lunes, 21 de mayo de 2018

Tratamiento psicoterapéutico de los trastornos alimentarios y el trauma complejo con terapia EMDR. Por Natalia Seijo, psicóloga especialista en trastornos alimentarios.

Diez meses, diez firmas III

Profesional invitada en el mes de mayo de 2018: 

Natalia Seijo.
Psicóloga especialista en trastornos alimentarios

Título de su artículo: 

Tratamiento psicoterapéutico de los trastornos alimentarios 
y el trauma complejo con terapia EMDR.






Conocí por un breve instante a Natalia Seijo en el Congreso Nacional de EMDR en Madrid hace cuatro años. Había oído hablar de ella como una autoridad en el ámbito del trauma y los trastornos de alimentación, como así es y así lo atestigua su brillante curriculum. Fue apenas una breve presentación donde ella se mostró amable, lo es con todo el mundo. Como sabéis, hace unos meses otra gran especialista en la materia escribió un post magnífico sobre trastornos de alimentación desde la óptica del trauma: Gema García. La propia Gema me animó a dirigirme a Natalia Seijo para que escribiera sobre tratamiento pues ella es la experta. Gema se ha formado con Natalia y le conoce. “No me atrevo, me parece muy osado” – Le dije a Gema. “Es que no le conozco, tan solo me la presentaron“No importa, Natalia es, además de una gran profesional, una persona cercana y accesible, muy agradable, se lo puedes plantear con toda tranquilidad” Gracias a Gema, me animé a ello. Pronto recibí un mail de Natalia en respuesta al que le envié diciéndome que ¡aceptaba encantada escribir como firma invitada para Buenos tratos! Cuando, emocionado, se lo agradecí, Natalia Seijo me comentó que el proyecto del blog le parece una bonita comunidad que merece ser apoyada. ¡Qué puedo decir! Si estuvieras aquí presente, Natalia, te ofrecería un aurresku de honor, un solemne baile vasco que se les brinda a las personas y autoridades para honrarles y homenajearles. Recíbelo simbólicamente. Este artículo escrito con total dedicación y en exclusiva para nosotros/as, desarrolla la terapia EMDR para el tratamiento de los trastornos alimentarios. ¡Muchísimas gracias Natalia Seijo por escribir generosamente para Buenos tratos, por formar parte del ilustre elenco de profesionales que han colaborado en nuestro blog!

Natalia Seijo. Soy psicóloga especializada en trastornos alimentarios, psicosomática médica, trauma complejo, apego y disociación. Directora desde hace 20 años del Centro de Psicoterapia y Trauma en Ferrol (A Coruña). Supervisora y facilitadora EMDR. Psicoterapeuta certificada en diferentes enfoques terapéuticos somáticos para el trabajo con el trauma. Profesora del Máster de Terapia EMDR en la Universidad Nacional a distancia (UNED).

En la actualidad compagina el trabajo en terapia con pacientes, con su labor como ponente nacional e internacional en congresos y talleres especializados en Trastornos alimentarios trauma complejo, apego y disociación, trastornos psicosomáticos y trabajo con defensas en terapia.

Ha escrito diferentes artículos y colaborado en capítulos de libros.

Autora de los protocolos que a continuación se describen que serán publicados próximamente.

EMDR Protocolo de EMDR para lo TA. En M. Luber (Ed.) Eye Movement Desensitization and Reprocessing EMDR Therapy: Scripted Protocols and Summary Sheets.New York: Springer Publishing Company.(En prensa)

(2016). Protocolo EMDR de la distorsión de la imagen corporal : Yo Rechazado. En M. Luber (Ed.) Eye Movement Desensitization and Reprocessing EMDR Therapy: Scripted Protocols and Summary Sheets.New York: Springer Publishing Company.(En prensa)

Redes sociales:

Linked in… seijonatalia@gmail.com

www.nataliaseijo.com


INTRODUCCIÓN

Hace ya años, uno de los asistentes a un congreso levantó la mano y preguntó al ponente: «¿Me podría decir qué tienen en común los diferentes trastornos alimentarios?». Aquella pregunta, que me pareció brillante, permaneció revoloteando en mi cabeza. Aunque pertenecen a la misma familia, los trastornos alimentarios se diferencian entre sí tanto por el nombre como por la sintomatología. Pero, además de utilizar la comida como estrategia de supervivencia, tendrían que confluir en algún otro punto común. 

Esta pregunta despertó mi curiosidad y me motivó a buscar respuestas más allá de lo obvio, a profundizar más allá del síntoma y de la comida. Basándome en mi experiencia clínica, pude empezar a definir las diferentes capas en las que se estructuran estos trastornos. 

La primera de estas capas es la razón por la cual utilizo el acrónimo TA (trastornos alimentarios) en lugar del más conocido TCA (trastornos de la conducta alimentaria). Hablar de trastornos de conducta reduce estos trastornos al comportamiento que muestra el paciente en relación a la comida. Trabajar solo con esta primera capa puede ayudarnos a resolver el problema de la conducta con la comida y nos obliga a trabajar en prevenir recaídas, es decir, en impedir que la conducta problemática relacionada con la comida vuelva a reaparecer. Sin embargo, no presta atención a lo que se encuentra en la raíz de dicha conducta, que se mantendría latente en las capas más profundas. 

Para impedir que el trastorno resurja más adelante si la persona necesita volver a emplear las estrategias que dieron resultado en el pasado para regularse, calmarse o sentirse segura a través de la comida, necesitamos continuar adentrándonos en estas capas más profundas. Al emplear el término más general de trastornos alimentarios, abrimos la puerta a la posibilidad de explorar también temas como el trauma, el apego y la disociación. La metáfora del iceberg resulta muy apropiada: lo que podemos percibir a simple vista es la punta del iceberg, pero la auténtica realidad del trastorno reside en lo que no se ve.

Gracias a lo que he aprendido de las personas que he tratado –que son quienes realmente me han enseñado acerca de estos trastornos y me han permitido entenderlas y adentrarnos juntas hacia las capas más profundas– he sabido entender que trabajar con la conducta relacionada con la comida no es suficiente. Cada caso necesita ser conceptualizado individualmente para, así, poder llegar a ver qué contiene cada una de las capas para que la persona haya llegado a desarrollar el trastorno. 

El tratamiento de los TA se puede describir gráficamente como un tratamiento en alcachofa (Seijo, 2012). Utilizo esta metáfora porque es fácil de visualizar y sirve para explicar la dirección que hemos de tomar durante el tratamiento, desde fuera hacia adentro, desde las capas más externas hacia las más internas, así como los pasos que hay que dar. Al trabajar con las diferentes capas de la alcachofa, hemos de proceder con sumo cuidado, tomándonos el tiempo suficiente como para que cada una de esas capas se vaya desprendiendo y podamos acceder al corazón de la alcachofa. Este corazón, donde reside lo más frágil de la persona, es nuestro objetivo en la terapia. Habrá que proceder con mucha delicadeza para evitar dañarlo.

Este artículo pretende mostrar lo sanadora e integradora que puede llegar a ser la terapia EMDR a través de la resolución de casos de TA con trauma complejo. 

LOS DIFERENTES TRASTORNOS ALIMENTARIOS

Cuando hablamos de TA estamos haciendo referencia implícita a los diferentes modos en que las personas se vinculan patológicamente con la comida para afrontar o compensar experiencias de vida. Una persona que desarrolla un TA utilizará la comida de una manera u otra para cubrir necesidades emocionales o compensar su desregulación afectiva. La cuestión que se plantea es determinar de qué depende que una persona restrinja la ingesta de comida hasta poner en riesgo su vida, que otra persona se dé atracones y luego vomite, o que una tercera coma sin límite. Esta variabilidad depende de diferentes factores que están relacionados, en su mayor parte, con el apego.

Bowlby (1989) define el apego como «una vinculación afectiva intensa, duradera, de carácter singular, que se desarrolla y consolida entre dos individuos, por medio de sus interacciones recíprocas, y cuyo objetivo inmediato es la búsqueda y mantenimiento de la proximidad en momentos de amenaza. Esto proporciona seguridad, consuelo y protección. No se trata de un sentimiento inmaterial, sino de conductas observables que comienzan de manera refleja.» (p. 40-41)

Esta vinculación afectiva en la infancia determina la relación con uno mismo y con los demás. En función de la relación que se pueda establecer con las figuras de apego (la madre y el padre, o las personas que ocupan su lugar), esta vinculación podrá ser segura o insegura. Mary Ainsworth (1978) estableció una clasificación que incluía el apego seguro y dos tipos de apego inseguro: evitativo y resistente o ansioso ambivalente. Más tarde, Main y Salomon (1986) agregaron el apego inseguro desorganizado a la clasificación.

En función del tipo de apego, las personas nos vinculamos de una manera u otra. En pacientes de TA, el tipo de vinculación que caracteriza al apego se corresponde con el tipo de vinculación que la persona va a establecer con la comida. 

En base a mi experiencia clínica, los diferentes TA están asociados con los diferentes tipos de apego del siguiente modo:

· Anorexia nerviosa (AN): el tipo de apego predominante es el inseguro evitativo/ desorganizado

· Trastorno por atracón (TPA): el tipo de apego predominante es el inseguro ambivalente/evitativo 

· Bulimia nerviosa (BN): el tipo de apego predominante es el apego desorganizado. El apego desorganizado es el apego que tiene asociado un origen en experiencias de trauma.

Es importante conocer el apego en las personas con TA porque de ello va a depender el vínculo que hagamos en terapia. 

