Todos sabemos de casos de cyberbulling, o chicos/as que hacen lo que alguien les pide degradándose a través de internet. Son adolescentes que tienen una baja autoestima y que necesitan ser queridos y aceptados por sus “amigos/as” y hacen lo que sea por ello. De estos temas hablaremos y trataremos estrategias y recursos para evitarlo.
Ponente:
Jordi Bernabeu Farrús.Psicólogo y educador. Desarrolla su actividad profesional mayoritariamente en el Servicio de Salud Pública del Ayuntamiento de Granollers. Profesor del Grado de Educación Social de la Universidad de Vic. Especializado en el consumo de drogas y en la adicción a internet.
Día y hora: Sábado 21 de marzo de 2015, de 11:30 a 13:30.
Más información e inscripciones:
Instituto Familia y Adopción: www.familiayadopcion.com
Casi
todos los niños adoptados (por no decir todos) han sufrido adversidades. Un número
nada desdeñable de ellos presentan trauma. Cyrulnik explica la diferencia entre
ambas (lo he leído recientemente en el magnífico libro “Tutores de resiliencia” de Gema Puig y José Luis Rubio): el trauma equivale a un desierto, a estar
muerto en vida. La adversidad, en cambio, no.
Para
las personas no familiarizadas, es difícil reconocer el trauma en los niños.
Normalmente, éste cuando es relacional (como sucede en la mayoría de los niños
adoptados o acogidos que lo padecen), es decir, cuando el daño provino de un
adulto con el que el niño tuvo un vínculo (de apego u otro) y si dicho
daño sucedió a edad temprana (entre los 0 y los 3 años), las secuelas más
evidentes se van a observar a nivel de regulación emocional y relaciones
interpersonales, con dificultades para mantenerse dentro de la ventana de
tolerancia a las emociones (el niño, ante estímulos determinados puede
hiperactivarse -se mostrará más alterado, inquieto, movido, incluso con
reacciones de ataque/huida, si interpreta el estímulo como peligroso porque le recuerda a alguna amenaza de su pasado-
o hipoactivarse (parecería estar en un estado de desconexión emocional, a veces
de embotamiento y en casos más graves, de disociación) El problema es que
muchas de las respuestas al trauma son evaluadas por los adultos (padres,
profesores y otros profesionales) como problemas de comportamiento e
hiperactividad (muchos niños no tienen el diagnóstico de hiperactividad
realmente, es un déficit de regulación emocional debido a que el cuidador
principal con el que estuvo el niño perturbó la relación de apego y éste aprendió a activar su sistema de defensa. Una de las manifestaciones en el
presente es la hiperactividad como respuesta a la activación emocional y la
desregulación, nefasta herencia del trauma relacional) y los menores reciben
muchas consecuencias en forma de reconvenciones, castigos, gritos, expulsiones
y etiquetaciones... que no contribuyen a reparar al niño de las consecuencias de
la traumatización, crónica.Al contrario, esa reactividad por parte
del adulto puede ahondar en las heridas y contribuir a reforzar el trauma. Cuando alguien padece un trauma, además de estar muerto, como afirma Cyrulnik, su cerebro está situado en el pasado. Da igual que hayan transcurrido décadas. Si el trauma no se ha trabajado y tratado, la persona permanece fijada al mismo. Es un mito falso pensar que el tiempo lo cura todo. El cerebro es el mismo y lo que se vivió queda registrado para siempre. Se trata de ayudar a la persona a integrarlo, a que forme parte de su vida, suavizando el dolor. En el caso de los niños, éstos se quedan en posición de supervivencia, y pueden responder a los estímulos del presente con antiguas estrategias como atacar y huir o embotarse y/o quedarse como congelados. Un ejemplo literario de persona atrapada por un trauma (hay muchos) es Miss Havisham, personaje de la magistral novela "Grandes Esperanzas", de Dickens. Está atrapada en el tiempo y vive, a causa del trauma, para vengarse de los hombres. Tal y como refieren en esta web (cito literalmente) "...cabe recordar que la señorita Havisham es uno de los personajes literarios más fascinantes y recordados de Dickens. Su oscuridad es tan siniestra que produce ternura. Es una solterona de mediana edad que fue plantada por su novio el día de su boda y que a partir de entonces se ha retirado del mundo a su mansión en ruinas y ha detenido el tiempo en el momento de la traición. Los relojes de su casa marcan para siempre las nueve menos veinte de la mañana, la hora en que recibió la nota en que el novio arrepentido y pleno de remordimientos le explicaba que no se casaba con ella porque nunca la había amado y que sólo perseguía su fortuna. El salón de su casa se queda con la mesa del banquete puesta, con los platos y cubiertos para los invitados que nunca llegaron tapados con el polvo de los años y el gran pastel de bodas pudriéndose en un lugar destacado. Miss Havisham se viste con el mismo traje de novia todos los días, pero no lleva el conjunto completo sino que sólo utiliza las prendas que sus asistentes habían alcanzado a ponerle hasta el momento en que recibió la nota de cancelación (el ramo de flores se marchita en una esquina y sólo lleva un zapato) Su figura adquiere rasgos fantasmagóricos, avanzando con el ruido de su paso desnivelado por la mansión ruinosa y arrastrando la cola cada vez más gris del vestido sobre la suciedad del piso nunca más limpiado"
Dickens no fue el único novelista decimonónico que empezó a reflejar y denunciar de algún modo las nefastas consecuencias de los traumas. Muchos otros escritores del siglo XIX hicieron este tipo de literatura: Balzac, Víctor Hugo (inolvidable "Los miserables"), Flauvert, Zola, Verne... Los niños traumatizados, cual Miss. Havisham, quedaron detenidos en el tiempo con sus estrategias supervivenciales; ellos no tuvieron ninguna culpa, son los adultos que actualmente conformamos su red afectivo-social los que les tenemos que enseñar a dejar atrás esos trajes...
Bueno, tras este excursus, retomo: este
concepto de la reparación del daño psicológico es difícil de entender para algunos adultos que
trabajan o se relacionan con el niño traumatizado. Porque lo visible (que en
realidad, es la manera que el niño tiene de comunicarnos sus problemas,
dificultades, desregulaciones, malestar…no sabe hacerlo de otro modo), lo que
se observa, es la conducta (sin saber que detrás de ésta hay un problema
denominado trauma; por eso algunos autores, como he contado en otras ocasiones,
a éste le llaman la epidemia oculta.
Porque no se detecta a tiempo) Y dicha conducta suele ser negativa y desadaptada en los
distintos contextos en los que se desenvuelve el niño o joven.
