El desierto del pequeño Abdou
Un cuento de Patricia Rodríguez Mejías, psicóloga
Entrevista a Patricia Rodríguez Mejías
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Gracias, Patricia, por El desierto del pequeño Abdou, un cuento que nace del encuentro auténtico con la infancia y del acompañamiento respetuoso al dolor que deja la migración y la pérdida. Desde el primer momento en que conocí esta historia, sentí con claridad que debía acompañarla y no lo dudé: había en ella una verdad profunda, una delicadeza poco frecuente y un enorme respeto por el mundo emocional de los niños y niñas.
Tu manera de dar forma al desierto —al silencio, a la ausencia, a las preguntas sin respuesta y a las emociones que desbordan— ofrece un lugar seguro donde poder reconocerse sin prisa ni exigencias. El cuento no solo nombra el duelo migratorio, sino que lo sostiene desde el vínculo, la presencia y el cuidado, recordándonos que en el sufrimiento infantil no hacen falta respuestas perfectas, sino adultos disponibles que acompañen.
Ha sido un honor escribir el prólogo de una obra tan honesta y necesaria, profundamente comprometida con la infancia y con la reparación emocional, y que ofrece refugio allí donde tantas veces solo hay desierto.
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Patricia Rodríguez Mejías. Soy psicóloga y acompaño especializada en infancia, género y contextos de migración. Nací en Villanueva de la Serena (Badajoz) en 1993 y, desde muy pequeña, he sentido una profunda conexión con el mundo emocional, con las historias que no siempre encuentran palabras y con los silencios que dejan huella.
Me formé en Psicología en la Universidad de Granada y realicé el Máster en Psicología General Sanitaria en la Universidad de Córdoba. A lo largo de los años he seguido ampliando mi formación, hasta que tras muchas vueltas, decidí realizar el Diplomado de Traumaterapia Sistémica, formando parte de la promoción Apega 3 de Madrid, un enfoque que hoy atraviesa tanto mi manera de trabajar como mi forma de estar con las personas a las que acompaño.
En 2018 comencé a trabajar como psicóloga en el Programa ÖDOS de la Fundación EMET, en Córdoba, acompañando a infancias y adolescencias en situación de alta vulnerabilidad: mujeres, niños y niñas migrantes. Fue allí donde mi camino empezó a entrelazarse con el mar y con las realidades migratorias, con mujeres, niños y niñas que emprendían viajes marcados por la esperanza, el miedo y la búsqueda de refugio.
Entre septiembre de 2024 y noviembre de 2025 formé parte del equipo de la Delegación Diocesana de Migraciones en Senegal. Durante ese tiempo viví y trabajé en Senegal acompañando a mujeres, a niños y niñas que transitaban el duelo por la pérdida de sus padres y familiares en el contexto de la migración irregular. En ese acompañamiento nació El desierto del pequeño Abdou, utilizándolo como herramienta terapéutica en sesiones individuales y grupales.
Fueron los propios niños y niñas quienes le dieron vida al cuento. A través de sus miradas, sus silencios, sus dibujos y sus emociones, la historia fue creciendo y tomando sentido. Ver cómo se reconocían en ella, cómo les ayudaba a expresar lo que sentían y a sentirse acompañados, fue lo que me impulsó a apostar por este proyecto y a lanzarlo al mundo, con el deseo de que pudiera llegar a otros niños y niñas que también atraviesan su propio desierto.
Ese periodo marcó profundamente mi forma de comprender la infancia, el duelo y la presencia. El cuento surge de la práctica, del encuentro real y del cuidado compartido, como un espacio seguro donde el dolor puede ser nombrado y acompañado.
Actualmente he regresado a España, desde donde continúo mi trabajo y mi compromiso con el acompañamiento emocional, la infancia y las realidades migratorias. Escribo y acompaño desde la escucha, la presencia y la incondicionalidad, convencida de que cuidar la infancia es cuidar lo más sagrado que tenemos.
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El por qué de este cuento, por Patricia Rodríguez Mejías
El desierto del pequeño Abdou cuenta la historia de un pequeño león que pierde a su padre y, sin saber cómo ni por qué, comienza a caminar por un desierto que nadie le había explicado. Un desierto hecho de silencio, de preguntas sin respuesta, de miedo, de tristeza y de una ausencia que lo ocupa todo.
El cuento pone palabras y formas a aquello que muchos niños y niñas no saben —o no pueden— expresar. Valida el dolor, legitima cada una de las emociones y ofrece un espacio seguro donde transitar el duelo. El desierto del pequeño Abdou introduce además estrategias de regulación emocional y resalta la importancia del vínculo, la presencia y el acompañamiento de las figuras de referencia en los procesos de duelo.
Al mismo tiempo, el cuento habla a los adultos que los rodean. Les recuerda la importancia de la presencia, de la escucha y del cuidado emocional. Porque cuando un niño sufre, no necesita respuestas perfectas, sino brazos que sostengan, miradas que comprendan y palabras que rompan sus silencios.
El desierto del pequeño Abdou no es solo un cuento: es un lugar de encuentro, cuidado y reparación, donde cada niño y niña puede empezar a transitar su propio desierto interior para, poco a poco, encontrar refugio y resiliencia.
Este cuento nace para acompañar a la infancia en uno de los momentos más difíciles que puede atravesar: la pérdida de una figura fundamental. A través de una historia sencilla y simbólica, El desierto del pequeño Abdou ofrece un espacio seguro donde los niños y niñas pueden verse reflejados y consigan transitar su propio desierto para poco a poco, encontrar refugio y resiliencia.
El desierto del pequeño Abdou es más que un cuento. Es un lugar.
Un lugar donde reconstruir lo más sagrado del mundo: la infancia.




