lunes, 17 de junio de 2019

Entrevista a Jorge Barudy, psiquiatra, ponente en las IV Conversaciones sobre apego y resiliencia infantil, a celebrarse en San Sebastián, 4 y 5 de octubre de 2019



IV CONVERSACIONES SOBRE 

APEGO Y RESILIENCIA 

INFANTIL

SAN SEBASTIÁN, 4 y 5 DE OCTUBRE 2019


Entrevista a 
Jorge Barudy
Ponente en las Conversaciones.


Jorge Barudy

Inscripciones: www.joseluisgonzalo.com/eventos

Mes a mes han ido desfilando por el blog todos y todas los/as ponentes que participarán en las IV Conversaciones sobre apego y resiliencia infantil. A la espera de que el Dr. Martin Teicher encuentre un hueco en su agenda para poder contestar a la entrevista (no es seguro que pueda hacerlo, pero no le vamos a pedir más teniendo en cuenta su generosidad al aceptar acudir a las jornadas), Jorge Barudy (no menos ocupado que Martin Teicher) en cambio, sí ha podido dedicar tiempo para hacerla. Del equipo titular, de los miembros del equipo docente del Postgrado en Traumaterapia que participan en las Conversaciones, era el último que quedaba por aparecer aquí. Y lo ha hecho por la puerta grande, ¡vaya que sí! Se nota que se ha entregado a la entrevista con mimo y cariño, porque somos amigos y estamos además comprometidos en un mismo proyecto de defensa de los derechos de los niños y la promoción del paradigma de los buenos tratos infantiles que él abandera. Es una entrevista excelente la que nos ha preparado nuestro querido y admirado profesor Jorge Barudy ¡Muchas gracias!

A estas alturas y teniendo en cuenta su dilatada carrera profesional, no voy a descubrir a Jorge Barudy. Él es conocido y reconocido como uno de los grandes por todos/as las personas sensatas que se dedican y trabajan en el ámbito de la protección infantil. Él es admirado internacionalmente -está recién venido de un congreso en Boston- por sus inestimables contribuciones en defensa de los derechos de los niños/as y de los desfavorecidos, como los refugiados y exiliados. Ha colaborado varias veces en este blog que tiene el honor de haber sido designado por él como el blog representante de todos/as los/as profesionales de la red apega. 

Jorge Barudy es un excelente profesional y una persona entrañable. Le conocí hace 20 años cuando era consultor de la Diputación Foral de Gipuzkoa en materia de protección a la infancia. Supervisaba también a varios centros de acogida. En una reunión de red en uno de los pisos de menores para hablar de un joven que hacía psicoterapia conmigo, me invitaron para coordinarme con ellos y además beneficiarme de las orientaciones de Jorge Barudy. Me sentía nerviosísimo y perdido en la terapia con el chico. Yo creo que Jorge lo notó y no sólo me (nos) supervisó con un cambio de mirada que jamás había imaginado a la hora de concebir la terapia con un paciente menor de edad, sino que mostró hacia mí un respeto y una calidez que me atraparon por completo. Después, vino la invitación personal de él a su primera edición del Postgrado de Traumaterapia en Barcelona, no me lo podía creer, diciéndome que había oído hablar muy bien de mí y que admiraba mi trabajo... ¡Increíble! ¡Si era yo quien le admiraba a él! Pero Jorge, como los grandes que no necesitan medallas, sabe dar su lugar, respetar y valorar a las personas.

Gracias a Jorge Barudy este país ha aprendido a ver el dolor invisible de la infancia, esas heridas que no se ven pero que los niños maltratados tienen en su interior. Muchos equipos profesionales y técnicos de los servicios sociales de las diferentes administraciones de este país usan tus conocimientos a través de tus libros, de tus cursos y de la inestimable contribución que son, entre otros, tu Guía para la Evaluación de las Competencias Parentales y la Pauta de Evaluación Comprensiva para evaluar el daño que los malos tratos causan a los niños/as, ambos elaborados junto con Maryorie Dantagnan, con quien has desarrollado, como tu muy bien dices, gracias a sus aportaciones, los últimos 20 años de tu carrera. Ahora es el gobierno francés quien se ha interesado en vuestro modelo: cómo organizar el sistema de protección del país, formando a sus profesionales y diseñando las directrices de la política social en materia de infancia. ¡Enhorabuena!

