vedad de lo que haya vivido y sufrido, aunque no será como si nada hubiese pasado. Pero no ocurre, como me decía un padre adoptivo recientemente, que se pone al nivel de los demás en unos pocos meses. Lo que la mente percibió se memorizó. Y queda grabado, y en cada momento del desarrollo se expresa traumáticamente a través de conductas diversas. Por lo tanto, el acompañamiento que los niños necesitan del adulto, y la dependencia del mismo para casi todo, es mucho más largo que el que precisan los niños que no han vivido experiencias traumáticas. sábado, 24 de mayo de 2008
Un bebé de 8 meses
vedad de lo que haya vivido y sufrido, aunque no será como si nada hubiese pasado. Pero no ocurre, como me decía un padre adoptivo recientemente, que se pone al nivel de los demás en unos pocos meses. Lo que la mente percibió se memorizó. Y queda grabado, y en cada momento del desarrollo se expresa traumáticamente a través de conductas diversas. Por lo tanto, el acompañamiento que los niños necesitan del adulto, y la dependencia del mismo para casi todo, es mucho más largo que el que precisan los niños que no han vivido experiencias traumáticas. martes, 6 de mayo de 2008
La muerte de un ser querido
No hay ningún ser humano que pueda escapar del manejo, tarde o temprano, de la experiencia de la muerte de alguien afectivamente cercano. La muerte no es algo sobre lo que podamos reflexionar con libertad; es un tema tabú, tanto como lo fue el sexo en su tiempo. Cualquiera que hable del tema en una reunión, será tachado de transmitir “mal rollo”. Incluso se ha apartado a los niños de la experiencia de la muerte de las personas. Los tanatorios son los lugares destinados a este fin, confinados en las afueras de las ciudades, lejos, para no contactar con lo que simbolizan. Por eso está aflorando un tipo particular de trastorno en nuestros días: El de Evitación Experiencial, que surge como consecuencia de la labor educativa de privar a las personas de experiencias que necesitan para su desarrollo psicológico: vivir la frustración, experimentar el duelo, tener un fracaso…
Con la palabra duelo nos referimos en psicología al proceso de elaboración mental de la persona perdida o de una pérdida en general. Tradicionalmente se consideraba que este proceso tenía unas fases delimitadas: un primer momento de shock; un segundo momento de toma de conciencia y rebeldía, de negación y rabia; para, finalmente, pasar a la etapa de la resolución: la aceptación de la muerte y de la pérdida de la persona. Todo más o menos en un periodo de tiempo equivalente a dos/tres meses, como mucho.
Sin embargo, constatamos en la práctica que no hay un guión definido para nadie. Hay gente que no pasa por esas etapas. O se alargan más unas que otras. Lo que sí está claro es que la muerte debe ser elaborada, cada individuo cuenta con una manera de hacerlo, con sus conductas; el dolor se hace más tenue con el tiempo, más soportable, te dicen algunas personas. Pero nada es como antes, aunque lleguemos a conseguir adaptarnos.
Otro de los mitos es que, quien no exteriorice el dolor, no está llevando un proceso psicológicamente sano. Tampoco es cierto. Hay personas cuyo mecanismo para enfrentar un suceso de tal magnitud es la soledad, o pasear…
En cualquier caso, contar con apoyo emocional y familiar, hablar cuando se pueda y se quiera hablar, esforzarse por llevar un estilo de vida lo más normalizado posible (hay que luchar contra la culpa de que quien reanude su vida se olvida del fallecido), manejar el dolor y estar atento a posibles complicaciones (no se entra en depresión sí o sí cuando alguien muere; el duelo es una vivencia por la que hay que pasar y tiene un carácter normal)
Luego, se analiza cada caso en particular porque cada mente y cada cerebro son únicos y procesan las experiencias de una manera propia, idiosincrásica. Y distintas las circunstancias de cada pérdida. El tratamiento psicológico está para quien no puede sobrellevar una experiencia de este tipo, se siente desbordado. Pero hay que vivirla con la convicción de que el ser humano tiene más resistencia al trauma de lo que pensamos.
Para profundizar en este tema, recomiendo este libro: Optimismo inteligente, de María Dolores Avia y Carmelo Vázquez.

La técnica de la Caja de Arena
Quiero subrayar sobre todo el aspecto no intrusivo, pues la persona habla de lo que ha hecho, no de sí misma (al menos en la orientación que promueve Josefina Martínez, de la Universidad Católica de Chile, a la cual me adscribo) La interpretación se queda en la metáfora.
