Tengo el gusto de presentaros un libro sobre duelo en el que he tenido el placer y el honor de participar con un capítulo titulado: "Cuando se pierde en la infancia".Mónica Gonzalo ha logrado reunir en un solo libro a un grupo de profesionales de la psicología expertos en duelo para ofrecer una obra que da una visión completa, de fácil lectura y, a la vez, minuciosa del tema. Como se puede ver en el índice, se abordan todos los temas importantes en relación al duelo.
Lo más relevante es que el libro:
Aborda el duelo y el proceso de la pérdida desde una mirada compasiva, integrando teoría, experiencia clínica y narrativa, con el objetivo de acompañar tanto a quien sufre una pérdida como a quienes acompañan ese duelo.
Busca validar el sufrimiento, respetar los tiempos del duelo y ofrecer espacios seguros para expresar las emociones.
No pretende dar “soluciones mágicas”, sino ofrecer un acompañamiento honesto, con relatos, reflexiones y herramientas para transformar el dolor en cuidado, esperanza, crecimiento.
Presenta el duelo con honestidad; no promete soluciones mágicas, sino acompañamiento, validación del dolor, un espacio para reflexionar, llorar, expresar emociones y “renacer” desde la pérdida.
Incluye aportes de profesionales de la psicoterapia, experiencias clínicas y testimonios en distintos tipos de pérdidas — lo que puede dar una visión bastante amplia y variada del duelo.
Por qué os lo recomiendo
Primero porque está escrito por psicólogos, y teniendo en cuenta la ola de intrusismo profesional que nos invade, es una garantía de calidad, ciencia y rigor que ofrece Editorial Sentir para todos los públicos.
“Renacer de la pérdida” es un libro de acompañamiento, reflexión y no un manual técnico tipo “guía paso a paso”. No es un libro de autoayuda donde te dicen "lo que tienes que hacer", basado en consejos y en bonitas palabras.
El libro ofrece:
Un espacio simbólico para reconocer el dolor y el duelo.
Relatos y experiencias variadas de pérdida.
Validación emocional (no juzgar, no minimizar el sufrimiento).
Un enfoque compasivo, humano, pero con base psicológica.
Por eso puede ser particularmente útil si estás pasando por una pérdida (personal, familiar, migratoria, relacional, traumática, hijos...), si acompañas a alguien en duelo o si buscas una lectura sensible para reflexionar sobre pérdida, muerte, duelo y renacimiento personal.
Os había hablado de la publicación de este libro "Apego y conexión. Soledad no deseada en la infancia y la adolescencia", pero nos faltaba este que hoy tengo el gusto de presentaros: "El cerebro solitario. Neurobiología y soledad no deseada en adultos y ancianos". Además, lo vamos a hacer de la mano de sus dos autores (Rafael Benito Moraga e Iciar García Varona), que han escrito -en exclusiva para Buenos tratos- el texto que podéis leer a continuación. Conocéis muy bien a los creadores de este libro porque han colaborado varias veces en este blog con artículos brillantes. Sus posts, excelentemente elaborados, les preceden. Este libro se trata de un proyecto literario diseñado en dos volúmenes, pero ambos tienen continuidad y siguen una línea conductora y unas bases epistemológicas comunes.
Sin más dilación, os dejo con el texto que presenta el contenido del libro.
Presentación
Rafael Benito Moraga
Iciar García Varona
La soledad en la etapa adulta y en edad avanzada: un problema de salud pública.
La soledad en la edad adulta no es un hecho aislado, sino un paisaje que atravesamos muchas veces sin darnos cuenta. A veces duele como un vacío emocional que nace de vínculos que no sostienen; otras, aparece como un silencio social cuando nuestra red se debilita; y en ocasiones es un fenómeno que nos excede, impulsado por formas culturales que fragmentan lo común.
En este capítulo -de Iciar García- aborda la soledad desde una mirada ecosistémica, entendiendo que no surge únicamente de experiencias individuales, sino de la interacción entre nuestras historias de apego, las redes que construimos y el contexto social en el que convivimos. La soledad emocional se teje desde las primeras experiencias relacionales: cómo aprendimos a recibir afecto, a confiar, a pedir apoyo. La soledad social emerge cuando esas huellas internas se proyectan en nuestras relaciones adultas, influyendo en la calidad de nuestras amistades, la vivencia en pareja o la integración en el ámbito laboral. Y la soledad colectiva nos recuerda que pertenecemos a una sociedad que, a veces sin quererlo, fomenta el aislamiento a través del individualismo, las desigualdades y la pérdida de comunidad.
Sin embargo, también existe una soledad que acompaña, que fortalece, que permite regresar a una base interna segura para crecer. Reconocer nuestras “mochilas relacionales”, comprender cómo se activan los sistemas de apego y afiliación y reconstruir redes desde un lugar más consciente puede transformar la soledad no deseada en espacios de encuentro —con otros y con uno mismo— más auténticos y reparadores.
La transición al nido vacío marca una de las reconfiguraciones más profundas de la adultez tardía. La salida de los hijos del hogar deja un silencio nuevo que no siempre se vive como pérdida, pero que sí exige elaborar un cambio identitario: dejar de ser el centro logístico y emocional de la vida familiar para reencontrarse con una intimidad que a veces se ha pospuesto durante años.
En esta etapa, la soledad puede aparecer como un visitante ambiguo. Para algunas personas, trae nostalgia y preguntas sobre el sentido o el rumbo vital; para otras, representa un espacio de autonomía y renacimiento personal. El impacto no depende solo del evento en sí, sino de cómo se ha construido el rol parental, la calidad de los vínculos, las expectativas culturales y el apoyo social disponible.
El capítulo -escrito por Iciar García- subraya que el nido vacío no es necesariamente un duelo, sino un proceso de reorganización emocional, relacional y de proyecto vital. Implica revisar dinámicas de pareja, reactivar redes, reconectar con intereses olvidados y aprender a habitar un hogar que cambia de ritmo y de significado.
Lejos de ser un final, esta etapa abre la posibilidad de construir nuevas formas de presencia, intimidad y autonomía, siempre que se pueda transitar la soledad —cuando aparece— como un espacio que invita a reescribir quiénes somos más allá del rol de cuidado.
