lunes, 24 de marzo de 2014

Trabajar la narrativa con los/as niños/as adoptados y acogidos/as: el relato de la historia de vida

Esta semana me centro en este apasionante mundo de las narrativas. En mi trabajo con niños/as y adultos que presentan historias de vida en las que han estado presentes multitud de sucesos extremadamente estresantes, a edades tempranas, y que son de naturaleza relacional (el daño proviene de quienes esperamos cuidados cuando activamos el sistema del apego: nuestros padres o cuidadores; con todas las repercusiones que esto tiene en la creación de apegos inseguros, en el desarrollo del cerebro y en la aparición de un trauma temprano. Sobre ello hemos hablado largo y tendido en este blog. Os remito, como siempre, a otros posts sobre el particular, los cuales podéis encontrar en las etiquetas, pinchando en “trauma” o “apego”), con muchas disrupciones y cambios en sus vidas (ruptura con la familia, ingresos en orfanatos o centros de acogida, ceses de acogimientos, reingresos en centros de acogida...), a veces algunas de ellas inexplicables, realizadas (como por ejemplo, sucede a veces, en adopción internacional: esta semana me contaba una adolescente que cuando ingresó en el orfanato, con siete años, nadie le explicó nada, ni tuvo una palabra de cariño, ni un gesto…) sin darles ningún sentido ni proporcionarles personas sustitutas con permanencia en la vida de los menores (por el contrario, otro joven me relataba que el ingreso en un centro de acogida lo vivió muy bien después de ser abandonado en la calle, porque allí tuvo unas personas, profesionales, que le explicaron con coherencia lo que le pasaba para entrar allí, que se mostraron afectuosos y que permanecieron en sus vidas hasta que fue adoptado), digo, que en mi tarea como psicoterapeuta y desde el modelo de intervención en psicoterapia diseñado por Barudy y Dantagnan, en la fase final o bloque tres, no podemos cerrar el trabajo psicoterapéutico sin proceder a lo que Maryorie Dantagnan denomina integración resiliente.

En este bloque -conseguida ya una estabilización emocional y conductual del menor y habiendo realizado psicoeducación y empoderamiento con respecto al impacto del trauma en su personalidad, y una vez que la relación terapéutica está consolidada- nos centramos en tratar de integrar los contenidos traumáticos en la biografía del niño/a o joven para que pueda verse en el presente y proyectarse hacia el futuro como una persona capaz y merecedora de vivir a pesar de lo sucedido. Son muchas las técnicas que se trabajan (sobre todo, a nivel simbólico, podemos echar mano de la caja de arena, de los rol-playing, de las dramatizaciones, los títeres… según la edad del niño/a o joven y también evaluando con qué técnica se siente más cómodo y seguro. Todas estas técnicas tienen la virtud de utilizar un medio o tercer elemento desde el que tratar estos contenidos con menos dolor y sin salirse fuera de la ventana de tolerancia a las emociones; porque si el menor permanece dentro de ésta, puede procesar la información o contenidos traumáticos) Hoy quiero traer a colación la técnica de la narración de su historia de vida. Esta técnica es el colofón final, la integración de todo lo que el sujeto ha vivido a lo largo de su vida.

Suelo utilizarla con todos los/as niños/as y jóvenes que acuden a mi consulta, y suelen participar activa y decididamente los padres o acogedores del menor (si hay una relación cordial entre los acogedores y la familia biológica, de respeto al niño/a y a sus necesidades, se le percibe al menor como mente independiente, implico también a la familia biológica)

¿Por qué son importantes las narraciones? Los traumas implican disrupciones en el flujo de información que se asienta físicamente en el cableado neural. Las redes neurales son patrones de activación neuroquímica que transportan información (cognitiva, sensorial, emocional…) Si ese flujo es continuo y armónico, es porque la programación ambiental que orquesta el desarrollo cerebral se ha hecho de un modo equilibrado, sin sucesos vitales graves que hayan producido esa perturbación en el flujo de la comunicación. Todo el cerebro fluye como un río que discurre por el centro de su cauce.

Pero cuando hay graves sucesos, potencialmente traumáticos, continuados, a edades tempranas e incluso posteriormente, este flujo de información puede verse comprometido. La persona no desarrolla un sentido de sí mismo a lo largo del tiempo. Puede tener conciencia de ciertos hechos y sucesos, pero no una conciencia completa de sí misma sintiéndose coherentemente a lo largo de su biografía. Aquélla se siente como un espejo roto, fragmentado. Eso es el trauma: un defecto en la integración de toda la experiencia (cognitiva, sensorial, emocional…) 

Para poder entenderlo mejor, pensad en vosotros/as mismos/as: empezáis a evocar usando vuestra mente y recordáis desde lo más temprano que podáis. Recordáis las caras de vuestros/as padres, dónde jugabais, comíais, vuestros primeros contactos, besos, caricias… Los primeros recuerdos explícitos. Los primeros vínculos de apego y las personas que han marcado vuestras vidas. Habéis podido vivir y sufrir sucesos adversos pero probablemente ha habido alguien cerca que ha permanecido y os ha hecho sentir sentidos/as y ha permanecido con vosotros/as. Os ha dado seguridad y os ha hecho sentir que confía en vosotros/as y en vuestras posibilidades. En cualquier caso, la gran mayoría no habéis pasado hambre, ni sufrido calamidades, ni abusos sexuales, ni maltrato físico y emocional, ni pérdidas de personas significativas... Estas terribles desgracias les han sucedido a muchos de los niños/as y jóvenes con los/as que tratamos: es un dolor inmenso el que invade su cuerpo y mente desde muy pequeños. 
 
Posteriormente, sabéis que en el año tal fuisteis a tal escuela, en el año cual pasó esto o aquello. Vuestro primer viaje, novio/a… Vuestro cuerpo/mente no ha apartado nada de la conciencia porque no ha habido nada que haya sido tan impactante y amenazante como para usar ese mecanismo. Vuestro cuerpo, emociones, pensamientos, sensaciones… van a una. Tenéis memoria ordenada y coherente de todo lo que habéis vivido, pero a la vez tenéis recuerdo emocional de lo sucedido (una memoria va de la mano de la otra); en suma, os veis a vosotros/as mismos/as a lo largo del tiempo (sentido de self coherente) 

Los/as niños/as (a la edad de 9 años en adelante) abandonados/as y maltratados/as, con altas posibilidades de haber sufrido trauma, no pueden hacer esta evocación sin partirse. Sin sufrir alta desregulación psicofisológica. A veces, no recuerdan o no pueden recordar. Otras veces, tienen el espejo, pero está roto y hay que pegarlo. Y pegarlo duele muchísimo.