El uso de un tercer o tercero/s elemento/s (unos símbolos: muñecos, árboles…) vendría a constatar la existencia de una ramificación de la teoría de la mente: poseemos la mentalización, esto es, la capacidad de atribuir al otro un significado, unas intenciones… En este caso son las nuestras depositadas en un universo que es un contenedor de la propia psique, pero vistas desde otro (símbolos) De ahí que proceda lo de la teoría de la mente. Y por eso funciona como técnica, pues percibimos un suceso desde otras referencias, ayudando a la comprensión interior de lo que vivimos emocionalmente.
Los muñecos, los árboles, las casas, los objetos, los seres no humanos… son las palabras; la escenificación en una caja de arena, es la gramática. La consigna que se le da a la persona es atractiva de por sí: “Crea un mundo imaginario” o “Cuenta una historia” La persona coloca los elementos en la caja de arena (árboles, muñecos, piedras…) como desea y/o siente. No hay reglas predeterminadas. El terapeuta actúa como un yo auxiliar que acompaña el proceso en todo momento. Después, cuando se termina, se observa el escenario desde distintos ángulos. Finalmente, se comenta y se habla del mundo, de los personajes, de lo que ocurre… siguiendo las preguntas y la guía del terapeuta. Se cuenta o se comenta si se quiere, no es imprescindible. Se termina fotografiándolo, pues después se recoge. Muchas personas traumatizadas (niños, adultos…) han podido expresar sus sentimientos a través de esta técnica no invasiva y no-verbal. Con una psicoterapia clásica (palabras) no hubieran podido.
martes, 29 de abril de 2008
Dejémonos de tanto videojuego
No tengo nada en contra de los mismos; pienso que, además de un entretenimiento, muchos estimulan la capacidad de concentración, habilidades de coordinación visomotora, la capacidad para analizar una situación... Todo esto es así siempre y cuando el contenido del videojuego sea apropiado.
Pero, lo que me motiva a escribir sobre esto, es lo siguiente:
- En efecto, se puede afirmar que, en general, los niños y adolescentes dedican un excesivo número de horas a los videojuegos. Esto no es de ningún modo positivo, porque son horas que pierden para relacionarse, leer, hablar con sus padres o jugar a juegos tradicionales.
- Por lo tanto, para que el niño llegue a interiorizar, en la segunda infancia, que debe autorregularse en esta actividad, primero sus padres o responsables han d
ebido de marcar una regulación externa. Es imprescindible que los padres o tutores de los niños establezcan un horario, adecuado a la edad, para esta actividad. Dejar que el niño, sobre todo si es pequeño, decida es, aparte de muy dificil, una irresponsabilidad.
- El contenido del videojuego: es de vital trascendencia. El videojuego debe estar acorde con la edad del niño. Nunca se debe permitir que un menor juegue con un juego que sobrepase su edad. No hay que consentir bajo ningún concepto que los niños accedan a videojuegos de contenido violento. Nunca. Estamos viendo en consulta casos de niños, especialmente sensibles, afectados por las imágenes que han visto. Pueden generar traumas.
- Los padres y tutores deben de interesarse por el contenido de los juegos, por lo que sucede en el mismo, los personajes, la historia, lo que pasa en ese mundo, y ayudarle a diferenciar lo real de la fantasía.
- Dediquemos tiempo a los niños y juguemos con ellos también a juegos tradicionales. Y no nos olvidemos que decir "te voy a contar un cuento" todavía tiene más fuerza que el videojuego porque la relación interpersonal es más poderosa que la atracción que ejerce una máquina, si las relaciones y el contexto familiar es sano, claro. Es la magia del apego entre padres/cuidadores y niños... Que no lo alteremos. Que no lo perdamos.
Nuevo seminario con profesores de Beraun-Berri Herri Ikastetxea
Estuve supervisando el programa de estimulación de las habilidades de la inteligencia emocional que, bajo mi asesoramiento, han puesto en marcha este curso 2007/08. El conocimiento de las emociones, su adecuada expresión, el autocontrol de la agresividad, las habilidades empáticas… han sido algunos de los aspectos de la inteligencia emocional trabajadas con los niños utilizando material específico.
