¿Cómo influyen las experiencias vividas con nuestros padres, madres, cuidadores en el desarrollo de la personalidad?: Actitudes parentales que fomentan una buena resiliencia.
Ponente:
José María Herrera
Economista y psicólogo. Master de Psicoterapia Individual y de Grupo
Modera:
Eva Gispert, Directora y Socia Fundadora del Instituto Familia y Adopción
Las experiencias vividas con nuestras personas significativas (padres, madres, cuidadores, etc…) constituyen el eje del desarrollo de nuestra personalidad. En función del tipo de relación que tengamos desarrollaremos una determinada percepción de nosotros mismos, del entorno, y de los otros, que condicionarán nuestra conducta a lo largo de la vida.
Cuando estas relaciones significativas no han proporcionado las condiciones adecuadas para construir una identidad sana y adaptada al entorno, tanto un niño como un adulto necesitamos encontrar nuevas relaciones en las que sí se den las actitudes y elementos necesarios para reparar el dolor vivido.
En esta Charla-coloquio aprenderemos cómo se construye la personalidad, y qué condiciones debe contener una relación significativa para que este proceso sea efectivamente un sostén en el desarrollo sano de una persona. Y daremos respuesta a las preguntas que tengáis al respecto.
Os recuerdo éste interesante seminario para aprender a utilizar la técnica de la caja de arena. Es una oportunidad para aprender vivencialmente una técnica fascinante, con un encanto y con un enorme potencial para poder contribuir a la sanación emocional de las personas traumatizadas. Tendrá lugar el 1 de junio de 2014, domingo, en el Centro de Psicoterapia UmayQuipa de Madrid, el cual es dirigido por la psicóloga Loretta Cornejo. Vamos ya por la quinta edición de este seminario, que siempre tiene una fenomenal acogida. Las plazas son limitadas pues se necesita un grupo pequeño donde todos los participantes aprendan los conceptos básicos y sobre todo practiquen la técnica. El Seminario es práctico y vivencial. Trataremos de llevar a la práctica los contenidos y metodologías del libro que he publicado el año pasado titulado: "Construyendo puentes. La técnica de la caja de arena (sandtray) Editorial Desclée de Brouwer"
La técnica fue desarrollada por dos autoras: Dora Kalff y Margaret Lowenfeld y hunde sus raíces en la teoría jungiana. No obstante, la técnica también puede concebirse como un método dentro de la terapia de juego. Al primer enfoque se le llama sandplay. Y a este segundo, sandtray. En este Seminario nos centraremos en el sandtray.
La técnica consiste en la elaboración de mundos o escenas utilizando miniaturas diversas (hay que proveer al paciente de una muestra representativa de todos los seres animados e inanimados que existen en el mundo externo así como en su imaginario) que se colocan en la superficie de una bandeja (de unas proporciones determinadas) cubierta de arena hasta aproximadamente la mitad de su cabida.
La técnica me parece la más idónea para trabajarcontenidos traumáticos cuando existen bloqueos emocionales que impiden al niño la verbalización. O para niños que no son hábiles o presentan un retraso del lenguaje de etiología diversa. El juego, por lo general, es el lenguaje del niño y aporta una narrativa que le permite liberar, expresar y simbolizar, desarrollando sentimientos de control, lo que le sucede y lo que vive en su interior. El modelo teórico en el que insertamos la aplicación de la técnica se basa en el trauma, el apego y la resiliencia.
Los niños, generalmente, no dominan el lenguaje verbal como lo pueden hacer los adultos. Jugar con ellos, en cambio, es acercarse a la manera que tienen de hablar y contar. La caja de arena podría insertarse dentro de este propósito porque implica un lenguaje no verbal que aporta numerosos símbolos universales, y al niño se le hace fácil y accesible.
Pero la técnica no sólo son los símbolos (muñecos, figuritas, miniaturas y todos aquellos elementos que también se convierten en símbolos como casas, puentes, árboles, vehículos, etc.) que equivaldrían a las palabras del diccionario. Es también una escenificación de todos esos elementos en la bandeja que suponen la gramática de la técnica.
El niño, además, se sitúa en una postura que le convierte en sujeto que crea y construye (visión muy resiliente): un mundo imaginario, una escena, una historia, un cuento, una secuencia… Y la gramática supone narrar. Y ya sabemos la importancia que la narrativa tiene sobre todo para los niños que necesitan reconstruir su historia. Especialmente cuando lo que se narra está cargado de emociones dolorosas que permanecen disociadas, como es el caso de los niños traumatizados por la violencia u otros acontecimientos duros y sobrecargantes para la mente en desarrollo. La técnica ayuda a la integración del trauma.
En este Seminario, eminentemente práctico, pretendemos:
OBJETIVOS
Conocer los orígenes de la técnica, hacer un poco de historia.
Perfilar para quiénes está indicada esta técnica.
Aprender los pasos en la conducción de una sesión con la técnica de la caja de arena.
Explicar cuál debe ser la actitud del terapeuta.
Alcances y límites de la técnica.
La metodologíacomprende la elaboración de cajas de arena por parte de los alumnos, aprendiendo los pasos en la aplicación y conducción de una sesión junto con breves exposiciones teóricas y el visionado de vídeos con casos prácticos reales.
Dirigido a: Psicólogos, psicopedagogos, psiquiatras, psicoterapeutas, pedagogos y trabajadores sociales.
Información e inscripción en:
Fecha: 1 de junio de 2014 Precio: 160€ Horario: De 10,00h a 14,00h y de 15,30h a 18,30h
Telefax: 91 5493878
Clases en: Juan Álvarez Mendizabal 13 1ºdcha. 28008-Madrid
Continuamos esta semana con la segunda parte de este atractivo y útil tema: cómo facilitar que los niños y adolescentes puedan hablar, de manera segura y que les llegue directamente a nivel emocional, del trauma. También es un modo de honrarles pues son auténticos supervivientes, y los héroes y heroínas anónimos/as de una historia. Sus conductas, emociones y formas de entrar en relación con los demás son consecuencia de los mecanismos que tuvieron que desarrollar para poder adaptarse a entornos sumamente dañinos y que pusieron en riesgo su seguridad e integridad personales.
