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lunes, 18 de enero de 2021

"Gotas de lluvia", excelente novela de Jorge León Gustà. Cuando ya solo queda la calle...

Es un auténtico gusto, un placer, presentaros esta novela recién publicada escrita por un gran literato como lo es Jorge León Gustà. Sabéis que en este blog tienen cabida los buenos libros tanto científicos como literarios que versan sobre la temática del trauma y la resiliencia. La novela social que busca concienciar a las personas sobre determinadas problemáticas e injusticias, como ya sabéis, no nos es aquí ajena en absoluto. La que hoy tengo el honor de presentaros es un relato de seres humanos que viven en la calle, una dura y triste realidad cotidiana para todos/as, la presenciamos a diario en nuestras ciudades. Todos podemos vernos abocados a quedarnos sin nada y sin nadie y terminar en la más absoluta indigencia. Detrás de esta penosa realidad, si ahondamos en las vidas de estas personas y nos interesamos por lo que les ha ocurrido, descubriremos que en ellas pervive un trauma no resuelto; por ello este ha sido llamado la "epidemia oculta". Jorge León Gustà, en una novela llena de ágiles diálogos, intensa y emotiva, nos acerca precisamente a este drama de quienes despojados de todo, terminan devorados por un sistema social injusto y muchas veces inhumano. 

El propio autor ha escrito para Buenos tratos el artículo que tenéis a continuación, presentando en exclusiva para todos nosotros su novela Gotas de lluvia. Contada con maestría por un escritor comprometido socialmente y ubicada en un reciente y convulso contexto histórico: el Movimiento del 15M.

Jorge León Gustà. Nació en Barcelona en 1962. Estudió Filología Hispánica en la Universidad de Barcelona, y se doctoró en 2000. Ha editado obras de Lope de Vega (Los melindres de Belisa. Ed. Milenio, Lérida, 2007), o La Celestina, de Fernando de Rojas (Ed. La Galera, Barcelona, 2012) y las Poesías completas de Cristóbal Mosquera de Figueroa (1547-1610) (Ed. Alfar, Sevilla, 2015). Como catedrático de instituto, ha escrito más de una veintena de manuales de Lengua castellana y Literatura de secundaria de editorial Cruïlla. Es autor del libro de poemas Pobres fragmentos rotos contra el cielo (Ed. El llop ferotge, Gerona, 2014). Colabora mensualmente con la revista electrónica Las nueve musas con un artículo sobre literatura del Siglo de Oro español.

Portada de la novela "Gotas de lluvia"


Leo en la revista El salto: “Madrid, Barcelona, Valencia, Murcia, Sevilla, Murcia, Granada, Palma... En todas partes, una marea multiforme y permeable se alimenta de tragedias cotidianas. De cracs personales. Un hombre que pierde su empleo. Una familia desahuciada. Una mujer violentada que huye con sus hijos. Una adicción que rompe una cadena familiar y deja al eslabón más débil a la deriva [...]. Llegar a la calle, como emigrar, es perder tu nombre. Empezar a llamarte: sin hogar, sin techo, mendigo. “Persona en situación de calle”. Y perder tú sustancia, porque nadie te ve. Porque nadie quiere verte.”

Con estas palabras ha resumido Edu León (con el que, por cierto, no guardo ningún parentesco) el drama de las personas que entran en una vida en la calle: los sintecho, los homeless, indigentes. Siguiendo esta idea, en Gotas de lluvia he construido un relato a partir de seis personajes que viven en la calle desde hace tiempo. El título nace de los versos de una canción de Janis Joplin, Little girl blue



Somebody told you 'cause you got to know
That all you ever gonna have to count on
Or gonna wanna lean on
It's gonna feel just like those raindrops do
When they're falling down, honey, all around you.
Oh, I know, I know you're unhappy.



Alguien te lo dijo porque tú tienes que saberlo,
que todo lo que tienes que contar
o en lo que te quieras apoyar
se sentirá justo como esas gotas de lluvia
cuando caen, cariño, todas a tu alrededor.
Oh, yo lo sé, sé que eres infeliz.


En la novela reflejo este sentimiento de que el mundo y todas las cosas en las que uno se apoya se deshacen como las gotas de lluvia se escapan por la pendiente. Consideran que han fracasado en todo. Ya no hay nada a dónde agarrarse y solo les queda la calle. 

No es, desde luego, una historia amable que muestre el lado más romántico de la Barcelona actual en la que está situada; ni tan siquiera es una historia que acabe bien. Por eso se abre con un poema atribuido a Bertold Brecht, Maneras de matar, que vi pintado hace años en una calle próxima a la Plaza de los Ángeles, donde se sitúa la acción de la novela:

 
Hay muchas maneras de matar.
Pueden clavarte un cuchillo en el vientre,
quitarte el pan,
no curarte una enfermedad,
meterte en una mala vivienda,
torturarte hasta la muerte
por medio del trabajo,
llevarte a la guerra, etc.
Solo pocas de estas cosas están
prohibidas en nuestra ciudad.

 

Porque eso es la pobreza: una forma de anular y de matar a las personas. De perder su sustancia y su nombre

La novela es el retrato de seis personajes durante los acontecimientos que asombraron a la Ciudad Condal (y a España entera): la ocupación por parte del movimiento 15 M de la Plaza Cataluña. Como sucede a menudo en estas vidas marginales, los personajes protagonistas han formado un grupo unido cuya existencia se desarrolla sin excesivo contacto con la sociedad, empezando por su situación: viven en la Plaza de los Ángeles, que es, paradójicamente, uno de los lugares más turísticos de Barcelona, pues en ella está la entrada principal del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (el MACBA). Los protagonistas son Nicasio, un ex-legionario –al que todos respetan como jefe-, Théo, un refugiado ruandés que recoge chatarra con un carrito de supermercado; Paco, ex-convicto por asesinato; Isa, víctima de malos tratos; Estela, antigua cantante alcohólica; Charly, un esquizofrénico. Su marginalidad es tal, que la ocupación de Plaza Cataluña no es para ellos una oportunidad ilusionada y juvenil de cambiar el mundo, sino solo un modo de conseguir tabaco, comida y cervezas.

