lunes, 11 de junio de 2018

Curso de Verano de la Universidad del País Vasco "El abuso sexual infantil. Una realidad compleja que interpela a toda la sociedad", 5-6 de julio de 2018, en San Sebastián

El Ararteko-Defensor del Pueblo del País Vasco, D. Manuel Lezertua Rodríguez, tiene el gusto de presentarnos el curso

El abuso sexual infantil. Una realidad compleja que interpela a toda la sociedad 



En colaboración con los Cursos de Verano de la Universidad del País Vasco tendrá lugar los días 5 y 6 de julio de 2018 en la sede de los cursos en el Palacio de Miramar, en San Sebastián.

Tengo el placer y el honor de participar en los mismos impartiendo una ponencia sobre tratamiento de menores víctimas de abuso sexual.

El Ararteko, en la presentación del curso, nos dice:

El abuso sexual infantil implica la transgresión de los límites íntimos y personales del niño o la niña. Supone la imposición de comportamientos de contenido sexual por parte de una persona (un adulto u otro menor de edad) hacia un niño o una niña, realizado en un contexto de desigualdad o asimetría de poder, habitualmente a través del engaño, la fuerza, la mentira o la manipulación. En todo caso, se trata de una vulneración grave de los derechos del niño, la niña o adolescente.

El abuso sexual infantil presenta múltiples dimensiones, lo que requiere la intervención de diferentes agentes y órganos de la administración y también de todas las instituciones públicas y privadas o servicios con presencia de niños, niñas y adolescentes en los que puede tener lugar la detección de comportamientos de esta naturaleza.

El curso organizado por el Ararteko tratará de promover un espacio reflexivo y de intercambio profesional e intersectorial en el que, la sensibilización, el compromiso y el interés común permitan compartir conocimiento y experiencia en la prevención, detección e intervención en los casos de violencia sexual contra niños, niñas y adolescentes. Con ello se pretende establecer un punto de partida para reconstruir estrategias compartidas, con el fin de desarrollar prácticas adecuadas y de buen trato dirigidas a la infancia y adolescencia.

De manera más concreta, el curso pretende contribuir a:

Conocer las principales características de las situaciones de la violencia sexual y las secuelas que pueden dejar en los niños, niñas y adolescentes que los han sufrido.

Conocer y potenciar factores protectores relacionados con la educación afectivo-sexual.
Identificar algunos indicadores de violencia sexual hacia los niños.

Reflexionar sobre las pautas para una adecuada evaluación psicológica y forense en estas situaciones.

Conocer cómo mantener las garantías suficientes en la prueba preconstituida en defensa de sus derechos fundamentales y que les proteja de una posible victimización secundaria.

Intercambiar el conocimiento necesario para mejorar la coordinación y la intervención en los casos de violencia sexual.

Conocer el trabajo terapéutico para minimizar el impacto y las secuelas que estas situaciones pueden dejar.

Personas destinatarias: profesionales de los distintos sistemas que trabajan con niños, niñas y adolescentes (servicios sociales, salud, educación, administración de justicia, atención a la víctima, Ertzaintza…); estudiantes; colectivos de defensa de los derechos de niños, niñas y adolescentes.

Para descargarse el Programa del curso, haz clic aquí. 

Para matricularse en el Curso, haz clic aquí

jueves, 7 de junio de 2018

Abierto el plazo de inscripción al Diplomado de Postgrado en Traumaterapia Sistémica infanto-juvenil (TSI) de Barudy y Dantagnan 2018-20. Formaciones en Barcelona, San Sebastián, Málaga y Viña del Mar (Chile)




FICHA DE INSCRIPCIÓN NIVEL 1 

PRIMER Y SEGUNDO AÑO


Hoy se abre el plazo de inscripción del

DIPLOMADO DE POSTGRADO EN

TRAUMATERAPIA 

SISTÉMICA

INFANTO-JUVENIL (TSI)

hasta el 4 de julio 2018



11ª Promoción Apega 11 Barcelona 2018-20
5ª Promoción Apega 5 Donostia 2018-20
2ª Promoción Apega 2 Málaga 2018-20
5ª Promoción Apega 5 Chile 2018-19

El programa se compone de dos cursos académicos (2018-2020) y se celebrará en Barcelona, San Sebastián-Donostia y Málaga, y en Chile, Viña del Mar (para este último programa consultar fechas con la ONG Paicabí).

El plazo de inscripción comienza hoy mismo y terminará el 4 de julio 2018. Si estáis interesados e interesadas, para realizar la inscripción tenéis que mandarnos la ficha de inscripción, un currículo y una carta al niño interior (carta en la que contactas con un momento de tu infancia donde se reflejan los sentimientos y experiencias difíciles que te tocó afrontar, permitiéndote comprender la situación e identificar los recursos personales y externos para atravesarla) Todo ello lo tenéis que mandar al correo electrónico: 

hola@traumaterapiayresiliencia.com

Para ver el programa completo haz clic aquí.

Para descargarse ficha inscripción haz clic aquí.

Las plazas son limitadas y se contactará con los y las seleccionadas para informarles de su admisión y poder así formalizar la matrícula a finales de Julio 2018.

El diplomado de postgrado en traumaterapia sistémica infanto-juvenil es una formación dirigida a psicólogos, psiquiatras, médicos, pedagogos, psicopedagogos, trabajadores sociales y modalidades afines para poder trabajar psicoterapia, en contextos laborales donde puedan realizarse evaluaciones e intervenciones de carácter terapéutico y/o psicoeducativo, con menores de edad que han sufrido abandono, malos tratos, negligencia y diferentes tipos de violencia.  Éstos suelen presentar, con alta probabilidad, trastornos de apego y traumas crónicos, tempranos y complejos. Esta formación se apoya en los cuatro dominios de la intervención con niños, niñas y adolescentes dañados (apego, trauma, desarrollo y resiliencia.)

En este diplomado se aprende a aplicar el modelo comprehensivo de intervención terapéutica para la traumaterapia infanto-juvenil sistémica diseñado por Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan. Esta formación empezó en Barcelona el año 2004. 

La formación contempla tanto el aprendizaje de los conceptos y conocimientos provenientes de la neurociencia, la psiquiatría, la psicología y la psicoterapia, articulados y diseñados en un modelo propio, adaptado al sufrimiento infantil, tanto de evaluación como de intervención, que por encima de todo es respetuoso con el niño, niña o adolescente, como de las técnicas y metodologías de intervención terapéutica necesarias para trabajar en cada uno de los tres bloques de tratamiento que se contemplan y que siguen una lógica de aplicación neurosecuencial.

Finalmente, la formación da espacio al autoconocimiento y trabajo de la persona del terapeuta, pues el niño/a o el adolescente desarrolla su proceso de sanación emocional en la interacción y relación con aquél.

El programa formativo consta de dos ciclos

El primer ciclo tiene dos niveles (I y II) En el primer nivel se accede a los conocimientos teórico-prácticos para el desarrollo del modelo de evaluación comprensiva del sufrimiento infanto-juvenil de Barudy y Dantagnan, necesaria para poder intervenir con los niños y adolescente afectados por los malos tratos. El segundo nivel consiste en compartir la metodología de actuación en traumaterapia, considerando bloques de trabajo, objeticos, indicadores, técnicas y herramientas terapéuticas para el tratamiento de los niños, así como el trabajo específico con sus referentes. Todo esto para ser aplicado en contextos profesionales diversos, como centros de acogida, trabajo con familias acogedoras y adoptivas, etc. 

El segundo ciclo consiste de un acompañamiento profesional y personal a los psicoterapeutas que trabajen la psicotraumaterapia en sala de valientes, con seminarios teórico-prácticos y sesiones de supervisión individual y grupal. Este segundo ciclo es de carácter optativo y sólo podrán acceder los alumnos y alumnas que hayan realizado el primer ciclo.

Participan como docentes  el Dr. Jorge Barudy, psiquiatra y psicoterapeuta de familia y co-director del IFIV de Barcelona; Maryorie Dantagnan, psicóloga, psicoterapeuta y codirectora del IFIV de Barcelona; María Álvarez, psicóloga y psicoterapeuta del IFIV de Barcelona; Rafael Benito, psiquiatra y psicoterapeuta; Tatiana Caseda, psicóloga y psicoterapeuta; José Luis Gonzalo, psicólogo y psicoterapeuta y coordinador del programa en Donostia; Carolina Saavedra, psicóloga y psicoterapeuta y coordinadora del programa de formación en Viña del Mar (Chile). 

Más información haz clic aquí.

martes, 5 de junio de 2018

La caja de arena en psicoterapia (sandtray): supervisión de casos (7 horas), 8 de julio 2018 en Madrid, organizado por UmayQuipa.


LA CAJA DE ARENA EN PSICOTERAPIA (SANDTRAY): 
SUPERVISIÓN DE CASOS
(7 HORAS)

MADRID, 8 de julio de 2018



PRESENTACIÓN

Este taller de supervisión de casos está ideado para ayudar a los psicólogos-psicoterapeutas en el trabajo con la técnica de la caja de arena dentro de un proceso de psicoterapia. 

Abordaremos temas tan importantes como la valoración de la idoneidad del paciente para beneficiarse de la técnica; cuándo y cómo (metodología) aplicarla; el proceso de creación de las cajas de arena durante la psicoterapia y las intervenciones terapéuticas postcreación (del mundo en la caja de arena al ámbito personal del paciente y al ámbito universal)

También queremos ofrecer a los profesionales la posibilidad de repasar los aspectos básicos relativos a la conducción de una sesión con la caja de arena, así como las dudas y cuestiones que les surgen en su trabajo con esta técnica.

Es un espacio para aprender a utilizar adecuadamente esta herramienta terapéutica y llevar adelante y con seguridad la terapia con los pacientes.

OBJETIVOS

Repasar los aspectos más importantes en la conducción de una sesión con la caja de arena.

Revisar las metodologías de trabajo con la técnica de la caja de arena.

