lunes, 22 de marzo de 2021

¿Tenemos que ser "súpermamás" y "súperpapás"? ¿Ser padre o madre adoptivo, se nace o se hace?, por Mar Alcolea, psicóloga.



Firma invitada


Mar Alcolea Álvarez, psicóloga
Grupo Volmae



Mar Alcolea Álvarez. Es directora de la sede de grupoVOLMAE en Toledo. Psicóloga, formadora y perito dentro la de la bolsa oficial de peritos del Colegio de Psicología de Castilla La Mancha. Licenciada en Psicología por la Universidad de Murcia. Es Especialista Universitario en Evaluación y Tratamiento de Trastornos de Conducta. Está acreditada como Psicóloga Sanitaria por el Colegio Oficial de Psicólogos de Castilla-La Mancha tras su intensificación en el ámbito de la salud mental. Su metodología dinámica, cercana y profesional ayuda a los clientes (muchos de ellos personas adoptadas) motivándoles para que de manera autónoma alcancen sus objetivos personales y profesionales, y como meta última alcancen su bienestar. Psicóloga vocacional, está envuelta en cualquier tema que tenga que ver con la psicología, psicóloga voluntaria en Protección civil, presidenta de la Asociación Psicología Abierta en Acción de CLM y también colaboradora en proyectos de investigación del suicidio en adolescentes así como en un
proyecto de investigación del  tesis doctoral de terapia asistida con animales de compañía.

Con un enfoque cognitivo-conductual, con formación humanista y sistémica, Mar fusiona su pasión de ayudar a los demás con una amplia experiencia en psicoterapia. Colaboradora en diferentes medios de comunicación y es tutora externa de diferentes universidades y autora y narradora de “Las aventuras del fantasma Paruyo” https://volmae.es/paruyo

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Título del artículo:
¿Tenemos que ser "súperpapás" y súpermamás"? 
¿Ser padre o madre adoptivo, se nace o se hace?

La mente al nacer es “tamquam tabula rasa” en la que nada hay escrito. Si bien esta expresión típica de la filosofía de Aristóteles es sumamente verdadera para explicar la prioridad de un correcto ambiente y educación en los niños y niñas, a la vez requiere analizar ciertos matices pues esta premisa resulta incierta cuando hablamos de ADOPCIÓN.

Para sumergirnos en un tema tan controvertido y complicado como los procesos adoptivos en España sería necesario empezar por responder a la pregunta ¿Qué es la adopción? Pues bien, la adopción es un recurso de protección de menores cuyo objetivo es a DAR a una familia, de forma estable y definitiva, a menores de edad que no disponen de ella o bien cuyas familias biológicas no poseen los recursos necesarios para ofrecerles una vida íntegra y digna. Con la adopción se generan vínculos entre adoptantes y adoptados, en los que el motor que alimenta la relación siempre es la virtud de saber AMAR. Sin embargo, las personas que trabajamos en el mundo de la adopción sabemos que "el amor no lo cura todo... a pesar de que sea la raíz en la que emerge todo cambio".

En la ley 5/2014 de 9 de octubre de Protección social y jurídica de la infancia y adolescencia de Castilla-La Mancha, se define como principal meta de la adopción: que sea una forma de protección de los y las menores. Y dice textualmente: "cuando las circunstancias del o la menor aconsejen la separación definitiva de su familia de origen con extinción de los vínculos jurídicos, se promoverá su adopción ante la autoridad judicial competente de acuerdo con los requisitos y procedimientos establecidos en la presente ley, sin perjuicio de lo dispuesto en el Código Civil, en la Ley de Enjuiciamiento Civil y demás normativa aplicable" Un exigente marco normativo en el ámbito nacional e internacional rige la regulación de los procesos adoptivos tales como: la Convención sobre los Derechos del Niño, la Convención de La Haya de 1993 sobre la protección del niño y la cooperación en materia de adopción internacional, el Código Civil, la Constitución Española o los estatutos de autonomía.

Volviendo a la expresión en la que comenzaba el artículo, la afirmación de Aristóteles no es aplicable a la adopción, ya que son menores que suelen venir con "un pan debajo del brazo", con una historia anterior a veces dura, incomprensible y emocionalmente dañina, que conmueve, y hace incluso incomprensible para la mente humana tales sucesos (Véase el libro: ¿Todo niño viene con una pan bajo el brazo? de José Luis Gonzalo y Oscar Pérez-Muga).

Por tanto, la formación para los y las solicitantes de adopción, el PREPARAR la llegada del o la menor y APRENDER las responsabilidades parentales, el contenido implicaciones de la adopción y sus particularidades frente a la paternidad y maternidad biológica, será imprescindible.

Todo ello no sólo para educar, amar, proteger a los y las menores de edad, sino que en todos los casos, es recomendable un seguimiento posadoptivo para ORIENTAR y ACOMPAÑAR a las familias adoptantes en todos los hitos evolutivos comunes en cada proceso de adopción. Cada menor, es un historia compleja y única, obras de arte irreplicábles, y a su vez existen patrones disfuncionales de conducta o incidencias comunes, que pueden abordarse funcionalmente con un adecuado seguimiento psicológico, basado en todos los estudios cada vez más evidenciados sobre trauma, apego y adversidad temprana, a pesar de lo mucho que queda por investigar y por contrastar científicamente.

Dentro de la formación orientada a una buena acogida y seguimiento adoptivo hablamos de una preparación para ser "SUPERPAPÁS" Y "SUPERMAMÁS” y no es para menos puesto que es necesario una serie de rasgos de personalidad, hábitos, fortalezas, y requisitos previos para la valoración técnica de solicitudes. Por todo ello, y ya que el ser papá o mamá adoptiva se hace, no sólo se nace, tenemos que facilitárselo y darles las máximas herramientas terapéuticas, sociales y de agilidad burocrática posibles. Porque, como habéis podido suponer, lo de ser "supermamás" y "superpapás" iba con ironía; sí, no somos perfectos/as y no podemos pretender serlo.



Entre los criterios más conocidos para la idoneidad parental en un proceso adoptivo encontramos varios como: ausencia de antecedentes penales, ausencia de discriminación por razón de sexo u origen étnico del menor en la solicitud, una diferencia de edad con el adoptado en los términos establecidos en la legislación estatal civil, condiciones adecuadas de salud física y psíquica, integración social y situación socioeconómica normativa, así como de vivienda, disponibilidad para la educación así como tener una motivación y expectativas en el proceso de adopción en las que prevalezca el interés superior del o la menor.

Otro aspecto relevante a valorar -y que a veces cuesta a algunas familias adoptivas-, es reconocer y facilitar es derecho del o la menor a solicitar y recibir información sobre su condición de adoptado/a y sus orígenes familiares/personales. La pregunta sería: ¿y desde cuándo hay que darle información de su adopción? ¡Desde el primer día que comienza la adopción! Siempre acorde a su edad cronológica, adelantándonos a sus inquietudes, desde LA MIRADA APRECIATIVA (Véase el libro "Esta es nuestra historia" de Ana Berástegui).

Portada del libro de José Ángel Giménez Alvira



El proceso de valoración de idoneidad así como tramitación de adopción es complejo y muy largo, por lo que hay familias que desisten o abandonan en el transcurso del mismo. "¿Por qué es tan difícil adoptar?" Se preguntan muchas familias que acuden a nuestras clínicas... ¿Burocracía? Tal vez, pero principalmente porque, como decía, se necesita ser un potencial superpapá o supermamá para ser capaz de adoptar a un o una menor, poder ayudarle en la medida de lo posible a REPARAR las cicatrices emocionales que traen los y las menores consigo. (Véase el libro: "Indómito y entrañable. El hijo que vino de afuera", de José Ángel Giménez). Y REPARAR también las nuestras, ya que todo el mundo también trae consigo una caja de vivencias en la infancia que influyen en la edad adulta en mayor o menor grado, así como en el ejercicio de la m/parentalidad

Y entonces, sólo entonces
te das cuenta de que tu corazón late.
Te das cuenta que no hay emociones
ni buenas ni malas,
Que la vida era eso..sentir, sólo eso.
Sin más coraza que la sombra de tu temor,
sin más aliento que tu esperanza,
sobrecargada de sufrimiento
y el cobijo de un sueño roto.
Y entonces, sólo entonces...
te das cuenta de que tu corazón late.
Ahí estas, amor.

