lunes, 26 de octubre de 2020

Una carta a Santa Claus, un cuento para ayudar a comprender a niños/as adoptados/as que han transitado momentos de adversidad temprana

 

José Castillo Piquer 

Trabajador Social. Terapeuta Familiar. Traumaterapeuta Infantil y Juvenil.


Nuria Molina Molina

Arteterapeuta. Psicodramatista. Traumaterapeuta Infantil y Juvenil. Artista e Ilustradora.


Nos presentan el cuento:

Una carta a Santa Claus

Para adquirirlo, haz clic AQUÍ
 


“La resiliencia es el arte de navegar en los torrentes,

el arte de metamorfosear el dolor para darle sentido;

la capacidad de ser feliz incluso cuando tienes heridas en el alma.

Es más que resistir, es aprender a vivir”.

Boris Cyrulnik

“Lo que Ana no supo en el momento de escribir su carta a Santa Claus, era la de cosas que compartía con él, y es que tanto una como otro, aun a pesar de haber tenido que mirar cara a cara a la adversidad ya desde muy pequeños, no solamente lograron crecer, sino que además acabaron convirtiéndose en dos seres realmente mágicos”. 

A su corta edad nuestra querida personaje, observadora como es y frente a la televisión, se da cuenta todas las noches de que Pepa Pig y su familia, tienen cosas que ella también quisiera tener, y que necesita -por cierto- para crecer. Así que con esa naturalidad y espontaneidad que caracteriza a la infancia, un buen día decide cambiar la carta que ese año le había escrito a Papa Noel, y con ello pedirle algunas de esas cosas que tanto desea. A cambio, renunciará a bastantes de los juguetes que en su momento pidió para navidad. 

Debéis saber que el personaje de esta aprendiz de escritora, se basa en una niña real, una niña más querida sin duda, la cual un buen día, jugando, jugando, decidió contarnos clara y rotundamente como veía su mundo interior, así como la relación que tenía con los demás. 

Se trata de una de esas niñas que pide lealtad constante a sus papas adoptivos, de esas que puede llegar a entrar en pánico si siente que éstos se retiran, de esas que salen del colegio exhaustas como si llegara de correr algo así como un maratón emocional, y de esas que necesitan controlar muchas cosas de su alrededor. Pero sobre todo se trata de una de esas niñas las cuales con el tiempo, y buenas dosis de buen trato, va siendo capaces de crecer y crecer. 

Ésta historia real, rápidamente fue complementándose con nuevas ideas y matices, para al poco tiempo darnos cuenta de que en gran parte representaba a muchos niños que han sufrido situaciones de malos tratos, o que de alguna manera han debido enfrentar situaciones de trauma temprano. Fue entonces cuando apareció Ana y el proyecto de este álbum con ella. Alrededor de él nos fuimos encontrando poco a poco las personas que figuran en la portada y algunas que no. 

En ese inicio, hace aproximadamente un año, fue Conchi Martínez Vázquez la que propuso, guio y animó, para que de ese modo Aurora y José imaginaran, mentalizaran y pusieran palabras. Fue a los días cuando a Nuria, al escuchar la historia, se le escapó un abrazo de esos que orientan, para después terminar ilustrando la historia. Y finalmente fue a los meses que Maribel Tabuenca, desde su “cofre de hilos”, permitió que de algún modo Ana se hiciera más y más grande. Al final de ese proceso, nos encontramos con José Luis Gonzalo y Maryorie Dantagnan los que con su supervisión y cariño nos ayudaron a rubricar esta historia. 

Si nos preguntan para qué construimos este álbum ilustrado diremos que lo hicimos para ayudar a “comprender mejor”. Habitualmente trabajamos, nos relacionamos e incluso criamos a niños y jóvenes, los cuales han transitado ya momentos de adversidad temprana, y por tanto con huellas considerables en sus vidas. 

En el plano profesional, de cara a aportarles algo en todo su proceso terapéutico nos vemos en la labor de ayudarles a reconstruir y reparar algunos fragmentos de vida. Y con ello motivarlos y ayudarles a regular emociones, implicarlos en el trabajo de cambio, para finalmente junto a él llevar a cabo una redefinición de algunas de sus narrativas y desarrollar o aumentar su capacidad resiliente. 



Este itinerario de intervención, sintetizado posiblemente en exceso, no va a poder dar sus frutos si no existe una mínima capacidad mentalizadora tanto por parte del propio profesional, como por parte del propio joven, así como por su red afectiva. 

Con su carta a Santa Claus, y todo lo que cuenta en ella, Ana de alguna manera pretende ayudarnos concretamente en este sentido, y a partir de ahí facilitarnos el hecho de conseguir respuestas para preguntas tan necesaria como : “qué le pudo pasar a esta niña para …”, “ cómo ve el mundo este muchacho cuando …”, “qué tuvo que ocurrir en la vida de esta familia para que …”. 

Lo diremos de otro modo, diremos que con este ejercicio de curiosidad profesional, pretendemos ayudar al lector a conectar de otra manera; por ejemplo, con ese niño que fue adoptado hace unos años y que sin saber muy bien porqué, en mitad de una fiesta de cumpleaños, acaba comportándose como si se encontrara en medio de un torneo de la edad media - con lucha entre caballeros incluida, ¡claro está!-. O comprender mejor a ese adolescente, el cual frente a una jueza de menores, reconoce los hechos de los que le acusan, mientras con gesto abatido hunde la mirada en sus zapatos y reconoce entre murmullos no saber qué le ocurre aquí -señalándose la frente- para hacer estas cosas. O quizás nos aporte ideas también para comprender a una madre o un padre, que se sienten al límite con la conducta de su hijo, que cada vez notan una mayor una carga de culpa, y que en realidad nadie les dijo que lo que realmente están haciendo, no es más ni menos que una marentalidad/parentalidad terapéutica. 

En lo personal y lo profesional, nos sentimos más satisfechos cuando al ver que con el desarrollo de esta mirada explicativa, comprensiva y mentalizadora, evitamos “cargar las tintas” -y con ello la mayoría de responsabilidad- sobre el niño/a. Y es que mirar a la infancia de un modo sistémico implica hacer un reparto justo de atribuciones a la hora de entender cómo se construyeron. Con ello, revisar niveles de competencias parentales, así como aciertos y negligencias institucionales, respuestas de la red afectiva del chico en un momento dado, o el tipo de apoyo o ausencia de redes sociales, por poner solo unos ejemplos, resulta fundamental, pues pensamos es ahí donde se encuentras las verdaderas responsabilidades. 

Por ultimo decir que todo este cuento, todo esta gran metáfora, se configura además como una puerta de entrada a gran variedad de textos y artículos teóricos que algunos/as autores/as ya han desarrollado en este sentido desde su propia experiencia. En el material se hace referencia a ellos, así como a algunas de sus ideas, tanto para comprender mejor algunos conceptos, como para poder establecer una mejor vinculación con ese joven a la espera de la sentencia del juzgado de menores, o ese niño que se que se cree en medio de una lucha entre caballeros, etc. 

