Vuelvo con el maravilloso libro de Siegel titulado Mindsight y, a partir
del mismo, hago un ejercicio de elaboración personal dirigido a ofreceros
orientaciones prácticas en el trabajo y educación diaria de los niños y
adolescentes acogidos u adoptados.
Las alteraciones del apego (una relación primaria que ha resultado dañina
emocionalmente para el niño) hacen referencia a los apegos disfuncionales que el niño ha podido
desarrollar para adecuarse al patrón de relación que los cuidadores han
establecido. Son apegos disfuncionales pero para el infante han cumplido la misión
de poder sobrevivir en el entorno familiar en el que aquél haya crecido.
En el apego seguro hay una pauta de comunicación en la que
los padres o cuidadores sintonizan con las necesidades de los niños y las
atienden con rapidez y sensibilidad. El niño interioriza a la figura de apego y
la siente como disponible para recurrir a ella en caso de necesidad (peligros,
amenazas, protección, seguridad, afecto…) Desarrolla la expectativa de unos
adultos coherentes y cercanos para satisfacer sus necesidades. Interioriza la
confianza en sí mismo. Un patrón de apego seguro se caracteriza por una
coherencia y un cerebro desarrollado de manera integrada. La información fluye
y se produce una sintonización con unos padres o cuidadores que conectan. Esa
conexión es la de sentirse sentido y ambos cerebros (los de los padres o
cuidadores y el del niño) se alinean. Es un wifi neuronal conectado: esa magia
de contactos, caricias, interacciones estímulo/respuesta, juegos, risas que se
amplifican... Una retroalimentación comunicacional que produce la maravillosa
experiencia del sentirse unido a alguien en seguridad. Todo el cerebro
participa en esta sinfonía (el izquierdo y el derecho) y las conexiones
neuronales se fortalecen preparando al niño para la exploración, el desarrollo
de sus capacidades y su autonomía. Una sinfonía que permitirá que el niño se
vaya constituyendo en un ser auto-regulado porque fue, primero, regulado por
otros. En este caso, comparando el
cerebro con un río, tal y como Siegel propone en el libro Mindsight, el agua fluye y no se atasca en
ninguna de sus dos riberas.
Cuando el apego que se desarrolla para adaptarse y poder
mantener a la figura de apego dentro de un límite de relación que garantice su
presencia no tóxica es evitativo, el niño tiende a desconectarse de la relación, a
retirarse, y crece desarrollando una escasa conciencia de sus emociones. Las
emociones y la conciencia corporal de las mismas es baja. Se maximiza la independencia,
la racionalidad y la minimización (incluso desprecio) de la importancia del
vínculo íntimo con los otros. Niños que no suelen presentar un bajo desarrollo,
que tienen a oponerse a hablar sobre sí mismos y sus sentimientos (prefieren
centrarse en lo funcional: el deporte, los juegos…) Aparentemente autosuficientes,
mostrando una pseudo-seguridad queriendo hacer creer que no necesitan ayuda. Pueden
aceptar las reglas y los límites siempre y cuando no se invada su intimidad. Pueden
presentar dificultad para tomar la iniciativa en la conversación o en el
trabajo y suelen tener estallidos repentinos y abruptos de rabia y frustración.
Normalmente, bastante obstinados en sus ideas y planteamientos. Como dice
Siegel, puede existir un predominio de las funciones del hemisferio izquierdo
sobre las del derecho (que son las que más se activan y conectan en las
relaciones de apego seguro) porque no se ha estimulado la comunicación emocional
y por lo tanto, se desconoce.
¿Cómo ayudarles? Suelen ser niños muy difíciles para
trabajar y relacionarse tanto para el profesor como para los padres, educadores
y terapeutas. Rechazan la conexión emocional y en muchas ocasiones pueden tener
actitudes de rechazo e incluso negativas hacia quienes quieren ayudarles. Tal y
como Siegel dice (comparado el cerebro con un río), las aguas del río se han
acercado a una de las orillas: la de la rigidez. El niño evitativo suele ser
rígido.
