lunes, 18 de diciembre de 2017

"De la neurobiología a la psicopatología: la ansiedad y su origen", por Manuel Hernández Pacheco, psicólogo y psicoterapeuta.



Diez meses, diez firmas III

Profesional invitado en el mes de diciembre 2017: 

Manuel Hernández Pacheco

Título de su artículo: 

"De la neurobiología a la psicopatología: la ansiedad y su orígen"

Manuel Hernández y yo nos seguíamos -y seguimos- en las redes sociales. He tenido noticia de su trabajo y propuestas teóricas y metodológicas en terapia desde hace tiempo. Me impresionaron. No hace mucho, en el Congreso Europeo EMDR celebrado en julio en Barcelona, pudimos, al fin, conocernos en persona y departir juntos sobre los temas que a ambos nos apasionan: el apego, el trauma, la ansiedad... Manuel Hernández es una enciclopedia psicológica y biológica andante. No en vano su pasado de librero y su vocación por estos temas le han hecho devorar cientos de libros. Me encantó aprender con él, y conocer de primera mano, el pasado octubre, en A Coruña, en el marco del Congreso de la International Attachment Network Iberoamericano, su modelo para entender la ansiedad y sus orígenes llamado por él mismo PARCUVE, el cual presentó allí, y sobre el que nos habla en el post que tenéis a continuación. Le propuse escribir en Buenos tratos y... ¡no vaciló! Al contrario, aceptó con gran interés y placer. Es un lujo que un profesional tan acreditado y experto como Manuel Hernández nos regale este artículo sobre la ansiedad y sus orígenes, le doy las gracias de corazón en nombre de todos/as. Manuel Hernández es la firma que cierra, brillantemente, con este post, el año 2017. Si necesitáis sus excelentes servicios profesionales, ejerce en su consulta sita en Málaga. Para conocer su web, haz click aquí.

Manuel Hernández Pacheco. Mis orígenes académicos fueron como Biólogo y posteriormente como Psicólogo, licenciándome de las dos en la Universidad de Málaga. Ambas disciplinas se unieron cuando descubrí el mundo del apego (en gran parte gracias a José Luis) a relacionar los primeros años de vida del niño con la neurobiología y la importancia de los cuidadores como forma de ayudar a un desarrollo sano del cerebro del niño.

Quiero agradecer lo primero a José Luís Gonzalo su generosidad al ofrecerme este espacio para compartir mi pasión con todo lo relacionado con el cerebro y la psicopatología y la oportunidad de poder hablar mi libro recién publicado por Desclée. 

Estos primeros años son los cimientos sobre los que se va a construir la psique del niño (construyendo sobre esta posteriormente de adolescente y adulto). Voy a explicar cómo los primeros años de vida van a ser muy importantes cuando el edificio se haya construido y haya circunstancias que pongan en peligro su equilibrio y solidez.

El niño nace con unas emociones básicas o primarias que tienen un origen genético y posteriormente a medida que descubre el mundo, acompañado de sus cuidadores y figuras cercanas, va a ir perfilando estas emociones dando lugar a lo que conocemos como carácter o personalidad. Haciendo una metáfora podemos comparar al niño cuando nace con un ordenador que trae incorporado en el disco duro un sistema operativo (por ejemplo, Windows) que nos ayuda a encender y poder empezar a trabajar con el ordenador, pero seremos nosotros con el paso del tiempo los que iremos añadiendo (o eliminando) programas que consideremos útiles para nuestras tareas u ocio. Desgraciadamente, a lo largo del tiempo, en este ordenador también pueden instalarse virus o troyanos que interferirán con el funcionamiento normal. En los humanos a estas anomalías en el funcionamiento normal las llamaríamos psicopatología.

El disco duro del niño (perdonen que abuse de la metáfora, pero creo que ayudará a hacer más ameno el texto) viene programada con siete emociones básicas que según Panksepp (un neurobiólogo recientemente fallecido) son: Pánico (separación afectiva), miedo, rabia, cuidado, lujuria, juego y búsqueda. Si se fijan las tres primeras son desagradables y no nos gustan, pero forman parte del pack porque son las que permiten defendernos de lo que consideramos negativo mientras que las otras cuatro son positivas y nos ayudan a buscar lo que nos atrae. Vamos a quedarnos con las tres primeras, porque desgraciadamente a los psicólogos nadie viene a decirnos lo bien que se sienten, eso se lo dejamos a los enamorados.

Las tres emociones primarias o innatas que me interesa resaltar son:

Pánico: Este circuito innato Panksepp lo llamo así porque está muy relacionado en adultos con los ataques de pánico. Se activa cuando nos sentimos solos o con miedo y no hay ninguna figura de seguridad cerca. Por ejemplo, imagina que una perra ha tenido una camada de perritos y te encaprichas de uno y decides llevártelo. Al principio el perrito empezará a gemir y gritar de forma lastimosa (es lo que llamamos el grito de apego), pero tú lo acariciaras, lo mimaras, le darás el biberón y el perrito se irá tranquilizando y te elegirá como su nueva figura de apego ( y tú a él). No importa el tiempo que pase, cuando no estés con él el perro se sentirá triste y contento cuando vuelva a verte.

Hay diferencias entre los animales (los mamíferos, porque los reptiles no lo tienen) y los seres humanos, y es que en nosotros este circuito se activa cuando nuestras figuras de apego no están físicamente (porque me han ingresado en un hospital o me dejaron internado en un colegio) y cuando no están disponibles emocionalmente (porque mi madre está muy ocupada o deprimida). 

Abandono emocional puede ser porque mis figuras de apego están deprimidas, o discutiendo todo el día entre ellos o porque mi abuelo murió y mi mama se puso mala de la pena, o porque enfermaron de algo grave… El circuito del pánico se activará de forma muy intensa porque el abandono sea prolongado en el tiempo o porque sea muy intenso.

Cualquier situación de amenaza o miedo relacionada con las figuras de apego activa este circuito, ya sea por abandono o negligencia, abusos físicos, psicológicos o sexuales. Multitud de situaciones pueden hacer que se dispare, porque mi madre me cuenta y me hace hacer cosas que no corresponden a mi edad, o porque veo violencia en mi casa, porque tengo que cuidar y proteger a mis hermanos de una forma excesiva para mi edad, etc…

Miedo: El circuito del miedo es filogenéticamente más primitivo que el anterior (y si lo compartimos con los reptiles), aunque se puede confundir con el del pánico son diferentes y utilizan sustancias, órganos y circuitos cerebrales diferentes. 