El objetivo de la novela es, sobre todo, conocer tanto la vida presente de los protagonistas y cómo establecen sus relaciones. Para ello, me he servido de un planteamiento muy dramático, en el sentido de teatral: los diálogos tienen un protagonismo en la novela, pues nos ayudan no solo a conocer, sino a ver en presente cómo se desarrolla su vida cotidiana, hasta casi poderlos tocar, ver, oír. Pero, a diferencia del teatro, la novela nos muestra los pensamientos más secretos de los personajes, no tanto sus deseos como sus frustraciones. No se trata de un estudio sociológico teórico y hasta cierto punto abstracto, sino que asistimos como espectadores indiscretos a la vida de estos personajes y comprendemos cómo han llegado hasta allí, qué los ha expulsado de la sociedad para encontrar una vida fuera del grupo y en la calle.

Varias son las causas que pueden llevar a las personas a una situación de precariedad. Por supuesto, la crisis económica (como la que sufrimos ahora) es la más importante. Pero no la única. Hay muchos otros motivos, desde el alcoholismo hasta los problemas de salud mental que conducen a estas personas, poco o nada medicadas, a la confusión entre lo que es realidad y lo que es fantasía... Sin embargo, en la novela he querido ir más allá y descubrir cuál es la causa de sus dramas personales, el principio de su tragedia, que suele estar en experiencias traumáticas del pasado, desde abusos hasta situaciones menos generalizadas pero que llevan a una incapacidad de integrarse en la sociedad. Esto nos permitirá comprender el drama de las personas sin hogar, sin caer en la censura o en el fácil rechazo de actitudes de personas con aspecto desagradable. Detrás de cada sintecho hay un drama originado en un trauma no resuelto.

Pero la marginación no supone que los personajes no tengan su propia organización microsocial, con sus propias jerarquías. La llegada en el tercer capítulo del personaje de Tito, de carácter tóxico, dinamitará las ya tensas relaciones entre los personajes. 

Si quieres conseguir un ejemplar del libro firmado por el autor, solo tienes que clicar en este enlace

Si quieres más información sobre mí, me encontrarás también en Facebook, así como en la revista literaria Las nueve musas.



lunes, 12 de octubre de 2020

"El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes", una novela de Tatiana Tîbuleac

Hay veces que los post me brotan solos. Esto me trae a la mente una frase de Boris Cyrulnik, cuando dice que el deseo de escribir se acrecienta en época de duelo. Estamos atravesando un periodo de pérdida, debido al COVID y todo lo que conlleva. Personalmente, estoy en duelo porque he perdido un ser querido, un amigo (aunque no por este virus). Y siento esto que expresa magistralmente el gran Boris Cyrulnik en su último libro, Escribí soles de noche: “De modo que es posible sufrir menos la pérdida del objeto creando un relato, ya que la conmoción afectiva de un acontecimiento evoluciona en la memoria”

A lo largo de este proceso de duelo, sorpresivamente sucede lo inesperado. "Estás sufriendo, permanece atento, algo bello va a ocurrir" -dice también Cyrulnik. ¿Qué sucede? Que una colega y compañera psicóloga-traumaterapeuta, Idoya Aragón, me anuncia en un mensaje que tiene un regalo para mí. Viene de Logroño, donde tengo la mitad de mis orígenes, una tierra muy querida para mí.

El regalo es un libro.

Portada de la novela
"El verano que mi madre tuvo los ojos verdes"

Una novela que me ha acompañado este verano pasado y me ha ayudado con mi propio duelo. Casualmente, el regalo de Idoya me llegó en un momento de necesidad. Me ha costado darme cuenta, pero este libro ha sido un tutor de resiliencia que me ha servido de punto de apoyo para poder reflexionar -gracias a la palabra escrita, como dice Cyrulnik (2020)- sobre muchas emociones, a veces oscuras y angustiantes que, como mar encrespado, sacudían mi mente. Es la angustia del sentimiento de vacío que deja el amigo perdido en tu alma. Pero al final se hace la luz en mitad de la oscuridad y comienza el renacer. Sobre todo si tienes la fortuna de tener a gente que te quiere cerca y te da el sostén que necesitas para transformarte. "Luces entre sombras de la clara oscuridad, de este mundo absurdo que no sabe adonde va" (Luis Eduardo Aute) Todavía no sé muy bien porqué este libro me ha ayudado en mi proceso. Pienso que es debido a la belleza de la literatura, con poder resiliente; y, por supuesto, el gesto de Idoya, que tuvo mucha trascendencia para mí en ese momento. Ella no sabía el alcance y el impacto tan beneficioso que su acción tendría en mí. Los gestos son importantes en la vida, por pequeños e insignificantes que nos parezcan. Pueden aportar mucho, más de lo que nos pensamos, para quien los recibe. ¡Gracias Idoya!

El regalo de Idoya llegó a mi casa… ¡junto con una carta manuscrita! ¡Qué emoción! Ya nadie se toma la molestia de escribir cartas con boli, en una hoja que conserva los rastros de haber sido arrancada de un bloc. Como las que escribía de niño a mis abuelos, a los amigos y posteriormente a una joven de la que me enamoré perdidamente, cuando tenía 20 años… No podía verla porque estudiaba en Pamplona. De repente, la carta de Idoya activó mi memoria emocional y noté en mi cuerpo toda una catarata de sensaciones dulces y cálidas que evocaban esos periodos de mi vida. ¡Qué bello es recordar cuando los recuerdos producen placer, derroche de neuroquímica dopaminérgica en mi cerebro!

