lunes, 8 de abril de 2013

¿Hemos de referirnos a (todos) los niños adoptados como abandonados? Opiniones a propósito de un artículo publicado por Beatriz San Román.

 
Terminadas las vacaciones, regreso a mis tareas habituales entre las que está escribir, gustosamente, para todos/as vosotros/as, en este vuestro blog, Buenos tratos.

Recientemente, Beatriz San Román, de la Universidad Autónoma de Barcelona, ha publicado un artículo en la revista Papeles del Psicólogo titulado: "De los hijos del corazón a los niños abandonados: construcción de los orígenes en la adopción en España"

Saludo y alabo iniciativas de este tipo porque promueven el debate y el intercambio de conocimientos y experiencias sobre la adopción y, sin duda, contribuyen a que todos reflexionemos sobre el tema. El artículo forma parte de un proyecto de investigación y está muy bien documentado.

Dicho artículo (muy interesante) podéis leerlo haciendo clic aquí. 

La entrada de hoy la dedico a dar mi personal opinión sobre el tema del concepto de abandono -en torno al cual, entre otros aspectos, gira el artículo-, y a la conveniencia o no del término y sus posibles efectos negativos etiquetadores en la población de personas adoptadas. Cabe preguntarse, de la mano de Beatriz San Román, si los niños adoptados son niños abandonados.
 
Este es mi punto de vista sobre algunos de los puntos que el artículo aborda:

1. El abandono es un sentimiento pero también una experiencia psicológica y física que han sufrido bastantes niños adoptados, sobre todo los de adopción transnacional, en distintos niveles de severidad. El abandono no solo es la separación de las figuras parentales que han vivido los niños a distintas edades y debida a causas diversas sino -lo que en mi opinión es más trascendente- el hecho de que, en una gran mayoría de los casos, el menor de edad queda en una situación de desamparo teniendo que ser tutelado por el estado y pasar así a residir en un centro de acogida o institución. En bastantes casos, los cuidados dispensados en estas casas de acogida (no en todas pero si en bastantes de ellas, al menos en mi experiencia) son de baja calidad (me refiero a los centros ubicados en otros países) Los niños no reciben ni la atención ni el afecto ni los cuidados ni la estimulación empática y sensible suficientes que necesitan para crecer y que su mente y cerebro, dependientes de la experiencia, maduren. Este tipo de negligencia y abandono emocional y en otros casos físico, se han estudiado y documentado suficientemente, comprobándose que deja unas secuelas psicológicas difíciles de superar, aunque no imposible, ni mucho menos. Por lo tanto el abandono es una experiencia, una desgraciada experiencia, que han sufrido bastantes niños adoptados y no sólo, a mi modo de ver, una palabra que alude a un sentimiento de pérdida por separación (que también) de las figuras de apego y de los orígenes. Es una tipología de maltrato recogida en los principales manuales que hablan sobre ello. Creo que la palabra abandono es perfectamente pertinente para designar esta experiencia. Comprendo la dureza del término pero a mí me parece que debemos llamar a las cosas por su nombre. Pienso que vivimos en una sociedad políticamente correcta a la que le parece "feo" denominar a ciertos hechos o experiencias con un término que les corresponde. Yo me pregunto de qué otra manera podríamos llamar a la vivencia de estar viendo el techo de un orfanato durante horas, sin apenas ver la luz del día, comiendo y bebiendo muy poco (desarrollando desnutrición) sin apenas contacto humano ni estimulación (tan vital para el bebé como la alimentación) Un joven adoptado me dijo un día, en consulta, que eso "no se le hace ni a un perro" Ni a un humano ni a un perro, por supuesto.

Existen otros casos en los que los niños son adoptados nada más nacer, o los que han tenido la dicha de vivir en una institución o familia que les han proporcionado cuidados óptimos. Este tipo de niños adoptados no soporta la pesada carga del maltrato por abandono. Tiene la herida de la pérdida de sus figuras parentales y de su país, lugares y esencias de origen, y me alineo con la postura que mantiene que es un sentimiento y que es legítimo que el adoptado lo viva así, lo pueda sentir como abandono. Este tipo de niños, normalmente, no tienen las secuelas de los que han sufrido la tipología de maltrato denominada negligencia y/o abandono. Y dichas secuelas han sido muy bien descritas por Rygaard en su libro denominado, precisamente, "El niño abandonado" En mi opinión, creo es conveniente diferenciar ambos tipos de abandonos. Abandono, según la RAE, es, en una de sus acepciones: "Dejar, desamparar a alguien o a algo".

