lunes, 24 de abril de 2017

Adopción y acogimiento: lo que no debemos hacer como cuidadores y lo que sí debemos hacer (II)



Antes de leer el post, os recuerdo que está abierto el plazo de inscripción para las 
III Conversaciones sobre apego y resiliencia infantil. 



Información, programa e inscripciones, seguir este enlace de mi web profesional:

https://joseluisgonzalo.com/eventos/





Continúo con la segunda parte de este post destinado a ayudaros a mejorar vuestra tarea educativa y emocional con vuestros/as niños/as adoptados/as o acogidos/as. Nos centramos en lo que sí debemos promover como adultos cuidadores que presentan competencias.

Lo que vamos a tratar hoy en este artículo considero que contribuye al desarrollo de lo que Maryorie Dantagnan denomina parentalidad terapéutica. Este concepto lo explico ampliamente en el libro “Vincúlate. Relaciones reparadoras del vínculo en menores adoptados y acogidos”. Este tipo de parentalidad es requerida por menores adoptados que en sus lugares de origen fueron dañados por todo tipo de malos tratos: abandono, negligencia, abuso sexual… Presentan un vínculo temprano de apego alterado y posteriormente y debido al mantenimiento de las condiciones de vida tóxicas, padecen de un trauma complejo y crónico con repercusión en su desarrollo. Por lo tanto, estos menores, dañados (hay que aceptar que presentan más que dificultades: reconocer la existencia de un daño intrapsíquico con repercusión en la organización cerebral), necesitan de una parentalidad terapéutica que les sane y les repare. Si tempranamente vamos asumiendo y trabajando esto con el niño, el proceso aunque probablemente largo y duro (también muchas veces gratificante) conseguirá que el menor pueda reconstruirse resilientemente.

La adopción es una medida de protección y no es equiparable a otras formas de llegar a fundar una familia. No es comparable con la gestación subrogada o los métodos de fertilidad. “Como no logramos quedarnos embarazados, decidimos adoptar” No recomendaría a nadie hacer este salto sin informarse convenientemente y sin realizar una profunda reflexión. Si hablamos de la adopción como medida de protección es porque antes hubo desprotección. Y los estudios científicos aportan cada vez más evidencias de las repercusiones que en el cerebro y la mente en desarrollo padecen los niños con antecedentes de desprotección. Porque la desprotección implica que algunos menores adoptados/acogidos hayan sufrido, durante un periodo de la vida crítico y sensible para el desarrollo, abandono, maltrato, abuso… No afirmamos categóricamente que todos/as los/as niños/as adoptados/as presenten estos antecedentes. Señalamos que un porcentaje significativo sí, y que por lo tanto, hemos de estar preparados, como cuidadores, para trabajar con ellos pautas de parentalidad terapéutica como las que a continuación os ofrezco.




Los padres y familias adoptivas han de prepararse a conciencia. Dentro de su formación yo incorporaría el trabajo personal. La revisión de la propia historia de vida: nuestro apego temprano, los traumas que hemos podido sufrir y no están resueltos (pérdidas, muertes, separaciones…), nuestro modelo de familia, nuestra capacidad de promover vínculos sanos y de empatizar, nuestra capacidad para manejar las emociones y regularlas… Todos los que piensen en ser padres (sea el camino que sea por el que lleguen a la parentalidad) deberían hacer este trabajo antes de recibir al hijo o hija en casa.

Las familias acogedoras además han de asumir que tienen que facilitar la relación del niño/a con la familia biológica y no excluirla de su vida. Exceptuando casos donde la recomendación de los profesionales es no tener contacto o limitarlo al mínimo (y con supervisión) por la toxicidad de las visitas o encuentros, todas las personas que se planteen el acogimiento han de tener en mente que uno de los aspectos en los que han de contribuir con su trabajo y acompañamiento al niño/a es el de ayudarle en la integración mental de las dos familias. Ese proceso de integración conlleva tiempo y trabajo de todas las personas implicadas y comprometidas con el niño/a (acogedores, profesionales, maestros y otros que trabajen en red), pues a menudo supone asumir las carencias y déficits de la familia biológica (no le pueden cuidar), y esto es tremendamente doloroso para los menores. Cualquier profesional que trabaje en psicoterapia con menores acogidos sabe lo que sufren. Ese sufrimiento se expresa de muchas maneras; a veces, no parece sufrimiento porque desarrollan mecanismos adaptativos como corazas (cuando hay problemas de conducta que enmascaran dolor emocional) protectoras. Pero cuando las corazas caen -pueden dejarse caer en la terapia- porque el profesional es seguro y le ayudará a calmarse y le contendrá, sobreviene el dolor interior y el menor se inunda en lágrimas. Es mucho mejor (aunque nos conmueva profundamente) que el niño/a llore a que exprese dicho dolor de otro modo.


Por ello los acogedores/as tienen que asumir (muchas veces los momentos más críticos son los pre y post visitas con la familia biológica) que durante determinados periodos de tiempo los niños/as se van a desregular más. Conseguir la colaboración de la familia biológica, empatizar con ella y aliarse en pro del bienestar del menor es uno de los grandes retos porque para aquél ver que sus dos familias pueden entenderse le ayuda a la integración de estas dos realidades y deshace los hilos del conflicto de lealtades (muchas veces invisibles) que sienten. 

