lunes, 12 de enero de 2015

¿Por qué falla el proceso de vinculación de algunos/as niños/as con los acogedores o padres/madres adoptivos/as?


Estoy nuevamente con todos/as vosotros/as tras el paréntesis por las vacaciones de Navidad y fin de año. Aquí, en Buenos tratos, que es donde me gusta estar. Desde estas líneas y este rincón, os envío mis mejores deseos para el año 2015 que acabamos de estrenar.

Es el octavo año natural del blog Buenos tratos. Espero y deseo que siga siendo un instrumento que os ayude a comprender y tratar a los niños/as con los que trabajáis, tenéis a vuestro cargo o son vuestros hijos/as biológicos/as, adoptivos/as, acogidos/as. Ya sabéis que en este espacio -en mi mente y en mi pensamiento- ocupan un lugar prioritario los niños/as y adolescentes que han sufrido y padecido la pesada carga del maltrato, el abandono y el abuso sexual desde temprana edad, los cuales tienen mayores probabilidades de presentar problemas o trastornos en el área del apego así como trauma complejo.

Mi propósito al empezar el año (como ya os dije en el último post del pasado 2014) es incidir en la necesidad del buen trato como modelo capaz de poder reparar, a largo plazo, las alteraciones y problemas que estos niños/as y adolescentes presentan posteriormente, cuando se decide una medida de protección (adopción, acogimiento…), para vincularse sanamente con los otros, regular sus emociones e impulsos, presentar un desarrollo global normalizado y preservar la salud mental.

Precisamente hoy quiero seguir ahondando en este tema porque muchos padres, familias de acogida y profesionales me suelen cuestionar lo siguiente: “Si nosotros le tratamos bien, le damos todo lo que necesita, le respetamos, somos dialogantes, tenemos una rutina y un orden con él/ella, somos afectuosos y rescatamos sus cualidades positivas y nuestra disciplina incluye el razonamiento y consecuencias a sus conductas que le enseñan… Entonces, ¿por qué no cambia? ¿Por qué se torna tan agresivo con nosotros/as cuando le ponemos un límite? ¿Por qué nos rehúye cuando le mostramos nuestro afecto? ¿Por qué es tan interesado, parece que sólo piensa en lo que le demos a nivel material? Parece no tener empatía y mostrar una frialdad que nos asusta” Estas y otras muchas frases más son habituales en los padres, madres y acogedores de niños y adolescentes, cuya desesperación, cansancio, agotamiento y rabia van en aumento al comprobar que el hijo/a, niño/a no responde, tras un periodo razonable de tiempo, al cariño, a las normas razonables, a la rutina… Lo que suele suceder es que el proceso de desgaste de los adultos se puede ir tornando en rendición cuando llega la adolescencia del menor. En otras ocasiones, desafortunadamente, la hostilidad o el pasotismo del joven cala hondamente en las familias adoptivas y/o acogedoras sintiendo éstas rechazo hacia el hijo/a y comienzan a responder a su vez, con agresividad (física y/o verbal), con más castigos, distancia física y emocional, etc. El escenario más triste y dañino para el menor (y también para la familia) tiene su punto culminante en el cese de la medida de protección (acogimiento familiar o adopción) y la consecuencia es un nuevo episodio retraumatizante para ese joven que tendrá que ser trasladado a una institución (centro de acogida) en una nueva medida –se espera- que nuevamente pueda proteger. Pero esto, la mayor parte de las veces, suele pasar factura: si el cese en el acogimiento familiar en ese menor viene precedido en su biografía de antecedentes de abandono y/o maltrato en la primera infancia (y especialmente en la etapa de los 0 a los 3 años), la probabilidad de que el daño en el apego (en cómo el joven va a representarse a sí mismo y el mundo que le rodea) sea severo es alta (fobia a apegarse de nuevo a un adulto, por ejemplo) El modelo operativo interno de ese adolescente -baqueteado y vapuleado por las  sucesivas rupturas de los vínculos- puede que no tenga vuelta atrás, esto es, a su chip mental -el que contiene la información emocional, cognitiva, sensorial sobre lo que cabe esperar del otro- le va a ser muy complicado recalificarse o lo que es lo mismo, beneficiarse de nuevas experiencias que supongan vincular no pudiendo codificar positivamente en su mente dichas experiencias. Las va a rechazar de plano porque activarán su sistema de defensa. A fin de cuentas, si me abandonan repetidamente, ¿qué me cabe esperar, cómo me voy a situar ante y frente a los demás que se acercan a mí con pretensión de activar mi sistema de apego? Pues inhibiéndolo y activando el de la defensa. No me fiaré de nadie. Actuaré como los protagonistas de las películas de espagueti western con las que os he ilustrado temas similares en otras ocasiones: defenderse violentamente, buscar mi propio interés y no fiarme de nadie. Muchos niños/as y jóvenes en consulta me lo han dicho de muchas maneras: unos fríamente porque no pueden expresarlo de otro modo (hace tiempo que desconectarse de su cuerpo fue la única defensa posible que les quedó para no sufrir); otros/as con rabia palpable en su rostro; otros/as con tristeza y lágrimas en los ojos que encogían mi corazón y esa noche no me dejaban dormir: “No quiero ninguna familia, quiero quedarme en el piso de acogida. Es duro pero es lo que conozco; aquí sé que no tendré que volver a pasar por lo que pasé en la familia de acogida. Tengo lo que necesito y aquí al menos, ya no sufriré más viendo como me abandonan nuevamente”

Si leéis la maravillosa y emotiva novela de Vanessa Diffenbaugh (“El lenguaje de las flores”) asistiréis a la historia de una joven que vivió exactamente una vida plagada de rupturas continuadas en los vínculos, desarrollando así un desapego emocional. Es una historia de resiliencia resistente y secundaria preciosa que explica mejor que ninguna teoría lo que sufren (tras las alteraciones de conducta) muchos de estos chicos y chicas. Si queréis conocer su corazón y su mente, leed la novela. No os defraudará y os enganchará hasta el final, manteniéndoos en vilo y con ganas de llegar al apasionante desenlace.

Pero la pregunta que nos hacíamos al principio del post sigue sin contestar: ¿Por qué algunos/as niños y niñas adoptados/as y acogidos/as en una familia competente  -aunque, eso sí, las familias necesitan formaciones continuadas, psicoeducación y acompañamiento si queremos apostar decididamente por el acogimiento familiar- no responden positivamente a la referida medida? La respuesta no la tengo yo, ni mucho menos, pero he podido comprobar, en mi trabajo, que este modelo explicativo que os voy a proponer es acertado para poder comprender por qué los niños/as se comportan del modo en el que lo hacen.

