lunes, 9 de noviembre de 2020

"Free Solo" (Y, además, grabaciones de conferencias sobre adopción / divorcio de los padres)

Estoy con mucho trabajo y proyectos entre manos, de los que pronto os hablaré en este, el blog de la red apega de profesionales, abierto también a las familias y a cualquier persona interesada en la teoría del apego, el trauma, la resiliencia y las aportaciones de la neurociencia a estos ámbitos. Sin embargo, ello no me impide comparecer aquí con el post habitual de todos los meses. Mi compromiso con vosotros -a no ser que causas de fuerza mayor me lo impidan- es total, y mi disfrute escribiendo y compartiendo estos temas con vosotros, no tiene precio.

Parque de Yosemite

Hoy quiero presentaros un documental que nos puede dar que pensar. Me lo ha dado a conocer mi amigo y colega Iván Rodríguez Ibarra, traumaterapeuta y miembro de la red apega de profesionales: “No dejes de verlo” -me dijo-. "Tiene muchas lecturas, y una de ellas puede ser desde la teoría del apego". Tardé un tiempo en visionarlo, porque la pandemia del COVID-19, en su primera fase, me requirió -como a muchos colegas- horas de trabajo para contribuir voluntariamente desde mi saber ante las necesidades de apoyo que surgieron como consecuencia del efecto psicológico del confinamiento y los duelos padecidos por muchas personas ante la enfermedad y la muerte. Pero, al final, en verano, en el mes de agosto, ya tranquilo, lo pude ver y ¡cómo lo disfruté! Es una maravilla que os aconsejo no os perdáis. Yo que tengo fobia a las alturas (me quedo literalmente congelado, sobre todo si se puede ver el inmenso vacío y hay mucha altura, bien lo saben mis amigos de Aldeas Infantiles de Cuenca cuando crucé el Puente de San Pablo, el que une las maravillosas casas colgantes con la zona donde está el precioso Parador, que me ayudaron en ese trance) conseguí verlo y superar esta fobia (por vídeo, ¿eh?) No sólo superarla, sino gozar de unas imágenes de gran belleza, nada más y nada menos que la naturaleza en todo su esplendor, tal y como se muestra en el Parque de Yosemite. 

Alex Honnold presentando el documental
en National Geographic

Pero, además, el documental me enganchó por la proeza -sin parangón- que narra: la del escalador Alex Honnold, digno de figurar en el Olimpo de los Dioses Escaladores, porque nadie ha logrado una gesta igual. Las cámaras de National Geographic acompañan al escalador en su Solo Integral por la cara sudoeste de El Capitán, la pared más impresionante del Parque National de Yosemite, en California, una hazaña que realizó sin más ayuda que ¡¡la de sus pies y manos en apenas cuatro horas!!, un tiempo muy inferior al que tardan los escaladores expertos equipados con cuerdas. Además de centrarse en la gesta de Yosemite, el documental, de hora y media de duración, recoge también la dura preparación física y mental a la que Honnold se sometió durante un año. El Free Solo (en español: escalada en solitario libre) es un estilo de escalada en que el escalador se aferra al muro sólo con el apoyo de sus manos y pies, sin utilizar ningún implemento como cuerdas, arneses, ni equipos de protección.

¿Qué me decís? ¡¡Impresionante!! De verdad que es digno de ver, increíble. Sólo te lo puedes creer si lo ves. Ver para creer, como Santo Tomás. Escalar a semejante altura esa pared (sin ninguna protección, ni sujeción ni arnés ni nada) solamente apoyando tus zapatillas en pequeñísimos salientes y agarrándote con tus manos en pequeños relieves (o en oquedades, agujeros o huecos donde hacer prensión), habiendo diseñado, previamente, un cálculo matemático y PERFECTO de cómo es la pared y todos y cada uno de los pasos a dar de principio a fin para no cometer NI UN SOLO ERROR, confiando en ti y en tu pericia, es algo que escapa de lo humano, pero que este chico ha conseguido. Otros lo han hecho, pero con sujeción. Otros lo intentaron como él, sin ningún agarre… pero murieron… Es por ello por lo que ha sido premiado -con todo merecimiento- con el Óscar al mejor documental de 2019.

Alex escalando: solo manos y pies le sujetan

Pero es que, además, National Geographic, que acompaña en esta gesta al escalador, nos ofrece un documental que se adentra no sólo en el entrenamiento físico y mental, durísimo, al que tiene que someterse Alex, sino que está enfocado desde el punto de vista emocional, sabiendo llegar a la piel de las personas, sintiendo cómo vive el escalador y quienes le acompañan en esta inverosímil experiencia. Llegamos a conocer cómo es la personalidad y los vínculos de pareja y amistad de un hombre que convive con la muerte, que se la juega. Alex puede morir, perder y hacerlo sin culminar la ilusión de su vida, sí; pero en un momento dado conecta con que los demás pueden verle morir. Así pues, los guionistas dan voz también a compañeros y a su pareja, pues la vivencia de sentir que está vinculado emocionalmente afectará notablemente a Alex y a su rendimiento. Viendo el documental, vibras y sientes, conectas y te enganchas, a los paisajes y su belleza, pero sobre todo te atrapa esta experiencia extrema sobre supervivencia. El documental es muy vibrante, vives en tensión y llega a la piel.

Hay muchas lecturas del documental que pueden sernos muy útiles para todos los que acompañamos a niños y adolescentes (padres, profesionales diversos, voluntarios…) en su camino de recuperación de las secuelas que los traumas tempranos y complejos dejan en el desarrollo de los niños. Voy a desarrollar algunas de estas posibles lecturas. Vosotros estáis invitados a compartir vuestro punto de vista en la sección de los comentarios, aquí o en redes sociales, donde suelo copiar el enlace al blog para que sea difundido.

1/ Desde el punto de vista neurocientífico, ¿cómo es el cerebro de Alex? ¿Se trata de alguien tan frío y calculador que su cerebro es diferente? ¿Se trata de un inconsciente, de alguien que se pone en peligro innecesariamente? El documental nos aporta este análisis: “A Alex no le afectan las emociones de la misma manera que al resto de la gente. Se ha especulado mucho sobre esto, sobre cómo me enfrento al miedo, sobre como soy capaz de hacer un Solo Integral. ¡Oh, debe ser un buscador de emociones! Debe tener algo defectuoso” -dice Alex en el documental. 

Se ve que le hacen una resonancia magnética: “Ya sabes, escanean tu cerebro y ven si está bien todo ahí dentro” En el documental le van poniendo imágenes que dan miedo (un barco de pasajeros que naufraga, una persona que apuñala a otra…) “A lo mejor resulta que soy una especie de monstruo. Tenía varias novias que decían que tenía desórdenes de personalidad y cosas así. Que algo no estaba bien en mí” Alex cumplimenta, durante el documental, un test de personalidad. La experta que estudia su cerebro y personalidad llega a esta conclusión: “Tu cerebro está intacto y es bastante interesante: no hay respuestas en tu amígdala (la zona del cerebro que procesa el miedo condicionado) Tu amígdala funciona, pero necesita un nivel más alto de estimulación. Las cosas que normalmente son estimulantes para el resto, a ti no te dicen nada” Alex después de la imagen de la científica, dice: “A lo mejor mi amígdala está cansada de tantos años de estar bajo presión” Y esta conclusión a la que llega él me dio que pensar. He conocido a muchos niños víctimas de malos tratos (sufrieron violencia física y emocional) que no conocían la emoción del miedo. Algunos hacían deportes de riesgo (por ejemplo, realizar saltos y piruetas en bicicleta muy peligrosos) o buscaban experiencias límite, y te decían abiertamente que no sentían miedo. Me pregunto: “¿Puede que, como Alex, la explicación esté en que su amígdala se agotó, cansó, por efecto de tantos años de exposición a los malos tratos y a la violencia y se insensibilizara, le hiciera falta mucho más estímulo para sentir el miedo?” Desde luego que su amígdala dimitió por causas diferentes a las de Alex -no podemos comparar-, pues este no ha sufrido violencia (aunque sí parece que maltrato emocional, según relata la madre del escalador) Los chicos víctimas de violencia tienen una necesidad de tener el control impresionante. Tanto de cosas como de personas. Es algo que observé en mi trabajo con ellos desde el principio. Pienso que esta necesidad es una defensa que tiene sentido, pues su vida ha sido siempre vivir en alerta continua ante la posibilidad de que sobrevenga un episodio violento del que no tienen ningún control. Sentir que ahora lo tienen es para ellos necesario. Y un deporte, en este sentido, puede ser un poderoso recurso. Para mí, Alex es una persona con una capacidad de control para su deporte (y supongo que para su vida) fuera de serie. Es un control total e intelectual, casi como el de una máquina perfecta.