LA TERAPIA EMDR CON LOS TRASTORNOS ALIMENTARIOS

En el año 2013, la Organización Mundial de la Salud (OMS) incluyó la terapia EMDR como una de las terapias de elección para trabajar con el trastorno de estrés postraumático (TEPT). Este abordaje terapéutico no solo ayuda a reprocesar el trauma y las experiencias adversas de vida, sino que, además, las integra de tal modo que no vuelven a perturbar ni a influir en las situaciones del presente.

Con el descubrimiento de esta terapia, la duración del trabajo con los TA se reduce a la mitad. Como se ha mencionado previamente, la comida es la manera en la que las personas que padecen TA han aprendido a gestionar su vida. Si procesamos todos aquellos traumas o experiencias de apego que están generando el malestar, ¿qué ocurre con la comida? El resultado es que la comida se regula hasta que deja de ser necesaria como manera de compensar sensaciones internas de insatisfacción, flashbacks de recuerdos traumáticos, sensaciones internas que pertenecen a experiencias que se han disociado por ser abrumadoras, etc.

El enfoque EMDR se compone de 8 fases de tratamiento a través de las que se elabora una conceptualización del caso y un plan de tratamiento adaptado a cada paciente. En estas 8 fases, el terapeuta va accediendo al mundo interno de la persona, suavizando defensas y aplicando recursos hasta que se llega al punto en que es posible comenzar a reprocesar todos aquellos disparadores relacionados con la comida y los recuerdos que originan y mantienen el trastorno.

DESARROLLO DE LAS FASES DE EMDR EN LOS CASOS DE TA

FASE 1: Recogida de Historia

En esta primera fase, el profesional recoge la historia en la que, además de la información habitual que se suele recoger con otros pacientes, habrá que preguntar información específica referida a los siguientes puntos:

· Historia del apego

· Historia del cuerpo. En el trauma complejo, el cuerpo puede estar asociado directamente con el trauma, como ocurre en el caso de los abusos sexuales. El cuerpo en sí mismo se acaba convirtiendo en un disparador del trauma, por lo que en muchos casos las pacientes lo sienten despersonalizado. 

· Diagnóstico y/o diagnósticos asociados

· Historia de las dietas

· Historia de las hospitalizaciones, si las hubo

· Historia del peso

· Cómo eran las horas de comer en casa

· Alimentos prohibidos

· Abuso sexual o de poder

· Miradas o conductas que hayan podido dañar en el pasado

· Lista de traumas, incluido el de humillación, tan frecuente en los TA. 

· Información acerca del trastorno: restricción, atracones, purgas, autolesiones, etc. Esto siempre se ha de hacer con gran respeto por la vergüenza que sienten estas personas cuando tienen que revelar esta información.

· Información acerca de las situaciones que funcionan como disparadores de atracones, de purgas, de restricción. 

· Información acerca de las épocas en las que pudo no estar presente el problema.

· Información acerca de los momentos en los que el problema tuvo mayor intensidad.

· Información acerca de la época en la que comienza el problema. Exploramos qué estaba pasando entonces y todo lo relacionado con el origen. 

En esta fase también podemos emplear, entre otras, pruebas como el DES para valorar la presencia de disociación, la entrevista de apego para determinar el tipo de apego y el uso del genograma para recoger información de la familia. Como se ha indicado anteriormente, es de gran relevancia conocer el tipo de apego para saber cómo vincularnos con la persona con la que vamos a crear la relación terapéutica.

FASE 2: Preparación (regulación y estabilización)

Esta fase es una de las más importantes en el trabajo terapéutico ya que nos permite preparar al paciente para el trabajo terapéutico, ayudarle a regularse y proveerle de una mochila llena de herramientas con las que poder hacer frente tanto al resto de la terapia como a su vida en general. En esta fase y mediante una serie de pasos y elementos, iremos construyendo una base adecuada para que el material traumático se pueda reprocesar de forma segura a lo largo del resto de las fases.

En esta fase 2, los pasos que seguiremos serán: vínculo y sintonía, psicoeducación, trabajo con defensas, recursos y elaboración del mundo interno.

Habilidades del terapeuta

Algo que como terapeutas debemos tener en cuenta al trabajar con estos trastornos son las habilidades que se requieren para una buena vinculación. Entre ellas estarían la compasión –entendida desde el comprender, no desde el compadecer–, la prudencia, la paciencia, la empatía, y la disponibilidad.

Vínculo y sintonía terapéutica

Si algo se ha de tener en cuenta cuando trabajamos con TA es la vinculación y la sintonía necesarias para desarrollar una buena relación terapéutica. En estos trastornos, una de las maneras en las que se compensan las necesidades no cubiertas en la infancia es a través de la comida. Con frecuencia, la figura de apego segura es prácticamente inexistente en la historia de muchas de estas personas. En algunos casos, las figuras de apego eran atemorizantes (apego desorganizado), con patologías, disociativas, etc. 

Por ello, es necesaria la reparación del apego a través de una figura de apego seguro sustitutivo: el terapeuta. De este modo, la relación terapéutica se convierte en el sostén de lo que se vaya desarrollando a lo largo del tratamiento. 

Cuando en la relación terapéutica existe sintonía, el paciente puede percibir que está acompañado en su proceso. Para las personas que padecen TA, esto marca una gran diferencia a la hora de hacer terapia, debido a las características de su mundo interno. Además, genera la capacidad de ponerse en los zapatos de la persona que sufre el trastorno y facilita a los profesionales el desarrollo de la compasión. Dicha compasión –como indicamos anteriormente y recalcamos de nuevo debido a su importancia– entendida siempre desde el comprender, no desde el compadecer. La sintonía y la empatía, por tanto, van de la mano en el proceso terapéutico. 

La sintonía se puede clasificar en base a las áreas de funcionamiento de la persona descritas por Erskine (1997): el ritmo, el desarrollo evolutivo y el afecto.

· Sintonía rítmica. El proceso terapéutico sigue su curso en función de la conciencia que tiene el terapeuta de los ritmos del paciente.

· Sintonía evolutiva. El terapeuta está atento al nivel evolutivo del funcionamiento psicológico del paciente, para así captar lo que surja que el paciente no exprese a nivel narrativo, lo que no se dice.

· Sintonía afectiva. El terapeuta ha de ser consciente de contener a nivel emocional cubriendo las necesidades afectivas del paciente, aunque estas no sean obvias, regulando la parte del niño no visto, tan común en estos trastornos. 

Psicoeducación

Es adecuado proporcionar información específica en diferentes áreas que son importantes en el proceso de recuperación. Se parte de la base de que las personas con TA habitualmente no entienden los factores que causan los síntomas principales (Garner, 1985), por lo que la psicoeducación ayudará a que la persona pueda:

· Entender mejor el trastorno que padece 

· Responsabilizarse del cambio

· Aumentar su motivación 

· Reducir defensas

En la bulimia nerviosa, por ejemplo, la psicoeducación es tan necesaria que estudios como los de Olmsted et al. (1991) indican que la frecuencia de los vómitos se reduce hasta un 30% cuando las pacientes llegan a entender que el círculo atracón – vómito está asociado a la restricción a la que se someten previamente. Las situaciones o experiencias que actúan como disparadores del círculo atracón-vómito (p.ej., una situación concreta de vida, un evento asociado al trauma, una experiencia conectada a un tema relacional de apego, etc.) activan una emoción o sensación interna que se convierte en abrumadora. La paciente, por tanto, utiliza el refugio seguro mediante el cual ha aprendido a calmarse: la comida. Para compensar la cantidad de comida ingerida, las pacientes o bien vomitan (BN purgativa) o bien realizan otro tipo de conductas como ejercicio físico intenso o el uso de laxantes (BN no purgativa). En su afán por «hacerlo bien a partir de ahora», entran en una restricción intensa de comida en los días posteriores al atracón, lo cual generan unos niveles de ansiedad elevados que, a su vez, perpetúan indefinidamente este círculo atracón–vómito. 

Otro aspecto que requiere especial atención en este proceso de regulación y estabilización es ofrecer psicoeducación acerca de dos conceptos muy relacionados: el borde del trauma (Seijo, 2014) y la ventana de tolerancia (Siegel, 1990). 

La ventana de toleranciarepresenta el rango de intensidad emocional que cada persona es capaz de experimentar sin dejar de sentir la regulación y la estabilidad necesarias para mantener una sensación de seguridad. Los márgenes inferior y superior de la ventana de tolerancia se corresponden con los dos extremos de la activación del organismo.

· La hiperactivación es un estado en el que se sienten emociones como la ira, el miedo o la vergüenza, que están relacionadas con un aumento de la actividad del sistema nervioso simpático.

· La hipoactivación es un estado en el que se evita sentir experiencias internas que bloquean y paralizan, y se corresponde con un aumento de la actividad del sistema nervioso parasimpático.

Un objetivo fundamental en la terapia es la dilatación o expansión de los márgenes de la ventana de tolerancia, lo que ayuda a que las reacciones sean calmadas a medida que la persona va adentrándose en el trauma. 

Mediante la metáfora del borde del trauma, explicamos a los pacientes que lo principal para poder estar presente en sesión –sin que la persona se desborde ni las defensas provoquen la desconexión del proceso terapéutico, es decir, sin que se salga de su ventana de tolerancia– es reconocer los indicadores de que está comenzando a sentirse abrumado, es decir, reconocer el borde del trauma. Si la persona no reconoce estos indicadores, puede que se salga de su ventana de tolerancia, en cuyo caso no estará receptiva para integrar lo que se esté procesando en la sesión debido al estado de desregulación provocado.

