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lunes, 2 de marzo de 2026

Enseñar a los niños/as a decir NO (Y la complacencia como defensa en el trauma complejo)

 ¿Por qué es importante que los niños aprendan a decir “no”?

Es necesario educar a los niños/as para que aprendan a respetar sus límites y los de los demás. Un niño/a que no aprende a decir “no” será complaciente y terminará la mayor parte de las veces comportándose de acuerdo con la expectativa de los otros. Desde el punto de vista del desarrollo emocional, la complacencia oculta mucha rabia reprimida que luego puede devenir en trastornos del estado de ánimo (la depresión puede ser ira volcada contra uno mismo); o puede expresarse en forma de ataques explosivos e inesperados de ira. 

Por otro lado, desde la óptica de la seguridad personal, un niño/a que no dice “no” puede ser influenciable y manipulable por personas desaprensivas, de tal modo que a la larga se convertirá en un adulto que se sentirá utilizado y nunca defenderá sus derechos ni promoverá su respeto y dignidad. Crecerá pensando que los derechos de los demás son más importantes que los suyos propios. Puede desarrollar un autoconcepto muy negativo y un sentimiento de poca valía. Además, si a los niños/as se les enseña la obediencia ciega a los adultos, si no se les dice que hay peticiones de un mayor que pueden ser injustas e incluso abusivas (hay que razonar con ellos sobre cuáles son estas peticiones), actuará conforme a la obediencia debida a la autoridad. Asumirá que los adultos le puedan maltratar y/o abusar como algo normal. Los niños/as tienen derechos y es necesario que se les diga cuáles son. Hay que enseñarles que existe la Convención de los Derechos de los Niños. 


Cuidado con la obediencia debida - Investigación cuyos resultados estremecen

NO DEJES DE VERLO


“Los aspectos legales y filosóficos de la obediencia son de enorme importancia, pero dicen muy poco sobre cómo la mayoría de la gente se comporta en situaciones concretas. Monté un simple experimento en la Universidad de Yale para probar cuánto dolor infligiría un ciudadano corriente a otra persona simplemente porque se lo pedían para un experimento científico. La férrea autoridad se impuso a los fuertes imperativos morales de los sujetos (participantes) de lastimar a otros y, con los gritos de las víctimas sonando en los oídos de los sujetos (participantes), la autoridad subyugaba con mayor frecuencia. La extrema buena voluntad de los adultos de aceptar casi cualquier requerimiento ordenado por la autoridad constituye el principal descubrimiento de la investigación”.


Stanley Milgram. The Perils of Obedience (Los peligros de la obediencia. 1974)




Errores más comunes de los adultos…

El principal, el que acabo de comentar de la supuesta obediencia debida. Sólo por el hecho de ser niño/a eres invisible en cuanto a tus sentimientos y necesidades, en cuanto a tu valor como persona que eres. Es llevar hasta las últimas consecuencias la norma que les transmite a los niños/as: “te quedas con la persona X, ¡has de obedecerle en todo!” No. Hemos de explicar a los niños/as qué aspectos son los que no deben de obedecer y han de negarse: respeto a los cuerpos, hacer cosas que sientan que están mal, no tolerar insultos ni desprecios, poder hablar y expresarse con libertad, aprovecharse de ellos… Con ejemplos claros. 

Los adultos en seguida mandamos callar a los niños/as sin ni siquiera escucharlos antes de valorar una situación. Sobre todo, con aquellos infantes que previamente tenemos etiquetados como perturbadores u oposicionistas. Pensamos que como niños/as que son no saben, mienten por sistema, no reconocen sus errores y buscan salirse con la suya, sin ni siquiera atender a qué pueden sentir y pensar por dentro. El propio adulto comete otro error y es creer que el niño/a que se niega es un rebelde o un descarado. Cuando en realidad es una expresión sana. Los adultos deberíamos pensar qué le puede ocurrir internamente al niño/a para negarse y valorar (e incluso reforzar) que lo haga, porque es posible que tenga sus buenas razones. 

Lo primero que tenemos que hacer los adultos en pensar si estamos cómodos nosotros mismos diciendo “no” y defendiendo lo que pensamos y sentimos. Así seremos capaces de enseñarles a ser asertivos. Porque si los niños/as no aprenden a ser asertivos, el camino que les queda es ser pasivos y/o agresivos frente a los demás. 

La autoridad debe ser enseñada basándose en el respeto total a la integridad del niño/a, fundamentada en lo que se debe o no se debe hacer, en un razonamiento moral y en lo que es éticamente correcto. El adulto como figura mas fuerte pero por sabiduría. La disciplina inductiva es lo que debemos de promover en la educación de nuestros hijos/as y niños/as, que consiste en:

La disciplina inductiva es un modelo educativo centrado en la razón, la explicación y el diálogo, buscando que los niños/as y adolescentes comprendan las normas y las consecuencias de sus actos, en lugar de solo obedecer por miedo o imposición, fomentando así su autorregulación y autonomía a través del apoyo emocional y la autoridad razonada. Este enfoque se diferencia de la disciplina autoritaria (basada en "porque lo digo yo") y la permisiva, enfocándose en desarrollar habilidades internas para tomar decisiones correctas.

Características clave: 

Explicación de normas: Los padres explican el porqué de las reglas y los riesgos asociados, no solo las imponen.

Diálogo y consenso: Las normas se discuten y se llega a acuerdos, aunque la autoridad de los padres prevalece por su experiencia.

Apoyo emocional: Se acompaña de una relación de cuidado y protección, clave para adolescentes con TDAH, por ejemplo.

Foco en las consecuencias: Ayuda al niño a ver el impacto negativo de su conducta en sí mismo y en otros, promoviendo la reflexión.

Autorregulación: El objetivo final es que el individuo interiorice las razones y sea capaz de controlarse solo, volviéndose independiente de la autoridad externa.

Asimetría de roles: Los padres tienen autoridad y deben guiar, pero lo hacen de forma reflexiva y no coercitiva. 

¿Cómo se aplica?

Al corregir: En lugar de castigar directamente, se conversa sobre el acto, se exploran alternativas y se discuten las consecuencias para que el niño razone.

En la enseñanza: Similar a la educación inductiva, se presentan situaciones para que el niño/a descubra las reglas y el porqué de ellas.

En límites: Se negocian y se justifican, buscando la comprensión y el compromiso, no solo la obediencia ciega. 


Obligar a ciertas convenciones (por ejemplo, besar a un adulto por protocolo al saludar): los niños/as son personas y pueden decidir sobre sus cuerpos




Hay un cuento que se titula “Ningún beso a la fuerza”. Enseña a los niños/as que la expresión del afecto nunca se fuerza. Debe ser un acto de libertad para todas las personas, incluidas los niños/as, que son personas también. El respeto al propio cuerpo y a no invadirlo con acciones indeseadas por parte del otro es un potente mensaje que se le lanza al niño/a: “solo besas si lo deseas”. A los padres les diría que un niño/a que se niega a dar un beso a un adulto es un niño/a que promueve su propio autocuidado y respeto por sus límites. También les diría que fueran valientes y rompieran las convenciones sociales. Parece que si el niño/a no besa a un desconocido o a un vecino o familiar es un maleducado y no es así. La norma social nos dice que seamos educados y saludemos y no faltemos a nadie al respeto. Si un niño/a no quiere besar, no está siendo irrespetuoso con nadie. Simplemente él/ella tiene otros modos de saludar o la cercanía corporal no le gusta, excepto con quien él/ella quiere. Yo a los padres los animaría a reforzar esta conducta, decirle que hace bien, al tiempo que le comenten que con decir “hola” es suficiente para ser amable. Hay que tener especial cuidado con esto con las niñas, que tienen un peso mayor para educarlas en que sean sumisas y complacientes frente a los mayores. Luego no nos podemos llevar las manos a la cabeza si en la adolescencia o vida adulta le cuesta poner límites. ¡Esto se aprende desde niños!

