lunes, 7 de enero de 2019

Un libro para empezar el año: "El chico al que criaron como perro". O lo que debemos hacer como familia y profesionales para ayudar a sanar a los niños/as víctimas de trauma complejo.

Lo primero, como siempre, felicitaros el año a todos y todas los/as que seguís el blog Buenos tratos. Comenzamos el 12º año natural desde la creación de este espacio de aprendizaje y reflexión con la misma energía que el primer día, allá por septiembre de 2007.

Este año 2019 tendrá como aliciente y motor ilusionante saber que el 4 y 5 de octubre celebramos en San Sebastián (Guipúzcoa), España, las IV Conversaciones sobre apego y resiliencia infantil. Una edición más, nos reuniremos todos/as los/as amantes de los buenos tratos para aprender, conectar emocionalmente entre nosotros/as, disfrutar también de una fiesta y celebrar la vida.


Nos acompañarán ponentes de prestigio, los cuales iré anunciando desde este mes de enero hasta junio de este año. En esta edición, la novedad es que los distintos ponentes desfilarán por el blog y serán entrevistados por mi, presentándose y hablando acerca de lo que tratarán en las jornadas. También nos regalarán un vídeo en el que nos animarán a participar en las mismas y encontrarnos todos y todas en San Sebastián. 

El mes de mayo de este año, se abrirán las inscripciones.

Id reservando alojamiento en la ciudad para esas fechas.



Así que este año, de nuevo, derrochamos alegría a raudales y queremos contagiaros de la misma. Establecer conexiones emocionales con los otros significativos es el mejor antídoto para todos/as los/as que hemos de ayudar (trabajar, criar, educar, acompañar…) a personas menores de edad víctimas de malos tratos y que presentan un trauma complejo. Estas jornadas pretenden aportar en este sentido, su grano de arena.


Dicho esto, comienzo con el post de este mes.

Despedíamos el año con un cuento excepcional que es un instrumento idóneo para ayudar y trabajar con los niños/as la regulación emocional y el apego (“No todo lo que pincha es pinchudo”) y lo abrimos con un libro, como es tradicional en este blog: “El chico al que criaron como perro”, del insuperable Bruce Perry.

Portada del libro de Bruce Perry y Maia Szalavitz
"El chico al que criaron como perro"

Bruce Perry apenas ha aparecido como autor de referencia importante (clave, más bien, diría yo) en este blog. Y no ha sido por desconocimiento ni por desidia, sino por falta de tiempo material para volcar toda la información relevante en torno a libros en este blog.

Maryorie Dantagnan, mi querida y admirada profesora, hace mucho tiempo que me ha transmitido el valor que Bruce Perry tiene al fundamentar este sus intervenciones terapéuticas en los descubrimientos que la ciencia ha hecho en las últimas décadas sobre el cerebro. De hecho, ella ha basado la creación de su modelo de intervención en traumaterapia infantil, entre otros, en las teorías de este psiquiatra. Concretamente, el modelo de terapia de tres bloques de Maryorie Dantagnan asentado en un principio de orden neurosecuencial proviene de Bruce Perry.

Por otro lado, varios y varias colegas y profesionales de la red apega (y de otros ámbitos) me vienen contando desde hace tiempo las bondades del último libro de Bruce Perry: “El chico al que criaron como perro” Cuando me dan una picada de excelente calidad, nunca me resisto: la compro al instante y pongo el libro en cola, para poder leerlo, cuando le llegue el turno. Así tengo, como muchos de nosotros/as, una pila esperando a ir despachando cada ejemplar. No me gusta precipitarme. Leo, saboreo y reflexiono cada libro despacio, pues leer no puede ser un acto de consumismo sino un ejercicio de integrar lo que el autor te aporta con la praxis profesional y valorar cómo engranarlo en la misma. 

Y por fin, le llegó su turno a este libro. ¡Cuánto lamento no haberlo puesto el primero en la pila de libros! Si me pedís una valoración rápida y general del mismo, os diré que es el mejor libro que he leído divulgativo acerca de cómo intervenir con niños/as y jóvenes víctimas de diferentes tipos de traumas causados por la negligencia, el abuso sexual, el maltrato, el abandono… Un libro que todo/a padre/madre, profesional o voluntario de la intervención psicosociosanitaria debería de leer si quiere hacer un trabajo bien fundamentado con este tipo de niños/as. No sólo por las inestimables aportaciones que hace desde la moderna ciencia del cerebro, sino porque vincula esta a las relaciones interpersonales, sociales, educativas y terapéuticas. 

Este libro es un compendio de sabiduría y experiencia personal y clínica del autor, lo cual le convierte en un manual de uso cotidiano, entretenido y pleno de caminos reflexionados a seguir en el trabajo con los niños y las niñas, en particular con los que sufren por diversas causas. 

Tiene, además, un componente que le vuelve tremendamente estimulante y útil: nos da razones y argumentos sólidos y científicos para que nos reafirmemos en que lo que hacemos a diario, en nuestra práctica, creando relaciones interpersonales seguras y afectivas con los/as niños/as y jóvenes, y afianzando un orden y unas rutinas (con paciencia y perseverancia), aportará y contribuirá a sanar a éstos/as. Entonces, la esperanza para las familias, sobre todo, ya no es vana, sino que se fundamenta en la ciencia. Nos da la energía y la motivación para ir al trabajo y a la tarea todos los días sabiendo, como el agricultor, que, tras la siembra y la dura labor, constante y perseverante, vendrá la cosecha: el cambio y la transformación sanadora de los niños/as traumatizados por los malos tratos. Para ello, las experiencias positivas han de recorrer miles de veces los surcos de sus neuronas para que estas creen nuevas conexiones fortalecidas por la repetición de hábitos, rutinas, y relaciones constructivas y positivas, de igual modo que se crea un camino en la nieve: muchas personas han de pasar por él muchas veces. Donde dice camino, sustitúyase por redes neuronales; y donde dice personas, en la analogía, sustitúyase por experiencias. Aunque sabemos que requerirá de la repetición, la perseverancia y la paciencia, somos conscientes de que este es el camino. Eso nos da tranquilidad. 