Para evitar esto, se ha de ofrecer psicoeducación sobre las diferentes sensaciones, emociones o cogniciones que pueden aparecer como indicadores de que lo que está surgiendo en sesión resulta excesivo para la persona. Algunos ejemplos de indicadores frecuentes son: dejar de sentir las manos y los pies, sentirse como en una película, quedarse dormida o sorprendentemente relajada, reírse cuando lo que encaja con la situación es el llanto, etc. Estos ejemplos se los podemos ofrecer a la persona para que se haga consciente de sus propios indicadores. También le explicaremos que, si a lo largo de la terapia aparece alguno de esos indicadores, lo nombraremos y detendremos el proceso para que pueda sentir control y seguridad, elementos muy necesarios para estos pacientes durante el proceso de terapia. De este modo, la persona aprende a desarrollar la autorregulación, no solo en sesión, sino en su día a día. 

Trabajo con defensas

Las defensas son aquellas estrategias que se activan como método de protección. A pesar de esta función protectora, las defensas pueden provocar bloqueos durante el proceso terapéutico. Es conveniente trabajarlas en la fase 2, suavizándolas para luego neutralizarlas y así ir paulatinamente expandiendo la ventana de tolerancia. Esto nos permitirá acceder a capas más profundas y procesar aquellas experiencias o eventos que dieron lugar al trastorno.

Cuando trabajamos en los TA con trauma complejo, hemos de tener presentes los indicadores de las defensas de supervivencia. Estas son aquellas defensas que se activan cuando el mundo interno de la paciente sospecha que puede haber amenaza de reexperimentar el dolor, el miedo o la rabia al revivir el trauma. La persona puede reaccionar de diversas maneras –congelándose (incapacidad de sentir o reaccionar de forma activa), disociándose (desconectar de la realidad del momento presente) o entrando en modo lucha (con enfado y rabia)– en función de su propia tendencia de actuación ante el trauma. Los sistemas de defensa del mundo interno activan estas defensas de hipo- e hiperactivación, muestra de que se ha traspasado el borde del trauma y como consecuencia la ventana de tolerancia, lo que genera en la persona un estado de desregulación frente a la posibilidad de sentirse abrumada. Será importante tener esto en cuenta para prevenir que suceda.

El cuerpo, en ocasiones el gran desconocido, es esencial en el trabajo con estos trastornos, ya queuna de las defensas más habituales son las llamadas defensas somáticas.El trabajo con estas defensas es fascinante debido a que el cuerpo contiene los fragmentos del trauma, lo sentido, lo emocional y el impacto de los eventos adversos de vida, y esto va a ir surgiendo habitualmente en los pacientes cuando estas defensas se van suavizando y neutralizando. La observación de la experiencia corporal y el estar en sintonía con la persona nos permite ponerle palabras a lo que surge del cuerpo para que se pueda llegar así a darle sentido. Es decir, primero nombramos y después tiene lugar el «darse cuenta» de todo lo que surge desde estas defensas somáticas. A este nivel, la información que aparece es esencial tanto para que el cuerpo pueda procesar como para comprender. 

Cuando trabajamos con TA y trauma complejo es fundamental saber que un tipo de defensas que van a surgir son las defensas de supervivencia. Las defensas de congelación, por ejemplo, están muy relacionadas con los TA. Algunos autores (Nihenjius y Vanderlinden, 1995) asocian las conductas de atracón y vomito en la BN, de atracón en el TPA, y de restricción en la AN con la defensa de congelación. El cambio radical en los patrones alimentarios es, por tanto, una respuesta al trauma. 

En los TA con trauma complejo surgen, además, las llamadas fobias al trauma. Estas fobias funcionan como defensas de gran intensidad y, en ellas, el miedo es la emoción predominante que impide que se pueda desarrollar el trabajo en terapia.

Tradicionalmente, las fobias han sido relegadas a los trastornos de ansiedad y se entienden como dirigidas generalmente a fenómenos externos (p.ej., fobia a las arañas, a las alturas, a los gérmenes, fobia social, etc.). Sin embargo, hace más de un siglo, Janet (1903) expresó claramente que las fobias también pueden estar relacionadas con experiencias internas como pensamientos, sentimientos, fantasías o sensaciones. Esta perspectiva ha sido confirmada por múltiples observaciones y teorizaciones (McCullough et al., 2003; Nijenhuis, 1994; Van der Hart, Steele, Boon y Brown, 1993). 

El clínico ha de tener presente que las fobias al trauma son frecuentes al inicio del tratamiento en los TA con trauma complejo. Conocer esta información tan esencial ayuda a comprender que es imprescindible tratarlas de una manera gradual para poder tolerar las experiencias pasadas y presentes. Esto también permite hacer una conceptualización exhaustiva del caso y establecer un plan de tratamiento adecuado. Trabajar sobre ellas ayuda a que el trabajo en terapia transcurra sin bloqueos y se pueda avanzar en el tratamiento.

Otras defensas frecuentes a las que habrá que prestar atención son:

· La no conciencia de enfermedad. Es uno de los criterios diagnósticos de la AN y forma parte de la defensa de negación. Esta defensa tiene la función de no aceptar la enfermedad como manera de rechazar la curación. El miedo central en este TA es que curarse signifique que se vaya a «engordar».

· La alexitimia. En este tipo de defensa disociativa no se reconocen las emociones propias ni las de los demás. Es una defensa está muy relacionada con la AN 

· El control. Es una defensa habitual en la AN que forma parte del trastorno y tiene la función de mantenerse alerta en cuanto a la comida y a las relaciones. Ayuda a prevenir el daño real o imaginado que la persona aprendió a sentir.

· La desconfianza. Esta defensa es común en todos los TA. Tiene la función de prevenir el dolor en el terreno relacional. La desconfianza ayuda a no vincularse con los demás, porque la persona ha aprendido que hacerlo puede causar dolor.

· La vergüenza. Esta defensa tiene como función proteger a la persona de mostrarse, por miedo a que sentirse rechazada o a que se la vea tal como es en realidad. Tiene su origen en experiencias tempranas de apego y en experiencias de trauma como el abuso sexual.

Recursos

Son aquellas estrategias terapéuticas que permiten proveer al paciente de herramientas para empoderarlo, enraizarlo, darle seguridad, ayudarle a confiar en el proceso y crear un refugio seguro en la terapia. Todo esto se logra mediante el uso de las diferentes técnicas de estabilización con las que trabaje cada terapeuta. Algunos ejemplos de recursos son: la externalización, que ayuda a la persona a contar la historia en tercera persona para que el contacto sea menor y pueda hacerlo sin abrumarse; la mentalización; la visualización; la respiración; la creación de sensaciones internas de seguridad; la integración de habilidades o necesidades de las que la persona siente que carece, por ejemplo, fuerza, seguridad y confianza para enfrentarse al tratamiento; y la creación de limites o barreras. Todas estas herramientas aportan sin duda una ayuda importante para que la persona pueda pasar a la siguiente fase del tratamiento sintiéndose segura y capaz.

La urgencia en el tratamiento

En esta fase de estabilización, lo que más urge al paciente es a lo que el terapeuta tendrá que dar prioridad. Se trataría de hacer diana con EMD (utilizar los movimientos oculares o el tappingpara hacer solamente la desensibilización, excluyendo el reprocesamiento) sobre algunas sensaciones y disparadores importantes, como la sensación que provoca la urgencia de comer (en los atracones), la que provoca internamente la culpa después de comer en la AN, la experiencia interna de estar sentado a la mesa, los pensamientos recurrentes sobre la comida, la urgencia de pesarse, etc. De esta manera, se reduce la intensidad de estas situaciones para que puedan ser trabajadas desde la fase 3 una vez que la persona esté lo suficientemente estabilizada.

El mundo interno en los TA

La memoria normal integra los elementos de cada experiencia mediante un complejo proceso de asociación. La memoria traumática, por el contrario, contiene las sensaciones, pensamientos y emociones del trauma que quedan almacenados por separado como fragmentos congelados. De manera que, si el problema del trauma es la disociación, el objetivo del tratamiento será la asociación y la integración.

La causa de disociación en los TA se puede asociar a abusos sexuales en la infancia, falta de cuidados de los padres o figuras principales de apego, control parental excesivo, inversión de roles, abuso emocional, abuso de poder, y patología o disociación en las figuras de apego.

La disociación está presente en los TA a diferentes niveles y es necesario diagnosticarla para realizar una conceptualización del caso y un plan de tratamiento adecuado. Para reconocer el mundo interno del paciente –donde se mostrarán los diferentes aspectos, estados o partes de la personalidad–, el terapeuta puede hacer un sencillo ejercicio que consiste en dibujar un círculo en un folio en blanco y pedirle al paciente que dibuje las diferentes partes o aspectos que le representan. Existen también otras técnicas a través de las que se puede representar el mundo interno y todas son válidas, siempre y cuando nos permitan hablar de esas partes internas. Es a través de ellas que podremos adentrarnos en el interior de la persona.

Demitrack, Putman, Brewerton, Brandt y Gold (1990) estudiaron experiencias disociativas en 30 mujeres con trastornos alimentarios, comparándolas con otras 30 de la misma edad y sin patología. Encontraron que las mujeres con TA mostraban niveles significativos de disociación. En los TA, por tanto, la disociación estará presente en sus diferentes modalidades, entre las que encontramos la disociación somática, la disociación somatomorfa, la despersonalización, la desrealizacion o la fantasía disociativa.

