Mostrando entradas con la etiqueta socialización. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta socialización. Mostrar todas las entradas

lunes, 28 de octubre de 2013

Las dificultades para las relaciones sociales de los menores adoptados o acogidos víctimas de malos tratos: la sensibilidad paterna y materna prepara el camino para un adecuado desarrollo del cerebro social


La entrada de esta semana es vivencial, hoy hablaré de este tema en base a mi experiencia profesional.

En el vídeo de la pasada semana “Zeitgeist moving forward” uno de los expertos -en relación con el tema que vamos a abordar- decía lo siguiente: “En las plantas hay un proceso de adaptación al medio en el cual van a desarrollarse. Para los humanos, la adaptación es a la calidad de las relaciones sociales. Entonces, a una edad temprana, cómo eres cuidado, cuánto conflicto hay, cuánta atención recibes es una muestra del tipo de mundo en el que puedes estar creciendo. ¿Estás creciendo en un tipo de mundo en el que tienes que pelear por lo que quieres conseguir, vigilar tu espalda, valerte por ti mismo, aprender a no confiar en otros o estás creciendo en una sociedad donde depender de la reciprocidad, la mutualidad, la cooperación… donde la empatía es importante, donde tu seguridad depende de tener buenas relaciones con otra gente? Y eso necesita un desarrollo muy diferente a nivel emocional y cognitivo. De eso es de lo que se trata: la sensibilidad temprana. Y el ser padre es un sistema de transmitir esa experiencia a los hijos, de la clase de mundo en el que están”

Pensemos ahora en tres menores de edad diferentes pero unidos por un mismo destino adverso: la experiencia de los malos tratos y el abandono:

Iker es un muchacho de nueve años. Adoptado por su madre a los siete años tras pasar los mismos en su país de origen. Primero sufrió el abandono del padre biológico que dejó a la madre con Iker y tres niñas más. Familia sumida en la pobreza más absoluta y viviendo en una zona marginal de una gran urbe de Sudamérica, para subsistir Iker, desde muy temprana edad, callejea con sus hermanos para pedir limosna y traer algo de comida para sus bocas. La madre utiliza gran parte de ese dinero para consumir alcohol. Los niños no están atendidos en sus necesidades físicas. Además, cuando la madre está en estado de embriaguez, grita y maltrata a los niños (les pega y les insulta, descargando su cólera contra ellos) También les descuida, de tal manera que no supervisa su conducta. La madre en estado de embriaguez se comporta de modo caótico e impredecible. Un día, jugando, Iker tira una cazuela de un fogón y se quema la espalda causándose graves quemaduras. Los niños tampoco tienen satisfechas las necesidades emocionales ni de seguridad personal. Los servicios sociales intervienen e Iker es ingresado en un orfanato de pésima calidad donde puede comer una vez al día pero los educadores utilizan una disciplina basada en hacer obedecer las normas mediante el castigo físico (pegarles con la zapatilla) Ingresa en este orfanato con una de sus hermanas. Un día les llega una oportunidad de adopción de un matrimonio europeo. Tras un periodo de prueba quieren quedarse con la hermana de Iker pero no con éste porque tiene unas alteraciones de conducta y un estilo de vinculación que no soportan. Se lo dicen al propio iker el cual vive una experiencia de profundo rechazo que ahonda más en la herida. Más adelante, encuentran la oportunidad de tener el ambiente familiar seguro, estable, cohesivo y afectivo que necesitan: Iker y su hermana son adoptados por una mamá y comienza una verdadera vida para ellos.

Adela es una joven de 13 años que vivió sus cuatro primeros en un país de la Europa de Este. Hija de una madre joven que ya tenía tres hijos más, ingresa nada más nacer en un centro de acogida –pues la madre no podía hacerse cargo- donde permanece hasta los cuatro años. Sufre la ruptura de contacto con su madre biológica. En el centro de acogida tiene sus necesidades físicas cubiertas pero los cuidados y la estimulación emocional debe de compartirlas con más niños y niñas. El tipo de educación que recibe de las mujeres que educan a los niños de ese centro es muy rígida, con una disciplina basada en el tiempo fuera y los cachetes, si no obedecen. La cara de la niña en el momento de la adopción es triste, según recuerdan sus padres adoptivos que lo son desde los cuatro años de Adela.

Peter es el mayor de cuatro hermanos que viven en un entorno familiar caracterizado por la presencia física pero totalmente ausente -desde el punto de vista emocional- de su padre. La madre presenta una depresión que cursa con consumo excesivo de alcohol y juego patológico. Nadie atiende las necesidades emocionales de los niños, que desde el punto de vista funcional más básico están atendidos. Cuando el padre llega del trabajo, ambos progenitores discuten enzarzándose en peleas por el gasto de dinero excesivo que hace la madre. Ésta recrimina a su marido que no le ayude ni apoye en nada y la deje sola con los niños y su crianza. Nadie escucha a estos niños, juega con ellos, interactúa, se preocupa por sus deberes, les da explicaciones sobre la vida, fomenta el lenguaje emocional y la empatía. La casa es un auténtico desierto emocional. Al agravarse la situación en el hogar porque los niños dejan de tener la supervisión básica funcional, las autoridades adoptan una medida de protección y Peter pasa a residir en un centro de acogida de menores dado que tiene once años y a su edad un acogimiento familiar es difícil que surja.

En el primer caso, Iker es un muchacho habitualmente tranquilo, risueño y que entra en relación social con sus compañeros y con los adultos con tranquilidad y desde la reciprocidad. Sin embargo, cuando surge un conflicto, debe de tolerar una frustración o se empecina en un punto de vista… ¡zas! bruscamente cambia de comportamiento. Entra en un súbito y terrible estado de cólera que le lleva a agredir violentamente a los niños o los adultos que estén a su alrededor en ese momento. No puede entrar en razón ni calmarse porque parecería que se tratase de otro Iker. Para poder terminar con su violencia desatada, indiscriminada y peligrosa para él y los demás, un adulto fuerte y seguro debe de contenerle físicamente hasta que rompe a llorar.

¿Qué le pasa a Iker? Recordad la frase del principio: ¿Qué clase de mundo sintió Iker desde que nació? ¿Qué quedó grabado en su memoria implícita? Desde muy temprana edad, que el mundo es un lugar hostil y hay que estar preparado para luchar o huir. ¿Qué fue posteriormente registrando su hipocampo? (órgano responsable de la memoria episódica y verbal y de integrar la información proveniente de la memoria emocional en un todo coherente, ubicando los sucesos y acontecimientos en su contexto y tiempo): “soy malo”, “despreciable”, “merezco ser humillado” y “estoy en peligro” Esto queda disociado en otro estado del yo (que contiene el daño sufrido) y se activa en situaciones concretas del presente que evocan esos contenidos. En una situación íntima e interpersonal (con su madre o en la terapia) a veces se acerca y se aproxima, se muestra cariñoso, colaborador, simpático… Pero si la relación se va tornando demasiado íntima, se activan sus modelos de apego tempranos en los que quedó registrado que puede ser dañado y entonces se aleja o se torna malhumorado e incluso agresivo (comienza a pegar a la madre sin motivo alguno) El apego temprano que se forjó fue de tipo desorganizado, el más grave y propio de ambientes caóticos, violentos y donde se han vivido situaciones de terror intenso de las cuales no se puede escapar.

Adela sufre porque no tiene amigas. Siempre que comienza en un nuevo grupo empieza muy bien. Exhibe adecuadas habilidades sociales para preguntar, responder, intercambiar opiniones y hablar sobre gustos y aficiones. Puede conectar emocionalmente, a veces, con las amigas y sentirse parte del grupo. Sin embargo, Adela se siente internamente muy activada, inquieta, incluso con cierto desasosiego. Eso le lleva a no regular sus emociones y controlar sus impulsos. Se deja llevar por ellos. A veces, liga con el novio de una amiga, sin poder controlarse. Le gusta ser el centro de los chicos. Cuando le preguntan que por qué liga con el novio de una del grupo, que eso está mal, Adela miente. Las chicas del grupo desmontan su mentira. Desde luego no es la  primera vez que Adela miente o que exagera las cosas que cuenta (inventándose cosas grandiosas sobre su familia) Ya le han cogido en varias mentiras. Por ello, las chicas del grupo comienzan a llamarse entre ellas y a evitar estar con Adela. Y ésta, de nuevo, sola. Sabe que no ha actuado bien, reconoce su problema ante el psicoterapeuta y le dice: “¿Por qué siento esa activación dentro de mí, esa angustia en mi interior? Hace que me altere y que no controle mis impulsos” “¿Por qué insisto en usar mentiras y exagerar, presentarme como alguien que no soy ante los demás?” Este tipo de apego temprano, en la línea de un apego ansioso-ambivalente, activa en la relación social la evocación de no ser lo suficientemente querida y de temer un abandono. Le lleva a activar un modelo interno de apego en el que está más preocupada por su propia angustia y por ganarse la atención de los demás (para tapar esa angustia) en una suerte de mecanismo de defensa inconsciente que le da la fantasía de que no será abandonada porque duda de la disponibilidad del otro, no está segura de que el otro sea alguien fiable. El modelo operativo que se evoca en la relación con los demás contiene representaciones tipo: “no soy lo suficientemente querible”; “pueden dejarme” Y termina por provocar paradójicamente, lo que más teme: quedarse sin amigas.