Os deseo a todos/as unas felices vacaciones de Semana Santa o Primavera, Buenos tratos regresará el día 19 de abril.

lunes, 8 de marzo de 2021

Escuelas sensibles al trauma

 Presentación

Recientemente, mi amiga y colega, psicóloga y especialista en trauma, Begoña Velasco, me compartió un link que no pasó desapercibido para mí. Al contrario, captó mi atención de inmediato y lo leí con verdadero interés. Se trata de una página web de una institución americana MAC: Massachussets Advocate for Children que promueve, a través del programa Helping Traumatized Children Learn, escuelas sensibles al trauma.

Teniendo en cuenta que el número de experiencias adversas que los niños/as y adolescentes tienen que soportar en sus vidas (actualmente aún más, con las secuelas derivadas de la pandemia por COVID, tanto en la salud física como mental) son numerosas, en una sociedad cada vez más deshumanizada, la escuela no puede permanecer ajena a la repercusión que el trauma complejo tiene en el desarrollo de los menores en todas sus áreas. 

Foto: somospsicologos.es

Sabemos desde el modelo de Traumaterapia de Barudy y Dantagnan, que promueve intervenciones ecosistémicas, que recuperarse de un trauma es el resultado de un proceso de acompañamiento especializado en el que una "poderosa red de relaciones" (Perry y Szalavitz, 2017) apoya y contiene al niño/a durante prácticamente todo su crecimiento y desarrollo. Un psicólogo/a o cualquier otro/a profesional, solo/a, no puede ayudar a un niño/a o adolescente a hacer un proceso de adaptación y de resiliencia secundaria (Barudy, 2020). Los modelos de intervención exclusivamente en sala de terapia, aun siendo necesarios, pueden resultar insuficientes. Los profesionales de la Red Apega somos conscientes de ello desde hace muchos años. Por eso, el modelo de Traumaterapia de Barudy y Dantagnan hunde sus raíces en la "ecología social de los buenos tratos" (Barudy y Dantagnan, 2005) y en "la resiliencia secundaria" (Cyrulnik, 2003 y Barudy, 2020); porque esta solo puede emerger del entretejido de personas y relaciones que la promueven, nunca en soledad. 

Desde el Modelo de Traumaterapia, una de las bases de la intervención la constituye el contexto del niño/a o del adolescente, dentro del cual incluimos el trabajo de coordinación, apoyo y asesoramiento a toda la comunidad escolar; pues esta debe de estar implicada y participar activamente para que todo niño/a pueda aprender y sentirse integrado socialmente en el colegio, donde un menor de edad pasa muchas horas al día.

Desde el Modelo de Traumaterapia también, hemos promovido iniciativas como esta publicación y desde este blog -que es el de la Red Apega- hemos compartido artículos dirigidos a orientar a los docentes, incluso con propuestas rompedoras como la del aula tribal (Cozzolino, 2019)

Ahora, gracias a Begoña Velasco, me llega esta información que comparto porque me gustaría que en el ámbito escolar fuera entrando el concepto de escuela sensible al trauma. Me gustaría que quienes pueden decidir y liderar este proceso transformador lo conozcan y se motiven a implementarlo en su colegio o instituto. Este tipo de escuelas van a ser las más demandadas, pues vivimos en una sociedad donde el trauma está, por desgracia, muy extendido, es la "epidemia oculta", como dice un autor. Porque, a menudo, el trauma puede no ser tan evidente (puede estar disfrazado por la complacencia, por ejemplo)- Las escuelas deberán de asumir pronto este reto porque las familias buscarán entornos donde los niños/as puedan sentir conexión con sus profesores y personal escolar, y con sus compañeros. Adultos que les proporcionen seguridad y confianza, así como un sentimiento de ser valorados/as y apreciados/as. 

Los valores educativos deben de cambiar porque la escuela aún se basa en la competitividad (mi ahijada Janire me dice, en el final del Bachiller, que es una pena que los alumnos/as queden reducidos a un mero número para acceder a la Universidad, sin valorar otras cualidades, que son más importantes para formarse en una profesión que una mera nota sobre conocimientos teóricos. ¡Qué razón tienes!) Los valores van a cambiar porque la supervivencia en un planeta cada vez más degradado va a llevarnos a sustituir la competición por la colaboración, el colectivismo por el individualismo, las capacidades y fortalezas personales por las notas numéricas, los proyectos por las asignaturas, el aprender solos por el aprender en equipo y relacionándonos, los más sabios y mayores apoyando a los menos sabios y menores. Una escuela donde no exista la posibilidad de fracasar. Con un letrero a la entrada que diga, como en las escuelas de Marva Collins: "Bienvenidos, aquí NO vais a fracasar" Las escuelas que se adelanten a esto serán consideradas entornos de aprendizaje más ecológicos, justos, humanos y solidarios; porque... nadie está libre de padecer un trauma en el mundo en el que vivimos y en el que les va a tocar vivir a las nuevas generaciones. 

Uno se congratula al ver propuestas como esta que he traducido y adaptado del inglés, de su página web. Los americanos nos llevan mucho adelanto, ellos ya están fomentando y trabajando por la creación de escuelas sensibles al trauma. Pero para mi grata sorpresa aquí, entre nosotros/as, hay profesoras en el ámbito universitario que llevan tiempo investigando sobre esto. Se han puesto en contacto conmigo al saber que publico un post sobre este tema y ¡pronto tendremos en este blog un resumen de sus investigaciones!.

Os dejo con los aspectos básicos que definen a las escuelas que son sensibles (esta palabra es preciosa) al trauma, a la par que desde la Red Apega estamos siempre dispuestos a apoyar a cualquier centro que muestre interés en transformar su escuela y que se convierta en un centro diferente: sensible al trauma, esto es, sensible a las personas, a los niños/as y jóvenes, a sus familias, y al sufrimiento que causan los eventos adversos y desgraciados de la vida, a veces naturales, pero otras veces, causados por seres humanos que dañan a otros seres humanos. Lo peor que puede ocurrirnos, sobre todo cuando eres niño/a y adolescente (inmaduro, dependiente y vulnerable) y el daño (maltrato, abuso o negligencia) proviene de tus propios padres o familiares. Estar solo durante un trauma y no tener a nadie en el que te puedas apoyar sobre todo en la infancia y adolescencia, puede ser devastador. Por eso, una escuela sensible al trauma nace para ser punto de apoyo y éxito, no fuente de estrés y de fracaso. Tanto desde la Red Apega como desde otros ámbitos, los diferentes profesionales llevamos años acercándonos a las escuelas, contactando con los tutores y orientadores y tratando de sensibilizar e implicar a toda la comunidad escolar para que acojan a los niños/as que han sido víctimas de malos tratos y presentan un desarrollo impactado por el trauma crónico y acumulativo que padecen. Nos encanta descubrir propuestas tan bien articuladas como esta que expongo a continuación y traduzco y adapto de su página web. Difundid este post y hacedlo llegar a líderes significativos en cuyas manos está esta posibilidad transformadora.

ESCUELAS SENSIBLES AL TRAUMA, por Helping Traumatized Children Learn

 1.- Muchos estudiantes han tenido experiencias traumáticas

Los estudios muestran que casi todas las escuelas tienen niños que han estado expuestos a experiencias abrumadoras, como presenciar violencia entre sus cuidadores, ser blanco directo de abuso y otros tipos de adversidad. El estudio ACE (siglas en inglés de Experiencias Adversas en la Infancia) encontró niveles más altos de experiencias traumáticas en la población general de lo que se suponía. Entre los aproximadamente 17.000 adultos encuestados, alrededor del 50% informó haber experimentado, al menos, una forma de adversidad infantil. Estas incluían negligencia, abuso físico, emocional o sexual; presenciar violencia hacia la madre; tener un padre con abuso de sustancias o problemas de salud mental; o vivir en un hogar con un adulto que había pasado un tiempo en prisión.

Si agregamos las personas menores de edad que sufren bullying, maltrato, negligencia y/o abandono familiar; institucionalización; las que sufren violencia comunitaria generalizada, huyen de países devastados por la guerra, las víctimas de la inmigración, los refugiados... Los niños que se someten a múltiples procedimientos médicos invasivos; viven con un padre, madre o cuidador con un trauma no resuelto, o han perdido a un progenitor… Los niños o adolescentes cuyas familias sufren paro de larga duración, precariedad o, ahora mismo, las consecuencias de la pandemia por COVID en la economía, salud física y emocional de las personas… El número de niños afectados por una adversidad significativa crece, por lo tanto, aún más…

Los expertos explican que el trauma no es un evento en sí mismo, sino más bien una respuesta a uno o más eventos abrumadoramente estresantes donde la capacidad de afrontar la situación se ve dramáticamente socavada. Estas experiencias en la niñez pueden conducir a una cascada de dificultades sociales, emocionales y académicas. A medida que los estudiantes crecen, la exposición a experiencias traumáticas también puede llevar a la adopción de conductas de automedicación como el abuso de sustancias, el tabaquismo y la sobrealimentación. Todas estas respuestas a eventos traumáticos pueden interferir con la capacidad de un niño para aprender en la escuela.

