lunes, 13 de noviembre de 2023

El apego en los niños que conviven en un hogar de acogida

El apego en los niños que conviven en un hogar de acogida

José Luis Gonzalo Marrodán


"También creo que debemos aceptar que los centros no van a desaparecer y que, por tanto, hay que convertirlos en hogar, mejorando las condiciones laborales de los profesionales y la formación y la experiencia que tienen. Además, se habla siempre fatal de los centros. Y yo me pregunto: ´¿cómo nos sentiríamos si escuchásemos constantemente a adultos hablar tan mal de nuestro hogar?´ Adultos que en principio les quieren proteger pero que siempre contamos cosas horribles de los centros de menores, proponiendo exclusivamente el acogimiento familiar como alternativa, cuando sabemos que esto no siempre es posible y que a muchos adolescentes no les acogerán..." (Víctor Nieto, trabajador social, publicado en redes sociales, difundido por Vandita García Garrido, trabajadora social y experta en trauma)

¿Como es el apego en los niños que residen en centros de menores? 


La mayoría de los niños y adolescentes que residen en los centros de acogida presentan un vínculo de apego alterado. Muchos han sufrido maltrato en sus diferentes formas, y presentan en un porcentaje elevado apego desorganizado. 

Las cifras de apego desorganizado varía en las muestras de niños maltratados entre un 45% (Lyons-Ruth, Connell y Zoll) y un 80% (Carlson, Ciccheti, Barnett y Braunwald, 1989). La investigación a nivel de grupo ha establecido el apego infantil desorganizado como un predictor leve-moderado del desarrollo de problemas sociales y de conducta (Granqvist, 2017)

El apego infantil desorganizado es más común entre los niños maltratados, pero no necesariamente indica maltrato. Estas otras vías hacia el apego desorganizado pueden deberse a traumas o pérdidas no resueltas en los padres (Granqvist, 2017) Tales experiencias pueden llevar a un padre a comportarse de manera sutilmente atemorizante o atemorizada, o a mostrar conductas disociativas hacia sus hijos (Jimeno, 2017)

Recientemente, Serván (2023) le da una vuelta al concepto de apego desorganizado indicando que en sus orígenes no estaba previsto como una categoría, sino como un eje dimensional. 

Portada del libro de Nacho Serván


“He elegido intencionadamente hablar de desorganización del apego. Este término es dinámico, alude a un proceso, o más bien a la disrupción de un proceso, y esto es mucho más fiel a la realidad de lo que sucede en la desorganización”. (Serván, 2023). 

“La desorganización es la pérdida de la coordinación de los sistemas orientados a la consecución de metas relacionadas con nuestra protección frente al peligro, de modo que el sistema de apego pierde su capacidad funcional, o al menos está a punto de hacerlo. En la primera infancia esto tiene que ver con la búsqueda de seguridad en un cuidador disponible, luego, a lo largo del desarrollo a se pueden añadir las dificultades en la capacidad individual de procesar la experiencia”.  (Serván, 2023).

Sea como fuere, los niños que conviven en un centro de acogida han pasado en mayor o menor medida por experiencias de malos tratos (violencia, negligencia, abandono, abuso…) y como dice Arturo Ezquerro, las primeras vivencias de apego que experimentaron no les han permitido vivir un apego saludable.

La medida que se adopta para protegerles, una vez valorado que no existen posibilidades de rehabilitación de las competencias parentales (Barudy y Dantagnan, 2010), ni tampoco es posible un acogimiento familiar, es el ingreso en un centro de acogida. Un HOGAR. Yo he pensado mucho sobre esta palabra: la idea es proporcionarles una experiencia lo más cercana posible al calor (físico y emocional) que brinda una casa. HOGAR (RAE): Familia, grupo de personas emparentadas que viven juntas. ¿Logramos que sea así o el acogimiento residencial es valorado como una experiencia a evitar totalmente en la vida de todo niño que haya sufrido malos tratos?

¿Logran los centros de menores autodenominados
muchas veces como hogares transmitir el calor de un hogar?


Hay diferentes tipos de centros para personas menores de edad. Yo me voy a referir a un centro (no especializado) para niños entre los 5 y los 12 años, es el tipo de centro que mejor conozco.

En los centros de acogida residen menores de edad cuyas situaciones familiares son muy heterogéneas:

- Niños cuyas familias mantienen contacto regular con ellos y los educadores. No tienen conciencia de haber maltratado a sus hijos y no están de acuerdo con la medida.

- Niños cuyas familias mantienen contacto regular con ellos y los educadores. Tienen una conciencia, aunque sea parcial, de haber maltratado a sus hijos y están de acuerdo con la medida (algunas familias no la quieren, pero la toleran y otras, escasas, la quieren y toleran) El grado de colaboración y participación de estas familias es más positivo y constructivo para los niños. 

- Niños cuyas familias están en otras comunidades o países y no tienen vínculos familiares disponibles.

- Niños cuyas familias, por diversos motivos, no tienen relación con sus hijos en el centro de acogida. No tienen ningún vínculo familiar disponible. Sólo cuentan con los educadores. 

¿Debe fomentarse el apego entre educadores y los niños? 

Aunque los niños que residen en los centros han sido víctimas de malos tratos por parte de sus padres y/u otros miembros de su familia, que afecta a la calidad del apego, aquellos tienen, obviamente, un vínculo de apego con los padres (u otros) con quienes se criaron y con quienes se siguen relacionando. Es importante saber y ser conscientes de que, a veces, se confunde intensidad del vínculo (y en contextos de amenaza como lo es la retirada de tutela, la cohesión intensifica ese vínculo aún más) con calidad del vínculo. No es lo mismo. Los niños cuyos apegos se han desorganizado como consecuencia del maltrato tienen vínculos muchas veces muy intensos, pero la naturaleza de estos está perturbada.

Por eso, las separaciones [son terapéuticas (Barudy y Dantagnan, 2005), porque hay que proteger] pueden conllevar otro tipo de trauma: separación y/o pérdida. Cosas que, no debiendo de suceder en la infancia, suceden (Winnicott, 1999)

Bowlby (1983) ya habló sobre esto. En El apego y la pérdida lo explicó muy bien, y demostró como podía ser un factor de riesgo para desarrollar psicopatología en la vida adulta. Por eso, estas separaciones terapéuticas han de cuidarse: sensibilidad, honestidad y empatía. Porque desestructuran mucho a los niños (temor a la pérdida de las figuras de apego, de los amigos, del barrio, del colegio… de lo que da seguridad, pertenencia e identidad a un niño), aunque por otro lado -no lo olvidemos- les proporciona la protección a la que tienen derecho. 

Al principio es normal que los niños entren al centro de acogida “defendidos” (miedo): inhibidos, agresivos, autosuficientes o demandantes… Inicialmente, potenciar un vínculo de apego con los educadores (sentido de lazo afectivo) quizá no es lo más adecuado. Al comienzo, es mejor apelar al sistema de colaboración y cooperación de las personas (Liotti y otros, 2008), hasta que se vayan familiarizando con el centro, los compañeros, los educadores… Necesitan confianza y poder predecir (tener control sobre sus vidas). El objetivo inicial será proporcionarles una ESTRUCTURA amable, contenedora y respetuosa, que permita a los niños sentir que ellos importan (VALOR) genuinamente a los educadores y satisfacer sus necesidades del mejor modo posible. (López, 1985).

