martes, 10 de octubre de 2017

Enlaces para descargarse las ponencias en formato PDF de las III Conversaciones sobre apego y resiliencia infantil

Tal y como os anuncié en las jornadas III Conversaciones apego y resiliencia infantil celebradas en San Sebastián (País Vasco, España), las ponencias de Niels Peter Rygaard, Jorge Barudy, Maryorie Dantagnan y Rafael Benito están a vuestra disposición para que os las podáis descargar a vuestro portátil, PC, móvil o tablet.

Niños y niñas de la Ikastola Axular de San Sebastián dan la bienvenida a todos/as
los/as participantes de las III Conversaciones de apego y resiliencia infantil
"Diez años de buenos tratos. Ongi etorri"

El lunes próximo publicaré un post resumen sobre los aspectos más relevantes de unas jornadas que han sido muy positivamente valoradas por todos los participantes, alabando el formato que combina hemisferio izquierdo del cerebro con hemisferio derecho: ciencia (conocimientos mediante exposiciones orales, debates, mesas experiencias...) y a la vez hemisferio derecho (música, celebraciones resilientes, vincularse, buenos tratos...)

¡Muchísimas gracias a todos/as! 

Un inolvidable congreso que siempre quedará grabado en nuestra memoria.

ENLACES PARA DESCARGARSE LAS PRESENTACIONES DE LOS PONENTES


PARA DESCARGARSE LAS PONENCIAS DE NIELS PETER RYGAARD


PARA DESCARGARSE LA PONENCIA DE JORGE BARUDY


PARA DESCARGARSE LA PONENCIA DE MARYORIE DANTAGNAN


PARA DESCARGARSE LA PONENCIA DE RAFAEL BENITO


miércoles, 4 de octubre de 2017

Vídeo presentando el libro "La armonía relacional. Aplicaciones de la caja de arena a la traumaterapia", editado por Desclée de Brouwer.


En vísperas de la presentación oficial del libro "La armonía relacional. Aplicaciones de la caja de arena a la traumaterapia", en el marco de las III Conversaciones sobre Apego y Resiliencia Infantil", a celebrarse en Donostia-San Sebastián los próximos 6-7 de octubre de 2017, quiero presentaros un vídeo que he grabado en mi sala de terapia donde hablo de sus contenidos, especialmente preparado para todos y todas los/as que no podéis acudir a dicha presentación.


Vídeo "La armonía relacional"



lunes, 2 de octubre de 2017

Congreso Educación, Adopción y Acogimiento, organizado por la Asociación Regional de Familias Adoptantes de Castilla y León (ARFACyL), 9 y 10 de noviembre de 2017, en Valladolid.


Quiero presentaros e invitaros a participar en un congreso sobre adopción, acogimiento y escuela que organiza la Asociación Regional de Familias Adoptantes de Castilla y León (ARFACyL) los días 9 y 10 de noviembre en Valladolid, en el cual participan profesionales de prestigio.




PRESENTACIÓN 

La presencia de niños, niñas y adolescentes adoptados y acogidos en la escuela es una realidad que se ha visto incrementada en los últimos años. La falsa creencia de que tan sólo precisan un periodo de adaptación y ayuda en el idioma, en algunos casos de adopción internacional, ha llevado a nuestro sistema educativo a ofrecer respuestas desajustadas que, lejos de entender sus necesidades, dificultan sus procesos de inclusión, vinculación y resiliencia.

La escuela puede y debe dar una respuesta ajustada. Para ello precisa poner en manos del Profesorado y Equipos Psicopedagógicos, herramientas, recursos y conocimientos que permitan:

Un entorno protector.  La escuela como tutora de resiliencia.

Un entorno libre de discriminación. La escuela, espacio de respeto y tolerancia.

Un análisis adecuado de sus necesidades. Escuela diversa, escuela inclusiva.

Una interpretación adecuada de sus comportamientos y necesidades. La escuela como agente activo en la detección de necesidades especiales.

Una valoración ajustada, en los casos en los que sea preciso y consecuentemente de ayudas necesarias. La escuela, de la observación al análisis.

Una respuesta educativa ajustada. La escuela, del análisis a la acción.

El objetivo de este congreso es sensibilizar, informar, formar y ofrecer herramientas para promover una escuela proactiva, reflexiva y creativa en torno a la adopción y al acogimiento.

Programa, información e inscripciones: En Facebook: @www.arfacyl.org
                                                                    Teléfono: 983 217 032

Plazo de inscripción: Hasta el 3 de noviembre

Cuota de inscripción: 30 €

Créditos de formación: Solicitado el reconocimiento de 1ECTS

Descuentos: Gratis: Socios Arfacyl y Cora, personal de Servicios Sociales, personal (docentes, orientadores, etc) de Consejería de Educación, alumnos de la UVA, colaboradores Arfacyl y parados. 50 %: Otros profesionales de enseñanza, profesionales relacionados con la protección de menores, alumnos que no sean de la UVA.

Prólogo del libro "La armonía relacional. Aplicaciones de la caja de arena a la traumaterapia", el cual se presenta este sábado día 7 de octubre de 2017 en el marco de las III Conversaciones sobre apego y resiliencia infantil en San Sebastián-Donostia.

Esta semana, el jueves concretamente, celebramos las III Conversaciones sobre apego y resiliencia infantil. Me siento emocionado, feliz, como en una nube. Primero, porque por tercera vez nos reunimos en unas jornadas –abiertas a todos/as- para aprender sobre los temas que nos apasionan y nos ayudan a comprender a los niños y por qué éstos se comportan del modo en el que lo hacen, esta vez abordando cuestiones actuales y que nos preocupan: el trastorno del apego, el maltrato institucional y las aportaciones de la teoría de la mente a la parentalidad terapéutica. Segundo, porque aprovechamos para celebrar también el aniversario del blog, los ¡diez años! que llevamos publicando artículos. Con una fiesta, como merece la onomástica. Una fiesta en la que un grupo musical (he estado escuchándolos en primicia y os aseguro que tocan de maravilla) nos ofrecerá un concierto, y degustaremos pintxos y disfrutaremos informalmente del cumpleaños.

Y finalmente, me siento muy feliz porque Rafael Benito y yo presentamos, en el marco de estas jornadas, nuestro nuevo libro sobre la caja de arena titulado: “La armonía relacional. Aplicaciones de la caja de arena a la traumaterapia” Sobre este libro, su planteamiento y contenidos os hablé hace poco en un post. Os remito al mismo para que lo conozcáis más a fondo. Estoy deseando que llegue el momento en el que Rafael Benito y yo nos sentemos, junto con Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan, que nos acompañarán, y tengamos un diálogo con todos/as vosotros/as sobre esta nueva obra.