Pero si decido compartir con todos y todas vosotras este libro no es por el tema de mi duelo, obviamente, pues este blog no es para hablar de mi persona, sino porque nos ofrece el relato de la historia de una relación materno-filial dañada y de cómo, durante un verano, sucede la reparación, vista desde el punto de vista del hijo (Aleksy), que narra en primera persona. También nos habla del duelo posterior y de la resiliencia del personaje a través de la pintura. Se trata de un joven maltratado por su padre y abandonado emocionalmente por su madre, que sorpresivamente recibe la llamada de esta para pasar juntos la época estival... Y la reparación la hacen del modo en que estas dos personas afectadas psicológicamente por sus propias historias pueden hacerlo, desde el vínculo que se -y les- transforma; y desde los recursos supervivenciales con los que cuentan. Pero esa reparación sucede... Asistiréis a ella, si leéis la novela. Siempre se está a tiempo de reparar la relaciones, si surge esa necesidad internamente y se hace genuinamente. A la autora, Tatiana Tîbuleac, no le ha costado ponerse en la piel de este chico, haciendo que este nos cuente, tiempo después de lo acontecido, por recomendación de su psiquiatra, los recuerdos de lo vivido el último verano con su madre. Esto se convierte en su terapia narrativa. 

Idoya me dijo que se acordó al leer la novela de los chicos maltratados y abandonados que pueblan nuestras consultas en busca de un psicoterapeuta que empatice con ellos y no que les analice o interprete. “Bien pudiera ser uno de nuestros chicos o chicas” – me dice por el whataap Idoya. La carta manuscrita, que está cuidadosamente doblada dentro del libro, dice sobre el personaje de Aleksy :

"Un día antes del confinamiento mi librero de confianza me descubrió esta joyita literaria. La leí en un santiamén entre el desgarro, la avidez, el asombro, la tristeza, la ternura… muchas emociones fluían y se mezclaban apenas de modo perceptible con lo aprendido en y a partir del Máster [se refiere al de Traumaterapia de Barudy y Dantagnan en el cual participo como docente y soy parte del mismo como coordinador del programa académico en Donostia] A menudo releía frases y expresiones, con placer unas veces (contiene imágenes preciosas), con dolor otras (este niño bien puede pertenecer al mundo de la red apega)" [Quiere decir que puede ser un niño que participe en algún programa de atención psico-educativa-terapéutica de algún profesional que forma parte de la red apega, constituida por psicólogos, educadores, trabajadores sociales… egresados del Postgrado de Traumaterapia]

Es entonces cuando miro la portada y después la contraportada, como hacemos casi siempre con los libros y leo esta sugerente reseña:

"Aleksy aún recuerda el último verano que pasó con su madre. Han transcurrido muchos años desde entonces, pero, cuando su psiquiatra le recomienda revivir esa época como posible remedio al bloqueo artístico que está sufriendo como pintor, Aleksy no tarda en sumergirse en su memoria y vuelve a verse sacudido por las emociones que lo asediaron cuando llegaron a aquel pueblecito vacacional francés: el rencor, la tristeza, la rabia. ¿Cómo superar la desaparición de su hermana? ¿Cómo perdonar a la madre que lo rechazó? ¿Cómo enfrentarse a la enfermedad que la está consumiendo? Este es el relato de un verano de reconciliación, de tres meses en los que madre e hijo por fin bajan las armas, espoleados por la llegada de lo inevitable y por la necesidad de hacer las paces entre sí y consigo mismos".

Entonces, ya siento que el libro me atrapa. Lo abro y comienzo a leerlo, pero no vorazmente, sino despacio, saboreando la peculiar manera en la que está escrito. Su prosa ágil y sin circunloquios, directa e incisiva, capaz de revolver todo el sistema emocional y penetrar hondo. Así es la buena literatura, al menos para mí. Te tiene que zarandear. Si no, no me llena y cierro el libro. Literatura y psicología, una combinación excelente que siempre ha atraído a numerosos profesionales a irse de un campo al otro porque ambas ¡tienen tanto en común!

Tatiana Tîbuleac, autora de la novela

Os comento algunos aspectos de la novela que me han cautivado:

1/ El personaje del joven. El protagonista de la novela me parece entrañable. Aleksy, ¡me recuerda tanto a los chicos traumatizados que pueblan mi sala de terapia (sala de valientes, como la llamamos los traumaterapeutas de la red apega)! ¡Cuánta razón llevas, Idoya! Con ellos he compartido y comparto la aventura de hacer psicoterapia juntos. Para algunos he sido importante porque me han hecho el regalo de decírmelo; lo cual me hace consciente de la enorme relevancia y responsabilidad que tiene cuidar la relación terapéutica y el poder sanador del vínculo terapéutico. Hay chicos -cuando empecé mi trabajo no me lo podía imaginar, pero Cyrulnik ya nos advierte que el tutor de resiliencia ignora lo importante que fue para el otro- que te recuerdan de por vida, ¡es increíble!. Pero también te pueden recordar para mal, por eso nuestro trabajo requiere de un cuidado y una sensibilidad exquisitas. Este mismo verano me encontré con un joven de 26 años que me dijo que ha tenido muchas cosas de la terapia en su cabeza durante todos estos años que no nos hemos visto... han transcurrido… ¡14! 

Cuando los chicos que han sufrido maltrato conservan capacidad de simbolizar su mundo interno y sienten libertad y confianza (la relación terapéutica les debe proporcionar, además, una sensación de contención -como dice Muller, 2020- para que se atrevan a expresar todo el dolor en forma de rabia, pena, desesperación… hacia sus figuras parentales. El profesional no lo debe minimizar ni racionalizar ni juzgar, sino que debe empatizar y contener) entonces son capaces de crear frases como las que el protagonista de la novela dice, que sugieren toda la crudeza del mundo, que te pueden hacen "sonreír" -por lo grotesca de la descripción-, pero es una sonrisa tragicómica que se te hiela en la cara porque alude a una doliente realidad. La autora de la novela, Tatiana Tîbuleac es como si conociera bien el mundo interno de estos muchachos. Me ha gustado porque ella no es políticamente correcta y se atreve a enseñarnos sin ambages qué puede pensar y sentir un muchacho de estos cuando se sabe víctima de malos tratos y abandono por parte de quienes debieron de amarlo y cuidarlo. Pero el chico jamás se lo dice a la madre, se lo guarda y lo vuelca en su relato. Es un detalle importante que implica que no existe sentimiento de venganza sino de expresar por escrito su legítimo dolor. Os dejo sólo una muestra:

"Aquella mañana en la que la odiaba más que nunca, mi madre cumplió treinta y nueve años. Era bajita y gorda, tonta y fea. Era la madre más inútil que haya existido jamás. Yo la miraba desde la ventana mientras ella esperaba junto a la puerta de la escuela como una pordiosera. La habría matado con medio pensamiento" […] 

"En la contribución de mi padre no quería ni pensar. La idea de mi padre me hacía vomitar. Mi padre había huido de mi madre, la abandonó por una polaca con un piercing en la lengua. Se había divorciado porque, si la hubiera matado -eso es lo que habría preferido él y lo más rápido-, habría acabado en la cárcel. Mi padre también me habría matado a mí si no hubiera estado seguro de que me moriría enseguida".

