domingo, 23 de febrero de 2020

Tratamiento basado en la mentalización y Colombo.


Hemos hablado de la mentalización en posts anteriores. Es un dominio que personalmente me otorga sentido. Creo que ha venido para quedarse, siempre y cuando lo insertemos en un modelo más integral, sobre todo si trabajamos con niños y adolescentes, donde la visión sistémica es totalmente necesaria e imprescindible. Todo modelo terapéutico infantil debe de contemplar las competencias de los cuidadores del menor de edad, precisamente valorando su capacidad de vinculación con el niño o joven y evidentemente, de empatía (Barudy y Dantagnan, 2010). Para poder empatizar con alguien es requisito ineludible ser capaz de comprender la mente del otro y percibir y recoger los estados internos del infante y no sólo las conductas o acciones externas. De nada sirve trabajar con un niño la mentalización si sus cuidadores no son capaces de tener una postura mentalizadora y por ende, sentar así las bases para poder empatizar con él. Es lo que Maryorie Dantagnan denomina en su modelo de traumaterapia La base, esto es, el trabajo de apoyo, promoción y rehabilitación, en su caso, de las competencias parentales, sobre la cual descansa aquélla. El modelo también incorpora el contexto más amplio (escolar y social) del menor de edad, para comprender cómo le afecta este e intervenir a este nivel.

Voy a exponer los aspectos más importantes del tratamiento basado en la mentalización, aún así, es necesario leer a los creadores del mismo. En este sentido, este libro (Tratamiento basado en la mentalización para los trastornos de personalidad, Editorial Desclée de Brouwer, de Bateman y Fonagy, 2016) es de obligada lectura. Sus autores desarrollan la base científica que da sustento al paradigma y explican con todo detalle todas las cuestiones y aspectos necesarios a considerar para aplicarla, así como las diferentes intervenciones terapéuticas mentalizadoras que pueden hacerse en el contexto seguro de la relación paciente-terapeuta.

Como veis, se ha aplicado con éxito a los trastornos de personalidad, especialmente al trastorno límite, donde los estudios científicos, la evidencia, ha arrojado prometedores resultados para un tipo de pacientes que presentan antecedentes biográficos e historias traumáticas de apego con cuidadores tempranos con alteraciones ellos mismos en el proceso de la toma de conciencia de que tengo una mente y la comprensión y reflexión sobre la misma.

Cuando uno lee sobre mentalización llega a la conclusión de que este concepto, tan interesante, queda a veces relegado y no llega al gran público. Para desarrollar la noción de mente intencional, así como que los actos de una persona pueden atribuirse a estados internos (emociones, pensamientos…) es clave el papel que el cuidador, la figura de apego principal, desempeña en su relación con el bebé. Este cuidador debe ser capaz de hacerle sentir al infante sentido, pensado y experimentado. Debe ser capaz de devolverle en espejo sus estados internos en sincronía afectiva y de un modo congruente con lo que el bebé esté sintiendo. Para ello, el rol del cuidador es, como decimos, totalmente trascendente. Así, de una manera natural (porque el adulto cuidador lo vivió en su infancia o consiguió repararlo) tiene que marcar en su propia persona, exagerándolo, el afecto que el niño experimenta. Cuando el cuidador usa lo que Fonagy (2019) denomina el “reflejo del afecto marcado”, el bebé aprende viéndose reflejado en el adulto (sintónico y congruente con el estado de aquel), y de este modo empieza a comprender qué es una mente y a reflexionar sobre la misma. Son todas estas intervenciones donde el adulto exagera las expresiones emocionales del bebé y se las devuelve amplificadas en su cara y con un tono distinto… O cuando el cuidador le habla al niño y le reflexiona sobre los estados internos, poniendo palabras, con un tono suave y en sintonía y coherencia con lo que el bebé vive… Ambos juegan a aprender sobre la mente del otro, como dice Siegel (2007) son mentes que crean mentes… Y esto es necesario no solo cuando el niño o bebé experimentan un afecto positivo, sino que las intervenciones de los cuidadores son cruciales cuando aquél se siente angustiado, excitado, agobiado… y el adulto puede regular al niño, calmarle y devolverle que entiende y siente su malestar interior de una manera reflexionada y sin invadir. Con ello, se sientan las bases de la futura regulación de los impulsos y emociones, ya para la edad de 4 años. 

Fonagy (2016) llama confianza epistémica “a aquella que depositamos en la información que nos transmiten otras personas sobre el mundo social, es decir, el grado y las formas en que podemos considerar que el conocimiento social es genuino y personalmente relevante para nosotros”. […] “responder de manera sensible a las necesidades del niño no solo fomenta su confianza general de que es importante como persona, sino que sirve para abrir su mente de manera más general para recibir nueva información pertinente y para alterar sus creencias y modificar consiguientemente su conducta futura”. 

Por lo tanto, la principal tarea, si trasladamos este concepto a la sala de terapia en el trabajo con nuestros pacientes, al comienzo de la misma, es responder de manera sensible a las necesidades de estos para lograr una confianza, solo así podremos trabajar con la mente humana, pues los pacientes se abrirán a nuevas informaciones.

Una viñeta clínica

Pedro es un adolescente de 16 años que llora en la sesión de terapia. El terapeuta le preguntó por sus orígenes. Pedro respondió que venía de Marruecos y… de repente gruesos lagrimones corrieron por su cara, denotando con ello la existencia de un profundo dolor y probablemente de un trauma. El terapeuta respondió con empatía y compasión, y Pedro lo agradeció y se sintió confortado. Cuando el paciente se recuperó emocionalmente, pidió al terapeuta que no le preguntara más por ese tema. Llegó la siguiente sesión y tras tratar el tema de por qué creía él que no podía asistir a clase, el terapeuta le preguntó cómo se sentía después de lo ocurrido la última sesión, qué tal había pasado la semana… Pedro se enfureció, se levantó y se marchó de la sala… “¡Te dije que no quería que me preguntaras sobre eso!” El terapeuta le respondió que no le quería preguntar sobre eso, solo interesarse por cómo se sentía. El terapeuta fue detrás de Pedro e intentó decirle que regresara para sentarse a hablar de lo ocurrido… Pero Pedro ni le miró, continuó caminando y le hizo una peineta con la mano. 

El terapeuta sintió que había actuado incorrectamente. Que se había equivocado. Aunque no quería exactamente preguntarle sobre sus orígenes ni ahondar en conocer más sobre ello porque sabía que Pedro le había dicho explícitamente que no lo hiciera, de algún modo se había referido a ello sin permiso. Le envío un mail, asumió su error, le dijo que sentía mucho lo ocurrido y que le gustaría que un día viniera para poder disculparse en persona y arreglar lo sucedido. Pedro contestó: “No te voy a leer” El terapeuta le dijo: “Lo siento, comprendo tu justificado enfado. Sólo quiero que sepas que estoy aquí disponible y que deseo que podamos arreglarlo para poder ayudarte con la terapia. Cuando quieras me escribes” Pasada una semana, Pedro le pidió regresar a la terapia y ambos pudieron hablar. El terapeuta mostró mucha sensibilidad y Pedro empezó a sentir que un profesional que reconoce su error sentidamente puede ser alguien en quien confiar para poder hacer la terapia.


