martes, 20 de junio de 2017

Diplomado de postgrado en traumaterapia sistémica infanto-juvenil de Barudy y Dantagnan: abierto el plazo de inscripción para Barcelona, Donostia, Málaga y Chile.



Se abre el plazo de inscripción hasta el 3 de julio del 

DIPLOMADO DE POSTGRADO EN TRAUMATERAPIA SISTÉMICA INFANTO-JUVENIL (TSI)

10a Promoción Apega 10 Barcelona 2017-19
4a Promoción Apega 4 Donostia 2017-19
1a Promoción Apega 1 Málaga 2017-19
4a Promoción Apega 4 Chile 2017- 2019 

Os queremos anunciar que este año vamos a empezar a realizar el postgrado en la comunidad de Andalucía, concretamente en la ciudad de Málaga. 

El programa se compone de dos cursos académicos (2017-2019) y se celebrará en Barcelona, San Sebastián-Donostia y Málaga, y en Chile, Viña del Mar (para este último programa consultar fechas con la ONG Paicabí).

El plazo de inscripción comienza hoy mismo y terminará el 3 de julio 2017

Si estáis interesados e interesadas, para realizar la inscripción tenéis que mandarnos la ficha de inscripción, un currículo y una carta al niño interior (carta en la que contactas con un momento de tu infancia donde se reflejan los sentimientos y experiencias difíciles que te tocó afrontar, permitiéndote comprender la situación e identificar los recursos personales y externos para atravesarla). Todo ello lo tenéis que mandar al correo electrónico hola@traumaterapiayresiliencia.com

El programa y la ficha de inscripción los podréis encontrar en www.traumaterapiayresiliencia.com en la pestaña de FORMACIÓN. 

El diplomado de postgrado en traumaterapia sistémica infanto-juvenil es una formación dirigida a psicólogos, psiquiatras, médicos, pedagogos, psicopedagogos, trabajadores sociales y modalidades afines para poder trabajar psicoterapia, en contextos laborales donde puedan realizarse evaluaciones e intervenciones de carácter terapéutico y/o psicoeducativo, con menores de edad que han sufrido abandono, malos tratos, negligencia y diferentes tipos de violencia. Éstos suelen presentar, con alta probabilidad, trastornos de apego y traumas crónicos, tempranos y complejos. Esta formación se apoya en los cuatro dominios de la intervención con niños, niñas y adolescentes dañados (apego, trauma, desarrollo y resiliencia.) 

En este diplomado se aprende a aplicar el modelo comprehensivo de intervención terapéutica para la traumaterapia infanto-juvenil sistémica diseñado por Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan. Esta formación empezó en Barcelona el año 2004. 

Las plazas son limitadas y se contactará con los y las seleccionadas para informarles de su admisión y poder así formalizar la matrícula antes del mes de agosto 2017. 

La formación contempla tanto el aprendizaje de los conceptos y conocimientos provenientes de la neurociencia, la psiquiatría, la psicología y la psicoterapia, articulados y diseñados en un modelo propio, adaptado al sufrimiento infantil, tanto de evaluación como de intervención, que por encima de todo es respetuoso con el niño, niña o adolescente, como de las técnicas y metodologías de intervención terapéutica necesarias para trabajar en cada uno de los tres bloques de tratamiento que se contemplan y que siguen una lógica de aplicación neurosecuencial. 

Finalmente, la formación da espacio al autoconocimiento y trabajo de la persona del terapeuta, pues el niño/a o el adolescente desarrolla su proceso de sanación emocional en la interacción y relación con aquél.



El programa formativo consta de dos ciclos. 

El primer ciclo tiene dos niveles (I y II) En el primer nivel se accede a los conocimientos teórico-prácticos para el desarrollo del modelo de evaluación comprensiva del sufrimiento infanto-juvenil de Barudy y Dantagnan, necesaria para poder intervenir con los niños y adolescente afectados por los malos tratos. El segundo nivel consiste en compartir la metodología de actuación en traumaterapia, considerando bloques de trabajo, objeticos, indicadores, técnicas y herramientas terapéuticas para el tratamiento de los niños, así como el trabajo específico con sus referentes. Todo esto para ser aplicado en contextos profesionales diversos, como centros de acogida, trabajo con familias acogedoras y adoptivas, etc. 

Para descargarte el programa del 1º Ciclo en PDF haz click aquí.

El segundo ciclo, novedad de esta promoción, consiste de un acompañamiento profesional y personal a los psicoterapeutas que trabajen la psicotraumaterapia en sala de valientes, con seminarios teórico-prácticos y sesiones de supervisión individual y grupal. Este segundo ciclo es de carácter optativo y sólo podrán acceder los alumnos y alumnas que hayan realizado el primer ciclo. 

Para descargarte el programa del 2º Ciclo en PDF haz click aquí.

Participan como docentes el Dr. Jorge Barudy, psiquiatra y psicoterapeuta de familia y co-director del IFIV de Barcelona; Maryorie Dantagnan, psicóloga, psicoterapeuta y co- directora del IFIV de Barcelona; María Álvarez, psicóloga y psicoterapeuta del IFIV de Barcelona; Rafael Benito, psiquiatra y psicoterapeuta; Tatiana Caseda, psicóloga y psicoterapeuta; José Luis Gonzalo, psicólogo y psicoterapeuta y coordinador del programa en Donostia; Carolina Saavedra, psicóloga y psicoterapeuta y coordinadora del programa de formación en Viña del Mar (Chile). Participan como asistentes de formación de este diplomado Charo Blanco, psicóloga y psicoterapeuta, coordinadora del programa de formación en Málaga y Verónica Reyes, psicóloga y psicoterapeuta del IFIV de Barcelona. 

lunes, 19 de junio de 2017

"El poder curativo de las emociones. Neurociencia afectiva, desarrollo y práctica clínica", excelente libro publicado por Editorial Eleftheria.