Por ello, insistimos, las familias acogedoras han de asumir que la familia biológica forma parte de la vida del niño/a. La tarea de los acogedores es hacerse cargo de que integrar el acogimiento es un proceso complejo para la mente del niño/a y que generará emociones intensas que ha de ir elaborando a lo largo de su desarrollo. Los acogedores/as han de aceptar esa desregulación, entender por qué se produce (mentalizarla) y aprender qué es lo que calma y devuelve a un estado seguro a ese niño o niña en concreto. Los modos que un menor utiliza para desregularse son muy variados: unos lo exteriorizan más (problemas de atención, desorden, desorganización, conducta, agresividad…) y otros lo expresan de modos más interiorizados. Lo que las aportaciones de la teoría de la mente nos entrega es que los menores tienen una mente con deseos, intenciones, emociones… que se expresan mediante el comportamiento externo. No podemos ni debemos convertir al niño en un objeto (ver solo la conducta, esto es cómo se comporta y si hace lo que yo le digo), es decir, en alguien que emite comportamientos sino en un sujeto con una mente. A través de las conductas, por muy negativas que éstas sean, los menores expresan necesidades. Hemos de aprender a analizar qué hay detrás de esos comportamientos.

Teniendo en cuenta todo esto, os ofrezco lo que debéis hacer como padres adoptivos o acogedores: algunas pautas de parentalidad terapéutica, aprendidas en IFIV con Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan, nuestros profesores que nos han enseñado el mejor modo de acercarnos, acompañar y trabajar con los menores víctimas de malos tratos.

Para que una pauta obtenga resultado, nosotros necesitamos estar con la mente puesta en el niño y no focalizados en nuestras obsesiones, frustraciones, miedos… como educadores que somos. Un estado de calma debe de invadirnos porque hemos de ser –como afirma Maryorie Dantagnan- autoridad calmada para el menor. Además, tenemos que ser consistentes y armarnos de paciencia. Vivimos en una cultura resultadista que nos enseña a obtener lo que queremos en dos clicks de ordenador. Un ser humano es mucho más complejo que un ordenador. Así que perseverar (siempre os repito estas palabras) y no abandonar, es imprescindible. Si vais haciendo este trabajo los primeros resultados (poco o mucho) se irán viendo a los meses. Si alguna familia no puede llevar adelante estas pautas o el menor se resiste o reacciona reiteradamente de una manera negativa a las mismas, es necesario que acudáis a un profesional que valore al menor, a la familia y el contexto.

Conectar emocionalmente. Estamos acostumbrados a resolver los problemas desde la lógica y la solución. Desde el deber del niño y lo que tiene que hacer, le lanzamos sermones o le abroncamos para que aprenda. Pero cuando se tiene un cerebro alterado funcionalmente por los malos tratos (no está integrado ni horizontal ni verticalmente) esto puede redundar en fracaso tras fracaso porque el menor parece que no interioriza ni aprende nada. Con la consiguiente desesperación de los padres y acogedores. Es más: empeora y se pone más bravo cada vez; o al contrario, dice que sí pero por complacer y luego vuelta a lo mismo; o se muestra desconectado y apático de lo que se le dice.




Aquí es donde os recuerdo al psiquiatra Dan Siegel quien propone la neurobiología interpersonal: las relaciones entre personas, en este caso entre la figura de apego y el niño, pueden si son adecuadas, moldear y modificar el cerebro del niño, integrándolo. En el libro “El cerebro del niño” lo explica detalladamente y con ejercicios prácticos de la vida cotidiana para que veamos cómo hacerlo. Bien es cierto que los menores muy dañados tienen más comprometida esa integración cerebral pero no por ello es imposible, requiere de más tiempo y trabajo.

Por lo tanto ante una rabieta caliente, emocionalmente intensa del menor, hemos de calmarnos nosotros lo primero. Y como dice Dan Siegel, conectar con el niño, apelar a su hemisferio derecho antes que a la solución, la bronca o el castigo. Utilizar el contacto físico para calmarlo, o si no se deja, las palabras suaves, tono maternal, escuchar lo que dicen sin juzgarles... Esta alineación del hemisferio derecho regulador del adulto con el hemisferio derecho del niño es lo que va haciendo que éste aprenda a entrar en estados más modulados emocionalmente. Eso no quiere decir que no debamos prohibir (por muy alterado que esté el muchacho o muchacha) cualquier conducta que consideremos inadecuada. Pero después, cuando ya está más calmado, manteniendo el “no” a lo que tengamos que decir “no” o el límite, cuando el menor esté dentro de la ventana de tolerancia a las emociones, hemos de hablar con él y ponerle palabras a lo que le sintió, pasó, ocurrió… Y como adultos procurar asumir también qué podemos hacer para ayudar a no enfurecer más al menor.

Conectar con el niño y sintonizar con su estado (“siento que suspendieras la asignatura, ¡con lo que te has esforzado!”) es más una estrategia para favorecer la integración hemisferio derecho con hemisferio izquierdo. Para potenciar la integración cerebro superior e inferior (el sistema límbico y en concreto la amígdala toma el mando del cerebro del niño), esto pasa en las rabietas o explosiones de ira ante la frustración, hemos de apelar al cerebro superior (“para ello, en ese momento, tranquiliza, no enfurezcas más”, dice Siegel) Cuando estén secuestrados por sus emociones intensas de ira o aún más fuertes como el odio, hemos de calmar y tratar de activar el cerebro superior, poco a poco. Ejemplo: “¡No quiero ir a ver a los abuelos me quiero quedar en casa, quiero jugar con la tablet!” “Puedes seguir enfadado si quieres, pero los abuelos nos han preparado una rica comida y podemos buscar soluciones a lo de la tablet y pensar si podemos jugar con los abuelos a otra cosa” Evidentemente, no es magia, lleva un tiempo y una presencia de ánimo y serenidad, pero con paciencia y activando estrategias de cerebro superior cuando (y solo cuando) el niño está más tranquilo y receptivo.