Tanto es así que habéis creado escuela e incluso otros os imitan lanzando diplomas, cursos y talleres claramente inspirados e incluso desarrollados a partir de vuestras contribuciones. Cuando uno es imitado y copiado, llega a lo máximo.

Muchísimas gracias, admirado y querido Jorge Barudy, nuestro profesor y referente, seguiremos trabajando juntos y unidos con la red apega en la promoción del paradigma de los buenos tratos infantiles del cual tú eres el faro que nos guía. 

En esta entrañable entrevista, vais a conocer las ideas y conocimientos profesionales de Jorge Barudy, pero también se asoma la persona de Jorge, sus valores, solidaridad y compromiso con los desfavorecidos. Os vais a emocionar -yo me emocioné al leerlo- con el testimonio de alguien que no solo habla de la resiliencia sino que es un resiliente. 

Te esperamos, Jorge, en San Sebastián, el 4 y 5 de octubre de 2019.

1. A estas alturas de recorrido en el tiempo del blog, la mayoría de los que nos citamos aquí te conocemos. Eres nuestro profesor y referente tanto a nivel personal y profesional por tus inestimables aportaciones para que la infancia sea bien tratada, así como por la experiencia y los conocimientos que atesoras en terapia de familia, apego, trauma, desarrollo, competencias parentales… En fin, un amplio bagaje. No obstante, para las personas que acceden al blog por primera vez, y para los que ya te conocen lo hagan un poco más, preséntate en unas líneas por favor.

Me llamo Jorge Barudy Labrin nací en Chile en un pueblo cerca de Valparaíso en 1949, me formé como médico en Concepción, que en la década de los 60 tenía una de las universidades más abiertas a las necesidades del pueblo. Fui médico rural de poblaciones mapuches en el sur de mi país. Mi activismo social y político por un país más justo, me significó conocer la cárcel y la tortura y el Exilio. En el año 1973 cuando esto ocurrió ya era padre de tres hijos, y con su madre nos tocó llegar como refugiados a Bélgica en 1975. Conocimos el espíritu solidario de esa época con los refugiados, lo que explica que con una beca del estado belga pude formarme como neuropsiquiatra, psicoterapeuta, psiquiatra infantil y terapeuta familiar. Desde hace más de 20 años comparto mi vida personal y profesional con Maryorie Dantagnan y desde 14 con nuestra hija Carmenluna que junto mi manada de gente buena son la fuente de mi fuerza, la energía para seguir siendo un activista por la igualdad, contra la violencia y los buenos tratos a la infancia.

2. ¿Por qué decidiste hacerte psiquiatra?

Porque estudie Medicina y a lo largo de mis estudios rápidamente constate que la salud y la salud mental dependían estrechamente de las condiciones de vida de la gente. En mi pasantía por pediatría me conmovió la desnutrición infantil y la mortalidad por enfermedades infecciosas. Al mismo tiempo, en la cátedra de medicina social y comunitaria, constaté que los problemas más importantes de la salud mental, como el alcoholismo en los hombres, la depresión y los trastornos de ansiedad en las mujeres, así como los atrasos en el desarrollo y la deserción escolar de los niños y niñas eran consecuencia de la explotación, la pobreza y la miseria, junto con la violencia ejercida contra la mujer y los niños. En los últimos años de carrera, constituimos una comunidad cristiana de base y nos instalamos en un barrio pobre de la ciudad, para desarrollar programas de prevención en salud mental, a través de lo que llamamos “Las Brigadas de Liberación Obrera”. En la cárcel y luego en el exilio pude constatar el impacto devastador de esas experiencias en las personas, las familias y las comunidades. Eso inclinó la balanza a optar por la psiquiatría social comunitaria, proceso facilitado por el encuentro con el Profesor Franz Baro de la Universidad Católica de Lovaina (flamenca). Con quien formamos EXIL en el año 1975, que es el primer centro terapéutico para refugiados políticos y víctimas de tortura en el mundo. Dirigiendo ese centro me titulé de neuropsiquiatra en 1980. También hice “una pasantía” por la anti psiquiatría y tuve el honor de luchar y ser amigo de grandes impulsores de este movimiento como el profesor italiano Franco Bassaglia, o los franceses Felix Guatari y Robert Castel. En ese movimiento aprendí que la psiquiatría, sus instituciones y el poder de los psiquiatras podían fácilmente ser instrumentos, que camuflaban el impacto de las desigualdades, los malos tratos, el abuso de poder en el origen de las enfermedades mentales.