Giovanni Liotti, experto en la teoría del apego (y a quien ya he tenido el gustode escuchar en dos ocasiones: una en Madrid en la 13ª Conferencia de EMDR Europa -en verano de 2012- y otra en septiembre de 2014, en Roma, en el Congreso de Apego y Trauma) afirma que estos niños y niñas presentan un apego desorganizado. Recordemos que este tipo de apego contiene elementos del apego evitativo, del ansioso y ¡del apego seguro! Lo cual implica que pueden mostrarse ante determinadas personas y en determinados contextos tranquilos, regulados emocionalmente, sin problemas de conducta, obedientes, razonables… Si las relaciones no se tornan cercanas, íntimas (como lo son las parentales) pueden mantenerse en un funcionamiento más o menos ajustado. Si el trastorno del apego es grave porque además viene (cuando cambia su estado de mente ante estímulos del ambiente que activan su apego desorganizado) asociado a un funcionamiento muy desregulado a nivel emocional y de control de impulsos, con alteraciones en el área de la conducta y con dificultades en ese niño/a o joven para leer la mente de los otros (función reflexiva), el menor no va a poder beneficiarse de experiencias reparadoras como lo son las familiares. Bueno, sí podría, pero esas familias deben de tener un grado de compromiso muy alto, apoyo psicoeducativo continuado y una formación en crianza terapéutica. Una decidida apuesta en medios humanos (lo cual supone destinar partidas económicas en consonancia con lo que se necesita) Estas familias deberían ser plenamente conscientes de que los niños/as y adolescentes a su cargo son menores dañados en su capacidad para vincular y con perspectivas de recuperabilidad total en algunos casos y en otros, parcial. Estaríamos hablando de parentalidades (medidas de protección) cuyo objetivo es reparar y no ejercer de familia al uso.

Liotti sostiene que el niño/a que ha padecido en edades tempranas claves para la formación de la representación mental de un apego seguro (como lo es el periodo de 0 a 3 años) la vivencia de situaciones continuadas de terror donde la  naturaleza del daño sufrido por el niño/a es relacional (la figura adulta es para el niño/a la persona de la que va a tratar de obtener seguridad pero al mismo tiempo, y paradójicamente, es la que atemoriza, asusta, genera desconfianza, pánico… con sus gritos, insultos, abusos sexuales, palizas físicas) intenta (como todo bebé) activar el sistema de apego (acercarse al adulto, llorar, pedir brazos, solicitar consuelo, necesitar afecto mediante besos, juegos, caricias) para atraer al cuidador hacia sí y comenzar el mágico proceso de establecimiento del vínculo de apego seguro; pero como se ha encontrado con súbitas, bruscas y marcadamente terroríficas respuestas por parte de ese cuidador, activa, simultáneamente, otro sistema llamado de defensa y que también tienen los humanos.

Afirma Liotti: “La acumulación de traumas es también una causa de la persistente activación del sistema de defensa. Esto es típico del desarrollo del trauma complejo durante la infancia en el que la figura de apego o bien no protege al niño frente a las experiencias traumáticas (negligencia, maltrato…) o, si no, es el victimario de abusos repetidos. El trauma complejo es el cuadro que se produce como consecuencia de la existencia de este contexto extremadamente complicado para el desarrollo de la personalidad.  Al igual que sucede en la génesis del trauma complejo, la contradictoria y persistente activación de los sistemas de apego y de defensa es el signo distintivo de la desorganización de los apegos”

El niño o niña que presenta un apego desorganizado no detectado y es acogido o adoptado por una familia, cuando ésta promueve conductas de cuidado (afectividad, límites, cercanía e intimidad emocional…) lo que hace es activar el sistema de apego de ese menor. A partir de aquí os podéis imaginar qué ocurre: como la información que contiene la mente de ese niño/a acerca de cómo se comportarán los demás con él (en momentos en los que se vincula, claro) es desorganizada (cargada de terror e inconscientemente de creencias tales como: “estoy en peligro”; “me harán daño”; “no puedo confiar en nadie” etc.) al percibir e interpretar automáticamente esa relación como amenazante, el niño/a pondrá en marcha su sistema de defensa. Y de ahí se suceden las conductas tales como la frialdad, la distancia, el embotamiento e incluso la congelación (cuando suceden en la esfera de la hipoactivación) O agresividad, desprecio, huida, lucha… cuando suceden en la esfera de la hiperactivación.

Las actitudes de los menores en la relación con los adultos (desde la solicitud de ayuda, pasando por la agresividad, la sumisión injustificada, la auto-humillación, la seducción, la complacencia…) son intentos de inhibir el sistema motivacional del apego.

Si esto no se sabe, los adultos (acogedores, psicoterapeutas –pues la psicoterapia es un espacio de vinculación también-, familias adoptivas…) se van a sentir desconcertados y a la larga comenzarán a sentir fuertes e intensos sentimientos expulsivos hacia ese niño/a que, para ellos, está trastornado. Este problema, si no se detecta, llegada la adolescencia y con los cambios de la edad y la mayor vulnerabilidad en esa etapa, puede crear un trastorno de la personalidad (además de otros problemas mentales) que probablemente pondrá en serio riesgo la medida de protección.

El gran problema es que incluso años después de que el menor sufra el maltrato y las consecuencias de la traumatización, como lo es el apego desorganizado, e incluso estando fuera de ese contexto desfavorable y dañino, las secuelas continúan estando presentes. Evidentemente, ello quedó grabado en el cerebro/mente del niño, más en su hemisferio derecho, inconsciente, con ese chip dañado dispuesto a activarse en cuanto alguien trate de activar el sistema de apego.

Estos niños/as para la edad de cuatro años (no son enfermedades sino maneras en las que su mente trató de “ordenarse”) se vuelven controladores, sumisos en exceso, complacientes o cuidadores compulsivos de los adultos. ¡Esto desgraciadamente, a menudo suele interpretarse como cualidades socialmente reconocidas!

