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lunes, 13 de junio de 2022

"Una buena compañía, para estar seguros", por Andres Climent, psicólogo. Además, presenta la guía gratuita ALCOHONTROL, de la que es coautor.



Firma invitada




Andrés Climent Jordán
Psicólogo


Presentación

Andrés Climent Jordán no necesita presentación porque con anterioridad ha colaborado en este blog. Muchos le recordaréis por el excelente artículo que redactó, titulado "Malos padres" Y también por "Vamos a ponernos verdes: una metáfora visual de los estilos de apego" Nuevamente, se ha animado a participar, y yo no puedo más que sentirme feliz y satisfecho de que nos considere para publicar sus excelentes reflexiones. En este artículo nos ofrece un paralelismo entre una compañía de seguros y lo que es realmente sentirse en seguridad con una persona. No siempre tener alguien al lado implica seguridad, aunque sea de la familia, amigo u otro vínculo afectivo. No buscamos la fuerza del vínculo sino su calidad (ser seguro)

Para quienes leáis por primera vez a Andrés, deciros que es psicólogo y terapeuta familiar y de pareja. Tiene 49 años y los primeros 15 de trabajo los desarrolló en una comunidad terapéutica para personas que sufrían adicciones. Trabajó también en los servicios sociales, y en el año 2010 se inició en el aprendizaje de mindfulness y compasión como manera de cultivar “autoapego seguro”, sanar y cultivarse desde dentro y así intentar ser un mejor recurso (más que un problema) para los demás. Tiene cierta obsesión con integrar y conectar lo que estudia y conoce… Actualmente realiza práctica privada en Valencia y Xàtiva.

Muchas gracias, Andrés Climent, por entregarnos generosamente tu saber, para que pueda ser compartido por toda la tribu que sigue el blog Buenos tratos.

"¿Cómo te lo tomas? ALCOHONTROL", último trabajo de Andres Climent

No puedo dejar pasar la ocasión sin mencionar el último gran trabajo en el que ha participado Andres Climent:






En efecto, recientemente, Andres ha colaborado como co-autor en la publicación de una guía titulada ALCOHONTROL, un texto -editado por la Organización Juvenil Española con apoyo del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad- cuyo objetivo es ayudar a prevenir el abuso y la adicción al alcohol. En el año 2015, la ONU, en su programa 20/30 para el Desarrollo Sostenible, reza en el apartado 3.5.: "Fortalecer la prevención y el tratamiento del abuso de sustancias aditivas, incluso el uso indebido de estupefacientes y el consumo nocivo de alcohol" Es un propósito global, con nuestra aportación local.

Nuestra idea (dicen los autores: Annette Kreuz, Juan Antonio Abeijón, Ignaci Fayos, Andres Climent; dibujante: Jorge Blanco), dice Annette en la presentación, es "ofrecer una orientación buena, útil y práctica para controlar el consumo de alcohol: ALCOHONTROL, el librito guía, como lo llamamos los autores cariñosamente, pretende ser un GPS, una orientación flexible con posibilidad de retroalimentación para su lector, sea este adulto o joven adulto, incluso adolescente. Como ya se ve en el título, el texto tiene tres colores diferentes. Si la meta es "conocer el alcohol y sus peligros" las vías que ofrece el Librito Guía para conseguir alcanzarlas son varias..". Continúa leyendo y accede a la guía GRATIS... [AQUÍ]


Una buena compañía, para estar seguros
Andres Climent Jordán, psicólogo


El pasado marzo tuvimos la suerte de volver a disfrutar de José Luís Gonzalo en Valencia. Después de 2 años pudimos tenerlo de nuevo unos días (ante la imposibilidad de adoptarle o acogerlo permanentemente como nos gustaría) y en una de las pausas le "amenacé" con una nueva participación en este blog. Su respuesta fue: "tienes las puertas del blog abiertas para cuando quieras". No me sorprendió, pero sí me animó a ponerme a ello. La siguiente pregunta que le hice también me ayudó a decantarme por esta metáfora…

Sabemos que con el apego podemos obtener la seguridad y la protección básica que necesitamos en nuestra vida y, más aún, en momentos de dificultad. Algo similar nos ocurre con las compañías de seguros que contratamos para diferentes ámbitos (circulación, hogar, salud…), algunos obligatorios, y que cuentan con coberturas y funcionamientos variables.

Imagen usada en la ponencia "Pandemia y duelo"
que organizó Macroscopio


Ahora bien, algunas premisas me surgen en este sentido: es seguro que necesitamos compañía. Pero estar en compañía no implica, necesariamente, sentir seguridad (puede suponer incluso lo contrario)

Tener un buen (con)trato es una necesidad esencial.

La relación que se establece va configurando un contrato (más implícito que explícito, como los modelos operativos internos) que nos puede decantar, ante una necesidad, a una respuesta más a menos cercana a:

Llamo a mi compañía de seguros, pues sé que responderá rápida y sensiblemente (responsividad) y se hará cargo de lo que necesite hasta que esté en un estado y lugar seguro. O bien nos podemos desanimar enseguida a algo así, pues sentimos y sabemos que a esta "empresa" no le va bien ser molestada ni que se le pida ayuda. Más bien espera que cada uno solvente sus problemas y rinda por su cuenta, obtenga resultados… Quizás nos recordemos que tenemos (que tener) fuerza y autonomía y tiremos para adelante (parcheando el pinchazo o remendando la rueda como mejor sepamos y seguir el viaje).