Estamos de enhorabuena, de muy enhorabuena, por el supremo libro que Editorial Eleftheria –una editorial que os recomiendo sigáis muy de cerca porque se ha especializado en publicar libros sobre los temas que más nos interesan en este blog, a saber, trauma y apego, www.editorialeleftheria.com- ha sacado a la luz en el 2016. Me refiero al titulado El poder curativo de las emociones: neurociencia, afectiva, desarrollo y práctica clínica. No os lo perdáis. Veréis por qué. 

Estoy empezando a leerlo (los  seis primeros capítulos proporcionan la base científica y evolutiva y los cinco siguientes están escritos por clínicos basándose en su conocimiento profesional fruto de su labor con individuos, parejas y familias) en cuanto tengo oportunidad (se me acumula la lectura) Lo bueno es que cabe la opción de elegir los capítulos que uno desee en función de sus centros de interés, sin necesidad de seguir un orden de principio a fin. Porque cada capítulo aunque relacionado con los demás, es independiente del resto. En realidad no hay ningún capítulo que tenga desperdicio. Al contrario, todo es de gran calidad y máximo nivel.

Tal y como nos dice en la contraportada el autor Norman Doidge: “imagine que algunos de los más brillantes neurocientíficos que han contribuido a nuestra comprensión de las emociones y el desarrollo del cerebro se hubieran asociado con alguno de los psicoterapeutas más versados y creativos, y que realmente hubieran aprendido a entender unos el trabajo de los otros…” Por mi parte, añado que es todo un lujo poder juntar a eminentes personalidades del campo de la neurociencia y la clínica internacional en un solo libro.

De este modo, podemos leer excelentes e interesantísimos capítulos a cargo de autores  de categoría superior como Porges, Siegel y Pat Ogden; pero también de muchos otros -igualmente supremos investigadores y clínicos- cuyas obras no están traducidas al castellano: Panksepp, Trevarthen, Tronick, Schore, Solomon… Sobre estos últimos autores, o lees en inglés o estás perdido, porque en castellano -que yo sepa- no hay nada editado. Al menos, he hecho búsquedas en internet y sólo me encuentro con sus libros en inglés. Así pues, mi felicitación a Editorial Eleftheria por ofrecernos en esta obra la posibilidad de poder acceder al pensamiento de estos extraordinarios autores.

Son once excelentes capítulos, más una introducción de Siegel, Solomon y Fosha. En la misma nos ofrecen un resumen de lo que se aborda en cada capítulo. 

Voy a resumir, tomando del libro, muy brevemente, qué aborda cada uno de ellos:

Capítulo 1: Sistemas emocionales cerebrales y cualidades de la vida mental: de los modelos de afectos animales a las implicaciones para la psicoterapia. Jaak Panksepp. En este capítulo el autor describe los siete detonantes emocionales, los sistemas motivacionales que están en el centro de lo que nos anima: búsqueda, miedo, ira, deseo, cariño, pánico (estrés por separación) y juego.

Capítulo 2: Influencias recíprocas entre el cuerpo y el cerebro en la perfección y expresión del afecto: una perspectiva polivagal. Stephen W. Porges. Porges deja claro que el modo en el que interactuamos con los demás, incluso la respuesta emocional (por ejemplo, agresividad o juego) evocada en nosotros no puede considerarse independientemente de la neurocepción diferencial, es decir de la percepción de la situación por parte del sistema nervioso.

Capítulo 3. Funciones de la emoción en la infancia: regulación y comunicación del ritmo, la afinidad y el significado en el desarrollo humano. Colwyn Trevarten. Este autor describe cómo operan las emociones en todas las esferas de la actividad humana y cumplen varias funciones. Las emociones están en el centro de la sanación no solo de nosotros mismos como individuos, sino también de nuestras relaciones y nuestra cultura.

Capítulo 4. Creación de significado en varios niveles y expansión diádica de la teoría de la conciencia: flujo de significado polisémico emocional y polimórfico. Ed Tronick. Este autor considera fundamental la creación de significado, y a nosotros nos considera criaturas que buscamos ese significado desde nuestro nacimiento y a lo largo de nuestra vida. Considera de vital importancia la comunicación entre las díadas o del grupo. Si recordáis el vídeo del experimento still face sabréis la importancia que otorga este investigador a la díada madre-bebé.

Capítulo 5. Regulación del afecto en el hemisferio derecho: un mecanismo esencial de desarrollo, trauma, disociación y psicoterapia. Allan Schore. Se centra en el papel crucial del hemisferio derecho, especialmente de la corteza orbitofrontal derecha, en la regulación de la emoción generada subcorticalmente y en la activación de su Sistema Nervioso Autónomo.

Capítulo 6. La emoción como integración: una posible respuesta a la pregunta “¿qué es la emoción”? Dan Siegel. La integración está en el centro de cómo este autor interpreta la emoción. Considera el potente papel de la corteza prefrontal en la integración transformadora que valora que es la emoción. Las relaciones humanas forman y nutren los circuitos autorreguladores de la emoción.

