Se trata de un completo y excelente programa formativo organizado por UmayQuipa. El curso lo dirige la psicóloga María Barbero y capacita para la administración, corrección e interpretación de diversos abordajes, técnicas, procedimientos y tests psicológicos que podemos utilizar en el proceso de diagnóstico e intervención con los menores de edad y sus familias.
En el mismo participo gustosamente como docente invitado impartiendo un módulo sobre la técnica de la caja de arena (sandtray)
Para información e inscripciones: UmayQuipa a.e Secretaría y Consultas:
MODULO PRIMERO: TRABAJO CON LOS PADRES y TRABAJO CON EL JUEGO.
Cómo realizar una primera entrevista a los padres. Tipos de padres en función de las defensas que emplean. Diferentes conductas en padres que nos ayudan o dificultan la entrevista.
Evaluación e Intervención. EL JUEGO es una de las formas que tiene el niño para mostrarnos su mundo interno, sus dificultades. Aprenderemos a traducir el lenguaje simbólico que aparece en los juegos.
También veremos los diferentes estilos de juego que hace cada niño en función de su estructura de personalidad y las defensas que utiliza. Cómo intervenir y en qué momento.
MODULO SEGUNDO: PSICOPATOLOGÍA A TRAVES DEL JUEGO. Breve repaso de la Psicopatología, las estructuras de personalidad y sus manifestaciones en los dibujos y en otras pruebas. Las distintas defensas, cuando se utilizan y que miedo hay detrás de éstas. Breve repaso de psicología evolutiva emocional a través del juego y de los síntomas que aparecen; lo esperado y adaptado a cada edad; lo significativo de ser tratado…
MÓDULO TERCERO: LA CAJA DE ARENA. Profesor José Luis Gonzalo.La técnica de juego en una caja de arena, como símbolo de contención de lo que expresa el niño.
MÓDULO CUARTO: EL TRABAJO CON LOS DIBUJOS. El lenguaje de los dibujos, mediante un análisis cuantitativo. Las alteraciones importantes en los dibujos según las edades de los niños y su intervención. Este análisis proporciona la base para corregir cualquier dibujo lo haremos a través de la prueba HTP y dibujo libre.
MÓDULO QUINTO: PARTICULARIDADES en los test de: HTP-LA FAMILIA: Después de aprender a corregir cualquier dibujo, veremos las particularidades de la prueba del árbol, casa y figura humana; del Test de la familia. Y el trabajo a nivel familiar. Lo uniremos con el trabajo del juego con los muñecos de la familia.
MÓDULO SEXTO: TRABAJO CON EL TEST TEMÁTICO- PATA NEGRA. TEST PATA NEGRA. Se analizan las relaciones familiares, que tipo de vínculo se establece, la rivalidad entre los hermanos, la forma de procesar la información, el desarrollo del lenguaje. En ésta vemos las relaciones fraternales, temas esenciales como la soledad, miedo al abandono. CAT- Haremos un repaso de esta prueba similar a la anterior y trabajaremos las diferencias y los datos nuevos que nos aporta.
MÓDULO SEPTIMO: TEST DESIDERATIVO. Constituye una herramienta fundamental cuando los niños y adolescentes están cerrados en psicoterapia y apenas expresan. A través de esta prueba les sacaremos de su coraza y veremos y trabajaremos los recursos ante la pérdida, el vacío y cómo es de sólida la identidad del yo, posible riesgo de destrucción y de suicidio
MÓDULO OCTAVO: EL MUNDO INTERNO DE LOS ADOLESCENTES: El trabajo a través de lo proyectado. Test de Phillipson (relaciones objetales) En esta prueba se refleja muy claro cómo se relaciona con el otro, consigo mismo. La prueba de frases incompletas y diferentes modos de expresar rabia. El manejo de la autoridad, detección de indicadores de abuso o maltrato.
MÓDULO NOVENO:LA TÉCNICA DE LOS CUENTOS como modo de trabajo con los niños y adolescentes.Es una herramienta valiosísima, tanto para ver cuáles son los focos de conflicto de esa persona como para utilizarlo de un modo sanador y terapéutico.
Algunos de los contenidos que veremos:
Los superhéroes y cuál es mi máscara y para qué la necesito.
Las relaciones con los hermanos: celos y rivalidad.
El sentimiento de inclusión-exclusión: acoso escolar
MODULO DIEZ QUÉ y CÓMO: Realización de informe escrito y devolución de resultados. Diferentes tipos de informes. Jurídicos, para colegios clínicos, administrativos. Técnicas de trabajo con padres.
MODULO ONCE: Supervisión de casos. Revisión de casos prácticos y de todo el curso, evaluación de los contenidos más importantes.
Todos los módulos van acompañados de unos apuntes escritos que serán enviados una semana antes, con el objetivo de hacer las clases más dinámicas y así profundizar más en los casos prácticos.
En este post que he invitado a escribir a la psicóloga clínica Olga Guerra Arabolaza, experta en maltrato y abusos sexuales a menores, nos expone la complejidad del tema. "La mejor detección posible es conocer a la criatura que tenemos delante", afirma sabiamente Olga. En este artículo ahonda sobre los tipos de abusos, cómo actuar ante una revelación por parte de un menor que refiere sufrirlos, los tipos de evaluación y las ayudas que son necesarias, así como otro tipo de cuestiones que es necesario que como familias (biológicas, adoptivas, acogedores...) sepamos y reflexionemos. Muchísimas gracias, Olga, por tu participación en el blog Buenos tratos.
Olga Guerra Arabolaza. Psicóloga Especialista en Psicología Clínica. Master
Degree en Psicología Clínica por la Universidad de NY (USA). Psicoterapeuta y
docente acreditada por la Aesfashu y por la FEAP. Diplomada en psicoterapia
infantil por L'IFIV de Barcelona. Trabaja en la Sección de Infancia y Familia del IMAS, Palma de Mallorca,
desde el año 1988. Autora de varios artículos relacionados con el maltrato y
abuso sexual a menores.
Cuando algunas de las personas que me
conocen y saben a lo que me dedico en mi vida profesional, me preguntan qué
podríamos hacer para saber cuándo un menor está siendo abusado sexualmente o
qué cosas podríamos hacer para detectarlos con mayor eficacia, no sé muy bien
que contestarles. Y les puedo asegurar que no es por falta de conocimiento en
la materia sino por la enorme dificultad que entraña contestar esta simple
pregunta.
El fenómeno del abuso sexual infantil es
muy complejo. Los menores que han sufrido abuso sexual constituyen un grupo muy
heterogéneo tanto en función de su capacidad para afrontar la situación como
por el apoyo que reciben de su entorno. Está muy extendido en la población, y
su incidencia y prevalencia es muy elevada. La prevalencia es la proporción de
individuos de un grupo o una población que presentan una característica o
evento en un momento o en un período determinado.