Las secuelas que una traumatización de este tipo (abandono, maltrato, abandono continuado…) dejan en los niños/as son diversas. Destacan: (1) Una incapacidad para desarrollar lo que se denomina teoría de la mente (es decir, la capacidad de ver la mente del otro como independiente, con pensamientos, emociones y deseos propios) (2) En consecuencia, dificultad para ejercer una función reflexiva e integrar los acontecimientos y tener una mente coherente. Suele ser normal que alternen de unos estados de mente a otros (de víctimas a agresores, por ejemplo; o que prometan que estudiarán o que no se volverán a mostrar violentos, por poner algunos ejemplos) pero dichos estados no están engranados unos con otros de tal modo que no ha habido una reflexión auténtica sino una expresión de un deseo momentáneo (para sobrevivir) que se desvanece; y, momentos después, ya no tienen conciencia del mismo. Lo que dijeron en el anterior estado (la promesa de estudiar, por ejemplo) no pueden, por lo tanto, mantenerlo. Añadamos además, la inseguridad e inestabilidad (cambios de humor) que suelen manifestar también y tenemos un cuadro complejo y que precisa años de trabajo psicoterapéutico y un entorno contenedor. Las explosiones agresivas e incluso a veces, violentas suelen ser frecuentes cuando se les frustra. Por ello, la orientación es apelar a su sistema de colaboración (“vamos a ver cómo lo hacemos”) sin tratar de apelar al apego (al vínculo, a la unión, al reproche por no querer a la familia, a la intimidad…) Algunos casos (cada niño/a o joven es único) requerirían de un tratamiento en un centro especializado para trastornos del apego como el que os hablé en un post hace un tiempo.

En los casos más graves (con antecedentes de maltrato, abandono y abuso severos y en edades tempranas) con medida de protección en centro de acogida u orfanato (en este tipo de instituciones si son de baja calidad, se añade además un elemento dañino que aumenta la posibilidad de retraumatización) a partir de los cuatro años, debe de hacerse una evaluación en profundidad que incluya la valoración del apego y la detección de la desorganización. Con el fin de proporcionar la medida de protección más adecuada para ese niño/a y las medidas psicoeducativas y terapéuticas que (desde aquí hacemos un llamamiento a ello) deben de contemplarse: (1) Selección adecuada de la familia (competencia parental); (2) Formación continuada de la familia; (3) Programa de apoyo continuado al acogimiento familiar y a la adopción con medidas psicoterapéuticas individuales, familiares y grupales.

Afortunadamente, no todos los niños/as presentan un perfil tan severo. Son fundamentales la detección lo más tempranamente posible de los casos y la medida de protección del acogimiento familiar cuanto antes (durante el primer año de vida) Eso es lo que va a permitir que a las familias acogedoras les sea más sencillo reparar el apego porque el niño/a puede beneficiarse de esa reparación cuanto más bebé es, está más permeable a ella (mayor neuroplasticidad cerebral), el daño no es tan difícil de reparar, el menor puede integrar el apego como algo bueno.

A veces nos resulta muy difícil sentir empatía por estos niños/as. Por ejemplo: un menor (con apego desorganizado) que viene a mi consulta no hay día que arroje el agua del dispensador. Abre el grifo sin poner el vaso, con lo cual toda la moqueta calada. De ahí, corriendo, toca todos los interruptores de la consulta encendiéndolos y apagándolos mientras se ríe; cuanto más le digo que no haga eso, más se ríe y más lo hace. Luego, pasa al equipo de música tocando todos los botones; cuando ya le paro y trato de que regrese al estado de mente seguro, me pega patadas hasta que al final, ya calmado, actúa como si nada hubiera pasado y me pide jugar a cartas… ¿Cuándo hace todo esto? Cuando se acerca el final de la sesión y le hablo de que nos despedimos hasta la semana que viene. Se activa el miedo por el abandono sufrido en el pasado (así lo interpreta inconscientemente) y pone en marcha su sistema de defensa. Si tengo en mi mente que no es un niño malo sino desregulado por el terrible maltrato que sufrió de bebé en su país de origen, podré comprenderle y regular mis propias emociones para poder contenerle.

Por lo tanto, activar nuestro sistema de defensa ante el del niño/a sólo va a hacer que empeore y se agrave la situación y le hagamos más daño al menor y, al final, a nosotros mismos. Con ayuda profesional para toda la familia se puede ir mejorando, pero es un proceso largo y continuado en el tiempo en el que no hay milagros sino trabajo de toda la red, paciencia, perseverancia y autocuidado.
Voy a terminar de una manera poética. Literalmente, sí. Voy a ofreceros y brindaros un precioso poema que al leerlo, me inspiró escribir este post de hoy. Uno va buscando fuentes de inspiración para hacer las entradas del blog y éstas pueden surgir en cualquier momento. Viene bien con lo que estamos hablando, es una manera diferente (y a veces llega más y más directo que otro tipo de estilos literarios) de comprender el tema de hoy. Cuando uno está con estos niños y niñas, con estos jóvenes, y escucha sus historias, no puede menos que sobrecogerse: hambre, frío, soledad, tristeza, angustia, rabia, falta de figuras adultas seguras durante mucho tiempo y en periodos muy sensibles para la creación del vínculo seguro de apego, guerras, catástrofes naturales, asesinatos, abusos sexuales intrafamiliares, agresiones sexuales externas de lo más perversas, perder tu casa, tu barrio, tu escuela, tus amigos, tu tierra, tus costumbres, tu arraigo (que sabemos que conforman el inconsciente colectivo y son parte del proceso de individuación del que Jung habla) Que tus padres te abandonen, que te quedes en la calle durante un tiempo, que traicionen tu confianza, que te lleven a un sitio y te dejen ahí, a tu suerte, que te golpeen, te hieran… Y mucho más. Todo esto, con la piel de gallina y con gran pena, he escuchado que les ha pasado a muchos de los niños y niñas adoptados/as que han hecho terapia conmigo. Algunos/as tienen unas pocas de estas desgracias; otros/as unas cuantas; algunos/as de ellos/as, muchas.

Por eso, ¿cómo no van a activar el sistema de defensa? Se defenderán a muerte, si se sienten atacados/as y no entramos a conectar con ellos/as desde la colaboración. Defenderán lo que tienen, y a lo suyo y los suyos a muerte también. Cuando leí este hermoso poema de Gabriel Aresti conecté con el sentir de estos/as niños/as y comprendí su necesidad de luchar y pelear. Es necesario precisar antes que la casa (el caserío vasco) es un objeto sagrado. Para nosotros metafóricamente puede significar lo que el niño/a maltratado trata de defender (que no es otra cosa que su dignidad dañada)

El caserío vasco es lo que da sentido a toda la familia: desde la satisfacción de las necesidades básicas de cobijo, alimentación e higiene hasta las emocionales e identitarias. En la cultura vasca, la persona hereda el apellido del lugar del que es; la familia adopta el apellido del caserío y uno/a pasa ser el/la de ese caserío. Quién eres es equivalente a de dónde eres. De dónde eres es más importante que quién eres. Los niños/as maltratados/as y abandonados/as tienen que defender lo suyo como lo hace el vasco con la casa de mi padre.