El
adulto (al etiquetar esta conducta como rebeldía, desobediencia, perturbación,
molestia…) busca frenar y parar dicha conducta del niño, ponerle el límite. Por
supuesto que el límite es necesario para todos los niños y en especial para los
traumatizados, que necesitan contención, sujeción y andamiaje por parte de un
adulto. Una consecuencia como castigar o expulsar podrá parar a un niño (a
veces ni eso); pero lo que es seguro es que no repara. No aporta nada
constructivo (incluso para algunos niños, estas medidas de disciplina, como
hemos dicho, pueden retraumatizar) Y nosotros tenemos la tarea de reconstruir
su cerebro, remodelarlo. La labor de favorecer la vinculación con un adulto que le
dé seguridad, que le enseñe con consecuencias constructivas y reparadoras y le ayude
a reflexionar y darse cuenta sobre las consecuencias de sus acciones, cómo
éstas impactan en los demás, dando nuevas oportunidades para aprender. Como
dice Siegel en su último libro titulado: “Disciplina sin lágrimas” (que os
recomiendo cien por cien), como padres y educadores aspiramos y debemos no sólo aportar un límite sino favorecer que el niño desarrolle
cualidades como la compasión, la moral, captar los sentimientos de los otros,
reflexionar, valorar los riesgos, ser responsables… Y esto se consigue con
adultos que no sean reactivos (el niño hace una conducta negativa, desobedece,
y el adulto, presa de rabia y hartazgo, pone una consecuencia impulsiva
consistente normalmente en gritar, reconvenir y castigar) sino receptivos
(conectar con el niño, con lo que puede sentir o querer comunicar con esa
conducta, ponernos primero en su emoción y en su piel) y reflexivos (que los
padres valoren primero, qué quieren transmitir y enseñar al niño para el
futuro, con el fin de que con nuestra actuación pedagógica, contribuyamos a que
éste desarrolle cualidades y habilidades y crezca como persona) Porque los
niños con sus conductas siempre nos quieren decir algo; y los adultos casi
siempre optamos por ir a la carga. Bueno, somos humanos y cometemos errores, no
buscamos padres perfectos; pero sí padres conscientes que opten por aprender
a ser conectivos, a entrar en conexión emocional con sus hijos y enseñarles,
que se propongan gestionar sus emociones y ser mucho menos reactivos. Estos
padres están trabajando a futuro para sus hijos y son los que recogerán los
frutos el día de mañana.
Además
de esto -que favorece la reparación del niño mediante la construcción de un
vínculo seguro con los padres y madres adoptivas o acogedores/as, la denominada resiliencia secundaria (vínculos
de seguridad para el niño que le sostienen, toda la red afectiva que le rodea)-,
los menores de edad traumatizados necesitan exteriorizar y simbolizar para
elaborar (procesar) el trauma. Una de las formas que eligen para hacer esto -la
más accesible para ellos- con los padres o acogedores suele ser hablar. Los
niños, en la medida que se sienten en seguridad, pueden empezar a hablar. A
veces lo hacen abruptamente, coincidiendo con momentos determinados (por
ejemplo, una niña oyó una noticia en la televisión informando que una joven
había sido atacada sexualmente y repentinamente le dijo a su madre adoptiva:
“eso me ha pasado a mí”) Otras veces lo hacen en momentos en los que los padres
o acogedores crean un clima apropiado, por ejemplo, a la noche cuando están
compartiendo un espacio y tiempo afectivo con el niño. En la segunda infancia,
comienzan a preguntar a los padres adoptivos (porque quieren saber y conocer,
normal, es una necesidad en los seres humanos, de dónde venimos y qué ocurrió
para que me adoptaran) por cosas muy concretas. Los padres, madres y familias ya sabéis
de qué hablo, muchos/as de vosotros/as lo habéis vivido o lo vivís.
Que
el niño/a ponga en palabras (exteriorice y simbolice) y sea sentido por el padre
y/o la madre u otro adulto, es sanador. Es muy importante la actitud y disposición
que el adulto que acompaña y quiere al niño muestre con éste. Ser receptivos,
escuchar, acoger (abrazar y besar si es necesario, y si el niño o niña lo vive
bien) y sobre todo, validar. El mayor daño que se le puede hacer al niño es no
reconocerle el sufrimiento o minimizar lo ocurrido. Escuchar, ser receptivo y
empático: “Lo siento, es doloroso; pero ahora estás aquí con nosotros, eso ya
no volverá a ocurrir nunca más” Esto es lo que mejor pueden hacer los padres y
madres o las familias, por el niño o joven: empatía. Lo que más repara, es
alimento emocional para el niño, lo que no ha tenido.
Unos
padres o madres o acogedores no dispuestos a escuchar, o que se derrumben y no
sean seguros y no puedan contener su miedo o angustia (que no es lo mismo que
ser sensible a sus emociones) insegurizarán y angustiarán más al niño o joven.
Que quizá aprenderá a callar para no perturbar.
Suelo
ser partidario de validar y felicitar al niño por hablar (“Qué bueno que tienes
valor para contarlo, eresun valiente; te
escuchamos”) Pero es necesario, si el niño presenta una historia muy traumática
a sus espaldas, o tiene tendencia a presentar estados disociativos (leed este post los que no estéis al día de qué es la disociación) que pueden hacer que se
desregule severamente, preparar al niño antes de que hable sobre lo traumático.
Suele dar muy buenos resultados. Voy a facilitaros algunas pautas sobre cómo lo
hago, que podréis usar los profesionales -y pienso que también los padres y
madres adoptivos y acogedores-. Para éstos últimos lo más importante es que
sepáis que el vínculo seguro con ellos es lo que más hace sanar tanto el
vínculo de apego dañado como otras experiencias adversas y/o traumáticas que
hayan padecido en sus hogares de origen o en las instituciones en las que
fueron ingresados. Por ello, todas las experiencias de seguridad emocional que
interioricen con vosotros/as son fundamentales para que puedan reparar ese primer
vínculo (con sus padres o cuidadores) dañado (apegos inseguros o trastorno de
apego reactivo)
Lo
primero es evaluar en qué medida el niño es capaz de poder verbalizar sin
salirse fuera de la ventana de tolerancia a las emociones. Si es un niño que ha
sufrido múltiples eventos traumáticos y ha padecido experiencias de horror con
cuidadores que le han aterrorizado, lo más probable es que presente
desregulación emocional severa, oscilando entre la hiperactivación y la
hipoactivación. En estos casos el tratamiento psicológico es imprescindible
(porque estamos hablando de niños con apego desorganizado o trastorno de apego
reactivo) Por ello, el profesional sabrá cuándo y cómo trabajar lo traumático
con el niño. En esos casos lo más prudente y beneficioso es no hacer nada sin
la consulta y la orientación profesional.