Los estados o partes son conceptos mediante los que le damos sentido a un mundo interno que suele complejo y caótico, especialmente en casos de TA y trauma complejo.Cuando hay memoria traumática, dar sentido a la experiencia interna y reorganizarla es el modo de comenzar a cohesionar los fragmentos. El trabajo en esta fase del tratamiento se basa en ofrecer psicoeducación sobre cada una de las partes interiores para que el paciente pueda llegar a entender la función de protección que cumplen en el sistema interno, sus creencias y emociones más características, las defensas específicas que cada una de ellas activa y los traumas que contienen y que son el origen de cada una de ellas. Desde la terapia EMDR con los TA, a cada parte del mundo interno le vamos a dar un nombre y esto nos va a facilitar el saber en cada momento con qué estamos trabajando, así como las defensas y creencias que tendremos que tener en cuenta para llegar a la fase 3. Las diferentes partes del mundo interno, que son aplicables a personas de ambos sexos, son: la niña (o el niño) que nunca lo fue, la niña (o el niño) que no pudio crecer, la piraña (crítica patológica), el yo rechazado, el yo escondido, el yo gordito y el yo fraude (Seijo, 1999, 2012, 2013, 2016) 

La niña (o el niño) que nunca lo fue 


En esta parte está contenido el dolor y la frustración de haber tenido que aprender a hacerlo sola. Es la niña autosuficiente, la que se ha visto obligada a crecer y a convertirse en mayor desde pequeña. Ha aprendido a autorregularse y autocontrolarse a través de la comida. El origen de esta parte es el hecho de que sus necesidades no han sido cubiertas.

Sostiene la creencia: «Las cosas se hacen a mi manera». Las emociones predominantes en esta parte son la ira y la frustración. Tanto la desconfianza como el control son de las defensas que más nos advierten en terapia que esta parte está presente y alerta, por lo que pueda ocurrir. La validación con la que podemos suavizar las defensas en esta parte puede ser del estilo: «Está bien confiar», «Está bien pedir ayuda y aceptarla», «La vulnerabilidad y la debilidad no son lo mismo».

La niña (o el niño) que no pudo crecer




Es la parte del mundo interno que no pudo hacer un desarrollo madurativo adecuado muestra comportamientos que no se corresponden con la edad de la persona. Es la parte vulnerable del mundo interno, la parte que no sabe si hablar o no hacerlo. A través de la comida, ha buscado la manera de que se la vea. 

La creencia que sostiene esta parte es: «Hace falta enfermarse para que a una le hagan caso». La validación con las que podemos suavizar las defensas de esta parte será mediante frases como estas: «Está bien poder mostrar tus emociones», «Está bien poder decir lo que necesites», «Está bien poder defenderte».

La piraña (la crítica patológica) 




Es la crítica interna, la que juzga y bloquea la autoestima de la paciente. Filtra la realidad y solo permite que se vea lo negativo. Dentro del mundo interno, esta es la parte que imita a aquellas personas que la juzgaron y la criticaron. El resultado es un aprendizaje de comparación constante con los demás. 

La función de protección de esta parte es paradójica, ya que parece negativa cuando en realidad es positiva. Utilizando una metáfora para explicarlo, es algo así como si la piraña enviase toda esa crítica interna para que el mundo interno se acostumbre y así se genere un cierto nivel de anestesia frente a la agresión que pueda provenir del mundo externo. La creencia de esta parte es: «Nada está bien en mí ni para mí». Las emociones predominantes son la frustración y la culpa. La validación para esta parte debería incluir frases de este estilo: «Te mereces ser tú» y «Está bien ser como tú eres».

El yo rechazado 

Es la parte que contiene la distorsión de la imagen corporal. En función de la paciente, dicha distorsión puede presentarse a diferentes niveles: desde una imagen corporal negativa hasta un trastorno dismórfico corporal. 

Esta parte contiene la creencia: «No quiero volver a ser como fui nunca más». La emoción predominante es el rechazo. Para trabajar esta parte hay un protocolo específico: El protocolo de EMDR para la distorsión de la imagen corporal; el yo rechazado(Seijo, 2016).

El yo escondido 




Es la parte que protege el sistema interno escondiéndose, no mostrándose, no exponiéndose. Esta parte aprendió a una edad muy temprana que hacerlo era amenazante e incluso peligroso, por lo que mantenerse en lasombra acabó siendo lo más seguro. Es la parte que somatiza lo que no puede expresar de otra manera. 

Está asociada a la creencia: «No puedo mostrarme ni destacar porque, si lo hago, me harán daño». Las emociones predominantes son el miedo y la vergüenza. La validación que se le ha de dar a esta parte incluye frases como: «Está bien poder estar asustada» «Está bien poder mostrarte». El clínico debe permitir el tiempo suficiente para que esta parte se pueda mostrar y confiar. 

El yo gordito 





Es la parte que aparece con más frecuencia en el trastorno por atracón, la hiperfagia y la obesidad. Está relacionada con el sobrepeso y queda muy impresa en el mundo interno. Es una parte que genera muchas defensas y se asocia con las defensas somáticas. 

La emoción predominante es el miedo, pero esta parte contiene, además, la fobia al vacío (muy presente en los TA), el dolor, la humillación, la ira y la pena de cómo se siente la persona tratada por el mundo exterior, lo social por estar gordita. La necesidad no cubierta de esta parte es el ser aceptada y vista tal cual es.

El yo fraude

Es una parte muy asociada al yo escondido. Es la parte que se muestra cuando los logros que la persona consigue son atribuidos a la suerte o a la casualidad, no a su buen hacer o su capacidad. El miedo que surge de esa parte es que los demás descubran que es «un fraude». 

La creencia asociada a esta parte es: «Parece que valgo, pero no es así». Es muy habitual en los TA y está muy asociada a la inseguridad y al control. La validación que podemos ofrecer sería del estilo de: «Si lo haces es porque puedes, por lo tanto, es real», «Tienes derecho a ser exitoso» o «Eres valiosa».

Las partes o estados del mundo interno pueden ser nombradas bien de esta manera o bien del modo en que la persona quiera hacerlo; lo importante es que el clínico conozca de qué parte se trata para conocer las creencias y su función.

Con esto, llegamos casi al final de la fase 2, la fase de preparación. En este punto, ya tenemos hecho el plan de tratamiento y el paciente está lo suficientemente regulado y estabilizado como para comenzar a procesar los recuerdos, lo que ayudará a la integración de todas aquellas experiencias o traumas que mantienen el problema con la comida, las purgas y/o el TA en general. Para ello se procede a aplicar la técnica PDT (parte / defensa / trauma) (Seijo, N. 2015)

Técnica PDT

Esta técnica nos permite procesar las defensas, traumas y experiencias adversas asociadas a cada una de las partes del mundo interno, lo que nos va a definir una ruta para llevar a cabo el plan tratamiento.

La técnica P/D/T consiste inicialmente en explorar las defensas que se activan en cada una de las partes del mundo interno:

· La piraña tiene por defensa la crítica

· La niña que nunca lo fue tiene por defensa el control.

· La niña que no pudo crecer tiene por defensa la culpa

· El yo escondido tiene por defensa el miedoy la vergüenza

· El yo rechazado tiene por defensa el rechazo

· El yo gordito tiene por defensa la creencia de que «no valgo»

· El yo fraude tiene por defensa la creencia de que «soy falso»

Se aconseja comenzar a trabajar por la piraña porque es la parte que genera más violencia en el mundo interno y aumente el riesgo de que la persona compense el malestar generado por esta parte intensificando las purgas y los atracones o ambos, o autolesionándose. Tanto con la Piraña, como con el resto de las partes que vayamos cuidadosamente trabajando, preguntamos: «Dónde aprendió la piraña a criticarte de esta manera?». De esta pregunta, irán saliendo diferentes recuerdos que se convertirán en las dianas que iremos procesando con el protocolo estándar en la fase 3. Iremos avanzando una a una, cerrando cada diana que se abra, y esto dará lugar a la integración de la parte. 

FASE 3: Evaluación 

En esta fase evaluamos el recuerdo que vamos a trabajar. El paciente escoge la imagen que representa la peor parte del recuerdo, la creencia negativa autorreferente asociada, la creencia positiva que le gustaría llegar a creer de sí mismo, la emoción que aparece en el momento y el lugar del cuerpo en que se localiza. Se utilizan dos escalas de medición: la escala de unidades subjetivas de perturbación (SUDS, por sus siglas en inglés) y la escala de validez de la cognición (VoC, por sus siglas en inglés). 

En esta fase es necesario tener en cuenta dos aspectos importantes en relación a los diferentes TA. Con aquellos pacientes que tengan un peso más bajo de lo esperado, en será importante tener en cuenta que sus capacidades cognitivas estarán mermadas y puede que tengan dificultades para escoger las creencias. Por tanto, será necesario darles un menú de opciones hasta que puedan hacerlo por sí mismos sin tanta ayuda. Algo semejante puede ocurrir con aquellas personas con TA que padezcan alexitimia y tengan dificultades para identificar sus emociones. Será importante ofrecer algo de psicoeducación para ayudarles a identificar la emoción que el recuerdo les podría estar provocando, hasta que recuperen su capacidad de sentirlas de una manera normalizada a medida que vayan integrando los recuerdos que les desconectaron de dichas emociones.

En esta fase, se eligen jerárquicamente y en primer lugar los recuerdos asociados a los disparadores de lo que más urge trabajar.

- Disparadores asociados con las conductas que todavía se activan mucho en relación con la comida. Serían aquellas que habíamos preparado previamente en fase 2, reduciendo si intensidad con EMD, para que en esta fase podamos empezar a trabajarlas con protocolo estándar.

- Recuerdos asociados con la piraña una vez que los disparadores estén más neutralizados.

- Recuerdos asociados a la niña que nunca lo fue. Este el trabajo con el control, con la restricción de la comida en la AN. Trabajaríamos los recuerdos relacionados con el inicio de la restricción y los momentos asociados.

- Recuerdos asociados a la niña que no pudo crecer. Se trabaja la desregulación emocional que se compensa con comida. Son más frecuentes en la BN, el TPA, la hiperfagia y la obesidad.

