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jueves, 14 de noviembre de 2024

Celebramos la 4ª Edición del libro "Vincúlate. Relaciones reparadoras del vínculo de apego en niños adoptados y acogidos", revisada y ampliada.

 

Vincúlate. Relaciones reparadoras del vínculo en niños adoptados y acogidos

¡¡Alcanza su 4ª Edición!!

Y celebramos el décimo aniversario de su publicación

Con una edición renovada y ampliada

(DISPONIBLE EN E-BOOK)

Para adquirir el libro, haz click aquí

Portada de la 4ª Edición de Vincúlate


PRÓLOGO A LA 4ª EDICIÓN

Es un motivo de alegría y satisfacción presentaros esta cuarta edición de “Vincúlate”, revisada y ampliada. Han pasado ya diez años desde que este libro vio la luz y he considerado que había llegado el momento de darle un repaso a lo que escribí en el año 2015. Si bien es cierto que los contenidos siguen vigentes, hay nuevas propuestas que, lógicamente, han sido desarrolladas durante estos años y que he tratado de recoger en esta revisión que le he dado al libro.

Las novedades que incluyo son las siguientes:

He incorporado -cuando hablamos del impacto del entorno y de las relaciones en el desarrollo del niño y del apego-, dentro del paradigma de la epigenética, la referencia a las inestimables y últimas aportaciones de mi amigo y colega Rafael Benito, plasmadas en su nuevo libro “Cerebro moldeando cerebros. Cómo las relaciones interpersonales guían la evolución del cerebro infantil y adolescente desde el nacimiento”, disponible en esta misma editorial. En su momento, sólo consignamos las formulaciones del autor Cozzolino. 

Además, he incluido, dentro de las competencias necesarias para el ejercicio de la parentalidad terapéutica, el modelo de la mentalización y los instrumentos que utilizamos dentro de la Traumaterapia sistémica de Barudy y Dantagnan para evaluarla. 

Los enlaces a los vídeos estaban desfasados y se han corregido. He añadido, además, links a nuevos vídeos que pueden ser necesarios para favorecer que al aprendizaje le acompañe una vivencia emocional que contribuirá a que se grabe en la memoria, porque los componentes visuales y auditivos son importantes en este proceso. 

Con respecto a los contenidos relacionados con la teoría del apego, me ha parecido necesario exponer la definición -citada por Mario Marrone, psiquiatra, discípulo de Bowlby y fundador de la International Attachment Network- que explica lo que por apego entiende John Bowlby, a sabiendas de que el término, dada su popularidad, puede desvirtuarse y perder su auténtico significado. 

He añadido lo que John Bowlby considera -aunque es del año 1953 es asombrosamente actual- sobre las separaciones de la figura de apego. Lo he complementado con los nuevos estudios del psiquiatra experto en trauma Bruce Perry, que otorga gran importancia a los primeros tres meses de vida, donde, a menudo, los bebés son adoptados o acogidos. Qué ocurre en este periodo es fundamental, algo que no teníamos, probablemente, tan claro como lo que acontece en los meses que se han considerado cima del apego (seis a veinticuatro meses).

Además, he agregado la revisión del concepto de apego desorganizado, con la propuesta de Ignacio Serván, que plantea una mirada dimensional y desde el desarrollo, menos constreñida y más rica. Podéis aprender más sobre ello si os acercáis a su libro “Desorganización del apego”, publicado también por Desclée de Brouwer. 

Los instrumentos para evaluar el apego en niños y adolescentes han sido actualizados. 

En la parte del libro dedicada a la intervención, me ha parecido necesario y útil ofreceros -para todas las familias que tienen niños acogidos o adoptados de disposición desorganizado-controlador- las pautas de la parentalidad terapéutica desarrolladas por mi amiga y colega Maryorie Dantagnan, porque viven situaciones de crianza complicadas y prolongadas. Estos niños no pueden abrirse inicialmente al amor y a los vínculos afectivos y requieren de mucho más trabajo, paciencia y perseverancia. 

En el apartado que nos centramos en las propuestas focalizadas en la intervención en el ámbito escolar, he querido que estéis actualizados y conozcáis el movimiento -muy desarrollado en Estados Unidos y que aquí está llegando- de las escuelas sensibles al trauma. 

Finalmente, he añadido un anexo con los enlaces a las conferencias en YouTube más interesantes de prestigiosos colegas en el ámbito de la parentalidad, el apego, el trauma y la resiliencia: Jorge Barudy, Maryorie Dantagnan, Rafael Benito, Arturo Ezquerro, Mario Marrone, Cristina Herce, Iciar García y servidor de ustedes.

Algunas de estas novedades se desarrollan más en el texto y otras se mencionan con la correspondiente referencia bibliográfica, a sabiendas de que esta cuarta edición es una revisión y no un nuevo libro, que, a la larga, dada la fenomenal acogida que este ha tenido, no descarto escribir.

Quiero despedirme agradeciendo, desde la felicidad de mi corazón, por todo lo bueno que “Vincúlate” ha llevado a las familias y profesionales. Libros sobre la teoría del apego hay muchos y más completos, además. Pero libros que lleven dicho conocimiento a las familias y profesionales que adoptan, acogen y/o trabajan con personas menores de edad que han vivido adversidad temprana, no hay tantos. Me siento realizado y feliz de la vida por los innumerables mensajes, llamadas y correos de agradecimiento que me habéis enviado durante estos diez años, donde me contáis que este libro os ha cambiado la mirada sobre vuestro niño y la forma de relacionaros con él, y que ¡ojalá lo hubiera escrito antes! No puedo recibir mejor compensación. Espero que “Vincúlate” pueda seguir haciendo esta labor transformadora, y que dentro de otros diez años podamos celebrar otra nueva revisión. 

Gracias de todo corazón / Eskerrik asko bihotz-bihotzetik.

José Luis Gonzalo Marrodán

Psicólogo Especialista en Psicología Clínica

Traumaterapeuta Sistémico – Red Apega de profesionales


lunes, 16 de octubre de 2017

Programas de formación on line para la capacitación de educadores de centros de acogida y de familias de acogida, a través de la Fundación Fairstart de Niels Peter Rygaard.

Como ya sabéis los que seguís habitualmente el blog Buenos tratos, Niels Peter Rygaard estuvo en San Sebastián, el pasado fin de semana del 6-7 de octubre, y nos habló del trastorno del apego y de los programas de formación que a través de la Fundación Fairstart promueve en el mundo, los cuales capacitan profesionales para que realicen un cuidado de calidad y reparador de las alteraciones del apego. A través de Fairstart, forma on line a educadores que trabajan con menores institucionalizados y también a los que trabajan con familias de acogida. Sus programas de capacitación están en lengua inglesa pero existe un proyecto (el próximo 2018) para que puedan impartirse en español.



A todas las instituciones, hogares de acogida, profesionales que trabajan con familias de acogida, adopción... de América Latina y España os interesará mucho conocer estos programas de capacitación que pueden hacerse vía internet. De hecho, en San Sebastián fueron muchas las personas que preguntaron por los mismos. Sabiendo del interés existente, y como el blog es muy seguido también en países de América Latina, Niels Peter Rygaard se comprometió conmigo a grabar este vídeo en castellano y la información escrita que tenéis a continuación, hacérmelo llegar y publicarlo. Aquí lo tenéis. Entre todos podemos mejorar las condiciones de vida de miles de niños/as en el mundo, es el mensaje de Niels Peter Rygaard.


Niels Peter Rygaard desarrolla en su libro
cómo debe ser el cuidado de los niños/as
víctimas de abandono y que presentan
trastorno del apego. 
Texto: Niels Peter Rygaard

CÓMO UNIRSE A LAS CLASES DE INSTRUCTOR DE FAIRSTART

Las organizaciones y los profesionales pueden capacitar a un gran número de cuidadores en la atención de alta calidad para niños y jóvenes, ¡usando los programas de entrenamiento FAIRSTART en español!

Miles de niños y jóvenes reciben cuidados. La necesidad de capacitar a muchos cuidadores en la atención basada en el apego es abrumadora y un desafío para las ONG y los profesionales.

La Fundación Fairstart ofrece clases internacionales de instructores en línea (on line)

Durante cuatro meses, los participantes estudian juntos en el aula virtual, y cada instructor entrena a un grupo de cuidadores cara a cara. La capacitación se basa en los programas gratuitos de capacitación en línea de Fairstart. El idioma en las clases de instructor es el inglés, los programas de entrenamiento utilizados por los instructores se encuentran en muchos idiomas locales.

Adaptamos las sesiones de capacitación a las culturas y circunstancias locales.

Las enseñanzas de los instructores se adaptan especialmente a los gobiernos, los profesionales y las ONG que necesitan una solución económica que genere resultados positivos tanto a corto como a largo plazo. La educación es de bajo costo, fácil de usar y orientada a la práctica. Lo más importante es que se alienta a todos los participantes a ser co-diseñadores que agreguen sus propios conocimientos a su formación.