Capítulo 7. Emoción y reconocimiento en funcionamiento: energía, vitalidad, placer, verdad, deseo y fenomenología emergente de la experiencia transformacional. Diana Fosha. Describe las fases del proceso transformacional: desde la desregulación (su hacia abajo) hasta el procesamiento primero de las emociones y luego de la experiencia transformacional, hasta la tranquilidad del estado interior (su hacia arriba)

Capítulo 8. Emoción, conciencia plena y movimiento: expandir los límites reguladores de la ventana de tolerancia a los afectos. Pat Ogden. Nos muestra que el cuerpo es un potente recurso para la regulación de la emoción. Es básico trabajar en la regulación de la activación del Sistema Nervioso Autónomo enseñando al paciente a mantenerse dentro de una ventana de tolerancia a las emociones.

Capítulo 9. La emoción en la pareja: intimidad encontrada, intimidad perdida, intimidad recuperada. Marion Solomon. Este autor reflexiona sobre la neurobiología del apego en las parejas y nos muestra la psicofisiología relacional en acción forjando un vínculo fisiológico, ya sea entre los miembros de la pareja o entre el terapeuta y la pareja.

Capítulo 10. La emoción excesiva: comprender y transformar las relaciones amorosas en una terapia de enfoque emocional. Susan Johnson. Esta autora describe el enorme poder transformacional de las emociones, que se puede aprovechar para reparar los daños en el apego.

Capítulo 11. Comunicación de las emociones y desarrollo de la autonomía y la intimidad dentro de la terapia familiar. Dan Hughes. La terapia familiar basada en el apego completa la trayectoria. La empatía, la alegría, la aceptación y la curiosidad ayudan a reparar disrupciones y a sanar los traumas de los niños y de sus padres, y también entre ellos.

¿Por qué capítulo quieres o te apetece empezar?


Cuidaos / Zaindu

lunes, 12 de junio de 2017

"La adopción de niños con historias de malos tratos: el encuentro de dos experiencias diferentes sobre el amor", por Sandra Baita, psicóloga clínica.


Diez meses, diez firmas II

Clausura la sección de este curso 2016/17:

Sandra Baita, psicóloga clínica.

Título del artículo: "La adopción de niños con historias de malos tratos: el encuentro de dos experiencias diferentes sobre el amor"

Algo que hace unos años nos hubiera parecido impensable, puede materializarse hoy. Que una eminente psicóloga clínica que vive y ejerce su labor profesional en Buenos Aires (Argentina, país desde el cual el blog obtiene una media de 1.700 visitas mensuales) pueda escribir un artículo para todos/as nosotros/as los/as que nos citamos en Buenos tratos, sin haber interactuado presencialmente, no deja de ser fascinante. Este es el gran valor de la red de redes: lograr que una experta internacional en trauma complejo y disociación infantil pueda entrar en nuestros hogares y aprender de ella. Y así sucede con todo el que quiera compartir conocimientos.

Conocí a Sandra Baita en Madrid, en la 13ª Conferencia EMDR porque asití a una de sus ponencias sobre cómo trabaja en psicoterapia con menores que padecen disociación infantil, que no es sino un trastorno que nos sugiere la gravedad del sufrimiento subyacente en los niños/as que lo padecen, a menudo maltratados, abandonados y/o abusados desde temprana edad y durante muchos años, edades como sabemos clave en el desarrollo del ser humano. Me cautivó por su competencia y experticia en el campo, y sobre todo por su disponibilidad y cercanía para con todos/as los/as colegas. En aquel momento no tuve oportunidad de acercarme a saludarle. Ese momento va a llegar pronto.

Posteriormente, he escrito sobre ella en Buenos tratos haciendo referencia a sus artículos y libro “Rompecabezas. Una guía introductoria a la disociación infantil”, una obra suprema, la única en lengua hispana, que ha sido de inestimable ayuda para todos/as los/as profesionales, para que podamos comprender y aprender de un fenómeno complejo –y aún desconocido- como lo es la disociación infantil. Si eres profesional de la psicología o ciencias afines y trabajas con menores víctimas de malos tratos, no debes de dejar de adquirirlo y leerlo.

No podía demorame más en proponerle escribir en Buenos tratos como firma invitada de este mes, para cerrar el curso académico aquí, en Europa, por la puerta grande. Sandra ha accedido amable y generosamente (como todos/as los/as profesionales invitados/as a Doce meses, doce firmas II durante este 20167/17) 

Termino esta introducción a Sandra tal y como la empecé: gracias a internet dos personas que no han intercambiado físicamente aún ni una palabra, separados ambos por miles de kilómetros de extensión acuosa -ese enorme mar que es el Océano Atlantico- consiguen gracias a la red de redes intercambiar conversaciones y conseguir acordar esta colaboración sin necesidad de verse. Solamente ha sido necesario un equipo informático conectado a la mencionada red. Pero medios aparte, no olvidemos que sólo es posible porque Sandra tiene una disposición favorable a ello y comparte desinteresadamente. Ella no sólo es una gran experta en el tema que nos ocupa sino que muestra un gran compromiso con la infancia, el cual se puede observar en sus lecturas y artículos. Muchísimas gracias Sandra Baita, por colaborar con Buenos tratos y regalarnos desprendidamente tu tiempo, esfuerzo, conocimientos y experiencia clínica. El magnífico artículo que ha preparado os va a ayudar a comprender a los profesionales y a las familias cómo las heridas del trauma interpersonal afectan al niño/a. ¡De imprescindible lectura!

Aprovecho la ocasión para dar de nuevo las gracias a todos/as los/as profesionales que han colaborado este curso 2016/17 con Buenos tratos.