Así que poco más aportaremos a este texto. Únicamente reconocer al lector nuestro deseo de que ojalá que al tiempo, pasados quizás diez o doce años, podamos reencontrarnos de nuevo con la joven Ana. Si lo hacemos, creernos que con toda seguridad nos permitiremos preguntarle si esa carta imaginaria que aquel fin de semana escribimos en su nombre, provocó de alguna manera que se sintiera interpretada y tratada de otro modo. 

lunes, 12 de octubre de 2020

"El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes", una novela de Tatiana Tîbuleac

Hay veces que los post me brotan solos. Esto me trae a la mente una frase de Boris Cyrulnik, cuando dice que el deseo de escribir se acrecienta en época de duelo. Estamos atravesando un periodo de pérdida, debido al COVID y todo lo que conlleva. Personalmente, estoy en duelo porque he perdido un ser querido, un amigo (aunque no por este virus). Y siento esto que expresa magistralmente el gran Boris Cyrulnik en su último libro, Escribí soles de noche: “De modo que es posible sufrir menos la pérdida del objeto creando un relato, ya que la conmoción afectiva de un acontecimiento evoluciona en la memoria”

A lo largo de este proceso de duelo, sorpresivamente sucede lo inesperado. "Estás sufriendo, permanece atento, algo bello va a ocurrir" -dice también Cyrulnik. ¿Qué sucede? Que una colega y compañera psicóloga-traumaterapeuta, Idoya Aragón, me anuncia en un mensaje que tiene un regalo para mí. Viene de Logroño, donde tengo la mitad de mis orígenes, una tierra muy querida para mí.

El regalo es un libro.

Portada de la novela
"El verano que mi madre tuvo los ojos verdes"

Una novela que me ha acompañado este verano pasado y me ha ayudado con mi propio duelo. Casualmente, el regalo de Idoya me llegó en un momento de necesidad. Me ha costado darme cuenta, pero este libro ha sido un tutor de resiliencia que me ha servido de punto de apoyo para poder reflexionar -gracias a la palabra escrita, como dice Cyrulnik (2020)- sobre muchas emociones, a veces oscuras y angustiantes que, como mar encrespado, sacudían mi mente. Es la angustia del sentimiento de vacío que deja el amigo perdido en tu alma. Pero al final se hace la luz en mitad de la oscuridad y comienza el renacer. Sobre todo si tienes la fortuna de tener a gente que te quiere cerca y te da el sostén que necesitas para transformarte. "Luces entre sombras de la clara oscuridad, de este mundo absurdo que no sabe adonde va" (Luis Eduardo Aute) Todavía no sé muy bien porqué este libro me ha ayudado en mi proceso. Pienso que es debido a la belleza de la literatura, con poder resiliente; y, por supuesto, el gesto de Idoya, que tuvo mucha trascendencia para mí en ese momento. Ella no sabía el alcance y el impacto tan beneficioso que su acción tendría en mí. Los gestos son importantes en la vida, por pequeños e insignificantes que nos parezcan. Pueden aportar mucho, más de lo que nos pensamos, para quien los recibe. ¡Gracias Idoya!

El regalo de Idoya llegó a mi casa… ¡junto con una carta manuscrita! ¡Qué emoción! Ya nadie se toma la molestia de escribir cartas con boli, en una hoja que conserva los rastros de haber sido arrancada de un bloc. Como las que escribía de niño a mis abuelos, a los amigos y posteriormente a una joven de la que me enamoré perdidamente, cuando tenía 20 años… No podía verla porque estudiaba en Pamplona. De repente, la carta de Idoya activó mi memoria emocional y noté en mi cuerpo toda una catarata de sensaciones dulces y cálidas que evocaban esos periodos de mi vida. ¡Qué bello es recordar cuando los recuerdos producen placer, derroche de neuroquímica dopaminérgica en mi cerebro!

Pero si decido compartir con todos y todas vosotras este libro no es por el tema de mi duelo, obviamente, pues este blog no es para hablar de mi persona, sino porque nos ofrece el relato de la historia de una relación materno-filial dañada y de cómo, durante un verano, sucede la reparación, vista desde el punto de vista del hijo (Aleksy), que narra en primera persona. También nos habla del duelo posterior y de la resiliencia del personaje a través de la pintura. Se trata de un joven maltratado por su padre y abandonado emocionalmente por su madre, que sorpresivamente recibe la llamada de esta para pasar juntos la época estival... Y la reparación la hacen del modo en que estas dos personas afectadas psicológicamente por sus propias historias pueden hacerlo, desde el vínculo que se -y les- transforma; y desde los recursos supervivenciales con los que cuentan. Pero esa reparación sucede... Asistiréis a ella, si leéis la novela. Siempre se está a tiempo de reparar la relaciones, si surge esa necesidad internamente y se hace genuinamente. A la autora, Tatiana Tîbuleac, no le ha costado ponerse en la piel de este chico, haciendo que este nos cuente, tiempo después de lo acontecido, por recomendación de su psiquiatra, los recuerdos de lo vivido el último verano con su madre. Esto se convierte en su terapia narrativa. 

Idoya me dijo que se acordó al leer la novela de los chicos maltratados y abandonados que pueblan nuestras consultas en busca de un psicoterapeuta que empatice con ellos y no que les analice o interprete. “Bien pudiera ser uno de nuestros chicos o chicas” – me dice por el whataap Idoya. La carta manuscrita, que está cuidadosamente doblada dentro del libro, dice sobre el personaje de Aleksy :

"Un día antes del confinamiento mi librero de confianza me descubrió esta joyita literaria. La leí en un santiamén entre el desgarro, la avidez, el asombro, la tristeza, la ternura… muchas emociones fluían y se mezclaban apenas de modo perceptible con lo aprendido en y a partir del Máster [se refiere al de Traumaterapia de Barudy y Dantagnan en el cual participo como docente y soy parte del mismo como coordinador del programa académico en Donostia] A menudo releía frases y expresiones, con placer unas veces (contiene imágenes preciosas), con dolor otras (este niño bien puede pertenecer al mundo de la red apega)" [Quiere decir que puede ser un niño que participe en algún programa de atención psico-educativa-terapéutica de algún profesional que forma parte de la red apega, constituida por psicólogos, educadores, trabajadores sociales… egresados del Postgrado de Traumaterapia]

Es entonces cuando miro la portada y después la contraportada, como hacemos casi siempre con los libros y leo esta sugerente reseña:

"Aleksy aún recuerda el último verano que pasó con su madre. Han transcurrido muchos años desde entonces, pero, cuando su psiquiatra le recomienda revivir esa época como posible remedio al bloqueo artístico que está sufriendo como pintor, Aleksy no tarda en sumergirse en su memoria y vuelve a verse sacudido por las emociones que lo asediaron cuando llegaron a aquel pueblecito vacacional francés: el rencor, la tristeza, la rabia. ¿Cómo superar la desaparición de su hermana? ¿Cómo perdonar a la madre que lo rechazó? ¿Cómo enfrentarse a la enfermedad que la está consumiendo? Este es el relato de un verano de reconciliación, de tres meses en los que madre e hijo por fin bajan las armas, espoleados por la llegada de lo inevitable y por la necesidad de hacer las paces entre sí y consigo mismos".

Entonces, ya siento que el libro me atrapa. Lo abro y comienzo a leerlo, pero no vorazmente, sino despacio, saboreando la peculiar manera en la que está escrito. Su prosa ágil y sin circunloquios, directa e incisiva, capaz de revolver todo el sistema emocional y penetrar hondo. Así es la buena literatura, al menos para mí. Te tiene que zarandear. Si no, no me llena y cierro el libro. Literatura y psicología, una combinación excelente que siempre ha atraído a numerosos profesionales a irse de un campo al otro porque ambas ¡tienen tanto en común!

Tatiana Tîbuleac, autora de la novela

Os comento algunos aspectos de la novela que me han cautivado:

1/ El personaje del joven. El protagonista de la novela me parece entrañable. Aleksy, ¡me recuerda tanto a los chicos traumatizados que pueblan mi sala de terapia (sala de valientes, como la llamamos los traumaterapeutas de la red apega)! ¡Cuánta razón llevas, Idoya! Con ellos he compartido y comparto la aventura de hacer psicoterapia juntos. Para algunos he sido importante porque me han hecho el regalo de decírmelo; lo cual me hace consciente de la enorme relevancia y responsabilidad que tiene cuidar la relación terapéutica y el poder sanador del vínculo terapéutico. Hay chicos -cuando empecé mi trabajo no me lo podía imaginar, pero Cyrulnik ya nos advierte que el tutor de resiliencia ignora lo importante que fue para el otro- que te recuerdan de por vida, ¡es increíble!. Pero también te pueden recordar para mal, por eso nuestro trabajo requiere de un cuidado y una sensibilidad exquisitas. Este mismo verano me encontré con un joven de 26 años que me dijo que ha tenido muchas cosas de la terapia en su cabeza durante todos estos años que no nos hemos visto... han transcurrido… ¡14! 