LOS INSTRUCTORES PUEDEN ENTRENAR PERSONAL DE INSTITUCIONES

O GRUPOS DE FAMILIAS DE ACOGIDA:

ACERCA DE LA EDUCACIÓN DEL INSTRUCTOR DE CUIDADO EN INSTITUCIONES

Nuestra instrucción de instructores de cuidado de grupo es para instructores que pueden entrenar a personal de orfanato, hogares de grupos pequeños, o cuidadores de grupos de niños refugiados. Esto ha dado lugar a un notable progreso en el comportamiento social de los niños y ha mejorado la cooperación entre el personal y los líderes. Este video de información tiene subtítulos en español (solo haga clic en este símbolo en el video cuando abre el enlace): 


EL PROGRAMA DE CAPACITACIÓN PARA EL CUIDADO EN INSTITUCIONES ESTARÁ EN ESPAÑOL

Fairstart y Esther Díaz Jiménez han colaborado en el desarrollo de una versión en español del programa de capacitación grupal, utilizado por los instructores. Si diez instructores de habla hispana que también hablen inglés se inscribiesen para la instrucción del instructor, podemos dar la bienvenida a todos los países y organizaciones en una clase de instructores en enero de 2018.

Si usted o su organización está interesada, por favor envíenos un correo electrónico a info@fairstartfoundation.com antes del 15 de noviembre.

VEA LOS PRIMEROS DOS MÓDULOS DE CLASE DEL INSTRUCTOR

Puede estudiar los dos primeros módulos de clase de instructor aquí:


Regístrese con su correo electrónico e invente su propia contraseña, luego haga clic en "Registrarse" y seleccione la versión "Demo gratuita". Haga clic en "Curso" en el menú.

También puedes ver los comentarios de Elena Borrajo después de graduarse:


UN FUTURO PROYECTO:

EDUCACIÓN DE INSTRUCTORES PARA ENTRENAR GRUPOS DE FAMILIAS DE ACOGIDA

Debido a la decisión de las Naciones Unidas de 2009 de desinstitucionalizar los sistemas de cuidado infantil, también existe una creciente necesidad en los sistemas de familias de acogida de una educación de alta calidad y bajo costo para mejorar las condiciones de vida de niños y jóvenes en hogares de guarda. Para cumplir con este desafío global, Fairstart Foundation lanzará una nueva educación internacional en línea para instructores de cuidado en familias de acogida temporal, en enero de 2018.


Para comenzar, la educación del instructor de familias de acogida y el programa de capacitación estarán en inglés.

Gracias a la Fundación Lightshine y a profesionales españoles, actualmente estamos trabajando para crear también un programa de instrucción para educadores de hogares de habla hispana. Pero Fairstart no es una empresa, es una fundación. Nuestro trabajo es financiado por otras fundaciones y asociaciones.

Esperamos poder presentar en agosto de 2018 una versión en español de la formación del instructor y de los programas de capacitación por entrenar grupos de familias de acogida.

Mientras tanto, usted es bienvenido a inscribirse en enero de 2018 para la educación de cuidado de crianza en inglés, y utilizar el programa de entrenamiento de crianza temporal en inglés.

Nuestros mejores deseos del equipo en www.fairstartfoundation.com en Dinamarca a todos nuestros amigos españoles.

Respecto a las tasas, hay un descuento por inscripción individual del 25% En este enlace pueden verlo:

http://www.fairstartinstructor.com/courses/course-v1:FairstartFoundation+CIE101+2016/about
Así pues, si una persona se inscribe, el precio son 750 dólares USA

Si un grupo de seis o más personas se inscriben, además hay un descuento adicional.

Cooperemos para mejorar las vidas de niños y jóvenes en cuidado.

lunes, 6 de marzo de 2017

Adopción y acogimiento: lo que no debemos hacer como cuidadores y lo que sí debemos hacer (I)

Aunque cada vez son más los padres, madres y acogedores conscientes de la necesidad de formarse y reflexionar sobre la propia historia de vida, nuestras figuras de apego tempranas, el modo en el que vinculamos con ellas y si fueron base segura o no, cómo nos educaron y ejercieron la autoridad, etc. no obstante observo con preocupación que existe una tendencia arraigada a utilizar determinados modos de relación y estilos de crianza que resultan perjudiciales en la educación de todo niño/a. Y en la de los/as menores adoptados y acogidos, aún lo son más. Porque no olvidemos que un porcentaje significativo de estos menores creció en un entorno temprano caracterizado por ausencia de figuras de apego el tiempo suficiente como para crear un vínculo con las mismas, o el vínculo de apego que se creó fue severamente perturbado porque dichas figuras adultas -de las que dependían y a las que tenían que apegarse sí o sí- les maltrataron o abusaron sexualmente. 



https://www.youtube.com/watch?v=KU_-nwcJjV4

Como explica Peter Fonagy en esta secuencia de vídeo (ya siento que esté en inglés, pero no lo encuentro en castellano) el infante activa el sistema de apego hacia los cuidadores que le maltratan pero es nuevamente dañado por lo que debe de activar simultáneamente el sistema de defensa (huir, atacar o si como la mayoría de las veces es imposible entonces disociarse, esto es, se produce una desconexión de los procesos mentales y los contenidos traumáticos son segregados) Por ello, explica Fonagy (es lo que viene a decir en este vídeo) la capacidad de reflexionar sobre la mente del otro se inhibe tempranamente. "¿Han oído la expresión el amor es ciego?"- Dice Fonagy en el vídeo. Esta es una de las hipótesis por la cual estas personas se embarcan en relaciones posteriores de carácter tóxico, que dañan a uno mismo y a los demás. No es que carezcan de la capacidad de ver la mente del otro (esto sería más propio de las personas que presentan rasgos del espectro autista, las cuales por factores genéticos principalmente estarían imposibilitados para ver la mente del otro y por lo tanto para la capacidad de mentalizacion) sino que por efecto del maltrato la distorsionan (tienden a atribuir al otro características negativas) 

Por lo tanto, los/as niños/as que los padres adoptivos y acogedores han de criar provienen de experiencias prolongadas de maltrato y/o abandono a edades muy sensibles para la creación de un modelo mental seguro con respecto a las primeras figuras de apego. Un modelo susceptible de modificaciones pero con tendencia a la autoperpetuación que influye en cómo van a ser representados y significados los/as futuros padres adoptivos o acogedores. Aunque comprendo que es muy duro de asimilar por parte de los padres, madres y acogedores, creo que a estos niños/as y jóvenes la familia (la representación de la misma) les genera miedo o sentimientos ambivalentes (quizá sería más correcto) Desde las primeras edades (los 0 y los 3 años, donde predomina la memoria implícita) el conocimiento relacional sobre las figuras de apego primarias (que maltrataron u abandonaron) que registraron en su mente fue estar alerta y recibir unos primeros mensajes sensoriales que indicaban que no se puede confiar en el otro y que ese otro no es seguro sino que además daña. Estas primeras tendencias pueden ser reforzadas posteriormente o bien ser amortiguadas por otras relaciones donde haya habido afecto, seguridad... Esto depende de la suerte que haya podido correr el niño/a en su devenir: años (duración) y tipo de traumatización sufrida, si tuvo la posibilidad de vivir una experiencia de vínculo seguro durante un tiempo con una persona, si fue a una familia de acogida adecuada, si estuvo en un orfanato o no, y si este era de mayor o menor calidad en los cuidados, periodo de la vida en el que estuvo en el orfanato...

Así pues, son niños/as que al llegar a las familias van a activar una serie de defensas, y aspectos que muchos de nosotros/as como los besos, las caricias, la obediencia regular la excitación, decir la verdad la mayor parte de las veces (¡ojo que muchos adultos se quejan de que los/as niños/as mienten pero... ¿los adultos acaso no?), hacer los deberes con confianza y más o menos control de los procesos metales que interfieren, desarrollar y afianzar hábitos... consideramos que deberían aprender en un plazo de tiempo razonable, estos menores no pueden estabilizarlos. Incluso a veces presentan retrocesos en la adquisición de los mismos. Algunos/as de ellos/as tienen un sistema nervioso y un sistema emocional alterado (más preparado para la defensa), un patrón de vinculación afectado (inseguro) un deficiente desarrollo en muchas áreas (a veces hay retraso en las funciones ejecutivas) y una tendencia a no ceder el control fácilmente. 

Comprendo a los padres y madres adoptivos, y a los acogedores. Porque su tarea (incluso para los muy competentes) es ardua, larga, agotadora y a veces poco gratificante. La tarea que estos adultos tienen no sólo es la de educar sino la de reparar lo que otros/as dañaron a nivel de apego y de sistema nervioso central y periférico. No se pueden ver sus lesiones a simple vista pero su cerebro y sistema nervioso están funcionalmente dañados y en algunos casos cuesta muchísimo volver a estabilizarlo y equilibrarlo. 

