lunes, 25 de mayo de 2015

Estrés, apego y desarrollo cerebral.

Sigo entusiasmado con el nuevo descubrimiento (que ha venido de la mano de mi amigo y colega Rafael Benito, médico psiquiatra, cuya consulta está en Donostia-San Sebastián, especializado en trauma, apego y neurodesarrollo) a saber, el libro del que os vengo hablando desde hace unas semanas: What´s going on in there? (¿Qué pasa ahí dentro?) Hace referencia al cerebro, claro. Es un manual completo y detallado acerca de cómo la mente y el cerebro se desarrollan durante los cinco primeros años de vida. Hace un repaso exhaustivo por todos los temas importantes en cuanto a neurodesarrollo: biología básica, influencias prenatales en el cerebro, cómo afecta el nacimiento al cerebro, la importancia de tocar y acariciar (que ya vimos en un precioso post), el mundo de los sentidos, la emergencia de la memoria, el desarrollo socio-emocional, el lenguaje, la inteligencia… Y la buena noticia es que es para todos los públicos, esto es, los padres y las madres podéis acercaros al mismo tranquilamente y aprender sobre un tema trascendente para poder comprender a los niños y las niñas. El único requisito es que debéis saber inglés al menos como para poder leer.

Estoy revisando el apartado dedicado al área socio-emocional y he leído con verdadero gusto los epígrafes dedicados al apego. Hay uno que ha cautivado mi atención e interés más que otros, porque guarda estrecha relación con mi trabajo con los niños traumatizados y con problemas y trastorno del apego, y también me imagino que os atrae e interesa a vosotros/as que tenéis hijos/as o niños/as adoptados o acogidos a vuestro cargo y posiblemente algunos de ellos presenten problemas en estos aspectos. Me estoy refiriendo a los vínculos existentes entre estrés, apego y desarrollo cerebral. Tópico que ya hemos tratado en este blog en otras ocasiones pero siempre se hace necesario volver sobre ello y recoger las nuevas aportaciones, como las que este libro contiene.

Voy a exponeros lo más importante sobre el particular y os lo comento.

Lise Eliot -la autora- refiere que el apego y el desarrollo cerebral son como una calle con dos sentidos. La maduración del lóbulo frontal es un aspecto clave en el apego. Como ya sabéis -y sintetizando- en este lóbulo reside la capacidad del cerebro, entre otras funciones, de modular las emociones y los impulsos provenientes del sistema límbico (el área del cerebro donde residen dichos impulsos y emociones): esto implica regulación emocional, tolerar la demora de la gratificación, calmarse cuando se experimenta ansiedad o malestar, dar una respuesta meditada y planificada… Un apego seguro con el cuidador es esencial –nos dice la autora- para el normal desarrollo del cerebro y en concreto, para un funcionamiento saludable del sistema límbico. Lo que más puede afectar a esta amplia zona del cerebro responsable de nuestras vivencias emocionales, lo que más puede desregularla, es desgraciadamente, lo que muchos niños y niñas adoptados/as o acogidos/as han padecido en demasía y a edades tempranas: el estrés.

Un cuerpo creciente de investigación muestra que una elevación de las hormonas del estrés puede ser nocivo para el cerebro, especialmente para partes del sistema límbico como el hipocampo, el giro cingulado (hace de frontera del sistema límbico) y la amígdala (como una almendrita, órgano responsable de procesar muchas respuestas emocionales rápidas como la ansiedad, la ira…) En ratas adultas, por ejemplo, un exceso de hormonas del estrés hace a las neuronas del hipocampo (una estructura clave para el desarrollo de la memoria y el aprendizaje) más vulnerables. Si estas hormonas permanecen elevadas mucho tiempo, mayor es la extensión del daño. Los humanos también somos vulnerables: se ha observado atrofia en el hipocampo en pacientes que sufren depresión o trastorno por estrés postraumático, dos síndromes en los que se sabe que la hormona del estrés, el cortisol, es elevada.

Un estudio hecho con niños de un año con niveles elevados de cortisol mostró una disminución de la actividad eléctrica procedente del hipocampo, sugiriendo que el cerebro de los bebés puede ser vulnerable a los efectos del estrés.