Hoy quiero ofreceros el prólogo que Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan han escrito para “La armonía relacional. Aplicaciones de la caja de arena a la traumaterapia” Precisamente porque con ellos y Josefina Martínez (psicóloga del Centro Metáfora de Chile) aprendí la técnica de la caja de arena. Pensé que eran las personas y los profesionales adecuados para escribir este prólogo, que es la puerta de entrada al libro y donde se pone de relieve el sentido que este tiene y lo que ofrece. Además, en este nuevo aporte sobre la técnica de la caja de arena proponemos integrar la misma dentro del modelo de traumaterapia de Barudy y Dantagnan, desarrollándolo y explicando las metodologías de trabajo que pueden usarse. Los autores del prólogo se detienen en el mismo a explicar su modelo.



El prólogo también es la historia de cómo surgió la Traumaterapia infanto-juvenil individual sistémica, cómo germinó y fue brotando y creciendo un proyecto que hoy es una realidad en tres ciudades (Barcelona, Donostia y Málaga) del Estado y una de Chile (Viña del Mar) Y como en toda historia, Jorge y Maryorie nos cuentan en el prólogo cómo nos conocimos, nuestro encuentro y posterior relación que transformó nuestra forma de vivir y trabajar con los niños y sus familias. Les estoy muy agradecido por todo lo que he aprendido con ellos, por su generosidad y cariño hacia mi persona y la de Rafael Benito. En un momento tan entrañable como el que estoy viviendo, siento que he de testimoniar públicamente mi agradecimiento, como lo haré públicamente en el acto de presentación del libro, en San Sebastián, el día 7 de octubre.

En los próximos lunes, publicaré resúmenes de las ponencias de los profesionales invitados a las III Conversaciones, así como los vídeos que se proyecten, los cuales se subirán a mi canal de Youtube. Asimismo, publicaré en el blog la dirección web desde la cual os podréis descargar los powerpoint que usen los ponentes en sus presentaciones. También, estoy preparando un material conmemorativo del décimo aniversario que pronto será realidad y espero presentároslo en breve. Además de los posts habituales y las colaboraciones. Eso sí, os pido un poco de calma para ir preparando todo. ¡Permaneced atentos al blog! El lunes 16 de octubre, a las 9,30h, cuando ya estén cerrados todos los asuntos relativos a las III Conversaciones, publicaré el primer post con el resumen de conferencias.

Os dejo con Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan y el prólogo a la obra “La armonía relacional. Aplicaciones de la caja de arena a la traumaterapia”

Como todas las producciones humanas, este libro que su autor nos solicitó prologar, es parte de una historia. Como en todas las historias, existen múltiples personajes que constituyen la trama de ella. Nosotros somos parte de ésta, pero los personajes principales son José Luis Gonzalo, personaje principal y Rafael Benito quien le regala un magnífico capítulo a esta obra.

Nosotros, como parte de esta historia y autores del prólogo, hemos aprovechado este espacio para contarles cómo nuestras vidas se cruzaron con la de los autores y para eso comenzaremos el relato con una parte de la nuestra.

Corrían los últimos meses del año 1998 y cuando el año 2000 se anunciaba en el horizonte, recibimos de la vida un regalo hermoso y lleno de sentido, nuestras trayectorias profesionales se cruzaron en una sureña ciudad de Chile, la ciudad de Temuco, lugar lleno de significados para nosotros. Nuestro encuentro permitió el nacimiento de una pareja apegada por esos sentimientos múltiples y luminosos que conforman el amor, lo que a su vez enriqueció nuestras prácticas profesionales.

Maryorie como pedagoga, psicóloga y psicoterapeuta infantil trabajando en programas sociales en Colombia, conoció el impacto traumático de las injustas, cobardes y violentas condiciones de vida de cientos de niños y niñas colombianas. Como resultado de su práctica terapéutica con niñas y niños habitantes en entornos de pobreza y marginalidad pudo tomar consciencia cómo dichos contextos jugaban un papel fundamental en el origen del sufrimiento y los trastornos psíquicos infantiles.  Al enviudar volvió a su país de origen Chile poniendo sus conocimientos y experiencia clínica al servicio de niños y niñas residentes en un entorno parecido y afectado por diferentes tipos de malos tratos  en sus familias.

Jorge como neurosiquiatra, psiquiatra infantil y terapeuta familiar formado en Bélgica, como consecuencia de su exilio, conocía el dolor invisible de la infancia afectada por los entornos violentos producidos por los adultos como resultado de sus prácticas profesionales. Esto por su implicación profesional en programas destinados a la reparación terapéutica de las heridas infantiles provocadas por la violencia organizada -guerras, represiones políticas, persecuciones, sexistas, religiosas…- y por otra parte las provocadas por contextos de malos tratos infantiles intrafamiliares.

Nuestro encuentro permitió que rápidamente nos diéramos cuenta que coincidíamos en la necesidad de contribuir al diseño de una metodología terapéutica adaptada al sufrimiento infantil consecuencia de experiencias traumáticas producidas por los malos tratos de los adultos en el ámbito familiar, institucional y social.

De nuestras ricas conversaciones, surgió que teníamos que empeñarnos no sólo en criticar y denunciar que la mayoría de los tratamientos psicoterapéuticos para niños y niñas con problemas de salud mental, no tomaran en cuenta el sufrimiento y el daño provocados por los malos tratos de los adultos, sino que teníamos que asociarnos para investigar y proponer una metodología alternativa.

Para nosotros era evidente que la expresión del sufrimiento infanto- juvenil a través de sus trastornos, era la consecuencia del daño por acción u omisión producido por los adultos, muchos de ellos significativos; incluyendo aquellos casos invisibles que se producían en familias de clases favorecidas, muchas veces camuflados por representaciones sociales clasistas y/o concepciones educativas violentas.
    
Lo que nos parecía más preocupante, es que a nivel social y en muchas ocasiones en el medio profesional, para comprender el origen de los denominados trastornos “psicopatológicos infanto juveniles”, no se consideraban los contextos de malos tratos o de violencia en familias, escuelas, instituciones o en la sociedad- En estos contextos los adultos por incompetencia, creencias o experiencias traumáticas no resueltas maltratan, abusan y/o descuidan a los niños y niñas. Lo que nos producía más dolor eran las múltiples situaciones en las que habíamos intervenido con madres y/o padres que habiendo dañado a sus hijos como consecuencia de lo sufrido en su propia niñez, no habían sido reconocidos como afectados.

Nuestro trabajo clínico con niños y sus familias, nos permitieron revertir nuestro dolor e indignación por estas injusticias transgeneracionales en una investigación acción, del cual emerge la metodología terapéutica que denominamos la traumaterapia infanto-juvenil sistémica, mencionada y tratada ampliamente por el autor de este libro.