Frases de este tipo -u otras igual de duras- que el mundo adulto no quiere oír porque son demasiado horribles para ser creíbles. "Has de considerar el diagnóstico, pues puede modificar las percepciones de estos chicos y hacer que se confundan" -me dijeron en una reunión de profesionales hace muy poco. Y la verdad es que los chicos rara vez se confunden, puedo dar fe de ello, de que incluso las cosas son peor de lo que nos las cuentan. La enfermedad mental puede ser utilizada torticeramente para argumentar que los horrores que nos cuentan los chicos son producto de una fantasía enajenada por su mente trastornada... 

Otras veces directamente se les fuerza a distorsionar lo que viven con frases estereotipadas: “los padres lo hacen lo mejor que pueden, no son perfectos”; "padres son los que te han tocado"; "¿eres consciente de la trascendencia que tiene lo que dices?, puedes ir a un centro de menores por eso" -como si fuera algo malo ir a un centro, etc. Nos asustan las emociones que experimentan (odio, crueldad, rabia, ironía sardónica...) y el horror de lo que dicen. Cuando lo que necesitan, antes de poder reintegrarlo y elaborarlo, es un psicoterapeuta sensible y empático que de credibilidad honesta y valide la experiencia, que dé espacio a que esas emociones puedan aparecer y ser escuchadas, reconocidas y contenidas respetuosamente.  En el libro aparecen muchas de estas emociones, y el personaje puede dar rienda suelta a todo su dolor. Por eso esta novela me ha fascinado: porque nos muestra el horror tal cual lo viven, sin edulcorar. Que los chicos puedan poner la cólera donde deben de ponerla es necesario, es una fase, porque si no se les permite expresarla, no se avanza en la terapia hacia la elaboración. Pero sucede que algunos adultos les cortan y les dicen que son pensamientos distorsionados o inaceptables y sienten que está prohibido expresarlos; y así interiorizan que no pueden hablar porque no considerarán lo que ellos dicen... 

2/ La relación materno-filial. A lo largo del relato esta relación experimenta una transformación y se produce un cambio en la mirada del joven sobre la madre. Aleksy empieza accediendo a pasar el verano con su madre porque esta se encarga de prometerle algo material (lo funcional, que es el modo en el que estos muchachos han aprendido a sobrevivir) para lograrlo, pues sabe que por motivos de vínculo afectivo no lo lograría.  Pero durante ese verano, en un pueblito al que su madre le lleva,  Aleksy descubrirá la razón por la que esta le ha invitado a pasarlo con ella. La relación entre ambos se transformará de cuidador complaciente (que por dentro esconde gran ira) y madre vulnerable -pero con una energía que le agarra a la vida-, a vínculo afectivo reparado en el que el amor y el perdón -un perdón genuino y sin presión externa de ningún tipo- emergen y se constituyen en los ingredientes necesarios para que se dé dicha reparación vincular. 

Así, las metáforas sobre los ojos verdes de la madre de Aleksy que emplea la autora, son tremendamente bonitas y nos hablan del proceso de transformación de la relación materno-filial. Al joven estos ojos verdes le empiezan pareciendo un despropósito; pero esta percepción va cambiando y con ella los sentimientos de odio y rabia iniciales hacia su madre se vuelven ambivalentes (odio, rabia y pena-ternura) para terminar transformándose en sentimientos de amor (un tanto compasivo), pues el perdón aparece -pero no forzado ni exigido externamente, como ya he dicho- sino de una manera genuina y natural. Como debe ser. Aleksy en un verano descubrirá lo que es sentir el vínculo afectivo con su madre y lo que es perderlo y sufrir por ello. Lo que es sentir que tiene una madre a sentir que en breve la perderá irremisiblemente. Tanto que el duelo que sufrirá le descompensará de su enfermedad mental (que no se nombra, solo se dice que tiene 6 letras, esto me encantó). Sentimos cariño hacia la madre y el hijo pues nos damos cuenta de que ambos han sido víctimas: ella porque perdió una hija y porque no tuvo unas figuras de apego seguras y amorosas en su infancia y su marido la maltrataba; y el joven porque es la última víctima de todo ello en una suerte de transmisión transgeneracional. 

He conocido varias personas -incluso entre gente muy cercana a mí- que han tenido que acompañar y cuidar de padres muy enfermos -estos les maltrataron y abandonaron cuando niños y aparecen, de repente, en sus vidas, para un buen morir y algunos probablemente, para reparar la relación e irse en paz- y viven esta transformación que va desde la rabia y el odio hacia el perdón. Pero ese genuino perdón fue fruto de la elaboración psicológica, de la capacidad de aceptación y del resultado de ser acompañado por un profesional que les ofrece un vínculo y una narrativa que les permite encontrar un sentido. La propia autora de la novela, en una entrevista, opina parecido: "quizá sea ingenuo pensar que unos meses pueden cambiar una vida, pero creo sinceramente que puede suceder, que siempre hay tiempo para hacer las paces. Incluso puede suceder después de la muerte. Creo que estos son los mensajes del libro, la reconciliación y el perdón, que las cosas pueden repararse a pesar del tiempo y a pesar de todo, aunque sea en el último momento".

Madre e hijo viven su último verano juntos en una atmósfera de desenfreno, se beben y se comen la vida a puñados, con avidez (como si no hubiera un mañana, esto en su caso, además, es más que una metáfora) sabedores de que no habrá más experiencias compartidas... El relato está plagado de grandes viñetas tan bien narradas que sentimos las sensaciones que tienen los protagonistas cuando van al mercado, a la playa, beben, comen o fuman...