Muchos de estos padres, madres y acogedores con menores dañados severamente en el apego (con conducta de apego desorganizada y a veces trastorno de apego reactivo) estados disociativos y trauma en el desarrollo tienen un desafío enorme. Por eso desde aquí les animo a que no se queden solos/as y compartan los desafíos de criar a estos niños/as con los recursos existentes (las asociaciones, los profesionales de la salud, los educadores, los equipos de acompañamiento a la acogida...) Es necesario a todas luces proporcionar más formación y recursos terapéuticos a estas familias, dado que hemos de ser conscientes de que los menores están dañados en su desarrollo y en su capacidad vincular, y que (en algunos casos) sanar y hacer un proceso resiliente lleva muchos años, es una carrera de fondo, una maratón, pues el acompañamiento que van a precisar se va alargar en el tiempo con necesidades diferenciales según la edad que tengan, las etapas, los sucesos de vida e experiencias e influencias que experimenten. 

Los niños/as llegan -algunos de ellos/as, hay mucha variabilidad- a las familias con ese sentimiento ambivalente. Winnicott ya lo describió hace muchos años y lo recogimos en este post: inconscientemente, cuando son adoptados o acogidos, nace en ellos/as una esperanza de que al fin pertenecen y tienen una familia que les va a querer y cuidar; pero simultáneamente bulle en los menores la necesidad de odiar porque en su memoria implícita residen contenidos traumáticos (a veces de naturaleza agresiva) que indican que hay que defenderse de la posibilidad de un nuevo abandono; además de que no se fían de los adultos ni se sienten seguros. Por una parte desarrollarán conductas de vinculación pero por otro lado un sistema defensivo está ahí presto para activarse cuando se percibe una amenaza. 

A veces sucede que en la medida que los adultos cuidadores observan a lo largo del tiempo que los menores por ejemplo, no obedecen fácilmente, les retan, no regulan los niveles de excitación, no son capaces -por sus déficits con la permanencia- de afianzar hábitos (en ocasiones es un continuo volver a empezar), parece importarles todo poco, mienten, no estudian, tiene problemas para relacionarse... esto es una diversidad de manifestaciones del daño (en cada niño/a se darán mucho más unas u otras) que acarrean en sus espaldas desde temprana edad, los padres, madres o cuidadores empiezan a agotarse y quemarse y ven que por mucho que pase el tiempo, el niño o niña, su hijo o hija, no estabilizan cambios sustantivos (o los cambios que ellos desean, si desconocen -o no aceptan- que el menor no puede) Las etiquetas que ponen los cuidadores en este proceso afianza aún más al menor, que se aferra a las mismas y actúa conforme a ellas; y llegando la adolescencia, buscan evasiones (u otras defensas) ante el sentimiento de fracaso y culpa por no haber sido el hijo/a o menor esperado. Ante el sistema defensivo del menor, los adultos empiezan a activar su propio sistema de defensa. Comienza una dinámica de reproches, amenazas, castigos, rechazos... El niño/a o joven ha "conseguido" que el adulto actúe su frustración, impotencia y rabia. Puede surgir el sentimiento de odio también en el cuidador. Y comienza a retroalimentarse una dinámica donde el menor cada vez más inconscientemente "provoca" (es lo que sabe y lo único que puede hacer, no es su voluntad) la confirmación de que esos padres o acogedores son "malos", rechazantes, abandónicos... No recuerdan su trauma temprano sino que lo enactuan, lo escenifican "llevando" al adulto a entrar en ese bucle en el que se ve arrastrado, si no es consciente de esto. El niño/a o joven habrá conseguido tocar algún punto ciego de la biografía de los padres. Como dice Ana María Gómez (en su libro EMDR and adjunct approaches with children) los niños/as pueden encender el sol que hay en nosotros con sus actuaciones, o por el contrario activar el nubarrón de nuestra memoria y de lo que contiene con respecto a nuestra historia. Los padres difieren mucho respecto a lo que más les gatilla (dispara) con respecto a los menores: a unos puede ser las dificultades para aprender; pero a otros puede ser el desorden, etc. 




Es en este punto donde las distorsiones del menor -fruto de una mente que no puede integrar ni reflexionar- emergen, encontrando confirmación a sus temores tempranos, desvaneciéndose la esperanza que tenían depositada y de la que ya hablaba Winnicott.

Otras veces, menores que presentan problemas (o trastornos) del desarrollo y de apego tienen a padres o acogedores (poco formados y sin revisar su historia de vida) que desde el principio creen que el menor con voluntad y ganas solucionará todo, y si no lo hace, enseguida le castigan, retiran el afecto, no le calman cuando se desregula, le etiquetan, etc. Gestando una dinámica relacional que reventará probablemente en la adolescencia, donde ya el manejo es mucho más complicado. Los problemas y daños de los menores no son una cuestión de voluntad, y verlo así es muy peligroso. Si un niño/a muestra dificultades o problemas marcados en un ámbito, es que no puede por diversas causas, entre otras el daño que presentan y que no se reconoce socialmente.

Precisamente por todo esto, todos/as los/as padres, madres, profesionales... estamos llamados a revisar nuestra propia infancia: nuestros modelos de apego, nuestra dinámica familiar relacional, los estilos de crianza que aprendimos, los traumas que vivimos... Porque todos/as sin excepción tenemos como dice muy bien Blomberg (2011), aspectos que fueron confirmados por nuestras figuras de apego y aspectos que fueron desconfirmados. Y estos aspectos que se desconfirmaron constituyen estados del yo que no están integrados y que emergen en la enactuación con los otros y sobre todo con los menores. Al reflexionar sobre nuestra infancia no podemos cambiar lo vivido pero sí podemos elaborarlo y recrear con nuevos significados las experiencias. Cada vez que tratamos un recuerdo traumático de la infancia, al recrearlo y trabajarlo (como dice Pat Ogden) desde todos los componentes (cognitivo, sensaciones emocional, movimiento) de la experiencia, producimos un nuevo significado y con ello cambios en el cerebro y en la manera de verlo y de actuar (neuroplasticidad) Esto es algo que debemos hacer todos/as pero aún de manera más insoslayable los que cuidan o trabajan con menores dañados por los malos tratos. 

Porque nadie sin excepción por muy alta competencia parental y marental que presente, está libre de cometer errores y repetir historias pasadas con los menores que sabemos, les pueden retraumatizar. No importa lo que hayamos leído (sin duda que es de gran ayuda) Todo es muy bonito en los powerpont, en los post de los blogs, en las guías de ayuda... Los que peinamos canas sabemos que la integración de todo ese conocimiento y la implementación en la vida real es mucho más complicado y requiere un cambio profundo. Porque como muy bien expresó recientemente Rocio Fraga en su excelente post, una historia de dolor y de trauma entrará en nuestro domicilio. Y ese trauma conlleva un menor con un sistema de defensa que antes o después puede activar el nuestro y entonces ya no se repara al niño/a. Y como digo, nadie está libre de caer en ello. Cuando ya nos damos cuenta de que no podemos salvar al niño/a, entonces la tentación expulsiva crece como una enredadera que nos captura la mente. Como muy bien afirma Rocio Fraga, no entremos en la adopción o el acogimiento como salvadores, sino conscientes de que tenemos con nosotros/as a un niño/a dañado al que debemos de reparar y recordando las palabras de Rocio Fraga, ayudarle a dar su mejor versión. Pero para eso necesita de los adultos que están a su lado y conforman su red (padres, acogedores, profesores, terapeutas, psiquiatras, médicos, educadores...) porque solo es imposible que un menor pueda hacerlo. Necesita de otras mentes que sanen la suya. Es un proceso largo. Por ello, como os comento, imprescindible que (sobre todo si veis que caéis en los errores que a continuación voy a desarrollar) hagáis terapia con un profesional familiarizado con el apego y el trauma, que sea de vuestra confianza, para que os ayude a sanar a vuestro niño/a interior.

En todo este tiempo, los profesionales de la red apega hemos desarrollado un conocimiento y creado un modelo de comprensión e intervención con menores dañados por los malos tratos que nos permite saber cuáles son las pautas que deben de seguirse para que la parentalidad y marentalidad sean terapéuticas para el menor. Gracias a Maryorie Dantagnan (directora del programa terapéutico del Centro EXIL y creadora de la traumaterapia infantil-sistémica) hemos aprendido qué se debe de hacer y qué hay que evitar rigurosamente como padres, madres, acogedores... Tengo la suerte de formar parte del equipo de Maryorie Dantagnan (mi formadora) y de haber podido trabajar con ella y aprender de sus conocimientos y experiencia. A continuación voy a compartirlo con vosotros/as para ayudaros en vuestra labor y tarea como referentes de vuestros hijos/as. Si alguno/a de vosotros/as se descubre a sí mismo llevando a la práctica lo que debemos de evitar con estos menores, le aconsejo que revise su biografía y su infancia. Para poder criar y sanar a estos menores necesitamos incorporar lo que la ciencia ha descubierto en los últimos años que es beneficioso para el desarrollo y reestructuración de las redes neurales del cerebro de los menores afectadas por los malos tratos (nadie duda en la comunidad científica de que el maltrato daña el cerebro) No podemos utilizar sin cuestionar su adecuación los aspectos educativos y relacionales -que no vemos como negativos precisamente porque no hemos reflexionado sobre ellos- que aprendimos de nuestros padres u otros adultos. Tácticas tradicionales basadas en el modelo patriarcal de familia para criar y educar a los menores (el castigo físico, el aislar a los menores, amenazar, chillar, criticar, no validar el mundo emocional, juzgar con supuestamente idea de motivar...) están periclitadas, no sirven y además son perjudiciales para todo menor, y en especial para los que han sufrido malos tratos. A mí me ha sorprendido lo extendidas que aún están estas pautas de crianza y lo poco integradas que están las que favorecen un sano desarrollo, reparan y curan emocionalmente y que la ciencia respalda. Un equilibrio entre afecto y autoridad calmada, acompañar en la emoción pero firmeza con las conductas negativas. Porque el estilo de crianza basado en la indulgencia (más característico de la familia postpatriarcal) también resulta negativo: muchas explicaciones, afecto, pero no se usan consecuencias que enseñen. 