Esta investigación acción que iniciamos en el año 1999 consistió y consiste en aplicar la metodología de la observación participante para detectar como incidía en los niños y niñas las experiencias traumáticas a las que habían sido sometidas, poniendo el acento en una observación comprensiva y a la vez en la aplicación de instrumentos y técnicas terapéuticas coherentes a lo observado.

Nuestra observación comprensiva fue en primer lugar influenciada por lo que habíamos aprendido en nuestras respectivas formaciones, la de Maryorie , psicodinámica centrada en los aportes del paradigma del apego y la de Jorge formación psiquiátrica redefinida con los aportes de la corriente psicológica humanista (Carl Rogers) y rápidamente con los aportes de la epistemología y el paradigma sistémico, que tuvo la oportunidad de enseñar como docente en la Universidad Católica de Lovaina en Bélgica. Nuestras formaciones nutrieron nuestra visión del mundo y de la sociedad, pero no dejamos de explicarnos el sufrimiento infantil también como resultado de las injusticias creadas por las desigualdades económicas y sociales, así como las culturas abusivas derivadas de las concepciones patriarcales, del neo-liberalismos salvaje y de las concepciones religiosas que avalan la violencia sobre las mujeres y la infancia.

Nuestros conocimientos se han nutrido de múltiples aportaciones de las investigaciones relacionadas con el apego, la psicología del trauma, la psicología del desarrollo, los estadios de auto-organización; todo esto teniendo como cimientos los aportes de la neurociencia relacional que ha revolucionado el conocimiento del funcionamiento del cerebro y la mente humana.

Los aportes de las investigaciones de la nueva disciplina conocida como epigenética y la biología molecular nos han dado los últimos regalos, pues han permitido validar nuestras hipótesis en la medida que lo que se está descubriendo confirma muchos de los fundamentos de nuestro enfoque.

Estos aportes unidos a un trabajo sistematizado de nuestras observaciones clínicas, dieron origen a lo que denominamos la pauta de evaluación comprensiva del sufrimiento infantil (PEC) que pretende englobar los aspectos más relevantes del impacto del daño en los niños, niñas y adolescentes. En este sentido, esta pauta es la base en la que sustentamos nuestro modelo de intervención: la traumaterapia infanto juvenil sistémica cuyo fundamento es nuestro paradigma de los Buenos tratos a la infancia.  Cuando los malos tratos son intrafamiliares nuestra metodología considera fundamental la evaluación de las competencias parentales y la resiliencia parental. En este sentido, la promoción de la resiliencia infantil, familiar y parental es una finalidad transversal de todas nuestras intervenciones terapéuticas.

Nuestras prácticas profesionales nos han permitido ofrecer nuestro apoyo terapéutico a muchos niños, niñas y adolescentes afectados por diferentes contextos de violencia y negligencia. Conocemos sus dolores causados por los malos tratos en sus familias, pero también por las instituciones, incluso aquellas destinadas a la protección. También hemos ido aprendiendo a brindar apoyo terapéutica a cientos de chicos y chicas afectados por la violencia de las guerras, del exilio, así como de la indolencia de los gobernantes de los países ricos que les niegan refugio y solidaridad. Estos chicos y chicas nos han mostrado sus heridas, pero también sus capacidades resilientes, así como el valor de sus madres y padres por llevarles a lugares más seguros y salvarles de la muerte. También estamos aplicando desde hace más de 10 años, nuestra metodología de traumaterapia para tratar los traumas tempranos de hijos e hijas adoptadas en diferentes regiones del mundo.

La traumaterapia nace desde su inicio en nuestro trabajo terapéutico con los niños y adolescentes.  La aplicación de su principio neurosecuencial, así como de sus fundamentos epistemológicos, nos ha permitido irla adaptando a los pacientes adultos afectados en el presente por traumas consecuencia de la tortura, de la guerra, el exilio, y la violencia conyugal machista. Traumas que muchas veces se acumulan a los otros vividos durante la infancia.

El nacimiento de un diplomado: El encuentro con Rafael Benito y José Luis Gonzalo

Como resultado lógico de nuestro aprendizaje y después de haber diseñado y aplicado las primeras bases de nuestra metodología de trabajo con los niños, sentimos la necesidad de ir compartiendo lo aprendido. Esto, porque habíamos constatado mejorías considerables en los niños, niñas y adolescentes atendidos en nuestro programa, en el seno de nuestra ONG EXIL en Barcelona. Nuestras percepciones las habíamos cotejado con los beneficiarios del Programa, y con la observación sistematizada de sus educadores. El primer grupo de participantes a nuestro programa estaba compuesto por niños, niñas y jóvenes afectados por experiencias de malos tratos severos, por lo que se les había brindado una medida de protección, a través de Centros de acogida en Barcelona. Más tarde, pudimos aplicar la Traumaterapia con niños, niñas y adolescentes de las casas y residencia de acogida pertenecientes a la Fundación COTS de la ciudad de Manresa en Cataluña.  Tanto los directivos de la Fundación, los equipos de educadores de las diversas casas, así como los educadores referentes designados como tutores de los niños y niñas, han participado activamente ejerciendo la función, que en el diseño de nuestro modelo denominamos, de co-terapeutas.

Las condiciones expuestas explican nuestra decisión de proponer en el año 2004 un programa de formación de post- grado que titulamos Diplomado en Traumaterapia infantil sistémica. Desde el  principio nuestro proyecto formativo lo realizamos a partir de  tres ejes: compartir un  modelo comprensivo del sufrimiento y de los trastornos que presentaban  los niños y niñas, expresión de los traumas consecuencias de  los malos tratos que habían sufrido; segundo,  compartir las técnicas que  estábamos aplicando; y tercero, brindar la posibilidad de un trabajo sobre la persona de los y las candidatas a  la formación, considerando que es la persona del terapeuta y la relación que puede ofrecer  el recurso principal para  apoyar la reparación  terapéutica, como queda evidenciado en este libro.

Gracias a la realización de este proyecto, tuvimos la posibilidad de encontrarnos con José Luis Gonzalo autor de este libro y Rafael Benito cuyo aporte a esta obra es inestimable. Ellos formaron parte de ese primer grupo de profesionales que nos brindaron su confianza participando en la formación. Profesionales destacados como muchos de esa primera promoción, que tienen el mérito de habernos ayudado a concretizar nuestro proyecto formativo.  Analógicamente como los hijos e hijas que brindan la oportunidad a sus progenitores de ser madres o padres, este grupo nos transformó en formadores de trauma terapeutas. Por esto vale todo nuestro reconocimiento, porque aportaron con sus propios saberes, resultado de sus experiencias clínicas y de sus afanes como los nuestros por buscar en la lectura de muchos autores expertos en el tratamiento de los traumas infantiles, ideas e instrumentos para mejorar sus prácticas que han contribuido desde el principio a enriquecer nuestra metodología. Por esto, prologar esta obra es una forma de agradecer sus aportes, su generosidad en el compartir cotidiano y por el hecho de haber aceptado -a partir del año 2009- a sumarse a nuestras actividades formativas. Primero colaborando con nuestro programa en Barcelona y luego siendo docentes y animadores activos del programa de formación que se realiza en el País Vasco.