2.- Las experiencias traumáticas pueden afectar el aprendizaje, el comportamiento y las relaciones en la escuela

Estudios recientes neurobiológicos, epigenéticos y psicológicos han demostrado que las experiencias traumáticas en la infancia pueden disminuir la concentración, la memoria y las habilidades organizativas y de lenguaje que los niños necesitan para tener éxito en la escuela. Para algunos niños, esto puede generar problemas con el rendimiento académico, comportamiento inadecuado en el aula y dificultad para establecer relaciones. 

Conocer el impacto del trauma en el desarrollo puede ayudar a evitar que los educadores malinterpreten las razones que subyacen a las dificultades de aprendizaje, comportamiento y relaciones de algunos niños.

Trauma infantil y rendimiento académico

Aprender a leer, escribir, participar en una discusión y resolver problemas matemáticos tienen su base en muchos procesos subyacentes: organización, comprensión, memoria, compromiso con el aprendizaje y confianza. Otro requisito previo para lograr la competencia en el aula es la capacidad para autorregular la atención, las emociones y el comportamiento. No es sorprendente que el trauma resultante de experiencias abrumadoras tenga el poder de perturbar el desarrollo de estos fundamentos del aprendizaje por parte del estudiante. Puede socavar el desarrollo de las habilidades del lenguaje y la comunicación, frustrar el establecimiento de un sentido coherente de sí mismo, comprometer la capacidad de prestar atención a las tareas e instrucciones del aula, interferir con la capacidad de organizar y recordar nueva información y obstaculizar la comprensión de las relaciones de causa y efecto; todas las cuales son necesarias para un procesamiento eficaz de la información. El trauma también puede interferir con la capacidad de juego creativo, que es una de las formas en que los niños aprenden a lidiar con los problemas de la vida cotidiana.

Foto: educapeques.com

Escuelas sensibles al trauma: una propuesta

3.- Las escuelas sensibles al trauma ayudan a los niños a sentirse seguros para aprender

Una vez que las escuelas comprenden cómo repercute el trauma en la educación de los niños en el ámbito escolar, pueden convertirse en entornos seguros y de apoyo donde los estudiantes establezcan conexiones positivas con adultos y compañeros que, de otro modo, podrían rechazarles. 

Regular sus emociones para que puedan concentrarse y comportarse de manera apropiada, y sentirse lo suficientemente seguros para avanzar en su aprendizaje; en otras palabras, las escuelas pueden hacer que la sensibilidad al trauma sea un elemento importante desde el cual se gestione la escuela. 

Una definición compartida de lo que significa ser una escuela sensible al trauma puede unir a educadores, padres y técnicos de educación en torno a una visión común. 

Definimos las características centrales de una escuela sensible al trauma en estos aspectos:

a/ Una visión compartida de toda la comunidad escolar (padres o personas responsables del cuidado de la persona menor de edad, director, profesores, tutores, orientadores, técnicos de educación, inspectores educativos, psicopedagogos, personal del comedor escolar, conserjes, administrativos, conductores de autobuses, entrenadores deportivos, profesionales externos y asesores) de que las experiencias adversas en la vida de los niños son más comunes de lo que muchos de nosotros creemos. Asumir que el trauma puede afectar al aprendizaje, comportamiento y las relaciones en la escuela, y que se necesita la implicación de TODA la comunidad escolar para sensibilizar sobre el trauma.

b/ La escuela apoya a todos los niños para que se sientan seguros física, social, emocional y académicamente. Las respuestas traumáticas de los niños y las dificultades asociadas que pueden enfrentar en la escuela a menudo tienen su origen en amenazas reales o percibidas a su seguridad que socavan la sensación interna de bienestar. Por lo tanto, el primer paso para ayudar a los estudiantes a tener éxito en la escuela, a pesar de sus experiencias traumáticas, es ayudarlos a sentirse seguros: en el aula, en el patio de recreo, en el pasillo, en la cafetería, en el autobús, en el gimnasio, en el caminar hacia y desde la escuela… Esto incluye no solo la seguridad física, sino también la seguridad social y emocional, así como la sensación de seguridad académica necesaria para tomar riesgos para avanzar en el aprendizaje en el aula.

c/ La escuela aborda las necesidades de los estudiantes de manera holística, teniendo en cuenta sus relaciones, autorregulación, competencia académica y bienestar físico y emocional. El impacto del trauma puede ser generalizado y tomar muchas formas. La manera en que un niño que ha experimentado eventos traumáticos se presenta a sí mismo puede enmascarar, en lugar de revelar, sus dificultades. Se necesita una lente más amplia y holística para comprender las necesidades que subyacen a la conducta de un niño. 

Los investigación nos revela que si apoyamos a los niños en cuatro dominios clave: (1) relaciones con maestros y compañeros; (2) la capacidad para autorregular los comportamientos, las emociones y la atención; (3) el éxito en áreas académicas y no académicas; y (4) la salud y el bienestar físico y emocional, maximizaremos sus oportunidades para superar todo tipo de adversidades, con el fin de tener éxito en la escuela.

d/ La escuela conecta explícitamente a los estudiantes con la comunidad escolar y brinda múltiples oportunidades para practicar las habilidades en desarrollo. La pérdida de un sentido de seguridad como resultado de eventos traumáticos puede hacer que un niño se desconecte de quienes lo rodean. Por lo general, los niños que han experimentado eventos traumáticos buscan a los que están en la escuela para restaurar su sensación de seguridad y ayudarlos a reconectarse con la comunidad escolar. Las escuelas pueden satisfacer esta necesidad si fomentan una cultura de aceptación y tolerancia en la que todos los estudiantes sean bienvenidos y se les enseñe a respetar las necesidades de los demás. También son esenciales los servicios de apoyo individual y las políticas que no alejen a los niños de sus compañeros y adultos de confianza, sino que los ayuden a ser miembros plenos del aula y de la comunidad escolar.

e/ La escuela promueve el trabajo en equipo y todos los profesionales (internos y externos a la escuela) comparten la responsabilidad de todos los estudiantes. Esperar que los tutores individualmente aborden los desafíos del trauma por sí solos, caso por caso, o que reinventen la rueda cada vez que se presente un problema, no solo es ineficaz, sino que puede hacer que los tutores se sientan abrumados. Una escuela sensible al trauma se aleja del paradigma típico en el que los maestros de aula tienen la responsabilidad principal de sus respectivos estudiantes. Al contrario, se promueve la responsabilidad compartida que requiere trabajo en equipo y una coordinación y comunicación continua y efectiva entre todos los profesionales de la escuela. En una escuela sensible al trauma, los tutores dejan de preguntarse "¿qué puedo hacer para ayudar a este niño?" a "¿qué podemos hacer como comunidad para apoyar a todos los niños y ayudarlos a sentirse seguros y participar plenamente en nuestra comunidad escolar?" Las escuelas sensibles al trauma ayudan a todo el personal interno y externo a sentirse parte de una comunidad profesional sólida y solidaria.

f/ Ejercen un liderazgo que permita a los profesionales anticiparse y adaptarse a las necesidades cambiantes de los estudiantes. En una escuela sensible al trauma, el equipo directivo y de gestión se toma el tiempo necesario para aprender sobre los cambios sociales y comunitarios que puedan producirse, de tal modo que puedan prever y anticiparse a los nuevos desafíos y necesidades educativas. Hacen todo lo posible para planificar con anticipación los cambios en el personal y las políticas educativas que con frecuencia suceden en las escuelas. Las escuelas sensibles al trauma también tratan de adaptarse a todos estos desafíos de manera flexible y proactiva, para que el equilibrio de la escuela no se vea interrumpido por cambios inevitables.

