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lunes, 5 de octubre de 2026

"Quiero acercarme... pero también necesito protegerme": comprender el apego desorganizado en hijos/as adoptivos/as o acogidos/as.

 

VII Conversaciones apego y resiliencia

9 de octubre último día de cuota reducida


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"Quiero acercarme... pero también necesito protegerme": comprender el apego desorganizado en hijos/as adoptivos/as o acogidos/as.

Por José Luis Gonzalo Marrodán

Psicólogo y traumaterapeuta sistémico

Portada del libro "Vincúlate" donde presento 
la dinámica del apego desorganizado y su relevancia 
para las familias adoptivas y acogedoras

Presentación

Este pasado lunes tuve un encuentro con un grupo de familias adoptivas donde estuvimos hablando sobre el apego desorganizado, un patrón diferente de apego, no clasificable en las categorías descubiertas anteriormente (seguro e inseguro), al presentar en la conducta y reacciones del niño/a ante la separación, manifestaciones mezcla del inseguro evitativo y del inseguro ansioso-ambivalente de una manera incoherente y sin presentar una conducta organizada de apego. La funcionalidad del apego que es el logro de la proximidad colapsaba

Hemos hablado en este blog de este tema muchas veces, os dejo los artículos anteriores para que podáis repasar los conceptos fundamentales. Nos hicimos eco, además, de la publicación del último libro de Nacho Serván, experto en el tema, sobre la desorganización del apego, que postula que debemos conceptualizarlo más como una dimensión y no una categoría:







Conducta materna atemorizante y apego desorganizado: http://www.buenostratos.com/2026/05/conducta-materna-atemorizante-apego.html


He preparado un texto con los aspectos fundamentales que compartí en el encuentro con las familias, para que podías disponer de ellos. Previamente, he hecho un breve resumen de lo que es el apego desorganizado y su trascendencia en el ámbito de la adopción. Incluyo también alguna de las técnicas que hicimos con las familias para que pudieran comprenderlo mejor y favorecer la reflexión. 

Espero que os sea de utilidad. 

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¿Qué es el apego desorganizado?

Hay niños que parecen estar atrapados en una contradicción difícil de comprender para quienes los acompañan: necesitan intensamente a los adultos, pero cuando estos se acercan pueden rechazarlos; buscan afecto y, cuando lo encuentran, parecen sabotearlo; reclaman proximidad y, al mismo tiempo, pueden comportarse como si necesitaran alejarse. A veces controlan constantemente lo que ocurre a su alrededor, reaccionan de manera desproporcionada ante pequeñas correcciones o se enfurecen precisamente cuando intentamos consolarlos.

Para las familias adoptivas y acogedoras, estas conductas pueden resultar especialmente desconcertantes. El adulto puede pensar: «Si estoy aquí para cuidarle, ¿por qué me rechaza?», «¿Por qué no confía en mí?», «¿Por qué necesita controlarlo todo?» o incluso «¿Qué más puedo hacer para que entienda que le quiero?».

Una de las claves para comprender estas situaciones consiste en recordar que la llegada a un entorno seguro no hace desaparecer automáticamente las estrategias de protección que el niño aprendió en relaciones anteriores. El contexto puede haber cambiado mucho antes de que cambien las expectativas internas del niño.

Para entenderlo tenemos que remontarnos a los trabajos de Mary Ainsworth y a la denominada «Situación Extraña» (1), un procedimiento diseñado para observar cómo los niños pequeños utilizan a su figura de apego como base de seguridad ante situaciones de separación, reunión y presencia de una persona desconocida.

A partir de estas investigaciones se identificaron inicialmente tres patrones principales de apego: seguro, evitativo y resistente o ambivalente. Sin embargo, algunos niños mostraban comportamientos que no podían ser comprendidos adecuadamente dentro de ninguna de estas categorías. En determinadas situaciones de separación y, especialmente, durante los reencuentros con la figura de apego, podían aparecer conductas contradictorias, movimientos interrumpidos, aproximaciones que se detenían bruscamente, inmovilidad, expresiones de temor hacia el cuidador o aparentes episodios de desorientación.

Fueron Mary Main y Judith Solomon (2), investigadoras vinculadas a la Universidad de California, Berkeley, quienes estudiaron sistemáticamente este fenómeno y propusieron en 1986 una nueva clasificación denominada apego desorganizado/desorientado. Posteriormente, en 1990, desarrollaron los procedimientos específicos para identificarlo dentro de la «Situación Extraña» (3).

Es importante hacer una precisión. Hoy resulta más adecuado hablar de clasificación o patrón de apego desorganizado/desorientado que de un «cuarto estilo» completamente independiente de los otros. La desorganización puede aparecer sobre diferentes organizaciones del apego y se refiere, fundamentalmente, a una alteración o ruptura de la estrategia organizada que el niño utiliza para afrontar la activación de su sistema de apego (4) 

La aportación de Main y Solomon fue especialmente relevante porque permitió describir algo que hasta entonces resultaba difícil de conceptualizar: ¿qué sucede cuando el sistema que debería conducir al niño hacia la protección no consigue organizar una respuesta coherente?

«Necesito al adulto… pero también tengo que protegerme del adulto»

Podemos imaginar el sistema de apego como un sistema que se activa especialmente cuando el niño siente miedo, dolor, amenaza o inseguridad.

Ante el peligro, una respuesta organizada sería:

MIEDO → BUSCO A MI ADULTO → ENCUENTRO PROTECCIÓN

El problema aparece cuando la persona de la que depende el niño para sentirse protegido ha sido también, en determinados momentos de su historia, una fuente de miedo, amenaza, imprevisibilidad o desregulación.

Entonces aparece una contradicción:

NECESITO ACERCARME

↕

NECESITO ALEJARME O PROTEGERME

El niño necesita al adulto porque tiene miedo, pero ese mismo adulto puede activar simultáneamente respuestas defensivas. No dispone de una estrategia suficientemente organizada para resolver el dilema.

Esta es una de las ideas que considero más importantes para las familias: el comportamiento aparentemente contradictorio puede tener una lógica desde la historia relacional del niño.

No significa que todas las conductas difíciles tengan necesariamente su origen en un apego desorganizado, ni que toda desorganización pueda atribuirse de manera simple a una única experiencia. La investigación ha encontrado asociaciones entre la desorganización y contextos de alto riesgo, maltrato y determinadas formas de cuidado atemorizante o atemorizado, pero la relación es compleja y no debe reducirse a una explicación única. (5)

Cuando cambia la familia, pero todavía no ha cambiado el mapa interno

Esta cuestión adquiere una importancia extraordinaria en la adopción y el acogimiento.

Un niño puede llegar a una familia que le ofrece algo muy diferente de lo que ha conocido anteriormente: adultos disponibles, sensibles, protectores y comprometidos con su bienestar. Sin embargo, sus expectativas acerca de las relaciones no se modifican de un día para otro.