Lo
segundo es valorar en qué medida el padre o la madre adoptivos (o acogedores)
son capaces de hacer una de las funciones del apego más importantes: mediante
el contacto y la palabra calmante, poder estabilizar y tranquilizar al niño
tras un episodio de estrés (como puede ser hablar de su dura vida pasada) Si
los padres o madres adoptivos -o los acogedores/as- veis que el niño os vive
como fuente segura y es capaz de regresar a un estado de calma (gracias a
vuestra ayuda y presencia) tras hablar de lo que le duele, es que habéis
conseguido restaurar una de las funciones del apego con ese niño. Es necesario,
para esto, que el padre o la madre adoptiva (o el acogedor/a) lleven tiempo de
convivencia y el vínculo se haya trabajado y construido. Se puede llevar mucho
tiempo de convivencia con el niño pero no tener un vínculo sólido porque no ha habido un proceso de
construcción entre ambos de dicho vínculo (entre el niño/a y padre, madre o acogedor/a)
Sólo es conveniente hablar de las experiencias pasadas del niño si el adulto
puede ser fuente de calma y seguridad. "Sólo el vínculo seguro sana", lo dijo Ana
María Aarón en las Jornadas Europeas de Resiliencia celebradas el pasado
octubre de 2014 en Barcelona.
En
tercer lugar, es necesario enseñar al niño una técnica para estabilizarse y
calmarse emocionalmente. Una que me parece muy adecuada es la de poner un
peluche en su estómago mientras está tumbado y enseñarle a respirar con el
vientre (la respiración ventral activa la rama ventral del nervio vago y promueve estados de calma y de conexión con el propio cuerpo y con los demás) Se coge
aire por la nariz y se expulsa por la boca. El peluche se mece con la inspiración-espiración;
el niño ha de seguir respirando hasta que sienta que el peluche se duerme. Las
respiraciones ventrales ayudan a presentificar al niño, a hacerle sentir que
está aquí, con nosotros. “Tú estás aquí, ahora, conmigo. Estás seguro. Todo eso
tan doloroso que me has contado es pasado. Yo estoy contigo, a tu lado” Es dar
presencia, como cuando un bebé se calma gracias a la presencia calmante del
padre o de la madre, sin hacer nada especial, solo estar ahí dando paz y
seguridad. Otro modo de poder calmar a los niños, después de que hayan hablado
con los padres, madres o acogedores/as sobre su pasado y sus emociones, son los
estados de inmovilización tranquila (leed este post donde lo explicamos, no hace demasiado tiempo) Es una manera espontánea y natural de calmar.
En
cuarto lugar, una estrategia que les ayuda a prepararse y sentirse seguros
antes de hablar es conectar emocionalmente con todas las personas significativas
de su vida a las que llamaremos “el equipo de ayudantes”Es una técnica para
dotarles de un recurso psicológico (calma y seguridad) cuando se sientan muy
tristes o conecten con la soledad, los sentimientos de abandono, la rabia… Se
le pide al niño que se dibuje en el medio de una hoja a sí mismo (hay que
decirles que no hay nada en lo que se pueda equivocar, no es una clase de
dibujo, que nos gustará el dibujo que haga, sea cuál sea; buscamos su dibujo)
Después va eligiendo en el orden que él quiera, aquéllas personas que le ayudan
y le hacen sentir bien (tranquilo, calmado; o feliz, divertido… cualquier
sentimiento que el niño viva como ayuda) y las va dibujando formando un círculo
que le rodee en el dibujo. Cuando ha terminado, se le pide que exprese cómo se
siente, si le llegan sentimientos buenos, si los nota en el cuerpo… Entonces,
se le dice que los note, que sienta lo bueno que es para él sentir esa
seguridad, calma, bienestar… Que sienta que le rodea, que la respira, que le
envuelve y le acompaña, para que la pueda usar en los malos momentos.
Es
fundamental insistir en que si el adulto (padre o madre, acogedor/a,
profesional…) no tiene un vínculo con el niño/a y no es una persona sólida (tranquila, firme
y segura) es mejor no hacer nada de esto. Puede ser contraproducente.
Entendemos (y no culpamos a nadie) que los padres pueden sentir pena, ansiedad,
angustia… al ver a su hijo expresar el sufrimiento. Por eso, en esos casos en
los que no podemos hacer de holding o
sujeción para el niño, es mejor recurrir a un tratamiento psicológico que dé
espacio de trabajo al niño pero también a los padres con el fin de que aborden
ellos sus propias emociones y aprendan a gestionarlas. La mejor experiencia que
puede sentir un niño dañado es ser capaz de que un adulto con quien tiene un
vínculo sólido sienta y dé contención segura a su sufrimiento. En caso de dudas
con todo esto, para eso estamos los profesionales.
Continuaremos
con este interesantísimo tema, que es particularmente necesario en los casos de
niños traumatizados durante años por el abandono, la violencia, los continuos
cambios de cuidadores… Suelo utilizarlo siempre con los menores de edad que han
sido adoptados a edades tardías (con cinco, seis, siete u ocho años de edad) y
que tienen el diagnóstico de trauma en el desarrollo, apegos inseguros y
disociación. A los recién llegados a este blog y que han leído por primera vez
este artículo, les aconsejo que accedan a las etiquetas de “apego” y “trauma” y
lean todo lo que hemos escrito anteriormente, para ponerse al día en estos
conceptos.
Os
digo adiós como siempre, con la picada y con un post escrito anteriormente en
Buenos tratos y que os recomiendo volváis a leer.
La
picada de hoy es celebrar que tenemos una magnífica novedad bibliográfica que me ha hecho
especial ilusión: se trata del libro titulado “Fui adoptado ¿y qué?” escrito
por María Assumpció Roqueta Sureda, psicóloga especialista en psicomotricidad, pedagogía
terapéutica y en audición y lenguaje. Es colega y compañera de la red APEGA
(formada por todos y todas los/as profesionales egresados/as del Diplomado en
trauma terapia infantil sistémica de Barudy y Dantagnan) y ha tenido el detalle
de regalarme el libro, además dedicado. Me alegra muchísimo que una compañera
(con su dilatada trayectoria profesional y su amplia y completa formación,
además especializada en el ámbito) haya publicado un libro. Además, uno que
hunda sus raíces teóricas en el modelo del buen trato y los marcos
explicativos del apego y del trauma para poder entender y tener una nueva
mirada sobre la adopción. Necesitamos que los profesionales se impliquen en
estas tareas divulgativas porque es preciso que lleguen al mayor número
posible de familias adoptivas. A María Assumpció le conozco personalmente y doy
fe de su profesionalidad, implicación y compromiso con los niños y las familias
adoptados/as. Tuvo el enorme detalle de acompañarme en las jornadas formativas
(Las Conversaciones) que organizamos en Donostia con motivo de la aparición del
libro que sobre la caja de arena publiqué en marzo de 2013. Y pude conocerla un
poco más.