Las rabietas de cerebro superior, como dice Siegel, cuando el niño quiere dominar, salirse con la suya, esto es, decide montarla, típicas de menores que han tenido que maximizar el control para sobrevivir ante cuidadores maltratadores, se solucionan mejor manteniéndose con firmeza en lo que se haya decidido que es “no”. Con consistencia y poniendo una consecuencia que enseñe, si es preciso. Y sin hacerle daño al niño, él debe de aprender a ceder el control; lo hará cuando compruebe que será enseñado y no dañado. Es muy importante la consistencia en la respuesta, y desde el principio mantenerse en lo que decidamos, con coherencia pero flexibilidad (ver la parte primera de este post)

“Evitar enfadarse y mucho menos actuar este enfado. Si nos llegamos a enfadar, se lo podemos decir verbalmente (nunca actuándolo como los niños lo hacen) y no pasa nada, sólo tener en cuenta que esto no es recomendable hacerlo si él no lamenta genuinamente vuestro malestar” (Maryorie Dantagnan)

Poner consecuencias que enseñen al niño. Como aconseja sabiamente Maryorie Dantagnan, psicóloga y madre adoptiva, hemos de dejar que la consecuencia enseñe, "es decir, no esperar que lo que se pide u ordena a tu hijo ´lo haga por y para vosotros´ sino por las consecuencias que tiene. Llegará el día que tu hijo haga las cosas pensando en vosotros o por amor a vosotros, pero aún no puede, por tanto, iremos un poco más atrás y hará sus opciones en función de las consecuencias y luego por los otros. El castigo es consecuencia de más rabia y frustración de vuestra parte y pone distancia entre tu hijo y vosotros. La consecuencia: algo que hay que hacer extra para reparar la falta se impone con firmeza, pero sin rabia y se le acompaña para evitar la distancia que él intenta imponer. La consecuencia necesita más tiempo de vuestra parte, pero será menor que el invertido en castigos constantes. Se puede hacer una lista de privilegios y tareas extras de casa, por tanto, en vez de ver su programa favorito tendrá que ayudaros a sacar la basura, etc. Nunca debemos  utilizar  las necesidades básicas como consecuencia (por ejemplo, no cenar, excepto si no utiliza bien el tiempo asignado para ello), retirarle el afecto, dejarlo sólo en su habitación o aislarlo temporalmente (a no ser que le sea en verdad útil para auto-calmarse) Tampoco es recomendable quitarle sus pertenencias, si éstas se confiscan, se confiscan para siempre, por tanto, pensarlo dos veces antes de recurrir a ello, etc.)"




Entrar en las batallas realmente importantes para la vida del niño. Como ya comentó Ivan Rodríguez en su magnífico post “El lenguaje adolescente, ¿jeroglífico indescifrable?” es mejor dejar pasar batallas que no revisten tanta importancia como el orden obsesivo en la habitación, hacer la cama, vestirse con la ropa que quieran (si va apropiada al tiempo) Cuestiones como el orden y los hábitos de higiene se interiorizan si desde niños estamos encima con permanencia para que aprendan a empezar y acabar las acciones y enseñarles a planificar, ordenar y secuenciar las mismas. Esto lo veremos cuando lleguemos al punto de las funciones ejecutivas, que han de ser valoradas porque una de las causas de que sean tan caóticos está en la afectación de estas áreas del cerebro frontal que no han madurado.



“Cuando un hijo imponga una batalla, ganarla o dejarla pasar pero, si se decide entrar en ella, ganarla. Hay tres batallas que hay que evitar: cuando él no quiere comer, cuando insulta y cuando se orina o defeca (todo lo que sale o entra del cuerpo). El no comer o los insultos pueden controlarse mejor con control por puntos (calendario con pegatinas y luego a tantas pegatinas cambiarlas por un vale, no se cuentan las transgresiones, sino los días sin transgresiones; trabajar con este sistema un tipo de transgresión a la vez, por ejemplo: hacer pataletas, insultar, romper cosas, etc.)"

"Si el niño pregunta, cuestiona vuestras decisiones o reclama pidiendo razones, cuidado, no entrar a darles respuestas porque cada vez será más difícil dárselas y el enfado crecerá como la espuma; más bien, pueden responder: “tú sabes la respuesta”, usar el humor o devolverle la pregunta: “a ver, hijo, ¿por qué no puedes ver más T.V?.” (Maryorie Dantagnan)

El resto de pautas, para la tercera y última parte de esta trilogía. Las que nos faltan son: respetar y honrar su historia de vida. Jugar con el niño y tener unos minutos diarios corazón con corazón. Aceptar fundamentalmente a la persona. Trabajar las funciones ejecutivas con permanencia.

Para terminar este post, vamos con la picada. La picada de hoy como diría un chileno, no será como si habláramos cabezas de pescado (expresión que quiere decir hablar por hablar) Al contrario: es muy buena.

La picada de hoy me la envía mi colega -y también perteneciente a la red apega como miembro del equipo docente del Postgrado en traumaterapia sistémica-infantil: Carolina Saavedra. Chilena, psicóloga, imparte (junto con Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan) la docencia del diplomado sobre todo en su país, en la ciudad de Viña del Mar. A todos los profesionales cercanos o con posibilidad de acercarse a esta localidad, interesados/as en formarse en este diplomado para aprender y hacerse con la metodología de trabajo de Barudy y Dantagnan con menores víctimas de traumas provocados por los malos tratos y el abandono, pueden dirigirse a esta página: www.traumaterapiayresiliencia.com

Carolina Saavedra trabaja como psicóloga en la ONG PAICABI. Esta ONG es una corporación sin fines de lucro fundada en 1996 que trabaja en la promoción y defensa de los derechos de la infancia. Actualmente cuenta con 23 Centros de Atención en las regiones de Valparaíso, Coquimbo y del Libertador B. O´Higgins que forman parte de la red del Servicio Nacional de Menores – Chile.

