lunes, 19 de octubre de 2026

La teoría del falso self y los niños/as adoptados/acogidos



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La teoría del falso self y los niños adoptados/acogidos
Por José Luis Gonzalo Marrodán, psicólogo clínico 


El concepto de falso self (falso sí mismo) es una de las aportaciones más conocidas del pediatra y psicoanalista británico Donald Woods Winnicott. Es especialmente interesante para comprender a niños, adolescentes y adultos que han vivido experiencias relacionales traumáticas, porque permite pensar cómo una persona puede adaptarse a su entorno a costa de alejarse de sus propias necesidades, emociones y deseos.

Me venía a la mente esta teoría esta semana a raíz de las sesiones de psicoterapia que he tenido con adultos adoptados que presentan historias de vida donde han vivido trauma por abandono (por ejemplo, fueron ingresados en un centro de acogida u orfanato nada más nacer y permanecieron allí durante los dos, tres o cuatro primeros años de vida -e incluso, a veces, más-. Fueron adoptados, después, por padres o cuidadores que no presentaban suficiente competencia parental)

Estas personas me describían con mucho dolor lo conscientes que ahora eran de no haber podido desarrollarse como ellos mismos hubieran deseado, y cómo habían tenido que generar como falsas personalidades o formas de ser, no auténticas. Así se defendían y de algún modo se adaptaban a un entorno familiar y de crianza que exigía ser de un determinada manera. 

Vayamos por partes y definamos primero que es el falso self. 

¿Qué es el falso self? (1)

Winnicott tuvo una infancia suficientemente buena, parafraseándole a él mismo. Sin embargo, según las fuentes, a pesar de una infancia tan buena (que según Clare Winnicott, su esposa, fue cierto), algo le perturbó en su niñez que lo llevó a la búsqueda del estudio de enfermedades graves. Nunca desveló el porqué de su inquietud pero al cumplir sesenta y siete años escribió un poema conmovedor sobre su madre, Elizabeth. Es un escrito que le envió a un colega y pidió compartirlo con él por el dolor que le había producido escribirlo:

La madre abajo llorando
llorando
llorando
Así la conocí
Una vez, extendido sobre sus rodillas
Como ahora sobre el árbol muerto
Aprendí a hacerla sonreír
a detener sus lágrimas
a deshacer su culpa
a curar su muerte interior
Darle vida era mi vida.

Donald Winnicott
Este poema sugiere a una madre depresiva y su hijo intentando alegrarle la vida. M. Little -una psicoanalista que trabajó junto con él- en una oportunidad confirmó que Elizabeth tuvo episodios depresivos. Winnicott también dio a entender que su padre estaba demasiado tiempo ausente y atareado en otros asuntos y que inconscientemente delegó en él el cuidado de su madre por ser hijo varón: "me dejó demasiado con todas mis madres. Las cosas nunca se arreglaron del todo" (2). La experiencia de "cuidar" a una madre triste pudo haber influenciado a Winnicott a desear rescatar a otras personas sufrientes. Recordemos que para él cuidar equivalía a curar.

Años posteriores Winnicott escribió: "El análisis es el trabajo que he elegido, la forma en que siento que mejor puedo ocuparme de mi propia culpa, la forma en que puedo expresarme de modo constructivo" (3) En otro ensayo suyo expresa que los niños sintonizan con el estado mental de las madres. Algo de su experiencia personal de hijo transmitió en estos escritos, ya que se sentía culpable de no haber podido curar o salvar a su madre debido a una congestión catarral y una infiltración grasa cardíaca. Winnicott tenia veintinueve años a la muerte de su madre.

¿Influyó esta experiencia que Winnicott tuvo en la infancia con su madre en la gestación de su teoría del falso self? Os lo dejo parta vuestra consideración. 

Para Winnicott, el falso self es una organización defensiva que se desarrolla cuando el niño siente que, para conservar el vínculo con sus figuras de cuidado, debe adaptarse excesivamente a lo que estas esperan de él, en lugar de poder expresarse espontáneamente. El niño va aprendiendo, de manera más o menos consciente, que es más seguro mostrar lo que el adulto quiere encontrar que expresar lo que realmente siente o necesita.