Os dejo estos bellos versos (bertsos, en euskera, la lengua vasca) en versión original y más abajo traducidos al castellano para que podáis entenderlos. Son de una gran hondura emocional:
Nire aitaren etxea
Nire aitaren etxea
defendituko dut.
Otsoen kontra,
sikatearen kontra,
lukurreriaren kontra,
justiziaren kontra,
defenditu
eginen dut
nire aitaren etxea.
Galduko ditut
aziendak,
soloak,
pinudiak;
galduko ditut
korrituak,
errentak,
interesak,
baina nire aitaren etxea defendituko dut.
Harmak kenduko dizkidate,
eta eskuarekin defendituko dut
nire aitaren etxea;
eskuak ebakiko dizkidate,
eta besoarekin defendituko dut
nire aitaren etxea;
besorik gabe,
bularrik gabe
utziko naute,
eta arimarekin defendituko dut
nire aitaren etxea.
Ni hilen naiz
nire arima galduko da,
nire askazia galduko da,
baina nire aitaren etxeak
iraunen du
zutik.
La casa de mi padre
Defenderé
la casa de mi padre.
Contra los lobos,
contra la sequía,
contra la usura,
contra la justicia,
defenderé
la casa
de mi padre.
Perderé
los ganados,
los huertos,
los pinares;
perderé
los intereses,
las rentas,
los dividendos,
pero defenderé la casa de mi padre.
Me quitarán las armas
y con las manos defenderé
la casa de mi padre;
me cortarán las manos
y con los brazos defenderé
la casa de mi padre;
me dejarán
sin brazos,
sin hombros
y sin pechos,
y con el alma defenderé
la casa de mi padre.
Me moriré,
se perderá mi alma,
se perderá mi prole,
pero la casa de mi padre
seguirá
en pie.

El post que rescato hoy del pasado de Buenos tratos es uno que escribí sobre cómo reparar el apego, con pautas para fomentar un apego seguro en los niños/as. Viene que ni pintado con el tema de hoy, y además os aporta orientaciones sobre cómo conseguir que un apego pueda ganarse a la seguridad.

La picada de hoy es excelente: Eider Altuna, psicóloga y psicoterapeuta infantil (en la actualidad está cursando el diplomado en trauma terapia infantil sistémica en Bilbao) ha compartido con el grupo de clase un vídeo sobre el cerebro del bebé. No os lo perdáis, es extraordinario y nos refuerza en que los buenos tratos (desde nada más nacer) son la imprescindible base para poder desarrollarse como un adulto mentalmente sano, feliz e integrado socialmente. Además, el vídeo contiene una entrevista a la gran Sue Gerhardt, de la cual hemos hablado aquí en varias ocasiones a propósito de su magnífico libro titulado: "El amor maternal" ¡Muchas gracias, Eider, por difundirlo!

El comentario del vídeo es el siguiente: Los últimos estudios científicos demuestran que la mejor manera de luchar contra las enfermedades mentales, incluso contra la delincuencia y la violencia en nuestra sociedad, es ocuparnos de los bebés. En este capítulo de la serie Redes, dirigida por Eduard Punset, se analizan los factores que influyen en el desarrollo del cerebro del bebé. Incluye una entrevista a Sue Gerhardt, quien ha dedicado toda su vida al estudio de los bebés y la influencia del afecto emocional del bebé en su vida adulta. Considerada una de las mayores autoridades en su campo, Sue Gerhardt hablará de la importancia del amor como modulador de cambios en el cerebro de los bebés. También colabora Marta Bertrán, antropóloga de la Universidad Autónoma de Barcelona.


Hasta dentro de quince días, cuidaos / zaindu

24 comentarios:

Agurtzane dijo...

Eskerrik asko Jose Luis. Oso interesgarria eta argigarria iruditu zait post hau.

José Luis Gonzalo dijo...

Posten naiz! Eskerrik asko!

Postadoptiva dijo...

Lo cierto es que comparto bastante de la información que has transmitido en el artículo, pero hay una cosa que me deja algo inquieto: la explicación del comportamiento de determinados menores en base al apego desorganizado. Y es cierto que existen, lo mismo que el apego seguro, un apego desorganizado y otro inseguro, pero todo tiene su matiz, y desde luego centrar ciertas apreciaciones en el apego desorganizado tiene sus riesgos. La práctica clínica nos enseña que las personas con apego desorganizado, cuando reciben la ayuda adecuada, suelen modificar sus pensamientos y sus percepciones, lo cual ayuda enormemente a cambiar actitudes y comportamientos; claro está, según la persona, el proceso puede durar más o menos. En el caso de las adopciones hay que hilar muy fino; es muy fácil para las familias adoptivas decir que han hecho todo lo posible y centrar las causas del conflicto en el/a menor, y de hecho en mi práctica profesional me he encontrado con casos de este tipo. En nuestra Comunidad autónoma se permitió durante unos años la realización de los seguimientos sin la necesidad de hacer entrevistas presenciales, por lo que las familias enviaban la documentación por correo, y realizábamos los informes en base a cuestionarios, informes médicos e informes escolares. Cuando el organismo autónomo competente cambió el criterio y obligó a realizar entrevistas presenciales para la elaboración de los informes de seguimiento, nos encontramos con tranquilamente un 25% de familias en cuyo seno había problemáticas de convivencia, y la forma de proceder fue ocultar el problema primero, y culpar al menor de la situación después para justificar su proceder. Es más, hubo quién incluso nos reprochó no haberles ayudado, cuando la información que recibíamos en años anteriores era de que todo funcionaba perfectamente. Estoy seguro de que en casos muy determinados el apego desorganizado de un/a menor puede ser la causa de problemas de convivencia familiar, pero hoy por hoy es mucho mayor el número de familias en situación de conflicto donde se ve claramente que lo que no hay son habilidades parentales... aún diría más, hay familias adoptivas que nunca debieron haber sido declaradas idóneas.

José Luis Gonzalo dijo...

Hola buenas noches: Gracias por proporcionarnos tu punto de vista, experiencia y sabiduría profesional. Lo que tu expones ciertamente ocurre. Creo que nuestros argumentos no son antagónicos porque estos menores por supuesto que podrían beneficiarse de la adopcion pero creo que dejo claro que "hay que hacer una (1) Selección adecuada de la familia (competencia parental); (2) Formación continuada de la familia; (3) Programa de apoyo continuado al acogimiento familiar y a la adopción con medidas psicoterapéuticas individuales, familiares y grupales" Y no se hace todo esto (al menos no en todos los sitios) En la provincia de Gipuzkoa estamos bastante bien en este sentido. Por otro lado, comparto contigo la flexibilidad de los modelos operativos internos, pueden cambiar. Pero existe un grupo de menores muy dañados con múltiples traumas que son adoptados y cuyo modelo mental con respecto al apego es muy complicado de recalificar. Estos modelos no cambian tan fácilmente y hay que trabajar durante mucho tiempo con ese menor a todos los niveles (familiar, educativo, psicoterapéutico, médico...) Un saludo cordial

Anónimo dijo...