Otro aspecto que hace que este libro sea un instrumento a tener a mano (y leerlo muchas veces) es que puedes leer cada capítulo por separado, sin tener que seguir un orden. Cada uno de ellos es una experiencia profesional y personal en la que Bruce Perry y equipo trabajaron con una/s persona/s menor/es de edad: una niña abusada sexualmente, una joven que restringe su alimentación, los niños/as que fueron rescatados de la secta de los davidianos, un niño adoptado cuya madre le hizo víctima de un síndrome de Münchhausen por poderes, un niño criado como perro, un joven cuya infancia es aparentemente normal y delinque, las maltratantes prácticas de familias adoptivas que aplicaron una “terapia” llamada “de sujeción”… Todas historias de vida realmente duras y dolorosas en las cuales la intervención de Bruce Perry y su equipo muestra que puede ser eficaz y dar resultado, produciendo mejorías y revirtiendo el destino de estos niños y niñas. 

Hay que ser honestos y mencionar a la co-autora del libro: Maia Szalavitz, periodista.

A continuación, un breve resumen de las aportaciones más destacadas de la obra, las cuales me congratulo de tratar de llevar adelante en mi trabajo, tanto porque las aprendí en la formación de Traumaterapia con los profesores Barudy y Dantagnan como porque por mi experiencia, las descubrí en el trabajo con los propios menores de edad, los cuales me enseñaron y enseñan. Y también voy a tratar de incorporar lo que he aprendido de la lectura del libro este autor, evidentemente. Perry afirma en un capítulo que, a pesar de que el niño/a venga a tu consulta precedido de un montón de informes, tratamientos, valoraciones e indicaciones de los adultos que le rodean, a pesar de que él sea el señalado por un diagnóstico mal usado, hay que escuchar y atender lo que aquel nos dice y/o nos enseña con sus producciones (juegos, dibujos…) Los niños/as son los mejores informadores de lo que les pasa y sienten, y es una auténtica pena que los adultos los tomen sistemáticamente por manipuladores, tergiversadores o directamente mentirosos. Y no digamos una corriente que plantea tomarlos como “enfermos”

1. Cuanto mejor replique una intervención cómo se produce el desarrollo del cerebro y más intente aproximarse a su principio de orden neurosecuencial, más probable es que esta resulte exitosa. En efecto, el cerebro se desarrolla desde atrás hacia delante, desde las zonas posteriores e inferiores hacia las zonas anteriores y superiores. Lo guía un orden basado en neurosecuencias, de tal forma que el ambiente que estimula y conecta las neuronas lo hace inicialmente con aquellas que están en el cerebro reptil (tronco cerebral): los ritmos, el mecimiento, las rutinas de alimentación, sueño y juego, calmar al bebé con balanceo y palabras suaves, ayuda a que el tronco cerebral se estabilice y el niño adquiera una permanencia en estos aspectos. La siguiente neurosecuencia viene en las zonas del cerebro medio (áreas límbicas) que también son trabajadas y estimuladas con las pautas que hemos mencionado para el cerebro reptiliano. La atención y comprensión exclusiva (y reguladora) de un cuidador con el que nos apegamos, el juego, la regulación de nuestras emociones que dicho cuidador nos enseña, el aprendizaje de las reglas básicas de relación, la seguridad de base que nos proporciona el mencionado cuidador, la comunicación intersubjetiva con él que nos permite darnos cuenta de que tenemos una mente... prepara el cerebro para que pueda hacer acto de aparición la última neurosecuencia: el cerebro cortico-frontal: hacia los 4-5 años podemos regularnos mejor, desarrollar nuestras capacidades linguisticas, pensar más que actuar (excitación va dejando de ser igual a conducta, hay una mediación simbólica gracias a la emergencia del cerebro pensante)

Por ello, Bruce Perry aconseja valorar qué zonas del cerebro están afectadas y propone comenzar las intervenciones con técnicas y terapias centradas en trabajar, en ese orden, dichas zonas del cerebro que necesitan ser estimuladas y recableadas neuronalmente. 

No se puede empezar, por ejemplo, un entrenamiento en habilidades sociales con un niño/a que aún no sabe calmarse y regularse emocionalmente por sí sólo porque dirigirse a esa neurosecuencia del cerebro superior será como empezar la casa por el tejado. Necesitará que se le proporcione, por ejemplo, lo que no recibió en el momento de su vida y que tuvo que haberlo recibido (por ejemplo, calma y contención a un niño que se excita en exceso cuando tiene que jugar en grupo)

2. “No es posible comprender los traumas ni el modo en que respondemos a ellos fuera del contexto de las relaciones humanas” (…) “Los aspectos más traumáticos de cualquier desastre tienen que ver con la destrucción de las conexiones humanas. Que la gente que supuestamente tiene que quererte te haga daño o te abandone (…) Recuperarse de un trauma o un abandono es asimismo una cuestión de relaciones (…) Todos y cada uno de los niños que finalmente prosperaron tras seguir nuestro tratamiento lo hicieron gracias a la poderosa red social que les rodeaba y les apoyaba. No hay nada que pueda necesitar más un niño maltratado o traumatizado que una comunidad saludable que le permita amortiguar el dolor, la angustia y la pérdida causados por un trauma previo”.

Creo que tengo poco que añadir y que Bruce Perry lo ha dejado meridianamente claro. Si hago repaso en mi mente de los niños y jóvenes que pasaron por mi consulta, los que han tenido una evolución positiva son aquéllos que estuvieron rodeados de una red de personas significativas en sus vidas, y dichas personas no tiraron la toalla y acompañaron al chico/a en sus dificultades hasta que este pudo estar recuperado para poder tener más responsabilidad, bienestar y autonomía.

Por ello, una intervención con un menor de edad no la podrá sacar nunca adelante ninguna terapia (psicológica, educativa o farmacológica) por sí sola. No existen los milagros y las terapias que produzcan resultados rápidos que solucionen el “problema” o “problemas” Una hora semanal (o dos, o tres…) de terapia no tiene capacidad para poder recuperar a un niño de los severos daños psíquicos y físicos que los malos tratos provocan. Un medicamento, por muy revolucionario que sea, tampoco lo conseguirá por sí solo.

Es una red de profesionales, trabajando codo con codo y coordinadamente, junto con los padres o cuidadores del niño o joven (y otras relaciones significativas) las que van a dar resultado a la larga. 

Esto entronca directamente con el concepto de resiliencia secundaria y de tutor de resiliencia del que hablan Jorge Barudy y Boris Cyrulnik: un entorno de cuidados afectivo, contenedor, solidario e incondicional es lo que puede dar resultado a largo plazo. Hasta que un joven no llegue a la veintena no hay que dar nada por imposible; e incluso a todas las edades podemos hablar de que la resiliencia (aunque más difícil de lograr) seguiría siendo posible. 