Carolina ha tenido la amabilidad de compartir conmigo –y también con todos vosotros- dos artículos muy interesantes y útiles elaborados por ella.

El primero es un estudio sobre abuso sexual infantil. El objetivo del estudio fue describir las características del abuso en función de la forma en que éste ha sido develado (detección vs. revelación) y de su latencia (temprana, intermedia o tardía)


El segundo es una caracterización sobre un tema poco estudiado: casos de abuso sexual infantil perpetrados por figuras adultas femeninas. Este documento aborda el trabajo con niños y niñas que fueron víctima de abuso sexual ejercido por figuras adultas femeninas, tema que comienza a tensionar las acciones interventivas en el ámbito proteccional, percibiéndose la invisibilidad de este fenómeno en la matriz institucional y en la comunidad, lo que hace necesaria una revisión de las formas de enfrentamiento técnico y ético de estas situaciones.


III Conversaciones sobre apego y resiliencia infantil, a celebrarse en San Sebastián los días 6 y 7 de octubre: abierto el plazo de inscripción.



III Conversaciones sobre apego y resiliencia infantil

6-7 de octubre de 2017

Museo ¡Eureka! de la Ciencia
San Sebastián - Donostia





El enlace que os conduce a la plataforma desde la cual podéis consultar el programa e inscribiros es este de mi web profesional:

https://joseluisgonzalo.com/eventos/

Como ya os he venido anunciando, este año 2017 es muy especial para mí y para toda la manada de hombres y mujeres buenos y buenas (pidiéndole permiso a Jorge Barudy para usar su expresión) que formamos la comunidad del blog Buenos tratos: celebramos el décimo aniversario del mismo.

Siguiendo la estela del buen recuerdo que nos dejó a todos y a todas las pasadas II Conversaciones (y la petición unánime en la encuesta de valoración, de los/as que participasteis de darle continuidad al evento), he decidido organizar una tercera edición y hacerla, además, por todo lo alto, como la onomástica merece: con ponentes de auténtico lujo como Peter Niels Rygaard, Jorge Barudy, Maryorie Dantagnan y Rafael Benito. Y con dos mesas de experiencias: una con profesionales, y otra con padres y madres adoptivos/as y acogedores. Y, además, celebrando una velada de cumpleaños del blog donde nos podamos reunir todos/as los/as que lo deseen de una manera alegre y festiva.

Haremos celebraciones resilientes, nos apoyaremos en la música y tendremos alguna que otra sorpresa...

También tengo el gusto de anunciaros, dentro del programa de las III Conversaciones, la presentación del nuevo libro que en co-autoría hemos escrito mi amigo y colega Rafael Benito Moraga y servidor (del cual ya os he hablado en este post) y cuyo título y fecha de aparición ya os puedo confirmar:

La armonía relacional. 
Aplicaciones de la caja de arena a la traumaterapia.
Autores: Rafael Benito y José Luis Gonzalo
Con capítulo-prólogo de Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan
Fecha de aparición: septiembre de 2017
Edita: Desclée de Brouwer.

Os aconsejo que os apuntéis a las III Conversaciones cuanto antes porque las plazas serán limitadas, hasta completar aforo. Dicho aforo es más restringido en el local donde celebraremos la fiesta de aniversario del blog. Las jornadas tendrán lugar en la  Sala Da Vinci del Museo ¡Eureka! de la Ciencia de San Sebastián (350 personas) y la fiesta la celebraremos en El Café teatro El Andén (150 personas) Una vez completado aforo, se cerrarán automáticamente las inscripciones.

El plazo de inscripción finaliza el día 10 de septiembre (si antes no se han agotado las plazas)

Me siento muy feliz de compartir este importante evento con todos/as vosotros/as. 

¡Os espero en Donostia-San Sebastián! ¡Bienvenidos/as! – Ongi etorri!

lunes, 17 de abril de 2017

Impacto de la violencia de género en los hijos e hijas adolescentes en grave riesgo psicosocial: apego, estilo de crianza y disfunciones psíquicas, por Cristina Díez Fernández, psicóloga.



Diez meses, diez firmas II

Invitada del mes de abril de 2017:

Cristina Díez Fernández, psicóloga.

Título del artículo: Impacto de la violencia de género en los hijos e hijas adolescentes en grave riesgo psicosocial: apego, estilo de crianza y disfunciones psíquicas.

Conocí a Cristina Díez Fernández en Oviedo, Asturias, donde trabaja en el centro de terapia familiar Genos y en el sistema de protección de menores. Me invitó junto con su colega Yolanda Higarza (que también ha colaborado con un artículo en el blog) a impartir una formación sobre traumaterapia y la técnica de la caja de arena. Pude así conocerla. Además de su simpatía y su fenomenal acogida me impresionó el compromiso con la infancia maltratada. Tanto que ha destinado sus esfuerzos a investigar en la Universidad de Oviedo el estado psicológico de los menores cuyas madres son víctimas de violencia de género. No son meros testigos, como a menudo se ha sostenido. Desgraciadamente, la violencia impacta directamente en ellos y son víctimas de la misma y de las secuelas que esta deja. Cuando Cristina me habló de que trabajaba en una tesis doctoral para investigar la situación psicológica en la que se encuentran estos chicos y estas chicas, le emplacé a que nos contara en el blog los principales aspectos y conclusiones de su investigación. Y ella, fiel a su palabra, y dada su natural bondad, me envía este amplio resumen para compartirlo con todos nosotros. Muchísimas gracias, Cristina, por tu participación y por formar parte del elenco de los y las generosos/as colaboradores/as del blog Buenos tratos, que comparten sus conocimientos y experiencias con los demás de manera desinteresada. 