Esfuerzo de toda la escuela

4.- La sensibilidad al trauma requiere un esfuerzo de toda la escuela

Los niños necesitan sentirse seguros y conectados con adultos y compañeros en todos los entornos de convivencia de la escuela: en el aula, el comedor, el pasillo, las actividades deportivas, el autobús… No se trata solo de que lo experimenten con un maestro o en un espacio concreto. Además, abordar el impacto del trauma en la escuela requiere que los adultos compartan la responsabilidad de todos los niños. Ningún maestro puede hacerlo solo, y los servicios, si bien son muy importantes, son más efectivos cuando están coordinados para ayudar a los estudiantes a sentirse seguros y apoyados durante la jornada escolar. Esto requiere el trabajo en equipo y la implicación de todos en la escuela. Es importante recordar que nunca conoceremos a todos los niños que han sido afectados por eventos traumáticos. El mejor enfoque es crear un entorno escolar en el que todos los niños, incluidos los que han sido traumatizados, puedan tener éxito.


"La escuela sensible al trauma es un esfuerzo de toda la escuela"
Foto: eresmama.com

El personal docente debe de estar capacitado para formar comunidades de aprendizaje dinámicas y sensibles al trauma que les permitan ayudar a todos los niños a sentirse seguros y apoyados para aprender durante la jornada escolar. Esto requiere un proceso en el que el liderazgo y el personal identifiquen las necesidades prioritarias de los estudiantes y las familias en su escuela y piensen soluciones sensibles al trauma adaptadas a su cultura e infraestructura propias. Con el tiempo, la sensibilidad al trauma puede integrarse completamente en el funcionamiento de toda la escuela.

5.- Ayudar a los niños traumatizados a aprender debería ser uno de los principales objetivos de la reforma educativa

Las escuelas, que son comunidades importantes para los niños y los maestros, deben recibir el apoyo adecuado para abordar el impacto del trauma en el aprendizaje. De lo contrario, muchos niños no podrán alcanzar su potencial académico. La respuesta no es pedir a los profesores o escuelas que a título individual resuelvan estos problemas por sí mismos o de manera aislada, sino que desarrollen una amplia agenda de políticas públicas en la que las escuelas desempeñen un papel clave. 

Para garantizar que los niños alcancen su máximo potencial, debemos asegurarnos de que la investigación sobre el impacto del trauma en el aprendizaje sea ampliamente comprendida y sirva de base para la toma de decisiones a nivel de políticas públicas. En resumen, ayudar a que los niños traumatizados aprendan debería convertirse en un foco principal de la reforma educativa.

El trabajo interdisciplinario centrado en la creación de entornos, donde todos los niños aprendan, se inició hace más de quince años en USA (Massachusetts). Desde entonces, varias organizaciones, que trabajan a nivel distrital, estatal y nacional, han desarrollado un nuevo vocabulario para abordar las necesidades de los niños que han experimentado eventos traumáticos y nuevas formas de estructurar el entorno escolar. El creciente movimiento de "escuelas sensibles al trauma" ha fomentado un entendimiento compartido, con la coordinación necesaria entre maestros, técnicos de educación, administradores, trabajadores sociales e incluso conductores de autobuses y trabajadores del comedor, para crear entornos seguros y de apoyo. Los que necesitan los niños que han experimentado una adversidad abrumadora, y en realidad, todos los niños.

Referencias

Barudy, J. y Dantagnan, M. (2005). Los buenos tratos a la infancia. Parentalidad, apego y resiliencia. Barcelona: Gedisa.

Barudy, J. y Dantagnan, M. (2017). Prólogo. En La armonía relacional. Aplicaciones de la caja de arena a la traumaterapia (pp. 13-22). Bilbao: Desclée de Brouwer.

Cozzolino, (2019). Enseñanza basada en el apego. Crear un aula tribal. Bilbao: Desclée de Brouwer.

Cyrulnik, B. (2003). El murmullo de los fantasmas. Barcelona: Gedisa.

J. Barudy (comunicación personal, 14 de enero de 2020).

Perry, B., Szalavitz, M. (2017). El chico al que criaron como perro y otras historias del cuaderno de un psiquiatra infantil. Madrid: Capitán Swing Libros.

viernes, 26 de febrero de 2021

lunes, 22 de febrero de 2021

El abuso sexual infantil: ¿una perversión del apego?, por Arturo Ezquerro, psiquiatra



Firma invitada

Arturo Ezquerro 





Arturo Ezquerro.. Nacido en Logroño, La Rioja, Arturo Ezquerro lleva 38 años ejerciendo como psiquiatra, psicoterapeuta psicoanalítico y grupo analista en Londres. Es profesor en el Institute of Group Analysis, y el primer español en conseguir una Jefatura de Servicios Públicos de Psicoterapia en Reino Unido. Es miembro honorario del International Attachment Network y de la World Assotiation of International Studies. Colabora habitualmente con los medios de comunicación y reúne más de 80 publicaciones en 5 idiomas, incluyendo los libros “Encounters with John Bowlby” (Routledge) y “Relatos de apego” (Psimática).

Portada del libro de Arturo Ezquerro
"Relatos de apego. Encuentros con John Bowlby"


Título del artículo: El abuso sexual infantil: ¿una perversión del apego? 

El lado oculto del origen del psicoanálisis 

En los seis últimos años de su vida, de 1984 a 1990, John Bowlby fue mi supervisor y mi mentor en la Clínica Tavistock de Londres. Durante ese tiempo, sólo lo vi enojado una vez. Eso sucedió cuando le pregunté ingenuamente sobre el abuso sexual infantil. Bowlby frunció el ceño y dijo con un tono apesadumbrado que el cambio de opinión de Sigmund Freud sobre este asunto, en 1897, había sido ¡un desastre! 

En aquella época hacia finales del siglo XIX, el abuso sexual infantil se escondía detrás de un muro de respetabilidad, modestia, silencio encubridor y mentiras; sobre todo en los elementos más conservadores de la sociedad. Con ese telón de fondo, en 1885, un joven Freud de 29 años obtuvo una beca para estudiar con Jean-Martin Charcot, un destacado neurólogo en el Hospital de la Salpêtrière, en París. 

Freud quedó impresionado por las presentaciones clínicas de Charcot sobre pacientes diagnosticados de ‘histeria’; en aquel momento, la condición neurótica por excelencia. Histeria es una palabra griega, que significa útero. En la antigüedad, los médicos creían que la enfermedad era causada por un ‘vagabundeo’ del útero dentro del cuerpo. 

Charcot y Blanche en: A Clinical Lesson at the Salpêtrière por L. Brouillets



Uno de los estrechos colaboradores de Charcot, Pierre Janet, fue quien describió por primera vez el origen traumático de los síntomas histéricos. Janet sentó las bases para un entendimiento más profundo y riguroso del impacto de las experiencias traumáticas, tanto en la mente como en el cuerpo. 

El primer intento de Freud de explicar los síntomas histéricos apareció en el libro "Estudios sobre la histeria", que escribió con su mentor Josef Breuer, en 1895. El libro está basado en sus observaciones clínicas sobre varios pacientes con un diagnóstico de histeria. Breuer vio los síntomas como reacciones a un trauma emocional. Freud fue más allá y consideró que eran los recuerdos reprimidos de un trauma de origen sexual los que jugaban un papel primordial en la formación de los síntomas histéricos. 

El 21 de abril de 1896, Freud presentó su controvertida tesis sobre "La etiología de la histeria", en una reunión científica organizada por la Sociedad de Psiquiatría y Neurología de Viena. En este trabajo detalló las historias de dieciocho pacientes, doce mujeres y seis hombres. 

Aquí Freud (1896) fue más audaz que en el libro publicado con Breuer y planteó la hipótesis de que los síntomas histéricos de sus pacientes eran causados por un específico trauma sexual infantil. Según los relatos de sus pacientes, el abuso sexual había sido perpetrado principalmente por padres o padrastros; pero también por otros parientes cercanos como abuelos, tíos y hermanos mayores, así como cuidadores, maestros e institutrices.

Portada del libro, edición en inglés,
de las cartas de Freud a su amigo Fliess
Foto: www.goodreads.com

De este modo, nació su llamada ‘teoría de la seducción’, la cual tuvo una vida muy corta. Después de la reunión científica, Freud escribió a su fiel amigo Wilhelm Fliess para expresarle su preocupación por el masivo rechazo a su teoría por parte de sus colegas. De hecho, el prestigioso psiquiatra Krafft-Ebing, que presidió la reunión, comentó con sarcasmo que la presentación de Freud sonaba a cuento de hadas científico. Al final de su carta a Fliess, Freud se quejó: 

"¡Y todo esto después de que uno haya demostrado la solución a un problema de más de mil años de antigüedad: el nacimiento del río Nilo!" (Freud, 1896, citado en Zulueta, 1993). 