Peter se ha adaptado bien al piso de acogida en los aspectos funcionales y de orden y cumplimiento básico de las normas. Sin embargo, no se relaciona con los compañeros si no es sólo mediante alguna actividad: el ajedrez (su afición favorita), los videojuegos o los comics. La preferencia son los objetos e interactuar con los demás por medio de éstos. No parece tener necesidad de tener amigos íntimos o cómplices con los que conectar emocionalmente y resonar internamente. Los profesores le definen como adaptado a los estudios, alejado de los compañeros y distante emocionalmente. En el centro de acogida mantiene la distancia y rechaza hablar con los educadores de cómo le va, sus estudios y los amigos. Cuando algún educador intenta ayudarle y apela a las emociones o las relaciones, tratar de acercarse y conectar con cercanía, Peter pasa absolutamente. Y si el educador insiste más, se puede volver irónico y despreciativo con él. Excepto si alguien toca alguno de sus objetos preciados o le desordena sus cosas. En esos casos estalla con un ataque de ira y se vuelve violento. Este tipo de apego temprano es marcadamente evitativo. En las relaciones con los otros se evoca la posibilidad de intimar, de que entren en su interior. Entonces el mecanismo de defensa es evitar, alejarse e incluso despreciar. Peter actúa como “alguien muy voraz que piensa que la comida no es lo suficientemente buena”, como diría Wallin. Se cierra y se protege con estos mecanismos porque en su momento fue rechazado emocionalmente cuando intentó conectar con los demás.

Ahora ya nos explicamos por qué los niños y adolescentes adoptados o acogidos con experiencias de abandono y maltrato crónico a sus espaldas tienen tantas dificultades para relacionarse con los demás. El cerebro es un órgano social, preparado para entrar en relación con los demás. La neurociencia moderna da la razón a Platón cuando afirmaba que el hombre es un ser social. Pero las experiencias de vida graves que comprometen el desarrollo cerebral y mental de las personas hacen que éstas tengan que adaptarse a lo que los cuidadores tempranos les han ofrecido para poder sobrevivir, como decía el autor del vídeo de Zeitgeist que os he citado al principio del post.

La semana que viene veremos qué podemos ir haciendo para reparar estas tempranas tendencias. Hay que tener en cuenta que cuanto más tiempo de maltrato y abandono, más probabilidad de que se afiancen los esquemas tempranos de apego. Pero aún y todo -y sin olvidar que algunos casos son graves y las secuelas son permanentes (sólo podemos aspirar a lograr el mayor grado de adaptación posible)- Cozolino nos dice que en neurociencia no hay nada escrito y que nunca es tarde.

Termino con esta frase de Siegel muy ilustrativa de cómo el cerebro se prepara y se diseña para las posteriores relaciones sociales en la experiencia con los primeros cuidadores: “Pensemos en un  recién nacido. Cuando nace un bebé, ya está listo para relacionar lo que ve en los demás con lo que hace él y siente en su interior. Pero ¿qué pasa si los demás sintonizan con sus necesidades sólo en raras ocasiones? ¿Qué pasa si en general sus padres no están a su disposición y lo rechazan? Al principio la mente del niño se verá invadida por la confusión y la frustración. Sin los momentos íntimos en los que se produce una conexión sistemática con sus cuidadores, puede acabar siendo una persona sin visión de la mente, sin comprender la importancia de unirse a otros. Aprendemos muy temprano en la vida a usar nuestra conexión con las personas de confianza para aliviar nuestra angustia interior. Eso constituye la base de una relación afectiva segura. Pero si no recibimos una crianza así, nuestro cerebro tendrá que adaptarse y arreglárselas como pueda…”

Y, desgraciadamente, así han vivido muchos de los niños y jóvenes que tratamos a diario en la consulta: arreglándoselas como pueden.

Hasta la semana que viene.

Cuidaos / Zaindu

lunes, 6 de septiembre de 2010

"Bullying como desencadenante de trastornos de la conducta alimentaria", comunicación presentada por Rafael Benito, psiquiatra.

El Congreso de Oviedo ha sido un foro excelente en el que hemos podido asistir a multitud de aportaciones de expertos en psicología en todas las áreas en las que ésta se aplica.

Mi amigo y colega Rafael Benito Moraga, psiquiatra de la Clínica Quirón de San Sebastián, presentó una comunicación oral titulada: “Bullying como desencadenante de trastornos de la conducta alimentaria”.


No puedo exponer todo el contenido de la comunicación debido a su extensión, pero sí los datos y conclusiones más importantes, sobre todo lo que hace referencia al estudio de investigación que él ha llevado a cabo recientemente. Rafael Benito ha observado cómo bastantes personas con trastorno de la conducta alimentaria (TCA) presentaban asociado al mismo una experiencia de bullying.

Primeramente, disertó sobre el bullying, la definición de este concepto (“una forma de maltrato intencionado de un estudiante -o grupo de estudiantes- hacia otro compañero, generalmente más débil, al que convierte en su víctima habitual”) diferenciándolo del teasing (“interacción social que comprende una serie de conductas verbales y no verbales entre pares que puede ser graciosa o lúdica, pero también dañina”) Seguidamente ofreció datos sobre la frecuencia del bullying en nuestro país basándose en los recogidos por el defensor del pueblo. A continuación, presentó datos de la frecuencia del bullying por comunidades autónomas.

A esto le siguió una caracterización del perfil psicológico que define tanto al perpetrador como a la víctima y las consecuencias que tiene el bullying para ésta, aportando datos de estudios que ponen de relieve que las consecuencias de esta forma de maltrato entre iguales duran toda la vida. Así, expresó que:

Estudio de seguimiento de 15 años de una cohorte de niños de 8 años. Se los controló a los 18 y a los 25 años.

Prevalencia de trastorno mental:

De los que eran al mismo tiempo víctimas y acosadores un 30% tuvieron trastorno psiquiátrico:

De los que eran sólo víctimas tuvo un 17%

De los que eran sólo acosadores un 18%

En los controles sólo un 9% sufrió trastorno mental en el seguimiento.

Tipos de trastornos:

Los que eran acosadores y víctimas tenían 5 veces más probabilidades de tener trastorno antisocial de personalidad y trastorno por ansiedad.

Los que eran sólo acosadores tenían casi 3 veces más probabilidad de recibir un diagnóstico de personalidad antisocial.

Las víctimas tenían 2,6 veces más probabilidades de tener trastornos por ansiedad.

Finalmente nos expuso que existe una relación directa e indirecta entre bullying y trastorno de la conducta alimentaria, para terminar con la revisión de los casos clínicos de su investigación, en la cual observó:

74 pacientes admitidas sucesivamente en tratamiento en consulta privada.

Objetivos de la revisión:

Valorar la prevalencia de bullying o teasing como desencadenantes de un trastorno de la conducta alimentaria.

Presencia de vómitos u otras conductas de purga.

Presencia de maltrato infantil y/o presión familiar para adelgazar asociada al TCA desencadenado por bullying:

19 con historia de acoso escolar y 2 con historia de teasing (36%)

En todos los casos el acoso se lleva a cabo en el colegio y en la mayor parte se relaciona con la figura o el peso:

En 15 de los casos las chicas protagonizan el acoso o secundan a los chicos.

En 12 casos el acoso se inicia al comenzar la educación secundaria.

En los casos de teasing, éste actúa como acontecimiento “gatillo”.

El bullying parece un desencadenante frecuente de los TCA.

Por la importancia que la valoración de los iguales tiene en la forja del autoconcepto:
Se está comenzando a demostrar la relación entre ambos fenómenos.

En las chicas con TCA podría ser un fenómeno oculto.

Dada la alta prevalencia del acoso escolar, su prevención podría incidir en la aparición de los TCA.

