lunes, 18 de febrero de 2013

Prólogo del libro "Construyendo puentes. La técnica de la caja de arena (sandtray)", por Rafael Benito, psiquiatra.


Esta semana os ofrezco el prólogo del último libro que publico titulado –como ya sabéis los que seguís Buenos tratos habitualmente-: “Construyendo puentes. La técnica de la caja de arena (sandtray)” Libro que acaba de salir de la imprenta y ya está disponible; esta semana comienza la distribución por toda España. En América Latina ha de pedirse en las librerías para que éstas hagan el pedido a la editorial. Podéis comprar el libro directamente en la página web de la editorial Desclee de Brouwer.

Pedí a mi amigo Rafael Benito Moraga (psiquiatra que ejerce en su consulta privada sita en la Clínica Quirón de San Sebastián-Donostia) que elaborara el prólogo del libro. Y éste aceptó encantado. Desde aquí le agradezco su generosidad y el que me haya honrado haciendo este prólogo.

Ofrecí la posibilidad de hacer este prólogo al Dr. Rafael Benito por varias razones: La primera, porque es un psiquiatra con apertura mental. Contempla –como no puede ser de otro modo- el punto de vista neurobiológico en el estudio y tratamiento de los trastornos mentales, de la personalidad y de la conducta humana; pero a la vez considera que el cerebro se construye y crea en un contexto interpersonal. Las relaciones humanas y la neurobiología se interrelacionan para explicar cómo son el desarrollo y funcionamiento cerebrales. Por ello, para él, la psicoterapia es un tratamiento necesario y que conoce, ejerce (está formado en psicoterapia) y recomienda a sus pacientes. La segunda razón es que Rafael Benito está especializado en trauma y apego. Es un apasionado de estos temas psicológicos y los integra en su práctica clínica. Acumula una vasta experiencia porque durante muchos años ha sido psiquiatra de referencia para los menores en situación de desprotección de la Diputación Foral de Gipuzkoa. Actualmente, es nuestro psiquiatra de referencia cuando necesitamos derivar a un adolescente o joven (ya no trabaja con niños) que haya sufrido maltrato o abandono en sus primeros años de vida. Trata a numerosos jóvenes adoptados. Además, es experto en déficit de atención con hiperactividad (siendo uno de los escasos psiquiatras que contempla los factores del abandono y del maltrato como potentes variables que han podido incidir en la aparición de este síndrome) Y también se dedica -y es especialista- en trastornos de alimentación. Ha analizado profusamente la relación trauma-bulimia y anorexia-trastornos de personalidad. Y la tercera, porque cursó conmigo el diplomado para psicoterapeutas infantiles organizado por el IFIV de Barcelona dirigido por Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan, en Barcelona, durante cuatro veranos inolvidables. Conoce, por lo tanto, la técnica de la caja de arena porque allí nos conocimos y allí la aprendimos juntos.

Por todo ello, me parecía la persona más idónea para escribirlo. Además de nuestra amistad y el afecto mutuo que nos profesamos que de por sí, para mí, ya son razones poderosas para que participe en la redacción del prólogo, pienso que presenta todos los requisitos necesarios para redactarlo (el prólogo es una cuestión muy delicada porque es algo así como la puerta de entrada a los contenidos. Si el prólogo te engancha, es posible que entres más adentro de los mismos) Y no me defraudó. Muy al contrario: me ha maravillado lo que ha escrito. Una inteligente reflexión sobre la técnica enmarcada en el contexto histórico de los descubrimientos psiquiátricos y psicológicos que, a la par, aboga por tender puentes entre la psicología y la psiquiatría para que ambas disciplinas no caminen juntas sin mirarse la una a la otra. Esto es, por romper, de una vez por todas, el dualismo cuerpo/mente que arrastramos desde hace siglos. Además, Rafael Benito engrana la técnica de la caja de arena dentro de la neurociencia, y descubriremos cómo ésta tiene mucho de psicológica pero también de neurocientífica.