Para que un niño/a pueda empezar a retomar un sano desarrollo y un buen funcionamiento, debemos olvidarnos de atender a nuestra mente adulta ("debería hacer esto", "no obedece", "no estudia", "no controla la frustración", "roba...") y ponernos a ver la mente del niño/a, a sentirle, verle, reconocerle, contenerle... De este modo sentaremos las bases para que a pequeños pero grandes pasos vaya consiguiendo avances y logros, los que pueda dentro de su nivel. Para algunos padres hay un duelo que hacer porque el ideal de niño/a que querían no es posible. Existe el niño/a real y con ese hemos de trabajar.

A continuación os dejo lo que como adultos cuidadores no debemos hacer con nuestros niños/as y hemos que corregir, si se cae en ello, sobre todo de manera recurrente. Conviene aclarar que no buscamos padres, madres o acogedores perfectos porque no existen, sino cuidadores conscientes de cómo ejercen su rol educativo y de cuidados, abiertos a reconocer su papel central en el desarrollo y reparación de menores dañados en el mismo y en el apego, dispuestos a trabajarse personalmente y cambiar aquello que sea perjudicial para su niño o niña. 

Maryorie Dantagnan (psicóloga y psicoterapeuta infantil, directora del programa de psicoterapia para menores víctimas de traumas del Centro Exil, en Barcelona) refiere muy acertadamente que no debemos de tener miedo de expresar en casa explícitamente que la autoridad recae en nosotros, los padres y acogedores. Como muy bien expresa Maryorie, estos menores dañados por los malos tratos no van a ceder el control porque tienen miedo del daño que les podemos hacer. Pero a la larga, el mensaje que les tenemos que enviar y lanzar es "puedes cederme el control, yo como adulto me hago cargo, soy seguro; pero no me aprovecharé de ese control para hacerte daño" Y he aquí el quid de la cuestión. Si les hacemos daño o lo perciben así y no reparamos, tomamos la carretera cuyo destino es la lucha por el poder y el afianzamiento en el menor de que no merecía la pena cederlo porque lo usarían para ese fin. Pero si evitamos lo que lesiona el vínculo y retraumatiza al menor, sentaremos las bases para que ese chico o chica se sienta seguro, confíe y abandone el sistema de defensa. Una chica adoptada me dijo una vez: "mi madre me desmontó, al final hizo que me rindiera a lo que más deseaba pero a la vez temía: a su amor y la seguridad que me daba; pero se lo puse muy difícil" 

Hay muchos aspectos importantes que destacaría, pero estos que he recogido me parecen esenciales. Si consideráis algún otro que os parezca relevante, consignarlo en comentarios.

Agresividad física y verbal. Justamente lo que más impide que se ceda el control es caer en la agresividad hacia la que te pueden arrastrar estos menores (si no somos conscientes), agresividad que confirma que estos padres o acogedores hacen daño. Cachetes, bofetadas, nalgadas, collejas... Gritos, verbalizaciones agresivas ("te voy a dar"; "estoy hasta las narices de ti", etc.) Todo esto sigue vigente y mucho más de lo que se pueda pensar. Hay quien lo justifica y apoya, y cree que es para disciplinar. La herencia del "quien bien te quiere te hará llorar" Esto desde nuestro modelo es maltrato, no lo apoyamos y sostenemos que no solo no ayuda a ningún menor sino que le daña. Instituciones como Fundación América por la Infancia está contribuyendo con sus aportaciones ha sensibilizar a la población para erradicar este vestigio educacional. Si no pegamos a ningún ser humano, ¿por qué pegar a un niño/a? En este post tenéis desarrollado por qué no debemos usar ni una torta a tiempo ni a destiempo. 




En los menores dañados por el maltrato, ¿como debe de resonar la amenaza de agresión o una agresión? -Por muy leve que sea, es el gesto y el modelo que usa el adulto en la resolución de los problemas de relación y de los conflictos-. Muchos tienen fantasías agresivas y este tipo de conductas operan en ellos de una manera muy perjudicial ("le voy a pegar a esa niña, mi padre me pega a mí", me dijo una cría pequeña) 

No creo que debe servir como excusa el cansancio, el mal día que un padre o madre ha podido pasar, etc. Pagar la cólera que uno trae con un menor que no tiene culpa es un modelo de manejo emocional y relación muy inadecuado. El adulto debe ser capaz de manejar esas emociones y gestionar sus estados internos sin cargar contra nadie. No podemos enseñar a un niño a regularse si no nos regulamos nosotros como adultos. Por otro lado, no podemos ser fuente de seguridad y confianza para poder acompañar al menor en su dolor por su historia si reaccionamos con cólera y agredimos. Podemos expresar la emoción que sentimos en primera persona pero no actuar dicha emoción. Esto pone además mucha distancia afectiva entre los padres o acogedores y el menor. 

La agresividad gatillará el sistema defensivo del menor y perturbará la sanación del vínculo. 

Retirar el afecto. Una forma especialmente retraumatizante para quien vivió y sufrió el dolor de ser rechazado, no querido, abandonado, dejado solo y sin consuelo, indefenso... Gatillará la memoria traumática del abandono. Desorganizará al niño/a, que puede reproducir estados disociativos que le sirvieron para atenuar el dolor del abandono (aislarse, mostrar conductas regresivas, bloquearse...) o responderá con llanto de apego (gritos, desconsuelo...) o con hetero o autoagresividad. 

"Como no has querido hacer los deberes, no te doy el beso de buenas noches" O ignorar, no hablar al menor, no comunicar con él, hacerle el vacío... Es muy tóxico emocionalmente. 

El mensaje es que el amor y el afecto están sujetos a condiciones. Cuando una estructura familiar rica en afecto y normas son aspectos que todo niño/a necesita para poder crecer, como alimentarse. Y un niño/a dañado por los malos tratos no puede experimentar la retirada del afecto de nuevo porque le retraumatiza.




Incoherencias y rigidez en la aplicación de las normas. Los niños/as traumarizados necesitan que se les hable cerca, mirándoles a los ojos, tratando de ganar su atención, con firmeza pero con amabilidad, dándoles las órdenes (una por vez) de manera clara y sin "porfavores" Las normas deben ser predecibles. Las normas implican no sólo lo que se puede y no se puede hacer sino una estructura y rutinas diarias que den seguridad a los menores. 

La falta de consistencia antes las normas es lo marca muchas veces que los menores se sientan desorientados, menores que vivieron con cuidadores caóticos y desorganizados, donde la falta de predectibilidad era la nota dominante. El niño/a o joven debe de ser capaz de aprender con sus padres o acogedores lo que estos responderán cuando él/ella se empeñe en algo y hacia lo que va a empujar (salirse con la suya y querer dominar en un asunto que sabe es "no", por ejemplo) Eso es consistencia. El cuidador da respuestas similares a las mismas conductas del niño/a. Y eso es coherencia entre lo que se dice y hace. Y ayuda a que el menor repare su incoherente mente. 

Coherencia no quiere decir rigidez, dice Siegel en este libro que os recomiendo ("Disciplina sin lágrimas") que hay que mostrar flexibilidad cuando se requiere. Por ejemplo, hay que hacer todos los días los deberes pero si un día vienen de visita unos primos, hay que atenderles y dejar los deberes para otro día. Mensaje: "Es importante hacer los deberes (coherencia) pero hoy es un día excepcional (flexibilidad) porque han venido tus primos" 

Los padres o acogedores rígidos con las normas tienen muchas más problemas para ver la mente del menor y sus necesidades. Hemos comentado en otras ocasiones la importancia de aprender a ver qué necesidades muestran los menores tras sus conductas. En esto los padres rígidos tienen mucho más problema, obsesionados con el cumplimento del deber. Los padres y madres con más capacidad mentalizadora en cambio pueden ver al niño/a como un sujeto con una mente que tiene emociones, pensamientos... y no como un objeto (un repertorio de conductas a modelar sin preocuparse en ver el mundo interno del niño/a) Esta radicalización en la rigidez normativa no es un buen predictor.