¿Cómo hemos de interpretar esto? Si mi hijo/a o mi niño/a ha vivido el estrés de la separación a edad temprana, significa que su hipocampo y su sistema límbico quedan dañados y afectados de por vida? No. Lo que hemos contado en el párrafo anterior tiene importancia a nivel de investigación: examinada una población de niños cuyo hipocampo está afectado, aislados muchos factores, se observa que en todos esos niños estaba presente una variable: el estrés del abandono temprano. Por ello, ambos factores o variables correlacionan. Por lo tanto, un exceso de cortisol pudo estar presente y pudo afectarlo. Incluso si el volumen del hipocampo presentara un tamaño inferior a la media, eso no quiere decir necesariamente que ese hipocampo falle en su funcionalidad. Y en los casos en los que el sistema límbico y el hipocampo estuvieran alterados por ese exceso de cortisol que afectó a su funcionamiento, con cuidados adecuados, estimulación y tratamiento, el cerebro es cambiable y se puede producir neuroplasticidad (regeneración y creación de nuevas conexiones neuronales) Por ello, las pruebas de neuroimagen no tienen demasiada utilidad a nivel de diagnóstico porque los tratamientos son de estimulación (con terapias que potencien el neurodesarrollo) y psicoterapia. Así que nadie se obsesione ni agobie, que los datos son estadísticos (¡con mucha utilidad para saber cómo el ambiente temprano afecta a nuestro cerebro, desde luego, y ayudarnos en el diseño de terapias!) 

Una evaluación neuropsicológica sí puede ser necesaria, si se observan alteraciones severas de memoria, atención, lenguaje… u otras áreas del desarrollo que han podido quedar afectadas por el estrés de la separación materna, al cual debemos sumar el estrés de la institucionalización (si la hubo) en orfanatos o casas de acogida donde pudieron sufrir abandono emocional y/o los cuidados (físicos y emocionales) no fueron de calidad. Una evaluación (junto con una intervención, si se precisa) temprana es importantísima. Por eso, una vez que el niño/a está en la familia (adoptiva o acogedora) y si existen dudas a este respecto, lo más adecuado es hacer esta evaluación. Los niños y niñas, además de psicoterapia, pueden precisar (antes o después) otro tipo de intervenciones especializadas conducentes a reparar otros daños producidos en su desarrollo por efecto del maltrato o el abandono: neuropsicología, logopedia, psicomotricidad… En España Montse Lapastora y equipo, en Madrid, además de terapia, ofrecen un buen número de terapias destinadas a este fin. En Donostia-San Sebastián Uxue Doñate, miembro del Basque Center of Cognition, Brain and Language y con consulta privada. Y en Iruña contamos con Cristina Cortés y equipo.

Porque los niños y niñas tienen que aprender con programas pedagógicos adaptados a sus posibilidades. Porque si no, si el niño/a percibe que las demandas superan su capacidad, o si hay una exigencia muy alta de trabajo y tarea, entonces sobrevendrá nuevamente el estrés. ¡Y el sistema de estos niños está ya muy afectado desde temprana edad! Eso es tóxico para todos los niños/as, pero para los que han sufrido esas adversas experiencias en la infancia temprana, es como golpear sobre heridas. Los niños/as no podrán gestionar ese estrés y a no mucho tardar el menor de edad desarrollará trastornos de ansiedad, de conducta, del estado de ánimo, se afectará el proceso de vinculación con la familia si se le presiona para lo que no puede… Sé (en el caso de que, por ejemplo, el aprendizaje escolar sea fuente de estrés) que no hay soluciones fáciles con lo que ofrece nuestro actual sistema de enseñanza, pero podemos y debemos exigir que el niño/a sea evaluado por los equipos psicopedagógicos escolares y que se le ofrezcan adaptaciones (si las necesita) del currículo. Para respetar su estilo, capacidad y ritmo de aprendizaje. Psicoeducar a los centros escolares (orientadores, profesores, tutores…) es fundamental para que puedan comprender todo esto y aplicar las medidas de atención a la diversidad que el niño/a necesite.

¿Quién puede modular y reparar poco a poco el sistema de respuesta al estrés afectado desde temprana edad? A este respecto, Lise Eliot nos dice lo siguiente: "Como con las ratas y los monos, en los humanos el apego seguro con la madre (o persona sustituta) parece ser el responsable de modular este sistema de estrés. En efecto, los niños apegados seguramente mostraban niveles más bajos en las hormonas del estrés en respuesta a acontecimientos extraños o de miedo"

¿Qué podemos hacer? Si nuestro hijo/a tiene el sistema de estrés desregulado desde muy temprana edad, ¿significa que no podemos hacer nada por recuperar a nuestro/a hijo/a? Nada de eso. Lo primero es proteger adecuadamente a los niños y sacarlos fuera de las fuentes de estrés. Para ello, los acogimientos familiares a temprana edad (bebés) y la adopción son las mejores medidas porque garantizan la continuidad de los cuidados que el menor de edad precisa (con adoptantes y acogedores competentes, claro) Lise Eliot afirma que "los estudios científicos muestran que siempre y cuando los cuidadores (padres, madres acogedores, adoptivos… y también el resto de personas significativas en la vida del niño/a) sean receptivos emocionalmente, capaces de jugar, sensitivos… el niño/a no experimentará una elevación significativa del cortisol. Pero si el cuidador es frío, distante y no vincula… ¡los niños/as pueden elevar la tasa de cortisol!" Un cuidador competente podrá incluso ser filtro estabilizador y amortiguador de las fuentes de estrés que el niño/a pueda tener en su vida cotidiana. Y además, con los niños/as más dañados en este sentido, con sistemas de respuesta al estrés hiperalterados (con respuestas de lucha/huida hiperactivadas), con pautas adecuadas que muestran empatía y límite (con autoridad calmada), se consigue darle la vuelta y regularlo. Pero no existen recetas mágicas ni soluciones a corto plazo: toda la red social debe acompañar al niño/a para ayudarle a lograrlo, durante todo su desarrollo. Con ese trabajo y esa perseverancia, se logra devolverles (todo o parte) del bienestar que se les robó de bebés o niños/as. Con el post de hoy hemos podido comprobar que la calidad de los cuidados es la clave para proteger a los niños/as y contribuir a reparar el daño.