Excelente comunicación de Rafael Benito, creo que no puedo añadir mucho más. Subrayar la importancia de la prevención y de la educación socio-emocional en los centros escolares (el establecimiento de los límites respetuosos entre las personas, de los límites sociales, comienza por el buen trato entre las mismas) porque esta forma de maltrato tiene repercusiones en las víctimas que les acompañan a lo largo de toda la vida. Es por lo tanto, grave, y no "un asunto de chiquillos a resolver entre ellos", como todavía hay quien desacertadamente, opina.

domingo, 11 de abril de 2010

La vergüenza, una buena película para estas vacaciones

Como veis, cierro la trilogía (un libro, una canción y, por último, una película) dedicando el post a comentar la película La vergüenza. Tenía pendiente verla desde hace tiempo y unas vacaciones dan para ello. La próxima película que me espera relacionada con el tema central de este blog es Precious.

Como ya sabéis, La vergüenza gira en torno a una pareja que, superados por el comportamiento del niño que tienen en acogimiento, se cuestiona si seguir adelante llegado el momento en el que comienza a plantearse la adopción. El padre se muestra más claro y trata de convencer a su pareja (es inminente la llegada de una trabajadora social que evaluará la evolución del menor en la familia y las capacidades parentales) de que no pueden criar al niño dado lo problemático que es. La madre acogedora, en cambio, piensa que, aunque con dificultades, sí pueden y trata de convencer al padre de que debido al sufrimiento del niño es normal que se comporte del modo en que lo hace. Surgen sus dudas, miedos, inseguridades, el conflicto ético en el que se ven atrapados... Pese a todo, la mujer logra imponer al hombre que deben de dar una buena imagen y minimizar el problema del menor. Fingir delante de la trabajadora para que ésta no emita un informe negativo acerca de su idoneidad como futuros padres adoptivos.

La llegada de la trabajadora social irá haciendo salir a la superficie el conflicto por el que la pareja atraviesa: sus mentiras, su falta de comunicación… Una batería de preguntas de la trabajadora referentes a sus respectivas historias de vida y aspectos de su personalidad hace estallar al padre que no comprende la relación existente entre cuidar de su hijo y sus experiencias infantiles y adultas de vida. Al final, esta entrevista les hará reflexionar y darse cuenta de sus propios errores (la ausencia de sinceridad entre ellos y la falta de madurez del hombre para asumir una paternidad más deseada por ella que por él) La entrevista tiene efecto y experimentan ese darse cuenta que les permite interiorizar que asumir una paternidad supone asumir primero una perspectiva madura de la vida. Y ello tiene el efecto positivo de cambiar su mirada sobre el niño, aunque todo pasa en un día y ese cambio tan rápido es un tanto inverosímil que suceda. Una escena del final en la que el padre le pregunta al infante si desearía conocer a su madre biológica es señal de ese cambio: el padre empieza a ponerse un poco en la piel del niño y a comprenderle mejor. Otra escena del final (la madre abraza al menor y éste le recibe con apertura) también es un indicador de la transformación. Nos quedamos con la incertidumbre de saber si continuarán adelante o no con la adopción y si serán aceptados como idóneos o no.

El infante, por su parte, también hace su camino: ayudado por su cuidadora (que es la única que le comprende y sabe regularle) puede entender que su madre le quiere pero que por el momento no puede estar con ella. En realidad la cuidadora del niño en la casa (contratada por los padres) es… ¡la madre biológica! (algo inverosímil también) Esta había seguido la pista al niño hasta dar con él y entrar contratada en la casa. En un momento que siente que los padres no van a continuar con la posible adopción, se plantea llevarse al menor a su tierra, Perú, pero ayudada por una amiga reflexiona y no lo hace. El infante le pregunta constantemente por su madre, si ha hablado por teléfono... Y la cuidadora-madre es quien se encarga de hacer ver al niño que si él lo desea debe de seguir en la familia de acogida y que su madre le quiere, pero no le releva la verdad de que ella es su progenitora. También podemos asistir al sufrimiento de una madre desesperada por no poder hacerse cargo de su hijo.

La película se centra en exceso en los problemas de los padres, en su relación y en cómo repercute en la educación del niño, en sus sentimientos, pensamientos, motivaciones… quedando el punto de vista del menor en un segundo plano. Poco expresa verbalmente el niño (aunque su expresión no verbal es acertada y se adivina claramente su sufrimiento) Hubiera sido deseable que le hubieran dado chance al muchacho reflejando su mundo interno en entrevistas con la trabajadora familiar o en sesiones de terapia (donde se vieran sus dibujos, sus juegos…) para dar a conocer al público lo que siente y vive un niño como él: menor que ha sufrido el síndrome del peloteo (de familia en familia y de centro de acogida a centro de acogida) y presenta las alteraciones del comportamiento propias de un niño con trastorno del vínculo. Se ha optado más por dar voz a los adultos. El director sí lanza (aunque no se ahonda en ello) otros problemas que este menor tiene: el acoso que padece en el colegio, por ejemplo.

Queda muy bien recogido cómo el niño, sin la adecuada regulación del adulto, no sabe dirigirse responsablemente, por ejemplo, en el episodio de la pecera. Y también me ha gustado el mensaje claro que la trabajadora familiar transmite a los padres: el menor ha sufrido muchas pérdidas y abandonos y esto debemos de cuidarlo mucho porque no debe de repetirse. El caso que nos presentan es el de una pareja treintañera con deseos de ser padres, un tanto inmaduros, con conflicto larvado entre ellos que se hacen cargo de un menor con trastornos conductuales y vinculares producto de un sufrimiento por el abandono, un sistema muy complejo ya que para ser padres debe existir una estabilidad, máxime cuando el hijo acarrea una dura historia a sus espaldas y necesita de una estructura familiar consistente porque manifestará su dolor mediante los problemas de comportamiento y las dificultades de autoregulación. Y para esto hay que estar preparados porque debe primar el derecho del niño a tener unos padres competentes.

Si la veis o la habéis visto, espero vuestros comentarios.

jueves, 4 de marzo de 2010

Niños con problemas de conducta como consecuencia de un trastorno del apego: qué se puede hacer desde el colegio (III y final)

Las técnicas educativas con los niños con problemas conductuales severos como consecuencia de un trastorno del apego que funcionan mejor, y que además son técnicas focalizadas en el apego, propuestas por Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan, son las siguientes:
El educador tiene dos tareas imprescindibles: Satisfacer las necesidades reales y modular los deseos del niño.
Una relación educador–niño rica en afecto y estructura. Si no hay afecto, no hay posibilidad de que el niño interiorice la norma. Control y afecto van unidos.
Ser consistentes, predecibles y repetitivos.
Educar en función de la edad emocional y no de la edad cronológica. Enseñar a través de vuestra propia conducta… y ¡¡en voz alta!!
Escuchar, mirarse y conversar cuanto se pueda en un tiempo sólo dedicado al niño.
¡Tener paciencia, mucha paciencia!
Cuidarse: tiempos de descanso y de apoyo entre profesionales
No todas las técnicas son útiles para todos los niños
Mantener las que funcionan y descartar las otras en función del niño.
La seguridad es prioritaria: no hacer nada que dañe o ponga peligro al niño.
No olvidar que la edad cronológica no va siempre acorde a la edad emocional del niño.

Agradecer al niño por su cooperación por adelantado.
Apreciar más que premiar.
Proveer apoyo emocional cuando se impone una consecuencia: hacerle saber que le acompañamos.
Las intervenciones conductuales son mejor llevadas como: “no es nada personal, es sólo mi trabajo”. Las intervenciones conductuales emocionalmente cargadas son más reactivas que estratégicas, por tanto, menos eficaces.
No negociar o hacer tratos si el niño continúa evitando su responsabilidad, mintiendo o siendo superficial.
Ofrecer empatía más que simpatía.
El contacto físico hacerlo en períodos de calma. Las expresiones de afecto sólo si el niño está abierto a recibirlos.
Ayudar al niño con “la palabra” a relacionar lo que gatilla sus sentimientos, sus ideas del incidente y lo que hace.
Si el niño no sabe o no puede expresarse con “la palabra”, habla por él y pregúntale si es eso lo que le pasa (Siempre como hipótesis)
Las conversaciones en las cuales el niño se protege a sí mismo, se defiende y se contradice, argumenta y argumenta es mejor evitarlas.
Evitar “persuadir” al niño para que cambie de idea, porque los resultados son inútiles.
Los por qué son casi siempre maneras de los niños de sacar información para discutir más con el adulto.
Muchas veces la mejor respuesta a los por qué es:

Decirle que ya sabe la respuesta.
Devolverle la pregunta.
Responder con humor.