El adulto “no besado” debe de entender que no tiene ningún derecho a obligar al niño/a y que incluso estaría muy bien que le dijera que respeta su conducta. El problema aquí es de los adultos.

Acompañar la frustración ante el límite del otro…

Existe la otra cara de la moneda que es que otro le ponga un límite al niño/a. Aquí es importante ayudarle, primero, a modular sus emociones y validar que se sienta frustrado. Cuando esté más tranquilo y abierto mentalmente (dependiendo de cada niño/a puede llevar más o menos tiempo) es necesario acompañar la reflexión y desafiar su mente para que evolucione y comprenda y acepte el punto de vista del otro. Si a mí me molesta que los demás no acepten mis límites, yo mismo tengo que aprender a regular las emociones propias cuando me dicen “no”. Hay que ser firme y decirle al niño/a: “siento que no te agrade y que te moleste un “no”, pero tu compañero te ha dicho que no le gusta que le toques el pelo. Piensa en lo mal que te sientes cuando a ti te hacen algo que no te gusta”

En ocasiones al niño/a le puede generar culpa manifestarse y decir “no”. Si la relación con la persona es significativa, puede temer perder su amistad, su amor y su reconocimiento. O cree que está mal negarle a un adulto algo inadecuado, tiene miedo de las represalias o de perder su consideración. Es muy importante enseñar a los niños/as que si alguien sólo le aprecia cuando dice “sí” a todo, eso no es una amistad, cariño o consideración sincera y buena para él/ella, sino una esclavitud; y que esa relación no merece la pena. 

La complacencia en los niños/as y adultos que sufren trauma complejo

La complacencia es mecanismo de defensa en el trauma complejo La complacencia, también conocida como people-pleasing, es una conducta que muchas veces se malinterpreta como simple amabilidad o buena disposición hacia los demás. Sin embargo, en personas que han vivido trauma complejo, esta actitud suele ser en realidad un mecanismo de defensa profundamente arraigado, desarrollado como forma de supervivencia emocional.

El trauma complejo generalmente se origina en entornos prolongados de estrés interpersonal, especialmente durante la infancia. Puede incluir experiencias de negligencia emocional, críticas constantes, imprevisibilidad, rechazo o relaciones donde el afecto dependía del comportamiento del niño o la niña. En estos contextos, expresar necesidades, emociones o desacuerdos podía generar conflicto, castigo o abandono. Como resultado, el menor aprende que adaptarse a los demás, no molestar y anticipar las necesidades ajenas aumenta sus probabilidades de estar a salvo.

Con el tiempo, esta adaptación se convierte en un patrón automático. La persona desarrolla una fuerte tendencia a priorizar el bienestar emocional de otros por encima del propio, evitar conflictos a toda costa y decir “sí” incluso cuando desea decir “no”. No se trata de una decisión consciente, sino de una respuesta aprendida por el sistema nervioso, que asocia el agrado y la sumisión con la seguridad, y el desacuerdo con el peligro.



En la vida adulta, esta defensa puede manifestarse de múltiples maneras: dificultad para poner límites, culpa intensa al decepcionar a alguien, miedo excesivo al rechazo, problemas para identificar deseos propios y relaciones desequilibradas donde la persona da mucho más de lo que recibe. Además, quienes viven en este patrón suelen estar tan acostumbrados a ignorar sus propias necesidades que a veces solo notan su malestar cuando ya están emocionalmente agotados.

El problema no es la amabilidad en sí, sino que la complacencia nace del miedo, no de la elección libre. Lo que en el pasado ayudó a sobrevivir, en el presente puede llevar al desgaste emocional, la pérdida de identidad y la dificultad para construir relaciones sanas y recíprocas. La persona no actúa desde la autenticidad, sino desde la vigilancia constante de cómo no incomodar a los demás.

El proceso de sanación implica aprender que tener necesidades no es peligroso, que el conflicto no siempre significa abandono y que poner límites no convierte a alguien en egoísta. Este aprendizaje no ocurre solo a nivel racional, sino también corporal y emocional, ya que se trata de reeducar un sistema nervioso que durante mucho tiempo vivió en estado de alerta relacional.

En conclusión, la complacencia en el trauma complejo no es un rasgo de personalidad superficial, sino una estrategia de supervivencia que alguna vez fue necesaria. Comprender su origen permite mirarla con compasión y empezar, poco a poco, a construir formas de relacionarse más equilibradas, donde la propia voz y las propias necesidades también tengan un lugar seguro.

lunes, 11 de agosto de 2025

Podcast capítulo 8: El vínculo garante necesita defensores que persistan, por Hernan Fernandez, abogado y traumaterapeuta sistémico.

 

Podcast Capítulo 8




Para seguir el podcast, click en este vídeo de Youtube:




Damos comienzo a un nuevo proyecto que desde la Traumaterapia sistémica® hemos puesto en marcha. A través de varios capítulos, una serie de podcast, vamos a daros a conocer los fundamentos de este modelo, su metodología, sus modalidades de intervención... Somos más de 800 profesionales repartidos por toda España e Hispanoamérica, que trabajamos aplicándolo después de egresar del Postgrado. 

Participarán los miembros del equipo docente del diplomado, los profesionales que aplican la Traumaterapia en el ámbito de la protección a la infancia (técnicos de infancia, trabajadores sociales, psicólogos, educadores...), la enseñanza (maestros, orientadores...), la psicoterapia (psicólogos que la utilizan en sala de valientes), lo judicial (abogados, educadores, psicólogos...), así como las familias que han trabajado como coterapeutas y han participado llevando adelante una parentalidad terapéutica. 

En este octavo capítulo, nos acompaña Hernán Fernández, abogado y traumaterapeuta sistémico. Además de, como todos los invitados, contarnos cómo fue su transformador encuentro con Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan, Hernán nos habla en este podcast de un tema que ya tratamos en este blog: el del derecho a los buenos vínculos. En palabras de Hernán: "reconocer los vínculos y su calidad, en la vida y en el desarrollo infanto-juvenil, y cómo tal constatación puede resultar clave para favorecer el bienestar de niños, niñas y adolescentes, evitando situaciones de negligencia y maltrato infantil, o permitiendo satisfactoriamente la reparación de los daños, cuando dichos vínculos han estado ausentes o se han asociado a las vulneraciones, porque han sido vínculos que no pudieron dar las respuestas necesarias a las necesidades infantiles. Es un tema que requiere enlazar la realidad al saber que hoy nos entregan las ciencias, y visualizar al Derecho y la Justicia, no solo como un conjunto de normas que no calzan con la realidad o de instituciones que dan respuestas insatisfactorias o tardías a los problemas que se plantean, sino que, desde una perspectiva positiva, sean normas e instituciones que funcionen correctamente y nos permitan comprender que la buena justicia puede llegar a ser un recurso necesario, y en algunas situaciones, indispensable, para evitar o interrumpir el sufrimiento infantil".

Hernán Fernández es abogado de la Universidad de Concepción. Litigante ante la justicia de familia y sistema penal en casos de protección y bienestar infantil. Docente universitario. Integrante del Instituto de Formación e Investigación-Acción sobre la Violencia y la Promoción de la Resiliencia (IFIV Chile-Hispanoamérica).

El blog Buenos tratos, el oficial de la Traumaterapia sistémica®, contribuye encantado a la difusión de estos podcast, que serán una entrada más, esta vez hablada, dentro de toda la información que por aquí compartimos desde hace años.

Ya sabéis que podéis escuchar los podcast a ratos y que es muy cómodo oírlos mientras hacemos otras tareas con las que esta escucha es compatible.

Os dejo con el Capítulo 8.

lunes, 23 de septiembre de 2024

Maternidad en contextos de explotación sexual, por Patricia Hermosilla, psicóloga y traumaterapeuta sistémica.



