lunes, 12 de diciembre de 2011

¿Trastorno de conducta o apego desorganizado? (II y final)


Elena es una niña habitualmente risueña y alegre. Es movida e inquieta y le encanta jugar. Normalmente, no permanece mucho tiempo jugando a una misma cosa, pasa de una actividad a otra rápidamente, pues se aburre pronto y en seguida se entusiasma con algo nuevo. Si algo no le sale como ella quiere, se frustra y deja lo que estaba haciendo de inmediato. Con 9 años recién cumplidos, estudia 4º de Primaria y tiene en general buenas relaciones con los compañeros y sus profesoras, aunque en ocasiones se “inventa” historias que no tienen mucho que ver con su realidad. Eso llama la atención de los compañeros de clase, que alucinan un poco. Pero en general, es una niña popular y buscada por los chicos y chicas de su clase porque siempre está ideando juegos nuevos.

En casa, Elena vive con su madre adoptiva. Hace dos años que la adoptó. Procede de un país de Sudamérica. No presenta problemas de desarrollo y su madurez cognitiva, motriz y lingüística están al nivel esperado a su edad. Ha aprendido euskera muy rápido y las profesoras dicen que pronto se pondrá al nivel de los compañeros en las asignaturas, pues se centra bien y no tiene problemas de aprendizaje escolar.

Elena y su madre están en pleno proceso de conocimiento la una de la otra y tratando de construir un vínculo. Pero, aunque la madre de Elena es una mujer con capacidad parental y habilidades para la crianza, le está costando mucho comprender y manejar algunas reacciones de Elena. No sabe explicárselas. Elena no se lo está poniendo fácil en la construcción del vínculo afectivo entre ambas. La madre de la niña no sabe qué hacer.

Elena funciona de manera aparentemente normal pero, de vez en cuando, de repente, sin causa que lo motive, muestra problemas en el área del comportamiento. Por ejemplo, es domingo a la mañana y han quedado para ir a la playa. La madre le despierta y Elena se hace la remolona. “¡Vamos, venga, a la playa, arriba, cariño, hace un día magnífico!” Elena le responde: “No, no me levanto” La madre se arma de paciencia y trata de hablar con ella, de razonar. Pero Elena se enroca en su postura. La madre se pone cada vez más nerviosa, se hace tarde y tiene a la familia esperando. Además, piensa que no debe de ceder, que si le echa un pulso y se lo gana, se lo hará más veces. Le insiste y le insiste pero nada. Al final, la madre opta por sacarle a la fuerza, resistiéndose Elena, forcejeando ambas y llorando y gritando Elena. La madre no se explica esto. Es una situación muy desagradable para ella y para Elena.

Elena presenta cambios en su estado mental. Puede estar tranquila pero, en un momento dado, comienza a meterse con la madre, a burlarle, a criticarle, a resaltar sus defectos, a tratar de machacarla… Y no hay razón para ello. Es como un cambio en su estado de mente. Tanto es así que, al final, la madre se tiene que poner dura con ella para que se pare. A partir de ese momento, Elena vuelve a cambiar su estado mental y empieza a comportarse de otro modo: de repente, se muestra extremadamente complaciente.  Pide perdón a la madre, le da besos, recoge la mesa, los platos, hace los deberes sin rechistar… Es como si temiera perder a la madre.

He aquí un caso real, con el debido anonimato, de una niña con una combinación de apego controlador punitivo y complaciente. El control y aferrarse a sus percepciones y forma de ver el mundo que le rodea,  es lo que a Elena le ha permitido encontrar algo de seguridad y orden ante una estructura familiar impredecible y que le inundaba de terror. Además, el daño emocional sufrido le lleva inconscientemente a provocar al adulto, a alienarle, con el fin de que sus esquemas mentales de apego confirmen que será rechazada y abandonada de nuevo (en este caso por su madre adoptiva) Y hace todo lo que puede para probarle. La madre mantiene mensajes de aceptación y cariño incondicionales. Y esto ha ayudado muchísimo, esa paciencia y perseverancia. Sobre todo cuando compendió porqué Elena se comportaba de la manera en que lo hacía y ya no le atribuía una intención negativa. Todo era producto de un sufrimiento generado por causas exógenas y ninguna maldad existe dentro de la niña. Pero, paradójicamente, lo que le ayudó a sobrevivir (controlar) ahora se convierte en desadaptativo a todas luces.