3/ La visión de la enfermedad mental, ligada al trauma. Nos interpela sobre la mirada que tenemos sobre estas personas, quienes en realidad tienen, en muchos aspectos, una mente más preclara que la nuestra. Quizá lo que les ha ocurrido a las personas con trastorno mental es que el trauma desintegró su mente (como se está planteando hoy en día, es una de las hipótesis plausibles de la psicosis) Y una manera de tratar de recomponerla, aliviar el sufrimiento y resiliar es gracias al genio creativo que a algunos les brota y les convierte en excelentes artistas. Porque cuando hay dolor la capacidad para crear belleza en algunas personas con talento es impresionante. Como los cuadros que el personaje de Aleksy pinta. Y como los de cientos de pintores y artistas a lo largo de la historia de la humanidad.

4/ Finalmente, os traslado lo que Idoya me comentó en la carta que me envío y que es un buen colofón final y que quizá os anime a leer la novela: “Pienso que el arte de la buena literatura y las bases de un cerebro y corazón desorganizados se conjugan en estas páginas de manera poética y descarnada. La vida, la muerte, el odio y el perdón, el poder reparador del amor, las limitaciones del ser humano… forman este libro amargo y exquisito”

Gracias, Idoya, de corazón, por haberme hecho este regalo, así, inesperadamente. La buena literatura es también la que va de boca en boca y cuenta con el apoyo popular. Tienes un librero que es un lujo. Apoyemos las pequeñas librerías, si es que queremos que no sean devoradas por los gigantes comerciales.

REFERENCIAS

Cyrulnik, B. (2020). Escribí soles de noche. Barcelona: Gedisa.

Muller, T. (2020). El trauma y la lucha por abrirse. De la evitación a la recuperación y el crecimiento. Bilbao: Desclée de Brouwer.

martes, 24 de diciembre de 2019

Honrar al niño abandonado (Dickens por Navidad)

Todas las navidades es costumbre que desde Buenos tratos escriba un post especial que se convierta en una ocasión privilegiada para ahondar en experiencias arraigadas en la psique de las personas. Como dice Robertson (2011): “Si nuestro pasado evolutivo está archivado en nuestro interior (modelo del cerebro triuno) sólo hay dos maneras de que pueda aparecer en nuestras vidas: A través de conductas externas que denominamos instintos. Y a través de imágenes de nuestro mundo interior, que Jung primero llamó imágenes primordiales y más tarde arquetipos (del griego primer grabador)”

Antes de hablar del arquetipo del niño abandonado, pensemos que el concepto de infancia es un logro muy reciente de nuestra sociedad. Siguiendo a la profesora Ileana Enesco"la idea del niño como ser perverso y corrupto que debe ser socializado, redimido mediante la disciplina y el castigo", está presente desde la Edad Media en la cultura judeocristiana. Todavía persiste esta idea en algunos jerarcas de la Iglesia Católica que lamentablemente, ante los abusos cometidos por curas a niños, dicen que ellos son los perversos y los provocadores. 

El niño es considerado "un homúnculo (hombre en miniatura). El niño debe ser educado para ser ´reformado´. Educar y criar implican cuidado físico, disciplina, obediencia y amor a Dios, pero no hay referencias a la necesidad de amor para el buen desarrollo infantil". El uso de la disciplina y el castigo físico para educar son moneda corriente en la vida de los niños hasta hace bien poco (aunque no está ni mucho menos erradicado en nuestro país ni en el mundo) y lo que hoy en día (para algunos) es maltrato, entonces se veía como algo positivo y beneficioso. 

Exceptuando visiones como la de Rousseau (que ve al niño como un ser al que hay que adaptarse, que es bueno por naturaleza y solo el ambiente puede corromperlo, que no es un ´hombre pequeño´ sino un ser que sigue un desarrollo -incluyendo a la mujer en la educación-) y Locke (empirista que mantiene que la experiencia es determinante en la educación de los niños, abogando por el razonamiento para educar: “Quizá pueda asombrar que recomiende razonar con los niños y, sin embargo, no puedo dejar de pensar que es la verdadera manera en que hay que comportarse con ellos”), lo que se ha transmitido hasta hace bien poco de generación en generación es la mano dura, el castigo y la férrea disciplina como modelos adecuados de crianza. Del mismo modo, el padre debe ser distante y poco afectivo y la madre cariñosa y condescendiente. 

Estas ideas y prácticas, habiéndose eliminado algunas de ellas y suavizado otras, aún perviven en nuestra sociedad, y herencia todavía viva del maltrato al cual sometían a los niños -en nombre de la disciplina y la educación “para meterlos en cintura”- es la reclamada bofetada a tiempo, así como que los hombres deben ser duros y no mostrar emociones. Esto aún existe en nuestros días, y se reclama en muchos foros el poder abofetear a un niño. Yo lo he visto en la calle. Y eso que sabemos que pegar a un niño es maltratarlo y puede afectar a su desarrollo cerebral, como bien lo ha expuesto el profesor de la Universidad de Harvard Martin Teicher. Aún hay mucho por hacer.

Hasta cierto punto, la idea de que el niño es un adulto en miniatura también se mantiene, pues se trasladan a la infancia creencias y prácticas (educativas, terapéuticas, administrativas, artísticas, judiciales…) provenientes del mundo adulto sin cuestionarse si responden de verdad a lo que un niño necesita según su edad de desarrollo. Hay otras creencias que se mantienen, incuestionables para muchos: los niños mienten, son perezosos, crueles, manipuladores, caprichosos, tiranos… porque “son así”, sin abrirse a explicaciones en las cuales los adultos han tenido mucho que ver en ese resultado…Porque, desde luego, no nacen así. ¿Quién les ha hecho así? Porque se habla de niños tiranos -por ejemplo en el título de un libro de Javier Urra- no de padres incompetentes. ¿Por qué no se cambia el título si luego en el libro se mantiene la tesis de que los niños dictadores lo son porque los padres les han consentido y no les han puesto normas y límites?