Vamos con las metáforas que, la pasada semana, por cuestiones de espacio, se quedaron en el tintero:
El cuento del niño de la piedra en el hombro. Me lo enseñó Maryorie Dantagnan, psicóloga y psicoterapeuta del IFIV, mi maestra. Es de gran utilidad para poder hablar y transmitir a los menores, de manera metafórica, que percibimos y sentimos su dolor interno; además, comunica de qué maneras pueden los niños hacer que la piedra (simbólicamente representa el dolor y la pesada carga del maltrato y sus consecuencias) no condicione sus vidas. Este cuento nos narra la historia de un niño que tenía una piedra en el hombro. Le hacía sentir mal, comportarse negativamente y mantener unas relaciones interpersonales insatisfactorias para él y los demás. Nadie veía esa piedra, no obstante. Ningún adulto de los que el niño visitaba o pedía consejo era capaz de verla. Con esto se está comunicando al menor lo duro que tiene que ser que nadie vea que las conductas son producto de un sufrimiento fruto de la pesada carga de la piedra (trauma) Los niños comprenden perfectamente el mensaje empático que les enviamos y se sienten comprendidos y aliviados. Un buen día, el personaje del cuento visita a una persona que ¡por fin! es capaz de ver la piedra. “¡Gracias por verla!” – le responde el menor. Y gracias a este descubrimiento y a las pautas de tratamiento que le ofrecen, el niño es capaz de librarse de ella y correr como el viento.
La analogía de la "geode".Es propuesta por Ana María Gómez (EMDR Therapy and adjunct approaches with children) Puede ayudar a los niños a ver un resultado positivo como consecuencia del trabajo sobre los eventos traumáticos de su vida. Las geodes son cavidades rocosas que en su interior están constituidas con cristales. Todas las geodes contienen formas, colores, composiciones y figuras que son únicas aunque el exterior sea rudo. La unicidad (no vista desde fuera) contenida en cada geode sólo es descubierta cuando la geode se parte en dos. Cuando las coberturas de cristal salen a la luz, se descubre su valor. Cuando nosotros miramos al trauma como a la geode, el exterior es duro, rudo. Sin embargo, lo que dentro contiene es un núcleo de posibilidades para la expansión y la transformación. Sólo cuando la acogemos encontraremos los cristales en nuestras vidas. Como resultado de experimentar el trauma y la adversidad, hemos podido aprender mentiras acerca de nosotros mismos y sobre quienes somos. Hemos podido aprender que no somos dignos de amor o que somos malos, o que no podemos esperar buenas cosas. Podemos decirles a los niños que la terapia puede ayudarnos a recuperar la verdad acerca de quiénes somos realmente. Debido a que la geode es el símbolo del trauma y de la adversidad, nosotros invitamos metafóricamente a abrir la geode de sus vidas para que puedan descubrir la verdad acerca de quiénes son realmente. Nosotros, después, descubrimos los cristales que representan el nuevo sentido del self descubierto a través del trabajo con la terapia. Esta es una poderosa analogía para niños mayores y para adolescentes, la cual puede crear el primer puente de comunicación entre el trauma y la sanación. Una vez que el niño ha completado el trabajo en la terapia, podríamos regalarle una geode como símbolo de la transformación logrado mediante el trabajo terapéutico. Una vez que el niño recibe la geode, es importante pasar por los diferentes cristales y nombrarlos con las nuevas emociones positivas, pensamientos y estados corporales descubiertos gracias al trabajo del niño en la terapia.
La analogía del archivo (informático) Esta es una excelente analogía para poder hablar del trauma con los más mayores, y honrarles. Podemos decirles: “Cuando hemos tenido sucesos malos o negativos en nuestras vidas, el cerebro crea “archivos” o “carpetas” que contienen todos los sentimientos, pensamientos y sensaciones corporales conectadas a este suceso. Cuando sufrimos acontecimientos que no son demasiado negativos, el cerebro tiene la capacidad de trabajar con estos archivos o carpetas antes de guardarlos y asegurarlos como memorias. Lo que ha sido guardado ha sido dispuesto y organizado de tal modo que permitimos que se vayan las cualidades negativas, favoreciendo quedarnos con lo bueno y pudiendo aprender de esa experiencia. Sin embargo, cuando el acontecimiento es realmente malo o ha ocurrido muchas y muchas veces, estos archivos quedan sobrecargados y el cerebro no puede hacer este trabajo de liberación. Como resultado, estos archivos están desordenados y en trozos que no pueden colocarse juntos o ser organizados por el cerebro. Distintos acontecimientos que denominamos “disparadores” pueden abrir estos archivos o hacer click en ellos (les recordamos cómo hace click la flechita en la pantalla del ordenador en un carpeta amarilla) Aquí podemos poner ejemplos de algunos de los disparadores del niño en su vida cotidiana. Cuando estos disparadores abren la carpeta, empezamos a tener otra vez los sentimientos y los pensamientos confusos, así como las reacciones corporales que solíamos tener cuando sucedió el evento negativo. Como el cerebro no ha organizado todos los trozos de estos archivos, no nos damos cuenta de que los mismos han sido abiertos. Esto hace que nos comportemos o actuemos de maneras que podrían ser demasiado fuertes (respuestas exageradas, como por ejemplo tirar los libros al suelo cuando te digo que te has equivocado en una suma de matemáticas) o demasiado débiles" (Ausencia de reacción debido a la inmovilización, como le pasaba a una niña que conocí: cuando toda la clase le dijo que estaba equivocada en su respuesta, se quedó con la mirada perdida en el aire y el cuerpo quieto, como bloqueada)
La analogía de la bolsa llena de confusión: Esta analogía es propuesta también por Ana María Gómez. Ayuda a comprender a los niños qué ocurre cuando experimentamos el trauma y los potenciales efectos negativos al reprimir estas memorias. Podemos decirles: "Cuando hemos sufrido degracias, nosotros tenemos muchos sentimientos confusos, mezclados y también muchos pensamientos de la misma naturaleza. Nosotros no nos sentimos bien en nuestra mente, cuerpo y corazón. Es como transportar maletas llenas de cosas confusas. Cuando nosotros estamos muy ocupados transportando estas maletas, no tenemos espacio en nuestro corazón, mente y cuerpo para los buenos sentimientos y pensamientos. Si trabajamos para hacer esta maleta más pequeña o incluso para liberarnos de ella, nosotros tendremos espacio para los buenos pensamientos y sentimientos"
Espero y deseo que estas analogías os ayuden a hablar y a honrar a los niños/as y jóvenes que cuidáis y con los que trabajáis día a día para que, como dice Ana María Gómez magistralmente, recuperen la verdad sobre quiénes son realmente.