Leyendo lo que dice la profesional en el comentario anterior, es como escuchar a los "profesionales" que forman parte del Sistema Judicial de mi país, Argentina.

Obligan a las familias a tener contactos con las FAMILIAS BIOLÓGICAS aún en contra de la voluntad de los niños.

NO ACOMPAÑAN a los adoptantes cuando tienen un problema y son muy pocos los jueces que se OCUPAN, los menos, porque la mayoría, LOS DEVUELVEN AL HOGAR y los hacen pasar MESES, hasta cortando el CONTACTO TOTAL con los adoptantes, supuestamente para "trabajar con ellos" como si cortar el contacto COLABORASE en algo con la vinculación, cuando deberían trabajar JUNTOS.

En fin... para la profesional del comentario anterior, le digo que "no hacemos lo POSIBLE", sino hasta LO IMPOSIBLE, pero tampoco somos VIDENTES para adivinar lo que les pueda pasar ni porque recibiendo lo mejor de una familia que uno les da, igualmente lo rechazan y a veces parecería que nos ven con IDIOTAS por darles amor y terminan ABUSÁNDOSE porque NO QUIEREN NINGÚN LÍMITE ya que jamás conocieron de algo así ni con su familia y menos en los HOGARES donde vivieron.

NOS FALTA MUCHO A NIVEL MUNDIAL PARA SABER BIEN CÓMO LLEVAR EL TEMA. No existe un MÉTODO DE TRABAJO ni de ACOMPAÑAMIENTO, pero después si una vinculación falla, SOMOS MONSTRUOS, peor que las familias biológicas que los abandonó y llenó de traumas.

Excelente post Dr. Marrodán... como siempre.

Posadoptiva dijo...

Desconozco bastante la realidad de la adopción en Argentina, pero nada de lo expuesto por el/a forero/a sobre ello tiene nada que ver, creo, con lo que yo he expuesto. Sí conozco bien la realidad de mi Comunidad autónoma, y creo que el problema se origina ya en la raíz. La adopción es una figura de protección del menor, y esto no siempre es bien entendido por muchas familias, quienes acceden a adoptar como una alternativa a tener hijos, y por eso son tan reacias a valoraciones y formaciones, lo mismo que critican que no se valore a las familias que no adoptan y tienen hijos, algo que bajo mi punto de vista es bien fácil de entender si se profundiza mínimamente en la figura de la adopción. Por otro lado, la Administración pública, y más en los últimos tiempos, no destina recursos suficientes a los equipos de adopción que han de hacer las valoraciones de idoneidad o han de trasladar formación a las familias, sin hablar ya de las CCAA que externalizan servicios que prestan entidades y profesionales en muchas ocasiones con una experiencia y formación cuestionable sobre adopción y todo lo que conlleva la crianza de un hijo o hija adoptada. Lo que provoca esto es que hay un grupo de familias que no deberían ser idóneas; e incluso ocurre que un equipo de adopción puede declarar no idónea a una familia, la cual acude a un contencioso con la Administración, y los jueces, tampoco versados ni formados en la adopción, sólo son capaces de ver el supuesto "derecho" de una familia a ser padres, cuando el derecho que debe de imperar, y éste sí que está escrito, y éste sí que lo tiene que conocer un juez sobradaemnte, es el del interés superior del menor, y del derecho de éste a crecer en una familia. Por otro lado, es increíble cómo el hecho adoptivo se convierte en una excusa para casi todo; ¿cuántos diagnósticos de TDAH se realizan entre niños y niñas adoptadas? La proporción es mayor que entre los niños no adoptados, y la causa, supuestamente, es el mero hecho de la adopción. ¿Cuántos diagnósticos de trastornos de comportamiento hay en niños adoptados? Incluso comienza a haber un abuso del diagnóstico de Trastorno reactivo del apego, utilizando el trauma ocasionado por la pérdida del vínculo de apego primario como origen de todos los males. Sobre el contacto de los niños con su familia de origen cuando ya se ha constituido la adopción, a mí me parece un tema como muy delicado, y que hay que valorar en cada caso, básicamente porque cada familia es diferente, cada niño es diferente, y no necesariamente ese contacto va a ser positivo. En España, hasta hace poco, esto estaba bastante olvidado del discurso, si bien es algo común encontrárselo en adopción internacional, aunque más en el sentido de que la familia adoptiva quiere saber más de la información que ya hay... también saltándose el hecho de que la única persona que tiene derecho a conocer su pasado es la propia persona adoptada... no sus padres. En todo caso, y como resumen, sí que creo que puede haber casos de trastornos reactivos del apego que tengan que ver con un apego desorganizado que, por el motivo que sea, se mantiene hasta la adolescencia y cristaliza en forma de trastornos de comportamiento, incluso de personalidad si continúan hasta la vida adulta. Pero mi experiencia es que estos casos son los muy menos, y lo que hay en general es una falta de concienciación en muchas familias adoptivas de la importancia de no querer homologar su parentalidad a la "normal", de no querer ver que sus hijos son en ocasiones de razas diferentes, y que esto es fundamental aceptarlo para construir una identidad plena, así como de no querer trabajar los orígenes de los niños basándose en querer evitar dolor (error terrible que provoca más problemas todavía), cuando realmente lo que hay por detrás es mucha inseguridad por parte de los padres, sobre todo de las madres, que por presión y valores sociales suelen estar más castigadas en nuestra sociedad.

José Luis Gonzalo dijo...

El tema está suscitando interés y me alegra que podamos continuar hablando del mismo a través de los comentarios. No sé como te llamas Postadoptiva, me dirigiré a ti así. Gracias por tu participación. Estoy de acuerdo contigo en el énfasis que pones en el paradigma de las competencias parentales por parte de las familias adoptivas. Esto sin duda es fundamental y hemos de valorarlo en todas las familias porque con estos menores no podemos correr riesgos y ponerlos en manos de familias incompetentes. Algunos procesos fallidos y dañinos para los menores en adopción (no sabría especificar que tanto por ciento) se deben sin duda a esto. En lo que discrepo es en los casos de apego desorganizado sean los muy menos. Al menos en mi experiencia profesional y en el ámbito de la adopción internacional es un diagnóstico bastante frecuente. Los adoptados internacionalmente han sufrido diversas formas de maltrato con mucha frecuencia. Y cuando hay maltrato físico y emocional hasta en un 80% de los casos te encuentras con apego desorganizado. Por ello hay otra realidad que son los menores adoptados dañados en el apego que tienen padres o familiares competentes pero no reciben ni la formación, ni el apoyo ni el acompañamiento necesarios para que puedan ayudar a sanar a estos niños que sí pueden hacer cambios hacia apegos menos graves o ganados a la seguridad, pero con mucho trabajo de toda la red psicosocial. Saludos cordiales.

