lunes, 11 de marzo de 2019

La postura mentalizadora (1)

Maryorie Dantagnan -como sabéis amiga, colega y formadora, mi referente en psicoterapia infantil- lleva unos años estudiando e investigando -como sólo ella lo hace: con total dedicación y trabajo exhaustivo- sobre el paradigma de la mentalización para mejorar y actualizar su Modelo de intervención en traumaterapia infanto-juvenil.

En consecuencia, en la formación del Postgrado en traumaterapia de Barudy y Dantagnan, Maryorie ya ha incorporado para los nuevos alumnos/as el estudio de la evaluación e intervención en mentalización. 

Norka Malberg, psicoanalista experta en este ámbito, nos impartió, el pasado octubre de 2018, una formación en un encuentro en la localidad de Vilanova i la Geltrú para los profesionales egresados del Postgrado en traumaterapia (red apega de profesionales) sobre mentalización. Ella es miembro del equipo que ha creado, estudiado e impulsado este paradigma, y recientemente han estado todos en una jornada celebrada en Pamplona y organizada por la Fundación Xilema.

El pasado día 1 de marzo pude disfrutar de un seminario formativo con Peter Fonagy, quien nos cautivó no sólo por sus conocimientos (eso está fuera de toda duda) sino por la sencillez y el sentido del humor, fino e inteligente, del que hizo gala. Nos regaló una serie de frases antológicas que merecen estar en la entrada de muchos centros educativos y terapéuticos.

En este post ofrezco, nuevamente, a las familias adoptivas, acogedoras, biológicas… y a los profesionales de la educación y protección a la infancia lo que considero que deben saber sobre este paradigma y por qué es importante en su vida, trabajo y/o crianza con los niños/as. 

En otras ocasiones hemos hablado de la mentalización en el blog. Aquí tenéis un listado de los artículos más relevantes. (Los últimos escritos con motivo de la visita y formación que nos impartió Norka Malberg)





Hoy quiero describir otros aspectos no mencionados en los post anteriores, o hechos muy de pasada. Utilizo para la elaboración de este post los apuntes que pacientemente tomé en la formación que recibí con Norka Malberg en el Encuentro de profesionales de la red apega de Vilanova i la Geltrú.

Recordando qué es la mentalización 

La capacidad imaginativa para interpretar el sentido de la conducta de otros considerando sus estados mentales y sus intenciones, así como comprender el impacto de nuestros afectos y conductas en los otros (Fonagy et al. 2002).


Peter Fonagy durante el seminario que impartió
en Pamplona invitado por la Fundación Xilema.

Sería la capacidad de comprendernos y comprender a otros, basándonos en lo que nos pasa por dentro.

Tiene componentes interpersonales: "¿qué le puede ocurrir por dentro?" Y tiene componentes reflexivos: "Y ahora, ¿cómo lo hago?"

Los niños/as que han sufrido maltrato o abandono pueden presentar problemas con la mentalización.

Muchos padres y familias adoptivas y de acogida, y también educadores, observan que estos niños y jóvenes presentan dificultades en comprender el impacto de sus afectos y conductas en los otros. La frase más escuchada en consulta es: “parece no tener empatía, nosotros es como si no existiéramos” También es habitual que parezca que hagan razonamientos excelentes, promesas de buena conducta o de superación de un problema… pero no están comprendiendo realmente nada, no están reflexionando. Lo que hacen es un proceso de imitación o expresión de aquello que intuyen queremos oír.

El paradigma de la mentalización ha supuesto una aportación inestimable y las alteraciones en este proceso nos dan una idea del daño tan profundamente arraigado (pero a veces muy escondido o maquillado) y temprano que presentan las personas menores de edad maltratadas.

Evaluar la mentalización, estimar el nivel en el que el menor de edad puede situarse y tratarle desde este marco -o incorporando las técnicas e intervenciones que nos ofrece el mismo- para intentar paliar, reparar o atenuar los déficits que presente en este dominio, adquiere un gran relieve en un marco de trabajo educativo y terapéutico.