En nuestro Diplomado compartimos y enseñamos a profesionales de la infancia provenientes de comunidades de todo el Estado Español, así como de nuestro país de origen, Chile.  Nuestra metodología terapéutica está basada en una lectura sistémica del sufrimiento infantil y en un paradigma integrador cuyos principales dominios son el apego, el trauma, el desarrollo, las competencias parentales y la resiliencia.

Compartimos con los participantes, que el modelo de traumaterapia sistémica consiste en animar un proceso terapéutico que prioriza una intervención individual sistémica organizada en tres bloques de trabajo que se sustentan en una base conformada por un trabajo de apoyo, acompañamiento y promoción de las competencias parentales del referente, co-terapeuta en este modelo (educadores de centros de acogida, padres acogedores, o adoptivos. Por tanto, el apego, la respuesta sintonizada y las respuestas o o intervenciones coherentes y consistentes de éste hacia el niño/a son los elementos claves a trabajar.

Como hemos mencionado, este modelo de TRAUMATERAPIA INFANTO JUVENIL SISTÉMICA está compuesto por tres bloques: Bloque I, cuya finalidad es la Sintonización y autorregulación; Bloque II para facilitar el Empoderamiento y Bloque III, para acompañar la Reintegración Resiliente de las experiencias traumáticas. Abordar una descripción detallada de estos tres bloques escapa a la finalidad de este prólogo. Aprovechando que el autor aborda estos contenidos de manera dinámica e ilustrativa, nos limitaremos a enumerarlos insistiendo en sus fundamentos.

El bloque I tiene como finalidad lograr que los niños o adolescentes conozcan una relación comparable a la que una madre suficientemente competente ofrece a sus crías, para lograr en ellos una experiencia de apego seguro. El desafío es grande porque en la mayoría de los casos, las experiencias traumáticas complejas, acumulativas y tempranas han obligado a los niños o jóvenes a desarrollar modelos de apegos inseguros o desorganizados, que son la manifestación del temor y la desconfianza a las relaciones con los adultos. Por lo tanto, para lograr la finalidad de este bloque las interacciones comunicativas de los terapeutas tienen que ser afectivas, empáticas (sintonizadas y resonantes) y mentalizadoras. Esto, para favorecer la capacidad del niño, niña o adolescente a autorregular sus estados internos, seriamente desregulados como consecuencia de la desorganización de sus estados mentales por el sufrimiento, el dolor y las respuestas de estrés a estresores mórbidos muchas veces impensables.

El conocer y aplicar en nuestras prácticas, la técnica de la caja de arena ampliamente explicada en este libro, descubrimos un instrumento muy útil para lograr la finalidad del Bloque I, porque su aplicación permite que el niño, niña o adolescente desarrolle o refuerce su capacidad de auto observación, con menos resistencia.  Esto le puede permitir conocer mejor sus estados internos, logrando paulatinamente identificar, expresar y modular sus emociones. La técnica de la caja de arena aplicada tal como se propone en este libro, permite reforzar una comunicación afectiva, empática y mentalizadora entre el terapeuta y los niños, niñas y adolescentes y por ende ayudarles a acercarse poco a poco a la experiencia de apego seguro. Pero también recordemos que la sintonización tiene una dimensión multidireccional ya comentada en este libro.

El Bloque II tiene como finalidad el empoderamiento y la participación activa de los niños o jóvenes en el proceso terapéutico. Ayudarles en esto es fundamental, porque como afirmamos a menudo, la esencia del trauma es la sensación de absoluta impotencia y contrarrestar esto sólo nos queda seguir el camino del empoderamiento.

Lo creado en nuestra practica y lo propuesto por numerosos y numerosas otras autores nos ha inspirado, para aportar a este bloque numerosas técnicas que tienen como objetivo el devolver a los y a las afectadas el poder de dirigir sus vidas, arrebatado por los adultos que les han maltratado y abusado.

El Bloque III tiene como objetivo la Reintegración resiliente de los contenidos de las experiencias traumáticas, con el fin de facilitar una integración nueva, diferente de estas vivencias en la biografía. Resignificar lo vivido, les permite poder utilizar el máximo de sus energías y recursos para superar el impacto del daño, pero además, motiva a no repetir lo que les ha ocurrido en sus relaciones interpersonales presentes o futuras, por ejemplo, con sus hijos, en su vida de pareja u otras relaciones. La resignificación de la causa y de los efectos de las experiencias traumáticas abre la puerta al fenómeno extraordinario de la resiliencia.

José Luis Gonzalo y Rafael Benito presentan también de una manera magistral el papel de la metodología de la caja de arena para cumplir con los objetivos de este bloque.

El placer y el orgullo de hacer el prólogo de este libro

Queremos concluir este prólogo, manifestando el placer y el orgullo que hemos sentido al leer a José Luis Gonzalo y Rafael Benito. Este libro es el resultado de dos procesos de aprendizaje de los cuales nos sentimos partes. En él se entrelazan por lado, las observaciones participantes realizadas por José Luis Gonzalo, acumuladas después de su formación en el año 2004, en la aplicación rigurosa desde hace más de 12 años de la Traumaterapia infanto- juvenil sistémica, con niños, niñas, adolescentes y adultos afectados por traumas complejos y acumulativos. Por otro lado, las que emergen de la aplicación sistemática de la técnica de la caja de arena en el acompañamiento de sus pacientes. Con poco riesgo a equivocarnos, afirmamos que José Luis Gonzalo es uno de los psicólogos psicoterapeutas que más experiencia tiene en el mundo hispánico, en la aplicación rigurosa y sistemática de la técnica de la caja de arena con pacientes traumatizados. Además, es uno de los profesionales cuya exquisita formación en psicotraumatología infanto-juvenil le ha permitido hacer valiosas aportaciones de intervenciones y modos de trabajar en esta técnica, como es la pauta de registro y sus pautas de intervención.

En relación a Rafael Benito, psiquiatra y Traumaterapeuta que honra su profesión por su valentía al enfrentar el pensamiento dominante en su especialidad. El aporta desde su práctica y lo consigna en este libro, que lo que las corrientes dominantes llaman la psicopatología infanto- juvenil, se puede tratar de una forma más adecuada y coherente cuando se considera su marco biográfico. Sus aportes para ayudarnos a entender el impacto de la Traumaterapia en general y de la técnica de la caja de arena a nivel neurobiológico, nos ha parecido no solamente de una  gran utilidad, sino que nos ha descrito magistralmente el valor terapéutico de la metodología y de la técnica.