Cuando los chicos que han sufrido maltrato conservan capacidad de simbolizar su mundo interno y sienten libertad y confianza (la relación terapéutica les debe proporcionar, además, una sensación de contención -como dice Muller, 2020- para que se atrevan a expresar todo el dolor en forma de rabia, pena, desesperación… hacia sus figuras parentales. El profesional no lo debe minimizar ni racionalizar ni juzgar, sino que debe empatizar y contener) entonces son capaces de crear frases como las que el protagonista de la novela dice, que sugieren toda la crudeza del mundo, que te pueden hacen "sonreír" -por lo grotesca de la descripción-, pero es una sonrisa tragicómica que se te hiela en la cara porque alude a una doliente realidad. La autora de la novela, Tatiana Tîbuleac es como si conociera bien el mundo interno de estos muchachos. Me ha gustado porque ella no es políticamente correcta y se atreve a enseñarnos sin ambages qué puede pensar y sentir un muchacho de estos cuando se sabe víctima de malos tratos y abandono por parte de quienes debieron de amarlo y cuidarlo. Pero el chico jamás se lo dice a la madre, se lo guarda y lo vuelca en su relato. Es un detalle importante que implica que no existe sentimiento de venganza sino de expresar por escrito su legítimo dolor. Os dejo sólo una muestra:

"Aquella mañana en la que la odiaba más que nunca, mi madre cumplió treinta y nueve años. Era bajita y gorda, tonta y fea. Era la madre más inútil que haya existido jamás. Yo la miraba desde la ventana mientras ella esperaba junto a la puerta de la escuela como una pordiosera. La habría matado con medio pensamiento" […] 

"En la contribución de mi padre no quería ni pensar. La idea de mi padre me hacía vomitar. Mi padre había huido de mi madre, la abandonó por una polaca con un piercing en la lengua. Se había divorciado porque, si la hubiera matado -eso es lo que habría preferido él y lo más rápido-, habría acabado en la cárcel. Mi padre también me habría matado a mí si no hubiera estado seguro de que me moriría enseguida".

Frases de este tipo -u otras igual de duras- que el mundo adulto no quiere oír porque son demasiado horribles para ser creíbles. "Has de considerar el diagnóstico, pues puede modificar las percepciones de estos chicos y hacer que se confundan" -me dijeron en una reunión de profesionales hace muy poco. Y la verdad es que los chicos rara vez se confunden, puedo dar fe de ello, de que incluso las cosas son peor de lo que nos las cuentan. La enfermedad mental puede ser utilizada torticeramente para argumentar que los horrores que nos cuentan los chicos son producto de una fantasía enajenada por su mente trastornada... 

Otras veces directamente se les fuerza a distorsionar lo que viven con frases estereotipadas: “los padres lo hacen lo mejor que pueden, no son perfectos”; "padres son los que te han tocado"; "¿eres consciente de la trascendencia que tiene lo que dices?, puedes ir a un centro de menores por eso" -como si fuera algo malo ir a un centro, etc. Nos asustan las emociones que experimentan (odio, crueldad, rabia, ironía sardónica...) y el horror de lo que dicen. Cuando lo que necesitan, antes de poder reintegrarlo y elaborarlo, es un psicoterapeuta sensible y empático que de credibilidad honesta y valide la experiencia, que dé espacio a que esas emociones puedan aparecer y ser escuchadas, reconocidas y contenidas respetuosamente.  En el libro aparecen muchas de estas emociones, y el personaje puede dar rienda suelta a todo su dolor. Por eso esta novela me ha fascinado: porque nos muestra el horror tal cual lo viven, sin edulcorar. Que los chicos puedan poner la cólera donde deben de ponerla es necesario, es una fase, porque si no se les permite expresarla, no se avanza en la terapia hacia la elaboración. Pero sucede que algunos adultos les cortan y les dicen que son pensamientos distorsionados o inaceptables y sienten que está prohibido expresarlos; y así interiorizan que no pueden hablar porque no considerarán lo que ellos dicen... 

2/ La relación materno-filial. A lo largo del relato esta relación experimenta una transformación y se produce un cambio en la mirada del joven sobre la madre. Aleksy empieza accediendo a pasar el verano con su madre porque esta se encarga de prometerle algo material (lo funcional, que es el modo en el que estos muchachos han aprendido a sobrevivir) para lograrlo, pues sabe que por motivos de vínculo afectivo no lo lograría.  Pero durante ese verano, en un pueblito al que su madre le lleva,  Aleksy descubrirá la razón por la que esta le ha invitado a pasarlo con ella. La relación entre ambos se transformará de cuidador complaciente (que por dentro esconde gran ira) y madre vulnerable -pero con una energía que le agarra a la vida-, a vínculo afectivo reparado en el que el amor y el perdón -un perdón genuino y sin presión externa de ningún tipo- emergen y se constituyen en los ingredientes necesarios para que se dé dicha reparación vincular. 

Así, las metáforas sobre los ojos verdes de la madre de Aleksy que emplea la autora, son tremendamente bonitas y nos hablan del proceso de transformación de la relación materno-filial. Al joven estos ojos verdes le empiezan pareciendo un despropósito; pero esta percepción va cambiando y con ella los sentimientos de odio y rabia iniciales hacia su madre se vuelven ambivalentes (odio, rabia y pena-ternura) para terminar transformándose en sentimientos de amor (un tanto compasivo), pues el perdón aparece -pero no forzado ni exigido externamente, como ya he dicho- sino de una manera genuina y natural. Como debe ser. Aleksy en un verano descubrirá lo que es sentir el vínculo afectivo con su madre y lo que es perderlo y sufrir por ello. Lo que es sentir que tiene una madre a sentir que en breve la perderá irremisiblemente. Tanto que el duelo que sufrirá le descompensará de su enfermedad mental (que no se nombra, solo se dice que tiene 6 letras, esto me encantó). Sentimos cariño hacia la madre y el hijo pues nos damos cuenta de que ambos han sido víctimas: ella porque perdió una hija y porque no tuvo unas figuras de apego seguras y amorosas en su infancia y su marido la maltrataba; y el joven porque es la última víctima de todo ello en una suerte de transmisión transgeneracional. 

He conocido varias personas -incluso entre gente muy cercana a mí- que han tenido que acompañar y cuidar de padres muy enfermos -estos les maltrataron y abandonaron cuando niños y aparecen, de repente, en sus vidas, para un buen morir y algunos probablemente, para reparar la relación e irse en paz- y viven esta transformación que va desde la rabia y el odio hacia el perdón. Pero ese genuino perdón fue fruto de la elaboración psicológica, de la capacidad de aceptación y del resultado de ser acompañado por un profesional que les ofrece un vínculo y una narrativa que les permite encontrar un sentido. La propia autora de la novela, en una entrevista, opina parecido: "quizá sea ingenuo pensar que unos meses pueden cambiar una vida, pero creo sinceramente que puede suceder, que siempre hay tiempo para hacer las paces. Incluso puede suceder después de la muerte. Creo que estos son los mensajes del libro, la reconciliación y el perdón, que las cosas pueden repararse a pesar del tiempo y a pesar de todo, aunque sea en el último momento".