3. ¿Desde cuándo te interesas y dedicas tu vida profesional al estudio y tratamiento de las personas -niños, adolescentes adultos y familias- afectadas por el trauma de los malos tratos?

Las raíces de mi interés por el impacto de los traumas en la salud y en especial de la salud mental, se fue forjando primero por mi experiencia personal de las consecuencias en mí mismo de la violencia humana. Luego como ocurre a menudo las oportunidades que te da la vida, ellas te muestran un camino a seguir. Primero en mi trabajo y mis investigaciones en el Centro EXIL de Bruselas, atendiendo con un equipo desde 1975, las poblaciones afectadas por la violencia organizada o terrorismo de estado - las guerras, las represiones, genocidios, tortura, exilio. Estas prácticas se ampliaron en el año 2000 y se continúan también en el Centro EXIL de Barcelona. Luego, tuve la oportunidad de dirigir desde 1980 y por casi 15 años el Programa de prevención y tratamiento de los malos tratos infantiles (SOS ENFANTS FAMILLES), de la universidad Católica de Lovaina (francófona), contando con un equipo de profesionales comprometidos, ávidos de formación y rigurosos en sus intervenciones. En esos años adquirí gran parte de la experiencia y conocimientos sobre el impacto de los traumas provocados por los malos tratos. Gracias a la creación de nuestro Instituto IFIV (Instituto de Formación e investigación-acción sobre las consecuencias de la violencia y la promoción de la resiliencia en Barcelona junto con y gracias a los aportes de Maryorie Dantagnan) tuve la oportunidad de profundizar en las consecuencias nefastas  de los traumas, sobre todo de los procesos traumáticos complejos, tempranos y acumulativos, para las personas, sobre todo para los niños, niñas y mujeres. Con nuestros empeños pudimos diseñar un modelo de tratamiento para las consecuencias de los traumas: LA TRAUMATERAPIA SISTÉMICA y organizar un Diplomado para compartir nuestros conocimientos y prácticas, lo que se concretiza hoy día en la existencia de la RED APEGA y este Blog, que José Luis Gonzalo con la generosidad que le caracteriza, puso al servicio de esta red constituida por más de 200 profesionales formados y un equipo de 9 formadores que animan los Diplomados en Barcelona, San Sebastián, Málaga y Viña del Mar Chile.

Jorge Barudy en la sala de formación del Diplomado de Postgrado
en Traumaterapia Sistémica en San Sebastián.

4. Estarás en San Sebastián en las IV Conversaciones. Estamos encantados de tenerte con nosotros una edición más... El título de tu ponencia será "El gran desafío de la traumaterapia sistémica: Los traumas invisibles de la vida intrauterina y la primera infancia..." ¿Puedes hacer un resumen de lo que vas a abordar? Trata de que quien te lea se motive a ir a escucharte...

Uno de los grandes aprendizajes de mis 40 años de práctica profesional (es evidente que soy el más veterano del equipo, no teniendo aun la categoría de prehistórico- ¡¡¡ así lo espero!!!), ha sido poder relacionar la gravedad de los trastornos que presentan los niños y niñas afectados por malos tratos, no solo por la intensidad de estos, su duración y la incoherencia de las instituciones de protección, con lo más relevante de mi práctica clínica, constatar desde hace ya bastantes años la relación entre la gravedad de los trastornos traumáticos de los y las afectadas con la edad en que las agresiones y las carencias habían comenzado. Lo que denominé como el “dolor invisible de la infancia” tenía una aplicación relevante a los casos en que los malos tratos se producen ya durante el embarazo y en los 3 primeros años de edad. No fue difícil constatar que mientas más temprano se iniciaban los traumas de los malos tratos, mayor era el daño que observábamos en la infancia. Lo difícil era argumentar el derecho a la protección de los recién nacidos e incluso de los bebes en gestación. Porque para la cultura psicológica dominante, era y sigue siendo el respeto sacralizado de los vínculos de los bebes con sus madres, padres y miembros de la familia biológica.