Se trabajan cada uno de los recuerdos asociados a cada una de las partes.

A medida que se procesan esos recuerdos, poco a poco la ventana de tolerancia se irá haciendo más flexible y ampliando. Esto permitirá, partiendo de ese sistema en “alcachofa” del que se hablaba en un principio, adentrarnos en las capas más profundas que dan acceso a los recuerdos más delicados que ayudarán a sanar al niño interior herido.

FASES 4 a 8: Del reprocesamiento al cierre y reevaluación

Durante el reprocesamiento, el clínico ha de estar pendiente de que el paciente se mantenga en atención dual. Se le explica que ha de intentar mantenerse con un pie en el presente y un pie en el pasado para estar siempre dentro de su ventana de tolerancia y así asegurarnos de que el trabajo se lleva a acabo de una manera adecuada. En caso contrario, es posible que la sesión entre en un «como si» se estuviera reprocesando, pero en realidad no es así. Esto ocurre, por ejemplo, en aquellos casos en los que la persona no está presente porque se haya activado alguna defensa de hipoactivacion y hayan pasado desapercibidos los indicadores que lo mostraban. Será importante, también, tener en cuenta las características ya descritas de cada TA.

RESUMEN

Muchos terapeutas encuentran dificultoso el trabajo con los TA y, en concreto, el ir descubriendo cada una de las capas que componen dicho trastorno, agravado por las experiencias adversas de la vida y por el trauma. Este artículo aborda el tratamiento de los TA y el trauma complejo a lo largo de las ocho fases que componen la terapia EMDR. 

La función que cumple la comida es compensar por las necesidades no cubiertas de la persona, tanto a nivel de apego, experiencias adversas de vida o trauma. Con EMDR podemos procesar los recuerdos de estas experiencias para que ya no afecten más a la vida del paciente. Esta terapia, como ya se ha comentado previamente, reduce a la mitad el tratamiento a largo plazo que requieren estos casos y previene las recaídas, ya que aborda la raíz misma del trastorno y llega hasta el corazón mismo de la alcachofa, que es dónde se gestó el problema. 

BIBLIOGRAFÍA

Garner, D. (Garner, Rocker, Olmsted, Johnson & Coscina, 1985)

Handbook of psychotherapy for anorexia nervosa and bulimia, chapter: 21, Publisher: Guildford press. Editors: D M Garner, Paul E. Garfinkel, pp. 513-572

Bowlby, J. (1989). Una Base Segura, Paidós, Barcelona.

Seijo, N. (2015). Eating Disorders and Dissociation. ESTD Newsletter. Vol 4 number 1

Seijo, N. (2016). The Rejected Self Working with Body Image Distortion in Eating Disorders. ESTD Newsletter. Vol 5 number 4

Seijo, N. (2015). Las Defensas Somáticas en EMDR. Máster de EMDR. Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED)

Seijo, N. (2016). EMDR Protocol for Eating Disorders. En M. Luber (Ed.) Eye Movement Desensitization and Reprocessing EMDR Therapy: Scripted Protocols and Summary Sheets.New York: Springer Publishing Company.(En prensa)

Seijo, N. (2016). EMDR Protocol for Body Image Distortion: The Rejected Self. En M. Luber (Ed.) Eye Movement Desensitization and Reprocessing EMDR Therapy: Scripted Protocols and Summary Sheets.New York: Springer Publishing Company.(En prensa)

Seijo, N. (1999). Prognosis de los Trastornos alimentarios. Xunta de Galicia (1999-2002)

Seijo, N. (2009). EMDR in Complex Trauma and Dissociative Disorders. Annual EMDRIA conference. Atlanta, 2009. 

Seijo, N. (2015) Treating Eating Disorders with EMDR therapy. EMDR International Association Conference. Philadelphia.

Vanderlinden, J. y Vandereycken, W. (1997). Trauma, Dissociation and Impulse Dyscontrol in Eating Disorders. Philadelphia: Brunner/Mazel.

Vanderlinden, J., Dalle Grave, R., Fernandez, F., Vandereycken, W., Pieters, G., y Noorduin, C. (2004).Which factors do provoke binge eating? Eating and Weight Disorders, Vol. 9: 300-305

lunes, 14 de mayo de 2018

“No se trata únicamente de ser buenos padres; también se requiere una buena red", Niels Peter Rygaard, psicólogo experto en adopción


Los trabajos que ha escrito sobre los niños/as que han sufrido abandono han dado notoriedad al psicólogo Niels Peter Rygaard. También los decriben sus actos; en su país, Dinamarca, ha asesorado a numerosas personas con infancias complicadas y a sus familias. En octubre estuvo en Donostia, en las jornadas ‘Buenos tratos. Apego, trauma y resiliencia’.

¿Qué tipo de heridas dejan los abandonos sufridos en la niñez y la adolescencia?

Una cosa es el abandono, perder a la madre es complicado. La cuestión es que muchas veces esos niños/as quedan en manos de instituciones, y que crecen en situaciones de privación. Ahora estamos trabajando, por ejemplo, en orfanatos de Rusia; queremos preparar a los profesionales de estos centros para que actúen de otra manera, pero hay resistencias. Ellos defienden que no hay que tener trato personal con las niños/as... Hay que tomar en consideración que muchos orfanatos de este tipo se originan en hospitales, y parten de una base: el niño/a está enfermo, y, por lo tanto, sólo hay que tomar en consideración su situación física. Hemos visto casos similares en Chile; hay centros en los que los niños/as han de ir uniformados, o en los que siguen usando camas de hospital. En esas situaciones se guían por una visión sanitaria: cómo evitar que los niños/as enfermen, cómo alimentarlos...

Por lo tanto, más que el abandono, son esas situaciones de privación las que dificultan un buen desarrollo de esos niños/as.

Así es. Además muchas veces esos niños, ya antes de llegar al centro, han estado con unos padres o una familia que ha tenido un comportamiento disfuncional.

¿Cómo curar esas heridas?

Es importante entender que esos niños/as tienen un handicap mental; frecuentemente se entienden otros handicaps mentales, pero no los relacionados con el vínculo. Por eso, los padres que han adoptado niños/as han de estar formandose constantemente en ese sentido. También es de vital importancia formar el entorno. Las familias que adoptan, por ejemplo, tienen muchos conflictos con la escuela, o los asistentes sociales. Muchas familias adoptantes quedan aisladas; muchas veces incluso sus familiares los aislan. Les dicen que son demasiado estrictas, o que ponen demasiadas normas. Las familias que obtienen la aprobación y el cobijo del resto de los ámbitos de la sociedad son afortunadas. 

¿Qué tipo de ayuda requieren estas familias?

Yo ofrezco asesoramiento mensual a familias adoptivas. En estas sesiones las familias tienen manera de conversar sobre sus problemas, y de verlos con perspectiva. Son padres que tienen una gran carga emotiva. Bueno, este tipo de herramientas también ayudan a familias sin niños adoptados. Unos padres, si están aislados, existe el riesgo de que utilicen violencia contra los niños. No se trata únicamente de ser buenos padres; también se requiere una buena red en la sociedad.

¿Las privaciones de la infancia dejan más rastro en el aspecto emocional o el congitivo? ?Cuál prevalece?

El emotivo. Tienen dificulates para controlar sus impulsos, para tranquilizarse cuando se enfadan... Muchas veces también es dificil para ellos entender lo que dice la gente. Normalmente los niños/as aprenden qué emocion subyace detrás de cada palabra; por éso, según crecen, al oir esa palabra la relacionan con esa emoción. Pero si no has tenido un proceso de aprendizaje que te lleve a ello, no entiendes lo que dice la gente: porque no lo sientes. Puedes hablarle a un chaval/a sobre lo que está mal, sobre sus consecuencia: pero no te entiende. Te puede decir que sí, que no lo volverá a hacer, pero después lo olvida...

¿Hasta qué punto es posible la resiliencia?

Está condicionada por cuatro factores. Uno: un cuidado afectuoso, durante un periodo prolongado de tiempo, efectuado por un número reducido de cuidadores. Dos: a partir de los 2 años los niños/as han de ser parte de un grupo de criaturas de su edad, ya que es eso lo que le enseñará cómo actuar en sociedad. Tres: los padres o cuidadores han de ser supervisados. Cuatro: hay que evitar los conflictos entre los cuidadores. En casos de divorcio, por ejemplo, al inicio el nivel de estudios de los hijos/as baja, pero si los padres tienen una buena relación, los niños empiezan a estudiar bien de nuevo. Al contrario, si los conflictos persisten, la curva de los estudios empeora. ¡En esos cuatro puntos se resumen seis décadas dedicadas a la educación infantil!

¿Si se dan esos cuatro factores los procesos son exitosos?

Ahí tienes el caso de mi hijo: tenía un gran daño, y, actualmente, con 19 años, está a la par de cualquier otro. Cuanto mayor es el trauma, el proceso se prolongará más: hay que ser realista. ¿Cuántos años tiene Donald Trump? Y todavía no se ha recuperado. Muchos niños que han sufrido privación tienen retrasos; igual tienen 22 años, y siguen actuando como chavales de 14... Frecuentemente, a los 11-12 la pubertad es complicada, y en la primera juventud tienen comportamientos conflictivos, y es difícil protegerlos, porque ellos no entienden que hay nada negativo... Una vez avanzan en la veintena, entonces van mejorando...

Cuánto antes se actúe, los resultados mejorarán. ¿No?