Las proezas de Alex son increíbles

2/ El apego. ¡Qué interesante! No quiero destriparos todo, pero la consecución de la gesta de Alex se ve seriamente interferida por la aparición de representaciones mentales de apego que se activan en él y le hacen sentir que está más vinculado afectivamente a sus amigos y pareja de lo que hasta ahora él creía… Alex no sé si es consciente de esto, pero llega un momento en que casi abandona la hazaña. Tras hablar con su pareja y esta decirle que ella está ahí en su vida -hacerle sentir la proximidad afectiva, de alguna manera-, le despierta al vínculo emocional. No es que antes no tuviera vínculo con esta pareja (con la que permanece en la relación, ambos parecen entenderse) sino que creo que su experiencia era más cognitiva y no había aparecido el componente afectivo del vínculo. Alex empieza a sentir más. También el hecho de tener que grabar su gesta, que estén los cámaras, los compañeros y un amigo siguiéndole… no le gusta… le hace sentir mucho, yo creo. Pienso que activa su modelo representacional con respecto al apego y lo recalifica (me siento unido y vinculado, no quiero perderles) y le descompone: existen los otros en mi mundo emocional. Parece pensar algo así como que los otros le quieren y que él SIENTE que les quiere. “No me gustaría que pasara” (que me cayera y muriera delante de ellos)- dice. Que ellos tuvieran que pasar por ese horror, presenciarlo... Es como si pensara: "les importo, me importan, me siento unido a ellos...". Algo así. Él se proyecta en los otros y le surge, pienso, el miedo a la pérdida. Un tipo de miedo (pérdida del apego) que su amígdala no está acostumbrada a procesar. Se activó su sistema de apego, sentirse unido a alguien (es algo interno, estructural) Entonces, ya no puede escalar como antes, se bloquea, porque se siente más vinculado que nunca... Y este miedo es nuevo para él, más difícil de gestionar que subir una montaña. Antes en caso de morir, lo haría él solo. A fin de cuentas, todos vamos a morir, Alex solamente lo tenía más presente de lo que los demás lo tenemos. Pero, ahora, es diferente: aparece la posibilidad de la pérdida de personas con las que se siente afectivamente vinculado y tiene miedo. Todas su defensas de control se vienen abajo, ya no es el que era… perdió su esencia…  Veremos cómo lo gestiona y cómo afrontar esto le permite seguir.

La infancia de Alex está marcada por un padre que padecía Trastorno del Espectro Autista (Asperger) Alguien con enormes dificultades para establecer vinculaciones afectivas. Su obsesión eran los viajes (la madre de Alex dice que, como su hijo, pero este para la escalada) Nos cuentan en el documental que la madre considera que su hijo sufrió descalificaciones severas por parte de su padre (maltrato emocional) y que afectó mucho a su vida y autoestima. Alex en cambio, no recuerda nada de eso. Pero sí sostiene que su padre era un perfeccionista a ultranza. Los padres se separaron y poco después el padre falleció. Alex refiere que este le lanzó y promocionó para que escalara. Para su padre no existía el CASI, había que hacerlo siempre y PERFECTO. ¿Es posible que exista una identificación inconsciente con el padre y un deseo de ganar su valoración y su afecto? Alex parece ser un caso de posiblemente rasgos heredados del trastorno de su padre, pero con afectación a la capacidad para vincularse en lo emocional (casi desapegado, en el sentido de desconectado-detachment) Pero el escalador cambia y evoluciona y su pareja y compañeros de montaña tienen mucho que ver. Sorprende verle conseguir la gesta y aún así no exterioriar mucho las emociones. En un momento único en la vida de un ser humano -y de todos los seres humanos que han existido- en el que logras lo que tanto has ansiado y por lo que te has sacrificado. Lo suyo sería un derroche emocional mayor. Aunque sí dice: “Lloraré un poquito” Alex resulta tierno a pesar de tener esos rasgos tan tipo Mr. Spock. El se configuró así, es el resultado epigenético de su infancia temprana, sus vivencias y relaciones posteriores y cómo estas encienden o apagan la información sobre su personalidad que está grabada en su genética o libro de instrucciones. Alex es reflejo de la maravillosa diversidad que somos las personas: únicas, originales e irrepetibles.

Un primer plano de Alex 

3/ Finalmente, creo que la escalada es la gran metáfora de cómo muchas veces en la vida ante adversidades y momentos muy muy duros (en la metáfora, caer al vacío y morir) hemos de trazar planes, confiar en nuestros recursos (él solamente tiene sus zapatillas y sus manos, pero dice: “confío en mi pie”) y aferrarnos a la vida tal y como él se agarra con sus manos a los salientes y huecos para no precipitarse al abismo. No queda otra. Y atravesar adversidades que, a veces, nos parecerían imposibles de poder con ellas, tan imposible como lo que Alex hace posible. Y concentrarnos en ello. Hay momentos en los que hay jugársela, pues nos va la vida en ello. Cada paso muy bien medido (en su caso perfectamente medido) Pero pequeñitos salientes y oquedades, por muy débiles que sean, son puntos de apoyo suficientes para poder trepar y salir victorioso. Me recuerda a que nuestros niños y jóvenes, a veces con pequeños puntos de apoyo humanos y materiales, salen adelante y resilian de traumas complejos. En un contexto de emergencia mundial por la pandemia COVID-19, también tiene mucho sentido todo esto. Pues vivimos en peligro. 

Abrirse a la dimensión afectiva del vínculo siempre es posible, la plasticidad cerebral dura toda la vida, el cerebro es un órgano que se modifica continuamente con las experiencias. Por encima de diagnósticos categoriales que pueden caer como losas en los niños (tiene SAF, tiene TDAH, tiene trastorno del vínculo...), existe la posibilidad de transformarse. ¡Y que mejor transformación que la que sucede bajo la influencia de otros!: “El amor que nos cura”, dice Boris Cyrulnik en uno de sus libros! El amor que a Alex le cura: el de su pareja y amigos.

Alex se dedica a contar su experiencia dando conferencias por todo el mundo. Nos demuestra que, a pesar de tener una infancia difícil, esta no determina una vida, como dice Cyrulnik. Que todos los chicos y chicas tienen talento para algo y que encontrarlo y dedicar la vida a ello permite encontrarle un sentido a esta. Y recuperar el poder perdido. Incluso los que como Alex tienen rasgos y características marcadamente diferentes, pueden encontrar su sitio y su lugar en el mundo. Y regalarnos espectáculos como el que él nos brinda. Chicos con los que trabajé en terapia han podido hacer resiliencia en el deporte, además en el que conlleva cierto riesgo (bicicleta, boxeo, artes marciales, puenting…) Muchas madres y padres me diréis: "¡Por Dios José Luis, que no haga escalada ¡No podría soportarlo, conlleva un riesgo elevadísimo de muerte!" Entiendo esto perfectamente, sin duda ponerse en riesgo así es difícilmente asumible… si no se tiene un cerebro y una habilidad mega entrenada como la de Alex (y aún y todo sigue siendo muy peligroso) Pero es lo que él eligió, lo que le hace feliz. Y como bien reflexiona el joven en el vídeo, la muerte está ahí, sólo que él convive de manera más palpable con ella. El resto de personas no la tenemos tan presente, pero ¡qué duda cabe!, no podemos apartarla de nuestras vidas (está también ahí para nosotros), como lo hacemos. En esta pandemia, además, la tenemos, por desgracia, todos los días presente...