3. "Los niños necesitan experiencias repetitivas y pautadas que sean apropiadas para sus necesidades de desarrollo, necesidades que reflejan la edad a la que se habían perdido importantes estímulos o a la que habían sufrido un trauma, no su edad cronológica actual". Por ello, las terapias e intervenciones deben de comenzar por estimular esas necesidades de desarrollo. El niño rodeado de cuidadores y profesionales equilibrados psicológicamente (nosotros hemos de sanar de nuestras heridas para ser conscientes de que podemos proyectar en el niño nuestras frustraciones y anhelos no conseguidos, de carácter inconsciente) necesita lo primero una bioregulación en base a rutinas y un orden diario que le de predectibilidad y haga que su entorno tenga desafíos que afrontar con un nivel de estrés que pueda manejar sin desbordarse. 


5. “Si están afectadas las regiones centrales e inferiores del cerebro, esos sistemas responden a la cadencia y al contacto: los centros reguladores del tronco encefálico controlan los latidos del corazón, la subida y la bajada de los neurotransmisores y de las hormonas durante el ciclo del día y de la noche” (…) “Nos familiarizamos con el contacto y aprendemos a asociar todas las horas que pasamos en brazos de un cuidador afectuoso con seguridad y confort” “Si un bebé no ve satisfecha la necesidad de ese contacto reconfortante, no se crea la conexión entre el contacto humano y el placer, de modo que ser tocado puede resultar seriamente desagradable” Es por ello por lo que Bruce Perry recomienda a todos los niños/as que hayan carecido de experiencias de nutrimiento afectivo en este sentido (todos y todas los y las que hayan podido sufrir abandono por haber carecido de figura de apego competente y constante) una rutina de masaje. Hay que ir muy poco a poco, incluso que el niño/a pueda inicialmente, tocarse é/ellal a sí mismo/a suave, despacio… En un post ya escribí hace tiempo las bondades que tiene el masaje para fomentar el crecimiento del cerebro y nutrirlo afectiva y neuronalmente. Bruce Perry nos lo confirma una vez más. Pero lo que él añade es que esto es por lo que hay que empezar cuando el niño/a está afectado a este nivel.

6. Otra terapia que Bruce Perry recomienda un trabajo de introducción del sentido del ritmo, con terapias de movimientos rítmicos y música. “Puede parecer raro, pero el ritmo es extraordinariamente importante. Si nuestros cuerpos no fueran capaces de mantener el ritmo o la cadencia de vida más fundamental -el latido del corazón- no podríamos sobrevivir” Los niños que se han perdido los ritmos básicos que los cuidadores o padres ofrecen a los bebés, hemos de recuperar esto. “Cuando un niño llora en los primeros meses de vida, nadie aparecía para mecerlo, calmarlo y hacer que sus sistemas y hormonas de respuesta al estrés disminuyeran a parámetros estándares” – dice de un niño que sufrió abandono. Por eso él aboga por la clase de música y movimientos, pues ayudará a que los menores dejen de balancearse solos, tendrán un andar más coordinado, se calmen más y sean capaces de seguir los ritmos de otros. Esto es básico para poder seguir subiendo en las neurosecuencias.



7. La terapia de juego, una manera amable y no invasiva de acercamiento al mundo interno del niño, donde él dirige la sesión (aceptando unas normas y límites básicos de respeto que se explicitan) y va mostrando y expresando a través del juego (en la relación con el terapeuta) sus conflictos e inquietudes, sus emociones y sus contenidos intrapsíquicos, es también otra de las terapias de elección de Bruce Perry. El juego puede ayudar también a aprender las “primeras interacciones sociales que empiezan con una vinculación normal entre padres e hijos recién nacidos. El niño aprende a relacionarse con otros en una situación social en la que las reglas son previsibles y fáciles de determinar. Si un niño no comprende lo que ha de hacer, los padres le enseñan (…) Cuando alguien no ha desarrollado la capacidad para entender las reglas (…) tratar de enseñarle a relacionarse con sus semejantes es prácticamente imposible” Una terapia de juego, yendo con cuidado y despacio, reflejando y "estando con" (sin analizar ni enseñar ni adoptar una actitud educativa o moralizante) puede ser un primer paso para aprender las reglas básicas de respeto entre semejantes, a interactuar, dentro de un contexto lúdico y relajado.

8. Tratamientos logopédicos y de estimulación del lenguaje. Bruce Perry también suele recurrir a este tipo de tratamientos cuando las áreas del cerebro que procesan el lenguaje (hemisferio izquierdo) presentan un retraso y el niño no tiene herramientas lingüísticas para comunicarse con los demás. 

9. Cuidadores conectivos, presentes, pacientes y perseverantes, una y otra vez, que den seguridad. Esto es la base, sin esos cuidadores que tengan esta mirada comprensiva sobre el niño/a que tienen a su cargo, es muy difícil poder trabajar codo con codo con toda la red para poder recuperar y sanar al niño/a de los profundos déficits que los traumas provocados por los malos tratos dejan en el desarrollo físico y psicológico, en el cuerpo, en la mente y en la capacidad de relacionarse. Estos cuidadores (padres, madres, acogedores, educadores…) han de cuidarse ellos también, tener profesionales a su lado que sepan orientarles adecuadamente, y empezar con la intervención cuanto antes.

Después de leer a Bruce Perry, el mejor legado que le podemos dejar a los niños para su futuro es una experiencia relacional que contribuya a modificar la expectativa -tan dañina- que sobre el mundo adulto tienen. Si pueden desarrollar una relación de confianza y seguridad básicas con al menos un adulto competente, esto se quedará engranado en su cerebro/mente y actuará beneficiosamente. No sabemos cuándo, pero lo hará. Tras la lectura de "El chico al que criaron como perro" estoy convenido de ello. Gracias, Bruce Perry.

Los adultos -cuando eran niños/as o jóvenes estuvieron conmigo en terapia- que me escriben o me llaman no me cuentan nunca que tal o cual devolución que les hice les fue útil. Todos recuerdan, sobre todo, lo implícito (lo no verbal) y la experiencia de una relación que les nutrió y sanó porque les hizo sentirse sentidos, vistos, reconocidos. 

El mayor potencial para ayudar a sanar emocionalmente somos las personas. Ninguna técnica ni terapia puede funcionar si no hay un vínculo establecido niño-profesional.

Cuidaos / Zaindu

lunes, 31 de diciembre de 2018

Hicieron Buenos tratos durante 2018, a ellos y ellas: muchas gracias y ¡Feliz Año Nuevo para todos/as!

Durante el año 2018, Buenos tratos ha seguido su andadura gracias también a la participación de los profesionales, mujeres y hombres, que dijeron desinteresadamente "sí" a escribir un post y contribuir con ello a que sepamos más de trauma, apego y resiliencia.