"La soledad no deseada es particularmente perjudicial en el final de la existencia"
Por su parte, Rafael Benito plantea que los bebés vienen al mundo con un cerebro por hacer, incapaces de huir del peligro, funcionalmente ciegos a las amenazas y con grandes dificultades para comprender y hacerse entender. No van a poder sobrevivir, salvo que dispongan de dos cosas: protección durante las etapas más vulnerables de su crecimiento, y alguna guía para el desarrollo de sus redes neurales durante las tres décadas que el cerebro tarda en conformarlas. La naturaleza ha resuelto ambos problemas, procurando que los cerebros ya formados de los adultos proporcionen al mismo tiempo ambas cosas mediante la relación de apego, una conexión especial y estable entre las crías humanas y los adultos de su misma especie, que genera las interacciones que moldean el desarrollo cerebral durante la infancia y la adolescencia.
De ahí que, desde el nacimiento, el ser humano sienta una necesidad imperiosa de conectar con sus semejantes para que la relación con ellos guíe el desarrollo de las redes neurales hasta el final de la adolescencia. Los circuitos de la recompensa están listos en el cerebro del bebé desde el final del embarazo, y se activan de modo intenso cuando perciben cualquier estímulo relacionado con la presencia de otra persona, promoviendo la búsqueda de la cercanía al otro y encendiéndose con el placer de su contacto y sus caricias. El bebé nace con una especie de adicción a las relaciones: cuando se siente acompañado disfruta; cuando se siente abandonado, su sistema nervioso experimenta un síndrome de abstinencia que se manifiesta en forma de llanto, protesta y, si no recibe consuelo, abatimiento y tristeza.
Siendo la conexión con los demás la fuente de energía que sostiene el neurodesarrollo, dirigiendo el crecimiento del cerebro, no es extraño que el deseo de cercanía y el miedo a la soledad acompañen al individuo desde su nacimiento hasta el final de sus días. Cuando los niños y adolescentes sufren malos tratos o abandono, el crecimiento de las redes neurales sigue una trayectoria anómala, con graves consecuencias para su salud a lo largo de toda la vida. La soledad altera el funcionamiento del cerebro, dañándolo progresivamente, haciéndolo envejecer prematuramente y favoreciendo la aparición de deterioro cognitivo y demencia. La falta de relaciones genera además un círculo vicioso letal porque afecta a las áreas del cerebro que deberían facilitar la conexión con los demás; de este modo, a más soledad, más probabilidades de quedarse solo.
Los problemas derivados de la falta de relaciones no sólo afectan al estado psíquico; cualquier perjuicio causado al cerebro daña inevitablemente la salud física. El sistema nervioso aparece en la evolución de los seres vivos cuando éstos tienen órganos complejos y sistemas especializados que requieren coordinarse para asegurar la supervivencia. Las redes neurales lo consiguen, integrando el funcionamiento de los sistemas corporales y regulando su actividad con arreglo a las circunstancias ambientales; de ahí que la afectación del sistema nervioso por la soledad no deseada acabe ocasionando o empeorando problemas médicos como diabetes, enfermedades cardiovasculares y una predisposición a las infecciones; con un aumento notable de la mortalidad y un acortamiento de la esperanza de vida.
Si la soledad es perjudicial en cualquier momento de la vida, lo es especialmente en la fase final de la existencia, una etapa en la que es especialmente frecuente estar solo. El impacto negativo de la carencia de relaciones en diversos indicadores de salud física y mental es muy intenso en los ancianos y las evidencias de todo ello son muy sólidas.
En este volumen, el lector encontrará un capítulo dedicado a la neurobiología de la conexión social -escrito por Rafael Benito-, en el que se analizan los dispositivos cerebrales que guían la relación con nuestros semejantes; más otra sección centrada en la incidencia y las repercusiones de la soledad en la vejez.
No es especulación, es ciencia: la soledad es un problema de salud pública que nos concierne a todos y debería movilizar más recursos sociales.
Cuando Mario Salvador me habló de su nuevo libro, quedamos emplazados a vernos para grabar una entrevista en la que nos lo presentara con detalle. Dicho y hecho. La verdad es que ha sido una grata experiencia dialogar con Mario.
Para quienes no le conozcáis, es psicólogo y especialista en psicología clínica, es co-director de ALECES, Instituto de Psicoterapia Integradora del Trauma y de Brainspotting España. 40 años de experiencia en la practica de la psicoterapia. Es Formador Internacional en Psicoterapia Integrativa por la IIPA, Analista Transaccional Docente y Supervisor Prov. (EATA-ITAA), Formador y Supervisor en Brainspotting por BTI y clínico en EMDR. Es actual presidente de la Asociación Española de Brainspotting y Vicepresidente de la Asociación Iberoamericana de Psicotrauma (AIBAPT). Co-dirige y es uno de los docentes principales del programa de Psicoterapia Integradora del Trauma Modelo Aleceia del Instituto Aleces. Es docente internacional en Brasil, Italia, Eslovenia, Ecuador, Rumanía, Rusia y Austria. Conferenciante y autor del libro Más Allá del Yo. Encontrar nuestra esencia en la curación del trauma; Ed. Eleftheria, (dic 2016), co-autor de ¿Quién Soy?, de la Disociación a la Integración; Ed. Descleé de Brouwer (2022) y coautor del libro The Power of Brainspotting. Ed. Assanger (2018) y 15 artículos en el área del trauma psicológico.
Su nuevo libro "Nuestra ciudadela interna"es una invitación a recorrer el mapa de nuestro desarrollo interior y emprender un viaje hacia una vida más auténtica, en sintonía con nuestra naturaleza esencial.
A lo largo de sus páginas, el autor nos guía por un proceso de comprensión y transformación personal, con una mirada honesta, crítica y profundamente humana.
En el primer capítulo, se exploran los mecanismos de supervivencia que condicionan nuestras emociones y decisiones. Se abordan también las claves para sanar el dolor emocional y reconectar con nuestro bienestar, cuestionando los modelos de vida que hemos adoptado y que, con frecuencia, no honran nuestra verdadera naturaleza.
El segundo capítulo ofrece una potente metáfora: nuestras defensas psicológicas son como ciudadelas, construcciones internas que levantamos para protegernos del mundo exterior. A través de un modelo claro y numerosos ejemplos reales, se explica cómo esas estructuras se forman, cómo actúan y cómo podemos empezar a liberarnos de ellas.