Os animo a ver el documental y espero que os abra la mente tanto como a mí. Gracias, Iván Rodríguez, por esta recomendación. ¿Dónde verlo? Se pudo ver en el canal de televisión de  National Geographic, yo pienso que lo repondrán. Os dejo con un trailer



El pasado día 18 de octubre fui invitado por la Asociación de Familias Adoptivas de las Islas Canarias (AFAIC) a impartir una conferencia vía zoom. Fue un precioso encuentro, me encantó conocer a los miembros de AFAIC y compartir ese rato con numerosas familias de diferentes partes del mundo (pues era un evento abierto), al menos on line, a la espera de que cuando la pandemia termine pueda, algún día, conocerles presencialmente. La conferencia versó sobre cómo promover la resiliencia en niños adoptados. Os dejo a continuación el vídeo con la grabación de la conferencia completa.


Y el pasado día 22 de octubre celebré el taller sobre "Divorcio de los padres y buenos tratos. ¿Utopía o realidad?" En el marco del mismo presentamos el libro que recién he publicado, "Cuando mi corazón calma. Una alianza para un divorcio con buenos tratos" El evento, retransmitido por Facebook-Live, fue grabado por la Editorial Sentir y aquí os dejo la grabación, para que la podáis disfrutar quienes no pudisteis asistir. Esperamos con ansia poder celebrar en un futuro una presentación en vivo con la magia del contacto real, y poder ¡abrazarnos!



martes, 3 de noviembre de 2020

jueves, 29 de octubre de 2020

Jornada de apego y adopción organizada por Manaia-Asociación Gallega de Adopción y Acogimiento, con Rafael Benito, Cristina Herce y José Luis Gonzalo, 31 de octubre de 2020


JORNADA DE APEGO Y ADOPCIÓN ORGANIZADA POR MANAIA- ASOCIACIÓN GALLEGA DE ADOPCIÓN Y ACOGIMIENTO

Con Rafael Benito - Cristina Herce - José Luis Gonzalo

Día 31 de octubre de 2020

Aplicación GOOGLE Meet


 PROGRAMA

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09:15 - 09:30
Apertura y presentación
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09:30 - 10:15  
NEUROBIOLOGÍA DEL APEGO Y EL TRAUMA
Rafael Benito 
10:15 - 10:25
Preguntas 
10:25 - 10:30
Descanso
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10:30 - 11:15
INTERVENCIÓN DESDE LA TRAUMATERAPIA SISTÉMICA DE BARUDY Y DANTAGNAN
José Luis Gonzalo Marrodán
11:15 - 11:25
Preguntas 
11:25 - 11:30
Descanso
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11:30 - 12:15
INTERVENCIÓN GRUPAL CON FAMILIAS ADOPTIVAS
Cristina Herce
12:15 - 12:25
Preguntas 
12:25 - 13:00
Descanso
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13:00 - 14:25
EXPOSICIÓN Y DEBATE SOBRE UN CASO
Rafael Benito, Cristina Herce, José Luis Gonzalo 
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14:25 - 14:30
Cierre de las jornadas
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Para poder participar solamente tenéis que rellenar el cuestionario que incluimos a continuación y ese mismo día recibiréis un correo de indicación para unirse.
DATA: 31/10/20
HORA: 09:30 - 14:30
LUGAR: Virtual. Aplicación Google MEET
Actividades gratuitas abiertas para todas las familias adoptivas o en espera de adopción, sean o no socias de MANAIA.

lunes, 26 de octubre de 2020

Una carta a Santa Claus, un cuento para ayudar a comprender a niños/as adoptados/as que han transitado momentos de adversidad temprana

 

José Castillo Piquer 

Trabajador Social. Terapeuta Familiar. Traumaterapeuta Infantil y Juvenil.


Nuria Molina Molina

Arteterapeuta. Psicodramatista. Traumaterapeuta Infantil y Juvenil. Artista e Ilustradora.


Nos presentan el cuento:

Una carta a Santa Claus

Para adquirirlo, haz clic AQUÍ
 


“La resiliencia es el arte de navegar en los torrentes,

el arte de metamorfosear el dolor para darle sentido;

la capacidad de ser feliz incluso cuando tienes heridas en el alma.

Es más que resistir, es aprender a vivir”.

Boris Cyrulnik

“Lo que Ana no supo en el momento de escribir su carta a Santa Claus, era la de cosas que compartía con él, y es que tanto una como otro, aun a pesar de haber tenido que mirar cara a cara a la adversidad ya desde muy pequeños, no solamente lograron crecer, sino que además acabaron convirtiéndose en dos seres realmente mágicos”. 

A su corta edad nuestra querida personaje, observadora como es y frente a la televisión, se da cuenta todas las noches de que Pepa Pig y su familia, tienen cosas que ella también quisiera tener, y que necesita -por cierto- para crecer. Así que con esa naturalidad y espontaneidad que caracteriza a la infancia, un buen día decide cambiar la carta que ese año le había escrito a Papa Noel, y con ello pedirle algunas de esas cosas que tanto desea. A cambio, renunciará a bastantes de los juguetes que en su momento pidió para navidad. 

Debéis saber que el personaje de esta aprendiz de escritora, se basa en una niña real, una niña más querida sin duda, la cual un buen día, jugando, jugando, decidió contarnos clara y rotundamente como veía su mundo interior, así como la relación que tenía con los demás. 

Se trata de una de esas niñas que pide lealtad constante a sus papas adoptivos, de esas que puede llegar a entrar en pánico si siente que éstos se retiran, de esas que salen del colegio exhaustas como si llegara de correr algo así como un maratón emocional, y de esas que necesitan controlar muchas cosas de su alrededor. Pero sobre todo se trata de una de esas niñas las cuales con el tiempo, y buenas dosis de buen trato, va siendo capaces de crecer y crecer. 

Ésta historia real, rápidamente fue complementándose con nuevas ideas y matices, para al poco tiempo darnos cuenta de que en gran parte representaba a muchos niños que han sufrido situaciones de malos tratos, o que de alguna manera han debido enfrentar situaciones de trauma temprano. Fue entonces cuando apareció Ana y el proyecto de este álbum con ella. Alrededor de él nos fuimos encontrando poco a poco las personas que figuran en la portada y algunas que no. 

En ese inicio, hace aproximadamente un año, fue Conchi Martínez Vázquez la que propuso, guio y animó, para que de ese modo Aurora y José imaginaran, mentalizaran y pusieran palabras. Fue a los días cuando a Nuria, al escuchar la historia, se le escapó un abrazo de esos que orientan, para después terminar ilustrando la historia. Y finalmente fue a los meses que Maribel Tabuenca, desde su “cofre de hilos”, permitió que de algún modo Ana se hiciera más y más grande. Al final de ese proceso, nos encontramos con José Luis Gonzalo y Maryorie Dantagnan los que con su supervisión y cariño nos ayudaron a rubricar esta historia. 

Si nos preguntan para qué construimos este álbum ilustrado diremos que lo hicimos para ayudar a “comprender mejor”. Habitualmente trabajamos, nos relacionamos e incluso criamos a niños y jóvenes, los cuales han transitado ya momentos de adversidad temprana, y por tanto con huellas considerables en sus vidas. 

En el plano profesional, de cara a aportarles algo en todo su proceso terapéutico nos vemos en la labor de ayudarles a reconstruir y reparar algunos fragmentos de vida. Y con ello motivarlos y ayudarles a regular emociones, implicarlos en el trabajo de cambio, para finalmente junto a él llevar a cabo una redefinición de algunas de sus narrativas y desarrollar o aumentar su capacidad resiliente. 



Este itinerario de intervención, sintetizado posiblemente en exceso, no va a poder dar sus frutos si no existe una mínima capacidad mentalizadora tanto por parte del propio profesional, como por parte del propio joven, así como por su red afectiva. 