Dejar al niño/a. Llevar al niño/a a un lugar, dejarlo allí solo para que reflexione y cambie de actitud... Aparte de improductivo es dañino porque reactiva el sentimiento de abandono. En algunos menores muy traumatizados por el abandono puede ser un disparador que les desorganice y en su soledad pueden autolesionarse, disociarse, deprimirse, aumentar el sentimiento de aislamiento y distancia emocional... Sabemos que su capacidad para reflexionar por sí solos (vídeo de Peter Fonagy) es escasa, luego no aprovecharán el espacio para ello. Los menores necesitan que les enseñemos de otro modo y con paciencia las consecuencias de sus actos. 

Amenazar. Las amenazas son algo en lo que caen muchos padres o acogedores. "Si no haces tal, no tienes tal" No podemos formularlo así. Los menores pueden tratar de gatillar eso en nosotros, pero hemos de ser consientes y no caer. No conducen más que a entrar en la lucha de poder y en la activación del sistema de defensa del niño/a o joven. Las amenazas no enseñan nada, se gastan con el tiempo y hacen entrar en una escalada en la que cada vez se irá a más. Y pone distancia afectiva entre el niño/a y cuidador, impidiendo reparar el vínculo.

Esperar a que  el niño obedezca y actúe para agradarnos, por lo que hacemos por él o ella. Los menores adoptados o acogidos no pueden sentir que es su familia y que pertenecen a ella de la noche a la mañana. Han de hacer un largo proceso que implica elaboraciones psicológicas, integración de su pasado, adquisición de confianza y seguridad, disminución del sistema de alerta, cesión del control... en suma, reparar el apego temprano y crear un nuevo vínculo. Solo así obedecerán porque son conscientes de que son queridos, aceptados y respetados. Desarrollará un vínculo afectivo con nosotros/as. 

Pero al principio obedecerán porque necesitan ir de lo externo a lo interno, con permanencia, por las consecuencias externas adecuadas a sus actos (y que confirman que enseñan pero no dañan) Para terminar llegando a lo interno (obedecer porque se crea un vínculo estructurante) 

Los elementos para una parentalidad y marentalidad terapéutica, las pautas a seguir con paciencia, perseverancia y permanencia, esto es, lo que deben tratar de hacer los padres y madres adoptivos/as y los acogedores, en una segunda parte.

Hasta el 20 de marzo, lunes, en el que recibimos a la firma invitada del mes. Nos visitará Iván Rodríguez, trabajador social y terapeuta de niños/as y jóvenes, nos hablará cómo entender el lenguaje de los adolescentes.

Cuidaos / Zaindu

lunes, 17 de octubre de 2016

Tiempos modernos (Emociones, pensamientos o actitudes dolorosas y no expresadas de las familias adoptivas y acogedoras), por Laura Fariña Pagés, psicóloga.


Diez meses, diez firmas II

Invitada del mes de octubre 2016: Laura Fariña Pagés, psicóloga

Título del artículo: Tiempos modernos. Emociones, pensamientos o actitudes dolorosas y no expresadas de las familias adoptivas y acogedoras.

Este mes nos visita Laura Fariña Pagés, psicóloga y psicoterapeuta familiar con formación en apego y trauma también. La conocí hace tres años, en su maravillosa A Coruña (Galicia), cuando me invitaron desde el Centro Alén a participar como docente en un módulo del curso de Crianza terapéutica que co-dirige junto con Elena Borrajo y María Vergara. Después de que ambas participaran el pasado curso en este blog escribiendo sendos artículos sobre el tema, no podíamos ni debíamos olvidarnos de Laura Fariña Pagés. Pude compartir un fin de semana con ella y conocer su campo de intervención profesional: el trabajo con las familias adoptivas y acogedoras de menores que han sufrido trauma complejo, al cual se dedica con gran compromiso personal. En este artículo -con delicadeza y comprensión-  pone encima de la mesa algunos temas importantes que vive y trabaja terapéuticamente con las familias. Son temas muy sensibles, pero hay que prestarles atención y tratarlos, pues de lo contrario afectarán negativamente (y a veces, de manera seria) al proceso de vinculación de los padres a los menores y a la dinámica relacional familiar. Os dejo con Laura Fariña Pagés, con un artículo que aborda aspectos que hasta ahora no habían tenido un lugar en el blog. Muchísimas gracias, Laura, por tu participación y formar parte de la nómina de ilustres invitados/as que escriben en el blog Buenos tratos.



Laura Fariña Pagés. Licenciada en Psicología, Experta en Programas de Intervención Familiar, Especialista en Atención Temprana, Especialista en Mediación Familiar, con formación en EMDR y Psicodrama. Trabaja en el ámbito de la protección infantil y la familia desde 1999. Desde 2011 desempeña la mayor parte de su labor profesional en el Centro Alén en A Coruña, donde trabaja con familias de niños y niñas afectados por trauma. Es parte del equipo impulsor del modelo de “Crianza Terapéutica”, y participa en diversas actividades formativas y de sensibilización dirigidas a familias acogedoras y adoptivas, tutores sociales y otros profesionales de la protección infantil. Colabora como miembro del equipo auxiliar del subprograma de Tratamiento Asertivo Comunitario del hospital (CHUAC, A Coruña) desde el 2013, en el que trabaja en terapias expresivas y teatro de espontáneo con pacientes con enfermedad mental grave.


Escribo con enorme ilusión en este blog que lleva enseñándome y acompañándome ya un buen tiempo de mi camino profesional. Y lo hace desde la acogida, desde la generosidad y desde la coherencia: sabemos para qué está y notamos que está (no falla este José Luis) Sin prisas, nos facilita el ir incorporando sus aportaciones congruentes al ritmo al que vamos pudiendo.

Me parece una buena metáfora del “estar”.

Debe ser que me encuentro en un momento en que cada vez valoro más estos dos infinitivos que tan locos vuelven a los angloparlantes: el ser y el estar. En la cultura de “usar y tirar”, de la solución rápida, de los manuales en PDF para solucionar en tres días, o del panfleto de 10 pasos para ”….” , encuentro refugio dejando estar al ser.

En mi trabajo con familias de niños afectados por trauma, intento estar, y no se puede estar sin presencia. A las familias, les diré que deben de estar presentes con sus niños, niñas o adolescentes, y no puedo hacer esto, si yo no lo estoy con ellos.

Me encuentro con familias muy diversas; algunas con una gran capacidad para intuir lo que necesitan sus hijos, con energía infinita, con alegría... Otras desorientadas o desbordadas, me encuentro con diferentes atribuciones y expectativas, capacidades e historias.

Cada familia es diferente y pasa también por un momento concreto de su camino en la parentalidad. También cada niño es único y especial en su manera de afrontar, de ordenar la realidad, de expresar… Algunos niños adoptados o acogidos tendrán un nivel de daño grande y otros mucho menor.

Los profesionales de este campo, tenemos que saber: conocer diferentes modelos teóricos y darles coherencia, utilizar metodología adecuada, aprender continuamente de la experiencia, de otros profesionales…, pero necesitamos además, saber estar con las madres y padres, en el presente, con atención plena y empatía y poder así reconocerlos en su vivencia particular.

Estas familias están en un lugar privilegiado en el que poder disfrutar con los chiquillos, compensar y sanar, pero, en ocasiones, este lugar les resulta más difícil de lo esperado y desconocido, y los mapas que hasta entonces utilizaban o los únicos que conocen, no valen para avanzar. En ocasiones, lo desconocido e inesperado, remueve lo interno y genera emociones como confusión, impotencia o culpa.

Ahora me voy a referir a las familias que cuando acuden a pedir ayuda, traen emociones y pensamientos dolorosos, como si el maltrato sufrido por los niños de alguna manera, también les doliera a ellos directamente. Este dolor no se suele expresar con facilidad, a veces ni a uno mismo, y es un derecho de estas familias el saber que es normal, que no son “malos padres o madres”, tienen el derecho de entender el proceso que les ha llevado a esto y legitimarse a sí mismos para hacer algo con todo ello y poder solucionar.

No es fácil para una madre, por ejemplo, decir (y decirse) que siente que no quiere a su hijo lo suficiente, que se siente incapaz de ayudarle, que le cuesta darle abrazos. Imagino la dureza de reconocer que la realidad no tiene que ver con la expectativa de familia que se había hecho, que se tiene miedo de un hijo o hija, o que se siente la necesidad de escapar... Es muy habitual, que los padres se sientan culpables por sus pérdidas de control con los niños, pero este sentimiento de culpa no ayuda a que disminuyan, si no que más bien es al contrario.

Todo esto sucede y no sucede poco, pero es fácil que las familias lo vivan con vergüenza, con sentimientos de culpa y pensando que son las únicas personas a las que les pasa porque pocas lo reconocen abiertamente. Podéis imaginar lo difícil que puede ser vivir así y las defensas que se movilizan.

