lunes, 8 de febrero de 2021

"Siguiendo la estela de tu latido", hijo adoptivo imaginario/imaginado - hijo/a real, por Dolores Rodríguez Domínguez, psicóloga.

  

Firma invitada


Dolores Rodríguez Domínguez
Psicóloga y traumaterapeuta
Red Apega de profesionales

Dolores Rodríguez Domínguez nos regala una excelente reflexión sobre el hijo/a adoptivo/a imaginado/imaginario - hijo/a real. Antes de dejaros con ella, agradecerle a Dolores de todo corazón esta nueva colaboración con Buenos tratos. Por entregarnos su tiempo y su saber de manera desinteresada y generosa. Es un lujo contar con ella y que sus trabajos sean habituales en nuestro blog. 


Título del artículo:

Siguiendo la estela de tu latido, hijo/a adoptivo/a imaginario/imaginado - hijo/a real


Presentación

La pretensión de este relato no es generalizar los orígenes, evoluciones y desenlaces de los procesos pre-adoptivos y post-adoptivos que cada madre o padre haya podido experimentar.

 

La intención de este relato es intentar acercarnos a las vivencias que algunos de ellos sí han tenido. Experiencias vividas y sufridas, en muchas ocasiones en secreto, y en las que han estado presentes el dolor, la culpa, e incluso la vergüenza. Vivencias que pueden parecer antiguas y olvidadas, pero que, sin embargo, pueden emerger posteriormente durante los procesos de crianza de los hijos/as adoptivos/as, comprometiendo el desempeño adecuado de dicha labor.

El relato intenta reflejar, parte del difícil recorrido previo realizado por algunos padres adoptivos que desean llevar a cabo el proyecto de la maternidad- paternidad biológica, cuando la naturaleza no parece estar del todo de su parte. Recorrido lleno de acontecimientos intensos a nivel emocional, físico, económico,... Realizarlo sin resultar herido, sin duda, es prácticamente improbable. Es por ello que resulta de gran ayuda ofrecer a estas madres y estos padres un acompañamiento desde el espacio terapéutico. Poder explorar sus historias pasadas en relación al proyecto de la maternidad-paternidad, valorar su impacto y procurar reparar, en la medida de lo posible, las heridas sufridas. 

Llevarlo a cabo puede permitirles, visibilizar y entender el desgaste y el dolor que cargaban sobre sus espaldas antes de que tomaran la decisión de embarcarse en su posterior proceso adoptivo. Visualizar “la casilla de salida” de la que realmente partieron, regresar a ella y volver a transitar por la misma senda, pero, en esta ocasión, disponiendo de un compañero de viaje (el/la terapeuta) que pueda ofrecerles la ayuda necesaria para hacerlo de forma segura.

Deberemos entonces, animar a estos padres a descubrir lo que han sentido durante su proceso anterior a la adopción. 

Procuraremos aproximarnos con sumo respeto, a la manera en que se ha ido construyendo internamente en cada madre/padre la imagen y representación del hijo/a deseado. Les ayudaremos a ser conscientes del gran peso que puede tener dicha representación, a la hora de ponerse al frente de una posterior o ya actual marentalidad-parentalidad. De cómo puede comprometer, si no se tiene en cuenta y se aborda, la aceptación del hijo/a real (adoptivo/a). Aceptación que puede ser bloqueada por el conflicto que se producirá entre la representación del Bebe Imaginado/ Imaginario (Serge Lebovici, 1985) y el/la hijo/a real.

Compartiremos con ellos, lo difícil que puede ser renunciar a la representación interna que cada uno/a va haciendo del bebé que tanto se desea y no llega. De lo crucial que resultará, abordar ese duelo. Duelo al que tendrán que enfrentarse por la renuncia simbólica de ese bebé representado, de ese bebe deseado, imaginado y nunca logrado. Sintonizar con el dolor de estos padres, validándolo y dándole el lugar que se merece. 

Acompañarles en el delicado reto de “la aceptación de la pérdida”. Aceptación necesaria para poder aceptar y ver al hijo/a real que finalmente ha llegado o llegará (tras la adopción) y que seguramente se parecerá poco o nada, al bebé internamente representado e imaginado durante tanto tiempo. 

 



El acompañamiento y trabajo que hagamos durante este proceso puede brindar la oportunidad a los padres de haceruna resignificación de lo vivido durante sus intentos frustrados por lograr conquistar la maternidad-paternidad biológica. Donde la representación de ese bebé que deben dejar ir, podrá ser honrada. Donde podrán considerarle “responsable”, al menos en parte, del descubrimiento en cada madre y padre, de recursos internos que, adecuadamente pulidos, podrán convertirse en recursos de un valioso potencial resiliente. 

Recursos resilientes, que deberán ponerse al servicio del ejercicio de la crianza terapéutica. Crianza terapéutica que ejercerán las madres y los padres para poder cubrir las necesidades que presentarán, en muchos de los casos, sus hijos/as procedentes de procesos de adopción.

Como reflexión final, y con la intención de avivar “la llama” del compromiso colectivo, destacar la necesidad de promover la aceptación en las familias, pero también en los profesionales, de la inmensa ayuda, cuidado y refuerzo que estos padres, como cuidadores principales van a necesitar durante mucho, muchísimo tiempo. Si no vamos a ser capaces de ofrecer y mantener en el tiempo la ayuda necesaria a estas familias, resultará francamente difícil, por no decir imposible, mantener en ellas la esperanza “de lograrlo”, de sentirse realmente capaces, válidos y de sentir que finalmente mereció la pena haberse esforzado y sufrido tanto.