Madre e hijo viven su último verano juntos en una atmósfera de desenfreno, se beben y se comen la vida a puñados, con avidez (como si no hubiera un mañana, esto en su caso, además, es más que una metáfora) sabedores de que no habrá más experiencias compartidas... El relato está plagado de grandes viñetas tan bien narradas que sentimos las sensaciones que tienen los protagonistas cuando van al mercado, a la playa, beben, comen o fuman...

3/ La visión de la enfermedad mental, ligada al trauma. Nos interpela sobre la mirada que tenemos sobre estas personas, quienes en realidad tienen, en muchos aspectos, una mente más preclara que la nuestra. Quizá lo que les ha ocurrido a las personas con trastorno mental es que el trauma desintegró su mente (como se está planteando hoy en día, es una de las hipótesis plausibles de la psicosis) Y una manera de tratar de recomponerla, aliviar el sufrimiento y resiliar es gracias al genio creativo que a algunos les brota y les convierte en excelentes artistas. Porque cuando hay dolor la capacidad para crear belleza en algunas personas con talento es impresionante. Como los cuadros que el personaje de Aleksy pinta. Y como los de cientos de pintores y artistas a lo largo de la historia de la humanidad.

4/ Finalmente, os traslado lo que Idoya me comentó en la carta que me envío y que es un buen colofón final y que quizá os anime a leer la novela: “Pienso que el arte de la buena literatura y las bases de un cerebro y corazón desorganizados se conjugan en estas páginas de manera poética y descarnada. La vida, la muerte, el odio y el perdón, el poder reparador del amor, las limitaciones del ser humano… forman este libro amargo y exquisito”

Gracias, Idoya, de corazón, por haberme hecho este regalo, así, inesperadamente. La buena literatura es también la que va de boca en boca y cuenta con el apoyo popular. Tienes un librero que es un lujo. Apoyemos las pequeñas librerías, si es que queremos que no sean devoradas por los gigantes comerciales.

REFERENCIAS

Cyrulnik, B. (2020). Escribí soles de noche. Barcelona: Gedisa.

Muller, T. (2020). El trauma y la lucha por abrirse. De la evitación a la recuperación y el crecimiento. Bilbao: Desclée de Brouwer.

miércoles, 7 de octubre de 2020

Taller gratuito on line titulado "Buenos tratos y el divorcio de los padres. Utopía o realidad?", jueves 22 de octubre, por José Luis Gonzalo

 

Taller sobre 

"Buenos tratos y el divorcio de los padres. Utopía o realidad"

Organiza: Sentir Sentir

22 de octubre

Horarios: Ver en el cartel adjunto hora en cada país

A través de la página de Facebook de la Editorial Sentir: 

https://www.facebook.com/Editorial-Sentir-347864239014035/

En el marco del taller presentaremos el libro:

"Cuando mi corazón calma. Una alianza de los padres para un divorcio con buenos tratos"



lunes, 28 de septiembre de 2020

"Cuando mi corazón calma. Una alianza para un divorcio con buenos tratos", nuevo libro de José Luis Gonzalo, psicólogo clínico.

Abro la temporada muy contento porque por fin puedo anunciaros la publicación de mi nuevo libro: "Cuando mi corazón calma. Una alianza para un divorcio con buenos tratos", editado por Editorial Marcombo el cual se ha comenzado a distribuir en librerías este mismo mes de septiembre. Ya sabéis que publiqué hace dos años el cuento "Cuando mi corazón tiembla", destinado a niños entre 3 y 7 años cuyos padres se han divorciado, con el fin de ayudarles a entender esta experiencia. Al cuento del niño cuyo corazón tiembla cuando sus padres se separan, le faltaba... ¡el libro de los padres cuyo corazón calma el del niño que sufre por esta situación!. Así que tras acabar el cuento, me puse manos a la obra y.. ¡aquí está!.

Este libro recoge mis lecturas, experiencia en psicoterapia con niños y padres que se divorcian y lo que he aprendido en mi formación, a lo largo de estos años, con mis profesores, maestros y amigos Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan. ¡Creo que el libro es un homenaje a la mezcla vasco-chilena! También este libro agradece y está en deuda con los compañeros y compañeras con los que comparto amistad y trabajo diario, pues de ellos aprendo día a día: Rafael Benito, Tatiana Caseda, Cristina Herce, María José Gorrochategui e Iván Rodríguez. A todos y todas, ¡muchas gracias!

Los niños y niñas y sus familias que han cedido sus dibujos y sus historias, merecen un lugar especial y un agradecimiento centuplicado. A todos ellos y ellas, muchas gracias.

Y a la Editorial Marcombo, a todos los grandes profesionales que la forman, también mi agradecimiento. Me han dejado trabajar con completa libertad y ponen todo tipo de facilidades para que el libro pueda ser publicado como uno lo concibe.

Voy a presentaros el libro y explicaros su propósito, estructura y contenidos.


Portada del nuevo libro de José Luis Gonzalo


Si deseas adquirir el libro, haz clic AQUÍ

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La presentación del libro tendrá lugar el día 22 de octubre a las 18,00h (hora española) en directo por Facebook, en el contexto de un taller formativo sobre niños y divorcio de los padres, gratuito, abierto a todo el público. Los detalles los anunciaré en el blog y en redes sociales.


Presentación del libro

Si algo he aprendido a lo largo de mi vida profesional -en especial desde que tuve la dicha de conocer a mis maestros y mentores, el Dr. Jorge Barudy y la psicóloga Maryorie Dantagnan- es el poder que tienen los buenos tratos para favorecer un adecuado desarrollo y asegurar el bienestar infantil. Y, a la inversa, las devastadoras consecuencias que los malos tratos tienen sobre el cerebro, mente y cuerpo en desarrollo de los niños. El mundo adulto a menudo ignora que estos son seres humanos y tienen derechos.[1]

Una de las situaciones más dolorosas e incluso traumáticas que los niños sufren es el divorcio de los padres. Tenemos datos para la alarma, pues, por ejemplo, desde 2010 hay aproximadamente el mismo número de nuevos matrimonios que de separaciones. En la actualidad, se calcula que cada 3-4 minutos hay una ruptura de pareja.

En España se producen casi siete rupturas por cada diez matrimonios, lo que supone una ratio muy superior a la media europea, que no llega a cinco. A ello contribuye el hecho de que cada vez se celebran menos matrimonios –de 5,4 matrimonios por cada mil habitantes en el 2000 se ha pasado a 3,4 en 2014– y se tramitan más divorcios –la cifra se ha duplicado en los últimos diez años–, según pone de manifiesto el último informe sobre la evolución de la familia en España que ha presentado el Instituto de Política Familiar (IPF).

El diario ABC, por su parte, en septiembre de 2018, publica que cada vez en número más creciente los padres separados mantienen un conflicto permanente que provoca que tengan que recurrir a los juzgados para plantear disputas que ellos mismos no son capaces de resolver: «Los “jueces están actuando como terceros padres” y se está produciendo un “colapso” de los juzgados especializados en Familia y de Instancia. Así lo afirma la presidenta de la Asociación Española de Abogados de Familia (AEAFA), María Dolores Lozano, quien asegura que está teniendo lugar una “judicialización de la vida familiar y cotidiana”. En los últimos años, denuncia esta letrada, “se está poniendo en evidencia una constante dificultad de los progenitores a la hora de ejercer y tomar decisiones en la patria potestad”.

Se trata, en todos los casos, de asuntos con un cierto grado de desacuerdo entre los padres que, a falta de intentar su resolución en la vía extrajudicial, motivan el inicio de un procedimiento judicial. “Cada vez es más habitual que se produzcan desavenencias por la elección del centro educativo en el inicio del curso escolar, en la toma de decisiones que implican un gasto (como son las actividades extraescolares de los hijos) o por asuntos donde subyace un componente ideológico o religioso (como la realización de la Primera Comunión o atender a Catequesis), así como decisiones que impliquen un cambio de residencia de los hijos para trasladarlos de localidad e incluso de país”, explica la presidenta de AEAFA».