Papel de los cuidadores en el desarrollo de la mentalización


Me imagino que os dais cuenta de cuán importante es el papel de los padres o cuidadores en el desarrollo de la capacidad mentalizadora del niño. Sin un adulto seguro, interactivo, cercano pero no intrusivo, sensible, sintónico con el niño y coherente, esta capacidad no se puede lograr. Paradójicamente, estamos en una sociedad que no tiene tiempo para dar experiencias mentalizadoras al bebé y que le pone desde muy temprano una pantalla de móvil o tablet en sus manos y cara… O le lleva a guarderías o centros de educación infantil donde está mucho tiempo con otros bebés y poco interactuando con los adultos… Justo lo contrario de lo que necesita. La sociedad no es consciente, entonces, de la cantidad de trastornos o problemas de personalidad que pueden desarrollarse en el futuro si no atendemos (comunicamos intersubjetivamente) con los bebés. Sue Gerhardt (2016) lo dice bien claro, pero no sé si nos queremos enterar de la trascendencia de todo esto: la mejor forma de prevenir futuras alteraciones mentales y físicas, e incluso de prevenir la delincuencia, es ocupándonos de los bebés. Yo añadiría: de una manera mentalizadora. Tan vital como darles de comer y beber.


Para exponer los puntos más importantes de este paradigma aplicado a la terapia, os recomiendo que leáis este artículo de Quintero y De la Vega (2013) del cual he extraído (pues ellas lo exponen excelentemente bien) las claves de un terapeuta mentalizador y los aspectos básicos de una terapia basada en la mentalización. Nos centraremos en la terapia para adultos y adolescentes, en otra ocasión ya lo hicimos aplicada a los niños. Podeís consultar estos tres posts:

http://www.buenostratos.com/2018/09/importancia-de-la-mentalizacion-en-la.html

http://www.buenostratos.com/2019/03/la-postura-mentalizadora-1.html

http://www.buenostratos.com/2019/04/la-postura-mentalizadora-2.html



Como dijo Peter Fonagy (2019) en Pamplona -él es uno de los creadores de este abordaje terapéutico-, los terapeutas y profesionales, sin ser conscientes, a veces usamos intervenciones mentalizadoras. Debemos de seguir haciéndolo. Muchas de las cosas que hacemos favorecen la mentalización y quizá no nos hemos parado a pensar en ello. Si estudiamos y nos entrenamos para aplicar este tratamiento, aumentaremos la toma de conciencia sobre las posibilidades terapéuticas que ofrece.

Dado que no puedo usar fragmentos de vídeo reales de intervenciones mentalizadoras con pacientes, recurriré a la ficción para mostrar algunos de los elementos de un abordaje mentalizador. Repasando los programas de televisión, las películas, las novelas… me ha venido a la mente por encima de todas, la serie Colombo. En honor a la verdad, hace unos años el profesor y psicólogo Iñigo Ochoa López de Alda en una conferencia a la que tuve el gusto de acudir, nombró a este personaje de televisión como actitud de “preguntar y no saber” en el trabajo con los adolescentes. Puede ser una buena estrategia hacerse un poco el Colombo… Cuando iba a escribir este post y estaba pensado cómo ilustrarlo, de repente conecté con la conferencia de Iñigo Ochoa y sentí que era un buen ejemplo para ilustrar algunos contenidos de la mentalización.





Así, me he puesto manos a la obra y he visto varios episodios de esta antigua y legendaria serie donde se nos presenta a un teniente de policía que, en contra del tópico, no es duro, ni jamás se le ve usar una pistola, ni confronta de una manera agresiva y/o despreciativa al sospechoso. Colombo viste una vieja gabardina que nunca se quita, fuma un puro, conduce un coche destartalado y es despistado y parece no enterarse de la misa la media. Nunca sabe donde tiene el bolígrafo, es desordenado y da la impresión de no enterarse de nada y de ser poco preclaro. Si a esto le unimos su actitud amistosa y que trata de entablar una relación cercana y de colaboración con el criminal (a quien pide ayuda para esclarecer el caso), resulta ser una persona no amenazadora para este. Incluso el asesino pensando que es inofensivo y que jamás sospechará de él, acepta colaborar con Colombo cuando le pide que le ayude a desentrañar el misterio (de este modo, además, el asesino piensa que estará al tanto de la investigación y la podrá controlar) Colombo muestra una actitud de curiosidad, perplejidad, de no tener ni idea, de sentirse confuso… Trata a veces de alabar al sospechoso y crea una relación estrecha en la que ambos van analizando los pormenores del crimen que se ha cometido. El criminal trata de despistarle, pero Colombo da muestras de una gran inteligencia y le presenta hipótesis contrafactuales (así las denomina Fonagy): algo que va en contra de lo que el asesino sostiene e incluso de la evidencia, pues hay “pequeños detalles”, como afirma Colombo, que no cuadran.






Colombo no puede dormir preocupado por el caso...



Cada capítulo de la serie es un tour de forcé intelectual y mentalizador entre Colombo y el delincuente (desde el principio de cada episodio autoconclusivo sabemos quién es el criminal) y la gracia está en averiguar cómo Colombo conseguirá demostrarlo, donde encontrará la prueba que pueda procesar al asesino. Normalmente suele ser un detalle nimio (un error que comete este) que no se le pasa por alto al agudo teniente de policía. 
  
Colombo muestra algunas habilidades compatibles con lo que es una actitud mentalizadora. Desde luego que la serie es otro contexto completamente diferente y opuesto a la terapia. Por supuesto. No deja de ser algo alejado de la terapia y con fines totalmente contrapuestos: el teniente mentaliza para poder detener al asesino y juzgarle. Los terapeutas buscamos la relación de ayuda y empatía para poder mejorar la vida y la salud de nuestros pacientes.




Colombo se acerca de una manera no amenazadora.
Marca su gestualidad, deja en suspenso y suscita la curiosidad...




No obstante, y salvando las distancias, hay algunas características en el personaje que tienen semejanzas con una actitud mentalizadora: la manera en la que el teniente de policía aviva la curiosidad y anima a la reflexión nos resulta interesante y estimuladora. La actitud de “preguntar y no saber”, el modo en el que el teniente marca en su cara y en sus gestos sus propias reacciones para suscitar la mentalización, la manera de acercarse al otro (el teniente es un hombre divertido y juguetón... Tampoco duda en interesarse por lo que el criminal hace para ganárselo o tener una excusa para acercarse a él. Por ejemplo, si aquel es experto en cocina, el teniente se muestra un apasionado del tema y dice querer aprender. El criminal entra en ello y se ofrece a enseñarle, son como maneras de vencer posibles resistencias) desde una posición de ayuda e incluso de empatía -en algún momento- con el delincuente, cómo el teniente presenta los hechos y las acciones y deduce los estados internos mentalizadores del homicida… le hacen tener elementos atractivos de lo que sería una postura mentalizadora.