En el tercer capítulo, el autor nos muestra cómo es posible vivir desde la integración y la autenticidad. Propone un enfoque vital que nos permite reconectar con nuestro verdadero yo y encontrar un sentido profundo en la experiencia de existir.
Una obra lúcida y reveladora para quienes buscan comprenderse, sanar y vivir con mayor plenitud.
Os dejo con la grabación de la entrevista. Ha sido una gran ocasión para hablar sobre lo que nos ayuda a sanar cuando sufrimos un trauma psicológico, de cómo se organizan las defensas de nuestra mente para protegernos y del tipo de psicoterapia que necesitamos para que resulte una experiencia reparadora.
Muchísimas gracias, Mario, por dedicarnos tu tiempo y regalarnos tu sabiduría.
Psicofármacos y tratamiento de las consecuencias del maltrato
Rafael Benito Moraga, psiquiatra y experto en neurodesarrollo
y neurobiología del apego y del trauma
Presentación
Hoy tenemos como firma invitada, una vez más, a un colaborador habitual de este blog. Rafael Benito Moraga es amigo, sobre todo. Y también compañero de profesión (ambos nos dedicamos al mundo "psi" desde ópticas diferentes pero complementarias y necesarias la una de la otra), de alegrías y tristezas. Trabajamos juntos desde hace muchos años, coordinando y llevando el tratamiento de niños, adolescentes y adultos. Rafael Benito es un cerebro privilegiado. No sólo porque atesora conocimiento científico especializado y una vasta experiencia clínica, sino también porque es capaz de transmitir conceptos complejos y hacerlos digeribles y atractivos para que los podamos llegar a entender. Su forma de comunicar y llegar al público son bien conocidas y reconocidas. Para mí, es motivo de orgullo y satisfacción que Rafael Benito nos dedique de nuevo, de manera desinteresada, su tiempo para hablarnos de un tema que hace tiempo que tenía muchas ganas de que pudiéramos abordarlo desde el blog: el tratamiento farmacológico de los problemas del pensamiento, la conducta o las emociones.
A menudo, muchas son las voces que se alzan para condenar los fármacos o, por el contrario, para ponerlos como la única y válida manera de tratar eficazmente los problemas psíquicos. No siempre quienes hablan tienen la información precisa. No es extraño encontrarnos aun con falsos mitos y con creencias equivocadas, de etiquetas que pesan en la profesión del psiquiatra.
Por eso, el conocimiento científico que sitúe al tratamiento farmacológico en el lugar que le corresponde es bienvenido. Una propuesta integradora que saludamos porque aboga por combinar las terapias farmacológicas -cuando se necesitan- con las terapias psicológicas y las intervenciones socio-educativas.
Os dejo con el artículo de Rafael Benito sobre farmacología.
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Psicofármacos y tratamiento de las consecuencias del maltrato.
Por Rafael Benito Moraga, psiquiatra.
Los desórdenes del pensamiento, la conducta o las emociones han sido valorados a lo largo de la historia desde dos puntos de vista: como producto de fuerzas sobrenaturales, o como la consecuencia de algún tipo de dolencia o enfermedad corporal. Cada una de estas posturas plantea sus propios problemas si se llevan al extremo. La visión religiosa de los problemas psíquicos, por ejemplo, llevó a considerar la depresión como pecado o algunas manifestaciones de la esquizofrenia como fruto de la posesión demoníaca. Y la reducción de los trastornos mentales a meros problemas del funcionamiento cerebral puede hacernos negar la importancia de otros fenómenos, como las circunstancias socioeconómicas en las que surgen; o diluir en una etiqueta diagnóstica estándar el modo peculiar en que cada individuo vive y sufre sus problemas.
Desgraciadamente, y en mayor medida de lo que nos gustaría reconocer, continuamos atrapados por esta dualidad que nos hace ver sólo la mitad de lo real, separando a las personas interesadas en los problemas de salud mental en dos bandos: los que niegan el valor de la psicoterapia, reduciendo todos los problemas psíquicos a alteraciones del funcionamiento cerebral; y los que rechazan el uso de la medicación, considerándolo incluso perjudicial y coercitivo. La formación universitaria de los futuros profesionales sanitarios favorece además esta división. La psicoterapia sigue sin ocupar un lugar importante en la formación especializada de los psiquiatras; en la formación de los psicólogos clínicos no hay una formación consistente en la neurobiología del comportamiento y el tratamiento con psicofármacos; e incluso fomentamos en nuestros clientes (queriendo o sin querer) este antagonismo con frases como: “Los medicamentos sólo tapan el problema“, “no quiero quedarme enganchado a las pastillas”, “los psiquiatras sólo dan pastillas, pero no te escuchan”, “la psicoterapia es un comecocos”, “el terapeuta cumple únicamente la función que antes desempeñaba el sacerdote…”
Afortunadamente, los avances en el conocimiento del cerebro, asociados a la investigación psicológica nos van dando cada vez más razones para acabar con esa visión dualista y simplificadora. Cada vez sabemos más acerca de las bases neurobiológicas de constructos psicológicos como la empatía, el apego y la resiliencia; también se está llegando a conocer la disfunción cerebral que subyace a alteraciones cognitivas y del comportamiento como el trastorno por déficit de atención con hiperactividad. Se ha comprobado que el tratamiento con psicofármacos produce cambios más profundos y estables de lo que pensábamos y que la psicoterapia y sus técnicas producen cambios neurofisiológicos y neuroanatómicos.
Los psiquiatras, psicólogos, médicos, educadores, y todos los profesionales que ayudamos a quienes sufren problemas psíquicos, tenemos la obligación de superar este dualismo por el bien de las personas a las que acompañamos. Quienes tienen una formación más biologicista y médica deben aprovechar los constructos psicológicos, como la disociación y la teoría del apego, para ampliar el conocimiento y guiar la investigación neurobiológica; del mismo modo que psicólogos y terapeutas deben aprovechar los avances en neurociencia para comprender mejor, y los tratamientos farmacológicos para aliviar más el estado de los que sufren.