Foto: diario abc


Estos preocupantes datos ponen sobre la mesa la urgente necesidad que nuestra sociedad tiene de concienciarse y hacer una alianza por lograr divorcios con buenos tratos. Hoy en día, teniendo en cuenta que las cifras dicen lo contrario, parece una quimera tener como objetivo que una ruptura de pareja y un proceso de divorcio se hagan en un clima de buen trato. Sin embargo, creo que el reto de los políticos responsables del área social y/o de la salud debería ser el diseño y la realización, con el asesoramiento de expertos en el área, de un ambicioso plan de prevención e intervención en estas situaciones para acompañar a las familias y proteger a los niños cuyos padres se divorcian, en especial a aquellos cuyos procesos de separación pueden entrar en una dinámica de conflicto perpetuo. Si no hacemos nada, es posible, a tenor de las cifras, que en un futuro los adultos de nuestra sociedad sean más vulnerables psicológicamente, con lo que ello supone para el bienestar de las futuras generaciones y las repercusiones que a nivel socio-sanitario puede conllevar

Mientras esto llega, a nivel de los profesionales que trabajamos con las familias en distintos ámbitos (educativo, atención primaria, salud mental…) tanto públicos como privados, tenemos que contribuir para lograr que los divorcios estén presididos por los buenos tratos. Con este fin, la Editorial Sentir ha publicado una colección de cuentos (Colección Senticuentos) para niños entre los que se incluye uno destinado a ayudarles a comprender la separación de sus padres: Cuando mi corazón tiembla, del cual soy autor. El sustento científico en el que me he basado para elaborar este cuento ha sido la necesidad de mirar en el interior del niño y ser capaces de ponernos en su lugar, es decir, de mostrar empatía suficiente para conectar con la vivencia y representación interna que aquel hace de una situación de divorcio de los padres. Del mismo modo, en el cuento se subraya la enorme importancia que para los niños tiene que los padres sean responsables y mantengan el vínculo afectivo con sus hijos, satisfaciendo sus necesidades y estando presentes en sus vidas (para los deberes, jugar, hablar, ayudarles en sus problemas, divertirse, pasar tiempo juntos, acompañar o estar con la persona menor de edad para brindarle apoyo y afecto, que son necesidades igual de importantes que las fisiológicas) El mensaje del cuento es que aunque te separes de tu pareja, de los hijos no te puedes ni debes de separar, con orientaciones para los progenitores al final del mismo.

Con el objetivo de seguir contribuyendo en la mejora de los procesos de separación y divorcio de los padres y en consecuencia beneficiar a los niños, la editorial y yo volvemos a colaborar con lo que pensamos que falta, después del cuento para niños: un libro para los padres (dentro de la Colección Sentilibros) que, como contrapartida, hemos titulado Cuando mi corazón calma, pues somos conscientes de que los mencionados padres tienen en sus manos la posibilidad tanto de prevenir separaciones que sean traumáticas como de revertir y redirigir las que ya estén transcurriendo por cauces que rocen lo traumático, pudiendo así reparar lo que esté siendo tóxico para los niños y minimizar el impacto que los efectos negativos del divorcio tiene sobre los chicos, especialmente si este es conflictivo y entra en dinámicas de maltrato.

Cuando mi corazón calma es un libro del que pueden beneficiarse también los profesionales que trabajen en el área o se interesen por la misma (trabajadores sociales, psicólogos, médicos, psiquiatras, educadores, maestros, abogados, terapeutas…) porque es una visión comprensiva del tema del divorcio de los padres y se fundamenta en el paradigma de los buenos tratos a la infancia y las competencias parentales de Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan[2] como garantes de un divorcio lo más saludable posible para los niños, paradigma que se nutre a su vez de la evidencia científica que nos aportan los descubrimientos de la neurobiología interpersonal, el estudio del trauma y la teoría del apego.

Dibujo: Gala Aldasoro

Eventos estresantes que los niños han de padecer como consecuencia del divorcio

El divorcio de los padres es una adversidad que puede acontecer en la vida de los niños. Aunque con ello dejan de convivir con padres enfrentados o en conflicto y es bueno para ellos no presenciar y sufrir constantemente sus disputas, no deja de ser una pérdida en sus vidas que han de elaborar. Además, la ruptura puede traer consigo otros eventos estresantes que los niños tienen que padecer como, por ejemplo:

- Alteración o trastorno emocional de los padres que afecte a su disponibilidad hacia los hijos.

- Conflicto perpetuo de los padres y judicialización de la separación.

- Manipulación de los hijos por parte de los progenitores.

- Abandono por parte de uno de los progenitores.

- Uso del niño o joven como figura confidente y de apoyo de uno de los progenitores.

- Parentificación de los hijos (Se les obliga a desempeñar un rol adulto que no les corresponde como personas menores de edad)

- Cambios de residencia, de barrio e incluso de colegio.

- Cambios de rutinas, rituales y vida familiar habitual.

- Negligencia de uno (o de los dos) progenitores no cumpliendo con las obligaciones de su rol parental.

- Visitas o relación con una figura parental incompetente en el que se pone en riesgo la seguridad de la persona menor de edad y su bienestar físico y psicológico.

Todo esto conlleva que las necesidades de los hijos no se vean satisfechas y que estemos hablando de un divorcio con malos tratos para los niños, algo bastante frecuente según las cifras que hemos referido con anterioridad. De ahí la relevante trascendencia que, a juicio del autor, tiene la valoración de las competencias parentales en los divorcios de los padres, cuestión que aún no está extendida en los equipos de valoración de los juzgados de familia.

El divorcio de los padres es duro para las personas menores de edad y les va a afectar siempre, generándoles dolor. Los niños y adolescentes mostrarán los efectos del impacto de la separación y sus consecuencias, y el duelo por la pérdida, de maneras diferentes según sus características y etapa evolutiva: con síntomas internalizantes (depresión, culpa, ansiedad…) o externalizantes (rabia, problemas de conducta, hacerse pis en la cama, consumir sustancias, agresividad…) Con todo, si los padres son competentes parentalmente y se implican llevando adelante una parentalidad bien tratante durante el proceso de separación y después del mismo, el duelo podrá elaborarse y se integrará bien en la biografía del niño o joven, siendo el impacto del divorcio menor y no apareciendo síntomas, o si estos se dan, lo harán con una frecuencia e intensidad leve o moderada. Si, por el contrario, estamos ante un escenario de padres con incompetencias parentales (Barudy y Dantagnan, 2010)[3] y los niños sufren maltrato, negligencia o abandono en diversos grados, entonces las personas menores de edad son sometidas a estrés crónico, el cual tiene poder para alterar de modo permanente el funcionamiento del cerebro y del sistema nervioso, además de estar asociado al padecimiento de numerosos trastornos y enfermedades físicas y psicológicas. Cuando mi corazón calma ofrece al lector una perspectiva novedosa -desde el trauma y el neurodesarrollo- del impacto que el divorcio conflictivo y maltratante tiene sobre los niños y jóvenes. Las secuelas que un divorcio de estas características puede dejar en los niños están bien recogidas en la literatura científica y sobre ellas hablaremos detenidamente en este libro.