Maternidad en contextos de explotación sexual

Patricia Hermosilla, psicóloga


Cuando conocí a Patricia Hermosilla y supe el ámbito laboral al que se dedica dentro del ámbito de la psicología sanitaria, mi primer pensamiento, después de admirarla por el trabajo que hace, fue proponerme dar a conocer el terrible mundo de las mujeres explotadas sexualmente, que no prostitución, porque no es ningún trabajo. Es un maltrato a la mujer consentido socialmente. El sufrimiento que ellas padecen es inenarrable y profesionales de la talla humana de Patricia se dedican a apoyarlas psicológicamente. También se me pasó por la cabeza como sería la maternidad de estas mujeres, y la vida de estos niños y niñas, truncada por el maltrato que ellos y ellas padecen por parte de los puteros y los proxenetas. Invité a Patricia Hermosilla a las VI Conversaciones sobre apego y resiliencia de San Sebastián para que nos hablara de la maternidad en contextos de explotación sexual. Este fue el primer compromiso. El segundo ha sido poner a disposición de Patricia Hermosilla este blog para contar la dolorosa realidad de estas mujeres y contribuir a la abolición de la prostitución, dando a conocer el impacto traumático que padecen. Llamar a estas mujeres "trabajadoras del sexo" es un insulto. Es como si llamamos trabajo a ser el esclavo de una persona. 

Es un honor para este blog contar con Patricia Hermosilla, psicóloga y traumaterapeuta, perteneciente a nuestra Red apega. Ella es Máster en psicología general sanitaria, diplomada en traumaterapia infanto-juvenil sistémica, postgrado en terapia familiar sistémica, postgrado en intervención con víctimas de violencia sexual y de género en la infancia y la adolescencia, con formación en prostitución y trata con fines de explotación sexual en infancia, adolescencia y edad adulta, IFS y EMDR. Me he especializado en trauma, violencia sexual y violencia de género. Tengo experiencia profesional en protección de menores, donde empecé formarme y a intervenir en explotación sexual en niños y niñas, y también con mujeres en situación de prostitución y víctimas de trata. Actualmente trabajo a nivel privado con mujeres que han sufrido cualquier tipo de violencia machista, habiéndome especializado en violencia sexual. Trabajo desde una perspectiva feminista y abolicionista, entendiendo la prostitución en todas sus formas como una de las más graves formas de violencia contra las mujeres.

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Título del artículo: Maternidad en contextos de explotación sexual
Por Patricia Hermosilla, psicóloga y traumaterapeuta sistémica
(Nota: se hablará en femenino genérico)
 
Advertencia: el siguiente artículo contiene material sensible 
que puede ser un gatillador para supervivientes de violencia sexual.

Para poder trasladar este tema con la seriedad y profundidad que corresponde, necesito que se comprenda de qué hablo cuando hablo de explotación sexual. Las palabras importan, pero es aún más importante entender con claridad qué hay detrás de ellas. Hablo de explotación sexual y no de prostitución porque no quiero distinguir entre prostitución, trata, pornografía, Only fans o el mal llamado Sugar Dating, como si algunas de ellas fueran mejores que otras. Las secuelas que tiene la explotación sexual en las mujeres son las mismas para todas ellas.

No es más fácil a través de una webcam, ni cuando tu explotación sexual está siendo filmada para que otros puedan masturbarse cómodamente desde sus casas con la conciencia tranquila. Suele decirse que “Sin prostitución no habría trata”. Yo prefiero la expresión “Sin hombres no habría explotación sexual”. Los hombres son en un 99,7% los consumidores de cuerpos de mujeres y niñas. 

En España, 4 de cada 10 hombres admiten haber consumido prostitución al menos una vez en su vida. Las cifras son muchísimo más altas cuando hablamos de pornografía. Y la pornografía no es otra cosa que prostitución filmada. Aunque el daño a esa mujer se esté produciendo a miles de kilómetros de la pantalla de tu ordenador.

En la explotación sexual en pisos las mujeres son obligadas a estar disponibles durante 24h al día. No pueden dormir más de 8h seguidas en ningún momento, porque la demanda es constante. En los clubes, ejercen durante la noche y duermen durante el día, hacinadas en literas propias de campos de concentración. En la calle, están expuestas a la violencia más extrema. En internet, las mujeres son vejadas, humilladas y dañadas mientras los hombres eyaculan delante y detrás de la pantalla. La explotación sexual no tiene que ver con el sexo, sino con la violencia. Lo que se le hace a estas mujeres no es tener sexo con ellas, es torturarlas.

Y no, no existe la libertad de elección, sean cuales sean las circunstancias de la mujer. En quienes si existe esa libertad de elección es en los agresores sexuales y proxenetas, que casualmente, nunca suelen formar parte del debate.

En la explotación sexual se entrelazan las tres grandes opresiones: por razón de sexo, de raza y de clase. Además, los estudios hablan de un 90% de mujeres prostituidas siendo víctimas de violencia física y sexual en su infancia. En mi experiencia profesional, todas ellas provienen de infancias traumáticas. Son mujeres y niñas especialmente vulnerables, que muchas veces llegan a la violencia sexual más extrema huyendo de otras violencias machistas.

“Vengo aquí porque si desaparezco, quiero que quede 
constancia de que alguna vez he existido”

Para que podamos acercarnos a comprender como puede ser maternar en el horror que supone la explotación sexual, querría empezar con una frase, una de las que más me impactó cuando comencé a trabajar como psicóloga de mujeres víctimas del sistema prostitucional. “Vengo aquí porque si desaparezco, quiero que quede constancia de que alguna vez he existido”. La soledad tan profunda que escondían esas palabras es una de las peores consecuencias que sufren las mujeres y niñas explotadas sexualmente.

Imaginad como debe ser partir desde ahí en la crianza de una hija.

Es necesario entender que no se puede aislar a las niñas de la explotación sexual de sus madres. En la imagen a continuación se ve a una mujer de 19 años, a la que exhiben (vejándola ya desde el propio anuncio) como embarazada, estudiante, con grandes tetas y “zorra que la chupa”. Todos los hombres que tengan 35 euros van a violarla durante 4 horas seguidas para la grabación de una (mal llamada) película pornográfica. Para que, posteriormente, todos los hombres que puedan pagar acceso a internet se masturben con la violación grupal de una niña embarazada.



¿Cómo imagináis que una mujer puede ser madre en estas condiciones?

Para empezar, muchas no pueden decidir sobre su maternidad. Algunas son obligadas a abortar, otras, al contrario, a ser madres contra su voluntad. Los hombres demandan a mujeres embarazadas, y además, una hija puede ser utilizada para el control sobre la madre en la explotación. Estas menores pueden moverse con sus madres o quedar al cuidado de los proxenetas mientras ellas se mueven. En cualquiera de los casos, su protección se ve muy dificultada debido a la alta movilidad.

"La solución a esta problemática la tengo clara: la abolición. 
No existe el trabajo sexual, no existe la voluntariedad de decidir"

A las mujeres, a pesar de ser sometidas a una constante violación de sus derechos humanos, se les exige socialmente que cumplan a la perfección su papel de madres. Si piden ayuda, en muchas ocasiones corren el riesgo de la retirada de las menores a su cargo. Mientras tanto, en la academia, la mayoría de los artículos que hablan sobre este tema no mencionan la violencia que sufren, únicamente hablan de estigma.

Proponen legalizar la explotación sexual para que no exista el estigma, de forma que mágicamente desaparezca la problemática de estas mujeres y de sus criaturas, añadiendo a todas estas violencias también la violencia social e institucional. A continuación, comparto el fragmento de un testimonio de una mujer que fue madre dentro del sistema prostitucional.

