Panagiotis Zournatzidis, Patrick Luyten, Peter Fonagy, Vasiliki Salavou, & Pavlina Vorria (2026). Attachment in adoptees and non-adoptees from infancy to young adulthood: The Greek Metera study. Attachment & Human Development, 28(2), 139–162. https://doi.org/10.1080/14616734.2026.2632638
La revista científica sobre apego, Attachment and Human Development publica en su último número de Abril de 2026 un artículo sobre el apego en personas adoptadas y no adoptadas desde la infancia hasta la vida adulta, es decir, en qué medida la seguridad en el apego se mantiene estable o se producen modificaciones, y de qué factores dependen estas. Si las representaciones de apego son dinámicas y plásticas y se modifican en relación a nuevas experiencias vinculares. También el estudio se centra en personas adoptadas y si sus representaciones están rígidamente determinadas por el trauma del abandono o la negligencia.
Para quienes no tenéis demasiado tiempo, os he preparado un resumen corto del artículo y un breve texto con las ideas principales. Si alguno/a queréis profundizar más, os dejo un enlace a un texto traducido al español de mayor extensión, para acceder al mismo, haced CLICK
RESUMEN DEL ARTÍCULO
Este estudio longitudinal analiza la evolución del apego en adultos jóvenes adoptados que vivieron experiencias tempranas de institucionalización, centrándose en si la recuperación observada tras la adopción se mantiene en la adultez y qué factores predicen continuidad o cambio en los modelos de apego. La investigación parte de que el cuidado institucional se asocia frecuentemente con apego inseguro y desorganizado, mientras que la adopción suele actuar como una intervención reparadora, favoreciendo procesos de “catch-up” o recuperación evolutiva.
Desde un marco teórico, el estudio dialoga con dos perspectivas sobre la estabilidad del apego: la prototípica, que enfatiza la persistencia de los modelos internos tempranos, y la revisionista, que destaca su plasticidad frente a nuevas experiencias. En consonancia con investigaciones previas, los resultados cuestionan una estabilidad fuerte del apego a lo largo del desarrollo. No se halló continuidad significativa desde la infancia ni desde la adolescencia hasta la adultez, apoyando la idea de que el apego puede reorganizarse en función de experiencias posteriores.
Los hallazgos muestran que, aunque muchos adoptados alcanzaron seguridad del apego en la adultez, presentaron más inseguridad —especialmente patrones evitativos y estados no resueltos— que los no adoptados. Sin embargo, no se confirmó que la edad en la adopción predijera el apego adulto, posiblemente debido a la calidad del cuidado recibido en la institución estudiada. Esto sugiere que las experiencias tempranas adversas no determinan de manera rígida el desarrollo posterior del apego.
Un hallazgo central es que los acontecimientos vitales estresantes en la adultez (pérdidas, enfermedad, maltrato) sí predijeron inseguridad del apego, especialmente rasgos preocupados, reforzando una visión del apego como sistema adaptativo sensible al contexto. En cambio, ni el apego adolescente, ni la función reflexiva, ni la calidad de las amistades, ni la salud mental materna actuaron como predictores significativos del apego adulto, lo que cuestiona algunas hipótesis previas y subraya la complejidad de los procesos implicados.
El estudio destaca como fortaleza su diseño longitudinal único desde la infancia institucionalizada hasta la adultez, utilizando múltiples medidas de apego en distintas etapas evolutivas. Entre sus limitaciones figuran el tamaño muestral moderado, la ausencia de medidas del apego de los padres adoptivos y la falta de variables relacionadas con la identidad adoptiva y el contacto con la familia biológica.
En conjunto, los resultados sugieren que la adopción favorece procesos importantes de recuperación, pero también que pueden persistir vulnerabilidades latentes que emergen ante experiencias adversas posteriores. Más que un rasgo fijo, el apego aparece como un proceso dinámico moldeado por experiencias continuadas a lo largo del ciclo vital. Estos hallazgos abren vías para futuras investigaciones e intervenciones orientadas a promover seguridad del apego en personas adoptadas a lo largo de la vida.
IDEAS PRINCIPALES
La adopción puede promover una recuperación significativa del apego tras experiencias tempranas de institucionalización (“catch-up”), reduciendo inseguridad y desorganización, aunque esta recuperación no siempre garantiza seguridad estable en la adultez.