Podríamos expresarlo de una manera sencilla:

HA CAMBIADO EL LUGAR.

HAN CAMBIADO LOS ADULTOS.

PERO SU SISTEMA DE PROTECCIÓN TODAVÍA NO HA CAMBIADO.

La literatura sobre adopción y acogimiento muestra que estos niños presentan, en conjunto, un riesgo mayor de dificultades en la organización del apego, aunque existe una gran variabilidad individual. Una revisión sistemática sobre niños adoptados y acogidos señala precisamente la relevancia de las experiencias de separación, las relaciones previas y las nuevas relaciones con los cuidadores. (6)

Por eso, cuando un niño llega a una familia y aparentemente «no aprovecha» las oportunidades de seguridad que esta le ofrece, podemos estar ante una cuestión mucho más compleja que una simple falta de confianza.

El adulto puede decir:

—«Estoy aquí. Puedes confiar en mí».

Y el niño, desde su historia, puede escuchar:

—«Eso ya me lo dijeron».

—«¿Hasta cuándo?».

—«No dependas demasiado».

—«Comprueba primero si es verdad».

La seguridad objetiva y la seguridad sentida no aparecen necesariamente al mismo tiempo.

«¿Por qué se comporta así?» frente a «¿De qué aprendió a protegerse?»

Esta pequeña modificación en la pregunta puede cambiar profundamente la mirada de una familia.

Imaginemos algunas situaciones:

- El niño rechaza un abrazo precisamente cuando peor está.

- Controla constantemente dónde se encuentra su madre o su padre.

- Se enfurece cuando intentan consolarlo.

- Parece no necesitar a nadie.

- Quiere decidir absolutamente todo.

- Ante una pequeña corrección reacciona como si estuviera en peligro.

- Busca afecto y, cuando lo encuentra, lo rechaza.

- Por la noche necesita desesperadamente al adulto, pero durante el día lo mantiene alejado.

Podemos preguntarnos:

«¿Qué está haciendo?»

Pero también:

«¿Qué puede estar tratando de proteger?»

El control puede estar relacionado con la necesidad de anticiparse a lo imprevisible.

El rechazo puede protegerle de depender demasiado de alguien.

La provocación puede constituir una manera de comprobar qué ocurre cuando la relación se pone a prueba.

La reacción desproporcionada ante una corrección puede estar relacionada con una historia en la que los errores tuvieron consecuencias amenazantes. Con las familias, en el encuentro reflexionamos que esto no significa justificar cualquier conducta. Comprender la función de una conducta no equivale a permitirla. Significa que podemos responder al comportamiento sin perder de vista la experiencia que puede existir debajo de él.


El apego desorganizado puede conllevar problemas para
la construcción de un self estable y coherente


«Ahora estoy a salvo… pero todavía no lo sé»

Una casa segura no garantiza inmediatamente un sentimiento interno de seguridad.

Podemos decirle a un niño:

«Aquí nadie te va a hacer daño».

Pero su sistema de protección puede necesitar mucho tiempo y muchas experiencias repetidas para incorporar esa nueva información. De hecho, quizá una de las tareas más importantes de una familia adoptiva o acogedora sea precisamente ofrecer experiencias que contradigan, una y otra vez, las antiguas expectativas relacionales:

«Cuando me enfado, el adulto no desaparece».

«Cuando pongo a prueba la relación, el adulto continúa estando ahí».

«Cuando cometo un error, no pierdo el vínculo».

«Cuando necesito ayuda, alguien responde».

«Cuando el adulto se equivoca, puede reparar».

«Cuando me ponen un límite, la relación continúa».

La seguridad no se construye únicamente mediante explicaciones. Se construye a través de una enorme cantidad de experiencias cotidianas, pequeñas y repetidas.

Como planteó una dinámica que hicimos con las familias, el niño no aprende que está seguro porque se lo expliquemos, sino porque vive progresivamente experiencias de seguridad.

¿Qué puede hacer la familia?

Comprender el apego desorganizado no significa convertir la convivencia en una sucesión de interpretaciones psicológicas. Al contrario: necesitamos traducir esta comprensión en respuestas concretas.

1. Preguntarnos «¿qué le pasa?» antes que «¿qué pretende?»

Ante el control, el rechazo, la agresividad, la provocación o una reacción desproporcionada, podemos intentar preguntarnos qué puede existir debajo: miedo, vergüenza, sensación de amenaza, necesidad de control, temor al abandono o dificultad para confiar.

La conducta puede ser problemática y, al mismo tiempo, haber sido una solución que el niño aprendió en otro contexto.

2. Regular antes de razonar

Cuando el niño está muy activado, no suele ser el momento adecuado para largos razonamientos, sermones o preguntas como: «¿Por qué has hecho esto?».

Primero necesitamos ayudarle a recuperar la calma: bajar el tono de voz, reducir estímulos, acompañar y favorecer la regulación.

Primero seguridad; después reflexión.

3. Ser predecibles

Las rutinas, anticipar los cambios, explicar qué va a suceder, cumplir lo prometido y evitar amenazas que después no se cumplen son formas concretas de construir seguridad.

Para un niño que ha vivido mucha imprevisibilidad, saber qué ocurrirá después puede disminuir la necesidad de controlarlo todo.

4. Poner límites firmes sin amenazar el vínculo

Una experiencia profundamente reparadora puede ser descubrir: «Puedes hacer algo que no está bien y yo seguiré aquí». Por ejemplo: «No voy a dejar que me pegues. Voy a ayudarte a parar. Estoy aquí contigo». El límite contiene la conducta sin convertir la relación en un castigo.

5. Evitar las luchas de poder

Algunos niños intentarán controlar las situaciones porque el control les proporciona una sensación de seguridad. Si el adulto responde aumentando todavía más el control, ambos pueden quedar atrapados en una escalada. Las pequeñas elecciones dentro de límites que corresponden al adulto pueden ser útiles: «Hay que ducharse. ¿Prefieres hacerlo antes o después de cenar?». No se trata de que el niño decida si existe o no el límite, sino de ofrecerle cierto margen de autonomía dentro de un marco seguro.

6. No forzar el afecto ni la proximidad

Un niño puede necesitar muchísimo el vínculo y, paradójicamente, sentirse amenazado por la intimidad. Por eso no necesitamos exigir besos, abrazos, confidencias o demostraciones de cariño. Podemos transmitir disponibilidad sin invasión: «Estoy aquí cuando me necesites».

7. Reparar después de los conflictos

Los niños no necesitan padres perfectos. Necesitan experimentar que una relación puede sufrir una ruptura y que después es posible repararla. Un adulto puede decir: «Antes me enfadé demasiado. Tenía que ponerte ese límite, pero podría habértelo dicho de otra manera». Esta experiencia transmite algo extraordinariamente importante: un conflicto no significa necesariamente el final de una relación.