“Cuando ejerces la prostitución y eres madre... El sentimiento de culpa, el sentimiento de fracaso, el sentimiento de asco hacia ti misma, es muy grande. Yo me he llegado a enjuagar la boca con lejía antes de darle un beso a mi hijo porque me sentía sucia. O sea, para mí era impensable darle un beso a mi hijo habiendo tenido que hacerle una felación a un señor. Y que ese señor haya eyaculado en mi boca y yo morirme del asco. Entonces, es una situación muy compleja, donde tienes muchísimos sentimientos encontrados. […] Porque yo no sé cómo enfrentar con mi hijo que algún día se entere de todo esto, porque a mí lo que más culpa me hace sentir es que yo le estuviera defraudando. Cuando vas a prostituirte te das cuenta de que te tratan como si fueras un objeto, y realmente nunca sabes hasta qué punto eso va a ser peligroso. Por las cosas que te piden. O las cosas que tienes que hacer. No es simplemente lo que mucha gente se piensa, que tú vas allí, te abres de piernas y te echan un polvo y te vas a tu casa. A mí me han llegado a pedir, por ejemplo, que me metiera mi propio tanga en la boca. Cosas un poco asquerosas que realmente cuando estás allí lo que estás pensando es en un plan de huida. Cómo salir de ahí si pasa cualquier cosa. Y nadie en su trabajo piensa, mientras lo está haciendo, en un plan de huida. No, no, no. Tú cuando entras a un sitio a trabajar no te fijas en las puertas, en las ventanas, en si la llave está puesta, si hay llaves en la entrada...No te fijas en esas cosas. No entras a tu trabajo... agachando la cabeza para que nadie te reconozca. Entonces por todas estas razones es doloroso que haya gente que considere que esto está bien, ¿no?. […] Una de las consecuencias que ha tenido esto y que más a menudo sufro son los flashbacks, los cuales no puedo evitar y de todas las consecuencias que ha habido es lo que más me gustaría evitar. Porque literalmente odio estar con mis hijos o estar tumbada en la cama con mi hijo para dormir o estar hablando con ellos o jugando con ellos y que me venga a la mente, ni siquiera sé por qué me viene, pero de repente me vienen a la mente muchos episodios de cuando yo me estaba prostituyendo o de cosas que he pasado mientras me prostituía o de cosas que me han pasado en mi vida. Es algo que para mí es lo peor de todo, las consecuencias de ese hecho traumático.”

Que las madres sean explotadas sexualmente expone a las menores a múltiples violencias, sufridas además en los primeros años de vida, dónde son más vulnerables. Daños por omisión, como la negligencia afectiva, los malos tratos y el abandono. También, malos tratos por parte de la madre, del padre, de los proxenetas o de los hombres que pagan por acceder al cuerpo de su madre. Están más expuestas a situaciones de violencia sexual y sufren además, agresiones socioeconómicas y culturales.

Portada del libro de Amelia Tiganus


Son tantas las consecuencias que esto puede tener para la salud de las menores, que me cuesta muchísimo resumirlas en este espacio. Daño neonatal, sobretodo si la madre se ve obligada a ejercer estando embarazada. Daños físicos, ya sea por violencia directa o por negligencias en el cuidado. Trastornos del apego, alteraciones del desarrollo, trastorno de estrés postraumático complejo, sexualización traumática y trastornos conductuales y psicosomáticos son algunas de las muchas secuelas con las que nos encontramos en el espacio terapéutico. Para mi, la peor de ellas, la misma que sufren sus madres, la de la soledad. No olvidemos que “Hija de puta”, es uno de los peores insultos que existen a día de hoy en nuestro idioma.

Para terminar, me gustaría compartir parte del testimonio de una hija cuya madre fue víctima del sistema prostitucional:

“Cuando se iba a ''trabajar en limpieza'', y desaparecía durante dos días enteros; hasta que luego la devolvía a casa algún viejo explotador, destrozada, y con excusas intentando ocultar la realidad, de la cual era perfectamente consciente desde los 5 años. Y eso no hubiese sido un problema con cualquier otro trabajo, saber de lo que trabaja tu madre es de lo más normal, pero la prostitución no es un trabajo, son hombres que se aprovechan de las mujeres más vulnerables y rotas para explotarlas sexualmente; y no digo lo de rota como un caso perdido, porque de haberse llevado todo socialmente de otra forma, a lo mejor sería ella la que estaría escribiendo esto y no yo, su hija. Obviamente mi madre no tardó en ser adicta a todo, y si, seguramente sufría bipolaridad y de todo, porque con todo lo que era su vida, lo lógico es no poder mantenerse cuerda. Y menos sola, porque el único apoyo que tenía era yo; una niña, una menor con la que no paraban de amenazarle con quitársela. Porque si, hubieron palizas, la dejaban sangrando en el suelo, y cuando yo llamaba a la policía para que nos ayudaran, la amenazaban a ella con quitarle a la hija; en vez de ayudarnos a las dos a tener una vida, y cargar contra los que deberían haber ido, que es a por esos hombres. Acabé viviendo con muchos de ellos con solo 6 años, acabé siendo abusada por varios, y jamás se emprendieron acciones legales ni por mi ni por mi madre; la única acción que se llevo a cabo como digo fue separarnos. Yo estaba sola, y enfadada; primero caí en casa de mis abuelos. Pero claro, ellos estaban traumados con la experiencia de su hija, y siempre me decían que me parecía a ella como algo negativo, por el miedo de que ''acabase igual’’. Un día, mi abuelo estaba enfadado con mi madre, así que me cogió a mi por banda cuando era aun bastante pequeña, y me dijo que mi madre era ''un puton berbenero'' y que cualquier día aparecería muerta. Aquello me enfado mucho, y me enfadó mucho más el día que recibimos la llamada; como si el tuviese alguna culpa de predecir lo que le ocurrió, y también por la forma en la que lo dijo. Mi madre había sido asesinada justo a la vuelta de ''el club'' donde estaba trabajando hacía la okupa donde vivía con el que era su actual pareja, el cual la prostituía para drogarse el también. Apareció en su cama, con posición defensiva, y el estaba en el salón, drogándose con un amigo.. En el juicio quedo libre. A la que pude me metí en contextos de drogas, desarrollé TCA, me sexualicé muy pronto, tuve muchas relaciones de abuso desde el mito de la ''libre elección'', con hombres que podrían haber sido mis padres. Y no tardé en acabar en esas mismas dinámicas de explotación sexual, hasta que llegue a ella directamente, e incluso romantice dinámicas de violencia sexual, donde yo perdía el conocimiento y ''permitía'' que hiciesen conmigo lo que quisieran. Ya que al no haber sido tratado ese trauma, ni en mi madre ni en mi, esa fue la forma que encontró de salir. Haciéndome sentir más cerca de ella, de hecho recuerdo mirarme al espejo cuando estaba más destruida, encontrándola en mi mirada. Gracias al feminismo, a leer sobre mujeres que han sobrevivido analizando la situación con las gafas violetas, ha sido como he logrado sentir acercarme más a ella, y abrazarla, entendiendo todo lo que nos había pasado y lo que sigue pasando a tantísimas mujeres. Así que la legalización de la prostitución como un trabajo, solo es una forma más de abandono social hacia todas nosotras”.

Como dijo Andrea Dworkin, “ser mujer en este país significa que, desde el día en que naces, estás siendo preparada para ser víctima de la violencia sexual”. Esta frase puede ser aplicable a cualquier país del mundo. Las mujeres no seremos libres de decidir hasta que no vivamos una vida libre de violencia. Mientras tanto, lo mejor que podemos hacer es reconocer a las mujeres explotadas sexualmente como víctimas de violencia de género. Ofrecerles recursos habitacionales a ellas y a sus hijas. 

Recursos económicos, formativos y terapéuticos. Y reconocer la explotación sexual como una forma de violencia extrema contra las mujeres, y a los hombres que la hacen posible, como agresores sexuales.