El miedo se relaciona directamente con el circuito del dolor y la ansiedad, podemos tener miedo a los aviones, a las jeringuillas o a las alturas… Este circuito cerebral (a diferencia del pánico), se calma con ansiolíticos (benzodiacepinas).

Cuando se activa el circuito del miedo nuestro cerebro automáticamente desarrolla actividades relacionadas con la rabia.

Rabia: Este circuito se vincula a todo lo que significa lucha/huida, es una emoción claramente defensiva que sirve para conseguir dominio y estatus y para poner límites. Como dije anteriormente siempre que hay rabia hay miedo y siempre que hay miedo hay rabia.



Esta emoción tiene una particularidad y es que puede ir hacia dentro, es decir inhibirse, por ejemplo, porque no queremos ser una carga o preocupar a los seres queridos o porque si la expresamos pueden pegarnos o insultarnos y hablamos de “rabia inhibida” “fría” o “parasimpática”. 

Esta rabia que aprendemos a guardarla en la infancia hará que tengamos rasgos de personalidad cercanos al apego evitativo, es decir evitaremos mostrar nuestras necesidades y aprenderemos a huir de situaciones que puedan resultar conflictivas o dolorosas. Pero también puede ir hacia fuera y hablamos de “rabia expresada” “caliente” o “simpática” y si sale con demasiada frecuencia tendremos tendencia a tener un apego ansioso, mostraremos enfado, rabia y queja constantemente como forma de sentirnos vistos y/o entendidos.

En una persona equilibrada estas dos formas de rabia se alternarán de forma adaptativa y hablaremos de apego seguro, pero si se expresan de forma exagerada o inadecuada entonces hablaremos de apego desorganizado. Es un poco confuso, pero en un gráfico se verá mejor

Estas emociones de las que hemos hablado hasta ahora las compartimos con todos los mamíferos, pero hay lo que conocemos como “emociones secundarias” que solo poseemos los seres humanos estas pueden ser el orgullo, la avaricia, la lujuria, la ambición y las que nos interesan más ahora la culpa y la vergüenza.

Estas dos emociones secundarias aparecen en el niño como forma de sentir algo de control en sus relaciones con sus cuidadores. Todos los seres humanos tenemos estas emociones, cuando están en un nivel óptimo son adaptativas, pero si son muy intensas se vuelven patológicas. 

Los niños que han tenido en la infancia un apego inseguro desarrollan emociones y sensaciones patológicas como forma de adaptarse a las circunstancias de sus cuidadores. Al sentir que las personas que tienen que cuidarles y protegerles son una fuente de amenaza y miedo entran en una paradoja irresoluble. A veces, es porque esas figuras nunca están disponibles o no existen como en niños abandonados, aunque luego sean adoptados y vivan en una familia normal el daño estará hecho y estas sensaciones de miedo y rabia pertenecerán a su ADN emocional.

Sentir que soy malo o que no valgo, hace sentir que todavía hay algo que puedo hacer por cambiar las cosas y sobre todo eximo de responsabilidad a mis padres, puesto que el vínculo de apego en un niño es prioritario sobre cualquier otra cosa. (Esto es así porque ningún mamífero puede vivir sin sus cuidadores en la infancia, al percibir que se activa el circuito del pánico se siente como que está en juego la supervivencia).

Todas estas emociones juntas dan lugar a un modelo que he creado que relaciona la neurobiología y la psicopatología y lo he llamado PARCUVE, ya que relaciona el pánico, la ansiedad, la rabia, la culpa y la vergüenza.




Un apunte que quería hacer sobre la culpa y la vergüenza, es que mientras la primera solo está en nuestro pensamiento (es verbal) la otra es somática, es una sensación que primero sentimos y luego interpretamos. Esto va a tener mucha importancia en todo lo relacionado con la psicopatología, pero excede lo que quiero explicar aquí. Si queréis conocer más detalles podéis encontrar más información en mi libro "Apego y psicopatología" Ed. Desclée de Brouwer.

Portada del libro de Manuel Hernández Pacheco
donde profundiza en su modelo PARCUVE
para entender la ansiedad y su origen.

Todo lo que he hablado hasta ahora ocurre en la infancia, que como hemos visto es una etapa vital para el niño en la que para sobrevivir dependerá de sus cuidadores física y psicológicamente. Cuando llega la adolescencia va a haber un segundo nacimiento psicológico. Habrá cambios muy importantes en el cuerpo y en el cerebro, el adolescente va a cambiar su prioridad que ahora no será vincularse a sus cuidadores para sobrevivir sino encontrar pareja, amigos, pandillas es decir vincularse a otras personas.

¿Qué va a ocurrir si el adolescente debido a que en su infancia no recibió los buenos tratos adecuados se siente defectuoso, incapaz, inseguro, etc.? Pues que se sentirá inferior y en desventaja frente a otros adolescentes y buscará estrategias de control que le hagan sentir mejor no con su familia o sus compañeros sino en sustancias, sexo, rendimiento o deporte compulsivo, actividades peligrosas, etc. También puede desarrollar trastornos de personalidad que son inadecuados para las nuevas circunstancias, pero ¿Qué puede hacer un adolescente cuando no aprendió otras de niño?



En mi opinión el origen de la mayoría de las patologías psicológicas son intentos del cerebro de regularse en condiciones de inseguridad, buscando estrategias de personalidad o de control que, aunque en un primer momento resultaron adecuadas por las circunstancias que vivió, pero con el tiempo se vuelven inadaptadas y patológicas.

Voy a poner un ejemplo que creo que ayudará a que todo esto se entienda mejor:

Laura es una paciente de 30 años que tiene bulimia, se da atracones y vomita cada vez que tiene una ruptura amorosa. Cuando hacemos la historia clínica vemos que tuvo un padre muy trabajador, pero siempre ausente y una madre que cuidaba de ella, pero era fría y distante. Recuerda su infancia como de mucha soledad, y que pasaba muchos ratos viendo series de televisión y comiendo. 

Cuando llego a la adolescencia se sentía diferente e inferior a las otras niñas porque se veía un poco más gordita. No tenía éxito con los chicos y cada vez que se sentía rechazada (vergüenza) comía compulsivamente (lo mismo que hacía de pequeña cuando se sentía sola) y luego se sentía culpable y vomitaba. Esto que en la adolescencia fue una forma de evitar el malestar quedo grabado en su cerebro como una forma de reducir el malestar y la vergüenza quedó grabada y con el paso de los años se ha convertido en un grave problema.

La terapia consistió en buscar esos momentos de soledad, culpa, vergüenza, y hacerle sentir que la comida no era una solución, pudiendo ayudarla a encontrar nuevas maneras de regular la ansiedad.

