sábado, 20 de abril de 2013

Adopción, búsqueda orígenes y trauma


Me adelanto al lunes 22 -día habitual en el que publico la entrada semanal- pues no puedo hacerlo ese día.  Escribo sobre un tema, en relación a la adopción, que me interesa mucho y al que vengo dandole vueltas desde hace un tiempo. Es algo delicado y sobre lo que nadie tiene la última palabra. Lo expongo con todo el respeto. Nada más lejos de mi intención que adscribirme a posturas radicales. Mi propósito, como acostumbro, es suscitar el debate, que nos paremos todos a reflexionar un rato (y si este blog sirve para eso, me daría por satisfecho. El día a día, las numerosas ocupaciones que nos absorben y el tener que funcionar, no nos permiten parar y pensar con detenimiento) y ofreceos mi punto de vista, el cual sustento en mis conocimientos y experiencia en psicoterapia con niños y jóvenes adoptados. Pienso, además, que sobre el tema de hoy todos (familias adoptivas, profesionales, adoptados...) estamos llamados a opinar y contar nuestras experiencias para poder ayudarnos los unos a los otros en la tarea de acompañar a nuestros niños y hacerlo lo mejor posible con ellos.
 
Hecha esta necesaria introducción, voy con el tema que, en la entrada de hoy, quiero desarrollar.
 
Algunas familias decidieron -o deciden- en un momento determinado (unos años después de incorporarse el niño a la familia adoptiva) contactar con la familia biológica (se tienen o se pueden conseguir datos de la misma, evidentemente) y emprender un viaje al país de origen con el fin de que el menor de edad (y la familia adoptiva) puedan saber de ellos e incluso retomar la relación. Creo que lo denominan adopciones abiertas. Me corregís si no es así.

Los niños y las familias adoptivas se han preparado psicológicamente con profesionales y han valorado que ese viaje y reencuentro con los orígenes (lugar, pais, costumbres, familia biologica...) puede ser positivo en su proceso y para su trayectoria vital, con el fin de favorecer la integración y trabajar dichos orígenes. Los niños, ya más mayores, son capaces de poner palabras con más precisión y pueden comprender muchos aspectos que con anterioridad no se podían asimilar, dada su corta edad. Éstos se hacen más preguntas y, claro, buscan respuestas.
 
En algunos casos, ademas, se ha valorado la conveniencia de que los niños vean y se relacionen con los padres (o la madre, o el padre; a veces también con los abuelos, si éstos tuvieron un papel relevante en la crianza del niño) biológicos con el fin de confrontarles mediante preguntas (preparadas con anterioridad) que los niños desconocen -o quieren saber- acerca de los motivos por los cuales no pudieron cuidarles u otros aspectos vitales e importantes de su biografía, cada uno según su historia de vida y circunstancias familiares y sociales. En algunos de estos casos, el niño encuentra -por parte de la familia biologica- respuestas y una adecuada acogida; y, en otros, lo contrario. Algunas familias adoptivas refieren que incluso hasta en los casos en los que el menor de edad no recibe un relato o explicación, ha merecido la pena porque han observado que ayuda a que el niño pueda trabajar su historia desde lo real.
 