Referencias bibliográficas

Artículos de Melissa Farley, Ingeborg Kraus.
La revuelta de las putas, Amelia Tiganus.
Política sexual de la pornografía, Mónica Alario.


lunes, 10 de junio de 2024

En defensa de la humanidad, por Arturo Ezquerro, psiquiatra

En defensa de la humanidad

Arturo Ezquerro



Arturo Ezquerro
Psiquiatra y miembro honorario de IAN



*Arturo Ezquerro es médico-psiquiatra, psicoterapeuta-psicoanalítico y grupo-analista. Nacido en Logroño, La Rioja española (cuna del castellano y del euskera), se formó en psiquiatría infanto-juvenil con John Bowlby como su supervisor y su mentor de 1984 a 1990, en la Clínica Tavistock, Londres, ciudad en la que lleva cuatro décadas de ejercicio profesional. Es profesor en el Institute of Group Analysis y el primer español en conseguir una Jefatura de Servicios Públicos de Psicoterapia en Reino Unido. Colabora regularmente con prensa, radio y televisión y reúne más de 100 publicaciones en seis idiomas, incluyendo "Apego y desarrollo a lo largo de la vida" (Editorial Sentir) y Relatos de apego (Psimática).

Introducción

Me gustaría emplear un enfoque de dinámica y apego grupal para abordar aspectos clave del sufrimiento inenarrable del que la mayoría de nosotros estamos siendo testigos, desde una distancia lo suficientemente segura, día tras día, a partir del abominable ataque terrorista perpetrado por Hamas, el 7 octubre 2023, que fue seguido por la brutal y despiada represalia del ejército de Israel, todavía sin solución de continuidad.

Pienso que es importante reflexionar acerca de este momento crucial en el que el mundo parece precipitarse rápidamente hacia la patología sociopolítica, el calentamiento global y la violencia cruel que surge, de múltiples maneras, como consecuencia de traumas personales, familiares y grupales no resueltos. 

El sufrimiento es una parte inherente del ser humano. Nuestros antepasados ​​del Pleistoceno tuvieron que soportar condiciones ambientales muy hostiles, dentro de las cuales el grupo se convirtió en el espacio humanizador básico: un entorno social benigno de adaptación evolutiva (Bowlby, 1969), esencial para convertirnos en seres humanos, sobrevivir y desarrollarnos como individuos y como especie (Ezquerro y Cañete, 2024). 

Sin embargo, coincidiendo con la revolución agrícola del Neolítico, nuestra relación con la tierra que nos sustenta cambió dramáticamente. Con anterioridad, como parte del estilo de vida nómada de cazadores-recolectores, los conflictos violentos entre grupos humanos eran relativamente raros, y se producían principalmente en relación con la escasez de recursos naturales y su concomitante amenaza a la supervivencia.

Imagen de agricultores
Diario La Vanguardia


En contraste, con los asentamientos permanentes del Neolítico, que (curiosamente) comenzaron en Oriente Medio, se generaron nuevas formas de conflicto para poseer y defender la tierra. Gradualmente, el apego a la tierra se convirtió en una faceta destacada de nuestra mente individual y grupal. Desde entonces, no hemos logrado deshacernos de una cultura de guerra omnipresente. 

En esencia, el apego a la tierra (de modo similar a como ocurre con el apego a Dios) puede interpretarse como una manifestación novedosa del apego grupal (Ezquerro, 2023). La tierra (con posterioridad la patria) adquiere una dimensión especialmente significativa cuando está habitada por un grupo étnico durante mucho tiempo, y puede pasar a ser altamente problemática cuando se le atribuye un valor sagrado (Rozin y Wolf, 2023).

Muchas características de la civilización moderna se remontan a ese período de la historia, cuando los pequeños grupos nómadas de cazadores-recolectores fueron reemplazados por grupos más grandes que comenzaron a asentarse en aldeas y ciudades, así como a apegarse a la tierra y establecer nuevas dinámicas grupales de poder. 

La agricultura allanó el camino para las innovaciones tecnológicas de la Edad de Bronce y la Edad de Hierro. Esto incluyó la creación de utensilios que mejoraron las condiciones de vida y, también, de armas cada vez más poderosas y sofisticadas para la guerra. Los grupos humanos infligieron sufrimiento a otros grupos humanos. Hoy en día, esta conducta bélica, lamentablemente, continúa siendo una característica destacada de nuestras vidas. 

Por otro lado, la necesidad que llevamos dentro de nosotros de apego interpersonal y grupal (para ser protegidos, cuidados, nutridos y educados) en la niñez, la adolescencia, e incluso en etapas posteriores, no tiene equivalente en el reino animal. 

Este rasgo distintivo de la humanidad ha influido en el desarrollo de nuestras extraordinarias capacidades sociales y solidarias, así como en la aparición de nuestros singulares problemas sociales, incluyendo guerras, genocidios y holocaustos (Preston, 2012).

Como ciudadano de a pie y como profesional de la salud mental, deseo unirme a las voces de muchos colegas y conciudadanos, que piensan que es hora de ir más allá de la zona de confort de nuestros consultorios y lugares de trabajo, para hablar claro y alto en el ámbito sociopolítico.

Un sufrimiento innecesario

Es innegable que el mundo se ha convertido en un lugar peligroso para muchos, incluso para todos, a medida que se incrementa el riesgo de autodestrucción global a causa del cambio climático y de una posible conflagración nuclear. 

En estos momentos hay 33 guerras en curso en nuestro planeta, que están causando un inmenso sufrimiento a cientos de millones de personas. Al tiempo que esto ocurre, no estamos trabajando con la suficiente eficacia para conseguir la paz. Además, el último informe exhaustivo sobre Seguridad Alimentaria y Nutrición, publicado por la Organización Mundial de la Salud el 6 de julio de 2022, muestra que el mundo está retrocediendo (WHO, 2022). 

Este informe indica que el número de personas que pasan hambre en el mundo aumentó en 150 millones durante la pandemia de la COVID, hasta superar los 828 millones de individuos. La pandemia ha sido un ejemplo demasiado trágico que ha expuesto los efectos devastadores del racismo, la marginalidad social, el edadismo y otros sistemas de desigualdad. Está fuera del alcance de este breve artículo abordar todos los males sociales que hacen que la vida humana se esté volviendo insostenible. 

Me concentraré en algunos aspectos del intratable conflicto entre Israel y Palestina, que ha estado constantemente presente desde 1948 y exacerbado hasta un nivel indescriptible de sufrimiento, desde el mencionado ataque terrorista perpetrado por Hamás el 7 octubre 2023. 

Ese mismo día expresé vívidamente la conmoción y el dolor que experimenté cuando los militantes de Hamás tomaron consigo unos 250 rehenes y mataron a casi 1.200 civiles en Israel. El ataque se considera el día más sangriento en la historia de Israel, y el más mortífero para los judíos desde el Holocausto. 

Foto: Vozdeamerica.com


Mi corazón se desgarró por todas aquellas familias afectadas por los repulsivos actos de terror. Dicho esto, no puedo hacer la vista gorda ante la respuesta militar de Israel, exponencialmente más genocida, saltándose a la torera el derecho internacional humanitario, que ha resultado en la masacre diaria de civiles palestinos (la mayoría de ellos niños y mujeres) hasta llegar, a día de hoy, al asesinato de unas 40.000 personas e incontables heridos. 

Asimismo, los bombardeos de Israel han reducido a escombros bloques enteros de viviendas, edificios religiosos, escuelas y hospitales, prácticamente en la totalidad de Gaza, enterrando también a otros muchos miles de personas, cuyas muertes no han sido registradas (Burke y Tantesh, 2024). Esto no puede aceptarse como el daño colateral inevitable asociado al legítimo derecho de Israel a la autodefensa; es un crimen contra la humanidad.

De hecho, en enero 2024, Sudáfrica, con el apoyo de muchos otros países, decidió llevar a Israel ante la Corte Internacional de Justicia (la mayor autoridad legal de Naciones Unidas) por crímenes de guerra y genocidio. No hay ninguna circunstancia bajo la cual el terrorismo de un grupo pueda justificar un terrorismo de Estado con limpieza étnica y genocidio (Shaw, 2024). 