He
revisado el libro y es muy completo, amenamente redactado y con rigor
científico. El modelo desde el que la autora nos propone es (por eso lo
recomiendo, porque lo comparto) un modelo que es respetuoso con el niño y que no
patologice. Assumpció, en “una nueva mirada de la adopción desde un enfoque
sistémico, comprensivo e integral” nos dice que "España es el segundo país del
mundo en adopciones internacionales (…) Cada vez son más los padres que
consultan a especialistas y niños que son diagnosticados erróneamente,
especialmente de TDAH (Trastorno por Déficit de Atención con
Hiperactividad-Impulsividad)" Y ya sabemos que en vez de este trastorno lo que
presentan es una historia de vida tan dura que ha generado trauma. Digo que el
libro es muy completo porque nos ofrece primero, como debe ser, el fundamento
teórico (todo libro sobre adopción debe de tener una base teórica en el que
sustentar su intervención): "...la teoría del apego, del trauma, la resiliencia y
los aportes de la neurociencia sobre el desarrollo cerebral. A continuación,
desde un enfoque sistémico se
estudian todos los sistemas que rodean al niño y se dedica un capítulo por
sistema y de esta forma se analiza al propio niño, a la familia, a la escuela,
al entorno social y a los recursos externos" Esta última parte de recursos e
intervención con el niño y su entorno me ha gustado especialmente porque
Assumpció ofrece a los padres, madres y familias adoptivas guías y pautas muy
bien explicadas y necesarias para contribuir a la sanación emocional de los
niños y adolescentes.
El
libro es útil tanto a padres como profesionales (los maestros encontrarán un
amplio capítulo dedicado a adopción y escuela, muy útil porque no abundan los
materiales de este tipo) Antes de hacer o de intervenir hay que comprender en
profundidad, como Assumpció nos dice. Y este libro ofrece ambas aproximaciones
(comprender) y herramientas (fundamentadas en un modelo teórico) para poder
intervenir sin patologizar al niño o adolescente. Al contrario: favoreciendo su
sanación.
Así
pues, os recomiendo que lo adquiráis porque es uno de los imprescindibles de
nuestra biblioteca. Felicito efusivamente desde estas líneas a Assumpció
Roqueta por esta inestimable aportación (todos los que escribimos un libro
sabemos lo que cuesta hacerlo) que será todo un éxito.
Assumpció ha dejado un comentario que copio aquí: "Durante el curso 2008-2009 gracias a una licencia de estudios pude valorar a más de 35 niños/as adoptados en la escuela y después de 5 años, volví a verlos; y finalmente he escrito el libro.
Es un libro sentido, escrito desde la emoción. Espero que todos estos niños/as lo puedan leer algún día y que ayude a padres, madres y profesionales a comprender muchas de las conductas, y que sirva para saber dar las respuestas necesarias.
Os dejo mi correo por si alguien quiere comentar algo personal":
Con el post de
hoy cerramos esta trilogía dedicada a la enseñanza basada en el apego, la cual
es extensamente presentada y descrita en el libro de Cozolino titulado:"Attachment-based teaching. Creating a tribal clashroom" Os
recomiendo su lectura porque además del planteamiento teórico que sustenta esta
forma de concebir una escuela y un aula -basado en la neurobiología del apego-,
podréis acceder a las múltiples propuestas prácticas de trabajo que el autor
propone para realizar una enseñanza y una educación que tiene en cuenta las
relaciones y los vínculos entre los alumnos y el profesor.
Una persona me
preguntaba si el libro está traducido al español y desgraciadamente, la respuesta
es que, de momento, no. Está reservado sólo a los/as que puedan leer en inglés.
Para hoy nos
queda ofrecer una experiencia real -trasladada al libro y recogida por el mismo
Cozolino- de una escuela con una enseñanza basada en el apego. Después de
leerla, me sale expresar profundamente que ojalá todas las escuelas fueran así.
Porque actualmente tal y como están concebidas tanto la enseñanza como los
colegios (empezando por la masificación que sufren) es complicado que exista
espacio para los niños y niñas que tienen severos problemas emocionales como
consecuencia de un trauma y que no logran integrarse o aprender. Se adoptan
medidas de atención a la diversidad; pero no se hacen modificaciones
sustantivas en la manera de concebir el aprendizaje. Este sigue siendo una
experiencia competitiva que entroniza a la memoria y al examen como medidas de
control de calidad. Y con esto muchos de nuestros niños y niñas (lo digo clara
y meridianamente) no pueden. Las relaciones profesor/alumno y entre los mismos
alumnos (en torno a las cuales debería pivotar todo aprendizaje) son
secundarias. Si nos fijamos, el recreo o receso, un espacio de tiempo libre
entre horas de clase, es más un descanso o desahogo que no se usa para tratar
las relaciones, fomentarlas o fortalecerlas. Se considera de orden inferior
porque lo importante son los contenidos que se transmiten en el aula. Se
trabaja en valores, actitudes y normas (no lo niego) pero mucho menos en
comparación con los contenidos formales. Y muy poco en las relaciones entre los
niños. Y un menor de edad que no tenga calidad en sus relaciones interpersonales
(empezando por las que mantiene en su casa, con sus padres o hermanos y
terminando por las que mantiene en la escuela) y una vivencia rica en afecto y
contención, no puede (ni encuentra sentido) al acto de aprender.
Esta semana
una persona cuestionaba el papel protector que tiene que tener una escuela para
los alumnos que -por sus problemas emocionales de origen traumático- no se integran,
aduciendo que no es misión de la misma. Y yo me rebelo porque pienso que sí debe
ser cometido de la escuela cuidar afectivamente cuando el niño o joven se
encuentra en un estado psicológico negativo como consecuencia de un trauma complejo,
pues el poder de las relaciones y los vínculos humanos es lo que favorece,
paulatinamente, la curación del trauma. A mi juicio, se debería de contemplar
en la escuela ordinaria personal específico (y formado) para poder acompañar a
estos menores de edad cuando atraviesan etapas personales muy delicadas y que
requieren de adultos que puedan sostener y acompañar. Me dicen que las actuales
escuelas no tienen medios (lo cual equivale a presupuesto) para hacer esa labor
educativo-terapéutica que yo propongo. Ni presupuesto, ni los profesionales que
hoy por hoy trabajan al parecer, están para ese cometido. Y eso que hablamos de
que son atendidos por profesionales de pedagogía terapéutica. Pero la pedagogía
terapéutica contempla el tratamiento de, pongamos por caso, una dislexia, sí;
pero ¿por qué no el acompañamiento a alguien que presenta un trauma y distintos
trastornos asociados al mismo, por poner por caso una realidad frecuente en
nuestro día a día? ¿No es acaso, pedagogía terapéutica? ¿O el concepto que yo
tengo de la pedagogía terapéutica es erróneo? Así es en la actualidad nuestra
realidad educativa en lo que a la escuela se refiere. Por eso propuestas como
la de Cozolino le reconcilian a uno con la enseñanza. Otro escenario es
posible.