Por ejemplo, imaginemos a una niña cuyos padres se muestran cariñosos cuando es obediente, obtiene buenas notas o no plantea problemas, pero se enfadan, se burlan de ella o se distancian cuando expresa tristeza, rabia o desacuerdo. La niña puede aprender a ser siempre complaciente, a anticiparse a las necesidades de sus padres y a ocultar sus propias emociones. Quizá llegue a ser considerada una niña maravillosa, madura y muy responsable. Sin embargo, detrás de esa adaptación puede existir una dificultad creciente para reconocer qué siente, qué desea y quién es ella más allá de lo que los demás esperan.

Su adaptación le permite preservar el vínculo, pero puede hacerlo a costa de su espontaneidad.

¿Cómo se desarrolla?

Winnicott concede una importancia fundamental a las primeras relaciones entre el bebé y su figura cuidadora, del mismo modo que muchos psicoanalistas de la época: Anna Freud, Bowlby, Mary Ainsworth...

El gesto espontáneo: el verdadero self

El bebé expresa sus necesidades, impulsos, emociones y formas espontáneas de estar en el mundo. Winnicott denomina verdadero self a la experiencia de continuidad de ser y de sentirse real que puede desarrollarse cuando esa espontaneidad encuentra un entorno suficientemente facilitador. Cuando este entorno está caracterizado por la presencia de buenos tratos y se satisfacen las necesidades de los niños de manera integral, el niño puede expresarse tal cual es. Cuando el adulto responde de manera suficientemente sensible y adaptada a las necesidades del bebé, este puede experimentar que sus gestos tienen un efecto en el entorno y que no necesita renunciar continuamente a ellos para mantener la relación.

¿Cuándo sucede esta adaptación defensiva? Si el entorno impone reiteradamente sus propias necesidades y no acoge los gestos espontáneos del niño, este puede organizarse alrededor de la complacencia, la obediencia y la adaptación. El falso self protege al verdadero self de una exposición que se vive como peligrosa. Es importante hacer una precisión: Winnicott no considera que toda adaptación sea patológica. Todos necesitamos adaptarnos a las normas sociales y a los demás. El problema aparece cuando la adaptación deja de ser flexible y se convierte en la forma predominante de existir y relacionarse. 

¿Qué función cumple el falso self? Aquí está, a mi juicio, la parte más importante del concepto: el falso self no es simplemente una máscara; es una defensa que ha podido resultar necesaria para preservar la relación y proteger algo vulnerable de la persona.

Puede cumplir varias funciones:

- Proteger el verdadero self: evita que los aspectos más espontáneos queden expuestos a respuestas intrusivas, descalificadoras o rechazantes.

- Conservar el vínculo: la adaptación puede ser una forma de mantener la proximidad con una figura de apego de la que el niño depende.

- Anticipar las expectativas del adulto: el niño aprende a observar el estado emocional de la figura cuidadora y a actuar en consecuencia.

- Reducir el conflicto y el peligro: mostrarse obediente, no protestar o no expresar necesidades puede disminuir el riesgo de rechazo o de represalias.

Desde esta perspectiva, el falso self no debería entenderse como un defecto del niño, sino como una solución adaptativa que puede haberse vuelto rígida y costosa.

Estas adaptaciones se vuelven más rígidas cuando los niños han sido víctimas continuadas de maltrato y este ha generado un trauma en su desarrollo. En un contexto de maltrato, negligencia emocional o abuso sexual, el niño puede encontrarse ante una situación especialmente difícil: necesita a la persona adulta de la que depende, pero esa misma persona puede ser fuente de miedo, daño o confusión.

La adaptación puede encontrar diferentes formas



La adaptación puede adoptar diferentes formas:

Ser excesivamente obediente   ------>   Reducir el riesgo de castigo o rechazo.

Intentar satisfacer siempre al adulto    ------>    Mantener el vínculo y evitar el conflicto.

Ocultar el miedo, la tristeza o la rabia  ------>  Protegerse de respuestas adultas que no puede tolerar o afrontar.