8. No interpretar los retrocesos como un fracaso

La evolución no suele ser lineal. Cumpleaños, separaciones, cambios escolares, visitas, aniversarios, adolescencia o momentos de mayor intimidad pueden reactivar estrategias antiguas. Esto lo saben bien las familias. Que reaparezca una conducta de protección no significa necesariamente que todo lo conseguido haya desaparecido.

9. No tomárselo todo como algo personal

Pensamientos como: «No me quiere». «Después de todo lo que hacemos por él…». «Solo se porta así conmigo»... Son comprensibles, pero pueden dificultar la respuesta del adulto si terminan guiando su conducta. En algunos casos, precisamente cuando un niño comienza a sentirse suficientemente seguro, puede atreverse a mostrar necesidades, emociones y conductas que anteriormente mantenía más controladas.

Por eso puede ser útil preguntarnos:

«¿Qué me está mostrando que todavía no sabe expresar de otra manera?»

Una secuencia para recordar

Cuando la situación se desborda, podemos resumir esta manera de acompañar en cinco palabras:

PARAR → REGULAR → CONECTAR → PONER EL LÍMITE → REPARAR

No siempre será posible hacerlo perfectamente. Tampoco necesitamos convertir cada conflicto en una intervención terapéutica. Se trata de ir construyendo, día tras día, una experiencia relacional diferente. Porque quizá la pregunta más importante no sea:

«¿Cómo conseguimos que deje de comportarse así?»

sino:

«¿Cómo conseguimos que, poco a poco, ya no necesite comportarse así para sentirse protegido?»

Un niño con una historia de apego desorganizado no necesita únicamente que le expliquemos que ahora está a salvo. Necesita vivirlo. Necesita encontrar adultos que sean suficientemente predecibles, disponibles y protectores como para que, poco a poco, su sistema de protección pueda aprender algo nuevo:

«Puedo necesitar a alguien sin perderme».

«Puedo acercarme sin dejar de estar seguro».

«Puedo enfadarme y la relación puede continuar».

«Puedo equivocarme y después reparar».

Y quizá, con el tiempo, aquella antigua contradicción —«quiero acercarme, pero también necesito protegerme»— pueda empezar a transformarse en una experiencia diferente: «Puedo acercarme porque ahora estoy a salvo».

Referencias

(1) Ainsworth MDS, Bell SM. Attachment, exploration, and separation: illustrated by the behavior of one-year-olds in a strange situation. Child Dev. 1970;41(1):49-67. doi:10.2307/1127388.

(2) Main M, Solomon J. Discovery of an insecure-disorganized/disoriented attachment pattern. In: Brazelton TB, Yogman MW, editors. Affective development in infancy. Norwood (NJ): Ablex; 1986. p.95-124.

(3) Main M, Solomon J. Procedures for identifying infants as disorganized/disoriented during the Ainsworth Strange Situation. In: Greenberg MT, Cicchetti D, Cummings EM, editors. Attachment in the preschool years: theory, research, and intervention. Chicago: University of Chicago Press; 1990. p.121-160.

(4) Serván García I. Desorganización del apego: clínica y psicoterapia con adultos. Bilbao: Desclée de Brouwer; 2023.

(5) van IJzendoorn MH, Schuengel C, Bakermans-Kranenburg MJ. Disorganized attachment in early childhood: meta-analysis of precursors, concomitants, and sequelae. Dev Psychopathol. 1999;11(2):225-49. doi:10.1017/S0954579499002035.

(6) García Quiroga M, Hamilton-Giachritsis C. Attachment styles in children living in alternative care: a systematic review of the literature. Child Youth Care Forum. 2016;45:625-653. doi:10.1007/s10566-015-9342-x

lunes, 16 de febrero de 2026

La teoría del apego y la separación de John Bowlby, 50 años después.

La teoría del apego y la separación de John Bowlby: revisitando su visión original tras más de 50 años, qué sabemos hoy y hacia dónde ir desde aquí

Resumen de lo más importante de este número


Con motivo de cumplirse los 50 años de la teoría del apego formulada por John Bowlby, que tanto impacto y repercusiones sanitarias, sociales y educativas ha tenido durante todo este tiempo, el blog Buenos tratos -que se dedica a divulgar y aplicar sus postulados- quiere sumarse a esa onomástica y para ello propone un resumen del número correspondiente a octubre de 2025 dedicado a revisitar su teoría, lo que sabemos hoy y hacia dónde ir desde aquí.

En un mundo donde las separaciones forzosas, las guerras, los millones de refugiados, las migraciones obligadas, la persecución a las familias y los niños por motivos de racismo promovidas por el actual presidente de USA... tienen un impacto traumático en muchísimas personas mayores y menores de edad, el apego y el estudio de cómo las separaciones y las pérdidas afectan a la salud y al desarrollo tienen más vigencia que nunca. 

Por otro lado, en nuestra comunidad cada año aumentan los casos de desprotección infantil. También los mecanismos de detección han mejorado y nos permiten identificar las situaciones en las que los niños sufren maltrato, negligencia y/o abuso, que antes eran silenciadas o normalizadas. 

Por ello, instamos desde aquí a las autoridades políticas y educativas a que tomen nota y tengan en cuenta lo que la investigación nos brinda para que podamos cuidar a las familias, porque como dijo John Bowlby:

“Si una comunidad valora a sus hijos, 
debe cuidar a sus padres” (Bowlby, 1951, p. 84).





Attchment and Human Development, Volumen 27, nº 5, octubre 2025





Este número especial de Attachment & Human Development, titulado “La teoría del apego y la separación de John Bowlby:revisitando sus visiones originales tras más de 50 años, qué sabemos hoy y hacia dónde ir desde aquí”, fue concebido para conmemorar el 50.º aniversario del trabajo seminal de Bowlby sobre la separación. John Bowlby (Bowlby, 1973), ampliamente reconocido como el padre de la teoría del apego, puso un énfasis central en los efectos adversos de las separaciones entre el niño y su cuidador, ya fueran impuestas de manera cruel o consideradas necesarias.

Estos riesgos fueron destacados en su propio trabajo empírico (por ejemplo, Bowlby, 1944) y en su influyente monografía Cuidado materno y salud mental, publicada por la Organización Mundial de la Salud en 1951 (Bowlby, 1951). Su conceptualización posterior del apego condujo a la formulación de una teoría que explica los procesos subyacentes a la inclinación universal de los bebés humanos a formar vínculos estrechos con sus cuidadores, impulsados por la necesidad de proximidad y seguridad ante amenazas percibidas, activando así su sistema conductual de apego. 