Como dice muy bien Ileana Enesco"hasta el S. XX la infancia no es plena y explícitamente reconocida como periodo con sus propias características y necesidades, el niño como persona, con derecho a la identidad personal, a la dignidad y la libertad (Declaración de los Derechos del Niño, Proclamada por la Asamblea General en su resolución 1386-XIV, de 20 de noviembre de 1959. Sin embargo, este texto no es de cumplimiento obligatorio para los Estados hasta 1989, cuando La Convención sobre los Derechos del Niño es adoptada por la Asamblea General de la ONU y abierta a la firma y ratificación por parte de los Estados)". ¡1989! Como vemos un logro muy reciente. Se ha avanzado mucho en derechos a la infancia, sin duda; pero aún hoy en día ser un niño es ser alguien que puede fácilmente ser vulnerado (y vulnerable) Teniendo en cuenta que no votan y no pueden decidir sobre sus vidas, se hayan completamente a merced de lo que los adultos decidan para y hagan con ellos.

Charles Dickens (Fuente: Wikipedia)
En mi opinión, hay una persona mundialmente famosa que ha contribuido a la elevación del arquetipo del niño huérfano y abandonado: Charles Dickens.

Cuando un niño que ha vivido abandono en sus primeros años de vida, en un orfanato, por ejemplo -como les ocurre a muchos chicos/as adoptados/as que acuden a mi consulta a terapia-, y elaboran una caja de arena (como técnica para ayudarles a sanar sin re-traumatizarles), suelen crear escenas donde se representa el trauma por el abandono. Algunos ni siquiera han llegado a hablar de esto con nadie, pero lo simbolizan y eligen alguna miniatura (por ejemplo, un niño con harapos) porque conectan con ello. Como dice Robertson (2011) sobre Jung, “a medida que se excava más profundamente en el complejo, las imágenes y comportamientos que se encuentran tienden a ser menos personales y estar más arraigados en la herencia cultural del paciente, tanto si este tiene conocimiento o no personal de la imagen o de la conducta”. Es decir, aunque los niños no tengan conocimiento personal sobre su abandono -o incluso aunque lo tengan- necesitan recurrir a un símbolo que tenga sentido no sólo para ellos a nivel personal sino para toda la humanidad (no importa la cultura de la que se provenga), es algo universal: ese es el arquetipo. Y yo creo que en la contribución del arquetipo del niño traumatizado por el abandono y los malos tratos ha tenido mucho que ver Charles Dickens. Por eso muchos niños y adultos en su proceso de individuación (hacer conscientes las imágenes arquetípicas que les dan sentido) se sentirían atraídos por los personajes de este genial escritor.

Charles Dickens tuvo una infancia traumática. Su padre tuvo que ir a la cárcel y él fue acogido en una casa (Little College Street) teniendo que trabajar diez horas diarias en una fábrica de betunes. Esto marcaría su vida porque dedicó buena parte de su obra a denunciar las condiciones precarias en las que trabajaba la clase proletaria. En su novela David Copperfield, juzgada como la más autobiográfica, escribió: "Yo no recibía ningún consejo, ningún apoyo, ningún estímulo, ningún consuelo, ninguna asistencia de ningún tipo, de nadie que me pudiera recordar. ¡Cuánto deseaba ir al cielo!". Este personaje, sin duda podría hablar por él.

Colección Famosas Novelas editadas por Bruguera en los años 70.

Accedí a las novelas de Dickens, como a otras muchas obras de la literatura universal, gracias a una colección de libros que publicaba la extinta editorial Bruguera llamada Famosas Novelas, contadas en forma de comics. No pudieron tener mejor idea, pues a través de esta iniciativa muchos niños de la época -que no gozábamos de muchos entretenimientos- pudimos conocer a los grandes escritores y desarrollar la afición por la lectura. Semana a semana íbamos comprando los distintos tomos. Yo todavía los conservo, los guardo como oro en paño y aún los leo de vez en cuando. Podéis ver algunas ilustraciones de las novelas de Dickens hechas por los autores de estas “Joyas literarias juveniles” en estas fotos que acompañan a este post.

Después, he leído algunas de las muchas novelas de Dickens, disfrutando muchísimo de este extraordinario narrador que se convirtió con el tiempo en el gran novelista de lo social, publicando sus novelas por entregas y siendo muy popular.

"Fue simpatizante del pobre, del miserable, y del oprimido; y con su muerte, el mundo ha perdido a uno de los más grandes escritores ingleses", reza su epitafio. Les dio un lugar en la historia y contribuyó a dar a conocer el dolor que él había vivido en su infancia elevando el trauma del abandono infantil a la categoría de arquetipo: niño pobre, abandonado, duramente maltratado, solo en una sociedad supervivencial y llevado a trabajar prematuramente y en condiciones inicuas. Cuando no existía el concepto de niño como sujeto con plenos derechos, ni mucho menos la necesidad de proteger a la infancia, Dickens dio a conocer su sufrimiento a través de inolvidables personajes y novelas.

No puedo referirme a todas sus novelas, pero si he destacar cuatro elegiría: Oliver Twist (1838), David Copperfield (1849), Grandes Esperanzas (1860) y, como no, Cuento de Navidad (1843).

Grandes Esperanzas, cómic adaptado de la novela de
Charles Dickens por la Editorial Bruguera.
En estas (y otras novelas) hay muchos más arquetipos, pero las he elegido y me fascinan por cómo narra el sufrimiento de los niños y el papel que la infancia tiene en la explicación de la conducta adulta humana (como en Cuento de Navidad) También me atraen porque el trauma (del cual se empieza a hablar a finales del siglo XIX) está presente en estas novelas, en sus personajes y en sus historias, y porque vivir en la Inglaterra del siglo XIX es vivir en una sociedad traumatizada por la pobreza y las desigualdades sociales. No existía el concepto de niño, como hemos visto. Ni mucho menos el concepto de niño abandonado a su suerte y sufriendo por ello. Dickens se encargó de denunciar todo esto en sus novelas.