Mostrarse muy maduro y autosuficiente ------>   Evitar depender de un adulto que no responde de forma fiable.

Vigilar continuamente el estado emocional de los demás  ------>   Anticipar cambios que puedan implicar peligro.

Tener dificultades para reconocer los propios deseos ------>   Haber aprendido a priorizar las necesidades ajenas sobre las propias.

Es importante considerar que estas conductas no demuestran por sí mismas la existencia de un falso self ni prueban que haya habido abuso. Pueden aparecer por diferentes motivos y deben comprenderse dentro de la historia relacional de cada persona.

5. ¿Cómo se relaciona con el verdadero self?

Conviene evitar una interpretación demasiado literal, como si dentro de la persona existieran dos personalidades completamente separadas: una auténtica y otra falsa. En Winnicott, la distinción tiene que ver con dos modos de organización y experiencia del self:

- El verdadero self se vincula con la espontaneidad, la vitalidad, el gesto personal, la creatividad y la sensación de sentirse real.

- El falso self se organiza alrededor de la adaptación a las exigencias del entorno y puede proteger la espontaneidad cuando esta no ha encontrado suficiente acogida.

Winnicott describe diferentes grados de organización del falso self. En algunos casos, la adaptación es relativamente flexible y facilita la vida social; en otros, puede llegar a dominar la existencia de la persona, que se siente vacía, desconectada o incapaz de saber qué desea realmente.

Por eso, alguien puede funcionar muy bien en el trabajo, cuidar de los demás y cumplir todas sus responsabilidades, pero experimentar una profunda sensación de irrealidad o preguntarse: «¿Quién soy yo cuando no estoy intentando agradar a alguien?».

Convertirse en lo que otros esperan
es una de las adaptaciones del falso self

6. El falso self y las personas adoptadas

En algunas historias adoptivas, esta cuestión puede adquirir matices particulares: cómo vivir las pérdidas, cómo preguntar por los orígenes, cómo diferenciarse de la familia sin sentir que se pierde la pertenencia. 

Las investigaciones (4) recogen experiencias de gratitud exigida, dificultades para hablar de la adopción y tensiones en la construcción de una identidad propia, pero muestran diversidad de trayectorias. No establecen una tipología de “falsos self adoptivos”; lo que sigue es una elaboración clínica a partir de ese marco. 

Estas serían algunas configuraciones posibles que he detectado en mi trabajo con las personas adoptivas. Las frases representan reglas internas hipotéticas, a menudo no conscientes:

El hijo perfecto, que no da problemas

«Si soy bueno y no decepciono, conservaré mi lugar».

El agradecido que no puede estar triste

«Después de lo que han hecho por mí, no tengo derecho a quejarme».

El autosuficiente que no necesita a nadie

«Necesitar es arriesgarme a que no estén; mejor me arreglo solo».

El cuidador de sus padres

«Para estar a salvo, tengo que asegurarme de que ellos estén bien».

El que se convierte en lo que otros esperan

«Tengo que descubrir quién quieren que sea».

El que tiene que destacar para valer

«No basta con ser yo: tengo que demostrar que merezco mi sitio».

El que oculta una parte de su historia para pertenecer

«Si muestro interés por mis orígenes, quizá haga daño o deje de encajar».

7. ¿Qué implicaciones tiene para la psicoterapia?

Desde una perspectiva inspirada en Winnicott, el objetivo no sería desenmascarar el falso self ni exigir a la persona que sea auténtica. Eso podría vivirse como otra demanda externa, precisamente aquello de lo que ha necesitado protegerse. El trabajo consistiría en crear una relación en la que progresivamente pueda experimentar que no necesita adaptarse de forma constante para ser aceptada.

En la práctica, esto puede implicar:

1. Reconocer la función protectora de la adaptación. Comprender por qué fue necesaria antes de intentar modificarla.

2. No confundir colaboración con seguridad. Que un niño obedezca, sonría o responda correctamente no significa necesariamente que se sienta seguro.

3. Respetar el ritmo de la persona. No forzar la expresión emocional, la revelación de experiencias traumáticas ni la confrontación.