Su vida ha estado cargada de adversidades que han minado su seguridad, además de favorecer que aprendieran, en su pasado, estrategias varias que, en su vida actual, son claramente desadaptativas y hasta inadecuadas, pero en la que les tocó vivir con anterioridad a su adopción o acogimiento les resultaron muy útiles (sus defensas) Y se puede decir, en muchos casos, que gracias a las mismas sobrevivieron. Algunos de los más mayores (adolescentes y jóvenes) se me antojan como el protagonista de la película "Por un puñado de dólares", el cual (encarnado por el actor Clint Eastwood) es llamado el hombre sin nombre: un personaje casi arquetípico y fascinante a la vez, quien para poder salvar su pellejo y apañárselas en un poblado donde reina la más absoluta falta de ética y la crueldad campa a sus anchas, donde la vida no vale nada, donde se fabrican ataúdes esperando quién va a morir ese día, donde abundan las mujeres viudas, tiene que usar su inteligencia adaptativa y un buen número de habilidades aprendidas para sobrevivir, sin duda. Aunque evitativo y rudo por fuera, demuestra tener sensibilidad y un gran corazón (como nuestros niños/as) cuando en la película salva a una familia acosada y maltratada por uno de los caciques del pueblo. A estos/as menores que tienen una biografía plagada de sucesos traumáticos, no les quedó más remedio (si querían sobrevivir) que crecer y llegar a la juventud desarrollando una inteligencia tan hábil y depredadora como la de Clint Eastwood en esta memorable escena de Por un puñado de dólares (Viendo los contextos sociales en los que algunos/as niños/as crecieron, uno se los imagina tan duros y crueles como el poblado y las gentes que se describen en esta película. Ved la escena -hacemos un pequeño paréntesis- y continuamos hablando de por qué son importantes las narraciones. Quizá os sorprenda que me refiera a esta película; sin embargo, es curioso que algunos niños con historia de maltrato cuando juegan en la psicoterapia, eligen escenas de duelos en el Oeste contra personajes que han sido o son malvados, adoptando ellos el rol de buenos y eliminando en el duelo al malo):


 

Como ya he dicho en otras ocasiones, el gran Dan Siegel nos dice que las narraciones son muy importantes. Recuerdo lo que dice en su libro “La mente en desarrollo”: "...las narrativas se han podido originar como una parte fundamental del discurso social. Las historias tratan de dar sentido a los acontecimientos y a las experiencias mentales de los personajes. Las historias funcionan para crear una sensación de comprensión coherente del individuo en el mundo a lo largo del tiempo. La mente hace un esfuerzo integrador para crear una sensación de coherencia en sus propios estados a través de diferentes momentos y contextos"

El/La niño/a tratará de buscar un sentido a lo vivido, pero este sentido puede ser, como he dicho anteriormente, sumamente incoherente, fragmentado, suelto, deslavazado. Ahí es donde observamos que su mente no se ha integrado.

Si le ayudamos a reconstruir su historia, le estaremos aportando una narrativa y ayudaremos a juntar los fragmentos que él/ella ya tiene; veremos cómo ha rellenado los huecos (para buscar algún tipo de comprensión) Y le aportaremos una narrativa que termine de dar sentido a lo que él/ella no puede o no sabe dar. 

Por lo tanto, favoreceremos una mente y un cerebro más integrado y organizado. Por ello es importante este trabajo.

Los padres o cuidadores del menor participan activamente en esta tarea. Les suelo pedir que elaboren una historia donde recojan cómo el/la niño/a es concebido/a simbólicamente (un derecho ideado en una excelente aportación, por mi amigo y colega Óscar Pérez-Muga, que hace un tiempo mencioné en este post) en la familia, o cuándo y cómo llega a la misma. Esa historia debe de recoger lo que él/la niño/a ha vivido, sin edulcorar, por orden cronológico, relatando los hechos. Si hay cosas que no sabemos, se hace constar precisamente eso, que se ignora. Se pueden añadir tentativas de hipótesis sobre las posibilidades que creemos que pudieron ocurrir. 

La historia se adapta a la edad del/a niño/a (si es más pequeño, será más en formato cuento, y se pone más el acento en el aspecto de que un/a niño/a necesitaba unos padres y éstos querían un/a niño/a y fueron a por él/ella precisamente porque ya estaba en su mente y en su corazón; se pueden usar personajes como animales, etc. Se pone el énfasis en el vínculo del/la niño/a hacia los padres y cómo éste no se romperá jamás, y que siempre permanecerán juntos. El relato de los hechos concretos y detallados acerca de los motivos de su desprotección se deja para niños/as con edades a partir de los 8 años. Los menores están ya en la etapa del pensamiento lógico, y mejor situados a nivel espacio-temporal. Yo al menos, lo he valorado así como más adecuado. Las edades son siempre aproximadas, nos debemos de fijar en la edad madurativa), y puede usarse un personaje que le/la represente y que él/ella admire (le da empoderamiento) 

Los/as adolescentes pueden participar más activamente en algunos aspectos de la creación del relato.

¿Importan la historia y los hechos? Sí, sin duda. Es la vida del/la niño/a o joven, su pasado. Hemos de honrarlo y respetarlo. Pero cuando hay que narrar hechos muy duros (y normalmente es así) lo que más importa de todo son tres aspectos (Porque no buscamos reexperimentar los recuerdos sino procesarlos, e integrar la historia de vida a nivel cerebral en un todo coherente y ordenado):

En el relato se hacen constantes alusiones a que los hechos que se narran ya terminaron, y que el menor está con sus padres o cuidadores, aquí y ahora, seguro y protegido. Y que esos hechos no volverán a suceder más (maltrato o abandono) 

Segundo, el relato debe de estar escrito desde un punto de vista de narradores (los padres o cuidadores), los cuales se presentan durante el mismo como personas que reflejan empáticamente al niño/a o joven y recogen su sentir, haciéndole sentir sentido. Esto es fundamental porque repara. Frases como, por ejemplo, si hemos de consignar los abusos sexuales que sufrió: “ningún niño debería ser tocado en sus partes, no sabes cómo sentimos que te ocurriera eso; estamos convencidos que esa persona recibirá su merecido castigo. Si nosotros hubiéramos estado allí, habrían tenido que pasar por encima de nuestro cadáver para hacerte eso” O -como es habitual cuando no sabemos nada de quién o quiénes son los padres biológicos, ni sus nombres, ni dónde pueden estar (algo que angustia a los menores, esa incertidumbre)-: “Siento mucho que no podamos saber nada, comprendo que es doloroso para ti, estoy contigo y siento que lo sientas”

Esta empatía es fundamental porque han carecido (a veces, totalmente) de ella.

