lunes, 10 de octubre de 2011

Orientaciones para tratar a los niños con apegos disfuncionales en base al mindsight

Vuelvo con el maravilloso libro de Siegel titulado Mindsight y, a partir del mismo, hago un ejercicio de elaboración personal dirigido a ofreceros orientaciones prácticas en el trabajo y educación diaria de los niños y adolescentes acogidos u adoptados.


Las alteraciones del apego (una relación primaria que ha resultado dañina emocionalmente para el niño) hacen referencia a los apegos disfuncionales que el niño ha podido desarrollar para adecuarse al patrón de relación que los cuidadores han establecido. Son apegos disfuncionales pero para el infante han cumplido la misión de poder sobrevivir en el entorno familiar en el que aquél haya crecido.

 

En el apego seguro hay una pauta de comunicación en la que los padres o cuidadores sintonizan con las necesidades de los niños y las atienden con rapidez y sensibilidad. El niño interioriza a la figura de apego y la siente como disponible para recurrir a ella en caso de necesidad (peligros, amenazas, protección, seguridad, afecto…) Desarrolla la expectativa de unos adultos coherentes y cercanos para satisfacer sus necesidades. Interioriza la confianza en sí mismo. Un patrón de apego seguro se caracteriza por una coherencia y un cerebro desarrollado de manera integrada. La información fluye y se produce una sintonización con unos padres o cuidadores que conectan. Esa conexión es la de sentirse sentido y ambos cerebros (los de los padres o cuidadores y el del niño) se alinean. Es un wifi neuronal conectado: esa magia de contactos, caricias, interacciones estímulo/respuesta, juegos, risas que se amplifican... Una retroalimentación comunicacional que produce la maravillosa experiencia del sentirse unido a alguien en seguridad. Todo el cerebro participa en esta sinfonía (el izquierdo y el derecho) y las conexiones neuronales se fortalecen preparando al niño para la exploración, el desarrollo de sus capacidades y su autonomía. Una sinfonía que permitirá que el niño se vaya constituyendo en un ser auto-regulado porque fue, primero, regulado por otros.  En este caso, comparando el cerebro con un río, tal y como Siegel propone en el libro Mindsight, el agua fluye y no se atasca en ninguna de sus dos riberas.
Cuando el apego que se desarrolla para adaptarse y poder mantener a la figura de apego dentro de un límite de relación que garantice su presencia no tóxica es evitativo, el niño tiende a desconectarse de la relación, a retirarse, y crece desarrollando una escasa conciencia de sus emociones. Las emociones y la conciencia corporal de las mismas es baja. Se maximiza la independencia, la racionalidad y la minimización (incluso desprecio) de la importancia del vínculo íntimo con los otros. Niños que no suelen presentar un bajo desarrollo, que tienen a oponerse a hablar sobre sí mismos y sus sentimientos (prefieren centrarse en lo funcional: el deporte, los juegos…) Aparentemente autosuficientes, mostrando una pseudo-seguridad queriendo hacer creer que no necesitan ayuda. Pueden aceptar las reglas y los límites siempre y cuando no se invada su intimidad. Pueden presentar dificultad para tomar la iniciativa en la conversación o en el trabajo y suelen tener estallidos repentinos y abruptos de rabia y frustración. Normalmente, bastante obstinados en sus ideas y planteamientos. Como dice Siegel, puede existir un predominio de las funciones del hemisferio izquierdo sobre las del derecho (que son las que más se activan y conectan en las relaciones de apego seguro) porque no se ha estimulado la comunicación emocional y por lo tanto, se desconoce.
¿Cómo ayudarles? Suelen ser niños muy difíciles para trabajar y relacionarse tanto para el profesor como para los padres, educadores y terapeutas. Rechazan la conexión emocional y en muchas ocasiones pueden tener actitudes de rechazo e incluso negativas hacia quienes quieren ayudarles. Tal y como Siegel dice (comparado el cerebro con un río), las aguas del río se han acercado a una de las orillas: la de la rigidez. El niño evitativo suele ser rígido.
