lunes, 24 de septiembre de 2012

Psicoeducación para familias adoptivas y acogedoras: cómo gestionar nuestras emociones como cuidadores (II y final)


Continuamos con el tema de la pasada semana, y esta vez nos centramos en las habilidades de gestión de las emociones que el cuidador puede y debe de desarrollar. Este aspecto es muy importante, tanto como que el niño aprenda a manejar las suyas propias. Si no somos cuidadores conscientes de nuestras emociones y de cómo éstas interfieren en nuestras labores de crianza, no podemos ofrecer modelos adecuados de identificación ni exigir calma y tranquilidad al niño cuando nosotros no sabemos ofrecerla.

Este punto debe de trabajarlo el cuidador desde el principio de la relación con su niño adoptado o acogido. En particular, debe examinar las emociones de miedo, angustia o ira que siente ante determinadas formas de ser del niño o ante conductas concretas problemáticas. Además, el cuidador debe de conocerse en profundidad, saber cuáles son sus rasgos de personalidad y cómo éstos interfieren en la relación con el niño (en particular aquellos rasgos que pueden tensionarle: no ser capaz de empatizar, ser demasiado normativo, exigirle lo que no puede hacer, ofrecerle unas metas que son frustrantes para él porque no es capaz de alcanzarlas…) También el cuidador debe analizar su propia vida: grado de satisfacción con el trabajo, cómo son sus relaciones de amistad y de pareja, posibles focos de tensión que le estresen, necesidad de tomarse más respiros o descansos…

Es crucial tomarse esto muy en serio, habida cuenta de que constituirse en un cuidador que tensiona al niño permanentemente es un predictor negativo a futuro para unas relaciones familiares satisfactorias. El niño debe de aprender sus propias estrategias de manejo de emociones, sí;  pero el adulto también. Muchas veces el problema lo tiene más el adulto que el niño.

Dicho esto, os ofrezco las estrategias de manejo de las emociones que Blaustein y Kinniburgh proponen en su excelente libro “Treating traumatic stress in children and adolescents” El primer capítulo del libro está dedicado a este tema, así que nos hacemos una idea de la enorme trascendencia que las autoras conceden a que el cuidador sea capaz de mostrarse firme pero afectivo a la vez, con habilidades para gestionar sus propias emociones.

3º Construir estrategias de manejo de las emociones

Técnicas útiles para el manejo de las emociones del cuidador:


Respirar profundamente

Aprender a hacer técnicas de respiración diafragmáticas.

Es recomendable (para las personas que más dificultades tienen en el manejo de sus emociones) la práctica de la meditación pues ésta es un camino para alcanzar una mente más plena. Observar nuestros estados internos con aceptación y sin juzgar, favorece que desarrollemos un mayor conocimiento de nosotros mismos y que aprendamos a ser responsivos y no reactivos.

Relajación muscular

Aprender a hacer técnicas de relajación muscular progresiva. Los músculos del cuerpo suelen ponerse en tensión cuando experimentamos emociones intensas en situaciones potencialmente estresantes. Aprender a tensar y destensar los músculos a voluntad es una manera de poder luego aplicarlo en la vida cotidiana. Una relajación muscular permite un mejor manejo emocional.

Distracción

Los cuidadores han de aprender a identificar cuando están “atascados” (por ejemplo, atrapados en un círculo de pensamientos rígidos, obsesivos o preocupantes sobre sus hijos) Es necesario entrenarse en poner el foco de la atención en otros pensamientos.

Auto-tranquilización

Identificar qué cosas son agradables o calmantes para nosotros (una determinada imagen mental, por ejemplo, mientras nos repetimos una palabra interna como “calma”, a modo de mantra)

Desarrollar actividades que promuevan el autocuidado (pasear, hacer ejercicio, tomar un baño caliente…)

Tiempo fuera

En situaciones donde se experimenten emociones muy intensas o ante conflictos, es necesario “darse un respiro”

En vez de sacar al niño o llevarlo fuera, es el cuidador el que se va. Le comunica al niño su necesidad de tomarse unos minutos para calmarse. O le dice que va a su habitación porque necesita un poco de tranquilidad y que a la vuelta continuarán hablando. Así se calman los dos. Le deja claro que no le rechaza ni le abandona, que sólo es para calmarse.

Con todo, estas técnicas requieren de paciencia y constancia, hay que practicarlas para poder dominarlas. Si el cuidador tiene marcadas dificultades para el autocontrol u otros problemas de personalidad, es necesario realizar una psicoterapia para analizar el por qué de estos problemas, sobre todo cuando interfieren en la educación y perturban el desarrollo y la evolución del niño. Estar cerrados al análisis y la reflexión personal no es algo para nada positivo.

Hasta la semana que viene, espero que lo que hemos tratado hoy os sea útil y provechoso.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Psicoeducación para familias adoptivas y acogedoras: cómo gestionar nuestras emociones como cuidadores (I)


Iniciamos una serie de posts que, simultaneándolos con otros temas, vamos a seguir durante una buena parte de este curso 2012-13 aquí, en el blog de Buenos tratos.

La serie de posts se centran en la psicoeducación para padres y familias adoptivas y acogedoras con el fin de que conozcan mejor a sus hijos o niños (normalmente sabemos que han sufrido en mayor o menor medida maltrato y abandono), reflexionen y adquieran herramientas para poder comprender y actuar con eficacia.

Tres van a ser los bloques que vamos a desarrollar: APEGO, AUTO-REGULACIÓN Y COMPETENCIA.

Dentro del bloque dedicado al APEGO, tocaremos estos aspectos: Gestión de las emociones del cuidador; Sintonización afectiva con el niño; Consistencia en las actuaciones del cuidador; Hábitos y rutinas.

Dentro del bloque dedicado a la AUTO-REGULACIÓN, abordaremos estos puntos: Identificar emociones; Modular las emociones; Expresar el afecto.

Dentro del bloque dedicado a la COMPETENCIA, nos centraremos en mejorar las Funciones ejecutivas del niño y en el Desarrollo de la identidad y del sí mismo.

Lo que os voy a ir ofreciendo no son recetas, ni mucho menos. Tampoco voy a dar las soluciones. Cada niño es único. Muchas veces formularemos preguntas que os ayudarán a daros cuenta qué necesitáis hacer como cuidadores y qué es preciso cambiar, o qué aspectos tenéis que trabajar con vuestros hijos o niños. Por eso, más que soluciones, proponemos caminos de reflexión y actuación. Cada niño necesita su propio camino y un adulto que le acompañe en su caminar.

El material está basado en el libro “Treating Traumatic Stress in Children and Adolescents”, de las autoras Blaustein y Kinninburgh. Una joya de libro que me ha sugerido mi amiga y colega Maryorie Dantagnan.

Comenzamos con el primer bloque (apego) y el primer tema a tratar: gestionar las emociones del cuidador.