También podemos recordar que nuestra compañía puede hacernos cierto "caso" si exageramos algo la magnitud de lo que nos pasa, o insistimos hasta que acceden… Puede que no den una respuesta completa, pero algo es mejor que nada; y más si nos creemos que a solas no tenemos apenas capacidad de gestionar la situación y nuestro estado.

Otra opción sería la combinación de las anteriores sin poder prevenir qué respuesta nos dará la compañía en caso de llamar… o que la propia empresa que tiene que cubrirnos de seguridad, hace ¡justo lo contrario! O nos pide que la asistamos nosotros, o solo responde si la amenazamos…

Estas cuatro posibilidades son aproximaciones muy generales a los vínculos de apego seguro, evitativo, ambivalente y desorganizado que ya conocemos y que se establecen de manera compleja y dinámica en nuestras relaciones con figuras clave. Sabemos que podemos tener diferentes estilos con diferentes personas e incluso con la misma persona en diferentes momentos, facetas, etc… pero me gustaría proponer unas preguntas reflexivas para hacernos:

¿De quién soy figura de apego o importante figura de apoyo?

¿Qué tipo de "compañía de seguros" soy para mis vínculos principales? ¿Cuál me gustaría ser?

¿Qué coberturas (especialmente) intento ofrecer?, ¿son, principalmente, para cubrir necesidades de los demás o más bien las mías propias?

¿Cómo puedo mantenerme en buen estado para seguir aportando algo a los demás?

¿Soy una buena compañía para mí, especialmente cuando lo necesito más?

¿Cuánta consciencia tengo de pertenecer a una red en la que recibo y doy "servicios" interpersonales?

Ampliando un poco el foco incluyo un término, interdependencia. Me encanta porque recoge la complejidad de conexiones y relaciones en la que estamos inmersos. Respecto a la metáfora de "las compañías de seguros", existe algo así como un Consorcio para, en caso de gran necesidad, hacerse cargo de lo que una compañía de seguros no podría abarcar. Similarmente, cuando un desastre desborda los recursos de una persona, familia o sistema suele aparecer esta preciosa solidaridad que nos recuerda nuestra parte cooperativa que alivia a quien sufre y vitaliza al que ayuda.

Por último (y para no perder la costumbre de acabar con una cita), me parece muy potente recordar a quiénes (en el pasado y actualmente) nos han ayudado, inspirado, confiado en nuestros recursos, cuidado, atendido… pues han sido partícipes de lo que somos ahora. Y con ello, qué bien nos hace contribuir a que otros también se puedan beneficiar de lo que les podamos ofrecer. Pues bien, el gran Rumi (s. XIII) lo sintetizó con esta precisa y preciosa cita:

"Antes que la muerte se lleve todo lo que se te ha dado, da todo lo que tengas que dar"

lunes, 24 de diciembre de 2018

"A veces: la primera vez, la última vez", por Anna Forés Miravalles.

Diez meses, diez firmas IV

Profesional invitada en el mes de diciembre de 2018: 

Anna Forés Miravalles
Pedagoga y Profesora de la UB

Título de su artículo: "A veces: la primera vez, la última vez"


Presentación

Este mes la firma invitada es la gran Anna Forés Miravalles. Físicamente, no hemos coincidido muchas veces. Nos hemos visto principalmente en congresos donde he podido asistir a sus deliciosas y entretenidas ponencias sobre resiliencia. Pocos profesionales tienen la capacidad de comunicar de una manera tan gráfica y amena como Anna Forés. He estado, en efecto, pocas veces con Anna, pero las que hemos podido compartir he de decir que han sido emotivamente intensas. Como la resiliencia -paradigma que ella profesa-, un encuentro significativo puede ser suficiente para que se encienda la chispa que la haga emerger. Y Anna Forés ha sido para mí esa chispa que encendió mi curiosidad por saber más y más sobre este bello fenómeno que es la resiliencia. Así, pude leer “La resiliencia, crecer desde la adversidad” -en co-autoría con Jordi Grané- y maravillarme al descubrir lo mucho que Anna sabe y es capaz de transmitir. Además, lo hace de una manera directa y concisa, tiene este don de comunicar la esencia de las cosas sin perderse en florituras o largos circunloquios.

"La resiliencia. Crecer desde la adversidad"
Anna Forés y Jordi Grané


Anna Forés tiene ángel, y tal y como nos lo cuenta en este precioso post, estuvo a punto de no nacer. E incluso pasó este año por el viaducto que se derrumbó en Génova... ¡un día antes de que sucediera a la misma hora…!  Me encanta que una persona resiliente hable sobre resiliencia porque sabe de qué está hablando. Cuando te encuentras con Anna, siempre muestra una sonrisa e irradia un optimismo contagioso, es una entusiasta del género humano, se dedica, como ella afirma, a todo lo que tenga que ver con el ser humano, y a mejorar la educación.

Una persona que es entusiasta y una trabajadora humanista no podía faltar dentro del elenco de ilustres colaboradores del blog Buenos tratos. Así que se lo propuse, y ella que nos ha enseñado sobre asertividad (en otro libro en co-autoría con Eva Bach titulado “La asertividad para gente extraordinaria”) me contestó que sí, sin ambages, que encantada. Y nos ha preparado una joya de artículo para despedir el año.