Colombo muestra empatía hacia el delincuente...
"Su reacción en el restaurante me dio que pensar"



Colombo da entender que no sabe lo que el otro piensa ni lo que pasa. "Marca" su confusión, e incluso expresa su obsesión con el tema. Quiere descubrir al asesino poco a poco, buscando la ayuda de este. Se muestra mentalizador y en sus deducciones apunta al criminal que le ayuda pero sin apuntarle directamente (le metacomunica) La actitud de Colombo, ¿es genuina o es una pose? Sin embargo, pronto el homicida se da cuenta de que se dirige a él como autor de los hechos y que quiere incriminarle. Entonces, ya no le resulta tan gracioso (sino pesado) porque el delincuente se da cuenta de que tras esa facha desaliñada y esa actitud de “parecer no saber” se esconde una persona muy inteligente y aguda. Por eso, ambos, detective y asesino, ya conocen (sin decirlo) que aquel trata de entrar en su mente y que su ayuda y deducciones conjuntas no son para mentalizar sobre el hipotético criminal sino para mentalizarle a él y hacerle caer en contradicciones o buscar pruebas que le incriminen. Por ello, juegan a ver quién comprende (diríamos quién “lee”) mejor la mente del otro para entender sus intenciones, encontrar pruebas (o destruirlas en el caso del asesino, o equivocarlas) y demostrar con ello que la hipótesis que sostiene es falsa.

Algunas de estas habilidades en un momento dado pueden ser útiles para la terapia. Un terapeuta curioso, colaborador y que trata de aprender a comprender la mente, dentro de una relación de confianza y seguridad, por supuesto, donde el sentido del humor es bien vivido y recibido, puede ayudar al paciente a vincular. A los adolescentes les encanta esta postura “tipo Colombo” Ahora bien, no nos columpiemos: Colombo quiere comprender la mente del criminal para cazarle. Nosotros en cambio queremos comprender la mente del paciente para sanarle. Esa es la gran diferencia, el paciente no debe de sentir que le queremos pillar o adivinar como Colombo trata de hacer.

Características básicas del tratamiento basado en la mentalización para los trastornos de personalidad.

Exponemos los elementos básicos de esta terapia extraídos del mencionado artículo y salpico el texto con vídeos de algunas de las intervenciones mentalizadoras de la serie Colombo, para que la exposición resulte entretenida. 

1/ No interpretar nada más allá de lo que el paciente nos cuenta 

No interpretamos nada más allá de lo que el paciente nos cuente. Si damos por hecho que "sabemos" lo que el otro piensa, caemos en una postura "no mentalizadora". Los estados mentales del otro son deducibles, pero no adivinables. Es por ello que en fases iniciales o en momentos de nomentalización, al contrario que otros autores (Clarkin, Yeomans y Kernberg, 2006), Bateman y Fonagy consideran que realizar interpretaciones puede resultar inútil o contraproducente.

2/ Fases del tratamiento basado en la mentalización

En la fase inicial se intenta lograr que el paciente se involucre en el tratamiento. En ella, se evalúa la capacidad de mentalización del paciente mediante el análisis conjunto de las relaciones interpersonales del paciente y explorando atentamente cómo relata los eventos situacionales pasados y presentes, los sentimientos y pensamientos que el paciente tuvo, los estados mentales atribuidos al otro, cómo entiende los propios actos y en el caso de sospechar que el paciente esté "pseudo-mentalizando", se puede recurrir a preguntas que los autores llaman "contrafactuales" (en las que se le pide que contemple una idea totalmente opuesta a la que estaba considerando) y observando la flexibilidad con la que responde a la misma.




Colombo presenta una idea contrafactual, el sospechoso se siente 
culpado y Colombo se disculpa:
"¿Esa es la impresión que doy? ¡Oh, lo siento!"



Para ello el terapeuta mentalizador debe: 

a) Favorecer la mentalización: para ello, el terapeuta debe tratar de mantenerse en una posición "mentalizadora", reflexionando sobre la relación entre los eventos externos (lo que el paciente dice, o hace) y los estados mentales internos que pueden inferirse de ellos, así como sobre sus propios estados internos. En la relación con el paciente, el terapeuta debe tratar de mantenerse en el "aquí y ahora" de la relación terapéutica, favoreciendo que el paciente explore e identifique las emociones asociadas.





Colombo le pide al sospechoso que "pare, rebobine y explore" y vuelva a contar 
lo que hizo al llegar a casa. Relaciona la reacción del sospechoso 
con un estado mental: "Las facturas le distraen a uno"
cuando se produce un evento externo (descubrir el cadáver de tu socio)




b) Tender puentes entre los vacíos: existe un "vacío" entre la experiencia afectiva primaria y su representación en los pacientes con TLP (Trastorno Límite de Personalidad), que da lugar a su característica impulsividad. Se trata de favorecer los procesos reflexivos, ayudando al paciente a que integre las experiencias y les de un significado, para que pueda acomodarlas a su narrativa. No se trata de darle interpretaciones complejas, sino de revelarle cómo el terapeuta cree que el paciente está viviendo la relación terapéutica. El objetivo es que el paciente sienta que su mente está siendo explorada por otra mente, que sienta que el terapeuta tiene "su mente en mente".

c) Trabajar con estados mentales actuales: No centrarse en el pasado continuamente, sino tratar de dilucidar cómo los estados mentales actuales pueden estar siendo influidos por los eventos pretéritos. Hay que reorientar todas las emociones fuertes relacionadas con el pasado hacia el presente, para aprender a manejarlas en el aquí y el ahora. 

d) Tener en cuenta los déficit del paciente: en ocasiones, los pacientes parecen funcionar adecuada y sofisticadamente. Sin dejar de fijarnos en sus potencialidades, es importante tener en cuenta sus dificultades para evitar, por ejemplo, violaciones de los límites o interpretaciones inadecuadas por parte del paciente.

En líneas generales, el tipo de intervención está inversamente relacionada con intensidad emocional que presente el paciente en ese momento. Es decir, si el paciente se ve desbordado por la emoción, es mejor quedarse en el nivel de "apoyo"; si vemos que es capaz de contener los afectos, podemos ir profundizando para avanzar en la mentalización. El "espectro" de intervenciones con el que contamos (de menor a mayor profundidad) es el siguiente:

3/ Espectro de intervenciones

Reaseguración, apoyo y empatía. 

Clarificación, desafío y elaboración de los afectos. 

Mentalización básica: dirigidas a reinstaurar la mentalización cuando ésta se ha perdido. Los autores organizan estas técnicas en dos grupos: "párate, escucha, mira" ("stop, listen, look") y "párate, rebobina, explora" ("stop, rewind, explore"). 

La primera consiste en mantener la sesión "en suspenso" mientras se investiga lo que está sucediendo en ese momento. La segunda trata de analizar hacia atrás, una vez se ponen de manifiesto conductas/verbalizaciones que apuntan a un fallo en la mentalización, toda la secuencia de hechos que nos han llevado hasta allí, para reflexionar conjuntamente sobre lo que ha pasado. 