La experiencia
que Cozolino relata –y que os voy a transcribir a continuación- veréis que
tiene un punto de partida que hoy por hoy (si me pongo muy crítico con la
escuela que tenemos, me lo decís en los comentarios; sé que, como en todas las
profesiones, hay personas maravillosas que se implican dispensando un trato
afectuoso a los niños y jóvenes que más sufren, que no son otros que los que
han padecido trauma complejo) es ciencia-ficción. En un cartel de la entrada a
la escuela pone: "Bienvenidos al
éxito. Adiós al fracaso. Porque vosotros no vais a fracasar" Así es la
experiencia que el autor de "Attachment based teaching" expone. Paso
a relatárosla con mucho gusto.
Cozolino
refiere que los niños que tienen grandes dificultades para aprender y
relacionarse en las escuelas convencionales y que fracasan reiteradamente no es
tanto por falta de capacidad sino por la ausencia de habilidades sociales,
recursos emocionales y habilidades conductuales. A algunos de ellos se les
considera imposibilitados para el aprendizaje. Muchos de ellos provienen de
experiencias de maltrato, abandono y abuso y sus cerebros se han apartado de la
capacidad para poder aprender en un aula al uso, esto es, las que son mayoría:
pupitre, libro, silla, atención, memoria y examen.
Muchos chicos
y chicas que he conocido, adoptados y adoptadas, con muchos años de abandono y
maltrato a sus espaldas, tomados por incapacitados para poder aprender en un
aula ordinaria, podrían tener una mejor adaptación si el planteamiento fuera
una enseñanza basada en el apego.
Cozolino nos
habla en el mencionado libro de Marva Collins, cuya filosofía pedagógica es que
los estudiantes (sobre todo los desfavorecidos por apegos inseguros y entornos
deprivados) no pueden tener éxito en un sistema donde los prejuicios y el
fracaso son más la norma que la excepción (al menos para estos alumnos), y en
los que no se presta ninguna atención al bienestar emocional de los mismos.
Ella se dio cuenta que la enseñanza con los menores en riesgo debería de
proveerles de un entorno de cuidados y apoyo que fuese como una familia. Esta
mujer disponía de una cantidad suficiente de dinero y decidió abrir una escuela
de estas características en Chicago (Wetside Preparatory School) Su principal
objetivo era enseñar y hacerse cargo de aquellos que habían sido catalogados
como "inenseñables"
La señora
Collins recibía a los alumnos -además de con el mencionado cartel- con esta
frase: "Estáis aquí para ganar,
habéis nacido para ganar y yo voy a cuidar de vosotros más que vosotros
mismos" Su mensaje es simple: requiere un trabajo y un tratamiento a
estos chicos y chicas basado en el afecto y en la seguridad (palabra clave en
apego, como sabemos) Ella es capaz de reconocer los devastadores efectos del
fracaso, el rechazo y la humillación en las caras de los estudiantes, por lo
que sus encuentros y conocimiento de los mismos es de total dedicación y amor.
Su filosofía de la educación está basada en la humanidad, la compasión y en la
apreciación del niño en su totalidad. Su concepción es la misma que se tiene en
las tribus donde los niños se consideran parte de todos, de toda la comunidad.
Collins tiene
una especial preocupación por los que se sientan (motu propio) en el final de
la clase, en las últimas filas, pues considera que estos chicos y chicas pueden
estar sufriendo los efectos de la negligencia, el maltrato o el abandono en sus
hogares. Por eso estimula y motiva al profesorado de su escuela a que se
acerque a ellos y encuentren ambos maneras de conectar con los demás
estudiantes. Además, anima a los profesores a que diariamente digan algo
positivo sobre sus alumnos y alumnas. Ella siente que es prioritario dejar las
lecciones o contenidos a un lado durante buena parte del tiempo para dedicarse
a investigar qué es lo que aburre o molesta a un alumno. Su método consiste en
primero, tener una conexión emocional con el niño y después llegar a un acuerdo
o compromiso para resolver los problemas juntos. Collins considera (y estoy de
acuerdo) que los profesores nunca deberían decir nada negativo de sus
estudiantes. En vez de castigos o expulsiones, en su escuela la disciplina
viene en forma de lecciones afectuosas (con autoridad calmada) dirigidas a
enseñar y reconectar con los estudiantes. Collins afirma que "cuando se reprende a un niño, hay que
hacerlo de una manera amorosa. Nunca traten de humillarle o degradarle"
Hay que intentar decir que se les quiere mucho pero que ese tipo de conductas
no son aceptadas, ni positivas para él ni para los demás. Collins
considera que cuando los niños se sienten bien consigo mismos, no tienen
ninguna razón para pasar al acto. Un acting
out (actuar hacia el exterior o pasar al acto. En términos coloquiales,
portarse "mal") es un signo de que algo va mal con ese niño. Él
carece de la habilidad para poder articular sus sentimientos. Cuando los niños
se sienten no queridos o abandonados, ellos sienten un vacío y éste se
manifiesta en dolor, rabia y conducta agresiva, en ocasiones. Sabemos que los
niños necesitan más nuestro cariño y aceptación cuando menos lo merecen sus
actos. Esta genial frase (la aprendí en el magnífico blog hermano llamado
Resiliencia infantil, de mi amiga y colega Conchi Martinez Vazquez) es justo lo
contrario de lo que nos han enseñado que hay que hacer: castigar, rechazar, no
aceptar en lo fundamental al niño...
Collins crea
un entorno tribal y seguro para los estudiantes (lleva a la práctica el
concepto de base segura de la teoría del apego de Bowlby) que no han tenido
éxito en las grandes escuelas públicas. Ella anima a tener contacto físico con
los estudiantes cogiéndoles la mano, por ejemplo. Collins cree que crear una
clase segura con contenidos estimulantes es el mejor modo de asegurarse la
atención de los estudiantes. Y aunque pudiera parecer que no, anima y propone
trabajar intensamente y esforzarse. Ella piensa que los estándares altos en
cuanto a nivel de aprendizaje de los contenidos y el amor y el afecto no tienen
porque ir por separado. Yo creo que tampoco. Vosotros y vosotras, ¿qué pensáis?
Sin duda una
propuesta innovadora la de esta gran mujer, Collins, quien propicia que los
alumnos puedan aprender sin olvidar que las relaciones, el vínculo y la base
segura (junto con el afecto y la sensibilidad) son los que precisamente hacen posible que se dé dicho
aprendizaje. Personalmente, me ha maravillado y por eso he querido compartirlo
con vosotros y vosotras. Espero que los profesores y las profesoras lleven
muchas de estas propuestas a su aula y entre todos, hagamos realidad otro tipo
de enseñanza.