Siguiendo con la metáfora del ordenador durante la terapia, vamos a reprogramar la información que está guardada en el disco duro del paciente (creencias erróneas, emociones y sensaciones inadaptarías, comportamientos lesivos, etc..) y vamos a ayudar a aprender nuevas variables que sean sanas y adecuadas a las circunstancias.

Para lograr esto el terapeuta debe convertirse en una nueva figura de apego que ayude al paciente a sentir seguridad y así poder cambiar los aprendizajes que en su momento fueron necesarios para poder sobrevivir pero que ahora resultan patológicos. Revivir emociones y recuerdos del pasado resulta doloroso y difícil por eso es tan importante que el terapeuta y el paciente establezcan una fuerte alianza para poder soportar el dolor que en su momento no pudo ser tolerado porque no había nadie para sostenernos.


viernes, 15 de diciembre de 2017

"La mirada consciente en los centros de protección", intervenir desde el vínculo afectivo con los menores acogidos, por Pepa Horno, Antonio Echeverria y Antonio Juanas.

Pepa Horno, psicóloga y consultora en infancia, afectividad y protección en ESPIRALES Consultoría de Infancia, cuyo magnífico blog ya conocéis, ha realizado un proceso de supervisión de ocho centros de protección dependientes del Institut Mallorquí d’Afers Socials (IMAS) En dicho proceso han participado, además, Antonio Echeverria y Antonio Juanas, y se ha plasmado en un libro titulado: La mirada consciente en los centros de protección. Editorial CCS.

Los que conocemos a Pepa Horno y sabemos no sólo de su profesionalidad sino de sus valores humanos, estábamos convencidos que dicha supervisión se traduciría en un cambio para los centros que han tenido la fortuna de trabajar con ella. Un cambio que hemos hecho muchos profesionales -ente los que me incluyo- desde el modelo cognitivo-conductual a modelos que superan éste y que abogan por mirar en el interior de las personas, poniendo de relieve, además, la naturaleza interpersonal de nuestros rasgos y comportamientos, así como la enorme trascendencia que el vínculo afectivo tiene -sobre todo para menores en acogimiento-, para el ser humano. "De la cuna a la tumba", como afirmó John Bowlby, el mantenimiento de los vínculos afectivos a lo largo de la vida es una necesidad de primer orden.

El libro abunda en que no es posible la reparación de la afectación al neurodesarrollo que el maltrato y el abandono causan en los niños y en los jóvenes -no olvidemos que los menores están en los centros de acogida porque han sido víctimas de ello-, si no potenciamos la resiliencia secundaria: un vínculo afectivo en el tiempo con un adulto (educador) sólido, seguro y confiable que permita a los menores con permanencia, paciencia y perseverancia recalificar sus modelos operativos internos (para quienes no entiendan este concepto de Bowlby, sería algo así como el equivalente al chip en el ordenador, la información que tenemos registrada en nuestro cerebro cognitiva, emocional y sensorial sobre cómo nos tratarán los demás, la valoración de la calidad de la relación con los otros) que a menudo contienen expectativas de que se reproducirán los malos tratos y el abandono. Por eso muchos de ellos pueden generar dinámicas relacionales de este tipo; porque actúan los primeros modelos relacionales interiorizados en el inconsciente, pero no lo reproducen como recuerdo (porque está apartado de la conciencia) sino como acción.

Este tipo de representaciones internas pueden recalificarse, son dinámicas y no estáticas y son susceptibles de ser modificadas por la experiencia (mejor cuanto más pequeño es el niño) Un modelo cognitivo-conductual no puede cambiarlas solamente utilizando técnicas basadas en el condicionamiento clásico u operante, o mediante reestructuraciones cognitivas. Es la calidad de la relación con los otros lo que puede proporcionar experiencias de resiliencia secundaria a través de tutores que, mediante el cambio de mirada, transforman a los menores porque (1) disponen de recursos externos para ellos; (2) ofrecen puntos de apoyo incondicionales desde los cuales operar el proceso de transformación; (3) son respetuosos y reconocen el dolor y el sufrimiento de los chicos/as pero, a la vez, confían en la emergencia de recursos internos, si proporcionamos relaciones y contextos sanadores y (4) son conscientes que la resiliencia puede surgir también de ofrecer oportunidades como el contacto con la naturaleza y la danza, proyectos que, por ejemplo, el libro nos cuenta que implementaron en los centros.

El libro parte, primeramente, del marco teórico sobre el cual va fundamentar el posterior proceso de supervisión de los centros: qué es la mirada consciente, qué han de valorar los profesionales que trabajan en un centro y el concepto de daño provocado por el abandono y el maltrato, presentando el modelo vincular de intervención teniendo en cuenta que la gran mayoría de los menores presenta trauma complejo (un tipo de trauma interpersonal causado por el impacto psíquico y físico que las experiencias de abandono y maltrato generan en los seres humanos, más grave cuanto más prolongado y temprano es, sobre todo si se produce dentro de la relación de apego niño-padres) A continuación, el libro expone cuál ha sido el proceso de supervisión y formación (apartado en el que se desarrollan varios de los proyectos que se implementaron en los centros) y, finalmente, la evaluación y mejora del proceso de supervisión.


"El proceso ha sido un reto. Un reto que comenzó por la visión, la profesionalidad y el entusiasmo de Marisa Martín, que entonces era directora de los centros de menores del IMAS y que fue quien me contrató para realizar la supervisión en los cinco centros de gestión pública, y posteriormente por el empuje, coherencia y profesionalidad de Guillem Cladera que me llevó a trabajar el mismo proceso pero con más tiempo de seguimiento con los centros de gestión conveniada en la Fundació Natzaret y la Asociación Amés. En todo este camino me acompañó Antonio Juanas realizando la parte del trabajo corporal que propusimos como parte del proceso de supervisión a los equipos a través de la metodología de la biodanza. Y a la hora de escribir este libro contamos con Antonio Echevarría, que como educador referente del Centro Puig des Bous asumió la responsabilidad de llevar a la práctica varios de los proyectos que se incluyen en el libro.


El proceso fue sobre todo un reto para los equipos con los que trabajamos. Se les propuso un cambio de MIRADA muy potente y un cambio en su modelo de intervención, que pasaba de un modelo cognitivo-conductual a un modelo basado en el vínculo, que generó mucha inseguridad y miedo al principio. Pero los equipos de los ocho centros recogidos en el libro decidieron seguir adelante con el proceso. Por eso quisimos recoger su vivencia de forma directa. En el libro se transcriben testimonios directos recogidos en cuestionarios anónimos que se pasaron a los profesionales de los equipos que siguieron el proceso hasta el final. Los testimonios hablan por sí mismos y dan un valor de verdad al texto".