Monografía de John Bowlby
Cuidado maternal y amor, hoy en día,
lamentablemente, una obra descatalogada


En la actualidad, la teoría del apego ha acumulado un enorme cuerpo de investigación, reflejado en múltiples desarrollos teóricos y en diversos contextos de aplicación. Aunque la investigación se ha centrado predominantemente en las diferencias individuales en la calidad del apego, los acontecimientos globales recientes —como las separaciones forzadas por conflictos armados, migraciones, encarcelamiento parental o medidas de protección infantil— han puesto de relieve el impacto crítico y a menudo devastador de la separación en sí misma.

Este número especial reexamina un principio central de la teoría del apego: los efectos de la separación, considerando factores históricos, culturales y biológicos. Asimismo, se introduce un estudio piloto de una intervención breve, Fostering Relationships, específicamente dirigida a niños en acogimiento familiar, con el objetivo de mejorar las visitas del niño con su progenitor biológico y con la familia acogedora. Finalmente, se presentan psicoterapias individualizadas como posibles respuestas a la separacióninducida por el trauma. Nuestro objetivo es aportar nuevas perspectivas sobre el apego y la separación, así como sobre la aplicación clínica de este principio.

Cómo se desarrolló el trabajo de John Bowlby

El trabajo de Bowlby se desarrolló en diálogo con su formación psicoanalítica, al tiempo que subrayaba la importancia de la separación entre cuidador y niño. Finalmente, Bowlby cuestionó tanto el psicoanálisis como el conductismo, teorías predominantesde su época. El objetivo de este artículo es detallar el viaje que realizó Bowlby, a petición de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 1950 para investigar las necesidades de niños huérfanos y separados en Europa y en los Estados Unidos.

Más concretamente, este artículo presenta el intento de Van der Horst et al. de reconstruir el viaje de Bowlby a Estados Unidos,durante el cual sus concepciones sobre la separación madre–hijo se vieron ampliadas y enriquecidas a través de sus interacciones con colegas estadounidenses. Aunque no siempre reconocidas, las contribuciones norteamericanas resultaron fundamentales para el desarrollo de la teoría del apego de Bowlby, y su estudio es esencial para una comprensión completa de la teoría.

Revisión de la investigación sobre migración laboral de los progenitores

El segundo artículo, de Constantinescu et al. (2025), ofrece una revisión de la investigación existente sobre la migración laboral de los progenitores, un fenómeno prevalente en economías emergentes de Europa del Este y partes de Asia. Este trabajo explora el impacto de la separación prolongada de las figuras primarias de apego sobre la seguridad emocional de los llamados “niños dejados atrás” (Left-Behind Children, LBC). La revisión sistemática examina la relación entre la migración laboral sustancial en Rumanía y el bienestar de estos niños, revelando una mayor prevalencia de dificultades emocionales y síntomas internalizantes.

Separación del padre en niños desplazados por la fuerza

El tercer artículo, de Eltanamly et al. (2025), se centra específicamente en la separación del padre en niños desplazados por la fuerza. Estos niños fueron separados como consecuencia de la muerte del padre, del reclutamiento forzoso o de la huida paterna en busca de seguridad. Los autores informan que los niños separados de sus padres estuvieron más expuestos a acontecimientos relacionados con la guerra, participaron con menor frecuencia en actividades escolares y vivieron en peores condiciones, mostrando más síntomas depresivos y una menor autoeficacia y autoestima.

Desarrollo socioemocional (6-9 años) en dos grupos de niños adoptados

El cuarto artículo, de Winnette y Abramson (2025), investiga los resultados del desarrollo socioemocional a los 6–9 años en dos grupos de niños adoptados en la República Checa: un grupo que fue inicialmente institucionalizado tras el abandono, y otro grupo que fue ubicado directamente en una familia de acogida estable. Todos los niños fueron adoptados antes de los 15 meses de edad y habían vivido en familias estables desde la adopción.

Los niños en acogimiento familiar presentaron más problemas conductuales que los niños del grupo de comparación, pero significativamente menos problemas conductuales que los niños institucionalizados, lo que pone de relieve la importancia crítica de contar con oportunidades para desarrollar relaciones tempranas de apego, incluso cuando dichas relaciones hayan duradomenos de 15 meses.

Resultados del estudio basado en una intervención breve (Fostering Relationships)

El quinto artículo, de Burtch et al. (2025), introduce un estudio piloto basado en una intervención breve, Fostering Relationships, dirigida específicamente a niños en acogimiento durante las visitas en los Estados Unidos. Burtch et al. sostienen que las visitas están inicialmente concebidas para proporcionar a los niños —separados de sus padres biológicos y ubicados en familias de acogida— un contacto continuado con sus progenitores. Sin embargo, en la práctica, las visitas pueden verse complicadas por las conductas confusas y variables que los niños manifiestan durante la reunificación.

Los autores evaluaron la eficacia de la intervención mediante estudios de caso individuales, comparando a los niños que recibieron la intervención con padres del grupo control. Esta intervención breve ayuda a: a) preparar a los progenitores biológicos proporcionando comprensión sobre posibles conductas confusas (defensivas) del niño y subrayando la importancia de seguir la iniciativa del menor durante las interacciones; b) empoderar a los padres de acogida para ofrecer ánimo y orientación en tiemporeal a los progenitores biológicos; y c) ayudar al niño a experimentar visitas generalmente menos estresantes y más positivas. Los resultados preliminares muestran que los padres biológicos que recibieron esta intervención siguieron la iniciativa de sus hijos con una frecuencia significativamente mayor que los padres del grupo control, lo que indica que esta intervención puede ser prometedora para mejorar las visitas. No obstante, los resultados deben interpretarse con cautela debido al tamaño muestral muy reducido. Aun así, incluso la mejora más modesta en el sistema de acogimiento familiar de Estados Unidos —que afecta a cientos de miles de niños— debe ser bienvenida.

¿Cómo pueden los clínicos ayudar en la recuperación de familias que han experimentado no solo la separación, sino también traumas complejos y multinivel?

Aunque la literatura deja claro el daño causado por la separación, quisimos cerrar este número especial con una nota de esperanza. En consecuencia, el sexto y último artículo, de Jones Mason et al. (2025), aborda la cuestión crucial que surge tras la reunificación familiar: ¿cómo pueden los clínicos ayudar en la recuperación de familias que han experimentado no solo la separación, sino también traumas complejos y multinivel?

Este artículo revisa brevemente décadas de investigación que ponen de relieve las graves consecuencias de la separación familiar repentina sobre diversos resultados en la salud infantil. A continuación, presenta tres estudios de caso que utilizan la Psicoterapia Niño/Padre (Child/Parent Psychotherapy, CPP), una intervención basada en la evidencia y centrada en la relación, cuyo objetivoes fortalecer la confianza, la responsividad y la sintonía dentro de la relación de apego.