Si un profesional hiciera una valoración psiquiátrica y no concediera peso a las experiencias tempranas y cómo éstas modelan el ser (como nos dice Siegel), diagnosticaría un trastorno de conducta. Del mismo modo, otros profesionales psicólogos de orientación conductual se decantarían por el mismo diagnóstico y propondrían técnicas de modificación de conducta en base a premios y castigos. Yo mismo he cometido estos errores y me he dado cuenta de la inadecuación de estas técnicas (e incluso lo retraumatizantes que pueden llegar a ser) Es por ello que cambié mi formación y óptica para trabajar con estos niños. Me forme en el Diplomado de formación especializada para psicoterapeutas infantiles organizado por el IFIV de Barcelona, dirigido por Maryorie Dantagnan y Jorge Barudy. Por cierto, la cuarta promoción ya está en marcha. A todos los psicólogos/psiquiatras/psicoterapeutas interesados en trabajar con estos niños y encontrar el marco comprensivo adecuado para tratarles así como las herramientas diagnósticas e interventivas necesarias, os recomiendo cursar este diplomado.

Pero si vamos hacia atrás en la historia de Elena, nos encontramos con un pasado realmente duro. Además, no disponemos de todos los datos e información sobre la historia de Elena, como suele pasar en muchas de las adopciones internacionales. Lo que se sabe con más o menos certeza es que la madre abandonó al padre y que éste se daba a la bebida. La niña parece quedó al cargo de su abuela paterna que le maltrataba (dura y castigadora con la niña) Sus necesidades afectivas no fueron cubiertas, ni tampoco pudo confiar en los adultos. El ambiente que se percibe es de caos y desorganización, con muchas secuencias en las que la niña ha vivido terror por los duros castigos que ha padecido. Todo esto durante… ¡siete años! El último de ellos en un orfanato, pues fue ingresada en el mismo detectando las autoridades tarde su desprotección. Si nosotros no conocemos con exactitud todo el devenir de su historia y estamos desorientados, pongámonos por un momento en la piel de Elena y en la sensación que tendrá de confusión, de no haber desarrollado una conciencia de sí misma a lo largo del tiempo. Siegel habla de la conciencia autonoética que es la que se desarrolla gracias al acompañamiento de los padres o de las figuras adultas que te proporcionan un sentido de ti mismo a lo largo del tiempo. Es por ello por lo que Elena, posiblemente, necesita no tanto inventarse cosas, sino que su hemisferio izquierdo construya historias para dar un orden a todo lo que vive y para evitar contactar con ese caos que le desorganiza.

La relación con su madre adoptiva está resultando difícil. Primero, porque sólo llevan dos años juntas (hace falta confianza); y, segundo, porque el apego controlador es un tipo de apego  disfuncional que perturba el proceso de construcción de un apego seguro (o de seguridad ganada) con la madre. Hay dos choques de representaciones de apego: el de la niña, (creado para sobrevivir); y el de la madre, que no pensaba (cuando se formó como adoptante) que el pasado de la niña iba a condicionar con tanta magnitud la relación con su hija. Así lo dice Siegel: “La memoria prospectiva nos permite recordar el futuro” Una frase genial y que encaja muy bien al hilo de esta historia.

En estos casos la psicoterapia es necesaria. Una psicoterapia centrada en el apego que permita al niño vivir una relación terapéutica en la que su representación de apego controladora pueda ir modificándose en la transferencia con el terapeuta, pues el niño puede ir comprobando que el adulto no le va a hacer ningún daño sino al contrario: le acepta incondicionalmente. Esto le permite ir abriéndose poco a poco.

