Podemos preguntarnos:
«¿Qué está haciendo?»
Pero también:
«¿Qué puede estar tratando de proteger?»
El control puede estar relacionado con la necesidad de anticiparse a lo imprevisible.
El rechazo puede protegerle de depender demasiado de alguien.
La provocación puede constituir una manera de comprobar qué ocurre cuando la relación se pone a prueba.
La reacción desproporcionada ante una corrección puede estar relacionada con una historia en la que los errores tuvieron consecuencias amenazantes. Con las familias, en el encuentro reflexionamos que esto no significa justificar cualquier conducta. Comprender la función de una conducta no equivale a permitirla. Significa que podemos responder al comportamiento sin perder de vista la experiencia que puede existir debajo de él.
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El apego desorganizado puede conllevar problemas para la construcción de un self estable y coherente |
«Ahora estoy a salvo… pero todavía no lo sé»
Una casa segura no garantiza inmediatamente un sentimiento interno de seguridad.
Podemos decirle a un niño:
«Aquí nadie te va a hacer daño».
Pero su sistema de protección puede necesitar mucho tiempo y muchas experiencias repetidas para incorporar esa nueva información. De hecho, quizá una de las tareas más importantes de una familia adoptiva o acogedora sea precisamente ofrecer experiencias que contradigan, una y otra vez, las antiguas expectativas relacionales:
«Cuando me enfado, el adulto no desaparece».
«Cuando pongo a prueba la relación, el adulto continúa estando ahí».
«Cuando cometo un error, no pierdo el vínculo».
«Cuando necesito ayuda, alguien responde».
«Cuando el adulto se equivoca, puede reparar».
«Cuando me ponen un límite, la relación continúa».
La seguridad no se construye únicamente mediante explicaciones. Se construye a través de una enorme cantidad de experiencias cotidianas, pequeñas y repetidas.
Como planteó una dinámica que hicimos con las familias, el niño no aprende que está seguro porque se lo expliquemos, sino porque vive progresivamente experiencias de seguridad.
¿Qué puede hacer la familia?
Comprender el apego desorganizado no significa convertir la convivencia en una sucesión de interpretaciones psicológicas. Al contrario: necesitamos traducir esta comprensión en respuestas concretas.
1. Preguntarnos «¿qué le pasa?» antes que «¿qué pretende?»
Ante el control, el rechazo, la agresividad, la provocación o una reacción desproporcionada, podemos intentar preguntarnos qué puede existir debajo: miedo, vergüenza, sensación de amenaza, necesidad de control, temor al abandono o dificultad para confiar.
La conducta puede ser problemática y, al mismo tiempo, haber sido una solución que el niño aprendió en otro contexto.
2. Regular antes de razonar
Cuando el niño está muy activado, no suele ser el momento adecuado para largos razonamientos, sermones o preguntas como: «¿Por qué has hecho esto?».
Primero necesitamos ayudarle a recuperar la calma: bajar el tono de voz, reducir estímulos, acompañar y favorecer la regulación.
Primero seguridad; después reflexión.
3. Ser predecibles
Las rutinas, anticipar los cambios, explicar qué va a suceder, cumplir lo prometido y evitar amenazas que después no se cumplen son formas concretas de construir seguridad.
Para un niño que ha vivido mucha imprevisibilidad, saber qué ocurrirá después puede disminuir la necesidad de controlarlo todo.
4. Poner límites firmes sin amenazar el vínculo
Una experiencia profundamente reparadora puede ser descubrir: «Puedes hacer algo que no está bien y yo seguiré aquí». Por ejemplo: «No voy a dejar que me pegues. Voy a ayudarte a parar. Estoy aquí contigo». El límite contiene la conducta sin convertir la relación en un castigo.
5. Evitar las luchas de poder
Algunos niños intentarán controlar las situaciones porque el control les proporciona una sensación de seguridad. Si el adulto responde aumentando todavía más el control, ambos pueden quedar atrapados en una escalada. Las pequeñas elecciones dentro de límites que corresponden al adulto pueden ser útiles: «Hay que ducharse. ¿Prefieres hacerlo antes o después de cenar?». No se trata de que el niño decida si existe o no el límite, sino de ofrecerle cierto margen de autonomía dentro de un marco seguro.