Existen muchos tipos de abuso sexual y
estos pueden darse dentro o fuera de la familia. Según sea la edad en la que el
abuso sexual empieza en la vida del niño/a, éste podrá ser reconocido cómo tal
o no. Sus consecuencias y efectos a corto, medio y largo plazo, variaran
dependiendo de todos los factores mencionados y, para complicar más las cosas,
nos encontramos que en un porcentaje
alto de los casos, cerca del 40%, los menores no presentan ningún tipo de
sintomatología que nos haga sospechar que ese niño pueda estar siendo objeto de
abuso sexual infantil por parte de otros menores o de algún otro adulto.
En la mayoría de los libros y artículos
que hacen referencia a este tema mencionan largas listas de indicadores de
posible abuso sexual infantil tanto a corto como a largo plazo que nos podrían
servir para la detección precoz de los mismos. Pero ni se dan todos, ni todos
tienen la misma relevancia y, en el fondo, como su nombre bien indica, sólo se
trata de eso, de “indicadores” que nos pueden hacer sospechar que algo de esta
índole puede estar sucediendo pero, en base a los cuales, no podemos afirmar
nada con seguridad. Además, estos largos listados de síntomas son en su mayoría
desconocidos por la población general: padres de familia, maestros, pedagogos,
educadores sociales, jueces, policía, etc. que son los que podrían detectar y
denunciar estos casos.
Así que si tuviera que responder a esta
pregunta y pronunciarme sobre la mejor forma de detección que existe, no sólo
para el campo de los abusos sexuales infantiles sino para cualquier otro tipo
de maltrato, diría que esta consiste, sin ningún tipo de duda, en conocer bien
a la criatura que tenemos delante. Entonces sabremos de verdad qué le está
sucediendo.
Cuando unos padres, maestros o tutores
están atentos al desarrollo de sus hijos, alumnos o pupilos y los conocen,
tratan de buscar espacios de interacción con ellos, los escuchan, etc., saben
de forma inmediata cuándo algo les está pasando o si hay alguna cosa que les
preocupa. Los signos que se observan pueden ser de distinta índole como por
ejemplo, cambios significativos en sus estados de ánimo sin motivo manifiesto,
cambios en sus hábitos alimenticios que llaman la atención, problemas en las
pautas del sueño, cambios repentinos en su comportamiento y rendimiento
escolar, lenguaje y conductas sexualizadas infrecuentes para la edad del menor,
etc. que no guardan explicación alguna con nada de lo que aparentemente están
viviendo.
En resumen, uno es capaz de detectar y
de saber que algo está pasando cuando conoce de verdad a la criatura que tiene
delante. Quizá no pueda dar una explicación coherente en un primer momento, ni
decir de qué se trata, pero sabe que algo en la vida de ese niño/a ha cambiado.
El averiguarlo es sólo cuestión de paciencia y perseverancia ya que el silencio
es el mejor aliado del agresor y el peor enemigo del niño debido a las amenazas
que puede estar recibiendo u otras circunstancias que incurren en el abuso
sexual.
En muchas ocasiones, las victimas dicen
que no sabían a quién se lo podían contar o incluso, que habiéndolo dicho no
fueron creídos. Una de las primeras consecuencias del abuso sexual es que la
confianza en las personas adultas queda seriamente dañada. Y no sólo por parte
de la figura del agresor sino que la peor de todas las traiciones proviene a
veces de la propia madre, que conociendo o sospechando lo que sucede, no actúa
ni le defiende del agresor. Llegando incluso en ocasiones a pedirle al menor
que no lo denuncie por el “bien” de la familia.
Otra gran dificultad en la detección de
los casos de abuso sexual infantil es el malestar que surge en las personas y
los profesionales cuando se enfrentan a estos casos. En mi opinión, lo que les sucede
a ciertos adultos ante los abusos sexuales es que su mundo emocional se ve
seriamente perturbado y confrontado cuando descubren algo que parece
antinatural e imposible de que pueda suceder y, de una manera casi inmediata,
se prefiere dudar de las propias percepciones antes que afrontar este hecho con
la serenidad y neutralidad que requieren; y antes de empezar a cuestionarse
sobre si lo que el menor ha dicho -o lo
que ha observado- puede ser cierto o no, comienzan a banalizar, o a buscar
otras explicaciones alternativas al abuso sexual. Y precisamente en esos
momentos, es cuando debido a: 1) Las dudas objetivas que se crean ante cualquier
revelación de abusos 2) Al hecho de no saber muy bien cómo actuar de la manera
más eficaz posible 3) Al desconocimiento de a quién debemos dirigirnos y cuál
es el circuito establecido en nuestra comunidad 4) Al desconocimiento también
de nuestras obligaciones por ley y, por último, 5) a que en el fondo
desconfiamos de las administraciones y servicios responsables por su lentitud y
poca diligencia, decidimos no poner en conocimiento las informaciones que
tenemos. Son estas las causas por la que la mayoría de los abusos sexuales no
son conocidos y no se detectan a tiempo.
Así que la primera regla de oro ante una
posible revelación de abusos sexuales por parte de un menor es creerlo sin
cuestionarlo, permitiendo que el niño/a pueda decir y expresar espontáneamente
lo que le sucede sin interrumpirlo ni hacer preguntas que puedan inducir su
testimonio. El contexto y lugar de la revelación marcarán las futuras
actuaciones. Es decir, no es lo mismo la revelación efectuada por un menor en
una escuela a una profesora que si ésta se produce dentro del ámbito familiar.
En cada una de nuestras Comunidades
Autónomas existen protocolos a seguir por los distintos ámbitos de actuación:
Servicios Sociales, Sanidad, Educación y Policía en los casos de revelación de
abusos. Según como estén organizados estos recursos y dispositivos en cada una
de estas comunidades deberemos dirigirnos a un lugar u otro en el caso de
sospechas o revelación de abusos. Así que mi consejo sería que aquellas
personas que desconozcan lo que es mejor hacer en esos casos, y antes de
actuar, se dirigiesen a algunos de estos servicios para que les orientaran y ayudaran
a encontrar la mejor fórmula para comunicar esta situación sin poner en
peligro al niño y su testimonio.
Otra de las grandes preocupaciones de
las familias cuando estos hechos se producen son las secuelas que pueden
derivarse de los mismos. No sólo en la familia sino en los juzgados cuando
vamos como peritos o testigos. Los jueces y fiscales, así como los abogados,
nos bombardean con cuestiones relacionadas con las posibles consecuencias a
corto y largo plazo de los abusos sexuales.
Cuestión de nuevo difícil de abordar, cómo antes he mencionado. Las
dificultades que pueden surgir en el menor se encuentran estrechamente
relacionadas con las circunstancias que incurren en ese abuso sexual
especifico, los factores resilientes de ese niño/a, y el haber sido creído y/o
ayudado tanto por su contexto familiar cómo por algún experto en la materia, si
hubiera sido necesario en ese caso.
Me atrevería a decir sin miedo a
equivocarme que son las familias y, en especial las madres de las víctimas,
quienes más ayuda psicológica y asesoramiento van a necesitar a la hora de
afrontar y encarar con fortaleza el hecho traumático de saber que su hijo/a ha
sufrido abusos sexuales y además que éstos se han producido en el ámbito de su
familia, sin que ellas se hubieran percatado de lo que estaba sucediendo en su
propia casa.