Cristina Díez Fernández. Doctora en Psicología. Terapeuta Familiar y Docente acreditada por la Federación Española de Asociaciones de Terapia Familiar (FEATF) y presidenta de la Junta Directiva de la Asociación de Terapia Familiar de Asturias (ATFA). Mediadora Familiar por el Forum Europeo de Mediación. 

Trabaja como psicóloga y terapeuta familiar en el centro Genos de Oviedo y como psicóloga en la atención a familias en el sistema público de protección de menores concretamente en el área de Adopción y Acogimiento Familiar. Pertenece a un grupo de investigación de la Facultad de Psicología de la Universidad de Oviedo estando la mayor parte de su trabajo investigador relacionado con las vinculaciones de apego, el estudio de la violencia de género y la intervención psicoterapéutica en situaciones de grave conflictividad. Coordina el programa “Amor sin Control” de prevención de la violencia de género en relaciones entre adolescentes.

En primer lugar, José Luis quiero darte las gracias por dar voz a través de tu maravilloso y comprometido blog a los niños, niñas y adolescentes que son también víctimas del maltrato que sufren sus madres, pues hoy en día siguen siendo víctimas invisibles de la violencia de género.

Los niños y niñas víctimas de la violencia de género que sufren sus madres 

Mientras la sociedad actual ya ha tomado conciencia de la gravedad de problema del maltrato hacia las mujeres, (o al menos estamos en camino de ello) y disponemos de una fructífera línea de investigación que ha servido como base para la creación de recursos especializados para su abordaje, la problemática de los niños y niñas que viven también en su día a día el conflicto, pero con muchos menos recursos aún para afrontarlo es un tema a menudo ignorado. Son menos los estudios sistemáticos que analizan el impacto de la violencia en los menores que viven en estos hogares, a pesar de que el solapamiento de la violencia contra las mujeres y la violencia contra los niños es desgraciadamente frecuente como lo es también el hecho de tener entre dos y cuatro más probabilidades de exhibir problemas de comportamiento clínicamente significativos (Davies y DiLillo, 2008; Martínez-Torteya, Bogat, Von Eye y Levendosky, 2009, Olaya, 2009).

Se estima que en España al menos 840.000 niños y niñas han estado expuestos a la violencia de género sufrida por sus madres. Suponen un 10% de los menores de nuestro país. Sin embargo, estas cifras no representan la realidad y nos estaremos topando con la punta del iceberg. El que no haya habido hasta fechas muy recientes datos sistematizados sobre los menores afectados es en sí mismo un dato relevador de la poca importancia que se le ha dado hasta hace poco, a los niños y niñas que sufren esta grave situación. El 70 % de las mujeres víctimas de violencia de género son madres y tienen una media de 2 hijos y sabemos que éstos antes o después sufren también situaciones de violencia. El hecho de que una persona maltrate a su pareja y no a sus hijos directamente, no significa que estos no estén presos en un ambiente de maltrato y lo estén sufriendo. Quizás, en un primer momento se centraron los esfuerzos en apoyar a la mujer sin tener en cuenta que había otras víctimas muy vulnerables, sus hijos e hijas. El reciente incremento de la preocupación por la co-ocurrencia de ambas realidades ha puesto rápidamente de manifiesto que no se trata de entidades separadas, sino que comparten factores de riesgo y de protección, y que la presencia de una hace más probable el aumento de la otra (Guedes, Bott, Garcia-Moreno y Colombini, 2016; Martinez-Torteya, Bogat, von Eye y Levendosky, 2009).

Sólo recientemente se ha empezado a definir la situación de estos niños y niñas como de verdadera experimentación de la violencia, a pesar de que es evidente que los hijos e hijas de madres maltratadas no son meros testigos, sino que se ven envueltos de forma más o menos directa en las escenas violentas y en los acontecimientos subsecuentes, como la intervención de la policía, la huida a centros de acogida, etc. (Cater, Miller, Howell y Graham-Bermann, 2015; Edleson, 2006; Kitzmann, Gaylord, Holt, y Kenny, 2003). 

Además, en nuestro trabajo como profesionales de los Servicios Sociales y de Salud Mental hemos detectado a menudo carencias en la coordinación entre las instituciones encargadas de la atención a mujeres y a niños víctimas de violencia.

Con la finalidad de seguir comprendiendo mejor el impacto de esta violencia en los hijos e hijas para poder organizar los apoyos profesionales más ajustados a sus necesidades, desde la Facultad de Psicología de la Universidad de Oviedo llevamos a cabo una investigación durante cinco años en el marco de una tesis doctoral titulada: "Impacto de la violencia de género en los hijos e hijas adolescentes en grave riesgo psicosocial: apego, estilo de crianza y disfunciones psíquicas". 

En la siguiente figura se pueden observar los temas que se abordan en esta Tesis doctoral y cuyo contenido completo podréis encontrar en el siguiente enlace.