La resiliencia es un paradigma en el que ella es experta y ha profundizado en su trabajo en la Universidad de Barcelona y en su vida diaria. Personalmente, me fascina la metáfora de la bicicleta que Anna Forés ha creado y utiliza -junto con Jordi Grané- para ilustrar y desarrollar qué es este fenómeno que siempre ha existido pero que no tenía nombre. No es invulnerabilidad, no es no sufrir, no es resistir ni tener poderes de superhéroe ni aguantar situaciones injustas ni hacer como si nada hubiera pasado y poder retomar la vida haciendo borrón y cuenta nueva. Es asumir que hay una transformación a partir de una herida. Porque la herida tras un trauma está ahí siempre, la rueda de atrás de la bicicleta nos lo recuerda. Pero el significado y la dirección que voy a dar a esa herida hacen que desarrolle características diferentes e insospechadas tras dicho trauma.

La metáfora de la bicicleta que Anna Forés Miravalles nos explica en su extraordinariamente bello post, ayudará especialmente a las familias que os citáis aquí, en el blog, a entender y asumir cómo es vuestro hijo y a tratar de acompañarle y apoyarle en su caminar con esa bicicleta cuya rueda es diferente, pero puede continuar su recorrido con renovadas e inopinadas cualidades. 

Estaba pensando cuál podía ser el mensaje que tradicionalmente todos los 24 de diciembre os brindo y regalo desde el blog. Y me di cuenta que este brillante post de Anna Forés con su “sí a la vida” sería el mejor de todos los posibles como reflexión para despedir este año 2018. 

Muchísimas gracias de todo corazón, Anna Forés, por tu participación desinteresada y generosa, en el blog Buenos tratos, y por ser cómo eres. Espero seguir yendo a Barcelona y entre los miles y miles de personas con las que me podría encontrar en una urbe tan grande, que la casualidad (o tu ángel) vuelva a propiciar que sea contigo, ahí, cerca de la Plaza Lesseps. Porque hay encuentros significativos con personas que pueden cambiar una vida, que siga siendo así, pues ello nos inyecta el realismo de la esperanza en el trabajo con nuestros niños y jóvenes. ¡Feliz Navidad y mis mejores deseos para el 2019!


Anna Forés Miravalles. Profesora de la Universidad de Barcelona. Doctora en Filosofía y Ciencias de la Educación y Licenciada en Pedagogía por la Universidad de Barcelona. Me dedico a todo lo que tenga que ver con la humanización, en seguir creyendo en el género humano, o en hacer más humana nuestra vida, y mejorar la educación. Por eso resiliencia, neuroeducación, etc. son claves. Primera Presidenta de AIRE, Asociación de Investigación para la Resiliencia mayo 2014 - mayo 2018. He sido delegada del rector para las relaciones Universidad-Sociedad de la Facultad de Educación. annafores@ub.edu “Cambiar de respuesta es evolución. Cambiar de pregunta es revolución".





A veces: la primera vez, la última vez

Siempre hay una primera vez para todo lo que experimentamos en la vida. La sensación de la primera vez es única e irrepetible. Todos recordamos y tenemos muy presentes muchas de nuestras “primeras veces”; las de conseguir cosas de manera autónoma (andar, ir en bici, etc); las de hacer y compartir con otros (primer beso, y otros contactos amorosos, primer concierto, primera pifia, primer éxito); las de descubrir lugares, historias y emociones.

Hasta que de pronto la vida te sorprende con una “última vez”: que has visto a alguien querido que se ha ido, la última vez que verás ese lugar lejano, la última vez que sentirás aquello tan especial, la última vez que podrás hacer… tu última clase, tu último recuerdo.

Quizás escribo esto porque soy un poco gatuna. He jugado con la vida varias veces (incluso estuve a punto de no nacer) o la vida ha jugado conmigo, que hace que, desde esa primera vez que te enfrentas a la última vez (sea muerte o similar), todo recobre otra perspectiva y te haga apreciar más la vida. Por ejemplo, cruzamos este verano el viaducto de Génova a la misma hora pero justo un día antes del desplome. La vida nos recuerda nuestra fragilidad y fugacidad.

Y eso tiene mucho que ver con resiliencia. En 2010 organizamos el I Congreso Europeo de Resiliencia (la primera vez) y les preguntamos a los grandes referentes y expertos en la materia que nos dieran un definición clara y concisa sobre resiliencia. Todos llegaron a la misma conclusión: la resiliencia es un sí a la vida.

Es saber saborear y apreciar la vida. Generar posibilidades.

A veces parece que todo se derrumba, que hay demasiadas “ultimas veces”, o simplemente nunca sucederá, que es difícil cambiar la mirada hacia la posibilidad. Quizás estas etapas son sólo oportunidades que están por llegar. Unas primeras veces que se abren paso. Ese el gran poder transformador de la resiliencia. Que nuestra última vez sea la primera vez de algo maravilloso por descubrir.

Hace más de 10 años Jordi Grané y yo en nuestro primer libro de "La resiliencia. Crecer desde la adversidad", utilizamos la metáfora de la bicicleta para hablar de resiliencia.

Esta bicicleta es metáfora de la resiliencia para
Anna Forés y Jordi Grané.

La rueda de atrás ejemplifica la herida que la persona ha padecido. No es la original, esto nos recuerda que la cicatriz de la herida siempre está presente y no podemos volver al estado inicial. A pesar del golpe, tener una rueda que permita hacer funcionar la bicicleta hace referencia a la posibilidad de esquivar el destino.