1/ Todos y todas nos dejaron su saber. 

2/ Todos y todas invirtieron tiempo, esfuerzo y usaron su intelecto y sus emociones para enseñarnos y conectar nosotros/as.

3/ Todos y todas son expertos en el ámbito del apego, el trauma y la resiliencia.

4/ Todos y todas los/as colegas participaron con gran motivación y entusiasmo. 

5/ Todos y todas los/as colegas recibieron como un regalo participar en Buenos tratos.

6/ Todos y todas los/as colegas lo hicieron dejando una parte de sí mismos/as que se plasmó en un post. 

7/ Todos y todas participaron porque les motiva ser profesionales de la ayuda.

8/ Todos y todas escribieron textos de gran calidad y los elaboraron expresamente para Buenos tratos.

9/ Todos y todas se sintieron muy alegres y orgullosos/as el día que su artículo se publicó.

10/ Todos y todas los/as post que escribieron fueron un éxito y alcanzaron una cifra muy alta de visitas.

Diez motivos grandes, con diez grandes personas y profesionales a quienes les doy un diez.

¡GRACIAS CENTUPLICADAS!

Por ello, quiero homenajearles a todos/as y a cada uno de ellas y ellos, y dejaros, como recordatorio, cada uno de los post que escribieron durante los meses que van de enero a diciembre 2018 (exceptuando los meses de julio y agosto en los que el blog descansa por vacaciones de verano) Así tenéis todos los post listados y ordenados.

Además, quiero honrar a todos y todas los/as colegas que participaron escribiendo en el blog, y también a todos todas vosotros y vosotras, amigos/as, seguidores de Buenos tratos con este trailer de la película Dantza que se estrenó el pasado 21 de diciembre de 2018. Un espectáculo visual (y musical al son del txistu) que recoge uno de los aspectos más enraizados en la cultura del país de los vascos: el baile. 

Un arte ancestral ligado a la actividad laboral que se pierde en la noche de los tiempos. Lo más estético, y también una elegancia sobria, se encierra en la dantza, espectaculares saltos y movimientos rítmicos con los pies y el cuerpo, que se mantienen inalterables desde tiempo inmemorial. Voltaire ya decía de los vascos "esas personas que viven, o más bien que saltan al pie de los Pirineos"

Os animo a que veáis la película, es realmente bella.

Os regalo este espectáculo inmortal y sensorio-motriz (bailar es una excelente terapia para el trauma), a los/as colegas que hicieron Buenos tratos y a cada uno/a de vosotros/as que estáis ahí apoyando el blog, y con él os deseo

FELIZ AÑO NUEVO - URTE BERRI ON 





HICIERON BUENOS TRATOS EN 2018

Enero 2018: Pilar García Cortazar, psiquiatra.



Febrero 2018: Gema García Marco, psicóloga



Marzo 2018: Ester Cabanes Vall, psicóloga.



Abril 2018: Charo Blanco Guerrero, psicóloga.



Mayo 2018: Natalia Seijo, psicóloga.



Junio 2018: Rafael Benito Moraga, psiquiatra.



Septiembre 2018: Udane Vecino Molinos, psicóloga y Verónica Pérez Gutiérrez, educadora social.



Octubre 2018: José Ángel Giménez Alvira, psicólogo.



Noviembre 2018: Patricia López Alonso de Caballero, educadora social.



Diciembre 2018: Anna Forés Miravalles, pedagoga.


lunes, 24 de diciembre de 2018

"A veces: la primera vez, la última vez", por Anna Forés Miravalles.

Diez meses, diez firmas IV

Profesional invitada en el mes de diciembre de 2018: 

Anna Forés Miravalles
Pedagoga y Profesora de la UB

Título de su artículo: "A veces: la primera vez, la última vez"


Presentación

Este mes la firma invitada es la gran Anna Forés Miravalles. Físicamente, no hemos coincidido muchas veces. Nos hemos visto principalmente en congresos donde he podido asistir a sus deliciosas y entretenidas ponencias sobre resiliencia. Pocos profesionales tienen la capacidad de comunicar de una manera tan gráfica y amena como Anna Forés. He estado, en efecto, pocas veces con Anna, pero las que hemos podido compartir he de decir que han sido emotivamente intensas. Como la resiliencia -paradigma que ella profesa-, un encuentro significativo puede ser suficiente para que se encienda la chispa que la haga emerger. Y Anna Forés ha sido para mí esa chispa que encendió mi curiosidad por saber más y más sobre este bello fenómeno que es la resiliencia. Así, pude leer “La resiliencia, crecer desde la adversidad” -en co-autoría con Jordi Grané- y maravillarme al descubrir lo mucho que Anna sabe y es capaz de transmitir. Además, lo hace de una manera directa y concisa, tiene este don de comunicar la esencia de las cosas sin perderse en florituras o largos circunloquios.

"La resiliencia. Crecer desde la adversidad"
Anna Forés y Jordi Grané


Anna Forés tiene ángel, y tal y como nos lo cuenta en este precioso post, estuvo a punto de no nacer. E incluso pasó este año por el viaducto que se derrumbó en Génova... ¡un día antes de que sucediera a la misma hora…!  Me encanta que una persona resiliente hable sobre resiliencia porque sabe de qué está hablando. Cuando te encuentras con Anna, siempre muestra una sonrisa e irradia un optimismo contagioso, es una entusiasta del género humano, se dedica, como ella afirma, a todo lo que tenga que ver con el ser humano, y a mejorar la educación.

Una persona que es entusiasta y una trabajadora humanista no podía faltar dentro del elenco de ilustres colaboradores del blog Buenos tratos. Así que se lo propuse, y ella que nos ha enseñado sobre asertividad (en otro libro en co-autoría con Eva Bach titulado “La asertividad para gente extraordinaria”) me contestó que sí, sin ambages, que encantada. Y nos ha preparado una joya de artículo para despedir el año.

La resiliencia es un paradigma en el que ella es experta y ha profundizado en su trabajo en la Universidad de Barcelona y en su vida diaria. Personalmente, me fascina la metáfora de la bicicleta que Anna Forés ha creado y utiliza -junto con Jordi Grané- para ilustrar y desarrollar qué es este fenómeno que siempre ha existido pero que no tenía nombre. No es invulnerabilidad, no es no sufrir, no es resistir ni tener poderes de superhéroe ni aguantar situaciones injustas ni hacer como si nada hubiera pasado y poder retomar la vida haciendo borrón y cuenta nueva. Es asumir que hay una transformación a partir de una herida. Porque la herida tras un trauma está ahí siempre, la rueda de atrás de la bicicleta nos lo recuerda. Pero el significado y la dirección que voy a dar a esa herida hacen que desarrolle características diferentes e insospechadas tras dicho trauma.