Los profesores han referido que la experiencia ha sido exitosa y positiva, siendo los niños capaces de utilizar, por ejemplo, un vocabulario emocional muy rico. También han podido estimular la exteriorización de las emociones una vez que el niño aprende a identificarlas, tanto por vías no-verbales (teatros, juegos, collages…) como verbales (aserción positiva, por ejemplo)
En este seminario pudimos tratar otras cuestiones importantes, que paso a resumir brevemente:
- La importancia que las experiencias interpersonales tienen en el moldeamiento del cerebro del niño, tanto en su función como estructura.
- La necesidad de amoldarse a los niños más pequeños, los de preescolar, haciéndonos presentes y acompañándoles, conteniendo sus excitaciones, respetuosamente, con el fin de ir creando en ellos estructuras internas autorreguladoras en el futuro. Sin el adecuado acompañamiento adulto, los niños no pueden llegar a ser.

- Respecto a la interiorización de las normas de conducta, el uso racional de los principios de modificación de conducta, teniendo presente que antes de cambiar cualquier comportamiento tenemos que preguntarnos por la función que cumple en el contexto concreto en el que surge, y analizar la conveniencia o no de modificarlo.
- Insistir en la reparación más que en el castigo: lo primero aporta al niño una experiencia empática, pues arregla el daño causado al otro, tratando de que capte la perspectiva emocional del sujeto afectado. Lo segundo, elimina rápidamente una conducta, pero no enseña valores al niño, aunque en un momento dado y con casos concretos es preciso que el límite normativo venga desde un estímulo exterior. Si nos referimos a castigo, en ningún momento se entiende como tal el castigo físico, sino la retirada de privilegios.
- La trascendencia del refuerzo positivo: alabar, apoyar, felicitar… al niño, pues en muchas ocasiones ponemos el énfasis y la atención en sus conductas negativas y nos olvidamos de hacerle notar lo que tanto necesita para crecer: la aprobación del adulto significativo, la andereño, a su trabajo y a su persona. En este sentido, no olvidarnos de los niños que se adaptan bien al contexto escolar y casi nunca reciben refuerzo positivo.
- El principio de la aceptación fundamental: se acepta al niño como persona; nunca se habla de él en términos de rasgo, etiqueta, categoría… Se acepta su persona, no se tolera su conducta si esta es dañina para él o los demás.
- La tutorización, el coaching al alumno, como herramienta de primera mano: entrevistarse con los niños varias veces al año, personalmente, para conocer sus inquietudes, problemas personales… y para establecer con ellos una alianza de trabajo que les permita afrontar sus dificultades académicas y de adaptación escolar a todos los niveles. Una enseñanza que es primero educación: centrada en la persona, para después, consecuentemente, lograr el rendimiento en los contenidos.
- El autocontrol del profesor como condición sine qua non para exhibir a sus alumnos modelos adultos de inteligencia emocional. Cada profesional tiene que hacer un trabajo personal y auto-observar sus propias reacciones ante los alumnos para modificar lo que resulta inadecuado.
Esto es, en resumen, lo abordado en el Seminario con los profesionales de Beraun-Berri Ikastetxea. Agradezco desde esta página la oportunidad que me han brindado este curso de colaborar y aprender con ellas sobre psicología y educación.
miércoles, 9 de abril de 2008
Orientación profesional
Quizá se debería dedicar más tiempo al alumno, en entrevistas personalizadas de orientación, en las cuales se trate no sólo el aspecto de las habilidades cognitivas y destrezas que presenta el joven, sino también un trabajo de autoconocimiento de los aspectos personales, de las variables de personalidad.
Creo que en este sentido juegan un papel fundamental los psicólogos como asesores de los tutores e, incluso, de colaboradores en las sesiones de orientación. Pero su presencia dista mucho de ser generalizada, y no todos los centros disponen de este recurso, para mí imprescindible.