Las botas nos remiten al movimiento, a una multitud de pies para poder seguir avanzando. Es decir, menciona las múltiples estrategias de adaptación positiva.

El manillar de madera nos indica la importancia de trazar el sentido, de la coherencia de la vida que posibilita el equilibrio. Escogemos nuestro camino, hemos de saber orientarnos.

Las luces de esta bicicleta nos recuerdan la importancia del tutor de resiliencia, de las personas significativas con las cuales tejemos la vida. A veces no se ven, pero son esenciales para poder ver.

La cadena es lo que hace que todo funcione: serían todas aquellas aptitudes personales y sociales, como también las competencias de la persona resiliente.

Los pedales nos recuerdan de dónde se saca la fuerza.

El asiento es nuestro conocimiento, nuestras necesidades básicas cubiertas, y una red social que no acoge.

La madera nos remite a la condición humana. Somos frágiles y contingentes pero a la vez se trata de un material dúctil, flexible, que puede flotar (metáfora para ejemplificar el resurgimiento de las profundidades).

Gracias a los cursos y conferencias, las personas nos han dado nuevas lecturas a la metáfora todas ellas interesantes: el hecho de seguir adelante para no caerte; el poner muchas botas para recordar que no estamos solos y que hacemos el camino con otras personas para hacer el viaje más liviano, etc.  La bicicleta que perdió la rueda no volvió a ser la misma, fue diferente, tuvo otras oportunidades de rehacerse, de transformar, de reconocer su herida.

La última vez de la primera rueda de la bicicleta dio paso a la primera vez de la nueva rueda. Y delante de este ciclo hay que agradecer todo lo que nos ha llevado a la última vez y apreciar todas las primeras veces que nos han llegado y que aún están por llegar.

lunes, 5 de marzo de 2018

Metáforas útiles para los profesionales de la ayuda: 7 metáforas para quienes trabajan con padres, familias o referentes educativos.

Antes de ofreceros las metáforas, voy a contaros una experiencia que me ayudó a descubrir el valor y la potencia terapéutica de estas. Como todo en la vida, por sí solas, probablemente, no podrán producir cambios, pero en el contexto de una relación interpersonal confiable, sintonizada y resonante emocionalmente, y en combinación con otras técnicas, pueden ser de gran ayuda en nuestra tarea psicoterapéutica y educativa. 

Cuando trabajé como psicólogo para un equipo ciclista profesional -junto con mi compañera psicóloga Naiara Zamora-, los deportistas eran jóvenes, una formación de cantera, equiparable a lo que puede ser en fútbol el Athletic de Bilbao, o mejor la Real Sociedad, pues el club donostiarra es quien más jugadores de su propia cantera aporta al primer equipo. El equipo era una institución en la que reivindicarse como una estrella en ciernes y poder así llamar la atención de ojeadores y fichar por otros equipos de más presupuesto y ambición deportiva. 

Aunque en su mayoría eran jóvenes, el equipo también lo integraban veteranos. Jóvenes y mayores que no estaban exentos de calidad. Además, existía una gran ilusión por hacer alguna gesta, algo reseñable. Su director deportivo, Mikel Azparren, era un hombre motivado al logro, que aceptaba el reto, apasionado del ciclismo y trabajador de sol a sol. 

¿Qué faltaba? Que creyeran de verdad en sus posibilidades. Seguridad, control y manejo de las emociones. Por ello, su director deportivo se planteó trabajar el aspecto psicológico en tres áreas: resiliencia como equipo, vinculación entre sus miembros y el grupo y entrenamiento en habilidades mentales relevantes para el rendimiento deportivo.

En el trabajo grupal, entre las diferentes técnicas y ejercicios que utilicé, incluí las metáforas. En aquel tiempo, leía un libro y diferentes artículos sobre el tema. En uno de ellos, afirmaban que existía un estudio científico en el que se había demostrado que interpelar verbalmente a un grupo sobre su rendimiento e instarle al logro podía conllevar un efecto paradójico: bloquearse y rendir por debajo de su nivel. Si a los ciclistas les hubiese transmitido verbalmente algo así como “sois mejores de lo que pensáis, podéis hacer más, vuestros pensamientos deben ser más realistas y/o positivos”, lo más probable es que no conectaran con el discurso porque les habría generado más ansiedad. Se habrían bloqueado. Y posiblemente hubiesen competido sin usar todo su potencial.

Sin embargo, utilizando el lenguaje de las metáforas (no verbal, directo al hemisferio derecho, que activa la emoción y opera a un nivel inconsciente) junto con un trabajo de instalación y fortalecimiento de recursos psicológicos en base a la terapia EMDR (más todo el trabajo grupal), era más probable que se empoderaran y conectaran con que eran capaces.

Así pues, veíamos diferentes vídeos donde se observaban gestas: un corredor en una bicicleta destartalada frente a otro con una profesional era capaz de ganarle gracias a su mayor motivación. Imágenes de resiliencia, de deportistas individuales o equipos alcanzando logros insospechados o vídeos donde se proponía el disfrute del deporte en sí. Recuerdo como especialmente significativo un fragmento de la película “El Club de los poetas muertos” donde el profesor animaba a los alumnos a “coged las rosas mientras podáis”, al carpe diem. Este dicho latino “disfruta el momento”, se convirtió en el lema del equipo. El mensaje a través de la metáfora de esta película, ya había calado e inconscientemente sentían algo así: “He de cambiar el chip, en vez de tener miedo voy a disfrutar del momento y sentirme feliz de correr la Vuelta a España a mi corta edad, es algo histórico y para disfrutar, voy a dar lo mejor de mí mismo” La canción del Dúo Dinámico “Resistiré” se convirtió en el himno del equipo, los ciclistas la escuchaban cuando merrmaban las fuerzas mentales y físicas. Creamos incluso una banda sonora del equipo con canciones y piezas que energizaban especialmente a los deportistas: Bycicle, de Queen y Nessun Dorma, de Puccini, gustaron mucho.