Y dentro de las causas de sufrimiento, el maltrato y el abandono durante la infancia y la adolescencia es un agente patógeno de primera magnitud. Se han acumulado suficientes evidencias como para afirmar que el maltrato en la infancia, en todas sus formas, causa una alteración del neurodesarrollo que afecta a las funciones cerebrales y también a la salud general en la vida adulta. Contra ese daño debemos actuar con todas las herramientas disponibles. Tanto las intervenciones psicoterapéuticas como las farmacológicas modifican las redes neurales dañadas por el maltrato, produciendo cambios persistentes.
Entrevista a Rafael Benito sobre su libro
"Cerebro moldeando otros cerebros"
En este libro Rafael Benito desarrolla con detalle cómo el maltrato causa una afectación al neurodesarrollo
Vamos a ver la utilidad del uso de medicamentos en el tratamiento de las alteraciones cognitivas, emocionales y de conducta que se producen como consecuencia del maltrato y el abandono.
Funcionamiento de las redes neurales
Para comprender como funcionan los psicofármacos hay que observar la actividad de las células que sostienen la actividad cerebral: las neuronas. Nuestro cerebro contiene aproximadamente 10Ù10 neuronas, similares a pequeños cables y conectadas unas a otras formando una densa y tupida red por la que discurren de manera constante impulsos eléctricos portadores de información y desencadenantes de acciones. Son las responsables de la actividad eléctrica cerebral, las que generan estados de activación en el sistema nervioso dando lugar a sensaciones, pensamientos, recuerdos y conductas.
Durante un tiempo se creyó que las neuronas estaban conectadas como los cables de una instalación eléctrica; pero los descubrimientos de Ramón y Cajal cambiaron este paradigma. El científico español comprobó, gracias al microscopio, que las neuronas no estaban unidas entre sí; aunque sus prolongaciones se aproximaban bastante conformando unas zonas denominadas sinapsis. Esto planteaba un problema: si la red neuronal no era continua, ¿cómo podía transmitirse el impulso eléctrico de una neurona a otra?
La solución no llegó hasta que se descubrió que determinadas sustancias químicas desencadenaban actividad eléctrica en los nervios de ciertos animales. Actualmente sabemos que el impulso eléctrico que hace funcionar las neuronas y, por ende, el cerebro, pasa de una neurona a otra mediante unas sustancias químicas denominadas por ello neurotransmisores.
Cuando el impulso eléctrico llega al final de una neurona, se liberan neurotransmisores al espacio intersináptico. Estos neurotransmisores actúan como “llaves” que en la siguiente neurona, la que recibe el mensaje, abren ciertas “cerraduras” denominadas receptores. Estas cerraduras abren canales que favorecen la entrada de iones en el interior de la neurona. Los iones son átomos con carga eléctrica que, al entrar en la neurona van a desencadenar en ésta un nuevo impulso eléctrico. Así pues, en el cerebro la información se transmite de neurona a neurona en una secuencia impulso eléctrico-mensaje químico-impulso eléctrico.
En el sistema nervioso humano se han identificado decenas de moléculas que actúan como neurotransmisores; pero los fármacos utilizados habitualmente actúan solamente en un grupo relativamente pequeño, pero de mucha importancia para la actividad cerebral global.
Mecanismo de acción de los psicofármacos
Que la actividad de las neuronas dependa de la acción de esas sustancias químicas abre la posibilidad de que se pueda intervenir en el funcionamiento cerebral modificando la cantidad de neurotransmisores o la facilidad con la que se abren o cierran los receptores. Justamente así es como actúan los psicofármacos. Los fármacos utilizados para el tratamiento de los problemas psíquicos actúan en la sinapsis neuronal aumentando o disminuyendo la transmisión dell impulso nervioso. De esta forma, al cambiar la actividad de las conexiones neuronales, cambia también la de las distintas áreas y núcleos cerebrales. Por ejemplo, incrementar la actividad de las neuronas de la corteza prefrontal mejora su funcionamiento, lo que resulta conveniente cuando el “director de orquesta” del cerebro está debilitado, como ocurre con frecuencia en las personas que han sufrido maltrato durante el neurodesarrollo.
Algunos medicamentos aumentan la cantidad de neurotransmisores en la sinapsis impidiendo que sean reintroducidos en las neuronas, así permanecen más tiempo en el espacio intersináptico y aumentan la actividad de esa conexión neuronal. Entre ellos están los antidepresivos inhibidores de la recaptación de serotonina; y los psicoestimulantes, que inhiben la recaptación de noradrenalina y dopamina en la corteza prefrontal.
Transmisión sináptica
Otros medicamentos obstruyen los receptores neuronales disminuyendo la actividad de las sinapsis en las que actúan. Los fármacos antipsicóticos, utilizados para tratar las alucinaciones y los delirios, hacen su efecto bloqueando los receptores de dopamina y serotonina.
Mito y realidad acerca de los psicofármacos
Contra lo que se suele pensar, los psicofármacos no tienen efectos indeseables graves; aunque al inicio del tratamiento pueden dar molestias leves que, habitualmente, van a menos con el tiempo. Además, teniendo en cuenta la gran variedad de fármacos con la que contamos, no es necesario mantener un tratamiento que produce intensos efectos indeseables, se puede probar con otro.
Los psicofármacos son muy seguros incluso en sobredosis
Otra de los temores que acompañan habitualmente la prescripción es que produzcan dependencia; sin embargo, la mayor parte de los psicofármacos no suponen un riesgo en este sentido. El único grupo con el que debe preocupar este problema es el de las benzodiazepinas, un conjunto de sustancias que pueden generar una dependencia grave.
Por último, se achaca a estos fármacos un efecto sedante capaz de dejar “zombis” a quienes los toman. En realidad, el efecto sedante no es una característica de todos ellos, y tampoco es un requisito necesario para el efecto terapéutico.
Problemas del funcionamiento cerebral relacionados con el maltrato en la infancia
Existen investigaciones que nos ayudan a elegir tratamientos farmacológicos cuando hay un trastorno mental concreto, como ocurre, por ejemplo, con el trastorno por déficit de atención con hiperactividad o el trastorno depresivo mayor. Desgraciadamente, las consecuencias del maltrato para el neurodesarrollo no conforman un trastorno concreto, sino síndromes de desregulación emocional y conductual para los que no hay un tratamiento farmacológico específico. Aun en el caso de que el conjunto de síntomas que presentan permita un diagnóstico de trastorno por trauma complejo, trastorno por estrés postraumático o trastorno límite de la personalidad, ninguno de ellos tiene hoy por hoy un tratamiento farmacológico de elección.