Termino como siempre, con la “picada” habitual. En la página web de psiquiatría.com publican esta interesantísima noticia que avala la enorme importancia que tiene el entorno sobre la genética desde la edad bebé. Dice así: “Investigadores de la Universidad de Yale, en New Haven, Estados Unidos, han identificado un mecanismo molecular en el cerebro en desarrollo que arroja luz sobre cómo las células pueden malograrse cuando se exponen a una variedad de agresiones ambientales diferentes. Los resultados sugieren que distintos tipos de factores estresantes activan prenatalmente un detonante molecular en las células del cerebro que puede hacer a los individuos expuestos susceptibles a trastornos neuropsiquiátricos.
Los recién nacidos de madres que se expusieron durante el embarazo a cualquier factor de estrés ambiental, como trauma, enfermedad y abuso de alcohol o drogas, se vuelven susceptibles a diversos trastornos psiquiátricos que con frecuencia se presentan más adelante en la vida. Sin embargo, no ha quedado claro cómo estos factores afectan a las células del cerebro en desarrollo antes del nacimiento y dan lugar a condiciones como la esquizofrenia, el trastorno de estrés postraumático y algunas formas de autismo y trastornos bipolares.
Los científicos, cuyos resultados se publicarán en la edición del 7 de mayo de la revista ‘Neuron’, encontraron que en los embriones de ratón expuestos a alcohol, metilmercurio o traumas maternos se activa en las células del cerebro en desarrollo un único gen, HSF1 o factor de choque térmico, que protege y permite que algunas de las células del cerebro sobrevivan al ataque prenatal. Los roedores que carecen del gen HSF1 muestran anormalidades estructurales en el cerebro y son propensos a problemas después del nacimiento, incluso tras la exposición a niveles muy bajos de toxinas”
"Las células pueden malograrse cuando se exponen a una variedad de agresiones ambientales diferentes…" Este descubrimiento científico apoya aún con más fuerza la necesidad de hacer intervenciones lo más tempranamente posible, detectando los casos de familias con embarazos de riesgo para prevenir los daños al cerebro y al sistema nervioso del bebé.
A menudo los niños que presentan una historia traumática a sus espaldas -la cual comienza de manera temprana y es de carácter crónico (por ejemplo, hasta los dos, tres, cuatro… e incluso los nueve primeros años de vida)-, tienden a evitar cualquier cosa (lugar, persona, situación…) que suponga una reminiscencia de las situaciones impactantes, dañinas y sobrecargantes que sufrieron. Solamente estando en su piel sabríamos a ciencia cierta qué se siente, el dolor que soportaron -y padecen muchos de ellos aún en la actualidad-. Esto me dijo un día un joven: “Te agradezco mucho que trates de aproximarte a lo que puedo sentir, pero realmente experimentarlo como tal nunca podrás; de todos modos, no te lo aconsejo” Creo que la frase habla por sí sola.
Jorge Barudy (nuestro profesor) ha sido de los primeros en referirse a que, a estos niños, les duele el cuerpo. Y es un dolor invisible (así se titula su libro, un clásico de la literatura sobre el maltrato; Barudy ha sido mi formador en el abordaje integral del niño víctima de malos tratos y con trauma crónico y temprano) porque las cicatrices no son visibles (el dolor es emocional-corporal) Exceptuando cuando hay un maltrato físico, evidentemente. Al trauma se le denomina “la epidemia oculta” porque no siempre se sabe reconocer. Además, algunos niños suelen mostrar en ocasiones, conductas exteriorizadas (comportamiento hiperactivo, conductas desafiantes, problemas de atención…) que no les hace precisamente populares ante los demás. Reciben un feedback de padres, profesores y amigos más negativo que positivo. En realidad lo que el niño muestra son sus mecanismos defensivos (prefiero llamarlos adaptativos), esto es, lo que le permitió afrontar sin desestructurarse la adversidad (tan dañina como que sufras carencias afectivas, físicas, te abandonen emocionalmente o te traten minando tu autoestima y valía como niño. O te destrocen la confianza en el género humano abusando sexualmente de ti…) más dura. Pero el niño no tiene todavía una conciencia plena de esto. En realidad lo sabe, pero no ha pensado en ello. No ha tenido un tutor de resiliencia que le mire con otros ojos. El niño se culpa, se siente inferior, malo, sucio, despreciable, no querible… (Podéis añadir muchos más adjetivos) En suma, nadie (o casi nadie) rescató o rescata el valor de ese niño. Pocas personas hacen lo que se debe hacer y lo que os recomiendo, familias, que hagáis: honrar al niño. La mayoría de personas se dejan enredar en lo aparente y entran en la espiral de -sin pretenderlo a veces, porque su voluntad es buena- no aceptar al niño como es. O mejor: como la vida le ha obligado a ser. Quiero volverlo a repetir: ¿Cómo estaríamos nosotros, nos sentiríamos y comportaríamos si sufriéramos lo que ellos han sufrido?
Además de honrar al niño, esto que os voy a ofrecer a continuación os va a permitir poder ayudarle a explicarse el trauma que ha vivido y cómo le ha influido. Me estoy refiriendo a una poderosa herramienta con valor psicoterapéutico: las metáforas.
Las metáforas (una metáfora es una figura retórica que consiste en denominar, describir o calificar algo a través de su semejanza o analogía con otra cosa) favorecen la creación de una distancia con lo que sobrepasa o afecta emocionalmente al niño. Constituye un lenguaje accesible con el que llegamos al lado derecho del cerebro del menor. En nuestros propios sueños, nosotros comunicamos mediante símbolos, historias y analogías. Los valores y las tradiciones de cada sociedad son transmitidos de una generación a otra, mediante historias. Cómo la historia anterior traumática del niño ha impactado en él y le ha forjado, se puede hacer más fácil y comprensible mediante el uso de estas herramientas.
A continuación os pongo un listado de metáforas (abierto para que pueda ser enriquecido por todos/as los que seguís este blog) que provienen de Ana María Gómez (extraídas de su libro EMDR therapy and adjunct approaches with children), algunas de mi cosecha (que quizá no lo sean porque puede que otras personas hayan pensado en ello simultáneamente) y otras que he aprendido con Maryorie Dantagnan.