La "picada" de hoy (no nos despedimos nunca sin ofrecer algo "rico" e interesante para
degustar intelectual y afectivamente): Hablamos de un libro, publicado
recientemente por Gema Puig y José Luis Rubio Rabal, de Addima. Se titula "Tutores de resiliencia. Dame un punto de apoyo y moveré mi mundo" Editorial Gedisa. Tuve la suerte y el placer de poder acompañarles en su casa, Zaragoza, con su gente, amigos y familia, en la presentación del libro, el pasado 5 de febrero. Disfrutamos de un encuentro entrañable en el que fuimos desgranando algunas de sus claves y los elementos que lo hacen único. Muy pronto hablaremos aquí de este libro, más extensamente. Lo estoy terminando. Te atrapa por completo. Es un libro que a mi me ha dejado una reconfortante sensación en el cuerpo. ¿Qué es un tutor de resiliencia? Os preguntaréis algunos/as. En el libro podéis ver, en la portada, una metáfora que lo expresa: algo o alguien que es un punto de apoyo, gracias al cual -como Arquímedes cuando descubrió la palanca y movía pesos increíbles- seré capaz de transformar mi mundo. Y "mi" mundo pueden ser muchas cosas. Nos reconforta, sí, porque las familias adoptivas, acogedoras (o cualquier persona que tenga que hacer frente o acompañar a alguien en el afrontamiento de una adversidad o un trauma), han de saber que es posible rehacerse, crecer y transformarse desde las duras experiencias. Gracias a los tutores de resiliencia. Los tutores de resiliencia son elegidos por el niño, el joven o el adulto. Aunque es algo que surge de una manera natural -algo que no se enseña- los autores, brillantemente, nos ofrecen en el libro algunas claves para ponernos en disposición de serlo, pero sin romper la magia y alterar lo natural. En la contraportada de su libro está otro de los elementos clave de la tutorización de resiliencia: la metáfora del mago. Por cierto, casi se me olvida... El prólogo está a cargo de Boris Cyrulnik. Casi nada. ¿Por qué será que esta eminencia en resiliencia y psiquiatría decide prologar su libro? Porque Gema y José Luis han hecho un excelente trabajo. Lo veréis (Bueno, en realidad son dos libros en uno. Y también múltiples enlaces a vídeos, documentos o ejercicios prácticos que nos ofrecen al final del cada capítulo)
Mucho más diremos de esta obra más adelante, pero para todos/as los/as que estamos implicados/as en el acompañamiento de menores o adultos víctimas de malos tratos y que padecen trauma (o sufren cualquier otra adversidad) me parece imprescindible leerlo y tenerlo en la biblioteca. Los autores han estado invitados por La 2 de Televisión Española para hablar de todo ello, y no es para menos porque lo merece. Os dejo su intervención en el programa para que la veáis.
El post que
rescato del baúl de los recuerdos de Buenos tratos es justamente uno que nos viene muy bien con la "picada" de hoy: el anterior libro de Gema y José Luis titulado "Manual de Resiliencia Aplicada", innovador en su didáctica manera de exponer los contenidos y que en su día celebramos que apareciera, aquí, en éste nuestro blog sobre el buen trato.
Instituto Familia y adopción organiza una charla-coloquio
28-2-2015 En Barcelona y desde el ordenador de tu casa
Desde el Instituto Familia y Adopción de Barcelona nos informan de este evento: En la charla
coloquio de febrero queremos tratar el tema de adopción y
racismo, así como de las estrategias para enfrentarse a
ello.
Vivimos en un
entorno más racista de lo que a simple vista queremos reconocer. Tanto los
padres como los adultos que rodeamos a los niños, tenemos actitudes
racistas sin darnos cuenta, pero que a ellos no les pasan
desapercibidas.
Contaremos
con profesionales y testimonios que nos explicaran sus experiencias.
Se tratarán
situaciones concretas para que entre todos podamos resolverlas.
Os invitamos
a leer el testimonio muy reciente de una madre adoptiva al respecto. Podéis
leerlo aquí.
Ponentes:
Montse La
Pastora de Psicoveritas. Psicóloga
clínica, Supervisora EMDR, Especializada en adopción, Directora de
Pisicoveritas, centro de Psicología y adopción. Muy comprometida con todo lo
relacionado con el mundo adoptivo. Aurtora del libro "Niños adoptados" y de
múltiples artículos. Imparte cursos y conferencias por todo el territorio
nacional.
Maurici
Rolo.Licenciatura
en Económicas por la UB. En la actualidad forma parte del equipo de gestión del
Campus Sant Cugat. Responsable Career Resource Center y coordinador de la Summer
School (2008-2013)
Raissa Janer.
Raïssa nació
y fue adoptada hace 34 años en Barcelona. Después de 33 años y mucha
investigación ha encontrado a su madre biológica. Raïssa nos ofrecerá su
testimonio personal de este viaje interior hacia sus orígenes.
Facilitadora:
Eva Gispert Fundadora y Directora del Instituto Familia y Adopción, Terapeuta y Mediadora Familiar. Adoptada y madre adoptiva. Facilitadora
técnica:
Eva
Vidal: madre
adoptiva, profesora de la Escuela de Telecomunicaciones de la UPC y
colaboradora del IFAD desde sus inicios.
CURSO TEÓRICO PRÁCTICO EN TRASTORNOS ALIMENTARIOS:
Estructurado en 2 módulos y dirigido a profesionales sanitarios, especialistas del ámbito social y estudiantes. El Módulo I se realizará el 20 y 21 de marzo y el Módulo II, el 8 y 9 de mayo.
MÓDULO I, 20 y 21 de Marzo
El objetivo del Módulo I consiste en llegar a saber cómo dar estructura al tratamiento de los Trastornos Alimentarios, conociendo las características de los mismos y así poder elaborar un desarrollo de tratamiento adecuado.
MÓDULO II, 8 y 9 de Mayo
En el Módulo II se completa la formación, para optar a un mayor nivel de especialización en el trabajo con las personas que sufren Trastornos Alimentarios. Puedes consultar el contenido completo del curso en el tríptico informativo adjunto.
Psicóloga terapeuta especializada en Trastornos Alimentarios. Natalia es miembro de AETCA (Asociación Española para el estudio de los Trastornos Alimentarios) y directora del centro Psicoterapia y Trauma, además de especialista en trauma y trastornos alimentarios, psicosomáticos y de disociación.