Con este estudio hemos tratado de analizar no sólo los aspectos de desajuste que la violencia de género introduce en la vida de los adolescentes maltratados, sino que también hemos tratado de concretar algunos procesos que pueden estar funcionando como amortiguadores del impacto de la violencia y que estén implicados en la evolución de estos chicos y chicas, como son el apego y el estilo de crianza. Se parte para ello de una conceptualización no homogénea de la experiencia de maltrato; es decir, se tiene en cuenta que muchos menores sufren al mismo tiempo otras situaciones de abuso y violencia. La valoración del efecto del doble maltrato se realizó en una muestra de chicos y chicas de entre 13 y 17 años que estaban siendo atendidos por los servicios sociales por haber sido objeto de maltratos graves (maltrato físico, maltrato emocional, negligencia, abandono emocional y abuso sexual), y cuyas madres además sufrían violencia de género. La comparación con una muestra de adolescentes sometidos igualmente a maltrato directo, pero sin exposición a la violencia de género deja claro que los adolescentes expuestos presentan problemas significativamente más importantes en casi todos los aspectos de sus vidas. Esta investigación confirma en todos los sentidos la hipótesis del efecto el doble impacto propuesto por Hughes (1988). Además, los resultados de esta investigación cuentan con el valor añadido de provenir de dos fuentes: las madres, que suelen ser las informantes habituales en la evaluación del estado psíquico de sus hijos en los estudios de maltrato infantil en general, y de exposición a la violencia de género en particular, y los propios adolescentes. Se ha optó por esta doble fuente no sólo para evitar el posible efecto de la varianza compartida (Vu et al., 2016), sino también para contar con las versiones de la vivencia de los propios implicados.

Cómo impacta la violencia de género sufrida por las madres en sus hijos e hijas

Los resultados fueron desalentadores pues encontramos una tasa muy alta de disfunciones psíquicas de los adolescentes que hacen referencia al malestar y el daño en los niños y que se refleja en los problemas clínicos fueron muy frecuentes. A modo de resumen decir que cuando quien nos informa es la madre encontramos una tasa de disfunciones del 76.6 % siendo el 46.2% síntomas de tipo externalizante (ansiedad, somatización, estrés social, actitud negativa hacia el colegio y hacia los profesores, problemas con los iguales, peores relaciones con las madres y padres, etc.) y el 30.4% problemas internalizantes (depresión, sentido de incapacidad, baja autoestima y confianza en sí mismo, etc.). Incluso encontramos mayores porcentajes cuando quien informa es el propio adolescente (80.2%), correspondiendo el 40.3% a problemas externalizantes y el 39.9% a los internalizantes. Además, los resultados señalaron que todas las áreas de desarrollo de estos chicos y chicas se encontraban afectadas, así vemos un bajo ajuste personal 62,7% que está relacionada con las estrategias de afrontamiento y de apoyo familiar y social del adolescente. En el contexto escolar los datos tampoco son favorables para el rendimiento académico y adaptación escolar. Las madres informan de un 67.8% de altas dificultades, mientras que los propios adolescentes indica aún un mayor desajuste en este contexto, 73.4 %.

Tanto las relaciones interpersonales de estos chicos y chicas, como su estado clínico son más frágiles. La alta tasa de dificultades que encontramos combinada con pobres habilidades adaptativas indica una falta tanto de estrategias de afrontamiento propias como de búsqueda de apoyo y señala una mayor probabilidad de disfunciones más graves. El riesgo aumentado de escasas autoconfianza y autoestima y de malas relaciones interpersonales debe preocuparnos especialmente en un momento crítico del desarrollo de la personalidad.

Nuestros resultados coinciden en términos generales con lo que sugiere hasta ahora la investigación: las estrategias disfuncionales que los adolescentes ponen en marcha para hacer frente al malestar originado por la exposición a violencia de género conlleva depresión, deterioro de las relaciones con los pares, mayor riesgo de violencia en el noviazgo, consumo de drogas, involucración en pandillas de riesgo, fugas de casa y peores relaciones familiares (Jouriles, McDonald, Mueller y Grych 2012; Narayan et al., 2014). 

¿Qué hacen los hijos e hijas durante los episodios de violencia de género?

“Es demasiado pequeño para comprender”, “está durmiendo y no se entera”... estas y otras ideas similares no hacen justicia a todos los esfuerzos que hacen estos niños y niñas. Es alarmante su grado de implicación en los episodios de la violencia que ocurre en sus casas. Los resultaron nos mostraron claramente que son plenamente conscientes y conocedores de la violencia, las amenazas y las coacciones de la que son víctimas sus madres, y que con mucha frecuencia ellos están envueltos o directamente implicados en tales situaciones, de forma emocional pero también con actos conducentes a protegerse o proteger a sus madres. Además, esta involucración no cesa con el episodio violento pues un 49.9% de los hijos señalaron que siguen preocupados por el estado emocional de sus madres una vez que ha cesado la violencia lo que les sitúa en una situación difícil para poder desarrollar una vida tranquila y centrada en superar sus desafíos evolutivos

Amortiguadores del impacto de la exposición a la violencia de género: apego y estilo de crianza

La violencia de género impacta de forma directa en la salud mental y estados afectivos de las madres víctimas de esa violencia y también en el bienestar y la calidad de la interacción de los cuidados hacia sus hijos. Los efectos negativos de la violencia de género de las mujeres se expanden a la crianza de los hijos, al establecimiento de apegos de tipo inseguro, problemas sociales y emocionales, bienestar infantil disminuido, menor funcionamiento adaptativo, y mayores manifestaciones de disfunción infantil.