Os dejo con el prólogo. Espero os guste y sea, a la vez, una invitación a que os acerquéis a leer “Construyendo puentes. La técnica de la caja de arena (sandtray)” Un libro que explica la historia de esta técnica; para quiénes está indicada; los beneficios de su uso; cómo aplicarla paso a paso; los materiales que se necesitan, etc. Pero no me he querido olvidar de los aspectos vivenciales que aportan el toque humano a los conceptos y al rigor científico. Por ello, la obra entera está salpicada de las historias que he vivido en consulta (y de las fotos de sus cajas de arena) con niños y adolescentes traumatizados, y cómo este abordaje terapéutico les ha ayudado a sanar emocionalmente. Son los niños y adolescentes acogidos o adoptados a los que he acompañado, semana a semana, en su tratamiento psicológico en mi día a día en la consulta.

PRÓLOGO DEL LIBRO CONSTRUYENDO PUENTES. Por Rafael Benito

"Cuando mi amigo José Luis me propuso prologar este libro me sentí halagado y sorprendido. El cariño y la larga colaboración profesional que nos une atenuaron algo mi asombro pero no podía evitar preguntarme: “¿un psicólogo de su experiencia y conocimiento pidiéndole a un psiquiatra prologar un libro sobre psicoterapia?” Incongruente en apariencia. Los psiquiatras tenemos fama de no estar interesados más que en dar medicamentos; y los psicólogos a su vez parecen trabajar con los problemas mentales como si el cerebro no tuviera nada que ver con ellos. Afortunadamente ni el autor ni yo encajamos en ninguno de estos dos estereotipos. Y me alegra ver el número creciente de profesionales de la salud mental y la neurociencia que desertan en ambos bandos, y van conformando grupos de trabajo en los que el intercambio de diferentes ideas y perspectivas acelera nuestro avance en el conocimiento de la psique humana. Y me gustaría que este prólogo, hecho por un psiquiatra a petición de un psicólogo, contribuyera a la desaparición definitiva de ese antagonismo.

Hice Medicina porque era el único modo de convertirme en psiquiatra. Realmente nunca pensé en ser meramente un médico dedicado a tratar las enfermedades mentales como un traumatólogo se encarga de la patología músculo-esquelética, o un neurólogo de los problemas que afectan a la integridad del complejo cableado neuronal y sus sistemas de soporte glial. Yo buscaba entender cómo nuestros sistemas biológicos producen las emociones, los pensamientos y el comportamiento característicos de nuestro funcionamiento mental.

Pronto comprendí que para entender los procesos psíquicos hacía falta ir más allá de los conocimientos médicos y neuroquímicos. Y mi deseo de entender cada vez más y mejor me llevó a entrar en contacto con disciplinas de las que suele alejar al médico una formación puramente neurobiológica. Así es como completé mi formación en psicoterapia, durante la cual pude conocer otras teorías acerca del psiquismo humano. Algunas escuelas psicoterapéuticas parecían interesadas en la elaboración de esquemas acerca del funcionamiento mental normal y patológico, de los que podían deducirse técnicas destinadas a cambiarlo. Otras no pretendían explicar cómo somos, pero ofrecían al terapeuta procedimientos útiles para ayudar a sus pacientes. La técnica de la caja de arena pertenece a este último grupo. Como se expone en el libro, es una tarea terapéutica útil por su mera realización, un acto curativo que no requiere interpretaciones o conclusiones basadas en un modelo concreto de funcionamiento psicológico.

Cuando un psiquiatra va avanzando en el estudio de estas teorías y formas de tratamiento, descubre que el interés científico por conocer el funcionamiento mental y mejorar el manejo de su patología ha generado dos caminos paralelos con pocos puntos de contacto. Por un lado la senda de los modelos psicoterapéuticos, creados y desarrollados en gran medida por psicólogos; y por otro la de los modelos neurobiológicos, terreno explorado por médicos y neurocientíficos. De este modo, inadvertidamente, hemos hecho cada vez más profundo el abismo que nos impide conectar cuerpo y alma. Psicoterapeutas y psiquiatras caminan a ambos lados del desfiladero sin mirarse, sin hablarse, sonriendo al pensar que “los otros” no van a ningún lado. Descartes estaría contento, división de tareas: ocúpense unos de la “res extensa” y dejemos a otros el estudio de la “res cogitans”