Esto hace que, en muchas ocasiones se elija el fármaco atendiendo al efecto que va a producir en el funcionamiento cerebral, según los neurotransmisores en los que influye. Así, si se advierte un predominio de los síntomas depresivos, se escoge un fármaco antidepresivo; si el problema conlleva alucinaciones o delirios, un antipsicótico; y si se dan dificultades de desregulación emocional y disfunción ejecutiva, un psicoestimulante.
Además, en algunos casos se puede afinar todavía más. Por ejemplo, entre los fármacos denominados antidepresivos, algunos tienen un efecto más bien tranquilizante, mientras que otros tienen un efecto más estimulante. En pacientes depresivos con mucha apatía, muy poca energía y dificultades para disfrutar, puede ser interesante utilizar un medicamento como el bupropion, un antidepresivo que incrementa la actividad de las conexiones dopaminérgicas, situadas en lugares del cerebro que controlan la motivación y la respuesta placentera. En cambio, en pacientes con depresiones asociadas a ansiedad, puede ser más interesante usar un medicamento que aumente la actividad de las neuronas serotoninérgicas, como el escitalopram o la sertralina, por ejemplo.
De este modo, el conocimiento de las alteraciones cerebrales que subyacen a los síntomas, y el tipo de neurotransmisores implicados, podemos escoger fármacos que actúan sobre las conexiones neuronales que queremos atenuar o potenciar.
Prescripción de psicofármacos y traumaterapia
En el tratamiento de las consecuencias del trauma infantil los medicamentos son una herramienta más, que no siempre es necesaria y casi nunca es suficiente; pero puede contribuir de un modo decisivo a la reparación del daño traumático. Hoy día contamos con fármacos muy seguros, con pocos efectos indeseables graves o permanentes, y con mecanismos de acción cada vez más selectivos capaces de mejorar con rapidez los síndromes que aquejan a los niños y adolescentes víctimas de maltrato.
El intenso sufrimiento que causa el daño producido por el maltrato puede ser aliviado gracias al efecto de los psicofármacos. Aunque no se den los síntomas que permitirían un diagnóstico de episodio depresivo mayor, o de trastorno por angustia, los tratamientos farmacológicos pueden aliviar la depresión o la ansiedad que asolan la vida de los niños y adolescentes que han sido víctimas de maltrato.
Se pueden utilizar los medicamentos para tratar la propensión a conductas agresivas o autolesivas, muy frecuentes en los niños y adolescentes que han sufrido maltrato. Tanto los medicamentos que bloquean receptores de dopamina (antipsicóticos), como los que inhiben la recaptación de serotonina (antidepresivos) se han utilizado con éxito para tratar ese tipo de comportamientos de riesgo. También distintas conductas impulsivas pueden mejorar con estos fármacos. Por ejemplo, hay estudios que demuestran la eficacia de la fluoxetina en el tratamiento de la ludopatía, y también se han utilizado los antipsicóticos en el tratamiento de otras formas de impulsividad.
El daño producido por el trauma provoca una falta de integración del funcionamiento cerebral que pone obstáculos al establecimiento del vínculo y al avance a través de la psicoterapia. A veces, en el curso de la terapia, el trabajo sobre los contenidos traumáticos genera una angustia intensa, o estados depresivos que dificultan el progreso. Los psicofármacos actúan muchas veces como facilitadores del proceso psicoterapéutico, proporcionando una mejor regulación emocional y un alivio del sufrimiento producido por la revisión del daño traumático. No hacen que la persona afectada por el trauma se ponga en marcha y tampoco señalan la dirección; pero su efecto allana el camino, calma el dolor y proporciona fuerzas para seguir.
Resumen y conclusiones
Los tratamientos farmacológicos actuales son eficaces y seguros. Sus efectos no dependen de la mera sedación, y su uso no tiene por qué suponer un problema para mantener un buen funcionamiento cotidiano.
Los psicofármacos modernos tienen efectos que pueden contribuir a devolver un funcionamiento integrado al cerebro dañado por el maltrato. En unos casos porque sirven para tratar problemas psiquiátricos con un remedio específico; en otros casos porque pueden aliviar el sufrimiento, reduciendo los problemas emocionales y conductuales derivados del daño producido durante el neurodesarrollo.
Aunque no siempre son necesarios, su contribución puede ser decisiva para el éxito de la psicoterapia; porque facilitan la construcción del vínculo y porque allanan el camino a través del proceso psicoterapéutico.
Hoy quiero presentar a la figura del Dr. Mario Marrone, médico y psicoanalista argentino, especialista en apego y trauma, es excelente conocedor de estos dos últimos modelos porque estuvo en la cuna de la teoría del apego. Viajó a Londres a completar su formación como psicoanalista y conoció y se formó con el mismísimo John Bowlby, con quien mantuvo una relación personal, así como con su familia.
Mario Marrone nos recuerda los fundamentos y la pureza de la teoría del apego. Hay riesgo de que esta se contamine de propuestas que no toman en cuenta a Bowlby, cayendo así en una simplificación peligrosa. Los libros de Mario son siempre una referencia para saber con precisión qué queremos decir cuando hablamos de apego. Cuáles son los postulados de este modelo y su trascendente papel en el desarrollo humano y en la salud.
Para quienes no sepáis quien es Mario Marrone y su inestimable contribución al campo de la psiquiatría, la psicoterapia y el desarrollo infantil, voy a dejar que él mismo se presente:
"Hasta hace poco yo tenía una práctica privada en psicoterapia y psicoanálisis en Londres. También realizaba tareas clínicas y supervisión en Alicante (España). En la actualidad hago terapia individual por Skype, aparte de cursos y talleres presenciales.
Hablo Inglés, italiano y español.