Los factores asociados que dificultan el avance:

Condiciones médicas/psiquiátricas/neurológicas en el niño que exacerban los efectos de los maltratos pasados. Psicopatología excesiva en el niño relacionado directamente a su historia de abusos crónicos (“fobia del afecto”).
Problemas en el ambiente laboral (entre educadores o entre educadores y dirección; incoherencias o falta de coordinación y consenso)
Eventos externos los cuales impactan negativamente al niño y no pueden ser cambiados (medida de visitas, permisos, decisiones judiciales, etc.)
Falta de habilidad del educador para no entrar en la escalada que el niño provoca.
Rotación de profesionales o síndrome del peloteo por parte del niño.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Niños con problemas de conducta como consecuencia de un trastorno del apego: qué se puede hacer desde el colegio (II)

Técnicas poco eficaces con niños con trastornos de conducta derivados de un trastorno del apego.

Estas técnicas no son recomendadas por Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan (en mi práctica yo mismo he podido comprobar su escasa eficacia y contraindicación) del Instituto de Formación e Investigación-Acción sobre la Violencia y sus Consecuencias, de Barcelona, desde el cual desarrollan cursos para profesionales con el fin formarse y trabajar adecuadamente con los niños y adultos víctimas de malos tratos.

PREMIAR

Incentivos a su comportamiento no siempre es efectivo, porque:
Lleva al niño a chantajear.
Cada vez, el niño pone la vara más alta.
El niño controla cuando sí y cuando no tiene premio.
Lo que estimula es controlar a los adultos más que el premio en sí.
Es mejor apreciar que premiar: por ejemplo: "¡buen trabajo!", una caricia, una sonrisa.
No se premia por algo que se espera que el niño haga (nadie recibe premio por no robar).

RETIRAR AFECTO

Es lo que el niño ha sufrido, por tanto esta experiencia gatilla el abandono.
Provoca más separación entre el adulto y el niño/a.
Provoca daño y dolor intenso.
Para un niño desapegado, esta técnica acentúa su atrofia relacional.

CASTIGOS

Poner una consecuencia aversiva a una conducta inadecuada del niño está contraindicado porque el malestar asociado al castigo gatilla o dispara la rabia vivida en las situaciones en las que fue maltratado en el pasado. El niño pone el foco de atención en esa rabia o cólera que experimenta pensando y sintiendo que se le castiga para hacerle daño. Además, tiene dificultades para asociar causa-efecto, por lo que no aprenderá del castigo.

Es mejor aplicar con ellos una función reflexiva, de la cual han carecido, para que aprendan a asociar su conducta con el efecto que produce en el otro, permitiendo que la consecuencia les enseñe lo que antes no han podido aprender coherentemente.

TIEMPO-FUERA
Muchas veces contraindicado
Sentimientos de soledad y aislamiento se intensifican.
Aleja al niño del adulto.
El niño no tiene recursos para calmarse a través de la auto-gratificación. No utilizará el espacio para reflexionar (Aumenta la angustia y malos deseos) Recordemos que son niños que no han podido desarrollar voces internas auto-calmantes porque carecieron de adultos seguros que enseñaran a hacerlo. Luego el tiempo fuera no servirá y ahondará en sentirse abandonado.
El niño necesita time - in, no lo contrario.

RETIRARLO DE LAS ACTIVIDADES

Si el niño participa de las actividades extra-escolares es positivo si lo hace bien, esto desarrolla su capacidad de socialización.
Es más provechoso que participe de una actividad organizada aunque su rendimiento académico no sea de lo mejor.
Valorar bien si hay otras técnicas efectivas antes de utilizar ésta.
Retirarlo de las actividades se justificaría si el niño no respeta el encuadre o si alguien resulta dañado por su participación.

DEPRIVACIÓN O CASTIGO NEGATIVO

Tomar “cosas” de los niños que ya han perdido casi todo es inútil.
Después de que se les quite algo, irán por otra cosa.
Tomar y devolverles algo se refuerza la idea de que antes de que se devuelva, ya lo tiene, por tanto, no será efectivo para disciplinarlo.
Pensar bien antes de actuar: si se confisca algo es para siempre. (Ej.: Si da mal uso de ese algo)

EQUIDAD

“Todos somos diferentes y el mundo no siempre nos trata por igual, es mejor aprenderlo desde pequeño que en nuestro primer trabajo”
El niño víctima de malos tratos tiene necesidades especiales, por ello necesita un trato también especial.
La ausencia de equidad en este contexto conduce más bien a un trato de justicia.

jueves, 18 de febrero de 2010

Niños con problemas de conducta como consecuencia de un trastorno del apego: qué se puede hacer desde el colegio (I)

Los niños que presentan trastornos del apego suelen manifestar muchos problemas en la esfera del comportamiento normativo y, sobre todo, en las relaciones interpersonales. La dificultad que tienen en estabilizar las emociones salpica al resto de áreas del desarrollo manifestando un comportamiento cambiante en lo que piensan, sienten y en cómo se relacionan con los demás (normalmente de un modo un tanto caótico: irrumpen en las conversaciones, no respetan los turnos, no se sincronizan con los demás, parecen no captar la mente de los otros, se muestran impulsivos en sus respuestas, interpretan erróneamente las intenciones de los demás, echan la culpa a otros de sus errores, se muestran hiperdemandantes o desconectados de los otros o indiscriminadamente desinhibidos…)

También, como consecuencia del daño recibido a través de relaciones de malos tratos, presentan problemas para el establecimiento de vínculos sanos: el sentimiento de daño se proyecta al exterior, al otro, y trastoca la capacidad para relacionarse sanamente con los demás. La nefasta consecuencia es provocar el rechazo de los otros, algo que pueden, incluso, buscar inconscientemente pues es el modo en que aprendieron a unirse a las personas: a través de la alienación del otro, dañando porque fueron dañados. El sentimiento de daño genera una fuerte culpa y una intensa agresividad.

No es raro que sean niños marginados por los compañeros como consecuencia de sus problemas de vínculo, y también los profesores hablan de ellos como niños rebeldes, que no siguen las normas, que no toleran frustraciones, inestables, con escasa capacidad de concentración, con baja autoestima...

Sólo se puede reparar y restaurar la capacidad de relacionarse sanamente si desde, precisamente, la relación con adultos significativos se les da la oportunidad de aprender a hacer una lectura de sus problemas emocionales y del comportamiento desde el sufrimiento que han padecido por los malos tratos padecidos. Evitando cualquier etiqueta que los tipifique con atributos negativos (“vagos”, “malos”, “desastre”…) Esto no ayuda en nada.

La psicoterapia y el trabajo de los padres adoptivos/acogedores y/o educadores de los centros de acogida trata de ir haciendo a los niños conscientes de lo que les pasa y ayudándoles a aprender a relacionarse de otro modo. Es un trabajo lento, arduo y que requiere de las dos "p": paciencia y perseverancia.

Existe una institución desde la que se puede hacer mucho por estos niños: me estoy refiriendo al colegio. Sobre todo si partimos de la idea de que éste es un lugar donde se acude para hacer algo más que llenar de conocimientos a los niños. Un colegio es un espacio educativo. Un espacio inclusivo, además. Por ello, considero que cuando hay profesores implicados (que los hay, y muchos) estos niños avanzan doblemente porque la realidad escolar ocupa un sitio muy importante en sus vidas. Pero cuando existe incomprensión, exigencia desproporcionada a nivel académico y, sobre todo, a nivel normativo (el profesor centra su discurso en que el niño o menor debe de interiorizar las normas sin darle tiempo ni experiencia afectiva para conseguirlo. Estos niños sólo se identificarán con la norma cuando sientan que el adulto profesor les acepta, les apoya, les anima y siente aprecio por ellos como personas, aunque sea firme con las conductas negativas ) un listón imposible de alcanzar, la experiencia escolar no se constituirá en vivencia que potencie su resiliencia.

Por ello, hay una serie de técnicas educativas que resultan inapropiadas para estos niños y que usualmente se utilizan en los colegios. Y, por el contrario, hay otras técnicas, focalizadas en el apego, que deben usarse. Esto será objeto de atención en el post de la semana próxima, en una segunda parte.

jueves, 11 de febrero de 2010

Deseo de autonomía en el niño abandonado y dificultades con la permanencia interna

Me encuentro con muchos padres adoptivos o cuidadores que se encuentran con niños y adolescentes cuya edad cronológica no se corresponde con la madurativa. Ello tiene como corolario que estos niños, cuando están solos, no se saben relacionar, se meten en actividades o conductas de riesgo o no se conducen con responsabilidad. Los padres o cuidadores quedan muy sorprendidos, alterados y enfadados porque no llegan a entender que su hijo de 14 años se haya metido en problemas cuando a su edad ya debería de saber comportarse adecuadamente en cosas básicas. O quedan cansados de tener que repetir ciertas rutinas que dejan de hacer en cuanto el cuidador o padre/madre se van o desaparecen.