Otras veces, las defensas ante las dificultades con los niños son la distancia o la minimización, el enfriamiento, el atribuirles culpas, exigirles lo que no pueden dar.  Otras formas de afrontarlas que a la larga no van a valer, ni a los padres y madres, ni a los niños. Pero estrategias con las que algunas personas han podido mantenerse en el día a día y que de cualquier forma, responden a su propia historia, a sus maneras de entender el mundo y la crianza y a sus modelos mentales.

La presencia se refiere primero, a un estado interior e individual, necesario para poder estar con el otro. Siegel, en su libro Mindfulness y psicoterapia. Editorial Paidós, 2012), habla de la presencia como “… una sólida base personal, estar abiertos a los demás y participar plenamente en la vida de la mente, son aspectos importantes de nuestra presencia que ayudan a los otros a crecer. Esta visión interior, “desde dentro”, nos ayuda a comprender qué debemos de hacer en nuestro interior como profesionales con el fin de desarrollar la receptividad esencial para toda intervención”, y lo plantea como un punto de partida.

Si los terapeutas estamos presentes, podremos relacionarnos desde la empatía, y cito a Carl Rogers (1992) que la definía como la capacidad de: “Experimentar el mundo privado del cliente como si fuera el nuestro, pero sin perder la cualidad del como si”. Y no nos confundamos: la empatía no es ser empalagosos ni caritativos. La empatía nos permite también reconocer fortalezas, alejarnos cuando no somos necesarios…, ajustarnos a diferentes respuestas según la persona con la que estemos (porque la podremos ver)

La presencia o atención plena es la base desde la que podemos empezar a comprender a las familias, hasta llegar a una hipótesis explicativa sobre cuáles son sus recursos y dificultades, y sobre cuál es el resultado de su interacción con unos niños, niñas y adolescentes concretos que crían y a quienes también tenemos que comprender concienzudamente.

Hay estudios que concluyen que existe mayor correlación entre las variables de la relación terapéutica con los resultados en la terapia, que con las técnicas utilizadas. Es decir, que los componentes de la relación terapéutica como la empatía, escucha atenta o aceptación, tiene más efecto positivo que la metodología empleada (Lambert y Ogles 2004, en Mindfulness and Therapeutic Relationships. The Gildford Press. 2008)

Una noticia positiva es que una manera de ganar en presencia, es a través del entrenamiento en autobservación y autocuidado. Desde mi punto de vista, una buena forma de lograrlo es a través del trabajo de nuestra propia historia de apego y el conocimiento de la teoría de apego como base, la práctica de atención plena o mindfulness (a quien le ayude) y el autocuidado. Tres maravillosas formas de ganar en bienestar que considero responsabilidad de todo terapeuta, y más de los que trabajamos con trauma.

Así, los terapeutas podremos estar con las familias y facilitar que se entrenen también en estar presentes con sus niños. Iniciamos un proceso donde a la vez que podemos conocer a las familias de cara a planificar la intervención con ellas, favorecemos el autoconocimiento y habilidades de autocuidado en ellas. Porque sabemos que si uno no está bien o no se cuida, no puede hacerlo con otros y si uno está en estrés, es imposible que pueda escuchar, sintonizar o relacionarse de forma segura.

Quiero destacar tres elementos del autocuidado positivo, según  EMDR y Disociación: El abordaje progresivo. González y Mosquera, 2012. Editorial Pleyades:

(1) Una actitud o estado mental de valorarse y quererse a uno mismo, actitud que motiva al individuo a cuidarse bien

(2) Una ausencia de actitudes de auto-rechazo

(3) Acciones beneficiosas específicas, que hacen que el individuo crezca y se valore.

Las autoras dicen que la actitud de autocuidado positiva genera motivación para los otros dos elementos. Y es que esta actitud se relaciona con los patrones de apego y la historia de cuidados de los adultos. Al ser cuidados de niños, no sólo estamos aprendiendo a hacerlo en un futuro con nuestra descendencia a través del modelado, si no que aprendemos a considerarnos valiosos y como tal, a cuidarnos a nosotros mismos.

Cuando un padre o una madre no se valora, o no se quiere a sí mismo, difícilmente logrará que sus chicos se sientan valorados por ellos porque muy probablemente entrará en dinámicas de trauma relacional. Abordando este aspecto, iniciamos la posibilidad de romper una cadena de transmisión generacional y regalarle a los niños y niñas el sentirse valorados de forma genuina. Si hablamos de niños, niñas o adolescentes con trastorno de apego, el que se sientan valorados es una necesidad imperiosa, porque no olvidemos que parten de la hipótesis contraria y es un objetivo el que puedan romper esta expectativa a través de la experiencia mantenida en el tiempo.

El segundo punto, me parece especialmente importante. Los sentimientos de culpa, las exigencias demasiado altas, la autocrítica extrema… dificultan enormemente la posibilidad de relacionarse de forma segura y generan sufrimiento y desgaste. El detectar estas actitudes en las familias nos da información sobre su mundo interno y pistas sobre su estilo relacional, pudiendo así abordarlo con ellas, probablemente en un nivel de intervención que requiere de trabajo personal e integración, con los beneficios que esto conlleva.

El tercer punto se refiere a cuestiones como encontrar espacios de disfrute, mantener interés por actividades, darse descanso, cuidarse físicamente…. Sé que algunas personas pensarán que no tienen tiempo, o que si su niño está sufriendo, no pueden parase a pensar en estar bien, por ejemplo. La necesidad de los niños con daño, puede ser tan grande que uno se puede olvidar de sí mismo y de su pareja, porque no hay tiempo o espacio. Cuidado, porque el criar a un niño con afectación por trauma es una carrera a largo plazo, en la que el disfrute y recargar pilas es vital para mantenerse y poder ser consistente. Es un buen aprendizaje para los niños el ver como sus padres y madres están bien y un aprendizaje para la vida, el valorar el descanso y el placer.

Así pues, el autocuidado como una pata más que facilita el relacionarse de forma segura y uno de los caminos para estar presentes, porque me estoy refiriendo a crianzas que requieren de “superpoderes“ , me gusta referirme a los criadores terapéuticos como superhéroes de la crianza. Con estos niños y niñas, las posibilidades de reprocharse a uno mismo o de no cuidarse, por ejemplo, son mucho mayores que en una crianza con niños sin afectación, cuando paradójicamente, mayor es la necesidad de hacerlo.

Todo esto puede ser necesario o no, se puede avanzar con rapidez o de forma muy lenta. Cuando sea así, nos pararemos a entender, para seguir avanzando. Digo esto porque, aunque en ocasiones, la necesidad de cambio es urgente, pero suele pasar que entonces el cambio tenga que ser más lento para ser real. En esos momentos, reforcemos el contexto, utilicemos terapia ambiental o lo que podamos hacer para que lo niños estén protegidos, pero las familias no irán más rápido porque tengamos prisa y merecen que les pidamos lo que pueden dar para que los cambios sean reales, coherentes y consistentes.

En la línea de lo tratado, me gustaría hacer algún comentario en torno a las competencias parentales, que tanto nos ayudan a enfocar el trabajo con las familias (Los desafíos invisibles de ser madre o padre. J. Baruy y M. Dantagnan. Editorial Gedisa, 2010):

La relación de apego seguro se establece fundamentalmente como una relación reguladora y para poder hacerlo, los adultos cuidadores tienen que saber y poder regularse a sí mismos. En crianza terapéutica, hablamos de la adquisición en los padres de “apego resistente”, porque se refiere a mantener esta forma de relación pesar de los obstáculos que, sin duda, van a aparecer para ponerlo complicado.

La sintonía implica poder estar en el otro y no desbordase; para ello, uno mismo no puede estar en alarma, con altos niveles de estrés o con defensas activadas, sino en contacto con la calma y con habilidades de mentalización. En la crianza terapéutica, hablaremos de la capacidad de “sintonizar con ruido”, dadas las posibles complicaciones para encontrar y mantener la frecuencia con la que conectar.

La consistencia es aquella cualidad que refleja que hay un orden y un sentido que se mantienen en el tiempo (por ejemplo, que puedo transmitir mensajes necesarios para la crianza terapéutica como “no me abrumaré con lo que te sucede”, o “te protegeré”, o “puedes cederme el control”, “Me gusta quien eres” y responder en coherencia con ellos) y pasa repetidamente. La presencia va por el canal de lo no verbal, y es este el que logra que los mensajes lleguen con verdad.

Las plantas no van a sacar la flor antes porque le expliquemos como hacerlo, pero con el trato adecuado y mantenido, lo harán cuando llegue su momento, y será el mejor.

Muchas gracias por permitirme compartir estas reflexiones y gracias a todas las familias que me hacen aprender cada día.

martes, 6 de septiembre de 2016

Nueva edición del diplomado en "Crianza terapéutica" 2016-18 organizado por el Centro Alen, en A Coruña.