Obtuve el título de médico en la Universidad de Rosario, Argentina (1973). También obtuve el Diploma de Psiquiatra en el Colegio Médico de la Provincia de Santa Fe, Argentina (1976). Me formé en grupoanálisis en el Institute of Group Analysis (Londres) y en psicoanálisis en el Instituto de Psicoanálisis (Londres). He tenido supervisión clínica con un número de prestigiosos psicoanalistas británicos, incluyendo a Martin Miller, Patrick Casement, Pearl King y John Bowlby. Estudié la teoría del apego con John Bowlby durante un período de diez años en la Clínica Tavistock de Londres.
Entre 1977 y 1991 trabajé como psiquiatra y psicoterapeuta hospitalario en el Servicio Nacional de Salud de Gran Bretaña. Adquirí una amplia experiencia en el campo de la neurosis, psicosis, trastornos de la personalidad, depresión puerperal, intervención de crisis de la familia, psiquiatría transcultural y psiquiatría forense. En el Hospital Shenley trabajé en equipo interdisciplinario con psiquiatras, psicólogos y trabajadores sociales.
Soy miembro de la Sociedad Psicoanalítica Británica y la Asociación Psicoanalítica Internacional. He sido miembro de la Junta Directiva de la Asociación Internacional de Psicoterapia de Grupo, Presidente del Comité del Actividades Científicas del Institute of Group Analysis y Director de la Clínica del London Centre for Psychotherapy. Soy miembro fundador y ex presidente del International Attachment Network (Sección Reino Unido) y co-fundador de la revista Attachment and Human Development.
He publicado numerosos libros, artículos y capítulos de libros en italiano, español e Inglés.
He mantenido una vida internacional activa y vínculos con universidades y cuerpos profesionales de varios países. He sido profesor asociado, profesor visitante y examinador externo en varias universidades del Reino Unido y Europa. También he sido miembro del Comité de Expertos sobre Promoción de la Salud Mental de niños de 0 a 6 años de edad (Bruselas), creado por la Comisión Europea en asociación con Salud Mental en Europa".
He tenido la fortuna de poder saludarle y conocerle. Hace unos años nos recibió de una manera muy cálida y humana en Londres. Unos amigos míos (Rafael Benito y Cristina Herce) y yo pudimos cenar con él y con otros colegas y compartir una velada muy bonita. Mario nos habló de John Bowlby y nos contó sus experiencias en su relación con él. Nos indicó dónde estaba la casa familiar del creador de la teoría del apego y fuimos a visitarla.
Recientemente, hemos tenido el honor de que Mario Marrone nos honre con su presencia en el acto de presentación en Barcelona de nuestro libro titulado: "Traumaterapia sistémica. Un enfoque comprensivo para abordar el dolor visible e invisible de los procesos traumáticos, desde un modelo terapéutico basado en los buenos tratos, la resiliencia y la justicia social".
Esta es una obra fundamental que explora la relevancia contemporánea de la teoría del apego, destacando su aplicación en psicoanálisis, psicoterapia y salud mental. La obra, revisada y ampliada, ha sido crucial para la difusión de la teoría en España y Latinoamérica, siendo un texto de referencia en formación clínica y para profesionales como psicoanalistas, psicólogos, psiquiatras y trabajadores sociales.
Contenido principal del libro:
Fundamentos y desarrollo de la teoría:
Se abordan los principios históricos y los desarrollos más recientes de la teoría del apego, mostrando cómo ha reemplazado el modelo pulsional freudiano por un enfoque centrado en los vínculos afectivos duraderos.
Relación con el psicoanálisis:
Se explora la conexión entre la teoría del apego y el psicoanálisis, revisando las aportaciones de autores clave como Winnicott, Klein, Lacan y Fonagy.
Aplicaciones clínicas:
El libro detalla cómo la teoría del apego se aplica en diversos ámbitos, incluyendo:
La psicoterapia individual, de pareja, grupal y de familia.
El trabajo con el duelo y las rupturas de vínculos.
La prevención y asistencia psiquiátrica.
La intervención en casos de trauma y disociación.
Perspectiva multidimensional:
Se incluyen componentes neurofisiológicos, psicosomáticos y representacionales del apego, así como la investigación en diferentes ramas del saber.
Difusión y formación:
La obra ha sido clave para la difusión de la teoría del apego y su aplicación clínica en España y Latinoamérica, convirtiéndose en un libro de texto para cursos de psicología y psicoterapia en universidades y centros de formación.
Innovación en el campo:
La primera edición del libro en 2001 revitalizó los estudios sobre la teoría del apego, impulsando la creación de grupos de estudio y la inclusión de la teoría en diversos planes de formación clínica.
Autoría:
Mario Marrone, psiquiatra y psicoanalista con una larga relación profesional con John Bowlby es un experto en la materia, lo que añade gran valor a la obra.
Son muchos los libros que Mario Marrone ha escrito sobre apego. Todos son una contribución inestimable al ámbito, pero yo creo que el de referencia es "Teoría del apego. Un enfoque actual" Es de imprescindible lectura para cualquier profesional que quiera que sus prácticas estén informadas por el apego de un modo riguroso y fiable. El propio Mario Marrone no se cansa de afirmar que el apego no se ciñe solo a las famosas tipologías, o que la crianza con apego y el colecho no significan necesariamente que se genere -como una mera fórmula que se aplique- un vínculo de apego seguro con el niño.
Conviene leerle, para que mantengamos la esencia del apego intacta y hagamos buenas prácticas y conectemos con la necesidad de formarnos -como él afirma- desde la tríada que todo profesional competente debe de seguir: la académica, la supervisión y la psicoterapia personal.
Hace poco, Mario Marrone nos compartió un artículo sobre el apego que explica muy bien los conceptos más importantes, su relevancia y aplicaciones. Le pedí permiso para compartirlo en el blog y me lo concedió amablemente. He considerado que es una oportunidad única para glosar sobre su figura, contribuciones, relevancia en el ámbito, y también una ocasión para testimoniarle, en nombre de la Red Apega de profesionales, nuestro afecto y agradecimiento por su trayectoria, labor y cualidades humanas.
Estoy terminado la lectura del último libro de Carlos Pitillas, totalmente recomendable. Me refiero a Caminar sobre las huellas. Vínculos, trauma y desarrollo humano. La obra ahonda en las aportaciones que la teoría del apego y el psicoanálisis intersubjetivo nos ofrecen, sin olvidar las tradiciones clásicas, pero con una mirada actual. Un trabajo muy bien trazado, con una lógica expositiva clara y ordenada y con el rigor que al autor le caracteriza, basado en su experiencia clínica y en la investigación. La parte que repasa los mecanismos de defensa es lo mejor que he leído sobre el tema; muy bien explicados y con ejemplos y tablas que ilustran los contenidos y favorecen su comprensión.