Supervisar los casos presentados por los participantes valorando cómo y cuándo utilizar la técnica de la caja de arena en cada caso.

Exponer las dudas y cuestiones que los participantes tengan en la aplicación de la caja de arena.

METODOLOGÍA

Exposiciones orales.

Exposición de caso y devolución (del supervisor y del grupo)

Realización de cajas de arena (si procede)

Visionado de vídeos

NOTAS

Pueden acceder a este taller quienes hayan realizado el taller básico.

INFORMACIÓN E INSCRIPCIONES

Se darán certificados de asistencia.

Información e inscripciones para reserva de plaza:

umayquipae@gmail.com

https://umayquipae.com

Teléfono: 91 549 38 78

lunes, 4 de junio de 2018

María Gabriela Simpson, del Grupo de Investigación en Resiliencia Aplicada (GIRA) entrevista a José Luis Gonzalo sobre resiliencia en menores víctimas de malos tratos.

El Grupo de Investigación en Resiliencia Aplicada, GIRA, como equipo se planteó desarrollar proyectos y trabajos de investigación en resiliencia, concretos, que, con una orientación bien pragmática y aplicada, permitan analizar aspectos de este tema sin dejar de mirar y observar el campo. Se proponen también líneas de acción en el mismo, para que la tarea de los investigadores no sea ajena a los ámbitos e instituciones con los que se trabaje y pueda, en un proceso de interacción e interrelación, facilitarle miradas y estrategias para el logro de objetivos y realización de tareas. La relación teoría-empiria, mundo académico-mundo de acción deben desarrollarse con fuerza para garantizar los avances deseados.

GIRA trabaja en el marco institucional de la Secretaría de Investigación de la Universidad Abierta Interamericana: UAI, de su Facultad de Desarrollo e Investigación Educativos y del Centro de Altos Estudios en Educación: CAEE, en el que se abrió la Línea de Investigación en Resiliencia Aplicada. Esta línea de investigación contempla estas necesidades y busca con su trabajo para operar con este constructo dinámico. La resiliencia y sus diferentes miradas constituyen no sólo una conceptualización teórica, sino que aparecen como una herramienta interesante para analizar y enriquecer las distintas tareas y acciones profesionales. Especialmente en los ámbitos social, cultural y educativo, resultan instrumentos valiosos para su planeamiento estratégico y para su gestión. GIRA, se ha constituido en la institución de referencia en el tema en Argentina, representado al país en el exterior participando de agrupaciones internacionales y de actividades académicas en distintos países. 

GIRA. Integrantes:

Directora: Dra. Mabel Munist, Codirectora: Lic. María Gabriela Simpson, Mag. Elena Santa Cruz, Esp. Geraldine Keulyan, Lic. Florencia Toht, Lic. Mariana Nóbile, Lic. Mariana Alonso.

Aparte de las demás actividades que ha planteado en su origen, en este marco institucional universitario lleva a cabo la tarea investigativa que implicó un primer proyecto de investigación: un estudio de caso sobre la mirada de la resiliencia en los profesionales de los equipos de orientación escolar, que ya está en la etapa final de elaboración de informes para socializar conclusiones. En la actualidad está iniciando un segundo estudio de caso 

¿Qué definición daría hoy de resiliencia luego tantos años de desarrollo académico que tuvo el constructo?

En mi opinión me adscribo a la corriente francesa que define la resiliencia como crecimiento postraumático, crecer y rehacerse desde la adversidad. Para mí la resiliencia es transformación. 

De los posicionamientos y posturas hasta ahora desarrollados entre los especialistas ¿en qué categoría la ubicaría capacidad, habilidad, proceso, potencial, etc.? ¿Qué etiqueta le sacaría o evitaría?

Desde mi punto de vista es un proceso de construcción bajo la influencia de experiencias y personas que favorecen su emergencia. Yo evitaría la etiqueta habilidad porque entonces serían un conjunto de habilidades aprendidas que no tienen necesariamente que implicar un proceso interno de transformación.




¿Cómo evalúa el desarrollo y la evolución de las teorizaciones y aplicaciones de la resiliencia?

Estimo que ha sido una revolución paradigmática en el sentido que se ha puesto el foco en el estudio de las variables internas y externas que están presentes en las personas que han conseguido hacer procesos resilientes. El foco no está en la patología sino en lo que tiene que darse para crecer y rehacerse desde la adversidad o el trauma. Se rompe el determinismo y el fatalismo de infancia infeliz = determinación de vida. Boris Cyrulnik y su obra “Los patitos feos” es sin duda la gran referencia porque personas en principio con grandes factores de vulnerabilidad e incluso con trastornos se rehacen y hacen procesos positivos. El da cuenta de un fenómeno que siempre existió, pero por el que nadie se interesó de una manera explícita ni se había investigado.

El riesgo está en que el término -al extenderse y los ámbitos de aplicación al ampliarse y llegar a todas las esferas de la actividad humana- puede convertirse como el gran argumento para aludir a que las personas pueden ser fuertes y “ser resilientes por sí solas” Entonces, como dice Jorge Barudy, se pervierte el término y se utiliza para recortar los servicios sociales, abusar del riesgo y de la integridad de los soldados, bajar los sueldos a las personas… La resiliencia debe de contemplar siempre a otro y a un conjunto de experiencias que suponen la disposición de recursos externos. 

¿Qué piensa de las distintas miradas que se desarrollaron sobre el constructo? ¿Cuál le es la más cercana a usted o considera más valiosa? ¿Por qué?

Yo he trabajado con dos de ellas y en el ámbito de la infancia maltratada: una es el proceso de transformación desde el trauma (Cyrulnik) gracias a las personas que disponiendo de recursos externos a los niños favorecen un proceso largo y complejo de resiliencia secundaria (Barudy): figuras adultas que con acompañamiento extenso, apoyo, afecto incondicional, límites coherentes y flexibles, creyendo en las cualidades de la persona y con un discurso que subraya el valor del superviviente consiguen ese proceso de reconstrucción sano en el niño herido y traumatizado por los malos tratos tempranos. La vinculación afectiva con ese tutor sería la clave cuando no se ha podido experimentar el vínculo de apego seguro en los primeros años de vida. 


Boris Cyrulnik

¿Cómo cree que evolucionará la conceptualización de la resiliencia? ¿Hacia dónde? ¿Por qué?

El mundo en el siglo XXI -un mundo cada vez más complejo- será relacional o no será. El otro, las relaciones significativas, las redes de apoyo… son y serán claves no sólo para colaborar sino para encontrar seguridad y confort y proyectarse al exterior y sus desafíos interiorizando las cualidades beneficiosas que incorporo de ese otro. Pienso que la investigación en resiliencia irá descubriendo qué aspectos de la relación con ese otro significativo promueven resiliencia y tienen poder para modificar el mismísimo cerebro generando neuroplasticidad. Sabremos cada vez más del cerebro y qué aspectos de lo relacional hacen que este desarrolle resiliencia, en suma, que la persona construya resiliencia.

Por ejemplo, Rafael Benito, psiquiatra y estudioso de la resiliencia cerebral, nos ha enseñado una fascinante investigación en la cual las personas que nacen con genes de alelo corto transportan de manera menos eficiente la serotonina entre las conexiones neuronales. Los cerebros de esas personas nacen así, pero no se determina nada porque la epigenética, como nueva ciencia, postula que el ambiente puede cambiar el modo en cómo las neuronas leen esos genes. Así pues, si los alelos de los genes de esa persona son cortos (transportan menos eficientemente la serotonina) pero si se encuentra con unos cuidadores tempranos conscientes de esto y transmiten una vivencia de apego seguro al bebé, esos genes pueden modificarse en su expresión y aumentar la eficiencia en la producción de serotonina. Esto generaría un factor de resiliencia. 

¿Qué elementos son imprescindibles para que se dé la resiliencia?

En el ámbito del maltrato infantil, que es donde yo estudio y aplico la resiliencia, es indispensable que exista una persona que crea en el niño y sea estable en su vida. Ese vínculo es indispensable para sanar de la herida de la vejación, vergüenza, humillación, dolor… y secuelas psíquicas y neurológicas que conlleva el maltrato. Después, hay que disponer de recursos externos, humanos y materiales, para poder contribuir a que ese niño desarrolle recursos propios internos (con el tiempo): modulación emocional, autocontrol, sentimiento de valía, mejores decisiones… Finalmente, apuntaría a que es importantísimo lo que Puig y Rubio apuntan: reintegrar en la biografía resilientemente lo traumático vivido encontrándole un nuevo sentido, un nuevo significado a través de las narrativas elaboradoras que favorecen la integración cerebral resolviendo los contenidos traumáticos y la coherencia del self.

¿Tienen más preeminencia algunos factores que otros?

Desde mi punto de vista, en todos los ámbitos donde se trabaje la resiliencia creo que “otro” al lado, una persona, es insustituible. Puede ser que en los casos de adultos una experiencia, un animal o variables psicológicas internas puedan tener más peso. No me atrevo a afirmarlo porque no he trabajado la resiliencia tanto con adultos. Pero con menores, desde luego que, por su vulnerabilidad, si no hay una persona que acompañe, estable y crea en sus recursos, no creo que sea posible la resiliencia. Quizá sí la resistencia, pero no una transformación.

¿Qué importancia le adjudica al papel del medio circundante para que el proceso de desarrollo de la resiliencia sea mejor?

En determinadas edades creo que juega un papel muy relevante, como en la adolescencia, donde por las características evolutivas propias de la etapa el grupo de iguales, la identificación con el mismo y con los signos y símbolos propios de ese grupo, del ambiente con el que interactúan, es clave en la identidad del joven. Pero, a pesar de todo, de que este medio ambiente influya como variable moduladora, pienso que el papel del vínculo con un tutor de resiliencia es más determinante porque puede ayudar a reflexionar sobre mis actos y mis circunstancias vitales. Vivir determinadas experiencias, pero contar con alguien que, desde una mirada distinta, te ayude a darte cuenta de esas experiencias ambientales, reflexionarlas e integrar en tu vida el fruto de esa reflexión me parece que juega un papel más relevante. 