Una de las estrategias que yo suelo utilizar es la de
respetar su necesidad de distancia. El evitativo se puede comparar a una ostra
que está muy cerrada y que no se abre por temor a los peligros pero no es
consciente de ello. Corta la conexión emocional (desconociendo este lenguaje e
incluso, desdeñándolo) con el exterior por temor a ser dañado. Es necesario adecuarse
a su necesidad de ser sentido pero desde la distancia óptima. Y poquito a poco
(comprendiendo sus defensas más que yendo contra ellas o criticándolas) ir
entrando en su interior mediante caminos indirectos (por ejemplo, dibujos; o
contándole lo que le puede pasar a él o ella a través de una historia que le
sucede a otro; o metacomunicando –“es normal que no quieras hablar de esto, lo
entiendo”-; o reforzando sus tímidos avances en conexión emocional…) para, después,
en la medida que vayamos sintiendo que puede abrirse al sentir, usar los más
directos y ayudarle a comprender su forma de ser como un modo de protegerse ante lo que
ha sufrido, comparando la defensa de la evitación con un traje, tal y como
sugiere genialmente mi admirada colega
Maryorie Dantagnan. Y de este modo, sin forzar las máquinas, se irá abriendo,
irá confiando, se irá acercando… Llevará tiempo, tal vez años, pero se
conseguirá porque en el fondo el evitativo sabe que la vida es conexión pero ha
cortado los cables. Quiere reestablecerlos pero o ya no sabe o tiene miedo. Está cómodo en su ostra e incluso desprecia conectar con otros porque no entiende qué le puede reportar eso.
El subtipo de apego ansioso-ambivalente es la otra cara de
la moneda: maximiza y dramatiza las emociones todo lo que puede. La
independencia se teme. En sus relaciones de apego primarias, los padres o
cuidadores han sido cambiantes (ora se acercan comunicando afectivamente, ora
se alejan, ora se muestran intrusivos cuando el niño necesita recogimiento
interior...) No saben entrar en sintonía. No saben leer las necesidades
emocionales y adecuarse a ellas; a veces, incluso perturban al niño. Por ejemplo, el padre que
juega a asustar a su hijo cuando éste le expresa un temor y necesita calma y que le tranquilicen. El
padre no lee que eso atemoriza al niño y se centra en su necesidad de que se haga fuerte y un hombre y le deja solo en su habitación a oscuras. Los padres por su cambiante comportamiento y reacciones ante el niño, se tornan impredecibles para éste. El niño
crece con una gran inseguridad acerca de si sus necesidades serán satisfechas o
no. Y desarrolla una gran incertidumbre acerca de si será suficientemente
querido o no. Una de las pautas culturales respecto a la crianza de los bebés decía que había que dejar que éstos lloraran hasta reventar porque cogerles y calmarlos era perjudicial, les hacía caprichosos. Todo lo contrario: es pernicioso y dañino y he observado a adultos ansioso-ambivalentes que pasaron, en su infancia, por este tipo de pautas inadecuadas
El niño ansioso-ambivalente tiende a ser hiperdemandante y necesita continuas
muestras de atención. Cuando no se las proporcionan, puede llamarla de muchas
maneras, inclusive las que supongan quebrar las reglas. Las personas pueden
pasar de ser idealizadas a ser devaluadas en breve intervalo de tiempo (si se
le frustra, seremos los peores) Las confrontaciones con la realidad no las vive
bien. Niños seductores, que saben ser habilidosos para atraerse al adulto. Son
insistentes en sus propuestas o peticiones y les cuesta tolerar la frustración
(pueden tener respuestas agresivas intensas; pero a la vez, estas tormentas se
pasan y están abiertos a la reparación porque temen el rechazo o la pérdida del
adulto. Son muy frágiles, en realidad) Temen mucho las separaciones con las figuras de apego (hay que ser
especialmente sensibles con esto) y cualquier comentario puede ser interpretado
como que se le rechaza o no se le quiere. Sus dibujos y juegos pueden estar
cargados de contenidos afectivos (pérdida, soledad, tristeza, falta de valía,
visión injusta del mundo…) Este niño ha de vivir durante mucho tiempo la consistencia y el afecto con límites claros de sus padres para que desconfirme estas expectativas guardadas en su memoria.