A la larga -¡ojalá!- pueden establecerse y crearse lazos de afecto (vínculo) especiales entre los niños y los educadores. Sería una unión resiliente, tutores de apego (Jimeno, 2017), figuras adultas “sabias y fuertes” que puedan ofrecer un "vínculo y un sentido" al niño, las dos palabras que definen a la resiliencia. (Cyrulnik, 2003)

Algunos niños no tienen disponibilidad de figuras de apego, se les busca fuera del centro… ¿pero por qué no en el centro, con sus educadores?

Los educadores han de convertirse en tutores de apego
que ofrezcan a los niños que residen en los centros de acogida
un vínculo y un sentido.
Foto: https://www.escuelainfantilgranvia.com/vinculo-de-apego/


Apego entre niños y educadores

Los educadores deben estar dispuestos a que se cree este vínculo afectivo. Con todos los educadores los niños satisfacen el instinto de apego (porque sin ellos no sobrevivirían y están ahí para satisfacer sus necesidades, no hay otra) Pero con otros, entre niño y educador y a la inversa, se creará un lazo afectivo estrecho (eso es también apego) que hace que surja una transformación tremendamente reparadora, que se mantiene en el tiempo, más allá de la relación profesional. Es cierto que esto puede generar rechazo en las personas menores de edad por lealtades invisibles a la familia: unas partes de la persona del niño pueden desear apegarse al educador, pero otras rechazarlo por sentir que deben ser leales a las figuras de apego primarias. Por eso hay que hacerlo siendo conscientes de ello y con total respeto por el niño. Es importante saber que si este presenta desorganización en su apego primario, la activación del modelo operativo interno de la persona menor de edad puede activar el sistema de defensa. Entonces, si se estrecha el vínculo, es decir, se ofrece una cercanía e intimidad emocional en la relación demasiado pronto, el niño puede reaccionar de manera agresiva o distante, por fobia al apego o a la pérdida del apego (Van der Hart y otros, 2008), especialmente en chicos que han pasado por experiencias previas de vínculos rotos o dañados por el maltrato y la negligencia. Sabiendo esto, es necesario que el educador vaya aprendiendo a acercarse y estrechar lazos afectivos con el chico o chica despacio, y reparando la relación, cuando sea necesario.

Incluso con niños que no entren en rivalidad con sus padres o familia, nadie estrechamos lazos pronto, nos damos un tiempo para establecer interacciones comunicativas sintonizadas y empáticas, e ir conociéndonos. Eso va entretejiendo el vínculo. Y antes de que emerja el vínculo afectivo entre ambos, el niño debe de sentirse seguro, respetado y protegido por el educador, y desarrollar una sensación de contención (Muller, 2020).          

Lo cierto es que hay experiencias de este tipo (creación de vínculos resilientes) entre niños y educadores (y entre psicoterapeutas y pacientes) muy bellas.

Muchos educadores dicen que desde la frialdad, la distancia y la "profesionalidad", con estos niños no se consigue nada. Así me lo han comunicado los educadores de los hogares que superviso. 

Los niños víctimas de malos tratos no confían ni se sienten seguros con los adultos, hace falta pasar por sus pruebas: “¿Es realmente congruente este adulto entre lo que dice y hace?” “¿Puedo confiar en él?” Necesitan altas dosis, y durante mucho tiempo, de receptividad empática, sensibilidad, paciencia y, sobre todo, no caer en la trampa de la dinámica maltratante en la que ellos estuvieron atrapados, que les impele inconscientemente a plantear batallas y luchas de poder, para forzar al educador a la distancia afectiva. 

La relación con el niño hay que preservarla, por encima de todo. No perder de vista la aceptación incondicional, con independencia de su conducta, rasgos, creencias… Esto es lo que genera que se dé un vínculo resiliente a largo plazo. Esto es lo complicado, porque ellos rechazan -y a veces atacan duramente- a quienes quieren ayudarles y no digamos a quienes quieren vincular afectivamente. Este es el gran desafío, llegar a contribuir con nuestra relación sana a la reparación del vínculo de estos niños. 

Los niños necesitan figuras de apego subsidiarias porque necesitan tener experiencias de vinculación sanas. Los centros de menores deben de mejorar en cuanto a condiciones laborales y ofrecer una ratio educador/niño que permita que los profesionales y los niños dispongan de tiempo para ir conociéndose y creando lazos afectivos. Sin amor no se puede crecer (Schore, 2022)


¿Cómo sabemos que se ha creado un vínculo afectivo? 


El vínculo es persistente, no transitorio.

Involucra una persona específica, no es reemplazable con nadie más. 

La persona desea mantener proximidad o contacto con la persona.

La persona se siente afligida, angustiada por la separación involuntaria de la otra persona.

La persona busca seguridad y confort en la relación con la persona.


¿Cómo debemos organizar un centro de menores en todos sus aspectos para que se convierta en una experiencia óptima de apego grupal? 

Arturo Ezquerro nos habla del poder del apego grupal, un campo que él ha estudiado y en el que es un experto.


-Las personas necesitan permanecer emocionalmente cercanas a los grupos sociales.

-El apego grupal y la identificación grupal son fenómenos distintos, aunque están interrelacionados.

-El apego de persona a grupo incluye algunas de las funciones que regulan el apego de persona a persona, por ejemplo, ambos tipos de vínculos incluyen la búsqueda de apoyo y de protección, así como el desarrollo de una capacidad d respuesta mutua y de cierto grado de intimidad emocional, que son procesos relacionales clave.

-Para comprender la naturaleza del apego grupal, es esencial identificar con qué se vinculan exactamente las personas cuando se relacionan, no sólo con los miembros o líderes del grupo sino, también, con el grupo en su conjunto como-un-todo

Hay muchos factores que impiden que un niño desarrolle apego grupal a un centro:

Como dice Jimeno (2017): "La institucionalización de los menores en hogares tutelados como medida de protección, dentro del acogimiento residencial, puede provocar una carencia afectiva, debido a una estimulación insuficiente o inadecuada, que puede afectar al menor y a su futuro desarrollo afectivo, social y cognitivo. Sin duda factores de riesgo en el establecimiento de vínculos afectivos dentro de los hogares tutelados son: los educadores múltiples fluctuantes, los cambios constantes de educadores dentro de los hogares tutelados debido a contratos precarios o el contratar personas que no estén formadas como educadores sociales para ejercer dicho trabajo. Es necesario y fundamental […] reivindicar la figura del educador social como tutor de apego".

Cuando hay estabilidad laboral y buenas condiciones que dignifiquen la profesión, los educadores permanecen en sus puestos y las experiencias de vínculo de apego reparado en los niños son bellas.  El niño tiene en su HOGAR a sus compañeros, su habitación, su educador de referencia, sus educadores, sus pertenencias, sus afectos positivos y negativos se transfieren allí. 

Además de los aspectos organizativos y logísticos, los niños necesitan experimentar que allí se les espera, que los educadores se preocupan por ellos, que desean comunicarse con ellos, apoyarles y ayudarles, que los niños son importantes para ellos, que se les echa de menos, que esa es su casa y allí están todos esperándoles con alegría y deseos de verle. Esto es incompatible con que las administraciones públicas hayan decidido que por la noche los niños sólo cuenten con un profesional (integrador social) para un piso entero (de unos 8-10 niños) Desde aquí hacemos un llamamiento para que esto cambie y esgrimimos los argumentos de la teoría del apego y de la reparación terapéutica necesaria, a la que estos niños tienen derecho.