Y tercero, debemos de introducir el componente de la resiliencia. También esto es vital. Primordial. Muchos/as se sienten humillados/as, inferiores, les da vergüenza lo que les ha pasado, se creen menos… Los malos tratos y el trauma son un estigma para muchos/as de ellos/as. En el relato se debe introducir en muchos momentos, alusiones a que es un héroe o heroína, que ha sufrido mucho pero ha conseguido sobrevivir. Que tiene mucho mérito, y probablemente muchas personas se habrían rendido ante lo que él/ella padeció pero es un luchador/a y ha salido triunfante. Los padres o acogedores deben de incluir que se sienten orgullosos, que le admiran: él o ella es el superhéroe o superheroína de una historia. 

En mi opinión, debéis hacerlo bajo la supervisión de un profesional dentro de un programa integral de tratamiento. Pero cuando dialoguéis con vuestros/as hijos/as o niños/as acogidos/as, en esos momentos mágicos, cuando hay ya un vínculo seguro creado con el niño/a y se atreve a querer preguntar y saber porque ya se siente protegido/a por vosotros/as, podéis incluir en vuestro relato verbal esos tres componentes: presentificación, empatía y resiliencia.

Antes de trabajar el relato de una manera verbal y directa, previamente lo he abordado con el niño/a o joven mediante otras técnicas no verbales pero que ayudan a narrar sin palabras, con otro lenguaje, como por ejemplo, la caja de arena.

Espero que os haya sido de utilidad. Me contáis vuestras experiencias con vuestros/as niños/as en los comentarios. Ya sabéis que trato de responder en la medida de mis posibilidades.

Quiero terminar con nuestra picada habitual: no puedo cerrar el post de hoy sin hacer mención a Cuerdas, el corto que ha ganado el premio Goya 2014. Una historia que merecerá mucho la pena ver. Como se dice en este blog: cuenta una preciosa historia que ni pequeños ni mayores deberían dejar de ver. En tan solo 10 minutos de obra, su guionista y director, Pedro Solis García, ha conseguido plasmar los valores de la amistad, la generosidad, la inocencia y la ternura de la infancia de una forma brillante. Os pido desde aquí que no veáis el corto en las versiones piratas que circulan por la red. Yo tengo muchas ganas de verlo, pero me he resistido a hacerlo por respeto al autor y a su obra. Si se difunde antes de tiempo, le vamos a perjudicar porque no va a poder presentarlo en festivales. Además, en mi opinión, pienso que este hombre merece que yo pague un dinero para ver su trabajo. Os animo a que hagáis lo mismo. Felicidades, Pedro, muchos niños/as necesitan que personas como tú difundáis obras de este tipo.

Cuidaos / Zaindu

miércoles, 19 de marzo de 2014

¿Por qué la genética no es tan importante como nosotros creemos? Charla-coloquio a cargo de Rafael Benito, psiquiatra, organizada por el Instituto Familia y Adopción, el 29 marzo



 
 
 
 
 
Este mes, la charla-coloquio que organiza el Instituto Familia y Adopción viene a cargo del Dr. Rafael Benito Moraga, amigo y colega de profesión. Os invito a todos/as a participar y a tener el privilegio de poder escucharle y dialogar con él porque no es frecuente encontrarnos con personas con la calidad humana de Rafael Benito. Además, su perfil profesional atesora la cualidad de ser un psiquiatra que contempla los procesos de salud y enfermedad aunando la visión biológica y la ecosistémica, el punto de vista de la patología pero también de la biografía y del peso que las experiencias tempranas tienen en la conformación del cerebro/mente y, en suma, del ser. Además de psiquiatra reconocido, tiene formación y experiencia dilatada como psicoterapeuta en apego, trauma, resiliencia y de familia.
 
La charla nos permitirá conocer más sobre nuestro cerebro y acerca de qué nos hace más resilientes. Como nos anuncian en la presentación de la web del Instituto Familia y Adopción:
 
¿Es posible que ya desde el nacimiento o los primeros años de vida quede determinada nuestra capacidad para ser felices?. Parece que al menos en parte puede ser así. Diversos estudios han demostrado que las circunstancias traumáticas vividas durante la infancia cambian la expresión de genes implicados en el desarrollo del cerebro, haciendo que quienes han sufrido estas experiencias sean más vulnerables a diversos problemas físicos y psíquicos.

La buena noticia es que un número significativo de niños expuestos a esas situaciones no llegan a desarrollar problemas relevantes en su vida, mostrando una capacidad para superar la adversidad que se ha dado en llamar RESILIENCIA. Así pues, la pregunta que nos hacíamos al comienzo podría reformularse como sigue: ¿existen individuos que nazcan dotados de una estructura biológica o genética resiliente, más capacitada para superar las inevitables adversidades de la vida, y por ello más cercana a la felicidad?

En esta Charla Coloquio hablaremos de Resiliencia, de Epigenética (interacción genes/ambiente), de cómo los traumas infantiles modifican los genes que rigen el desarrollo y el funcionamiento del cerebro en la vida adulta..., y tendréis ocasión de plantear todas las dudas y preguntas que tengáis al respecto.

Lugar:

Desde Barcelona o desde el ordenador de tu casa.

Plazas limitadas
 
Información y reserva de plaza:
 
 
 
 
 
 
 
 

martes, 18 de marzo de 2014

El centro psicoveritas de Madrid organiza un nuevo seminario para el aprendizaje de la técnica de la caja de arena

Seminario para aprender a utilizar la técnica de la caja de arena

Organiza: Centro de Psicoterapia Psicoveritas

Imparte: José Luis Gonzalo Marrodán

5 de abril de 2014 en Madrid





Aquí tenéis una nueva oportunidad para poder aprender esta técnica. Dada la demanda existente, el Centro Psicoveritas ofrece para el día 5 de abril, de nuevo, este seminario.

Esta técnica permite trabajar cuando resulta difícil la verbalización de los contenidos psíquicos; y esto es especialmente importante cuando el paciente tiene dificultades en ponerlos en palabras, como ocurre habitualmente en los niños. Cuando el origen del problema es un trauma infantil, recordar y explicar es una fuente adicional de sufrimiento. Utilizar la caja de arena permite la distancia emocional necesaria para ir elaborando la experiencia traumática sin tanto dolor. Además, el juego es el lenguaje natural del niño y le aporta una narrativa que le permite liberar, expresar y simbolizar, desarrollando sentimientos de control, lo que sucede y lo que vive en su interior. El modelo teórico en el que insertamos la aplicación de la técnica se basa, pues, en las aplicaciones del trauma, el apego y la resiliencia.


Objetivos del seminario:


Conocer los orígenes de la técnica, hacer un poco de historia.