La metáfora de la bicicleta que Anna Forés Miravalles nos explica en su extraordinariamente bello post, ayudará especialmente a las familias que os citáis aquí, en el blog, a entender y asumir cómo es vuestro hijo y a tratar de acompañarle y apoyarle en su caminar con esa bicicleta cuya rueda es diferente, pero puede continuar su recorrido con renovadas e inopinadas cualidades. 

Estaba pensando cuál podía ser el mensaje que tradicionalmente todos los 24 de diciembre os brindo y regalo desde el blog. Y me di cuenta que este brillante post de Anna Forés con su “sí a la vida” sería el mejor de todos los posibles como reflexión para despedir este año 2018. 

Muchísimas gracias de todo corazón, Anna Forés, por tu participación desinteresada y generosa, en el blog Buenos tratos, y por ser cómo eres. Espero seguir yendo a Barcelona y entre los miles y miles de personas con las que me podría encontrar en una urbe tan grande, que la casualidad (o tu ángel) vuelva a propiciar que sea contigo, ahí, cerca de la Plaza Lesseps. Porque hay encuentros significativos con personas que pueden cambiar una vida, que siga siendo así, pues ello nos inyecta el realismo de la esperanza en el trabajo con nuestros niños y jóvenes. ¡Feliz Navidad y mis mejores deseos para el 2019!


Anna Forés Miravalles. Profesora de la Universidad de Barcelona. Doctora en Filosofía y Ciencias de la Educación y Licenciada en Pedagogía por la Universidad de Barcelona. Me dedico a todo lo que tenga que ver con la humanización, en seguir creyendo en el género humano, o en hacer más humana nuestra vida, y mejorar la educación. Por eso resiliencia, neuroeducación, etc. son claves. Primera Presidenta de AIRE, Asociación de Investigación para la Resiliencia mayo 2014 - mayo 2018. He sido delegada del rector para las relaciones Universidad-Sociedad de la Facultad de Educación. annafores@ub.edu “Cambiar de respuesta es evolución. Cambiar de pregunta es revolución".





A veces: la primera vez, la última vez

Siempre hay una primera vez para todo lo que experimentamos en la vida. La sensación de la primera vez es única e irrepetible. Todos recordamos y tenemos muy presentes muchas de nuestras “primeras veces”; las de conseguir cosas de manera autónoma (andar, ir en bici, etc); las de hacer y compartir con otros (primer beso, y otros contactos amorosos, primer concierto, primera pifia, primer éxito); las de descubrir lugares, historias y emociones.

Hasta que de pronto la vida te sorprende con una “última vez”: que has visto a alguien querido que se ha ido, la última vez que verás ese lugar lejano, la última vez que sentirás aquello tan especial, la última vez que podrás hacer… tu última clase, tu último recuerdo.

Quizás escribo esto porque soy un poco gatuna. He jugado con la vida varias veces (incluso estuve a punto de no nacer) o la vida ha jugado conmigo, que hace que, desde esa primera vez que te enfrentas a la última vez (sea muerte o similar), todo recobre otra perspectiva y te haga apreciar más la vida. Por ejemplo, cruzamos este verano el viaducto de Génova a la misma hora pero justo un día antes del desplome. La vida nos recuerda nuestra fragilidad y fugacidad.

Y eso tiene mucho que ver con resiliencia. En 2010 organizamos el I Congreso Europeo de Resiliencia (la primera vez) y les preguntamos a los grandes referentes y expertos en la materia que nos dieran un definición clara y concisa sobre resiliencia. Todos llegaron a la misma conclusión: la resiliencia es un sí a la vida.

Es saber saborear y apreciar la vida. Generar posibilidades.

A veces parece que todo se derrumba, que hay demasiadas “ultimas veces”, o simplemente nunca sucederá, que es difícil cambiar la mirada hacia la posibilidad. Quizás estas etapas son sólo oportunidades que están por llegar. Unas primeras veces que se abren paso. Ese el gran poder transformador de la resiliencia. Que nuestra última vez sea la primera vez de algo maravilloso por descubrir.

Hace más de 10 años Jordi Grané y yo en nuestro primer libro de "La resiliencia. Crecer desde la adversidad", utilizamos la metáfora de la bicicleta para hablar de resiliencia.

Esta bicicleta es metáfora de la resiliencia para
Anna Forés y Jordi Grané.

La rueda de atrás ejemplifica la herida que la persona ha padecido. No es la original, esto nos recuerda que la cicatriz de la herida siempre está presente y no podemos volver al estado inicial. A pesar del golpe, tener una rueda que permita hacer funcionar la bicicleta hace referencia a la posibilidad de esquivar el destino.

Las botas nos remiten al movimiento, a una multitud de pies para poder seguir avanzando. Es decir, menciona las múltiples estrategias de adaptación positiva.

El manillar de madera nos indica la importancia de trazar el sentido, de la coherencia de la vida que posibilita el equilibrio. Escogemos nuestro camino, hemos de saber orientarnos.

Las luces de esta bicicleta nos recuerdan la importancia del tutor de resiliencia, de las personas significativas con las cuales tejemos la vida. A veces no se ven, pero son esenciales para poder ver.

La cadena es lo que hace que todo funcione: serían todas aquellas aptitudes personales y sociales, como también las competencias de la persona resiliente.

Los pedales nos recuerdan de dónde se saca la fuerza.

El asiento es nuestro conocimiento, nuestras necesidades básicas cubiertas, y una red social que no acoge.

La madera nos remite a la condición humana. Somos frágiles y contingentes pero a la vez se trata de un material dúctil, flexible, que puede flotar (metáfora para ejemplificar el resurgimiento de las profundidades).

Gracias a los cursos y conferencias, las personas nos han dado nuevas lecturas a la metáfora todas ellas interesantes: el hecho de seguir adelante para no caerte; el poner muchas botas para recordar que no estamos solos y que hacemos el camino con otras personas para hacer el viaje más liviano, etc.  La bicicleta que perdió la rueda no volvió a ser la misma, fue diferente, tuvo otras oportunidades de rehacerse, de transformar, de reconocer su herida.