¿Cómo definiría al tutor de resiliencia?

Yo he tenido la suerte de tener dos tutores de resiliencia, pero no lo supe hasta tiempo después. Al leer sobre el tema, e integrar vivencia con los aportes de los grandes de la resiliencia, creo que es alguien a quien encuentras, que tú le concedes ese papel de una manera implícita, porque se entreteje un vínculo afectivo entre ambos, y porque aparece en un momento clave de tu vida, cambia la mirada sobre ti y te hace descubrir cualidades propias insospechadas, te ofrece una aceptación fundamental, como dice Maryorie Dantagnan, y te acompaña durante largo tiempo. 




En la persona se opera un cambio del que en el momento y en el proceso no se es del todo consciente y comienzan a emerger recursos y cualidades internas insospechadas fruto de ese vínculo afectivo y de total confianza y creencia en ti. Entonces, se produce un truco de magia (como afirman Puig y Rubio en su libro “Tutores de resiliencia”) del que serás consciente años después, con la madurez, y en un momento determinado sientas ganas de buscar a esa persona y decirle cuán importante fue para ti en tu vida. En este sentido, yo pude encontrar a los tutores de resiliencia de mi adolescencia y mostrarles mi gratitud. Para mí fue algo impresionante, una inmensa felicidad poder celebrar ese encuentro. Es un truco de magia, en efecto, porque los tutores tampoco son conscientes de su papel hasta que el tutorizado se lo transmite… 

¿Quiénes pueden ser tutores de resiliencia? ¿Por qué?

Para mí sólo pueden ser tutores de resiliencia personas que hayan hecho un trabajo personal en el que hayan reflexionado sobre su infancia, la tengan elaborada, y hayan podido reintegrar en su biografía los aspectos traumáticos vividos. No hay nadie que no tenga ningún trauma. Una persona que quiere sanar a otra psicológicamente tiene que estar a su vez sanada. Si no, puede confundir su necesidad con la del otro. Esto es especialmente importante para todos los que trabajen con menores. Tenemos que mentalizar a las personas y ser capaces de poder ver y sentir sus necesidades, diferenciándolas de las nuestras, para no enredarles con ellas. Un tutor de resiliencia necesita de supervisión personal, probablemente. 

¿Cuál es el germen, el origen o la causa primera que haga que una persona se vincule especialmente con otra para desarrollar su propia capacidad de resiliencia?

Me parece una pregunta muy inteligente y a la vez muy compleja y difícil de contestar. Quizá nazca de un compromiso ético profundo con la sociedad y los desfavorecidos, y de la naturaleza cooperativa y de ayuda y apoyo a los demás que late en el fondo de los seres humanos y que subyace en estructuras neurobiológicas preparadas para la social. Las mismas estructuras neurobiológicas que participan en los ciclos de la violencia también lo hacen en la empatía. Cambia la experiencia que uno ha tenido y cómo esta ha esculpido las redes neurales. Desde que nacemos, nuestro estímulo favorito son las caras humanas. Por eso está en nuestra naturaleza. Esto ya lo decía Aristóteles, creo, que el hombre es un animal social. 

Pero para vincular con otro es necesario que uno mismo haya experimentado un vínculo y haber reflexionado sobre el mismo. Sin sentir y saberse vinculado, ese aspecto interno y estructural, es difícil poder vincular al menos auténticamente con otro y ayudarle a desarrollar su propia resiliencia.

¿Qué características esenciales tiene que tener el tutor de resiliencia?

Aceptación fundamental del otro, acompañamiento a la persona, evitar la suplantación del otro (que llevaría a pretender inconscientemente satisfacer necesidades propias en el otro), cambio de mirada, disposición de recursos externos, capacidad para establecer vínculos afectivos, estabilidad emocional e historia de apego seguro o ganado a la seguridad a través de la reflexión. Tener paciencia y la convicción de que los cambios profundos son lentos y tardan, no buscar soluciones facilistas pero efímeras. 

¿Cómo definiría su rol o su función? ¿Qué hace o qué debería hacer un tutor de resiliencia para promoverla en un otro?

Tiene que existir presencia y relación continuada en el tiempo para que pueda producirse el vínculo. Cuando hay vínculo el tutorizado ya confía, y se abre y siente seguridad y colabora y participa activamente en su propia sanación. 

No juzgar a las personas, darles afecto y oportunidades incluso cuando sus actos no lo merecen, creer en los recursos internos de la persona tutorizada y ayudarle a desarrollar nuevos, favorecer contextos donde pueda participar e integrarse en la comunidad desde su talento o valía, darle empatía y la experiencia de sentirse sentido en las crisis, momentos de dolor y de recaídas. El cerebro tiene los recursos internos para sanar si encuentra un entorno y personas saludables. Soy consciente de que todo esto es muy difícil. "¡Casi nada!"- me dicen algunas personas. Pero creo que debemos prepararnos para ello. Insisto en que no buscamos personas perfectas sino conscientes y con cualidades. Incluso ser capaz de darte cuenta de que te has equivocado con tu tutorizado puede tener enorme repercusión positiva. En la terapia, cuando yo siento que no me he mostrado receptivo empáticamente con mis pacientes, reparo esta acción. 



Portada del libro de Cyrulnik "Los patitos feos"

¿Cómo no debería ser? ¿Qué características se deberían evitar para poder ser un tutor de resiliencia?

Personas que por trastornos de la personalidad u otras causas busquen sanarse ellas mismas a través del otro. Entonces, se puede suplantar a la persona porque ya no se le ve como sujeto propio. No se está atento a la necesidad del otro sino a la propia creyendo que es la que ese otro necesita. 

Quienes sean inestables emocionalmente y no regulen sus emociones o impulsos y sean contradictorios e incoherentes entre lo que dicen y hacen. 

Personas que juzgan a los demás y/o son excesivamente normópatas (obsesivos de las normas y los límites), rígidas e inflexibles, con dificultades para entender y adaptarse al otro. 

Personas con trastornos o dificultades para la empatía (sin empatía tampoco puedes sanar al otro), aunque lo parezcan, hacen un “como sí”, pero no son empáticos de verdad.

¿Son ideas análogas o complementarias la del "tutor de resiliencia" y la del "otro significativo"? ¿Qué las une y qué las diferencia?

Todos los tutores de resiliencia suponen un otro significativo pero no todos los otros significativos son tutores de resiliencia... Creo que el tutor de resiliencia conlleva, como afirma Cyrulnik, una persona -o experiencia- a la que encuentras, es el viraje de tu existencia, favorece una transformación desde el dolor y la muerte psíquica que es el trauma, por eso supone un renacer a partir de conocer a esa persona y/o experiencia, que será incondicional en su afecto y apoyo, y tiene que darse ese cambio de mirada a partir del cual tú te empiezas a ver de otro modo, junto con el apoyo que te permite transformarte, cambiar de piel como un camaleón pero sin dejar de ser tú.

¿Sólo las personas pueden ser tutores de resiliencia?

Está claro que no. Lo dice Cyrulnik: es una persona, experiencia o lugar… 

Un joven me contó que sin su padre (le abandonó), fracasado escolarmente, con su madre todo el día fuera de casa para poder trabajar y dedicándole muy poco tiempo, en un barrio conflictivo y con drogas, bajito y delgaducho como era… tenía todos los boletos para caer en la inadaptación social. Pero en un escaparate se encontró con una bicicleta y… quieto durante un tiempo conectó con que quizá él podría ser bueno en eso… Y hoy es el día en que es un conocido ciclista –no diré el nombre por confidencialidad- Es evidente que la resiliencia no sólo es esto, después tuvo que trabajar duro y tener personas a su lado, algunas serían “otros significativos”, no tutores. Pero… yendo a la pregunta, ¿quién fue el tutor? ¿Qué marcó el viraje de su existencia, el cambio de mirada, la transformación? El momento que en que la bici le hace darse cuenta que él puede valer para algo y darle un nuevo sentido a su vida. Luego hay que tener personas al lado que te acompañen y te apoyen en todos los aspectos de tu vida, claro, y trabajar por ello, si no eso podría quedar en un mero espejismo.

¿Cree que se precisa una nueva definición de esta figura? ¿Por qué?

No lo sé con seguridad. No sabría responder a esta pregunta. Sólo daré una opinión que puede estar equivocada. Creo que habría que investigar aún más porque tampoco llevamos tanto tiempo con este concepto y fenómeno de la resiliencia como para plantearnos tan pronto una nueva definición. Personalmente, creo que todo lo que se aleje de la idea de Cyrulnik y Barudy no será resiliencia en estado puro. Será otra cosa, pero no resiliencia. Habría que seguir trabajando en esta línea y hacer nuevos aportes desde ese concepto, desde ese marco epistemológico, tal y como él lo ha desarrollado. 

¿Los animales pueden ser considerados tutores de resiliencia? ¿En qué circunstancias y/o en qué condiciones podrían ejercer ese rol?

Creo que sí pueden ser considerados tutores de resiliencia. De hecho, lo dice el maestro Cyrulnik. En un libro suyo alude a una niña sola, abandonada emocionalmente, que todos los días se abraza al cuello de su perro y le habla y le cuenta sus sentimientos. El perro le escucha, responde con gemidos y miradas de afecto y está con ella cien por cien de modo incondicional. ¿Quién diría que no? Hay menores que me han dicho que en casa el único que les recibe y les da cariño, apoyo y afecto, es su perro… Ahora bien, yo creo que con los menores los perros pueden jugar ese papel de ser tutores de resiliencia (sobre todo en afecto, escucha, sentirse apoyado incondicionalmente…) sin duda. Pero… pienso que es imprescindible, además, el acompañamiento de un adulto competente a su lado porque un niño o joven difícilmente puede vivir en un mundo tan duro y complejo sin ese adulto que crea en él y cubra sus necesidades. Un perro puede cubrir unas y ser extremadamente importante, pero creo que no puede sustituir a un adulto. Difícilmente sacaremos adelante a un niño sólo con un perro, sobre todo a menores traumatizados gravemente… Necesitamos de toda la tribu social, incluida un perro. 