Perfilar para quienes está indicada la técnica


Aprender los pasos en la conducción de una sesión con la técnica de la caja de arena


Explicar cuál debe ser la actitud del terapeuta


Alcances y límites de la técnica


Fechas y horario


5 de abril de 2014

De 9:00h - 13,00h y de 14,30h a 18,30h

Información y matrícula:

C/ San Bernardo, 97, bajo, MADRID


Tel.: 91 594 36 72 / 656 913 859




Precio: 150 €

 NOTA: El seminario es eminentemente práctico, por lo que las plazas se limitan a 15 personas

lunes, 10 de marzo de 2014

Tres tipos de niños/as, tres tipos de casos (Y, además, un interesantísimo libro sobre musicoterapia escrito por Miriam Lucas)

Sigo entusiasmado con el libro de Ana María Gómez EMDR therapy and adjunct approaches with children. Semana a semana voy leyéndolo cuando tengo libre y a medida que avanzo, más me va cautivando. En el post anterior os hablé de la teoría polivagal de Porges (y se han disparado las visitas a esa entrada, por lo tanto os interesa) Así pues, continúo con esta autora y sus aportaciones a través de este libro, ella es la estrella invitada esta temporada en nuestro blog Buenos tratos.

La entrada de hoy está dirigida especialmente a profesionales, pero no por ello los padres, las madres y las familias en general vais a dejar de encontrar elementos y claves que os permitan cada día comprender y acompañar mejor a vuestros hijos/as.

(Nota: luego entenderéis por qué he puesto una fotografía de un bistec)


Para poder conceptualizar el caso de un niño/a o adolescente que es remitido a psicoterapia (o los/as que trabajáis en un servicio de acogimiento familiar o adopción; o en los programas de atención a víctimas de violencia doméstica; o en los programas de preservación familiar; o en los programas de acogimiento residencial en los cuales es –desgraciadamente- habitual que los menores presenten distintos niveles de gravedad en función del número e intensidad de los eventos traumáticos padecidos) adecuadamente, hemos de darnos cuenta (como nos propone Ana María Gómez) que algunos/as niños/as responden muy bien y bastante rápido a la terapia (incluyendo en ésta también el abordaje EMDR, pero no solo. Hay que utilizar más técnicas, estrategias y enfoques psicoterapéuticos; aunque este tema da para otro post) mientras que otros/as rechazan el tratamiento o tienen síntomas que empeoran después de las primeras sesiones (la psicoterapia, no sólo los fármacos, puede tener efectos indeseados) Lo que ocurre es que estamos acelerando a muchos niños/as con trauma complejo -con limitadas y constreñidas capacidades para tolerar el afecto- a un procesamiento para el que no están preparados/as.

Por ello, la autora ha creado tres categorías que nos ayudan a los profesionales a entender mejor las necesidades de cada niño/a o adolescente, organizar más eficazmente el plan de tratamiento y conceptualizar cada caso más eficientemente:

Casos tipo I
Estos/as niños/as llegan a psicoterapia con uno o pocos eventos traumáticos. Ellos/as se presentan con experiencias de apego positivo (en su pasado probablemente han existido figuras que han favorecido la creación de un modelo mental de apego predominantemente seguro) y con recursos -tanto internos como externos- a los cuales pueden acceder durante los momentos de activación.

A pesar de las experiencias de trauma y adversidad y de la sintomatología que presentan en la actualidad, estos/as niños/as pueden mostrar niveles de estabilización adecuados o tener la capacidad de utilizar estrategias auto-reguladoras. Esto sugiere que, posiblemente, ha existido una permanencia (suficiente) de al menos, una figura que ha ejercido de filtro estabilizador del niño/a. Por ejemplo, Andrés es un menor adoptado de un país de la Europa del Este. Llega a la familia con un año de edad tras pasar éste en un orfanato. Ahora, cuenta con nueve años, y el mismo niño relata que cuando se enfada, él se dice a sí mismo “tú puedes calmarte”, y poco a poco consigue tranquilizarse. Es presumible que durante este primer año contara con una figura a la cual apegarse adecuadamente, o que el trabajo de reparación del apego, durante estos años, ha sido satisfactorio por parte de su familia adoptiva.

Los niños tipo I pueden encontrar dentro de su mente lugares, escenas, contenidos o imágenes calmantes.

Estos/as niños/as son capaces de moverse bastante rápido dentro de lo que es el reprocesamiento de las memorias que contienen el trauma o la adversidad. Poseen la capacidad de tolerar el afecto positivo y el afecto negativo, y sus ventanas de tolerancia (la franja dentro de la cual el sujeto se mantiene en niveles de activación tolerables y por lo tanto, capaz de procesar información) le permiten el acceso al material traumatogénico.

Además, los padres de esta tipología de niño/a poseen cualidades que les permiten promover un apego seguro y como resultado, el tiempo que el psicoterapeuta necesitará dedicar a las familias será menor.

La fase de preparación, estabilización emocional y de psicoeducación con respecto al trauma será también, en consecuencia, menos larga.

Casos tipo II
Estos/as niños/as aparecen con presentaciones y rasgos clínicos más complejos. Tienen múltiples experiencias de trauma y un sistema familiar en el que se identifican áreas de disfunción. Estos menores, a pesar del trauma que han sufrido, se presentan con gran resiliencia o con algunas experiencias tempranas de apego positivas con al menos, un cuidador que ha permanecido. A pesar de los patrones familiares disfuncionales, ambos cuidadores, o al menos uno, tiene la voluntad o está abierto a participar en la psicoterapia.

Los/as niños/as tipo II tienen dificultades para identificar un lugar interno para encontrar calma y seguridad. Estos lugares rápidamente pueden verse contaminados por elementos negativos o afecto desregulado.

Necesitan una fase de estabilización emocional más larga, trabajar más extensamente la psicoeducación y el empoderamiento ante los sucesos traumáticos y es preciso extender la capacidad del niño para modular y tolerar el afecto.

Es necesario trabajar con los cuidadores y, en general, con el sistema familiar; por lo que los enfoques centrados en la terapia de familia, en paralelo al trabajo con el/la niño/a, deben de articularse dentro del plan de tratamiento.

Algunos de estos menores son capaces de moverse bastante rápido dentro del reprocesamiento de las memorias que contienen material perturbador. Sin embargo, otros/as requieren un enfoque más progresivo.

Casos tipo III
Son los/as niños/as más difíciles de tratar, así como para que enganchen con la psicoterapia. Son menores que presentan trauma crónico y severo. Manifiestan estrategias propias del apego desorganizado y tienen síntomas de moderados a severos de disociación. La presencia de comorbilidad (coexistir dos o más patologías) es alta, así como la ocurrencia de conductas auto-destructivas y ausencia de tácticas regulatorias. El sistema familiar es -o ha sido- a menudo caótico y altamente desregulado o ausente.