2. Hacer alusión al abandono no estigmatiza a las familias o padres. A mi modo de ver es un non sequitur, esto es, de esa premisa no se sigue necesariamente que haya que estigmatizar a las familias que, en efecto, para bastantes adoptados -al menos en mi experiencia-, abandonan, sobre todo cuando éstos se hacen conscientes de su historia. El que lo hayan hecho no les demoniza. Nadie puede ni debe juzgarles porque presentaban incompetencias parentales y/o fueron las víctimas de un sistema social mundial injusto que se ceba con los más débiles (habría una co-responsabilidad social, en mi opinión) Nadie les ayudó, probablemente. Una decisión sin duda dura y difícil, tomada para poder proporcionar a su hijo una vida mejor que ellos no tuvieron ni que su vástago iba a poder tener. Una decisión que tomaron con dolor, a buen seguro. La única que probablemente pudieron tomar (menos en los casos de retirada de tutela por maltrato en los que la iniciativa de proteger al menor parte de las instituciones de cada país; hay casos de menores adoptados que han estado viviendo maltratados durante años hasta que se produjo una denuncia de, por ejemplo, los vecinos y las autoridades tras investigar, deciden la retirada de tutela y la adopción, para el menor de edad, como medida de protección. De todos modos, la adopción es siempre una medida de protección incluso cuando parte de los padres o familias que no pueden cuidar) En todos los foros de adoptados a los que he asistido se trata con sumo cariño y comprensión a todas las familias que no supieron o pudieron cuidar de sus hijos. Y así tratamos de que los adoptados lo elaboren.

Pero el niño se culpa del abandono sufrido; por ello, un trabajo primordial está en ayudarle a elaborar su historia para que pueda desculparse a si mismo y a su familia, poniendo el peso de la responsabilidad en los adultos que no pudieron o supieron cuidar, sí, pero sin demonizarles. Permitir la adopción es una manera de ser conscientes de su incapacidad o imposibilidad y facilitar que otras personas puedan proporcionarle lo que el niño se merece y lo que es su derecho: tener otra familia o personas que le garanticen los cuidados óptimos para su bienestar y buen desarrollo. Cuando el niño va elaborando su historia, es cuando va resiliando del sentimiento de abandono y de la experiencia del maltrato por abandono, si la ha sufrido. Y es cuando libera toda la ira, tristeza, miedo... por lo vivido. Al aceptar, pues, puede ir reconciliandose con su pasado. Pero para poder hacerlo debe de sacar todo su dolor, hay que ratificar el mismo y validarlo, hacer una labor de acompañamiento y favorecer que desarrolle un proceso resiliente. Y aquí es donde quiero llegar.

3. La resiliencia es posible. El libro "El niño adoptado. Comprender la herida primaria", de Nancy Newton Verrier, siempre me ha parecido muy determinista. Prefiero mil veces más "Los patitos feos", de Cyrulnik. No hay que minimizar ni un ápice la experiencia de ser separado y el sentimiento de perdida de los lugares de origen y de la familia. Pero sí sostengo que esta herida primaria que parecería que el adoptado ha de arrostrar de por vida -casi como el mito de la persona que vive condenada a subir una cuesta con un peso a su espalda y, cuando está a punto de culminar la elevación, cae al punto de partida y, así, vuelta a empezar ad infinitum- se puede elaborar. Niños y jóvenes con historias durisimas de abandono a sus espaldas nos demuestran que es posible estar psicológicamente bien y, además, crecer desde esta adversidad. Yo mismo he tenido la dicha de vivir en la consulta y compartir con los niños y los jóvenes un proceso resiliente y celebrarlo juntos. Para ello, es necesario lo que apuntamos en este blog muchas veces: tutores de resiliencia que te acompañen incondicionalmente; la implicación de todos los agentes sociales como la tribu o la manada que ayuda a resiliar al menor de edad; y apoyos especializados médicos, pedagógicos y psicoterapéuticos... En particular, la psicoterapia puede contribuir a que la persona construya su historia. Entonces, esta historia ya no le acontece, el paciente se apropia y empodera de la misma. La psicoterapia debe de incluir, por ello, el trabajo del relato de su historia y -aquí coincido con Beatriz San Román- ayudarle a interiorizar un discurso en el que el abandono sea elaborado psicológicamente. Algo que no siempre es posible de elaborar por completo pero que merece la pena hacer en todos los casos porque se contribuye a que el niño integre la experiencia en su vida de manera resiliente. Entonces, se puede nombrar el abandono sin tanto dolor y vergüenza, incluso con el orgullo de haber sido un héroe o heroina de una historia que ha trabajado para retomar un buen desarrollo y resiliar. No será como si nada hubiera pasado, pero sí es como la botella de plástico que se arrugó pero adopta de nuevo su forma original (con arrugas, claro, pero su forma original) Es cuando el abandono se elabora y se puede aceptar por la persona de una manera más cercana a otra acepción del término según la  RAE: "Entregar, confiar algo a una persona o cosa"