Con su carta a Santa Claus, y todo lo que cuenta en ella, Ana de alguna manera pretende ayudarnos concretamente en este sentido, y a partir de ahí facilitarnos el hecho de conseguir respuestas para preguntas tan necesaria como : “qué le pudo pasar a esta niña para …”, “ cómo ve el mundo este muchacho cuando …”, “qué tuvo que ocurrir en la vida de esta familia para que …”. 

Lo diremos de otro modo, diremos que con este ejercicio de curiosidad profesional, pretendemos ayudar al lector a conectar de otra manera; por ejemplo, con ese niño que fue adoptado hace unos años y que sin saber muy bien porqué, en mitad de una fiesta de cumpleaños, acaba comportándose como si se encontrara en medio de un torneo de la edad media - con lucha entre caballeros incluida, ¡claro está!-. O comprender mejor a ese adolescente, el cual frente a una jueza de menores, reconoce los hechos de los que le acusan, mientras con gesto abatido hunde la mirada en sus zapatos y reconoce entre murmullos no saber qué le ocurre aquí -señalándose la frente- para hacer estas cosas. O quizás nos aporte ideas también para comprender a una madre o un padre, que se sienten al límite con la conducta de su hijo, que cada vez notan una mayor una carga de culpa, y que en realidad nadie les dijo que lo que realmente están haciendo, no es más ni menos que una marentalidad/parentalidad terapéutica. 

En lo personal y lo profesional, nos sentimos más satisfechos cuando al ver que con el desarrollo de esta mirada explicativa, comprensiva y mentalizadora, evitamos “cargar las tintas” -y con ello la mayoría de responsabilidad- sobre el niño/a. Y es que mirar a la infancia de un modo sistémico implica hacer un reparto justo de atribuciones a la hora de entender cómo se construyeron. Con ello, revisar niveles de competencias parentales, así como aciertos y negligencias institucionales, respuestas de la red afectiva del chico en un momento dado, o el tipo de apoyo o ausencia de redes sociales, por poner solo unos ejemplos, resulta fundamental, pues pensamos es ahí donde se encuentras las verdaderas responsabilidades. 

Por ultimo decir que todo este cuento, todo esta gran metáfora, se configura además como una puerta de entrada a gran variedad de textos y artículos teóricos que algunos/as autores/as ya han desarrollado en este sentido desde su propia experiencia. En el material se hace referencia a ellos, así como a algunas de sus ideas, tanto para comprender mejor algunos conceptos, como para poder establecer una mejor vinculación con ese joven a la espera de la sentencia del juzgado de menores, o ese niño que se que se cree en medio de una lucha entre caballeros, etc. 

Así que poco más aportaremos a este texto. Únicamente reconocer al lector nuestro deseo de que ojalá que al tiempo, pasados quizás diez o doce años, podamos reencontrarnos de nuevo con la joven Ana. Si lo hacemos, creernos que con toda seguridad nos permitiremos preguntarle si esa carta imaginaria que aquel fin de semana escribimos en su nombre, provocó de alguna manera que se sintiera interpretada y tratada de otro modo. 

lunes, 12 de octubre de 2020

"El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes", una novela de Tatiana Tîbuleac

Hay veces que los post me brotan solos. Esto me trae a la mente una frase de Boris Cyrulnik, cuando dice que el deseo de escribir se acrecienta en época de duelo. Estamos atravesando un periodo de pérdida, debido al COVID y todo lo que conlleva. Personalmente, estoy en duelo porque he perdido un ser querido, un amigo (aunque no por este virus). Y siento esto que expresa magistralmente el gran Boris Cyrulnik en su último libro, Escribí soles de noche: “De modo que es posible sufrir menos la pérdida del objeto creando un relato, ya que la conmoción afectiva de un acontecimiento evoluciona en la memoria”

A lo largo de este proceso de duelo, sorpresivamente sucede lo inesperado. "Estás sufriendo, permanece atento, algo bello va a ocurrir" -dice también Cyrulnik. ¿Qué sucede? Que una colega y compañera psicóloga-traumaterapeuta, Idoya Aragón, me anuncia en un mensaje que tiene un regalo para mí. Viene de Logroño, donde tengo la mitad de mis orígenes, una tierra muy querida para mí.

El regalo es un libro.

Portada de la novela
"El verano que mi madre tuvo los ojos verdes"

Una novela que me ha acompañado este verano pasado y me ha ayudado con mi propio duelo. Casualmente, el regalo de Idoya me llegó en un momento de necesidad. Me ha costado darme cuenta, pero este libro ha sido un tutor de resiliencia que me ha servido de punto de apoyo para poder reflexionar -gracias a la palabra escrita, como dice Cyrulnik (2020)- sobre muchas emociones, a veces oscuras y angustiantes que, como mar encrespado, sacudían mi mente. Es la angustia del sentimiento de vacío que deja el amigo perdido en tu alma. Pero al final se hace la luz en mitad de la oscuridad y comienza el renacer. Sobre todo si tienes la fortuna de tener a gente que te quiere cerca y te da el sostén que necesitas para transformarte. "Luces entre sombras de la clara oscuridad, de este mundo absurdo que no sabe adonde va" (Luis Eduardo Aute) Todavía no sé muy bien porqué este libro me ha ayudado en mi proceso. Pienso que es debido a la belleza de la literatura, con poder resiliente; y, por supuesto, el gesto de Idoya, que tuvo mucha trascendencia para mí en ese momento. Ella no sabía el alcance y el impacto tan beneficioso que su acción tendría en mí. Los gestos son importantes en la vida, por pequeños e insignificantes que nos parezcan. Pueden aportar mucho, más de lo que nos pensamos, para quien los recibe. ¡Gracias Idoya!

El regalo de Idoya llegó a mi casa… ¡junto con una carta manuscrita! ¡Qué emoción! Ya nadie se toma la molestia de escribir cartas con boli, en una hoja que conserva los rastros de haber sido arrancada de un bloc. Como las que escribía de niño a mis abuelos, a los amigos y posteriormente a una joven de la que me enamoré perdidamente, cuando tenía 20 años… No podía verla porque estudiaba en Pamplona. De repente, la carta de Idoya activó mi memoria emocional y noté en mi cuerpo toda una catarata de sensaciones dulces y cálidas que evocaban esos periodos de mi vida. ¡Qué bello es recordar cuando los recuerdos producen placer, derroche de neuroquímica dopaminérgica en mi cerebro!

Pero si decido compartir con todos y todas vosotras este libro no es por el tema de mi duelo, obviamente, pues este blog no es para hablar de mi persona, sino porque nos ofrece el relato de la historia de una relación materno-filial dañada y de cómo, durante un verano, sucede la reparación, vista desde el punto de vista del hijo (Aleksy), que narra en primera persona. También nos habla del duelo posterior y de la resiliencia del personaje a través de la pintura. Se trata de un joven maltratado por su padre y abandonado emocionalmente por su madre, que sorpresivamente recibe la llamada de esta para pasar juntos la época estival... Y la reparación la hacen del modo en que estas dos personas afectadas psicológicamente por sus propias historias pueden hacerlo, desde el vínculo que se -y les- transforma; y desde los recursos supervivenciales con los que cuentan. Pero esa reparación sucede... Asistiréis a ella, si leéis la novela. Siempre se está a tiempo de reparar la relaciones, si surge esa necesidad internamente y se hace genuinamente. A la autora, Tatiana Tîbuleac, no le ha costado ponerse en la piel de este chico, haciendo que este nos cuente, tiempo después de lo acontecido, por recomendación de su psiquiatra, los recuerdos de lo vivido el último verano con su madre. Esto se convierte en su terapia narrativa. 