Esto suele atribuirse a indolencia, pereza, intención negativa o provocación en el niño. Y se hace una lectura negativa de este menor cuando en realidad la base del problema radica en que los niños que han vivido situaciones de abandono o malos tratos de manera severa o continuada tienen comprometida la capacidad de permanecer solos. Este es un concepto de Peter Niels Rygaard, autor danés cuyas teorías y aplicaciones prácticas para ayudar y comprender a estos niños ha hecho que cambiemos radicalmente nuestra manera de enfocar el trabajo, la terapia y la educación con ellos. Es muy importante leer este libro. Sobre todo para todos los que sean padres o tengan a su cargo menores con infancias muy traumáticas e historias de vida duras. Les ayudará a sintonizarse y adecuarse mejor a los niños.

Rygaard dice en su excelente libro El niño abandonado que
“para desarrollar la noción de sí, ha sido necesario que el niño haya experimentado un ambiente externo (padres) organizado, ritualizado, previsible, repitiendo un mismo tipo de estimulación con pequeñas variaciones y diferencias leves y modificaciones moderadas en el contexto.

Cuando el ambiente externo no es lo suficientemente constante o sólido, o bien debido a anomalías internas, el niño no está capacitado para percibir los modelos externos que la madre intenta comunicarle (la comunicación esta crónicamente perturbada o es imprecisa por ambas partes), entonces se produce la ruptura de contacto

El contacto continuado con la madre o un cuidador es fundamental para desarrollar una noción estable del sí mismo.

Porque ello va a traer como corolario que:

Las emociones permanecen durante un tiempo más dilatado.
Permiten al bebé desarrollar intenciones estables e ideas sobre lo que es importante
Y las ideas e intenciones estables producirán un comportamiento estable, intencional.
Gracias a este desarrollo, el niño pequeño puede soslayar los acontecimientos que surgen en su entorno actual y mantener su atención en lo que interesa.
La permanencia se desarrolla durante los 3 primeros años de vida”

¿Qué supone esto en el día a día con el niño?

Los niños con este déficit tienen dificultades para comprender por qué se les limita su autonomía. Ellos –porque suelen ser inteligentes- comparan su situación con la de los demás compañeros, sobre todo cuando se acercan a la preadolescencia, y sienten que no pueden hacer lo mismo que los demás compañeros. Por ejemplo, coger la bicicleta y recorrer la ciudad, tener llaves de casa, desplazarse a cualquier actividad solo… Ellos dicen que pueden hacer estas cosas sin problema. Y es cierto que su intención es hacerlo bien y comportarse adecuadamente. Pero la cuestión radica, como hemos visto de acuerdo al planteamiento de Rygaard, en que no pueden estabilizar esas intenciones y deseos positivos.

Por ello, cuando el cuidador o los padres desaparecen, desaparece la noción de sí mismos o esta se vuelve más difusa; pierden la referencia externa (la permanencia externa del adulto que regula desde fuera y que suple a la interna de la que carecen) y es como si un barco fuera al pairo. La mayoría son inteligentes y no es una cuestión, por los casos que yo voy estudiando, de falta de capacidad sino de conducción responsable, de autorregulación, de inhibir los estímulos que son irrelevantes y centrarse en los relevantes, de uso de la capacidad de reflexión para resolver problemas o dificultades de adaptación que surjan y dar una respuesta acorde con lo que el ambiente demanda. Es como si faltara el director de orquesta. Es por ello por lo que al déficit en la permanencia se le asocie un déficit en las funciones ejecutivas que radican en el lóbulo frontal. Es como si este lóbulo no se hubiera desarrollado al nivel evolutivo esperado porque el trastorno de vínculo y el retraso en el desarrollo que suele generar provocan inmadurez en esta área cerebral. De hecho, se sabe por algunas investigaciones que las relaciones de apego seguro inciden positivamente en la maduración de este lóbulo.

Es, por lo tanto, importante cuando la seguridad requiere que el niño sea regulado externamente por los adulos cuidadores (padres adoptivos, educadores…), darles una explicación a los menores que les permita entender por qué se actúa de este modo. Sobre todo cuando son adolescentes y funcionan como niños más pequeños. Es necesario recoger su rabia y tristeza por no poder hacer ciertas cosas y transmitirles que poco a poco las irán consiguiendo con un plan de transición de la permanencia externa a la interna. Estos cuidadores deben ir proporcionándoles experiencias de autonomía graduadas. Lo que se quiere conseguir (por ejemplo, lavarse los dientes solo sin convertir el baño en un caos) ha de hacerse primero con el cuidador delante regulando y modelando todos los pasos; después el niño solo retirándose progresivamente el cuidador. Cada paso hay que repetirlo muchas veces. De este modo, se irá consiguiendo una autonomía cada vez mayor en muchas conductas. Finalmente, y antes de que se retire el cuidador, se hace una fase en la que el niño hace toda la secuencia de conductas con la foto del cuidador (esto son ideas y pautas del genial Rygaard y que se explican con mucho detalle en su libro)
Muchos de estos niños he observado que maduran más bien entrada la veintena, pero sobre todo cuando se ha trabajado adecuadamente con ellos. Siegel dice que el cerebro muestra su plasticidad a lo largo de toda la vida, así que con ello sabemos que hemos de trabajar y esforzarnos con persistencia por estos niños y no pedirles imposibles que no puedan conseguir alcanzar porque no están, muchos de ellos, en la edad cronológica. Cualquier comparación con el criterio normativo es una injusticia para ellos porque no tuvieron la seguridad de base en edades cruciales.

jueves, 21 de enero de 2010

Tácticas para el profesorado para contribuir a la reparación del daño relacional de los niños/as con trastornos del apego

De la Guía para el apoyo educativo de niños con trastorno de apego, transcribo estas orientaciones para el profesorado de los colegios con el fin de ayudar a los niños/as con tácticas adecuadas para favorecer la relación y para contribuir a la reparación del daño relacional de los niños/as con trastornos del apego.

"El profesional (se entiende por “profesional” al profesor, tutor, profesor de pedagogía terapéutica…) acepta en lo fundamental al niño: la persona es siempre querida y aceptada –aunque no hay que forzar al niño a que muestre cariño hacia nosotros si no lo desea o no es capaz–, la conducta no es tolerada si le daña a él o a los demás. Hay que explicar al niño la diferencia entre ser y comportarse. Se acepta siempre al ser, no se pueden aceptar determinadas conductas. Por ejemplo, se acepta la emoción de la ira, pero no el comportamiento de pegar.