Podéis utilizarlas y hablar con vuestros/as hijos/as cuando éstos/as se muestren receptivos/as, estéis en sintonía y tengáis un vínculo positivo y seguro. Podéis favorecer que se vea a sí mismo de una manera más constructiva, vais a propiciar el tan necesario cambio de mirada que fomenta resiliencia en los niños. Las siguientes metáforas ayudan a los niños a comprender, identificar, honrar y celebrar lo que ellos han venido utilizando para protegerse y defenderse a sí mismos/as (las metáforas no hace falta explicarlas, pierden todo su valor y magia si se explican; además los niños/as las captan rápidamente. Además de una manera segura de comunicar, es algo atractivo a los ojos del niño/a):
La analogía de la perla: Es propuesta por Ana María Gómez. La creación de una perla es realmente un suceso extraordinario. La vida de una perla comienza con un objeto extraño entrando en el cuerpo interno de una ostra. Para protegerse a sí misma de la irritación causada por este objeto extraño, la ostra segrega una sustancia. A lo largo del tiempo este cuerpo ajeno será completamente encerrado por capas y capas de la sustancia protectora de la ostra. El resultado es una maravillosa perla, la cual representa el trabajo del sistema de defensa y protección de la ostra. Además de honrarles, conseguimos también que se dén cuenta de que nunca podrán ver la perla que han construido a lo largo de la vida si no levantan o abren la concha. Lo cual equivale a abrirse y liberar las emociones que sienten en el presente (no sólo hablando sino de una manera más segura como puede ser jugar, dibujar…) Es válida también para utilizarla en terapia con los niños y motivarles a trabajar para que puedan descubrir la verdad sobre sí mismos, oculta tras la concha. Porque como Ana María Gómez dice, el trauma impide a la persona descubrir la verdad sobre sí mismo -oculta tras las defensas traumáticas-. En realidad, es la idea de Winnicott del falso self: un trauma termina generando uno o más falsos selfs sobre sí mismo. Tras el trauma, está la verdad sobre quién es el niño: alguien con valor a quien un entorno y unas personas determinadas dañaron. El menor lo único que hizo fue defenderse de la mejor manera posible.
El traje de superhéroe o superheroína: Los superhéroes o superheroínas a menudo presentan vidas en las que han estado presentes los traumas (por ejemplo Batman, con el asesinato de sus padres. Superman es adoptado en la tierra y sus padres mueren en el planeta del cual él proviene; Peter Parker, o sea, Spiderman, también sufre la muerte de uno de sus seres queridos y es, dentro de su traje, un chico muy tímido e inseguro. La Masa estalla con una cólera y una violencia destructiva cuando alguien le lleva al límite –lo cual les ha pasado a muchos menores-) Con esos trajes consiguen poderes especiales y son capaces de vencer sus limitaciones y vulnerabilidades, y además los ponen al servicio de la humanidad. Los niños, con sus trajes y sus propios “poderes” (huir, escapar, enfrentar, luchar, esconderse, mentir, callar, desenchufarse del entorno, hacerse fríos, encolerizarse…) han logrado a su vez, de algún modo, empoderarse para no sufrir e incluso no morir. Fuera de ese entorno en el que vivieron, esos poderes pueden acarrearles problemas como cuando se cambia de planeta y se encuentra uno en otras condiciones. Pero en su lugar de origen y en muchos momentos de la vida, gracias a ellos están hoy en las familias que sí les cuidan y protegen. Por ello quizá no haga falta tanto ese traje. Maryorie Dantagnan tiene una fabulosa y excelente técnica desarrollada por ella para trabajar con los niños de acuerdo a esta metáfora, mucho más elaborada. Se aprende en el diplomado que organiza junto con Jorge Barudy. Diplomado del cual ya os he hablado y es para el tratamiento especializado de estos niños desde un modelo integrador del apego, el trauma, el desarrollo y la resiliencia.
La analogía del árbol: “Cuando un árbol está en la oscuridad, éste continúa creciendo alrededor, siempre buscando la luz. El árbol continúa creciendo y se transforma de maneras excepcionales las cuales le dan su figura original y propia. Cuando nosotros nos enfrentamos a situaciones desafiantes en la vida, tenemos que estirarnos para buscar la luz como una oportunidad de crecer y transformarnos. Mi trabajo como facilitador es apoyarte en la búsqueda, de nuevo, de la luz en tu vida. Ten en cuenta que cuando empieces a de nuevo a buscar la luz, cualidades especiales en tu desarrollo y crecimiento construirán la persona única que eres” Asistir a los niños en la comprensión de cómo las situaciones desafiantes pueden ofrecer oportunidades para transformarse (una vez más el mensaje de la resiliencia: ésta es en su acepción más desarrollada: transformación) es una de nuestras misiones.
El niño que luchó contra un gigante: Es una historia que empodera a los
niños que reciben malos tratos psicológicos. Debemos de inventarnos un cuento que ponga de relieve lo valiente (pero a la vez indefenso y vulnerable) que se sentía un niño que tenía que enfrentarse a un gigante. No le quedaba más remedio porque el gigante iba por él. Era como si se enfrentaran un equipo de fútbol de regional y el Barça actual (uno de los equipos más poderosos y que machacan al rival) Era una batalla desigual. ¡¡No hay derecho que a ese niño le tuvieran que hacer pasar por eso!! Cada vez que ocurría, éste quedaba destrozado. Sobre todo lo que más le dolía eran las palabras del gigante, porque de los golpes físicos a veces, podía huir. Fue a ver a un mago que le dotó de una habilidad que consistía en un escudo que le ayudaba a que no le traspasaran esas palabras y que fueran a parar al gigante, usando para ello su mente. Además, ese escudo tenía la propiedad de que se concentrara en todas las cosas buenas que tenía en su interior y en todas las que otras personas que le querían, le dedicaban. Es muy apropiado para ayudar a los niños que tienen que enfrentarse a situaciones en las que se perciben y están vulnerables (y a veces no han elegido ni ellos, como visitas con progenitores totalmente dañinas) Es un modo de darles una herramienta que les dé algún grado de protección. Aunque en estos casos lo que hay que hacer es proteger de facto, al niño. Lo he usado para menores que tuvieron que pasar por la amarga experiencia de sufrir mensajes dañinos por parte de los adultos. Es tremendamente útil y beneficiosa, y me la enseñó Maryorie Dantagnan.