Portada del libro de Arturo Ezquerro donde
habla del poder del apego grupal
Foto: Sentir Editorial


¿Cómo mejorar la calidad del apego entre padres/hijos en un centro de acogida?

Es necesario distinguir entre familias con incompetencias parentales severas y crónicas (con las que, probablemente, el trabajo será para mejorar la relación m/padres-niños/as, pero siempre protegidos en el centro de acogida, sin expectativa de retorno) y familias con incompetencias mínimas o parciales (Barudy y Dantagnan, 2010)

Lo ideal sería que existiese personal especializado y liberado para este cometido, porque el trabajo con los m/padres, incluso aunque las personas menores de edad no vayan a retornar a convivir con sus familias en sus hogares de origen, es clave para intentar que no se produzca una fractura entre el centro y la familia, es decir, vida residencial, por un lado, familia por otro. 

Todo lo que se haga para que las relaciones entre los m/padres y los niños, niñas y adolescentes mejoren y los primeros participen y se involucren en la vida de sus hijos/as (sabiendo lo que cada familia puede aportar de acuerdo con su competencia), es fundamental. También no es menos cierto que hay que tener siempre in mente la idea de la protección del niño, por encima de todo, a pesar de que sean sus padres. No deben esgrimirse argumentos biológicistas ni de intensidad del vínculo para justificar relaciones entre hijos y padres donde los primeros sufren las prácticas maltratantes de los segundos. 

Si el acogimiento residencial logra ser familiarizante (Barudy y Dantagnan, 2005) y la persona de edad y sus p/madres sienten que los educadores y la casa son como una tribu que apoya y ayuda en lo que aquellos no pueden, por su carencias en los niveles competenciales como m/padres, habremos hecho mucho para reparar también.

Partimos de algo muy importante: para que los educadores que trabajan educativamente con los m/padres puedan hacerlo, han de ver a estos como los niños/as maltratados, abusados y negligidos que ellos mismos fueron. Toda persona tiene un niño/a interno, que en este caso está herido/a. No recibieron, como dice Jorge Barudy, en su infancia, la protección a la que tenían derecho, y su niño o niña interior no ha sanado. Por lo tanto, ellos y ellas necesitan la reparación también. Verlos como m/padres que son personas, que sufren y que pueden mostrar su sufrimiento a partir de síntomas y conductas determinadas con sus hijos/as, que tienen prácticas maltratantes (pero no son maltratadores), ayuda a poder EMPATIZAR con ellos. Para estrechar lazos afectivos con los niños, también hay que tratar de hacerlo con los padres, o al menos tener una buena relación de colaboración. Y no siempre estos nos lo van a poner fácil.

Sus conductas son como el iceberg que esconde en el fondo un gran dolor, una infancia desgraciada y una evolución hacia la transmisión intergeneracional del trauma en sus hijos/as. Son familias que están "organizadas por traumas", usando expresión de Jorge Barudy.

Por eso, la recepción en el centro a los p/madres debe ser siempre cordial y amable. Han de sentirse bienvenidos/as. Muchos necesitan un tiempo para hablar de ellos. Mostrar conexión emocional e interés genuino en sus vidas, les ayudará a que perciban que a los educadores les interese lo que les ocurre. Los p/madres también importan a los educadores. Dicho esto, aunque la conexión emocional y la empatía son importantes, en la experiencia de los educadores que trabajan con m/padres también señalan que lo es el MARCO ESTRUCTURAL Y LOS LÍMITES. Como algunos de sus hijos/as, no los tienen interiorizados. 

Un límite no es decir un “no puedes hacer eso”, sino presentarlo como un entorno de cuidados que nos permite relacionarnos y convivir en el mutuo respeto. Por eso, es el educador quien afirma: “Es mi responsabilidad” 

Los tiempos de relación han de estar centrados en el niño y en su necesidad y los educadores con respeto, mediante el juego y las conversaciones, van aproximando y vinculando de una manera más sana y segura a los niños con sus padres, siempre con el educador como esa figura sabia y fuerte que regula a todos, padres e hijos. 

¿Es posible hablar de apego entre compañeros de centro de acogida? ¿Y entre hermanos que conviven en el mismo centro?

Con los hermanos, siempre se busca que cuando los niños ingresan en un centro estos puedan hacerlo juntos. A veces debido a que algunos centros están organizados por edades, no es posible. En ese caso tienen relación y contactos lo más frecuentes posibles. 

Hay grupos de hermanos que pueden ser una importante fuente de apoyo, colaboración y seguridad. No son figuras de apego sensu strictu, pero sí pueden ser un vínculo afectivo muy importante y gratificante. Sobre todo, cuando la expectativa es un acogimiento residencial permanente. En algunos casos han resultado ser fundamentales, pues amenazada la seguridad por la ausencia de los propios padres, los hermanos pueden ser una fuente compensatoria. 

Pero no es menos cierto que algunos niños provienen de estructuras familiares tan supervivenciales y "organizadas por traumas" que funcionan con sistemas de acción de orden inferior (Van der Hart y otros, 2008): pelear, agredirse, odiarse, rechazarse, celos… Puede ser una relación destructiva reflejo de la gravedad de sus disfuncionales sistemas familiares. Cuando esto es así, primero es importante que puedan aprender de los adultos y de otros niños con los que no hay una relación tan enconada patrones de vinculación sanos, para poder después convivir progresivamente. 

Como dice Arturo Ezquerro (2023), el grupo que los iguales proporciona puede convertirse en una experiencia de apego grupal, sobre todo cuando la supervivencia es necesaria. Él nos habla de un extraordinario caso de apego grupal.

El vínculo entre iguales no es el mismo que entre los adultos/niños (este es jerárquicamente más vertical), está orientado a la obtención de seguridad. Entre los niños es más horizontal (aunque también hay roles y funciones), pero pueden ser fuente de apoyo y afecto. El niño que vive en el centro cuando se representa este, incluye a los compañeros. 

Los compañeros de centro de acogida, si el menor de edad está abierto a ello, son también fuente de apoyo, consuelo, diversión, modelo… también de rivalidad por las figuras de referencia que son los compañeros. Es posible que puedan dañarse entre ellos al no haber tenido referentes sanos. Por eso se convierte en una oportunidad única para trabajar estos aspectos.
 
Cuando un niño se va del centro a una nueva ubicación, hay duelo; y se abren los propios duelos.

Grandes amistades han surgido entre compañeros de centro. 

Foto: psicoactiva.com


¿Cuáles otras figuras de apego pueden ser relevantes para los niños/as? 

Si son dos las palabras que posibilitan la resiliencia ("vínculo y sentido"), según Cyrulnik (2003), es sensato pensar que proporcionar a los niños figuras adultas, que permanezcan en sus vidas, maduras, estables emocionalmente, capaces de ofrecer un apego saludable al niño, puede favorecerla. Son los llamados tutores de resiliencia (Puig y Rubio, 2015), personas elegidas por el niño que se convierten en un modelo de identidad y en el viraje de su existencia. Es un proceso del que no se es consciente, son los llamados tutores de resiliencia IMPLÍCITOS. El significado que se le da a esa relación es lo más importante. 

Otros pueden constituirse en tutores de resiliencia EXPLÍCITOS: los profesionales, por ejemplo.
La aceptación incondicional es lo que a la larga favorece un proceso resiliente, que los esfuerzos y valoración personal de los chicos y chicas se vean reconocidos. Si no ofrecemos vínculos, los chicos los buscarán en otras personas, grupos… y no siempre serán sanos, a veces serán destructivos. 