Postadoptiva dijo...

Buenos días. No voy a poner en duda tu experiencia profesional y los casos que te encuentras de menores que presentan apego desorganizado, faltaría más. Yo hablo de mi experiencia, y de los casos que conocemos de familias adoptivas que presentan conflictividad, y entre ellas las que abandonan o pseudoabanonan a sus hijos e hijas. Porque además hay que valorar una cuestión fundamental: en general somos pocos los profesionales de la Psicología que conocemos la adopción y todos sus entresijos, y aún así lo que nos queda por aprender. Por mis manos han pasado docenas de informes de psicólogos, neurólogos, psiquiatras... que han valorado (ya ni hablamos de los procesos de valoración) a niños y adolescentes adoptados en base a sus comportamientos inadecuados, y todos han caído en el sesgo primordial de observar el hecho adoptivo como causa inequívoca primero, y en asumir el discurso de la familia como verdad indiscutible segundo. Ésto conlleva a, cuando no se tiene experiencia ni formación suficiente, valorar a los menores como si el hecho adoptivo no existiese por un lado, en el sentido de evaluar a la familia como si no fuese adoptiva (y por lo tanto el profesional no valora ni si se han trabajado los orígenes, qué impacto tiene a nivel emocional el no poder hablar de la familia biológica, no trabajar la diferencia de etnia en su caso...), pero sí que existe este hecho para echarle la culpa de la situación. A mi mente viene un caso de una familia que desde el primer día presentó una dificultad evidente para educar a su hijo porque las normas eran excesivamente rígidas, las expectativas no se cumplieron en absoluto para la familia, y esto provocó la situación actual: retirada de tutela por parte de la Administración. Y por el medio un rosario de profesionales y evaluaciones que en principio valoraban que el chaval "era el responsable", pero que cambiaban el criterio cuando conocían a la familia más profundamente. Y casos como éste quizá no, porque es muy problemático, pero en los últimos años nos hemos encontrado con unos cuantos muy parecidos: falta de habilidades parentales y no cumplimiento de expectativas. A todo esto hay que añadir la falta de formación que muchos padres tenían cuando adoptaron hace entre 5 y 10 años, pues en no pocas CCAA la formación obligatoria no existía incluso. Como resumen, insisto en que sí habrá casos como los que tú planteas, pero que son más los que esconden detrás a familias inseguras, falta de habilidades parentales, presión social por homologar su parentalidad, pero sobre todo, sobre todo, no cumplimiento de las expectativas de la adopción. Lo que me preocupa es que la Administración pública no está por la labor teniendo en cuenta los recortes y las privatizaciones, y que muchas familias tienden a esconder las situaciones hasta que explotan, que es cuando acueden a profesionales, y posteriormente son etiquetados porque muchos de esos profesionales no tienen conocimiento suficiente para valorar la situación con más rigor y amplitud. Para que me entiendas, es algo así como si tengo un problema cardíaco y acudo a un médico de familia; éste último puede que acierte en algo, pero la valoración que hará un especialista en cardiología será infinitamente más somera y acertada, y por lo tanto la intervención o tratamiento que de ahí se derivará. Un cordial saludo.

Antonio Ayala dijo...

Tema muy interesante, donde andamos caminando en mi caso como padre de un niño, estoy de acuerdo en casi todo lo que decís todos y desde luego que niños con apego desorganizado ...necesita de familias muy fuertes,diria potentes....y desdeluego que muchas mas cualidades...pero...yo tengo una pregunta: muchas familias trabajan muy bien con estos niño, ya sea acogida o adopción..pero en la vida escolar se reactivan...porque sienten mucho estrés...siento que están muy solos...por mucho que me digan muchos colegios...y siento que esto hace retrasar mucho que estos niños y niñas avancen...inclusive que se traumen más ante situaciones que no saben resolver y se repiten.
Con esto quiero decir que la familia es importante... pero el ámbito educativo y social no lo es menos...no carguemos mas tintas con las familias acogedoras y adoptivas, reflexionemos.
como siempre Jose Luis ...gracias por tus reflexiones y por compartir tu talento...un abrazo.. Antonio ( Madrid).

José Luis Gonzalo dijo...

Postadoptiva, esa realidad que comentas existe y yo la he vivido, por lo que las competencias parentales deben ser evaluadas detenidamente en los procesos de valoración de idoneidad. Estoy completamente de acuerdo. No se en que tanto por ciento estos casos de incompetencia parental se dan. Desde tu ámbito de trabajo nos dices que son más los de este tipo que los de los menores dañados. No manejó datos pero yo tampoco pongo en duda tu experiencia y conocimiento del ámbito. En este post en concreto hemos querido mostrar más cuando el menor tiene apego desorganizado y las familias son competentes pero carecen de piscoeducacion y formación (trabajo personal y contenidos propios de la crianza terapéutica) Gracias por participar y discrepar. Creo que es lo que más ayuda a pensar y a enriquecerse personal y profesionalmente. Un saludo cordial

José Luis Gonzalo dijo...

Comparto contigo Antonio que la escuela es otro elemento de la red social en el que los niños necesitan ser acompañados por maestros y maestras que fomenten enseñanzas basadas en el apego. Por eso el profesor como tutor de resiliencia es fundamental. Gracias Antonio por recordarnos la enorme trascendencia que este contexto (si es contenedor y afectivo) tiene para la sanacion, equilibrio y felicidad del niño. Un saludo cordial.

Postadoptiva dijo...