Aunque esta denuncia contiene un pequeño rayo de esperanza para el pueblo palestino, debemos preguntarnos: ¿Cuántas personas más van a morir en el interminable ataque a Gaza, antes de que concluya este proceso judicial?

Cuando pienso en el Holocausto, todavía siento una intensa pena e indignación por el intento deliberado de los nazis de aniquilar a los judíos europeos. Este horrible trauma dejó profundas heridas personales, familiares y grupales, que se han transmitido de generación en generación y que ahora pueden resurgir como ansiedades primitivas sobre la existencia misma del Estado de Israel, creado en 1948. 

El Holocausto es, en múltiples aspectos, el crimen más horrendo cometido contra la humanidad en el siglo XX. El historiador judío, nacido en Israel, Ilan Pappé (2007) sugiere que la sombra de este monstruoso trauma ha incidido en la incapacidad de los israelíes para reconocer la Nakba, en árabe, el trauma crónico y continuo que Israel ha infligido al pueblo palestino desde 1948, y que aún continúa:

"La matanza sistemática de palestinos, así como su desposesión y desplazamiento violento,        junto con la destrucción de sus hogares, sociedad, cultura, identidad, derechos humanos y aspiraciones nacionales" (Pappé, 2007). 

Este reconocimiento del sufrimiento palestino significaría tener que afrontar la injusticia histórica en la que Israel se ve incriminada por la limpieza étnica de Palestina. También cuestionaría algunos de los mitos fundacionales del Estado de Israel, que supuestamente logró “asentarse en una tierra vacía y hacer florecer el desierto” (Chomsky y Pappé, 2010). 

De hecho, la Nakba y las condiciones infrahumanas en las que viven los refugiados palestinos (Volkan, 2017) han sido sistemáticamente excluidas o incluso negadas por Israel. El análisis de la dinámica de grupo que hizo Ilan Pappé, desde dentro del propio Israel, indica que, para muchos judíos israelíes, aceptar esto significaría socavar su propio estatus de victimismo. Esto podría desencadenar repercusiones morales y existenciales para la psique grupal israelí: 

Los judíos israelíes tendrían que reconocer que se han convertido en el reflejo de su peor pesadilla (Pappé, 2007: 246).

Reflexiones sobre un conflicto interminable

Mientras escribo este artículo, continúan llegando imágenes apocalípticas de Gaza, un día sí y otro también. 

Estoy profundamente preocupado por el conflicto interminable entre Israel y Palestina, en el que los traumas colectivos no resueltos (transmitidos de generación en generación durante más de ocho décadas) parecen seguir operando como un combustible que inflama la violencia y las represalias crueles, que están dando lugar a niveles de destrucción dantescos. 

Las recientes violaciones del derecho internacional y los crímenes de lesa humanidad perpetrados por Hamás y, de manera continuada, por el Gobierno de Israel pueden representar un círculo vicioso de odio, terror y venganza perversa. 

Me pregunto si el trauma no resuelto del Holocausto perpetrado por los nazis también podría estar contribuyendo a otra forma de inmolación, de limpieza étnica y genocidio, causado al pueblo palestino como chivo expiatorio, desde 1948. 

La creciente deshumanización del conflicto entre Israel y el pueblo palestino podría considerarse como un ejemplo demasiado trágico de lo que sucede cuando se reactiva o desencadena una experiencia traumática que ha sido encapsulada. En un trabajo relevante (La encapsulación como defensa contra el miedo a la aniquilación), el psicoanalista y grupo-analista judío estadounidense Earl Hopper (1991) se refirió a algunos de estos procesos. 

Además, según Koh (2021a, 2021b), los traumas no resueltos pueden limitar nuestra capacidad mental, tanto individual como colectiva, para construir procesos de paz eficaces. Los grupos traumatizados tienden a elegir un tipo particular de líder que promete salvarlos de su situación y, al no hacerlo, encuentra chivos expiatorios entre ellos o crea enemigos externos. Lamentablemente, esto contribuye a perpetuar el conflicto. 

Foto: Cepsin


Antes de concluir, me gustaría enfatizar que Israel tiene derecho a seguir existiendo como Estado independiente en paz, y sus ciudadanos tienen derecho a sentirse seguros y disfrutar de la vida y de sus relaciones de apego, sin amenazas terroristas. También quisiera destacar que Palestina tiene derecho a existir como Estado independiente en paz, y sus ciudadanos tienen derecho a estar seguros y disfrutar de la vida y de sus relaciones de apego, sin más ocupación, colonización y opresión por parte de Israel. 

Soy consciente de la intensidad de las emociones que se expresan cuando se presenta el conflicto entre Israel y Palestina. Sin embargo, en una situación crítica como ésta, con la matanza interminable y el sufrimiento abrumador del pueblo palestino, el silencio es complicidad y puede convertirse en un verdadero crimen en sí mismo, como lo expresó la psicoanalista judía de origen polaco, y superviviente del Holocausto, Hannah Segal (1987, 2002). Según ella, dicho silencio es una manera de ocultar la verdad y destruir nuestra capacidad de compasión y de reparación.

La libertad de pensamiento y de expresión en relación con el conflicto palestino-israelí se ha visto restringida en gran medida en Reino Unido y en otros países occidentales, incluidas algunas organizaciones de salud mental. Ha sido realmente difícil hablar y actuar libre y pacíficamente sin temor a recriminaciones, acoso o censura. 

En muchos grupos profesionales, así como en foros intelectuales y sociales, rápidamente se estableció una cultura de cancelación. El simple hecho de intentar organizar un manifiesto democrático y voluntario por la paz, se topó a veces con estrategias de boicot o con una abierta hostilidad (con frecuencia ambas cosas). 

En algunos casos, gestos como la simple petición de un alto el fuego humanitario o el apoyo a la creación de un Estado palestino han sido distorsionados como apoyo al terrorismo, quizá dando a entender que hay un terror malo y un terror bueno (el terror de Estado).

El 6 diciembre 1982 (Día de la Constitución), con motivo de las celebraciones de la Semana del Desarme, impulsada por Naciones Unidas con la finalidad de disminuir las tensiones de la Guerra Fría, el alcalde de Madrid Enrique Tierno Galván inauguró un gran mural reivindicativo por la paz, que le había encargado al artista Ramón Polo. Tuve el privilegio de estar allí, en la Plaza del Carmen (a espaldas de la Gran Vía madrileña), como parte de un grupo esperanzado, aplaudiendo la iniciativa simbolizada por un enorme arcoíris acompañado por una frase lapidaria:

La paz no se consigue sin esfuerzo: 
si quieres la paz, trabaja por la paz 
(Tierno Galván, 1982).


Conclusión

Desde la perspectiva de la teoría del apego y de la salud mental de la sociedad, parece claro que la humanidad necesita un cambio radical, una re(e)volución del apego grupal, dentro del contexto actual de conflictos militares deshumanizantes y de crueldad hacia el otro, así como de la influencia perniciosa de políticas neoliberales que contribuyen al calentamiento global de nuestro planeta y amenazan la vida misma.

Durante el Pleistoceno, el apego grupal fue una base necesaria para la supervivencia. Mutatis mutandis, los vínculos interpersonales y grupales saludables tienen que ser, una vez más, clave para sobrevivir y superar los traumas y desafíos sin precedentes a los que nos enfrentamos en el siglo XXI. 

Defender a Israel no debería ser incompatible con defender al pueblo palestino; a fin de cuentas, se trata de defender a la humanidad. Por ello, ahora más que nunca, hemos de perseverar como grupo, como comunidad internacional, en nuestra petición de un alto el fuego humanitario y de negociaciones hacia una paz que tenga como objetivo brindar justicia, seguridad y protección a las comunidades israelí y palestina, sobre la base del derecho internacional. 

El trauma colectivo no resuelto contribuye a generar violencia y círculos viciosos de venganza perversa (interpersonal y grupal) y, asimismo, puede ser un obstáculo para la paz. 