Imágenes, en suma, arquetípicas, que se remontan a la noche de los tiempos, tanto como que David venció a Goliath. Y ese mensaje inconsciente, festivo, resiliente, emocionalmente positivo, motivante, poderoso, esperanzador, pero a la vez real…  asociado -eso sí, no vendemos humo- con otros elementos que son imprescindibles e insustituibles como entrenar, cuidar la alimentación, atención médica y fisioterapéutica, descansar, trabajar las tácticas y un poco de suerte hicieron que el equipo consiguiera ganar una etapa de la Vuelta a España. ¡Toma ya! ¡23 años llevaba la institución sin ganar una etapa en La Vuelta! No fue sólo por el trabajo psicológico, ni mucho menos. Fue un granito de arena que, sumados todos, pueden llenar un saco que pese un montón. Sin duda fue mérito de todos los integrantes del equipo y, sobre todo, de los corredores, de su implicación y del gran trabajo que hicieron todos durante toda la temporada.




Esta experiencia me inspiró para crear este vídeo -ya lo he subido aquí otras veces- donde usé el ciclismo como la gran metáfora de la resiliencia, sobre cuál es el fundamento acerca de cómo debemos acompañar a los niños (sobre todo a los adoptados y acogidos que han sufrido malos tratos en sus lugares de origen) durante la carrera de la vida. Porque todos los niños tienen la semilla de la resiliencia, esta emergerá en el menor si es sembrada o no. Era impensable que uno de nuestros ciclistas ganara una etapa y se impusiera al mismísimo Alberto Contador, a Purito Rodríguez y a otros mucho mejores. Pero fue capaz de lograrlo (sostenido por el equipo) Del mismo modo, nosotros, como Cyrulnik, creemos en la resiliencia, en “la negación de la resignación a la fatalidad en la desgracia” 



Es posible que los niños con antecedentes de malos tratos y secuelas en forma de trauma que afectan a su vinculación y desarrollo puedan hacer un proceso de transformación resiliente a lo largo del tiempo, con un trabajo continuado durante todo su desarrollo, con paciencia y perseverancia, gracias a las familias y a la red psicosocial que hemos de entretejer en torno al niño, igual que el equipo de ciclistas trabaja para un determinado corredor. Y al igual que el ciclista de nuestra metáfora (se pensaba que era muy difícil que consiguiera una cota tan alta como la que alcanzó) puede llegar a alcanzar su meta (cada uno según sus talentos y posibilidades) y ser capaz de conseguir lo que se creía que sería imposible y que muchos niños y niñas nos han demostrado que se puede, si nos implicamos con ellos: sentir bienestar emocional, procesar los traumas, tener amigos, descubrir para qué valen y para qué pueden ser útiles a la sociedad y disfrutar de las cosas buenas que la vida nos ofrece. En suma, vivir en plenitud y sintiendo que merece la pena.

Desde el 2011 que tuve la suerte de acompañar durante un año a los ciclistas, sistematicé el uso de las metáforas en mi trabajo como psicoterapeuta. Porque son como las miniaturas de la técnica de la caja de arena: estimulamos el hemisferio derecho (es decir, vamos a la parte intuitiva, creativa, no verbal, más emocional, al pensamiento en imágenes), el cual normalmente queda relegado si hacemos un trabajo verbal con el paciente. Además, las metáforas pueden tener, en algunos casos, un componente arquetípico, es decir, recurrimos al ámbito universal, al inconsciente colectivo, para explicar algo relevante y sensible que le acontece a un grupo humano, a una colectividad, en una etapa trascendente de su historia. Su significado se pierde en la noche de los tiempos y no podemos recurrir exclusivamente a la experiencia individual para explicarlo, sino que tiene un significado para una comunidad (por ejemplo, David vence a Goliath: el débil si es más hábil puede vencer al que es más fuerte pero menos inteligente) Por eso, las metáforas son muy profundas y llegan inmediatamente al nivel emocional de las personas aportando insight (ver por dentro) Las metáforas, por último, no se explican. Pierden potencia sanadora, si se hace. Se captan y se entienden por sí solas, sin que haga falta añadir más.

Tras contaros esta experiencia, entramos en la definición técnica de qué es una metáfora.

En la página web lamenteesmaravillosa.com describen qué entendemos por metáfora: “una metáfora es una forma lingüística que hace una comparación implícita entre dos entidades diferentes. Se ha comprobado que, en el contexto terapéutico, las metáforas son un elemento esencial para que los cambios en el paciente se produzcan antes y a un nivel más profundo.

Las metáforas presentan al paciente una situación conocida, o mejor aún, vivida por él, que se asocia con el problema que presenta en la actualidad y que, además, ofrece una solución al mismo.

Las metáforas terapéuticas han de albergar una serie de características para que sean eficaces. En primer lugar, la metáfora ha de ser entendida por el paciente, por lo que su relato debe estar adaptado a su nivel de comprensión.