Mentalización interpretativa: un paso más allá, que debe hacerse con cautela. El terapeuta ofrece una perspectiva alternativa sobre lo que el paciente dice, relacionando la reacción del paciente a un estado mental, en una secuencia causal.

Mentalización de la transferencia: consiste en animar al paciente a pensar sobre la relación con el terapeuta en el momento actual, para que centre su atención en la mente del otro, y para ayudarle a contrastar su propia percepción sobre cómo es visto por el otro.

REFERENCIAS

Barudy, J., Dantagnan, M.(2010). Los desafíos invisibles de ser padre o madre. Manual de evaluación de las competencias y de la resiliencia parental. Barcelona: Gedisa.

Bateman, A., Fonagy, P. (2016). Tratamiento basado en la mentalización para trastornos de la personalidad. Bilbao: Desclée de Brouwer. 

Fonagy, P. (2019). Seminario con Peter Fonagy: Técnicas de tratamiento basadas en la mentalización. IV Jornadas de Protección a la Infancia y a la Adolescencia. Pamplona, 1 de marzo de 2019.

Gerhardt, S. (2016). El amor maternal. La influencia del afecto en el cerebro y las emociones del bebé. Barcelona: Editorial Eleftheria.

Quintero, S., De la Vega, I. (2013). Introducción al tratamiento basado en la mentalización para el trastorno límite de la personalidad. Acción psicológica, 10, 1, enero-junio 2013.

Siegel, D. J. (2007). La mente en desarrollo. Cómo interactúan las relaciones y el cerebro para modelar nuestro ser. Bilbao: Desclée de Brouwer.

jueves, 20 de febrero de 2020

"La regulación emocional. Bases neurobiológicas y desarrollo en la infancia y adolescencia", libro de Rafael Benito Moraga, sale hoy en preventa publicado por El Hilo Ediciones.

Presentamos el libro:

La regulación emocional. Bases neurobiológicas y desarrollo en la infancia y adolescencia

Autor: Rafael Benito Moraga




Haz click en el siguiente enlace para adquirirlo:
A partir de hoy 20/02/2020
Los 4 primeros días de preventa, gastos envío gratis.

Portada del nuevo libro de Rafael Benito Moraga

Tenemos el privilegio de contar con un libro breve publicado, dentro de la Colección Puntadas, por El Hilo Ediciones, titulado: "La regulación emocional. Bases neurobiológicas y desarrollo en la infancia y adolescencia" y cuyo autor es mi amigo y colega el Dr. Rafael Benito Moraga, a quien ya conocéis porque es colaborador de este blog y miembro del equipo docente del Postgrado en Traumaterapia de Barudy y Dantagnan. La filosofía de estos microlibros es acercar al gran público temas interesantes para personas que, por diversos motivos, no pueden acceder a la lectura de un libro, pero sí a la de un relato más breve que recoge una conferencia impartida por un profesional experto en un determinado tema. Toda persona interesada y que no pudo acceder a la conferencia dictada en su día -o quiere tenerla escrita- dispone de la misma en el microlibro, transcrita y adaptada, para que pueda disfrutarla. La ventaja es que una conferencia concentra en menos líneas lo más importante del saber sobre una determinada área del conocimiento de la que el autor es experto.

Maribel Tabuenca, directora de la editorial, es la impulsora de esta novedosa iniciativa que difunde el conocimiento de distintos autores sobre diversos temas relacionados con la educación y las ciencias de la salud.

Rafael Benito Moraga es experto en neurobiología del apego, el trauma y del desarrollo. Ejerce la psiquiatría y la psicoterapia en su consulta privada de San Sebastián. Es un apasionado y un estudioso de este ámbito del conocimiento; pero además todos valoramos su capacidad para contarlo de un modo entretenido, sabiendo llegar y transmitir al gran público, haciendo digeribles y entendibles conceptos de la ciencia del cerebro que son complejos. 

«Los estudios demuestran que una buena regulación emocional no solamente es beneficiosa para el rendimiento cognitivo, sino también para el éxito profesional, para el progreso personal y para la sensación de felicidad en la vida. Las capacidades de inteligencia y regulación emocionales correlacionan con el éxito personal y profesional más que las calificaciones escolares; por tanto, una persona que maneja bien sus emociones está en mejores condiciones de ser feliz y de tener una vida plena.» (Rafael Benito Moraga)

Es un libro del que pueden disfrutar y beneficiarse tanto los profesionales como los padres. Puede formar parte de nuestro repertorio de materiales para tenerlo disponible en nuestra labor psicoeducativa en neurociencia, con el aval de un profesional experto y ameno que no pierde un ápice de rigor en lo que explica, haciéndonos llegar los conocimientos de las últimas investigaciones en el ámbito.

Felicitamos a Rafael Benito Moraga y a Maribel Tabuenca, directora de El Hilo Ediciones, por esta magnífica iniciativa y espero que os resulte útil e interesante en nuestro trabajo educativo y terapéutico como padres y profesionales.

lunes, 10 de febrero de 2020

"Las emociones a través de los Plantánimals: La emocipedia infantil", por Mercedes Bermejo Boixareu.

Firma invitada
Mercedes Bermejo Boixareu

Mercedes Bermejo Boixareu con los muñecos que representan a los
Plantánimals

PRESENTACIÓN


Portada del libro de Mercedes Bermejo
Con mucho gusto tengo el placer de presentaros a Mercedes Bermejo Boixareu. Mercedes es psicóloga, psicoterapeuta familiar infantojuvenil.  Fundadora y Directora de Psicólogos Pozuelo. Directora de la colección Senticuentos y Crecicuentos, de la editorial Sentir.  Autora de diferentes publicaciones relacionadas con la Infancia y la Terapia Familiar Sistémica, La danza de la emociones familiares (editorial Desclée), coordinadora del Manual de Psicoterapia Emocional Sistémica (editorial Sentir). La conocí hace unos años cuando tuve el privilegio de que me invitara como docente en unos de los postgrados que organizan desde Psicólogos Pozuelo. Me admira su vocación y compromiso con los niños y las familias (ella es niñóloga) y su capacidad de trabajo y organización, pero también su sencillez y su trato siempre cálido y amable. Me encanta porque da y promueve los buenos tratos. Creo que su preocupación por ofrecer cuentos y materiales psicoeducativos, de calidad, hechos por destacados profesionales del ámbito, está cubriendo un área que estaba bastante desprovista hasta la fecha en  la que llegan los Senticuentos y los Crecicuentos, sobre todo para los más pequeños. Precisamente hoy Mercedes en Buenos tratos, nos habla de un nuevo material para trabajar las emociones con los niños más pequeños: los Plantánimals. Un original nombre que tiene mucho sentido. ¿Quieres saber quiénes son? Entonces, te dejo con Mercedes Bermejo Boixareu, una nueva firma invitada entre nosotros, de lujo, que forma ya parte del ilustre elenco de colaboradores de nuestro blog. Mercedes Bermejo, muchísimas gracias por tu participación y por dedicarnos un rato largo de tu tiempo para presentarnos este material y a la vez, aprovechar para hablarnos y enseñarnos sobre las emociones.