Lo que Freud postuló fue que la experiencia del abuso sexual había sido reprimida y había permanecido latente durante años, antes de que los síntomas histéricos se manifestaran con la explosión hormonal y el florecimiento de la sexualidad en la adolescencia y en la etapa adulta temprana. La idea de un período refractario o de latencia era consistente con otras patologías médicas como la sífilis. Freud dio la siguiente explicación: 

“Las experiencias sexuales infantiles son la condición previa fundamental para la histeria ... No la causan de inmediato, sino que ejercen una acción patógena más tarde, cuando regresan a la memoria después de la pubertad en forma de recuerdos inconscientes" (Freud, 1896, citado en Ezquerro, 2017b). 

Freud no descubrió el inconsciente. En la Biblia ya se habían descrito algunas manifestaciones del inconsciente a través de las experiencias oníricas, como el sueño de José de las siete vacas gordas y las siete vacas flacas. Pero lo que sí hizo Freud fue formular una teoría e interpretación de los mecanismos inconscientes, que pudiese servir de herramienta para entender y resolver los enigmas que con frecuencia presentaban sus pacientes en la consulta. 

La inmensa mayoría de sus colegas se negaron a creer que el abuso sexual infantil en la familia hubiese podido ocurrir en realidad. Algunos de ellos incluso lo acusaron de poner esas ideas en la mente de sus pacientes. Breuer (su antiguo mentor) lo defendió de dichas acusaciones, pero su apoyo fue tibio y parcial al considerar que los descubrimientos de Freud podrían haber sido exageraciones o distorsiones. 

Breuer sí aceptó que el trauma de carácter sexual era un factor importante en la etiología de la neurosis, pero no estaba de acuerdo con la hipótesis freudiana de que la histeria era siempre una consecuencia diferida de un abuso sexual previo a la pubertad. En mayo de 1896, Freud escribió de nuevo a su fiel amigo Fliess: 

"Me siento muy aislado, como nunca pude imaginar…; la palabra me ha abandonado, un vacío se está formando a mi alrededor" (Freud, 1896, citado en Sinason, 2011). 

Como los síntomas histéricos estaban tan extendidos, que ni siquiera perdonaban a sus hermanos o a él mismo, Freud tuvo que deducir que tal vez su propio padre pudiera ser culpable. Pero enseguida cambió de opinión y excluyó a los padres como principales perpetradores del abuso sexual infantil. Se concentró más en parientes, cuidadores y hermanos mayores, aunque en este último caso Freud insinuó que el hermano mayor había sido seducido previamente por un adulto. 

Podemos decir que Freud se rindió a la presión externa de la sociedad burguesa del Imperio Austro-Húngaro, así como a la presión interna de sus propias dudas. Repudió su creencia inicial y afirmó en cambio que los frecuentes relatos de sus pacientes sobre abusos sexuales en la infancia eran ilusiones o fantasías. 

En septiembre de 1897, Freud escribió a Fliess nuevamente para informarle sobre las dificultades que estaba experimentando en el tratamiento de las víctimas del incesto, y para justificar su retirada de la teoría de la seducción. El texto de su confesión es revelador: 

"En primer lugar, la continua desilusión en mis esfuerzos por llevar el análisis a una conclusión real... 

En segundo lugar, la sorpresa de que en todos los casos el padre, sin excluir el mío, podría ser acusado de perversión... 

En tercer lugar, la percepción cierta de que en el inconsciente no hay indicaciones claras sobre la realidad, por lo que uno no puede distinguir entre la verdad y la ficción... 

En consecuencia, me queda la solución de que es la fantasía sexual la que invariablemente se apodera del tema de los padres… " (Freud, 1897, citado en Ezquerro, 2017b). 

Freud se sintió forzado a postular que los problemas emocionales de sus pacientes eran causados por ‘fantasías’ o delirios de seducción que en realidad no habían ocurrido. Según Bowlby, este giro brusco de Freud retrasó el abordaje del problema unas siete décadas, no sólo en el mundo de la psicoterapia sino también en el inconsciente colectivo de la sociedad y el concomitante sentir de los ciudadanos. Las voces disidentes fueron acalladas, con indiferencia, silencio cómplice e incluso hostilidad. 

Hubo un incidente notorio, que ocurrió 35 años después de la rendición de Freud sobre la realidad del abuso sexual infantil. El psicoanalista húngaro Sandor Ferenczi, convencido de que sus pacientes le decían la verdad, decidió exhumar la teoría de la seducción. En 1932 presentó su re-descubrimiento a una gran audiencia de psiquiatras, psicólogos y psicoanalistas en una reunión científica en Wiesbaden, en Alemania. El trabajo de Ferenczi se tituló: Confusión de lenguas entre el adulto y el niño. 

Esta confusión de lenguas se pone de manifiesto, por ejemplo, cuando una niña anhela una relación de apego afectuoso y cercano con su padre o padrastro que, desde una perspectiva perturbada, malinterpreta la necesidad de su hija en términos de una ‘lengua sexual adulta’ (un idioma que la niña no conoce) y luego la fuerza a ella a ‘hablar’ dicha lengua (Ferenczi, 1949). 

Así, este padre abusivo toca el cuerpo y los genitales de su hija de una manera sexualmente inapropiada, mientras ella habla su inocente 'lengua infantil'. Además, el padre intenta persuadir a la hija de que la lujuria paterna es en realidad el amor que ella anhela. Esto no es ‘sexualidad infantil’ sino abuso sexual y explotación de las necesidades de apego de personas vulnerables e indefensas, algo que he descrito recientemente como una ‘perversión de la relación de apego’ (Ezquerro, 2017b). 

El valiente y honesto trabajo de Ferenczi fue agresivamente rechazado por sus colegas, sobre todo por Freud, quien había sido objeto de un rechazo comparable cuando presentó sus casos de abuso sexual infantil en Viena, en 1896. Muchas preguntas quedaron en el aire: 

¿Por qué desplegó Freud hacia Ferenczi una hostilidad incluso más salvaje que la que él mismo había recibido 36 años antes por parte de Krafft-Ebing? ¿No resulta cruel que el ‘padre’ del psicoanálisis hubiera perdido todo sentido de empatía hacia Ferenczi a pesar de su propia experiencia de rechazo? ¿Fue la conducta hostil de Freud una manera inconsciente de expresar un trauma no resuelto? 

De hecho, Ferenczi fue excomulgado de la comunidad psicoanalítica; lo cual pudo contribuir a su temprana muerte el año siguiente, a la edad de 59 años. Su artículo sobre la Confusión de lenguas entre el adulto y el niño fue censurado y no pudo ser publicado en inglés durante casi dos décadas. En este trabajo, Ferenczi denunció la hipocresía bajo la que se ocultaba el crimen del abuso sexual, que entonces casi nadie se atrevía a revelar. 

En el artículo también hay una crítica honesta a los profesionales (incluido él mismo) por crear situaciones peligrosas y nocivas en las que los terapeutas transfieren sus propios problemas a sus pacientes, lo que a veces conducía a la repetición del trauma sexual infantil (Ferenczi, 1949). 

Sándor Ferenczi
Foto: Wikipedia

Bowlby consideró que el miedo de Freud y de la mayoría de sus discípulos a los hechos reales, y su refugio en el mundo de las fantasías inconscientes, contribuyeron a una práctica clínica tremendamente ignorante e infructuosa con las víctimas. El silencio colusorio de los diversos estratos de sociedad también contribuyó a la persistencia y propagación de este grave problema. En una entrevista realizada por Virginia Hunter en 1990, Bowlby afirmó: 

"Debo decir que como estudiante estaba casi prohibido prestar atención a los acontecimientos de la vida real. Bueno, estoy hablando de la década de 1930 ... y todavía creo que hay un énfasis excesivo en la fantasía" (Bowlby, 1990. citado en Hunter, 2015). 

En dicha entrevista, Bowlby explicó también que, solo cuatro años antes, había asistido a una conferencia en una clínica muy conocida en los Estados Unidos. Un psicoanalista presentó el caso de una mujer que dijo haber sido abusada sexualmente por su hermano mayor. Sin embargo, el analista estaba convencido de que esto era una fantasía. 

Bowlby no tuvo dudas de que la mujer estaba diciendo la verdad, ya que sus problemas eran típicos de lo que podría esperarse como resultado del abuso sexual infantil. Le preguntó al analista si había leído la literatura sobre el abuso sexual en la infancia y sus consecuencias. Y quedó horrorizado de que el analista no estuviese familiarizado con las publicaciones especializadas sobre el tema, a lo que Bowlby añadió: 

"Mencioné esto porque ocurrió, ya ves, hace tan sólo cuatro años. Por lo tanto, esta renuencia a creer que lo que un paciente dice es cierto todavía está presente. Creo que es … antiterapéutico” (Bowlby, 1990, citado en Hunter, 2015). 