Dentro de todo lo que Carlos Pitillas aborda, me ha parecido muy interesante para profesionales y familias la respuesta a la pregunta que el autor se hace. Me estoy refiriendo a ¿por qué repetimos los viejos esquemas mentales? A pesar de que sus resultados y consecuencias sean problemáticas para la persona y los demás, ¿por qué sucede esto? Sobre ello voy a hablar a continuación. Sin embargo, os recomiendo que compréis el libro de Carlos Pitillas y deis buena cuenta de él porque, además de ser el autor, profundiza mucho más de lo que en un artículo de blog yo puedo hacer.
Las personas desarrollamos tempranamente representaciones mentales como consecuencia de nuestra interacción con el mundo y con las personas que conforman nuestros primeros vínculos. En palabras de Carlos Pitillas, "convertimos las experiencias en representación". Lo que se repite y espera de la experiencia es previo a la aparición del lenguaje. Al principio, durante los primeros años, no son muchas las representaciones, de acuerdo con la oferta relacional que el bebé vaya recibiendo -primero con las figuras adultas que le cuidan, después con otras personas significativas-. Pero en la medida en que crecemos disponemos de una miríada de representaciones y modos de procesar cognitiva, emocional y sensorialmente el mundo que nos rodea y las relaciones.
Si las experiencias vividas son muy similares y requieren patrones de respuesta parecidos, tienen continuidad y ofrecen resultados, hacen que los modelos representacionales se registren y afiancen mentalmente. Por ejemplo, Sergio nació en un entorno familiar caracterizado por la violencia. A los doce meses, desconectarse mentalmente de los gritos, palizas e insultos que su padre le propinaba a su madre, le ayudaba a no sentir. A los dieciocho meses, fue ingresado en una casa cuna, y los educadores tenían una disciplina muy rígida. Su sistema nervioso reaccionaba con rigidez y la desconexión de las personas y del entorno se afianzó. Más mayor, con cinco años, no hablaba, era muy introvertido, experimentaba mucho miedo en el día a día a causa de la disciplina maltratante de los educadores, pero trataba de no estar presente y seguir disociado de esas vivencias. Más tarde, con diez años, es adoptado y sus padres no se explican por qué es un niño de pocas palabras, solitario, que teme las relaciones sociales -experimenta gran ansiedad- y de rasgos introvertidos. Solo busca los entornos donde pueda estar como mucho con una persona conocida, huye de las relaciones sociales y teme los vínculos íntimos. Es muy resistente al cambio y por mucho que sus padres lo intentan, no consiguen que Sergio se relacione con sus compañeros.
Portada del libro de Carlos Pitillas
Como dice Carlos Pitillas, “la organización relacional de esta persona mantiene una continuidad en cuanto a la temática”, es decir, desconectarse de las experiencias interpersonales que impliquen relaciones sociales sobre todo grupales. Como dice Pitillas, “…los niños inseguros, por su parte, son más vulnerables a recaer en formas negativas de funcionamiento cuando las circunstancias se vuelven difíciles”.
Hay una repetición de patrones interpersonales, que en otros órdenes de la vida podemos ver en múltiples casos: tender al conflicto, complacer a todo el mundo, idealizar parejas para luego devaluarlas y romper agresivamente con ellas, tener el control de las situaciones, huir de las relaciones de pareja cuando se hacen íntimas, ser el salvador de todo el mundo, atacar a quienes te quieren ayudar, acomodarse a los castigos, ser el protagonista y el centro de atención en los grupos,…
Carlos Pitillas en su libro “Caminar sobre las huellas. Vínculos trauma y desarrollo humano” nos habla de por qué estos modelos representacionales, algunos más rígidos que otros, hacen que repitamos una y otra vez aquello que nos perjudica claramente. ¿Por qué nos empeñamos en un resultado fatal? Esto lo ven también y lo sufren muchos niños y adolescentes con historia de trauma que vienen a consulta. Sus padres no se lo explican y claro, en ausencia de argumentos científicos las ideas populares y relacionadas con la voluntad o el carácter son las que se imponen: “lo hace porque quiere”; “lo hace para fastidiarnos”; “es un fatalista”; “tiene un carácter difícil”; “es egoísta”, etc.
Sin embargo, Carlos nos ofrece una visión que da mucho sentido al acto de repetir. Así nos dice que:
- Los modelos representacionales se conservan porque, muchas veces, siguen funcionando.
Como dice Pitillas, “conservar esquemas interpersonales inseguros, defensivos, basados en el aprovechamiento rápido (a veces, impulsivo) de los recursos disponibles, en la sumisión a un poder mayor o en la agresividad proactiva, es la mejor política cuando las condiciones de un entorno temprano adverso no cambian”.
Me parece fundamental, porque nos abre el marco de posibilidades comprensivas acerca de por qué los chicos y las chicas con trauma temprano de apego se comportan del modo en el que lo hacen. Nos ayuda a luchar contra las “certezas mentalizadoras”(Malberg, 2019) que sentencian y ven la realidad de manera polarizada. Porque si nuestros niños funcionan así es porque muchas veces viven las emociones en bruto y no han adquirido representaciones mentales que les permitan reflexionar sobre los impulsos y por lo tanto, modularlos. Son los padres o cuidadores tempranos los que devuelven al niño en espejo de una manera regulada y sintonizada, en congruencia, el estado emocional que están sintiendo y se lo traducen en palabras.
Así, muchos de nuestros niños y adolescentes funcionan con sus viejos esquemas e incurren una y otra vez en su repetición porque les ofrecen resultados. Ellos están centrados en la inmediatez y proyectarse al futuro es algo que no contemplan.