De nada nos servirá poner solamente consecuencias a una conducta negativa del niño o joven cuando hay, por poner un ejemplo, una negación de la misma; o una elaboración mental que simula una realidad de modo que se aleja de un reflejo más ajustado a los hechos. “Yo agredí gravemente a un educador porque él intentó pegarme” [NOTA: solamente le rozó al pasar sin querer ] Y he aquí precisamente, donde está el núcleo del problema: en la interpretación de esa intención (hace una inferencia sin fundamento de la misma).

Trabajar con la mentalización supone “bajar” o descender a los niveles de desarrollo primeros, a la edad bebé, a la etapa de los tres primeros años, en la cual contar con unos padres o cuidadores que hicieran una labor de ver al infante como un sujeto intencional (con una mente que tiene pensamientos, emociones, imaginación…) y mentalizarle sus afectos de una manera reflexiva, es primordial.

Winnicott, el gran psicoanalista infantil, ya decía que para poder mentalizar has de haber sido mentalizado por la madre. Lo explicamos hace tiempo en este post.

Para Peter Fonagy es, además, lo que define un apego seguro. Las madres mentalizadoras (que fueron mentalizadas por sus propias madres, o desarrollaron esta capacidad a posteriori) a pesar de tener historias de vida duras a sus espaldas, criaron con más probabilidad hijos con apego seguro. Como dice Wallin (2012), lo importante no es haber padecido un trauma sino haber podido trabajarlo, tomar conciencia y cambiar la actitud.

Apego y desarrollo de la capacidad de mentalización 

La gran mayoría de nosotros estamos más familiarizados con las funciones del apego que clásicamente hemos estudiado:

1. Nos da una base de seguridad y sentimiento de protección ante las amenazas.

2. El apego y la regulación. Aprendemos a desarrollar la capacidad de modular nuestras emociones, impulsos y conductas.

3. El apego y la regulación de la atención. La figura de apego es lo primero en lo que el niño se fija y su ausencia o presencia le ayuda a diferenciar qué es figura y fondo, qué es atencionalmente relevante y qué no, a conectar y sintonizar emocionalmente fijando la mirada y los sentidos en la figura de apego que calma y modula y evita así que el infante tenga que estar pendiente del exterior.

Peter Fonagy y equipo (2002) han añadido una función más, menos conocida y que está empezando a emerger con fuerza, y que debe ir incorporándose en todas las intervenciones:

4. Función de mentalizar. Esto es, la figura de apego nos ayuda a entender nuestras reacciones internas, y con ello nos hace experimentar e ir dándonos cuenta, en un proceso evolutivo, que tenemos una mente. Y que esa mente la vivimos como propia y productora de pensamientos, sentimientos, intenciones, deseos… porque nos la han marcado y hecho vivir como propia de manera reflexiva.

Cómo se desarrolla la capacidad de mentalización. Aspectos importantes en los padres 

Para desarrollar la capacidad de mentalización los padres deben poder imaginarse qué puede ser un bebé. Los padres suficientemente buenos descubren la subjetividad del bebé y hacen una inferencia de lo que le pasa. Alguien está curioseando sobre lo que pasa en mi mente.

Para ello los padres deben de haber desarrollado a su vez esta capacidad. Si no, no podrán mentalizar adecuadamente a sus hijos.

Dos maneras de mentalizar: 

1/ Reflejo del afecto marcado: reflejar la reacción afectiva del bebé de manera marcada. El bebé ve sus propios afectos representados. 

En el clásico vídeo del experimento de la cara congelada “still face” podemos ver en la primera parte un claro y excelente ejemplo de una madre que mentaliza a su bebé adecuadamente. Este video tiene una lectura en este sentido también. 



Cuando la madre hace un gesto muy marcado con la cara, amplificando la emoción del infante, este la vive como propia al verla representada. Para que el bebé vaya reconociendo sus estados mentales deben ser reflejados por la madre.

Por eso el bebé se angustia tanto cuando la madre interrumpe la estimulación. 

Esto promueve el sentido temprano de uno mismo.