Mi dudas son las siguientes, y son las que quiero compartir con vosotros/as: en los casos de familia biológica con incompetencias parentales (que han abandonado y/o maltratado física y emocionalmente al niño) es decir, carentes de capacidades básicas como la empatía, padres o madres con trastornos del apego que no pueden mentalizar al niño (verlo como una mente independente con deseos, necesidades e intenciones) y con déficit en las habilidades de crianza, ¿es positivo confrontar al niño con ese tipo de progenitores pudiendo prever que corre un riesgo alto de no encontrar reparación? ¿Puede resultar retraumatizante para el niño contactar con esa cruda realidad? En un libro llamado "Padres que odian" -lo leí con un entusiasmo increíble, en su momento. Es un libro totalmente practico, autoterapeutico para quienes han sufrido maltrato y con un planteamiento valiente y empatico con las víctimas- la autora refiere que una confrontación con padres maltratadores es muy delicada, y hay que ser muy maduro y mostrar mucha entereza (estar preparado psicológicamente, y aún así es dolorosisimo) porque aquellos podrían negar, justificar, proyectar o ignorar la experiencia maltratante. Y esta autora se refería a adultos. ¿Esto mismo, con niños, es conveniente? ¿No sería más prudente, primero, una psicoterapia -durante el tiempo que sea necesario- para que el niño se reconozca como víctima, pueda ir elaborando la experiencia dura de maltrato -interiorizar que los padres fueron incompetentes y no demonizarlos o idealizarlos- procesando emocionalmente el dolor, y posteriormente, más mayor, con mas madurez, que decida si quiere y/o puede hacer ese viaje, reflexionando con mas conciencia sobre el impacto psicológico que tendría?
 
Cuando el menor contacta con las figuras de apego primarias que le maltrataron, su mente recuerda la experiencia y las emociones y contenidos -tanto explícitos como sensoriales y emocionales- que quedaron registrados en la memoria. Y son recuerdos dolorosos. Esos recuerdos puede que no estén integrados, siendo posible que se produzca un desbordamiento emocional o, al contrario, una disociación; y cuando las emociones exceden el margen de tolerancia, el cerebro no puede procesar la información.
 
No pretendo alarmar a ningún padre o madre adoptivo que este leyendo esta entrada y se vea reflejado en una experiencia de este tipo. También hemos de considerar que los niños cuentan antes y después -así suele ser- con el refugio, cariño, comprensión y contención de sus padres adoptivos. Ademas, es deseable y necesario que los menores trabajen después, en psicoterapia, sobre estas experiencias que pueden procesarse y repararse. Y, finalmente, no es menos cierto que los niños pueden hacer un proceso resiliente si tienen los contextos y los entretejidos interpersonales apropiados que permitan que éste vaya emergiendo. Además, cada niño es un universo propio y cada caso se valora de manera individual. Y, finalmente, no todos los niños que vivieron estas experiencias de maltrato tienen que presentar matematicamente un trauma de apego. Hay casos en los que presentan problemas o alteraciones menos graves que el trauma de apego y pueden afrontar la experiencia sin desbordarse. Los que presentan apego desorganizado o trauma de apego pienso no deberían pasar por ello. Es muy probable que los padres biologicos tengan, a su vez, un apego no resuelto, con lo cual no pueden mentalizar al niño.
 
Mis interrogantes son si ésta es la secuencia y la edad apropiada para plantear este tipo de viajes y reencuentros. No lo tengo del todo claro por las razones que os he expuesto. Creo, en efecto, que es un viaje físico y mental que muchos adoptados emprenden o emprenderán, no exento de dudas, miedos, inseguridades, ambivalencias, dolor y posible retraumatización en algunos casos. Cada caso hay que estudiarlo muy bien. Es su derecho decidir libremente si necesitan ese viaje o encuentro con el ayer para poder descubrir un sentido y rehacer y reconstruir su vida; con el fin de experimentar con plenitud el presente y poder proyectarse al futuro. Pero, en general, pienso que para hacer esto se necesita una madurez, a mi modo de ver. Madurez que aún no se posee en la infancia.

Cyrulnik cuenta en su libro "Me acuerdo..." sus memorias a partir de su viaje a los lugares donde residió de niño, acogido por diversas personas, pues quedó huérfano por la crueldad nazi. Este autor comenta que a la sociedad le ha costado mucho escuchar los relatos de las víctimas y darles estatus de credibilidad, han sido necesarios muchos años para poder encontrar esa disposición a aceptar socialmente estas experiencias. Todavía hay quienes dudan (por desconocimiento) de los relatos de las víctimas o no pueden tolerar su escucha y las emociones que suscitan. Estos niños presentan historias, a veces escalofriantes, y hemos de ser conscientes de ello para saber acompañarles adecuadamente en su propio viaje. Sobre cuándo y cómo plantearlo he expuesto mi personal punto de vista. Ahora me gustaría conocer el vuestro. Por eso espero, como siempre, vuestros comentarios.

