lunes, 23 de diciembre de 2019

Cómo reparar el trastorno del apego: estrategias para acogedores y familias adoptivas y sus terapeutas (O a propósito del libro de Hughes "Construir los vínculos de apego")

Daniel Hughes
Estoy muy avanzado en la lectura de este regalo de libro que es Construir los vínculos de apego, de Daniel Hughes. Es de lectura obligada para padres adoptivos y acogedores. Este libro ha sido recientemente publicado por la Editorial Eleftheria, aunque su autor lo publicó en inglés hace unos cuantos años, “cuando aún éramos pocos los que hablábamos del trastorno de apego” (el desorganizado y el reactivo de la vinculación), me dice mi colega y profesora Maryorie Dantagnan. Ella me había comentado muchas veces que debía de leer este libro, y me lo dejó hace unos meses, ante de verano. Comencé su lectura, pero justo en esos momentos la Editorial Eleftheria lo publicó en castellano y evidentemente, lo compré. 
¿Qué os puedo decir? Que es una joya. En las páginas que leo reconozco algunas de las propuestas que ya había leído en Niels Rygaard  (El niño abandonado, otro libro imperdible) sobre cómo abordar este trastorno. Y también en la Traumaterapia de Barudy y Dantagnan veo claros aportes de Hughes. Maryorie es una adelantada a su tiempo desde que en los años 90 comenzara a trabajar en Colombia, en Barranquilla, con población infantil y sus familias, traumatizadas por la pobreza y la deprivación a todos los niveles. Ella fue gestando su modelo de terapia dándose cuenta de que las clásicas terapias no servían para este tipo de niños y niñas. Posteriormente, continuó formándose y accediendo a diversos autores, los grandes nombres del apego y el trauma. Entre ellos se encuentra Bruce Perry (a quien ya dedicamos un post) y también Dan Hughes. Y muchos más. Porque lo bueno que tiene el Modelo de Tres Bloques de Barudy y Dantagnan es ser un modelo que integra articuladamente y con una lógica basada en el desarrollo del cerebro, aportaciones de muy diversos autores sobre como se deben de tratar los trastornos del apego y el trauma complejo.
¿Qué tiene este libro para ser una joya? 
Primero, el novedoso planteamiento del mismo: la historia de una niña llamada Katie y su paso por diversas familias de acogida (tres) hasta dar con una familia (sobre todo una acogedora) que es recomendada por una psicóloga experta en trastorno del apego desorganizado (tan severo que llega a apego reactivo) Es impresionante asistir al relato novelado del libro, pues está así contado desde el principio. El trabajador social de la niña es el hilo conductor de alguna manera, pues es quien toma las decisiones finales (junto con el equipo de protección de menores) sobre el destino (hogar) que esta niña ha de tener para que pueda sanar emocionalmente con una familia. Podemos conocer la historia de la niña y de unos padres biológicos con incompetencia parental severa: la expectativa de la madre de que sí podrá cuidarla y cómo (ella tiene un trauma no resuelto) vive a la hija con gran ambivalencia y termina sintiéndose provocada por las conductas normales de una niña pequeña. El padre, hostil y violento, que maltrata a ambas. En esta niña se van gestando las defensas controladoras (ante la vergüenza y la rabia de sentirse maltratada) y el terror a vincular con sus padres. 
Tras cada capítulo novelado de la historia de Katie, Hughes introduce un comentario con los contenidos científicos más importantes del mismo. Es, por lo tanto, una manera mucho más atractiva y diferente de narrar, pues libros sobre estos temas (sobre todo en inglés) hay cientos, pero planteados de este modo, relatados desde cómo son las cosas, desde la realidad de la experiencia de lo que viven estos niños, yo hasta la fecha no conocía ninguno.


Mañana, a las 9,30h, post especial por Navidad 

titulado:

"Honrar al niño abandonado (Dickens por Navidad)"