Referencias bibliográficas

Bowlby J (1969) Attachment and Loss. Vol 1: Attachment (1991 edition). London: Penguin Books.

Burke J and Tantesh MA (2024) Anguish in Gaza over the missing thousands. The Guardian (8 April), pp. 1 and 14. 

Chomsky N and Pappé I (2010) Gaza in Crisis. Reflections on Israel’s War against the Palestinians. London: Hamish Hamilton.

Ezquerro A (2023) Apego y Desarrollo a lo largo de la vida: El poder del apego grupal. Madrid: Editorial Sentir.

Ezquerro A and Cañete M (2024, in-press) The Power of Group Attachment: John Bowlby Revisited from a Group-Analytic Perspective. London and New York: Routledge.

Hopper E (1991) Encapsulation as a defence against the fear of annihilation. International Journal of Psychoanalysis72(4): 607-624.

Koh E (2021a) The Impact of Trauma on Peace Processes. New England Journal of Public Policy 33(10): Available at: https://scholarworks.umb.edu/nejpp/vol33/iss1/4

Koh E (2021b) The healing of historical collective trauma. Genocide Studies and Prevention: An International Journal15(1): 115-133. 

Pappé I (2007) The Ethnic Cleansing of Palestine. Oxford, UK: Oneworld Publications Limited. 

Preston P (2012) The Spanish Holocaust: Inquisition and Extermination in Twentieth-Century Spain. London: Harper Press.

Rozin P and Wolf S (2023) Attachment to land: The case of the land of Israel for American and Israeli Jews and the role of contagion. Cambridge University Press. Available at Attachment to land: The case of the land of Israel for American and Israeli Jews nd the role of contagion | Judgment and Decision Making | Cambridge Core

Segal H (1987) Silence is the real crime. The International Review of Psycho-Analysis 14: 3-12.

Segal H (2002) The mind of the fundamentalist/terrorist Not learning from experience: Hiroshima, the Gulf War and 11 September. Newsletter of the International Psychoanalytic Association 11(1). Available at: https://psychoanalysis.org.uk/articles/the-mind-of-the-fundamentalistterrorist-not-learning-from-experience-hiroshima-the-gulf-war

Shaw M (2024) Geneva Conventions 1864-1977. Britannica. Available at Geneva Conventions | International Humanitarian Law, Protections & History | Britannica

Volkan VD (2017) Immigrants and Refugees: Trauma, Perennial Mourning, Prejudice, and Border Psychology. London: Karnac.

WHO (2022) The state of food security and nutrition in the world 2022. World Health Organization. Available at The state of food security and nutrition in the world 2022 (who.int)



 

lunes, 27 de mayo de 2024

Qué le piden los niños y las niñas a los profesionales que conforman su contexto de vida.

Como sabéis, acabamos de celebrar con gran éxito las VI Conversaciones sobre apego y resiliencia en San Sebastián, Gipuzkoa (España). Este congreso ha estado dedicado a enfatizar la enorme importancia que tiene el contexto de vida que rodea a los niños y a las niñas. Y dentro de este, el papel tan relevante que juegan los profesionales que trabajan con el niño/a: los maestros, los psiquiatras, los trabajadores sociales, los técnicos de infancia...

En las VI Conversaciones escenificamos un acto de inauguración donde simbólicamente representamos lo que los niños y niñas le piden a los profesionales de este contexto. Me dijeron que era de gran valor y que merecía la pena darlo a conocer entre quienes no habéis podido asistir a las Conversaciones. 

Así que hoy os comparto el guión del acto de inauguración de este congreso con los textos que contienen los mensajes que los chicos y las chicas nos lanzan. En nuestra labor psicoterapéutica, no debemos de olvidar nunca que todo niño y niña interactúa y se relaciona en un contexto determinado. Obviar y no tener en cuenta este es un error que no nos podemos permitir cometer, sobre todo cuando somos conscientes de la enorme repercusión que dicho contexto tiene en el desarrollo y salud de la persona menor de edad. Como profesionales de la psicoterapia y de la salud mental, nuestra tarea es también la de contribuir a generar contextos terapéuticos y protectores para nuestros niños y niñas.

Representantes simbólicos del contexto de vida del niño/a
en el acto de inauguración de las VI Conversaciones

Mientras se proyecta el vídeo TXALAPARTA, las personas que representan el papel de profesionales integrantes del contexto del niño/a entran uno a uno en el escenario y se colocan mirando al público. Una madre y sus hijos/as caminan desde el fondo de la sala, se acercan al escenario y entregan a cada adulto (uno a uno) que representa a un profesional, un sobre grande que contiene una hoja donde está escrito un requerimiento. Cuando acaban, la madre y los niños/as se quedan al lado de los profesionales y de José Luis. 

Vídeo del Acto de inauguración de las VI Conversaciones


La txalaparta, instrumento ancestral del País Vasco 
simbolizó la llamada del CONTEXTO

José Luis lee este texto:

La txalaparta es un instrumento de percusión tradicional del País Vasco, Navarra y el País Vasco Francés. Su origen se remonta al Paleolítico. Su utilización estaba íntimamente ligada a las labores de fabricación de la sidra. Tras triturar la manzana, se celebraba una cena y la fiesta se podía prolongar hasta altas horas de la madrugada. 

Una vez terminada la cena, al oír el instrumento, la gente de los alrededores se iba animando y se acercaba al lugar. Su uso siempre ha estado vinculado con el medio rural y con este modo de vida. También se utilizaba en bodas, bien el mismo día o días antes del festejo. 

Como hemos visto y oído, la txalaparta es un instrumento de percusión que permite crear juegos rítmicos con improvisación. 

Podemos considerar a la txalaparta como un instrumento de CONTEXTO, porque es una llamada a toda la comunidad que vive alrededor para sumarse a una fiesta. En este caso nos sumamos a estar cerca y alrededor del niño o niña. 

La txalaparta es la llamada que los niños y niñas hacen al CONTEXTO de vida que les rodea, para que sean VISTOS. El contexto es fundamental para que se desarrollen sanamente. Nos interpela a todos sobre las necesidades de los niños/as a este nivel, no podemos hacer ninguna intervención terapéutica ignorando su llamada. Esta resuena en nosotros como los sonidos de la txalaparta. Y CADA VEZ, COMO HABÉIS VISTO, NOS LLAMA CON MÁS FUERZA E INSISTENCIA.

Esta madre, sus hijos y su hija, nos piden que la ESCUCHEMOS y entregan a los representantes simbólicos del contexto (dentro de un sobre) lo que le piden a cada uno de ellos. Leámoslo:

(Cada participante, lee, uno a uno, el contenido de cada sobre)

PROFESORA 

Los niños necesitamos escuelas sensibles al trauma, con profesores formados en las consecuencias que la adversidad temprana tiene en nuestro desarrollo y salud. Profesores que conozcan cómo nuestra atención, comportamiento y emociones se pueden desregular, dificultándonos y complicándonos el aprendizaje y las relaciones con los demás. 

Necesitamos que los profesores nos prestéis vuestro cerebro para que desde vuestra permanencia externa podáis estimular nuestra permanencia interna. 

La paciencia, el afecto, la solidaridad y la empatía (conectar con nuestro sufrimiento para no nos veáis como sujetos con mala o buena conducta) son cualidades que debéis de cultivar. 

Pensad que vuestras maneras de actuar, cómo valoráis nuestras acciones y rendimiento, y los mensajes que nos transmitís, repercuten directamente en nuestra autoestima e influenciarán nuestra identidad adulta. 

PSIQUIATRA

Los niños necesitamos psiquiatras formados en trauma, apego y resiliencia. Profesionales conocedores de cómo las experiencias infantiles tempranas, si están caracterizadas por el maltrato, la negligencia y/o el abuso sexual, afectan y dañan el desarrollo del cerebro y del sistema nervioso. 