Una de las estrategias que yo suelo utilizar es la de respetar su necesidad de distancia. El evitativo se puede comparar a una ostra que está muy cerrada y que no se abre por temor a los peligros pero no es consciente de ello. Corta la conexión emocional (desconociendo este lenguaje e incluso, desdeñándolo) con el exterior por temor a ser dañado. Es necesario adecuarse a su necesidad de ser sentido pero desde la distancia óptima. Y poquito a poco (comprendiendo sus defensas más que yendo contra ellas o criticándolas) ir entrando en su interior mediante caminos indirectos (por ejemplo, dibujos; o contándole lo que le puede pasar a él o ella a través de una historia que le sucede a otro; o metacomunicando –“es normal que no quieras hablar de esto, lo entiendo”-; o reforzando sus tímidos avances en conexión emocional…) para, después, en la medida que vayamos sintiendo que puede abrirse al sentir, usar los más directos y ayudarle a comprender su forma de ser como un modo de protegerse ante lo que ha sufrido, comparando la defensa de la evitación con un traje, tal y como sugiere genialmente mi  admirada colega Maryorie Dantagnan. Y de este modo, sin forzar las máquinas, se irá abriendo, irá confiando, se irá acercando… Llevará tiempo, tal vez años, pero se conseguirá porque en el fondo el evitativo sabe que la vida es conexión pero ha cortado los cables. Quiere reestablecerlos pero o ya no sabe o tiene miedo. Está cómodo en su ostra e incluso desprecia conectar con otros porque no entiende qué le puede reportar eso.
El subtipo de apego ansioso-ambivalente es la otra cara de la moneda: maximiza y dramatiza las emociones todo lo que puede. La independencia se teme. En sus relaciones de apego primarias, los padres o cuidadores han sido cambiantes (ora se acercan comunicando afectivamente, ora se alejan, ora se muestran intrusivos cuando el niño necesita recogimiento interior...) No saben entrar en sintonía. No saben leer las necesidades emocionales y adecuarse a ellas; a veces, incluso perturban al niño. Por ejemplo, el padre que juega a asustar a su hijo cuando éste le expresa un temor y necesita calma y que le tranquilicen. El padre no lee que eso atemoriza al niño y se centra en su necesidad de que se haga fuerte y un hombre y le deja solo en su habitación a oscuras.  Los padres por su cambiante comportamiento y reacciones ante el niño, se tornan impredecibles para éste. El niño crece con una gran inseguridad acerca de si sus necesidades serán satisfechas o no. Y desarrolla una gran incertidumbre acerca de si será suficientemente querido o no. Una de las pautas culturales respecto a la crianza de los bebés decía que había que dejar que éstos lloraran hasta reventar porque cogerles y calmarlos era perjudicial, les hacía caprichosos. Todo lo contrario: es pernicioso y dañino y he observado a adultos ansioso-ambivalentes que pasaron, en su infancia, por este tipo de pautas inadecuadas
El niño ansioso-ambivalente tiende a ser hiperdemandante y necesita continuas muestras de atención. Cuando no se las proporcionan, puede llamarla de muchas maneras, inclusive las que supongan quebrar las reglas. Las personas pueden pasar de ser idealizadas a ser devaluadas en breve intervalo de tiempo (si se le frustra, seremos los peores) Las confrontaciones con la realidad no las vive bien. Niños seductores, que saben ser habilidosos para atraerse al adulto. Son insistentes en sus propuestas o peticiones y les cuesta tolerar la frustración (pueden tener respuestas agresivas intensas; pero a la vez, estas tormentas se pasan y están abiertos a la reparación porque temen el rechazo o la pérdida del adulto. Son muy frágiles, en realidad) Temen mucho las separaciones con las figuras de apego (hay que ser especialmente sensibles con esto) y cualquier comentario puede ser interpretado como que se le rechaza o no se le quiere. Sus dibujos y juegos pueden estar cargados de contenidos afectivos (pérdida, soledad, tristeza, falta de valía, visión injusta del mundo…) Este niño ha de vivir durante mucho tiempo la consistencia y el afecto con límites claros de sus padres para que desconfirme estas expectativas guardadas en su memoria.
Con estos niños suelo hacer una alianza (encuadre de trabajo) de tal manera que la relación nunca se cuestionará ni se pondrá en entredicho en mi labor con ellos. Las conductas negativas o de falta de respeto no se tolerarán. También tengo muy en cuenta hacer predecible el entorno y mis reacciones (siendo consistente: no aceptando un día una norma y otro día no permitiéndola): calma y serenidad, actitud tranquila pero firme ante sus tormentas emocionales ante la frustración. Mantenerme en que le aprecio pero no puedo consentir lo que me plantea porque hemos acordado que así sea (por ejemplo, cuando les conviene transgredir una norma en un juego porque les beneficia) La estructura que les rodea debe ser firme y sólida, pero a la par cálida. Difícil de conjugar, no lo ponen fácil pero no olvidemos que no saben regular sus emociones: han caído en el otro lado de la ribera del río: su mente y cerebro es caótico. Por ello, así como un evitativo necesita técnicas que puedan ir despertando sus emociones, un ansioso-ambivalente necesita un adulto firme y empático pero que no caiga en las redes de la manipulación que nos tejen a veces fruto de sus carencias. A la vez, debe ser un adulto que le ayude a desarrollar más el lado izquierdo del cerebro: a poner palabras y desarrollar contenidos cognitivos (de pensamiento) que ordenen todo el caos emocional.