Antonio, has tocado en otra pieza clave de la crianza de un niño adoptado: la institución escolar. Siempre aconsejamos a los padres que elijan bien el centro escolar, básicamente por una sencilla razón, que no es otra que no todos los colegios ni profesionales de la educación están preparados para lidiar con determinadas problemáticas que derivan del hecho adoptivo. Nos encontramos con no pocos casos donde desde el propio centro escolar "diagnostican" un TDAH apenas un niño adoptado es algo inquieto, cuando lo que realmente hay que valorar es la organización y didáctica del aula, en ocasiones poco ajustada a las necesidades del alumnado. De todas formas, también es cierto que cuando nos hemos encontrado con algún problema en un centro escolar, el menor mantiene un comportamiento adecuado en el seno familiar. Por otro lado José Luis, no es mi intención discrepar por el mero hecho de hacerlo; es más la idea de que artículos como el tuyo, francamente interesante y enriquecedor, proponen una visión que es fácilmente asumida por una parte de padres y educadores porque justifican sus puntos de vista, y dejan de lado otras evidencias. Un fuerte abrazo.

José Luis Gonzalo dijo...

De acuerdo postadoptiva, pero siendo consciente de eso, de que hay padres y familias que pueden asumir esa vision y dejar otras evidencias, si te fijas en el artículo que escribo hablo de la extrema impirtancia que tienen las competencias parentales, es decir la
tengo como presente e insustituible. En muchos de mis post hablo de ello. No es algo que se me escape. Lo que yo ya no puedo controlar es las lecturas que cada persona haga de lo que escribo. El modelo de terapia desde el que trabajo es el de la trauma terapia infantil sistemica. Vemos al menor de edad en su contexto. Y este debe ser siempre protector. Lo de discrepar ya se que es con unos argumentos, no lo haces porque si, pero es que además es muy sano! Ayuda a que no nos empecinemos en lo nuestro. Un saludo cordial

Postadoptiva dijo...

Sí claro, he leído varios de tus artículos en este blog, y he aprendido mucho con alguno de ellos. Recibe un fuerte abrazo.

Anónimo dijo...

Hola, soy madre de dos niños adoptados. El mayor, actualmente tiene 9 años y tiene trastorno del apego reactivo. Al leer a Postadoptiva me entran ganas de llorar.
Supongo que habrás visto muchos casos en que la culpa sea de los padres, pero yo creo que mayoritariamente la culpa es de los encargados de dar a lo niños en adopción. Básicamente se da a los niños por orden, sin tener en cuenta que hay determinados niños que no están calificados como de "necesidades especiales" y si lo son. Yo considero que el mío es uno de ellos. Necesita mucha atención especial. Necesita que se escoja a unos padres fuertes, inteligentes (ya que no te dan información), sin antecedentes depresivos y que se amen mucho muchísimo para poder seguir juntos.
Mi hijo estuvo 7 meses con su madre biológica que era drogadicta, alcohólica y sufría malos tratos por parte de su pareja que la obligaba a prostituirse. vivían en chabolas.
Así pasó mi hijo sus 7 primeros meses (cosa que tampoco entiendo). Los siguientes 7 meses los pasó con una familia de acogida y los siguientes 7 meses con otra familia de acogida. Hasta que por fin llegó a nosotros.
Ibamos con toda la ilusión y con los cursos de formación dados. Cursos en los que en ningún momento te hablan del trastorno del apego reactivo y donde te dicen que tienes que tratar a tu hijo como a un niño biologico pero teniendo en cuenta que puede ser un poco más problemático. Y tanto!
No te voy a contar todo lo que le pasa a mi hijo porque no acabaría. Pero sí te diré que pasé por muuuchos "profesionales" que me dijeron de todo incluido asperger, trastorno obsesivo-compulsivo y TDH. Claro que pensé que yo tenía la culpa e incluso algún prosesional también me lo dijo. Claro que me fui a Barcelona a ver a Maryorie. para confirmar el diagnóstico. Como todos, porque no hay casi profesionales que sepan del tema.
Actualmente leo todo lo que puedo sobre el tema, incluido esto blog y llevo a mi hijo a terapia especializada con EMDR, a neurofeedback y a todo lo que puedo. Le quiero con toda mi alma. Pero es muy dificil.
Gracias a Dios tengo un marido con una paciencia infinita al que adoro, porque sola no podría. Y después de pasar por todo lo que pasamos que venga alguien a decir que en la mayoría de los casos es culpa nuestra me parte el alma, por todas las parejas que he ido conociendo. Todas desinformadas sobre que este trastorno existe, gracias a Bienestar Social, y todas perdidas durante años buscando un diagnostico acertado, que no todas encuantran, cuando podríamos saberlo desde el principio si nos lo hubieran advertido.

José Luis Gonzalo dijo...

Bienvenida al debate, por mi parte solo reafirmar mi punto de vista: los niños pueden venir de sus países de origen con trauma de apego (si han vivido maltrato, el porcentaje de casos es alto), requieren de tratamientos diversos y de una crianza terapeutica llevada adelante por unos padres o cuidadores competentes y con todo tipo de apoyos. Los responsables de seleccionar a las familias deben de formar a los padres y hacerles conscientes de que los niños pueden estar dañados y que la parentalidad adoptiva es una medida de protección hacia un ser humano en desarrollo que ha podido ser dañado, por lo que va a necesitar de eso, de una crianza terapeutica. Creo que no es sano ni constructivo ni util que nos echemos culpas. Todos tenenos nuestra cuota de responsabilidad y todos debemos trabajar a una para sacar a los niños adelante. Saludos cordiales.

Anónimo dijo...

Hola,
soy familia monoparental acogedora de una niña con la que llevo ya tres años. Después de estos tres años de infierno donde no he tendido la ayuda prometida en el curso de formación, debo decir que jamás en mi vida he hecho nada tan difícil como lo que estoy llevando a cabo. La soledad es un sentimiento que recogemos muchas de las familias acogedoras con las que he hablado, a lo cual debes sumar el abandono de las instituciones gubernamentales que prometieron apoyo constante. Ojalá dispusiéramos de la formación continuada de la que hablas.
A veces me preguntan, ¿por qué lo haces, por qué empezaste? hace tres años hubiera sabido qué responder, ahora mismo lo único que me mantiene en pie, es la niña, echar la vista atrás y ver lo mucho que ha avanzado a pesar de tener esta madre de acogida algo autoritaria y un poco bruta, que la quiere con toda su alma. Si alguna persona de la administración lee esto: navegáis entre informes con nombres número y datos, pocas veces bajáis a la realidad de los niños. Si fuera así, no los dejaríais a la buena de dios (de existir). Los niños heridos por sus familias biológicas, son lo más vulnerable de la sociedad y muchas veces los abandonáis a su suerte en cualquier familia a la que también abandonáis. Recursos no deberían faltar jamás para este caso.
Saludos.

José Luis Gonzalo dijo...

Gracias por participar y dejar tu testimonio. En lo que a mi respecta, no voy a cejar en mi empeño, desde estas lineas, siempre que pueda, de demandar formación continuada y apoyo terapéutico a las personas que acogen. Saludos y enhorabuena por tu compromiso con tu hija de acogida.