Todos los profesionales que tienen la delicada labor de acompañar y criar a un menor que presenta trauma complejo y alteraciones en la vinculación, están de enhorabuena pues se abre una nueva edición de la formación en crianza terapéutica. Programa formativo en el cual tengo el honor de colaborar impartiendo un módulo.

Elena Borrajo, María Vergara y Laura Fariña, psicólogas especializadas en el tratamiento de estos menores (de las cuales habéis podido leer este pasado curso artículos aquí, en este blog: artículo María / artículo Elena) son las directoras de esta formación que se celebra en A Coruña (Galicia, España)


NUEVA EDICIÓN DEL DIPLOMADO 2016-18 
"CRIANZA TERAPÉUTICA"

FORMACIÓN ESPECIALIZADA (150 h)



Crianza Terapéutica nace con la idea de ofrecer una formación especializada a profesionales, tanto educadores, acogedores u otros técnicos del ámbito de la protección infantil, psicólogos o psiquiatras, cuya labor es el acompañamiento y apoyo al desarrollo de niños/as y adolescentes que han sufrido situaciones de malos tratos, abandono, negligencia o violencia, o aquellos que han de ayudar a otros (familias acogedoras, familias adoptivas, etc...) para hacerlo.



Después de varios años de trabajo y aprendizaje en el ámbito de la psicoterapia en sala, el contexto educativo, así como el acompañamiento con los cuidadores, se ha elaborado un modelo de intervención adaptado a las características especiales de la crianza en los contextos del acogimiento residencial o familiar profesionalizado. Este programa se basa en la metodología y las técnicas, especialmente en el modelo de Trauma Terapia Infantil Sistémica de Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan, y de otros autores especialistas en trauma temprano, apego y desarrollo del panorama nacional e internacional (D. Siegel, M. Blaustein, D. Huges, N. Thomas, Bretherton… etc)



Esto con el objetivo de dotar a los profesionales de herramientas que les permitan hacer frente a los retos específicos que implican la crianza de niños/as y adolescentes con vivencias de estrés traumático. ¿Cómo detectar las necesidades de los niños/as? ¿Qué aspectos priorizar? ¿Cómo construir y mantener un contexto educativo-terapéutico durante la crianza? ¿Qué intervenciones resultan más eficaces y por qué? ¿Cómo desarrollar intervenciones focalizadas en el apego? ¿Cómo ayudar a estos niños y niñas a descubrirse más allá de lo que han sufrido? ¿Cómo hacerles ver lo bueno que hay en ellos? ¿Cómo fortalecer determinadas capacidades parentales?...etc. Proponemos además un espacio para fortalecer estrategias de auto-cuidado y prevención del desgaste de los propios cuidadores, figuras de resiliencia fundamentales en la crianza de estos niños/as.

En la página web ponemos a vuestra disposición el programa detallado. Cualquier duda o consulta al respecto trataremos de respondérosla de la forma más breve:

https://crianzaterapeutica.wordpress.com

Recibid un afectuoso saludo

Elena Borrajo, Laura Fariña y María Vergara



"La distancia entre dos puntos geográficos cualesquiera en nuestro entorno, se asemejan a la medida del pasillo de un avión" E. Borrajo


lunes, 5 de septiembre de 2016

Crecer en una familia de acogida: proveer una base segura a lo largo de la adolescencia (I) ¡Y bienvenidos/as a la nueva temporada del blog Buenos tratos 2016-17!

Os doy mi más afectuosa bienvenida a esta nueva temporada del blog Buenos tratos, la décima, desde que en el curso 2007-08 decidí abrirlo y afianzarlo como un espacio de conocimiento y reflexión sobre los temas del apego, el trauma y la resiliencia aplicados a los menores que han sufrido malos tratos, abandono y/o abuso sexual y que acarrean estas pesadas cargas. Espero y deseo que los/as que habéis gozado de las vacaciones de verano, del merecido descanso, hayáis disfrutado de la vida y de vivir a otro ritmo diferente, saboreando lo que, a veces, el día a día y sus prisas no nos deja degustar y vivir con atención plena.

Estoy encantado de volver a escribir para vosotros/as, de estar aquí, otro curso más. Éste con más ilusión si cabe, porque el año próximo, 2017, es el décimo aniversario de Buenos tratos y el 11 de septiembre el blog cumplirá exactamente diez años de vida. Diez años en los que ha nacido, crecido y sigue desarrollándose porque cada día son más las visitas que recibe de personas interesadas en esta manera de concebir, sentir y practicar la psicología y la educación. 

Os doy las gracias de todo corazón a todos/as vosotros/as porque con vuestro apoyo y elogios al blog habéis sido y sois la energía que lo/me mueve.

Pienso que este aniversario debemos celebrarlo como se merece, por ello estoy inmerso ya en la organización de un evento formativo y festivo en el que nos congregaremos todos/as el año que viene, en Donostia-San Sebastián (País Vasco, España), la ciudad donde vivo y trabajo, para darnos un homenaje por todo lo alto. Os avisaré con antelación suficiente para que podáis organizaros y acudir a festejarlo los/as que nos citamos aquí y compartimos pasión por este modo de vivir la vida. 

Y dicho esto, comenzamos con el post de hoy.

Este verano he podido leer un artículo de investigación publicado en la revista Child and Family Social Work, 2009, 14, páginas 255-266 que el pasado mes de mayo tuvo a bien en enviarme mi amiga y colega Cristina Herce Sellán (¡muchas gracias Cristina por todas las picadas que me facilitas para poder darlas a conocer a través del blog!) En el mensaje de correo que me envió me dijo que era un artículo excelente e interesantísimo para todos/as los/as que trabajamos en acogimiento familiar, bien como acogedores, técnicos, psicólogos, pedagogos, maestros, psicoterapeutas, psiquiatras, trabajadores sociales…

Se titula Crecer en una familia de acogida: proveer una base segura a lo largo de la adolescencia. Los autores son Gillian Schofield y Mary Beek, ambos del Centre for Research on the Child and Family.

El artículo es excelente, en efecto. Pone de relieve y subraya la importancia que la familia (biológica o acogedora) tiene para todo menor, pues a menudo se ha extendido la idea de que siendo la adolescencia un periodo donde el joven se centra en el grupo de iguales y/o en las relaciones románticas, las relaciones familiares como fuente de apoyo y ayuda para que el joven pueda proyectarse a futuro como un adulto sano y responsable no han sido consideradas por las políticas sociales y educativas como tan determinantes. En concreto, los autores subrayan el sustantivo papel que la familia acogedora tiene para los adolescentes que conviven en ella -especialmente para los que no han podido experimentar durante un periodo suficiente en la vida de la base segura- en la transición a la adultez. E incluso para los jóvenes que pueden ser acogidos en la etapa adolescente y no han experimentado esta base, tener la oportunidad de sentirla y vivirla por primera vez puede ser reparador.

Los autores del artículo utilizan un modelo de parentalidad basada en el apego y en la resiliencia que contiene cuatro dimensiones de cuidado: disponibilidad, sensibilidad, aceptación y cooperación, las cuales fueron identificadas por Mary Ainsworth (1971) como promotoras de apego seguro en la infancia, y las aplican en el cuidado de los adolescentes acogidos. Como podemos comprobar, es una aportación novedosa porque no son demasiados los estudios y programas de intervención que se ocupan de la promoción del apego en la adolescencia en familia de acogida. Hay una quinta dimensión, la pertenencia a la familia, que han añadido, con muy buen criterio, al modelo, porque la consideran clave y necesaria para el mantenimiento satisfactorio del acogimiento familiar a largo plazo. Este sensible aspecto lo hemos abordado en muchas ocasiones: a los adolescentes acogidos, sobre todo con los que presentan problemas de comportamiento, es fundamental resaltarles la pertenencia a la familia, y no vulnerar este principio nunca. La pertenencia y la disponibilidad de los acogedores como fuente de apoyo y ayuda no se cuestionan jamás, aunque seamos muy firmes con las normas y la convivencia en el mutuo respeto. Esto ofrece elementos de reparación en la capacidad de relacionarse y vincularse sanamente, la cual estos jóvenes presentan alteraciones desde que su primer vínculo, el de apego, fue dañado (desorganizado) en los dos primeros años de vida.

Dimensiones de la base segura en la adolescencia propuestas por Gillian Schofield y Mary Beek.

Este modelo de base segura –exponen los autores en el artículo- se recomienda porque promueve la competencia, la confianza y el vínculo en niños y por lo tanto, como una valiosa base sobre la que formar y apoyar a los acogedores (no nos cansaremos de incidir e insistir en que las formaciones para los acogedores deben ser continuas e incluir contenidos de crianza terapéutica y también trabajo sobre la persona del acogedor y el sistema familiar)

El modelo de intervención de estos autores es relevante y por ello forma parte de un programa de entrenamiento en el Reino Unido denominado Habilidades para Acoger. También ha sido aplicado en Noruega.