Es curioso que el psicoanálisis, una de las escuelas psicoterapéuticas más extendida y sugerente, convertida con el paso de los años en el paradigma de la terapia, naciera gracias a un intento genial de acabar con el dualismo cartesiano. Su fundador, Sigmund Freud se refirió a uno de sus primeros manuscritos como un texto de “psicología para neurólogos”, y con este título ha sido editado en castellano. Creó el modelo psicoanalítico para ofrecer un esquema que explicara el funcionamiento mental normal y patológico, y pudiera encajar además con los descubrimientos sobre neurofisiología cerebral de su tiempo. Freud estaba convencido: debíamos encontrar una vía común que aunara nuestros esfuerzos y nos hiciera progresar más rápido. Descartes se revolvió durante algunos años en su tumba amenazado por el genio austríaco. Desgraciadamente no era el momento, y algunos años después Freud declaraba su incapacidad para lograr esa empresa titánica. Paradójicamente las teorías surgidas de su sueño dieron lugar a una de las escuelas psicoterapéuticas menos interesada en acabar con el dualismo cartesiano.

Durante algunos años más el filósofo francés pudo descansar en paz hasta que en los años 50 comienza la primera revolución en el conocimiento del cerebro como asiento del funcionamiento mental: el advenimiento de la psicofarmacología. El hallazgo de medicamentos capaces de aliviar los trastornos mentales dio lugar a una auténtica eclosión de hallazgos, que hicieron albergar de nuevo la esperanza de acabar con las disociaciones cuerpo-alma, mental-cerebral, psiquiátrico-psicológico. El descubrimiento de los psicofármacos nos ha permitido entender de un modo detallado el modo como las células cerebrales producen el movimiento, el humor o los delirios. Pero lo mejor estaba por llegar. En las últimas décadas estamos disponiendo de métodos que nos permiten ver el cerebro en funcionamiento. Las modernas técnicas de neuroimagen nos están ofreciendo información sobre lo que ocurre en el cerebro cuando, por ejemplo, estamos a punto de tomar decisiones sobre un dilema ético. El tiro de gracia al dualismo: un artículo reciente ha permitido descubrir que las situaciones de rechazo social activan zonas del cerebro idénticas a las activadas cuando experimentamos un dolor físico.


Hoy más que nunca es posible conectar el trabajo psicoterapéutico con los descubrimientos sobre el funcionamiento cerebral. Creo que ese es el futuro, y me alegro de que José Luis Gonzalo lleve compartiendo conmigo esa ilusión desde que nos conocimos trabajando con chicos y chicas víctimas de maltrato. Tras años de trabajo en común, las diferencias en nuestra formación y nuestras diversas perspectivas y conocimientos son una fuente constante de enriquecimiento mutuo. Juntos participamos en el curso de formación en el que descubrí el uso de la caja de arena como técnica terapéutica; y en el presente libro José Luis Gonzalo expone de modo sencillo y completo todo lo que hace falta saber para utilizarla.

A mi modo de ver la caja de arena se encuentra entre las herramientas terapéuticas más útiles para el trabajo con niños y adultos. Como se expone a lo largo de este libro, la realización de la caja de arena permite trabajar cuando resulta difícil la verbalización de los contenidos psíquicos; y esto es especialmente importante cuando el paciente tiene dificultades para ponerlos en palabras, como ocurre habitualmente con los niños. En otros casos la cualidad facilitadora de la técnica no tiene que ver con las características del individuo sino con las de su malestar. Cuando el origen del problema es un trauma infantil, recordar y explicar es una fuente adicional de sufrimiento. Utilizar la caja de arena permite la distancia necesaria para ir elaborando la experiencia traumática sin tanto dolor.

