lunes, 29 de abril de 2013

Los daños que el desamor provoca en el cerebro de los niños no tienen por qué ser permanentes, afirma un estudio de la Universidad de Yale

En alguna ocasión os he hablado de la revista "Mente y cerebro", excelente publicación bimensual que trata sobre psicología y psiquiatría aunando ambas perspectivas. De vez en cuando suele traer artículos relacionados con nuestro campo de interés principal, a saber, el apego, el trauma y la resiliencia.

En el número correspondiente a marzo-abril de este año, publican un artículo que alude a una noticia referente a una nueva investigación que pone de relieve que el desamor y el estrés en el hogar afectan al cerebro del niño durante la crianza. Lo que más me ha sorprendido de la noticia es que habla de que, con terapias adecuadas, los daños o disfunciones cerebrales pueden recuperarse. Es una noticia muy esperanzadora. Si os parece, os comparto el texto -el cual transcribo a continuación- y hago algunos comentarios sobre el mismo:

"El estrés y el desamor en el hogar suponen a los niños un daño evidente durante su crianza. Decenios de investigación han permitido documentar, además, las consecuencias psicológicas en la edad adulta de tales experiencias (entre ellas, depresiones latentes y dificultades para mantener relaciones afectivas) Estudios actuales confirman que una vida familiar conflictiva provoca efectos fisiológicos graves en el desarrollo neural".


Sobre esto añado que, en efecto, durante estos años de trabajo con adultos que acuden a mi consulta a recibir tratamiento psicoterapéutico y que presentan historias de vida traumáticas, durante una gran parte de su vida han podido desarrollar un proceso de adaptación positiva meritorio. Pero en un momento dado, ante un suceso vital que actúa a modo de precipitante, el dolor emocional durante tiempo manejado o apartado vuelve a aflorar (el factor de vulnerabilidad de una infancia caracterizada por el abandono o la negligencia emocional influye de nuevo; los cimientos de la casa se tambalean a pesar de que esa persona durante muchos años hizo un trabajo encomiable, de apuntalamiento) y surge un episodio por ejemplo, depresivo, o un ataque de pánico u otro síntoma. La vida familiar adversa puede afectar al desarrollo neural dejando una insuficiente resiliencia cerebral. De ahí que estas personas hayan desarrollado mecanismos adaptativos para vivir, pero esa vulnerabilidad psicológica y neural se mantiene. No es menos cierto que la mayoría de estas personas se recuperan bastante bien con el tratamiento psicoterapéutico y social adecuado -y el apoyo farmacológico, si es preciso-.

El cerebro infantil -continua el artículo- posee una exquisita sensibilidad. Las discusiones acaloradas afectan a los pequeños incluso cuando duermen. Investigadores de la Universidad de Oregón han hallado, mediante imágenes por resonancia magnética funcional, que los niños de familias que informaban sobre fuertes conflictos hogareños (superiores a los habituales), se mostraban más sensibles a voces agresivas o airadas. De hecho, manifestaban un repunte de actividad cerebral en respuesta a frases leídas en tono agrio mientras dormían. La excitación cerebral se concentraba en las áreas responsables de la regulación de las emociones y del estrés.

«Los pequeños absorben información y aprenden sin cesar, no solo cuando nosotros creemos que les estamos enseñando», explica Alice Graham, quien ha dirigido el estudio integrado en su tesis doctoral y de próxima aparición en la revista Psychological Science. «Deberíamos tener en cuenta que lo que ocurra en el ambiente puede estar, literalmente, configurando las conexiones físicas en su cerebro.»

"Ni la negligencia afectiva ni las disputas familiares dejan señales externas, pero sí afectan de forma notable la arquitectura cerebral. Un estudio sobre adolescentes desarrollado por la Universidad de Yale halló, mediante resonancia magnética funcional, que el desamor y el abuso emotivo en la infancia reducen la densidad celular posterior de las regiones cerebrales que regulan las emociones. Según el artículo, publicado en Journal of the American Medical Association en 2011, aunque los adolescentes del estudio no llegaban a cumplir los criterios definitorios de trastornos psiquiátricos por completo, muchos de ellos sí experimentaban problemas emocionales (conductas irreflexivas o arriesgadas)"