Y como vemos en el vídeo, la mentalización tiene un componente implícito (sensorial, no-verbal…) muy claro. Por ejemplo, cuando la madre recorre con la mano la piernita, en el vídeo, del bebé, le está haciendo entender que entiende que ese es uno de sus juegos favoritos, pero lo hace de una manera implícita. O cuando el bebé le señala algo a la madre y esta mira y exagera el gesto diciéndole implícitamente algo así como: “sí, ya sé que te interesa mucho eso, a mí también” 

Hay una congruencia entre la vivencia expresada por el niño y la respuesta reflejada de la madre. El bebé vivencia que tiene un control sobre la conducta materna y surge un primer sentido de uno mismo como agente regulador. 

2/ Modulando los afectos inquietantes del bebé devolviéndoselos de manera reflexiva: como afirma Wallin (2012: “Fonagy sugiere que los padres pueden contener los afectos inquietantes del niño comunicando (afectivamente y mediante el lenguaje del cariño físico) que: (1) entienden la causa de la angustia y su impacto emocional; (2) pueden afrontar la angustia y aliviarla; y (3) pueden reconocer la postura intencional emergente del niño, entendida como su capacidad de inferir las intenciones que subyacen a la conducta (y en particular a la conducta del padre o de la madre)” 

En este gráfico, extraído de mis apuntes de la clase con Norka Malberg, podemos ver que los padres o cuidadores crean la postura mentalizadora cuando estos comienzan la sintonización (flecha circular de arriba) y el niño baja la activación; y, de nuevo, vuelve a subir (flecha circular de abajo) y necesita volver a sintonizar, si los padres entran a ello. 


El círculo de seguridad

¿Y cuando el yo se desorganiza? 

Para poder mentalizar el clima que los padres o cuidadores han de crear ha de ser cálido y afectivo, haciendo de filtro estabilizador y de contención de las amenazas inquietantes del bebé (tanto externas como internas) No puede existir un clima estresante y de excitación intensa y contínua del bebé que no le lleve a un estado óptimo de activación, a una zona templada. Esto impide el desarrollo de una adecuada mentalización.

Por eso, en estados de muy alta activación, situaciones traumáticas, contextos de apego inseguro entre bebé-cuidador, cansancio físico o privaciones… puede llevar a errores en la mentalización. 

El bebé activará el sistema de apego, las conductas programadas genéticamente que le conducen a llorar, pedir brazos, mirar… a la figura de apego con el fin de usar el contacto y la interacción con esta para regularse. Pero si la persona que es figura de apego crea estrés mediante conductas de amenaza, el niño inhibirá tempranamente la función reflexiva. Tal y como sostiene Siegel (2007): "Si la situación es muy sobrecargante para el niño, se postula que se produce en el cerebro el bloqueo de las fibras de un órgano llamado cuerpo calloso (es como el puente que interconecta la información de los dos hemisferios del cerebro) Esto es un mecanismo que corta la mentalización (el niño no sintoniza con el adulto) Este mecanismo permite impedir la visión mental como forma de adaptación a ciertas situaciones sobrecargantes. Si las comunicaciones con los progenitores son emocionalmente vacías o terroríficas, un niño se adapta a un contexto relacional particular inhibiendo o cortando la función reflexiva de la que hemos hablado". 


"No hemos de decir de un niño pequeño 'pienso luego existo', sino 'alguien
piensa en mí, luego existo" (Peter Fonagy)

Cuando el yo está desorganizado, las fallas en la mentalización se dan a tres niveles. También se denominan Modos de subjetividad prementalizadora, anteriores al surgimiento de la capacidad mentalizadora. Los explico de un modo sencillo y con un ejemplo:

1/ Estado de equivalencia psíquica. Lo que yo siento es lo que la otra persona siente: “si yo estoy irascible, él está irascible”. Se percibe la realidad en bruto, tal y como se siente. 

Marta cada vez que un chico le atrae siente que él también se siente atraído. Su desregulación y excitación emocional es intensa. Le escribe múltiples mensajes a través del whataap, cada vez que le gusta un vídeo de Youtube se lo manda, le va a buscar sin avisar… el chico se siente atosigado. Su madre adoptiva le deja caer que quizá esas conductas a él le hagan sentirse un tanto asfixiado, se acaban de conocer… ella obvia todo esto y continúa con su discurso sobre él y sobre lo que siente por él y lo que se gustan… Al final el chico termina sintiéndose agobiado y le bloquea por el móvil diciéndole que le deje en paz. Tras ello, la joven no se lo explica y se siente abandonada y deprimida. 