Este libro tiene el enorme mérito de concebir la técnica de la caja de arena como un instrumento de gran valor para el trabajo terapéutico. Al insistir que un instrumento como este, no puede descontextualizarse de un proceso terapéutico, es decir, una técnica no hace el proceso. Eso José Luis Gonzalo lo dice y lo refleja en toda su obra al explicar su aplicación con sus ejemplos, que es una técnica, pero no el proceso. Esta puede ocuparse en diferentes momentos del proceso, acompañando y facilitando la creación realizada por los pacientes bloque por bloque, paso a paso, pero que esta aplicación no sustituye el proceso integral de la Traumaterapia organizada en tres bloques. Esto es un aporte fundamental para prevenir unos de los errores más peligrosos que cometen muchos terapeutas, como consecuencia de su falta de experiencia o bajo la presión de la ideología dominante centrada en la aplicación de soluciones facilistas, economicistas. Cuando las técnicas se venden como procesos terapéuticos emerge la ilusión de una seudo eficacidad que no hace más que agravar el sufrimiento y el daño que los adultos han producido a muchos niños, niñas y adolescente. Un proceso terapéutico como la Traumaterapia es de una gran complejidad lo que implica usar de una manera coherente, responsable y creativa muchas técnicas. El riesgo es que al descubrir la existencia de técnicas terapéuticas tan atractivas y prometedoras como la caja de arena, se apliquen con la ilusión que estas por si solas serán suficientes, alejándose del cuidado que se debería tener para aplicarlas, contextualizarlas e integrarlas en un proceso relacional, afectivamente vinculante, empático y mentalizador entre terapeuta y paciente. El autor por su calidad humana, su amplia formación y su rica experiencia clínica tiene las competencias y la autoridad suficiente para afirmar que la Traumaterapia es el escenario idóneo que garantiza la aplicación eficaz y respetuosa de la técnica de la caja de arena, aplicándola en el momento y adaptándola a la singularidad de cada niño, niña o adolescente. La organización de los contenidos a trabajar en cada bloque, siguiendo el principio neurosecuencial, es la mejor garantía para que el impacto terapéutico del uso de la caja de arena tenga todo su sentido y eficacia.

Por último, la riqueza de los ejemplos que ilustran didácticamente los procesos descritos, es una ayuda valiosísima para todo terapeuta que se cautive por esta técnica, pero más que por la técnica en sí, por ese niño, niña, adolescente, mujer u hombre herido que al construir su mundo brinda al terapeuta el espacio y la oportunidad para explorar y sentir lo creado en conjunto con su paciente. Todos los ejemplos descritos reflejan un principio fundamental que debe estar presente en el trabajo de todo terapeuta: “Priorizamos la relación terapéutica sobre el contenido a interpretar, cualquiera sea la técnica que utilicemos”  Toda esta obra es un bello ejemplo de esto.

        Montegrande, Valle del Elqui, Chile, 20 de febrero de 2017

Maryorie Dantagnan y Jorge Barudy 

domingo, 1 de octubre de 2017

Cómo influye en los niños adoptados haber sufrido experiencias de malos tratos en el seno de sus familias de origen. Entrevista realizada a José Luis Gonzalo publicada por el portal webconsultas.com

Transcribo la entrevista que fue publicada en el portal de salud Webconsultas la pasada semana, la cual difundí a través de mi página en Facebook. Sin embargo, no la he mencionado en el blog Buenos tratos y para los/as que no habéis tenido noticia de la misma, por si es de vuestro interés, aquí la tenéis, a vuestra disposición.

Pregunta: En el caso de malos tratos y violencia de género, ¿cómo influye en los niños adoptados haber vivido situaciones de violencia en el seno de sus familias de origen?

Todos los seres humanos necesitamos apegarnos a un cuidador, al menos uno, competente, sensible, disponible y que otorgue al niño/a una experiencia continuada de seguridad. Esto es extremada y especialmente importante durante los tres primeros años de vida porque el desarrollo viene neurobiológicamente programado para que ese -o esos cuidadores- lo orquesten y lo estimulen. Durante los tres primeros años a través de dichos cuidadores, se sientan las bases de la seguridad, la confianza y la regulación emocional, claves para que el niño/a geste una representación de sí mismo y de los demás como alguien digno de ser amado, respetado y valorado. A partir de los tres años, el resto de personas significativas de la vida del niño/a (como los maestros, los amigos, los monitores…) son también importantes, y las vivencias de buenos tratos favorecen que el menor esté ya preparado para comenzar a socializarse. Si una persona padece malos tratos o violencia de género después de los tres años, probablemente presentará problemas psiconeurológicos pero en menor medida que si los sufre durante los tres primeros años, porque este periodo de la vida se considera muy sensible, pues es una etapa donde el menor está creando lo que se denomina el vínculo de apego que son, si recurrimos a una metáfora, como los cimientos de una casa. Estas experiencias pueden grabarse en el cerebro de los menores en una etapa en la que no pueden regular ni sus emociones, ni comprender sus estados internos ni tampoco lo que les ocurre. Los malos tratos y la violencia son como un tóxico para el cerebro. Está documentado científicamente que los malos tratos pueden dañar el cerebro en desarrollo porque un exceso de hormonas del estrés puede ser nocivo para el mismo. Cuando uso el término daño no me refiero a una lesión física ni a una enfermedad neurológica sino a un cerebro y sistema nervioso alterados funcionalmente, así como trastornos en el vínculo de apego, experiencias traumáticas sufridas y en consecuencia, afectación al desarrollo del menor.

Esto puede afectar a todas las áreas de la persona del menor: cognitiva (retrasos intelectuales, problemas para comprender su propia mente y la mente de los demás), emocional-sensorial (dificultades para regular los impulsos, las emociones, el deseo, los estados internos…) lingüística (retrasos en la aparición del lenguaje oral, alteraciones en el lenguaje comprensivo y expresivo), psicomotriz y vinculación afectiva con los nuevos cuidadores y otras personas. Todo ello puede generar trastornos de leves a severos en el aprendizaje, las relaciones con los iguales y en la relación con la nueva familia adoptiva.

No hemos comentado que el maltrato que algunos/as niños/as sufren previo a la adopción, a veces comienza desde el mismo útero materno, bien porque la madre gestante no se cuidó (o no pudo cuidarse) lo necesario durante el embarazo recibiendo las atenciones médicas y controles necesarios, o bien porque activamente dañó al bebé consumiendo alcohol o sustancias. Aquí hay un maltrato intrauterino que genera una afectación que puede manifestarse en síndromes alcohólico fetales, prematuridad… Estos menores pueden por su inmadurez, tener muchas más dificultades para poder utilizar a la figura de apego y su contacto con la misma como base de calma y tranquilidad, y por lo tanto comprometen la capacidad de aprender a autorregularse.