Esto nos lleva al tema del Déficit de Atención con Hiperactividad que con tanta frecuencia suele aparecer en niños que presentan una historia de vida donde el abuso emotivo ha estado presente, y que tanto preocupa a las familias. Esta patología se esta reconceptualizando. Debemos de olvidarnos de que es un niño que “no atiende” y que “se mueve mucho”. Es, al parecer, un problema en el que los menores de edad presentan un déficit de regulación de las emociones, y en su génesis influyen los factores epigenéticos (un ambiente adverso que actúa sobre una genética concreta: puede activar unos genes e inhibir otros) El abuso emocional, la negligencia afectiva, en suma, la ausencia de un clima de buen trato reducen la densidad celular de las zonas cerebrales que regulan las emociones. Como vemos, además, no se cumplen cuadros psiquiátricos completos sino algunos síntomas. Y es que el uso de la dimensión dificultades con la regulación de las emociones sería mucho más útil que el empleo de una categoría diagnóstica. La visión del niño sería mucho más dimensional, sin soslayar, además, el papel trascendental que el apego inseguro y el trauma han tenido en la aparición de esas dificultades (no es casualidad que entre la población de niños adoptados o acogidos se presente, con una frecuencia alta, el diagnostico de hiperactividad con déficit de atención; muchos de estos niños tienen en común y comparten historias de vida en las que han sufrido maltrato y/o abandono) Por lo tanto, es necesario ver a la persona integralmente y desde un punto de vista ecosistémico e historiográfico.

"Incluso bien entrada la edad adulta -prosigue el artículo-, los frutos del desamor son amargos. En una encuesta llevada a cabo en adultos en el Centro Médico de la Universidad Rush de Chicago se apreció que la desatención emotiva en la infancia elevaba el riesgo de accidente vascular cerebral al envejecer. Se desconoce el mecanismo subyacente a tal exacerbación del riesgo, indica el correspondiente artículo de Neurology, publicado en Internet el 12 de septiembre de 2012"


Este artículo publicado en Neurology confirma lo que desde hace ya unos años saben muchos profesionales: las víctimas de malos tratos continuados y repetidos durante años, con un sufrimiento severo, tienen más probabilidad de muerte prematura. Yo he podido vivirlo con gran tristeza cuando he sabido de la trayectoria en la vida adulta de algunos niños que conocí y que presentaron un severo maltrato. No hallaron en el entorno una disposición de recursos para resiliar.

"Aunque el descuido afectivo o el estrés en el hogar familiar parezcan lesionar fácilmente el cerebro juvenil, resulta improbable que tales daños se tornen permanentes si se tratan a tiempo, asegura Hilary Blumberg, profesora de psiquiatría en Yale y autora del estudio con adolescentes. Asimismo, reconoce que si la falta de control de estos sujetos sobre sus impulsos pudiera corresponder a un síntoma de alteraciones cerebrales inducidas por la falta de cariño, tal fenómeno facilitaría a los asistentes sociales o a los profesionales de la salud la aplicación de los tratamientos apropiados. En el futuro, algunas terapias podrían orientarse directamente hacia las alteraciones neurológicas. Si bien se ha probado que el ejercicio regular frena la pérdida por envejecimiento de materia gris en el cerebro, tal vez pudiera proteger también contra pérdidas asociadas al desamor. Se confía en que la investigación de los cambios cerebrales inducidos por una vida familiar tormentosa acabará proporcionando formas de deshacer tales daños en cualquier momento de la vida"