El profesional reconoce al niño su dolor emocional. Los niños víctimas de malos tratos y con trastorno del apego sufren. Sus conductas anómalas son fruto de un entorno temprano anormal. Siempre esto en nuestras mentes. Nada tiene contra nosotros. Cualquier conducta o emoción inapropiada es conceptuada como producto del malestar y del sufrimiento que ha padecido o padece. Se comprende esto, pero se le indica que aunque su intención no es dañar a otros, o perjudicarlos, sus conductas sí lo hacen. Por eso, siempre se le anima a aprender conductas nuevas, pues las otras conductas, las desadaptadas, son o han sido adaptativas para el contexto que le tocó vivir, y debemos tenerlo presente. Por ejemplo, si se enfadó porque no quería hacer los deberes y tiró todos los libros ante nuestra insistencia, hay que reflejar cómo se siente y proponerle una alternativa: “Creo que no tienes ganas hoy de deberes; puedes decírmelo: ‘No tengo ganas de deberes’; pero no tires los libros. Si yo lo sé, podemos hacer un trato”.
El profesional se muestra firme, exige razonablemente al niño lo que puede hacer, es seguro en sus afirmaciones. El niño tiene que notar que le tenemos estima y aprecio personales. Nunca se usará la relación como táctica para promover cambios. Es inadecuado decirle al niño que, como no ha hecho la tarea, no acuda al aula de apoyo hasta que la haga. Debemos usar una semidirección con grandes dosis de firmeza y amabilidad.
El profesional nunca amenaza al niño con castigos, sanciones… Son niños que pueden buscar el castigo (verbal, físico), pues a través de este fue como aprendieron a obtener atención. Se les dice que no se los va a dañar, aunque lo busquen. Debemos partir, inicialmente, de que si el niño se niega a hacer algo, es porque tiene sus buenas razones, y se lo hacemos saber. El profesional propone, plantea, negocia, aunque siempre decide y toma la responsabilidad. El niño opina, no puede decidir. El adulto no debe llegar a la discusión banal ni caer en las estrategias de alienación del niño. El mensaje es el mismo: “Te acepto, pero es necesario que hagas este trabajo, aunque no te guste. Así aprenderás, y mi labor es que lo hagas”. Si hay una oposición frontal a la tarea y se va a desencadenar una reacción de agresividad, inestabilidad emocional…, es posible que el niño atraviese un mal momento. Lo importante aquí es la táctica de la metacomunicación: “Me parece que no pasas por un buen momento, creo que igual no estás preparado ahora para hacer esta tarea”. Cedemos por esa razón (por empatía), no porque él tenga el poder de hacer lo que quiera. Otro día en el que esté más preparado psicológicamente se retoma esa tarea. Y no suele haber problema para que la haga en otro momento.
El profesional crea un clima apropiado para que el niño no se sienta juzgado y pueda comunicar verbal o no verbalmente sus preocupaciones, problemas, intereses… Si hacen falta métodos no verbales, hay que trabajar con él por medio del dibujo o el juego.
El profesional, para el abordaje de problemas sociales (por ejemplo, de relación: peleas, agresiones, discusiones… en las que el niño se muestra negador), usa métodos indirectos, a sabiendas de que los niños víctimas de malos tratos no pueden siempre tolerar las emociones que se generan y buscan la evitación o el escape como estrategia. El profesional hace saber al niño que es normal que le cueste aceptar sus dificultades, que le pasa a mucha gente. Para que el niño vaya aceptando su papel en los conflictos sociales, puede valerse del uso de metáforas o cuentos donde al niño le pasa lo mismo que al personaje de la historia.
Todos los profesionales escolares trabajan en coordinación y multidisciplinarmente con el resto de profesionales que atienden al niño: padres o educadores, psicólogos, psiquiatras… El niño lo debe saber para que perciba en torno suyo una estructura que le contiene.
El profesional debe mostrar entusiasmo e interés auténtico en su labor. El niño debe contagiarse de ese entusiasmo, ya que de las investigaciones se sabe que las emociones que los demás nos transmiten se sienten en las mismas áreas cerebrales que las propias.
El profesional conoce sus límites, se preocupa de prodigarse autocuidados y es consciente de que la labor educativa con niños con trastornos del apego es lenta. Se acuerda siempre de la metáfora de la gota de agua que horada la piedra. Así es su trabajo: a largo plazo. Tiene presente que, con los niños con problemas de apego, siempre hay que volver a empezar e intentarlo. Nosotros debemos volver a retomar la relación dándole oportunidades, nuevamente, de reparar sus acciones negativas"

Más orientaciones y pautas podéis encontrarlas en la Guía.



jueves, 7 de enero de 2010

Pautas generales para el tratamiento educativo de los/as niños/as con alteraciones en el vínculo de apego (I)

Recojo estas pautas de tratamiento educativo para niños/as con alteraciones en el vínculo de apego, o lo que lo mismo, con severas dificultades para establecer relaciones sanas y contructivas y regular sus emociones y conductas.

Las propone, y me han encantado por su sencillez y concreción, el autor Bruce D. Perry de la Child Trauma Academy.

Están pensadas para profesores, pero pienso que son también muy útiles para cualquiera que trabaje o se relacione con menores que presentan este tipo de problemas: psicólogos, pedagogos, padres adoptivos, acogedores...

Os las ofrezco en dos partes. Aquí va la primera:
Sé consistente, predecible y repetitivo: Los/as niños/as maltratados/as, con problemas de apego, son muy sensibles a los cambios en el programa, las transiciones, sorpresas, situaciones sociales caóticas y, en general, a cualquier nueva situación. Se sentirán abrumados por situaciones complicadas y especiales, aunque sean agradables.

Por ejemplo, las fiestas de cumpleaños, el quedarse a dormir fuera de la casa, las festividades, los viajes familiares, el comienzo o terminación del año escolar; todos pueden resultarle desorganizadores. Debido a esto, cualquier esfuerzo que pueda hacerse para ser consistente, predecible y repetitivo, será sumamente importante para que estos niños se sientan a salvo y seguros.

Enséñales y modélales conductas sociales apropiadas: Muchos niños/as que han sufrido abuso y negligencia, simplemente no saben cómo interactuar con otras personas.

Una de las mejores formas de enseñarles es modelarles con tu propia conducta y luego relátales lo que estás haciendo y por qué. Conviértete en un narrador de jugada a jugada: “Voy a coger el libro para que hagamos dos sumas” “Ahora vamos a pintar lo que tú quieras; me acerco aquí a coger las pinturas”.

Además de modelarles, también puedes enseñarles a jugar con otros/as niños/as. Sigue un enfoque semejante al de narrar las jugadas: “Bueno, cuando le quitas eso a otra persona, lo más probable es que se sienta muy molesto, así que si tú quieres que se diviertan cuando juegues a este juego …”

Al poder jugar mejor con otros/as niños/as, desarrollarán una mejor autoestima y confianza. Con el tiempo, el tener éxito con otros niños les permitirá ser menos torpes y agresivos socialmente. A menudo los niños maltratados son caóticos debido a su retraso.

Una de las áreas en que estos niños/as tienen problemas, es en moderar su contacto físico. No saben cuando abrazar, cuán cerca pararse, cuándo mantener o romper el contacto visual, cuándo es apropiado buscarse la nariz o llevar a cabo otras actividades de aseo

Escúchalos y habla con ellos: Una de las cosas más agradables que podemos hacer es simplemente detenernos, sentarnos, escuchar y jugar con estos/as niños/as.
Cuando te mantienes callado e interactúas con ellos, te darás cuenta que comienzan a mostrarte y a contarte lo que realmente tienen por dentro.
Sin embargo, aunque suene tan sencillo, ésta es una de las cosas más difíciles de hacer para un adulto: detenerse. Dejar de preocuparse del tiempo o la próxima tarea, y realmente relajarse en ese momento con el/la niño/a.

Practícalo. Te sorprenderán los resultados. Estos/as niños/as percibirán que estás ahí sólo para ellos/as. Sentirán cuán importante son para ti.

Es una gran ocasión para comenzar a enseñar a los niños/as sobre sus “distintos” sentimientos. No importa la actividad, es importante incluir los siguientes principios:

(1) Está bien sentir todos los sentimientos (tristeza, alegría o rabia… -más emociones para niños mayores-)

(2) Enseñar a los niños/as formas saludables de actuar cuando estén tristes, alegres o con rabia.

(3) Comenzar a explorar cómo otras personas puedan sentirse y la forma en que expresan sus sentimientos – “¿Cómo tú crees que Ander se siente cuando lo empujas?”

(4) Cuando percibas que el/la niño/a está claramente alegre, triste, o que siente rabia, pregúntale qué está sintiendo. Ayúdales a ponerle palabras y a etiquetar estos sentimientos.

jueves, 12 de noviembre de 2009

"Coherencia y sentido común"


Mi amiga y colega Zuriñe me envía por correo electrónico unos vídeos en los que aparece el juez de menores Emilio Calatayud impartiendo una charla.

Este juez es conocido por sus sentencias rehabilitadoras de jóvenes que han delinquido. Medidas que aplaudimos porque lo reparador-rehabilitador siempre educa, al contrario que lo sancionador, que pena o castiga pero no da oportunidades a los jóvenes, en edades cruciales, de poder enderezar el rumbo y rehacer su vida. Condenar a un joven que ha delinquido a sacarse el graduado escolar es una gran idea, y es un ejemplo de tipo de sentencia que este prohombre ha dictado.


Confieso que he escuchado con delectación los dos vídeos en los que este juez da una lección y un repaso respecto a cuál es el origen de los problemas de límites y normas por los que atravesamos actualmente en relación a algunos tipos de adolescentes, y cómo los padres no ejercen la autoridad.


No se puede decir las cosas de una manera tan clara y tan sencilla, y pienso que su diagnóstico y soluciones son de lo más sensatas y necesarias.


Os doy mi opinión, y espero la vuestra con ganas en los comentarios: acierta plenamente. Hemos pasado de padres preconstitucionales a padres postconstitucionales, como él sintetiza genialmente. Los primeros: represivos, intransigentes, autoritarios, duros y escasamente afectivos. Los segundos: indulgentes (cuando no negligentes), de dejar hacer, blandos y afectivamente peterpanescos (si me permitís la expresión) De progenitor distante a colega igualitario.