2/ Modo de pretender o simular. El niño construye una realidad mental que no refleja de  un modo ajustado los hechos o el mundo externo. Son niños denominados hipermentalizadores (se construyen una realidad mental desligada del mundo externo) y se observa mucho en el ámbito del maltrato. También los niños o jóvenes pseudomentalizadores: parece que reflexionan adecuadamente sobre su mente y la de los demás pero no es auténtica sino falsa o incongruente con sus actos. Puede parecer mentalización, pero no lo es, aunque pueden llegar a aparentar, como digo, una pseudomentalización. No hay coherencia y congruencia entre lo que se dice y hace. 

Manuel le cuenta al terapeuta que ha estado con su padre, han ido a ver un partido de fútbol y después a cenar juntos. Le ha prometido que irán en verano a Eurodisney. Cuando el terapeuta se lo transmite a los educadores del centro en el que reside para contrastar este relato, le dicen que su padre le ha visto apenas un par de veces en siete años… 

Fredy Mercury (también The Platters) con la famosa y bella canción titulada "The great pretender" ("El gran farsante") recoge y canta a este tipo de personas que se crean una falsa realidad, un self falso o "alien self", como dice Fonagy (2002):



Oh si, soy el gran farsante (ooh ooh) 
Fingiendo que me va bien (ooh ooh) 
Mi necesidad es tanta que aparento demasiado 

Estoy solo pero nadie se da cuenta 
Oh si, soy el gran farsante (ooh ooh) 
Un vago en un mundo propio (ooh ooh) 
Juego mi juego pero para mi desgracia 
Me dejaste para soñar solo. 

3/ Modo teleológico. La persona necesita desesperadamente ver para creer. Es un “si no lo veo, no lo creo” 

Roberto es un paciente adulto que pide atención inmediata a las llamadas y los mails que le envía entre sesiones a su terapeuta. Si no recibe una respuesta rápida, entonces no es un profesional que se preocupa por sus pacientes. El terapeuta le explica que no puede responder a esa inmediatez y entonces Roberto se siente como atacado y de un modo irascible le responde que le va a obligar abrirle un expediente en su colegio profesional. 

En el siguiente post nos adentraremos en cómo ayudar y trabajar estos aspectos con los niños. Cuanto antes se detecten, mejor pronóstico tenemos pues podemos intervenir tempranamente. 

Todo requiere de paciencia y perseverancia, no hay ninguna terapia ni intervención que supla el trabajo de toda una red de personas en torno al niño: los padres y madres, los profesores, el terapeuta y otros significativos son los que pueden aprender sobre esto y tratar de aplicar posturas mentalizadoras en la relación con los niños dañados por los malos tratos y con trastornos en esta capacidad. 

Ya os imaginaréis que como padres y madres hemos de haber desarrollado una suficiente capacidad de mentalización. No buscamos ni mucho menos, pediros que lo hagáis de una forma perfecta porque no existe. Si no de una manera consciente: todos podemos desconectarnos de la capacidad de mentalizar al niño en un momento dado, por efecto de un enfado, del estrés, del agotamiento, del queme... pero podemos luego, como dice Maryorie Dantagnan, mentalizar en diferido y reparar estas acciones. Lo que es negativo, a veces fatal, es tener una capacidad de mentalizar afectada, ausente o distorsionada en alguno de los modos que hemos presentado de manera permanente. 

REFERENCIAS

Fonagy, P. Gergely., Jurist, E. & Target,M (2002). Affect regulation, mentalization, and the development of the self. NY: Other Press.

Siegel, D. (2007) La mente en desarrollo. Bilbao: Desclée de Brouwer.

Wallin, D.J.(2012) El apego en psicoterapia. Bilbao: Desclée de Brouwer.

1 comentario:

gema dijo...

Qué valiosísimas aportaciones nos haces, José Luis. Millones de gracias!