La última vez de la primera rueda de la bicicleta dio paso a la primera vez de la nueva rueda. Y delante de este ciclo hay que agradecer todo lo que nos ha llevado a la última vez y apreciar todas las primeras veces que nos han llegado y que aún están por llegar.

lunes, 10 de diciembre de 2018

Un cuento para terminar el año: "No todo lo que pincha es pinchudo", de Paula Moreno y Luciana Rossi, excelente relato ilustrado por Miranda Rivadeneira para explicar el apego y la regulación emocional a los niños.


Portada del cuento "No todo lo que pincha es pinchudo"

Llevamos una temporada en la que asistimos a la publicación de cuentos que tienen que ver con nuestra temática, el apego, el trauma y la resiliencia. Recientemente, he presentado “Cuando mi corazón tiembla”, y también hace unas semanas escribí una reseña larga sobre la Colección Senticuentos, de la Editorial Sentir.

Pero hoy le toca el turno a otro cuento que tengo en mis manos y he leído, y que me ha cautivado. Sus autoras son colegas psicólogas argentinas -buena tierra en la cual este blog tiene muchos y muchas seguidores y seguidoras- llamadas Paula Moreno y Luciana Rossi, y ha sido bellamente ilustrado por Miranda Rivadeneira. 

Mi colega Luciana Rossi se tomó la molestia de hacérmelo llegar hasta mi domicilio cuando, en un foro sobre trauma en el que ambos participamos, mostré interés por el mismo. 

Siempre he dicho que hay muchos libros académicos y profesionales sobre psicología y psiquiatría. Cientos de autores que acercan su saber en diversos idiomas a colegas de todo el mundo para formarnos, mejorar nuestra práctica, descubrir paradigmas nuevos sobre los que profundizar para entender y tratar mejor a nuestros pacientes… Sin embargo, libros divulgativos, para el gran público o para nuestros pacientes mayores, y no digamos libros o cuentos para nuestros niños y niñas que hagan digeribles los conceptos de apego, trauma y resiliencia, de esos, hay muy pocos.

Es por ello por lo que saludamos cualquier iniciativa en este sentido. Y si la iniciativa, además, se traduce en un material con calidad e ingenio creativo para hacer más comprensible lo que es muy complicado de entender para los niños y las niñas, aún lo saludamos con más efusión.

Este es el caso del cuento titulado: “No todo lo que pincha es pinchudo”, el cual tiene a mi juicio, varias utilidades en el ámbito de la terapia. Sobre todo, en lo que a psicoeducación se refiere. Voy a exponer aquí alguna de esas utilidades que le veo al cuento.

1/ Recurriendo a los personajes de una familia de peces globo que se hinchan y cuando lo hacen sacan hacia el exterior unos pinchos que pueden causar daño, si te acercas, o repeler a los otros, las autoras, mediante esta metáfora tan acertada, ayudan a los niños/as a entender las dificultades que pueden tener para la regulación emocional y la vinculación afectiva como consecuencia, por ejemplo, de traumas relacionales tempranos en el seno de su familia. Así pues, la mamá de nuestro protagonista, Lolo, nacido en una familia muy especial de peces globo, descubre consternado los pinchos de su madre. Cuando esta se pone nerviosa aparecen, y también lo hacen cuando se enoja… 



El propio niño vive con sentimiento ambivalente cómo estos mismos pinchos emergen en él, y el estupor y miedo que le producen, pues le pueden perjudicar las relaciones con los demás, impidiéndole disfrutar de las mismas… La idea de que para poder sanar de todo esto es necesario no tratar de eliminar esos pinchos sino comprenderlos (entender cómo y por qué surgieron) y aprender a regularlos (mediante el mindfulness, por ejemplo), son algunos de los mensajes que al niño le llegan, de un modo visual y atractivo, a través de un personaje con el que se pueden identificar. 

2/ También se le transmite al niño que esas defensas surgieron por algo y que tienen un valor, supervivencial, para que pueda aceptarlas y honrarlas y no luchar contra las mismas. Lolo termina viendo los pinchos no como defectos, sino como recursos relacionales que le ayudaron a defenderse de muchas situaciones. Sin embargo, ahora están ahí y hay que aprender a regularlos: se da cuenta de que aparecen cuando está muy cerca de alguien (el temor enactuado con el otro a la intimidad de una relación de apego cuando esta pudo ser dañina), pero cuando se aleja vuelven a salir…



Del mismo modo, me ha encantado el origen de los rasgos y conductas que el niño muestra cuando es pinchudo: su familia de peces globo. El los aprendió en ese contexto, y en el cuento se transmite la idea de que tuvieron una utilidad también para sus padres, no porque estos fuesen innatamente así de ariscos, peligrosos o atemorizantes, sino como resultado de sus experiencias relacionales y ambientales, quedando la posibilidad de añadir -por parte de la persona que acompañe al niño/a en la lectura- que los padres desarrollaron esos pinchos porque a su vez los aprendieron de sus propios padres o de otros. El personaje Lolo muestra ambivalencia de sentimientos hacia su familia pinchuda: es su identidad y pertenencia, y aunque haya podido aprender a ser pinchudo, sin renegar de dicha identidad familiar, el pececito globo puede transformarse para controlar los pinchos de tal modo que no sean perjudiciales para los demás. También me ha gustado que los padres pinchudos muchas veces no lo son: cuando están tranquilos o no tienen problemas con otros seres marinos, le dan al pececito globo momentos de tranquilidad y calma, sintiendo calorcito… Aunque no dure porque los padres con problemas de regulación emocional… ¡sacan los pinchos cuando cambian de estado interno!

3/ Esto nos lleva al empoderamiento: lo que aprendemos como consecuencia de la exposición a modelos parentales incompetentes no es el destino. Una infancia infeliz no determina una vida, como dice Cyrulnik.  El niño puede aprender a regular su fisiología y su conducta, y tener poder sobre la misma, lanzándole el mensaje de que es su responsabilidad conseguirlo con práctica, y, además, ser admirado y valorado por los demás.

Puedes desarrollar pinchos como consecuencia de tus recursos psicológicos adquiridos tempranamente en las relaciones familiares y aprender a que esos pinchos no resulten pinchudos… ¿Se puede usar mejor metáfora? Creo que no. Los pinchos pueden salir o esconderse dentro de la piel, y es posible -por muy desadaptativas que sean en el presente las conductas aprendidas que en el pasado te ayudaron a sobrevivir- transformarlas en recursos creativos, o activarlas cuando las necesites, pero tomando conciencia de ello. 



4/ Los mensajes de que, con práctica y aprendizaje, y con la ayuda de otros que te pueden guiar y enseñar, sobre todo si tienes el espíritu curioso y detectivesco del protagonista, puedes transformarte, están presentes en el cuento. 