En Grandes Esperanzas, Miss Havisham queda atrapada en el tiempo, vestida con su traje de novia, desaliñado, en una casa y una sala llenas de polvo y telarañas, con el reloj parado a la hora de… la boda en la que se tuvo que casar, pero el novio la dejó plantada... La narración de Dickens nos entra en lo más profundo de nuestro ser cuando nos relata a esta mujer que se ha quedado anclada en el pasado (como en el trauma) que vive sin integrar el hecho, como si no ocurriera, casi disociada, pero una parte emocional suya sale para odiar a los hombres. Por eso educa a su hija adoptiva, Estela, para que se vengue de los hombres, y en concreto de Pit, personaje solo en el mundo, abandonado y que vive soñando con poder amar a Estela y poder ser algún día de los de su clase. ¿Hay mejor ejemplo de lo que es el impacto traumático que este personaje de Miss Havisham?


Subportada de la novela Grandes Esperanzas
diseñada por Bruguera para la Colección Famosas Novelas.

David Copperfield y Oliver Twist, ambos niños desgraciados, solos, abandonados, llevados a trabajar en duras condiciones, son las novelas más autobiográficas de Dickens, donde pueden ir haciendo resiliencia (a veces es una "resistencia potencialmente resiliente", como dice Jorge Barudy) gracias a que surgen protectores que les apoyan. Oliver Twist es huérfano, nace en un orfanato, pobre y solo en el mundo. Al escapar, se ve metido en zonas del hampa de Londres, lleno de personajes arquetípicos como Fagin, donde sobrevivir es lo único que se puede hacer. Oliver Twist en una de las novelas que más se ha llevado al cine.


David Copperfield, comic adaptado de la novela
de Charles Dickens por Bruguera.

Subportada de la novela
Cuento de Navidad, adaptada por
la Editorial Bruguera.
Y, cómo no, en estas fechas… Cuento de Navidad. La versión cinematográfica que recientemente llevó a la gran pantalla Robert Zemeckis es espectacular. Durante las primeras secuencias, al comienzo de la película, podemos asistir a la extraordinaria materialización visual de lo que Dickens tan magníficamente describió: ese Londres de fines del XIX, gris, lleno de niebla, con casas negras con humeantes chimeneas, nevado y frío, pleno de contrastes (ricos y pobres) en las calles… No hay nada más dickensiano que este Londres oscuro y abandónico…

En Cuento de Navidad Dickens nos propone que para resolver el trauma debes de volver al pasado (para descubrir que dentro del avaro Scrooge existe un niño abandonado y triste, que no ha sanado, cuya hermana murió al dar a luz). El encuentro con los fantasmas que se le aparecen le toca el corazón y se vuelve más sensible a raíz de visitar su infancia. Puede ver en el presente cómo vive su empleado y que su hijo, enfermo, necesita todo tipo de cuidados… Emerge entonces, la empatía en el viejo y duro prestamista… para sufrir una gran transformación (se convierte en otra persona) tras ver que nadie le recordará tras la muerte, sino que todos lo celebrarán porque no ha dejado huella en nadie, solo dolor… Justo cuando parece que su destino esa noche es morir, de
Cuento de Navidad, adaptado por Editorial Bruguera.
repente se ve en su cuarto y ya es otro, no sabemos si sueño o realidad, pero como una buena terapia de procesamiento, resuelve el trauma y pasa a ser un hombre generoso y solidario y un gran entusiasta de la Navidad.

Como lo soy yo de este gran escritor, a cuyos arquetipos nuestros niños recurren en terapia, tratando de encontrar un sentido a lo que les ha ocurrido y elaborando en sus narrativas en el cajón de arena las duras experiencias de los orfanatos donde, como Oliver Twist, tuvieron que sobrevivir. Dickens les honró hace muchos años y como otros escritores comprometidos, los miserables del mundo, los oprimidos... claman por sus derechos, entre ellos los niños, donde todavía, hoy por hoy, en muchos países, desgraciadamente, su vida no vale nada. Por todos los que se fueron, por los que cada día luchan por sobrevivir y por los que tienen lo que se merecen en derecho -un entorno y hogar de apoyo afectivo y solidario (que les permita hacer un proceso resiliente poco a poco)-, mi homenaje con este post que nos abre las ganas de sentarnos a leer -o ver en vídeo- Cuento de Navidad y viajar, una vez más, a ese Londres dickensiano de neblinosas calles y lleno de torvos personajes...

¡A todos y todas los y las que hacéis Buenos tratos, os deseo una Feliz Navidad!


REFERENCIAS

Locke, J. (1986). Pensamientos sobre la educación. Madrid: Akal Ediciones.

Robertson, R. (2011) Introducción a la Psicología Junguiana. Una guía para principiantes. Barcelona: Obelisco.

Los datos sobre la historia de la niñez los he encontrado en este artículo de la Catedrática de la Universidad Complutense de Madrid, profesora Ileana Enesco, del Grupo del desarrollo cognitivo y social en la niñez


Los datos biográficos de Charles Dickens los he tomado de Wikipedia:


martes, 14 de noviembre de 2017

Presentación del libro "El huracán y la mariposa" de Yolanda Guerrero Doménech en Logroño y San Sebastián, una novela sobre una adopción de una niña con trastorno reactivo del apego.

Yolanda Guerrero autora de la novela “El huracán y la mariposa” estará el día 29 de noviembre en Logroño y el 30 en Donostia. 

Para quienes no conozcáis la novela, deciros que está maravillosamente escrita por Yolanda Guerrero Doménech. En ella podemos asistir a la historia de la adopción de una niña, Marina, por parte de Sofía, una mujer idealista que piensa -como muchos- que puede "salvar" a la menor con afecto, cuidados y límites. Una adopción situada en una época en la que la sociedad no era consciente -hoy en día creo que vamos avanzando pero queda mucho por hacer para apoyar a estos padres y madres en los desafíos de este tipo de parentalidad- de lo que suponía convertirse en madre o padre de menores que soportan la pesada carga de una historia atroz a sus espadas. Por eso, lo que nuestra protagonista, Sofía, no sabe son las consecuencias que acarrea que Marina esté dañada por un maltrato, abandono y abuso extremos y crónicos padecidos durante seis largos años en su país de origen, presentando algo totalmente desconocido a principios de los noventa: la asociación entre trauma complejo, trastorno de apego reactivo y disociación. Si quieres leer más, haz click aquí.