Anónimo dijo...

Yo tengo 31 años. Fui adoptada al mes y cuatro días de nacer. España , 1984. No se qué paso ese mes. Lo que si se es que de bebé nunca lloraba. Estuviera sucia o tuviera hambre, yo no lloraba. A mis padres adoptivos no les hicieron seguimiento ni tests ni idoneidad. Ni tampoco les explicaron acerca del apego y del dolor de los Bebés.... encasa me cuidaba mi abuela. Porque mi madre adoptiva trabajaba todo el dia. Mi abuela murio cuando yo tenia6años. a partir de los10 años empecé a tener "problemas de rebeldía" a los 11 no recuerdo que hice o dije pero mi padre se enfadó mucho conmigo. Ytras una bronca llamo a mi madre y le dijo que quería devolverme. Eso no ocurrió. Pero a partir de ese día.... me castigan, sola en mi habitación, psiquiatras, pastillas y el pleno convencimiento de que ""laniña tiene algo genético"" la culpa era mía... con eso crecí. Hasta que a los 20 me indepedice. Hoy, con 31 años soy incapaz de tener una relación amorosa, salgo huyendo y luego me hundo... aislandome cada día más. No se que hacer. Ni se porqué nadie sabía del apego y de adopción en mi infancia... gracias por el blog.

José Luis Gonzalo dijo...

Gracias a ti. Se me ha puesto la piel de gallina al leer tu comentario. Lo siento mucho. Has sido víctima de malos tratos y esa es una pesada carga que ha afectado al área de la vinculación y a nivel afectivo. No sé si has probado psicoterapia basada en el apego para trabajar el trauma que puedas tener. Siempre se está a tiempo de poder mejorar. Te mereces esa oportunidad. Un afectuoso saludo.

Anónimo dijo...

Gracias a ti. A ti y a todos los que comprendeis. Si los adoptantes saben que adoptar no es igual ni es un parche a la esterilidad... si supieran del dolor.... lo peor siempre fue y es la incomprensión. No. No he hecho nunca terapia de apego. Hasta hace poco yo también negaba mi trauma. O en plural porque no se ya... jaja. miraré quien hay en mi ciudad.

Anónimo dijo...

Pues imagínate lo que hemos pasado los adoptados "mayores" hace 20 años yo creo que ni sabían que era el apego... de la psicología prenatal y neonatal ni hablamos, claro. La culpa... el adoptado... (soy la adoptada anónima de comentarios de abajo)

acogedordesesperado dijo...

Soy padre de acogida de 2 niños desde hace algo mas de año y medio, actualmente tienen 4 y 9 años, no puedo estar mas de acuerdo con muchos comentarios anteriores de padres en situaciones similares. Desde que llegaron a casa el mayor no aceptaba ningún tipo de límite y la situación se ha ido agravando con el tiempo, de manera que ahora su hermano esta en el mismo plan. Mi mujer y yo hemos recibido golpes, insultos, malas maneras y malos modos en cualquier momento y lugar por simplemente comentarle que debía atarse los cordones o no beber mas agua cuando ya era tarde. Incluso no aceptan que yo vaya a trabajar o salga solo en bicicleta, de manera que mi vida social se reduce a ellos por evitar conflictos.

Leemos todo lo que podemos, intentamos comprender su situación, pero muchas veces la tensión nos supera. No hemos recibido ningún tipo de apoyo de la comunidad, ni de la asociación que lleva estos temas (a pesar de que en los cursos iban a ser nuestro apoyo constante...), ni siquiera consejos, y los seguimientos han sido muy escasos (1 visita al colegio en 2 años). El psicólogo lo pagamos de nuestro bolsillo sin ver resultados ningunos, sinceramente estamos en una situación límite.

Para colmo en las visitas su padre biológico, que ha rehecho su vida y los rechazo en el proceso pre-acogimiento, les dice que van a volver con el y que va a luchar por ellos, sin que la asistente social corte las visitas o algo similar... ni os imagináis como son las post-visitas en casa, un infierno. Y en menores simplemente advierten al padre de que no lo vuelva a hacer, a la siguiente visita la misma...

No sabemos que hacer, desde menores solo nos dan como opción o seguir así o el cese del acogimiento, no sin antes decirnos lo malo que sería para los niños y para nosotros. En fin, hasta ahora un calvario, solo continuamos en esto por la infinita paciencia y cabezonería de mi mujer y mía, pero no se cuanto aguantaremos...

Os escribo esto con los brazos llenos de moratones y heridas que me ha hecho el pequeño porque no he querido comprarle un libro en un centro comercial, un día completo el de hoy...

José Luis Gonzalo dijo...

Hola, sólo decirte que me parece increíble que teniendo dos menores en acogida el apoyo que recibáis sea tan escaso. Necesitaríais vosotros una terapia psicoeducativa para ayudaros en la
relación con los niños y para que tuvierais un espacio propio de trabajo personal, de liberación emocional pero también de apoyo. Incluyendo la posibilidad de que necesitarais un trabajo psicoterapéutico. Además, por supuesto de la psicoterapia para los menores. No es de recibo que os hagan pagar los tratamientos para vuestros niños! Con ese tipo de ayudas, ¿cómo esperan que vayan los acogimientos? Estáis en una situación delicada, también desde el punto de vista moral. Meditarlo bien y tomar vuestra propia decisión, pensando en lo mejor para los menores. Puedo equivocarme porque no conozco el caso, pero los niños pueden sentirse en un conflicto de lealtades teniendo en cuenta que su padre biológico les ha dicho que va por ellos. Los niños sacan el malestar con conductas agresivas. También cuando los niños son mas conscientes de que forman parte de una familia, es posible que sientan mas miedo y traten de romper lo que tienen, por temor a ser otra vez abandonados, o por miedo a los progenitores biológicos (la culpa)

Tenéis que ver si psicológicamente estáis en condiciones de poder estar tranquilos y contenidos vosotros para poder calmar y contener a los niños. Porque si la situación os desborda, ese estrés a largo plazo tampoco es un marco saludable ni para ellos ni para vosotros. Por otro lado, sabéis que si cesáis el acogimiento los menores vuelven a un centro de acogida y eso es muy duro para vosotros y para los niños... Si se quedan con vosotros, tenéis que haceros cargo de que un acogimiento familiar supone manejar las desregulaciones de los niños (agresivas muchas veces), por lo que ya que decidís vosotros la ayuda profesional proporcionarosla a vosotros también, escogiendo a alguien que conozca este ámbito. Saludos. José Luis