La analogía de las gafas del cerebro: Ésta (de la cosecha de Ana María Gómez) está pensada para ayudar al niño a comprender cómo las experiencias que hemos tenido en nuestras vidas han modelado el cerebro y coloreado nuestra realidad presente. Podemos decir al niño: “Cuando tenemos malas experiencias o sucesos en nuestra vida, nuestro cerebro pondrá mucha más o menos atención a algo que podría ser similar de alguna manera a las cosas malas que sucedieron. El cerebro podría ver las cosas mucho más grandes o mucho más pequeñas que lo que realmente ellas son. El cerebro no hace esto con una mala intención. De lo que realmente quiere asegurarse es que no volveremos a sufrir o sentir dolor. Si el cerebro decide que lo que está ocurriendo es demasiado grande, nosotros actuaremos de maneras que sean grandes o exageradas. Esto puede meternos realmente en problemas. Si el cerebro decide que lo que está ocurriendo es pequeño, nosotros actuaremos de maneras o formas que sean pequeñas. Esto puede ponernos en una mala situación porque puede que no nos defendamos ante un peligro real" Podemos poner ejemplos de la vida cotidiana del niño. Es importante recordar a éste que el objetivo es ayudar al cerebro, al corazón y al cuerpo en el trabajo de las cosas desagradables y adversas que ocurrieron de tal modo que puedan verlas como ellas realmente son y responder de maneras en las que podamos sentirnos seguros y bien. Por ejemplo, a un niño que sistemáticamente agrede a los demás cuando se frustra, le podemos explicar que las gafas del cerebro han decidido que lo que está ocurriendo puede hacerle daño (los demás le pueden atacar, ve esto demasiado grande) porque a él le ocurrió que le hicieron daño en el pasado (cuando vivía en su lugar de origen) y ahora su cabeza presta mucha atención a todo eso. Hay que ser cautos a la hora de mencionar que le hicieron daño. Si pensamos que esto le puede descompensar, podemos hablar de lo que les pasa a los niños en general cuando les hacen daño o jugando con personajes a los que les ocurre eso.
Para el próximo día, expondremos más metáforas que os puedan ayudar en vuestra tarea como profesionales y padres y madres. Espero y deseo que este post os haya aportado una nueva herramienta.
Y como viene siendo habitual en Buenos tratos, la "picada" final de despedida se hace obligada. Es la mejor forma de cerrar las entradas. Además, la "picada" de hoy está totalmente relacionada con el tema que hemos abordado en este post: Anna Badia, psicóloga y especialista en trauma, que trabaja con niños y adolescentes adoptados/as en su consulta de Madrid, me ha enviado un vídeo que me ha sobrecogido porque es un documento, descarnado, de lo que se siente y padece cuando se sufre el trauma de los malos tratos intrafamiliares. Lo que más me ha impactado es el momento en el que le regalan un vestido y la niña pierde el control emocional. La mamá (creo que es la adoptiva) piensa que es por mala conducta y abrumada, llama a los servicios sociales. La niña, rota por lo ocurrido, ya corre con rabia a preparar su equipaje, temiéndose lo que va a pasar... En realidad, ésta está entusiasmada con el regalo, lo que acontece es que el vestido actúa como un disparador de contenidos y emociones traumáticas que estaban disociadas, por la similitud con el vestido de su madre cuando el padre les agredía. El vídeo es musical (con una música "ad hoc") mientras se va escuchando la voz de una niña, la protagonista, que narra en off su infancia rota y cómo se deja de vivir para sobrevivir y malvivir... Este vídeo es ganador de numerosos premios en festivales de cortos, "ReMoved" (haciendo alusión en el título a lo dañino que resulta para los menores ir de hogar en hogar, "peloteados", como Jorge Barudy se refirió al síndrome traumático que estos niños presentan), os impresionará y, como dice Anna Badia, nos ayudará a entender muchas cosas. Podéis ver el vídeo haciendo click aquí.
Me despido de todos/as vosotros/as hasta después de vacaciones de Semana Santa. Buenos tratos regresa el 21 de abril. ¡Felices vacaciones a todos/as! Cuidaos / Zaindu.
Es habitual que en éste nuestro blog Buenos tratos os informemos y demos cuenta de las novedades bibliográficas que tienen relación con el ámbito temático que aquí nos concita y nos apasiona: el apego, el trauma y la resiliencia.
Este mes celebramos la publicación de dos libros, por parte de la editorial Desclée de Brouwer, que no debemos perdernos:
El primero, es el último libro de Pepa Horno titulado Elegir la vida. Pepa es un alma sensible dotada de amplia formación y experiencia en el ámbito de la psicología infantil. Especialista en protección a la infancia desde el respeto a la misma y desde la óptica del vínculo y la resiliencia, nos brinda los testimonios de seis familias de acogida. Son historias de amor a veces radiantes a veces dolorosas. Pepa (y ella lo recalca) ha dado voz, espacio y contenido a las vivencias de seis familias acogedoras, las cuales escasas veces tienen la oportunidad de expresarlas. La literatura en torno al acogimiento familiar no es muy amplia, y mucho menos desde el punto de vista de las familias acogedoras. Por eso, creo que en este libro vais a encontrar la oportunidad de, quizá, veros reflejados en muchas historias. De la mano de alguien con exquisita sensibilidad e inteligencia: Pepa Horno.
Javier Romeu, que para las novedades bibliográficas siempre es el primero, habla en su blog del libro afirmando (y nosotros con él): ¡Grande Pepa!
Y la segunda novedad, también ofrecida por Desclée de Brouwer, que también celebramos y estábamos esperando, es el libro titulado: "Vivir con disociación traumática", de los expertos y reputados Boon, Steele y Van der Hart. Con estos nombres está todo dicho. Esta obra "...es el primer libro que ofrece formación en habilidades estructuradas para quienes sufren trastornos disociativos como consecuencia de un trauma. Boon, Steele y van der Hart articulan una integración práctica de las actuales teorías relevantes y de las terapias para el trauma y la disociación. Ofrecen una combinación práctica de capítulos instructivos cortos, fichas de tareas para casa y ejercicios que estimulan habilidades fundamentales, tanto emocionales como para la vida práctica. Además, pueden utilizarse tanto en tratamientos individuales como grupales (...) Sirve como manual para los terapeutas, como guía para los formadores y como libro de consulta para los pacientes con trastornos disociativos, al ofrecer una combinación actualizada de las mejores prácticas clínicas con los avances recientes de la terapia mindfulness y de los abordajes cognitivo-conductuales de la disociación patológica".