Sé que no ha sido fácil para ti, Pepa Horno, pero el trabajo es magnífico, honesto, científico, experiencial y una referencia que puede ser replicada y trasladada a otros centros que quieran y deseen aplicar esa mirada consciente por la que, decididamente, apostáis en el libro como la más sensible, respetuosa y reparadora para los menores.  Un libro de los que no hay, pues cuenta una intervención y una experiencia muy concretas. ¡Enhorabuena a la autora y los autores!

lunes, 11 de diciembre de 2017

Cómo ayudar a los niños con características de trastorno reactivo del apego inhibido

Hace unas semanas tratamos el tema de los niños con antecedentes de malos tratos y abandono extremos, normalmente criados en orfanatos de baja calidad donde el infante no ha podido interiorizar a un cuidador como base segura y, por lo tanto, desarrollar un apego centrado. También sucede en menores que sufren múltiples cambios de cuidadores en la infancia, más grave cuanto más temprana es la edad del niño. 

La ausencia de una figura adulta de modo permanente que proporcione cuidados de calidad (necesarios además para la consecución de hitos como la regulación emocional, la capacidad de mentalización, el desarrollo psicológico y neurológico pleno, así como para sentir  la confianza y seguridad en uno mismo y en los demás) puede alterar de modo grave el vínculo de apego bebé-cuidador, llegando a presentar un trastorno del apego que puede ser de dos subtipos: inhibido (en el que nos vamos a centrar hoy) o de sociabilidad indiscriminada (DSM-V: Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales. Asociación Psiquiátrica Americana, Editorial Médica Panamericana)

Hoy nos corresponde centrarnos en cómo trabajar con estos niños y sus familias, cuando, tras ser adoptados, llegan a estas y observan las alteraciones que presentan y solicitan ayuda profesional.

Partimos del hecho de que los padres o familia presentan suficiente competencia parental. Es de vital importancia que los adultos que cuidan del niño tengan una historia de apego suficientemente segura (o que, al menos, hayan podido reflexionar sobre la misma y modificar sus modelos operativos internos) y que los traumas que hayan podido padecer se hayan resuelto de una manera resiliente. Los cuidadores deben de estar dotados de capacidad empática, sensibilidad y consistencia en su manera de actuar, con firmeza y amabilidad, y sin incoherencias entre lo que afirman y hacen con el niño. No queremos padres perfectos porque no existen ni lo pretendemos. Los niños necesitan padres conscientes, que puedan reflexionar y ver al niño más allá de sus conductas, como un sujeto con intenciones, deseos, emociones… Esto es básico para poder comprender que las manifestaciones externas del niño a través de su conducta reflejan un sufrimiento interno. 

La gran mayoría de los padres y familias suelen ser competentes. Ya sabéis que es fundamental esta competencia para que aquéllos/as puedan ser buenos coterapeutas, pues el trabajo que los padres o familias deben de llevar adelante mediante las orientaciones que les proporcionamos es pieza clave durante toda la intervención. Un terapeuta con una hora a la semana tratando al niño, pero con unos padres que presentan incompetencia y que no pueden colaborar en el proceso adecuadamente, no suele ser exitoso. Al contrario: fracasa. En un proceso en el que, además, podemos terminar “quemados” todos, y el principal perjudicado el niño. Así pues, en un enfoque traumaterapéutico, si los padres o familia tienen de moderadas a severas incompetencias, necesitan un espacio propio de terapia para abordarlas y tratarlas, y valorar cuándo es el momento para comenzar con el niño -y los padres como coterapeutas- en terapia. 

Cuando los padres o familias son competentes y pueden hacer el trabajo de coterapia que tanto se aprecia, aun así, van a necesitar todo nuestro apoyo, calidez, comprensión y trabajo psicoeducativo y de orientación. Porque este tipo de parentalidad presenta unos desafíos que por muy competente que una persona sea, puede producir agotamiento y síndrome del quemado, estrés (con la posibilidad de que los padres enfermen física o psicológicamente) y desesperanza. Sobre todo, cuando las alteraciones del niño son permanentes y su educación es un reto porque hay que abordar numerosos incidentes y episodios de descompensación. También, cuando se es capaz de ver al niño real, las familias y los padres viven grandes gratificaciones ante sus mejorías, y también porque estos niños tienen cosas maravillosas. ¡Son unos héroes que nos han dado una lección! ¡Paciencia y perseverancia con ellos!


En este libro de Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan
se desarrolla el concepto de competencia parental y cómo evaluarla.

Algo que conviene tener en cuenta es que el diagnóstico de trastorno del apego nos ayuda a situarnos y saber de qué estamos hablando y poder intervenir con un modelo de terapia adaptado a los déficits que estos niños presentan. Pero ningún menor es igual a otro. Algunos pueden presentar más áreas afectadas, otros menos. Algunas de estas áreas afectadas, con la labor de los padres y familias, y la terapia, las superan. Otras, en cambio, permanecen a lo largo de todo el desarrollo y, en algunos casos, terminarán por ser inherentes al menor y hay que trabajar para evitar la inadaptación social.

También conviene no olvidar que el trastorno del apego es una patología que el niño padece como consecuencia de una perturbación severa en el proceso de establecimiento normal del vínculo de apego, habiéndose producido anomalías en dicho proceso –debido a la ausencia del cuidador: no hubo nadie al lado del niño que hiciera las funciones de cuidado sensible y empático- que dificultaron severamente que el infante se apegara a un cuidador de una manera estable, con sentido de permanencia, el cual favorece que el niño adquiera la noción de sí mismo y pueda estabilizar las funciones psíquicas. Es por ello por lo que los deseos, las intenciones, las emociones y los propósitos de estos niños se suelen desvanecer y no prosperan en lo que hacen; a no ser que haya una permanencia de un adulto externo que supla las carencias internas que no se han podido desarrollar. 

Portada del libro de Niels Peter Rygaard donde
desarrolla, entre otros, el concepto de estadios
de autoorganización del niño.
Niels Rygaard (2008) afirma que hablamos de ruptura de contacto cuando "entre el bebé y el cuidador no se produce una comunicación normal y mutua y por lo tanto el niño no es capaz de establecer una permanencia en un área concreta". 