¿No hay futuro a la larga si un niño se desarrolla en un centro de acogida o es posible la resiliencia secundaria? 

“La adversidad relacionada con el maltrato infantil es un importante y evitable factor de riesgo para la enfermedad mental y el abuso de sustancias. Aunque la asociación entre maltrato y psicopatología es convincente, hay una apremiante necesidad en conocer cómo el maltrato aumenta el riesgo de trastornos psiquiátricos. La evidencia disponible sugiere que el maltrato altera las trayectorias del desarrollo cerebral para afectar a los sistemas sensoriales, la arquitectura de redes de trabajo y circuitos implicados en la detección de la amenaza, la regulación emocional y la anticipación de la recompensa” (Martin Teicher, 2016)

El maltrato y las experiencias adversas que pueden sufrir los niños pueden afectar a su salud mental. Es importantísimo que el maltrato no se vea como un problema social. ES DE SALUD MENTAL=BIO-PSICO-SOCIAL. Atender a los niños y ofrecerles todos los tratamientos y experiencias psicosociales reparadoras es un DERECHO que ellos y ellas tienen.

Si les ofrecemos experiencias de relaciones reparadoras, es posible que hagan un proceso de reconstrucción resiliente. No exento de dolor y de cicatrices que pueden reabrirse, pero la mejor de las terapias son otros seres humanos solidarios estables y afectivos en sus vidas. Hemos visto muchos casos así. No están abocados a una vida adulta desgraciada ni a la patología ni a la inadaptación social, ni mucho menos.

De izquierda a derecha: Jorge Barudy, Maryorie Dantagnan y Boris Cyrulnik
en una jornada formativa en San Sebastián
Foto: Centro EXIL de Barcelona.

¿Qué tipo de psicoterapia? 

La que ofrece un vínculo (por que es necesario que la figura del psicoterapeuta, fuerte y sabia como afirmaba Bowlby, se convierta en una persona y en una experiencia relacional que pueda conducir el apego del niño hacia la seguridad) y también un sentido a las experiencias traumáticas. Porque con el profesional se puede, a su debido momento, desarrollar una narrativa elaboradora de lo que me ha sucedido: del maltrato, de la negligencia, del abandono. El cambio de mirada es fundamental. 

Los modelos terapéuticos deben de estar informados por la teoría del apego. 

Profesionales formados, psicólogos o psiquiatras, en psicoterapias especializadas y con experiencia en el ámbito. 

Profesionales que tengan su historia de vida revisada (psicoterapia personal).

Profesionales supervisados.

Los modelos interpretativos se están complementando (porque se está comprobando su trascendencia) con modelos relacionales. La cura por la palabra no basta, sino que debe ser la cura también mediante una comunicación neuroafectiva. Todo lo que acceda al hemisferio derecho, sede del inconsciente, es fundamental.

Los modelos de psicoterapia deben de ser adaptados al sufrimiento infantil y han de utilizar una sala y unos materiales y técnicas adecuados para los niños, donde el juego y el cajón de arena han demostrado ser abordajes que se adaptan al ritmo del niño y son respetuosos con él. En este sentido, la Traumaterapia infanto-juvenil sistémica de Barudy Dantagnan es el modelo por el que apostamos y que, tras más de veinte años de aplicación, ha dado resultados satisfactorios. 

REFERENCIAS

Barudy, J., Dantagnan, M. (2005). Los buenos tratos a la infancia. Parentalidad, apego y resiliencia. Barcelona: Gedisa.

Barudy, J., Dantagnan, M. (2010). Los desafíos invisibles de ser padre o madre. Manual de evaluación de las competencias y la resiliencia parental. Barcelona: Gedisa.

Bowlby, J. (1983). El apego y la pérdida. La pérdida. Barcelona: Paidós.

Carlson, V., Cicchetti, D., Barnett, D., & Braunwald, K. (1989). Disorganized/disoriented attachment relationships in maltreated infants. Developmental psychology, 25(4), 525.

Cyrulnik, B. (1999). Los patitos feos. Una infancia infeliz no determina la vida. Barcelona: Gedisa.

Cyrulnik, B. (2003). El murmullo de los fantasmas. Volver a la vida después de un trauma. Barcelona: Gedisa.

Ezquerro, A. (2023). Apego y desarrollo a lo largo de la vida. El poder del apego grupal. Barcelona: Sentir.

Granqvist, P., Sroufe, L. A., Dozier, M., Hesse, E., Steele, M., van Ijzendoorn, M., ... & Duschinsky, R. (2017). Disorganized attachment in infancy: A review of the phenomenon and its implications for clinicians and policy-makers. Attachment & human development, 19(6), 534-558.

Jimeno, M.V. (2017). La figura del educador social como tutor de apego en los hogares tutelados para menores en situación de desprotección. Revista de Educación Social, 25, 236-244.

Liotti, G., Cortina, M., & Farina, B. (2008). Attachment theory and multiple integrated treatments of borderline patients. Journal of the American Academy of psychoanalysis and Dynamic Psychiatry, 36(2), 295-315.

López, F. (1985). La formación de los vínculos sociales (Vol. 4). Ministerio de Educación.

Lyons-Ruth, K., Connell, D. B., & Zoll, D. (1989). 15 Patterns of maternal behavior among infants at risk for abuse: relations with infant attachment behavior and infant development at 12 months of age. Child maltreatment: Theory and research on the causes and consequences of child abuse and neglect, 464.

Muller, R (2020). T. El trauma y la lucha por abrirse. De la evitación a la recuperación y el crecimiento. Bilbao: Desclée de Brouwer.

Puig, G., Rubio, J.L. (2015). Tutores de resiliencia. Dame un punto de apoyo y moveré mi mundo. Barcelona: Gedisa.

Serván, I. (2023). Desorganización del apego. Clínica y psicoterapia con adultos. Bilbao: Desclée de Brouwer.

Schore, A. (2022). Psicoterapia con el hemisferio derecho. Barcelona: Eleftheria. 

Teicher, M. H., Samson, J. A., Anderson, C. M., & Ohashi, K. (2016). The effects of childhood maltreatment on brain structure, function and connectivity. Nature reviews neuroscience, 17(10), 652-666.

Winnicott, D.W. (1999). Estudios de pediatría y psicoanálisis. Barcelona: Paidos.

lunes, 30 de octubre de 2023

Experiencias adversas en la infancia en la era de internet, inteligencia artificial y macrodatos, por Iciar García Varona, doctora en psicología y traumaterapeuta



Experiencias adversas en la infancia en la era de internet, 
inteligencia artificial y macrodatos



Iciar García Varona
Doctora en psicología
Traumaterapeuta


Adicciones conductuales: internet

Hace solo unos días, varios medios de comunicación informaban sobre el encausamiento de varios niños y adolescentes en un caso de vulneración de la intimidad y la propia imagen de un grupo de niñas de entre 11 y 17 años. Mediante el uso de herramientas de Inteligencia Artificial (El País, 2023) crearon presuntamente falsos desnudos con el rostro de las chicas, convertidas en víctimas de una violencia articulada sobre las posibilidades (y los riesgos) de las nuevas tecnologías.

Y no es el único episodio. Han llegado recientes informaciones sobre el riesgo elevado de uso compulsivo de redes en menores entre 12 y 16 años (El Periódico, 2023).