GESTIÓN DE LAS EMOCIONES DEL CUIDADOR

Este un aspecto a menudo bastante ignorado por los padres y familias adoptivas y acogedoras. Los niños son los destinatarios de los tratamientos psicológicos y las medidas educativas, en las que también deben de participar y colaborar los padres, ya que sin ellos -como equipo que ayuda al niño- no hay terapia que valga. Normalmente, los profesionales intentamos pautar y orientar a los padres en la crianza de sus hijos. Pero no hay pautas que funcionen si no partimos de una condición sine qua non: en las relaciones humanas, la influencia del otro es notoria. Nos construimos y desarrollamos en la relación con el otro significativo. En el caso de los niños con problemas de regulación emocional como consecuencia del trauma (podéis leer en el blog los post sobre este tema haciendo click en la etiqueta “trauma”), es vital contar con un adulto que se constituya en referente estable emocionalmente y equilibrado en la gestión de sus propias emociones. Si no, será un adulto que ya tensione al niño con su sola presencia, pues contagiará dichos estados al menor. Los cerebros se conectan entre sí, nos ha enseñado Siegel. Hemisferio derecho con hemisferio derecho, la sede de las emociones. Si el hemisferio derecho de los cuidadores inunda al cerebro de éstos de ira ante lo que el niño hace y no gestionamos la misma, el menor la percibirá y responderá con los mecanismos de defensa que aprendió en el entorno maltratante en el que sobrevivió.

Sé que no es nada fácil, que los niños pueden llegar a agotar y hacernos perder la paciencia. Por muchas terapias y pautas y medidas educativas, vivimos en el mundo real. Somos humanos y en un momento dado nos podemos llegar a sobrepasar. Pero no podemos llegar a sobrepasarnos continuamente. Si nos concienciamos que nosotros como cuidadores también tenemos que trabajar por autocontrolar nuestras emociones (y no sólo el niño) estamos, primero, ofreciendo un modelo de auto-regulación (no podemos pedir calma y sensatez si nosotros no la modelamos); y, segundo, a largo plazo sentaremos las bases para que el niño nos sienta seguros, tranquilos y firmes cuando sea necesario, con lo cual contribuiremos que el menor aprenda a auto-regularse.

Construyendo habilidades para el auto-monitoreo de las emociones

1º Identificar situaciones difíciles

Es importante, lo primero, identificar qué situaciones son las que nos suponen más reto como cuidadores, pues el niño reacciona (no responde) de una manera más impulsiva o provocadora: en la comida, cuando molesta a su hermano; en el comedor escolar con más niños y esperando a comer; a la hora de hacer los deberes, pues se niega…

Haceos estas preguntas:

¿Son los comportamientos del niño particularmente difíciles o duros para ti, para manejarlos o afrontarlos o es que el niño ha aprendido o sabe lo que tiene que hacer para “pulsar el botón” que inicia tu descontrol?

¿Realmente encuentras difícil afrontar las emociones y conductas del niño, o responder ante las mismas, o es que se produce una respuesta excesivamente dura o alterada ante lo que el niño hace?

¿Qué tipo de expresiones emocionales o de conductas han sido las más duras o de riesgo en el pasado (por ejemplo, amenazas del niño de dañar a otros o a sí mismo)? ¿Te están afectando aún?

¿Hay situaciones que te resultan particularmente difíciles porque te recuerdan momentos duros o difíciles de tu vida pasada?

¿Hay algunas conductas, experiencias o sentimientos del niño que te resultan particularmente difíciles de comprender y aceptar?

¿Qué otro tipo de factores afectan tu habilidad como padre, madre o acogedor para permanecer centrado (por ejemplo, problemas en el trabajo, presiones externas, problemas en tus relaciones, problemas con tu pareja)?

2º Construir habilidades de auto-monitoreo 

Aprender a tomar conciencia de nuestras propias reacciones como cuidadores ante las conductas de los niños.

Fisiológicamente: ¿Qué experimentas en tu cuerpo? Pon atención a la tasa cardíaca, la respiración, tensión muscular, aturdimiento… ¿Qué señales internas, de tu propio cuerpo, preceden a tu pérdida de control como cuidador?

Cognitivamente (pensamientos e imágenes): ¿Qué es lo que piensas como cuidador en el afrontamiento de las situaciones difíciles? Considera los pensamientos automáticos como: “No puedo hacer nada para ayudarle”; “Hace esto a propósito”, etc.

Emocionalmente: ¿Qué es lo que sientes como cuidador en respuesta a cada situación difícil identificada?

Conductualmente: ¿Qué es lo que haces como cuidador para afrontar las emociones difíciles o negativas? ¿Llegas a responder punitivamente? ¿Te retiras? ¿Te quedas como parado?

La semana próxima continuaremos y nos centraremos en qué estrategias podemos utilizar para gestionar nuestras emociones ante las conductas difíciles de nuestros niños. 

lunes, 10 de septiembre de 2012

Buenos tratos levanta la persiana. Este curso, ayudando a resiliar a nuestros niños y jóvenes


Buenos tratos levanta la persiana tras el descanso veraniego. Estoy encantado de estar con todos/as vosotros/as nuevamente, y os saludo cordialmente esperando que hayáis gozado de un verano tranquilo y reparador. Por mi parte regreso al blog con más ganas que nunca y muy contento de retomar los temas que a todos/as nos concitan aquí referidos al apego, al trauma y la resiliencia.

Durante este trimestre vamos a centrarnos en nuevos temas y vamos a volver a referirnos a otros ya abordados pero haciéndolo desde una nueva perspectiva.

Uno de los temas que considero tiene vital importancia es el de la psicoeducación a los padres, familias y profesionales de la adopción y el acogimiento sobre los efectos del trauma y las relaciones de apego subóptimas en los niños y adolescentes que han vivido historias de malos tratos y abandono. Ha llegado un material a mis manos, muy interesante, este verano (está en inglés), sobre este particular y mi intención es ir ofreciéndooslo para que os sea de utilidad en el trabajo con vuestros niños/as y adolescentes. Muchas de las alteraciones emocionales y conductuales de los menores tienen su origen en un trauma relacional temprano. El desconocimiento de los efectos que provoca en los niños y adolescentes conduce a un manejo inadecuado de los problemas emocionales y conductuales que éstos a menudo suelen presentar. Saber qué hacer y cómo actuar ante estos problemas es una necesidad de primer orden. Si ya de por sí resulta complejo para los profesionales, para los padres y las familias es un reto y un desafío en el que necesitan apoyo pero también conocimientos -explicados de una manera sencilla- y orientaciones claras de actuación. Los métodos clásicos, las referencias en las que hemos sido educados la mayoría de nosotros, no son útiles cuando lo que falla y están alteradas son las relaciones tempranas en las que -cuando hay cuidados y buen trato al bebé- se interiorizan la autoestima, la confianza y la seguridad en el otro. Esto es lo que debemos de reconstruir.