Por su puesto que estoy hablando de un
tipo de familias que quieren y protegen a sus hijos y no de aquellas en donde –
por múltiples motivos y carencias relacionales - existen graves negligencias en
el cuidado de la prole tanto a nivel físico como afectivo. De hecho, en esta
tipología de familias, sí que podemos hablar de graves secuelas para los
menores. Tanto más graves cuanto más estén relacionadas con la falta continuada
y crónica de cuidados y de afecto hacia sus hijos. Son estos ambientes los que
se terminan convirtiendo en verdaderos caldos de cultivo para todo tipo de
maltrato y, además, los que propician el que se produzcan todo clase de abusos
hacia los menores, ya que los niños/as no son vistos como personas objeto de
derechos sino como meros instrumentos al servicio de los deseos de los adultos
que los crían. Esa falta de mirada, de sensibilidad y de empatía hacia ellos
hace que los menores no puedan desarrollarse de forma sana y saludable y
terminen padeciendo gravísimas consecuencias futuras en sus comportamientos y
en su salud mental. Los hospitales psiquiátricos están llenos de esta tipología
de personas que nunca pudieron superar la falta de cuidados cuando fueron
pequeños por parte de sus seres queridos.
Otra pregunta frecuente que surge
siempre cuando se producen abusos sexuales es la siguiente: ¿Es necesario que
todos los menores que han sufrido abusos sexuales deban seguir un tratamiento
psicológico o hacer una psicoterapia? Yo diría que lo que siempre se impone
ante este tipo de casos es una exhaustiva evaluación clínica que determine el
estado psíquico del menor y priorizar en función de su resultado las siguientes
actuaciones a seguir en el futuro. Además, no debemos olvidar que en general,
en estos casos, se solapan al mismo tiempo dos clases de evaluaciones que no
debemos confundir: Por un lado, la evaluación pericial que trata de determinar
la veracidad de los hechos reflejados en el testimonio de la víctima y la
credibilidad de la misma (esta sólo se realiza cuando el hecho ha sido
denunciado en el juzgado y ha sido ordenada por un juez) Y, por otro, la
evaluación clínica propiamente dicha. En dicha evaluación será imprescindible
que se determinen los recursos cognitivos y las estrategias de afrontamiento
con las que cuenta la víctima y el protector. En cualquier caso, la
intervención terapéutica apoyará siempre un proceso no de olvido sino de
elaboración de la experiencia traumática sufrida.
En función de los resultados obtenidos
de esta evaluación, la tipología del abuso, una vez identificado el motivo de
mayor impacto para el menor, la edad del niño/a, la duración y la frecuencia
del abuso, el haber sido creído o no por sus familiares y algunas otras
variables, determinará si la víctima deberá seguir una psicoterapia y, en caso
de ser necesaria, la modalidad más conveniente de la misma: individual o
grupal. Lo que sí me atrevería a afirmar
es que toda víctima de abusos sexuales va a necesitar apoyo de su red
psicosocial para aprender a integrar en su vida la vivencia del abuso, pero no
todas las víctimas de abuso sexual necesitarán tratamiento psicológico. Es
decir, las víctimas necesitaran ayuda, entendida como apoyo incondicional, ya
provenga del entorno de su familia o de la red de profesionales en caso de que
el niño sea separado y reubicado en otro lugar.
El objetivo del tratamiento psicológico
será evitar que en el futuro: 1) El abuso y la victimización secundaria vuelvan
a producirse 2) Tratar las secuelas psicológicas y 3) dotar a la víctima de
habilidades y herramientas que le permitan la superación de los efectos
causados por los abusos.
La clave del proceso terapéutico reside
en establecer una buena relación con la víctima que garantice la reconstrucción
de vínculos afectivos, quizás en un primer momento con el terapeuta y,
posteriormente, con otras figuras significativas para el niño diferentes del
agresor.
Para terminar afirmaría que, desde mi
experiencia en el tratamiento de los abusos sexuales a menores, me parece
necesario que ampliemos nuestra forma de entenderlos para que seamos
conscientes de su complejidad y su enorme heterogeneidad. El hecho de que
podamos afrontarlos sin añadir más dramatismo, como un acontecimiento
desdichado y serio en la vida de un menor pero como algo que tiene solución, le
ayudará a superarlo con mayor rapidez y a tener más confianza en su futuro
próximo.
Como decía Cloé Madanes, “…la
psicoterapia es el arte de encontrar al ángel de la esperanza en medio del
terror, la desesperación y la locura…”
El
pasado fin de semana estuve en Madrid, recibiendo un curso sobre cómo influir
sobre el vínculo de apego entre madres (cuidador/a) y bebés de hasta un año de
edad en grupo. Lo impartieron dos especialistas del Anna Freud Center (Jessica
James y Sheila Ritchie) un prestigioso centro de psicoterapia y formación, y
como comprenderéis no me pude resistir. No todos los días se tiene la
oportunidad de poder formarse con especialistas de primer nivel.
El
curso fue en grupo pequeño, y pude saludar y compartirlo (también mesa y
mantel) con varios/as amigos/as y colegas que vivimos con pasión la teoría
del apego.
El
curso me ha parecido de alta calidad. Creo que una de las claves -en la que no
se trabaja demasiado- es la prevención. Sobre este importante nivel realizan
su trabajo, dentro del marco del apego, las profesoras Jessica James y Sheila
Ritchie. Porque intervienen y fortalecen las relaciones de apego tempranas en
grupo, con diadas madre (o cuidador/cuidadora) bebé. El grupo está constituido
por 4 diadas, con un formato abierto (pueden incorporarse cuando lo deseen y también
dejar el grupo cuando estimen conveniente) y una metodología no directiva
basada en la conexión emocional, la resonancia afectiva, los diálogos
mentalizadores (la teoría de la mentalización de Peter Fonagy es uno de los
sustentos teóricos de los grupos madres/bebés: se trata de que las madres
puedan reconocer y ver la mente del niño como propia, con sus estados internos
y marcarlos como propios, reflexionando sobre los mismos) y la reflexión sobre
uno mismo y su historia. Las interacciones entre las distintas madres, entre
éstas y los demás bebés, entre los propios bebés entre sí, y también con los
profesionales, son igualmente trascendentes para el propósito de intervenir
sobre las relaciones de apego. Porque el grupo se va a constituir en un ente
con vida propia, esto es, va a ser figura de apego también. El psicoterapeuta
de grupo no resuelve, es un facilitador que va a favorecer que el propio grupo
pueda ir solucionando y manejando las situaciones y relaciones que se vayan
dando. Aunque, evidentemente, interviene si se precisa contención, y para
reflejar lo que puede ocurrir. También puede realizar interpretaciones válidas
para los miembros del grupo.