Hay presencia de trastorno reactivo de la vinculación, trastornos del humor y trastornos disociativos, y la no consideración del trauma en el diagnóstico de estos niños puede hacer que durante años permanezcan en tratamiento en los sistemas de salud con escasas ganancias terapéuticas.

La fragmentación, la emocionalidad permanente y la desregulación psicofisiológica acompañadas de la existencia de una ventana de tolerancia a las emociones muy estrecha son normalmente prevalentes en estos/as niños/as.

La presencia de recursos internos y de redes de memoria que contienen información adaptativa y congruente sobre el self (sí mismo) y los otros no están presentes o son escasas.

La psicoterapia requiere fases largas de estabilización y empoderamiento. Y cuando se procede al reprocesamiento de los contenidos traumáticos, de nuevo hay que acudir al trabajo de estabilización (normalmente)

Los síntomas disociativos de estos/as niños/as les dificultan el mantenimiento de una conciencia centrada en el presente. Se requieren estrategias, cuando se reprocesan las memorias traumáticas, que mantengan a los/as niños/as en una conciencia dual (reprocesar los contenidos traumáticos pero atender y estar al mismo tiempo, conscientemente, al aquí y ahora) Esto es algo fundamental para no retraumatizar.
 
Los/as niños/as tipo III no tienen en su interior lugares calmados y tranquilos en los que morar. El mismo contacto con el cuerpo es algo muy doloroso para ellos/as y tienden a evitarlo. Hay que proceder con mucha cautela y progresivamente (los juegos sobre mindfulness pueden ser adecuados para empezar poco a poco a contactar con el cuerpo)

Se puede utilizar la metáfora de la dentadura y el filete para poder comprender mejor lo que anteriormente hemos expuesto.

Los/as niños/as tipo I vienen a psicoterapia con sus dientes en buenas condiciones. Si les damos un trozo de filete, ellos/as podrán morderlo y masticarlo sin atragantarse, necesitando poca ayuda y asesoramiento por nuestra parte.

Los/as niños/as tipo II llegan a la psicoterapia con bastantes dientes en mal estado y algunos desaparecidos. Además, tienen que morder, masticar y digerir piezas bastante grandes de filete. Tendremos que fortalecer y mejorar su dentadura para que puedan masticar el filete. E incluso, nosotros tendremos que partirle en trocitos el filete para que pueda ser mejor digerido.

Y, finalmente, los/as niños/as tipo III acuden a psicoterapia sin apenas dientes, y los pocos que tienen están en mal estado. Además, se presentan con pánico al filete. Por ello, una extensiva preparación para ayudarles a superar el miedo al filete a la par que le colocamos los dientes, será necesario. Tendremos que utilizar estrategias de distanciamiento y comenzar con mínimas cantidades de filete para ayudar a que los/as niños/as tengan un tratamiento exitoso.

Esta tipología no pretende ser rígida, insiste Ana María Gómez. La habilidad del profesional para ser flexible y ajustarse a los diferentes ritmos terapéuticos es fundamental. Ir más rápido con algunos/as niños/as que pueden hacerlo y por rutas más tranquilas (y yendo más despacio) con otros/as que no lo pueden tolerar. Además, hay niños/as tipo III increíblemente resilientes y que son capaces de moverse rápido dentro de lo que es el reprocesamiento del trauma. Es de extrema importancia ver a cada niño/a como una persona única, original e irrepetible.

Del mismo modo que los profesionales a priori debemos proceder más despacio con los/as niños/as tipo III, los padres, madres y familias que tenéis a vuestro cargo a menores que encajan en este tipo, tenéis que plantearos la educación, las tareas y la socialización como secundarias al establecimiento de una base de seguridad con vosotros/as que les permita, a partir de aquí, ir consiguiendo explorar y abrirse a otros desafíos. Es prioritario que seáis filtro estabilizador de vuestros/as hijos/as usando muchas de las tácticas que venimos exponiendo en este blog. Y desde luego, recurrir a la ayuda y tratamiento psicológico.

Quiero terminar la entrada de hoy hablándoos y recomendándoos un libro que nos introduce en el mundo de la musicoterapia. Titulado Introducción a la musicoterapia, y escrito por Miriam Lucas Arranz, la obra comienza por explicarnos qué es la musicoterapia. A continuación, se adentra en las áreas de aplicación de esta forma de hacer terapia, para, seguidamente, llevarnos a las técnicas y herramientas y a las guías para llevar a cabo un programa de musicoterapia. El libro es totalmente práctico y dedica una sección a describirnos casos. Esta terapia puede ser complementaria a otros enfoques, y me ha sorprendido lo tremendamente eficaz y adecuado que puede resultar el uso de este instrumento de comunicación como lugar seguro desde el cual atreverse a abrirse y expresar las emociones (u otro tipo de contenidos mentales muy difíciles de poner en palabras) De infinitas posibilidades y aplicado a una población amplia de sujetos, con el libro de Miriam Lucas podemos iniciarnos en el conocimiento de una ciencia y un arte con un inmenso poder de sanación. Es de reseñar que la autora haga referencia a este abordaje como una terapia idónea para niños/as y adolescentes víctimas de malos tratos y con problemas de vinculación. La música puede ser ese medio a partir del cual comenzar una relación y abrirse seguramente al otro. Publicado por la editorial Síntesis el pasado año 2013, podéis saber más sobre este libro haciendo clic aquí.

Cuidaos / Zaindu

viernes, 28 de febrero de 2014

Nuevo cuento de Verónica Pérez Gutiérrez para niños/as acogidos/as titulado: casas+corazones=mucho cariño

Verónica Pérez Gutiérrez, educadora y madre de acogida, tiene publicados (recientemente escribí un post para darlos a conocer) un buen número de cuentos para favorecer la comunicación entre los/as niños/as de acogida y las familias, con el fin de ayudarles a comprender muchas de las realidades que conlleva esta medida de protección. También los profesionales (educadores, psicólogos, médicos, profesores...) pueden encontrar en estos cuentos un excelente material para poder disponer de un medio, usando un tercer elemento, que les permita acercarse a los niños/as acogidos/as y poder trabajar con ellos/as cómo se sienten y piensan.
 
La entrada que escribí fue un éxito y ha tenido numerosas visitas. Eso se debe a que no abunda material de este tipo, tan específico; y sin duda y sobre todo, al buen hacer profesional de Verónica Pérez, quien conoce de primera mano el mundo del acogimiento residencial y familiar.
 