Es por ello, que es imprescindible ser conscientes de la necesidad de aunar el esfuerzo y el trabajo de TODOS (familias y profesionales que intervienen desde distintos ámbitos) para lograr, entre otros muchos objetivos, el de mantener viva en las familias adoptivas “su llama de la esperanza”. Llama que, en ocasiones, deberemos avivar cuando se vea debilitada, como consecuencia de las propias dificultades del proceso de crianza y convivencia terapéutica. Y que en otras ocasiones sin embargo, deberemos proteger de aquellos que desde su falta de compromiso, ética y moral profesional les importe, poco o nada, apagarla definitivamente por completo.

 

 


Siguiendo la estela de tu latido

Hace ya mucho tiempo, que sentimos por primera vez tu presencia invisible en nuestro interior, dentro de nuestras mentes y corazones.

Eran otros tiempos, tiempos pasados, rebosantes de fuerza, esperanza y proyectos. Rebosantes de amor, de un inmenso amor, y de una palpable necesidad de poder compartir ese amor con alguien especial. Alguien tan especial, como teníamos la certeza aun sin conocerte, que llegarías a ser tú. 

¡Qué bonito imaginarte! Imaginarnos contigo, imaginar cómo serías, a quien te parecerías. Qué felices nos hacías sentir y qué fácil resultaba dejarse inundar por esos dulces pensamientos y sentimientos. 

En aquella época, deseábamos con todas nuestras fuerzas “convertirte en realidad”, convertirte en nuestra realidad. Y así, poco a poco, y sin darnos a penas cuenta, fue haciéndose más intensa tu presencia. Desprendías tremenda fuerza, eras para nosotros una fuente aparentemente inagotable de energía. Nos empujabas a seguir avanzando, a no detenernos a pesar del difícil viaje y de los exigentes obstáculos que teníamos que superar. Creíamos “verte” cada vez con mayor claridad, al final de nuestro camino. 

-“¡Qué bonita y maravillosa recompensa!”. Pensábamos.

Pero cuanto más deseábamos tu esperada llegada, y cuanto más esfuerzo hacíamos para por fin lograrlo, más dolorosa e insoportable se iba haciendo tu tardanza.

Así que, sin nosotros querer que así ocurriera, toda esa fuerza que durante un tiempo felizmente nos acariciaba y empujaba, comenzó a transformarse en una hiriente y sangrante frustración, culpa, desesperanza y dolor. 

Frustración porque no lo lográbamos.

Culpa por no sentirnos capaces de hacerte real. 

Desesperanza que nos llevaba a querer olvidarlo, querer olvidarte. Dejar de intentarlo.

Dolor, profundo dolor que nos golpeaba sin descanso ni piedad, y que, aunque quizás no consiguió derrotarnos completamente, si logró arrodillarnos. Arrodillarnos tremendamente heridos y inmensamente agotados. Para entonces, el dolor era tan intenso y la herida tan profunda, que nos impidió seguir sintiendo que tú permanecías en silencio, habitando en nuestro interior. 

Ahora que los años han ido sumando, descubrimos sorprendidos que es posible que sigas presente en nosotros. Debemos entonces, ser conscientes de la presencia de tu recuerdo, porque no hacerlo nos debilitaría enormemente y nos confundiría en nuestra gran labor que ahora tenemos como padres adoptivos. 

También sabemos que, aunque sentimos que “tu existencia” en nuestro mundo interior nos ha podido dejar una huella, será también nuestra responsabilidad poder trabajar-nos. Trabajar-nos profunda e intensamente para sentirnos lo suficientemente preparados para despedirnos de ti, y de lo que has representado para nosotros.

Intuimos que podrá ser una triste despedida y quizás seguramente también dolorosa. Porque al permitir que te vayas, sentiremos que dejamos ir parte de lo que pensábamos que eran nuestros sueños y deseos más íntimos. Sueños y deseos pasados, que de mantenerlos en nuestras mentes y corazones nos alejarían de nuestro presente, poniendo en riesgo nuestra realidad actual como padres, nuestra labor como padres adoptivos.

Pero queremos conservar cierto optimismo, y pensar que, quizás, podremos convertirlo también en un momento muy especial, en un momento de celebración. Celebración en la que nos sentiremos afortunados por las oportunidades de aprendizaje que nos ha brindado, el sentirte en nuestras mentes y corazones.

Necesitamos poder decirte y decirnos a nosotros mismos, que en todos estos años en los que has “latido” dentro de nosotros, ha habido momentos de mucho sufrimiento, pero también ha habido momentos que nos han ayudado a descubrir nuestra capacidad para la lucha, para el esfuerzo y la resistencia. Está fortaleza que ha despertado y emergido en nosotros, sentimos que te la debemos en parte a ti. Gracias.

Creemos que seguimos teniendo por delante un importante, dificultoso e inquietante viaje. Ahora sabemos que debemos prepararnos. Estamos dispuestos a seguir aprendiendo, a seguir afrontando nuevos retos y a caernos y levantarnos tantas veces como sean necesarias.

Aunque dé vértigo reconocerlo, sabemos que muchas veces sentiremos el peso del miedo, de la tristeza, del enfado, de la desesperanza, como tiempo atrás sentimos. Que muchas de nuestras heridas es posible que vuelvan a abrirse y a sangrar, y que requerirán de mimo y cuidado, de unos y de otros, para que puedan volver a cicatrizar. Deberemos estar atentos, y rodearnos de personas, lugares, recursos…que puedan acompañarnos, apoyarnos, arroparnos, para no sentirnos solos. Para no dejarnos llevar por “el deseo” de abandonar, porque nuestro viaje, largo viaje, no ha hecho aún más que empezar.

-“¿Qué o quién puede estar esperándonos al final de este nuevo camino?. Descubrirlo, puede y debe estar en nuestras manos, y quizás también en las de TODOS”.



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