La CPP se utilizó con familias que se habían reunificado tras separaciones en la frontera de los Estados Unidos. En estos casos, el uso de CPP difirió del modelo tradicional, ya que se incluyó a niños de mayor edad en el proceso terapéutico. Además, la CPP reconoce la importancia de garantizar la seguridad y la protección de la familia, lo que requiere colaboración con trabajadores sociales, gestores de casos y abogados.

El artículo también ofrece recomendaciones para clínicos, proponiendo intervenciones informadas por la relación con familias quehan experimentado trauma tanto en sus países de origen como tras la separación en sus países de acogida. Una conclusión clave es que estas familias suelen enfrentarse a traumas extremos antes de llegar a la frontera, como presenciar o sufrir tortura, violación, asesinato o la pérdida violenta de seres queridos, ya sea en su país de origen, durante el trayecto hacia los Estados Unidos, o en ambos contextos.

En consecuencia, la atención clínica puede necesitar proporcionarse sin restricciones rígidas de tiempo. Asimismo, puede ser necesaria una colaboración interdisciplinar adicional con profesionales de ámbitos como el derecho y el trabajo social para garantizar la eficacia del tratamiento. La atención informada por el trauma resulta, por tanto, esencial.

Los autores también subrayan que este enfoque debería integrarse en todas las instituciones que interactúan con estas familias. Finalmente, el artículo destaca que la forma más eficaz de abordar la separación familiar es prevenirla desde el inicio y ofrece varias sugerencias para adoptar políticas migratorias más centradas en la familia.

De una u otra manera, los autores que contribuyen a este número especial dejan claro que la investigación y la práctica deben resistir activamente la fractura o brutalización de las familias.(que no es otra cosa que  la deshumanización y normalización de la violencia en el entorno doméstico, a menudo exacerbada por conflictos, exclusión social o desequilibrios de poder patriarcal que incluyen maltrato físico, psicológico, abuso sexual y separación forzosa de menores). Bowlby viajó por todo el mundo recopilando información de múltiples países y escuchando a otros investigadores y clínicos sobre el impacto de la separación forzada en los niños, aunando años de trabajo para articular una de las teorías del desarrollo más influyentes de la historia.

La revisión de la literatura realizada por Constantinescu et al. informa de que el impacto de la migración parental en los llamados “niños dejados atrás” (LBC) es mixto y complejo, pero también aporta un hallazgo de importancia crítica: el impacto de la separación parental por migración económica puede diferir en función de las etapas del desarrollo. Esta información puede ayudara clínicos y responsables políticos a formular planes de intervención y políticas que permitan a los padres permanecer con sus hijos durante ventanas desarrollativas especialmente sensibles.

Winnette y Abramson contribuyen al creciente cuerpo de literatura que demuestra el efecto perjudicial de la institucionalización, incluso en niños adoptados relativamente pronto, así como el efecto protector de una buena atención en acogimiento familiar, orientando a responsables políticos y defensores en la configuración de opciones de tratamiento y ubicación para niños separados.

Eltanamly et al. subrayan que la separación del padre, incluso cuando la madre está presente, también puede producir resultados negativos en el desarrollo, e instan a seguir investigando el impacto a largo plazo de la separación padre-hijo. Burtch et al. yJones-Mason et al. detallan cómo las intervenciones clínicas pueden ayudar a las familias a recuperar su sentido de seguridad y a desarrollar relaciones saludables en general.

De especial interés para clínicos y profesionales de la salud resulta una nueva línea de investigación citada por Jones-Mason et al., que identifica una relación entre el tratamiento con Psicoterapia Niño-Padre (CPP) y la mejora de resultados de salud a nivel celular. En conjunto, aunque la prevención de la separación padre-hijo constituye un objetivo compartido, el foco se sitúa también en ayudar a las familias a recuperarse del trauma derivado de separaciones ya ocurridas.

No obstante, en última instancia, debe recordarse un punto fundamental: todos estos estudios reconocen la necesidad de que la sociedad apoye a la familia en su conjunto, reafirmando la antigua pero vigente advertencia de Bowlby —citada por Jones-Masonet al.—: “si una comunidad valora a sus hijos, debe cuidar a sus padres” (Bowlby, 1951, p. 84).

Se espera que los artículos seleccionados en este número especial inspiren a los lectores con nuevas perspectivas sobre la separación. La obra de John Bowlby sobre la separación y el apego, pese a tener más de medio siglo, sigue siendo extraordinariamente relevante. A pesar de los importantes cambios sociales —desde transformaciones políticas y ambientaleshasta la evolución de las relaciones—, las separaciones, ya sean elegidas o forzadas, continúan afectando profundamente a las personas. Esto subraya una vez más el papel crucial de las relaciones de apego ininterrumpidas en la configuración del bienestar.

Cerramos este número especial con un llamamiento a una mayor investigación sobre la separación, ya que existen innumerables poblaciones en contextos diversos a las que aún no hemos llegado y no podemos vislumbrar un final próximo del trauma inducidopor la separación. 

Referencias

Bowlby, J. (1944). Forty-four juvenile thieves: Their characters and home-life. International Journal of Psychoanalysis, 25, 19–53.

Bowlby, J. (1951). Maternal care and mental health. World Health Organization.

Bowlby, J. (1973). Attachment and loss: Vol. 2. Separation: Anxiety and anger. Basic Books. Burtch, E. N., Macera, E., Shauffer,C., Gupta, A., & Dozier, M. (2025). Enhancing visitation in the child welfare system for children separated from their birth parents: Pilot results of fostering relationships. Attachment & Human Development, X, 761–774.

Constantinescu, N., Sandnes, R., & Bacro, F. (2025). The psychological impact of parental work migration and left-behind children in Romania: A literature review. Attachment & Human Development, X, 684–714.

Van der Horst, F., van Rosmalen, L., & van der Veer, R. (2025). The American contribution to attachment theory: John Bowlby’sWHO trip to the USA in 1950 and the development of his ideas on separation and attachment. Attachment & Human Development, X, 662–683.

Eltanamly, H., Mayla, A., McEwen, F., Karam, E., & Pluess, M. (2025). Father-separation and well-being in forcibly displacedSyrian children. Attachment & Human Development, X, 715–735.

Jones-Mason, K., Reyes, V., Noriega, M., & Lieberman, A. F. (2025). Parent-child border separation and the road to repair:Addressing a global refugee phenomenon. Attachment & Human Development, X, 775–810.

Winnette, P., & Abramson, L. (2025). Behavioral problems, dissociative symptoms, and empathic behaviors in children adopted in infancy from institutional and foster care in the Czech Republic. Attachment & Human Development, X, 736–760.

viernes, 5 de diciembre de 2025

Podcast "La adversidad temprana y la importancia de los buenos tratos en la infancia", jóvenes adoptados de Ume Alaia con José Luis Gonzalo, psicólogo.