4. Ofrecer experiencias de aceptación no condicionada. La relación terapéutica debe tolerar el desacuerdo, la ambivalencia, el silencio y la expresión de emociones difíciles.

5. Favorecer el reconocimiento de las propias necesidades. Ayudar a diferenciar lo que la persona desea de lo que cree que debe desear para conservar la relación.

6. Ampliar la libertad de elección. El objetivo no es eliminar la adaptación social, sino que deje de ser la única forma posible de relacionarse.

En el caso de un niño que ha sufrido abuso, además, estas condiciones deben acompañarse de protección efectiva, seguridad en el contexto y atención a las relaciones actuales. La relación terapéutica por sí sola no sustituye esas medidas.

Esta frase de Winnicot puede leerse en:
Winnicott DW. The concept of the false self. En: Home Is Where We Start From. New York: W. W. Norton; 1986. p. 65-70.



8. Implicaciones en el acompañamiento a padres y familias 

Aceptar al niño más allá de su comportamiento. Conviene que los padres expresen interés por el niño, no solamente por aquello que hace bien. Si recibe atención principalmente cuando obedece, ayuda o se muestra agradecido, puede concluir que debe comportarse de una determinada manera para merecer su lugar en la familia.

- Evitar elogiar constantemente su docilidad: «¡Qué bueno eres, nunca das problemas!».
- Mostrar interés por sus gustos, opiniones, dudas y desacuerdos.
- Transmitirle que no necesita compensar a sus padres por haberlo adoptado.
- Hacerle sentir que pertenece a la familia por quien es, no por lo que aporta.

Una frase que puede ayudar sería: «No tienes que hacer nada especial para que queramos estar contigo».

Dar permiso para discrepar y decir que no. Algunos niños tienen dificultades para identificar sus preferencias o expresarlas cuando creen que pueden decepcionar al adulto. Los padres pueden ofrecer elecciones reales y tolerar que el niño tenga una opinión diferente.

Por ejemplo:

- «¿Prefieres ir al parque o quedarte en casa?».
- «A mí me gusta esta película, pero tú puedes pensar otra cosa».
- «Puedes decirme que no estás de acuerdo conmigo».
- «No tienes que darme la razón para que estemos bien».

Esto no significa que el niño decida sobre todas las cuestiones familiares. Los adultos siguen estableciendo límites protectores, pero diferencian entre los límites necesarios y las preferencias personales que pueden negociarse.

Tolerar las emociones desagradables sin retirarle el afecto

Un niño que ha aprendido a adaptarse puede esconder su enfado, tristeza, miedo o decepción para no arriesgar el vínculo. Cuando comienza a sentirse más seguro, incluso puede manifestar emociones intensas que antes mantenía ocultas. Los padres necesitan aprender a recibir esas emociones sin interpretarlas automáticamente como ingratitud, desafío o rechazo hacia ellos.

Pueden decirle:
- «Entiendo que estés enfadado conmigo».
- «Puedes estar enfadado y seguimos siendo una familia».
- «No necesitas fingir que estás contento para que yo esté bien».
- «Aunque no me guste lo que ha pasado, quiero escuchar cómo lo has vivido».

El mensaje central es que el vínculo puede sobrevivir al desacuerdo. El niño necesita experimentar repetidamente que una emoción difícil no destruye la relación.

No forzar la expresión emocional

Un error sería detectar que el niño se adapta demasiado y empezar a preguntarle constantemente qué siente, qué quiere o qué le pasa. Si todavía no sabe identificar sus estados internos, o si ha aprendido a ocultarlos, esta insistencia puede aumentar su presión.

Es preferible:
- Observar sin invadir.
- Nombrar tentativamente lo que se percibe, sin imponer una interpretación.
- Dar tiempo para responder.
- Aceptar el silencio cuando todavía no puede hablar.
- Ofrecer otras vías de expresión: juego, dibujo, movimiento o actividades compartidas.

Por ejemplo: «Me pregunto si te ha molestado lo que he dicho. Puede que no sea eso. Si quieres, podemos hablarlo después».