Como decimos por aquí en euskera (lengua vasca): Eskerrik asko, bihotz-bihotzetik (Gracias, desde el corazón)

El curso próximo contaremos con más profesionales invitados/as en Diez meses, diez firmas III

Sandra Baita. Psicóloga clínica, terapeuta y supervisora certificada EMDR, trabaja en el campo de la atención a niños víctimas de malos tratos en la familia desde hace más de 20 años, tanto en programas públicos de organismos gubernamentales en el pasado, como en la práctica privada actualmente, en la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Le gusta transmitir lo que ha aprendido a todas aquellas personas cuyas profesiones las ponen en contacto con estos niños, por lo que además de dictar cursos y conferencias, le gusta que esa transmisión sea un poco más perdurable; por eso ha escrito colaboraciones, artículos científicos, capítulos y un libro, que está esperando ansioso tener más hermanitos… 





Anna Llenas escribió un cuento para niños con una temática que, tal vez, no muchos se hubieran atrevido a abordar.

En su cuento “Vacío” https://www.youtube.com/watch?v=bBVF3iZsyL4&t=17s Anna cuenta la historia de Julia, una niña con una vida feliz y tranquila, una vida que un día, de golpe, desapareció, dejando a Julia con un enorme vacío.




Los niños en acogimiento familiar o adoptados que han crecido en ambientes violentos, abusivos y negligentes, suelen sentir que Anna, con la historia de Julia, está contando un pedazo de la de ellos. 

Pero ninguno puede describir de manera cabal qué es ese vacío, cómo se siente, qué escapó de allí o qué hace falta para llenarlo. 

En nuestra lógica binaria de adultos, podemos pensar que estos niños son distintos de Julia al menos en un punto: el de la vida feliz y tranquila. Después de todo, si están en acogimiento, ¿no es porque debieron ser rescatados de una vida dura y dolorosa? Sin embargo, no sabemos, o no nos detenemos a pensar (o preferimos no hacerlo), que esos niños, mientras vivían esas vidas, desconocían que existía para ellos la posibilidad de una vida sin malos tratos. Los seres humanos estamos preparados para apegarnos a quienes nos cuidan, y aunque estas figuras sean negligentes o violentas, la tendencia a buscarlas y acercarse a ellas, sigue estando presente, no se desactiva.

En la vida de estos niños, la felicidad a la que hace referencia Anna en la historia de Julia, pueden ser gestos simples, pequeños y espaciados: “Cuando mi papá no bebía era bueno con nosotros”, “Mi mamá me llevaba al parque cuando no estaba dormida en su cama, pero si estaba dormida en su cama, yo sabía que no debía molestarla y no lo hacía, para que ella pudiera dormir bien y llevarme al parque”.

Se aferran a ellos porque no saben que pueden -que tienen el derecho- de aspirar a más. Entonces, he aquí el primer desafío para nuestra lógica binaria: aunque no podamos entenderlo, sí, es posible que estos niños extrañen algo -o mucho- de su vida pasada. Tal como una vez lo expresó una mujer adulta en mi consulta: “Creo que es preferible que te quieran mal a sentir que no te quieren nada…”. 

En el libro de Anna Llenas, el Vacío de Julia es un agujero en el centro de su cuerpo; un agujero por donde se cuela el frío – muchos padres se quejan de que les dan todo su amor a estos niños, pero que parece que a ellos no les llegara o no les alcanzara-; un agujero por donde salen monstruos -muchos padres cuentan que un simple “no” como límite a algo, puede desencadenar en estos niños y adolescentes unos ataques de ira en los que parecen ser otros, transformados, diciendo cosas hirientes, lacerantes, tal vez a la medida de la propia herida abierta que ellos tienen.

El Vacío de Julia se lleva todo, -no hay nada que conforme a estos niños, dicen sus padres- y Julia ha intentado de todo para hacerlo desaparecer -los padres se quejan de que estos niños comen desaforadamente, que esconden comida debajo de sus camas o en los cajones de su habitación- y aun así, el agujero sigue creciendo sin parar.

Portada del cuento de Anna Llenas.

En la búsqueda de tapones para tapar ese agujero de Vacío, Julia busca, desesperada, y se encuentra de todo, algo de lo bueno, mucho de lo malo. Y aun encontrando algo bueno, pareciera ser que lo inconveniente o lo peligroso se imponen en la búsqueda de tapones.

Los padres se quejan alarmados de la poca capacidad de estos niños de discernir el peligro –“Se va con cualquiera”-, de la facilidad con la que se meten en problemas una y otra vez –“Va y se junta con los que peor se portan”-, del escaso o nulo aprendizaje de la experiencia –“Jura y perjura que no lo va a volver a hacer y luego va y hace lo mismo. Y encima te dice que no sabe por qué lo hizo”. 

Al igual que un náufrago, cuyo rescate consiste en ponerlo en tierra firme primero, y atender sus necesidades básicas inmediatamente después, estos niños también necesitan tocar una tierra firme. Damos por sentado que una vez que se eligió a la familia, ya están en tierra firme. Las familias se encargan entonces de las necesidades más evidentes: darles una casa fija y bien puesta, ser unos padres atentos, darles una educación y cuidados médicos, actividades de ocio -deportes, arte o lo que sea que le permita al niño socializar más con otros niños de su edad. Guía tales acciones el principio honorable de darles todo lo que no tuvieron. Y así comienza una nueva historia. Solo que muchas veces esa historia viene con unas sorpresas imprevistas que descolocan a las familias. 