El niño, progresivamente, con la presencia del cuidador, el ambiente estable y predecible, con un contexto sólido, haciendo de filtro estabilizador del bebé, consigue auto-organizarse: primero, a nivel orgánico. Posteriormente, logra la permanencia sensorial (¿cuántos de los niños que conocéis dicen no sentir dolor o no son capaces de discriminar la ropa que se tienen que poner porque no perciben bien la temperatura?; el niño sufre una alteración que hace que aún no haya alcanzado plenamente este estadio de organización) Después, la permanencia sensorio-motriz: ser capaz de integrar sensación y movimiento en un todo coordinado. Los siguientes estadios de auto-organización son el de la personalidad y el social. En el estadio de la personalidad Niels Rygaard dice en “El niño abandonado” que “el niño puede integrar al mismo tiempo emoción, pensamiento y discurso, memoria y capacidad de prever. Puede adaptar su comportamiento a las situaciones en cuestión e incorporar a sus actos las respuestas del entorno. Desarrolla el sentido de su propia posición en el tiempo, en el espacio y en las relaciones sociales. Aprende a superar la fase de estar solo sin la madre y tiene capacidad de mantener un diálogo, así como la de resolver los conflictos emocionales”. Finalmente, en el estadio social (al que se llega aproximadamente entre los cuatro y cinco años) Niels Rygaard postula que “la permanencia social es la capacidad de interactuar y al mismo tiempo mantener sus límites sin perder su identidad personal. Se utilizan todas las competencias aprendidas en los estadios precedentes. Aprende a incorporar los sentimientos, las intenciones y los deseos de los otros (mentalización) Es en este estadio cuando los síntomas de trastorno de apego se hacen más notorios y se convierten en visibles. Las causas se encuentran en los estadios anteriores”

Por lo tanto, uno de los grandes ejes de la evaluación-intervención consistirá en valorar el estadio en el que el niño está y coordinarse con los profesionales de los diferentes contextos en los que el menor se desenvuelve y convive para poder hacer adaptaciones de las situaciones educativas y cotidianas a su nivel auto-organizativo. Una táctica adecuada consiste en poner al niño un referente adulto en todos los contextos, y que él sepa que es la persona a la que tiene que obedecer y recurrir en caso de problemas. Esto suele ser difícil de conseguir porque los profesionales del mundo de la educación u otras profesiones se fijan en la edad cronológica y en que el niño “debería hacerlo a su edad” O que es un problema sólo de límites y normas. Sin embargo, cuando comprenden la dimensión real de lo que al niño le ocurre y adoptan una actitud de trabajar por y para el niño, sabiendo que sus manifestaciones externas no son producto de una intención negativa sino de una alteración que le hace sufrir, entonces colaboran magníficamente. Los contextos educativos con adultos consistentes y amables que permanecen en el tiempo favorecen que el niño pueda desarrollar esta noción de sí y a estabilizar funciones psíquicas que no pudieron afianzarse porque tuvo la desgracia angustiante de que ningún adulto estuvo a su lado, a nadie se pudo apegar; luego es complicado que así emerja en el niño la conciencia de que él y los demás tienen una mente con contenidos estables y permanentes. 

Nos damos cuenta, de este modo, que la patología del apego, el trastorno de apego reactivo, es una alteración interpersonal, no intrapersonal. El niño no es por sí solo de ningún modo, los rasgos que ha desarrollado, desadaptados, se adquirieron como consecuencia del daño del abandono o de vivir en contextos de vida tan caóticos, cambiantes o desorganizados que no pudo interiorizar a una figura de apego. Por ello, suelen ser niños que cuando se relacionan con adultos que establecen un contexto predecible, que son amables pero firmes, permanecen con él, no se descontrolan emocionalmente y se muestran consistentes en sus pautas y normas, los menores se benefician de estas habilidades mentales de los adultos, las incorporan y tienen un funcionamiento bastante adaptado.

Habiendo hecho este preámbulo, vamos con las áreas con las que intervenimos con el niño y su familia. Para ello recordamos las características del trastorno de apego reactivo subtipo inhibido (Di Bártolo, 2016):

Niños que no buscan consuelo, aunque estén visiblemente perturbados.
Resulta muy difícil calmarlos.
Interés y relación social está reducido.
Embotamiento afectivo, intentan no responder a los intercambios sociales
Problemas de regulación emocional.
Muy replegados, pero rechazan contacto y el consuelo cuando alterados.
Al ser adoptados, los síntomas suelen atenuarse, pero los síntomas persisten y les cuesta abrirse y regularse emocionalmente.

Voy a explicar cómo intervenimos en alguna de estas áreas perturbadas. Sin embargo, os ofreceré aquellos aspectos que considero importantes desde mi experiencia de tratamiento con estos menores tan dañados en el área vincular. Porque el tema da como para escribir páginas y páginas, y aquí tenemos un espacio limitado. 

Gracias a la formación recibida con mi profesora Maryorie Dantagnan, lo primero que suelo hacer es evaluar la capacidad de mentalización de estos niños mediante instrumentos específicos preparados para ello. Algunos de los niños con trastorno del apego reactivo tienen afectada esta capacidad de atribuir significados a la mente, considerando al otro un sujeto con pensamientos, sentimientos, deseos e intenciones. A diferencia de los niños que presentan características del espectro autista, cuyas limitaciones en este sentido consisten en que no ven la mente del otro, los menores con trastorno de apego reactivo sí llegan a percibirla, pero distorsionan la misma, atribuyendo a los otros significados tergiversados. Como suele decir Maryorie Dantagnan, son capaces de leer la mente, pero no de mentalizar. Es diferente. Esta valoración es importante porque el tratamiento deberá de centrarse en estimular este dominio.

Niños que no buscan consuelo, aunque estén visiblemente perturbados. Efectivamente, la afectación a la vinculación es tal que algunos pueden mostrarse como si tuvieran rasgos esquizoides. Son aquellos niños que sufrieron la alteración en el primer año de vida. No pudieron, ante la ausencia de la figura de apego, desarrollar la permanencia evocativa. Si hay permanencia evocativa (0-6 meses) se consigue un apego de base. Las emociones son evocadas en mayor medida por la presencia de la madre y ésta se convierte en la “figura afectiva”; todo lo demás es plano de fondo. En la permanencia de los límites (6-12 meses) se logra la gestión de la ansiedad: el bebé puede separar las personas conocidas de las desconocidas y recuerda brevemente a la madre cuando abandona la habitación. Por ello, aparece el temor a los extraños y a la separación (Rygaard, 2008)

En estos niños no hay esta capacidad de discriminar quién es figura de consuelo, por lo que la defensa es una retracción interior en la que no comunican sus estados internos ni saben cómo hacerlo. Algunos han desarrollado una preferencia a encontrar la calma y la regulación relacionándose con objetos, de una manera tan obsesiva que recordaría a los intereses restringidos de los menores con rasgos del espectro autista. 