Como voy a comprarlos ahora mismo en cuanto termine estas líneas, espero leerlos pronto y contaros más cosas sobre los mismos. A buen seguro que van a protagonizar muchos de los post que escribamos esta primavera.
El lunes regreso con una nueva entrada titulada: "Cómo las familias adoptivas y acogedoras pueden hablar con y honrar al niño con una historia traumática" ¡Os espero a todos/as!
Esta semana me centro en este apasionante mundo de las narrativas. En mi trabajo con niños/as y adultos que presentan historias de vida en las que han estado presentes multitud de sucesos extremadamente estresantes, a edades tempranas, y que son de naturaleza relacional (el daño proviene de quienes esperamos cuidados cuando activamos el sistema del apego: nuestros padres o cuidadores; con todas las repercusiones que esto tiene en la creación de apegos inseguros, en el desarrollo del cerebro y en la aparición de un trauma temprano. Sobre ello hemos hablado largo y tendido en este blog. Os remito, como siempre, a otros posts sobre el particular, los cuales podéis encontrar en las etiquetas, pinchando en “trauma” o “apego”), con muchas disrupciones y cambios en sus vidas (ruptura con la familia, ingresos en orfanatos o centros de acogida, ceses de acogimientos, reingresos en centros de acogida...), a veces algunas de ellas inexplicables, realizadas (como por ejemplo, sucede a veces, en adopción internacional: esta semana me contaba una adolescente que cuando ingresó en el orfanato, con siete años, nadie le explicó nada, ni tuvo una palabra de cariño, ni un gesto…) sin darles ningún sentido ni proporcionarles personas sustitutas con permanencia en la vida de los menores (por el contrario, otro joven me relataba que el ingreso en un centro de acogida lo vivió muy bien después de ser abandonado en la calle, porque allí tuvo unas personas, profesionales, que le explicaron con coherencia lo que le pasaba para entrar allí, que se mostraron afectuosos y que permanecieron en sus vidas hasta que fue adoptado), digo, que en mi tarea como psicoterapeuta y desde el modelo de intervención en psicoterapia diseñado por Barudy y Dantagnan, en la fase final o bloque tres, no podemos cerrar el trabajo psicoterapéutico sin proceder a lo que Maryorie Dantagnan denomina integración resiliente.
En este bloque -conseguida ya una estabilización emocional y conductual del menor y habiendo realizado psicoeducación y empoderamiento con respecto al impacto del trauma en su personalidad, y una vez que la relación terapéutica está consolidada- nos centramos en tratar de integrar los contenidos traumáticos en la biografía del niño/a o joven para que pueda verse en el presente y proyectarse hacia el futuro como una persona capaz y merecedora de vivir a pesar de lo sucedido. Son muchas las técnicas que se trabajan (sobre todo, a nivel simbólico, podemos echar mano de la caja de arena, de los rol-playing, de las dramatizaciones, los títeres… según la edad del niño/a o joven y también evaluando con qué técnica se siente más cómodo y seguro. Todas estas técnicas tienen la virtud de utilizar un medio o tercer elemento desde el que tratar estos contenidos con menos dolor y sin salirse fuera de la ventana de tolerancia a las emociones; porque si el menor permanece dentro de ésta, puede procesar la información o contenidos traumáticos) Hoy quiero traer a colación la técnica de la narración de su historia de vida. Esta técnica es el colofón final, la integración de todo lo que el sujeto ha vivido a lo largo de su vida.
Suelo utilizarla con todos los/as niños/as y jóvenes que acuden a mi consulta, y suelen participar activa y decididamente los padres o acogedores del menor (si hay una relación cordial entre los acogedores y la familia biológica, de respeto al niño/a y a sus necesidades, se le percibe al menor como mente independiente, implico también a la familia biológica)
¿Por qué son importantes las narraciones? Los traumas implican disrupciones en el flujo de información que se asienta físicamente en el cableado neural. Las redes neurales son patrones de activación neuroquímica que transportan información (cognitiva, sensorial, emocional…) Si ese flujo es continuo y armónico, es porque la programación ambiental que orquesta el desarrollo cerebral se ha hecho de un modo equilibrado, sin sucesos vitales graves que hayan producido esa perturbación en el flujo de la comunicación. Todo el cerebro fluye como un río que discurre por el centro de su cauce.
Pero cuando hay graves sucesos, potencialmente traumáticos, continuados, a edades tempranas e incluso posteriormente, este flujo de información puede verse comprometido. La persona no desarrolla un sentido de sí mismo a lo largo del tiempo. Puede tener conciencia de ciertos hechos y sucesos, pero no una conciencia completa de sí misma sintiéndose coherentemente a lo largo de su biografía. Aquélla se siente como un espejo roto, fragmentado. Eso es el trauma: un defecto en la integración de toda la experiencia (cognitiva, sensorial, emocional…)
Para poder entenderlo mejor,pensad en vosotros/as mismos/as: empezáis a evocar usando vuestra mente y recordáis desde lo más temprano que podáis. Recordáis las caras de vuestros/as padres, dónde jugabais, comíais, vuestros primeros contactos, besos, caricias… Los primeros recuerdos explícitos. Los primeros vínculos de apego y las personas que han marcado vuestras vidas. Habéis podido vivir y sufrir sucesos adversos pero probablemente ha habido alguien cerca que ha permanecido y os ha hecho sentir sentidos/as y ha permanecido con vosotros/as. Os ha dado seguridad y os ha hecho sentir que confía en vosotros/as y en vuestras posibilidades. En cualquier caso, la gran mayoría no habéis pasado hambre, ni sufrido calamidades, ni abusos sexuales, ni maltrato físico y emocional, ni pérdidas de personas significativas... Estas terribles desgracias les han sucedido a muchos de los niños/as y jóvenes con los/as que tratamos: es un dolor inmenso el que invade su cuerpo y mente desde muy pequeños.