Dado que ha suscitado tanto interés (¡felicidades, Verónica!) tengo el gusto y el placer de anunciaros la reciente publicación de un nuevo cuento. Se titula: "Casas + corazones = mucho cariño" Usando el simbolismo de los conceptos cuantitativos, se le propone al niño/a que muchas casas equivale a tener muchas personas y por ello, mucho cariño. La idea a transmitir es que todo suma y apoya (cuando es positivo y constructivo, claro está); y lo que se suma es más red psicosocial, más apoyo y más cariño. Para niños/as de 3 a 6 años, a los que siempre es más difícil explicarles y poner palabras, por su temprana edad, a lo que viven.
 
 
 
 
Para saber más sobre este cuento, hojear las primeras páginas y adquirirlo, visita la página web de Verónica Pérez Gutiérrez, desde la cual da a conocer y distribuye sus cuentos:

 

martes, 25 de febrero de 2014

Otro seminario para el aprendizaje de la técnica de la caja de arena, el 1 de junio, en Madrid, organizado por UmayQuipa


Seminario para el aprendizaje de la técnica de la caja de arena
 
Imparte: José Luis Gonzalo, psicólogo clínico y psicoterapeuta infantil
 
Organiza: UmayQuipa, centro de psicoterapia
 
 
 
 
 

De nuevo imparto un seminario para aprender a utilizar la técnica de la caja de arena. Tendrá lugar el 1 de junio de 2014, domingo, en el Centro de Psicoterapia UmayQuipa de Madrid, el cual es dirigido por la psicóloga Loretta Cornejo. Vamos ya por la quinta edición de este seminario, que siempre tiene una fenomenal acogida. Las plazas son limitadas pues se necesita un grupo pequeño donde todos los participantes aprendan los conceptos básicos y sobre todo practiquen la técnica. El Seminario es práctico y vivencial. Trataremos de llevar a la práctica los contenidos y metodologías del libro que he publicado el año pasado titulado: "Construyendo puentes. La técnica de la caja de arena (sandtray) Editorial Desclée de Brouwer"

La técnica fue desarrollada por dos autoras: Dora Kalff y Margaret Lowenfeld y hunde sus raíces en la teoría jungiana. No obstante, la técnica también puede concebirse como un método dentro de la terapia de juego. Al primer enfoque se le llama sandplay. Y a este segundo, sandtray. En este Seminario nos centraremos en el sandtray.

La técnica consiste en la elaboración de mundos o escenas utilizando miniaturas diversas (hay que proveer al paciente de una muestra representativa de todos los seres animados e inanimados que existen en el mundo externo así como en su imaginario) que se colocan en la superficie de una bandeja (de unas proporciones determinadas) cubierta de arena hasta aproximadamente la mitad de su cabida.

La técnica me parece la más idónea para trabajar contenidos traumáticos cuando existen bloqueos emocionales que impiden al niño la verbalización. O para niños que no son hábiles o presentan un retraso del lenguaje de etiología diversa. El juego, por lo general, es el lenguaje del niño y aporta una narrativa que le permite liberar, expresar y simbolizar, desarrollando sentimientos de control, lo que le sucede y lo que vive en su interior. El modelo teórico en el que insertamos la aplicación de la técnica se basa en el trauma, el apego y la resiliencia.

Los niños, generalmente, no dominan el lenguaje verbal como lo pueden hacer los adultos. Jugar con ellos, en cambio, es acercarse a la manera que tienen de hablar y contar. La caja de arena podría insertarse dentro de este propósito porque implica un lenguaje no verbal que aporta numerosos símbolos universales, y al niño se le hace fácil y accesible.

Pero la técnica no sólo son los símbolos (muñecos, figuritas, miniaturas y todos aquellos elementos que también se convierten en símbolos como casas, puentes, árboles, vehículos, etc.) que equivaldrían a las palabras del diccionario. Es también una escenificación de todos esos elementos en la bandeja que suponen la gramática de la técnica.

El niño, además, se sitúa en una postura que le convierte en sujeto que crea y construye (visión muy resiliente): un mundo imaginario, una escena, una historia, un cuento, una secuencia… Y la gramática supone narrar. Y ya sabemos la importancia que la narrativa tiene sobre todo para los niños que necesitan reconstruir su historia. Especialmente cuando lo que se narra está cargado de emociones dolorosas que permanecen disociadas, como es el caso de los niños traumatizados por la violencia u otros acontecimientos duros y sobrecargantes para la mente en desarrollo. La técnica ayuda a la integración del trauma.

En este Seminario, eminentemente práctico, pretendemos:
OBJETIVOS

Conocer los orígenes de la técnica, hacer un poco de historia.

Perfilar para quiénes está indicada esta técnica.

Aprender los pasos en la conducción de una sesión con la técnica de la caja de arena.

Explicar cuál debe ser la actitud del terapeuta.

Alcances y límites de la técnica.

La metodología comprende la elaboración de cajas de arena por parte de los alumnos, aprendiendo los pasos en la aplicación y conducción de una sesión junto con breves exposiciones teóricas y el visionado de vídeos con casos prácticos reales.

Dirigido a: Psicólogos, psicopedagogos, psiquiatras, psicoterapeutas, pedagogos y trabajadores sociales.

Información e inscripción en:

Fecha: 1 de junio de 2014
Precio: 160€
Horario: De 10,00h a 14,00h y de 15,30h a 18,30h
Telefax: 91 5493878
Clases en: Juan Álvarez Mendizabal 13 1ºdcha. 28008-Madrid
E mail: umayquipae@gmail.com

lunes, 24 de febrero de 2014

Cómo pueden las familias comprender y ayudar a los niños/as adoptados/as y acogidos/as a la luz de la Teoría Polivagal de Porges


Llevo ya un tiempo pensando en compartir esta teoría con todos/as vosotros/as, padres y madres, y también con los profesionales que seguís este blog y no la conocéis. Nos va a aportar un conocimiento muy preciso de algunas respuestas y conductas de los niños/as que han padecido trauma temprano.


Primero voy a exponer someramente (de la mano de Ana María Gómez, que como ya os dije hace dos semanas, va a ser, con frecuencia, la estrella invitada en Buenos tratos. Su libro: “The EMDR therapy and adjunct approaches with children” es una joyita que estoy leyendo) la teoría polivagal. A continuación, expondré cómo podéis ayudar y reparar las secuelas que las experiencias tempranas adversas en forma de negligencia, abandono y maltrato dejan en la capacidad de los niños para entrar en una relación adecuada y sintonizada con los demás y con el entorno que les rodea.