4. Víctimas, si. Victimismo, no. Algunos niños adoptados han sido víctimas muchas veces de experiencias de ruptura, pérdidas y, en ocasiones, (mucho más de lo que se cree, estimo desde mi experiencia) de malos tratos físicos, psicológicos y abuso sexual. Experiencias por las que ningún ser humano debería de pasar y que nos dan la idea de que este mundo, por muchas revoluciones y cambios que ha vivido, nunca ha empezado por lo fundamental: el cambio individual profundo. La experiencia del abandono sólo sabe qué es quien la vive en su piel. Debe ser muy doloroso y duro, sin duda. Por ello, creo, otorgarle la condición de víctima a quienes la sufren, es justo y reparador porque te exime del cuchillo de la culpa. Ya hemos dicho que los niños se culpan del abandono y hasta creen merecerlo. Uno de los trabajos a hacer es ayudar al menor de edad a tomar conciencia de que sus problemas emocionales se asocian a esta experiencia, pues muchos de ellos viven en la inconsciencia. Y que muchas de las manifestaciones que experimentan en forma de sensaciones o emociones de malestar se vinculan con la memoria implícita, la memoria no episódica o verbal (cuando el abandono sucede en la etapa preverbal), de la cual no se tiene recuerdo consciente.

Pero no podemos quedarnos aquí ni estimular esta condición -aquí también coincido con Beatriz San Román-. Esto explica sus problemas pero no los justifica ni le exime de responsabilidad. El niño o joven no es responsable de que le abandonaran o maltrataran pero sí es responsable de trabajar para promover su propio bienestar y recuperacion, y hay que alentar y apoyar esa responsabilidad.

Por ello, en psicoterapia hemos de trabajar con el paciente para que en la medida que se vaya avanzando (en un proceso duro, difícil y no exento de complicaciones) camine hacia el proceso de reconstrucción que señalan Barudy y Dantagnan: de culpable a víctima; de víctima a superviviente; y de superviviente a viviente (felicidad y resiliencia de vivir pese a lo ocurrido)

5. Cerebro centrismo no, aportaciones de la neurobiologia, sí. Aquí disiento de Beatriz San Román porque no podemos ni debemos minimizar el impacto que la separación o la pérdida de las figuras de apego tiene sobre el cerebro. Y no digamos el maltrato o el abandono. Yo mismo he podido constatarlo en mi practica clinica. Cada vez se recoge más evidencia al respecto. Esto no es cerebro centrismo sino, a mi modo de ver, enriquecimiento del corpus de la psicología. Los psicólogos no podemos trabajar con nuestros pacientes como si el cerebro no tuviera nada que ver con la conducta, las emociones y las cogniciones (como dice mi amigo y colega psiquiatra Rafael Benito) Lo mismo que la psicología se nutre de muchas otras ciencias, puede y debe nutrirse de las neurociencias. Autores como Damasio, Siegel, Schore o Cozolino -por citar tan sólo a unos pocos- son auténticos genios que nos han enseñado muchísimo y nos han aportado otra forma de hacer psicoterapia.
6. El término separación, sí;  la palabra abandono, no. Afirma Beatriz San Román, al final del artículo, lo siguiente: "Si en lugar de definir a las personas adoptadas como “víctimas” y de hablar de su experiencia como “abandono”, se hablara de “separación” (de sus primeras familias), tal vez se podría facilitar la reconciliación con “los orígenes”, no solo por parte de las personas adoptadas, sino también de (y con) las madres –y padres– de nacimiento, a cuyo silenciamiento y estigmatización sigue contribuyendo el “nuevo” discurso de la adopción en España. “Separación”, en tanto término neutro que describe un hecho –también– neutro, permitiría a las personas adoptadas incorporarlo como tal, es decir, como un hecho, en su relato autobiográfico y gestionar los posibles malestares derivados del mismo sin el dolor del rechazo" En mi opinión, no existen en psicología hechos neutros y en caso de existir, no creo que ni el abandono ni la separación puedan considerarse como tales. Quizá la palabra separación tenga menos carga emocional que la palabra abandono, pero, ¿neutro? No lo veo, por muchas vueltas que le doy.
 
Y ahora espero gustosamente vuestros comentarios, opiniones, críticas a favor, en contra, otras visiones del tema...