Posteriormente, sabéis que en el año tal fuisteis a tal escuela, en el año cual pasó esto o aquello. Vuestro primer viaje, novio/a… Vuestro cuerpo/mente no ha apartado nada de la conciencia porque no ha habido nada que haya sido tan impactante y amenazante como para usar ese mecanismo. Vuestro cuerpo, emociones, pensamientos, sensaciones… van a una. Tenéis memoria ordenada y coherente de todo lo que habéis vivido, pero a la vez tenéis recuerdo emocional de lo sucedido (una memoria va de la mano de la otra); en suma, os veis a vosotros/as mismos/as a lo largo del tiempo (sentido de self coherente)
Los/as niños/as (a la edad de 9 años en adelante) abandonados/as y maltratados/as, con altas posibilidades de haber sufrido trauma, no pueden hacer esta evocación sin partirse. Sin sufrir alta desregulación psicofisológica. A veces, no recuerdan o no pueden recordar. Otras veces, tienen el espejo, pero está roto y hay que pegarlo. Y pegarlo duele muchísimo.
Su vida ha estado cargada de adversidades que han minado su seguridad, además de favorecer que aprendieran, en su pasado, estrategias varias que, en su vida actual, son claramente desadaptativas y hasta inadecuadas, pero en la que les tocó vivir con anterioridad a su adopción o acogimiento les resultaron muy útiles (sus defensas) Y se puede decir, en muchos casos, que gracias a las mismas sobrevivieron. Algunos de los más mayores (adolescentes y jóvenes) se me antojan como el protagonista de la película "Por un puñado de dólares", el cual (encarnado por el actor Clint Eastwood) es llamado el hombre sin nombre: un personaje casi arquetípico y fascinante a la vez, quien para poder salvar su pellejo y apañárselas en un poblado donde reina la más absoluta falta de ética y la crueldad campa a sus anchas, donde la vida no vale nada, donde se fabrican ataúdes esperando quién va a morir ese día, donde abundan las mujeres viudas, tiene que usar su inteligencia adaptativa y un buen número de habilidades aprendidas para sobrevivir, sin duda. Aunque evitativo y rudo por fuera, demuestra tener sensibilidad y un gran corazón (como nuestros niños/as) cuando en la película salva a una familia acosada y maltratada por uno de los caciques del pueblo. A estos/as menores que tienen una biografía plagada de sucesos traumáticos, no les quedó más remedio (si querían sobrevivir) que crecer y llegar a la juventud desarrollando una inteligencia tan hábil y depredadora como la de Clint Eastwood en esta memorable escena de Por un puñado de dólares (Viendo los contextos sociales en los que algunos/as niños/as crecieron, uno se los imagina tan duros y crueles como el poblado y las gentes que se describen en esta película. Ved la escena -hacemos un pequeño paréntesis- y continuamos hablando de por qué son importantes las narraciones. Quizá os sorprenda que me refiera a esta película; sin embargo, es curioso que algunos niños con historia de maltrato cuando juegan en la psicoterapia, eligen escenas de duelos en el Oeste contra personajes que han sido o son malvados, adoptando ellos el rol de buenos y eliminando en el duelo al malo):
Como ya he dicho en otras ocasiones, el gran Dan Siegel nos dice que las narraciones son muy importantes. Recuerdo lo que dice en su libro “La mente en desarrollo”:"...las narrativas se han podido originar como una parte fundamental del discurso social. Las historias tratan de dar sentido a los acontecimientos y a las experiencias mentales de los personajes. Las historias funcionan para crear una sensación de comprensión coherente del individuo en el mundo a lo largo del tiempo. La mente hace un esfuerzo integrador para crear una sensación de coherencia en sus propios estados a través de diferentes momentos y contextos"
El/La niño/a tratará de buscar un sentido a lo vivido, pero este sentido puede ser, como he dicho anteriormente, sumamente incoherente, fragmentado, suelto, deslavazado. Ahí es donde observamos que su mente no se ha integrado.
Si le ayudamos a reconstruir su historia, le estaremos aportando una narrativa y ayudaremos a juntar los fragmentos que él/ella ya tiene; veremos cómo ha rellenado los huecos (para buscar algún tipo de comprensión) Y le aportaremos una narrativa que termine de dar sentido a lo que él/ella no puede o no sabe dar.
Por lo tanto, favoreceremos una mente y un cerebro más integrado y organizado. Por ello es importante este trabajo.
Los padres o cuidadores del menor participan activamente en esta tarea. Les suelo pedir que elaboren una historia donde recojan cómo el/la niño/a es concebido/a simbólicamente (un derecho ideado en una excelente aportación, por mi amigo y colega Óscar Pérez-Muga, que hace un tiempo mencioné en este post) en la familia, o cuándo y cómo llega a la misma. Esa historia debe de recoger lo que él/la niño/a ha vivido, sin edulcorar, por orden cronológico, relatando los hechos. Si hay cosas que no sabemos, se hace constar precisamente eso, que se ignora. Se pueden añadir tentativas de hipótesis sobre las posibilidades que creemos que pudieron ocurrir.
La historia se adapta a la edad del/a niño/a (si es más pequeño, será más en formato cuento, y se pone más el acento en el aspecto de que un/a niño/a necesitaba unos padres y éstos querían un/a niño/a y fueron a por él/ella precisamente porque ya estaba en su mente y en su corazón; se pueden usar personajes como animales, etc. Se pone el énfasis en el vínculo del/la niño/a hacia los padres y cómo éste no se romperá jamás, y que siempre permanecerán juntos. El relato de los hechos concretos y detallados acerca de los motivos de su desprotección se deja para niños/as con edades a partir de los 8 años. Los menores están ya en la etapa del pensamiento lógico, y mejor situados a nivel espacio-temporal. Yo al menos, lo he valorado así como más adecuado. Las edades son siempre aproximadas, nos debemos de fijar en la edad madurativa), y puede usarse un personaje que le/la represente y que él/ella admire (le da empoderamiento)
Los/as adolescentes pueden participar más activamente en algunos aspectos de la creación del relato.
