Esta semana he mantenido una conversación con un amigo y colega (cuya página web stopadultismo os recomiendo) en la cual, hablando de las resistencias de las personas al cambio, a hacer algo diferente si los planteamientos que sostienen no funcionan, me habló de una palabra que no sé si es exclusiva suya pero que yo no había oído hasta ahora: el autorreferencial.
Me atrevo a explicar el concepto al que alude esta palabra: con ella se designan (y aquí hecho mano del autor Van der Hart para desarrollarlo) las acciones que configuran nuestras vidas para bien o para mal (en el caso de guiarnos por el autorreferencial habitualmente el resultado es equivocado o para mal) Toda conducta, salvo la más refleja, está guiada por una multitud de acciones mentales tales como planificar, predecir, pensar, sentir, fantasías o deseos. En el caso del concepto autorreferencial diríamos que son acciones mentales basadas en criterios, vivencias y experiencias propias que se mantienen en el tiempo pese a que su resultado es negativo para uno mismo o para los demás y que sostenemos a pesar de que no existen evidencias ni base teórica que las fundamente e, incluso, en ocasiones, en contra del más elemental sentido común. Aunque hayamos oído, leído y nos hayan explicado que no se debe proceder de ese modo, seguimos adelante con las acciones porque evaluamos la situación o la realidad desde nuestra referencia, pensando que el mundo funciona de acuerdo con ella.
Bueno, este es el intento, afortunado o desafortunado, de definición que he intentado. Ahora, para clarificarlo más, pondremos ejemplos. Tuve un profesor de filosofía que con los ejemplos era capaz de hacer sencillo lo que parecía más complicado.
El autorreferencial se puede observar en múltiples facetas de la vida: en el ámbito médico, cuando nos saltamos un tratamiento o lo modificamos a nuestro antojo porque “los médicos son unos bestias medicando” Lo vemos en el trabajo con los padres en las consultas de psicoterapia infantil o familiar, empeñándose en no seguir las orientaciones del profesional, por ejemplo, cuando éste indica que el castigo físico a los niños está contraindicado como método de modificación de la conducta y éstos a pesar de todo retornan a su autorreferencial y siguen con su idea de “a mí que nadie me diga que una bofetada a tiempo no es lo mejor para educar”
Más ejemplos los vemos cuando salimos a la calle y hay pronóstico de mal tiempo y no llevamos el paraguas, o vemos conduciendo el cartel de “carretera cortada” y seguimos por él “porque me conozco esto como nadie…”
También lo vemos en planteamientos que sugieren mentalidad dura, no abierta al cambio y obstinada en lo tradicional a la hora de gestionar, pensar, concebir la cultura, la política… desoyendo o pasando por alto evidencias claras que indican que lo más adecuado y adaptativo es probar nuevas fórmulas porque con las antiguas el resultado es siempre desfavorable.
Y así podríamos seguir.
El autorreferencial, en suma, supone mantener una ideología que cree que el mundo y el resto de las personas funcionan según mi referencia.
Podemos tener información sobre prácticamente cualquier tema a nuestra disposición con sólo entrar en un PC con conexión a Internet. Y, si esa información es fiable, podemos saber qué hacer y cuáles son las mejores guías a seguir en pocos minutos sobre un montón de asuntos (educación, ciencia, tecnología, medicina…)
Pero el autorreferencial no se cambia con sólo información. Supone entrar dentro de uno mismo y observar nuestros patrones de tendencias de acción para evaluar si son adecuados o no. Y si lo hacemos con la guía de otra persona que nos ayude en ese proceso, mejor. Pero eso quizá da miedo. Y, como me dijo una amiga, preferimos seguir empecinados en lo nuestro y seguir con acciones que nos dan el resultado equivocado. Sin aprender de los errores. Sin cambiar. Y en la valoración de ese resultado equivocado la culpa la tendrá casi siempre el otro…



Este blog celebra, este mes, su segundo cumpleaños. Sí, son ya dos años desde que me embarqué en esta aventura de escribir (mi amigo 