PRECIO E INSCRIPCIONES:
- Precio general: 245€ por módulo
- Precio inscripción y pago antes del 15 de febrero: 210€
- Precio inscripción y pago en los dos módulos antes del 15 de febrero: 400€
- Precio estudiantes y desempleados: 130€ por módulo
El pasado post comenzamos exponiendo la novedosa propuesta de Cozolino (un
experto en neurobiología del apego y en la psicoterapia basada en la neurociencia) consistente en crear una enseñanza basada en el apego. En esta segunda parte (los que no habéis leído el post anterior debéis acudir a él para poder seguir el de hoy) retomamos exactamente en el punto donde nos quedamos: decíamos que Cozolino afirmaba que las soluciones a la mayoría de los problemas que el futuro nos depare -en cuanto a necesidades formativas de nuestros niños- no serán técnicas sino humanas. Debemos retornar al modo en el que el cerebro se configuró para aprender: dentro de una comunidad tribal donde apego y aprendizaje van de la mano. Algo que se truncó con el comienzo de las sociedades industrializadas, en el siglo XIX. Pero si bien en épocas anteriores existía una mayor certidumbre sobre el tipo de formación que los niños debían de recibir, actualmente, en una sociedad tan cambiante, hay mucha más incertidumbre con respecto a lo que deberán saber dentro de diez años, los niños que hoy en día están en la Primaria. Por ello, la clave estará seguramente en aprender a aprender, en aprender a convivir, a cooperar, a desarrollar competencias en contextos participativos y nutritivos desde el punto de vista emocional, no sólo intelectual, donde se aprenda en relación con otros (y con el profesor como base segura) La adquisición de contenidos conceptuales, la repetición mecánica, la memoria y el examen como modo de valoración, actuales monarcas, en general, de nuestras escuelas, no serán lo fundamental. Me gustaría que los profesores que seguís este blog veáis en esto una oportunidad para poder formar a los alumnos, futuros adultos, como personas. Para ello os voy a trasladar, según Cozolino, cuáles son los elementos que debe de tener un aula tribal, así como cuál debe ser el papel del profesor. El principal escollo con el que os podéis encontrar es el excesivo número de alumnos que tengáis; de todos modos, ello no es óbice para que podáis introducir bastantes de los componentes que caracterizan un aula con una enseñanza basada en el apego. Una nueva escuela para una nueva forma de aprender a ser: fundamentada en las relaciones y el nutrimiento afectivo, no sólo el intelectual.
¿Por qué una forma de aprender en el aula basada en las relaciones?
Para Cozolino –ofrecemos sus aportaciones recogidas de su reciente libro titulado: "Attachment-Based Teaching. Creating a Tribal Classroom"- el fundamento científico de todo esto reside en que el cerebro es un órgano social. La biología (incluida la función intelectual) no puede desarrollarse si las relaciones sociales no son adecuadas o son reducidas a segundo plano, o directamente ni se contemplan. Por ello, hemos de tener en cuenta, según Cozolino, en ese binomio ciencia-educación lo siguiente:
Una nutrición apropiada (física y emocional) tiene un impacto en la memoria y el aprendizaje. Tanto como el dormir y la actividad física.
El cerebro no es un órgano aislado y separado que vive en el vacío, como muchas personas creen, como muchos enseñantes piensan.
Nuestro cerebro social reside y descansa en una matriz de relaciones interpersonales y en las realidades de la vivencia diaria.
Es el reconocimiento de que el cerebro humano es un órgano social de adaptación.
El camino hacia una mente abierta es un corazón abierto: si quieres que tus alumnos aprendan, alimenta su corazón.
¿Cómo era el aprendizaje hace miles de años? El aprendizaje temprano tuvo lugar en parejas o grupos pequeños de relación interpersonal en los que los individuos con mejor “curriculum” guiaban a los demás en la supervivencia diaria.
Durante cientos de miles de años, los humanos más modernos desde el punto de vista anatómico se implicaban en pequeñas comunidades compuestas y amparadas por rituales comunes de relaciones de familiaridad y cooperación. La interdependencia del grupo continuó siendo tan trascendente y modelando nuestro cerebro de tal modo que las tribus llegaron a ser súper-organismos.
¿Cómo crear una clase tribal? Las instituciones más exitosas son aquéllas que son capaces de integrar los imperativos instintuales de nuestro cerebro social dentro de las estructuras organizacionales jerarquizadas.
La acomodación de los instintos tribales dentro de amplias instituciones, denominadas redes de trabajo o círculos de trabajo, mejoran el funcionamiento de los grandes grupos activando los instintos sociales primitivos.
Los cuatro aspectos clave de una clase tribal Relaciones confiables y seguras. La posición del profesor tiene un paralelismo con la de los padres en la construcción del cerebro. Ambos pueden apoyar la regulación emocional proveyendo una base segura que favorece el proceso de aprendizaje.
La sintonización entre profesor y estudiante es especialmente importante con los estudiantes que están en riesgo.
Niveles de activación y de ansiedad de bajos a moderados. El cerebro interrumpe la plasticidad neural a niveles muy bajos de arousal (arousal=grado de activación generalizada del organismo) para conservar la energía; y a niveles muy altos de arousal para desviar la energía hacia la supervivencia inmediata.
Cuando los niños crónicamente estresados y traumatizados son confrontados con un nuevo aprendizaje, a menudo son incapaces de activar los procesos de neuroplasticidad. Esto lo vemos en los niños víctimas de abandono, maltrato, abuso. No pueden aprender no porque no sean inteligentes sino porque no tienen la suficiente regulación emocional para que se produzca la neuroplasticidad (el aprendizaje por la creación de nuevas conexiones neuronales)
Pensar y sentir. Durante la evolución de los primates, el hemisferio izquierdo y el derecho llegaron a ser diferentes: el izquierdo especializado en el lenguaje y el pensamiento racional; el derecho en las emociones.
Las experiencias que estimulan el pensamiento crítico en situaciones emocionalmente relevantes refuerzan la integración hemisférica que apoya la regulación emocional y la solución de problemas complejos.
La co-construcción de narrativas. La evolución del cerebro humano es interdependiente de la narración de historias y la co-creación de historias entre los miembros de una tribu. Una buena historia contiene conflictos y resoluciones, gestos y expresiones y pensamientos acompañados de emociones. Las historias son transferidas cerebro-a-cerebro mediante en una, diríamos, sinapsis social y sirven para integrar el funcionamiento de los individuos dentro de los grupos mediante habilidades de enseñanza y la creación de objetivos y perspectivas compartidas. Esto apoya la integración de las redes neurales.
Dice Cozolino que desgraciadamente, crear una clase tribal es un acto subversivo que está en oposición a la obsesión cultural de los resultados de los tests y la competición. Construir una tribu es un arte guiado por la empatía, la sintonización y la sensibilidad humana. Necesitamos ser creativos para construir una clase tribal. Va a depender en gran medida de nuestros intereses, personalidad, pasiones y cualidades. Seamos subversivos y desterremos los exámenes como forma de valoración. Personalmente, con los profesores que más aprendí en la Facultad de Psicología son los que nos proponían hacer trabajos de grupo y además, a ser posible, aplicados a una realidad profesional que ya nos atrajera. Así que no creo que los profesores de Primaria o Secundaria estén obligados a usar el examen como forma de evaluación ¿O sí? ¿Alguien me lo puede aclarar?
Tiempo. Las clases tribales se caracterizan por el tiempo que sus miembros pasan juntos. Este tiempo extra en el cual el profesor cultiva la socialización, áreas de trabajo y proyectos conjuntos es importante para distinguir a la tribu de otro tipo de clases.