Estas y otras noticias nos alertan sobre la necesaria mirada y atención hacia las nuevas formas de adicción, victimización y exposición temprana a la adversidad que los distintos agentes (padres, iguales, profesores y toda la sociedad en general) hemos de explorar con una finalidad protectora. A su vez, lo abrupto de la entrada en las sociedades actuales de estas nuevas plataformas, susceptibles de ser mal utilizadas con el fin de vulnerar los derechos de las personas y especialmente de la infancia (tenemos conferido un deber de protección), nos ha de inducir a la búsqueda de caminos que, en estos novedosos y en ocasiones desconocidos contextos de posible vulnerabilidad, faciliten y promueva el buen trato y la cultura de no violencia. Por estas razones, vamos a dedicar dos entradas en este blog para profundizar en la experiencia temprana de adversidad y el mundo de las nuevas tecnologías. En estos dos análisis, pretendemos advertir de posibles riesgos que la experiencia temprana de adversidad puede conllevar en torno al uso de Internet.

La primera de ellas, versará sobre la asociación entre las Experiencias Adversas en la Infancia (EAI) y las denominadas adicciones conductuales relacionadas con el uso de Internet, el juego y las compras online. La siguiente entrada (en el mes de noviembre) girará en torno al uso de redes como nuevas formas de victimización y agresión y su relación con las EAI. Aludirán ambos textos tanto a formas de comunicación electrónica (redes sociales, sitios web…etc.) como a todo lo relativo a las nuevas tecnologías (incluida la Inteligencia Artificial)

El primer bloque engloba canales donde se generan comunidades en línea en la que se comparte tanto informacióncomo imágenes vídeos y otros contenidos, siendo así escenarios de relación en las que desplegar herramientas sociales (Kircaburun et al., 2019) que, como sabemos, no siempre están disponibles por distintas circunstancias en niños, niñas y adolescentes o que se desconoce cómo han de ser utilizadas, lo que puede configurarse como un potentefactor de riesgo psicosocial.

Lo cierto es que las experiencias traumáticas están significativamente asociadas con la psicopatología en cada etapade la vida (Frewen y Lanius, 2006) y esto también se aplica al uso problemático de Internet (Dalbudak et al., 2014, Rafla et al., 2014, Schimmenti and Caretti, 2010, Schimmenti et al. otros, 2012).



Cabe en este punto hacer un inciso que pueda servir de recordatorio con respecto a la experiencia temprana de adversidad, que como vamos a ver se conforma como un potente predictor de uso adictivo deredes sociales o como un potencial elemento pronóstico para el uso violento o abusivo de estas. Es importante incidiren la terminología que alude a Experiencias Adversas en la Infancia (EAI) es indicativo de formas de exposición que apuntan a situaciones no únicamente referidas a los malos tratos infantiles, sino que también apunta a experiencias potencialmente traumáticas como la pérdida de un hermano, la violencia de género, el encarcelamiento de uno de los progenitores etc. (p. ej., Atzl et al., 2019; Felitti et al., 1998., Narayan et al., 2017., Negriff, 2020). A su vez, la literatura destinada al estudio de la experiencia temprana de adversidad más reciente, coincide en señalar la inclusión de exposición a la factores estresantes dentro de la comunidad (violencia, factores económicos y sociales desfavorecidos,racismo, xenofobia, etc.) a las categorías tradicionales de EAIs (Cronholm et al., 2015, Finkelhor et al., 2015), lo que se sumaría al conocimiento existente sobre la relación entre los factores contextuales y el abuso, maltrato y traumainfantil (Wolff et al., 2018) y alerta sobre distintas formas de exposición no contempladas con anterioridad y quealuden a contextos desfavorecidos o desnutridos de oportunidades y de dinamismo social y económico.

La Adicción a Internet es un trastorno del control de impulsos que se refiere a un comportamiento desadaptativo y persistente que genera angustia y provoca un deterioro funcional significativo (Young, 1998). La creciente prevalencia de adicción a Internet se ha relacionado con escasa capacidad de autorregulación y estabilidad emocional en muestras de adolescentes estudiados (Sasmaz et al., 2014 y Dong et al., 2021). Uno de los modelos que han influido en la adicción a Internet es el denominado modelo de Interacción-Persona-Afecto-Cognición (I-PACE), que indica que factores biopsicológicos como las EAI contribuyen a adicción a Internet (Brand et al., 2016 y 2019) que afectarían al desarrollo cerebral y, por lo tanto, al control inhibitorio de conductas asociadas a la adicción a Internet.


Figura 1. I-PACE Model


Existe una estrecha relación entre las EAI y la desregulación afectiva (Burns et al., 2010, Poole et al., 2017). La ciencia psicológica ha ido estableciendo relaciones entre la desregulación afectiva y distintos modos de adicción conductual como puede ser el juego y el uso de redes. La literatura en este sentido advierte de cómo las experienciasinfantiles adversas aumentan el riesgo de adicciones a sustancias y comportamientos (Konkolÿ Thege et al., 2017), incluidos los juegos en línea (Bussone et al., 2020). Las personas con antecedentes de EAI podrían intentar lidiar conlos problemas psicológicos, físicos, emocionales y sociales mediante el uso excesivo de redes y adicción al juego en línea, lo que se explicaría por una asociación con la desregulación del sistema de recompensa de dopamina (Kuss et al., 2018), una mayor impulsividad (Şalvarlı y Griffiths, 2019) y mayores síntomas de psicopatología, como ansiedad y depresión (Bargeron y Hormes, 2017). Es relevante observar cómo el uso de Internet podría servir como una estrategia de afrontamiento desadaptativa para personas con dificultades en la regulación de las emociones, de manera que Internet sea concebido como un distractor de emociones de corte negativo y de escape de una realidad hostil o como un mediador que amortigüe sentimientos de soledad, depresión o sentimientos ansiógenos (Spada y Marino, 2017; Moet al., 2018).

Como ya sabemos, las habilidades en la regulación de las emociones se han relacionado en gran medida con las experiencias con los cuidadores durante la infancia y los estilos de apego (Musetti et al., 2018; Schimmenti, 2016). Así, podemos ver como en algunos estudios revisados se describía la capacidad de regulación de las emociones como un mediador significativo en la relación entre la calidad de la relación entre padres y adolescentes y el uso problemático de Internet, siendo que una buena relación entre padres y adolescentes se asocia positivamente con la capacidad de regulación de las emociones de los adolescentes y, al mismo tiempo, se asociaba negativamente con el uso problemático de Internet (Wang et al., 2018 ). Lo mismo ocurre en lo que respecta a la calidad de la relación entre padres y adultos jóvenes y el uso problemático de las redes sociales (Liu y Ma, 2019; Yu et al., 2013), siendo que elevados niveles de percepción en calidad en las relaciones paterno – filiales se asocia a una mejor capacidad regulatoria a nivel emocional en los chicos y las chicas y, por lo tanto, a un uso adecuado de redes sociales e Internet. En este mismo sentido, un apego deficiente predice el uso problemático de Internet en los adolescentes (Estévez etal., 2017; Karaer y Akdemir, 2019). De nuevo la regulación emocional es un importante elemento mediador en este tipo de asociaciones. En estos estudios al apego ansioso se configura como un importante predictor del uso adictivo de Internet como medio de regulación, siendo menos probable que las personas evasivas utilicen estrategias de regulaciónen línea desadaptativas (Ceyhan et al., 2019).