Por otro lado, se busca que la persona se vea reflejada en ella, de manera que entienda lo que le está ocurriendo y esta comprensión le motive a realizar el cambio terapéutico necesario.

La metáfora también debe tener una estructura de acción, de forma que en la narración se reflejen los pasos necesarios que el paciente tiene que emprender si quiere conseguir el cambio.

Además, debe ofrecer una solución o salida al problema, de forma que el paciente vea con claridad que los pasos que tiene que dar le van a llevar, si los hace de forma correcta, a solucionar el problema por el que está en consulta”

Así pues, tratando de cumplir lo más posible estos requisitos (digo “lo más posible” porque en el trabajo y acompañamiento a menores no se puede encontrar siempre una solución porque no existe, pero sí una salida, por ejemplo. La salida que apuesta por el trabajo constante en base a los postulados de la teoría del apego y la resiliencia. Además, los pasos que hay que dar para conseguir el cambio son largos, llevan tiempo), voy a compartir con vosotros/as las principales metáforas que uso en psicoterapia.

En esta primera parte del post nos vamos a centrar en metáforas útiles para trabajar con los padres o referentes del menor, dejando para una segunda parte las metáforas válidas para menores; y para una tercera y última, las metáforas útiles en el acompañamiento a adultos.

Metáforas útiles en el trabajo con los padres o referentes del menor

1. La gota de agua que horada la piedra o las olas del mar pasando por una roca millones de veces.

A menudo, los padres o referentes del menor sienten que no consiguen cambios estables en ellos. Que por mucho que hagan nada parece dar un resultado. La tentación suele ser cambiar la manera de relacionarse con los niños, de profesionales, modificar las consecuencias y “probar de todo” Cambiar no siempre es útil. Los niños o jóvenes se desorientan si no somos consistentes y coherentes en nuestros planteamientos, normas y consecuencias con ellos. Si cambiamos de forma de pensar o de ideas en cuanto a cómo educarles y somos como una montaña rusa o nos mostramos cambiantes, esto es negativo para ellos. La paciencia y la perseverancia, junto con la capacidad para vincular con los niños, ofrecerles unas reglas y normas justas, flexibles y coherentes, unas consecuencias predecibles y proporcionadas a las transgresiones que cometan, sin olvidarnos del afecto, el cariño, el diálogo y la aceptación respetuosa de su persona, esto es imprescindible, son los elementos que debemos de mantener. Puede que no consigamos nada a corto plazo, como la ola no consigue moldear la roca cuando la acaricia pocas veces. Pero, ¿y cuando la ola ha pasado por la roca una y otra vez, miles y miles de veces? Podéis ver este vídeo de las rocas del paseo cercano a mi consulta. Las rocas ya no tienen aristas ni vértices. Están como redondeadas. 



2. La palanca: “Dame un punto de apoyo y moveré mi mundo”

Esta es una metáfora que es un arquetipo. Se pierde en la noche de los tiempos. Arquímedes inventó la palanca de tal modo que podía levantar enormes bloques y pesos, si encontraba un punto de apoyo. Cuando los enemigos veían aparecer a Arquímedes, temblaban de miedo porque le atribuían características sobrenaturales al ser capaz de mover grandes piedras de manera tan fácil, y lanzarlas hacia los soldados invasores, claro, sembrando el pánico.

Mis amigos José Luis Rubio y Gema Puig, psicólogos, de la Asociación Addima, para el Desarrollo y Promoción de la Resiliencia, son los que descubrieron esta metáfora que aplicada a un joven no hace falta añadir mucho más.



Si queremos que los niños y jóvenes hagan un proceso de reconstrucción resiliente, les tenemos que dar puntos de apoyo (personas estables en sus vidas, y otro tipo de experiencias significativas) durante largo tiempo. Y con ello lograrán transformar SU mundo, esto es, conseguir crecer y rehacerse desde la adversidad. 

Que nadie piense que un menor dañado y traumatizado por los malos tratos hace un proceso de resiliencia gracias a que es resiliente, así, por ciencia infusa. Como si eso fuera un rasgo intrapsíquico. Eso solo serviría como excusa peligrosa para recortar más los medios materiales y humanos que los servicios sociales ponen a disposición de estos menores.

La resiliencia es una construcción social que emerge internamente gracias a la disposición de recursos externos (humanos, materiales, experienciales…) que favorecen la emergencia de recursos y cualidades internas insospechadas en el niño hasta el momento. Las personas que acompañan al niño en su crecimiento creen en él de manera fundamental (aceptan su persona y su mundo emocional, aunque no toleren todas las conductas, si estas dañan), no le suplantan y le prestan sus recursos personales (le prestan al niño su cerebro de adulto). De este modo se constituyen en los puntos de apoyo que el infante precisa para crecer y rehacerse de las adversidades.

3. Enseñar a andar en bicicleta como metáfora del apego: de la dependencia a la autonomía.

El apego es el lazo afectivo que une en el espacio-tiempo al bebé con el cuidador. Hablamos de apego seguro cuando la expectativa del bebé respecto al cuidador es la de proporcionarle una experiencia de confort y seguridad ante las amenazas internas (ansiedad, angustia, impulsos indeseados…) y externas. El cuidador es interiorizado como una base de seguridad a la que poder acudir y encontrar estas experiencias de tranquilidad y seguridad emocional. En la medida que el bebé lo interioriza, dicha seguridad le permite ir ganando progresivamente autonomía. Fomentar el apego seguro es también mostrar un “total respeto por la necesidad de autonomía del niño” Podrá así explorar el mundo que le rodea, aprender y separarse de la madre o cuidador para poder desarrollar paulatinamente su individualidad, pero a la vez contemplando la necesidad del otro si la precisa.