Los padres cuentan que los niños amables y educados que les presentaron, tal vez un poco recelosos o tímidos, tal vez inesperadamente afectuosos y cálidos, empiezan a “ser diferentes” cuando las puertas de la nueva casa se cierran. Los padres entienden que el niño o la niña deben adaptarse. Se arman de paciencia, esperan. Algunos se impacienten rápidamente y la historia de estos niños vuelve a empezar otra vez en la búsqueda de una nueva familia que los quiera y los acepte. Otros padres buscan ayuda cuando sienten que la impaciencia ya les está ganando la jugada.



¿Qué motiva la impaciencia de los padres? 

Un conjunto de conductas que van desde lo preocupante a lo inaceptable en la consideración parental: les va mal en la escuela, no estudian, no quieren hacer nada, hacen unos berrinches de morir, inventan historias fantásticas o terriblemente dramáticas, no se higienizan cuando van al baño, esconden la ropa sucia, roban -dinero, comida, objetos, dentro de la casa y/o fuera de ella-, mienten, comen desaforadamente, rompen cosas -accidentalmente o en medio de sus rabietas-, se cortan o se autoagreden de diversas formas, amenazan con irse o los desafían directamente a que los devuelvan, y finalmente les echan en cara que no son sus padres.

La lista puede ser incluso más larga. 

Ahora bien, veamos: ¿qué motiva la conducta de estos niños? 

Escribiendo recientemente un capítulo sobre el trabajo con padres adoptantes, me venía a la mente que la adopción de niños que han vivido situaciones de violencia interpersonal en el seno de sus familias de origen, es el encuentro entre dos interpretaciones muy diferentes acerca del “amor”. Cada una de ellas –tanto la de los padres como la de los niños- está cargada con las experiencias que cada parte de esta díada ha tenido acerca de haber sido amado, visto, cuidado, considerado, y esas experiencias tendrán una influencia directa en la forma en la que cada uno se acercará al otro, y en las expectativas con las cuales cargarán tales encuentros. 

Veamos cómo es esto desde la óptica del niño.

Los niños que han vivido en familias abusivas y negligentes internalizan rápidamente la creencia de que ellos son los responsables directos del maltrato o el descuido que sufren. De esta forma, logran “proteger” a la figura de cuidado, una protección que se les hace necesaria para poder seguir viviendo esa realidad. Suelo decir que cuando somos pequeños, tendemos a interpretar el mundo con la lente de nuestro ombligo: todo tiene que ver con nosotros, y nosotros estamos en el centro de todo, tanto de la atención más afectuosa y presente, como del ojo del huracán. Esta mirada es en parte inherente a nuestro desarrollo. Nuestro contacto con otros, en especial con nuestros cuidadores primarios, va moldeando esa percepción. Para bien y para mal. Por lo tanto, si yo crezco en un ambiente en el que mis acciones, mis palabras y mis silencios, o las acciones, las palabras y los silencios de los otros, provocan que me peguen, que abusen de mí, que me descuiden, será más factible que empiece a preguntarme ¿qué hice yo para que me hagan esto? Si esa pregunta es contestada con argumentos con los que los adultos justifican su accionar (“porque eres caprichoso”, “porque contestas”, “porque no hiciste lo que te dije”, “porque eres bonita”, “porque te gusta”), no habrá mucho margen para creer que yo no tengo nada que ver en el asunto, que no soy responsable ni merezco ese trato. 

En esta forma de vivir y relacionarse, asumir que “mi papá me pega porque yo soy malo” se enlazará rápidamente con la creencia de “[si soy malo, entonces] no hay nada bueno en mí, no soy querible ni agradable”. 

Por lo cual si alguien aparece en el horizonte y me dice que me quiere y que le importo ¿cómo creerle? ¿Por qué creerle? Tal vez haya algún mensaje oculto, mejor será caminar con cuidado y cuatro ojos… porque apenas vea quién soy de verdad ya no me va a querer… cuando encuentre mi ropa sucia y escondida o cuando vea que robé, seguramente todo este encanto por mí se desvanecerá. Y dicho y hecho, como una profecía, la primera conducta inesperada recibe por parte de los padres una reprimenda, un reproche ¿por qué lo has hecho? La respuesta del niño -cuando la hay- raramente satisface a los adultos, que empiezan a ver en las conductas infantiles un patrón de desafío e intencionalidad, lo cual, no hace más que reforzar la creencia infantil de que “no hay nada bueno en mí, [por lo tanto] no soy querible ni agradable”.

Los padres adoptantes también llegan a la adopción con un “guión” interno, producto de sus propias experiencias como hijos, de aquello que los haya llevado a la adopción, de cómo hayan transitado el proceso en pos de adoptar un hijo, y de sus expectativas parentales respecto del nuevo integrante de la familia. Como parte de ese guión, internamente pueden sentir temor a no hacer las cosas bien, a no ser amados -y en consecuencia que esto signifique que no son buenos padres- a fracasar. Por otro lado, pueden sentirse juzgados más fácilmente que los padres biológicos. 

A los padres adoptantes puede costarles entender que un niño de 5 años tenga conductas regresivas, y si un púber presenta conductas de robo anticipan inmediatamente que -sin saberlo- han adoptado un futuro delincuente. Querer a alguien que no se conoce y cuyo comportamiento no se comprende puede ser una tarea altamente compleja. 

El enorme desafío para quienes trabajamos con estos padres es ayudarlos a entender que la adaptación de estos niños a su nueva vida, no es ni rápida ni automática, y muchas veces no es sin costos. Los terapeutas podemos convertirnos en una suerte de puente que une dos tierras diferentes para crear un nuevo terreno que se nutra de lo que cada uno puede llevar a la nueva experiencia. Para poder hacerlo, es necesario entender cómo las heridas del trauma interpersonal afectaron al niño, el “guión” o historia con la cual llega a una nueva familia, a la vez que es necesario conocer el “guión" de los padres adoptantes.