El niño será más vulnerable en la medida en que más tempranamente comience el estrés de la separación y/o del maltrato que pueda existir en la familia, pues es más dependiente de los padres para lograr una sensación interna de calma y seguridad (Bowlby, 1989)[4] y porque durante los primeros años de desarrollo (especialmente de cero a dos años) el niño precisa de un entorno rico en afecto y estimulación, con pocas variaciones en el entorno, con rutinas y estructura familiar estables y predecibles, debido a que el cerebro sufre una importante transformación y reorganización durante ese periodo de tiempo, tal y como ha referido Benito (2019)[5]. La teoría del apego, cada vez más extendida, ofrece un marco comprensivo insoslayable de la enorme trascendencia que para la salud mental del niño o joven tiene cuidar el vínculo de apego, aunque los padres se separen. Este libro es una modesta aportación en ese sentido, habida cuenta de que el apego es una necesidad de primer orden.

Foto: otraformadevivirtuvida.com


Estructura del libro

Por ello, hemos estructurado este libro siguiendo esta lógica: para poder ser padres conscientes de lo que está en juego cuando deciden divorciarse, dedicamos la primera parte de esta obra a exponer por qué son tan necesarios los buenos tratos, pues de estos depende que un niño alcance un óptimo desarrollo y se proyecte a futuro como un adulto psicológicamente equilibrado, responsable y capaz de tratar bien a los demás. Por ello, explicaremos en qué consiste una parentalidad bien tratante y qué son las competencias parentales. Seguidamente, expondremos por qué puede ser negativa -e incluso nefasta- para las personas menores de edad una separación conyugal conflictiva, violenta o negligente. Nada más y nada menos que el neurodesarrollo del niño puede verse afectado.

En la segunda parte, con este escenario sobre el cual sustentar la intervención, me detendré en cómo hacer que el divorcio de los padres sea doloroso, pero no traumático, proporcionando una guía -desde el paradigma de los buenos tratos- sobre qué podemos hacer como padres antes, durante y después de la separación para que los niños y jóvenes puedan atravesar esta adversidad, apoyándose en los adultos y desarrollando recursos que les permitan afrontarla. Expondré también qué ocurre cuando hay rupturas pre traumáticas (ya generan trauma en sí, como sucesos) y postraumáticas y qué podemos hacer para ayudar a los niños en esas situaciones tan duras. Finalmente, ofreceré el testimonio de una persona que se divorció y trabajó para conseguir, junto con su ex pareja, un divorcio con buenos tratos. Pienso que las experiencias de las personas le dan todo el sentido y credibilidad a lo que decimos los profesionales, sin las mismas este trabajo quedaría cojo e incompleto.

Toda separación o divorcio de los padres es un conflicto. Conflicto que se debe de manejar y abordar, porque no es tanto el conflicto en sí, sino que este pueda resolverse, negociarse y gestionarse dentro de un clima de buenos tratos para todos. A lo largo del libro utilizo la palabra «conflicto» para referirme con ello a los divorcios más negativos y tóxicos. La palabra «conflicto» significa desacuerdo u oposición, pero también tiene la acepción de guerra o combate derivados de una oposición o rivalidad prolongadas. En el libro utilizamos ambos significados, y dependiendo del contexto semántico estaremos refiriéndonos al «combate entre los padres» en el cual el niño sale perjudicado o al «desacuerdo u oposición» que existe entre ambos al divorciarse.

El apoyo a las competencias parentales es fundamental

Los padres competentes cometen errores en su crianza, pueden incluso reproducir los modelos transmitidos por la generación anterior y necesitan aprender habilidades y recursos y reorganizarse tras la ruptura de pareja. Pero antes, durante y tras esta pueden reflexionar (e incluso cambiar los modelos inadecuados de la generación anterior), expresar las emociones, comunicarse, resolver los problemas y compartir una parentalidad responsable y bien tratante llegando a acuerdos en los que prime el interés superior del menor. Porque son padres que tienen capacidad parental suficiente[6] y, por tanto, pueden manejar el divorcio poniéndose en la piel de sus hijos, manteniendo el vínculo con ellos de una manera sensible y dándoles seguridad, sabiendo el dolor y el estrés que les genera un suceso de este tipo. No queremos padres perfectos -no existen- sino conscientes y dispuestos a reflexionar. Padres que cometan errores, pero den lecciones importantes de reparación a sus hijos en estas situaciones[7]

Por todo ello, os recomiendo este libro que he escrito con idea de que os sea de utilidad. El libro está dirigido a los padres, pero si eres profesional de las ciencias sociales, educativas o de la salud, creo que este también puede ser tu libro y en él puedes encontrar un enfoque comprensivo y útil del sufrimiento infantil causado por los divorcios o separaciones de los padres, sobre todo cuando entran en un perpetuo conflicto.

Espero que se convierta en una herramienta válida y en un faro seguro que guíe vuestro caminar como padres y/o profesionales.


[1] La Convención sobre los Derechos del Niño son 54 artículos que recogen los derechos económicos, sociales, culturales, civiles y políticos de todos los niños. Su aplicación es obligación de los gobiernos, pero también define las obligaciones y responsabilidades de otros agentes como los padres, profesores, profesionales de la salud, investigadores y los propios niños y niñas. (Fuente: www.unicef.es).

[2] Barudy, J., Dantagnan, M. (2010). Los desafíos invisibles de ser madre o padre. Manual de evaluación de las competencias y la resiliencia parental. Barcelona: Gedisa. 

[3] Barudy, J., Dantagnan, M. (2010). Los desafíos invisibles de ser madre o padre. Manual de evaluación de las competencias y de la resiliencia parental. Barcelona: Gedisa.

[4] Bowlby, J. (1989). Una base segura: aplicaciones clínicas de la teoría del apego. Barcelona: Paidos Ibérica.

[5] R. Benito (comunicación personal, 30 de noviembre de 2019).

[6] Nota del autor: Padres capaces son aquellos con unos niveles medios de empatía y una historia de apego seguro o ganada a la seguridad. Son padres y madres que pueden reflexionar y ser conscientes de la trascendencia que tiene el rol parental en la crianza, desarrollo y bienestar de los niños.

[7] Siegel, D.  (2014). Tormenta cerebral. El poder y el propósito del cerebro adolescente. Barcelona: Alba Editorial.

viernes, 25 de septiembre de 2020

Webinar, 30 septiembre: "La traumaterapia sistémica de Barudy y Dantagnan aplicada a los niños afectados por traumas. Un modelo basado en los buenos tratos y la promoción de la resiliencia"

Webinar organizado por CEANIM

Inscripciones: 

https://www.facebook.com/Ceanim 

Título: "La traumaterapia sistémica de Barudy y Dantagnan aplicada a los niños afectados por traumas. Un modelo basado en los buenos tratos y la promoción de la resiliencia"

Imparte: José Luis Gonzalo Marrodán

A realizarse el miércoles 30 de Septiembre de 2020, en el siguiente horario:

12:00 horas CHILE

10:00 horas Colombia

12:00 horas Argentina

10:00 horas Ecuador

09:00 horas El Salvador

17:00 horas España

10:00 horas México

10:00 horas Perú



PRESENTACIÓN

El Centro de Estudios y Atención del Niño y la Mujer, CEANIM, tiene el agrado de invitarte al WEBINAR: "La traumaterapia sistémica de Barudy y Dantagnan aplicada a los niños afectados por traumas. Un modelo basado en los buenos tratos y la promoción de la resiliencia“

Expone: 

JOSÉ LUIS GONZALO MARRODÁN, psicólogo especialista en psicología clínica. Psicoterapeuta por la EFPA. Postgrado en trauma terapia sistémica-infantil por el IFIV de Barcelona. Clínico EMDR adultos y EMDR en niños y adolescentes (nivelII) Desde 1994 trabajo en mi consulta privada de Donostia realizando tratamiento psicoterapéutico a niños, adolescentes y adultos. Desde 1999 mi campo de interés profesional se centra en la psicoterapia basada en el apego y en el trauma terapia con niños y jóvenes adoptados y acogidos. Combino mi actividad como psicoterapeuta con la de formador de profesionales y familias. Docente en el Postgrado de Traumaterapia Sistémica Infanto-juvenil de Barudy y Dantagnan. El blog www.buenostratos.com que dirige es un proyecto emocional que desde el año 2007 contribuye a difundir la traumaterapia y el paradigma de los buenos tratos de la red apega de profesionales.