En esta reconstrucción observo a menudo impaciencia, agobio y desesperación en muchos padres. El hartazgo conduce a la pérdida del control emocional y a realizar interpretaciones de la conducta de los niños y adolescentes tales como “nos toma el pelo”; “esto es intolerable”; “le voy a demostrar quién manda aquí”; “es un caradura” y otras similares. Comprensible cuando uno está sometido a tensiones emocionales derivadas de una crianza muy exigente pero incorrectas porque en realidad el joven no puede, no sabe, está frustrado o inseguro y necesita de nuestra contención pero también de nuestro reconocimiento. Y permitidme que os lo diga con cariño, reconocemos muy poco los méritos y los esfuerzos de estos niños y en cambio, nos prodigamos en jucios de valor peyorativos con mucha frecuencia.  Y además, las interpretaciones culpabilizadoras de las conductas negativas de los niños o jóvenes nos conducen a métodos inadecuados como el castigo, las broncas, la retirada de premios o refuerzos que lo que suelen hacer es precipitar el recuerdo traumático de la violencia o la carencia que sufrieron. Tratamos de frenarles mediante el límite (sin duda necesario) pero descuidamos que el niño sienta que le sentimos (ponernos en su piel) Muchos padres me dicen que esto es una bonita teoría difícil de poner en práctica y yo les suelo responder que es un camino que no nos ofrece, probablemente, una eficacia a corto plazo pero sí una reparación, a largo plazo, de las relaciones de apego que están dañadas lo cual es de suma importancia para el futuro de los niños/as. Y que es posible hacerlo si uno se deja enseñar y orientar y está dispuesto a revisar sus propios referenciales educativos. Pero primero hemos de partir de la necesidad de aprender como adultos a controlar nuestras propias emociones. Es difícil poder educar si no somos modelos de contención emocional para los hijos.

Un niño con trauma relacional temprano tiene unas heridas abiertas en lo que a sus modelos internos de apego se refiere, a cómo se representa al otro en su mente y qué expectativas de conducta tiene respecto a ese otro. Este tipo de niños tiende a vivir experiencias disociativas (quedarse como congelado o presentar respuestas de gran agresividad ante estímulos que recuerdan el trauma del maltrato), tiene dificultades regulatorias a nivel comportamental, déficits en la mentalización (en reconocer que el otro tiene una mente propia) y utilizan estrategias relacionales muy controladoras. Todo esto requiere de una psicoterapia, sí, pero de unos adultos a su lado que entiendan lo que le ocurre y trabajen con ese niño para que pueda ir cerrando esas heridas. En eso consiste la resiliencia: en contar con un tutor (persona) que acompañe al niño en un proceso largo y difícil donde pueda aprender a crecer y rehacerse desde la adversidad. Resiliencia, en una de sus acepciones, es volver hacia atrás. Como cuando arrugamos una botella de plástico y luego la enderezamos. Ha vuelto hacia atrás, pero quedan arrugas. O como las heridas de las piernas de este ciclista que se prestó a que le hiciera esta fotografía. Fijaos: cicatrices cerradas. Heridas que han vuelto hacia atrás, se han restañado. Puede seguir funcionando. Pero la piel no queda igual. La mente humana tiene heridas emocionales que pueden volver hacia atrás, que pueden rehacerse. Pero queda marca, es imposible hacer como si nada hubiera pasado. Es imposible cambiar el cerebro, es el mismo para toda la vida. Pero como pasa en la pierna de este ciclista (un deporte de resilientes, sin duda) que se ha rehecho, nuestros niños pueden conseguirlo si les apoyamos incondicionalmente. Y no es teoría. La práctica clínica y el trabajo con niños y adultos demuestran que es posible. Pero sé que necesitáis apoyo y pautas y este año vamos a centrarnos en esto ampliamente.

También -en esta presentación que es el post de hoy- os anuncio que hablaré de dos libros imprescindibles: uno de la psicóloga y psicoterapeuta Loretta Cornejo que ha sido publicado la semana pasada. Se titula: "El espacio común: Nuevas aportaciones a la terapia gestáltica aplicada a los niños y adolesentes" Editorial Desclée de Brouwer. Colección AMAE. En palabras de la propia Loretta: "Se trata de un libro donde se plantea que todos debemos trabajar para hacer un espacio común en y con el mundo y, para empezar, en la situación terapéutica donde el profesional trabaja en colaboración estrecha con el niño, el joven, los padres, la familia, los abuelos... Es un libro escrito por Loretta Cornejo Parolini pero hecho en conjunto con la colaboración de muchas personas, para justamente crear desde el propio libro ese ESPACIO COMÚN.  Los jóvenes y niños con sus dibujos, los padres y los abuelos con sus palabras y comentarios, los profesionales del equipo con técnicas creadas por ellos, los alumnos en formación con sus trabajos a modo de ejercicios... Todos han conformado y creado esta obra contribuyendo a construir este espacio común" Un planteamiento innovador y necesario porque todavía hoy muchos profesionales "cierran" el espacio de la psicoterapia a la red social de los niños y adolescentes. Loretta lo abre sabedora de que las experiencias interpersonales conforman el ser y crean un espacio común que es, entre otras muchas cosas, conexión emocional.

Viniendo de Loretta Cornejo, prestigiosa profesional con valores humanos poco corrientes en nuestra sociedad, con amplia experiencia en psicoterapia, conocedora del corazón humano como pocos, con una lupa prodigiosa para leer y comprender los sentimientos, el libro va a resultar una herramienta de trabajo útil e imprescindible. Lo voy a comprar y a comenzar prontamente su lectura. Os hablaré de él con detalle. Enhorabuena, Loretta, por esta nueva aportación que nos haces que nos enriquecerá como personas y psicoterapeutas.

Otro libro del que hablaré y que me ha parecido magnífico es “El cerebro del niño”, del gran Siegel. Este autor nos explica de una manera sencilla pero rigurosa cómo funciona el cerebro en desarrollo de los niños y nos ayuda a aprender a estimular su maduración partiendo de situaciones de la vida cotidiana. Nos ofrece una serie de estrategias para utilizar con los niños en esos momentos de la vida en los que el niño se niega a hacer algo, se enrabieta, se opone o le entra un miedo inexplicable a afrontar una actividad que antes hacía sin problema. Pautas basadas en el conocimiento del cerebro del niño, en cómo funciona. Nos dedicaremos a ello también.

Y, como ya os dije cuando me despedí en julio, hay otros temas que han aparecido en este blog que han interesado mucho como lo son el del bullying y las consecuencias de la violencia familiar en los niños, que volveremos a abordar.