Con estos niños suelo hacer una alianza (encuadre de trabajo) de tal
manera que la relación nunca se cuestionará ni se pondrá en entredicho en mi
labor con ellos. Las conductas negativas o de falta de respeto no se
tolerarán. También tengo muy en cuenta hacer predecible el entorno y mis
reacciones (siendo consistente: no aceptando un día una norma y otro día no
permitiéndola): calma y serenidad, actitud tranquila pero firme ante sus
tormentas emocionales ante la frustración. Mantenerme en que le aprecio pero no
puedo consentir lo que me plantea porque hemos acordado que así sea (por ejemplo,
cuando les conviene transgredir una norma en un juego porque les beneficia) La
estructura que les rodea debe ser firme y sólida, pero a la par cálida. Difícil
de conjugar, no lo ponen fácil pero no olvidemos que no saben regular sus
emociones: han caído en el otro lado de la ribera del río: su mente y cerebro
es caótico. Por ello, así como un evitativo necesita técnicas que puedan ir
despertando sus emociones, un ansioso-ambivalente necesita un adulto firme y
empático pero que no caiga en las redes de la manipulación que nos tejen a
veces fruto de sus carencias. A la vez, debe ser un adulto que le ayude a desarrollar más el lado
izquierdo del cerebro: a poner palabras y desarrollar contenidos cognitivos (de
pensamiento) que ordenen todo el caos emocional.
Solamente subrayar que el perfil que he trazado de los niños evitativos y ansioso-ambivalentes es prototípico, basándome en mi conocimiento de ellos a través de la psicoterapia. Cada niño es único y puede presentar unas características u otras. También remarcar que los estilos de apego, aunque tienden a la estabilidad, no son inmutables y pueden evolucionar a lo largo del tiempo por las influencias del entorno. Además, señalar que el apego influye pero no determina como único factor, como sostiene la profesora y experta en el tema María Josefa Lafuente, de la Universidad de Valencia. Seamos cautos con los determinismos y las etiquetas.
Nos queda hablar del apego desorganizado. Tendremos tema para otro día.
Solamente subrayar que el perfil que he trazado de los niños evitativos y ansioso-ambivalentes es prototípico, basándome en mi conocimiento de ellos a través de la psicoterapia. Cada niño es único y puede presentar unas características u otras. También remarcar que los estilos de apego, aunque tienden a la estabilidad, no son inmutables y pueden evolucionar a lo largo del tiempo por las influencias del entorno. Además, señalar que el apego influye pero no determina como único factor, como sostiene la profesora y experta en el tema María Josefa Lafuente, de la Universidad de Valencia. Seamos cautos con los determinismos y las etiquetas.
Nos queda hablar del apego desorganizado. Tendremos tema para otro día.
Espero que os haya sido de utilidad, y espero también vuestros
comentarios, que, como siempre, leeré gustosamente.
4 comentarios:
Me ha gustado mucho tu entrada. Resultan muy claras tus explicaciones. Un saludo y gracias por tu trabajo.
Muchas gracias, me alegra mucho y me anima a seguir. Un saludo cordial.
Hola Jose Luis es una gozada tu blog.Estoy especialmente interesada en lo relativo al trastorno ansioso ambivalente(mi hijo reune todas las caracteristicas).Me resulta difícil de concretar en el dia a dia ,negativa tras negativa,rechazo tras rechazo,¿lo calmo?¿como educar cuando ante un tono de voz elevado se siente herido?Mil situaciones ante las que me faltan pautas. Gracias de antemano por tu respuesta y por mostrarnos el oceáno de los buenos tratos
Hola Raquel: Gracias por tus palabras. Hablando de este esquema de relación (no de tu hijo en particular pues no lo conozco), este tipo de niños con este perfil de apego necesitan sentir que se les aprecia y quiere incondicionalmente pero a la vez debemos de dotarles de una estructura clarificando con ellos lis limites y las normas. Un ejemplo de esto puede ser el niño que cuando no le damos lo que quiere, monta una rabieta. Es necesario calmarle con las palabras pero a la vez si hemos acordado no darle lo que pide, mantenernos firmes. Este tipo de Ninos han estado sometidos a lx inconsistencia afectiva y normativa de sus cuidadores, por lo que necesitan padres que sean amables, que les tranquilicen con las palabras y el tono de voz pero a la vez firmeza y consistencia en sus decisiones y reacciones. En una guía para padres adoptivos que vamos a publicar la primera semana de noviembre, hablamos de este perfil. Un saludo muy cordial .
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