Es esperanzador y prometedor lo que Hilary Blumberg refiere. Hay que hacer notar que estamos hablando de la Universidad de Yale, una de las mejores del mundo. Los daños (normalmente funcionales) en el cerebro si se tratan a tiempo, no se tornan permanentes. Y lo puedo confirmar porque casos graves que hemos tratado han podido retomar un buen desarrollo y llevar una vida adaptada. Y digo hemos tratado porque evidentemente no lo he hecho yo solo: el trabajo es siempre e imprescindiblemente en red (psicoterapeuta, psiquiatra, maestros y orientadores escolares, otros profesionales y, fundamentalmente, que la familia sepa ponerse en el sentir del niño adaptándose a su ritmo, exigiendo lo que puede dar en cada momento, teniendo paciencia y aceptándole como es) Creo que debemos y debéis desmitificar a los psicoterapeutas. Podemos hacer un buen e importante trabajo con los niños pero como un elemento más que cumple una función dentro de la red que le sujeta y acompaña. Pero no podemos ni debemos sustituir la labor de los padres de dispensar afecto y límites adecuados. La idea de que el profesional repara externamente a los niños sin que los demás tengan que hacer gran cosa, hay que quitarla de la mente.
Respecto al ejercicio físico, tampoco resulta sorprendente que pudiera contribuir a la recuperación o mejoría de los daños o secuelas que los malos tratos dejan sobre el cerebro. Algunos prestigiosos autores en trauma refieren que las terapias basadas en lo sensorio-motriz aportan beneficios al cerebro pues el trauma queda grabado y registrado en el cuerpo (como sostiene Van der Kolk) Siegel también comenta que si queremos que el estado de ánimo de un menor mejore o se modifique, hemos de hacer que el cerebro se mueva mediante actividad o ejercicio (uno de los principios por los que Siegel se guía en relación al cerebro y a cómo éste es influido literalmente por el movimiento: muévelo o piérdelo)

Os animo a que nos quedemos con ese mensaje esperanzador de que es posible revertir los daños mentales y cerebrales del menor de edad que ha sufrido malos tratos en cualquiera de sus presentaciones y formas. El cerebro se crea y modifica constantemente, como afirmó mi amigo y colega Rafael Benito en su ponencia Resiliencia cerebral presentada en las pasadas jornadas sobre apego y resiliencia infantil que celebramos en Donostia el pasado mes de marzo. Estamos siempre, literalmente, influyendo en el cerebro del niño. Todos podemos con pautas adecuadas incidir, durante el tiempo que sea necesario, en el cerebro del niño desregulado emocionalmente como consecuencia de su historia de vida emocionalmente abusiva. Hasta conseguir que el menor de edad aprenda a regularse por sí mismo. Dado que este trabajo es un proceso de acompañamiento y turorización de resiliencia durante el tiempo que el niño precise, debemos de buscar redes de apoyo para nosotros también y promover nuestro autocuidado.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Muchas gracias Jose Luis por la informacion tan valiosa y esperanzadora.
Al leer que las terapias basadas en lo sensorio-motriz benefician al cerebro, me gustaria saber tu opinion sobre la terapia de integración sensorial en niños adoptados con dificultades de aprendizaje (falta de concentración, disgrafia ..)
Muchas gracias
Rosa

José Luis Gonzalo dijo...

Precisamente hace un tiempo escribí una entrada en el blog en el que hablaba de este tipo de terapia a partir de que una madre llamada Beatriz me hablo de ella. Te dejo el enlace a la entrada. Lee también los comentarios porque en los mismos dan una dirección web de profesionales formados en esto. Saludos.

http://www.buenostratos.com/2011/06/la-terapia-de-integracion-de-reflejos.html?m=1

Edorta dijo...

Genial articulo, me lo leeré más detenidamente, me viene muy bien para el Ppoint que estoy preparando... aquel que te enseñé...
gracias por la noticia.

José Luis Gonzalo dijo...

Que bien Edorta que te sea útil. En la revista "Mente y cerebro" encontrarás muchos artículos interesantes sobre este y otros temas. Un saludo cordial y gracias a ti.

Anónimo dijo...

Soy la hija menor de tres y no recuerdo mi niñez o haber jugado con otros niños, el desamor es por parte de mis dos padres, mi madre inclinada a mi hermana la mayor y mi padre a mi hermano. En efecto me case con alguien a quien no amaba me divorcie a los dos años, en el tiempo que viví lejos de mi familia me realice plenamente pero rompí con el padre de mi hijo, y así sucesivamente no he logrado hacer una relación en pareja...gracias el artículo me ha servido bastante.

José Luis Gonzalo dijo...

Siento que hayas pasado por esas vivencias tan dolorosas en la infancia. Me alegro que el artículo te haya servido. Una psicoterapia con un profesional adecuado puede contribuir a reparar el apego. Un saludo cordial