Así pues, un menú variado y rico, pero más estimulante si lo comparto con vosotros/as y lo enriquecéis como siempre con vuestras opiniones, comentarios, sugerencias, críticas…

Aquí os espero, bienvenidos/as a todos/as, espero que os embarquéis conmigo un año más en este apasionante caminar que es la creación y mantenimiento de un blog.

Ongi etorri guztioi. Hemen nago berriro zuekin. Oso pozik nago eta ikasurte honetan gai ezberdiñari buruz hitz egingo ditugu blog honetan. Zure eritziak espero ditut.

lunes, 2 de julio de 2012

Buenos tratos cierra por vacaciones, ¡os espero a todos/as en septiembre!

Como ya viene siendo tradicional, Buenos tratos se toma un descanso por vacaciones de verano. El día 10 de septiembre, lunes, a las 9,30h (hora peninsular), volveré con nuevas entradas dedicadas a los temas (apego, trauma, resiliencia) que aquí nos concitan y, además, nos apasionan.


En septiembre de este año Buenos tratos cumple ¡cinco años! La verdad es que estoy satisfecho y agradecido a todos/as los/as que os pasáis por aquí, tanto a los/as que dejáis huella como a los/as que no. Este blog ha sobrepasado mis expectativas, no podía esperar una respuesta tan calurosa y de tanta aceptación por vuestra parte. Miles de gracias a todos/as.


Cinco años, sí. Un día de San Marcial -fiestas de Irun (Gipuzkoa)- mi buen amigo Alberto Barbero (os animo a visitar su también veterano y excelente espacio web) me habló de lo que era un blog. No tenía ni idea de que pudiera existir la posibilidad de encontrar un espacio autogestionado en el que poder transmitir mis ideas. Tras un verano de prueba para ver cómo funcionaba, el 11 de septiembre de 2007 la primera entrada del blog vio la luz. Es ésta que como homenaje histórico me hace ilusión volver a recordar: ¡El blog entonces se llamaba Motivos psi! ¡Cómo hemos cambiado!

Hace dos años, y debido a que el blog fue especializándose en apego, trauma y resiliencia (pues empecé a  escribir, dentro de los diversos temas de psicología, sobre éstos y observé que a os interesaban mucho), decidí cambiarle el nombre y afianzar el rumbo que había tomado. Lo denominé “Buenos tratos” porque es un nombre que recoge perfectamente la identidad del blog, sobre lo que éste quiere versar, así como el sentir que desea transmitir.

Observé con alegría que los padres y familias adoptivas y acogedoras encontraron (encuentran) aquí un marco conceptual que les ayudaba (ayuda) a comprender y a tratar a sus hijos/as, así como recursos y orientaciones que les resultan de guía y mapa a seguir en el gratificante pero arduo caminar que supone la educación de los niños y adolescentes, especialmente la de los que han sufrido abandono y malos tratos durante sus primeros años de vida.

También he comprobado (compruebo) que profesores, educadores de centros de acogida y psicólogos que trabajan en el ámbito de la protección infantil han descubierto aquí conceptos y herramientas que les han servido (les sirven) en su trabajo con los menores.

En septiembre de este año, continúo, mantengo el compromiso de seguir publicando. A pesar de que los quehaceres de la consulta y otras actividades profesionales que desempeño no me dejan demasiado tiempo, yo disfruto escribiendo. Una de las cosas que más me gusta del blog es poder disponer de un espacio para poder escribir y publicar ¡Con la de vueltas que he dado para poder hacerlo! ¡Hace cinco años descubro que existen los blogs, justo lo que necesitaba! Y si encima me decís que os es de ayuda… ¡qué más se puede pedir!

Ahora bien, la frecuencia de aparición de las entradas será quincenal. Me comprometo a publicar dos entradas mensuales. ¿Por qué? Cinco años suponen un desgaste y hay mucho escrito (231 entradas, se dice pronto) Corro el riesgo de repetirme, de resultar reiterativo. Llega un momento en que ya está (casi) todo dicho, que (al menos servidor) cree que ya ha contado todo lo que conoce. Y empezar a dar vueltas a la misma rosca no es algo que a mí me guste, ni creo que os guste. Hay que prevenir el déjà vu.  Ahora bien, si descubro algo que me entusiasme relacionado con el apego, el trauma o la resiliencia… ¡entonces no me resistiré y publicaré más, claro está! Pero serán novedades. Es lo que pretendo, traeros las novedades que yo pueda encontrar. Ahora bien, como os digo, la pauta general de aparición de los temas será quincenal. Pero seguir, sigo, por supuesto. Tengo claro que el blog lo mantendré mientras pueda y viva porque, sencillamente, ya sabéis, me gusta escribir. Todo seguirá a libre disposición. Podéis copiar lo que queráis con la única petición de que citéis la fuente (mi nombre y apellidos y el nombre del blog) Y, por supuesto, éste seguirá sin ningún tipo de publicidad. De vez en cuando sabéis que os recomiendo libros que leo y me parecen útiles para aprender y formarnos, pero no tengo ningún tipo de acuerdo con ninguna editorial. Puedo, asimismo, anunciaos los libros que yo pueda publicar pero meramente a título informativo.


Por hacer un breve resumen, este curso escolar 2011-12  ha sido especialmente emotivo para mí porque empezó con la inmensa alegría de poder ver publicada la guía para padres adoptivos titulada: “¿Todo niño viene con un pan bajo el brazo? Guía para padres adoptivos con hijos con trastornos del apego” Estamos casi agotando la primera edición. Os doy las gracias a todos los que la habéis adquirido.


La publicación del libro ha supuesto poder acercarme más a los padres y las familias adoptivas y compartir en distintas ciudades experiencias inolvidables con ellos. He conocido (gracias al blog y al libro) a muchísimas personas que me transmiten su agradecimiento y felicitación. De ellas he podido enriquecerme. Esto ha sido, sin duda, lo mejor de todo. Quiero pedir disculpas porque, a veces, no me acuerdo de todas las personas, siempre he sido bastante limitado para la memoria de caras y de nombres. ¡Creo que muchos/as de vosotros/as ya lo sabéis porque os lo suelo decir!


