relaciones entre padres e hijos. La idea de que si una relación es mala, o está ausente, la otra será buena no siempre se aplica. Hay situaciones en las cuales las malas relaciones con los padres son compensadas por unas buenas relaciones entre hermanos. Sin embargo, otras veces se observa un modelo llamado ‘congruente’, en el que si las relaciones con los padres son buenas las relaciones con los hermanos también serán buenas y, del mismo modo, si las relaciones con los padres son malas también serán malas las relaciones con los hermanos. 

Si el enlace entre los dos tipos de relación se inclina por el modelo compensatorio o por el congruente puede depender de otras variables como las discrepancias entre la madre y el padre, la etapa de desarrollo del niño, los factores ambientales y las diferencias individuales entre los propios niños (Sanders, 2004). La visión psicoanalítica tradicional del hermano como principalmente un sistema de apego rival está siendo objeto de una revisión a fondo. Cada vez con más frecuencia el enfoque se amplía para incluir el papel crucial que juega la colaboración y el apego entre hermanos. 

Fuente: eldefinido.cl

Sin duda, las interacciones competitivas entre hermanos son innegables y frecuentes, pero representan solo un aspecto de la amplia gama de capacidades que poseen los niños. A pesar del estrés emocional y el impacto en el sistema de apego del niño que conlleva el nacimiento de un hermano, éste también puede ser un estímulo para el crecimiento cognitivo, emocional y social. 

Más adelante, los esfuerzos mutuos por entenderse pueden establecer la base de un vínculo de apego afectivo y duradero. Los hermanos y compañeros pueden adoptar varios roles relacionales entre sí: pueden actuar como consoladores y maestros, como matones tortuosos y manipuladores, o como compañeros sensibles que pasen a formar una parte esencial del mundo del otro.

Bowlby hizo una distinción entre figuras de apego y compañeros de juego. Según él, un niño busca a su figura de apego primario cuando está cansado, enfermo o alarmado, y también cuando no está seguro del paradero de esa figura. Por el contrario, un niño busca a un compañero de juegos cuando está de buen humor y se siente confiado para participar en una interacción lúdica. Bowlby profundizó en este tema:

“Los roles de figura de apego y compañero de juegos son distintos. Sin embargo, dado que los dos roles no son incompatibles, es posible que en diferentes momentos un compañero desempeñe ambos roles: ... un niño mayor que actúa principalmente como compañero de juegos puede, en ocasiones, actuar también como una figura de apego subsidiaria” (Bowlby, 1969).

El poder del apego grupal en situaciones límite

Usualmente, el niño comienza su historia de apego con la madre (o figura materna), el padre y el grupo familiar. En función de las primeras experiencias de apego con figuras cercanas, cada individuo va desarrollando la capacidad de formar apegos con otros grupos. Éstos pueden ser de carácter escolar, deportivo, laboral, religioso, terapéutico, social o político. Pero hay circunstancias en las que el peligro o la amenaza a la supervivencia es de tal calibre que el grupo puede convertirse temporalmente en la única posibilidad de apego seguro.

Para ilustrar este punto, Bowlby me recomendó un artículo asombroso de Anna Freud, a quien apreciaba y con quien siempre se mantuvo en buenos términos. El artículo, titulado "Un experimento de crianza grupal" (Freud and Dann, 1951), es un relato espeluznante sobre la tragedia de un grupo de seis niños judíos (tres niños y tres niñas) supervivientes del holocausto judío en la segunda guerra mundial.

Estos niños nacieron entre diciembre de 1941 y octubre de 1942. Todos ellos quedaron huérfanos durante el primer año de sus vidas, cuando sus padres fueron asesinados por los nazis en las cámaras de gas. Los seis niños pasaron más de dos años juntos en el campo de concentración de Tereszin, conocido como de tránsito hacia la muerte. 

Estos huérfanos habían llegado a Tereszin por separado, cada uno a las pocas semanas de la muerte de sus padres. Allí fueron puestos juntos y así permanecieron hasta ser liberados por los rusos en la primavera de 1945. Fueron encontrados en situación agónica. Los rusos los trasladaron a un castillo checo donde, sin ser separados unos de otros, recibieron cuidados especiales hasta su llegada a Inglaterra en agosto de 1945. Los niños pasaron dos meses en Windermere, mientras se decidía su futuro.