Porque no sólo es necesario transmitir a un alumno, por ejemplo, que es bueno en el área científico-técnica y que su orientación es un bachiller tecn
ológico y, posteriormente una licenciatura o grado en matemáticas, física, informática… Es crucial ayudar al joven a conocerse a sí mismo en los aspectos de su personalidad: ¿Introvertido o extrovertido? ¿Con conciencia, esto es, alto grado de responsabilidad o menos ordenado y caótico? ¿Con rasgos de apertura, abierto a la novedad, o más bien conservador? ¿Tendencia a la inestabilidad emocional, cómo son sus habilidades emocionales? Toda esta información sería una contribución inestimable para ayudar a una persona a elegir su futuro en función de sus rasgos de personalidad. No para cerrar puertas a nadie, pero sí para ser conscientes de en qué ámbito una persona puede desplegar más fácilmente sus talentos. Y es que no olvidemos que las empresas eligen ya a sus empleados en función no sólo de su expediente académico sino de sus habilidades personales, sabiendo que determinados perfiles de personalidad encajan mejor en unos puestos que en otros. Conocerse a una edad en la que la personalidad está ya marcada por unos rasgos, el final de la adolescencia, los 18 años, puede ser una ocasión excelente para ser bien orientado.Una persona me contó que eligió la licenciatura en derecho pero no ejerce la profesión de abogado (se dedica a otro trabajo) porque dice que sus rasgos personales no están en sintonía con lo que se requiere para ese trabajo. Que hubiera estudiado para otra cosa. La verdad es que no fue bien orientado en su momento seguramente por mirar sólo sus habilidades intelectuales y su nivel curricular, obviando sus rasgos de personalidad.
lunes, 3 de marzo de 2008
"El niño abandonado"
Llevo 10 años realizando psicoterapia con niños víctimas de abandono, abuso y maltrato, y la verdad es que este libro me ha cautivado porque tiene la virtud de hacer comprensible y sencillo lo que es complicado de transmitir, como son los trastornos del apego y los procesos traumáticos, que habitualmente padecen estos niños.

Desde mi experiencia de tratamiento, ratifico los útiles e interesantes aspectos que aborda el autor. En primer lugar, la evidencia de que los niños que sufren malos tratos durante los tres primeros años van a sufrir las consecuencias a lo largo de la vida, pues en un crucial periodo de organización neuronal, en el cual se sientan las bases cerebrales, el andamiaje que permitirá un óptimo desarrollo emocional y social, no recibieron los cuidados y base segura necesarias para este adecuado desarrollo. Se puede afirmar sin ambages que el maltrato influye en el cerebro, pues genera estrés, y si éste se sufre en periodos críticos y durante tiempo prolongado, el desarrollo, sobre todo emocional, quedará afectado en su funcionalidad. Su cerebro será un cerebro moldeado para sobrevivir, y los pasos al acto, la impulsividad, la dificultad en integrar pensamiento/emoción/acción, el control de las emociones y la agresividad, los problemas para mostrar empatía... caracterizarán a muchos de estos niños.
En segundo lugar, me ha impresionado, pero a la par convencido, que los niños víctimas de malos tratos presentan un desajuste entre edad cronológica y edad madurativa, de tal manera que su edad real se obtiene dividiendo por cuatro su edad cronológica. Así pues, una niña de 12 años, en mi consulta, cuando tiene que abordar la tensión y la frustración que supone que los compañeros se metan con ella, sufre una regresión de tal manera que reacciona como lo haría una de tres años: grita, chilla, rompe a llorar, sufre una rabieta… Y es que haber vivido una experiencia traumática como el abandono favorece que esta niña se autocentre en sí misma y en su supervivencia, teniendo su cerebro fijado en esta posición. No puedo proceder en el tratamiento con ella con las mismas técnicas que lo haría con otra niña.
Por lo tanto, de lo anterior se derivan, como corolarios, dos aspectos cruciales para todos (padres adoptivos, profesionales…) los que trabajan con niños maltratados: (1) Hay que ponerles objetivos acordes con su edad madurativa (2) Hay que crear una estructura externa, una terapia ambiental en palabras de Niels Peter Rygaard (implicando a padres y/o educadores, profesores, psicoterapeutas, médicos...) que vaya siendo capaz de estructurar internamente al niño. A veces, cuando nos quejamos de que no avanzan, obedecen etc. es que estamos fallando nosotros al no comprender su funcionamiento y posibilidades. Partir de aquí nos ayudará a entenderles mejor. Los mismos profesionales de la psicoterapia debemos dar un cambio en este sentido, así como los profesores, educadores de centros de acogida, padres adoptivos y… sobre todo los responsables de su tutela (la administración pública)
Y, por supuesto, recomiendo, desde todo punto de vista, leer a este autor, del cual se extrae el conocimiento necesario para tratar y educar a los niños víctimas de malos tratos. Su maduración se retarda y el acompañamiento que requieren se prolonga mucho más allá que en el caso de los niños que no sufrieron esas duras experiencias. Son niños normales a quienes lo que les ocurre es que sus tremendas y dañinas vivencias han influido en el desarrollo de su personalidad.