La función de los padres o cuidadores es la de inicialmente mantener una permanencia para que las funciones psíquicas se estabilicen, pero en la medida que ese niño vaya adquiriéndolas, pasará por una fase de transición donde la presencia de los padres será más intermitente para que finalmente el niño gane permanencia interna y no precise constantemente la presencia de los padres para estabilizar las funciones psíquicas.

Un ejemplo de esto lo tenemos en el niño que está entre los dos y los tres años. Gracias a la estimulación repetida por parte de los padres o cuidadores, a su constancia, amor, paciencia y tranquilidad el bebé desarrolla la capacidad de separarse de ellos transitoriamente (por ejemplo, para ir al jardín infantil) y entender estas separaciones. De la total dependencia de las figuras externamente para pasar por fases de transición y adaptación y terminar en el logro de una habilidad regularoria y en la comprensión de que los padres no desparecen cuando se alejan. 

¿Cómo explicar esto? Suelo recurrir a la metáfora de enseñar a andar en bicicleta. Si quieres que la función psíquica se interiorice, has de estar totalmente presente. Porque si no, el niño se cae al suelo. Sin embargo, la permanencia y la repetición favorecen que el niño ya pueda andar en la bici unos cuantos metros sin caerse, aunque la mano del papá o de la mamá para equilibrar y dar puntos de apoyo, transitoriamente, será necesaria. Aún no pueden retirarse del todo. Finalmente, con la perseverancia, el niño podrá desplazarse en la bicicleta lejos, sin caerse y con habilidad, sin necesidad de recurrir a la ayuda del adulto. Su memoria procedimental registró este aprendizaje que es capaz de hacer de modo no consciente, sin necesidad de pensar en ello.



4. Los cimientos de la casa como el logro del apego seguro y base de la auto-organización de la mente y el cerebro.

¿Cómo explicar a los padres o personas que no sepan nada qué supone el apego seguro? El apego no lo es todo para un ser humano, ni es una garantía de nada. Felix López, catedrático de la Universidad de Salamanca, experto y una eminencia en el tema que nos ocupa, comenzó una charla sobre apego diciendo que el apego seguro no es garantía de seguro de vida. Porque todos somos vulnerables y porque todos somos en muchos momentos dependientes y necesitados.

El logro del apego seguro no exime a un sujeto de enfermedades mentales y físicas, ni de sufrir, ni de que le sucedan adversidades, ni le dota de superpoderes. El apego seguro sin embargo es una experiencia en la que aprendes temprana e implícitamente que el otro estará ahí disponible, sensible y confiablemente. Sobre todo, otorga confianza. Los jóvenes que sufrieron maltrato y abuso que yo he tratado, muchos de ellos lo que observaba es que no confiaban absolutamente en nadie. 

Si aprendes a confiar y sientes inconscientemente que el otro te ayudará, te brindará confort, calma y seguridad, buscarás a ese otro para poder apoyarte en los momentos de crisis vital o de alteraciones psicológicas. Expresarás mejor tus emociones y tu regulación emocional recuperará antes. Serás posiblemente alguien más coherente y organizado mentalmente, y la capacidad para poder integrar y hacer insight sobre lo que te ocurre en ese momento de crisis de tu vida estará conservada. Te beneficiarás de las ayudas personales y profesionales (aceptarás con menos resistencias tu papel en los problemas y serás responsable y activo en tu proceso de sanación emocional), siendo más flexible y menos rígido mentalmente.



Es decir, la persona (en la metáfora, el edificio) se puede tambalear y necesitar apuntalamiento, pero gracias a que en sus comienzos se construyeron unos buenos cimientos (el apego seguro) no se cae. Recibe bien las ayudas y los planes de restauración y pasado el momento en el que el peligro del derrumbe estaba ahí, se pueden quitar los apuntalamientos pues el edificio se vuelve a sujetar por sí sólo gracias a esos cimientos de calidad.

5. El guía y el mapa para ilustrar la ayuda que necesita un menor con los deberes escolares.

Los deberes escolares son un momento de tensión para muchas familias. Creo que muchos de estos problemas podrían manejarse mejor si comprendiéramos que el niño aún no posee habilidades ejecutivas suficientemente desarrolladas para gestionar todo lo que supone hacer los deberes. Desde nuestro punto de vista de padres y adultos, nos parece “si solo es leer cinco líneas” Pero en realidad una tarea como leer comprende complejas funciones cognitivas y emocionales que para determinados niños es muy complicado alcanzar sin ayuda.

¿Cuánta ayuda? Según la edad madurativa del niño. ¿Cómo se lo explicamos a los cuidadores? Yo suelo usar la metáfora del guía turístico y el mapa. En función del grado de autorregulación del niño y del desarrollo de sus funciones ejecutivas (funciones asociadas al lóbulo frontal responsables de ordenar, secuenciar y planificar la conducta, esto es, como el director de orquesta interno), el adulto ha de intervenir. Cuanto menos desarrolladas estas funciones, más intervención por nuestra parte. Como adultos deberemos ser como el guía que no sólo te da el mapa y te indica cómo llegar al sitio, sino que física y emocionalmente te acompaña, anima, regula, planifica, secuencia… Va contigo todo el camino. Su función es ACOMPAÑAR y GUIAR.