Salí
del curso, como la gran mayoría, fascinado por la propuesta y con ganas de
llevarla a la práctica. Porque lo que hagamos en el primer año de vida por
influir -e incluso reparar- el vínculo de apego lo haremos en un periodo clave
y sensible en la vida del ser humano, donde justo se está construyendo y
cimentando el fundamento para estar y ser en el mundo.
En
el marco de este curso, las profesoras nos pusieron un vídeo que me maravilló
por lo emocionante que es, y por la metáfora que transmite. Ya sabéis: poder
expresar o describir algo mediante una semejanza por analogía.
El
vídeo es un fragmento de una película titulada “La historia del camello que
llora”: cuenta la leyenda de Mongolia que los mongoles cuando un camello da a
luz y la cría es albina o hubo complicaciones al nacer, la madre camello
rechaza a la cría y no la deja amamantar. Los mongoles tocan esta canción que
hace llorar a la madre, la sensibiliza, estimula su sistema de cuidados y
acepta a su hijo.
Ved
el vídeo, es muy emotivo:
Puede
servirnos para comprender y ver muchos de los sentimientos que tienen tanto la
madre (o un cuidador/a, uso el término madre de manera universal), que rechaza al
hijo; la cría de camello y la comunidad (simbolizada en la mujer y en los
músicos)
En
todo proceso de revinculación, la comunidad adopta un papel fundamental: me ha
recordado al concepto de holding del psiquiatra Winnicott. La madre, durante
los primeros años de vida, hace una función de andamiaje conteniendo las
emociones y los impulsos del bebé y dándoles forma mediante la palabra y el
cuerpo piel-con piel que da sujeción cálida. En este vídeo, el holding lo hace
la muchacha que con su voz y su mano da esa sensación de contención a la mamá
camello. Los músicos se me antojan la alegoría de la regulación emocional
propia del hemisferio derecho del cerebro: éste para su correcta maduración, es
dependiente de la experiencia externa, de los cuidados con sintonía y resonancia
emocional, de las transiciones y cambios armónicos, de los susurros y las voces
calmantes, de la capacidad de llevar al bebé hacia estados de sosiego cuando los
precisa… Cuando el hemisferio derecho está pleno de miedo y de ansiedad, de
terror, de oleadas de angustia, de ira, esa música hace que la mamá camello pueda tranquilizarse y confiar. Porque la madre necesita esa seguridad que le dan
los miembros de la comunidad. Necesita esa nueva visión sobre su hijo, mentalizarle de otro modo... Comunidad de la que formamos parte los educadores,
psicólogos, psicoterapeutas, maestros, técnicos de infancia, trabajadores
sociales, médicos, psiquiatras... cuando diseñamos intervenciones para que los padres se capaciten como
tales y puedan poner en marcha un sistema de cuidados empático, sensible y con
límites hacia sus hijos/as.
Pero
no nos olvidemos del camellito, de la cría, que no entiende nada, que sólo
siente una mezcla de deseos de aproximarse (y de activar su sistema de apego,
necesario para su supervivencia) pero a la vez de alejarse porque intuye el
rechazo y tiene miedo (activando a la vez el sistema de defensa) Está en ese
miedo sin solución, me ha recordado al apego desorganizado del que hemos
hablado en este blog innumerables veces. El camellito (o camellita) si pudiera
hablar diría algo así como: “tengo miedo”, “no me fío”, “me duele que me
rechace” La comunidad a la vez, también le transmite la confianza y seguridad para que
avance poco a poco y se acerque a su madre (o padres), haciéndole sentir que
está preparada y que además, ellos están ahí.
Puede
aplicarse al acogimiento familiar, a la adopción (en este caso la madre o
cuidador/es no rechaza pero también tienen dudas, miedos y vacilaciones en este
proceso de vincularse al niño, y éste a su vez, puede estar aterrorizado,
paralizado, angustiado por sus experiencias anteriores con otros cuidadores que
se están activando en el proceso de apegarse a los nuevos padres o familia), a la re-vinculación niños/as padres por emigración... y a
otras experiencias relacionales que a buen seguro ya se os están pasando por la
cabeza.
Muchas
veces se pueden explicar teorías complejas como la regulación emocional de este modo, poniendo un vídeo a los padres y familias, pues necesitáis
comprender muchos conceptos para poder así entender a vuestros hijos/as.
Esta
intervención que hace toda la comunidad mongola sobre el camellito y la mamá es
tratar de fomentar un apego seguro, ganarlo a la seguridad. Cuando intervengo
en la consulta con mamás y/o papás y niños/as adoptados/as mayores con los que
tenemos que trabajar el apego, realmente hacemos algo parecido a lo que simboliza este video. Es clave la intervención sobre el apego en la niñez temprana y
en la segunda niñez -en el caso de menores adoptados y acogidos, sobre todo-, para
ganarlos a la seguridad. En la adolescencia también se puede, pero siempre creo
es más complicado, los nudos están más atados.
¿Por
qué intervenir sobre el apego para hacerlo seguro? Porque las bases de la
futura regulación propia, de la relacional y del control de impulsos hunden sus
raíces en una experiencia de apego seguro. Dice Pat Ogden “…en el caso de una
relación de apego seguro, la relación con el cuidador facilita el desarrollo
del hemisferio cerebral derecho, favorece la regulación afectiva eficaz y
fomenta la salud mental infantil adaptativa. El cerebro inmaduro del niño se ve
continuamente estimulado de forma que preparan las neuronas del córtex
orbitoprefrontal, estructura que es especialmente importante debido a su profundo
efecto sobre la regulación fisiológica emocional. Dependemos del córtex
orbitoprefrontal derecho en razón de su capacidad de regular la activación
emocional y autónoma, y esta área del cerebro depende recíprocamente para su
desarrollo de la regulación relacional durante la primera niñez” (“El trauma y el cuerpo”, editorial Desclée de Brouwer)
Efectivamente,
cuando trabajamos la relación entre una familia y su hijo/a que necesitan una
intervención en el área del apego, estamos haciendo una regulación relacional
que tiene importantísimos efectos en las áreas del cerebro responsables de la
regulación interna (fisiológica y emocional) Cuando la comunidad interviene con
el bebé camello y la mamá, está haciendo a nivel psico-fisio-lógico, todo eso
que tan maravillosamente explica la autora y especialista, Pat Ogden. Así pues,
creamos en nuestro trabajo firmemente porque tiene respaldo científico. Y esta
tarea nuestra (también de la comunidad que rodea al niño) regulatoria nos ocupa
todo el desarrollo del niño para que pueda proyectarse como un adulto adaptado.
Nos
despedimos como es ya un clásico en este blog, comentándoos la picada de hoy.