Por lo que respecta al blog, este curso 2011-12 hemos profundizado más en el apego, en el subtipo desorganizado, en pautas para poder fomentar un apego seguro, en la técnica EMDR, en la función reflexiva… Creo que las entradas pueden releerse y sacar de ellas más aprovechamiento con una segunda o tercera lectura. Por cierto que la entrada que más lectores ha concitado ha sido el tema del bullying como desencadenante de la conducta alimentaria, resumen de la ponencia presentada por mi buen amigo y colega Rafael Benito, psiquiatra de la Clínica Quirón, en San Sebastián, en el último Congreso Iberoamericano de Psicología celebrado en Oviedo. Nada más y nada menos que 10.743 visitas registradas. ¿Eso nos sugiere que es un problema que atrae porque hay muchos afectados, más sensibilidad hacia estas víctimas, más profesionales concienciados del factor de riesgo que supone esta forma de maltrato? El curso que viene nos dedicaremos a hablar sobre esto porque en mi consulta tengo varios afectados y sinceramente puede llegar a ser devastador. Las entradas sobre cómo potenciar el apego seguro en los niños han interesado mucho también (casi 6.000 visitas) Y la dedicada a violencia de género ha tenido casi 5.000 visitas. Otro tema que nos preocupa, sangrante, en el que todos estamos llamados a estar alerta para proteger y ayudar a quienes lo sufren. Así que sobre esto iremos hablando el curso próximo.


Ahora, en unos días, me voy al diplomado de psicoterapeutas infantiles organizado por el IFIV de Barcelona a impartir dos módulos en dos grupos distintos. Compartiré la formación con Jorge Barudy, Maryorie Dantagnan (directores del diploma), su equipo (María Vergara y Emilia Comas) y por supuesto, con los alumnos. Una ocasión única para seguir aprendiendo más sobre estos temas tan fascinantes como lo son el apego, el trauma y la resiliencia.


Después vendrán las vacaciones (tan necesarias para todos/as) Hay que descansar porque al regresar me esperan varias semanas muy intensas. Como ya os he hablado en alguna otra ocasión, este año he sido el psicólogo del Equipo Ciclista Profesional Caja Rural de Navarra. He trabajado con los corredores interviniendo tanto a nivel grupal (fomentar el vínculo entre ellos, la cohesión de equipo y el espíritu resiliente) como individual (dotarles de recursos y técnicas psicológicas para afrontar la competición manejando adecuadamente las emociones) Una experiencia diferente y muy enriquecedora de apego y resiliencia en el deporte que estoy disfrutando. En agosto-septiembre, estaré con ellos en La Vuelta a España. Hemos sido equipo invitado, reconocimiento ganado a pulso por los corredores porque nadie les ha regalado nada. ¡Enhorabuena!


Agradecido a todos/as, deseándoos unas felices vacaciones de verano, y esperando estar de nuevo con todos/as vosotros/as en este espacio y en otros, me despido hasta septiembre con un abrazo muy cariñoso.

lunes, 25 de junio de 2012

La empatía, una necesidad fundamental para un buen desarrollo de los niños adoptados o acogidos


Quiero poner el énfasis en un tema que me preocupa, pues lo considero de vital importancia en nuestra tarea educativa y de tratamiento con los niños. Hoy me refiero (aunque lo que expongo es válido y necesario para todos los niños) especialmente a los adoptados y acogidos, a todos aquellos (de esta población) que han sufrido un trauma, tanto en la etapa verbal de sus vidas (desde la aparición del lenguaje y el desarrollo de la memoria episódica, esto es, a partir de los dos años y medio-tres) como en la preverbal (entre los cero y los dos años y medio)

Viendo las historias de los niños que provienen de adopción internacional es habitual encontrarse (por desgracia) con un menor que ha sufrido separación de las figuras parentales e ingreso en un centro de acogida (no me gusta el nombre de orfanato) y, posteriormente, algunos han podido padecer, nuevamente, abandono físico y emocional (en distinto grado de severidad) e, incluso, maltrato físico y emocional. Hay casos en los que los niños permanecen ingresados en el centro hasta los dos años, tres, cuatro. Y los hay que prolongan su estancia incluso hasta los siete, los ocho, los nueve años… Y también he conocido niños que han permanecido en su familia de origen padeciendo una situación de abandono y/o maltrato físico y emocional (no detectada o ignorada) hasta muy entrada la segunda infancia (los nueve o diez años) Todo esto es muy doloroso.

Estos niños (creo que el día a día nos hace olvidarlo o soslayarlo, no lo tenemos demasiado presente por ese afán de normalizar. Pero normalizar, como veremos, no quiere decir descuidar pautas de actuación indispensables para favorecer que los niños adoptados o acogidos sanen del daño emocional que sufren, que es como un tormento que no acaba) son unos auténticos héroes y supervivientes que han tenido que ponerse determinados “trajes” (no sé si visteis no hace mucho, en un suplemento dominical, cómo los reptiles hacen la muda de su piel; se veían unas maravillosas e impactantes fotografías en las que estos animales dejaban su antigua piel –se observaba cómo quedaba el caparazón fuera, como un esqueleto o funda envolvente- y desarrollaban una nueva. Así les sucede a estos chicos y chicas) para hacer frente a tanto horror. Sí, horror, como suena, sin ambages. En la terapia (reuniendo gran valor y coraje y con el soporte y el apoyo del terapeuta que actúa como fuente de confianza y regulación emocional) me han relatado vivencias espeluznantes: castigos físicos, palizas, violencia doméstica, soledad, aislamiento, padecer hambre (pensemos nosotros cuando nos quedamos sin comer por trabajo u otros motivos y tenemos hambre: hasta se nos cambia el humor; pues imaginémonos a un niño soportando el agujero físico y emocional de pasar auténtica hambre y privaciones), falta de comunicación sintonizada con un adulto, sensaciones de inseguridad y miedo a las amenazas, frío, calor excesivo, insultos y vejaciones hacia su persona, ser testigo de la muerte de sus seres queridos… Y no quiero seguir, completadlo vosotros. Nos estremecemos al leerlo y sentirlo (nuestras neuronas espejo se están activando y empatizan con el dolor que estos niños han sufrido) Pero como veremos, raras veces la transmitimos y devolvemos que sentimos lo que han sentido.

Al llegar a la familia, su cerebro aún vive la amenaza. Tienen la sensación de que el pasado es presente. Eso es el trauma. Es necesario entender que tenemos un cerebro triuno: el cerebro reptiliano (preparado para responder a la amenaza con ataque y huida); el cerebro límbico (sede de las emociones, en cuyo núcleo reside la amígdala, un órgano que es como una almendrita, donde está la memoria emocional, registra las sensaciones de miedo, ira, activación… Un órgano que puede estar hiperexcitado como consecuencia del trauma) y el córtex (donde radica el pensamiento racional y las decisiones planeadas) Los niños que han vivido amenazas a la seguridad durante mucho tiempo tienen el cerebro reptiliano súper desarrollado. Cuando llegan al contexto familiar de buen trato, deben de ir re-educando esas respuestas. Pero es normal que sean como “depredadores” cuando perciben una amenaza. Necesitaron esto para sobrevivir. Me parece muy útil explicárselo a los niños para que entiendan sus reacciones. Esta idea, de la psicóloga del Centro Vitaliza de Pamplona, Cristina Cortés, experta en trauma, psicoterapia y terapeuta EMDR, me encanta. A todos/as los que residáis por esta zona os la recomiendo como psicóloga y psicoterapeuta (excelente) para trabajar con niños y adolescentes adoptados y/o acogidos.