Idoya me dijo que se acordó al leer la novela de los chicos maltratados y abandonados que pueblan nuestras consultas en busca de un psicoterapeuta que empatice con ellos y no que les analice o interprete. “Bien pudiera ser uno de nuestros chicos o chicas” – me dice por el whataap Idoya. La carta manuscrita, que está cuidadosamente doblada dentro del libro, dice sobre el personaje de Aleksy :

"Un día antes del confinamiento mi librero de confianza me descubrió esta joyita literaria. La leí en un santiamén entre el desgarro, la avidez, el asombro, la tristeza, la ternura… muchas emociones fluían y se mezclaban apenas de modo perceptible con lo aprendido en y a partir del Máster [se refiere al de Traumaterapia de Barudy y Dantagnan en el cual participo como docente y soy parte del mismo como coordinador del programa académico en Donostia] A menudo releía frases y expresiones, con placer unas veces (contiene imágenes preciosas), con dolor otras (este niño bien puede pertenecer al mundo de la red apega)" [Quiere decir que puede ser un niño que participe en algún programa de atención psico-educativa-terapéutica de algún profesional que forma parte de la red apega, constituida por psicólogos, educadores, trabajadores sociales… egresados del Postgrado de Traumaterapia]

Es entonces cuando miro la portada y después la contraportada, como hacemos casi siempre con los libros y leo esta sugerente reseña:

"Aleksy aún recuerda el último verano que pasó con su madre. Han transcurrido muchos años desde entonces, pero, cuando su psiquiatra le recomienda revivir esa época como posible remedio al bloqueo artístico que está sufriendo como pintor, Aleksy no tarda en sumergirse en su memoria y vuelve a verse sacudido por las emociones que lo asediaron cuando llegaron a aquel pueblecito vacacional francés: el rencor, la tristeza, la rabia. ¿Cómo superar la desaparición de su hermana? ¿Cómo perdonar a la madre que lo rechazó? ¿Cómo enfrentarse a la enfermedad que la está consumiendo? Este es el relato de un verano de reconciliación, de tres meses en los que madre e hijo por fin bajan las armas, espoleados por la llegada de lo inevitable y por la necesidad de hacer las paces entre sí y consigo mismos".

Entonces, ya siento que el libro me atrapa. Lo abro y comienzo a leerlo, pero no vorazmente, sino despacio, saboreando la peculiar manera en la que está escrito. Su prosa ágil y sin circunloquios, directa e incisiva, capaz de revolver todo el sistema emocional y penetrar hondo. Así es la buena literatura, al menos para mí. Te tiene que zarandear. Si no, no me llena y cierro el libro. Literatura y psicología, una combinación excelente que siempre ha atraído a numerosos profesionales a irse de un campo al otro porque ambas ¡tienen tanto en común!

Tatiana Tîbuleac, autora de la novela

Os comento algunos aspectos de la novela que me han cautivado:

1/ El personaje del joven. El protagonista de la novela me parece entrañable. Aleksy, ¡me recuerda tanto a los chicos traumatizados que pueblan mi sala de terapia (sala de valientes, como la llamamos los traumaterapeutas de la red apega)! ¡Cuánta razón llevas, Idoya! Con ellos he compartido y comparto la aventura de hacer psicoterapia juntos. Para algunos he sido importante porque me han hecho el regalo de decírmelo; lo cual me hace consciente de la enorme relevancia y responsabilidad que tiene cuidar la relación terapéutica y el poder sanador del vínculo terapéutico. Hay chicos -cuando empecé mi trabajo no me lo podía imaginar, pero Cyrulnik ya nos advierte que el tutor de resiliencia ignora lo importante que fue para el otro- que te recuerdan de por vida, ¡es increíble!. Pero también te pueden recordar para mal, por eso nuestro trabajo requiere de un cuidado y una sensibilidad exquisitas. Este mismo verano me encontré con un joven de 26 años que me dijo que ha tenido muchas cosas de la terapia en su cabeza durante todos estos años que no nos hemos visto... han transcurrido… ¡14! 

Cuando los chicos que han sufrido maltrato conservan capacidad de simbolizar su mundo interno y sienten libertad y confianza (la relación terapéutica les debe proporcionar, además, una sensación de contención -como dice Muller, 2020- para que se atrevan a expresar todo el dolor en forma de rabia, pena, desesperación… hacia sus figuras parentales. El profesional no lo debe minimizar ni racionalizar ni juzgar, sino que debe empatizar y contener) entonces son capaces de crear frases como las que el protagonista de la novela dice, que sugieren toda la crudeza del mundo, que te pueden hacen "sonreír" -por lo grotesca de la descripción-, pero es una sonrisa tragicómica que se te hiela en la cara porque alude a una doliente realidad. La autora de la novela, Tatiana Tîbuleac es como si conociera bien el mundo interno de estos muchachos. Me ha gustado porque ella no es políticamente correcta y se atreve a enseñarnos sin ambages qué puede pensar y sentir un muchacho de estos cuando se sabe víctima de malos tratos y abandono por parte de quienes debieron de amarlo y cuidarlo. Pero el chico jamás se lo dice a la madre, se lo guarda y lo vuelca en su relato. Es un detalle importante que implica que no existe sentimiento de venganza sino de expresar por escrito su legítimo dolor. Os dejo sólo una muestra:

"Aquella mañana en la que la odiaba más que nunca, mi madre cumplió treinta y nueve años. Era bajita y gorda, tonta y fea. Era la madre más inútil que haya existido jamás. Yo la miraba desde la ventana mientras ella esperaba junto a la puerta de la escuela como una pordiosera. La habría matado con medio pensamiento" […] 

"En la contribución de mi padre no quería ni pensar. La idea de mi padre me hacía vomitar. Mi padre había huido de mi madre, la abandonó por una polaca con un piercing en la lengua. Se había divorciado porque, si la hubiera matado -eso es lo que habría preferido él y lo más rápido-, habría acabado en la cárcel. Mi padre también me habría matado a mí si no hubiera estado seguro de que me moriría enseguida".

Frases de este tipo -u otras igual de duras- que el mundo adulto no quiere oír porque son demasiado horribles para ser creíbles. "Has de considerar el diagnóstico, pues puede modificar las percepciones de estos chicos y hacer que se confundan" -me dijeron en una reunión de profesionales hace muy poco. Y la verdad es que los chicos rara vez se confunden, puedo dar fe de ello, de que incluso las cosas son peor de lo que nos las cuentan. La enfermedad mental puede ser utilizada torticeramente para argumentar que los horrores que nos cuentan los chicos son producto de una fantasía enajenada por su mente trastornada... 

Otras veces directamente se les fuerza a distorsionar lo que viven con frases estereotipadas: “los padres lo hacen lo mejor que pueden, no son perfectos”; "padres son los que te han tocado"; "¿eres consciente de la trascendencia que tiene lo que dices?, puedes ir a un centro de menores por eso" -como si fuera algo malo ir a un centro, etc. Nos asustan las emociones que experimentan (odio, crueldad, rabia, ironía sardónica...) y el horror de lo que dicen. Cuando lo que necesitan, antes de poder reintegrarlo y elaborarlo, es un psicoterapeuta sensible y empático que de credibilidad honesta y valide la experiencia, que dé espacio a que esas emociones puedan aparecer y ser escuchadas, reconocidas y contenidas respetuosamente.  En el libro aparecen muchas de estas emociones, y el personaje puede dar rienda suelta a todo su dolor. Por eso esta novela me ha fascinado: porque nos muestra el horror tal cual lo viven, sin edulcorar. Que los chicos puedan poner la cólera donde deben de ponerla es necesario, es una fase, porque si no se les permite expresarla, no se avanza en la terapia hacia la elaboración. Pero sucede que algunos adultos les cortan y les dicen que son pensamientos distorsionados o inaceptables y sienten que está prohibido expresarlos; y así interiorizan que no pueden hablar porque no considerarán lo que ellos dicen... 

2/ La relación materno-filial. A lo largo del relato esta relación experimenta una transformación y se produce un cambio en la mirada del joven sobre la madre. Aleksy empieza accediendo a pasar el verano con su madre porque esta se encarga de prometerle algo material (lo funcional, que es el modo en el que estos muchachos han aprendido a sobrevivir) para lograrlo, pues sabe que por motivos de vínculo afectivo no lo lograría.  Pero durante ese verano, en un pueblito al que su madre le lleva,  Aleksy descubrirá la razón por la que esta le ha invitado a pasarlo con ella. La relación entre ambos se transformará de cuidador complaciente (que por dentro esconde gran ira) y madre vulnerable -pero con una energía que le agarra a la vida-, a vínculo afectivo reparado en el que el amor y el perdón -un perdón genuino y sin presión externa de ningún tipo- emergen y se constituyen en los ingredientes necesarios para que se dé dicha reparación vincular. 