Es una picada importantísima. Quiero apoyar desde estas líneas la figura de las familias colaboradoras para esos menores que llegados a una edad
no tienen más alternativa que el centro de acogida, el cual aún proporcionándole
muchos recursos y aspectos positivos, a veces carece de la posibilidad de
ofrecer figuras vinculares estables. Las familias de apoyo (como lo es el
Programa IZEBA en Gipuzkoa, promovido por la Diputación Foral) pueden
constituirse en tutores de resiliencia. La resiliencia es la capacidad que
tienen los seres humanos para crecer y rehacerse desde la adversidad o el
trauma. Es un proceso que se construye en la relación con los otros. Las
personas desarrollamos recursos resilientes primarios durante los primeros años
de vida gracias a la creación de un vínculo de apego seguro con un cuidador
empatico, permanente, sensible y disponible emocionalmente que nos transmite
una experiencia de seguridad. Desgraciadamente, hay niños que no han podido
desarrollar suficientemente la resiliencia primaria. Su experiencia vincular ha
sido tan insegura -y en algunos casos, dañina- para su bienestar y salud que ha
debido adoptarse una medida de protección, siempre dolorosa. Algunos de estos
menores, especialmente los mayores de cinco años, desgraciadamente, no tienen
fácil acceder a figuras adultas que ofrezcan una permanencia y que contribuyan a
reparar el apego (por ejemplo, en un acogimiento familiar) Con lo cual quedan
en una situación de mayor vulnerabilidad porque las posibilidades de
desarrollar la resiliencia secundaria son más escasas. Este tipo de resiliencia
emerge en los niños y adolescentes gracias a adultos que acompañan y aceptan
incondicionalmente a éstos. Los llamados tutores de resiliencia son personas
capaces de fomentarla, de favorecer que crezcan y se rehagan desde el trauma.
Es un adulto, como dice Boris Cyrulnik, que encuentra al niño y supone un
renacer y una transformación para él, el viraje de su existencia.
Creo
que es en este marco donde entran las familias de apoyo o las colaboradoras.
Pueden ser esas figuras adultas, a veces las únicas, que den permanencia (con
todo lo que esta palabra implica) al niño o adolescente. Pueden ser esos
tutores de resiliencia que acompañen al menor en ese proceso de rehacerse y
crecer desde la adversidad. Se sabe por la investigación científica que las
relaciones estables, sanas, constructivas, positivas... con adultos
facilitadores reparan las redes neurales asociadas al apego y la empatía. En
una investigación de referencia ya en resiliencia, la de Werner, se observó en
un estudio longitudinal que los menores que habían conseguido desarrollarse
como adultos suficientemente adaptados (a pesar de haber soportado traumas
severos en su infancia) son los que habían contado con al menos un adulto que
cambiara la mirada sobre ellos y los aceptara de manera incondicional. Creo que
las familias colaboradoras, bien seleccionadas y formadas, pueden hacer esta
tarea de construir la resiliencia secundaria en unos menores que de otro modo,
tienen escasas posibilidades en este sentido. Pienso que potenciando este
recurso estamos llevando a la práctica lo que la investigación científica avala
como válido para reparar y hacer una tarea de reconstrucción de unos menores
que no pueden ser dejados a su suerte, sin referentes estables. Todo niño tiene
derecho y necesita al menos, un adulto que le acompañe en su vida.
Me
despido dándoos las gracias de corazón por apoyar el evento de las II
Conversaciones sobre apego y resiliencia infantil que se celebrarán en Donostia
los días 27 y 28 de noviembre. ¡Hemos completado el aforo (130 plazas) en dos
semanas…! Lo siento una vez más, por todos/as los/as que os queréis apuntar y ya no
podéis. Para la próxima edición ya consolidado el evento y teniendo en cuenta
la gran acogida que le dispensáis, os prometo que buscaré un local más grande
aún y espero nadie que quiera asistir se quede sin poder hacerlo. Esto habla
muy bien de todos/as vosotros/as: queréis formaros y crear redes de
comunicación, intercambio y apoyo. Os prometo que los que estaremos en las
jornadas de Donostia lo vamos a dar todo, y que las mismas serán atractivas
desde el punto de vista de los contenidos pero también habrá resonancia
emocional; si no, el aprendizaje no es tan completo. Se olvida pronto.
Dentro
de 15 días (el 19 octubre) tenemos otra firma invitada: Olga Guerra Arabolaza,
psicóloga y experta en abuso sexual. Os gustará su aportación. Porque además,
sobre este tema hemos hablado poco. Nadie mejor que Olga para hacerlo.
Curso "Especialista en Técnicas Gestálticas para Niños y Adolescentes"
Centro Mesana, Córdoba
PRESENTACIÓN
Ser terapeuta infantil para
algunos es tratar de hacer lo que no hicieron por ellos cuando eran niños. Para
otros, es buscar un pedazo de inocencia e ingenuidad en unos ojos, a pesar de
todo el sufrimiento que puedan traer. Para muchos, es un agradecimiento a cada
niño por brindarse y mostrarse en su mundo mágico, en su mundo dolido, en su mundo
articulado con sus propias historias, tratando de rearmar los vacíos y los
contenidos dolorosos en algo que pueda ser digerido y que ayude a sobrevivir.
Cada niño que entra a terapia
necesita volver a confiar en un adulto de alguna manera, o en el mundo, o en
las emociones y las palabras, en el juego, en el mundo mágico del cual aun tiene
derecho a vivir.
Es por eso que intentamos desde
Mesana y UmayQuipa brindar una formación basada en nuestras propias
experiencias, además de los libros, en nuestro hacer cotidiano sesión tras sesión,
con los niños y sus historias; y con sus padres y sus historias: todos tienen
mucho que contar y enseñarnos. Gracias por estar aquí, por querer construir esa
pequeña isla de protección, ese sitio seguro, tanto para el niño que es
atendido como a sus papás. Todos merecen ese sitio y trataremos de brindárselo,
igual que a ustedes, nuestros alumnos.
CALENDARIO, TEMARIO Y PROFESORADO
1 Taller-. 7 de Noviembre 2015 -
"Del Yo Piel al Yo Ideal" Diana
Baumann.
2º Taller-. 8 de Noviembre 2015 -
"Hora de juego diagnóstica" Diana
Baumann.
3ª Taller.- 5 de Diciembre 2015
- "Resiliencia y apego" José
Luis Gonzalo.
4º Taller-. 23 de Enero 2016 -
"Semejanzas y diferencias del trabajo en sesión desde la Gestalt entre
niños y adultos. Diagnóstico gestáltico en niños" Loretta Cornejo.
5º Taller.- 20 de Febrero 2016-
Concepto de figura y fondo. Primeras entrevistas con los padres y el niño.
Dibujo del problema. Loretta Cornejo.
6º Taller.- 5 Marzo 2016 -
"Herramientas filosóficas para el trabajo con niños" Ani Bustamante.
7º Taller.- 16 de Abril 2016 -
"Técnicas en sesiones de padres. Ejercicios de las normas y rituales en el
niño" Marga de la Torre.
8º Taller.- 7 de Mayo 2016 -
"Técnicas gestálticas aplicadas a los niños. Segismundo o el uso de la
silla vacía. El uso del cuaderno de terapia" Loretta Cornejo
9º Taller.- 25 de Junio 2016 -
"Introducción al Focusing aplicado a los niños" Lucía Ema Llorente.