La teoría polivagal emerge del trabajo de Stephen Porges en la evolución del sistema nervioso autónomo. De acuerdo con Porges, nuestros problemas emocionales y en última instancia, trastornos, llegan a tener su hardware dentro del sistema nervioso. Este sistema está jerarquizado y preparado para responder a los retos del ambiente. Porges describe tres diferentes sistemas que están asociados con conductas específicas y respuestas fisiológicas que permiten al organismo responder adaptativamente al peligro y a circunstancias estresantes:


El sistema parasimpático ventral vagal, llamado el de la actividad e interacción social. Este sistema es estimulado desde el momento que entramos, nada más nacer, en comunicación con la primera figura de apego, usualmente la madre, quien mediante un estado interno sintonizado con el del bebé promueve interacciones que son la primera escuela de socialización. La seguridad que da la madre al niño le permite ir estableciendo un vínculo plácido, pues aquélla se encarga de ser filtro estabilizador del infante, regulándole emocionalmente. Así pues, se estimula este sistema que prepara al futuro niño y adolescente a responder adaptativamente, en la adultez, a situaciones de estrés. Esta experiencia de apego seguro va estimulando este sistema mediante estados fisiológicos óptimos que apoyan la conducta social y la homeostasis (equilibrio visceral)


El sistema simpático, el cual se encarga de las respuestas de movilización de ataque/huida. Sobre este sistema hemos hablado otras veces (podéis leer este post), pero, resumiendo, es el responsable de emitir una reacción rápida ante el peligro o una amenaza, formando parte del sistema de alerta del organismo, de ataque o huida. Si nos asaltan para robarnos, no tenemos tiempo de analizar la situación, precisamos de una reacción rápida porque está en juego la supervivencia. Así les ha pasado a muchos de nuestros niños/as: tienen este sistema simpático alterado porque vivieron un buen número de situaciones en las que estuvo en juego su integridad personal: maltrato, violencia, guerra, asaltos…


El sistema parasimpático dorsal vagal que promueve la respuesta de inmovilización/bloqueo y favorece los estados disociativos. Por ejemplo, recuerdo a niños que tras haber pasado por varios años de orfanato sufriendo abandono y probablemente malos tratos, al llegar a la familia y comenzar el proceso de vinculación y adaptación familiar y social, en los momentos en los que se enfrentaban a situaciones en las que debían gestionar o dar una respuesta adecuada desde el punto de vista de la interacción social, ante un conflicto, se quedaban literalmente bloqueados: no respondían a estímulos, se quedaban en silencio, la mirada fija en el espacio… durante unos minutos, mentalmente se han retirado de sus procesos atencionales y de conexión con el entorno (se disocian) Un profesor preguntó a un alumno de once años porqué había colocado los pivotes de clase de educación física de manera diferente a cómo él se lo había indicado. El niño negó que esto fuera así, pero el resto de la clase apoyó lo que el profesor decía. El niño percibió algo así como “peligro” y entonces entró en una respuesta de bloqueo y rigidez corporal.


Según Porges, a través de la evolución los mamíferos desarrollaron los dos sistemas vagales, los cuales se programaron para responder con diferentes tipos de estrategias. El sistema ventral vagal nos permite además, responder con flexibilidad y adaptativamente a las demandas del ambiente. Ese mismo niño del que hablamos, suele mostrarse rígido mentalmente cuando juega con compañeros, negándose a ver el punto de vista del otro. Además, suele enfadarse y mostrarse agresivo en situaciones en las que no debería, y en cambio, cuando ha de expresarse asertivamente, no lo hace. No existe esa flexibilidad adaptativa a la que alude Porges. El trauma, especialmente el crónico, temprano y complejo, puede inhibir la disponibilidad de este sistema a largo plazo, constriñendo la capacidad de niño para responder adaptativamente al estrés, auto-regularse y formar apego sano y vínculos sociales.


Cuando las memorias del trauma y la adversidad son activadas por los estímulos ambientales (que es cuando los niños pueden responder o reaccionar atípicamente y para las personas que no conocen la naturaleza, traumática, de dichas reacciones, pueden a su vez, responder inadecuadamente con regañinas, broncas, castigos o medidas de tiempo fuera que lo único que están haciendo es incidir en la herida y, por lo tanto, retraumatizar), los menores de edad percibirán su entorno mediante las lentes de estas redes de memoria (no olvidemos que las respuestas que se aprenden con valor de supervivencia quedan engranadas en redes neurales que se pueden activar en un futuro ante determinados estímulos que las elicitan de nuevo) y como resultado harán una valoración inadecuada de la situación en términos de peligro y seguridad. Esta neurocepción defectuosa, en términos de Porges, puede activar el sistema de defensa en situaciones en las que de hecho están seguros o, por el contrario, inhibir respuestas defensivas en contextos en los que realmente están en riesgo.

Esto lo conocéis, vivís y sufrís muchos padres y madres que atónitos y asustados asistís a un ataque de ira con fuerte componente agresivo del niño ante un estímulo que no justifica tal reacción. Una corrección en los deberes, en un clima de cansancio por ser el final del día, y no tolerando la frustración, puede conllevar este tipo de conductas que reflejan la valoración inadecuada que el niño ha hecho de la situación desde su memoria traumática (“estoy en peligro”, pensó automáticamente este niño, y también de manera instantánea, su cerebro puso en marcha la respuesta de ataque) U otro ejemplo sangrante: la mujer con una historia traumática compleja y temprana que ante una violación responde bloqueándose y disociándose ante la agresión del violador. En vez de interpretar esto como un indicador traumático, puede verse como consentimiento, con graves consecuencias psicológicas y legales para la víctima, a la cual se le indicará que no se defendió. Si no se conoce el lenguaje traumático, pueden confundirse y malinterpretarse muchas manifestaciones de los niños y los adultos.

La neurocepción puede ser activada externamente mediante estímulos, o internamente como cuando experimentan dolor físico. Es de crucial importancia para poder ir reconduciendo estas respuestas cómo el niño percibe el sistema de interacción social del cuidador, pues incidirá en cómo se formarán a largo plazo las representaciones de sí mismo, de los demás y del mundo que le rodea. Además, la expresión facial del cuidador, la voz, la mirada tienen el potencial de activar la neurocepción de seguridad o peligro. Por eso, cómo nosotros respondamos ante las conductas que son reflejo de un trauma pasado, es fundamental. No me cansaré de decirlo. Interpretarlas a la luz de la indisciplina, la mala voluntad o la desobediencia y aplicar consecuencias a dichas conductas, sin preguntarnos nada más, sin analizar por qué ocurre y de dónde pueden venir estos comportamientos, puede retraumatizar al niño. Además, no le ofrecemos la oportunidad, con nuestra actuación y pautas psicoeducativas, de estimular y hacer funcionar adecuadamente el sistema de conexión social.


¿Qué podemos hacer como padres, madres, profesionales para reparar el trauma que el niño acarrea y estimular su sistema de activación e interacción social, para que vaya inhibiendo las reacciones de ataque/huida o de bloqueo? Soy consciente que es un trabajo largo y arduo, pero merece la pena. En este mismo momento estoy asistiendo en terapia a la recuperación del sistema de activación social (ventral vagal) de un niño que lleva conmigo dos años en terapia, tras trabajar con su madre y aquél. Verle reir, conectar, jugar, regular el enfado y dar respuestas menos depredadoras ante la frustración, es de una gran satisfacción.