Cuando son adolescentes, es bastante habitual que se encierren en su habitación y sientan pánico a relacionarse con los iguales, aunque quizá con adultos se manejen mejor, sobre todo si estos son predecibles. Pueden tratar de manejar sus estados emocionales y encontrar la calma en el consumo de alcohol o sustancias, son objetos inadecuados, pero con los cuales “vincularían” para obtener así una tranquilidad y calma que no encuentran en las personas.

Trabajamos con los padres y familias para que tempranamente (cuanto más temprano se detecte un posible trastorno reactivo, mejor pronóstico puede tener) se ofrezcan como figuras sobre todo seguras y firmes, pero también accesibles y disponibles, para que el niño aprenda que en ellos puede encontrar siempre el consuelo. Algunos padres adoptivos, muy capaces en este aspecto, cuando llegan a consulta han conseguido lograrlo por sí solos con niños pequeños y este rasgo suele recuperarse, de tal modo que el niño cuando está desolado, se acerca y busca a los padres para encontrar confort. No todos los rasgos del trastorno de apego reactivo se mantienen, hay algunos que desaparecen con la llegada a la familia y los cuidados. 

Interés y relación social reducidos. En este aspecto es donde recuerdan a los menores con rasgos del espectro autista. Es una característica, además, que suele mantenerse a lo largo del tiempo y que cuesta mucho que puedan superar. A algunos les produce literalmente pánico estar con el otro, experimentan estados de ansiedad elevadísimos que les llevan a retirarse hacia ellos mismos y sus propios intereses, normalmente centrados en áreas restringidas. Otros no ven ningún sentido a la relación social, no comprenden la mente del otro y la ven como algo complejo y que es un obstáculo para sus intereses. Serían niños que a la larga podrían convertirse en personas asociales. 

¿Por qué este replegamiento y relación social disminuidas? Un autor que me ha fascinado, estudioso del desarrollo, es Trevarthen (1979) Este autor dice que a los cuatro meses aparecen las primeras regulaciones emocionales directas persona a persona (con la figura de apego) Las primeras conversaciones van seguidas de juegos musicales estructurados rítmicamente: primero, juegos de persona a persona con la propia comunicación manifestando las ganas de jugar. A este fenómeno este autor le llama intersubjetividad primaria (lo que existe entre la mente de los dos sujetos es unas ganas de jugar y comunicar entre ambos; existe un interés común entre sujetos) Posteriormente, a los nueve meses, Trevarthen sostiene que emerge el fenómeno de la intersubjetividad secundaria: ahora el bebé empieza a interesarse en compartir el modo en que sus compañeros usan los objetos. Es decir, entre el mundo del otro y el mío hay un objeto compartido y me interesa el modo en que el otro lo usa, y al otro le interesa el modo en que yo lo uso. Esto es básico para la construcción de significados y para que el ser humano pueda colaborar en acciones intersubjetivas y comunes a futuro. 

Pues bien, los niños con trastornos del apego presentan una alteración en uno o ambos dominios. Algunos menores cuando juegan interactúan con los objetos de juego desde ellos mismos. El otro (el terapeuta) no existe (no hay representación de lo que está entre los sujetos) y no interactúan persona-objeto-persona. Solo te buscan o te referencian en la medida que son ellos solos con su objeto. Hay un déficit claro en este sentido. Por ello, la terapia más importante que se puede trabajar es la del juego, tratando de que se interesen y perciban, y vivan como placentero, que el juego es una experiencia intersubjetiva. También la terapia de juego sirve para la estimulación del hemisferio derecho: tratamos de proponer juegos donde podamos propiciar momentos en los que el niño entre en una interacción lúdica y placentera con el terapeuta y aprovechar para tener contacto ocular, reírse juntos, modelar una expresión facial y devolverle una experiencia emocional, tratando de reforzarla. Con cautela para no provocar un rechazo o un abandono súbito del juego.

No es aconsejable forzar a los niños a relacionarse cuando no pueden. Su cerebro social no se ha estimulado en absoluto y son en este sentido, incapaces. Lo que solemos intentar es que puedan tener una relación con un niño o niña a solas, porque esto lo suelen aceptar a veces, aunque supervisando el intercambio, pues dadas sus dificultades con la regulación emocional o lo obstinados que algunos son, pueden agredir o utilizar formas y expresiones bruscas que acaben con la relación. La actitud de enseñar con paciencia y calma es muy importante. También animamos a experiencias que llamamos de socialización controlada: grupos terapéuticos muy pequeños (apenas 8 niños/as) con tres terapeutas, donde podamos apoyar y animar al niño a una exploración positiva del entorno y de las relaciones ofreciendo figuras adultas que enseñen, pero a la vez regulen. Con algunos niños conseguimos mejoras; en cambio, con otros, no. Aquí conviene decirle al niño que el adulto se equivocó en introducirle en el grupo. Aún no es su momento.

En la adolescencia, es cuando más he observado, si las experiencias sociales y terapéuticas no fueron satisfactorias, el embotamiento afectivo. Se encierran en sí mismos y no consiguen conectar con un mundo externo que asusta y resulta incómodo y frío. Los padres y familiares se preocupan mucho porque no tienen amistades y algunos suelen consumir sustancias. Son situaciones muy duras para las familias. Aquí ofrecer la posibilidad de brindar un terapeuta cálido (u otra persona), que se ofrezca como base segura, que ayude a expresarse con confianza y que disponga de medios para poder salir de ese embotamiento (arteterapia, caja de arena, danza, música…), es el fundamento para al menos no caer en el aislamiento e inadaptación social graves.

Problemas con la regulación emocional. Es un denominador común a todos los trastornos del apego. Una de las funciones de la figura de apego es reflejar el mundo del infante y devolverle en espejo lo que siente y piensa. Así mismo, contener los impulsos indeseados del bebé y darles forma, sienta las bases de la futura regulación emocional del niño y del adulto. ¿Pero cómo conseguir esto si no has tenido a nadie que sea base segura y te ofrezca esa experiencia de regulación emocional? Necesariamente el neurodesarollo se ve afectado y posiblemente el córtex prefrontal (la zona orbitofrontal) que regula las emociones y los impulsos que se asientan en la amígdala no hace bien su trabajo porque hay pocas neuronas y/o las que hay no hacen su función neuroquímica de manera eficiente (esa zona del cerebro está bañada en dopamina y serotonina) La figura de apego regula todo el funcionamiento neuroquímico y hormonal del menor desde tempranísima edad. La respuesta a estrés (con la hormona del cortisol) debe de activarse cuando se necesita (ante amenazas) y un adulto debe de calmar para que se detenga dicha producción de cortisol y volver a la calma. Si no, el niño estará constantemente produciendo esta hormona y un exceso de la misma puede dañar el cerebro. 