10º Taller.- 3 de Septiembre
2016 - "Grupo de crecimiento personal para niños" María Barbero.
11º Taller.- 1 de Octubre 2016
- "Casos Clínicos, incidentes críticos en terapia. Resistencias a la
terapia" Marga de la Torre.
12º Taller.- 19 de Noviembre
2016 "Contratransferencia y transferencia en la terapia gestalt. El uso
del animal doméstico dentro de la sesión. Tratamiento con niños" Loretta Cornejo.
La formación completa
consta por tanto de 12 talleres de 7 horas de duración en horario de 10.30 a
14.30 y de 16.00 a 19.00.
INFORMACIÓN E INSCRIPCIONES
Está abierto el plazo de inscripciones
Para acceder a la formación es necesario
realizar una entrevista previa.
Grupos reducidos, plazas
limitadas y adjudicadas por orden de inscripción.
Para más información pueden
ponerse en contacto con nosotros en:
Estoy
convencida que deben ser cientos y cientos de profesionales comprometidos con
el bienestar de la infancia, que paulatinamente han hecho del Blog “Buenos
tratos: Apego, trauma y resiliencia” de mi colega, amigo y colaborador, José
Luis Gonzalo Marrodán, un valioso recurso que, al igual que la luz de una
linterna en una noche oscura, ilumina sus prácticas como terapeutas infantiles.
Es innegable que los contenidos de las diferentes versiones del blog de José
Luis son por su diversidad, rigor y riqueza in-formativa aportes para
fortalecer las prácticas de todas aquellas personas que nos sentimos parte de
la manada de mujeres y hombres buenos. Esto, porque luchamos para que todos los
niños y niñas tengan la oportunidad de participar en contextos sociales y
familiares que les garanticen buenos tratos fundamentales, para asegurarles un
desarrollo sano y facilitarles sus capacidades resilientes, es decir, la
capacidad de hacer frente a las situaciones adversas en sus vidas y salir
fortalecido de estas. Lo extraordinario –y que no podemos dejar de reconocer y
agradecer– es que José Luis se ha sumado a todos quienes, fuera de ser
excelentes profesionales, optan por compartir generosamente sus conocimientos y
sobre todo, dar cuenta de sus prácticas terapéuticas. En este compartir me
encuentro cumpliendo con el honor de prologar su último libro: Vincúlate.
Relaciones reparadoras del vínculo en los niños adoptados y acogidos.
Estoy
segura que este libro será un apoyo fundamental no solo para los profesionales
que acompañan y apoyan a padres adoptivos y/o acogedores, sino también para
estos últimos. Nadie puede negar que la parentalidad adoptiva y/o acogedora es
una forma de parentalidad social que tiene un desafío fundamental: no solo
responder a las necesidades de los hijos e hijas adoptados y/o acogidos como
tales, sino que además, en la mayoría de los casos incluso sin saberlo, tienen
que ejercer de padres y madres “terapeutas”. Esto es porque un porcentaje
significativo de estos hijos e hijas han nacido de padres y madres biológicas a
quienes ni la sociedad ni sus familias de origen les dieron la oportunidad de
desarrollar las competencias parentales necesarias para asegurar una crianza
suficientemente adecuada de dichos hijos e hijas. Basándose en los aportes
actualizados de los nuevos conocimientos obtenidos de las investigaciones en el
ámbito de la neurociencia interpersonal, la psico-traumatología y sobre todo,
de los aportes de los y las investigadoras de la teoría del apego, José Luis
nos comparte y nos ilustra el fruto de sus lecturas y sobre todo, de su rica
experiencia clínica como uno de los terapeutas infantiles más reconocidos en el
País Vasco.
Este
libro es una magnifica síntesis entre el conocimiento resultado de la
investigación científica del autor y de tantos otros y otras que él no deja de
citar y reconocer en este libro. Otra singularidad preciada es que es una
ilustración del conocimiento experiencial del autor en torno al apego del niño
y la vinculación de los padres a este. Esto se traduce en que esta obra puede
ser considerada como un Manual porque brinda a las familias y profesionales lo
necesario e indispensable para establecer una relación reparadora con los niños
adoptados o acogidos, especialmente aquellos con trastornos del apego,
consecuencia de una historia de traumas tempranos, complejos y acumulativos,
antes de la adopción. En otras palabras, el contenido de este libro es una
metáfora de la integración casi perfecta del autor del hemisferio derecho e
izquierdo de su cerebro, lo que permite que se pueda leer y sentir. Yo podría
seguir insistiendo en la riqueza del contenido de esta obra, pero su autor me
pidió un prólogo no un resumen, por lo que me propongo terminarlo insistiendo
que su lectura no es solamente instructiva, sino también una fuente fundamental
de aprendizaje, pues utiliza de una forma magistral los tres pilares que según
los conocimientos aportados por la neurociencia, aseguran el maravilloso
fenómeno del aprendizaje.
El autor promueve la visualización de lo que quiere explicar o ayudarnos a comprender. Para eso no solo da ejemplos de sus prácticas, sino que invita a los lectores y lectoras a visualizar diferentes documentales, accesibles, por ejemplo en Youtube. Por otra parte, en el contenido está presente otro fenó- meno: la repetición, que no tiene nada que ver con esas prácticas pedagó- gicas que nos obligan a memorizar o abordar monótonamente una y otra vez los conceptos, sino que aquí se trata de una metodología que permite integrar ideas y experiencias, manejando conceptos en diversas formas: el autor utiliza metáforas, cita otros autores y sobre todo, trae a este escenario lo que sus propios pacientes le han enseñado, lo que a mi criterio, es de un valor inestimable cuando se trata de escribir un libro en torno al apego infantil. Por último y quizás lo más significativo, es el afecto y cariño que se desprende de cada frase y de cada capítulo de este libro. Parafraseando, el concepto de “crianza y parentalidad terapéutica” que está muy bien tratado en esta obra, el lector podrá abordar este libro como una ”lectura terapéutica”. Estoy segura que producirá este mismo efecto tanto en las madres y padres adoptivos y acogedores, como en los educadores referentes de centros de acogida y en los profesionales de la infancia que se darán la buena oportunidad de leerlo.
Formación en psicología evolutiva
infantil aplicada a la Gestalt.
PRESENTACIÓN. Por Loretta Cornejo
Nos
vienen pidiendo aquí en España, hace tiempo, esta formación y por agenda no hemos podido cumplir.
Nuestro
punto de vista es que toda persona que trabaje con niños debe tener una
formación fundamental en Psicología Evolutiva. ¿Y en qué se diferencia la que
presentamos ahora de la psicología de
toda la vida?
La
formación que damos como siempre, es desde un enfoque humanista y gestáltico,
es decir consideramos que la evolutiva
de hoy tiene que cambiar un poco y por eso presentamos en estos módulos muchos
temas actuales de los “niños de hoy” y con los cuales nos vamos a encontrar.