¿Tuvo personalmente un vínculo con un animal que podría ser ejemplo de la relación con un tutor de resiliencia?

La verdad es que no. Tuve un perro de pequeño, pero no jugó ese rol. Más bien era un divertimento, no lo tengo interiorizado y valorado como tutor de resiliencia. No he tenido esa suerte.

¿Conoce actividades o intervenciones profesionales con animales que impliquen a los mismos como tutores de resiliencia? ¿Qué opinión le merecen?

Loretta Cornejo Parolini, peruana afincada en España, Madrid, desde hace unos cuantos años (sin olvidarse de su amada Perú) es pionera en el trabajo con un animal en la psicoterapia. Lleva haciéndolo desde hace muchos años. Fue motivo de un reportaje que emitió el canal Tele 5 en España. Es una experiencia de tutorización de resiliencia dentro de un contexto psicoterapéutico.



En el País Vasco, donde resido, existe una Asociación denominada Anothe que trabaja con jóvenes en riesgo de exclusión social por diversos factores, que realiza programas grupales e individuales de terapia asistida por animales, con mucho éxito.

¿Cree que los perros puedan ser tutores de resiliencia en procesos de orientación u otras intervenciones profesionales?

Creo que, si una persona encuentra a un perro especial y, como esa niña de la que habla Cyrulnik, para ella es quien da sentido a su vida, implícitamente podemos hablar del perro como tutor de resiliencia. Los perros, explícitamente, en un marco profesional, elegidos y entrenados para ello, pueden ser, con adultos (eso sí) que lo regulen, tutores de resiliencia. No veo por qué no.

¿Considera que algunas intervenciones profesionales podrían beneficiarse al incorporar a las mismas al perro como tutor de resiliencia?

Por supuesto, como he comentado antes, ya hay experiencias en marcha que lo atestiguan.

¿Qué causas o razones encuentra a la relación tan estrecha entre hombres y perros (o animales en general)?

Pienso que ambos somos mamíferos y compartimos un cerebro igual desde el sistema límbico hacia abajo, aunque obviamente hay diferencias entre el cerebro humano y el del can. Ambas especies somos límbicas, lo cual hace que podamos sentir, jugar, conectar emocionalmente, tener capacidad para vincular (los perros también experimentan el vínculo de apego con sus madres) y, por lo tanto, dispensar afecto, apoyo y ser confiables. Según he podido leer en un número reciente de la revista “Mente y cerebro”, tanto las personas como los perros estamos especializados en oír las voces e interpretar su significado, por eso sentimos que el perro nos entiende. En esa misma revista se dice que el vínculo entre perros y humanos es intenso y fuerte, y da lugar a una de las relaciones más sólidas que puedan existir. Es como si estuvieran, humanos y perros, hechos el uno para el otro.

¿Conoce la Antrozoología? Si la conoce ¿qué opinión le merece su desarrollo como ciencia? ¿Qué le podría aportar al constructo de la resiliencia? 

Pues la verdad como tal no he oído hablar de ella. Estaré encantado de que alguien me explique qué es y qué estudia.

lunes, 28 de mayo de 2018

Taller básico de la caja de arena (Sandtray) en Madrid, 14 de julio 2018, organiza Psicoveritas.

Taller básico de la técnica de la caja de arena
Cómo conducir una sesión con la caja de arena (Sandtray) 

Madrid, 14 de julio 2018
Organiza: Psicoveritas


PRESENTACIÓN

Esta técnica permite trabajar cuando resulta difícil la verbalización de los contenidos psíquicos; y esto es especialmente importante cuando el paciente tiene dificultades en ponerlos en palabras, como ocurre habitualmente en los niños. Cuando el origen del problema es un trauma infantil, recordar y explicar es una fuente adicional de sufrimiento. Utilizar la caja de arena permite la distancia emocional necesaria para ir elaborando la experiencia traumática sin tanto dolor. Además, el juego es el lenguaje natural del niño y le aporta una narrativa que le permite liberar, expresar y simbolizar, desarrollando sentimientos de control, lo que sucede y lo que vive en su interior. El modelo teórico en el que insertamos la aplicación de la técnica se basa, pues, en las aplicaciones del trauma, el apego y la resiliencia.


En este curso básico pretendemos que los alumnos/as puedan sentir la experiencia de hacer una caja de arena aplicando correctamente los pasos que se deben de seguir para llevar adelante una sesión con la caja de arena en sus tres fases: preparación, creación y postcreación, tanto desde el rol del paciente como del psicoterapeuta.

Aprenderemos los orígenes de la técnica, los materiales que necesitamos y dónde adquirirlos, las consignas que deben de darse al paciente, los aspectos que deben de respetarse, alcances y limitaciones de la técnica, la actitud del terapeuta y las precauciones con determinados pacientes.

Lo más importante de todo es la vivencia de realizar la caja de arena con un terapeuta conectado emocionalmente y receptivo empáticamente. Por ello, la mayor parte del tiempo del taller la dedicaremos a la práctica, a que todos/as los/as alumnos/as hagan su caja de arena y puedan ensayar el rol de psicoterapeuta.

METODOLOGÍA

Comprende la elaboración de cajas de arena por parte de los alumnos, aprendiendo los pasos en la aplicación y conducción de una sesión junto con breves exposiciones teóricas y el visionado de vídeos con casos prácticos reales.

DURACIÓN

8 horas.

De 9,00h a 13,30h - 14,30h a 18,00h



DOCENTE


José Luis Gonzalo Marrodán. San Sebastián-Donostia, 1967. Psicólogo Especialista en Psicología Clínica. Psicoterapeuta por la EFPA. Postgrado en traumaterapia sistémica-infantil por el IFIV de Barcelona. Clínico EMDR adultos y EMDR en niños y adolescentes (nivel II) Trabaja en su consulta privada realizando tratamiento psicoterapéutico a niños, adolescentes y adultos. Desde 1999 su campo de interés profesional se centra en la psicoterapia basada en el apego y en la traumaterapia con niños y jóvenes adoptados y acogidos. Combina su actividad como psicoterapeuta con la de formador de profesionales y familias. Dirige el blog: www.buenostratos.com.

INFORMACIÓN E INSCRIPCIONES

Enviar nombre y apellidos con el resguardo de la transferencia al correo:

mlapastora@gmail.com

Datos bancarios. Psicoveritas:

ES56 2095 0573 1091 14960247

Precio: 185 € si se realiza el pago antes del 1 de julio de 2018

200€ entre el 2 y el 13 de julio de 2018

LUGAR DEL CURSO

C/ San Bernardo, 97, bajo, MADRID

Tel.: 91 594 36 72 / 656 913 859

www.psicoveritas.es

lunes, 21 de mayo de 2018

Tratamiento psicoterapéutico de los trastornos alimentarios y el trauma complejo con terapia EMDR. Por Natalia Seijo, psicóloga especialista en trastornos alimentarios.

Diez meses, diez firmas III

Profesional invitada en el mes de mayo de 2018: 

Natalia Seijo.
Psicóloga especialista en trastornos alimentarios

Título de su artículo: 

Tratamiento psicoterapéutico de los trastornos alimentarios 
y el trauma complejo con terapia EMDR.






Conocí por un breve instante a Natalia Seijo en el Congreso Nacional de EMDR en Madrid hace cuatro años. Había oído hablar de ella como una autoridad en el ámbito del trauma y los trastornos de alimentación, como así es y así lo atestigua su brillante curriculum. Fue apenas una breve presentación donde ella se mostró amable, lo es con todo el mundo. Como sabéis, hace unos meses otra gran especialista en la materia escribió un post magnífico sobre trastornos de alimentación desde la óptica del trauma: Gema García. La propia Gema me animó a dirigirme a Natalia Seijo para que escribiera sobre tratamiento pues ella es la experta. Gema se ha formado con Natalia y le conoce. “No me atrevo, me parece muy osado” – Le dije a Gema. “Es que no le conozco, tan solo me la presentaron“No importa, Natalia es, además de una gran profesional, una persona cercana y accesible, muy agradable, se lo puedes plantear con toda tranquilidad” Gracias a Gema, me animé a ello. Pronto recibí un mail de Natalia en respuesta al que le envié diciéndome que ¡aceptaba encantada escribir como firma invitada para Buenos tratos! Cuando, emocionado, se lo agradecí, Natalia Seijo me comentó que el proyecto del blog le parece una bonita comunidad que merece ser apoyada. ¡Qué puedo decir! Si estuvieras aquí presente, Natalia, te ofrecería un aurresku de honor, un solemne baile vasco que se les brinda a las personas y autoridades para honrarles y homenajearles. Recíbelo simbólicamente. Este artículo escrito con total dedicación y en exclusiva para nosotros/as, desarrolla la terapia EMDR para el tratamiento de los trastornos alimentarios. ¡Muchísimas gracias Natalia Seijo por escribir generosamente para Buenos tratos, por formar parte del ilustre elenco de profesionales que han colaborado en nuestro blog!

Natalia Seijo. Soy psicóloga especializada en trastornos alimentarios, psicosomática médica, trauma complejo, apego y disociación. Directora desde hace 20 años del Centro de Psicoterapia y Trauma en Ferrol (A Coruña). Supervisora y facilitadora EMDR. Psicoterapeuta certificada en diferentes enfoques terapéuticos somáticos para el trabajo con el trauma. Profesora del Máster de Terapia EMDR en la Universidad Nacional a distancia (UNED).

En la actualidad compagina el trabajo en terapia con pacientes, con su labor como ponente nacional e internacional en congresos y talleres especializados en Trastornos alimentarios trauma complejo, apego y disociación, trastornos psicosomáticos y trabajo con defensas en terapia.