Os espero.
El autor nos ayuda a ponernos en la vivencia de la niña. Todos hemos leído -textos técnicos- cómo un apego se altera, pero asistir a cómo puede gestarse en una niña y cómo esta lo va viviendo y va perturbando su psique, generando desregulación emocional, temor a los adultos y la consiguiente necesidad de desarrollar defensas, nos permite empatizar y acercarnos algo al infierno que estos niños viven los primeros años de vida y cómo terminan por no confiar en nadie y sintiendo que hay que dañar a los adultos que tengas delante porque si no te dañarán ellos a ti. Y esto se graba a fuego y altera el neurodesarrollo de los niños. Me parece importante, porque muchos acogedores y familias adoptivas se acercarán a lo que se puede sentir en una situación donde los que te dicen que te quieren, te hacen daño. Creo que favorece el desarrollo de la empatía hacia estos chicos y chicas y el que podamos darnos cuenta de que el cambio no es fácil, sabiendo de dónde partimos.
Los capítulos posteriores continúan con el trabajador social y su equipo y su idea de que integrando a la niña en una familia adecuada (caracterizada por su competencia para criar hijos acogidos, pues lo han demostrado con anterioridad) bastará para que esta se recupere emocionalmente. Con un apoyo terapéutico clásico, además, y el amor y la estructura de cuidados y normas de una familia, serán suficientes para que se recupere de los traumas. Y ¡no es así con determinado tipo de niños! Creo que esto es un mensaje muy claro a todos y todas los y las técnicos de protección a la infancia, pues pone de relieve que hay que estar muy formado (y seleccionar muy bien a las familias, dándoles formación y apoyo terapéutico) para entender cuáles son las necesidades de niños como Katie (que tienen un apego desorganizado con ausencia de empatía, alta tendencia a la inestabilidad emocional y sobre todo una gran capacidad para tomar ellos el control, dominar para satisfacer sus deseos y castigar al acogedor, si no lo logran) No vale cualquier familia que desee amar, sea solidaria y le dé un hogar a un niño.  Dice Hughes (página 77): “Cuidar a niños con dificultades de trauma o apego es una tarea extremadamente difícil que ocupa las veinticuatro horas del día. Requiere un alto grado de madurez personal, autocontrol, empatía por el niño y capacidad para tolerar largos periodos de estrés. Requiere que estos padres de acogida manifiesten resolución en sus propias historias de apego. La buena crianza de acogida requiere que las agencias mantengan un alto nivel de detección, formación y apoyo. Incluso entonces sigue existiendo el riesgo de que un niño determinado sea demasiado difícil para los padres de acogida. Cuando esto ocurre, nuestra solución a la tragedia del maltrato y el abandono de los niños no ha hecho más que empeorar el problema. Debemos reducir estos fallos del sistema tanto como sea posible. Nuestro compromiso debe comenzar con la selección, formación y apoyo del padre (o madre) de acogida individualmente. Sin un cuidador cualificado, el sistema general no podrá satisfacer las necesidades de un niño en concreto”.
Vemos (y esto nos hace tener empatía hacia los acogedores, y también hacia los profesionales que como yo antes de saber cómo eran estos niños no atinaban con la terapia) como los tres primeros acogimientos se truncan, con mucho dolor por parte de acogedores muy amorosos y voluntariosos, pero no formados ni con tanta madurez y equilibrio personal como Jackie, su última acogedora. Podemos ver cómo la niña no puede hacer otra cosa que usar las defensas que le fueron útiles para sobrevivir: complace, obtiene lo que quiere y domina. Cuando hay una lucha de poder, ella gana, pues los acogedores entran en esas luchas y terminan perdiendo, desesperados, pues es una niña que no empatiza, que niega todo, que proyecta y que no acepta ninguna responsabilidad en cuanto al daño que causa. "Sabe" dónde tiene que dar para dañar. Y eso no es porque sea mala, sino porque ha sufrido y se ha moldeado en un entorno violento y lleno de miedo y vergüenza ante el maltratado perpetrado por sus padres biológicos, que la dañaron a ella, desde sus traumas no resueltos, sin piedad. Ceder el control a unos acogedores no le resulta ahora fiable, además que le conectaría con un mundo emocional interno dañado por la vergüenza.
Precisamente a esta emoción, la vergüenza, le otorga mucha importancia Hughes: estos niños la vivieron, junto con la humillación y la vulnerabilidad. Evitar estas emociones a toda costa e impedir que afloren con todo el dolor, es la motivación inconsciente de estos niños. La niña solo se permitirá, y muy a la larga, sentirse vulnerable en este sentido cuando pueda ceder el control a sus acogedores. Y para eso estos tienen que ganársela.