Así, las metáforas sobre los ojos verdes de la madre de Aleksy que emplea la autora, son tremendamente bonitas y nos hablan del proceso de transformación de la relación materno-filial. Al joven estos ojos verdes le empiezan pareciendo un despropósito; pero esta percepción va cambiando y con ella los sentimientos de odio y rabia iniciales hacia su madre se vuelven ambivalentes (odio, rabia y pena-ternura) para terminar transformándose en sentimientos de amor (un tanto compasivo), pues el perdón aparece -pero no forzado ni exigido externamente, como ya he dicho- sino de una manera genuina y natural. Como debe ser. Aleksy en un verano descubrirá lo que es sentir el vínculo afectivo con su madre y lo que es perderlo y sufrir por ello. Lo que es sentir que tiene una madre a sentir que en breve la perderá irremisiblemente. Tanto que el duelo que sufrirá le descompensará de su enfermedad mental (que no se nombra, solo se dice que tiene 6 letras, esto me encantó). Sentimos cariño hacia la madre y el hijo pues nos damos cuenta de que ambos han sido víctimas: ella porque perdió una hija y porque no tuvo unas figuras de apego seguras y amorosas en su infancia y su marido la maltrataba; y el joven porque es la última víctima de todo ello en una suerte de transmisión transgeneracional. 

He conocido varias personas -incluso entre gente muy cercana a mí- que han tenido que acompañar y cuidar de padres muy enfermos -estos les maltrataron y abandonaron cuando niños y aparecen, de repente, en sus vidas, para un buen morir y algunos probablemente, para reparar la relación e irse en paz- y viven esta transformación que va desde la rabia y el odio hacia el perdón. Pero ese genuino perdón fue fruto de la elaboración psicológica, de la capacidad de aceptación y del resultado de ser acompañado por un profesional que les ofrece un vínculo y una narrativa que les permite encontrar un sentido. La propia autora de la novela, en una entrevista, opina parecido: "quizá sea ingenuo pensar que unos meses pueden cambiar una vida, pero creo sinceramente que puede suceder, que siempre hay tiempo para hacer las paces. Incluso puede suceder después de la muerte. Creo que estos son los mensajes del libro, la reconciliación y el perdón, que las cosas pueden repararse a pesar del tiempo y a pesar de todo, aunque sea en el último momento".

Madre e hijo viven su último verano juntos en una atmósfera de desenfreno, se beben y se comen la vida a puñados, con avidez (como si no hubiera un mañana, esto en su caso, además, es más que una metáfora) sabedores de que no habrá más experiencias compartidas... El relato está plagado de grandes viñetas tan bien narradas que sentimos las sensaciones que tienen los protagonistas cuando van al mercado, a la playa, beben, comen o fuman...

3/ La visión de la enfermedad mental, ligada al trauma. Nos interpela sobre la mirada que tenemos sobre estas personas, quienes en realidad tienen, en muchos aspectos, una mente más preclara que la nuestra. Quizá lo que les ha ocurrido a las personas con trastorno mental es que el trauma desintegró su mente (como se está planteando hoy en día, es una de las hipótesis plausibles de la psicosis) Y una manera de tratar de recomponerla, aliviar el sufrimiento y resiliar es gracias al genio creativo que a algunos les brota y les convierte en excelentes artistas. Porque cuando hay dolor la capacidad para crear belleza en algunas personas con talento es impresionante. Como los cuadros que el personaje de Aleksy pinta. Y como los de cientos de pintores y artistas a lo largo de la historia de la humanidad.

4/ Finalmente, os traslado lo que Idoya me comentó en la carta que me envío y que es un buen colofón final y que quizá os anime a leer la novela: “Pienso que el arte de la buena literatura y las bases de un cerebro y corazón desorganizados se conjugan en estas páginas de manera poética y descarnada. La vida, la muerte, el odio y el perdón, el poder reparador del amor, las limitaciones del ser humano… forman este libro amargo y exquisito”

Gracias, Idoya, de corazón, por haberme hecho este regalo, así, inesperadamente. La buena literatura es también la que va de boca en boca y cuenta con el apoyo popular. Tienes un librero que es un lujo. Apoyemos las pequeñas librerías, si es que queremos que no sean devoradas por los gigantes comerciales.

REFERENCIAS

Cyrulnik, B. (2020). Escribí soles de noche. Barcelona: Gedisa.

Muller, T. (2020). El trauma y la lucha por abrirse. De la evitación a la recuperación y el crecimiento. Bilbao: Desclée de Brouwer.

miércoles, 7 de octubre de 2020

Taller gratuito on line titulado "Buenos tratos y el divorcio de los padres. Utopía o realidad?", jueves 22 de octubre, por José Luis Gonzalo

 

Taller sobre 

"Buenos tratos y el divorcio de los padres. Utopía o realidad"

Organiza: Sentir Sentir

22 de octubre

Horarios: Ver en el cartel adjunto hora en cada país

A través de la página de Facebook de la Editorial Sentir: 

https://www.facebook.com/Editorial-Sentir-347864239014035/

En el marco del taller presentaremos el libro:

"Cuando mi corazón calma. Una alianza de los padres para un divorcio con buenos tratos"



lunes, 28 de septiembre de 2020

"Cuando mi corazón calma. Una alianza para un divorcio con buenos tratos", nuevo libro de José Luis Gonzalo, psicólogo clínico.

Abro la temporada muy contento porque por fin puedo anunciaros la publicación de mi nuevo libro: "Cuando mi corazón calma. Una alianza para un divorcio con buenos tratos", editado por Editorial Marcombo el cual se ha comenzado a distribuir en librerías este mismo mes de septiembre. Ya sabéis que publiqué hace dos años el cuento "Cuando mi corazón tiembla", destinado a niños entre 3 y 7 años cuyos padres se han divorciado, con el fin de ayudarles a entender esta experiencia. Al cuento del niño cuyo corazón tiembla cuando sus padres se separan, le faltaba... ¡el libro de los padres cuyo corazón calma el del niño que sufre por esta situación!. Así que tras acabar el cuento, me puse manos a la obra y.. ¡aquí está!.

Este libro recoge mis lecturas, experiencia en psicoterapia con niños y padres que se divorcian y lo que he aprendido en mi formación, a lo largo de estos años, con mis profesores, maestros y amigos Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan. ¡Creo que el libro es un homenaje a la mezcla vasco-chilena! También este libro agradece y está en deuda con los compañeros y compañeras con los que comparto amistad y trabajo diario, pues de ellos aprendo día a día: Rafael Benito, Tatiana Caseda, Cristina Herce, María José Gorrochategui e Iván Rodríguez. A todos y todas, ¡muchas gracias!

Los niños y niñas y sus familias que han cedido sus dibujos y sus historias, merecen un lugar especial y un agradecimiento centuplicado. A todos ellos y ellas, muchas gracias.

Y a la Editorial Marcombo, a todos los grandes profesionales que la forman, también mi agradecimiento. Me han dejado trabajar con completa libertad y ponen todo tipo de facilidades para que el libro pueda ser publicado como uno lo concibe.

Voy a presentaros el libro y explicaros su propósito, estructura y contenidos.


Portada del nuevo libro de José Luis Gonzalo


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La presentación del libro tendrá lugar el día 22 de octubre a las 18,00h (hora española) en directo por Facebook, en el contexto de un taller formativo sobre niños y divorcio de los padres, gratuito, abierto a todo el público. Los detalles los anunciaré en el blog y en redes sociales.