Hasta el próximo lunes 29, cuidaos / zaindu

15 comentarios:

laura dijo...

Me parece totalmente acertada tu postura. No creo que sea oportuno, resilente y es más veo innecesario enfrentar a un niño que ha sufrido maltrato con un pasado que ni un adulto con psicoterapi ea a veces capaz de afrontar.Incluso dudo de que sea acertado para niños que no han sufrido maltrato. Creo que esmas prudente esperar a estarmás maduros y trabajados para hacer algo así. A veces me pregunto si estos viajes no son a veces respuesta a una necesidad de los padres más que de los hijos. Mi hija fue abandonada recien nacida 8fue encontrada con cordón umbilical) y adoptada con 6 meses y son visibles sus secuelas de abandono. Su miedo a la soledad por ejemplo. Creo que debe seguir adquiriendo por años la seguridad en esta su familia y crear su identidad adoptiva bien estable (a le vez que trabajamos a su nivel su origen geografico y biológico) antes de enfrentarse emocionalmente a su familia de origen.... Esta es mi opinion.
gracias como siempre
laura silva

Anónimo dijo...

Este es un tema que me parece muy delicado y que en los dos últimos años está muy presente en la vida de mi familia. Mi hijo con 11 años necesita saber...tras escuchar la palabra DUELO, creo recordar en una noticia de la TVE, me preguntó que era eso de necesitar hacer el DUELO. Se lo expliqué no recuerdo bién con que palabras, y su respuesta fue rápida y breve, "eso es lo mismo que yo necesito con mi padre, saber si está muerto o vivo, y así poder sentirme más tranquilo. Tiene recuerdo y emociones ambivalentes sobre su padre biológico, pero me pregunto una y otra vez que hacer para aliviar la angustia que le produce el no saber si esas personas que viven en sus recuerdos siguen viviendo en la realidad.

José Luis Gonzalo dijo...

Estoy completamente de acuerdo contigo en que es un tema muy delicado, soy consciente y así lo expreso en el artículo. Te agradezco que menciones el tema del duelo porque yo no lo he hecho y es importante. Muchas veces no tenemos respuestas a las preguntas de los niños pero disponemos de lo que es quizá lo más vital en todo este proceso: el hacerles sentir que sentimos lo que sienten, que aceptamos, comprendemos y compartimos su dolor y sentimientos sobre lo que viven. Gracias y saludos.

Aumento de mamas dijo...

Tienes toda la razón. Es un tema complicado y puede ser muy traumático.

Anónimo dijo...

Muy interesantes las reflexiones, y por mi experiencia, puedo plantear que esta retraumatización se puede experimentar en menores que se encuentran en acogimiento familiar de manera permanente/indefinido y tiene por auto judicial o por vía administrativa un régimen de visitas con sus progenitores, semanal, quincenal, mensual, etc. Estas visitas suelen producir en estos menores desestabilización emocional, debido fundamentalmente a que conectan con emociones asociadas al dolor del abandono y el maltrato. En muchos casos apenas existen recursos para trabajar con estos menores, y es complicado para las familias manejar los "tormentas" que producen en los niñ@s las visitas con su familia de origen.

Elena dijo...

Mi respuesta es no, no creo q sea positivo contactar con los orígenes en menores q han sufrido maltrato. Pero es igual o similar, aunque no tenga relación con este tema, el hecho de q en acogimientos permanentes, el
Menor tenga que mantener contacto con su familia biológica cuando esta se considera negligente o con trastornos de apego o incapacidades parentales. Me pregunto donde esta el beneficio , la verdad. Tu que trabajas con menores de todo tipo a ver si me lo puedes explicar porque yo por mas que lo intento no consigo entenderlo. Gracias por la entrada.
Elena

José Luis Gonzalo dijo...