Ha escrito diferentes artículos y colaborado en capítulos de libros.

Autora de los protocolos que a continuación se describen que serán publicados próximamente.

EMDR Protocolo de EMDR para lo TA. En M. Luber (Ed.) Eye Movement Desensitization and Reprocessing EMDR Therapy: Scripted Protocols and Summary Sheets.New York: Springer Publishing Company.(En prensa)

(2016). Protocolo EMDR de la distorsión de la imagen corporal : Yo Rechazado. En M. Luber (Ed.) Eye Movement Desensitization and Reprocessing EMDR Therapy: Scripted Protocols and Summary Sheets.New York: Springer Publishing Company.(En prensa)

Redes sociales:

Linked in… seijonatalia@gmail.com

www.nataliaseijo.com


INTRODUCCIÓN

Hace ya años, uno de los asistentes a un congreso levantó la mano y preguntó al ponente: «¿Me podría decir qué tienen en común los diferentes trastornos alimentarios?». Aquella pregunta, que me pareció brillante, permaneció revoloteando en mi cabeza. Aunque pertenecen a la misma familia, los trastornos alimentarios se diferencian entre sí tanto por el nombre como por la sintomatología. Pero, además de utilizar la comida como estrategia de supervivencia, tendrían que confluir en algún otro punto común. 

Esta pregunta despertó mi curiosidad y me motivó a buscar respuestas más allá de lo obvio, a profundizar más allá del síntoma y de la comida. Basándome en mi experiencia clínica, pude empezar a definir las diferentes capas en las que se estructuran estos trastornos. 

La primera de estas capas es la razón por la cual utilizo el acrónimo TA (trastornos alimentarios) en lugar del más conocido TCA (trastornos de la conducta alimentaria). Hablar de trastornos de conducta reduce estos trastornos al comportamiento que muestra el paciente en relación a la comida. Trabajar solo con esta primera capa puede ayudarnos a resolver el problema de la conducta con la comida y nos obliga a trabajar en prevenir recaídas, es decir, en impedir que la conducta problemática relacionada con la comida vuelva a reaparecer. Sin embargo, no presta atención a lo que se encuentra en la raíz de dicha conducta, que se mantendría latente en las capas más profundas. 

Para impedir que el trastorno resurja más adelante si la persona necesita volver a emplear las estrategias que dieron resultado en el pasado para regularse, calmarse o sentirse segura a través de la comida, necesitamos continuar adentrándonos en estas capas más profundas. Al emplear el término más general de trastornos alimentarios, abrimos la puerta a la posibilidad de explorar también temas como el trauma, el apego y la disociación. La metáfora del iceberg resulta muy apropiada: lo que podemos percibir a simple vista es la punta del iceberg, pero la auténtica realidad del trastorno reside en lo que no se ve.

Gracias a lo que he aprendido de las personas que he tratado –que son quienes realmente me han enseñado acerca de estos trastornos y me han permitido entenderlas y adentrarnos juntas hacia las capas más profundas– he sabido entender que trabajar con la conducta relacionada con la comida no es suficiente. Cada caso necesita ser conceptualizado individualmente para, así, poder llegar a ver qué contiene cada una de las capas para que la persona haya llegado a desarrollar el trastorno. 

El tratamiento de los TA se puede describir gráficamente como un tratamiento en alcachofa (Seijo, 2012). Utilizo esta metáfora porque es fácil de visualizar y sirve para explicar la dirección que hemos de tomar durante el tratamiento, desde fuera hacia adentro, desde las capas más externas hacia las más internas, así como los pasos que hay que dar. Al trabajar con las diferentes capas de la alcachofa, hemos de proceder con sumo cuidado, tomándonos el tiempo suficiente como para que cada una de esas capas se vaya desprendiendo y podamos acceder al corazón de la alcachofa. Este corazón, donde reside lo más frágil de la persona, es nuestro objetivo en la terapia. Habrá que proceder con mucha delicadeza para evitar dañarlo.

Este artículo pretende mostrar lo sanadora e integradora que puede llegar a ser la terapia EMDR a través de la resolución de casos de TA con trauma complejo. 

LOS DIFERENTES TRASTORNOS ALIMENTARIOS

Cuando hablamos de TA estamos haciendo referencia implícita a los diferentes modos en que las personas se vinculan patológicamente con la comida para afrontar o compensar experiencias de vida. Una persona que desarrolla un TA utilizará la comida de una manera u otra para cubrir necesidades emocionales o compensar su desregulación afectiva. La cuestión que se plantea es determinar de qué depende que una persona restrinja la ingesta de comida hasta poner en riesgo su vida, que otra persona se dé atracones y luego vomite, o que una tercera coma sin límite. Esta variabilidad depende de diferentes factores que están relacionados, en su mayor parte, con el apego.

Bowlby (1989) define el apego como «una vinculación afectiva intensa, duradera, de carácter singular, que se desarrolla y consolida entre dos individuos, por medio de sus interacciones recíprocas, y cuyo objetivo inmediato es la búsqueda y mantenimiento de la proximidad en momentos de amenaza. Esto proporciona seguridad, consuelo y protección. No se trata de un sentimiento inmaterial, sino de conductas observables que comienzan de manera refleja.» (p. 40-41)

Esta vinculación afectiva en la infancia determina la relación con uno mismo y con los demás. En función de la relación que se pueda establecer con las figuras de apego (la madre y el padre, o las personas que ocupan su lugar), esta vinculación podrá ser segura o insegura. Mary Ainsworth (1978) estableció una clasificación que incluía el apego seguro y dos tipos de apego inseguro: evitativo y resistente o ansioso ambivalente. Más tarde, Main y Salomon (1986) agregaron el apego inseguro desorganizado a la clasificación.

En función del tipo de apego, las personas nos vinculamos de una manera u otra. En pacientes de TA, el tipo de vinculación que caracteriza al apego se corresponde con el tipo de vinculación que la persona va a establecer con la comida. 

En base a mi experiencia clínica, los diferentes TA están asociados con los diferentes tipos de apego del siguiente modo:

· Anorexia nerviosa (AN): el tipo de apego predominante es el inseguro evitativo/ desorganizado

· Trastorno por atracón (TPA): el tipo de apego predominante es el inseguro ambivalente/evitativo 

· Bulimia nerviosa (BN): el tipo de apego predominante es el apego desorganizado. El apego desorganizado es el apego que tiene asociado un origen en experiencias de trauma.

Es importante conocer el apego en las personas con TA porque de ello va a depender el vínculo que hagamos en terapia. 

LA TERAPIA EMDR CON LOS TRASTORNOS ALIMENTARIOS

En el año 2013, la Organización Mundial de la Salud (OMS) incluyó la terapia EMDR como una de las terapias de elección para trabajar con el trastorno de estrés postraumático (TEPT). Este abordaje terapéutico no solo ayuda a reprocesar el trauma y las experiencias adversas de vida, sino que, además, las integra de tal modo que no vuelven a perturbar ni a influir en las situaciones del presente.

Con el descubrimiento de esta terapia, la duración del trabajo con los TA se reduce a la mitad. Como se ha mencionado previamente, la comida es la manera en la que las personas que padecen TA han aprendido a gestionar su vida. Si procesamos todos aquellos traumas o experiencias de apego que están generando el malestar, ¿qué ocurre con la comida? El resultado es que la comida se regula hasta que deja de ser necesaria como manera de compensar sensaciones internas de insatisfacción, flashbacks de recuerdos traumáticos, sensaciones internas que pertenecen a experiencias que se han disociado por ser abrumadoras, etc.

El enfoque EMDR se compone de 8 fases de tratamiento a través de las que se elabora una conceptualización del caso y un plan de tratamiento adaptado a cada paciente. En estas 8 fases, el terapeuta va accediendo al mundo interno de la persona, suavizando defensas y aplicando recursos hasta que se llega al punto en que es posible comenzar a reprocesar todos aquellos disparadores relacionados con la comida y los recuerdos que originan y mantienen el trastorno.

DESARROLLO DE LAS FASES DE EMDR EN LOS CASOS DE TA

FASE 1: Recogida de Historia

En esta primera fase, el profesional recoge la historia en la que, además de la información habitual que se suele recoger con otros pacientes, habrá que preguntar información específica referida a los siguientes puntos:

· Historia del apego

· Historia del cuerpo. En el trauma complejo, el cuerpo puede estar asociado directamente con el trauma, como ocurre en el caso de los abusos sexuales. El cuerpo en sí mismo se acaba convirtiendo en un disparador del trauma, por lo que en muchos casos las pacientes lo sienten despersonalizado. 

· Diagnóstico y/o diagnósticos asociados

· Historia de las dietas

· Historia de las hospitalizaciones, si las hubo

· Historia del peso

· Cómo eran las horas de comer en casa

· Alimentos prohibidos

· Abuso sexual o de poder

· Miradas o conductas que hayan podido dañar en el pasado

· Lista de traumas, incluido el de humillación, tan frecuente en los TA. 

· Información acerca del trastorno: restricción, atracones, purgas, autolesiones, etc. Esto siempre se ha de hacer con gran respeto por la vergüenza que sienten estas personas cuando tienen que revelar esta información.

· Información acerca de las situaciones que funcionan como disparadores de atracones, de purgas, de restricción. 

· Información acerca de las épocas en las que pudo no estar presente el problema.

· Información acerca de los momentos en los que el problema tuvo mayor intensidad.

· Información acerca de la época en la que comienza el problema. Exploramos qué estaba pasando entonces y todo lo relacionado con el origen. 

En esta fase también podemos emplear, entre otras, pruebas como el DES para valorar la presencia de disociación, la entrevista de apego para determinar el tipo de apego y el uso del genograma para recoger información de la familia. Como se ha indicado anteriormente, es de gran relevancia conocer el tipo de apego para saber cómo vincularnos con la persona con la que vamos a crear la relación terapéutica.