Otra manera de incrementar el tiempo que los niños conviven juntos es aumentar la intensidad emocional del tiempo de clase mediante experiencias y ejercicios que son más personales y que favorecen la implicación emocional.
Familiaridad. Las tribus se caracterizan por las experiencias que comparten, la comunicación y la ausencia de secretos. Una parte importante de lo que llamamos construcción de grupo en las organizaciones modernas ocurre naturalmente durante la vida o el día a día en las tribus.
La intimidad se crea mediante el contacto continuo y el conocimiento de los unos y los otros, así como haciendo énfasis en la identidad de grupo.
Afecto. Cuidar a otros está basado en la compasión y en la empatía así como en conductas inclusivas, la toma de decisiones democrática, ayudarse los unos a los otros a conseguir los objetivos y compartir responsabilidades en el éxito y el fracaso.
El valor de la experiencia de cada uno es importante para todos. El éxito es entendido como un objetivo grupal más que como un logro individual y el auto-concepto se define también por ser miembro del grupo.
Propósitos comunes a través de causas valiosas. En las sociedades a pequeña escala la fuerza que impulsa a la tribu es la supervivencia física. Lo que parece que activa las mismas emociones en los estudiantes es la dedicación del grupo a una causa valiosa. Durante el proceso, la cooperación y la cohesión, la confianza y la compasión son reforzadas y expandidas.
Más importante que la tarea es el reto, el cual mediante la lucha, la perseverancia y el éxito cimentan la conexión grupal.
La causa valiosa puede ser dirigida hacia un objetivo de los miembros de clase o un proyecto que puede ser útil a otros.
¿Y el papel del profesor-educador? Como Cozolino dice, éste no puede ser otro que el derivado de la teoría del apego de Bowlby: El educador crea un entorno tribal que es base segura sobre todo para aquéllos que no han tenido éxito en las escuelas anteriores.
“Mirad, os quiero y tenemos que conseguir actuar juntos. Vosotros vais a aprender o si no vais a morir” Este es el mensaje para la tribu. Aprender no es una opción; es necesario para la supervivencia.
El educador debe pensar en la clase como una familia amorosa que crea un clima de cuidado y apoyo. Si no queremos a los niños, es imposible enseñarles y que aprendan algo significativo.
El entorno contenedor es una relación que es lo suficientemente segura para dejar el miedo, la confusión y la incertidumbre, a la par que se apoya y se anima a crecer. La seguridad que crea una base segura hace que vayan desapareciendo las autodefensas.
Espero haber despertado el entusiasmo, el convencimiento y la energía suficiente en quienes depende que esto pueda ser así en nuestras escuelas, más centradas en fomentar los valores de nuestra sociedad actual (la competición, el éxito individual, la obediencia) que los de la tribu (cooperación, igualdad, liderazgo basado en el servicio)
Os voy a dejar este vídeo de una experiencia en un aula de Japón llevada adelante por un profesor cuya manera de enseñar se aproxima a un aula tribal. Fijaos en cómo saluda a los niños (se nota que les quiere y les recibe con alegría) y lo que les dice al principio: “La vida debemos vivirla con alegría porque solo tenemos una vida” La empatía es lo más importante en esta aula. Pensemos sobre ello y hagámoslo posible.
Picadas de hoy:
La primera, es celebrar la aparición de AIRE: Asociación para la Investigación de la Resiliencia. Ha sido presentada socialmente en Sevilla los pasados días 19 y 20 de enero. AIRE se gesta en Bilbao, en el Congreso Europeo de Resiliencia que tuvo lugar en octubre de 2013. De una multitudinaria asamblea nació el deseo de asociarse para poder tener una institución que articulara organizadamente la investigación y la formación aplicada sobre resiliencia que muchas personas manifestaron necesitar. Uno de sus primeros frutos ha sido el Postgrado sobre Resiliencia que echó a andar el mes de octubre de 2014, organizado por la Universidad de Barcelona. Pero esto no es sino uno de los muchos que irán llegando. Os dejo su dirección web. Desde aquí le damos la bienvenida y nos felicitamos por su aparición. Página web de AIRE: http://aireresiliencia.org/
La segunda picada es que Siegel-formando dueto nuevamente con Payne, no nos olvidemos de ella- acaba de editar un nuevo libro titulado: “Disciplina sin lágrimas. Una guía imprescindible para orientar y alimentar el desarrollo mental de tu hijo” Sigue la misma línea que el afamado “El cerebro del niño”. Hay que celebrar y alegrarnos también por este tipo de libros, de prestigiosos autores, que están haciendo un esfuerzo divulgativo enorme para tratar de desterrar la vieja idea de que disciplina y afecto no pueden ir juntas. ¿Para ser firme y que mis hijos o niños obedezcan, debo ponerme de malas, enfadarme, encolerizarme y recurrir al castigo o a enviar al chico o chica a su cuarto? No. De verdad que si queremos evolucionar (y desterrar técnicas de disciplina clásica basadas en una parentalidad que no es positiva y en una cultura que no favorece el buen trato) y formar y educar a nuestros hijos como personas equilibradas, empáticas, asertivas y responsables, otro tipo de disciplina es posible.
Que estéis bien, hasta dentro de quince días, que nos espera la tercera parte sobre aulas tribales. Hablaremos de una experiencia real. Cuidaos / Zaindu.
"¿Neurobiología o dificultades emocionales? ¿Dónde está la frontera?"
Muchas veces esta frontera es muy difícil de diferenciar. Todos los padres y madres nos preguntamos donde empieza lo uno y lo otro. Sabemos que las dos están muy relacionadas. ¿Pero cómo tratarlo?
Estamos programados genéticamente para ser libres. Las neuriciencias y el mundo de la psicologia se encuentran cada vez mas cercanos. La plasticidad introduce una nueva visión del cerebro, demuestra que la red neural estará abierta al cambio y modulable por las experiencias. Por lo que las experiencias desde el nacimiento y nuestro entorno nos harán ser únicos como indivíduos.
Ponente: Dra. Remei Tarragó Riverola. Psiquiatra, Psicoterapeuta, Master Test de Brazelton. Psiquiatra Centro de Salud Mental Infantil y Juvenil (CSMIJ) de Sant Andreu - Fundació Eulalia Torras de Bea (Barcelona). Coordinadora de trabajo psicológico a la Unidad de Cuidados Intesivos Neonatales (UCIN) del Hospital de Sant Pau de Barcelona. Profesora de la Universitat Ramon Llull (URL, Barcelona)
Facilitadora: Eva Gispert. Fundadora y Directora del Instituto Familia y Adopción, Terapeuta y Mediadora Familiar. Adoptada y madre adoptiva.
Día y hora: NUEVO HORARIO Sábado, 31 de Enero del 2015, de 11:30 a 13:30 horas.