Un cuento escrito de una manera entretenida, que estimula la curiosidad, el deseo de imitación y la admiración por el pececito, con un lenguaje sin circunloquios, sencillo, claro y directo para los niños y niñas (como deben ser los cuentos) y que no todos los autores pueden lograr. Texto que viene acompañado de unas ilustraciones creadas ad hoc, coloristas y simpáticas, que nos muestran lo que les ocurre a los singulares habitantes de este mundo marino.

Creo que los niños y las niñas con traumas relacionales se identificarán fácilmente con el personaje y con las emociones que este siente, y con los esfuerzos de superación y aprendizaje que demuestra.

Sólo me queda felicitar a las autoras e ilustradora por este excelente y precioso trabajo.

El blog Buenos tratos regresa el 24 de diciembre con la firma invitada del mes. El día 7 de enero retomaremos la actividad recomendando un libro para empezar el año. Un cuento para terminar el año, un libro para empezar el año. No está mal.

Cuidaos / Zaindu

lunes, 3 de diciembre de 2018

Presentación en Madrid del cuento "Cuando mi corazón tiembla", diseñado para explicar a los niños la separación de los padres y seres queridos.

Presentación en Madrid del cuento

"Cuando mi corazón tiembla"

José Luis Gonzalo Marrodán, autor.
María Jesús Santos Heredero, ilustradora
Mercedes Bermejo Boixareu, directora de la colección Senticuentos

Sábado, 15 de diciembre
12,30h
En la Librería Lé
Paseo de la Castellana, 154
Madrid




Desde el 14 noviembre de 2018, disponible en librerías.
Publicado también en catalán y euskera.
Para niños/as entre 3 y 10 años

Es para mi un motivo de inmensa alegría y satisfacción anunciaros la publicación del cuento “Cuando mi corazón tiembla”, relato breve que es resultado de las sinergias surgidas en un grupo de trabajo formado por la directora de la Colección Senticuentos -a la que pertenece este-, Mercedes Bermejo, psicóloga, María Jesús Santos Heredero, ilustradora, y el autor de este blog, a quien, a estas alturas, sabéis de sobra quién soy.

El cuento está ideado para explicar la separación de los padres u otros adultos queridos a los niños/as, pero también para que aquéllos sean conscientes de lo que realmente supone un acontecimiento de esta naturaleza en la vida de una persona menor de edad. Siempre, exprese como lo exprese el niño/a, conlleva dolor. Lo que queremos es que no se convierta en un suceso que devenga en traumático.

La Colección Senticuentos tiene como finalidad ofrecer a los niños/as y a los padres y educadores un material que sirva como herramienta de comunicación para poder ayudarles a abordar temas emocionalmente complejos y/o dolorosos, sabiendo que el acompañamiento y la capacidad de sintonizar del adulto con el niño/a es fundamental e insustituible. El cuento fomenta el diálogo y la interacción con el niño/a haciéndole preguntas e invitándole a expresarse mediante el dibujo o el uso de pegatinas. 

Uno de los temas que a la editorial le preocupa es la separación de los padres o de figuras adultas queridas para los niños/as. Hay un número alto de divorcios conflictivos e incluso advierten de la judicialización de los mismos, viviendo los niños/as un estrés crónico que puede afectar a su desarrollo psicológico e incluso neurobiológico. El estrés excesivo continuado -que los padres o adultos significativos se peleen y/o instrumentalicen al niño/a en el conflicto, es de los peores estresores- está demostrado científicamente que, a la larga, puede alterar el funcionamiento cerebral porque la hormona del estrés que se segrega, el cortisol, en grandes cantidades, es tóxica para el mismo.

El diario ABC, recientemente, en septiembre de 2018, dice en un titular que “Los jueces están actuando como terceros padres” “Los jueces están actuando como terceros padres y se está produciendo un colapso de los juzgados especializados en Familia y de Instancia. Así lo afirma la presidenta de la Asociación Española de Abogados de Familia (AEAFA), María Dolores Lozano, quien asegura que está teniendo lugar una judicialización de la vida familiar y cotidiana.

Hay ex-parejas que parecen funcionar a golpe de decisión del juez, pero es necesario que hagan un esfuerzo en intenten consensuar y negociar un acuerdo antes de acudir a la vía judicial, afirma María Dolores Lozano. Estas personas deberían tener en cuenta el altísimo impacto emocional que estas crisis familiares causan tanto en los hijos como en las partes implicadas…”

Cuando me invitaron a participar en este proyecto emocional, la idea central que yo transmití al equipo de trabajo fue la necesidad de que el niño/a lector/a se sintiera automáticamente identificado con lo que le podía estar sucediendo y comprendiera, gracias a los dibujos y a lo sencillo, pero claro y directo del texto, lo que puede sentir -y cómo reacciona- en una situación familiar de ese tipo. También mi pretensión era transmitir la imperiosa necesidad de que el adulto o los padres que lean el cuento sean capaces de tomar conciencia de que deben de ver al niño/a, mentalizarlo (darse cuenta de que es un ser humano que tiene emociones, ideas, deseos, sueños… en suma, necesidades) para poder empatizar con él/ella. Que el adulto no se quede con las alteraciones de conducta u otras respuestas a través de las cuales los niños/as suelen expresar el dolor emocional, o que no mentalice estas conductas atribuyendo a las mismas un significado distorsionado y valore con una etiqueta culpabilizadora a aquéllos; o simplemente se quede con las conductas observables y las censure, castigue o ignore, con lo que esto conlleva de señalar al niño/a como foco del problema o conflicto, o dejarle en un vacío y en una soledad angustiosa con todo lo que puede sentir... Los niños/as a través de las conductas expresan sus necesidades o emociones, y en el caso de un divorcio lo harán de la manera en la que puedan (no siempre pueden elegir cómo reaccionan) y que se muestran en el cuento: agresividad, desconexión, aislamiento…

Hay algo en la mente del niño diferenciado de la nuestra como padres o adultos.

Teníamos claro todos los miembros del equipo que era importante despertar la ternura y sentir una infinita empatía por el niño/a. Para ello, qué mejor que remover las propias emociones y poner de uno mismo en lo que hace. Y si es en un encuentro con el propio pasado, mucho mejor, una nueva oportunidad de poder volver a mirar al niño interior con ojos de amor. Decidimos, en el equipo, que el niño protagonista del cuento se llamara Koke: es precisamente cómo me llaman a mi en mi casa, y también mis amigos de la cuadrilla, y cómo soy conocido en los grupos en los que de joven, me moví, esto es, mi apodo. Decidimos, además, que María Jesús Santos, una maga de la ilustración, dibujara al personaje de Koke en base a fotografías que yo le entregara. De ahí lo de mi encuentro con mi niño interior, yendo al álbum familiar en una nueva oportunidad para reelaborar la propia biografía. ¡Emotivo viaje!