La falta de apoyo social como parte de la cognición social que subraya el modelo I- PACE puede predisponer a unuso excesivo de Internet (Brand et al., 2016), lo que puede convertirse en adicción a Internet, como han determinado varios estudios de menores víctimas de adversidad temprana por maltrato, cuya percepción de apoyo social es claramente negativa ante la indisponibilidad de sus cuidadores (Negriff et al., 2019). En sentido contrario, la percepción positiva de apoyo social de los adolescentes se asoció con un menor nivel de desregulación emocional, que a su vez se asoció con un menor nivel de uso problemático de Internet (Mo et al; 2018). Un buen apoyo social desempeñará un importante papel mediador en los efectos adversos del estrés tóxico en los primeros años de vida, lo que aportará factores psicológicos positivos y reducirá el riesgo de adicción a Internet (Negriff et al., 2019). Por el contrario, si no hay conexiones sociales estimulantes en el mundo real, será más fácil que niños, niñas y adolescentes establezcan relaciones más estrechas en el mundo virtual de Internet donde adquieren sentido de pertenencia, disfrutan del placer lúdico que no alcanzan en espacios naturales y donde liberan emociones que en otros escenarios no consiguen aliviar, lo que aumentará el riesgo de adicción a Internet (Jia et al., 2018).

Otro de los elementos asociados al afrontamiento traumático de la experiencia temprana de adversidad y en estrecha relación con la regulación emocional alude a la disociación como una fórmula “neuromental”, que contribuye automáticamente a la sobremodulación de los estados emocionales a través de reacciones de evitación de la realidad interna y externa (Cavicchioli et al., 2021). La disociación puede interferir con las conexiones entre los afectos, las cogniciones y el control voluntario de la conducta al influir en el desarrollo de la alexitimia y dar como resultado la disociación de los componentes fisiológicos, cognitivos y afectivos de las emociones. Tanto la disociación como la alexitimia se han considerado alteraciones de la percepción emocional que ayudan a los sobrevivientes de un trauma a gestionar estados afectivos abrumadores o difíciles (Craparo et al., 2014). Estudios recientes revelan que una combinación de alexitimia, experiencias disociativas, baja autoestima y desregulación de los impulsos pueden ser un factor de riesgo de adicción al uso de Internet (De Berardis et al., 2021); además de indicar que la realidad virtual induce o favorece la disociación, estableciendo así un doble vínculo causa-efecto.

Todo este cuerpo teórico invita a concluir en tres líneas fundamentales:

-Como adultos y por lo tanto agentes de protección del mundo y del bienestar infantil, hemos de estar atentos las conductas de reclusión y evitación que pueden estar relacionadas con la adicción conductual al uso de Internet, tratando de buscar las causas que subyacen a este tipo de situaciones, con el fin de prevenir y procurar la necesaria atención a la experiencia temprana de adversidad.

-A nivel terapéutico, resaltar la visión de que el niño o la niña emiten “respuestas” a la amenaza percibida, en un contexto de supervivencia y adaptación al entorno y a sus relaciones. Las experiencias definidas como «síntomas» se entienden mejor como reacciones a la amenaza o «estrategias de supervivencia»” (Johnstone y Boyle, 2018, p.21). Con estas premisas se hace necesario que antes de desproveer de estas estrategias (en el caso que nos ocupa, la adicción a Internet), el profesional sea respetuoso con el tiempo y el avance del niño en la co-construcción de nuevos recursos más adaptativos y menos perjudiciales, sin obviar que únicamente dentro de un entorno protegido y seguro el niño o la niña podrá ponerlos en práctica. Dentro del marco de intervención de la Traumaterapia de Barudy y Dantagnan, el trabajo por bloques, indicará cuando el niño o la niña está los suficientemente estabilizados para iniciar esta translación recursiva.

-Por último, indicar que son necesarias relaciones de calidad con los cuidadores principales y con el grupo social como maquinaria preventiva en el ámbito del uso excesivo y/o patológico de Internet y otros tipos de tecnologías, donde los niños, las niñas y adolescentes vean satisfechas sus necesidades afectivas y de relación y, en general, dedesarrollo. Se hace necesario ofrecer contextos en los que el desarrollo emocional infantil sea reconocido, compartido y satisfecho a través de un/unos otro/s disponibles, accesibles, sostenedores y reparadores. Estas relaciones se han de procurar dentro de contextos ricos, dinámicos y estimulantes donde exista un flujo óptimo de comunicación afectiva y empática.

Bibliografía

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lunes, 23 de octubre de 2023

"¿Cuántas leyes se han violado en Israel y en Gaza?", por Arturo Ezquerro, psiquiatra y miembro de IAN

 ¿Cuántas leyes se han violado en Israel y en Gaza?

Arturo Ezquerro




Arturo Ezquerro
Psiquiatra y miembro honorario de IAN

En Reino Unido, he de manifestar, los líderes políticos, tanto del Partido Conservador (gobierno) como del Partido Laborista (oposición), están mostrando una tibia (incluso cómplice) indiferencia ante la continuada masacre y barbarie de las dos últimas semanas en Oriente Próximo.

A modo de presentación, he de señalar que, hace ya unos años, fui nombrado miembro honorario de la Internacional Attachment Network (IAN) o Red Internacional de los Profesionales del Apego, y de la o Asociación Mundial de Estudios Internacionales.World Association of International Studies

Presente en los cinco continentes, IAN es una organización multidisciplinaria que reúne a profesionales sanitarios y de la salud mental, de ideología diversa. Nuestro trabajo tiene raíces en una ética basada en el compromiso asistencial y en la teoría del apego, la cual se fundamenta en la investigación y en las enseñanzas del psiquiatra británico John Bowlby y de sus numerosos seguidores en todo el mundo.

El apego humano es una necesidad básica y universal, con la que todos nacemos, de conexiones significativas con otros seres humanos y con grupos para dar y recibir protección, cuidados y afecto, con miras a maximizar la supervivencia y el desarrollo sano, desde la cuna hasta la tumba.

Como grupo profesional, intentamos fomentar el desarrollo humano saludable durante todo el ciclo de la vida, reparar el daño causado por el trauma y prevenir futuras experiencias traumáticas.

Edificio destruido en un bombardeo en Tulkarm.

 ZAIN JAAFAR / AFP



Las perturbaciones graves de nuestros vínculos interpersonales y grupales, tal y como ocurre en situaciones de terror y de guerra, pueden causar traumas severos y dañar irreparablemente el desarrollo individual y social. Los traumas colectivos no resueltos pueden acumularse y transmitirse de generación en generación, hasta el punto de transformarse en un combustible que inflama odio, violencia y destrucción.

Mi corazón se desgarró por el dolor de todas aquellas familias afectadas por los abominables ataques terroristas, perpetrados por Hamas el 7 de octubre 2023, y por la ansiedad contagiosa de todas aquellas personas que temían por sus vidas.

Hamas violó el artículo 13 del segundo protocolo del Convenio de Ginebra. Sus combatientes asesinaron, torturaron y participaron en saqueos y secuestros, despreciando también los artículos 3, 27, 32 y 33 de la cuarta convención del mencionado convenio.

Asimismo, estoy profundamente preocupado por la reacción desproporcionada del gobierno israelí, que inmediatamente dictó el continuo bombardeo y el asedio total de Gaza, según la declaración del 9 de octubre 2023, de su ministro de Defensa, Yoav Gallant, quien dijo literalmente:

"I ordered a full siege on the Gaza Strip. No power, no food, no gas. Everything is closed" (Ordené un asedio total de la Franja de Gaza. Sin electricidad, sin alimentos, sin combustible. Todo está cerrado).



Niñas palestinas de Gaza en un campo de refugiados.