Cuanto más tarde se empieza, los resultados son más pobres. Es esencial contar con buenas escuelas infantiles, buenos centros sanitarios y buenas terapias.

sábado, 12 de mayo de 2018

Apariciones en los medios de comunicación en relación al Comunicado de psicólogos y psiquiatras ante los juicios por violación

APARICIONES EN ALGUNOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN




















lunes, 7 de mayo de 2018

"Cuando los problemas son realmente soluciones"

Bessel Van der Kolk
Con esta frase del psiquiatra Bessel Van der Kolk, reputado experto en trauma a nivel internacional, abro el post de hoy.

Estoy leyendo el libro de Bessel Van der Kolk titulado “El cuerpo lleva la cuenta” y me está enganchando por completo. El psiquiatra holandés es mucho más interesante, estructurado y cautivador cuando escribe que cuando imparte conferencias –le he escuchado tres veces-, donde pierde mucho. Pero en este libro, en honor a la verdad, Van der Kolk está realmente extraordinario. De sobresaliente cum laude. Con este libro te entretienes y aprendes.

“El cuerpo lleva la cuenta. Cerebro, cuerpo y mente en la superación del trauma” está publicado por una editorial (Eleftheria) que decididamente está entregada a la divulgación de obras de grandes autores que tratan sobre el tema del trauma. Lo que hace tan atractivo este libro es la equilibrada mixtura entre conocimiento científico, experiencias profesionales y aportaciones clínicas, todo ello escrito de un modo que resulta entretenido, ágil y claro. Además, es un completo compendio de los temas importantes a desarrollar en el ámbito del trauma psicológico. Me ha gustado mucho el que, a través de sus páginas, se vea a la persona del autor enfrentado a los desafíos que supone tratar con personas traumatizadas. Este libro es también la narrativa de una historia y trayectoria personal y profesional en el ámbito de la psiquiatría, y el denodado esfuerzo de un hombre para que el trauma complejo sea reconocido como un trastorno, empeño por el que todavía él y su Trauma Child Center siguen luchando. 

Si, encima, le añadimos que la obra logra inspirarte, te lleva a hacer reflexiones que no te habías hecho hasta el momento, o descubres que en algunos temas has llegado a conclusiones similares a las que el autor ha llegado, sucede que ya no puedes dejar de leerla hasta el final.


En esta obra Bessel Van der Kolk
plantea que los síntomas pueden, de alguna manera, ser soluciones.

Compartiré algunas de estas conclusiones a lo largo de diferentes entradas. Hoy concretamente quiero hablaros de la sintomatología o las “conductas problema” por las que se nos consulta a los profesionales sanitarios especialistas en psicología o psiquiatría. Un tema del que habla Van der Kolk en su libro. El propone, como vais a ver, un cambio de mirada en cuanto a considerar que la sintomatología -o los problemas- que los pacientes presentan hay que hacerlos desaparecer sin plantearse antes el sentido y función que pueden tener para ellos. Además, estos suelen ser la marca de algo que se encuentra a un nivel más profundo en el cerebro/mente de las personas.

Cuando empecé mi carrera como psicólogo-psicoterapeuta me enseñaron a tratar con trastornos y su sintomatología. De hecho, los planes de estudio de muchos másteres actualmente también se basan en aprender los conocimientos y destrezas necesarias para ayudar a nuestros pacientes a mejorar o superar un cuadro clínico completo: los trastornos de ansiedad, del estado de ánimo, de conducta, de la eliminación, de la alimentación… No estoy afirmando que esto no deba hacerse, sino que en algunos de estos programas formativos (fundamentados en escuelas de psicoterapia) las explicaciones acerca del origen y mantenimiento de las alteraciones son exclusivamente patográficas: aprendizaje de un trastorno por asociación de estímulos, ganancia secundaria, manifestaciones de un conflicto intrapsíquico inconsciente… La visión historiográfica del individuo, esto es, la persona y su historia de vida (con sus relaciones y acontecimientos de vida pasados y presentes) y cómo ésta ha contribuido a modelar su ser y a explicar la aparición de características psicopatológicas, es una aportación a mi modo de ver, que se ha empezado a considerar por algunos clínicos recientemente.

Durante muchos años trabajé como psicólogo-psicoterapeuta dentro del paradigma de una de estas escuelas: la cognitivo-conductual. Cuando se es principiante y se siente inseguridad, el rigor metodológico y la sistemática que te ofrece esta escuela -con programas paso a paso para casi todos los trastornos- no te los proponía ninguna otra. Además, te convencían afirmando que este paradigma de psicoterapia está basado en investigaciones experimentales donde había demostrado su eficacia frente a otras donde no la era tanta o, incluso, era inexistente. 

No obstante, pienso que desde este modelo ayudé -con algunas técnicas, no con todas, eso sí- a muchos pacientes adultos y menores de edad. Es cierto que algunos de ellos mejoraban con estas técnicas de sus síntomas y comportamientos problemáticos, pero… me quedaba siempre con una inexplicable sensación de que estaba más bien "entrenando" a personas –porque, por ejemplo, que un niño coma no es lo mismo que manipular unos estímulos ambientales para “obligarle” a comer- y dejando a un lado todo su rico mundo interior de emociones, pensamientos, sueños, fantasías y, sobre todo, experiencias de vida reales. Además, me invadía un sentimiento de estar solamente arañando la superficie. Pues los pacientes o desarrollaban nuevos síntomas, o no mejoraban sustancialmente de los que padecían, o sentían que no les estaba comprendiendo, o que eso no era algo que realmente les estuviera ayudando a llegar a la raíz de su sufrimiento. Yo ignoraba su historia de vida porque me habían enseñado que esto era absolutamente irrelevante para el tratamiento (“el pasado no se puede cambiar”, decía un profesor) Importaba el presente y aprender nuevas estrategias de afrontamiento eficaces de los problemas. 

Algunos pacientes me decían directamente que ellos no querían o podían trabajar sus problemas con la metodología de la psicoterapia cognitivo-conductual, otros me comentaban (los que presentaban depresiones) que las reestructuraciones cognitivas no les servían de gran cosa (una reestructuración cognitiva es una técnica que básicamente tiene la finalidad de atacar y cuestionar los pensamientos negativos dándose cuenta de la ausencia de apoyo empírico para fundamentarlos y siendo consciente de que son desadaptativos. Se anima al paciente a sustituirlos por otros más creíbles, con más base empírica y que sean más adaptativos) porque ellos, aunque sabían que no eran ciertos, no podían evitar sentirse tristes y culpables (Hoy en día sabemos por Panksepp que hay un nivel emocional asentado en el cerebro hacia el cual hay que dirigir las técnicas psicoterapéuticas, si queremos actuar directamente sobre emociones como la tristeza, la ansiedad o la rabia)

¿Y qué decir de los niños? Pronto me di cuenta de que aquello no se sostenía. Me sentía mal aplicando los programas de manejo de contingencias ambientales (aplicación de refuerzos positivos y castigos como retirada de privilegios) o con técnicas como el tiempo fuera. Por muy científico-experimental que fuera, yo soy consciente ahora de que vivía una disonancia cognitiva. Un día un niño me dijo que aquello “era lo peor” que se le podía hacer… Me hizo pensar mucho y empezar a considerar la necesidad de abrirme a otros paradigmas más humanistas. Intuitivamente, después de la afirmación que ese niño me hizo, dejé de usar el tiempo fuera y las técnicas de exposición en terapia de conducta (que eran eficaces pero que desbordaban a los pacientes traumatizados por la desregulación psicofisológica que presentaban) Y dediqué el tiempo a escucharles, jugar con ellos, apoyarles y darles seguridad y confianza. Abandoné la idea de modificar las conductas, así de este modo y desde este paradigma.

Analizándolo desde la óptica actual, creo que trabajar con la psicoterapia cognitivo-conductual era lo contrario a mentalizar a un menor: comprenderle, sentirle, saber por qué había llegado a ese punto sintomatológico y verle en su sistema familiar y contexto psicosocial. Cuando se trataba de problemas de conducta -motivo frecuente de consulta en menores- se ponía el foco sobre el niño o joven sin preguntarse qué papel cumplía su familia, sus profesores… Estos quedaban excluidos de la psicoterapia, excepto para “entrenar” Así, se trabajaba, por ejemplo, un programa para el “entrenamiento de padres para el manejo de la hiperactividad”, sin valorar la posibilidad de que estos tuvieran un nivel de conflictividad tal que estaban señalando al niño como el problema cuando podía ser el síntoma de un conflicto de pareja latente. Igual que el famoso programa de supernnay: da igual el problema o el conflicto que una familia pueda tener, el grado de competencia o incompetencia parental, ella pone en marcha un programa de control de contingencias de reforzamiento (en lenguaje popular: premiar y castigar) y listo.


Los niños con trauma complejo necesitan
modelos de psicoterapia adaptados a su sufrimiento.
Ninguna escuela de terapia por sí sola puede dar respuesta
a las necesidades de estos niños.
Se precisa un modelo ecléctico de intervención
como el de Barudy y Dantagnan.

Cuando comencé a tratar a menores de los programas de acogimiento familiar y residencial de la Diputación Foral de Gipuzkoa, allá por 1999, fue para mí el principio del fin de esta psicoterapia: afortunadamente los menores me la "tiraron" abajo con toda la razón y me “obligaron” a buscar y formarme, desilusionado como estaba con mi manera de trabajar con ellos y necesitado de evolucionar. A ellos les doy las gracias, pues me enseñaron a ser mejor persona y psicoterapeuta. 