Podcast


La adversidad temprana y la importancia de los buenos tratos en la infancia


Disponible en Spotify



Jóvenes adoptados de la Asociación Ume Alaia Gipuzkoa


entrevistan a Jose Luis Gonzalo Marrodán, psicólogo.







Un grupo de jóvenes de la Asociación de Familias Adoptivas de Gipuzkoa Ume Alaia me han entrevistado con el fin de dar a conocer la importancia de los buenos tratos a la infancia. También abordamos temas como el maltrato temprano y sus consecuencias, el trauma y la resiliencia y de qué factores depende hacer un buen proceso de adaptación e integración socio-emocional. Al final, se ha convertido en una agradable tertulia donde todos y todas hemos participado y hemos compartido nuestros puntos de vista: ellas y ellos como jóvenes adoptados y, por mi parte, desde la óptica de un profesional conocedor del tema y que ha vivido y compartido muchas historias en psicoterapia con niños/as y jóvenes como ellos/as. 


Ha sido un verdadero placer, felicito a estos jóvenes por esta iniciativa y les animo a seguir dando voz a la adopción y a sus experiencias. 


Os dejo el objetivo de la sesión y un resumen de los contenidos que os podéis encontrar en el podcast, explicado por los mismos jóvenes. 


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Objetivo: reflexionar sobre los buenos tratos que necesitamos en la infancia.

Jose Luis Gonzalo Marrodán es el creador del blog Buenos tratos donde recopila recursos y materiales sobre este tema que necesitamos en la infancia. 

Muchos de nosotros, como personas adoptadas, hemos sufrido malos tratos en nuestra infancia.

A través de la conversación con Jose Luis, analizaremos cómo afectan esos tratos a nuestra infancia, adolescencia y a lo largo de nuestra vida. Tienen impacto en nuestra autoestima, en la manera de relacionarnos, en como experimentamos el miedo... ¿Lo sabías?

lunes, 7 de abril de 2025

“Para mí lo más importante es saber estar y acompañar en el dolor a la persona”, Fundación Xilema entrevista a José Luis Gonzalo


Entrevista a Jose Luis Gonzalo Marrodán con motivo de 

la celebración de las jornadas "Trauma y reparación"

Fundación Xilema, Iruña, 21 y 22 de febrero de 2025


Resumen del post de hoy


En este “especial jornadas” hablamos con uno de los ponentes que pudimos escuchar en esta sexta edición. Se trata de José Luis Gonzalo, psicólogo y psicoterapeuta, que muchas personas de Xilema ya conocían pues ofreció una formación interna para los recursos de menores de nuestra entidad.

José Luis expuso los “Vínculos resilientes en la reparación del trauma” y precisamente sobre vínculos, trauma y reparación charlamos con él.

Hablas de la importancia de los vínculos en el proceso de recuperación de las experiencias traumáticas. Si tuviéramos que dar un consejo a educadores/as, padres y madres de niños y niñas que han pasado por experiencias traumáticas, qué aspectos te parecen esenciales de cara a esa recuperación?

El principal factor de recuperación es la calidad de la relación que establezcamos con el niño o niña. No sólo centrarnos en las normas y en las consecuencias de sus actos, sino ser capaces de mostrar sensibilidad, despertar confianza y seguridad, respetándoles, promover diálogos mentalizadores (activar la capacidad de reflexión), volver a empezar con ellos siempre y no abandonarlos y hacerlos sentir que no los queremos o rechazamos. La aceptación incondicional (independientemente de su raza, sexo, conducta, temperamento, religión...) es el factor que se ha comprobado en las investigaciones que favorece un proceso resiliente a largo plazo. Los adolescentes necesitan sentir que sus esfuerzos son valorados y su persona siempre considerada. La relación de confianza y de seguridad nunca debe de romperse y ha de preservarse siempre. Esto junto con proveer al adolescente de recursos externos e internos. “Dame un punto de apoyo y moveré MI mundo”, dicen Gema Puig y José Luis Rubio, psicólogos.

Los autores, reputados expertos en resiliencia, han reunido en este libro las herramientas que cualquier Tutor de resiliencia necesita para acompañar a sus pacientes en el proceso resiliente. El libro consta de dos partes: En primer lugar, arranca con un relato ameno y en estilo novelado donde se muestran ejemplos, reflexiones y vivencias de los tutores de resiliencia que pueden ayudar a otros tutores a entender a sus pacientes y afrontar mejor las realidades que se encuentran. En la segunda parte del libro los autores exponen los conocimientos teóricos necesarios para desempeñar este oficio

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¿Y a las personas que han padecido estas experiencias traumáticas?

Si tuviera que dar un consejo a personas que han pasado por experiencias traumáticas les diría lo primero que merecen todo nuestro reconocimiento y nuestra empatía por la injusticia sufrida. Me parece que lo más importante es evitar la soledad y el aislamiento, porque las heridas de los traumas difícilmente se sanan en soledad. Que encuentren a una persona en la que puedan confiar y se puedan apoyar. También les aconsejaría que si hacen terapia elijan a psicólogos que estén especializados en este tema y que tengan un formato de terapia donde la relación terapéutica sea lo fundamental. Lo mismo que el trauma se genera en un contexto relacional, se repara también en un contexto de personas buenas y solidarias. También les animaría a cultivar la bondad amorosa hacia ellos mismos: todo lo que ahora manifiestan son recursos que tuvieron que utilizar para resistir y sobrevivir. Un cambio de mirada hacia uno mismo es fundamental.

Foto: Yogi Tea


Como profesionales, ¿cómo nos acercamos a una persona que ha padecido experiencias dolorosas? ¿Qué consejos nos darías?

Para mí lo más importante es saber estar y acompañar en el dolor a la persona. En general nos orientamos mucho hacia la solución de problemas, olvidándonos que la mayoría de las veces las personas no necesitan que les digamos lo que tienen que hacer, sino que las escuchemos con receptividad empática y estemos con ellos a su lado, ayudándoles, estando presentes, a atravesar el dolor emocional y las situaciones adversas de la vida.

¿Qué tal la experiencia en estas VI Jornadas de Protección a la Infancia y Adolescencia? ¿Qué te parecieron las jornadas?

Me han parecido una maravilla, una variedad de temas y un nivel muy alto en los profesionales que han participado. Unas jornadas con rigor científico, pero a la vez experienciales y sentidas. Felicito a todo el fenomenal equipo de Xilema por estas jornadas.