lunes, 21 de septiembre de 2020

Post 1: La traumaterapia sistémica: un paradigma integrador, por Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan / Post 2: Un ejemplo de técnica utilizada en la traumaterapia (¡pero cuidado con confundir la técnica con el modelo!), por José Luis Gonzalo

Diploma de postgrado en 

Traumaterapia Sistémica Infanto-juvenil

 

13ª Promoción Apega 13 Barcelona 2020-2022

7ª Promoción Apega 7 Donostia 2020-2022

2ª Promoción Apega 2 Madrid 2020-2022


 

Inscripciones:
http://www.traumaterapiayresiliencia.com

 

 

La traumaterapia sistémica: un paradigma integrador, por Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan 

Nuestros conocimientos se han nutrido de múltiples aportaciones de las investigaciones relacionadas con el apego, la psicología del trauma, la psicología del desarrollo, los estadios de auto-organización; todo esto teniendo como cimientos los aportes de la neurociencia relacional que ha revolucionado el conocimiento del funcionamiento del cerebro y la mente humana.

Los aportes de las investigaciones de la nueva disciplina conocida como epigenética y la biología molecular nos han dado los últimos regalos, pues han permitido validar nuestras hipótesis en la medida que lo que se está descubriendo confirma muchos de los fundamentos de nuestro enfoque. 

Estos aportes unidos a un trabajo sistematizado de nuestras observaciones clínicas, dieron origen a lo que denominamos la pauta de evaluación comprensiva del sufrimiento infantil (PEC) que pretende englobar los aspectos más relevantes del impacto del daño en los niños, niñas y adolescentes. En este sentido, esta pauta es la base en la que sustentamos nuestro modelo de intervención: la traumaterapia infanto-juvenil sistémica cuyo fundamento es nuestro paradigma de los Buenos tratos a la infancia.  Cuando los malos tratos son intrafamiliares, nuestra metodología considera fundamental la evaluación de las competencias parentales y la resiliencia parental. En este sentido, la promoción de la resiliencia infantil, familiar y parental es una finalidad transversal de todas nuestras intervenciones terapéuticas.

Nuestras prácticas profesionales nos han permitido ofrecer nuestro apoyo terapéutico a muchos niños, niñas y adolescentes afectados por diferentes contextos de violencia y negligencia. Conocemos sus dolores causados por los malos tratos en sus familias, pero también por las instituciones, incluso aquellas destinadas a la protección. También hemos ido aprendiendo a brindar apoyo terapéutico a cientos de chicos y chicas afectados por la violencia de las guerras, del exilio, así como de la indolencia de los gobernantes de los países ricos que les niegan refugio y solidaridad. Estos chicos y chicas nos han mostrado sus heridas, pero también sus capacidades resilientes, así como el valor de sus madres y padres por llevarles a lugares más seguros y salvarles de la muerte. También estamos aplicando desde hace más de 10 años, nuestra metodología de traumaterapia para tratar los traumas tempranos de hijos e hijas adoptadas en diferentes regiones del mundo. 

La traumaterapia nace desde su inicio en nuestro trabajo terapéutico con los niños y adolescentes. La aplicación de su principio neurosecuencial (Perry, 2017)), así como de sus fundamentos epistemológicos, nos ha permitido irla adaptando a los pacientes adultos afectados en el presente por traumas consecuencia de la tortura, de la guerra, el exilio, y la violencia conyugal machista. Traumas que muchas veces se acumulan a los otros vividos durante la infancia.

Equipo del Postgrado de traumaterapia

En nuestro Diplomado compartimos y enseñamos a profesionales de la infancia provenientes de comunidades de todo el Estado Español, así como de nuestro país de origen, Chile. Nuestra metodología terapéutica está basada en una lectura sistémica del sufrimiento infantil y en un paradigma integrador cuyos principales dominios son el apego, el trauma, el desarrollo, las competencias parentales y la resiliencia.

Compartimos con los participantes, que el modelo de traumaterapia sistémica consiste en animar un proceso terapéutico que prioriza una intervención individual sistémica organizada en tres bloques de trabajo que se sustentan en una base conformada por  un trabajo de apoyo,  acompañamiento y promoción de las competencias parentales del referente, co-terapeuta en este modelo (educadores de centros de acogida, padres acogedores, o adoptivos) Por tanto, el apego, la respuesta sintonizada y las respuestas o o intervenciones coherentes y consistentes de éste hacia el niño/a son los elementos claves a trabajar. 

Como hemos mencionado, este modelo de TRAUMATERAPIA INFANTO JUVENIL SISTÉMICA está compuesto por tres bloques: Bloque I, cuya finalidad es la Sintonización y autorregulación; Bloque II para facilitar el Empoderamiento y Bloque III, para acompañar la Reintegración Resiliente de las experiencias traumáticas. Abordar una descripción detallada de estos tres bloques escapa a la finalidad de este prólogo. Aprovechando que el autor aborda estos contenidos de manera dinámica e ilustrativa, nos limitaremos a enumerarlos insistiendo en sus fundamentos.

El bloque I tiene como finalidad lograr que los niños o adolescentes conozcan una relación comparable a la que una madre suficientemente competente ofrece a sus crías, para lograr en ellos una experiencia de apego seguro. El desafío es grande porque en la mayoría de los casos, las experiencias traumáticas complejas, acumulativas y tempranas han obligado a los niños o jóvenes a desarrollar modelos de apegos inseguros o desorganizados, que son la manifestación del temor y la desconfianza a las relaciones con los adultos. Por lo tanto, para lograr la finalidad de este bloque las interacciones comunicativas de los terapeutas tienen que ser afectivas, empáticas (sintonizadas y resonantes) y mentalizadoras. Esto, para favorecer la capacidad del niño, niña o adolescente a autorregular sus estados internos, seriamente desregulados como consecuencia de la desorganización de sus estados mentales por el sufrimiento, el dolor y las respuestas de estrés a estresores mórbidos muchas veces impensables.

El conocer y aplicar en nuestras prácticas, la técnica de la caja de arena, descubrimos un instrumento muy útil para lograr la finalidad del Bloque I, porque su aplicación permite que el niño, niña o adolescente desarrolle o refuerce su capacidad de auto observación, con menos resistencia. Esto le puede permitir conocer mejor sus estados internos, logrando paulatinamente identificar, expresar y modular sus emociones. La técnica de la caja de arena en la traumaterapia permite reforzar una comunicación afectiva, empática y mentalizadora entre el terapeuta y los niños, niñas y adolescentes y por ende ayudarles a acercarse poco a poco a la experiencia de apego seguro.


Portada del libro "La armonía relacional" donde se
explica cómo trabajar con la técnica de la caja de arena
desde el modelo de Traumaterapia de Barudy y Dantagnan

El bloque II tiene como finalidad el empoderamiento y la participación activa de los niños o jóvenes en el proceso terapéutico. Ayudarles en esto es fundamental, porque como afirmamos a menudo, la esencia del trauma es la sensación de absoluta impotencia y contrarrestar esto sólo nos queda seguir el camino del empoderamiento. 

Lo creado en nuestra practica y lo propuesto por numerosos y numerosas otras autores nos ha inspirado, para aportar a este bloque numerosas técnicas que tienen como objetivo el devolver a los y a las afectadas el poder de dirigir sus vidas, arrebatado por los adultos que les han maltratado y abusado.