Además del psicoanálisis, buena parte de los profesionales de la salud mental y la mayoría de las instituciones en la sociedad mantuvieron un silencio cómplice. La negación es una fuerza poderosa a todos los niveles, como magistralmente expresó el filósofo Friedrich Nietzsche, en un elogiable ejercicio de introspección sobre la conciencia del ser humano: 

"Lo hice", susurra mi memoria. 

"No, no pude hacerlo", dice mi orgullo … y continúa inexorable. 

Finalmente … la memoria cede (Nietzsche, 2000). 

La situación en Reino Unido 

En los años setenta y ochenta, el movimiento feminista contribuyó a sacar a la luz el problema del abuso sexual infantil, junto con otros temas tabú como la violación y la violencia de género. 

En el verano de 1987, el Informe Cleveland tuvo un poderoso efecto de sacudida en todos los estratos sociales de Gran Bretaña. En la primavera de ese año, 121 niños del entonces condado de Cleveland, un área de menos de 600 kilómetros cuadrados, fueron separados de sus familias y llevados a centros protegidos de los servicios sociales, ante la sospecha de haber sufrido abusos sexuales (Ezquerro, 2017a). 

Muchos de estos niños fueron nuevamente abusados por sus cuidadores, dentro de una estructura de servicios sociales que no estaba preparada para la prevención y el tratamiento del abuso sexual infantil. Lamentablemente, el proceso de la justicia penal en sí mismo agregó mucho al trauma de las víctimas, a corto y a largo plazo. Los niños recibieron muy poca información sobre lo que estaba sucediendo. 

Además, muchos de estos niños fueron aislados y sometidos a duros interrogatorios. En febrero de 2013, los medios de comunicación británicos denunciaron el suicidio de la joven Frances Andrade, después de un controvertido juicio en el que se sintió acorralada, al tener que dar detalles minuciosos sobre el abuso sexual al que había sido sometida de niña. Este trágico suceso puso de relieve la naturaleza re-traumatizante del proceso legal. 

En ese contexto, en julio 2014, la entonces responsable del Ministerio del Interior y futura primera ministra Theresa May mandó iniciar una investigación a nivel nacional sobre el abuso sexual infantil en Reino Unido. Esto ocurrió a consecuencia de la revelación de que 114 archivos del Ministerio del Interior sobre supuestos abusadores, durante el período de 1979 a 1999, habían desaparecido o habían sido destruidos. Esto implicaba que la evidencia tuvo que ser suprimida necesariamente por personas de alto rango de poder. 

La investigación todavía no ha concluido. Los cuatro primeros directores de la misma tuvieron que dimitir, debido a las muchas presiones recibidas que no les dejaban hacer su trabajo. El actual primer ministro Boris Johnson, con su cinismo característico, llegó a decir que esta investigación es una manera inútil de tirar el dinero. Este tipo de escándalos ocurren no sólo en Reino Unido sino en todos los países. 

El número de niños abusados sexualmente en Inglaterra y en Gales se estima en torno a los seiscientos mil. La estimación, que proviene de la Encuesta Nacional a Hogares con Experiencias Infantiles Adversas, seguramente se queda corta. La principal preocupación de la policía se basa en que no son las bandas del crimen organizado las que constituyen el mayor problema, sino el propio hogar: el 90% del abuso sexual es perpetrado por personas que conocen a los niños dentro de la familia. 

"El número de niños abusados sexualmente en Inglaterra
se estima en torno a seiscientos mil" (Ezquerro)
Foto: medscape.com


En Gran Bretaña, el abuso sexual en la niñez es con demasiada frecuencia un crimen oculto, que penetra con alevosía todas las clases sociales e instituciones en la comunidad. Ser un espectador y permanecer en silencio son formas de complicidad con el abuso. Desgraciadamente, las estructuras de poder prevalentes a menudo abruman a los testigos, quienes como consecuencia se sienten paralizados. 

Se necesitan más iniciativas terapéuticas para los supervivientes; por ejemplo, refugios y servicios gratuitos de información, de consejería y de psicoterapia, que operen dentro de una política de inclusividad y de confidencialidad. Al mismo tiempo, es imperiosamente necesario ir más allá del consultorio y abordar el problema de manera efectiva en los ámbitos social, cultural y político. 

En la década de 1970, Bowlby se unió activamente a las voces alarmadas por la alta incidencia del incesto y sus efectos dañinos en el desarrollo a corto, medio y largo plazo. Lo llamó sin tapujos explotación sexual y una forma de violencia intrafamiliar (Bowlby, 1984). 

Bowlby consideró que, en los casos más severos, el abuso sexual puede llevar a la psicosis y a la personalidad múltiple o ‘trastorno de identidad disociativo’. Hay varios signos característicos de este trastorno. Aunque la lista no es exhaustiva, cabe destacar los siguientes (Bowlby, 1988; Ezquerro, 2017a): 

Una constelación de diferentes síntomas que ocurren erráticamente, incluyendo intensos dolores de cabeza y otros síntomas físicos inexplicables. 

Frecuentes crisis de pánico con sudoración profusa. 

Depresión y fluctuaciones extremas del estado de ánimo, que disminuyen la capacidad y la eficacia en el trabajo y en los estudios. 

Amnesia y distorsiones y errores en el tiempo. 

‘Des-personalización’ (sentimiento de estar separado de uno mismo) y ‘des-realización’ (sentimiento de que el entorno es irreal). 

Trastornos alimenticios como la bulimia y la anorexia. 

Autolesiones y, en los casos más graves, suicidio. 

Bowlby señaló que el abuso que da lugar a tales trastornos probablemente se ha repetido durante varios años en la infancia: 

"Quizás comenzando durante los primeros dos o tres, pero generalmente continuando durante el cuarto, quinto, sexto y séptimo años y, sin duda, con frecuencia por más tiempo" (Bowlby, 1988). 

En una de nuestras supervisiones Bowlby me confesó que, durante su largo periodo de formación psicoanalítica, se negaba sistemáticamente la existencia del abuso sexual infantil y que, a lo largo de su carrera, casi nadie hacía referencia a dicho abuso. En esas raras ocasiones en las que alguien lo hacía, el abuso se consideraba producido por fantasías y no como un hecho real. 

Bowlby me recomendó encarecidamente que creyera en mis pacientes cuando me contasen experiencias de abusos sexuales en su infancia y adolescencia. También me aconsejó que fuera impecablemente ético, atento y compasivo con las víctimas para que pudiesen sentir que contaban con una ‘base segura’ que les ayudase a recomponer sus vidas. 

Un mensaje de colaboración y esperanza 

La explotación y la violencia sexual son unas experiencias traumáticas complejas. Con frecuencia incluyen confusión y ruptura de la confianza en la persona que debe proporcionar protección, refugio, y una base segura, que son elementos fundamentales en las relaciones de apego sanas. 

Con demasiada frecuencia, las víctimas no son creídas ni respetadas. Su dolor puede ser trivializado y algunas veces ni siquiera reconocido. No es inusual que el abuso tenga lugar frente a los ojos y los oídos de testigos que no quieren saber nada. 

Hemos de tener en cuenta la influencia perniciosa del inconsciente colectivo. Hasta no hace mucho, la mayor parte de la sociedad ignoraba la existencia del abuso sexual infantil y de sus consecuencias dañinas para el desarrollo personal a corto, medio y largo plazo. 

En 1988, Bowlby denunció que, tanto a nivel individual, como familiar e institucional, se elude conocer aquello que uno no quiere reconocer. Este mecanismo de defensa psicológico y de dinámica grupal perversa ha contribuido a que muchos abusadores utilicen su poder e influencia para explotar sexualmente a personas a su cargo o a su cuidado. 

En el abuso sexual infantil se elude conocer
aquello que uno no quiere reconocer (Bowlby)
Foto: huffingtonpost


Lamentablemente, el abuso sexual infantil es generalizado y se produce en la familia, en el ambiente laboral, en la consulta, en los colegios, en la sacristía, y en otros muchos lugares relacionados con actividades tan diversas como el arte, la política, la religión, el deporte, el trabajo social, la docencia o la salud. 

Muchas víctimas del abuso sexual cometido en etapas posteriores de la vida tienen antecedentes de haber sido abusadas durante la infancia o la adolescencia. 