A medida que mi quehacer profesional se fue enriqueciendo con la lectura de los trabajos que dieron origen a la revolución neurocientífica y ahora a la de la epigenética, hemos podido encontrar los argumentos científicos, para demostrar y explicar cómo los estresores mórbidos y el sufrimiento que provocan en la vida intrauterina y los de los tres primeros años de vida dañan no solo el buen funcionamiento de la mente infantil sino que alteran la constitución misma de las redes neuronales que hacen posible las funciones mentales. En los casos más graves producen pérdidas importantes de la masa encefálica. En mi ponencia compartiré los conocimientos más relevantes que he podido integrar de mis experiencias clínicas y de las lecturas a este respecto, intentando proponer cómo y cuáles intervenciones basadas en el modelo trauma terapéutico infantojuvenil sistémico, serían las más coherentes tanto para la prevención de los traumas tempranos como para las intervenciones terapéuticas reparadoras.

5. Porque la afectación a un menor puede darse desde el mismo momento que una madre no recibe los cuidados necesarios para que el embarazo se desarrolle normalmente, o si consume sustancias o vive un estrés demasiado prolongado e intenso…

Los aportes de la neurobiología nos muestran gracias a las nuevas tecnologías como estos contextos son altamente traumáticos por el estrés toxico, que por su contenido, intensidad y duración, producen respuestas de estrés extremas y la memorización del sufrimiento, en memorias traumáticas implícitas. Todo esto traba la organización sana del cerebro, ya en la vida intrauterina, produciendo trastornos precoces del neurodesarrollo y en los casos más severos destrucción de neuronas, con una atrofia cerebral que se expresara entre otro por lo que banalmente se denomina minusvalías psíquicas.

Por otra parte, las madres pertenecen al género femenino, este grupo social ha sido históricamente afectado por la violencia patriarcal de los hombres, aunque gracias a las luchas de las mujeres este comienza a debilitarse, aún hay mucho camino por delante. Si una madre embarazada no reciba los cuidados, a los que tienen derechos, es parte de la violencia de las desigualdades de género, esto se manifiesta por la soledad social y afectiva que muchas mujeres embarazadas tienen que enfrentar. Esto se agrava con la presión social de una cultura machista, que le impone que esto es lo que les toca, que el hecho de estar embarazada ya es un regalo de la naturaleza o en las explicaciones más aberrantes es un don, que Dios les ha dado. En relación a esto último se olvida que en la representación social del Dios, judío cristiano, este es un hombre, que por su condición nunca conoció o conocerá lo que es la realidad del embarazo. Aún más el hijo de Dios nació de madre una virgen, es decir de la única mujer que tuvo un hijo sin embarazarse y no se sabe muy bien cómo lo parió. Todas estas representaciones contrastan con que la investigación científica han demostrado, que aunque la biología de la mujer le da los recursos para llevar a buen término el embarazo, la realidad social de muchas mujeres, hace imposible que estos recursos les alivien, la parte del cansancio, las preocupaciones y los dolores que significa los malestares inherentes del embarazo. Esto es el resultado del estrés provocado por la falta de apoyo y reconocimiento de esta gran tarea.

Para muchas mujeres esto se ve agravado por la violencia de un cónyuge machista, que la somete a malos tratos físicos, psicológicos o sexuales y en muchos casos castigándola por el hecho de haberse embarazada. Todo esto significa que la mujer embarazada, no solo tiene que producir respuestas al estrés del embarazo sino a estos estresores intensos y prolongados, que son la soledad, el aislamiento social y afectivo, y en muchos casos la violencia del cónyuge. Todo esto se traduce en una producción excesiva de cortisol por parte del mecanismo cerebral regulador del estrés, con una hiperactivación de la amígdala, que se traduce por más irritabilidad y temor, acompañada de una inhibición de regiones neuronales responsables de la producción de serotonina y dopamina, neurotransmisores garantes del bienestar y de placer. El exceso de cortisol se transmite por vía placentaria y más tarde por la deglución del líquido amniótico directamente al bebe en gestación, siendo neurotóxico en esta etapa del neurodesarrollo. En resumen, el estrés mórbido de la madre daña tempranamente y directamente el neurodesarrollo del bebe en gestación a causa del cortisol e indirectamente porque la suma de estresores de la madre puede producir un trastorno depresivo en ella por lo que será menos disponible para acompañar a su bebe que se desarrolla en su útero y para los cuidados postnatales. Esto explica lo revelado por investigaciones recientes que la depresión de la madre, facilita la depresión de los bebes y de los niños,  trastorno que cuando no reciben apoyo terapéutico se puede traducir en un trastorno depresivo crónico en la adolescencia y en la vida adulta.