Pregunta: ¿Qué consecuencias tiene en su salud mental y emocional de los niños?

Las investigaciones científicas que se han hecho hasta la fecha, como dice el Dr. Rafael Benito, psiquiatra, demuestran que el maltrato en la infancia se asocia a una mayor vulnerabilidad a padecer no sólo un amplio número de trastornos psicológicos (emocionales, de conducta, en el establecimiento de los vínculos de apego, síndromes hiperactivos, de aprendizaje, etc.) sino también a un elevado número de enfermedades físicas. La salud física de las personas que han sufrido malos tratos puede ser más precaria en la vida adulta. El Dr. Rafael Benito refiere un estudio de personas que reportan experiencias adversas en la infancia que indica que existe una mayor tasa en adultos maltratados en la infancia de enfermedades coronarias, hepáticas, pulmonares y autoinmunes. También era más probable la aparición de depresión crónica y consumo perjudicial de alcohol, tabaco y otras drogas. Los intentos de suicidio eran más frecuentes, y también los trastornos por somatización, si había abuso sexual. Así pues, el maltrato no es un problema social, que también, sino de salud pública.

Además, algunos menores adoptados que fueron traumatizados por los malos tratos y la violencia pueden tener muchos problemas para adaptarse a la nueva vida porque crecieron en un entorno familiar y/o social de origen donde lo habitual era utilizar defensas ante las amenazas reiteradas que padecieron, tales como la lucha, la huida, la fuga, desconectarse mentalmente… Experiencias como los vínculos afectivos, el cariño, el afecto, la seguridad que un adulto da a todo niño/a… no las han vivido, o las han vivido contradictoriamente (las mismas personas que les cuidan son las mismas que les maltratan, con lo cual se aprende un patrón relacional para el futuro paradójico) La parte que más se ha desarrollado de su cerebro es la que se asocia con sistemas de acción de orden inferior, y el cerebro cortical (sobre todo la corteza prefrontal) el gran regulador y director de orquesta de la persona, se ha visto afectado por el impacto que los malos tratos causan en el cerebro. Hemos de concienciarnos que todo ser humano niño/a necesita de otro, adulto, sano y competente para que le ayude a comprender su mente y la de los demás a lo largo del desarrollo, y organizarla. Y como dice el Dr. Jorge Barudy, psiquiatra, en esta vida no hay nada peor que el daño que un ser humano puede ejercer sobre otro ser humano, máxime cuando se trata de una relación asimétrica y de abuso del fuerte (adulto) sobre el débil (el niño/a)

Pregunta: ¿Cómo es percibida la violencia de género por los niños?

Cómo los niños/as se explican los sucesos adversos y traumáticos es un aspecto crucial. Barudy y Dantagnan en el libro “Los buenos tratos a la infancia”, un clásico en el tema que nos ocupa, refieren que el proceso de reconstrucción de una persona que ha sufrido maltrato empieza por sentirse culpable. Los niños/as suelen sentirse así porque es muy duro y doloroso reconocer que tu progenitor te daña a ti y a tu madre. Algunos otros/as, son capaces de llegar al segundo estadio, víctima. Son capaces de verse como afectados y dañados por el progenitor sabiendo que ellos nos son responsables de nada, que nada malo han hecho ellos/as para sufrir ese maltrato. Eso es muy sano mentalmente y hay que reforzarlo. Más adelante, si el niño/a recibe ayuda a tiempo y es protegido (sin protección no hay posibilidad de reconstruirse del trauma), pasarán a verse como supervivientes y con la ayuda de adultos sanos y solidarios (sus madres, otros familiares, profesionales que les acompañan…) podrán percibirse a sí mismos y a sus conductas y formas de ser como recursos que les sirvieron para sobrevivir. Lo que ocurre es que fuera del contexto de vida donde se produjeron no les son útiles pero sí en su pasado (por ejemplo, una respuesta de alerta hiperexcitada fue un recurso muy válido para vigilar porque temes que llegue tu padre bebido a golpear a tu madre. Actualmente, fuera ya de peligro, en cambio, puede contribuir a causarte ansiedad. Esto hay que comprenderlo e integrarlo en tu vida actual). Se les puede ayudar a reconvertir los recursos de supervivencia en recursos creativos. Y finalmente, un buen número de niños/as son particularmente resilientes y llegan al estadio de vivientes, es decir, a pesar de lo traumático sufrido sienten alegría y ganas de disfrutar de la vida, consiguen transformarse y reconvertirse a nivel personal (por ejemplo, el día de mañana pueden hacerse profesionales de la ayuda)

Pregunta: ¿Cómo afronta esto la familia adoptante?

No todos/as los/as niños/as adoptados/as han experimentado maltrato o violencia de género en sus lugares de origen. Pero hay un número significativo de ellos/as que sí lo han padecido. La crianza de estos menores al llegar a la familia adoptiva, puede ser un desafío enorme. A las familias adoptantes hay que plantearles con claridad rotunda que el menor que será su hijo/a es posible que sólo presente dificultades que pueden ir superándose, pero también hay que transmitirles que es probable (no está descartado) que el niño/a presente un daño causado por el maltrato temprano (ya hemos referido que a edades tempranas afecta al desarrollo del cerebro y del sistema nervioso, a veces de manera permanente) que va a requerir de ellos una parentalidad terapéutica (concepto desarrollado por Maryorie Dantagnan y que explico en el libro “Vincúlate. Relaciones reparadoras del vínculo de apego en menores adoptados y acogidos”) Es decir, no van a tener que ser padres o madres diríamos convencionales sino padres y madres que van a hacerse cargo de un menor que requiere de una parentalidad que pueda reparar (total o parcialmente) los efectos de los daños que ese niño/a pueda presentar como consecuencia de los malos tratos. Y que ello puede suponer un trabajo continuado y exigente a lo largo de todo el desarrollo del niño/a hasta bien pasada la adolescencia, probablemente. El libro “Indómito y entrañable. El hijo que vino de fuera” escrito por un padre adoptivo ejemplar, José Ángel Giménez-Alvira, es un relato esperanzador en este sentido.