LAS EMOCIONES A TRAVÉS DE LOS PLANTÁNIMALS: LA EMOCIPEDIA INFANTIL
Por Mercedes Bermejo Boixareu

Para conocer los Senticuentos y los Crecimientos, haz click AQUI

Es un honor para mí poder escribir en este blog, ya que hace muchos años que lo conocí, y me llevó a conocer a José Luis Gonzalo, persona a la que admiro y aprecio enormemente. Además, he tenido el privilegio de compartir con él algunos proyectos, lo que me ha permitido seguir aprendiendo de él, pero sobretodo de su especial sensibilidad, dedicación y profesionalidad con y para los niños y niñas de este planeta.

Como niñóloga, y gran defensora del aprendizaje en la infancia a través del respeto, cariño y emoción, llevamos ya varios años desde la editorial Sentir [1] publicando cuentos que sirvan como recurso para entender diferentes situaciones de la actualidad. Hace un año el gerente de la editorial me animó a escribir uno de estos cuentos, y enseguida pensé en el “analfabetismo emocional” que seguimos viviendo, quizás más adultos que niños, y que además los ritmos de vida, la tecnología, las dificultades de la conciliación en nuestro país, el estrés… no ayudan a que mejore. Además, a los adultos cada vez nos cuesta más permitir a los niños gritar, saltar, cantar y bailar, quizás por­que puede romperse algo, quizás porque molesten, o porque probablemente deberían estar haciendo otras cosas, como los deberes, comer rápido, ir al colegio, lavarse los dientes o meterse en la cama. El niño obediente es elogiado por los padres, profesores, y familiares, en cambio el niño jugue­tón es etiquetado como “revoltoso”, “malo”, o incluso en los últimos tiem­pos como “hiperactivo”. Con frecuencia escucho en consulta el deseo de los padres de que su hijo sea “feliz”, evitando al mismo tiempo que se caigan, sufran, se equivoquen, se enfaden, se hagan daño… Y en ocasiones, es fácil caer en la “sobreprotección” evitando situaciones vitales necesarias para estar preparados para afrontar el día a día, y por ende la vida. La felicidad debe ser una bús­queda, no un estado. Por todo ello, pensé en crear un cuento mágico, junto a Andrés Pabón, el ilustrador de esta bonita historia: “Los Plantánimals: La emocipedia infantil”.

Los Plantánimals son unos seres muy entrañables, mitad planta mitad animal, que representan las emociones más importantes. Y a través de Martina y Marcos, irán presentando diferentes situaciones en las que podemos sentir estas emociones, y que nos ayudarán a conocerlas, entenderlas, y saber cómo gestionarlas. Antes de seguir hablando de este bonito cuento, quiero presentaros las principales emociones [2]:

Portada del cuento Plantánimals
Alegría. Es la emoción socialmente más agradable, que invita a compar­tir con el otro. Socialmente es la más aceptada, incluso la más respetada, y en algunas ocasiones impuesta. Tenemos que mostrarnos contentos, si no podemos exponernos al rechazo del otro. Al mismo tiempo, el niño o niña, con el paso del tiempo, va perdiendo libertad cada vez antes, su vida deja de ser creatividad, tan necesario para su desarrollo emocional.

Enfado. Como decía Aristóteles, cualquiera puede enfadarse, eso es muy sencillo, pero enfadarse con la persona adecuada, en el momento oportuno, en el grado exacto, con el propósito justo, y del modo correcto, eso, cierta­mente, no resulta tan sencillo. El enfado es una respuesta a la frustración o a un sentimiento de invasión del self. Puede combinarse para producir sen­timientos de odio, amargura, resentimiento o irritación… Es probablemen­te la emoción más asociada al género masculino y, en ocasiones, menos aceptada en el femenino.

También es importante el efecto del enfado, como lo percibe el otro. Ante el enfado nos sentimos atacados y la reacción adaptativa es contraatacar, pero de este modo corremos el riesgo de entrar en una escalada sin fin. Cuando esto ocurre en terapia familiar, en el marco terapéutico, tiendo a recordar a los adultos que les corresponde a ellos frenar dicha escalada.

Tristeza. Se trata de una respuesta universal a la pérdida. Como emoción básica se puede combinar con otros aspectos de la experiencia para produ­cir sentimientos de angustia, pena, falta de esperanza o soledad. Sirve para reestablecerse de los motivos que generan tristeza, por lo que tiene una fun­ción adaptativa. En procesos de duelo, la tristeza es una fase “sine qua non” para poder elaborar una pérdida o trauma. A su vez, suele ser una emoción más “aceptada” en el género femenino, por ello, en algunos casos, conviene subir un escalón hacia arriba para darle palabras, y permiso, a ese enfado que quizás no está pudiendo exteriorizar.

Miedo. Consiste en una reacción adaptativa para escapar del peligro, o protegernos de él. De manera sencilla, podría catalogarse como la emoción más profunda, siendo el miedo más subyacente el miedo al abandono, o a la invasión. Por ello, debajo de muchas de nuestras conductas, hay pensamientos, res­paldados en emociones que, a un nivel más profundo, tienen su origen en el miedo al abandono. En definitiva, miedo al rechazo, a no ser validado.

Amor. La emoción más importante, ya que es una necesidad vital, tan necesaria como el alimento. El amor es una expresión de afecto hacia una persona, animal o cosa. La relación amorosa entre el niño y su cuidador(es) primario(s) durante los primeros años de vida se consolidará en un vínculo afectivo necesario para lograr un apego seguro.

Como terapeutas reguladores de las emociones es fundamental que conoz­camos y detectemos estas emociones básicas (alegría, tristeza, miedo, enfa­do, amor) de la familia, con una actitud acompañante en sintonía con dichos estados emocionales.

A través de los Plantánimals, de una manera muy sencilla, y adaptada a niños y niñas de 4 a 8 años, hago una revisión de las principales competencias emocionales que debemos conocer para estimular la inteligencia emocional en menores, así como algunos ejemplos de cómo fomentarlos a través de juegos lúdicos y divertidos, incluyendo al final del cuento un juego de origamis de los Plantanimals para poder entrenar y simbolizar a través del juego estas competencias emocionales, que a continuación menciono brevemente:

Autoconciencia. Cada vez estamos más desconectados de nuestro estado emocional, de nuestro cuerpo, de nuestras necesidades reales, y esto afecta en nuestra manera de pensar, y, por ende, en nuestra conducta. La autoconciencia es la capacidad de tomar consciencia de nuestro estado de ánimo. No es malo estar enfadado, lo que es preocupante es estar enfadado o triste, y no ser consciente de ello, o querer ocultarlo o negarlo.

Expresión emocional. Consiste en expresar con palabras aquello que hemos detectado en la competencia anterior. Es importante que haya una congruencia entre lo que sentimos y lo que expresamos, así como acompañar emocionalmente al menor cuando está compartiendo sus experiencias emocionales. Es fundamental que se sienta contenido, validado y acompañado. No hacerlo puede hacer que en otras ocasiones no cuente otras cosas más importantes que le puedan pasar.