Es
por ello, la importancia de formarnos en una introducción en la neurología
afectiva, en la evolutiva de los bebes prematuros, de los niños adoptados, crianza
positiva desde el apego en las primeras edades, los proceso emocionales
necesarios en los primeros años de vida que servirán para una prevención de la
patología… Y así a lo largo de los
diferentes módulos.
Recordamos
que nuestra escuela está reconocida por la AETG como Escuela de formación en
Niños y Adolescentes y en otros países como Perú, México, Colombia y Costa Rica.
Las
reuniones serán un sábado al mes. Ocasionalmente por problemas de agenda, en
lugar de un sábado será un domingo. El horario será de 10,00h a 18,30h. Los
antiguos alumnos de formación de UmayQuipa
tendrán descuento este año.
Ya
se abrieron las plazas para la entrevista previa.
Llamar al 91 5493878 o escribir a: umayquipae@gmail.com
La
teoría infantil desde la psicología del desarrollo por edades
TEMARIO Y PROFESORADO
1-Crianza positiva, apego y desarrollo en las distintas
etapas evolutivas. JOSE LUIS Gonzalo
Marrodán.
2-La construcción del
mundo emocional durante los primeros años de vida (o a 3 años): Los procesos emocionales necesarios
a lograr durante el primer año de vida, y la prevención de posibles patologías.
DIANA C. de Baumann.
3-Introducción a la
neurología afectiva. LUCIA
Ema.
4-La personalidad
emocional de 3-6 años:
Los seis años se termina la esencia de la personalidad adulta. MARÍA Barbero. Procesos evolutivos
emocionales y formas de intervención. Trabajo con los padres o figuras
parentales. Iniciación y desarrollo del proceso
de socialización.
5-La edad de la
incertidumbre y la edad dorada
De 7 a los doce años LORETTA Cornejo.
6-La primera infancia y
sus diferentes etapas en correlación con las etapas de la adolescencia. MARGA de la Torre.
7- El no tirar la toalla:
entre la fuerza y lo vulnerable:
Acompañando a los Hijos prematuros. PEDRO
Valentín-Gamazo.
8-Cómo ayudar a sostener
las relaciones afectivas desde el principio de la vida. Claves desde la psicoeducación e
intervención comunitaria.
9- Distintos niveles de
intervención. Dr.CARLOS
Pitillas (Universidad de Comillas y Primera Alianza)
10.-Algunos temas especiales: Niños con alta sensibilidad.Evolutiva
de los niños adoptados LORETTA Cornejo Parolini.
Rafael
Benito es psiquiatra y terapeuta familiar con 25 años de experiencia como
clínico. Actualmente trabaja en una consulta privada y sus áreas de interés son
la neurobiología del comportamiento, el trauma infantil y sus consecuencias en
el neurodesarrollo, los trastornos de la conducta alimentaria y el trastorno
por déficit de atención del adulto.
Es nuestro psiquiatra de referencia, con una visión bio-psico-social del ser humano, ello le convierte en un profesional privilegiado para poder comprender y tratar a los menores que han sido víctimas de malos tratos, así como a los adultos que arrastran esta pesada carga. Atiende a adolescentes y adultos en su consulta de Donostia-San Sebastián sita en la Plaza Pinares, 1, 6º
En este post que le he invitado a escribir para todos/as vosotros/as, nos habla de la relación existente entre maltrato en la infancia y trastornos de la conducta alimentaria. Muchas gracias, Rafael Benito, por tu participación en este blog.
¿Qué son los trastornos de la conducta
alimentaria en psiquiatría?
Los
trastornos de la conducta alimentaria (en adelante TCA) son trastornos
psíquicos en los que el individuo/a
altera voluntariamente la ingesta de comida para controlar su peso y
disminuir así la insatisfacción que le produce su aspecto físico. Habitualmente
la obsesión por la delgadez y los problemas con la nutrición no son sino
intentos de compensar dificultades personales más habituales en la Bulimia Nerviosa. ernalizantes(alteraciones de
conducta) mde perfecicorporal independientemente de que existas
importantes como una autoestima baja, inseguridad en las relaciones o un exceso
de autocrítica y autoexigencia.
Con
arreglo a los síntomas que presentan, la clasificación de la Asociación
Psiquiátrica Americana en su quinta versión (DSM-V) distingue tres tipos
fundamentales:
ANOREXIA NERVIOSA. En esta forma del trastorno el/la paciente mantiene una dieta restrictiva para lograr un peso inferior al mínimo que resultaría sano según su edad y su talla. Nunca se ven suficientemente delgadas porque sufren una distorsión en la percepción de su imagen corporal por la cual son incapaces de ver como es su cuerpo realmente y sobrevaloran la importancia del peso en su autoconcepto y su autoestima.
BULIMIA NERVIOSA. Se caracteriza por la presencia de atracones recurrentes. Se considera atracón a la ingestión de una gran cantidad de comida en un periodo breve de tiempo con una sensación de falta de control sobre la ingesta. Como también en este trastorno hay una sobrevaloración de la importancia de tener una figura delgada para mantener la autoestima, los atracones deben ser compensados a través de una dieta restrictiva, ejercicio excesivo o conductas de purga (uso de laxantes o vómitos provocados)
TRASTORNO POR ATRACÓN. También en este problema hay atracones pero, a diferencia de la bulimia nerviosa, aquí no hay conductas de purga y tampoco una preocupación excesiva por la imagen corporal.
Las
pacientes con Anorexia Nerviosa suelen llegar a una delgadez extrema; mientras
que en la Bulimia Nerviosa o el Trastorno por atracón son más frecuentes los
problemas de sobrepeso u obesidad. Además de tener diferentes síntomas, estos
trastornos parecen tener distintas causas y evoluciones y pronósticos diversos.
Por ejemplo, las pacientes con Anorexia
Nerviosa suelen tener rasgos de
personalidad obsesivos, en los que predomina el deseo de perfección y control;
mientras que en la Bulimia la predominan la impulsividad y la inestabilidad
emocional. También los problemas psíquicos asociados son distintos en ambos
trastornos. En la Anorexia Nerviosa es más frecuente hallar desórdenes internalizantes (depresión,
ansiedad); siendo los externalizantes (alteraciones de conducta) más habituales
en la Bulimia Nerviosa.
Los TCA no
son raros. Afectan mayoritariamente a mujeres y los estudios epidemiológicos
coinciden en señalar una prevalencia de un 1% para la Anorexia Nerviosa, un 2%
en el caso de la Bulimia Nerviosa y un 3,5% para el trastorno por atracón.
Sabemos
cómo tratarlos utilizando diversas formas de psicoterapia y algunos
psicofármacos; pero la mejoría requiere largos periodos de tratamiento y pueden
cronificarse o desembocar en otros problemas de salud o incluso causar la
muerte. Por ejemplo, se ha calculado que la mortalidad de la Anorexia Nerviosa
es de una de cada diez pacientes a los 5-10
años del inicio del trastorno.