En consecuencia, los niños no han tenido (o las han tenido escasamente, o de manera insuficiente) oportunidades de tener una persona a su lado que acompañe, calme, tranquilice, nutra física y emocionalmente, contenga y haga una función reflexiva. No han podido experimentar de una manera suficiente la experiencia (¡tan reconfortante!, pensad por un momento en lo bien que os sentís cuando sentís que una persona significativa os siente; perdonad el juego de palabras, pero es necesario hacerlo para comprenderlo) de sentirse sentidos, como dice Siegel (2007). Y cuando el trauma es preverbal (esto es, el niño o la niña son bebés, no han desarrollado el lenguaje verbal y las experiencias traumáticas se codifican en la memoria emocional, o sea, a nivel sensorial, emocional; a nivel de piel, de cuerpo. Recordemos las palabras del maestro Van der Kolk: “el cuerpo lo registra todo” Tanto de adultos como de niños como de bebés. Pero cuando somos bebés la sensibilidad y vulnerabilidad son mayores y no hay palabras que expliquen y narren. Y así estos niños saben que se sienten mal pero no han pensado que la impronta emocional pudo grabarse cuando eran bebés y sufrieron un intenso estrés. El autor Bollas lo llama “lo sabido impensado”. Genial frase) la ausencia de la función reflexiva y de una persona que le sienta influyen para que el niño crezca con esa sensación de que nadie se ha puesto en sus zapatos, en su piel. En todo momento de la vida pero muy especialmente en las etapas preverbales, es vital sentir al cuidador en tu piel, sintonizando emocionalmente, para interiorizar la calma interna, el equilibrio, el orden mental, la seguridad, el límite… El cuidador, como ya hemos dicho en otras entradas, se convierte en el regulador emocional y del sistema de respuesta psicofisiológico del individuo desde la más temprana edad.

¿Y qué es lo que me preocupa, pues con esta frase he abierto este artículo? Que los padres, familias adoptivas y de acogida, los profesores, los profesionales… por lo menos con los que yo trato, usan escasamente la empatía. Los padres no adoptivos también. Pero me centro en los padres y familias adoptivas porque el uso de la empatía, aún siendo necesario con todas las personas, es extremadamente fundamental con los niños traumatizados. Si no utilizamos la empatía, es como no darles de comer o proporcionarles una alimentación insuficiente. Las necesidades emocionales son tan importantes como las físicas. No olvidemos que los niños que el psicólogo Spitz observó que residían en centros de acogida (muy bien alimentados físicamente pero con traumas de separación y con ausencia total de contacto y comunicación emocional humana) desarrollaban todo tipo de alteraciones físicas y mentales e incluso llegaban a morir. Su libro “El primer año de vida” es un clásico (un libro de los años 50) que leíamos en la Facultad los que ya peinamos canas.

Estimo (quizá tenga un sesgo, si estoy equivocado, decídmelo) que la empatía es usada escasamente con el niño por parte de toda la red social que le rodea. Obsesionados con el límite, la norma, el funcionar, el día a día, el rendir escolarmente, el adaptarse… tiramos mucho de bronca, norma y sanción. Pero no nos paramos a reflexionar con el niño y, ni mucho menos, les transmitimos que sentimos lo que sienten. Si –por poner un ejemplo- traen una nota de la profesora diciendo que han mentido y que no han entregado los deberes, nos enfadamos y les reñimos. Pero no vamos a su sentir y a empatizar diciendo: “quizá sentías miedo de defraudarnos o de que no te queramos si comprobamos que nos mientes; tranquilo, nos podremos enfadar y discutiremos pero siempre estaré contigo porque mi cariño y aceptación hacia tu persona es lo primero” “Si eso ya lo saben” – dicen algunos padres. “Pues no sé yo si están tan seguros de eso...” – les respondo. “Vosotros, decídselo” – insisto.

La empatía es como alimentarles, como llevarles al médico o cualquier otra atención que consideréis necesaria e imprescindible para vuestro hijo/a. Es muy necesaria para calmarles cuando tienen ataques de ira (“mucho habrás sufrido para responder con tanta rabia”), para que sientan que les apoyamos cuando no hacen amigos, son rechazados, repiten curso, hablan y preguntan sobre su historia de vida, etc. No lo olvidemos: nadie estuvo allí cuando vivieron el dolor del abandono y del maltrato. Nadie se puso en su piel. ¿Cómo nos sentimos nosotros cuando nadie se pone en nuestra piel? ¿Cómo te sientes tú, padre, madre, profesor, profesora, educador, educadora…?

Y con ello no quiero decir que el límite (el límite no sólo es asegurarse que el niño interioriza la norma, obedece y no “nos torea”, acepta la autoridad y no llegue a convertirse, el día de mañana, en alguien antisocial; el límite también es una estructura diaria de funcionamiento y relación donde se ha explicitado, de una manera predecible, coherente y consistente, qué se puede hacer y no hacer, los horarios, el orden… Y para esto es necesaria la presencia de los cuidadores que enseñen y acompañen a los niños hasta que puedan hacerlo solos) no sea necesario o menos importante. No. Sólo quiero decir que con el límite por sí solo, no basta. Y muchos padres le dan una importancia desmesurada al límite y muy poca a la empatía.

Wallin (2012) nos dice que con los niños que tienen trauma no resuelto (que son normalmente los niños más dañados, inestables emocionalmente y con problemas de conducta) el camino es el límite y la empatía. El cómo hacerlo es algo que hay que aprender porque no es fácil. Los padres y las familias que no puedan o sepan, deben de recurrir a los profesionales, las asociaciones… Trabajar la empatía desde la infancia (con paciencia, constancia y tranquilidad) pone los ingredientes para que en el futuro, en el interior de un adulto, no siga habitando un niño herido con el que nadie nunca empatizó.

REFERENCIAS:

SIEGEL, D. La mente en desarrollo. Bilbao: Desclée de Brouwer

WALLIN, D.J. El apego en psicoterapia. Bilbao: Desclée de Brouwer.

lunes, 18 de junio de 2012

"Si el reflejo de la madre es poco receptivo, entonces un espejo es algo que se puede mirar pero ya no sirve para mirarse" (Winnicott) O de las consecuencias cuando falla la función reflexiva del cuidador

Esta semana retomo lo que voy descubriendo en el libro de Wallin, “El apego en psicoterapia” Llevo unas semanas hablando del mismo y la verdad es que este apasionante y fascinante libro nos ofrece el cuerpo teórico y las claves tanto para el tratamiento de los pacientes con alteraciones en el apego como también aplicaciones útiles en el tratamiento educativo de los niños y adolescentes que presentan historias de vida marcadas por experiencias de apego subóptimas.