En relación al consumo de sustancias tóxicas como el alcohol y drogas numerosas investigaciones y nuestras propias observaciones, muestran el origen traumático de estos consumos. La madre consume no porque quiere dañar a su cría en gestación, sino porque el consumo le alivia el dolor y el sufrimiento de sus trastornos traumáticos de su neuro desarrollo productos de los traumas complejos, acumulativos y casi siempre tempranos de su infancia. Desgraciadamente, este consumo daña al neurodesarrollo de sus bebes  y estamos en el drama de víctimas que victimizan a sus hijos e hijas, porque crean adversidades traumáticas para ellas. Todo esto se sabe desde mucho tiempo, lo indignante es que aun desde los servicios de protección no existan programas para proteger a los bebes desde su gestación y que estos daños sigan siendo invisibles.

Jorge Barudy recibe como regalo el libro
"El país de las mujeres", de Gioconda Belli,
en la pasada edición de las Conversaciones

6. Tempus fugit es el lema del congreso. Con ello queremos aludir a que el neurodesarrollo no espera y que un niño necesita los nutrientes físicos y afectivos necesarios para un pleno desarrollo físico y psicológico. ¿Crees que existe una verdadera concienciación social sobre el posible daño intrauterino y por los periodos sensibles del desarrollo o por el contrario aún estamos muy lejos de darnos cuenta de ello y actuar en consecuencia y protegiendo al niño?

Ya no tenemos ninguna duda que lo que asegura y garantiza la salud mental infantil y juvenil y por ende adulta, son los contextos de buenos trato, Cuando estos existen, desde etapas tan tempranas, como los días que siguen a la concepción, existe la certeza que todas las potencialidades de bien estar escritas en los genes del niño o la niña tendrán una gran posibilidad de realizarse. Cuando yo y Maryorie realizamos la investigación-acción que culminó con la publicación de nuestro libro “Los Buenos Tratos a la Infancia: parentalidad, apego y resiliencia”, encontramos argumentos desde diferentes perspectivas científicas, para ilustrar lo fundamental que era asegurar relaciones interpersonales de buenos tratos para garantizar el desarrollo sano de la mente infantil, desde el momento de sus concepción. Desgraciadamente seguimos constatando -reconociendo que hay avances- las dificultades del mundo adulto, incluyendo a los profesionales de la infancia, de implicarse en la detección y en las intervenciones para proteger y reparar el daño traumático de la infancia maltratada. Daño en que a menudo se suman los contextos de malos tratos familiares, institucionales y sociales. Por esto es importante insistir que el neurodesarrollo no espera y que un niño necesita los nutrientes físicos y afectivos necesarios para un pleno desarrollo físico y psicológico, los sistemas de protección tienen el deber de intervenir precozmente para asegurar ya no solo una protección social sino que además una neuroprotección de la infancia temprana. Cada hora, día o mes, que un bebe vive en un contexto de buenos tratos insuficientes o lo peor en un contexto de malos tratos evidentes, se desorganizan sus redes neuronales y lo que es más trágico se destruyen neuronas. Desgraciadamente no existe una conciencia social sobre esta tragedia. Los bebes en gestación y hasta sus tres años de edad son el grupo social más vulnerable y paradojalmente los menos protegidos.