6. No forzar el afecto ni la proximidad
Un niño puede necesitar muchísimo el vínculo y, paradójicamente, sentirse amenazado por la intimidad. Por eso no necesitamos exigir besos, abrazos, confidencias o demostraciones de cariño. Podemos transmitir disponibilidad sin invasión: «Estoy aquí cuando me necesites».
7. Reparar después de los conflictos
Los niños no necesitan padres perfectos. Necesitan experimentar que una relación puede sufrir una ruptura y que después es posible repararla. Un adulto puede decir: «Antes me enfadé demasiado. Tenía que ponerte ese límite, pero podría habértelo dicho de otra manera». Esta experiencia transmite algo extraordinariamente importante: un conflicto no significa necesariamente el final de una relación.
8. No interpretar los retrocesos como un fracaso
La evolución no suele ser lineal. Cumpleaños, separaciones, cambios escolares, visitas, aniversarios, adolescencia o momentos de mayor intimidad pueden reactivar estrategias antiguas. Esto lo saben bien las familias. Que reaparezca una conducta de protección no significa necesariamente que todo lo conseguido haya desaparecido.
9. No tomárselo todo como algo personal
Pensamientos como: «No me quiere». «Después de todo lo que hacemos por él…». «Solo se porta así conmigo»... Son comprensibles, pero pueden dificultar la respuesta del adulto si terminan guiando su conducta. En algunos casos, precisamente cuando un niño comienza a sentirse suficientemente seguro, puede atreverse a mostrar necesidades, emociones y conductas que anteriormente mantenía más controladas.
Por eso puede ser útil preguntarnos:
«¿Qué me está mostrando que todavía no sabe expresar de otra manera?»
Una secuencia para recordar
Cuando la situación se desborda, podemos resumir esta manera de acompañar en cinco palabras:
PARAR → REGULAR → CONECTAR → PONER EL LÍMITE → REPARAR
No siempre será posible hacerlo perfectamente. Tampoco necesitamos convertir cada conflicto en una intervención terapéutica. Se trata de ir construyendo, día tras día, una experiencia relacional diferente. Porque quizá la pregunta más importante no sea:
«¿Cómo conseguimos que deje de comportarse así?»
sino:
«¿Cómo conseguimos que, poco a poco, ya no necesite comportarse así para sentirse protegido?»
Un niño con una historia de apego desorganizado no necesita únicamente que le expliquemos que ahora está a salvo. Necesita vivirlo. Necesita encontrar adultos que sean suficientemente predecibles, disponibles y protectores como para que, poco a poco, su sistema de protección pueda aprender algo nuevo:
«Puedo necesitar a alguien sin perderme».
«Puedo acercarme sin dejar de estar seguro».
«Puedo enfadarme y la relación puede continuar».
«Puedo equivocarme y después reparar».
Y quizá, con el tiempo, aquella antigua contradicción —«quiero acercarme, pero también necesito protegerme»— pueda empezar a transformarse en una experiencia diferente: «Puedo acercarme porque ahora estoy a salvo».
Referencias
(1) Ainsworth MDS, Bell SM. Attachment, exploration, and separation: illustrated by the behavior of one-year-olds in a strange situation. Child Dev. 1970;41(1):49-67. doi:10.2307/1127388.
(2) Main M, Solomon J. Discovery of an insecure-disorganized/disoriented attachment pattern. In: Brazelton TB, Yogman MW, editors. Affective development in infancy. Norwood (NJ): Ablex; 1986. p.95-124.
(3) Main M, Solomon J. Procedures for identifying infants as disorganized/disoriented during the Ainsworth Strange Situation. In: Greenberg MT, Cicchetti D, Cummings EM, editors. Attachment in the preschool years: theory, research, and intervention. Chicago: University of Chicago Press; 1990. p.121-160.
(4) Serván García I. Desorganización del apego: clínica y psicoterapia con adultos. Bilbao: Desclée de Brouwer; 2023.
(5) van IJzendoorn MH, Schuengel C, Bakermans-Kranenburg MJ. Disorganized attachment in early childhood: meta-analysis of precursors, concomitants, and sequelae. Dev Psychopathol. 1999;11(2):225-49. doi:10.1017/S0954579499002035.
(6) García Quiroga M, Hamilton-Giachritsis C. Attachment styles in children living in alternative care: a systematic review of the literature. Child Youth Care Forum. 2016;45:625-653. doi:10.1007/s10566-015-9342-x