Cerramos el post de hoy como siempre, con la picada y el recordatorio de entradas antiguas en Buenos tratos.

Mi amiga y colega psicóloga Naiara Zamora me ha facilitado una picada buenísima: me ha pasado el enlace a un blog titulado: Mamás Gallina (me encanta este título) Su autora basándose en la literatura científica, "intenta responder a las principales dudas que nos invaden durante los primeros años del bebé" En dicho blog ha publicado recientemente un artículo titulado: "Los peligros de dejar llorar al bebé", en el cual desarrolla magistralmente por qué no se debe de dejar llorar a los bebés; además, nos expone los puntos de vista de Sue Gerhardt sobre cómo el adulto responsable del cuidado del infante regula la respuesta al estrés de su organismo. No os perdáis este magnífico artículo, al tiempo que os recomiendo el blog.

El post que recuperamos hoy de los archivos de Buenos tratos no es uno sino ¡dos!: los que en su día dedicamos, precisamente, al libro “El amor maternal” de Sue Gerhardt, el cual habla sobre cómo el afecto maternal regula todo el sistema hormonal y de respuesta psicofisiológica del niño de manera temprana. Son: La importancia de la edad bebé y Los buenos tratos regulan el sistema de respuesta fisiológico y emocional del individuo desde temprana edad.


Regresamos el 15 de junio con un post que despedirá la temporada. ¡No os lo perdáis!  Porque en el mismo -además de tratar un tema, como habitualmente hacemos- os daré un adelanto de las novedades -muy jugosas- que nos esperan la próxima temporada 2015-16, la cual dará comienzo en septiembre.

Cuidaos / Zaindu.

3 comentarios:

Elena dijo...

Hola Jose Luis,
Un post muy interesante que me ayuda a comprender algunas de las reacciones de mi hija, que sufrió importantes privaciones de todo tipo en sus primeros cuatro años de vida. Quería preguntarte sobre la evaluación neuropsicológica que citas. Teniendo la niña 10 años y acudiendo desde hace cuatro a psicoterapia, ¿tendría sentido? ¿Podría ayudarnos a enfocar mejor su terapia? ¿Y a conseguir mejor atención y comprensión por parte del profesorado en el centro escolar? Observamos en ella importantes carencias en la capacidad de atención, de concentración, de abstracción..., que afectan mucho a la vida escolar, y nos cuesta a veces hacer ver la necesidad de refuerzo en el aula que tiene. ¿Podría esta valoración neuropsicológica servirnos de ayuda?
Y algo muy práctico, ¿deberíamos acudir al pediatra para solicitarla, o a un centro privado?
Perdona la batería de preguntas. Y aunque hasta ahora nunca había comentado te agradezco mucho tu labor divulgativa en este blog, que sigo desde hace tiempo, y sobre todo la esperanza que emana de lo que escribes, algo fundamental para las familias adoptivas, que caminamos tres pasitos para adelante y dos para atrás en esta carrera de fondo que es la crianza de nuestros singulares y maravillosos hijos. Eskerrik asko.

José Luis Gonzalo dijo...

Hola Elena: yo creo que lo mejor que podéis hacer es consultar con el profesional que le lleva la psicoterapia sobre este tema, pues os podrá decir si le ve necesidades en este sentido. Si el o la psicoterapeuta es psicologo o psicóloga podria puede que sea capaz de hacer esta valoración. Porque la misma se suele hacer en base a tests y escalas. Desde luego que una valoracion de este tipo puede aportar una información relevante sobre las necesidades de la niña en este área, y valorar si interfiere en el aprendizaje y cómo. Del mismo modo, una valoracion de este tipo puede fundamentar la necesidad de apoyo escolar de la niña. En cualquier caso el pediatra no puede hacerla. Si la pedís fuera de la psicoterapia deben hacerla algún psicólogo o psicóloga (o psicopedagogo) que se haya formado en neuropsicologia y/o aprendizaje. De todos modos no os aconsejo hacer nada sin antes consultarlo con el o la psicoterapeuta. Saludos cordiales

Elena dijo...

Por supuesto, lo consultaremos con ella. Gracias por orientarnos.