FASE 2: Preparación (regulación y estabilización)

Esta fase es una de las más importantes en el trabajo terapéutico ya que nos permite preparar al paciente para el trabajo terapéutico, ayudarle a regularse y proveerle de una mochila llena de herramientas con las que poder hacer frente tanto al resto de la terapia como a su vida en general. En esta fase y mediante una serie de pasos y elementos, iremos construyendo una base adecuada para que el material traumático se pueda reprocesar de forma segura a lo largo del resto de las fases.

En esta fase 2, los pasos que seguiremos serán: vínculo y sintonía, psicoeducación, trabajo con defensas, recursos y elaboración del mundo interno.

Habilidades del terapeuta

Algo que como terapeutas debemos tener en cuenta al trabajar con estos trastornos son las habilidades que se requieren para una buena vinculación. Entre ellas estarían la compasión –entendida desde el comprender, no desde el compadecer–, la prudencia, la paciencia, la empatía, y la disponibilidad.

Vínculo y sintonía terapéutica

Si algo se ha de tener en cuenta cuando trabajamos con TA es la vinculación y la sintonía necesarias para desarrollar una buena relación terapéutica. En estos trastornos, una de las maneras en las que se compensan las necesidades no cubiertas en la infancia es a través de la comida. Con frecuencia, la figura de apego segura es prácticamente inexistente en la historia de muchas de estas personas. En algunos casos, las figuras de apego eran atemorizantes (apego desorganizado), con patologías, disociativas, etc. 

Por ello, es necesaria la reparación del apego a través de una figura de apego seguro sustitutivo: el terapeuta. De este modo, la relación terapéutica se convierte en el sostén de lo que se vaya desarrollando a lo largo del tratamiento. 

Cuando en la relación terapéutica existe sintonía, el paciente puede percibir que está acompañado en su proceso. Para las personas que padecen TA, esto marca una gran diferencia a la hora de hacer terapia, debido a las características de su mundo interno. Además, genera la capacidad de ponerse en los zapatos de la persona que sufre el trastorno y facilita a los profesionales el desarrollo de la compasión. Dicha compasión –como indicamos anteriormente y recalcamos de nuevo debido a su importancia– entendida siempre desde el comprender, no desde el compadecer. La sintonía y la empatía, por tanto, van de la mano en el proceso terapéutico. 

La sintonía se puede clasificar en base a las áreas de funcionamiento de la persona descritas por Erskine (1997): el ritmo, el desarrollo evolutivo y el afecto.

· Sintonía rítmica. El proceso terapéutico sigue su curso en función de la conciencia que tiene el terapeuta de los ritmos del paciente.

· Sintonía evolutiva. El terapeuta está atento al nivel evolutivo del funcionamiento psicológico del paciente, para así captar lo que surja que el paciente no exprese a nivel narrativo, lo que no se dice.

· Sintonía afectiva. El terapeuta ha de ser consciente de contener a nivel emocional cubriendo las necesidades afectivas del paciente, aunque estas no sean obvias, regulando la parte del niño no visto, tan común en estos trastornos. 

Psicoeducación

Es adecuado proporcionar información específica en diferentes áreas que son importantes en el proceso de recuperación. Se parte de la base de que las personas con TA habitualmente no entienden los factores que causan los síntomas principales (Garner, 1985), por lo que la psicoeducación ayudará a que la persona pueda:

· Entender mejor el trastorno que padece 

· Responsabilizarse del cambio

· Aumentar su motivación 

· Reducir defensas

En la bulimia nerviosa, por ejemplo, la psicoeducación es tan necesaria que estudios como los de Olmsted et al. (1991) indican que la frecuencia de los vómitos se reduce hasta un 30% cuando las pacientes llegan a entender que el círculo atracón – vómito está asociado a la restricción a la que se someten previamente. Las situaciones o experiencias que actúan como disparadores del círculo atracón-vómito (p.ej., una situación concreta de vida, un evento asociado al trauma, una experiencia conectada a un tema relacional de apego, etc.) activan una emoción o sensación interna que se convierte en abrumadora. La paciente, por tanto, utiliza el refugio seguro mediante el cual ha aprendido a calmarse: la comida. Para compensar la cantidad de comida ingerida, las pacientes o bien vomitan (BN purgativa) o bien realizan otro tipo de conductas como ejercicio físico intenso o el uso de laxantes (BN no purgativa). En su afán por «hacerlo bien a partir de ahora», entran en una restricción intensa de comida en los días posteriores al atracón, lo cual generan unos niveles de ansiedad elevados que, a su vez, perpetúan indefinidamente este círculo atracón–vómito. 

Otro aspecto que requiere especial atención en este proceso de regulación y estabilización es ofrecer psicoeducación acerca de dos conceptos muy relacionados: el borde del trauma (Seijo, 2014) y la ventana de tolerancia (Siegel, 1990). 

La ventana de toleranciarepresenta el rango de intensidad emocional que cada persona es capaz de experimentar sin dejar de sentir la regulación y la estabilidad necesarias para mantener una sensación de seguridad. Los márgenes inferior y superior de la ventana de tolerancia se corresponden con los dos extremos de la activación del organismo.

· La hiperactivación es un estado en el que se sienten emociones como la ira, el miedo o la vergüenza, que están relacionadas con un aumento de la actividad del sistema nervioso simpático.

· La hipoactivación es un estado en el que se evita sentir experiencias internas que bloquean y paralizan, y se corresponde con un aumento de la actividad del sistema nervioso parasimpático.

Un objetivo fundamental en la terapia es la dilatación o expansión de los márgenes de la ventana de tolerancia, lo que ayuda a que las reacciones sean calmadas a medida que la persona va adentrándose en el trauma. 

Mediante la metáfora del borde del trauma, explicamos a los pacientes que lo principal para poder estar presente en sesión –sin que la persona se desborde ni las defensas provoquen la desconexión del proceso terapéutico, es decir, sin que se salga de su ventana de tolerancia– es reconocer los indicadores de que está comenzando a sentirse abrumado, es decir, reconocer el borde del trauma. Si la persona no reconoce estos indicadores, puede que se salga de su ventana de tolerancia, en cuyo caso no estará receptiva para integrar lo que se esté procesando en la sesión debido al estado de desregulación provocado.

Para evitar esto, se ha de ofrecer psicoeducación sobre las diferentes sensaciones, emociones o cogniciones que pueden aparecer como indicadores de que lo que está surgiendo en sesión resulta excesivo para la persona. Algunos ejemplos de indicadores frecuentes son: dejar de sentir las manos y los pies, sentirse como en una película, quedarse dormida o sorprendentemente relajada, reírse cuando lo que encaja con la situación es el llanto, etc. Estos ejemplos se los podemos ofrecer a la persona para que se haga consciente de sus propios indicadores. También le explicaremos que, si a lo largo de la terapia aparece alguno de esos indicadores, lo nombraremos y detendremos el proceso para que pueda sentir control y seguridad, elementos muy necesarios para estos pacientes durante el proceso de terapia. De este modo, la persona aprende a desarrollar la autorregulación, no solo en sesión, sino en su día a día. 

Trabajo con defensas

Las defensas son aquellas estrategias que se activan como método de protección. A pesar de esta función protectora, las defensas pueden provocar bloqueos durante el proceso terapéutico. Es conveniente trabajarlas en la fase 2, suavizándolas para luego neutralizarlas y así ir paulatinamente expandiendo la ventana de tolerancia. Esto nos permitirá acceder a capas más profundas y procesar aquellas experiencias o eventos que dieron lugar al trastorno.

Cuando trabajamos en los TA con trauma complejo, hemos de tener presentes los indicadores de las defensas de supervivencia. Estas son aquellas defensas que se activan cuando el mundo interno de la paciente sospecha que puede haber amenaza de reexperimentar el dolor, el miedo o la rabia al revivir el trauma. La persona puede reaccionar de diversas maneras –congelándose (incapacidad de sentir o reaccionar de forma activa), disociándose (desconectar de la realidad del momento presente) o entrando en modo lucha (con enfado y rabia)– en función de su propia tendencia de actuación ante el trauma. Los sistemas de defensa del mundo interno activan estas defensas de hipo- e hiperactivación, muestra de que se ha traspasado el borde del trauma y como consecuencia la ventana de tolerancia, lo que genera en la persona un estado de desregulación frente a la posibilidad de sentirse abrumada. Será importante tener esto en cuenta para prevenir que suceda.

El cuerpo, en ocasiones el gran desconocido, es esencial en el trabajo con estos trastornos, ya queuna de las defensas más habituales son las llamadas defensas somáticas.El trabajo con estas defensas es fascinante debido a que el cuerpo contiene los fragmentos del trauma, lo sentido, lo emocional y el impacto de los eventos adversos de vida, y esto va a ir surgiendo habitualmente en los pacientes cuando estas defensas se van suavizando y neutralizando. La observación de la experiencia corporal y el estar en sintonía con la persona nos permite ponerle palabras a lo que surge del cuerpo para que se pueda llegar así a darle sentido. Es decir, primero nombramos y después tiene lugar el «darse cuenta» de todo lo que surge desde estas defensas somáticas. A este nivel, la información que aparece es esencial tanto para que el cuerpo pueda procesar como para comprender. 

Cuando trabajamos con TA y trauma complejo es fundamental saber que un tipo de defensas que van a surgir son las defensas de supervivencia. Las defensas de congelación, por ejemplo, están muy relacionadas con los TA. Algunos autores (Nihenjius y Vanderlinden, 1995) asocian las conductas de atracón y vomito en la BN, de atracón en el TPA, y de restricción en la AN con la defensa de congelación. El cambio radical en los patrones alimentarios es, por tanto, una respuesta al trauma. 

En los TA con trauma complejo surgen, además, las llamadas fobias al trauma. Estas fobias funcionan como defensas de gran intensidad y, en ellas, el miedo es la emoción predominante que impide que se pueda desarrollar el trabajo en terapia.