A partir de aquí hay familias que asumen los problemas o daño del menor y hacen equipo con los profesionales para poder acompañarles en el proceso de reconstrucción durante todo su desarrollo. Es una tarea extenuante en la que ellos han de cuidarse también y que precisa de paciencia, perseverancia y mucha permanencia por su parte (toda la que estos menores no tuvieron) Otras familias que llegaron a la parentalidad adoptiva sin saber y/o sin asumir que el menor necesita unos cuidados terapéuticos por su parte y ponen todo el peso del cambio en el niño/a, suelen tener muchas más posibilidades de que la adopción derive en, desgraciadamente, una ruptura, dolorosa para todos pero en especial para los menores que reviven un nuevo abandono. Y finalmente, hay un grupo reducido de familias incompetentes para cualquier tipo de parentalidad, con infancias traumáticas no resueltas, que adoptan a los menores para sanar heridas propias o cubrir necesidades inconscientes que no han resuelto en la vida. Estos padres y madres no deberían haber recibido el certificado de idoneidad. Es evidente que la selección de familias ha mejorado mucho pero no puede ser perfecta, como nada en la vida.

Por muy competentes que sean las familias adoptivas -que las hay, y muchas- el acompañamiento a estos menores, su educación, la tarea de la parentalidad y marentalidad terapéutica que tienen en sus manos es exigente, puede desgastar mucho, es a veces gratificante, y requiere estar bien acompañados por profesionales que conozcan el ámbito.

Pregunta: ¿Qué recursos tienen los padres adoptantes a su alcance para poder afrontar la crianza y educación de los hijos cuando se han dado situaciones de malos tratos?

Este es un tema primordial, y te agradezco la pregunta. De lo que vengo diciendo, se desprende que estas familias han de contar con recursos ofrecidos por las administraciones públicas para poder sentirse orientados, apoyados y formados en esta tarea tan compleja que tienen entre manos: sanar psicológicamente a menores con antecedentes de malos tratos en la primera infancia. Los recursos que tienen a su alcance varían según comunidades autónomas, pero en general consisten en seguimientos postadoptivos (limitados en el tiempo), formaciones puntuales que organizan las asociaciones de familias adoptivas, asesoramientos puntuales de las asociaciones de familias adoptivas y grupos de padres. A partir de aquí, como cualquier otra familia. Y es cierto que un número de menores adoptados pueden ir desarrollándose bien en las familias sin demasiados apoyos externos. Pero sabemos que otro grupo no, en especial estos menores cuyos antecedentes de malos tratos son graves y continuados en el tiempo, a edades clave para el desarrollo equilibrado de mente y cerebro, y que pueden dejar secuelas permanentes. Estas familias deben de recibir muchas más ayudas por parte de la administración: seguimientos postadoptivos más extensos en el tiempo, tratamientos psicológicos o de otro tipo gratuitos y cursos y grupos de formación en parentalidad terapéutica. En alguna comunidad se está empezando a hacer, y espero que en un futuro puedan disponer de más recursos porque no se puede dejar tan solas a estas familias.

Pregunta: En cuanto a los centros escolares, ¿están preparados los educadores para trabajar con niños adoptados que han sufrido malos tratos?

Los centros escolares tienen que atender a la diversidad y educar a menores con todo tipo de características y alteraciones físicas, psíquicas y sensoriales. Es difícil dar una respuesta genérica a si están preparados o no. Los profesionales de los centros deben de formarse en las secuelas que los malos tratos generan en los menores, tanto en el aprendizaje como en la personalidad. Y cómo deben de tratarles y apoyarles. Hay centros que presentan una alta sensibilidad a estos temas y colaboran magníficamente con los profesionales (psicólogos, psiquiatras…) y las familias, y otros centros que tienen una lectura del menor exclusivamente desde una disciplina tradicional y basada en la norma (expulsiones, pensar que se pueden esforzar más, que si quieren pueden más…) No son capaces de entender que tras las conductas negativas y las dificultades para aprender, modular el deseo y regular los impulsos, está el daño que el niño/a sufrió. Hay desconocimiento por su parte y también a veces falta de sensibilidad.

De todos modos, hay que promover la formación del profesorado sobre el alumnado adoptado y sus características, incluidos los adoptados/as que padecieron maltrato en sus lugares de origen y las secuelas que eso conlleva. Están empezando a editarse guías para los centros, promovidas por los departamentos de educación de las comunidades autónomas, como la del País Vasco, que acaba de presentar una. Y cada vez nos llegan más peticiones de colegios pidiéndonos como trabajar y atender bien a estos menores, darles una respuesta adecuada a sus necesidades especiales. Hay motivos para la esperanza.

Pregunta: ¿Cómo se trabaja con las familias? ¿Hasta qué punto es el trabajo con los padres?

En nuestro modelo de terapia (Traumaterapia desarrollada por Barudy y Dantagnan, especializada para el tratamiento de estos menores afectados por los malos tratos) que llevamos desarrollando en distintos centros del país durante más diez años, partimos de una realidad: la terapia incluye siempre el trabajo con las familias. Una terapia infantil que deje fuera de la misma a las familias es negligente, como afirma el profesor de la Universidad del País Vasco, Iñigo Ochoa López de Alda. Hay familias que colaboran con el profesional llevando adelante una serie de tareas educativo-terapéuticas que están diseñadas para trabajar el apego entre el niño/a y los padres, así como otras áreas importantes. Hay reuniones periódicas con ellos a solas y con ellos y su hijo/a para trabajar aspectos concretos. Existen, en cambio, otras familias que por sus características precisan, además, de un acompañamiento y una intervención específica sobre sus personas y su historia de vida, y cómo ésta repercute en su hijo/a. Me estoy refiriendo siempre a familias con suficiente capacidad para ser padres o madres, claro. En las sesiones, les psicoeducamos también sobre la parentalidad terapéutica. Muchos consiguen hacer un cambio de mirada sobre su hijo/a, y con sólo eso, con reconocerles (¡no justificarles, ojo, es distinto!) que la manera que tienen de comportarse y reaccionar es producto de un sufrimiento y de un entorno temprano anormal, los niños/as se transforman. Hay muchos menores resilientes, capaces de transformarse desde vivencias traumáticas, pero hay que ayudarles a procesar e integrar eso en sus vidas. Y para que los niños/as hagan procesos resilientes es imprescindible que a su lado les acompañe un adulto competente que les guíe con afecto y empatía, capacidad de regularles, paciencia, perseverancia, permanencia y normas.

Pregunta: En algunas webs hemos leído acerca de la herida primaria, ¿en qué consiste?

De ello habla la autora Nancy Newton Verrier en un libro titulado “El niño adoptado. Comprender la herida primaria” Ella en este libro desarrolla que la dinámica madre hijo/a, relacional, prenatal, perinatal y postnatal, los intercambios que tienen lugar durante esas fases supone una pérdida muy difícil, pues representa la separación entre ambos. El niño/a pierde el contacto con su madre biológica (al separarse para ser adoptado o institucionalizado previamente) física y sensorialmente (táctil, olfativo…) que le calma y regula. Crecerá con una sensación de sentirse abandonado por esta ruptura temprana, y aunque no recuerde nada, su memoria sensorial sí recordará (aunque el sujeto no sea consciente de que está recordando) y será siempre susceptible a separaciones y pérdidas posteriores y a sentirse rechazado por los demás también.