En nuestra investigación los adolescentes expuestos a violencia de género que presentaban mayores disfunciones tenían peores representaciones de sí mismos y percibían el mundo como un lugar más hostil, asimismo manifestaban mayores dificultades para regular sus emociones. Estos chicos y chicas sentían una menor disponibilidad y apoyo de su figura de apego, menor preocupación por la familia y valoraban menos la autoridad de sus padres y madres. También nos expresaron sus sentimientos de autosuficiencia y rencor contra sus progenitoras y manifestaron mayores indicadores de traumatismo infantil.

Una cuestión que es de vital importancia para que tengamos en cuenta como guía para nuestras intervenciones profesionales de apoyo fue el hecho de comprobar que aquellos niños y niñas que habían sido maltratados directamente y también expuestos a violencia de género pero que aun así mostraban un desarrollo más positivo, es decir, que tenían más éxito en sus tareas evolutivas habían desarrollado un apego seguro con sus madres. Además, caracterizaban su estilo de crianza como más satisfactorio concretando éste en un mayor sentimiento de afecto y comunicación con sus madres, por el uso del humor en la relación, por los sentimientos de disponibilidad de sus madres y por sentir que éstas conseguían promocionar su autonomía con una adecuada supervisión evitando el control psicológico y conductual.

Conclusiones 

1) Podemos concluir que los niños y niñas maltratados y expuestos a violencia de género expresan carencias emocionales relacionadas con la falta de apoyo y disponibilidad de su figura de apego y realizan descripciones de experiencias familiares pasadas negativas. Los adolescentes caracterizan a sus padres como insensibles a sus necesidades, abusivos o con falta de recursos para servirles de andamiaje en sus trayectorias. Además, ponen en marcha estrategias relacionales de hiperactivación, expresando ansiedad y preocupación, y con tendencia a quedarse atrapados en la implicación familiar, lo que pudiera interferir en el desarrollo de su autonomía y, en menor medida, expresan sus sentimientos de rechazo y de escaso valor hacia la autoridad. 

2) El estilo de crianza es una variable relacionada con un menor impacto del maltrato y de la exposición a la violencia de género mediante la relación con vinculaciones más seguras con los hijos. 

3) Se considera necesario plantear intervenciones que reduzcan el efecto acumulativo de los fracasos en las tareas evolutivas de los adolescentes doblemente expuestos. Por ello, es necesario enfocar el trabajo con estos menores desde un enfoque holístico y sistémico, con el fin de promover condiciones protectoras como la promoción de vínculos seguros entre las madres y sus hijos y la orientación en estrategias de crianza basadas en el afecto. Los profesionales debemos especializarnos en este tipo de intervenciones teniendo en cuenta que los niños, niñas y adolescentes doblemente dañados presentan mayores dificultades en todas las áreas del desarrollo en las que impacta la violencia y, especialmente, por la repercusión que tiene en sus representaciones de sí mismos y de los otros y por las disfunciones encontradas de tipo traumático. Ésto, unido al detrimento de las relaciones familiares, puede implicar que los adolescentes pongan en marcha otras estrategias disfuncionales sin el apoyo ni la supervisión de los adultos, que les ocasionarán aún más repercusiones negativas de tal forma que el ciclo de realimentación de daños se perpetuaría así a lo largo de sus vidas.

Referencias

Cater, Å. K., Miller, L. E., Howell, K. H., & Graham-Bermann, S. A. (2015). Childhood exposure to intimate partner violence and adult mental health problems: relationships with gender and age of exposure. Journal of family violence, 30(7), 875-886.

Edleson, J. L. (2006). A response system for children exposed to domestic violence: Public policy in support of best practices. En M. Feerick & G. B. Silverman (Eds.). Children Exposed to Violence (pp. 191-211). Baltimore, M. D: Brookes.

Evans, S. E., Davies, C. A., & Di Lillo, D. K. (2008). Exposure to domestic violence: ameta-analysis of child and adolescent outcomes. Aggression and Violent Behavior,13, 131-140. 

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Martinez-Torteya, C., Bogat, A., von Eye, A., & Levendosky, A. A. (2009). Resilience among children exposed to domestic violence: The role of risk and protective factors. Child Development, 80, 562-577.

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El blog Buenos tratos regresa la semana próxima, el lunes 24 de abril, a las 9,30h, con la segunda parte del post sobre adopción y acogimiento: lo que no debemos hacer como cuidadores y lo que sí debemos hacer.

lunes, 3 de abril de 2017

"Clara ojos clariosos", nuevo cuento de Verónica Pérez Gutiérrez para abordar el abuso sexual infantil.

Os presento un nuevo cuento de la educadora Verónica Pérez Gutiérrez. Los habituales del blog Buenos tratos ya conocéis la serie de cuentos de esta autora porque el post en el que hago referencia a los mismos está entre las entradas más visitadas. Si miráis a la derecha de la pantalla de vuestros equipos (PC, Tablet...), veréis en la sección "Lo + leído" la que se refiere a los cuentos de Veronica. Son los Cuentos para Haizea. Con ellos la autora ha pretendido acercar diversas temáticas que son relevantes en el mundo de los niños/as (especialmente de los niños y niñas acogidos/as) y plasmarlas en historias sencillas, con un lenguaje adaptado a su edad (sobre todo a la edad de los más pequeños) y unas ilustraciones vivas y coloristas que capten su atencion. El cuento se convierte así en una herramienta que acerca a los niños y niñas -a través de símbolos y metáforas que les son accesibles- experiencias que ellos/as viven, difíciles de explicar y entender y fomenta a la vez, la comunicación con el adulto con el cual el menor tiene (debe tener) un vínculo seguro y de confianza. 