Tradicionalmente, las fobias han sido relegadas a los trastornos de ansiedad y se entienden como dirigidas generalmente a fenómenos externos (p.ej., fobia a las arañas, a las alturas, a los gérmenes, fobia social, etc.). Sin embargo, hace más de un siglo, Janet (1903) expresó claramente que las fobias también pueden estar relacionadas con experiencias internas como pensamientos, sentimientos, fantasías o sensaciones. Esta perspectiva ha sido confirmada por múltiples observaciones y teorizaciones (McCullough et al., 2003; Nijenhuis, 1994; Van der Hart, Steele, Boon y Brown, 1993). 

El clínico ha de tener presente que las fobias al trauma son frecuentes al inicio del tratamiento en los TA con trauma complejo. Conocer esta información tan esencial ayuda a comprender que es imprescindible tratarlas de una manera gradual para poder tolerar las experiencias pasadas y presentes. Esto también permite hacer una conceptualización exhaustiva del caso y establecer un plan de tratamiento adecuado. Trabajar sobre ellas ayuda a que el trabajo en terapia transcurra sin bloqueos y se pueda avanzar en el tratamiento.

Otras defensas frecuentes a las que habrá que prestar atención son:

· La no conciencia de enfermedad. Es uno de los criterios diagnósticos de la AN y forma parte de la defensa de negación. Esta defensa tiene la función de no aceptar la enfermedad como manera de rechazar la curación. El miedo central en este TA es que curarse signifique que se vaya a «engordar».

· La alexitimia. En este tipo de defensa disociativa no se reconocen las emociones propias ni las de los demás. Es una defensa está muy relacionada con la AN 

· El control. Es una defensa habitual en la AN que forma parte del trastorno y tiene la función de mantenerse alerta en cuanto a la comida y a las relaciones. Ayuda a prevenir el daño real o imaginado que la persona aprendió a sentir.

· La desconfianza. Esta defensa es común en todos los TA. Tiene la función de prevenir el dolor en el terreno relacional. La desconfianza ayuda a no vincularse con los demás, porque la persona ha aprendido que hacerlo puede causar dolor.

· La vergüenza. Esta defensa tiene como función proteger a la persona de mostrarse, por miedo a que sentirse rechazada o a que se la vea tal como es en realidad. Tiene su origen en experiencias tempranas de apego y en experiencias de trauma como el abuso sexual.

Recursos

Son aquellas estrategias terapéuticas que permiten proveer al paciente de herramientas para empoderarlo, enraizarlo, darle seguridad, ayudarle a confiar en el proceso y crear un refugio seguro en la terapia. Todo esto se logra mediante el uso de las diferentes técnicas de estabilización con las que trabaje cada terapeuta. Algunos ejemplos de recursos son: la externalización, que ayuda a la persona a contar la historia en tercera persona para que el contacto sea menor y pueda hacerlo sin abrumarse; la mentalización; la visualización; la respiración; la creación de sensaciones internas de seguridad; la integración de habilidades o necesidades de las que la persona siente que carece, por ejemplo, fuerza, seguridad y confianza para enfrentarse al tratamiento; y la creación de limites o barreras. Todas estas herramientas aportan sin duda una ayuda importante para que la persona pueda pasar a la siguiente fase del tratamiento sintiéndose segura y capaz.

La urgencia en el tratamiento

En esta fase de estabilización, lo que más urge al paciente es a lo que el terapeuta tendrá que dar prioridad. Se trataría de hacer diana con EMD (utilizar los movimientos oculares o el tappingpara hacer solamente la desensibilización, excluyendo el reprocesamiento) sobre algunas sensaciones y disparadores importantes, como la sensación que provoca la urgencia de comer (en los atracones), la que provoca internamente la culpa después de comer en la AN, la experiencia interna de estar sentado a la mesa, los pensamientos recurrentes sobre la comida, la urgencia de pesarse, etc. De esta manera, se reduce la intensidad de estas situaciones para que puedan ser trabajadas desde la fase 3 una vez que la persona esté lo suficientemente estabilizada.

El mundo interno en los TA

La memoria normal integra los elementos de cada experiencia mediante un complejo proceso de asociación. La memoria traumática, por el contrario, contiene las sensaciones, pensamientos y emociones del trauma que quedan almacenados por separado como fragmentos congelados. De manera que, si el problema del trauma es la disociación, el objetivo del tratamiento será la asociación y la integración.

La causa de disociación en los TA se puede asociar a abusos sexuales en la infancia, falta de cuidados de los padres o figuras principales de apego, control parental excesivo, inversión de roles, abuso emocional, abuso de poder, y patología o disociación en las figuras de apego.

La disociación está presente en los TA a diferentes niveles y es necesario diagnosticarla para realizar una conceptualización del caso y un plan de tratamiento adecuado. Para reconocer el mundo interno del paciente –donde se mostrarán los diferentes aspectos, estados o partes de la personalidad–, el terapeuta puede hacer un sencillo ejercicio que consiste en dibujar un círculo en un folio en blanco y pedirle al paciente que dibuje las diferentes partes o aspectos que le representan. Existen también otras técnicas a través de las que se puede representar el mundo interno y todas son válidas, siempre y cuando nos permitan hablar de esas partes internas. Es a través de ellas que podremos adentrarnos en el interior de la persona.

Demitrack, Putman, Brewerton, Brandt y Gold (1990) estudiaron experiencias disociativas en 30 mujeres con trastornos alimentarios, comparándolas con otras 30 de la misma edad y sin patología. Encontraron que las mujeres con TA mostraban niveles significativos de disociación. En los TA, por tanto, la disociación estará presente en sus diferentes modalidades, entre las que encontramos la disociación somática, la disociación somatomorfa, la despersonalización, la desrealizacion o la fantasía disociativa.

Los estados o partes son conceptos mediante los que le damos sentido a un mundo interno que suele complejo y caótico, especialmente en casos de TA y trauma complejo.Cuando hay memoria traumática, dar sentido a la experiencia interna y reorganizarla es el modo de comenzar a cohesionar los fragmentos. El trabajo en esta fase del tratamiento se basa en ofrecer psicoeducación sobre cada una de las partes interiores para que el paciente pueda llegar a entender la función de protección que cumplen en el sistema interno, sus creencias y emociones más características, las defensas específicas que cada una de ellas activa y los traumas que contienen y que son el origen de cada una de ellas. Desde la terapia EMDR con los TA, a cada parte del mundo interno le vamos a dar un nombre y esto nos va a facilitar el saber en cada momento con qué estamos trabajando, así como las defensas y creencias que tendremos que tener en cuenta para llegar a la fase 3. Las diferentes partes del mundo interno, que son aplicables a personas de ambos sexos, son: la niña (o el niño) que nunca lo fue, la niña (o el niño) que no pudio crecer, la piraña (crítica patológica), el yo rechazado, el yo escondido, el yo gordito y el yo fraude (Seijo, 1999, 2012, 2013, 2016) 

La niña (o el niño) que nunca lo fue 


En esta parte está contenido el dolor y la frustración de haber tenido que aprender a hacerlo sola. Es la niña autosuficiente, la que se ha visto obligada a crecer y a convertirse en mayor desde pequeña. Ha aprendido a autorregularse y autocontrolarse a través de la comida. El origen de esta parte es el hecho de que sus necesidades no han sido cubiertas.

Sostiene la creencia: «Las cosas se hacen a mi manera». Las emociones predominantes en esta parte son la ira y la frustración. Tanto la desconfianza como el control son de las defensas que más nos advierten en terapia que esta parte está presente y alerta, por lo que pueda ocurrir. La validación con la que podemos suavizar las defensas en esta parte puede ser del estilo: «Está bien confiar», «Está bien pedir ayuda y aceptarla», «La vulnerabilidad y la debilidad no son lo mismo».

La niña (o el niño) que no pudo crecer




Es la parte del mundo interno que no pudo hacer un desarrollo madurativo adecuado muestra comportamientos que no se corresponden con la edad de la persona. Es la parte vulnerable del mundo interno, la parte que no sabe si hablar o no hacerlo. A través de la comida, ha buscado la manera de que se la vea. 

La creencia que sostiene esta parte es: «Hace falta enfermarse para que a una le hagan caso». La validación con las que podemos suavizar las defensas de esta parte será mediante frases como estas: «Está bien poder mostrar tus emociones», «Está bien poder decir lo que necesites», «Está bien poder defenderte».

La piraña (la crítica patológica) 




Es la crítica interna, la que juzga y bloquea la autoestima de la paciente. Filtra la realidad y solo permite que se vea lo negativo. Dentro del mundo interno, esta es la parte que imita a aquellas personas que la juzgaron y la criticaron. El resultado es un aprendizaje de comparación constante con los demás. 

La función de protección de esta parte es paradójica, ya que parece negativa cuando en realidad es positiva. Utilizando una metáfora para explicarlo, es algo así como si la piraña enviase toda esa crítica interna para que el mundo interno se acostumbre y así se genere un cierto nivel de anestesia frente a la agresión que pueda provenir del mundo externo. La creencia de esta parte es: «Nada está bien en mí ni para mí». Las emociones predominantes son la frustración y la culpa. La validación para esta parte debería incluir frases de este estilo: «Te mereces ser tú» y «Está bien ser como tú eres».

El yo rechazado 

Es la parte que contiene la distorsión de la imagen corporal. En función de la paciente, dicha distorsión puede presentarse a diferentes niveles: desde una imagen corporal negativa hasta un trastorno dismórfico corporal. 

Esta parte contiene la creencia: «No quiero volver a ser como fui nunca más». La emoción predominante es el rechazo. Para trabajar esta parte hay un protocolo específico: El protocolo de EMDR para la distorsión de la imagen corporal; el yo rechazado(Seijo, 2016).

El yo escondido 




Es la parte que protege el sistema interno escondiéndose, no mostrándose, no exponiéndose. Esta parte aprendió a una edad muy temprana que hacerlo era amenazante e incluso peligroso, por lo que mantenerse en lasombra acabó siendo lo más seguro. Es la parte que somatiza lo que no puede expresar de otra manera. 