Empatía. En esta etapa de la infancia, donde hay una tendencia evolutiva al egocentrismo, no podemos exigirlos el mismo nivel de empatía que nosotros podemos llegar a alcanzar. No obstante, la mejor forma de desarrollar la empatía es siendo empáticos con ellos. Siempre nos miran, y aprenden.

Habilidades sociales. Es la capacidad de interactuar con los otros de una manera asertiva. Estas competencias también las aprenden mirándonos a los adultos, y a través del entrenamiento y la experiencia, pero debemos guiarles en este aprendizaje, no saben jugar, comunicarse o decir las cosas adecuadamente de manera innata.

Autorregulación. Consiste en la capacidad de autocontrolar nuestros impulsos. Esta competencia está muy vinculada a la corteza prefrontal, cuyo desarrollo se extiende has­ta la tercera década de la vida. Es por ello que en niños y adolescentes los mecanismos de procesamiento de las emociones son distintos a los de los adultos. Por ello debemos acompañarles en momentos de excitación.

Ilusión. Esto consiste en tener la motivación, el impulso, por lo que hacemos, lo que somos, lo que decimos. Aquí el amor incondicional y sentirse validado juega un papel clave en estas etapas tempranas de la vida.

No olvidemos, como ya indica José Luis Gonzalo al final de su cuento [3], los niños y niñas no son adultos en miniatura, tienen sus propias características evolutivas. Necesitan de nuestra paciencia, mirada incondicional y afecto para ir avanzando en sus diferentes etapas de crecimiento.

Con cariño,

Mercedes Bermejo Boixareu

REFERENCIAS


[2] Bermejo Boixareu, M. (2018). La danza de las emociones familiares. Psicoterapia Emocional Sistémica aplicada con niños, niñas y adolescentes. Editorial Desclée De Brouwer.

[3] Gonzalo, JL. (2018). Cuando mi corazón tiembla. Barcelona: Editorial Sentir.

martes, 4 de febrero de 2020

Postgrado de Trabajo práctico con el trauma en Barcelona y Málaga dirigido por el psicólogo Manuel Hernández Pacheco, abierto el plazo de inscripciones curso 2020-2021.


POSTGRADO DE TRABAJO PRÁCTICO CON EL TRAUMA
Manuel Hernández Pacheco
En Barcelona y Málaga
Información e inscripciones, haz click AQUÍ



Aprende el modelo PARCUVE para tratamiento del trauma directamente con su creador, 
Manuel Hernández. 

Un modelo innovador, integrador y con resultados probados en centenares de casos.



lunes, 3 de febrero de 2020

Taller de la caja de arena especializado trauma (nivel II), en Pamplona, 29 de febrero de 2020, organizado por Indargi.

Taller especializado de la técnica de la caja de arena

Nivel II: Metodologías de trabajo con la caja de arena para la integración de los problemas emocionales y/o contenidos traumáticos
(8 horas)

En PAMPLONA, organizado por Indargi, 29 de febrero de 2020
Horario: 10,15h - 14,15h y de 19,30h - 20,30h
Lugar: Indargi, C/Monasterio de Fitero, 5, bajo




Cuando se padecen trastornos emocionales o traumas, hablar resulta potencialmente peligroso porque sitúa a los pacientes fuera de la ventana de tolerancia a las emociones y éstos se des-regulan (se hiperactivan o se hipoactivan) Transformar los contenidos psíquicos internos traumáticos en formas físicas concretas que representan símbolos (que se pueden tocar y manipular) y hablar desde lo que se ha representado con ellos en el mundo en la arena, favorece la expresión y elaboración psicológica sin tanto dolor y de una manera segura. En este taller aprenderemos qué particularidades tienen los pacientes víctimas de traumas y qué precauciones debemos de tener. Además, veremos las diferentes metodologías de trabajo con la técnica de la caja de arena: desde la libre o no directiva (que tiene poder para capturar los traumas del paciente) como la directiva, en la cual el paciente representa contenidos traumáticos genéricos o con miniaturas que le representan. El acercamiento al contenido traumático se hace desde la distancia máxima (no directiva) hasta la menor distancia (directiva) La caja de arena potencia el pensamiento en imágenes propio del hemisferio derecho del cerebro; posteriormente, en la co-exploración, participa el izquierdo dando sentido a lo representado. Conoceremos qué preguntas concretas se pueden hacer para reflejar y ayudar al paciente a regularse emocionalmente, a empoderarse y a elaborar lo traumático. Desde el respeto absoluto al ritmo y posibilidades (recursos) del paciente.



ASPECTOS A TRATAR

Concepto de trauma: ampliación de la visión clásica.

Cómo la caja de arena ayuda a la integración de contenidos traumáticos.

El modelo de traumaterapia de tres bloques de Barudy y Dantagnan en el cual integrar la técnica de la caja de arena.

Metodologías de aproximación a la técnica de la caja de arena, según distancia del contenido traumático o problema emocional. 

  Caja arena libre 
  Caja arena enfocada: intermedia 
                                   directa

Limitaciones y precauciones en el uso de las metodologías.

METODOLOGÍA DEL TALLER

La metodología del curso es vivencial y el/la alumno/a trabaja los contenidos temáticos elaborando cajas de arena.

Es necesario haber asistido al taller de nivel 1 (básico) de la caja de arena.

Se darán certificados de asistencia.



Información e inscripciones:
Tel.: 609176689

domingo, 2 de febrero de 2020

Presentación del libro AcogiendoTE en Bilbao. ¡Estáis todos y todas invitados/as!


AcogiéndoTE

Diario de un comienzo

Presentación en Bilbao. 
Miércoles 12 de febrero de 2020
18,00h

Casa del Libro



Para conocer el proyecto:


Para adquirir un ejemplar:


5% de los derechos de autor donados al Hogar San José de Gijón

Tengo el gusto de invitaros a la presentación del libro AcogiéndoTE. Esperamos que todos/as los/as que podáis acudir nos acompañéis en la presentación de este libro solidario que recoge el trabajo de los/a chicos/as de los centros de protección y reforma. Profesionales del sector y cualquier persona interesada en conocer los sentimientos, motivaciones, vivencias, anhelos y preocupaciones de estos chicos/as, en suma, su mundo interno, sois bienvenidos/as y estaremos encantados/as de recibiros. Merece la pena que apoyemos y arropemos con nuestra presencia y participación este sensible trabajo que nos acerca a la realidad que viven estos chicos/as.

lunes, 27 de enero de 2020

"¿Por qué la gente a la que quiero me hace daño? Neurobiología, apego y emociones", último libro del psicólogo Manuel Hernández Pacheco.