En esta ocasión Verónica Pérez Gutiérrez me hace llegar un nuevo cuento titulado:  Clara ojos clariosos. El objetivo del mismo es abordar una experiencia dolorosa que sucede con una frecuencia mucho más elevada de lo que nos pensamos o queremos creer: el abuso sexual infantil en su acepción más amplia. Una de cada cuatro niñas y uno de cada siete niños lo sufren. Y el 85% de los casos se tapan. La mayoría de las veces el abusador es una persona cercana al niño/a. Cuando las victimas están protegidas y reciben una psicoterapia para ayudarles a procesar las secuelas que este trauma puede dejar en la psique, casi todas coinciden en lo mismo: la traición a la confianza. Algo que jamás se podían imaginar de esa persona. Muchos/as niños/as y adolescentes se quedan paralizados y bloqueados por el estupor que dicha invasión provoca, por la herida psíquica que se produce en el momento que sucede; porque ni la mente ni el cerebro lo pueden procesar. Y cuando el abusador es alguien cercano emocionalmente al niño/a y le engaña o abusa a través de un afecto confuso y unos juegos que no tienen límite y no respetan la intimidad y privacidad del cuerpo y mente del menor, o le amenaza, le hace chantaje o le culpa de que le ocurrirán mil desgracias si lo cuenta, forzándole al secreto, el niño o niña queda atrapado/a en una relación dañina que puede tener repercusiones psicológicas de todo tipo. Sobre el abuso sexual infantil escribió mi amiga y colega Olga Guerra un magnífico post que aprovecho para recordaros.

Verónica Pérez apuesta por la prevención desde la más tierna infancia y para contribuir a ella ha creado este cuento que los niños/as van a entender fácilmente, identificándose con Clara, su protagonista, cuyos ojos un día dejaron de ser claros. Mediante este asequible relato los padres y educadores tienen la oportunidad de poder hablar con sus niños y niñas de aspectos importantísimos que en ocasiones, no saben cómo plantear: el respeto al cuerpo, la existencia de secretos malos y la necesidad de que el menor pueda contarlos a la persona que él o ella elija. Por ello, Verónica nos dice que "a través de este cuento podremos abordar con nuestros niños y niñas temas en torno al abuso sexual infantil, como la confianza, los secretos, la prevención, los sentimientos..."

Las ilustraciones son una parte fundamental e importante de los cuentos. En este caso contribuyen significativamente a que el niño/a pueda comprender los sentimientos porque los gestos de sus protagonistas son muy expresivos y los colores elegidos sintonizan muy bien con lo que se narra. La autora de los acertados dibujos es Edurne Salaberria. La tipografía ha estado a cargo de Anna Vives.

Portada del nuevo cuento de Verónica Pérez Gutiérrez
Verónica Pérez ha contado para la elaboración del cuento con el asesoramiento de expertos en abuso sexual infantil. La educadora nos dice en la presentación: "Los cuentos nos relatan historias... algunas fantasticas, otras graciosas, incluso las hay disparatadas o muy reales. Lo bonito y singular de esas historias es que están contadas por alguien que trata de transmitir algo, bien sea para sacar una sonrisa, cómo entretenimiento, narrar una experiencia... Mi finalidad con esta historia, con este cuento... ha sido crear una pequeña herramienta que me pudiera servir a mí y a quienes la necesiten, para abordar una realidad, desgraciadamente existente, pero con muchos tabúes en nuestra sociedad. Mi experiencia personal y profesional me ha enseñado a tener que tratar este tema, con respeto, pero a tratarlo. Y este cuento me permite poder ahondar más a fondo en sus entrañas... hablar sobre la existencia de situaciones que nos pueden hacer daño, como detectarlas a través de nuestros sentimientos, sensaciones y cómo prevenirlas. A través de las páginas de este cuento, los adultos (padres, madres, educadores...) podrán tener la ocasión de abordar estos temas, respetando siempre el ritmo y momento evolutivo del niño o de la niña y utilizando otra terminología si fuera necesario, para enseñarles a nuestros pequeños a entender lo que sienten y saber protegerse."

Contamos con un muy buen recurso para ello (suelo decir que no andamos muy sobrados de este tipo de materiales, especialmente para los más pequeños; el cuento está pensado para niños y niñas a partir de 6 años), el cual podéis adquirir en la página web de Verónica Pérez Gutiérrez, donde distribuye sus Cuentos para Haizea: 

www.cuentosparahaizea.com

Felicidades a Verónica por esta nueva contribución. 

Para terminar, hace tiempo que no ofrecíamos una picada. Esta semana sí puedo compartir con vosotros/as este vídeo que me ha enviado Larraitz Gorrotxategi (estudiante de psicología y que ha escrito varios post en este blog) que precisamente coincide con el tema de hoy. Se llama "El vídeo de Tere. Mamá dice" en el cual una niña con la que los menores pueden identificarse, cuenta lo que su madre le ha enseñado en cuanto a respetar el cuerpo, no admitir caricias y besos de personas que los niños/as no deseen y dejarles claro que sus partes íntimas y el intento de cualquier adulto de tocarles en las mismas debe ser evitado por ellos (prevención), y la necesidad de contarlo a los adultos de confianza para que puedan protegerles. El video no es nada escabroso pero sí presenta las situaciones como pueden ser, reales, para que los menores puedan reconocerlas. Un gran material que junto con el cuento forman un pack perfecto. Puede favorecer que hablemos y trabajemos con los menores estos temas.



Cuidaos / Zaindu