Conforme el niño interioriza el camino, esto es, desarrolla habilidades, y puede operar con más autonomía, entonces la función del cuidador o persona que le ayuda con los deberes será la de GUIAR más que ACOMPAÑAR. El guía ya puede indicar cuál es el camino y dar el mapa sin necesidad de estar físicamente al lado e interviniendo constantemente para que el niño no se vaya del camino.

Finalmente, aspiramos, como siempre repetimos cual mantra, con paciencia y perseverancia, a que solamente tengamos que SUPERVISAR cómo el niño hace la tarea.

Pero para que un niño interiorice una función necesita de la presencia continuada de los adultos acompañando y guiando al menos –dicen los expertos- dos meses. Esto como siempre, es orientativo y depende también del tipo de habilidad.

6. El filtro como metáfora del papel que los cuidadores deben de ejercer para regular emocionalmente al niño.

El logro de la autoregulación de los estados internos y su adecuada expresión en la conducta es resultado de una experiencia prolongada de co-regulación con un adulto competente que en sintonía con el niño enseñar a modular dichos estados, en una especie de “gimnasia” emocional. Activa y estimula cuando es preciso, o calma y tranquiliza cuando se precisa. El bebé no puede regularse por sí solo. Tiene muy pocos recursos a su alcance. Tan solo puede chuparse el dedo, mecerse o disociarse. Depende totalmente de un adulto competente que mediante la sincronía afectiva pueda calmarlo y tranquilizarlo. 

¿Qué metáfora podemos usar para ayudar a los padres o familias a comprender este papel? El del filtro. Todos sabemos para qué sirve un filtro: deja fuera lo que no es útil, no sirve o no es bueno, y deja pasar lo que es válido, sirve o es bueno. 




El adulto es como un filtro para el bebé a nivel sensorial y emocional: si hay demasiada temperatura, trata de ajustarla. O a la inversa. Si hay mucho ruido, lleva al bebé a un lugar tranquilo.  Si está demasiado excitado, el cuidador le calma con el contacto piel con piel. Y así podríamos poner cientos de ejemplos en los que el adulto actúa como ese filtro que permite que el niño reciba la estimulación ambiental que pueda procesar (por eso muchos niños maltratados tienen problemas a nivel de integración sensorial, porque la figura de apego no hizo esta función) con su inmaduro cerebro, así como la regulación externa de los estados emocionales, los ciclos de excitación-relajación, que son modulados por un adulto competente que entiende y lee a la perfección qué necesita el bebé.

El trabajo de muchos cuidadores, acogedores, adoptivos… que tienen a su cargo niños más mayores es hacer de ese filtro estabilizador que necesitan porque arrastran secuelas derivadas del maltrato: no pueden estabilizarse a nivel sensorial ni emocional debido a que el adulto temprano no ejerció ese rol o directamente, con su propia inestabilidad, desreguló al menor. 

7. El director de orquesta para mostrar qué son las funciones ejecutivas y la necesidad de la permanencia junto al niño.

¿Cómo podemos explicar a unos padres o familia adoptiva/acogedora que los malos tratos pueden acarrear secuelas en el desarrollo madurativo del cerebro? ¿Y de qué tipo? La mayor parte de los casos presentan un déficit en las funciones ejecutivas, que son algo así como el capitán del barco cognitivo. 

Suelen ser chicos y chicas inteligentes, con muy buenas ideas y propósitos, que pueden prometer implicarse y tratar de corregir sus errores y mejorar, pero que por sí solos no pueden. 

Siguiendo la metáfora, su cerebro (la orquesta) tiene muy buenos timbales, trombones, violines, trompetas… pero no hay un director de orquesta (lóbulo frontal), con lo cual viven en el caos. Cada uno toca por su cuenta, pero no hay una organización. O usando otra metáfora, hay muy buenas ideas en la empresa, pero el departamento ejecutivo o la gerencia no funciona y no se persevera ni se secuencia y planifica –y menos automonitorea- ninguna de esas ideas o propósitos.

La imagen de un director de orquesta regulando, ordenando, inhibiendo, parando, indicando entrar a un instrumento, coordinando… creo que es una potente y clarificadora idea de lo que son las funciones ejecutivas, así como de la frustración que a estos chicos y chicas les supone querer, pero luego no poder gobernar y caer en la apatía, o en la desatención, la falta de control de impulsos o la desinhibición.

Es por ello por lo que los cuidadores han de ejercer ese papel de permanencia, como un director de orquesta, no que suplante sino que regule, module y ayude a organizarse desde fuera, cual director de orquesta.

Me despido con este vídeo de un director de orquesta atípico, pero genial: Carlos Kleiber. Aunque su forma de dirigir parecía un tanto extravagante, lo hacía de un modo tan plástico, dinámico y divertido que puede servirnos de metáfora para que dirijamos a nuestros niños de una manera atractiva y lúdica (Por ejemplo, se le puede ordenar a un niño recoger la mesa, pero también se le puede decir que le ayudamos a recoger haciendo una apuesta a ver quién recoge más cosas antes...)





Espero que os haya gustado y os sea útil en vuestra labor educativa y terapéutica. 

Volveremos con nuevas metáforas en otro post.

Cuidaos / Zaindu.