 Ahmad Hasaballah / Getty


Me siento horrorizado por este castigo colectivo, cruel y asesino, que viola los artículos 55, 56 y 59 de la convención cuarta del Convenio de Ginebra, así como el artículo 14 del segundo protocolo de dicho convenio, que habla de la obligación de proteger aquellos bienes que son:

"Indispensables para la supervivencia de la población civil"

Además, si bien el gobierno israelí ha argumentado que ordenar a más de un millón de ciudadanos del norte de Gaza que abandonen sus hogares y huyan hacia el sur, es un intento de "protegerlos" de los bombardeos, dicha orden constituye una violación del artículo 17 del segundo protocolo del Convenio de Ginebra, que prohíbe el movimiento forzado de civiles, y del artículo 49 de la cuarta convención sobre deportaciones y evacuaciones.

También resulta necesario recordar que el conflicto actual está teniendo lugar en el contexto histórico de casi seis décadas de ocupación ilegal de tierras palestinas por parte de Israel, tras apoderarse de ellas en la guerra de 1967 y saltarse a la torera un gran número de resoluciones subsiguientes de las Naciones Unidas.

El derecho internacional existe por razones de peso y de justicia. Es incorrecto condenar solamente a un grupo que lo viola y, acto seguido, permitir que otro grupo lo viole incluso de manera más brutal, extensa y continuada.




Palestinos celebrando que se han apoderado de un tanque israelí en la frontera de Gaza.

 (ousef Masoud) / AP


No soy juez ni parte, ni tengo autoridad ni poder para "condenar". Sin embargo, como psiquiatra, denuncio que las atrocidades y crímenes de lesa humanidad de un lado sean utilizados para justificar las atrocidades y crímenes de lesa humanidad del otro lado.

Esto se ha convertido en una locura colectiva, en un círculo vicioso interminable de venganza perversa y matanza apocalíptica. Así no puede haber ni salud mental, ni salud, ni vida.

Pido perdón a los lectores por ser demasiado ingenuo como para solicitar un alto el fuego inmediato en Oriente Próximo, así como en los otros 32 conflictos bélicos que asolan al mundo en estos momentos.


Esto se ha convertido en una locura colectiva, 

en un círculo vicioso sin fin de venganza


Asimismo, me gustaría requerir que se constituyan 32 nuevas mesas de paz y que se restablezcan las conversaciones de paz palestino-israelíes, que fueron descarriladas por el asesinato de Isaac Rabin, perpetrado por su compatriota Yigal Amir, en 1995. Parafraseando a Enrique Tierno y Galván:

"Si quieres la paz, trabaja por la paz"

Para concluir, en otro arrebato de candidez, quiero recordar a los gobiernos de todo el mundo, en especial a los mandatarios de los países más poderosos, que están obligados a respetar el derecho internacional, y el derecho fundamental e inalienable de todo ser humano a recibir lo que necesita para sobrevivir.

lunes, 16 de octubre de 2023

Entrevista a Laura Estremera con motivo de la publicación de su nuevo libro "Criar con apego seguro"



Entrevista a Laura Estremera
Psicóloga

Foto del perfil de Facebook de Laura Estremera


Con motivo de su nuevo libro

Portada del nuevo libro de Laura Estremera


Laura Estremera es maestra de audición y lenguaje, psicóloga, Técnico Superior en Educación Infantil, psicomotricista relacional especialista en Atención Temprana y está formada en pedagogía Pikler. Ha trabajado durante nueve años como tutora en el primer ciclo de educación infantil y, desde 2018, está al frente de un proyecto de acompañamiento a la infancia desde la psicomotricidad vivenciada en un pueblo de Teruel. Además, realiza charlas y formaciones dirigidas tanto a profesionales como a familias. Es autora de los libros "Criando" y "Déjalos ser niños".

José Luis: Es un placer poder entrevistarte para Buenos tratos, Laura. Primero quiero darte la enhorabuena por la publicación de tu libro titulado: “Criar con apego seguro. Cómo acompañar a los más pequeños en el día a día” ¿Puedes decirnos qué te empujó a escribir este libro, es decir, qué objetivos perseguías al escribirlo?

Laura: Mis primeros estudios fueron los de magisterio eso me llevó a trabajar durante casi una década en una escuela infantil, después me continué formando como psicomotricista y más adelante como psicóloga; y algo que me resulta muy curioso es como en cada ámbito tenemos una serie de autores referentes; cómo algunas de estas ramas están más enfocadas a la teoría y otras a cómo llevarlo a la práctica, pero todas tienen en común que la crianza influye en el desarrollo global de la persona.

A modo de ejemplo, desde la psicología se hace referencia a la importancia de sintonizar con el bebé, pero a veces puede resultarnos un concepto muy abstracto ¿cómo se sintoniza con un bebé de dos meses y con uno de siete, habrá diferencias?, en cambio desde la pedagogía Pikler, referente en el ámbito educativo, nos explican con detalle cómo ajustarnos al bebé incluso cada vez que vamos a alzarlo en brazos o durante un cambio de pañal para que se sienta tenido en cuenta. Así que uno de mis objetivos era poder aunar la información que disponemos tanto desde el ámbito educativo, la psicomotricidad y la psicología con relación a la crianza y el desarrollo de la infancia.

Foto: Baby Center
No es lo mismo hablar de sintonizar con el bebé que hacerlo, 
esto es más complejo.



José Luis: ¿Puedes hacernos un breve resumen de los contenidos que el lector se puede encontrar en tu libro?

Laura: Siento que como sociedad tenemos el objetivo puesto en demasiadas ocasiones en una serie de hitos y etapas a los que los niños tienen que llegar o pasar lo más rápidamente posible: que caminen, que controlen sus esfínteres, que aprendan a leer, que acabe la adolescencia rápido… y con el libro pretendo que el lector llegue a comprender que en el desarrollo infantil todo lo que va ocurriendo tiene un sentido y, cuando lo comprendemos, podemos darle valor a cada etapa entendiendo que no hay unas mejores ni otras peores, sino que todas son necesarias y cuando podemos verlo así, conseguimos acompañarles con calma, disfrutando del camino y permitiéndoles ser ellos mismos. 

José Luis: A mí tu libro me ha gustado mucho, creo que abordas todos los temas importantes referidos a la crianza de un niño y que lo haces desde una perspectiva respetuosa con la infancia y desde la óptica del apego y del desarrollo infantil. La lectura se hace ágil y entretenida, expones con rigor, pero a la vez con claridad y pones varios ejemplos de la vida real. Raras veces un libro es tan conciso y completo…

Laura: Me parecía importante poder mostrar la importancia de las interacciones cotidianas, a veces podemos llegar a pensar que las cosas importantes en el desarrollo se transmiten a través de grandes lecciones cuando son los pequeños momentos del día a día, aquellos que creemos que carecen de importancia, los que van dejando el poso.

José Luis: Al final de cada capítulo ofreces, además, un resumen de las ideas fundamentales que has ido exponiendo…

Laura: Sí, e ilustraciones a lo largo de los capítulos para sintetizar la información o explicar algunos conceptos abstractos.

José Luis: Yendo a los temas del libro (no puedo preguntarte por todos, tocaremos algunos) dices que los padres de los niños o las personas responsables de su cuidado son los verdaderos influencers (los llamas así, me parece muy gráfico) ¿Crees que aún nos falta camino para que nos demos cuenta de que la parentalidad debe ser consciente? Realmente nos hacemos bajo la influencia de otros y la primera y la más importante es la de nuestras figuras de apego, por lo que acudir a la parentalidad desde la responsabilidad es fundamental ¿Qué opinas?