A este respecto se puede hacer una conexión con la escasa la conciencia que existía en la década de los cincuenta y sesenta del siglo XX, en relación a la duda de la existencia misma de los malos tratos y de los abusos sexuales a la infancia. Esto estaba y sigue estando relacionado con los sistemas de dominación. Los responsables de los malos tratos y de los abusos son adultos y como grupo social constituyen los detentores del poder y los que delegan el poder a los políticos que hacen las leyes, entre otras las de protección infantil. Ha sido una ardua lucha de las y los defensores de los derechos de la infancia, lograr que la sociedad adulta se represente, acepte y actué para prevenir las atrocidades cometidas a la infancia por otros adultos. Ahora la lucha por el derecho a la protección debe centrarse en los bebes. Desgraciadamente, la lucha será larga y dura y muchos bebes mártires seguirán quedando dañados en el camino. Aunque parezca insólito, son aún muchos profesionales “funcionarios “de los sistemas de protección por falta de formación, de recursos o porque hacen valer sus creencias, los que a partir de una mala interpretación de la importancia de los vínculos familiares sacrifican a bebes dejándoles en familias con madres y padres, que consumen tóxicos, presentan enfermedades mentales y/ o por sus tragedias de infancia presentan una incompetencia parental crónica y severa y muchas veces irreversible. Desgraciadamente,  estos funcionarios no son los lectores más asiduos de este blog.

7. Hay algunos niños que se recuperan mejor que otros de un trauma relacional o complejo. Desde tus conocimientos y experiencia profesional, ¿de qué factores depende?

Frente a esta pregunta lo primero que se me viene en mente es el fenómeno de la resiliencia, el verdadero, es decir, el que emerge del amor y la solidaridad social. Como todos los fenómenos sociales,  la resiliencia infantil es el resultado de una complejidad de actores y contextos que crean nidos afectivos reparadores, que acunan con respeto, ternura, verdad y apoyo social en un clima de alegría y buen humor a niños y niñas afectados por los efectos traumáticos de los malos tratos. Nuestra propuesta de distinguir diferentes tipos de resiliencia, tiene como objetivo el proponer la relación entre el desarrollo de esta capacidad en niños y niñas con los diferentes contextos interpersonales, familiares, institucionales y sociales en que han crecido. La resiliencia primaria emerge de los buenos tratos de progenitores con competencias parentales y con el apoyo social y afectivo de sus redes comunitarias. Estos buenos tratos acompañan a los niños o las niñas desde el comienzo de sus vidas. Estos buenos tratos originan el apego seguro, la seguridad de base, el bienestar y el altruismo social que caracteriza a estos niños o niñas. Esta resiliencia primaria es la que les proporciona mayor capacidades para enfrentar las adversidades e incluso para elaborar e integrar experiencias traumáticas evitando que los traumas, les determinen sus existencia.

La resiliencia secundaria, es el concepto que nos permite referirnos a niños y niñas afectados por traumas complejos, muchas veces tempranos y acumulativas, que han tenido la oportunidad de cruzarse con los tutores o tutoras de resiliencia. Estas son personas que en contextos diversos (barrio, familia extensa, escuela, espacios de tiempo libre…) por sus capacidades de ofrecer vínculos afectivos empáticos, mentalizadores y solidarios, participan en la creación de estos nidos afectivos, muchas veces implícitos, de donde emergen relatos que permiten a los y las afectadas tomar consciencia de lo injusto de ser mal tratados, les aportan un reconocimiento de sus capacidades, apoyo social y relaciones que transmiten esperanza y buen humor. Es importante insistir que todos los profesionales de la infancia tendrían que asumir esta función, muchos lo hacen por su buen hacer, sin saber que lo están haciendo. Otros lo asumen conscientemente incorporando esta tarea a sus prácticas cotidianas.

Para apoyar esta resiliencia secundaria se necesita, además, que los adultos -especialmente los profesionales de la infancia- abandonen las lecturas reduccionistas y descriptivas de los trastornos que presentan los niños/as afectados por sus diagnósticos como responsables o culpables de los síntomas que presentan. Una lectura sistémica y comprensiva les conducirá a entender que estos trastornos son esfuerzos desesperados para adaptarse a contextos disfuncionales, violentos y mal tratantes creados por adultos muchas veces significativos para ellos. A su vez, son formas analógicas de denunciar lo que les está ocurriendo sin agravar aún más sus condiciones de vida. A este fenómeno lo hemos llamado la resistencia potencialmente resiliente. Porque si adultos que les conocen ejercen tutorías de resiliencia, tendrán la oportunidad de conocer la resiliencia secundaria.