En su
origen están implicados factores genéticos y ambientales. Se puede heredar una
predisposición para padecerlos, pero el peso de la genética no parece tan
importante como las influencias del entorno. Hay suficiente acuerdo sobre la
importancia de la presión social que promueve en nuestro tiempo una
idealización de la delgadez como panacea que arreglará cualquier problema con nuestra
autoestima y resolverá todas las dificultades relacionales haciéndonos
permanentemente felices. Si eres joven y bello nada se te resistirá. A este
poder mágico de la delgadez se aferran los niños y niñas que por distintas
razones llegan a la adolescencia sin las herramientas necesarias para resolver
los desafíos que les planteará esa nueva etapa de su vida. Retos como el logro
de un autoconcepto integrado, estable y satisfactorio, el establecimiento de
unas relaciones gratificantes con sus iguales (incluyendo las primeras
experiencias amorosas) y un aumento progresivo de la autonomía emocional y
funcional que sólo se logra a través del conflicto y la negociación con los
padres. El estudio de Tremblay L. Limbos M. (2009) indica que las preocupaciones
por la figura y el peso aparecen desde los 5-6 años de edad. Los niños/as de
esa edad valoran su figura de la misma manera que los adultos; muestran las
mismas distorsiones cognitivas, los mismos sesgos y las mismas emociones
negativas; expresan los mismos estereotipos negativos hacia la obesidad y ya
han internalizado una imagen delgada ideal.
TCA y maltrato infantil
En un blog que se centra en el papel del trauma y de las alteraciones en la vinculación como factores asociados a la aparición de problemas emocionales futuros (como les sucede a algunos/as niños/as y adolescentes adoptados/as o en régimen de acogimiento familiar o residencial) no podemos obviar la relación entre un tipo de trauma relacional (como lo es el maltrato) y los TCA.
Teniendo
en cuenta lo expuesto, parece obvio que las circunstancias traumáticas vividas
por el niño/a van a generar vulnerabilidades que dificultarán el tránsito por
la adolescencia y la consecución de los logros evolutivos que harán de ellos
unos adultos suficientemente sanos.
Diversos
estudios han encontrado una relación entre maltrato infantil y trastornos de la
conducta alimentaria, en especial con los que conllevan una pérdida de control
de la ingesta(bulimia nerviosa y trastorno por atracón). Las pacientes que
sufren un trastorno por atracón o una bulimia nerviosa tienen más posibilidades
de haber padecido maltrato o acoso escolar durante la niñez (GRILO y MASHEB,
Obes Res, 2001, STRIEGEL-MOORE et al, Am J Psychiatry 2002, SACHS.ERICSSON N et
al, Int J Eat Disord, 2012, FOSSE GK et al, Eat Behav 2006). En uno de estos
estudios (SACHS. ERICSSON N. et al, Int J Eat Disord, 2012) la existencia de
maltrato era más importante que la psicopatología paterna a la hora de
determinar la presencia de síntomas bulímicos.
Independientemente
del papel causal, los antecedentes de abuso en la infancia influyen en el tipo
de síntomas asociados al TCA e incluso en el pronóstico del tratamiento. Por
ejemplo las conductas impulsivas y disociales con más frecuentes en las
pacientes que tienen antecedentes de abuso sexual (STEIGER H. et al, Int J Eat
Dis, 2009, STEIGER H. et al, Int J Eat Dis, 2010). Además el abuso sexual se
asocia a más síntomas depresivos, menos autoestima y peor pronóstico en la
terapia(HARPER K et al, Eat Behav, 2009). También es más frecuente encontrar en
estas pacientes conductas de purga como vómitos autoprovocados o uso de
laxantes (CARRETERO-GARCÍA A. et al Eat Weight Disord, 2012).
Se ha intentado
también encontrar diferencias en los efectos producidos por diversos tipos de
maltrato. La investigación y la práctica clínica muestran que las consecuencias
del abuso sexual son a menudo distintas y más graves que las derivadas del
abuso físico o el maltrato emocional. Por lo que respecta a los TCA son el
abuso sexual y el maltrato emocional los que con más frecuencia aparecen en
estas pacientes(STEIGER H et al, Int J Eat Dis, 2009, CHOU KL et al J Clin
Psychiatry, 2012, BURNS EE et al Child Abuse and Neglect, 2012, GRILO y MASHEB,
Obes Res, 2001).
Pero ¿de
qué modo el trauma desemboca en este tipo particular de patología?. ¿Qué
factores contribuyen a desencadenar un TCA en los/las niños/as que han sufrido
abuso?. Algunos estudios tratan de distinguir las variables que median la
aparición de TCA en pacientes que sufrieron maltrato. Una de ellas es la
alteración de la imagen corporal. Dos estudios coinciden en señalar la
influencia negativa del abuso sexual en la imagen corporal independientemente
de que exista o no un trastorno de la conducta alimentaria (DYER A et al
Psychopathology, 2013, VILLARROEL AM et al Eur Eat Disord Rev, DYER A et al,
Body Image, 2013). Parece que las alteraciones emocionales secundarias el abuso
tienen también un peso importante. Los TCA aparecerían con más frecuencia en
niños/as maltratados que sufren dificultades de regulación emocional(BURNS EE
et al Child Abuse and Neglect, 201 ), depresión (HOPWOOD CJ et al Eat Weight
Disord 2011) y problemas para la expresión verbal de las emociones o
alexitimia(HUND AR et al Child Abuse and Neglect, 2006).
Algunos
factores genéticos hacen a las pacientes
más o menos vulnerables a la influencia del maltrato. Un estudio halla que las
portadoras de determinada variante en el gen transportador de serotonina son
más vulnerables a sufrir TCA si han padecido maltrato (STOLTENBERG SF et al Int
J Eat Disord, 2012).
Mención
aparte merece el problema de la OBESIDAD. No es un trastorno de la conducta
alimentaria como los mencionados, pero resulta evidente que los factores
psicológicos influyen en su aparición y dificultan o facilitan la mejoría. Una
reciente revisión exhaustiva de los
estudios publicados al respecto encuentra una asociación clara entre los
antecedentes de maltrato y el riesgo de obesidad en la vida adulta(DANESE y TAN
Mol Psychiatry 2014). En el mismo estudio los autores calculan que evitando 7
casos de maltrato conseguiríamos evitar la obesidad al menos en un individuo. Parece
que el abuso en la infancia altera la producción de leptina, una proteína
producida por el tejido graso que promueve en el organismo un aumento del gasto
de energía.
Conclusión
Parece
claro que quienes han sufrido maltrato en su infancia tienen más probabilidades
de desarrollar un TCA, en especial del espectro bulímico (bulimia nerviosa,
trastorno por atracón). Quienes se dedican al tratamiento de estos trastornos
deberían interesarse por detectar y abordar las historias de abuso en la
infancia ya que esos antecedentes agravan los síntomas y empeoran el resultado
de la terapia.
La clara
relación entre el maltrato en la infancia y la obesidad es una prueba más de
que el daño hecho a los/las niños/as tiene graves y persistentes consecuencias para
su salud durante la vida adulta.