Pongamos algunos ejemplos:
“¿Por qué mientes? No lo sé. Me sale automático. Es como una fuerza que me empuja a hacerlo. De ese modo me garantizo que obtendré lo que quiero" [Cuando en un orfanato se ha carecido de todo, esto tiene sentido]
“Yo soy muy tranquilo y respetuoso, pero si alguien me hace daño, ya no me importa nada. Puedo ser muy cruel y hacerle daño. Hay que protegerse” [Me dice un chico que creció en las calles de una ciudad de Honduras donde había pandillas violentas]
"No puedo consentir que ningún hombre me ningunee, que me haga sentir inferior y que yo se lo consienta. Agredirle verbalmente y humillarle me devuelve el poder y el control" [Me dice una víctima de malos tratos en la infancia y varias veces víctima de violencia de género, cuando percibe cualquier señal que en la actualidad puede interpretar como desprecio por parte de un hombre]
"Robo porque sí. No sé por qué… Necesito tener, no me puede faltar… Por eso tengo comida en los armarios, eso hace que me quede tranquilo". [Un joven que roba dinero en clase y que acumula comida en cantidades desproporcionadas en los armarios de su cuarto]
- Los modelos se mantienen porque aportan familiaridad y congruencia
“Más vale malo conocido que bueno por conocer”. Como explica Carlos Pitillas, “repetir esquemas relacionales contribuye a un sentimiento básico de familiaridad, la impresión de pisar terreno conocido” […] “El conjunto de esquemas que nos ayudan a navegar el mundo de las relaciones nos aporta también un sentido de continuidad personal, nos ayuda a sentirnos alguien; es una fuente de identidad a la que cuesta renunciar” […] “La capacidad de algunos individuos para encontrar enemigos donde no los hay, o para sentirse rechazados en entornos suficientemente amables, o para iniciar conflictos de poder allí donde el poder no es relevante, atestigua esa imperiosa necesidad que los humanos tenemos por sentir que la realidad es congruente con lo que esperamos de ella”.
Pongamos algunos ejemplos:
“Mi amigo no me quiso coger el teléfono, le insistí un montón de veces… yo creo que no me quiere ver y que pasa de mí, me desprecia y rechaza… me produce mucha rabia, estoy a punto de estallar” [Su amigo estaba sencillamente ocupado]
“Me encargo de hablar con todos los jefes de servicio de la empresa para asegurarme que el nuevo compañero no coge posiciones de privilegio. Aprovecho mi buena relación con ellos para controlar que yo sigo siendo el encargado principal, porque seguro que este viene con la idea de hacerse con el puesto y quitármelo a mí” [Cuando el nuevo compañero no ha dado ninguna muestra de querer optar a ninguna posición de privilegio]
“Siempre comienzo idealizando a las parejas, las seduzco muy bien, me siento cómoda en el sexo, pero cuando ya pasa la primera noche y empezamos a quedar para conocernos, no lo puedo aguantar, me siento como incómoda, alterada, agobiada y… les echo de mi casa. Así ni me acuerdo del número de relaciones que he tenido”. [Una joven con un miedo intenso a intimar y vincular con sus posibles parejas]
- Los modelos se conservan porque aportan un sentido de conexión interna.
Pitillas nos dice que “la repetición contribuye a un sentido interno de conexión con las figuras del pasado” […] “Reproducir el modo en que se dieron las relaciones con nuestros padres, hermanos u otras personas importantes nos permite sentir en un nivel interno, que estamos cerca de ellas, que conservamos ese vínculo que es tan necesario” […] “…garantizamos, también, una impresión de lealtad a nuestros objetos primarios”
Esto explica por qué repetimos los patrones relacionales aprendidos con nuestros padres. Muchas personas dicen que utilizan la misma disciplina que sus progenitores porque eso les ayuda a sentir que están en sintonía con lo que hicieron con ellos, porque es lo que han conocido y lo reproducen acríticamente.
A veces en los acogimientos familiares, la conducta negativa del niño se produce por esa necesidad de sentirse en conexión y leales a los progenitores.
Más ejemplos: el joven que se descuida porque reproduce el modo en el que le descuidaron de niño. El hombre que no se fía absolutamente de nadie porque todo el mundo le quiere engañar, su padre era así, dice. La chica que a su pareja le prepara la merienda le lava la ropa, le lía los pitillos y se muestra sumisa ante todo lo que aquella le dice por temor a perderle y porque es un viejo modelo de relación que sufrió en su familia de origen…
- Los modelos se conservan porque aportan control y contrarrestan la pasividad del trauma.
“Repetir los esquemas relacionales ligados al trauma puede ofrecer sienta sensación de dominio o de control sobre acontecimientos que, originalmente, se experimentaron con pasividad e indefensión”, dice Pitillas.
Y esto puede suceder representando el rol de víctima que genera en las otras personas actitudes de dominación. O invertir el rol y ponerse en la posición de agresora, cuando en el pasado se fue víctima.
Pongamos dos ejemplos:
Laura creció con un padre autoritario y violento, que alternaba explosiones de ira con períodos de silencio castigador. Desde pequeña aprendió a estar hipervigilante y a evitar conflictos, complaciendo siempre para evitar el castigo.
En sus relaciones de pareja, Laura es excesivamente complaciente, se disculpa constantemente incluso cuando no ha hecho nada malo, y rara vez expresa sus propias necesidades. Esta actitud pasiva refuerza en su pareja una postura dominante: él toma todas las decisiones, invalida sus opiniones, y a menudo se enfada si ella no está disponible emocionalmente.
Laura, sin querer, provoca en su pareja una actitud de control porque su estilo relacional se sostiene en la sumisión como forma de supervivencia aprendida.
Charly es un niño de once años que sufrió malos tratos físicos y emocionales, y una negligencia en los cuidados muy grave. Uno de los problemas que tiene es que no sabe respetar los límites de su propio cuerpo y el de los demás. Actualmente, para salir de los sentimientos de indefensión sufridos, pega y toca las partes íntimas de sus compañeros, riéndose de ellos y burlándose del profesor cuando le confronta con este comportamiento inaceptable. Sentirse él el agresor le ayuda como defensa contra la propia vulnerabilidad sufrida.
REFERENCIAS
Malberg, N., Muller, N. Lindqvist, K., Ensik, K y Midgley, N. (2019). Tratamiento basado en la mentalización para niños. Un abordaje de tiempo limitado. Desclée de Brouwer.
Pitillas, C. (2025). Caminar sobre las huellas. Vínculo, trauma y desarrollo humano. Desclée de Brouwer.