"No hay forma de trabajar con el niño si no se hace un trabajo en paralelo con los padres"
"Los terapeutas podemos convertirnos en una suerte de puente que une dos tierras diferentes para crear un nuevo terreno que se nutra de lo que cada uno puede llevar a la nueva experiencia"

(Sandra Baita, psicóloga clínica)

No hay forma de trabajar con el niño si no se hace un trabajo en paralelo con sus padres, mucho más intenso, artesanal a veces y complejo que si estuviéramos trabajando con un niño traumatizado y sus padres biológicos. Algunas de las estrategias para este trabajo pueden ser:

- Saber qué conocen los padres adoptantes de la historia de sus hijos, entender si es que no saben porque no hay información o porque les resulta doloroso conocerla; ayudarlos y acompañarlos en ese conocimiento puede colaborar en que puedan dar un sentido a las conductas de sus hijos.

Ayudarlos a entender que la conducta de sus hijos no se relaciona con ellos, sino con su pasado, con lo que ellos aprendieron de lo que los adultos cuidadores pueden hacer.

Conocer la historia de los padres adoptantes puede echar luz acerca de posibles experiencias traumáticas no resueltas que puedan interferir en la vinculación con sus hijos; ayudarlos a comprender la relación entre las propias experiencias y aquello de la conducta de sus hijos que dispara en ellos situaciones no resueltas, puede colaborar en “despejar” el camino de tales interferencias.

Trabajar las expectativas respecto de sus hijos y ayudarlos a adaptarlas a las necesidades y posibilidades del niño: hay necesidades básicas afectivas y de cuidado que estos niños no han recibido adecuadamente en la época previa a su adopción, y que no se compensan con buenos colegios, segundos idiomas o actividades deportivas. 

Y este último no es un punto menor. Si bien es comprensible que los padres deseen dar oportunidades que provean a sus hijos de ventajas sociales para su desarrollo, sin llenar los vacíos que el maltrato y la negligencia han dejado, ese desarrollo se torna en una empresa extremadamente trabajosa, que lleva a frustraciones a ambas partes de esta díada.

Una vez, luego de leer el cuento de Anna Llenas, le pregunté a una niña adoptada qué creía ella que podría llenar su vacío. Sin dudarlo me respondió: “El amor incondicional… no sé muy bien qué es eso, pero sé que eso es lo que me falta.”

lunes, 5 de junio de 2017

La red psicosocial, clave para que los menores adoptados y acogidos desarrollen la resiliencia.

Todo bebé precisa de un ser humano adulto a quien apegarse. John Bowlby -uno de los autores pioneros de la teoría del apego-, lo expresó cuando afirmaba que vincularse es una necesidad psicobiológica de primer orden a lo largo de toda la vida. Un bebé no busca el contacto con la madre porque su motivación principal sea la alimentación proveniente del pecho o del biberón; ni siquiera primariamente por satisfacer la zona erógena de la boca, el placer oral, como sostiene el psicoanálisis freudiano. John Bowlby, médico inglés, consiguió la reinvención de la rueda como dice la profesora Inés Di Bártolo (2016), y demostró apoyándose en la investigación empírica, que la búsqueda de seguridad, la calma y el afecto que proporciona un cuidador conectado y sintonizado emocionalmente con el bebé es una motivación primordial. 

Como explica Mario Marrone (2009) en su magnífica obra "El apego, un enfoque actual" quien conoció personalmente a Bowlby [Excursus: he tenido la oportunidad de conocer en persona a Mario en Londres con ocasión del Congreso de Apego y Trauma celebrado los pasados 12, 13 y 14 de mayo de 2017; para mí y mis compañeros y amigos Rafael Benito y Cristina Herce, ha sido emocionante y entrañable. Mario nos acogió maravillosamente y pudimos compartir con él y unos colegas de habla hispana mesa y mantel. Nos contó aspectos de su relación personal con John Bowlby y nos narró cómo era el creador de la teoría del apego: alguien sencillo que compartía sus conocimientos con todas las personas interesadas, abierto y cercano. En palabras del propio Mario, "una persona excepcional" Nos hacía enorme ilusión poder acudir a la casa donde vivió con su familia y probablemente gestó muchas de sus ideas. Mario Marrone nos facilitó la dirección, pues no se puede visitar, es una propiedad privada y ya no pertenece a la familia. Nos emocionó descubrir en una placa este lema que veis en la fotografía: Boundary house, algo así como casa de los amarres, esto es, de los vínculos. ¡No podría tener mejor nombre!. Por cierto que para los que queráis saber lo más relevante expuesto por los ponentes del congreso de Londres, lo he contado en mi perfil de Facebook: https://www.facebook.com/joseluis.gonzalomarrodan] el objetivo de este al crear la teoría del apego no era atacar al psicoanálisis sino mejorarlo. Desde que realizó sus investigaciones en la década de los 50 del siglo pasado (nutriéndose de los descubrimientos de otros autores como Harlow, Lorenz, Piaget…) y en el contexto histórico de la II Guerra Mundial (con sus devastadoras consecuencias, entre otras, la contienda dejó huérfanos a miles y miles de niños y niñas. El genial médico inglés fue sensible a todo ese dolor), Bowlby también investigó las terribles secuelas que la institucionalización temprana en orfanatos de baja calidad y casi nulo contacto humano causaba a los menores. También alertó del daño que generaba la hospitalización de los niños/as privándoles del contacto y la relación con sus padres. Desde entonces, han sido y son cientos de investigaciones experimentales las que han demostrado la enorme importancia que tiene la creación de un apego seguro durante los tres primeros años de vida. Precisamente, Editorial Psimática ha publicado una biografía sobre John Bowlby titulada: Relatos de apego. Encuentros con John Bowlby, escrita por Arturo Ezquerro.