Finalizo esta entrada con dos excelentes noticias:

Mi colega Conchi Martínez Vázquez ha creado su propio blog titulado: "Resiliencia infantil. Apego, parentalidad y buen trato" Ha visto la luz a finales de marzo. Es una gran satisfacción para mí comprobar cómo cada vez se suman más personas a esta gran red de personas y profesionales motivados por el apego y el buen trato. Conchi atesora grandes conocimientos y experiencia, por lo que vaticino que su blog va a ser un éxito. ¡Felicidades, Conchi! Su dirección es la siguiente: http://resilienciainfantil.blogspot.com.es/ ¡Seguidle la pista a Conchi!

También quiero agradecer a mi amigo Alberto Barbero Tejedor el que se haya hecho eco del último libro que he publicado -"Construyendo puentes. La técnica de la caja de arena (sandtray)"- en su magnífico blog titulado: "Personas y equipos productivos"; realizando una reseña del mismo y, con gran creatividad, proponga cómo ve él su uso en una sesión de coaching personal o de equipo y centrándolo, sobre todo, en el objetivo de entender más a fondo una situación o problema para poder buscar más adelante formas de gestionarla. Os recomiendo su excelente blog. ¡Gracias, Alberto!
 
Cuidaos / Zaindu, y hasta la semana próxima.

5 comentarios:

Monica Castaneda dijo...

Hola José Luis

Totalmente de acuerdo contigo!! No existen en psicología hechos neutros!!! y mucho menos en el abandono!!!

Hay algunas cosas que solo son lo que son.

En mi opinión,esa postura en un terapeuta no hace más que bloquear (como en ese mismo articulo menciona) " la reconciliación con los orígenes".


Saludos José Luis, como siempre entradas muy interesantes : )

Desde México un abrazo.

www.proadopcionmx.blogspot.com



Chedi dijo...

Me alegra y reconforta que estés de nuevo aquí. Espero que hayas podido disfrutar de tus vacaciones.

En mi humilde opinión, ya que no soy psicóloga,"el abandono" existe, sin matiz.Sin ir más lejos, hace unos días charlando con mi hija salió la palabra Rúsia y ella, como siempre, expresó su rechazo hacia ese país. Le volví a preguntar el por qué y me soltó:
-Porque me abandonaron!
Yo seguí:
-¿Quienes?
Ella me respondió:
-Ellos!

La conversaciójn siguió pero lo importante para mí fué oír de su boca esa palabra por primera vez.
Me quedé de piedra porque era como siempre he leído en tantos y tantos artículos sobre este tema.
Yo no he utilizado ese término con ella.

Un cordial saludo,

Chedi

Chiquita adorada dijo...

Yo tampoco creo que pueda haber términos neutros. Es abandono, y como tal lo han sufrido nuestros hijos, con las consecuencias emocionales y también madurativas para los niños que han estado en instituciones por largo tiempo, mi hija entre ellos.

No le temo a la palabra, pero como que se me atragantaba decirla. Y fue mi hija, la que a sus 8 años, llegó sola a ella. Ella habla mucho de su historia conmigo (ni con su padre ni con su hermano). Algo que siempre me ha llamado la atención es que sólo lo habla en el coche, cuando va sentada detrás mío y no nos podemos ver a los ojos. Cuando preguntó porqué su mamá de la panza, como ella le llama, la había dejado a los 5 días de nacida, le estaba explicando que así lo hizo porque no la podía cuidar, me interrumpió y sólo dijo, o sea, me abandonó!! Y por ese día no quiso seguir hablando.

Otro abrazo mexicano!!

Alejandra

Luisa (La adopción en Extremadura) dijo...

De nuevo estoy por aquí. Decirte que me estoy poniendo al día de tu blog y en breve estaré por aquí. También que he abierto un blog nuevo porque el de adoptaextremadura contiene un software malicioso que han introducido y que no soy capaz de eliminar.
El nuevo es : http://laadopcionenextremadura.wordpress.com/
Gracias por tus consejos, siempre acertados y útiles.
Un abrazo, José Luis.
Hasta pronto.
Luisa

José Luis Gonzalo dijo...

Muy interesantes las experiencias que transmitís y, por lo que veo, coincidentes con lo que expongo en la entrada. Yo también he vivido en consulta vivencias similares a las vuestras, Chiquita y Chedi.

Me alegro mucho que hayas conseguido volver a poner en marcha tu blog, Luisa, bienvenida de nuevo. Actualizare tu blog en la lista de mis favoritos.

Saludos afectuosos a todos/as