No reniego ni mucho menos de algunas de las aportaciones de la psicoterapia cognitivo-conductual que son útiles, pero sí como escuela única desde la cual comprender al ser humano. Me parece una visión periclitada. Miro hacia atrás y veo quién fui y cómo trabajé entonces y no me reconozco. Soy otro. He evolucionado, y doy las gracias por ello. Creo que en la mejora constante y en aprender de los errores están las claves del éxito. Hoy en día, leyendo a Van der Kolk, en "El cuerpo lleva la cuenta", encuentro que mis intuiciones eran acertadas cuando en la página 70 dice: "Los psicólogos suelen intentar ayudar a la gente a utilizar la percepción y la comprensión para gestionar su comportamiento. Sin embargo, la investigación neurocientífica muestra que muy pocos problemas psicológicos son resultado de problemas de comprensión: la mayoría se originan en las presiones de las regiones cerebrales más profundas en las que se basan nuestra percepción y nuestra atención. Cuando la alarma del cerebro emocional sigue señalando que estamos en peligro, no hay comprensión posible que pueda silenciarla". Y más adelante, con respecto a las terapias que reciben los niños con trauma complejo, afirma: "Si reciben algún tratamiento, les dan lo que sea que se haya promulgado como método de manejo: medicaciones, modificación conducta o terapia de exposición, que raramente suelen funcionar y les hacen más daño" Y esto lo puedo corroborar. Sólo que cuando empecé a trabajar como psicólogo-psicoterapeuta en mi consulta, allá por el año 1994, no existía todo este enfoque en torno al trauma complejo como paradigma. 

Conocí a Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan y, como ya he contado en otras entradas, fue como abrir una ventana y que entrara en mi vida personal y profesional un viento fresco con olor a azahar de mañana sevillana de primavera… 

Pero a lo que iba, que me desvío un tanto. Dentro de los pacientes que veía, algunos me decían que no querían cambiar ni eliminar algunos de sus síntomas. Recuerdo una paciente con rasgos obsesivo-compulsivos que me dijo que ella no estaba dispuesta a dejar de limpiar y de barrer la casa, que le liberaba de tensión y le relajaba mucho. Esto era muy difícil de entender, pero analizándolo desde el punto de vista actual, aquella mujer tenía un trauma infantil por violencia intrafamiliar grave, y barrer y limpiar le proveían de sentimientos de control, aparte de ser algo que hacía porque se activaba en el presente, inconscientemente, el recuerdo de su infancia, cuando su padre entraba en casa y si la veía desordenada era un precipitante que disparaba su terrorífica violencia. Ella no lo reproducía como recuerdo, sino que actuaba el mismo. He aquí un sentido y un significado historiográfico para sus síntomas.


Maryorie Dantagnan es una psicoterapeuta experta en apego y trauma.
"Una psicoterapia no puede reemplazar el derecho de todo menor a ser protegido y
contar al menos con un adulto que le acompañe en su desarrollo y crea en él"

Posteriormente, las personas menores de edad víctimas de malos tratos, abandono y abuso me dieron más lecciones sobre esto. Y mi profesora y amiga Maryorie Dantagnan me enseñó a entenderlo. Cuando se convive en un entorno desprotector que no satisface tus necesidades integrales, cuando no existe una figura de apego de la cual obtener seguridad y confianza, cuando la única opción es la supervivencia, síntomas como la agresividad, la desconexión emocional, la hiperactividad, la impulsividad, los robos, las mentiras… tan denostados por el mundo adulto tienen un valor adaptativo, los chicos/as los necesitan. Tratar de suprimirlos no sólo va a suponer encontrarnos con la resistencia de ellos/as, sino que, además, estamos tratando de eliminar defensas que son necesarias para sobrevivir. En algunos casos, además, lo mejor era suspender la psicoterapia pues esta estaba perjudicándoles más que beneficiándoles. La psicoterapia no puede ni debe –como afirma la gran Maryorie Dantagnan- sustituir el derecho de todo niño a ser protegido y cuidado por al menos una persona que crea en sus posibilidades y le acompañe a lo largo de su desarrollo. Recientemente, Erenia Barrero Rodríguez, psicóloga de Aldeas Infantiles, me comentaba que existe un estudio en el cual determinados menores estaban mejor sin psicoterapia que con psicoterapia. Y esto se debe, sin duda, a que una psicoterapia sin unos padres o adultos que protejan a un niño o joven es como pretender construir la casa por el tejado. Literalmente, se cae. 

Por eso, en el Postgrado de Traumaterapia Infanto-juvenil Sistémica de Barudy y Dantagnan aprendí, antes de atender cualquier caso, a analizar la demanda de tratamiento empezando siempre por evaluar el entorno familiar y social del menor y comprobar el grado de competencia parental de los padres o cuidadores. A analizar también la idoneidad y aptitud terapéutica del niño o del joven (valorar si es su momento para seguir una psicoterapia, el grado de motivación y toma de conciencia ante el programa terapéutico y su nivel de regulación emocional y psicofisiológica, el grado de contención y riesgo de descompensación o suicidio asociados, por si antes es necesaria una valoración psiquiátrica), a conocer su biografía y el papel que esta ha jugado en la aparición de los síntomas y la función y el sentido que estos tienen en su vida.

Porque sólo así comprenderemos que los síntomas (y las agrupaciones sindrómicas que constituyen trastornos psicopatológicos) tienen un sentido y un valor. Es como un equilibrio alostático (Es decir, una especie de compensación, un equilibrio ante situaciones de estrés permanente, parecido a la estabilidad en la inestabilidad) 

Por eso, familias (sobre todo las adoptivas y acogedoras) que me leéis, antes de tratar de cambiar nada en vuestros niños y niñas, intentad entender el por qué sucede. Por ejemplo: ¿Por qué un joven se dispara agresivamente ante un comentario crítico ante sus notas? ¿Por qué un joven consume grandes cantidades de marihuana al día? ¿Por qué un niño acumula comida en su cuarto y en sus bolsillos? ¿Por qué una niña tiene un impulso a mentir, incluso de una manera burda, sabiendo que se le va a descubrir? ¿Por qué un niño mantenía una rutina de higiene y de repente se niega a ello? Pueden tener sus buenas razones, como dice Maryorie Dantagnan. Las explicaciones son más que complejas que atribuirles etiquetas: vago, indolente, pasota...

Cuando hayamos entendido el por qué -y también el para qué-, a la luz de su historia de vida y relaciones pasadas y presentes, estaremos más cerca de comprender al niño o joven. En cuanto descubramos que son recursos de supervivencia a los que hay que comprender y querer antes de despedirse de ellos y desarrollar otros recursos válidos y útiles en el contexto de vida actual de ese niño o joven, estaremos también más cerca de empezar a tratar de reintegrar todo en la biografía encontrando un sentido. 

Si les ayudamos a los pacientes (adultos y menores) a darse cuenta de que esos síntomas o trastornos son recursos que necesitaron para sobrevivir, ellos/as dejarán, además, de despreciarse (y nosotros dejaremos de atacarles, castigarles y criticarles por ello también) y estarán en condiciones de poder cambiar (comprendiéndose y queriéndose con esos síntomas que en realidad les fueron útiles)  


Los síntomas y los llamados defectos del carácter
son poderosos recursos que la persona ha desarrollado
para hacer frente al trauma complejo, sostiene Pat Ogden autora de este libro.

Cuando nuestros pacientes niños o jóvenes son capaces de darse cuenta de que los síntomas y conductas (a las que los profesionales llamamos “problema”) que sienten  han sido poderosos (por muy negativos y perturbadores que sean para algunos) recursos para bregar contra el trauma y sobrevivir, y que han de honrarse por ello (y debemos honrarles) en vez de atacarse o considerar que son “defectos de su persona o del carácter”, podemos (entonces sí) ayudarles a cambiarlos y transformarlos en "recursos creativos y útiles" (Ogden, 2016: "Psicoterapia sensoriomotriz") o a desarrollar nuevos. Solamente podemos cambiar algo cuando lo comprendemos y nos sentimos comprendidos y seguros. Pat Ogden, en un magnífico libro del que ya he hablado en otra ocasión (“Psicoterapia sensorio-motriz. Intervenciones desde el trauma y el apego”, Editorial Desclée de Brouwer), les dice precisamente esto a los pacientes: que todas sus conductas y síntomas son recursos gracias a los cuales pudieron sobrevivir entre tanto horror que hubo en sus vidas.

Lo que me dijo una joven de 17 años: “Yo ahora no puedo dejar de fumar porros, si lo hago me quito lo que me evade y hace que no conecte constantemente con mis fantasmas internos que me aterrorizan [fue abusada sexualmente y abandonada, durante años], que no me dejan dormir y estar tranquila. No hago nada, mi vida es solo levantarme y saber que todo es un desastre, que es un día más lleno de amargura, que nada va a cambiar… quiero que me ayudes con mi vida y estos angustiantes y horribles sentimientos y sensaciones internas, pero necesito no quitar los porros ni ahora ni de golpe” 

¿Quizá si no fumara los porros podría suicidarse? 

¿Creéis que exagero?

Termino el post con un fragmento que leí en el libro de Van der Kolk con el que empecé esta entrada de hoy.