Psiquiatras que tengan una visión bio-psico-social de los trastornos mentales y del desarrollo de los niños y adolescentes, que apuesten por tratamientos donde el valor de las relaciones sea central en la recuperación de las consecuencias de los traumas tempranos. 

Psiquiatras que, además de tener conocimientos y ofrecernos medicinas desde el vínculo, sean cercanos, amables, empáticos y sensibles al sufrimiento de los niños y adolescentes. Así desarrollaremos con vosotros una relación de confianza, básica para que aceptemos vuestros cuidados médicos. 

Psiquiatras capaces de ver que lo que el mundo adulto llama “trastorno” realmente es una expresión de nuestra desesperación y dolor, nuestro grito para pedir ayuda.

EDUCADORA

Los educadores sociales sois profesionales clave en nuestras vidas. Vuestro ideario pedagógico no debe de basarse en una metodología conductual, de premios y castigos. Tenéis que involucraros en nuestras vidas. Las actuaciones educativas distantes y despreocupadas de nuestro mundo interno son inadecuadas. Necesitamos que nos ayudéis a comprender nuestra mente y la de los demás.  

Es muy importante que estéis formados en las consecuencias que la adversidad temprana tiene en nuestro desarrollo, pues genera un impacto traumático que afectará a todas las áreas de nuestra personalidad. 

Los niños necesitamos que las administraciones os ofrezcan unas condiciones laborales que os permitan sentiros satisfechos en vuestro puesto de trabajo, para que no haya tanta movilidad laboral, pues eso impide la permanencia, vital para que podamos establecer con vosotros un vínculo afectivo, resiliente, que dé sentido a nuestras vidas. 

Vuestra capacidad para vincular y para la empatía son dos competencias fundamentales para que podamos sanar de nuestras heridas traumáticas. Vuestra paciencia, perseverancia y solidaridad para con nosotros son indispensables, aun sabiendo que no os lo ponemos nada fácil. Recordad que nosotros tuvimos unos modelos parentales que dañaron nuestra confianza y seguridad en el mundo adulto y por eso necesitamos que seáis base segura para nosotros. 

TÉCNICO DE INFANCIA 

Sois los profesionales más importantes de nuestro contexto vital. ¿Sois consciente de que las decisiones que toméis pueden marcar nuestra vida hacia la fatalidad en la desgracia o hacia un camino que puede ser resiliente? 

Vuestros conocimientos sobre las consecuencias que los malos tratos tienen en el desarrollo de los niños, especialmente en los periodos sensibles, en los que necesitamos un tipo especial de estímulos, son imprescindibles. Para nosotros es vital que priméis nuestro interés superior, no el del mundo adulto. Y que la burocracia no enlentezca las decisiones que nos protegen. Porque, como dice Rafal Benito: “el neurodesarrollo no espera y no entiende de que las comisiones tarden en reunirse y decidir”. 

Los niños necesitamos que los técnicos nos protejáis y que toméis las decisiones que atañen a nuestra seguridad y estabilidad, a nuestro derecho a ser niños y disfrutar de ello. 

Si los contactos o la relación con nuestros padres u otros adultos nos dañan y no es beneficiosa para nosotros, vosotros debéis de protegernos. Muchas veces estar expuestos a estas situaciones nos dispara terribles recuerdos y re-consolida nuestros traumas en la memoria.

JUEZA 

Eres otra figura muy relevante en nuestras vidas. Para nuestra seguridad y protección, para que podamos crecer y desarrollarnos sanamente, es totalmente necesario que persigáis siempre nuestro interés superior. Necesitáis que los peritos a los que recurrís sean capaces de ofreceros informes técnicos bien argumentados en los que os dejen bien claro que las personas adultas con las que vamos a convivir (en guardia y custodia o en régimen de visitas), si nos hacen daño activo o pasivo (negligencia) afectan a nuestro cerebro y, por tanto, a nuestro desarrollo. Por ello, habéis de decidir en base a nuestro “derecho al buen vínculo” (propuesto por el abogado Hernán Fernández, el cual tiene jurisprudencia) y no en base al derecho de los padres. Los niños somos personas a las que debéis de proteger, no somos una propiedad de nuestros padres. Hay que recordaros que La Convención de los Derechos del Niño es el tratado internacional que nos protege y es de carácter obligatorio para los Estados firmantes. 

Del mismo modo, sabed que romper los vínculos afectivos nos daña, por ello debéis de priorizar el “derecho al buen vínculo”, a que tengamos unas personas adultas competentes y estables en nuestras vidas, no unos padres o familia biológica. 

Finalmente, cuando cometemos una infracción, vuestras decisiones y las medidas que adoptéis para rehabilitarnos (porque estamos a tiempo), son también fundamentales. Los profesionales os deben de informar técnicamente de qué es lo mejor para nosotros. Muchas veces delinquir es nuestro último síntoma. El mundo adulto que nos rodeaba no vio que estábamos desprotegidos y tuvimos que dar ese último y desesperado grito de socorro… Los chicos que delinquen tienen corazón, leed, por favor, “Acogiéndote, diario de un comienzo”.

PSICOTERAPEUTA 

Los niños necesitamos psicoterapeutas formados en apego, trauma y resiliencia, preferentemente traumaterapeutas. El aspecto técnico es importante, pero sabed que la persona del psicoterapeuta es el principal instrumento para que podamos transformarnos. Por eso tenéis que estar formados a este nivel. Cuando hacemos terapia, nos encontramos con vuestra persona. ¿Sabéis que para nosotros estar en una sala los dos solos puede ser amenazante? ¿Sabéis que explorar nuestro interior nos asusta? Necesitamos, primero, confiar y sentir seguridad. 

La neurocepción (el tripómetro) que despertéis en nosotros hará que queramos seguir en la terapia o mostremos nuestras defensas. Tenéis que comprender estas defensas, es una manera de protegernos del dolor de haber sido maltratados o abandonados. Si os alías con ellas, seguro que nos va mejor. 

Tened paciencia con nosotros, constancia, haced que notemos que os importamos, dedicad sesiones a nuestros padres o referentes y no os quedéis encerrados en vuestra sala de terapia. ¡Sed psicoterapeutas ecosistémicos y coordinaos con nuestros psiquiatras, educadores o profesores! El trabajo, así, será completo y mejoraremos mucho más, porque atenderéis a lo que ocurre en nuestro contexto de vida. 

No nos hagáis hablar de lo traumático demasiado pronto. Bruce Perry dice que muchas veces elegimos cuándo, dónde y a quién comunicar lo traumático, y que esto lo hacemos en pequeñas dosis. 

Maryorie Dantagnan es nuestro referente sobre cómo ser un psicoterapeuta suficientemente bueno. Leed el cuento que ella y su colega y discípulo José Luis han elaborado: “Estoy contigo”. Si tenéis en cuenta todo eso, nos irá bien. 

José Luis dice: La combinación de golpes, que los viejos txalapartaris utilizaban para crear un juego en el que uno pone el orden o equilibrio mientras que el otro se dedica a romperlo para hacer el desequilibrio, expresa muy bien la tarea que nos es encomendada a los profesionales: restaurar el equilibrio del CONTEXTO y lograr que sea sano y promotor de buenos tratos para los niños/as.

UNA NIÑA lee el texto final:

El amor y la solidaridad son la mejor de las terapias.

El ser humano tiene que aprender a volverse humano. 

Los niños necesitamos personas estables a nuestro lado que crean en nuestros recursos y nos den confianza, cambiando la mirada sobre nosotros y las causas de nuestro dolor. 

Personas que tengan paciencia, perseverancia y permanencia. 

Adultos, no olvidéis nunca esto: 

“No todo lo que hagáis por nosotros ahora lo veréis ahora” 

“La gota de agua no horada la piedra por su paciencia sino por su perseverancia”

José Luis dice:

Que así sea.

(Antes de irse, la madre entrega a cada profesional un ejemplar del libro Buenos tratos)