Hace unas semanas hablábamos de la teoría de Peter Fonagy, un autor que desde el psicoanálisis ha revolucionado la teoría del apego al estudiar la misma desde el concepto de la función reflexiva. Veíamos cómo un apego seguro se gesta fundamentalmente si los cuidadores son competentes en la tarea de poder reflejar las emociones del niño sin invadirlas. Los padres que ejecutan esta función adecuadamente (1) entienden las causas que generan la angustia y los estados internos intolerables del niño;(2) pueden afrontar esa angustia y aliviarla en el menor y (3) reflejan la misma como reflejos de la experiencia emocional del niño y no de los adultos. Así el infante adquiere progresivamente la noción de que su mundo interno es distinto de la realidad externa. Y adquiere la noción de que existe una mente independiente separada con intenciones, deseos, emociones… (Wallin, 2012)

¿Qué sucede cuando los progenitores no son competentes e invaden con sus emociones tóxicas a los niños, en particular a los bebés? El niño se puede sentir superado por la naturaleza contagiosa de su angustia porque su malestar suscita una emoción idéntica en los progenitores. Entonces, como dice Winnicot, un espejo sirve para mirar pero no para mirarse. No hay reflejo contingente que diferencie al niño y éste queda envuelto en un marasmo, torbellino de emociones muy negativas que además, no se regulan. Con lo cual crecerá con las mismas y sin poder gestionarlas. La experiencia interna del niño se corresponde siempre con la externa, y no parece haber salida. (Wallin, 2012) Se sientan entonces, las bases de un apego desorganizado que en un futuro tiene muchas probabilidades de derivar en un trastorno límite de la personalidad. Las personas límite son impulsivas, emocionalmente inestables, con dificultades para regular y gestionar sus estados internos, con un miedo terrible a un abandono real o imaginario, sufren cambios en su autoimagen y presentan estados disociativos, conducta agresiva y auto-agresiva.

Pongamos un ejemplo real: Peter es un niño que creció en un entorno familiar caracterizado por una relación violenta entre sus padres. La madre presentaba una esquizofrenia y tendencia límite, sin capacidad para la función reflexiva. Invadía al niño con sus estados emocionales, no sintonizaba con él y las respuestas afectivas que ella le devolvía, al malinterpretar sus conductas, eran hostiles. Si el niño se encontraba incómodo y lloraba y se irritaba porque no le habían cambiado los pañales, la madre no reflejaba este estado con suavidad y cariño sino que literalmente su respuesta era de ira y agresión verbal hacia el niño, violentándole. El menor se desarrolló en esta relación de apego tóxica que hizo que su mente pensara que su realidad interna se correspondiera siempre con la externa: al tratarle mal su madre creció pensando que era malo. Su padre, al mismo tiempo, le pegaba, le gritaba y le miraba constantemente para ver qué hacia. Las conductas típicas infantiles de juego o de probar los límites, propias de los dos años, o de comienzo de la autonomía y la autoafirmación, las interpretaba como desafíos y pensaba que su hijo era un malo desobediente. Por ello, Peter encontró en el padre otra experiencia invasiva de maltrato con emociones tóxicas y su incipiente yo no pudo interpretar la experiencia sino que la experiencia le ocurría. La experiencia y él (mundo externo e interno) eran lo mismo, estaban en modo de equivalencia, como lo denomina Fonagy (Wallin, 2012)

Por lo tanto, la tarea de los padres (biológicos y no biológicos, pero especialmente de los padres que tienen hijos a su cargo que han podido vivir situaciones crónicas de abandono o malos tratos y el niño no ha podido reconstruir la experiencia) lenta y ardua pero fundamental cara al futuro y a la prevención de patología límite o cualquier otra forma de personalidad desadaptada, es la de tratar de que el niño aprenda paulatinamente a que su experiencia externa no es la interna. Reflejar sus emociones con cariño y suavidad, aprender a calmarle ante cualquier conflicto (que desata sus emociones e impulsos sumamente desregulados), ayudarle a pensar sobre lo que siente y a sentir sobre lo que piensa. Además, es de vital importancia que le enseñemos y reforcemos en la idea de que vivió una experiencia de malos tratos en la que fue la víctima y que él no mereció eso, esto es, le aportemos una narrativa que le permita verse como alguien digno de ser amado, respetado y con cualidades. De este modo la reconstrucción de su historia favorecerá también la regulación de las emociones y contribuirá a que vaya diferenciando entre el mundo interno y externo. Así ya no anticipará que le van a “tratar mal” (estos niños así lo creen porque confunden sus creencias con los hechos de la realidad, y van a muchos contextos de vida como el colegio, los deportes, los amigos… anticipando esto y pensando que lo que piensan -lo interno- es lo que pasa -lo externo-) y sus conductas de susceptibilidad a los otros, ira y hostilidad mejorarán notablemente. Pero es un proceso que lleva su tiempo y que requiere de nosotros de paciencia, perseverancia y tranquilidad. 


REFERENCIAS:


WALLIN, D. (2012) El apego en psicoterapia. Bilbao: Desclée de Brouwer.

lunes, 11 de junio de 2012

"Alumnado con dificultades de regulación del comportamiento", un herramienta útil de evaluación e intervención


Acabo de terminar de leer un reciente libro (editado en septiembre de 2011) titulado: “Alumnado con dificultades de regulación del comportamiento” (Vol. I) Infantil y primaria, de las autoras Carme Saumell, Gemma Alsina y Angels Arroyo. Carme es maestra de pedagogía terapéutica y psicóloga; Gemma es psicóloga y logopeda; y Angels, a su vez, es maestra de pedagogía terapéutica y de educación infantil. El segundo Volumen está dedicado a la etapa de Secundaria y no estaba en la librería. Espero poder adquirirlo pronto. La editorial que publica es Graó. La colección que Graó ofrece y que comienza con el título: "Alumnado..." es toda ella muy buena.

¿Qué opino después de leerlo? ¡Que es un libro EXCELENTE!, así, con mayúsculas y entre admiraciones. Desde estas líneas y este blog, mi más sentida felicitación por este trabajo. Cuando leí el título en la librería hace dos sábados, ya me atrajo: “Alumnado con dificultades de regulación del comportamiento” Y cuando miré el índice para ver el contenido, el libro me atrapó: no es la típica visión –ya tan manida- de la modificación de conducta. Al contrario: es un punto de vista fundamentalmente comprensivo y una propuesta que va mucho más allá.