¿Por qué la gente a la que quiero me hace daño?
Neurobiología, apego y emociones

Libro de Manuel Hernández Pacheco
Para adquirirlo, haz click aquí

Portada del último libro del psicólogo Manuel Hernández Pacheco

Tenía pendiente hablaros del último libro del psicólogo y biólogo Manuel Hernández Pacheco, colega experto en neurobiología del trauma y el apego, formado y especializado en psicoterapia reparadora de los daños que los malos tratos, el abandono y el abuso sexual generan en las personas. Con tantos temas, esperaba pacientemente y con ganas el momento de poder darle espacio en este blog a la noticia de la publicación de su segundo libro, el cual vio la luz el pasado mes de octubre. Como podéis ver en la fotografía que acompaña a este post, ya ha alcanzado la segunda edición. Lo hizo en un mes, eso da cuenta del buen hacer del autor que ya nos regaló un primer excelente libro, gran éxito, cuando publicó "Apego y psicopatología. La ansiedad y su origen", el cual presentó en primicia aquí en Buenos tratos.

Este nuevo libro está dirigido al público en general, por lo tanto puede beneficiarse del mismo no sólo el profesional del área sino toda persona interesada en los temas de apego, trauma y neurobiología, sin perder la visión humanista y relacional en el marco de la psicoterapia, que es donde Manuel Hernández desarrolla su trabajo profesional, en Málaga.

En "¿Por qué la gente a la que quiero me hace daño. Neurobiología, apego y emociones", el autor "trata de dar respuesta a esas preguntas y a algunas más sobre el origen de muchas de las enfermedades psicológicas que nos aquejan en el mundo actual. Las diferentes etapas vitales, como la infancia, la adolescencia y la entrada a la edad adulta, implican bifurcaciones biológicas que van a determinar grandes cambios, y la  adaptación a los mismos puede ser a veces patológica" (Reseña de Desclée de Brouwer)

He pensado, para que os animéis a leerlo, ofreceros aquí el prólogo del libro que Manuel Hernández Pacecho me invitó a escribir. Para mí ha sido un honor que él me haya elegido, por motivos emocionales además, para realizar esta delicada labor. Un prólogo debe ser algo atractivo, como un buen anfitrión que acompaña a los invitados y les da la bienvenida, el prologuista debe de conseguir que el lector se quede con el libro y desee entrar al mismo. Espero que después de leerlo, os animéis a llevaros a casa esta gran obra.

PRÓLOGO DEL LIBRO ¿POR QUÉ LA GENTE A LA QUE QUIERO ME HACE DAÑO? NEUROBIOLOGÍA, APEGO Y EMOCIONES
Por José Luis Gonzalo Marrodán

Este prólogo que tienes en tus manos, lector, nos reúne a ti y a mi para dar la bienvenida al nuevo libro del psicólogo Manuel Hernández Pacheco -segundo, después del exitoso “Apego y psicopatología. La ansiedad y su origen”, publicado también por la Editorial Desclée de Brouwer-. Y ello es gracias a él y su incansable afán por divulgar sus conocimientos, no sólo para profesionales sino también para cualquier persona que se interese por una síntesis entre psicología y neurobiología. Si te descubres a ti mismo abriendo esta página del libro atraído por el sugestivo título de su portada, y te encuentras con mis letras, es debido a que el autor lo ha querido. Mejor dicho, sentido, pues ha sido algo que ha nacido de su corazón. Y yo lo he aceptado gustosamente. Agradezco a Manuel Hernández Pacheco que me haya elegido para esta siempre delicada pero estimulante tarea. Es un placer y un honor participar escribiendo este prólogo. Espero que os animéis, tras leerlo, a quedaros con “¿Por qué la gente que quiero me hace daño? Neurobiología, apego y emociones”

Primero, comenzaré por glosar sobre la persona de Manuel Hernández Pacheco y nuestra relación, pues creo que es un ejercicio de coherencia hablar de relaciones en un libro sobre neurobiología, emociones y apego; y, después, ofreceré tres argumentos por los cuales os recomiendo llevaros este libro a casa y tenerlo muy cerca de vosotros. 

Aunque conocía a Manuel Hernández gracias a este maravilloso fenómeno que son las redes sociales desde el año 2016, él llevaba ya muchos años trabajando como psicólogo con amplia formación y experiencia en trauma y apego. Estas redes, como todo en la vida, son buenas o malas dependiendo del uso que hagamos de las mismas. Todos estamos de acuerdo en que han sido una revolución y que han cambiado nuestra manera de relacionarnos. Favorecen la toma de contacto inicial para que luego pueda producirse la magia del encuentro real. Entre otras finalidades, estas redes han ayudado a los profesionales a que nos sigamos los unos a los otros y podamos conocernos y después, físicamente, reconocernos. Esto es lo que ha ocurrido entre Manuel y quien escribe este prólogo, servidor de ustedes.

Manuel Hernández no pasó -ni pasa- desapercibido para mí ni para las numerosas personas que siguen sus contenidos y publicaciones en redes sociales. Tanto su primer libro como sus escritos en su página profesional de Facebook, atraen nuestra atención porque su propuesta a la hora de invitarnos a comprender al ser humano y sus problemas y/o trastornos emocionales son una síntesis equilibrada de los ejes que el psiquiatra Dan Siegel plantea: mente – cerebro – cuerpo y relaciones. Además de formación, conocimientos y carrera profesional con vasta experiencia clínica, tiene a mi modo de ver, tres cualidades que hacen que te fijes en él: sabe escribir (redacta de tal manera que atrae al público y a las personas), sabe transmitir(generar emociones en quien lee sus textos) y sabe divulgar (hacer comprensible al gran público lo que es complejo de entender, como la neurobiología) Se nota que Manuel Hernández es un devorador de libros (no sólo de psicología y biología, sino de otras muchas disciplinas) y que trabajó de librero. Lleva el deseo de saber y aprender en su ADN. Tal y como él mismo nos cuenta, Manuel adolescente se sentía un chico raro y turbado al estar rodeado de libros. ¡Qué lejos estaba entonces aquel muchacho de sospechar que lo que le hacia sentir diferente del resto de chavales se convertiría en la vida adulta en un poderoso recurso! Como dice Boris Cyrulnik, del dolor puede emerger algo bello. 

Por todo ello, la oportunidad le llegó, como no podía ser de otro modo para los talentosos, de la mano de Desclée de Brouwer que apostó decididamente por publicar su primer y exitoso libro: “Apego y psicopatología: La ansiedad y su origen”

En ese contexto de aparición de su primera obra nos conocimos, al fin, en el mundo físico, en persona, en el marco de un congreso de trauma, en Barcelona, en el año 2017. Fue un placer descubrirnos afinidades. Tanto que… ¡ambos nos quedamos durante largo rato en el foyer de una de las salas de sesiones porque no queríamos dejar de hablar y compartir sobre los temas que nos apasionan! En ese tiempo de diálogo me sentí fascinado por la erudición de Manuel e interesado por cómo ejerce su práctica clínica e integra su modelo PARCUVE en la misma, el cual puede conocerse y estudiarse en el libro “Apego y psicopatología. La ansiedad y su origen” y en sus cursos de formación. A partir de este encuentro hemos mantenido el contacto e intercambiado visiones, vivencias y picadas (en chileno significa libros, materiales…) Otro día que ha quedado gratamente guardado en mi memoria es cuando me invitó a la presentación de su primer libro en Bilbao -el mencionado “Apego y psicopatología…”- y ambos compartimos una tarde inolvidable de intercambio con los lectores y una velada entrañable en “el bocho”, como se le llama cariñosamente a la capital vizcaína, precisamente sede principal de la Editorial que le apadrina: Desclée de Brouwer.