Para completar esta respuesta agregaría que desde mis experiencias, la posibilidad de recuperación, yo hablaría de reparación, depende a otro nivel, de tres aspectos:

a) De la salud mental del niño/a antes de ser agredido por traumas complejos. Desgraciadamente, para los bebes afectados por traumas tempranos, ya existen condiciones desfavorables desde el comienzo. Estos bebes no nacen con estrellas sino estrellados.

b) Del contenido, duración y la edad de los niños y niñas en el momento de la afectación.

c) De la capacidad de las redes familiares sociales e institucionales de brindar intervenciones de protección coherentes y no burocráticas, que garanticen la detección temprana, un diagnóstico del daño traumático infantil, medidas de protección basadas en el interés superior del niño y de la niña, rehabilitación de las competencias parentales y sin olvidar nunca el derecho a una terapia reparadora del daño producido por los procesos traumáticos. Para cumplir esta finalidad hemos investigado e diseñado el conocido como modelo de “Traumaterapia infanto-juvenil sistémica de Dantagnan y Barudy”.

8. El tratamiento farmacológico es muy denostado por algunos sectores para los síndromes asociados al maltrato infantil. Sin embargo, hoy en día dentro de un programa integral de intervención, sabemos que tiene la función incluso de restaurar la afectación que el maltrato puede dejar en el cerebro de los niños. ¿Es así? ¿Cuál es tu postura al respecto?

El avance de la psicofarmacología es algo extraordinario y ha significado un aporte fundamental para aliviar el sufrimiento humano producido por las experiencias traumáticas resultado de las agresiones, carencias y confusiones contenidas en los malos tratos infantiles. Los y las investigadoras del cerebro han descubierto diferentes y múltiples moléculas químicas o neurotransmisores que junto con la conducción eléctrica son la base del funcionamiento de las diferentes redes neuronales que son las responsables de todas las funciones mentales. Estas investigaciones están permitiendo, conocer cada vez con más exactitud, la manera que los malos tratos infantiles alteran traumáticamente la producción y la acción de los neurotransmisores. Estos nuevos conocimientos han permitido al mismo tiempo la producción de sustancias químicas que actuando ya sea, en las vesículas de las prolongaciones neuronales donde estas se producen o en el metabolismo de los neuro transmisores, juegan un papel importante para facilitar el restablecimiento de las funciones mentales alteradas por los traumas de los malos tratos. La consecuencia de esto es que los médicos de familia, pediatras y psiquiatras, contemos con medicamentos conocidos como psicofármacos, que pueden aliviar e incluso contribuir a curar los trastornos consecuencias de los traumas al ordenar de nuevo su producción o sus metabolismos tal manera de estimular o inhibirles.

Desgraciadamente la ideología de mercado dominante que domina todas las áreas de la vida social, donde el dinero es más importante que las personas, también ha infiltrado la comercialización de los fármacos. Esto llega al extremo de inventar patologías destinadas a vender sus fármacos, el escándalo mayor son los diagnósticos indiscriminados del TDH (Trastornos de déficit atencional con o sin hiperactividad), que son estimulados por las farmacéuticas que los venden. Otro ejemplo es la lucha por las patentes de nuevas moléculas de los productos inhibidores de la recaptación de la serotonina que son recetados como “antidepresivos”.

Estos son medicamentos útiles para apoyar la reparación de las heridas traumáticas, sobre todo en lo que se refiere a las respuestas de estrés hipersensibles de los infantes y adultos traumatizados, que frente a situaciones difíciles o conflictivas tienen una vivencia orgánica de desamparo y amenaza vital. Ofrecer esto medicamentos con esta narrativa, seria anti producente para el comercio, pues se estaría reconociendo el origen traumático de las vivencias depresivas en el presente o en el pasado.

La trauma terapia sistémica incorpora sistemáticamente el uso de psicofármacos, pero en el marco de una relación interpersonal terapéutica y de una narrativa que explique por qué se administran.



9. ¿Qué consideras que las familias, educadores, maestros, psicólogos, médicos... que acompañan y trabajan con los niños deben de tener presente en su día a día en su mente y no olvidar?