Antes de proponer el cuarto hogar de acogida para katie, el trabajador social conoce a una psicóloga, Allison, que le habla de lo que es el trauma complejo y el trastorno del apego, algo nuevo para este. Y le propone como acogedora a una mujer (que vive con su pareja y otros dos hijos más) que trabaja como coterapeuta de ella, especialista en parentalidad terapéutica (que es una propuesta de Maryorie Dantagnan) y en reparar el apego de niños como katie.
En ese capítulo podemos acceder a toda la filosofía de intervención, tanto de la acogedora como de la psicóloga terapeuta que se hará cargo del tratamiento de la niña, ambas en equipo. No será una terapia clásica (ninguna vale para estos niños si no se trabaja del modo que Allison propone: una terapia triádica a la que asisten la acogedora y el trabajador social).
¿Cuáles son los aspectos más importantes que la acogedora lleva a cabo con una niña con apego desorganizado controlador punitivo? ¿Cuáles son los ejes principales de la acogida y de la terapia con niños/as profundamente traumatizados?
Os recomiendo, no obstante, que leáis el libro entero, porque se explica mucho más detenidamente, hay muchos más elementos de los que yo nombro aquí, que no hago más que escribir un resumen de lo más importante.
(1) Estos niños no son capaces de valorar emociones y vínculos humanos como otros niños porque no han conocido la empatía. Cuando han tenido alguna experiencia de conexión con los padres, esta abruptamente se ha interrumpido con una secuencia de malos tratos, pues los padres se han sentido amenazados por ellos. Estos niños saben cómo complacer para dominar y salirse con la suya. Pueden mostrarse cariñosos y llamar "padres" desde el principio a los acogedores, pero esto no es esperable ante unos desconocidos. Lo hacen para conseguir algo desde el principio. Por eso, conviene dejar claro que la autoridad la tienen los acogedores pero que no se aprovecharán de ella para dañarle (Como también expone Maryorie Dantagnan en su Pauta de Parentalidad Terapéutica) Evitar los conflictos no es una buena estrategia, hay que mantenerse firme desde el comienzo, aunque sin perder el control, y esto no es nada fácil con un niño dispuesto a sacar de quicio a cualquiera. 
(2) Cuando hay que mantenerse con firmeza en las normas de funcionamiento de un hogar, al mismo tiempo (¡¡y aquí está lo difícil!!) hay que llevar adelante acciones que reparen el apego del niño (porque si sólo mantuviéramos la autoridad y el cumplimiento de la norma sólo sería modificación de conducta y esto no repara), tratando de hacerle sentir al niño que sabemos lo que le ocurre a nivel interno. Esto evitaría a la larga actuar la distancia emocional que el niño trataría de poner con estas acciones y la consiguiente entrada en escalada y lucha. Y esto es muy duro porque hay que ser muy equilibrado para no estallar y actuar la rabia contra el niño. En el libro, tras una sesión muy provechosa de terapia, la niña, removida también, actúa contra la madre acogedora y ¡le raya el coche...! Esta es capaz de mantenerse firme, expresar la rabia asertivamente y va al núcleo de lo que está detrás mostrando empatía por cómo debe sentirse: 
“Katie, has rayado el coche ¡Estoy muy enfadada! En esta casa no estropeamos las cosas de los demás solo porque nos enfademos entre nosotros ¡No me gusta nada lo que has hecho! Sin estas enfadada conmigo puedes gritar y gemir y llorar… o decírmelo, ¡pero no quiero que rompas las cosas! -Katie miró hacia el suelo y no se movió. Entonces Jackie respiró hondo y volvió a hablar, esta vez con su habitual tono empático y enriquecedor-. Katie, sé que es difícil aprender a vivir con buenas personas en una familia. Y aprender a encajar. Superaremos este tipo de cosas. Yo te ayudaré. Formarás parte de la familia y entre todos te ayudaremos a aprender estas cosas” (p. 180)
También Hughes habla de la necesidad de la contención física (hecha con cariño) que sirve para poder evitar que los niños dañen o se hagan daño a sí mismos. 
La actitud PACE es la base de la intervención con niños
acogidos con características controladoras.
(3) La terapia. Me ha sorprendido porque la niña tiene sesiones con la acogedora y el trabajador social donde se abordan los aspectos que hay que ir trabajando, pero las sesiones con la niña las desarrolla también con la acogedora y el trabajador social. En las mismas, la terapeuta aplica la actitud PACE (también la acogedora aplica este mismo método): ALEGRÍA, ACEPTACIÓN, CURIOSIDAD y EMPATÍA, y hay un buen número de intervenciones donde a través del juego tratan de conectar con la niña y crear también vínculo sano con la acogedora. Otra técnica terapéutica que me ha fascinado es cuando la psicóloga decide jugar a hablar por la niña (dejando a esta la última palabra sobre si acierta o no en recoger su mundo interno) y expresar así mucho de lo que esta puede sentir en su vida cotidiana, y sobre sus sentimientos en relación a su vida pasada y presente. 