Y muchas de las noticias que nos invaden respecto a los incidentes en los botellones, la falta de respeto a los profesores, los padres que son agredidos por los hijos, etc. (que no son tan generalizados como los medios de comunicación nos dan a entender pero sí son un fenómeno de nuestro tiempo) son consecuencia de que falta equilibrio, de que hemos perdido el norte, la coherencia y el sentido común, como dice el juez. Necesitamos el punto medio, en él está la virtud, como decían los griegos. Debemos asumir que una sociedad democrática (¡sólo llevamos 25 años de democracia, como dice Emilio Calatayud!, es muy poco) supone que eduquemos en derechos y deberes. Rescatemos la sofrosine, virtud también de los griegos.
Emilio Calatayud. Primera parte:




Emilio Calatayud. Segunda parte:

sábado, 12 de septiembre de 2009

"Básicamente, alcohol y odio a la policía"

Esta semana me ha llamado la atención la noticia de la batalla campal entre jóvenes que hacían botellón en el pueblo de Pozuelo y la policía. Hemos podido ver imágenes en televisión en las cuales se mostraba una violencia inusitada por parte de estos jóvenes (menores y mayores de edad), lanzando piedras a los agentes y destrozando el mobiliario urbano. Además, varios de ellos se atrevieron a asaltar la comisaría de policía. Hechos muy graves, y aún no se sabe si fue un enfrentamiento entre bandas de jóvenes a las que la policía trató de disolver o muchachos tremendamente exaltados. El caso es que el alcohol estaba presente en grandes dosis.

También hemos podido conocer a través de los medios de comunicación las primeras medidas cautelares adoptadas por el juez para los detenidos menores de edad: prohibirles salir de casa y hacer fiesta, debiendo permanecer en sus hogares a partir de las diez de la noche durante tres meses.

Dicen los psicólogos que han evaluado a los jóvenes detenidos que son estudiantes, con buenos resultados, sin antecedentes penales y de familias que no son desestructuradas. No presentan un perfil multiproblemático, al contrario, se hace referencia a un grado normal de ajuste y adaptación psicosocial.

Escuché a uno de los jóvenes que era entrevistado, ante la pregunta de por qué actuaban de esa manera tan violenta y destructiva, contestar lo siguiente: “Básicamente reivindicar el alcohol y el odio a la policía” También pudimos asistir a la grabación efectuada por uno de estos muchachos, con un teléfono móvil, en el que pedía a un compañero que le enfocara para registrar la machada que iba a hacer: lanzar un objeto contra la policía.

He escuchado también las descalificaciones que les han dedicado desde distintos ámbitos a estos jóvenes: pijilelos, niños de papá, salvajes, descerebrados…

Como se trata de opinar –y cada uno tiene su punto de vista-, creo que las medidas cautelares son realmente blandas e incluso ridículas para los menores: en libertad pero castigados en casa sin salir de juerga durante tres meses; algo que corresponde más a los padres que a la justicia. Supongo que habrá que esperar a que se celebre el juicio para que las medidas sean reeducativas, reparadoras y sancionadoras, según cada caso. Y según sean mayores o menores de edad, pues con estos últimos el aspecto reeducativo y reparador del daño es fundamental, a mi juicio.

Luego está, opino yo, la cuestión de por qué se comportan de una manera tan salvaje, mostrando acusada insensibilidad ante el daño que pueden producir. Una explicación de estos tristes hechos la atisbo en las palabras del joven que entrevistaron. Éstas son reveladoras: alcohol –lo cual simboliza el deseo de evadirse y antestesiarse, por un lado, y por otro, de desinhibirse- y odio a la policía –un símbolo de la autoridad de las instituciones sociales hacia las cuales se sienten desencantados y enrabietados hasta el paroxismo porque no son capaces de dar respuesta a sus múltiples problemas como jóvenes: la carestía de la vivienda, los sueldos bajos, los contratos basura… en definitiva, la falta de perspectiva vital ¿Cuántos de estos jóvenes mayores de edad se abstuvieron de votar en las últimas elecciones? Sería interesante saberlo- Es una forma de protesta contra un sistema al cual detestan. Si no les dejan evadirse con el alcohol, la emprenden violentamente contra quienes simbolizan una autoridad que rechazan.

Ahora bien, esto no justifica sus actos, por supuesto. Estos jóvenes han de pensar en cómo poder cambiar su situación por otras vías aceptadas por el sistema, pues este sólo se puede llegar a modificar en alguno de sus componentes desde dentro del mismo. Otras generaciones lo tuvieron tan difícil o más que ellos y no recurrieron a actos de este jaez.

Otra explicación -que también sostienen otros- apunta a que estas familias no serán, en efecto, desestructuradas, pero me gustaría saber en qué medida han socializado a sus hijos con estilos parentales basados en una indulgencia y permisividad normativa flagrantes. Estos jóvenes adolecen del sentido del límite (en circunstancias en las que el alcohol desinhibe y con el respaldo del grupo, se llega a transgredir ese límite más fácilmente) No culpo a las familias (son los jóvenes los que han causado los destrozos, no los padres), solamente lanzo la hipótesis de que actualmente no se lleva ejercer la autoridad (que no autoritarismo) ni en los hogares ni en otros ámbitos sociales y educativos. Y estas son las consecuencias. Porque todas las generaciones de jóvenes han bebido alcohol (¿no beben acaso los adultos alcohol y no está el ocio estructurado en torno a los bares; no somos los adultos modelos de ingesta de alcohol para los niños?) pero no creo que las anteriores se hayan mostrado tan oposicionistas como la generación actual a todo lo que suponga control y norma, conduciéndose con un egocentrismo que cuando es frustrado les puede llevar a comportarse violentamente.
De las dos explicaciones, me decanto más por esta última. Aunque mi amigo y compañero de blog Alberto me dice, y con razón, que por qué no las dos explicaciones.
¡Ah, y no olvidemos que estos actos son hechos por unos pocos jóvenes, no cometamos el error de la sobregeneralización! Evidente y afortunadamente, no todos los jóvenes son así.
Me gustaría conocer, como siempre, vuestra opinión sobre este tema ¿Cómo explicas tú lo ocurrido en Pozuelo?

miércoles, 26 de agosto de 2009

Regeneración moral

Seguimos con este tema de la influencia de las variables sociales y de cómo afectan a los niños y jóvenes, sobre todo transmitidas a través de los medios de comunicación vía programas, series, anuncios… En el último post hemos aludido a la familia como institución y entorno que actúa como cordón sanitario para mitigar el impacto de los modelos adultos que la televisión ofrece en sus espacios veraniegos de tarde, los cuales enseñan a difamar, calumniar y sembrar la sospecha en torno a las vidas de personajes que tampoco son un dechado de virtudes al mostrar que con la intimidad se puede comerciar. Pues bien, como decimos, proseguimos dándole a la ética el valor que se merece como base para una sólida educación de los niños. Ahora veremos cómo hay profesionales que apuntan a la necesidad de una regeneración en este sentido, como punto de partida básico incluso para ayudar a curarse a personas con trastornos.

Ha sido difícil que la medicina –y todavía algunos sectores lo niegan- acepte los aspectos psicosociales como factores que intervienen en los procesos de cualquier enfermedad. Hasta hace poco la psiquiatría ha sido demasiado biológica –todavía hay grupos de profesionales radicalmente posicionados en la postura biologicista- y escasamente social. Pero, afortunadamente, se va produciendo el cambio, el cual vence poco a poco las resistencias. Y últimamente se observa que profesionales incluyen no sólo los aspectos sociales, sino la ética –al final la ética comporta también lo social, así que hablaríamos de una ética social- como participante en la generación de los trastornos.

En una entrevista a la psiquiatra Rosa Calvo Sagardoy, le preguntan cómo podemos ayudar a las personas que sufren anorexia y bulimia (más de la mitad de los casos aparecen entre los 11 y los 15 años, según un estudio de la universidad Miguel Hernández de Alicante) Y la doctora no se anda por las ramas y no habla inicialmente (seguro que lo prescribe en sus consultas) del apoyo psicosocial, etc., esto es, de pautas micrososiales sino que va directa a lo macrosocial, cuando afirma con gran criterio lo siguiente: “La sociedad debería de replantearse la pérdida total de valores humanos que existe y que hace que el otro sea solamente un trozo de carne al que miras, con el que te comparas y sobre el que te sientes triunfante si está peor que tú. Una regeneración moral de la sociedad ayudaría a mucha gente a no estar tan pendiente de sus kilos y estar satisfecha con quién es”
En efecto, lo macrosocial, la sociedad, somos todos. Ese ente abstracto se concreta en las instituciones públicas y privadas (políticas, culturales, educativas…) los ciudadanos, las empresas y los medios de comunicación. Estos últimos estimo tienen una gran responsabilidad porque aunque puede decirse que, suponemos, hacen de correa de transmisión de unos valores sociales preexistentes, tienen una poderosa influencia en los jóvenes y niños, de tal suerte que si se plantearan la comunicación de otros valores notaríamos que los menores se identificarían con los mismos.