Casa de los vínculos, donde vivió John Bowlby, en Londres.

Vista general de la casa en la que vivió John Bowlby con su familia.

Biografía de John Bowlby publicada por Editorial Psimática.

Actualmente, la investigación en neurobiología da más que nunca la razón a Bowlby y a otros autores relevantes en la teoría del apego, como Mary Ainsworth, y los entroniza –en mi opinión- como los investigadores con más relevancia de todos los tiempos en psicología del desarrollo. En efecto, el apego seguro garantiza la supervivencia biológica y psicológica de las personas; al apegarnos y encontrar la seguridad, la herencia filogenética se encargó de seleccionar que los humanos naciéramos con un equipamiento básico presto para apegarnos al cuidador que tengamos delante. Además, la neurociencia demuestra que a través de este vínculo de apego se orquesta el neurodesarrollo. Las bases de la futura competencia social y emocional se aprenden en el contexto de una relación de apego seguro, y ésta da forma y moldea al mismísimo cerebro. Sin embargo, hemos de tener presente que la investigación científica en neurociencia también aporta cada vez más evidencia de que los malos tratos dañan el cerebro (Benito, 2015).

Como resume mi amigo y colega Rafael Benito (2015) magistralmente, "la relación de APEGO no es la mera satisfacción de unas necesidades biológicas del niño sino un proceso de MOLDEADO del FUNCIONAMIENTO NEUROBIOLÓGICO Y FISIOLÓGICO del infante a través de la relación con la FIGURA SIGNIFICATIVA". Esta fotografía de Alex Grey que me descubrió Rafael Benito –y que podéis ver bajo estas líneas- ilustra a la perfección que madre-hijo/a al principio son uno/a, no hay diferenciación. Son dos sistemas nerviosos interconectados como si de una red wifi se tratara formando una unidad. Por lo tanto, la capacidad de regulación psicofisiológica y emocional de la madre (o cuidador principal) será clave para que se produzca la del niño/a.


"La figura de apego moldea el funcionamiento
neurobiológico y fisiológico del bebé".
(Rafael Benito, 2015)
Esta experiencia de apego seguro es afortunadamente la realidad de la mayoría de los niños y niñas en el mundo, hasta el 70% (Shemings y Shemings, 2011) consiguen desarrollarlo gracias a la entrega de sus padres, madres o cuidadores. Pero existe ese 30% de menores que desarrollan apegos inseguros, y entre ellos hemos de mencionar a los adoptados/acogidos que han padecido maltrato, abandono o negligencia en sus lugares de origen y que han alterado este proceso de vinculación.

Cuando esto sucede, los menores se desarrollan desde una base de inseguridad personal que puede hacer que no exploren su entorno (o al contrario, sean prematuramente atrevidos e impulsivos), o que se queden aferrados ansiosamente a las figuras de apego y no puedan ser autónomos, o que desarrollen un patrón paradójico de acercamiento-alejamiento hacia los adultos, tratando ellos de tener el control de las relaciones porque temen ser dañados.

Toda esta energía se pone al servicio de esta supervivencia y tiene repercusiones porque puede afectar al desarrollo de capacidades esenciales para el aprendizaje (lenguaje, motricidad, atención, memoria, inteligencia verbal y no verbal…) El despliegue de dichas capacidades queda como "detenido" (toda la energía se destina a sobrevivir), por ello bastantes de estos niños y niñas presentan retrasos en el desarrollo. Además, en contextos de ausencia o pobreza de contacto y relación humanas donde el niño no ha podido vincularse suficientemente al menos a un adulto, no se reciben nutrientes afectivos y lúdicos, mediante el lenguaje, que estimulan las capacidades humanas. La consecuencia puede ser un cerebro infraestimulado y con escasas conexiones entre neuronas.

Además, la experiencia de inseguridad ha venido acompañada de estados prolongados de hiperexcitación del menor para escapar o huir de los malos tratos; o al contrario, de estados de hipoexcitación (para desconectarse, evadirse, imaginar desbordadamente e incluso disociarse…) si con ello consigue protegerse (Ogden, 2016) O una alternancia de ambos estados, porque el menor pudo sufrir maltrato por parte de una figura parental y abandono por parte de otra. Esto conlleva secuelas: la capacidad de regular los estados de activación internos es muy deficitaria en algunos de estos menores. El sistema nervioso del niño ha sido alterado severamente por los estados intensos y cambiantes de estrés que el abandono (hipoactivación) y el maltrato (hiperactivación) inducen. El niño no ha podido alcanzar con la ayuda de los progenitores estados suficientemente prolongados de quietud y calma, de seguridad. La alerta del niño siempre está encendida como consecuencia de lo impredecibles que pueden llegar a ser los malos tratos. El sistema nervioso de un menor que crece en un contexto prolongado de maltrato y abandono puede quedar dañado como el motor de un coche al que se le pisa a la vez -y a tope- el freno (hipoactivación) y el acelerador (hiperactivación). Moverse, inquietarse, alterarse, evadirse, imaginar desmedidamente, enfadarse, mostrarse ansioso… son reflejos de estas secuelas, modos que el niño tiene de indicarnos cómo se manifiestan sus daños psicofisiológicos. No son problemas que dependan de la voluntad del niño o niña ni buscados por él o ella. Deben de conceptualizarse como el reflejo de un daño sufrido y como recursos de supervivencia que le sirvieron al menor para bregar con dicho daño y mitigarlo en lo posible.