Por eso, a los padres y familias les enseñamos mediante pautas muy concretas a ayudar a sus hijos/as a conseguir esta regulación emocional. Trabajamos la denominada Pauta de apoyo a la parentalidad terapéutica de Maryorie Dantagnan, donde tratamos de que aprendan a manejar las conductas de los niños, a regularles emocionalmente y a nutrirles afectivamente.

Con los niños/as, individualmente, una de las primeras intervenciones que suelo hacer es tratar (además de ofrecerles un contexto de terapia estructurado, predecible y seguro) de ayudarles a conocer y expresar sus estados internos y los de los otros. Para ello, una herramienta que he encontrado de gran utilidad es la caja de arena. No olvidemos que estos menores, además, suelen tener afectaciones al desarrollo cognitivo y del lenguaje que les impiden verbalizar y usar el lenguaje como una herramienta de expresión. Con la caja de arena he obtenido buenos logros en esta área. En el libro Construyendo puentes explico cómo trabajé -sin hablar- con la caja de arena las emociones de dos niños adoptados a las edades de 7 y 8 años, provenientes de dos orfanatos de Rumania, con trastorno del apego reactivo inhibido y severa afectación al desarrollo, obteniendo un beneficio y progresos notables en regulación emocional. 

Además, apoyamos a las familias lo más posible, tratando de que puedan cuidarse, pues la adopción de este tipo de niños/as es de gran desgaste. Desde aquí hacemos un llamamiento para una mayor implicación de los servicios sociales en dotar a estas familias de más ayudas, pues el desafío que tienen entre manos es complejo, largo en el tiempo, estresante (también gratificante) y que requiere de la tribu para que puedan salir adelante y al menos, que estos niños/as no caigan en la inadaptación social. 

Espero que os haya sido de utilidad.
Portada del nuevo libro de Manuel Hernández Pacheco

Este mes de diciembre nos falta la participación de la firma invitada. Nos visitará Manuel Hernández, psicólogo y biólogo, y nos hablará del modelo PARCUVE para entender la ansiedad y su origen. Está precisamente en las primeras experiencias tempranas que vivimos, cuando el vínculo de apego se inseguriza y las estrategias que aprendemos para regular las emociones son desadaptativas. Nos presentará su nuevo libro, de reciente aparición, donde explica y desarrolla estos temas tan interesantes.

Prepararé otro post especial por Navidad, para además de transmitir algún mensaje importante, compartir con vosotros/as (sois el gran motor de este blog, la razón de ser del mismo) la alegría de un año grande que cerramos con satisfacción y con la ilusión de que el venidero, 2018, sea aún mejor. Y, por supuesto, para haceros llegar mis mejores deseos.

Cuidaos / Zaindu

REFERENCIAS


Di Bártolo, I. (2016) El apego. Cómo nuestros vínculos nos hacen quienes somos. Lugar editorial.


Trevarthen, C. (1979). Communication and cooperation in early infancy. A description of primary intersubjectivity. In M. Bullowa (Ed.) Before Speech: The Beginning of Human Communication. London, Cambridge University Press, , 321-347.

Rygaard, N.P. (2008) El niño abandonado. Barcelona: Gedisa Editorial.

sábado, 9 de diciembre de 2017

"Profesionales portadores de oxitocina", el libro que estábamos esperando, de Iñigo Martínez de Mandojana.



Quiero presentaros el primer libro escrito por Iñigo Martínez de Mandojana, de la Asociación Biraka, cuyo blog hermano de Buenos tratos ya conocéis. Un libro que estábamos esperando, necesario, pues creo que muchos profesionales precisan imbuirse de la cultura del buen trato en sus prácticas profesionales. 

El libro me ha cautivado desde el principio. Primero, porque reconozco a Iñigo en sus páginas. Me habría desilusionado que hubiera impostado un personaje para escribirlo. El libro rezuma Iñigo Martínez de Mandojana en estado puro por todos sus costados. Es el Iñigo atrevido y suelto de su blog, que aúna el saber de su formación y lecturas, pero también con todo su bagaje experiencial, haciendo gala de ingenio y creatividad a la hora de escribir, con sus metáforas únicas. 

Pero un libro no es un blog. Implica un trabajo mucho más elaborado, pues -lo sé por experiencia- hay que idearlo, estructurarlo, escribirlo y revisar cada una de sus palabras y frases porque requiere matización. Me encanta la evolución literaria experimentada por Iñigo Martínez de Mandojana y que se plasma en esta su primera gran obra.

Además del atractivo estilo literario del autor, creo -como os he dicho anteriormente- que Iñigo ha escrito un libro que yo echaba de menos en el mercado y que buena falta nos hace. Que los profesionales sean personas afectivas, y quieran y cuiden a los niños, adolescentes y familias con las que tratan -desde el título se nos transmite esto, puesto que la oxitocina es la hormona del buen trato-, no es algo tan extendido como en un primer momento se pueda pensar. Existe un buen número de profesionales cuyas intervenciones y actuaciones están carentes de afectividad, y de otros elementos que son claves, si es que queremos reparar a menores y personas que sufren traumas: sintonizar y conectar emocionalmente, empatizar y mostrar sensibilidad hacia las personas con las que trabajamos y -no lo olvidemos- sienten dolor físico-emocional. Este tipo de intervención distante -y en algunos profesionales, además, despreciativa-  con los niños y jóvenes les convierte en objetos, no en sujetos con mente propia. Por eso, cuanto mas difundamos el libro de Iñigo Martínez de Mandojana, más vamos a contribuir a difundir la cultura del buen trato entre los profesionales, tan necesaria. El autor nos dice por qué esto es tan trascendente, así cómo lo negativo que puede ser hacer lo contrario. Había que atreverse a publicar un libro como este, valiente, e Iñigo lo ha hecho. ¡Enhorabuena!

Portada del primer libro de Iñigo Martínez de Mandojana.

Para ello, el autor se fundamenta en la ciencia y basa su libro inicialmente en conceptos como el apego, la parentalidad positiva y la resiliencia. A continuación, se adentra en la extrema importancia que tiene sintonizar con el dolor del otro y la resiliencia, para, posteriormente, profundizar en las consecuencias que puede tener la iatrogenia profesional y en cómo debe ser un equipo de trabajo educativo para constituirse como un equipo con superpoderes. Termina su propuesta tratando el tema de los informes que los profesionales elaboran y cierra la obra recordándonos que ser un profesional portador de oxitocina es un verbo. 