Es ahora cuando, nuevamente, la vida y la energía creativa y divulgativa de su autor, y su deseo, vuelven a juntarnos para que haga de telonero de este nuevo libro que publica titulado: “¿Por qué la gente que quiero me hace daño? Neurobiología, apego y emociones”

Imaginad que ahora estoy a vuestro lado y me podéis preguntar por qué creo debéis llevaros este libro a casa. Pues bien, os doy estos tres argumentos:

Primero, porque te sorprenderá su propuesta y, digamos, puesta en escena: arranca con una declaración de intenciones al permitir que una paciente del autor tome los mandos de la obra y nos ofrezca su testimonio acerca de qué le ocurría psicológicamente y cómo y de qué manera Manuel le ayudó profesionalmente. Se trata de algo muy sensible y doloroso: una mujer abusada sexualmente. 

El autor ya nos deja claro que no trata solo el trauma sino personas. Y que para poder contribuir a la sanación de heridas tan dolorosas -como lo son las que dejan las experiencias de abandono, maltrato y abuso- es necesario encontrarse con un psicólogo-psicoterapeuta que como Manuel ofrezca una experiencia de seguridad y empatía gracias a una relación terapéutica sólida y confiable capaz de reparar dichas heridas. El autor se alinea con las propuestas más actuales de los expertos en trauma: además del dominio de las técnicas -que sin duda Manuel posee- es imprescindible que las actitudes relacionales del profesional sean la columna vertebral sobre la cual descanse toda la intervención. La paciente anónima lo dice todo cuando escribe sobre esto y muestra públicamente su agradecimiento a Manuel por este marco relacional que sin duda la sanó tanto o incluso más que las técnicas que usó con ella.

Segundo, porque no se trata de un libro de estos tan de moda actualmente donde se dan recetas mágicas que no existen. La psicología y las ciencias afines que se dedican a investigar y estudiar la conducta humana, las emociones, el desarrollo, la resiliencia, los trastornos… son complejas y no pueden reducirse a unos consejos, ni es su función hacerlo. “¿Por qué la gente que quiero me hace daño? Neurobiología, apego y emociones” es un libro psicoeducativo -explicado con sencillez y claridad pero sin perder la perspectiva científica- para que todo el mundo pueda aprender de manera entretenida acerca de los fundamentos sobre los cuales se asienta la mente humana: las emociones y las dos etapas más cruciales del desarrollo: la infancia -como el autor dice, “el jardín al cual siempre nos remitimos”- y la adolescencia, etapas críticas ambas porque son de riesgo al producirse un espectacular neurodesarrollo y depender de relaciones de calidad para poder crecer sobre buenos cimientos, pero también de grandes oportunidades, si se fomenta el maravilloso fenómeno de la resiliencia gracias a un entorno afectivo y solidario. Conocerlas y ser conscientes de las implicaciones que tienen nos conducirán a criar y educar a los niños cada vez con más consciencia.

En capítulos posteriores, Manuel explica problemas psicológicos que nos preocupan a todos y que están dentro del ámbito de la salud mental: la descripción de las causas y el tratamiento de cada uno de los trastornos más comunes que nos aquejan y que nos provocan enorme sufrimiento, pasando revista de los principales: la ansiedad y los ataques de pánico, la depresión, el trastorno obsesivo-compulsivo, el apego y sus trastornos, las alteraciones en la alimentación, la disociación, la pérdida de control y el abuso sexual. Para abordar las causas de estas alteraciones, Manuel nos propone una visión integradora explicativa de aspectos neurobiológicos y relacionales (entre los factores etiológicos asociados a los trastornos, sitúa en lugar prominente al vínculo de apego con nuestros padres o primeros cuidadores, ya que si este fue inseguro y no reparado posteriormente puede constituirse en un importante factor de vulnerabilidad para la vida adulta) Y fundamenta los tratamientos en técnicas en las que él es experto y que están avaladas científicamente, sin olvidarnos, como ya hemos dicho anteriormente, de la piedra angular sobre la que descansa toda su propuesta clínica: una relación terapéutica con el paciente segura, confiable y empática. Ello se plasma en las viñetas clínicas -gran acierto por parte del autor al incluirlas- contenidas en el libro: fragmentos de sesiones, en las que aparece la persona de Manuel interactuando con sus pacientes y que ilustran la práctica. A mi modo de ver, le da a cada capítulo todo el sentido, ofreciéndonos una parte vivencial que todo libro de este estilo debe de tener.

Tercero, porque aúna una visión del ser humano que no cae ni el psicologicismo ni en el biologicismo, sino que apuesta por la integración, concibiendo al ser humano como producto de unas potencialidades genéticas -que se expresarán en las emociones y en la conducta según cómo el ambiente influya sobre aquéllas-, dándole al apego un rol central como programador inicial en esa danza entre genes y ambiente, pues el apego es a la personalidad como el edificio a los cimientos: la base sobre la que se sustentará el desarrollo ulterior. Es un libro didáctico, con cuadros que abundan en amenas y sencillas explicaciones neurobiológicas sobre los temas que aborda, muchas de ellas provocarán curiosidad en nosotros y nos ayudarán a saber más sobre este fascinante mundo. 

¡Ah, se me olvidaba!: He de mencionar los dibujos hechos por una de las pacientes de Manuel, que aparecen a lo largo de todo el libro, los cuales aportan, como antes expresé, la dimensión emocional y de la imagen, más propia del hemisferio derecho del cerebro. Los dibujos nos confrontan, nos ponen, cara a cara, con el dolor que las víctimas padecen, visibilizando y mostrando que este puede transformarse simbólicamente en auténticas obras de arte que amplifican y dan veracidad a lo que Manuel nos cuenta, y contribuyen a generar resiliencia. Si la paciente no dibujara, todo ese dolor quedaría dentro de ella. Ponerlo fuera es un modo de poder aliviarlo y ofrece un recurso de arteterapia que contribuye a elaborarlo psicológicamente. 

La sociedad está muy necesitada de hacerse consciente de la extrema importancia que tienen las relaciones de buenos tratos y su crucial papel para orquestar el desarrollo de las personas y contribuir al logro de una personalidad equilibrada y un óptimo estado de salud psico-bio-social. Aún estamos muy lejos de que esta visión esté extendida y haya llegado a todos los ámbitos familiares, sociales, educativos, sanitarios, judiciales y políticos. Por eso una obra de este calado, dirigida y accesible a todos los públicos, es bienvenida y celebrada. 

Sólo me queda felicitar a Manuel Hernández por este útil y gran libro, deseando que su lectura os aporte una luz tan bella como la que baña la Málaga que le vio nacer, y que os acompañe y guíe en vuestro caminar.