El plan original era que los seis niños fuesen criados en un orfanato en los Estados Unidos. Pero el plan cambió y los estadounidenses proporcionaron fondos para costear un programa de rehabilitación terapéutica en Inglaterra, durante un año. 

En octubre de 1945, las autoridades inglesas consiguieron para este proyecto el alquiler de una casa de campo, ubicada en un entorno tranquilo y silencioso, cerca de un bosque llamado ‘Bulldogs Bank’, en West Hoathly (Sussex), a unos 100 kilómetros de Londres. 

Anna Freud fue designada para dirigir el proyecto y se llevó con ella a buena parte del personal que trabajaba en su clínica infantil de Hampstead, en el Noroeste de Londres. Inicialmente, los niños se mostraron muy hipersensibles, inquietos, agresivos y difíciles de manejar. Destruían los juguetes y respondían con fría indiferencia, incluso con hostilidad activa, a los intentos de los adultos de ofrecerles afecto y cuidados. 

Foto de Anna Freud
Fuente: psicologia-online.com

Resultó imposible tratarlos individualmente. Se comportaban como un grupo de compañeros muy compacto que se mantuvo unido en todo momento. Cada uno de ellos demostraba con su comportamiento tener una fuerte necesidad de aferrarse al grupo, como se reflejó en las notas de Anna Freud y su equipo:

"Los sentimientos positivos de los niños se manifestaban exclusivamente hacia miembros de su propio grupo. Era evidente que sentían una profunda preocupación los unos por los otros, y no parecían preocuparse por nadie más ni por ninguna otra cosa. No tenían otro deseo que estar juntos y se enojaban mucho cuando se les separaba del grupo, aunque fuera por un breve instante.

Ningún niño aceptaba permanecer en el piso de arriba mientras los otros estaban en el piso de abajo, o viceversa, y ningún niño quería ir a caminar sin los demás. En ese tipo de situaciones, el niño separado del grupo preguntaba constantemente por los otros niños mientras que todos en el grupo preguntaban sin cesar por el niño ausente” (Freud and Dann, 1951).

Los terapeutas y cuidadores estaban sorprendidos por este comportamiento y tomaron notas minuciosas del mismo en un diario de trabajo, supervisado por Anna Freud. Como ejemplo adicional sobre la naturaleza de las relaciones de estos niños, entre ellos mismos, escribieron lo siguiente: 

"El apego que mostraban los niños entre sí era completamente inusual y esto se vio confirmado por la ausencia casi total de celos, rivalidades, envidias y competiciones entre ellos, algo que normalmente suele aparecer entre hermanos o entre niños que forman parte de un grupo de contemporáneos y que provienen de familias normales… 

No hubo necesidad de instarles a que se respetaran unos a otros y a que aprendiesen a 'turnarse'; lo hacían espontáneamente..." (Freud and Dann, 1951).

Sin embargo, hubo algún comportamiento observable que se desvió de ese patrón ‘armónico’. Por ejemplo, la discriminación de una de las niñas, por parte de las otras dos niñas. Resulta que la niña discriminada no había podido comenzar el programa terapéutico con el resto del grupo por culpa de una infección. 

En algún momento a mediados de 1946, casi nueve meses después de iniciado el programa terapéutico, otra de las niñas comenzó a expresar sentimientos de envidia y de celos. Pero este tipo de comportamiento fue una excepción. En concreto, esta niña era la única persona del grupo que había tenido una muy breve relación de apego con una figura materna adulta, con anterioridad de su traslado al campo de concentración de Tereszin.

Durante las comidas, los niños se mostraban más interesados en que los otros niños comiesen que en su propia comida. Siempre insistían en que todos recibiesen los mismos alimentos. 

En los tres primeros meses (de octubre a diciembre de 1945), no hubo incidentes de enfrentamientos o de peleas de carácter físico entre los niños. Sí hubo algunas discusiones verbales entre ellos, ocasionalmente con algún insulto. Si uno de los cuidadores trataba de intervenir, el grupo se unía y todos los niños se enfrentaban hacia el cuidador y le gritaban.

Por otro lado, si los adultos intentaban ponerles límites o sujetarles en alguna excursión, para mantener su seguridad (por ejemplo, caso de tener que cruzar alguna carretera), se volvían muy agresivos contra ellos y a veces los golpeaban para que los dejasen sueltos. 