No deberían olvidar nunca que el bienestar infantil es el resultado de las acciones de toda una comunidad, que se necesita toda la tribu para asegurar el bienestar de un niño o niña. Además deberíamos recordarnos siempre que nuestras prácticas pueden ser parte del sufrimiento de los niños y niñas o al contrario una fuente de bien estar y resiliencia. Para estar en este bando, es importante nutrir nuestras prácticas con los aportes de las neurociencias, la epigenética el paradigma del apego, la resiliencia y el de los buenos tratos infantiles-

Por ultimo integrar que la protección infantil es un deber, que cuando se cumple es una tarea que dignifica a los profesionales dela infancia.

10. ¿Tú cita favorita?

“No podemos evitar, las consecuencias nefastas para la infancia del viento destructor del modelo económico de mercado -donde el dinero es más importante que las personas - pero, podemos aprender con los niños, niñas madres, padres, profesionales de la infancia y toda la comunidad de gente buena a tratar de construir molinos de esperanzas para revertirlo”

11. ¿Quieres compartirnos un momento clave de tu vida en términos resilientes?

Durante mi estadía en la cárcel como prisionero político en Chile, viví esta experiencia que en términos de resiliencia creo que fue clave para mi vida y permite comprender mi activismo profesional y social en la defensa de los derechos de la infancia.

Ocurrió uno de los tantos días después de un interrogatorio con tortura. Ya devuelto a la celda de aislamiento, situada en la cárcel pública de la cárcel de la ciudad de Temuco en el sur de Chile, donde los militares habían habilitado una parte de esta, como campo de concentración para los presos políticos. Padeciendo aun los dolores de la tortura, empecé a sentir una tremenda sed. Dejarnos varios días sin agua ni comida, era sin duda otra forma de tortura, para ablandarnos. Pensaba en cómo conseguir agua, cuando escuché la voz de un niño a través de la ventanilla de la celda, que venía del otro lado del corredor... « ¿Quién está ahí?», preguntaba. « ¿Cómo te llamas? ¿Por qué te tienen preso…?» Al principio, pensé que estaba alucinando, pero la voz era real, y le pregunté: « ¿Quién eres?», “Pareces un niño”. La voz me contestó: «Soy uno de los menores». La casualidad quiso que la pequeña ventana con barrotes de mi celda coincidiera con la ventana del pabellón donde estaban presos niños, acusados de cometer delitos. Estábamos separados por un patio que no tendría más de tres metros de ancho. « ¿Por qué te tienen preso ?» le pregunté «Por problemas», me contestó. « ¿Qué tipo de problemas?» «Porque robé en el supermercado para comer.» « ¿Cuántos años tienes?» «Once.»

Me quedé perplejo. Más aún cuando al insistir en saber quién era y le dije, “el médico del Hospital de Puerto Saavedra”- que era el Hospital rural que dirigía antes de la detención- a lo que respondió: «Así que eres uno de los políticos, ¿en qué te podemos ayudar? Me recuerdo haber dicho algo así como: «Tengo sed, no me dan agua, creo que nos quieren matar de sed». «Aguanta un poco. Te vamos a ayudar…», fue su comentario. Alrededor de media hora más tarde, el mismo chico me decía: “Vamos a tratar de darte agua. Tú tienes que tratar de agarrar el tarro al final del palo". Mi sorpresa fue grande, cuando vi aparecer a través de la ventana un tarro de esos de conserva amarrado a una especie de rama, del cual caían gotas, estaba lleno de agua. Los muchachos se habían organizado para usar varas de mimbre, que habían conseguido del taller de cestería donde trabajaban, para hacerme llegar el agua. La flexibilidad de las ramas hizo que no tuviera que saltar mucho para alcanzar el tarro, beber agua y guardarme una reserva.

Esta experiencia, que es la más preciada de todas las otras, todas sinónimos de solidaridad y esperanza, es sin duda la que mejor ilustra el origen de mi resiliencia y que una parte de mi profesión de psiquiatra y traumaterapeuta, la haya dedicado a investigar y ejercer, para apoyar niños y niñas víctimas de malos tratos tanto en la familia, en la escuela como en las instituciones.

Este accionar, es parte de mi activismo social radical en la defensa de los derechos de los niños y las niñas y mis denuncias de la violencia que los adultos ejercen sobre la infancia,  aun funcionarias y funcionarios de las instituciones que tienen la misión de protegerles.