Solamente subrayar que el perfil que he trazado de los niños evitativos y ansioso-ambivalentes es prototípico, basándome en mi conocimiento de ellos a través de la psicoterapia. Cada niño es único y puede presentar unas características u otras. También remarcar que los estilos de apego, aunque tienden a la estabilidad, no son inmutables y pueden evolucionar a lo largo del tiempo por las influencias del entorno. Además, señalar que el apego influye pero no determina como único factor, como sostiene la profesora y experta en el tema María Josefa Lafuente, de la Universidad de Valencia. Seamos cautos con los determinismos y las etiquetas.


Nos queda hablar del apego desorganizado. Tendremos tema para otro día.
Espero que os haya sido de utilidad, y espero también vuestros comentarios, que, como siempre, leeré gustosamente.

4 comentarios:

Setembro dijo...

Me ha gustado mucho tu entrada. Resultan muy claras tus explicaciones. Un saludo y gracias por tu trabajo.

José Luis Gonzalo Marrodán. dijo...

Muchas gracias, me alegra mucho y me anima a seguir. Un saludo cordial.

raquel dijo...

Hola Jose Luis es una gozada tu blog.Estoy especialmente interesada en lo relativo al trastorno ansioso ambivalente(mi hijo reune todas las caracteristicas).Me resulta difícil de concretar en el dia a dia ,negativa tras negativa,rechazo tras rechazo,¿lo calmo?¿como educar cuando ante un tono de voz elevado se siente herido?Mil situaciones ante las que me faltan pautas. Gracias de antemano por tu respuesta y por mostrarnos el oceáno de los buenos tratos

José Luis Gonzalo Marrodán. dijo...

Hola Raquel: Gracias por tus palabras. Hablando de este esquema de relación (no de tu hijo en particular pues no lo conozco), este tipo de niños con este perfil de apego necesitan sentir que se les aprecia y quiere incondicionalmente pero a la vez debemos de dotarles de una estructura clarificando con ellos lis limites y las normas. Un ejemplo de esto puede ser el niño que cuando no le damos lo que quiere, monta una rabieta. Es necesario calmarle con las palabras pero a la vez si hemos acordado no darle lo que pide, mantenernos firmes. Este tipo de Ninos han estado sometidos a lx inconsistencia afectiva y normativa de sus cuidadores, por lo que necesitan padres que sean amables, que les tranquilicen con las palabras y el tono de voz pero a la vez firmeza y consistencia en sus decisiones y reacciones. En una guía para padres adoptivos que vamos a publicar la primera semana de noviembre, hablamos de este perfil. Un saludo muy cordial .