En la primavera de 1946, después de las discusiones verbales, hubo alguna pelea física aislada entre los propios niños, algo que no es inusual a esa edad. A partir de julio 1946, las expresiones de agresividad física y verbal hacia los cuidadores se redujeron mucho.

En las etapas iniciales, los niños percibían a los adultos que los cuidaban como extraños e intentaban evitarlos. No exhibían con ellos los usuales comportamientos de apego que suelen desplegarse en la infancia. Esto contrastaba fuertemente con la conducta habitual que los niños de su edad tienden a mostrar. 

En el otoño de 1946, hubo un cambio significativo: estos huérfanos comenzaron a tratar al personal de manera similar a como ellos, los propios niños, se trataban entre sí. Comenzaron a pedir a los adultos que se turnasen en sus actividades y que tuviesen raciones alimenticias equivalentes a las que ellos tenían.

Este cambio indicó que los niños empezaban ahora a ‘incluir’ al personal como parte del grupo y tenían la expectativa de que respetaran sus reglas. Ciertamente, los adultos ya no eran vistos como enemigos o forasteros, y los niños comenzaron a establecer cierto vínculo afectivo con ellos. Sin embargo, durante el tiempo restante del proyecto terapéutico, estos lazos de los niños con los adultos de ninguna manera alcanzaron la intensidad de los vínculos que los niños tenían entre ellos mismos.

Estos huérfanos habían sido severamente privados del desarrollo social temprano que habitualmente tiene sus orígenes en los apegos a la madre y al padre. Se presentaron con un perfil muy inusual y desigual. Por un lado, todos ellos eran emocionalmente y conductualmente inmaduros y perturbados. Por otro lado, mostraban cualidades que normalmente aparecen a una edad más avanzada, como la empatía, el sentimiento de justicia y la preocupación por los demás. 

El comienzo de este proyecto terapéutico fue muy difícil. En las primeras etapas, los niños no utilizaron los juguetes que les ofrecían sus cuidadores, ni ningún otro material lúdico. En cambio, dañaron muebles, destruyeron juguetes y mostraron gran hostilidad hacia los adultos. Los cuidadores y los terapeutas fueron pacientes, comprensivos y consistentemente atentos. 

Esa dinámica fue útil y, junto con el apoyo del grupo paritario y la quietud del entorno, contribuyó al desarrollo de un clima emocional propicio para ir superando gradualmente el horrible trauma que les había llevado hasta allí. 

Poco a poco, los niños empezaron a usar muñecos de peluche, a jugar con la arena y, a medida que se iban interesando más en el mundo de los adultos, también adquirieron un apetito por la lectura y la escritura.

Hacia el final del proyecto, el comportamiento y las emociones de los niños fueron más acordes con lo que normalmente se considera apropiado para su edad. La continuidad del apego al grupo, el entorno favorable y la calidad de la atención del personal permitieron a estos huérfanos formar nuevos apegos, menos ansiosos, y encontrar una senda de desarrollo más equilibrado. 

El ritmo de su progreso se aceleró. Recuperaron la capacidad de aprender y nivelaron en gran medida su desarrollo psicosocial, que hasta entonces había sido muy irregular.

Estos niños mostraron que, cuando la supervivencia está en juego, el grupo se puede percibir como más fuerte, más sabio y más capaz de lidiar con el mundo, como una base segura. Para estos niños el apego al grupo los salvó de la muerte psíquica. En el grupo paritario desarrollaron una capacidad de cuidado mutuo y de protección psicológica. 

A diferencia de otros casos de privación severa, estos huérfanos de Tereszin no se volvieron deficientes, ni delincuentes, ni psicóticos. Se agarraron a lo único que les quedaba disponible para sobrevivir. El grupo fue su tabla de salvación. 

Conclusión

Las relaciones con hermanos y/o compañeros son una parte fundamental del desarrollo integral del niño. Cuando hay una ausencia de figuras individuales de apego, el instinto de supervivencia es tan poderoso que, en situaciones excepcionales, puede hacer que el grupo se convierta en una figura de apego primario.

Referencias bibliográficas

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Dunn J (2014) Siblings relationships across the life-span. In Hindle D and Sherwin-White S (Eds.) Sibling Matters: A Psychoanalytic, Developmental and Systemic Approach (pp. 69-81). London: Karnac.

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Freud A and Dann S (1951) An experiment in group upbringing. Psychoanalytic Study of the Child 6: 127-168. 

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