Si la familia biológica se comprueba que está dañando severamente al niño en los contactos, hay que trabajar con ella para intentar una toma de conciencia en este sentido y dar contención. Y si ello requiere (previo trabajo con toda la red que rodea al niño) de una suspensión temporal de dichos contactos por el daño que causan (un estrés muy tóxico) es algo que debe plantearse por el equipo de profesionales y proponerlo a la administración, que es en suma quien decide. Aquí primaría el interés superior del menor. Es un tema muy delicado que conviene analizar en cada caso.

Chedi dijo...

Uf José Luis,
Este es un tema que me planteo de vez en cuando. Más que nada para mentalizarme de que quizá algún día mi hija expresará el deseo de "conocer". Quisiera estar entonces a la altura de sus necesidades.
De entrada, potenciar esta cuestión, no lo veo conveniente ahora ( va a cumplir 12 años). Como muy bien dices, me parece algo tan fuerte que requiere una preparación enorme.
Lo que sí deseo es que encuentre el apoyo suficiente para gestionar sus deseos.

Un abrazo,

Chedi

Iol-Iratxe dijo...

Estoy totalmente de acuerdo con lo que planteas Jose Luis. Ni la infancia ni la adolescencia son buenos momentos para la búsqueda. A demás de lo que expones, creo que es necesario haber eleborado el duelo por el abandono antes de inciar el proceso de búsqueda de orígenes. En muchas ocasiones, las búsquedas tempranas corresponden más a la curiosidad y deseo de los padres adoptivos que al de los propios adoptados. El rol de los padres debería ser el de caminar junto a sus hijos, ni por delante ni por detrás, justo al lado, acompañando y permitiendo que sean los adoptados quienes tomen decisiones entorno a su búsqueda.

José Luis Gonzalo dijo...

Gracias Iolanda, el tema del duelo efectivamente no lo menciono y os agradezco que tanto tú como otra persona aludáis al mismo porque es una parte muy importante. Me alegra saber que profesionales de La Voz como tú estáis en la misma sintonía porque sabéis de qué habláis y vuestro puento de vista es el que hay que tener en cuenta. Yo también creo que ese debe ser el rol de los padres y me ratifica en mi labor y trabajo con las personas adoptadas cuando hay que abordar este delicado tema. Un abrazo.

Anónimo dijo...

Yo conozco bastantes familias que han decidido buscar a la familia biológica de sus hijos (entre ellas yo), y de estas, un puñado que han llegado a reencontrarse con ellos.

En ningún caso se ha hecho con familias que fueran maltratadoras. No creo que ningún padre en su sano juicio quisiera o propiciara que sus hijos se encontraran con personas que les han maltratado. En los casos en los que yo conozco, se ha hecho porque lo que se recibía de los padres biológicos era cariño e interés, porque los niños lo demandaban y, en la mayor parte de los casos, porque había un vínculo: eran niños adoptados de mayores, que habían vivido y sido cuidados y queridos en sus familias biológicas y a los que les resultaba muy difícil seguir adelante sin noticias, sin contacto, sin saber que los suyos estaban bien y sin el permiso explícito para vincularse a su nueva familia.

Por otra parte, yo no tengo nada, nada en contra de la ayuda profesional, los terapeutas, los mediadores... creo que son necesarios e incluso vitales en muchos casos. Pero sí veo con cierta preocupación la tendencia a imponer la necesidad de profesionales en todo, en todos los casos, como si fuera imposible que hubiera personas capaces de tener sus propios recursos en determinadas situaciones, de no necesitarlos externos (o no necesitarlos "profesionalizados"). Pero este es otro tema.

http://madredemarte.wordpress.com/

olga dijo...