Os propongo estas orientaciones (tenéis muchas más en los post de apego y trauma que he escrito estos años. Solamente con hacer click en las etiquetas que están a la derecha de la pantalla se puede acceder a los mismos. Hablaré a continuación de algunos aspectos que no he mencionado con anterioridad)


El juego: Los niños víctimas de abandono y maltrato perdieron (porque el estrés del maltrato lo inhibió) en su momento el interés por el juego. El juego no es simplemente que el niño se divierta, no moleste o pase un rato entretenido. Es un sistema que organiza el cerebro del niño y es necesario que el menor pueda tener las condiciones necesarias para poder jugar; de este modo su desarrollo se verá potenciado y sus capacidades se desplegarán porque son estimuladas. Por investigaciones, se sabe que a las ratas a las que se les da a oler cualquier objeto que ha estado próximo a un gato y contiene su esencia, automáticamente les estresa, activa el sistema de alerta de la rata y dejan, entre otras cosas, de jugar. En la vida adulta, estas ratas son menos resilientes y sus habilidades se ven claramente afectadas por esta experiencia. Del mismo modo, los niños víctimas de malos tratos han inhibido el sistema de juego y han perdido oportunidades de desarrollo que son claves para la maduración cognitiva y emocional. Al principio, cuando empecé a trabajar con niños del sistema de protección, asistía asombrado a la negativa o desinterés por jugar que mostraban algunos de ellos. Con el tiempo, fui comprendiendo que estaba asociado a las experiencias adversas tempranas que vivieron.


Jugar de nuevo con los niños es posible, estimular este sistema está a nuestro alcance. Favorece la emergencia progresiva de muchos de los elementos del apego que se han desactivado como consecuencia de los traumas vividos: el contacto ojo a ojo, la cercanía física, la tolerancia a las emociones positivas y negativas, la espontaneidad, la sintonía con el otro, el aprender a co-regularse... A veces hay que seguir el juego del niño. Nunca tomárselo como una broma (jugar es un asunto serio) y no juzgar lo que ocurre. Reflejar lo que el niño hace y amplificar las emociones que vive. Ofrece un marco seguro para que el niño se relacione con nosotros.  Una parte del tratamiento que suelo utilizar consiste en que los padres jueguen con los niños en la consulta, pudiendo proporcionarles después feedback sobre su actuación y cómo la han sentido.


El deporte y el movimiento: Los expertos en trauma recomiendan cada vez con mayor convencimiento la práctica de deportes o actividad física que mueve el cerebro. “Muévelo o piérdelo”, afirma Siegel en relación a que el cerebro de los niños (sobre todo de los más pequeños) necesita movimiento físico para estructurarse adecuadamente. También sabemos -por los expertos en trauma- que éste sobre todo, se fija en el cuerpo inicialmente. “El cuerpo lo registra todo”, dice Van der Kolk. La psicomotricidad para los más pequeños es un tratamiento idóneo para entrar en contacto con lo corporal y lo emocional, una psicomotricidad de corte relacional. Los deportes como las artes marciales ayudan al cerebro traumatizado porque empoderan y promueven el trabajo con las sensaciones corporales asociadas al trauma, aprendiendo a canalizarlas. El fútbol, el baloncesto… son también deportes de equipo adecuados para favorecer la regulación emocional y corporal. Uno de los vídeos que pudimos ver en una conferencia a cargo de Van der Kolk mostraba cómo trabajaba con los niños en base al movimiento y ejercicios sensorio-motrices. Hay que valorar qué tipo de deporte o movimiento es adecuado para cada niño.


Favorecer la desactivación del sistema de defensa: Cuando el niño o el adolescente entra en reacción de lucha/huida porque hay estímulos del presente que activan la memoria emocional y la reacción de alerta, siempre aconsejo a los padres que no entren a castigar, ni mucho menos pelear. Hay una tendencia en algunos varones padres a la rigidez, e incluso a agredir al niño o al joven, que es muy peligrosa e inadecuada y que se centra en el “se porta mal” o “no hace bien las cosas” y "voy a ponerle límite físicamente". No. Esto es confundir las cosas, pues el niño no se comporta así por un tema de disciplina sino porque emite una respuesta propia del sistema nervioso simpático. Hay que tratar de contener con la palabra llevándole al niño o al joven hacia la estimulación del sistema de conexión (ventral vagal) social. Eso es lo que tenemos que hacer desde el punto de vista neuro-psico-biológico. Es muy útil decirle frases como: “mira a tu alrededor, ¿hay algún peligro o amenaza, alguien te va a hacer daño?" O: “¿dónde estás?”; “estás con nosotros, aquí, en nuestra casa, nadie te va a hacer ningún daño” Se le llama presentificar. Hacerle notar al menor que está en el presente con nosotros, y seguro. Por eso entrar a pelear o a poner disciplina es totalmente inadecuado. Más tarde habrá tiempo para poder hablar de los límites y las normas. Esta tarea lleva tiempo pero no instala ni fortalece en los niños la neurocepción de que con sus cuidadores actuales el peligro sigue presente. Los padres o madres que entren en disputas y peleas agresivas con sus hijos/as deben de reflexionar y pedir ayuda profesional. Pues, como explica Ana Gómez, la interactuación del trauma del niño con las características de apego de los cuidadores (probablemente actuarán de este modo agresivo porque ellos han tenido también una historia de vida que deben de revisar) agravará la desorganización que estos menores suelen traer.



Termino la entrada de hoy con una interesantísima "picada": Ya sabéis que desde hace un tiempo me despido siempre recomendándoos algo de calidad. En este caso se trata de un libro de la reconocida y experta autora Montse Lapastora, quien lleva 25 años en la profesión de psicóloga clínica, muchos de ellos consagrada al trabajo y el tratamiento con menores y familias que tienen hijos/as adoptivos/as. Tuve el gusto de conocerla recientemente -para mí ha sido un honor- y compartir experiencias y conocimientos aprendiendo a su lado. Para las personas que residís en Madrid es una profesional altamente cualificada para trabajar con menores adoptados que presentan trastornos del apego y trauma. El libro al que me refiero os va ayudar en vuestra tarea educativa con los niños/as, y está escrito conjuntamente con Fátima Vázquez de Castro. Es del año 2007, editorial Síntesis y se titula: "Niños adoptados. Estrategias para afrontar conductas".
 
Espero que la entrada de hoy os haya gustado y aportado en vuestro caminar con los niños/as y jóvenes. Volveré con vosotros/as dentro de quince días.


Cuidaos / Zaindu