Ha tenido la original idea -ya os he dicho que Iñigo es creativo- de que cada capítulo lo presente un profesional elegido por él. A cada uno le ha pedido que piense en una película, poesía, fotografía, música... que pueda servir como leit motiv para introducir el tema del que después Iñigo nos hablará. El autor me invitó a mi, entre otros, a presentar el capítulo que versa sobre sintonizar con el dolor del otro. ¡Todo un honor! Lo realicé con sumo gusto y placer. 

El profesor de la Universidad del País Vasco, Dr. en psicología y psicoterapeuta en ejercicio, Iñigo Ochoa López de Alda, ha elaborado un entrañable y sentido prólogo.

Os recomiendo este libro porque aúna muy bien ciencia y experiencia. Aborda con respeto pero con claridad y contundencia, el asunto más delicado y sensible que existe: cómo nos relacionamos con los niños y jóvenes y sus familias. Una comunicación afectiva y una receptividad empática deben de presidir todas las actuaciones y dinámicas educativas. El libro, además, pone de relieve, de una manera directa, el enorme beneficio que en los niños y jóvenes tiene el que portemos oxitocina como profesionales en nuestro trabajo y relaciones con ellos (afecto, empatía, cuidados...) Y el impacto tan negativo y perjudicial que produce en los menores intervenciones educativas llevadas a cabo por profesionales que no tienen los buenos tratos integrados en su ideario y praxis. 

Iñigo Martínez de Mandojana sabe de lo que habla, pues su experiencia y saber acumulados le otorgan credibilidad para poder escribir esta importante obra. 

Adquiérelo en esta dirección web:

viernes, 8 de diciembre de 2017

De Niels Peter Rygaard a todos/as los/as interesados/as: Dos plazas libres en la formación internacional de instructor: grupos de entrenamiento de familias adoptivas y de acogida

Niels Peter Rygaard me hace llegar -junto con sus buenos recuerdos de su estancia entre nosotros- esta información sobre sus programas de formación. Cualquier duda que tengáis lo mejor es que le escribáis a él directamente: info@fairstartfoundation.com


En la Fundación Fairstart estamos gratamente sorprendidos por el gran interés mostrado en la teoría del apego en las presentaciones que hice en las conferencias de San Sebastián y A Coruña en mi reciente visita a España. Hemos recibido muchos mails preguntándonos sobre nuestros programas de entrenamiento y de formación de instructores. 

Niels Peter Rygaard en San Sebastián, III Conversaciones Apego y Resiliencia


Hemos decidido ofrecer dos plazas libres en nuestra formación internacional on line sobre los cuidados de acogida, para fortalecer y apoyar vuestros esfuerzos.

La formación es en lengua inglesa y las sesiones serán también en inglés ya que no hemos podido encontrar traductores en este breve periodo de tiempo.

Pero para cada sesión formativa hemos incorporado una diapositiva con textos cortos, la cual los instructores podrán traducir fácilmente al español en ese periodo de tiempo.

Niels Peter Rygaard es autor de "El niño abandonado"
Traducido al español por Editorial Gedisa
Con prólogo de Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan

Las clases on line comienzan el 15 de enero de 2018. El grupo en el que te invitamos a participar puede ser de 4 a 10 padres adoptivos o de acogida. El entrenamiento requiere que puedas encontrarte con un grupo de padres en reuniones de tres horas de formación durante cuatro meses.

Envíanos un mail a info@fairstartfoundation.com si deseas participar de esta propuesta, y te enviaremos información acerca de cómo inscribirte, fechas, etc. Por favor, envíanos tu curriculum vitae, en qué grupo te gustaría participar y por qué esta educación es importante para tu trabajo.

Al finalizar el programa formativo, os pedimos que grabéis un vídeo sobre vuestras experiencias en la formación y que nos lo enviéis. También nos ayudarás a extender el conocimiento sobre tu red de trabajo profesional.

En un futuro cercano esperamos encontrar traductores al español que sean capaces de traducir las sesiones de entrenamiento para familias.

PD: Hemos comenzado una clase para el entrenamiento de equipos y grupos que trabajan en instituticiones. En esta clase, el programa de entrenamiento dirigido a instructores es en español. Para la versión de entrenamiento de equipos y grupos hay una tasa y un descuento para estudiantes. Ver: www.fairstartinstructor.com

En representación de www.fairstartfoundation.com les deseo buena suerte con su trabajo y una Feliz Navidad.

Los mejores deseos de Niels Peter Rygaard, Fairstart CEO.

Los mejores deseos de Niels Peter Rygaard.

sábado, 2 de diciembre de 2017

"El viaje del cordón de plata", cuento escrito por Loretta Cornejo para ayudar a los niños a entender la adopción y el acogimiento familiar. Presentado en Madrid, el día 12 de diciembre de 2017


Senticuentos

"El viaje del cordón de plata"

Autora: Loretta Cornejo


Loretta Cornejo presenta en Madrid el primero de los cuentos que conforman la colección Senticuentos. Esta colección está ideada para facilitar a los niños y niñas entre 3 y 12 años el entender diferentes situaciones que pueden darse en su vida, además de orientar a los adultos a manejar estas situaciones y a comprender cómo acompañar con afecto al menor.

En esta ocasión, en la Librería Casa del Libro de Madrid, el día 12 de diciembre de 2017, a las 12,00h, Loretta Cornejo, acompañada de Mercedes Bermejo, presentan el cuento "El viaje del cordón de plata", dirigido a niños y niñas adoptados/as y sus familias, cuento destinado a entender la adopción y el acogimiento familiar.


Loretta Cornejo, a quien tengo el gusto y la dicha de conocer personalmente, es psicóloga clínica y psicoterapeuta infanto-juvenil. Es especialista en adopción y fundadora de del equipo de psicología y psicoterapia UmayQuipa en Lima y Madrid. Comprometida desde hace años al bienestar de los menores desde su profesión e implicación personal.

Todos/as los/as que conocemos a Loretta Cornejo sabemos que está dotada de una excelente y exquisita sensibilidad para conocer y acceder a la mente y al mundo interno de los niños/as de una manera delicada y respetuosa. Admiramos esa capacidad que ella tiene para ponerse en la piel de las personas. En este caso, aporta un recurso valioso: el cuento, herramienta fundamental por el poder metafórico que tiene, sanador en sí mismo, para poder acercar a los niños y niñas y sus familias al hecho de la adopción y el acogimiento y contribuir así a ayudarles a comprenderlo e integrarlo en sus vidas.

Este próximo 12 de diciembre tenéis la oportunidad, en Madrid, de conversar con la propia Loretta Cornejo, la autora, y dialogar con ella sobre este Senticuento, un título para una colección que refleja la intención de todos los autores de llegar al corazón (los sentimientos)