¿Importan la historia y los hechos? Sí, sin duda. Es la vida del/la niño/a o joven, su pasado. Hemos de honrarlo y respetarlo. Pero cuando hay que narrar hechos muy duros (y normalmente es así) lo que más importa de todo son tres aspectos (Porque no buscamos reexperimentar los recuerdos sino procesarlos, e integrar la historia de vida a nivel cerebral en un todo coherente y ordenado):
En el relato se hacen constantes alusiones a que los hechos que se narran ya terminaron, y que el menor está con sus padres o cuidadores, aquí y ahora, seguro y protegido. Y que esos hechos no volverán a suceder más (maltrato o abandono)
Segundo, el relato debe de estar escrito desde un punto de vista de narradores (los padres o cuidadores), los cuales se presentan durante el mismo como personas que reflejan empáticamente al niño/a o joven y recogen su sentir, haciéndole sentir sentido. Esto es fundamental porque repara. Frases como, por ejemplo, si hemos de consignar los abusos sexuales que sufrió: “ningún niño debería ser tocado en sus partes, no sabes cómo sentimos que te ocurriera eso; estamos convencidos que esa persona recibirá su merecido castigo. Si nosotros hubiéramos estado allí, habrían tenido que pasar por encima de nuestro cadáver para hacerte eso” O -como es habitual cuando no sabemos nada de quién o quiénes son los padres biológicos, ni sus nombres, ni dónde pueden estar (algo que angustia a los menores, esa incertidumbre)-: “Siento mucho que no podamos saber nada, comprendo que es doloroso para ti, estoy contigo y siento que lo sientas”
Esta empatía es fundamental porque han carecido (a veces, totalmente) de ella.
Y tercero, debemos de introducir el componente de la resiliencia. También esto es vital. Primordial. Muchos/as se sienten humillados/as, inferiores, les da vergüenza lo que les ha pasado, se creen menos… Los malos tratos y el trauma son un estigma para muchos/as de ellos/as. En el relato se debe introducir en muchos momentos, alusiones a que es un héroe o heroína, que ha sufrido mucho pero ha conseguido sobrevivir. Que tiene mucho mérito, y probablemente muchas personas se habrían rendido ante lo que él/ella padeció pero es un luchador/a y ha salido triunfante. Los padres o acogedores deben de incluir que se sienten orgullosos, que le admiran: él o ella es el superhéroe o superheroína de una historia.
En mi opinión, debéis hacerlo bajo la supervisión de un profesional dentro de un programa integral de tratamiento. Pero cuando dialoguéis con vuestros/as hijos/as o niños/as acogidos/as, en esos momentos mágicos, cuando hay ya un vínculo seguro creado con el niño/a y se atreve a querer preguntar y saber porque ya se siente protegido/a por vosotros/as, podéis incluir en vuestro relato verbal esos tres componentes: presentificación, empatía y resiliencia.
Antes de trabajar el relato de una manera verbal y directa, previamente lo he abordado con el niño/a o joven mediante otras técnicas no verbales pero que ayudan a narrar sin palabras, con otro lenguaje, como por ejemplo, la caja de arena.
Espero que os haya sido de utilidad. Me contáis vuestras experiencias con vuestros/as niños/as en los comentarios. Ya sabéis que trato de responder en la medida de mis posibilidades.
Quiero terminar con nuestra picada habitual: no puedo cerrar el post de hoy sin hacer mención a Cuerdas, el corto que ha ganado el premio Goya 2014. Una historia que merecerá mucho la pena ver. Como se dice en este blog: cuenta una preciosa historia que ni pequeños ni mayores deberían dejar de ver. En tan solo 10 minutos de obra, su guionista y director, Pedro Solis García, ha conseguido plasmar los valores de la amistad, la generosidad, la inocencia y la ternura de la infancia de una forma brillante.Os pido desde aquí que no veáis el corto en las versiones piratas que circulan por la red. Yo tengo muchas ganas de verlo, pero me he resistido a hacerlo por respeto al autor y a su obra. Si se difunde antes de tiempo, le vamos a perjudicar porque no va a poder presentarlo en festivales. Además, en mi opinión, pienso que este hombre merece que yo pague un dinero para ver su trabajo. Os animo a que hagáis lo mismo. Felicidades, Pedro, muchos niños/as necesitan que personas como tú difundáis obras de este tipo.
Este mes, la charla-coloquio que organiza el Instituto Familia y Adopción viene a cargo del Dr. Rafael Benito Moraga, amigo y colega de profesión. Os invito a todos/as a participar y a tener el privilegio de poder escucharle y dialogar con él porque no es frecuente encontrarnos con personas con la calidad humana de Rafael Benito. Además, su perfil profesional atesora la cualidad de ser un psiquiatra que contempla los procesos de salud y enfermedad aunando la visión biológica y la ecosistémica, el punto de vista de la patología pero también de la biografía y del peso que las experiencias tempranas tienen en la conformación del cerebro/mente y, en suma, del ser. Además de psiquiatra reconocido, tiene formación y experiencia dilatada como psicoterapeuta en apego, trauma, resiliencia y de familia.
La charla nos permitirá conocer más sobre nuestro cerebro y acerca de qué nos hace más resilientes. Como nos anuncian en la presentación de la web del Instituto Familia y Adopción:
¿Es posible que ya desde el nacimiento o los primeros años de vida quede determinada nuestra capacidad para ser felices?. Parece que al menos en parte puede ser así. Diversos estudios han demostrado que las circunstancias traumáticas vividas durante la infancia cambian la expresión de genes implicados en el desarrollo del cerebro, haciendo que quienes han sufrido estas experiencias sean más vulnerables a diversos problemas físicos y psíquicos.
La buena noticia es que un número significativo de niños expuestos a esas situaciones no llegan a desarrollar problemas relevantes en su vida, mostrando una capacidad para superar la adversidad que se ha dado en llamar RESILIENCIA. Así pues, la pregunta que nos hacíamos al comienzo podría reformularse como sigue: ¿existen individuos que nazcan dotados de una estructura biológica o genética resiliente, más capacitada para superar las inevitables adversidades de la vida, y por ello más cercana a la felicidad?
En esta Charla Coloquio hablaremos de Resiliencia, de Epigenética (interacción genes/ambiente), de cómo los traumas infantiles modifican los genes que rigen el desarrollo y el funcionamiento del cerebro en la vida adulta..., y tendréis ocasión de plantear todas las dudas y preguntas que tengáis al respecto.