“Una mujer después de someterse a una operación bariátrica y tras perder 44 kilos empezó a tener ideaciones suicidas. Necesitó cinco hospitalizaciones psiquiátricas y tres ciclos de electroshock para controlar sus ideas suicidas. Felitti [un autor citado por Van der Kolk] considera que la obesidad, que se considera un importante problema de salud pública, en realidad puede ser una solución personal para muchas personas. Piense en sus implicaciones: si malinterpretamos lo que para una persona es una solución como un problema que hay que eliminar, no sólo es probable que fracasen en el tratamiento, como sucede en los programas contra las adicciones, sino que pueden aparecer otros problemas”

[…]

“Aunque se sabe exactamente que es perjudicial para la salud, las adaptaciones [como fumar, beber, las drogas o la obesidad] son muy difíciles de abandonar. Se tiene demasiado poco en cuenta la posibilidad de que muchos riesgos a largo plazo para la salud también puedan ser beneficiosos a corto plazo. A menudo escuchamos a los pacientes hablar de los beneficios de esos “riesgos para la salud”. La idea de que el problema es la solución, aunque comprensiblemente sea un problema para algunos, encaja con el hecho de que en los sistemas biológicos las fuerzas opuestas conviven de forma rutinaria. Lo que vemos, el problema con el que se presenta el paciente, suele ser solo el marcador del problema de verdad, que permanece enterrado en el tiempo, oculto por la culpabilidad del paciente, el secretismo y en ocasiones la amnesia, y con frecuencia las molestias clínicas” [La negrita es nuestra]

En consecuencia, hemos de honrar el síntoma y para poder ayudar a nuestros pacientes, saber que debajo, como en los icebergs, se esconde el problema de verdad, como afirma Van der Kolk, que no es otro que los traumas sufridos por el paciente y que a menudo son ignorados en las intervenciones sanitarias. 

Este post se lo dedico a mis pacientes, gracias por enseñarme a ser mejor persona y profesional cada día. Y en especial dedicado a la memoria de M.A.

domingo, 6 de mayo de 2018

Vídeo comunicado psicólogos y psiquiatras #SaludMentalTeCree

El 27 de abril de 2018 un grupo de profesionales de la psicología y la psiquiatría hicimos un llamamiento para elaborar un comunicado de repulsa sobre la sentencia tras el juicio conocido como "La manada", extensible a todos los juicios por violación. 

Tras la firma digital de 1790 profesionales en documento conjunto que se publicó el día 2 de mayo, cada día se adhieren más de forma individual, suscribiendo este comunicado. 

Queremos que este vídeo sirva de testigo de nuestro firme compromiso para trabajar unid@s en la erradicación de las violencias machistas, por una sociedad más sensible, igualitaria y justa, donde siempre se promueva el buen trato entre todas las personas.

¡¡¡Gracias a todas las personas que han participado en esta iniciativa!!!

miércoles, 2 de mayo de 2018

Juicios por violación: Carta abierta de los/as profesionales de la psicología y la psiquiatría al Ministerio de Justicia y a la ciudadanía.

Como director de este blog cuya finalidad fundacional es la difusión del paradigma de los buenos tratos, he promovido y colaborado en la creación de este comunicado, y también lo suscribo. Os pido la máxima difusión del mismo. Que numerosos colegas nos hayamos puesto de acuerdo en un texto, y organizado y coordinado por una causa justa, es para celebrarlo. Hoy es uno de esos días en los que siento satisfacción, pues uno se reconcilia con la profesión, el mundo y la posibilidad de cambiar éste. Si conseguimos sensibilizar a la sociedad sobre el particular, habremos, no obstante, avanzado mucho. Porque es en la educación temprana y en el vínculo niños-cuidadores donde tenemos la oportunidad de sentar las bases para la creación futura de un mundo más justo y más humano.

Agradezco a todos/as los/as compañeros/as que se han sumando solidariamente a este movimiento.

Carta abierta de los/as profesionales de la psicología y la psiquiatría al Ministerio de Justicia y a la ciudadanía

#SaludMentalTeCree

A propósito de la sentencia emitida sobre los cinco hombres condenados por un delito de abuso sexual durante los San Fermines y del debate que se está produciendo estos días, desde nuestro profundo y enérgico rechazo a dicha sentencia, las personas abajo firmantes emitimos un comunicado elaborado por profesionales de la psicología y la psiquiatría, entre quienes se encuentran especialistas en trauma y tratamiento psicoterapéutico de víctimas de diversas formas de maltrato, abuso sexual, abandono y negligencia, así como personas expertas en sexología, género y violencias machistas. 

Con este comunicado, que aúna la voz de más de 1.700 profesionales de la psicología y la psiquiatría que nos hemos reunido en un grupo creado para tal fin, queremos lograr un doble propósito: (1) Aportar información científica que contribuya a esclarecer aspectos problemáticos de este caso; y (2) Realizar una reflexión basada en evidencias acerca del sistema patriarcal y las consecuencias tan graves que tiene, para la sociedad en general y para las mujeres y los/as niños/as en particular, sobre todo cuando se sitúa en la base de toma de decisiones que nos interpelan a todos y a todas. 

En definitiva, nos mueve un deseo de colaborar con la Justicia como parte de una ciudadanía responsable y como profesionales especialistas en estas áreas de conocimiento, de cara a trabajar por una sociedad más saludable. 

Respecto al primer punto, aunque entendemos que el foco no ha de ponerse en la víctima, viendo el cariz de las bases de las decisiones que se han tomado, queremos ofrecer nuestro conocimiento sobre el impacto traumático que diversos sucesos y acontecimientos causan en las personas y en cómo éstos determinan sus reacciones. En este sentido, nuestra aportación debe arrojar luz a una labor compleja y delicada como es la determinación o no del consentimiento de la víctima y de sus posibles reacciones ante una situación como la que describen los hechos probados. 

De acuerdo a la Teoría Polivagal de Porges, ante una situación de amenaza de muerte, lesión grave o violencia sexual, es común una respuesta de inmovilización cuando no es posible luchar ni huir. En estas situaciones, se activa la rama dorsovagal del sistema nervioso parasimpático, con el resultado de una respuesta de inmovilización, con latidos más lentos del corazón y reducción de la sensibilidad al dolor. Esta es una forma rápida de reacción de nuestro sistema nervioso para tratar de sobrevivir y minimizar el impacto del suceso amenazante cuando, insistimos, no es posible luchar ni huir. Por tanto, en una situación así, no tiene sentido plantear la cuestión del consentimiento o la resistencia, ya que esta capacidad estará anulada dada la magnitud de la amenaza. Esta teoría ha sido demostrada científicamente y avalada por profesionales especialistas en trauma y de alto prestigio a nivel internacional como lo son Stephen Porges, Daniel Siegel, Pat Ogden y Bessel Van der Kolk, entre otras personas.

Tampoco hay lugar para preguntarle a la víctima ni es determinante el hecho de que tuviera respuesta sexual, pues en esos momentos el organismo genera sustancias para producir una analgesia frente al dolor, estando disociada e inmovilizada. Y, en cuanto a la capacidad de resistir y recuperarse de la crisis de adversidad, conocida como resiliencia, en todo caso habría que apoyar la superación que la víctima ha podido llevar a cabo tras la experiencia traumática en lugar de criticarla o someterla a vigilancia. Lo contrario solo sirve para seguir agrediéndola e, incluso, contribuir a su retraumatización. 

Respecto al segundo punto, como profesionales de la psicología y la psiquiatría, asimismo somos perfectamente conocedoras de que las personas interpretamos la realidad que nos envuelve desde nuestros filtros mentales y emocionales, los que a su vez se configuran en relación a nuestra cultura, los vínculos afectivos significativos y nuestras experiencias vitales. 

En esa línea, nos parece profundamente sintomático de la sociedad en la que vivimos el excesivo peso que ha tomado el debate en torno a la víctima en lugar de en torno a medidas que puedan ayudarnos a conseguir una sociedad libre de violencias que vulneran los derechos humanos en general y los de la mujer en particular. Entendemos que el patriarcado, como sistema cultural y de valores, constituye un marco interpretativo en el que debemos inscribir tanto la propia agresión como las leyes que rigen nuestra justicia, así como la actuación de profesionales que la aplican. En una sociedad es responsabilidad de todas y todos, desde policía a profesionales de la judicatura, actuar con profesionalidad, objetividad y ética, sin cuestionar situaciones de violencia probada ni confundirlas con jolgorios, ya que conforma un caldo de cultivo para la violencia, que aquí denunciamos. Así, la mujer y, en particular, su cuerpo sufren una cosificación que la transforma de persona en objeto. Un objeto que, como tal, puede ser utilizado, ni siente ni padece y no es vulnerable al sufrimiento. 

Paralelamente, son de sobra conocidos y reflejados en estudios sociológicos, los imaginarios colectivos que dominan nuestra sociedad, conforme a los cuales tenemos instaurado que las mujeres necesitan ser insistidas y aceptan el sexo aunque “en principio no quieran”. Creemos que esta fantasía arraigada en nuestra cultura motiva gran parte de las preguntas de jueces y juezas en este tipo de procesos, cuestionando constantemente las reacciones de la víctima. Así, son estas víctimas las que tienen que demostrar que “no lo desean”, resistiéndose explícitamente a pesar de que la paralización y el bloqueo sean reacciones automáticas y normales ante el pánico desde el punto de vista psicobiológico. Lejos de contribuir a ayudar a la salud de la víctima y al propósito de la justicia, consideramos que esto solo consigue culpabilizar a la persona agredida, retraumatizarla y revictimizarla. 

Por todo ello, a la luz de la evidencia científica y como profesionales de la psicología y la psiquiatría, consideramos por tanto esencial que los informes periciales que se emitan en procesos como éste cuenten con el asesoramiento técnico de personas expertas y que los/as profesionales de la Justicia así como los Cuerpos de Seguridad del Estado, y en general todo el personal técnico implicado en este tipo de casos, reciba formación con perspectiva de género. 

Y, por último, añadimos la urgente necesidad de la prevención, incluyendo desde la infancia una educación sexual no patriarcal, con perspectiva de género, transversal y estructural, que favorezca el cumplimiento de los derechos y agencie a las mujeres, que no relacione la violencia como parte de la sexualidad, que permita lugares para repensar las masculinidades y para reconstruir el respeto hacia las mujeres, así como la promoción de las relaciones de buen trato.

Suscriben este comunicado las personas aquí firmantes.