Creo que es el libro que todo centro escolar debería tener. Deberían de leerlo, estudiarlo, compartirlo, analizarlo y tratar de aplicarlo todo el equipo educativo del centro, toda la comunidad escolar (incluyendo a las asociaciones de familia) Una de las quejas mas reiteradas que los orientadores y profesorado manifiestan es su desconocimiento, el no saber qué y cómo hacer ante el alumnado que no regula su conducta y no se adapta a la situación escolar. Creo que si se acercan a este libro y aceptan su innovadora propuesta, esta queja no va a tener sentido.  Los padres y las familias demandan (y con razón) una respuesta del centro escolar para que la escuela sea inclusiva y ayude a que estos niños que no regulan su conducta puedan vivir la experiencia educativa de crecer y aprender sabiéndose aceptados y atendidos en su dificultad pero también valorados como personas que poseen cualidades, habilidades y fortalezas. Pero no es menos cierto que los padres y las familias no pueden ni deben declinar toda la responsabilidad educativa a los centros. Ésta debe ser compartida. De cómo familia y escuela pueden colaborar y actuar conjunta y coordinadamente en la educación de los hijos en general, y del tratamiento de los niños con dificultades de regulación de la conducta en particular –y de muchas cosas más-, trata este libro. Paso a hacer una breve reseña del mismo.

Comienza el libro abogando por la mirada inclusiva y por el esfuerzo que la institución escolar debe de hacer para que todos los niños, sin distinción, puedan crecer y aprender como personas de esa maravillosa experiencia (que marca la vida) que puede ser la escolarización. Un primer punto en el que se centran las autoras es en realizar una crítica de los diagnósticos psicológicos y psiquiátricos. Aunque esta información puede ser importante, no es suficiente. Necesita ser contrastada, dicen, con la aportación del profesorado pues éste ve jugar al niño, observa su relación con los compañeros, analiza cómo aprende, habla con los padres… El profesorado da una información y una visión ecológica que la categoría diagnóstica no puede ofrecer. Además, las autoras nos alertan de que la categoría diagnóstica se centra en el déficit y no tanto en las fortalezas que el niño posee. Terminamos por mirar el trastorno y no la persona global del niño. Una fe ciega en la categoría diagnóstica (cuando afirmamos “este es un menor con trastorno de conducta”, por ejemplo) hace que el profesorado se inhiba y terminen por afirmar que ellos no saben de estos temas, cuando en realidad pueden hacer mucho por los niños. Y, finalmente, otorgarle una exagerada potencialidad a la categoría diagnóstica puede terminar por etiquetar al infante. No hay nada negativo en clasificar (y de hecho tiene innumerables ventajas); pero hemos de procurar que las categorías de diagnóstico sean para ayudar a conocer al niño en un elemento o información –importante, eso sí- más y no convertirlas en etiquetas que no permitan ver que tenemos una persona con nosotros. No es la clasificación diagnóstica (en mi opinión) el problema sino el mal uso que hagamos de la misma.

La obra prosigue reivindicando la figura del tutor como persona de referencia principal del niño en el centro y como pivote de todas las intervenciones. Los especialistas internos y externos al colegio que intervienen con el niño tienen su rol y funciones pero no pueden sustituir al tutor.

El capítulo segundo se centra en describirnos el desarrollo socializador. El niño con dificultades de regulación del comportamiento convive en un espacio de socialización como es el aula. Conocer con detalle cómo es el proceso de socialización y los estadios por los que atraviesa es muy importante. Aquí las autoras toman como referencia a Rygaard. Todo un acierto, desde mi modesto punto de vista, recurrir a este autor. Porque explica como nadie que los problemas de conducta son dificultades que los niños tienen porque no han conseguido alcanzar los estadios de organización que culminan en la adquisición de la permanencia, la capacidad del niño de regularse solo porque ya tiene conciencia de su personalidad global. Y ya sabemos que para alcanzar este último estadio denominado de la “organización social” el papel del apego como organizador y estructurador de la psique del niño es vital. Me encanta este libro porque le da un papel central al apego. De hecho, en el mismo, podemos ver recogidos los aportes de Heather Geddes y su libro “El apego en el aula”, otra magnífica obra de la que ya os hablé en este mismo blog. El capítulo culmina hablando del desarrollo moral, el papel de la familia, el de la escuela y el papel común.

El capítulo tercero incide en cómo detectar las conductas problemáticas. Primero, las autoras ofrecen algunas aproximaciones explicativas al comportamiento problemático. Y después subrayan la importancia de la detección. Finalizan este capítulo centrándose en cómo recopilar la información del alumno, cómo pedir ayuda y por dónde empezar ante un alumno que presenta problemas para regular el comportamiento.

El capítulo cuarto se dedica a la evaluación: por qué evaluar, preguntas útiles para una evaluación y la evaluación de la conducta: el niño y su entorno. Y nos ofrecen una completa guía para la evaluación. Porque este es otro de los puntos fuertes de este libro: se nota que las autoras son profesionales preparadas y con experiencia, pues la obra esta trufada de numerosos casos reales y llena de propuestas prácticas sobre cómo intervenir paso a paso, tanto a nivel global como individual. Y aún más: nos ofrecen un anexo con los instrumentos ya desarrollados para realizar tanto la evaluación como la intervención con el alumno con dificultades para la regulación del comportamiento. Numerosos instrumentos completísimos y muy bien elaborados, operativos, sencillos y claros.

El capítulo quinto desarrolla todo lo que es la intervención. Tomando como referencia el paradigma de la resiliencia (otra de las razones por las cuales este libro me gusta, porque se fundamenta también en este concepto) y de cómo el tutor escolar puede convertirse en un tutor de resiliencia en uno de los ámbitos donde el niño convive más tiempo, las autoras describen con detalle y practicidad cómo planificar la intervención con los alumnos. Desarrollan tanto las intervenciones que ellas llaman proactivas (basadas en cómo gestionar el centro, el entorno, el tiempo y el espacio, el trabajo y los materiales, el aprendizaje y las relaciones y las normas y las tareas) como las vías de intervención individual (éstas básicamente creando un entorno favorable y acercándose directamente a las necesidades del alumno) El capítulo sigue profundizando en la elaboración del plan de intervención proponiendo un buen número de actuaciones donde el acompañamiento y la orientación al alumno a través de la tutoría individual son claves, a mi modo de ver. Finalizan este apartado con un epígrafe la mar de estimulante: la maleta de las estrategias, maleta llena de recursos para el profesional.

La obra termina con el capítulo sexto donde las autoras reflexionan sobre "¿qué centros para estos alumnos?" Promueven un proyecto de escuela socializadora, segura y participativa.

Una obra redonda. Fundamentada en las aportaciones más modernas del apego, la resiliencia, la psicología del desarrollo y la psicopedagogía. Pero con una vocación clara, desde el principio, de constituirse en una herramienta práctica y útil para trabajar con el fin de que los alumnos con dificultades de regulación del comportamiento tengan una experiencia de escuela inclusiva y acogedora, generadora de apegos seguros. Animo a todo el profesorado y profesionales (psicólogos, pedagogos, psiquiatras…) a que lo adquieran y aprendan del mismo.