No confundir autonomía con rechazo

Un niño que comienza a sentirse más seguro puede mostrar preferencias propias, poner límites, cuestionar decisiones o querer reservarse algunas cosas. Los padres pueden vivir estos cambios con inquietud, especialmente si interpretan la distancia como una amenaza para el vínculo. Conviene ayudarles a comprender que la diferenciación y la autonomía pueden ser signos de una relación más segura, aunque también es necesario valorar cada conducta en su contexto. El niño puede aprender que no necesita elegir entre pertenecer a su familia y conservar su individualidad.

Reparar los desencuentros

Los padres no necesitan acertar siempre. Necesitan poder reconocer sus errores y reparar las rupturas relacionales. Si un padre responde con dureza, por ejemplo, puede decir:

«Antes me he enfadado y te he hablado de una manera que no me gusta. Lo siento. No tenías que estar de acuerdo conmigo. Vamos a intentarlo de nuevo».

La reparación enseña que los errores y los conflictos no obligan al niño a recuperar inmediatamente su papel de niño complaciente para restablecer la armonía.

9. La idea central para comprenderlo desde el trauma

Hay una formulación que resume bien la conexión clínica, aunque no es una cita literal de Winnicott:

A veces, el niño aprende a ser aquello que necesita que el adulto vea para poder seguir vinculado a él, mientras oculta aquello que teme que el adulto no pueda aceptar. Esto permite comprender algo importante: una adaptación que en su momento contribuyó a preservar el vínculo puede dificultar después el acceso a las propias necesidades, los límites y los deseos.

Referencias 

(1) Winnicott DW. Ego distortion in terms of true and false self. En: The maturational processes and the facilitating environment: studies in the theory of emotional development. London: Hogarth Press; 1965. p. 140-152.

(2) Winnicott DW. Hate in the counter-transference. Int J Psychoanal. 1949;30:69-74.


(4) Lo AY, Grotevant HD, Baden AL, Hogan CM. Unsettled adoptive identity: Understanding relationship challenges in adopted adolescents' identity narratives. Fam Process. 2024;63(3):1592-1622. doi:10.1111/famp.12953.

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Os comparto este videoclip (visualmente precioso) interpretado por Imanol Igartua (cantante) y Ander Iruretagoyena y Ekiñe Tolosa (actores) La canción y la letra son una maravilla y la historia puede interpretarse de muchas maneras. Yo me quedo con esta lectura: al final el protagonista encuentra la auténtica esencia de sí mismo. 

Os dejo con el vídeo. El blog estará parado hasta después de las VII Conversaciones sobre apego y resiliencia, allí nos veremos. Hasta entonces, un abrazo.


Letra:

¿Cómo olvidar nuestras primeras miradas? Juegos de palabras mudos, sin amor. Se nos ha pasado el tiempo en el bar Lertutxe. La próxima vez nos encontraremos en cualquier taberna de cualquier pueblo.

Sin pedir perdón, tú y yo como pilares, sin pedir perdón, dibujando el mundo.

Pero ahora los juegos de palabras se han vuelto reales. Ese viento frío que atraviesa Euskal Herria de un extremo al otro.

Pero ahora los juegos de palabras se han vuelto reales. Ese viento frío que atraviesa Euskal Herria de un extremo al otro.

Una nueva oportunidad para dejar atrás el pasado. La boca del lobo no me ha atrapado. Las agujas del reloj, perdidas en algún lugar. Habrá que jugar con fuerza para salir de este agujero negro.

Y tú y yo, y yo y tú, mirándonos cara a cara. Desde el primer momento encendimos el volcán.

Sin pedir perdón, tú y yo como pilares, sin pedir perdón, dibujando el mundo.

Pero ahora los juegos de palabras se han vuelto reales. Ese viento frío que atraviesa Euskal Herria de un extremo al otro.

Pero ahora los juegos de palabras se han vuelto reales. Ese viento frío que atraviesa Euskal Herria de un extremo al otro.

Persiguiendo a tientas un rayo de sol, al escuchar el grito de la noche, junto a ti.

Que el tiempo se nos ha pasado en el bar Lertutxe, ya a mi lado, ya a mi lado.

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