(4) Maximizar las posibilidades de éxito. Hughes nos dice que nos centremos en la edad de desarrollo del niño y no en la cronológica. Esto es importante porque solo le ofreceremos las tareas, los desafíos y los contextos de activación que sea capaz de gestionar según la edad de desarrollo. Las situaciones que por su complejidad social (estar en relación con otros chicos o familiares) les desbordan, mejor evitarlas. Esto se ve claramente cuando la acogedora Jackie decide que la niña no tenga una fiesta de cumpleaños como cualquier niño de su edad (con un montón de invitados, familiares… muy exigente socialmente que, a buen seguro, al no saber manejarse emocionalmente, la niña terminará por estropearlo desbordándose con comportamientos punitivos. Esto es muy frustrante para los niños, pero he aquí cuando la empatía de la acogedora vuelve a intervenir para conectar y tratar de contener. Algo así como: “Cariño, siento que no puedas tener una fiesta como todos los demás, pero si decido que la tengas y por el agobio de no saber manejarte con tanto niño lo estropeas como la vez anterior, al final todos nos sentiremos peor. Tendrás una fiesta con regalos con menos personas, tu tarta y una celebración más sencilla. Espero de verdad que cuando aprendas algún día puedas tener una fiesta de ese tipo, yo me alegraré mucho” A los niños hay que proponerles actividades con los acogedores y no dejarles demasiado tiempo solos. 
"El niño abandonado" de Rygaard, otro
autor que explica cómo tratar los
trastornos del apego.
(5) Esto nos lleva a otra pauta fundamental, ya aconsejada por Niels Rygaard: "Decida usted por el niño, tome responsabilidades". No se puede negociar ni pactar con los niños hasta que no desarrollen la noción de la propia responsabilidad en las acciones. “Si yo decido, nos irá mejor” Porque en realidad nos estamos relacionando con niños que, aunque parecen grandotes, son de edades de desarrollo que están por debajo de la edad cronológica. 
(6) Cuidar a la familia: Los niños controladores con el fin de defenderse y seguir sus propósitos (tener el control y dominar) pueden establecer (y complacer) alianzas con el otro miembro de la pareja, que puede sentir que a lo mejor él o ella son demasiado duros con el niño o niña. Esto hay que tenerlo presente, pues una pareja no bien constituida puede partirse si un niño de estos aprieta y además ya hay fisuras. La actitud PACE previene el desgaste de la pareja y de los otros hermanos, que muchas veces terminan pasando olímpicamente de estos niños pues suelen ser perjudicados por ellos (les rompen cosas, no les hablan, les ignoran o les provocan)
En definitiva, para todas las familias que tengáis hijos adoptados o acogidos con características controladoras, este libro os puede ser de gran utilidad junto con una terapia para toda la familia. Creo que muchas personas mostrarán su perplejidad (como la muestra el trabajador social protagonista del libro) ante intervenciones que a veces nos generan dudas, pero teniendo en cuenta el tipo de chicos que son, lo que han sufrido y como ejercen el dominio como defensa, y habida cuenta que las acogidas normales y las terapias convencionales no funcionan (y de esto doy fe en mis veinte años de trabajo con estos menores y sus familias), creo que merece la pena que sigamos su planteamiento. Hughes es un prestigioso autor, pionero, muchas de sus propuestas que escuchamos a otros autores (como Siegel) ya están preconizadas por él. No hay demasiada investigación sobre las intervenciones con este tipo de chicos, Hughes ha dedicado sus esfuerzos e investigación probando este método y es una voz autorizada a quien debemos seguir. 
Es verdad que es muy difícil ser una Jackie, pero a eso debemos aspirar. Es importante que acogedores como Jackie estén bien cuidadas y arropadas para evitar el queme. Pues es un tipo de parentalidad que dura muchos años y que requiere estar equilibrado y tener la propia historia sanada, y como vemos, quitarnos de encima muchas etiquetas y modelos de crianza de los que todos hemos bebido pero que son… de siglos pasados. Puede merecer mucho la pena porque Katie le dio la vuelta y consiguió convertirse en una mujer sana, feliz y capaz de aportar a la sociedad. A veces, se le da la vuelta y otras veces este método nos ayuda al menos a gestionar a chicos como la niña protagonista de este libro que debe estar en vuestras estanterías.

REFERENCIAS

Hughes, D. (2019). Construir los vínculos del apego. Cómo despertar el amor en niños profundamente traumatizados. Barcelona: Eleftheria.

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