Los niños y las niñas que se han desarrollado con la base de un apego seguro no implica que no presenten problemas psicológicos y psiquiátricos en la vida futura, sino que tienen una menor vulnerabilidad a los mismos e incluso, una respuesta más positiva porque buscarán ayuda, consuelo y apoyo constructivo y sano en los demás para poder reestablecerse. Porque tienen los cimientos de la casa bien sólidos, por poner una metáfora comprensible. El edificio aguantará mejor cualquier contingencia en forma de terremoto o bombardeo externos. Es lo que mi maestro y profesor el Dr. Jorge Barudy ha llamado la resiliencia primaria: el apego seguro.

Cuando los niños y las niñas no desarrollan un apego suficientemente seguro (como les ocurre a un buen número de menores adoptados cuyas experiencias tempranas estuvieron caracterizadas, desgraciadamente, por el maltrato, el abandono y/o el abuso), entonces la tarea de los padres y las madres adoptivos/as es trabajar y esforzarse día a día en vincularse con sus hijos e hijas, lograr ser para ellos/as base segura. No lo tienen nada fácil. A ello se le unen muchos otros escollos contra los que han de luchar y salvar: los estereotipos sobre la adopción, el racismo existente en nuestra sociedad, la sacralización del origen biológico… y muchos más que los padres y madres deben de soportar.

Por eso no podemos ni debemos dejarles solos en esta tarea. Jorge Barudy (1998) y Boris Cyrulnik (2003), dos grandes hombres y expertos en resiliencia, nos dicen que si queremos que un menor dañado inicialmente por los malos tratos haga un proceso de reconstrucción y de sanación, debemos de proporcionarle una red de apoyo psicosocial lo suficientemente extensa en el tiempo para que pueda desarrollar lo que ellos denominan resiliencia secundaria. Dicha red psicosocial le permitirá al menor desarrollar recursos internos a partir de que se le han dispuesto recursos externos de los cuales pueda nutrirse y aprender. Tal y como cuentan mis amigos y colegas José Luis Rubio y Gemma Puig (2011), “Dame un punto de apoyo y moveré el mundo”, (Arquímedes) Y cuando aparecían sus soldados moviendo inmensos bloques de piedra con la palanca (él fue el inventor) los enemigos huían aterrorizados pensando que era un fenómeno sobrenatural. Del mismo modo, si les damos a los menores puntos de apoyo, moverán su mundo, se transformarán y conocerán la resiliencia.

La resiliencia es una construcción social donde la participación de los otros significativos es imprescindible e insustituible. Dentro de esos otros, hoy destaco a los profesores/as (que convivís muchísimas horas con los menores y sois muy significativos en sus vidas) Podéis ser esas figuras capaces de cambiar la mirada sobre los niños y niñas (cambiar la mirada es modificar el marco desde el cual nos explicamos por qué el niño/a se comporta del modo en el que lo hace. Su conducta negativa y sus dificultades para aprender están asociadas a un trauma temprano. No para justificarle sino para comprenderle y ayudarle a ir reeducándose) Los maestros y maestras, a través de una sólida relación con los chicos y chicas, una autoridad calmada y una aceptación fundamental de su persona, una exigencia acorde a sus posibilidades y muchas dosis de paciencia, perseverancia, permanencia, cariño y seguridad, podréis ayudarles a que den su mejor versión. Los profesores/as, junto con otros profesionales (médicos, educadores, psicoterapeutas, psiquiatras…) y de la mano de las familias, cada uno/a desde su rol, en colaboración estrecha, podemos y debemos ser los puntos de apoyo que los menores necesitan para transformarse y hacer un proceso de resiliencia secundaria.

Hoy tengo picada de despedida para todos/as vosotros/as: Beatriz Atenciano es psicóloga y psicoterapeuta infantil (formada en el Postgrado de traumaterapia sistémica infantil de Barudy y Dantagnan, promoción Apega 2 Barcelona), con amplios conocimientos y trayectoria profesional (y de compromiso ético con los menores y sus familias) en el ámbito de las víctimas de violencia de género. Ha participado como autora en un documento (en el que también participan otros/as profesionales), amparado por el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, titulado: “Intervención psicológica en menores expuestos/as a la violencia de género. Aportes teóricos y clínicos” Os dejo el enlace al pdf que han creado para que os bajéis esta inestimable contribución y apliquéis en vuestro trabajo lo que los/as expertos/as en la materia desarrollan en este documento. Haced click aquí.


REFERENCIAS



Benito, R. (2015) Neurobiología del trauma. Powerpoint preentado en el Postgrado en traumaterapia infantil sistémica de Barudy y Dantagnan. San Sebastián: Documento no publicado.

Cyrulnik, B. (2003) El murmullo de los fantasmas. Barcelona: Gedisa.


Marrone, M.; Diamond, N. (2001) La teoría del apego. Un enfoque actual. Barcelona: Psimática.

Ogden, P.; Fisher, J. (2016) Psicoterapia sensoriomotriz. Intervenciones para el trauma y el apego. Bilbao: Desclée de Brouwer.

Puig, G. y Rubio, J.L. (2011) Manual de resiliencia aplicada. Barcelona: Gedisa.

Shemings, D. & Shemings, Y. (2011) Understanding Disorganized Attachment: Theory and Practice for Working with Children and Adults. London: Jessica Kingsley Publishers.