Algunos psicoterapeutas no pueden o no quieren comprender que la búsqueda de afecto y cercanía por parte del niño o de personas vulnerables puede ser la expresión de un anhelo ansioso por un apego seguro. Esta ignorancia o negligencia profesional puede llevar a la repetición del abuso en otras fases de la vida. 

En el primer volumen de su trilogía sobre ‘El apego y la pérdida’, Bowlby (1969) sugirió que Freud, a pesar de sus ingentes contribuciones al entendimiento de la mente y de los mecanismos inconscientes, pareció haber sido incapaz de comprender la verdadera naturaleza del apego humano, tanto en la niñez y la adolescencia como en la etapa adulta, la madurez y las situaciones terapéuticas. 

Por ello, la teoría del apego es crucial para comprender el sufrimiento de los supervivientes del abuso sexual infantil perpetrados en la familia y fuera de la familia. Este tipo de abuso es siempre un crimen relacional. Debemos reflexionar y aprender de los errores del pasado. Basta ya de secretos, ambigüedades y mentiras sobre las agresiones sexuales. 

Dada su magnitud, el abuso sexual infantil es mucho más que un crimen. Desde mi punto de vista, es una ‘enfermedad social’ de proporciones epidémicas y debemos abordarla como tal, con la coordinación entre los diversos profesionales, la ayuda de políticos y de personas en posiciones de autoridad, así como con la colaboración de todos los miembros de la sociedad (Ezquerro, 2017a). 

Cuanto mejor sea la conciencia y la comprensión de una enfermedad, mayor será la posibilidad de mejorar la prevención y el tratamiento de la misma. La respuesta de nuestras sociedades ha sido con frecuencia la de negación, la de trivialización y la de racionalización. Se requieren cambios fundamentales para luchar contra esta enfermedad social, y para ayudar a las víctimas a participar en la sociedad como iguales; sin que se sientan avergonzadas, juzgadas, rechazadas, discriminadas o estigmatizadas. 

Desde la perspectiva del apego, el problema sólo puede abordarse avanzando hacia una sociedad más segura, que proteja a los niños, a las familias y a las personas más vulnerables, para que desarrollen relaciones de apego sano y perciban su comunidad como una ‘base segura’ a la que pueden recurrir a pedir ayuda cuando sea necesario. 

Afortunadamente, la sensibilidad hacia las víctimas ha ido mejorando poco a poco, a medida que ha aumentado la conciencia social del problema. Sin embargo, todavía queda mucho por hacer. Los perpetradores y las instituciones a las que pertenecen deben pedir perdón y ofrecer mayores gestos reparativos a las víctimas, para ayudarlas en su lucha por superar el trauma. 

El apego seguro es el mejor antídoto para superar y prevenir esta lacra. Reconozco que una prevención completa del abuso sexual infantil no es un objetivo alcanzable a corto plazo. Sin embargo, cada uno de nosotros (profesionales, políticos, docentes, el clero y en última instancia todos los ciudadanos) tenemos que aspirar a ello. Ésta es una batalla que deberá ser sostenida generación tras generación. Y quiero infundir esperanza. La unión hace la fuerza. 

Del mismo modo que hemos conseguido superar las enfermedades infecto-contagiosas de la infancia, como la polio, la varicela o la tosferina, gracias a las vacunaciones, también debemos unir nuestras fuerzas para no sólo vencer al coronavirus y sus cepas mutantes, sino también erradicar el virus del abuso sexual infantil. 

Queda un largo camino por andar y no hay que desfallecer. Un grano no hace granero, pero ayuda al compañero … 

Referencias bibliográficas 

Bowlby J (1969) Attachment and Loss: Vol. 1. Attachment (1991 edition). London: Penguin Books.

Bowlby J (1984) Violence in the family as a disorder of the attachment and care-giving systems. The American Journal of Psychoanalysis, 44: 9-27.

Bowlby J (1988) A Secure Base: Clinical Applications of Attachment Theory. London: Routledge.

de Zulueta F (1993) From Pain to Violence: The traumatic roots of destructiveness. London: Whurr Publishers.

Ferenczi S (1949) Confusion of the tongues between the adults and the child: The language of tenderness and passion. International Journal of Psycho-Analysis, 30: 225-230.

Ezquerro A (2017) Attachment as recovery from child sexual abuse. In Encounters with John Bowlby: Tales of Attachment. London and New York: Routledge, pp. 160-171.

Ezquerro A (2017) Professional sexual abuse: A perversion of attachment? In Encounters with John Bowlby: Tales of Attachment. London and New York: Routledge, pp. 172-188.

Freud S (1896) The Aetiology of Hysteria. In Standard Edition: Vol. 3. The Complete Works of Sigmund Freud (1953 edition). London:  Hogarth Press.

Hunter V (2015) John Bowlby: An Interview by Virginia Hunter. Attachment: New Directions in Psychotherapy and Relational Psychoanalysis, 9(2): 138-157.

Nietzsche F (2000) Basic Writings of Nietzsche. New York, USA: Random House Inc.

Sinason V (2011) Introduction. In Sinason V (ed.) Attachment, Trauma and Multiplicity: Working with Dissociative Identity Disorder. London, UK, and New York, USA: Routledge, pp. 3-20.


lunes, 15 de febrero de 2021

¡Aviso!: Los talleres sobre apego y trastornos del apego organizados por UmayQuipa se impartirán on line

Centro de terapia UmayQuipa

Organiza talleres sobre apego en la adolescencia on line

Madrid, 20 y 21 de marzo de 2021

Taller "El apego en la adolescencia"

Taller "Los trastornos del apego en la adolescencia"

Información y reservas: 

Teléfono - 91 549 3878

lunes, 8 de febrero de 2021

"Siguiendo la estela de tu latido", hijo adoptivo imaginario/imaginado - hijo/a real, por Dolores Rodríguez Domínguez, psicóloga.

  

Firma invitada


Dolores Rodríguez Domínguez
Psicóloga y traumaterapeuta
Red Apega de profesionales

Dolores Rodríguez Domínguez nos regala una excelente reflexión sobre el hijo/a adoptivo/a imaginado/imaginario - hijo/a real. Antes de dejaros con ella, agradecerle a Dolores de todo corazón esta nueva colaboración con Buenos tratos. Por entregarnos su tiempo y su saber de manera desinteresada y generosa. Es un lujo contar con ella y que sus trabajos sean habituales en nuestro blog. 


Título del artículo:

Siguiendo la estela de tu latido, hijo/a adoptivo/a imaginario/imaginado - hijo/a real


Presentación

La pretensión de este relato no es generalizar los orígenes, evoluciones y desenlaces de los procesos pre-adoptivos y post-adoptivos que cada madre o padre haya podido experimentar.

 

La intención de este relato es intentar acercarnos a las vivencias que algunos de ellos sí han tenido. Experiencias vividas y sufridas, en muchas ocasiones en secreto, y en las que han estado presentes el dolor, la culpa, e incluso la vergüenza. Vivencias que pueden parecer antiguas y olvidadas, pero que, sin embargo, pueden emerger posteriormente durante los procesos de crianza de los hijos/as adoptivos/as, comprometiendo el desempeño adecuado de dicha labor.

El relato intenta reflejar, parte del difícil recorrido previo realizado por algunos padres adoptivos que desean llevar a cabo el proyecto de la maternidad- paternidad biológica, cuando la naturaleza no parece estar del todo de su parte. Recorrido lleno de acontecimientos intensos a nivel emocional, físico, económico,... Realizarlo sin resultar herido, sin duda, es prácticamente improbable. Es por ello que resulta de gran ayuda ofrecer a estas madres y estos padres un acompañamiento desde el espacio terapéutico. Poder explorar sus historias pasadas en relación al proyecto de la maternidad-paternidad, valorar su impacto y procurar reparar, en la medida de lo posible, las heridas sufridas. 

Llevarlo a cabo puede permitirles, visibilizar y entender el desgaste y el dolor que cargaban sobre sus espaldas antes de que tomaran la decisión de embarcarse en su posterior proceso adoptivo. Visualizar “la casilla de salida” de la que realmente partieron, regresar a ella y volver a transitar por la misma senda, pero, en esta ocasión, disponiendo de un compañero de viaje (el/la terapeuta) que pueda ofrecerles la ayuda necesaria para hacerlo de forma segura.

Deberemos entonces, animar a estos padres a descubrir lo que han sentido durante su proceso anterior a la adopción. 