El bloque III tiene como objetivo la Reintegración resiliente de los contenidos de las experiencias traumáticas, con el fin de facilitar una integración nueva, diferente de estas vivencias en la biografía. Resignificar lo vivido, les permite poder utilizar el máximo de sus energías y recursos para superar el impacto del daño, pero, además, motiva a no repetir lo que les ha ocurrido en sus relaciones interpersonales presentes o futuras, por ejemplo, con sus hijos, en su vida de pareja u otras relaciones. La resignificación de la causa y de los efectos de las experiencias traumáticas abre la puerta al fenómeno extraordinario de la resiliencia.

Un ejemplo de técnica utilizada en la traumaterapia (¡sin confundir la técnica con el modelo!), por José Luis Gonzalo

Te invitamos, al final de la página, a conocer una técnica de la traumaterapia. Te la puedes descargar, pero ¡ANTES!, lee este texto por favor

Como ya han referidos sus creadores Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan, la metodología de la traumaterapia considera imprescindible asentar las intervenciones terapéuticas en lo que llamamos LA BASE, la cual la constituyen los padres o personas responsables del cuidado del niño o joven, quienes han de presentar suficiente competencia parental y resiliencia para proteger y satisfacer adecuadamente las necesidades de los menores, así como para apoyar y participar en el proceso psicoterapéutico. Del mismo modo, el trabajo multidisciplinar con los diversos profesionales o personas significativas de la vida del menor, lo que denominamos el CONTEXTO (tutor escolar, psiquiatra, educadores de calle, trabajadores sociales…) es otro componente fundamental de la traumaterapia. 

Durante la formación del Postgrado, se aprende cómo los pilares fundamentales (paradigma de los buenos tratos, competencias parentales, apego, trauma y desarrollo) sobre los que se asienta la intervención psicoterapéutica en el modelo de tres bloques, parten de la premisa de que es imprescindible evaluar las competencias parentales y el contexto del menor de edad (en qué medida este último mantiene, amplifica o amortigua las conductas y síntomas que este presente) No nos planteamos nunca la intervención sin la participación de los referentes en el proceso terapéutico. 

Foto: Contact Center Hub

Antes de comenzar la traumaterapia en sala, valoramos también la aptitud psicoterapéutica del niño o joven, es decir, en qué medida está PREPARADO y/o es momento para que se implique en una traumaterapia en sala de valientes (así le llamamos al set terapéutico, es una manera de honrar a los chicos y chicas). A veces las derivaciones se pueden forzar o presionar, sutilmente, cuando realmente no es el tiempo del chico o chica; o, aún peor, este no está preparado (por ejemplo, presenta conductas de riesgo que requieren de la adopción de otras medidas terapéuticas... previas a comenzar la traumaterapia) Otras veces requiere de contextos educativos y personas que puedan darle la contención que necesita para poder implicarse y sentirse seguro durante la aplicación de la traumaterapia en sala. Por ello, esta implica no sólo la evaluación y la aplicación de técnicas psicoterapéuticas (incluso me parece que esto, por sí solo, sin otras consideraciones, es inadecuado e incluso contraproducente, pues el psicólogo no es una mero transmisor de una caja de herramientas; en mi opinión, hoy en día hay una tendencia a proponer cursos de técnicas, pero se descuida en la formación, a mi entender, la necesaria valoración del CONTEXTO y LA BASE en la que convive esa persona menor de edad. Esto no se suele incluir en la publicidad de las formaciones, dando un tanto la impresión de la técnica como algo omnipotente) para -y con- nuestros jóvenes pacientes en el espacio/tiempo de sala de psicoterapia, sino que, de manera secuencial o simultánea el trabajo con dicha BASE. A veces, dependiendo de los resultados de la evaluación de esta BASE, hay que dirigir la intervención a trabajar con la misma (por ejemplo, competencias parentales) Por otro lado, las técnicas deben fundamentarse en un paradigma de psicoterapia integrador y comprensivo, donde la visión sistémica es fundamental.

Cuando las técnicas son conceptualizadas de este modo, en mi opinión es cuando son adecuadas y funcionan positivamente, produciendo -en combinación con otras intervenciones que contempla la traumaterapia-, cambios beneficiosos en el niño o joven.  De este modo, técnicas para ayudar al niño a expresar verbalmente su mundo interno, como, por ejemplo, las constelaciones afectivas, tienen todo su sentido. Es una técnica de la traumaterapia que usamos en el bloque 1, para trabajar el objetivo 6.

Lo que me parece, en mi opinión, más diferencial, considerado y característico de la formación en el Postgrado de Traumaterapia de Barudy y Dantagnan es, además de lo coherente e integradora de su propuesta, este RESPETO total por la persona que es un menor de edad. Un modelo de psicoterapia que se plantea el conocimiento profundo de la personita que tenemos delante y de la necesidad de contar con la insustituible BASE (derecho de todo menor) y un contexto propicio para poder embarcarse en una psicoterapia (visión sistémica) La traumaterapia ve a la persona del niño y no le somete a prácticas y técnicas terapéuticas sin antes evaluar y hacerse relevantes preguntas sobre la competencia de las personas que le cuidan, el lugar donde vive (la seguridad es fundamental), con quienes se relaciona y su estado psicológico para poder implicarse en un tratamiento que, si se dan las condiciones, puede ser maravillosamente beneficioso y contribuir a la sanción del trauma de los malos tratos. Pero el profesional psicoterapeuta es un miembro más de un todo cuya capacidad para motivar y conseguir el cambio terapéutico deseado -y aumentar el bienestar de sus jóvenes pacientes- sólo puede conseguirse con el apoyo y la participación de una poderosa red de relaciones (Perry, 2017) No existe el psicoterapeuta super star y su omnipotencia desaparece porque, sencillamente, nunca existió.

Además, para hacer el trabajo terapéutico sobre todo en trauma -donde hay que ayudar en la reconstrucción del relato y la integración del mismo en el cerebro-, hemos de tener muy en cuenta las aportaciones de Muller en su magnífico libro "El trauma y la lucha por abrirse" -antes otros autores han incidido en lo mismo-, referidos a la seguridad en la relación terapéutica. Es necesario comprender muy bien porqué el paciente tiene bloqueos, construye relatos en los que se autoengaña -para paliar el dolor-, la complejidad de las relaciones transferenciales y contratransferenciales.... algo demasiado extenso para abordarlo hoy, pero que motivarán un nuevo post (en preparación). Pero sí lo deja suficientemente claro como para darnos cuenta de que no podemos reducirlo todo a la técnica terapéutica... Esto es un error. Creer que técnica de la caja de arena, los protocolos de EMDR, trabajo con animales, dibujo, juego... por sí solos es hacer psicoterapia, en mi opinión, es un craso error.  

Con estas salvedades, a continuación os comparto con el permiso obtenido por Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan, la técnica de las constelaciones afectivas (me parece positivo que podáis conocer una muestra, pero a la par que sepáis el lugar que le damos a las técnicas). Esta es solo una de las muchas que se aprenden en la formación (todas referenciadas en cuanto a su autoría). Tened siempre presente estas consideraciones que nos hemos hecho. Una técnica no es algo neutro e inocuo. Cada cual debe valorar su competencia para usarla así como el dónde, el cuándo, el cómo, el con quién y el para qué. Delante tenemos un menor (sujeto de derechos). Ser psicoterapeuta no es la técnica por la técnica ni el uso de protocolos sin más, a ver cuál me funciona. 

Descargar técnica de las constelaciones afectivas


En el libro La fiesta mágica y realista de la resiliencia infantil de Barudy y Dantagnan hay una selección de técnicas que se aprenden en el Postgrado de traumaterapia, por si queréis conocer más.

REFERENCIAS

Perry, B. y Szalavitz, M. (2017). El chico al que criaron como perro y otras historias del cuaderno de un psiquiatra infantil. Madrid: Capitán Swing Libros.