Koke no podía no tener, inicialmente, a nadie que no supiera lo que sufría con la separación de sus padres; es por ello por lo que decidimos que una amiga le apoyara. Y para eso creamos a Janire, el nombre de mi ahijada. Su personaje fue creado en base a las fotografías que de ella de niña proporcioné a María Jesús. Una maravilla sus creaciones.

También, para hacerlo más entrañable aún, situamos una de las primeras escenas en un lugar para mí afectivamente cargado de manera positiva, y grávido de honduras y recuerdos plenos de sensaciones físicas placenteras, con la nostalgia que evocar conscientemente siempre conlleva: La Playa de La Concha, La Playa de mi vida -y de  todos y todas los y las donostiarras e incluso foráneos enamorados de la misma- donde fui con mis padres, mis abuelos, mis amigos, amigas, mi novia, mis compañeros de Facultad en la fiesta de paso del ecuador de carrera, colegas de otras ciudades, amigos/as de otras ciudades… Y sigo yendo… También en esa barandilla famosa de la bahía uno se apoya para ver atardecer, amanecer, reflexionar, serenarse, calmar su ansiedad o tristeza...

De este modo, María Jesús Santos Heredero, gracias a sus magníficas neuronas espejo, se fue contagiando de este ambiente y estas proyecciones personales y logró crear a los personajes con una expresión y en unas situaciones familiares que despiertan ternura e infinitas ganas de cuidarles, y proteger al niño protagonista y decirle: “yo te veo”

En el cuento, mediante un relato breve pero a la vez claro y sencillo, accesible a los niños/as, se pone de relieve que los padres se separan: las reacciones del niño/a, la actitud incorrecta y perjudicial de estos, lo invasivo que es el juzgado, los sentimientos del niño/a (ahondando, con bellas metáforas, en forma de dibujos, en la necesidad de ser capaces de leer qué hay detrás de la conducta que se manifiesta), cómo los padres piden ayuda profesional (aparezco dibujado yo como psicólogo con mi caja de arena) y el cambio de actitud de los progenitores: de distante, racional y no mentalizadora a cercana afectivamente, sintonizada y siendo capaces de interpretar adecuadamente qué expresa el niño/a mediante sus conductas y reacciones. 

Por todo ello, para incidir con intensidad en la necesidad de que en el proceso de separación el niño/a debe ser visto, reconocido y sentido (como afirma la psicóloga Ana Gómez) por ambos padres, creé la metáfora de la lupa. El mensaje para los padres es que deben ser conscientes, como digo, de que hay que mentalizar al niño/a (ir más allá de lo que muestra en su conducta y saber leer que tras o mediante la misma se expresan necesidades y emociones): ver su mundo interno y recogerlo con empatía. La lupa puede agrandar y ver mejor al niño o joven a este nivel.

En el cuento, el conejito llamado Txuri, que está siempre al lado de Koke (el protagonista), simboliza la necesidad de ser conscientes de que el niño/a necesita ser sentido para sentirse seguro en un momento de su vida crítico e inestable. Representa la seguridad y la permanencia que los niños/as precisan para su buen desarrollo. Pese a la separación, el niño o joven necesita sentir que su entorno y la disponibilidad de sus progenitores cambia lo menos posible y permanece inalterable porque sus padres estarán junto a ellos. Txuri es el nombre del conejito en el cuento y en la realidad lo fue de un peluche, objeto transicional, que acompañaba a mi ahijada de bebé y de niña.

El cuento se completa con unas recomendaciones para los padres o seres queridos del niño/a escritas por mi con el fin de que tengan en cuenta cuáles son las cuestiones fundamentales en un proceso de separación y a qué tienen que atender, dar respuesta y cómo hacerlo.

Todo esto es fruto del excelente trabajo que como equipo hemos hecho. Mercedes Bermejo coordinaba el plan de creación del cuento y los pasos a seguir, tomando notas de todo y haciendo una primera redacción a la que fuimos contribuyendo. Quien suscribe estas líneas, se ha encargado de transmitir las ideas cruciales que el cuento debe de incorporar, los conceptos psicológicos subyacentes: el vínculo de apego debe de preservarse, la mentalización (ver, sentir y reconocer al niño/a), las reacciones psicobiológicas ante el sufrimiento, la posible instrumentalización del niño/a, la inversión de roles, satisfacer las necesidades del niño/a y el rol parental que deben de ejercer los padres) Y, finalmente, María Jesús Santos Heredero ha hecho unas ilustraciones fascinantes y ha llevado a las imágenes y a los dibujos la fuerza expresiva que yo buscaba: los afectos, las reacciones y la empatía hacia Koke, de tal modo que sensorialmente uno queda cautivado por el cuento. María Jesús lo ha ilustrado conforme le iba indicando y según lo que necesitábamos transmitir al niño/a y a los padres en cada página.

Finalmente, el título: “Cuando mi corazón tiembla”, poniendo el énfasis en que la fisiología del niño/a se ve afectada en una situación de este tipo, todo el ser y sentir del niño/a se van a convulsionar cuando para él sus padres, su casa y su mundo se resquebrajan. Desde sus entrañas.

Hemos puesto el acento en que la separación de los padres u otros adultos queridos no es baladí. Si los padres no actúan con sensibilidad y empatía hacia el niño/a, el riesgo de que sea una separación traumática es alta, con los riesgos que conlleva de vulnerabilidad a problemas y trastornos psicobiológicos en un futuro. 

En vuestras manos ponemos este instrumento elaborado con todo el cariño y sabiduría que hemos sido capaces de transmitir. Esperemos que penséis como nosotros/as: que lo hemos logrado. Vosotros/as lo diréis. Ojalá sirva para que muchos padres y adultos significativos no conscientes de lo que supone una separación para los niños/as, lo sean a partir de leer este material. 

El cuento se publica en castellano, catalán y euskera. 

Os invitamos a las presentaciones que tendrán lugar en Barcelona, el jueves 15 de noviembre, en la Librería PANGEA, en la Rambla de Catalunya, 23, a las 18,30h. Nos acompañarán Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan. 

Y en San Sebastián, el jueves 22 de noviembre, a las 19,00h en la FNAC, en la calle Urbieta, 9.

¡Os esperamos a todos/as con mucha ilusión!