Procuraremos aproximarnos con sumo respeto, a la manera en que se ha ido construyendo internamente en cada madre/padre la imagen y representación del hijo/a deseado. Les ayudaremos a ser conscientes del gran peso que puede tener dicha representación, a la hora de ponerse al frente de una posterior o ya actual marentalidad-parentalidad. De cómo puede comprometer, si no se tiene en cuenta y se aborda, la aceptación del hijo/a real (adoptivo/a). Aceptación que puede ser bloqueada por el conflicto que se producirá entre la representación del Bebe Imaginado/ Imaginario (Serge Lebovici, 1985) y el/la hijo/a real.

Compartiremos con ellos, lo difícil que puede ser renunciar a la representación interna que cada uno/a va haciendo del bebé que tanto se desea y no llega. De lo crucial que resultará, abordar ese duelo. Duelo al que tendrán que enfrentarse por la renuncia simbólica de ese bebé representado, de ese bebe deseado, imaginado y nunca logrado. Sintonizar con el dolor de estos padres, validándolo y dándole el lugar que se merece. 

Acompañarles en el delicado reto de “la aceptación de la pérdida”. Aceptación necesaria para poder aceptar y ver al hijo/a real que finalmente ha llegado o llegará (tras la adopción) y que seguramente se parecerá poco o nada, al bebé internamente representado e imaginado durante tanto tiempo. 

 



El acompañamiento y trabajo que hagamos durante este proceso puede brindar la oportunidad a los padres de haceruna resignificación de lo vivido durante sus intentos frustrados por lograr conquistar la maternidad-paternidad biológica. Donde la representación de ese bebé que deben dejar ir, podrá ser honrada. Donde podrán considerarle “responsable”, al menos en parte, del descubrimiento en cada madre y padre, de recursos internos que, adecuadamente pulidos, podrán convertirse en recursos de un valioso potencial resiliente. 

Recursos resilientes, que deberán ponerse al servicio del ejercicio de la crianza terapéutica. Crianza terapéutica que ejercerán las madres y los padres para poder cubrir las necesidades que presentarán, en muchos de los casos, sus hijos/as procedentes de procesos de adopción.

Como reflexión final, y con la intención de avivar “la llama” del compromiso colectivo, destacar la necesidad de promover la aceptación en las familias, pero también en los profesionales, de la inmensa ayuda, cuidado y refuerzo que estos padres, como cuidadores principales van a necesitar durante mucho, muchísimo tiempo. Si no vamos a ser capaces de ofrecer y mantener en el tiempo la ayuda necesaria a estas familias, resultará francamente difícil, por no decir imposible, mantener en ellas la esperanza “de lograrlo”, de sentirse realmente capaces, válidos y de sentir que finalmente mereció la pena haberse esforzado y sufrido tanto.

Es por ello, que es imprescindible ser conscientes de la necesidad de aunar el esfuerzo y el trabajo de TODOS (familias y profesionales que intervienen desde distintos ámbitos) para lograr, entre otros muchos objetivos, el de mantener viva en las familias adoptivas “su llama de la esperanza”. Llama que, en ocasiones, deberemos avivar cuando se vea debilitada, como consecuencia de las propias dificultades del proceso de crianza y convivencia terapéutica. Y que en otras ocasiones sin embargo, deberemos proteger de aquellos que desde su falta de compromiso, ética y moral profesional les importe, poco o nada, apagarla definitivamente por completo.

 

 


Siguiendo la estela de tu latido

Hace ya mucho tiempo, que sentimos por primera vez tu presencia invisible en nuestro interior, dentro de nuestras mentes y corazones.

Eran otros tiempos, tiempos pasados, rebosantes de fuerza, esperanza y proyectos. Rebosantes de amor, de un inmenso amor, y de una palpable necesidad de poder compartir ese amor con alguien especial. Alguien tan especial, como teníamos la certeza aun sin conocerte, que llegarías a ser tú. 

¡Qué bonito imaginarte! Imaginarnos contigo, imaginar cómo serías, a quien te parecerías. Qué felices nos hacías sentir y qué fácil resultaba dejarse inundar por esos dulces pensamientos y sentimientos. 

En aquella época, deseábamos con todas nuestras fuerzas “convertirte en realidad”, convertirte en nuestra realidad. Y así, poco a poco, y sin darnos a penas cuenta, fue haciéndose más intensa tu presencia. Desprendías tremenda fuerza, eras para nosotros una fuente aparentemente inagotable de energía. Nos empujabas a seguir avanzando, a no detenernos a pesar del difícil viaje y de los exigentes obstáculos que teníamos que superar. Creíamos “verte” cada vez con mayor claridad, al final de nuestro camino. 

-“¡Qué bonita y maravillosa recompensa!”. Pensábamos.

Pero cuanto más deseábamos tu esperada llegada, y cuanto más esfuerzo hacíamos para por fin lograrlo, más dolorosa e insoportable se iba haciendo tu tardanza.

Así que, sin nosotros querer que así ocurriera, toda esa fuerza que durante un tiempo felizmente nos acariciaba y empujaba, comenzó a transformarse en una hiriente y sangrante frustración, culpa, desesperanza y dolor. 

Frustración porque no lo lográbamos.

Culpa por no sentirnos capaces de hacerte real. 

Desesperanza que nos llevaba a querer olvidarlo, querer olvidarte. Dejar de intentarlo.

Dolor, profundo dolor que nos golpeaba sin descanso ni piedad, y que, aunque quizás no consiguió derrotarnos completamente, si logró arrodillarnos. Arrodillarnos tremendamente heridos y inmensamente agotados. Para entonces, el dolor era tan intenso y la herida tan profunda, que nos impidió seguir sintiendo que tú permanecías en silencio, habitando en nuestro interior. 

Ahora que los años han ido sumando, descubrimos sorprendidos que es posible que sigas presente en nosotros. Debemos entonces, ser conscientes de la presencia de tu recuerdo, porque no hacerlo nos debilitaría enormemente y nos confundiría en nuestra gran labor que ahora tenemos como padres adoptivos. 

También sabemos que, aunque sentimos que “tu existencia” en nuestro mundo interior nos ha podido dejar una huella, será también nuestra responsabilidad poder trabajar-nos. Trabajar-nos profunda e intensamente para sentirnos lo suficientemente preparados para despedirnos de ti, y de lo que has representado para nosotros.

Intuimos que podrá ser una triste despedida y quizás seguramente también dolorosa. Porque al permitir que te vayas, sentiremos que dejamos ir parte de lo que pensábamos que eran nuestros sueños y deseos más íntimos. Sueños y deseos pasados, que de mantenerlos en nuestras mentes y corazones nos alejarían de nuestro presente, poniendo en riesgo nuestra realidad actual como padres, nuestra labor como padres adoptivos.

Pero queremos conservar cierto optimismo, y pensar que, quizás, podremos convertirlo también en un momento muy especial, en un momento de celebración. Celebración en la que nos sentiremos afortunados por las oportunidades de aprendizaje que nos ha brindado, el sentirte en nuestras mentes y corazones.

Necesitamos poder decirte y decirnos a nosotros mismos, que en todos estos años en los que has “latido” dentro de nosotros, ha habido momentos de mucho sufrimiento, pero también ha habido momentos que nos han ayudado a descubrir nuestra capacidad para la lucha, para el esfuerzo y la resistencia. Está fortaleza que ha despertado y emergido en nosotros, sentimos que te la debemos en parte a ti. Gracias.

Creemos que seguimos teniendo por delante un importante, dificultoso e inquietante viaje. Ahora sabemos que debemos prepararnos. Estamos dispuestos a seguir aprendiendo, a seguir afrontando nuevos retos y a caernos y levantarnos tantas veces como sean necesarias.

Aunque dé vértigo reconocerlo, sabemos que muchas veces sentiremos el peso del miedo, de la tristeza, del enfado, de la desesperanza, como tiempo atrás sentimos. Que muchas de nuestras heridas es posible que vuelvan a abrirse y a sangrar, y que requerirán de mimo y cuidado, de unos y de otros, para que puedan volver a cicatrizar. Deberemos estar atentos, y rodearnos de personas, lugares, recursos…que puedan acompañarnos, apoyarnos, arroparnos, para no sentirnos solos. Para no dejarnos llevar por “el deseo” de abandonar, porque nuestro viaje, largo viaje, no ha hecho aún más que empezar.

-“¿Qué o quién puede estar esperándonos al final de este nuevo camino?. Descubrirlo, puede y debe estar en nuestras manos, y quizás también en las de TODOS”.