Laura: Podemos tener muy buenas intenciones con los niños, quererlos mucho y en cambio, no estar ofreciendo el acompañamiento que necesitan, porque si no tengo en cuenta mis necesidades y al mismo tiempo las del niño y no me ajusto a la persona que tengo delante, puede que la criatura no esté recibiendo la respuesta que realmente necesita.

Por ejemplo, puedo querer mucho a mi bebé y al mismo tiempo sentir miedo porque pueda hacerse daño y entonces no ofrecer la posibilidad de dejarlo en el suelo y de esta forma, aunque la intención es buena, no responde a la necesidad del desarrollo del bebé porque imposibilita que vaya descubriendo que tiene un cuerpo que puede mover a voluntad, que hay unas sensaciones que provienen del exterior y otras de su interior de su cuerpo, que hay movimientos que él genera como cuando quiere alcanzar un objeto y otros que no son voluntarios como cuando lo mecen el brazos, imposibilita que vaya descubriendo sus posibilidades y limitaciones, su autonomía, su competencia.

Jose Luis: A pesar de que estamos en el siglo XXI y existen más libros, blogs, revistas, redes sociales, podcast, youtubers... que nunca en la historia de la humanidad; aun así, ¿todavía la parentalidad se ejerce mirando inconscientemente a cómo lo hicieron nuestros padres o cuidadores? Uno va caminando por la ciudad y ve a niños solos presos de una rabieta mientras los padres caminan por delante ignorándole, o adultos que amenazan a los niños o les pegan azotes en el trasero… ¿Crees que esto es así?

Laura: Exacto, el acompañamiento que necesita por nuestra parte la infancia “no viene de serie”, podemos llevar a cabo muchas acciones de forma automática sin ser conscientes de ellas, repitiendo aquello que hemos vivido cuando éramos pequeños. A su vez, tenemos muchas creencias sobre la infancia y sus intenciones que poco tienen que ver con sus necesidades reales.

Jose Luis: Expones en el libro que los padres deben conversar con sus hijos de temas tan importantes como la sexualidad, la muerte… ¿Son nuestras asignaturas pendientes?

Laura: Creo que sí, si estamos cambiando un pañal y la criatura se toca en ese momento los genitales podemos apartarle la manita o incluso verbalizar que eso no se hace, en cambio ese mismo niño puede tocarse el pie, la nariz, el codo… que no recibirá la misma respuesta por parte del adulto. Incluso nos cuesta llamar a los genitales por su nombre y utilizamos un sinfín de palabras alternativas que no hemos creado para ninguna otra parte del cuerpo.

Sobre la muerte, es posible que pensemos que durante la infancia son demasiado pequeños para abordar el tema y que, ya lo haremos cuando nos toque de cerca, pero entonces ¿podremos sostenernos nosotros y al mismo tiempo al niño? En el día a día hay multitud de oportunidades para hablar sobre ella, desde un insecto muerto que encontramos por la calle hasta la planta que han arrancado en el parque.

Jose Luis: Pones el acento en la enorme importancia que tiene el acompañamiento emocional a los niños a lo largo de su desarrollo, y también mencionas los juicios y la ausencia de validación emocional como uno de los errores que los adultos cometemos con los niños… ¿Por qué nos cuesta tanto darnos cuenta de esto?

Laura: Posiblemente porque hemos crecido entre frases como “no te enfades”, “no ha sido nada”, “no tengas miedo”, “no estés triste”, “no llores” y ahora nos cuesta tomar conciencia de nuestras propias emociones, validarlas y regularlas.

Foto: Eres Mamá
"Hemos crecido entre frases como "no llores"


Jose Luis: Dedicas un capítulo a las emociones, identificarlas, conocerlas y regularlas. Hay aspectos del desarrollo que el niño conseguirá cuando la maduración lo permita (como control de esfínteres o andar), pero hay otros como la regulación emocional, la vinculación afectiva, etc., que requieren de adultos significativos que ayuden a que se desarrollen adecuadamente. ¿Todavía pensamos que los niños se desarrollan solos y que el carácter viene determinado por factores genéticos?

Laura: En general nos falta conciencia sobre las características y necesidades de cada etapa del desarrollo, cuántas veces escuchamos “es que si lo cojo cuando me lo pide, siempre va a querer ir en brazos” o “es que, si ahora con dos años tiene ese genio, miedo me da cuando sea adolescente”. Sin tener en cuenta que expresan y demandan lo que necesitan con las herramientas que tienen en cada etapa, que van a ir cambiando con su maduración. 

Pero al mismo tiempo, con nuestro acompañamiento les vamos a ir ayudando a que tengan mayor conciencia sobre sí mismos, los demás y nuevas estrategias, al atenderles en esas situaciones porque solos no van a poder lograrlo.

Jose Luis: Creo que tu libro es un gran manual de ayuda, apoyo y orientación a los padres y profesionales. Precisamente porque puede prevenir la negligencia afectiva. Este tipo de maltrato no moviliza equipos de protección de las personas menores de edad tanto como lo hace ver a un niño con el cuerpo de moratones. La sociedad no ve como negativo para el desarrollo infantil lo que “dejamos de hacer como padres” (jugar, conversar, comprender, conectar… con los niños) Y esto es también maltrato, algo que la sociedad aún no valora como tal… Las cifras de negligencia suben cada año más, en la provincia de Gipuzkoa es la principal causa de la desprotección infantil. ¿Qué necesitamos hacer para que los adultos entendamos que los niños necesitan más que la satisfacción de las necesidades físicas?

Laura: Qué habitual es escuchar aquello de “si ya ha comido y ha dormido ¿no sé que puede necesitar?” sin tener en cuenta que existen necesidades afectivas, de autonomía, de movimiento, de juego, de exploración, de socialización… que también necesitan una respuesta por parte del adulto.

Jose Luis: Creo que tu libro es la reivindicación de cómo llevar a la práctica los buenos tratos a la infancia… 

Laura: Gracias, es todo un placer escuchar esta definición de mi libro. Como ya he comentado me parecía realmente importante poder unir los conceptos teóricos que nos aportan grandes referentes con las prácticas cotidianas y cómo van cambiando a lo largo del desarrollo. 

Jose Luis: ¿Crees que el aumento del número de personas menores de edad atendidos en salud mental con intentos de suicidio o autolesiones se relaciona sólo con la pandemia o estamos asistiendo a una generación de adolescentes que han sufrido más negligencia afectiva en su infancia porque los adultos “no pueden”, “no tienen tiempo o están ocupados” o “no son conscientes de que la afectividad es una necesidad”? La sociedad neoliberal orientada al trabajo y al consumo no pone a los padres nada fácil el ejercicio de una parentalidad competente, es mi opinión… ¿Cuál es tu visión?

Laura: Acompañar a la infancia no es fácil, menos aún en una sociedad con prisas en la que predomina el “cuanto antes mejor” pero que no le hace ningún favor al desarrollo, que necesita su tiempo. 

Una sociedad a su vez que le da poco valor, tiempo y espacio al juego, tan necesario en la infancia. 

Tampoco se trata de ser perfectos, por un lado, es imposible, por otro nos puede agobiar intentarlo y la perfección tampoco es lo que los niños y niñas necesitan, pero sí mayor conciencia sobre lo que hacemos y un cambio de mirada hacia la infancia.

José Luis: Muchas gracias, Laura.