Los autores examinan cómo la investigación sugiere que el modelo de base segura puede ser útil en la comprensión de cómo aproximarse al cuidado de los adolescentes que están en acogimiento permanente.

A continuación, os ofrezco un resumen del primer tema que los autores abordan en el artículo (la importancia de la familia para el adolescente acogido); y para un próximo post me centraré en exponeros las principales características de las dimensiones. Ello se debe a que el artículo es extenso.

La importancia de la vida familiar para los adolescentes acogidos

En este modelo, las relaciones familiares positivas que tuvieron lugar en la infancia, continúan siendo importantes en la adolescencia. En una completa ausencia de relaciones familiares de apoyo, esto es, cuando un preadolescente o adolescente es precipitadamente puesto en la “independencia” o se le permite confiar en la familia biológica (cuando es incompetente parentalmente) y puede volver a dañarle, probablemente no podrán desarrollarse, si han de contar solo en su resiliencia o características personales.

Este tema que abordan estos autores lo podemos confirmar desde nuestra experiencia: los jóvenes que no han podido utilizar el tiempo que necesiten la base segura que es la familia o persona significativa sobre la que apoyarse y a partir de la cual hacer la transición de la adolescencia a la adultez, y se les empuja o “anima” a “hacerse mayores”, “saber lo que es la vida”, “hacerse un hombre/mujer”, “aprender a base de…”, cuando no están preparados porque aún padecen y acarrean las consecuencias en forma de secuelas que el maltrato deja a nivel de vínculo, trauma y desarrollo madurativo, tienen riesgo de fracasar en este proceso porque se sienten literalmente en el vacío. Las transiciones han de hacerse adaptadas al ritmo y posibilidades de cada menor. Lo que suele ocurrir es que se confunde base segura con dependencia, mimos, infantilización del joven… Y este concepto de Ainsworth no tiene nada que ver con eso, porque precisamente la finalidad de esta base segura es conseguir un sano equilibrio en la vida entre autonomía y necesidad de los otros.

Aunque para algunos jóvenes pueden existir algunos miembros en su familia biológica que les pueden proporcionar apoyo práctico o emocional, para la gran mayoría es la familia acogedora la que seguirá ejerciendo un rol decisivo en cuanto a la importancia que tiene para ayudarles a dar pasos seguros en el afrontamiento de los desafíos a los que tienen que hacer frente a partir de los 16 años en educación, búsqueda de empleo, gestión del dinero, relaciones interpersonales e incluso paternidad. En definitiva, continúan ayudándoles a construir resiliencia transmitiéndoles un sentimiento que les hace sentir a ellos la seguridad. Esto lo saben -y lo hacen- cientos y cientos de familias acogedoras que lo son todo para sus menores acogidos. Gracias a la solidaridad de muchísimas personas anónimas que sacan adelante a estos menores, la gran mayoría de las veces con apoyos institucionales mínimos.

Las relaciones de vínculo en la adolescencia -dicen los autores- cambian en esta etapa en la familia. Además, las relaciones entre los miembros de la familia en cuanto a que los cuidadores sean base segura, se negocian En las relaciones padres-adolescentes el grado de reciprocidad es probable que aumente, pues los adolescentes comienzan a ofrecer, así como a esperar, apoyo e interés. Les preguntan, por ejemplo, por su día en el trabajo y se interesan por cómo ha pasado el profesor las vacaciones. Los adolescentes pasan a ser receptores de cuidado para convertirse en potenciales proveedores del mismo. 

Esto mismo pasa también en las relaciones familiares de los adolescentes acogidos, pero la gran diferencia es que las reciprocidades suceden con menos probabilidad en las familias donde no se ha dado esa base de seguridad. Cuando los adolescentes son ansiosos, inseguros y desconfiados, y particularmente cuando no tienen resueltas en las relaciones la pérdida y el daño sufridos, encontrarán muy difícil no solo ajustarse a las demandas de los otros adolescentes sino utilizar a los cuidadores como una base segura para ayudarles a gestionar sus desafíos diarios. La necesidad de defenderse contra la ansiedad, el miedo a la soledad, a fallar, a ser dañado o dañar a otros hace que estas estrategias maladaptativas aprendidas tempranamente en la infancia puedan seguir persistiendo en la adolescencia, haciendo que sean más disruptivos.

Los adolescentes pueden, además, reaccionar al estrés de la transición adolescente mostrándose muy demandantes, dependientes y emocionalmente preocupados por los cuidadores, miembros de su familia biológica e iguales. Mediante la evitación de la expresión de emociones y retirándose de la necesidad de relacionarse; o mediante el control, la depresión o la estrategia punitiva/agresiva.

La intensidad de las reacciones de algunos jóvenes acogidos para impedir la llegada de la adultez (algunos jóvenes entran literalmente en pánico y lo muestran de muchos modos) y la pérdida de la infancia y del derecho a ser apoyado por la familia como niño, no es sorprendente en el contexto de sus experiencias previas de pérdida y separación. Lo que sorprende es –prosiguen los autores- como, en contra de todo pronóstico, algunos jóvenes provenientes de una infancia traumática son capaces de hacer un buen uso de un cuidado sensitivo y activo cuando se les ofrece, y además les ayuda a desarrollarse y crecer como personas en casa y en el colegio. Sin embargo, a pesar de que la evidencia teórica y de investigación apoya la importancia de las relaciones seguras -que apoyan a los jóvenes incondicionalmente- entre los miembros de la familia en la adolescencia, estas necesidades son a menudo infraestimadas o minimizadas. Es un tema complejo, pero el hecho de que algunos adolescentes encuentren las relaciones familiares íntimas o cercanas demasiado demandantes o amenazantes parece haber conducido a una política y práctica que espera que los adolescentes no serán capaces de beneficiarse de un cuidado sensible familiar.

Sin embargo, la investigación demuestra que tanto para los chicos/as que continúan en los acogimientos familiares permanentes en la adolescencia como para los que cambian de hogar en esta etapa, la tarea de lograr una familia acogedora que pueda proveer de una base segura hacia la vida adulta es muy importante y –para algunos- una meta alcanzable.

Me satisface y me atrae muchísimo la propuesta de estos autores porque cuestionan el concepto de que los acogimientos familiares en la adolescencia tengan menos interés y fundamento reparador de los daños que en la infancia. Es cierto que cuanto antes se intervenga en una situación de maltrato grave y prolongado en la infancia, mejor. Antes de los dos años, como afirma mi amigo y colega Rafael Benito, hay que tratar de darle al niño la oportunidad de reparar los daños con una experiencia de base segura, e incluso evitar los susodichos daños desde la prevención. Pero ello no quiere decir que sea imposible intervenir desde la base segura con adolescentes. Lo que necesitamos es ser conscientes de la afectación psíquica que presentan y ofrecerles ese cuidado sensible del cual muchos chicos/as se pueden aún beneficiar. Para ello la familia de acogida debe estar bien seleccionada, motivada, formada y acompañada.

Acompañada y formada en las cinco dimensiones que favorecen el desarrollo (maduración, crecimiento personal), a saber: disponibilidad, sensibilidad, aceptación, relaciones familiares y cooperación. Dado que desarrollarlo todo, como he comentado, en un solo artículo es muy extenso, en el próximo post volveré con el tema para lo que falta. Será para el 3 de octubre porque antes, el día 19 de septiembre debuta este curso, inaugurando la temporada de Doce meses, doce firmas Anna Badia Munill, psicóloga experta en apego y trauma, que tiene su consulta particular en Madrid y Vicepresidenta de La Voz de los Adoptados. Un lujo contar con ella.


La primera picada de esta temporada es un vídeo que me ha enternecido. Todas las personas sensibles que lo han visto comparten ese mismo sentimiento. Me gusta este vídeo porque desacraliza el origen biológico y todas esas supuestas leyes del amor que afirman que los vínculos de consanguinidad son los válidos y los otros, de menor valor. 

El sistema de cuidados y el vínculo de apego tienen un punto de apoyo en la biología pero no son patrimonio exclusivo de ella. Es una experiencia neuroafectiva que hunde sus raíces en el conocimiento relacional implícito almacenado en la memoria. La búsqueda del vínculo de apego tiene un valor etológico porque así podemos sobrevivir pero no quiere decir que tengamos que formarlo exclusivamente con quienes tenemos un parentesco biológico. Así nos lo demuestra esta perra Husky que ha sentido la necesidad de cuidar de este gatito y lo adopta. Una perra y un gato son mamíferos pero no son de la misma especie biológica; y sin embargo una cuida, el otro vincula y se asegura sobrevivir. Esto es lo verdaderamente asombroso. El vídeo me ha venido a la mente mientras escribía este post sobre acogimiento familiar: los vínculos que se establecen entre los menores acogidos y las familias pueden ser igual de sólidos que el de esta perra y este gatito, si sabemos ser tan sensibles y disponibles como lo es ella. Con los humanos todo es más complejo, de acuerdo, pero no por ello imposible. Un bello y tierno vídeo para empezar el curso.