El apego no mostró una estabilidad lineal a lo largo del desarrollo (infancia–adultez), lo que apoya una visión dinámica del apego más que una concepción rígidamente determinada por las experiencias tempranas. Esto es algo que vengo observando en la clínica y en mi aplicación de la Traumaterapia sistémica durante más de veinte años a pacientes adoptados: las representaciones mentales de apego entran en diálogo con las experiencias posteriores, y si estas son de seguridad con un contexto familiar y social estable y de apoyo, aquellas pueden modificarse positivamente y ganarse a la seguridad.
Los adultos adoptados presentaron mayor riesgo de inseguridad del apego (especialmente apego evitativo y estados no resueltos) que los no adoptados, aunque muchos alcanzaron niveles de seguridad comparables a la población general.
La edad en la adopción no predijo el apego adulto, cuestionando la idea de que una institucionalización más prolongada determine necesariamente peores resultados en apego (Pero hay que tener en cuenta que el estudio se ha hecho en centro llamado Metera donde los adultos promovían cuidados basados en el apego, con lo cual no es prudente generalizar). Por lo tanto, qué enorme trascendencia tiene para el futuro desarrollo del niño que los centros de acogida y los orfanatos del mundo estén informados por la teoría del apego, destacando la gran labor que en este sentido ha ejercido y ejerce el psicólogo danés Niels Rygaard.
Los acontecimientos vitales estresantes en etapas posteriores predijeron inseguridad del apego adulto, mostrando que las experiencias continuadas tienen un peso importante en la reorganización de los modelos internos de trabajo. Los niños adoptados deben enfrentarse a muchos desafíos en su crecimiento, si el entorno familiar y escolar no son conscientes del estrés que ello conlleva la evolución puede ser negativa, sobre todo cuando la regulación emocional, la estrategias de afrontamiento, la inseguridad y la integración social están comprometidas.
Ni el apego adolescente, ni las amistades, ni la función reflexiva actuaron como predictores significativos del apego adulto, lo que sugiere que los procesos que explican cambio y continuidad son más complejos de lo esperado.
El apego se entiende mejor como un proceso adaptativo y plástico, influido por experiencias relacionales a lo largo de la vida, más que como una estructura fijada en la infancia. Efectivamente, coincido con esta conclusión del estudio. Muchos adoptados pueden confirmar que gracias a personas con las que se han encontrado en su camino -tutores de resiliencia (Cyrulnik, 2003)- han vivido vínculos reparadores que han aumentado su seguridad y confianza.
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| Portada del libro "Traumaterapia sistémica" |
Persisten vulnerabilidades latentes en algunos adoptados, aunque las experiencias tempranas adversas no determinan de forma inevitable los estados mentales de apego en la adultez. Realmente, Cyrulnik (2003) nos ha dicho que "una infancia infeliz no determina la vida", el acompañamiento de años que hacemos desde la Traumaterapia sistémica (con su modalidad ecosistémica, en la cual trabajamos para generar cambios en los contextos de vida de la persona que le puedan sujetar y sostener) con personas adoptadas nos demuestra que una red de apoyo familiar, social, profesional... es la clave para hacer un proceso resiliente.
La Traumaterapia sistémica no busca solo resolver memorias traumáticas, sino promover procesos de reorganización del apego y reanudación del desarrollo mediante experiencias relacionales transformadoras. Yo le llamo el principio de plasticidad relacional. Lo resumiría así: Allí donde hubo trauma relacional puede haber reorganización relacional. Por ello, los modelos de terapia para el trauma que se focalizan solo en integrar las experiencias traumáticas no se pueden olvidar que aquel la mayoría de las veces implicó el maltrato, el abandono, el abuso o la negligencia de una o de las dos figuras de apego primarias (normalmente, los padres biológicos); por ello, es necesario recuperar la capacidad de sentirse seguro y confiado y procesar y elaborar esto dentro una relación terapéutica y contexto sociofamiliar que lo promuevan.
Se necesitan más estudios longitudinales, especialmente sobre factores protectores, experiencias adoptivas e impacto de transiciones vitales (como la parentalidad) en la evolución del apego.
REFERENCIAS
Cyrulnik, B. (2003). El murmullo de los fantasmas. Gedisa.