Hola José Luis, muchas gracias por tus reflexiones, hace tiempo que te sigo y en un momento determinado de la vida de mi hija, en el que exteriorizaba su rabia e ira por su abandono, nos fuiste de mucha ayuda, me ayudaste a comprender qué pasaba en su interior y a no tomarme esa ira dirigida contra mi como algo personal, conseguimos superar esa etapa (fue a los 6-7 años), asimilar historias y comprender situaciones y ahora con 11 años está en otro momento mucho tranquilo emocionalmente (aunque a punto de entrar en la adolescencia), en el que lo que me pide cada poco es ir a su país. Directamente no me pide conocer a su familia biologica sino su país, tiene una necesidad de conexión con esa otra parte de su vida, de su historia. Quiere visitar los sitios en los que estuvimos cuando fuimos a buscarla, pero como ir a su pequeño pueblo y que no ocurra nada, que no encontremos a parte de su familia biológica, no sé siento miedo por ella, o quizá por nosotros, por como le/nos afectará un posible encuentro a esta edad. Mi marido no lo ve, no cree que sea el momento, piensa que debería ser más mayor, pero yo no estoy tan segura, como decía Iolanda, los padres debemos estar a su lado acompañándoles según van surgiendo sus necesidades y siento que esto ahora es necesario para ella. Así que en ese dilema estamos......

José Luis Gonzalo dijo...

Yo creo que conviene escuchar y validar esa necesidad. En la adolescencia, por lo que yo puedo ver, está la tarea de ir definiendo una identidad. Surge por lo tanto, esa necesidad de saber quién soy y de dónde vengo e integrarla en tu historia. Acompañar en este periodo de su vida adolescente, primero, en el sentido de hablar, de que pueda expresar lo que siente, sus deseos, sus miedos, inquietudes... Que se sienta sentida. Después, hay que estudiar su caso y ver cuándo y cómo es conveniente su viaje. Para mí el asesoramiento de los profesionales es fundamental porque aunque sí es verdad -como madre de Marte dice- que las personas tienen sus propios recursos, los profesionales son capaces de ver y evaluar cosas que los padres o las familias no ven; y también los chicos pueden trabajar este tema con ellos y situarse desde otra perspectiva. Saludos.

Anónimo dijo...

A veces un pequeño, pero constante, dolor te puede llegar a obsesionar. Tienes "un fantasma" en la cabeza, y sabes que irracional, y que es absurdo, o lo que quieras, pero ese fantasma sigue ahí, "acordandote" de no sabes qué, preocupandote de no sabes quienes, ni sabes porqué...Un pequeño (o no tan pequeño) dolor. En un momento dado te desesperas, pierdes la paciencia, y ya no miras el riesgo, sino solo lo harto que estás de esa sombra. Y crees que puede mejorar mucho si consigues ponerle rostro, circunstancias y existencia concreta, palabras, gestos, reacciones, respuestas...En mi experiencia fue así. Ahora ya se que no hay nada. Duele, pero por lo menos es algo concreto que asumir.¿Cuando?. Si estuvieras bien porbablemente no lo buscarías. Si estás muy, muy mal, probablemente no sea el momento y antes tengas que ver que te pasa. A veces no tiene sentido demorar más el momento. Solo te queda el ansia de acabar con esa etapa y continuar con lo que sea. Saludos.

José Luis Gonzalo dijo...

Gracias por compartir tu experiencia. Me ha recordado a la famosa y genial frase de Cyrulnik que dice así: "El horror de lo imaginario es terrible; el horror de lo real tiene un punto de esperanza" Creo que la pregunta referida a cuando hacerlo es una cuestión clave. Este cuando es diferente para cada persona. En mi opinión la
infancia no es el momento. Y que hay que prepararse y tener una persona que te acompañe sintiéndote, lo tengo claro. Saludos.