En la capital de La Rioja le acompañarán miembros de la Asociación Pro Infancia Riojana - APIR (Antonio Carballo, psicólogo y Beatriz Chávarri, psicóloga) y en la Bella Easo estaremos a su lado Cristina Herce, psicóloga del Centro Lauka de apoyo al acogimiento familiar, Miguel Munárriz escritor y servidor de ustedes, José Luis Gonzalo, psicólogo. 

Será un momento emocionante donde tendremos la oportunidad de hablar de la novela de Yolanda que visibiliza la realidad de los menores y familias afectados por el trastorno del apego a través de la apasionante historia de sus protagonistas: la abuela, la madre y la niña adoptada, Camila. 

¡Queremos compartirlo contigo! ¡Te esperamos! Os dejo copia de las invitaciones para cada ciudad. En Logroño será el 29 de noviembre a las 19,00h en La Casa del Libro. En Donostia será el 30 de noviembre a las 19,00h en la Librería Zubieta.




lunes, 8 de mayo de 2017

"El huracán y la mariposa", una emotiva novela que narra la historia de una niña adoptada con trastorno del apego.

Portada de la novela de Yolanda Guerrero
Esta pasada semana acaba de publicarse la novela "El huracán y la mariposa", maravillosamente escrita por Yolanda Guerrero Doménech. En ella podemos asistir a la historia de la adopción de una niña, Marina, por parte de Sofía, una mujer idealista que piensa -como muchos- que puede "salvar" a la menor con afecto, cuidados y límites. Una adopción situada en una época en la que la sociedad no era consciente -hoy en día creo que vamos avanzando pero queda mucho por hacer para apoyar a estos padres y madres en los desafíos de este tipo de parentalidad- de lo que suponía convertirse en madre o padre de menores que soportan la pesada carga de una historia atroz a sus espadas. Por eso, lo que nuestra protagonista, Sofía, no sabe son las consecuencias que acarrea que Marina esté dañada por un maltrato, abandono y abuso extremos y crónicos padecidos durante seis largos años en su país de origen, presentando algo totalmente desconocido a principios de los noventa: la asociación entre trauma complejo, trastorno de apego reactivo y disociación. 

La novela va directamente a la piel y te traspasa, su relato descarnado y su historia te atrapan y te empujan intensamente a leer y continuar hasta el desenlace final. Haciendo gala de una exquisita erudición (usando la metáfora de los círculos que Dante utiliza en su poema "La divina comedia" para dividir cada una de las tres partes de las que "El huracán y la mariposa" consta) y gran maestría como escritora, la autora -sin dejar además de entretenernos- entreteje los hilos de la trama, en la cual se puede ver el impacto transgeneracional de la historia de vida de cada protagonista y como se entrecruzan en el presente. Yolanda Guerrero además, permite que Marina recuerde y narre sin morbosidad pero con el necesario realismo crudo -para que seamos conscientes de lo que muchos niños/as padecen en el cruel mundo actual- el maltrato sufrido por ella, lo cual nos facilitará la comprensión de los daños que estos menores presentan y del por qué se comportan del modo en el que lo hacen. Si la novela hubiera carecido del relato de los recuerdos traumáticos contados con cierta despersonalización por Marina, habría estado incompleta y habríamos sentido, quizá, un profundo rechazo hacia la menor. Pero el que estén presentes nos ayuda -aunque no apoyemos las conductas negativas de la niña- a no diabolizar al personaje sino significarlo como resultado del maltrato y de los daños que éste conlleva en el apego y en la personalidad del ser humano en desarrollo. 

Yolanda Guerrero Doménech ha contado con el asesoramiento para la caracterización del personaje de la niña Marina con Maryorie Dantagnan, Laura Fariña y con servidor de ustedes. Ha tenido el bonito detalle de mencionarnos en los agradecimientos. Le felicito por su trabajo porque ha logrado describir y visibilizar -puede ser una de las primeras novelas en habla hispana que trate explícita y literariamente un trastorno del apego- de manera muy veraz la manifestación de lo que es un trastorno del apego grave: la falta de empatía, los cambios bruscos de humor, los síntomas disociativos, el rechazo al control externo, la agresividad hacia la figura materna, la incoherencia, la crueldad, la motivación hacia el control y el dominio del otro, las mentiras... y el sufrimiento que todo ello causa en la familia (madre y abuela), y su impotencia ante la ausencia de apoyos y ayudas profesionales eficaces, así como la inadecuada actuación de los servicios sociales. Sofía hace lo que probablemente muchos padres y madres -que son competentes- hacen e hicieron: todo lo que pudieron. 

Para quien quiera escudriñar, pienso que hay una semilla de resiliencia en el final del relato de esta historia, se atisba que es posible a futuro, un realismo de la esperanza. 

En la reseña del libro nos dicen: "Tras un viaje revelador, Sofía Baena, una mujer idealista e independiente, decide emprender la búsqueda de su hija: adopta una niña de siete años con cara de ángel y ojos negros como crespones. Pero como Perséfone, Marina fue raptada por Hades y lleva el infierno tatuado en el corazón. Un pasado oscuro la abrasa en un incendio perpetuo y pronto empieza a desarrollar una aversión enfermiza hacia su madre adoptiva que culmina en ataques cada vez más virulentos. En su novela debut, "El huracán y la mariposa", Yolanda Guerrero da voz a tres mujeres unidas por una tragedia y separadas por el dolor, el rechazo, el desamparo y la ceniza de la culpa; un relato íntimo que enhebra con maestría la cara más amarga de la adopción."

Os recomiendo la novela porque creo que muchos padres y madres, así como acogedores/as, se pueden sentir identificados con muchos aspectos de esta historia. Hemos de tener en cuenta que es una novela, aunque basada en hechos reales, eso sí. 

Para mí ha sido un placer asesorar a Yolanda Guerrero Doménech para contribuir a la caracterización que tan acertadamente ha hecho de Marina. Le agradezco muchísimo el guiño que me hace en la historia, para mí un honor. 

La presenta en Madrid el 24 de mayo en la librería Tipos Infames-Libros y Vinos, San Joaquín 3, a las 20h. 

¡Nos espera a todos/as!