En mi opinión esto ocurre, ciertamente. Los menores adoptados son muy sensibles en general al rechazo y a las separaciones y las pérdidas. Es como un conocimiento relacional implícito temprano (en términos de una autora llamada Lyons-Ruth) del que la persona no es consciente pero que puede escenificar en el futuro ante determinadas personas y/o situaciones (las familias adoptivas saben de esto mucho cuando hablan que algunos/as menores son muy sensibles al rechazo o las pérdidas) Creo que no todos los niños/as lo presentan con igual magnitud. ¿Por qué? Pienso que si posteriormente, tienen la suerte de encontrarse con un cuidador que les dé afecto y les regule emocionalmente bien, conseguirán sanar bastante de esta herida. Y si después, la familia adoptiva es sensible a esto, le pone palabras, comprende al niño/a y le nutre adecuadamente en este sentido, los menores evolucionarán aún mejor. Y si además, algunos/as niños/as lo trabajan en la terapia, pueden superarlo. Llamarle “herida primaria” no me convence porque me parece demasiado determinista. Y si algo nos han enseñado los grandes de la resiliencia (Cyrulnik, Barudy, etc.) es que “una infancia infeliz no determina una vida” Un cuidador competente y un entorno adecuado, afectivo y solidario, pueden sanar total o parcialmente esta “herida primaria”

Pregunta: La experiencia de ser separado y el sentimiento de pérdida de los lugares de origen y del entorno personal es algo tremendamente duro. ¿Cómo sanar esa herida?

Es algo tremendamente duro, y cuando se ha sido maltratado además, todo se vive con confusión de identidad, ambivalencia de sentimientos (hacia uno mismo, los demás, su país de origen…) y sufrimiento. Porque a los niños/as les duelen los sentimientos y les duele el cuerpo. O en ocasiones, no sienten nada porque usaron la defensa del distanciamiento y la desconexión para protegerse de un dolor insoportable. Un desarrollo cerebral sano es necesario para sentar las bases de un sano desarrollo adulto. Si hay daños tempranos, prolongados y severos (maltrato físico y emocional) al cerebro le costará mucho revertir la situación porque los niños/as vienen muy condicionados por reacciones que se producen en ellos y que no dependen de su voluntad. La herida se puede sanar, parcial o totalmente, la resiliencia es posible pero necesitamos que estos menores tengan un entorno afectivo, incondicional de su persona, solidario y de apoyo. Si encuentran adultos competentes, pueden desarrollar la resiliencia. Pueden ser, siguiendo una metáfora, como la botella de plástico que la arrugas y después puedes hacerla retornar a su posición original. Se recupera, sí, pero quedan algunas marcas en la misma. Algunas de estas marcas pueden desaparecer, otras se pueden transformar en algo constructivo y otras… hay que aceptar que quedarán para siempre, como las cicatrices en la piel tras las quemaduras. Si ayudamos al niño a darle una lectura constructiva a las cicatrices, podrá aceptarlas y hasta reconvertirlas en algo constructivo. No sólo es el golpe que sufrió sino el significado que le da al golpe, como afirma el psiquiatra Boris Cyrulnik. Aceptar al niño/a, a su ser, es fundamental porque esto le permite al adulto desprenderse de lo que le gustaría que el niño/a fuera (salirse de su mente) y empezar a contemplar lo que el niño es (ver la mente del niño/a) Hay un dicho budista que dice que lo que se resiste, persiste. Lo que se acepta, se transforma.

Pregunta: La palabra abandono parece ser tabú entre las familias pero, ¿se sienten abandonados los niños adoptados?

Los niños/as adoptados/as pueden sentirse abandonados por lo que hemos explicado en relación a la pregunta de “la herida primaria”. Pero no olvidemos que a veces no sólo se han sentido abandonados sino que han sufrido una tipología de maltrato llamada abandono. Porque la respuesta que algunos países -a través de los distintos centros de acogida u orfanatos del mundo- han dado a ese bebé -cuyos padres biológicos no pueden hacerse cargo- ha sido la de tenerlos abandonados, con cuidados de bajísima calidad, sin estimulación, juego, permanencia, calidez… aspectos todos que nutren el cerebro/mente e imprescindibles para crecer y desarrollarse. Y esto es así porque esos orfanatos no tienen medios y/o porque el personal no es consciente de que la ausencia prolongada de un adulto puede dañar a un bebé… Éste necesita de ese adulto totalmente, depende de él para su supervivencia física y emocional, y para construir su mente. Hemos hablado de que el maltrato activo daña. Pero el “no hacer” (como dice mi amigo y colega Rafael Benito, psiquiatra), esto es, el ignorar, apartar y en su extremo ser negligente y abandonar a un niño/a durante horas solo en la cuna de un orfanato, también puede dañar el cerebro. Cyrulnik refiere que ese niño/a es posible que desarrolle escasas conexiones neuronales, habrá como una “muerte psíquica” Afortunadamente, hay un proyecto para mejorar las condiciones y los cuidados de los orfanatos de todo el mundo liderado por el psicólogo danés Peter Niels Rygaard, experto en trastornos del apego.

Pregunta: ¿Les genera culpabilidad?

Como hemos comentado anteriormente en la pregunta en la que he respondido hablando del proceso de reconstrucción de las víctimas de malos tratos, puede generarles culpabilidad, en efecto.

Pregunta: Para los padres en estos casos la empatía y el apoyo será esenciales pero... ¿es difícil no caer en la sobreprotección?

La empatía es una competencia parental que te capacita como padre y madre. Por lo tanto, padres y madres adoptivos/as empáticos son padres y madres que van a contribuir a que su hijo/a sane porque eso contribuye a reparar el daño en el vínculo de apego y además, crea y/o estimula los circuitos neuronales que se asocian al cerebro social. La empatía supone no reemplazar al sujeto, es ponerse en la piel de la persona, responder emocionalmente reflejando con sensibilidad el sentir del otro, es esa capacidad de hacerle sentir a alguien sentido (como dice Dan Siegel en su libro “La mente en desarrollo”) Sin embargo, la empatía no es actuar por el otro suplantándole, ni resolverle los problemas a los niños/as, ni impedirles experimentar para poder aprender (experimentar sabiendo que hay un adulto ahí que me ayudará con esa experiencia y me recogerá) La sobreprotección es frenar la autonomía del niño/a y responde a necesidades y motivaciones inconscientes del adulto, éste no ve al niño/a y sus necesidades, sino que el menor se convierte en un apéndice de él (un adulto que no es capaz de ver al niño como un sujeto con mente propia)


José Luis Gonzalo Marrodán

Psicólogo clínico y psicoterapeuta infantil y adultos
Fuente: www.webconsultas.com