Está asociada a la creencia: «No puedo mostrarme ni destacar porque, si lo hago, me harán daño». Las emociones predominantes son el miedo y la vergüenza. La validación que se le ha de dar a esta parte incluye frases como: «Está bien poder estar asustada» «Está bien poder mostrarte». El clínico debe permitir el tiempo suficiente para que esta parte se pueda mostrar y confiar. 

El yo gordito 





Es la parte que aparece con más frecuencia en el trastorno por atracón, la hiperfagia y la obesidad. Está relacionada con el sobrepeso y queda muy impresa en el mundo interno. Es una parte que genera muchas defensas y se asocia con las defensas somáticas. 

La emoción predominante es el miedo, pero esta parte contiene, además, la fobia al vacío (muy presente en los TA), el dolor, la humillación, la ira y la pena de cómo se siente la persona tratada por el mundo exterior, lo social por estar gordita. La necesidad no cubierta de esta parte es el ser aceptada y vista tal cual es.

El yo fraude

Es una parte muy asociada al yo escondido. Es la parte que se muestra cuando los logros que la persona consigue son atribuidos a la suerte o a la casualidad, no a su buen hacer o su capacidad. El miedo que surge de esa parte es que los demás descubran que es «un fraude». 

La creencia asociada a esta parte es: «Parece que valgo, pero no es así». Es muy habitual en los TA y está muy asociada a la inseguridad y al control. La validación que podemos ofrecer sería del estilo de: «Si lo haces es porque puedes, por lo tanto, es real», «Tienes derecho a ser exitoso» o «Eres valiosa».

Las partes o estados del mundo interno pueden ser nombradas bien de esta manera o bien del modo en que la persona quiera hacerlo; lo importante es que el clínico conozca de qué parte se trata para conocer las creencias y su función.

Con esto, llegamos casi al final de la fase 2, la fase de preparación. En este punto, ya tenemos hecho el plan de tratamiento y el paciente está lo suficientemente regulado y estabilizado como para comenzar a procesar los recuerdos, lo que ayudará a la integración de todas aquellas experiencias o traumas que mantienen el problema con la comida, las purgas y/o el TA en general. Para ello se procede a aplicar la técnica PDT (parte / defensa / trauma) (Seijo, N. 2015)

Técnica PDT

Esta técnica nos permite procesar las defensas, traumas y experiencias adversas asociadas a cada una de las partes del mundo interno, lo que nos va a definir una ruta para llevar a cabo el plan tratamiento.

La técnica P/D/T consiste inicialmente en explorar las defensas que se activan en cada una de las partes del mundo interno:

· La piraña tiene por defensa la crítica

· La niña que nunca lo fue tiene por defensa el control.

· La niña que no pudo crecer tiene por defensa la culpa

· El yo escondido tiene por defensa el miedoy la vergüenza

· El yo rechazado tiene por defensa el rechazo

· El yo gordito tiene por defensa la creencia de que «no valgo»

· El yo fraude tiene por defensa la creencia de que «soy falso»

Se aconseja comenzar a trabajar por la piraña porque es la parte que genera más violencia en el mundo interno y aumente el riesgo de que la persona compense el malestar generado por esta parte intensificando las purgas y los atracones o ambos, o autolesionándose. Tanto con la Piraña, como con el resto de las partes que vayamos cuidadosamente trabajando, preguntamos: «Dónde aprendió la piraña a criticarte de esta manera?». De esta pregunta, irán saliendo diferentes recuerdos que se convertirán en las dianas que iremos procesando con el protocolo estándar en la fase 3. Iremos avanzando una a una, cerrando cada diana que se abra, y esto dará lugar a la integración de la parte. 

FASE 3: Evaluación 

En esta fase evaluamos el recuerdo que vamos a trabajar. El paciente escoge la imagen que representa la peor parte del recuerdo, la creencia negativa autorreferente asociada, la creencia positiva que le gustaría llegar a creer de sí mismo, la emoción que aparece en el momento y el lugar del cuerpo en que se localiza. Se utilizan dos escalas de medición: la escala de unidades subjetivas de perturbación (SUDS, por sus siglas en inglés) y la escala de validez de la cognición (VoC, por sus siglas en inglés). 

En esta fase es necesario tener en cuenta dos aspectos importantes en relación a los diferentes TA. Con aquellos pacientes que tengan un peso más bajo de lo esperado, en será importante tener en cuenta que sus capacidades cognitivas estarán mermadas y puede que tengan dificultades para escoger las creencias. Por tanto, será necesario darles un menú de opciones hasta que puedan hacerlo por sí mismos sin tanta ayuda. Algo semejante puede ocurrir con aquellas personas con TA que padezcan alexitimia y tengan dificultades para identificar sus emociones. Será importante ofrecer algo de psicoeducación para ayudarles a identificar la emoción que el recuerdo les podría estar provocando, hasta que recuperen su capacidad de sentirlas de una manera normalizada a medida que vayan integrando los recuerdos que les desconectaron de dichas emociones.

En esta fase, se eligen jerárquicamente y en primer lugar los recuerdos asociados a los disparadores de lo que más urge trabajar.

- Disparadores asociados con las conductas que todavía se activan mucho en relación con la comida. Serían aquellas que habíamos preparado previamente en fase 2, reduciendo si intensidad con EMD, para que en esta fase podamos empezar a trabajarlas con protocolo estándar.

- Recuerdos asociados con la piraña una vez que los disparadores estén más neutralizados.

- Recuerdos asociados a la niña que nunca lo fue. Este el trabajo con el control, con la restricción de la comida en la AN. Trabajaríamos los recuerdos relacionados con el inicio de la restricción y los momentos asociados.

- Recuerdos asociados a la niña que no pudo crecer. Se trabaja la desregulación emocional que se compensa con comida. Son más frecuentes en la BN, el TPA, la hiperfagia y la obesidad.

Se trabajan cada uno de los recuerdos asociados a cada una de las partes.

A medida que se procesan esos recuerdos, poco a poco la ventana de tolerancia se irá haciendo más flexible y ampliando. Esto permitirá, partiendo de ese sistema en “alcachofa” del que se hablaba en un principio, adentrarnos en las capas más profundas que dan acceso a los recuerdos más delicados que ayudarán a sanar al niño interior herido.

FASES 4 a 8: Del reprocesamiento al cierre y reevaluación

Durante el reprocesamiento, el clínico ha de estar pendiente de que el paciente se mantenga en atención dual. Se le explica que ha de intentar mantenerse con un pie en el presente y un pie en el pasado para estar siempre dentro de su ventana de tolerancia y así asegurarnos de que el trabajo se lleva a acabo de una manera adecuada. En caso contrario, es posible que la sesión entre en un «como si» se estuviera reprocesando, pero en realidad no es así. Esto ocurre, por ejemplo, en aquellos casos en los que la persona no está presente porque se haya activado alguna defensa de hipoactivacion y hayan pasado desapercibidos los indicadores que lo mostraban. Será importante, también, tener en cuenta las características ya descritas de cada TA.

RESUMEN

Muchos terapeutas encuentran dificultoso el trabajo con los TA y, en concreto, el ir descubriendo cada una de las capas que componen dicho trastorno, agravado por las experiencias adversas de la vida y por el trauma. Este artículo aborda el tratamiento de los TA y el trauma complejo a lo largo de las ocho fases que componen la terapia EMDR. 

La función que cumple la comida es compensar por las necesidades no cubiertas de la persona, tanto a nivel de apego, experiencias adversas de vida o trauma. Con EMDR podemos procesar los recuerdos de estas experiencias para que ya no afecten más a la vida del paciente. Esta terapia, como ya se ha comentado previamente, reduce a la mitad el tratamiento a largo plazo que requieren estos casos y previene las recaídas, ya que aborda la raíz misma del trastorno y llega hasta el corazón mismo de la alcachofa, que es dónde se gestó el problema. 

BIBLIOGRAFÍA

Garner, D. (Garner, Rocker, Olmsted, Johnson & Coscina, 1985)

Handbook of psychotherapy for anorexia nervosa and bulimia, chapter: 21, Publisher: Guildford press. Editors: D M Garner, Paul E. Garfinkel, pp. 513-572

Bowlby, J. (1989). Una Base Segura, Paidós, Barcelona.

Seijo, N. (2015). Eating Disorders and Dissociation. ESTD Newsletter. Vol 4 number 1

Seijo, N. (2016). The Rejected Self Working with Body Image Distortion in Eating Disorders. ESTD Newsletter. Vol 5 number 4

Seijo, N. (2015). Las Defensas Somáticas en EMDR. Máster de EMDR. Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED)

Seijo, N. (2016). EMDR Protocol for Eating Disorders. En M. Luber (Ed.) Eye Movement Desensitization and Reprocessing EMDR Therapy: Scripted Protocols and Summary Sheets.New York: Springer Publishing Company.(En prensa)

Seijo, N. (2016). EMDR Protocol for Body Image Distortion: The Rejected Self. En M. Luber (Ed.) Eye Movement Desensitization and Reprocessing EMDR Therapy: Scripted Protocols and Summary Sheets.New York: Springer Publishing Company.(En prensa)

Seijo, N. (1999). Prognosis de los Trastornos alimentarios. Xunta de Galicia (1999-2002)

Seijo, N. (2009). EMDR in Complex Trauma and Dissociative Disorders. Annual EMDRIA conference. Atlanta, 2009. 

Seijo, N. (2015) Treating Eating Disorders with EMDR therapy. EMDR International Association Conference. Philadelphia.

Vanderlinden, J. y Vandereycken, W. (1997). Trauma, Dissociation and Impulse Dyscontrol in Eating Disorders. Philadelphia: Brunner/Mazel.

Vanderlinden, J., Dalle Grave, R., Fernandez, F., Vandereycken, W., Pieters, G., y Noorduin, C. (2004).Which factors do provoke binge eating? Eating and Weight Disorders, Vol. 9: 300-305