He dedicado la mayor parte del prólogo a señalar la necesidad de acabar con el dualismo y, aparentemente, nada podría estar más alejado de un fundamento neurobiológico que un técnica terapéutica como esta. Error. Lo que hace el paciente cuando crea su caja es contar una historia y los estudios de imagen cerebral refuerzan la idea de que los relatos actúan como un entrenamiento para la vida real, ya que muestran que el visionado de individuos reales y de personajes animados provoca una actividad cerebral similar. Se ha hallado una gran actividad en el hemisferio derecho del cerebro cuando creamos o escuchamos un relato. Áreas del encéfalo implicadas en la identificación y procesamiento de los estados mentales, emociones y motivaciones de otras personas, se activan cuando nos cuentan o contamos historias.

Cuando José Luis Gonzalo me propuso escribir este prólogo, pensé en hacerlo con el fin de transmitir y contagiar la pasión que mi amigo y yo sentimos por lograr finalmente un sendero común para psicoterapeutas y psiquiatras de orientación más neurobiológica. Me gustaría que este libro sea leído por profesionales de ambos grupos, pues sólo un intercambio constante de nuestras experiencias e ideas permitirá avanzar en el conocimiento del psiquismo humano y alcanzar el objetivo de aliviar el sufrimiento de nuestros semejantes"
Rafael Benito Moraga
Psiquiatra
San Sebastián, 3 de julio de 2012

Hasta la semana que viene. Cuidaos / Zaindu

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Jose Luis, estoy deseando poder leer este libro. ¿tardará mucho en salir en e-book?. Me estoy leyendo ahora el que recomendaste en unos de tus artículos. Es el de Heather Gedds. Muy interesante, aunque una parte es estadístico y de análisis. No es desestimable para nada, además no he terminado de leerlo y estoy esperando poder encontrar aputas concretas que poder transmitir al porfe de mi hijo.
El 8 y 9 de Marzo Javier Múgica dá un taller en Madrid sobre adopción. Por lo que he leído de él parece que esta en tu línea de trabajo. ¿Es así?. Quisiera ir pero son 100€ y me lo estoy pensando.¿me merecería la pena? Perdóname si te pongo en una situación incómoda haciéndote esta pregunta. Puedes obviarla si lo crees necesario.
Mil besos y muchas gracias por todo.

José Luis Gonzalo Marrodán, psicólogo dijo...

Hola Lupe: Para mí, los talleres de Javier Mugica son muy buenos y él es un gran profesional. Merecen mucho la pena.

No sé cuanto tardará en salir el libro en e-book, os tendré al tanto.


Saludos cordiales

Maca dijo...

Hola José Luis! Pero qué bien! Enhorabuena por este libro, por haber tenido la fantástica idea de escribirlo. Voy corriendo a comprarlo porque conociéndote y leyendo el índice, estoy segura de que será un gran libro y de que a muchos profesionales nos va a resultar tremendamente útil.

Y con que bellas e interesantes palabras te prologa tu amigo. Totalmente de acuerdo: debemos dejar atrás esa dualidad que, lejos de arrojar luz o ayudar, entorpece, pues mente (y cuerpo) residen en nuestro cerebro, y técnicas como la que explicas en tu libro lo modifican para que esos niños traumatizados puedan resolver, y encontrar calma, bienestar y esperanza en sus vidas. Aliviar sufrimiento, que de eso se trata, verdad? Y de eso sabes mucho. Estoy deseando leerlo.

Muchas gracias y un abrazo.
Macarena

José Luis Gonzalo Marrodán, psicólogo dijo...

Hola Maca, como estas? Alegría verte por aquí! Gracias por tus palabras de elogio y felicitación. Me alegra mucho el entusiasmo que el libro te ha generado. Ya me contarás como profesional que te ha parecido. Hace ya un tiempo que trabajo con esta técnica y habiendo reunido experiencia y muchas historias terapéuticas, me he animado a contarlas en un libro que acerque y despierte el interés en los colegas sobre el mismo. Y sobre el prólogo quise especialmente que fuera mi amigo Rafael no sólo por amistad sino porque el contenido que planteaba me parece muy acertado, y ya veo que te ha enganchado. Bueno Maca, pronto me pasare por Madrid y os llamo, un abrazo fuerte y gracias miles!