Presentación del libro

Si algo he aprendido a lo largo de mi vida profesional -en especial desde que tuve la dicha de conocer a mis maestros y mentores, el Dr. Jorge Barudy y la psicóloga Maryorie Dantagnan- es el poder que tienen los buenos tratos para favorecer un adecuado desarrollo y asegurar el bienestar infantil. Y, a la inversa, las devastadoras consecuencias que los malos tratos tienen sobre el cerebro, mente y cuerpo en desarrollo de los niños. El mundo adulto a menudo ignora que estos son seres humanos y tienen derechos.[1]

Una de las situaciones más dolorosas e incluso traumáticas que los niños sufren es el divorcio de los padres. Tenemos datos para la alarma, pues, por ejemplo, desde 2010 hay aproximadamente el mismo número de nuevos matrimonios que de separaciones. En la actualidad, se calcula que cada 3-4 minutos hay una ruptura de pareja.

En España se producen casi siete rupturas por cada diez matrimonios, lo que supone una ratio muy superior a la media europea, que no llega a cinco. A ello contribuye el hecho de que cada vez se celebran menos matrimonios –de 5,4 matrimonios por cada mil habitantes en el 2000 se ha pasado a 3,4 en 2014– y se tramitan más divorcios –la cifra se ha duplicado en los últimos diez años–, según pone de manifiesto el último informe sobre la evolución de la familia en España que ha presentado el Instituto de Política Familiar (IPF).

El diario ABC, por su parte, en septiembre de 2018, publica que cada vez en número más creciente los padres separados mantienen un conflicto permanente que provoca que tengan que recurrir a los juzgados para plantear disputas que ellos mismos no son capaces de resolver: «Los “jueces están actuando como terceros padres” y se está produciendo un “colapso” de los juzgados especializados en Familia y de Instancia. Así lo afirma la presidenta de la Asociación Española de Abogados de Familia (AEAFA), María Dolores Lozano, quien asegura que está teniendo lugar una “judicialización de la vida familiar y cotidiana”. En los últimos años, denuncia esta letrada, “se está poniendo en evidencia una constante dificultad de los progenitores a la hora de ejercer y tomar decisiones en la patria potestad”.

Se trata, en todos los casos, de asuntos con un cierto grado de desacuerdo entre los padres que, a falta de intentar su resolución en la vía extrajudicial, motivan el inicio de un procedimiento judicial. “Cada vez es más habitual que se produzcan desavenencias por la elección del centro educativo en el inicio del curso escolar, en la toma de decisiones que implican un gasto (como son las actividades extraescolares de los hijos) o por asuntos donde subyace un componente ideológico o religioso (como la realización de la Primera Comunión o atender a Catequesis), así como decisiones que impliquen un cambio de residencia de los hijos para trasladarlos de localidad e incluso de país”, explica la presidenta de AEAFA».

Foto: diario abc


Estos preocupantes datos ponen sobre la mesa la urgente necesidad que nuestra sociedad tiene de concienciarse y hacer una alianza por lograr divorcios con buenos tratos. Hoy en día, teniendo en cuenta que las cifras dicen lo contrario, parece una quimera tener como objetivo que una ruptura de pareja y un proceso de divorcio se hagan en un clima de buen trato. Sin embargo, creo que el reto de los políticos responsables del área social y/o de la salud debería ser el diseño y la realización, con el asesoramiento de expertos en el área, de un ambicioso plan de prevención e intervención en estas situaciones para acompañar a las familias y proteger a los niños cuyos padres se divorcian, en especial a aquellos cuyos procesos de separación pueden entrar en una dinámica de conflicto perpetuo. Si no hacemos nada, es posible, a tenor de las cifras, que en un futuro los adultos de nuestra sociedad sean más vulnerables psicológicamente, con lo que ello supone para el bienestar de las futuras generaciones y las repercusiones que a nivel socio-sanitario puede conllevar

Mientras esto llega, a nivel de los profesionales que trabajamos con las familias en distintos ámbitos (educativo, atención primaria, salud mental…) tanto públicos como privados, tenemos que contribuir para lograr que los divorcios estén presididos por los buenos tratos. Con este fin, la Editorial Sentir ha publicado una colección de cuentos (Colección Senticuentos) para niños entre los que se incluye uno destinado a ayudarles a comprender la separación de sus padres: Cuando mi corazón tiembla, del cual soy autor. El sustento científico en el que me he basado para elaborar este cuento ha sido la necesidad de mirar en el interior del niño y ser capaces de ponernos en su lugar, es decir, de mostrar empatía suficiente para conectar con la vivencia y representación interna que aquel hace de una situación de divorcio de los padres. Del mismo modo, en el cuento se subraya la enorme importancia que para los niños tiene que los padres sean responsables y mantengan el vínculo afectivo con sus hijos, satisfaciendo sus necesidades y estando presentes en sus vidas (para los deberes, jugar, hablar, ayudarles en sus problemas, divertirse, pasar tiempo juntos, acompañar o estar con la persona menor de edad para brindarle apoyo y afecto, que son necesidades igual de importantes que las fisiológicas) El mensaje del cuento es que aunque te separes de tu pareja, de los hijos no te puedes ni debes de separar, con orientaciones para los progenitores al final del mismo.

Con el objetivo de seguir contribuyendo en la mejora de los procesos de separación y divorcio de los padres y en consecuencia beneficiar a los niños, la editorial y yo volvemos a colaborar con lo que pensamos que falta, después del cuento para niños: un libro para los padres (dentro de la Colección Sentilibros) que, como contrapartida, hemos titulado Cuando mi corazón calma, pues somos conscientes de que los mencionados padres tienen en sus manos la posibilidad tanto de prevenir separaciones que sean traumáticas como de revertir y redirigir las que ya estén transcurriendo por cauces que rocen lo traumático, pudiendo así reparar lo que esté siendo tóxico para los niños y minimizar el impacto que los efectos negativos del divorcio tiene sobre los chicos, especialmente si este es conflictivo y entra en dinámicas de maltrato.

Cuando mi corazón calma es un libro del que pueden beneficiarse también los profesionales que trabajen en el área o se interesen por la misma (trabajadores sociales, psicólogos, médicos, psiquiatras, educadores, maestros, abogados, terapeutas…) porque es una visión comprensiva del tema del divorcio de los padres y se fundamenta en el paradigma de los buenos tratos a la infancia y las competencias parentales de Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan[2] como garantes de un divorcio lo más saludable posible para los niños, paradigma que se nutre a su vez de la evidencia científica que nos aportan los descubrimientos de la neurobiología interpersonal, el estudio del trauma y la teoría del apego.

Dibujo: Gala Aldasoro

Eventos estresantes que los niños han de padecer como consecuencia del divorcio

El divorcio de los padres es una adversidad que puede acontecer en la vida de los niños. Aunque con ello dejan de convivir con padres enfrentados o en conflicto y es bueno para ellos no presenciar y sufrir constantemente sus disputas, no deja de ser una pérdida en sus vidas que han de elaborar. Además, la ruptura puede traer consigo otros eventos estresantes que los niños tienen que padecer como, por ejemplo:

- Alteración o trastorno emocional de los padres que afecte a su disponibilidad hacia los hijos.

- Conflicto perpetuo de los padres y judicialización de la separación.

- Manipulación de los hijos por parte de los progenitores.

- Abandono por parte de uno de los progenitores.

- Uso del niño o joven como figura confidente y de apoyo de uno de los progenitores.

- Parentificación de los hijos (Se les obliga a desempeñar un rol adulto que no les corresponde como personas menores de edad)

- Cambios de residencia, de barrio e incluso de colegio.

- Cambios de rutinas, rituales y vida familiar habitual.

- Negligencia de uno (o de los dos) progenitores no cumpliendo con las obligaciones de su rol parental.

- Visitas o relación con una figura parental incompetente en el que se pone en riesgo la seguridad de la persona menor de edad y su bienestar físico y psicológico.

Todo esto conlleva que las necesidades de los hijos no se vean satisfechas y que estemos hablando de un divorcio con malos tratos para los niños, algo bastante frecuente según las cifras que hemos referido con anterioridad. De ahí la relevante trascendencia que, a juicio del autor, tiene la valoración de las competencias parentales en los divorcios de los padres, cuestión que aún no está extendida en los equipos de valoración de los juzgados de familia.