Xilemanario Especial VI Jornadas

https://mailchi.mp/57030686a52d/xilemanariojornadas2025

Enlace a la entrevista

https://www.xilema.org/xilemanario/202503_entrevistajoseluisgonzalo.pdf

 

lunes, 24 de marzo de 2025

Cuidados y apegos desorganizados, por José Luis Gonzalo


Cuidados y apego desorganizado

Artículo elaborado  por Jose Luis Gonzalo Marrodán, Psicólogo clínico y 

Traumaterapeuta sistémico, en base al libro:


Vídeo resumen del post de hoy:


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Estoy leyendo el libro de Carol George Disorganized Attachment and Caregiving. Esta investigadora del apego es reconocida internacionalmente por estar a la vanguardia del desarrollo de evaluaciones de apego para niños y adultos, incluidas la Evaluación Proyectiva del Apego con el Juego de Muñecas, la Entrevista de Cuidados y la Entrevista de Apego para Adultos. La Dra. George es autora de numerosos artículos de investigación y capítulos de libros sobre el apego y el cuidado de adultos y niños, y es coeditora, junto con Judith Solomon, del libro que os menciono.

Recientemente he visto la serie La Mesías, (creada, escrita y dirigida por Javier Ambrossi y Javier Calvo), aclamada por crítica y público, que retrata la historia de una familia -basada en hechos reales- marcada por el fanatismo religioso y el yugo de una madre y un padre con delirios mesiánicos. La trayectoria de la protagonista, Montserrat Baró, una joven con historia traumática de maltrato y abuso sexual, resulta muy interesante desde una óptica científica y profesional, quien tras dejar de lado a su pareja -que también la maltrataba a ella y abusaba de uno de sus hijos- lleva una vida caótica, desorientada, sin poder cuidar y ser base segura para sus niños, de fiesta en fiesta y consumiendo sustancias, exponiendo a los niños a experiencias inseguras y atemorizantes con adultos desconocidos. Va con sus hijos a todos los lados sin protegerles de los ambientes tóxicos y traumáticos en los que ella se desenvuelve, ni de sus cambiantes e intensos estados de ánimo. Esta madre, muy sola, desregulada, termina por conocer en una discoteca a un hombre que inicialmente no usa su cuerpo como si fuera una prostituta y la respeta. Pero... este señor la lleva con él para que formen una familia reconstituida -algo que buscan todas estas personas carenciadas, alguien que se haga cargo de ellas-, volviendo a ser victimizada: la impone ideas religiosas extremas propias de un fanatismo religioso. Montserrat (por necesidad y sumisión) vive para servir al marido y tener muchos hijos -sin ni siquiera planificar si desea o no tenerlos-, por lo que este estrés sostenido acaba por afectarla psicológicamente -es una persona previamente dañada- y desarrolla un trastorno psicótico. Cree que es la nueva Mesías de Dios... Y hasta aquí cuento, porque la serie es mucho más. Podríamos dedicar mucho tiempo a hablar, por ejemplo, de los recursos de supervivencia que desarrollan estos niños en ese contexto familiar dañino, entre ellos a cantar, coser y hacer películas.

De la serie, me han gustado muchas cosas. Destaco lo bien caracterizado que está el impacto que el trauma en el desarrollo tiene en dos de los hijos de esta familia, ya de adultos, cuyo pasado volverá a ellos y tendrán que afrontarlo, para poder ayudar a sus hermanos. El chico protagonista, el mayor, es un perfil en que el trauma complejo se expresa en la conducta desregulada, en las dificultades para contener la agresividad, en los consumos de sustancias, en la vida caótica y desorientada, en los problemas para mantener vínculos estables. En cambio, la semblanza de la joven protagonista es un perfil más adaptado socialmente y más esperado en el género femenino: perfeccionista, exigente, rígida, con sintomatología más interiorizada, pero igualmente de atormentada que su hermano.

Os dejo un trailer, y os animo a que la veáis, quienes no lo hayáis hecho. Es una serie realmente muy bien creada desde todos los puntos de vista. 




Viendo la serie, los personajes de los padres me han parecido que responden al perfil de cuidadores desorganizados que fomentarían, valga la redundancia, la desorganización del vínculo de apego de sus hijos. La propuesta de Carol George para explicar por qué se produce esto me ha parecido muy interesante y útil para nuestro trabajo, pues a menudo tenemos que relacionarnos y hacer terapia u otra forma de acompañamiento con estos padres y madres. 

Carol George nos dice que los padres deben permanecer atentos en la detección de los peligros reales y potenciales para poder responder a las necesidades del niño y las demandas de la situación. Ser madre y ser padre, a nadie se le escapa, es una de las tareas más complejas, arduas y difíciles a la que nos enfrentamos y para la que menos preparación y ayudas existen. Casi todo el mundo mira consciente o inconscientemente a lo que hicieron con ellos, y de no mediar un proceso reflexivo, si esto que hicieron conmigo devino en representaciones mentales segregadas no elaboradas, por su carácter traumático, tenemos el riesgo de transmitirlo de manera que repita dicho trauma con los hijos, de la misma forma o de otra, pero dañina también (por ejemplo, en vez de maltratar a los niños, hiperprotegerlos).

Además de cuidar sensible y empáticamente, fomentando un apego seguro, el sistema de cuidados debe de compensarse de acuerdo con las demandas de otros sistemas motivacionales de los adultos, incluyendo relaciones con amigos (sistema afiliativo), sexuales (sistema sexual), trabajo (sistema exploratorio) y lo más importante las propias necesidades de los padres de confort y cuidados.

Bowlby (1980) nos introdujo el concepto de modelo interno de trabajo. "Los modelos operativos internos son mapas cognitivos, representaciones, esquemas o guiones que un individuo construye de sí mismo, sus figuras de apego y la relación entre uno y otro. Los modelos operativos internos constituyen redes de esquemas organizados jerárquicamente y en interrelación. Representan un conjunto de información relacionada con experiencias de apego previas, almacenadas en forma de recuerdos episódicos, semánticos y procedimentales. Están vinculados a estados emocionales" (Marrone, 2018). Por ejemplo, el modelo operativo de Montserrat de la ficción La Mesias, ¿qué podría contener? En la serie no se ahonda en esto, pero se atisba que podría ser un mapa representacional de sus figuras de apego como distantes, no responsivas, que abandonan. Montserrat podría haber desarrollado unas creencias nucleares de este tipo: “no soy querible”, “no valgo” y “soy abandonada”, cargadas de emociones intensas de vergüenza y angustia y con unas sensaciones corporales dolorosas; en su procedimiento está actuar la negligencia que ella sufrió, por lo que se descuida a sí misma y en consecuencia a sus hijos. Por lo tanto, el modelo interno de trabajo del cuidador refleja la intersección de diferentes experiencias relacionales, incluyendo las experiencias pasadas y presentes como niño y las propias experiencias con las figuras de apego.

¿Qué nos dice Carol George? Los estudios científicos han demostrado vínculos entre las representaciones maternas (cuando decimos maternas nos referimos a quien haga esa función también) y la sensibilidad al niño, sugiriendo que esta sensibilidad representada mentalmente puede ser un importante mecanismo en la transmisión de los patrones de apego a lo largo de generaciones. Lo importante sería valorar estas representaciones a familias de alto riesgo y ofrecerles apoyo y programas de actuación psicoeducativos conducentes a trabajar las competencias parentales (Barudy y Dantagnan, 2010). Es decir, movernos en el ámbito de la prevención primaria y no la secundaria. 