¿Es para tanto esto? Hombre, sólo quiero poner un ejemplo que da que pensar, creo. Este verano, época vacacional en la que se tiene más tiempo y uno se acerca a la televisión para ver qué dan porque el resto del año la ve poco, he observado un anuncio de televisión en el que promocionan un refresco cuyo nombre no diré, dirigido a los jóvenes, en el cual los valores que se asocian con la bebida son la belleza para las chicas (en competición, la joven del anuncio se siente feliz al comprobar que ella está bella y su amiga no) y el poderío sexual para los chicos (también en competición, el chico del spot se siente feliz al comprobar que su pene es más grande que el de sus amigos)

La felicidad viene tras competir y ganar. Primer mensaje: La vida es competición. Segundo mensaje: El alcance de la felicidad no viene compitiendo por los motivos más edificantes, sino por los más primarios. Tercer mensaje: Y, además, el que gane a sus amigos o colegas aparte de sentirse feliz comprobará que sale triunfante frente al otro. Cuarto mensaje y no por ello menos importante pues impregna todo el anuncio: Todo asociado a la marca de la bebida.

¿No es esto una muestra significativa, un ejemplo claro de lo que la doctora Calvo explicaba a propósito de regenerar moralmente la sociedad? Pienso que la crisis económica no sólo va a ser una cuestión de recuperar el dinero que ahora escasea, sino que alude a que el modelo social chirria. Se requiere un cambio de valores sustentado en una ética renovada. Todos tenemos que participar en este proceso que ha de suponer un nuevo escenario donde el orden de prioridades sea otro.

Pasadas las vacaciones, dejamos los post de opinión para volver, en septiembre, con temas que tocamos hace tiempo como el dibujo en los niños y las pautas para el apoyo de los menores con trastornos de la vinculación, con el fin de ofrecer recursos a todos los que siguen este blog. Sabéis, no me canso de decirlo, que espero con interés y gusto vuestros comentarios.

sábado, 8 de agosto de 2009

Niños que violan a otros niños

Así de duro y triste. Me refiero a los casos de Huelva y Córdoba que han conmocionado a la opinión pública y han abierto un debate acerca de qué está fallando en nuestra sociedad para que unos niños cometan la bajeza de violar, en grupo, a una niña. Porque de niños se trata: son menores de 18 años, adolescentes. Niño es todo menor de 18 años. Si ya es algo catalogable como terrible cuando un adulto lo comete, no digamos cuando es un niño.

Antes de ofrecer mi punto de vista, es necesario, en mi opinión, tomar conciencia de que son muy pocos casos. El peligro es que cometamos distorsiones del pensamiento y caigamos, por ejemplo, en el error de sobregeneralizar. La noticia es que, al menos en España, miles de niños no cometen estos actos ni se les pasa por la cabeza.

Aunque pocos casos, cualitativamente hablando y desde una óptica moral, sin embargo, sacuden la conciencia de cualquier bien nacido. Repugna leer que unos menores violan, uno tras otro, a una niña deficiente, como ha pasado recientemente en Huelva. La dimensión ética de estos lamentables sucesos tiene un hondo calado y nos lleva a preguntarnos lo que nos hemos cuestionado en párrafos precedentes: ¿Qué está pasando en la educación de los menores?

Creo que se dan una serie de factores que, en interacción, están influyendo para la gestación de una tipología de menor hecha a imagen y semejanza de la sociedad. Porque los menores que cometen estos viles actos no tienen patología alguna en la mayoría de los casos.

En primer lugar, desde un punto de vista sociológico, los medios de comunicación -especialmente la televisión- ofrecen un modelo de vida que transmite unos valores, a través de sus series estrella, basados en el éxito fácil, la banalización de la sexualidad (desproveyéndola de todo compromiso e implicación afectiva) y el materialismo. En un post escrito hace tiempo -Series de TV y niños y jóvenes- exponíamos los resultados de un estudio, en cuanto a transmisión de valores, hecho a partir de las series de televisión que más ven los niños y jóvenes. Los resultados son que el modelo de joven que la TV expone en esas series es carente de profundidad. Lo que más le interesa al joven de dichas series es el sexo y las cosas materiales. El esfuerzo para conseguir metas en la vida no es contemplado como una opción. Todo esto es como una nube que rodea a nuestros niños y jóvenes muchas horas al día.

Pero aunque ejercen una poderosa influencia en modelar conductas, estimo que los medios de comunicación no son la causa de la desnormativización de algunos niños. El factor que más está influyendo es un modelo de familia en el cual los padres o cuidadores tienen grandes problemas para ejercer la autoridad. No me refiero a ser autoritario. Aludo a un modelo de socialización parental en el cual los padres, desde una actitud democrática, escuchan y dan razones acerca de por qué se pueden hacer o no hacer determinadas cosas pero, a la vez, limitan: esto es, han establecido unas normas claras y las hacen cumplir, marcando consecuencias para el incumplimiento de las mismas. Existe un control racional de la conducta. Los niños que crecen sin límites normativos pueden desarrollar un estilo egocéntrico y narcisista que les lleva a pensar que pueden coger y tener todo lo que desean porque se lo merecen. Y si, además, no han estado presentes valores humanos en su educación basados en el respeto a los derechos de los otros y la empatía, de ahí no es difícil considerar al semejante como un instrumento a mi servicio. El otro no existe, se le ignora o se le usa.
En íntima relación con lo anterior está el tiempo que los padres dedican a los hijos y lo que hacen con ellos durante ese tiempo (¿acompañan a los hijos en su educación como hacían los griegos, hablando y reflexionando?) Para educar en la transmisión de valores y normas y hacer cumplir éstas, los niños necesitan la presencia física de los adultos, sobre todo al principio, pues esa voz normativa interiorizada que llega a ser la moral autónoma no se desarrolla si no ha habido presencia educativa. Está claro que dar a los menores todo lo que necesiten a nivel material (un cuarto de juegos perfecto, videoconsolas, un prestigioso colegio, regalos, buena alimentación…) no es suficiente. Necesitan establecer vínculos con personas que se apeguen a ellos desde una relación coherente en afectos y normas. El tiempo de calidad vale como el de cantidad. Los niños, en verdad, lo que necesitan es afecto y normas claras. Y ser consistentes y coherentes con las mismas. El afecto se demuestra de mil maneras: jugando, hablando, abrazando, pintando, conversando, haciéndoles reflexionar sobre sus actos y la vida en general... La normas se establecen desde un criterio racional y acorde con su nivel evolutivo. Sí se les deja opinar y negociar con las mismas, pero no tienen la última palabra. Afecto y control van muy unidos, y normalmente cuando hay fallos en uno de los dos ejes, se resiente el otro.

En mi trabajo observo que muchos niños crecen, literalmente, solos. Sin guía externa ante un mundo complejo y con valores fundamentalmente hedónicos. Sin este filtro afectivo y estructurante que es la familia, un niño puede crecer volcándose en su yo en busca de la propia autosatisfacción. Creo que la imagen que pongo junto a estas líneas resume mejor que mil palabras lo que pienso que necesitan los niños.

¿Es necesario cambiar las leyes o hay que cambiar el modelo educativo? Pienso que las dos cosas. Existe un vacío legal entre los 12 y 14 años que la ley debe de cubrir sobre todo pensando en las víctimas, para que perciban que no existe impunidad. Pero, como muy bien dice Javier Urra en una reciente entrevista que podéis leer, los problemas van a seguir estando ahí. ¿Qué hacemos, bajar la edad penal a los 5 años de edad? Está claro que la educación tiene la palabra. Y educamos todos, no hay que echar balones fuera.

Por ello, hay que trabajar con las familias y los menores que presentan un déficit en este sentido, las que se constituyen en base a estilos de socialización parental centrados en la indulgencia y/o la negligencia. Y también los colegios tienen su parte de responsabilidad, pues creo que no se educa sino que se siguen transmitiendo conocimientos. Esto ha de cambiar y aquí hay una revolución por hacer.

¿Cuál es vuestra opinión?