El divorcio de los padres es duro para las personas menores de edad y les va a afectar siempre, generándoles dolor. Los niños y adolescentes mostrarán los efectos del impacto de la separación y sus consecuencias, y el duelo por la pérdida, de maneras diferentes según sus características y etapa evolutiva: con síntomas internalizantes (depresión, culpa, ansiedad…) o externalizantes (rabia, problemas de conducta, hacerse pis en la cama, consumir sustancias, agresividad…) Con todo, si los padres son competentes parentalmente y se implican llevando adelante una parentalidad bien tratante durante el proceso de separación y después del mismo, el duelo podrá elaborarse y se integrará bien en la biografía del niño o joven, siendo el impacto del divorcio menor y no apareciendo síntomas, o si estos se dan, lo harán con una frecuencia e intensidad leve o moderada. Si, por el contrario, estamos ante un escenario de padres con incompetencias parentales (Barudy y Dantagnan, 2010)[3] y los niños sufren maltrato, negligencia o abandono en diversos grados, entonces las personas menores de edad son sometidas a estrés crónico, el cual tiene poder para alterar de modo permanente el funcionamiento del cerebro y del sistema nervioso, además de estar asociado al padecimiento de numerosos trastornos y enfermedades físicas y psicológicas. Cuando mi corazón calma ofrece al lector una perspectiva novedosa -desde el trauma y el neurodesarrollo- del impacto que el divorcio conflictivo y maltratante tiene sobre los niños y jóvenes. Las secuelas que un divorcio de estas características puede dejar en los niños están bien recogidas en la literatura científica y sobre ellas hablaremos detenidamente en este libro.

El niño será más vulnerable en la medida en que más tempranamente comience el estrés de la separación y/o del maltrato que pueda existir en la familia, pues es más dependiente de los padres para lograr una sensación interna de calma y seguridad (Bowlby, 1989)[4] y porque durante los primeros años de desarrollo (especialmente de cero a dos años) el niño precisa de un entorno rico en afecto y estimulación, con pocas variaciones en el entorno, con rutinas y estructura familiar estables y predecibles, debido a que el cerebro sufre una importante transformación y reorganización durante ese periodo de tiempo, tal y como ha referido Benito (2019)[5]. La teoría del apego, cada vez más extendida, ofrece un marco comprensivo insoslayable de la enorme trascendencia que para la salud mental del niño o joven tiene cuidar el vínculo de apego, aunque los padres se separen. Este libro es una modesta aportación en ese sentido, habida cuenta de que el apego es una necesidad de primer orden.

Foto: otraformadevivirtuvida.com


Estructura del libro

Por ello, hemos estructurado este libro siguiendo esta lógica: para poder ser padres conscientes de lo que está en juego cuando deciden divorciarse, dedicamos la primera parte de esta obra a exponer por qué son tan necesarios los buenos tratos, pues de estos depende que un niño alcance un óptimo desarrollo y se proyecte a futuro como un adulto psicológicamente equilibrado, responsable y capaz de tratar bien a los demás. Por ello, explicaremos en qué consiste una parentalidad bien tratante y qué son las competencias parentales. Seguidamente, expondremos por qué puede ser negativa -e incluso nefasta- para las personas menores de edad una separación conyugal conflictiva, violenta o negligente. Nada más y nada menos que el neurodesarrollo del niño puede verse afectado.

En la segunda parte, con este escenario sobre el cual sustentar la intervención, me detendré en cómo hacer que el divorcio de los padres sea doloroso, pero no traumático, proporcionando una guía -desde el paradigma de los buenos tratos- sobre qué podemos hacer como padres antes, durante y después de la separación para que los niños y jóvenes puedan atravesar esta adversidad, apoyándose en los adultos y desarrollando recursos que les permitan afrontarla. Expondré también qué ocurre cuando hay rupturas pre traumáticas (ya generan trauma en sí, como sucesos) y postraumáticas y qué podemos hacer para ayudar a los niños en esas situaciones tan duras. Finalmente, ofreceré el testimonio de una persona que se divorció y trabajó para conseguir, junto con su ex pareja, un divorcio con buenos tratos. Pienso que las experiencias de las personas le dan todo el sentido y credibilidad a lo que decimos los profesionales, sin las mismas este trabajo quedaría cojo e incompleto.

Toda separación o divorcio de los padres es un conflicto. Conflicto que se debe de manejar y abordar, porque no es tanto el conflicto en sí, sino que este pueda resolverse, negociarse y gestionarse dentro de un clima de buenos tratos para todos. A lo largo del libro utilizo la palabra «conflicto» para referirme con ello a los divorcios más negativos y tóxicos. La palabra «conflicto» significa desacuerdo u oposición, pero también tiene la acepción de guerra o combate derivados de una oposición o rivalidad prolongadas. En el libro utilizamos ambos significados, y dependiendo del contexto semántico estaremos refiriéndonos al «combate entre los padres» en el cual el niño sale perjudicado o al «desacuerdo u oposición» que existe entre ambos al divorciarse.

El apoyo a las competencias parentales es fundamental

Los padres competentes cometen errores en su crianza, pueden incluso reproducir los modelos transmitidos por la generación anterior y necesitan aprender habilidades y recursos y reorganizarse tras la ruptura de pareja. Pero antes, durante y tras esta pueden reflexionar (e incluso cambiar los modelos inadecuados de la generación anterior), expresar las emociones, comunicarse, resolver los problemas y compartir una parentalidad responsable y bien tratante llegando a acuerdos en los que prime el interés superior del menor. Porque son padres que tienen capacidad parental suficiente[6] y, por tanto, pueden manejar el divorcio poniéndose en la piel de sus hijos, manteniendo el vínculo con ellos de una manera sensible y dándoles seguridad, sabiendo el dolor y el estrés que les genera un suceso de este tipo. No queremos padres perfectos -no existen- sino conscientes y dispuestos a reflexionar. Padres que cometan errores, pero den lecciones importantes de reparación a sus hijos en estas situaciones[7]

Por todo ello, os recomiendo este libro que he escrito con idea de que os sea de utilidad. El libro está dirigido a los padres, pero si eres profesional de las ciencias sociales, educativas o de la salud, creo que este también puede ser tu libro y en él puedes encontrar un enfoque comprensivo y útil del sufrimiento infantil causado por los divorcios o separaciones de los padres, sobre todo cuando entran en un perpetuo conflicto.

Espero que se convierta en una herramienta válida y en un faro seguro que guíe vuestro caminar como padres y/o profesionales.


[1] La Convención sobre los Derechos del Niño son 54 artículos que recogen los derechos económicos, sociales, culturales, civiles y políticos de todos los niños. Su aplicación es obligación de los gobiernos, pero también define las obligaciones y responsabilidades de otros agentes como los padres, profesores, profesionales de la salud, investigadores y los propios niños y niñas. (Fuente: www.unicef.es).

[2] Barudy, J., Dantagnan, M. (2010). Los desafíos invisibles de ser madre o padre. Manual de evaluación de las competencias y la resiliencia parental. Barcelona: Gedisa. 

[3] Barudy, J., Dantagnan, M. (2010). Los desafíos invisibles de ser madre o padre. Manual de evaluación de las competencias y de la resiliencia parental. Barcelona: Gedisa.

[4] Bowlby, J. (1989). Una base segura: aplicaciones clínicas de la teoría del apego. Barcelona: Paidos Ibérica.

[5] R. Benito (comunicación personal, 30 de noviembre de 2019).

[6] Nota del autor: Padres capaces son aquellos con unos niveles medios de empatía y una historia de apego seguro o ganada a la seguridad. Son padres y madres que pueden reflexionar y ser conscientes de la trascendencia que tiene el rol parental en la crianza, desarrollo y bienestar de los niños.

[7] Siegel, D.  (2014). Tormenta cerebral. El poder y el propósito del cerebro adolescente. Barcelona: Alba Editorial.