Carol George afirma que son madres o cuidadores que parecen haber abdicado psicológicamente del rol de cuidadoras o están luchando sin éxito para mantener el control y dar protección. El cuidado está invertido –literalmente, desorganizado- y mina la habilidad de la madre para llevar la función protectora de la relación de apego-cuidados.

¿Por qué estas madres o padres no tienen conciencia de problema? George refiere que son procesos excluyentes que funcionan para aislar experiencias dolorosas relacionadas con el apego y apartar las emociones de la conciencia: patrones específicos que conforman conductas de apego unido a los deseos, pensamientos, modelos de trabajo y memorias personales integradas en ellos. Las representaciones y emociones dolorosas se disocian, quedan en un estado del yo separado que no conecta con lo que ocurre, o usa mecanismos de defensa para negarlo, proyectarlo o minimizarlo. George dice que los sistemas segregados mantienen un self representacional separado que es rígidamente barrido de la conciencia y por lo tanto bloquea los procesos de integración de los pensamientos que se requieren para mantener integrada la conducta de apego y la representación del self. 

Por lo tanto, no pueden ser coherentes entre lo que dicen y luego hacen, su mentalización puede ser pseudo, con posibles discursos cognitivos sobre lo que se debe hacer, pero no estar verdaderamente integrado, unido en una representación coherente donde pensamiento, emoción y conducta estén en congruencia. Fue Bowlby (1980) quien habló de los sistemas segregados, los modelos actuales le dan la razón.

Como le ocurre a la protagonista de La Mesías, Montserrat, la desorganización de los cuidados sería un duelo referido a la pérdida o el abuso no resuelto por el cuidador.

El primer mecanismo que desorganiza el apego de un niño es la representación disociada relacionada con estados de mente no resueltos. Lyons-Ruth y colegas ven el origen de la desorganización como representaciones no integradas de maltrato y caracterizadas por estados de mente relacionados con experiencias pasadas. Dichas experiencias son: conductas impredecibles fuera de control para el niño (padres con consumos, como en La Mesías) Lyons-Ruth y equipo han descubierto que una madre que no ha sido protegida de esas experiencias presenta miedos segregados que contribuyen a la desorganización su sistema de cuidados y deviene en imposibilidad de cuidar a su propio hijo. 

¿Cómo se detecta en la entrevista? Se identifica durante la entrevista cuando las descripciones de las madres sobre los cuidados son inundados por la angustia o el miedo y abrumados por sentimientos de vulnerabilidad, inadecuación y estar fuera de control. Hay dos subtipos de cuidadores: DESREGULADOS Y CONSTREÑIDOS.

En el subtipo desregulado, la madre o cuidador retrata al niño como su adversario, como un “demonio” cuya conducta maliciosa es incontrolable. El cuidado de estos niños puede ser tan complicado que estas madres figurativamente e incluso literalmente tiran la toalla, abdicando de su función o se vuelven confrontadoras. Son altamente emocionales y definen a sus hijos de manera crítica y hostil. Hay mecanismos de identificación proyectiva claros y entrada en estados de mente prementalizadores, como el de equivalencia.

Se manifiesta por interrupciones abruptas de la madre no respondiendo a la entrevista o no implicándose en el tema planteado por el entrevistador. La madre se queda como “en blanco”.

La desregulación emocional tiende a darse en cuidadores que
perciben a los niños como "maliciosos"


En el subtipo constreñido, sucede como un bloqueo defensivo ante memorias y afectos que de otro modo resultarían dolorosos o amenazantes de describir. Este bloqueo puede ser disociativo, pero no necesariamente. Estas madres definen a los niños como "ángeles", un niño perfecto que no parece necesitar los cuidados de estas. También pueden ver a los niños como un apéndice del self de ellas. La capacidad de “cuidar” de estos niños es vivida de una manera muy positiva, como una gran cualidad de los niños, al contrario que los primeros. 

En consecuencia, bien por desregulación o por constricción supone que la meta recíproca del sistema de cuidados y del apego está desequilibrada y en un estado de ruptura. La madre y el niño están atrapados en un ciclo de abandono mutuo, aislamiento y soledad que, visto desde un sistema de cuidados, constituye la experiencia humana más aterradora.

La desorganización está asociada con un fallo de la madre para reestablecer la sincronía emocional seguido de cambios hostiles y disruptivos que perturban la comunicación y la interacción.

Los patrones de interacción disruptiva han sido observados como característicos de las díadas controladoras madre/hijo en los años preescolares y en la mitad de la infancia. 

Las madres de los niños controladores se ha observado que son más disruptivas, conflictivas, no involucradas y hostiles que las madres cuyos hijos tienen un apego seguro. Detrás de estos perfiles de niños que suelen ser diagnosticados de TDAH o trastorno de conducta se pueden encontrar apegos desorganizados, por lo que la mirada sistémica y comprensiva del niño en su contexto, a la hora de evaluar y tratar, es fundamental, porque si no sólo señalaremos a la persona menor de edad con una etiqueta diagnóstica y no abordaremos la raíz del problema. 

Bowlby ya enfatizaba que el cuidador, la figura de apego, debe de asumir un rol que lo sitúe en ser más mayor, sabio y poderoso que el niño. Es fundamental, entonces, el apoyo y promoción de las competencias y la resiliencia parental, porque sin estos cuidadores sanos, y más poderosos (en el sentido bueno de la palabra, una autoridad calmada), el desarrollo del niño estará comprometido. 

Hemos de entender que para compensar la desorganización los niños desarrollarán defensas. El control de la relación es la principal. Los niños con apego desorganizado usan estas defensas para bregar con emociones de abandono o maltrato que son terribles. Por eso las defensas controladoras parecen ser esfuerzos desesperados que el niño hace para poder reestablecer la relación protectora cuidados/apego, especialmente cuando el sistema de apego es activado y el niño se siente aterrorizado, vulnerable o en riesgo de abandono.

El niño con estrategias más punitivas está librando una batalla en la que se se baten madre e hijo por el poder. De este modo la señal que se le lanza es que no está siendo abandonado.

El niño con estrategias más cuidadoras es el niño que nutre a la madre con el fin de recuperarla para que haga su rol cuidador.

REFERENCIAS

Barudy, J. y Dantagnan, M. (2010). Los desafíos invisibles de ser padre o madre. Manual de evaluación de las competencias y la resiliencia parental. Barcelona: Gedisa.

Bowlby, J. (1980). Attachment and loss. Vol. 3. Loss: Sadness and depression. New York: Basic Books. 

Marrone, M. (2018). La teoría del apego y el psicodrama. Clínica Contemporánea, 9 (2), E11.