Además, los padres necesitan trabajar con el psicoterapeuta cómo gestionar estos conflictos en los que el niño no cede el control. Una de las tentaciones en las que los padres pueden caer es la de entrar al choque que nos plantean. Pero en cuanto comprendemos que no debemos entrar en esa punición que nos provoca, rompemos los esquemas de apego disfuncionales del niño. Por mucho que quiera chocar, no le dañaremos, es el mensaje que el niño debe sentir. Escucharemos sus emociones y las contendremos con cariño, si el niño llega hasta el punto de agredir. Una buena táctica también es la metacomunicación (“algo debe ocurrirte para no querer levantarte hoy”) y la espera paciente y tratar de estar emocionalmente tranquilos. Esto último es un aspecto clave: si el niño nos detecta nerviosos, hostiles o ansiosos, se enrocará más. Cuando nos perciba firmes pero tranquilos (“Yo pienso que tienes que levantarte porque nos vamos a perder un estupendo día de playa, pero algo te pasará; en fin, vamos a esperar tranquilamente hasta que te encuentres mejor; tú me dirás”) esta metacomunicación (cuesta lo suyo, eso sí) suele hacer su efecto. Sé que me diréis que el día a día no te permite esa calma, que hay que ir al colegio, a trabajar… Sí, lo sé, pero también os digo que hay cosas que están por encima de esto. Solucionarlo a la brava agravará el problema y en la adolescencia llevaremos las de perder seguro.

Desde luego que hace falta paciencia y también trabajar lo que está detrás de la necesidad de control que es todo el dolor por el terror vivido. Cuando avanzan en terapia y con pautas adecuadas, estas reacciones de control punitivo van desapareciendo. Así ha sido en el caso de Elena y su madre. Cuando la madre entendió que no había maldad, ni querer mandar en ella sino dolor, se empezó a tranquilizar y hoy es el día que (aunque todavía tiene necesidad de dirigir ella) no presenta esas alteraciones de conducta tan difíciles en las que no cede en su postura.

En nuestro libro titulado: "¿Todo niño viene con un pan bajo el brazo? Guía para padres adoptivos con hijos con trastornos del apego", aparece (entre otros muchos) este tipo de apego y pautas para su manejo. Usando la metáfora (genial idea de Óscar Pérez-Muga) del coche, se comprende y se aprende cómo gestionar estos conflictos.

13 comentarios:

Maria dijo...

Es mi caso, mi hijo lleva 5 años en casa y hemos vivido mil veces esta sitaucion, ahora se espacian más en el tiempo, pero pasa de vez en cuando. Tengo miedo a la adolescencia, está a la vuelta de la esquina, ahora tiene 11 años.
¿Crees que es necesario hacer terapia para prevenir posibles problemas?

José Luis Gonzalo Marrodán. dijo...

Es difícil de contestar esta pregunta sin conocer al niño/a y lo que le rodea y su historia. Ten en cuenta que en la historia que expongo, la niña tiene mucha mochila a sus espaldas. Si es tu caso, sí creo que merecería la pena por lo menos una valoración.

Un saludo,

José Luis

Esther dijo...

Me ha gustado mucho la respuesta que se le podria dar a la niña, normalmente siempre se cae en reñir, no comprender, ir a lo inmediato... y esa respuesta esta diciendo "te respeto, te quiero, te apoyo, estoy contigo, te quiero ayudar..."

laura dijo...

Un ejemplo clarificador. Gracias. ¿No crees que a veces los adultos proyectan/proyectamos sus/nuestros propios límites respecto a como vivimos la adopcion de nuestros hijos en ellos?. No se, pero me ha parecido leer esto entre líneas, es decir, al entender como la madre atribuía causas erroneas a la primera reaccion de la cria. Si es así, ¿no piensas que es necesaria una terapia individual de los padres para integrar la adopcion que les toca vivir? quiero decir que muy probablemente lo que esperaban de la adopcion y lo que encuentran en ella dista mucho. Eso también hay que dijerirlo personalmente y trabajartelo dentro de ti, para poder llevar ese dia a dia ejemplificador con ellos, poder mantener la calma y tranquilidad ante sus reacciones. En lo profesional me ha pasado muchas veces que los padres han pensado que su hijo/a tenía un problema de apego o detras de sus conductas había algo relacionado con su vida previa a la adopcion y despues el tiempo ha demostrado que los niños se hacían eco de un problema no resuelto de los padre o la resonancia de un ruido emocional de los padres respecto a como integraban la adopcion de su hijo. En lo personal, intento hacer introspeccion cada dia de mi relacion con mi hija adoptada, adoptada desde los seis meses y actualmente con 22 meses y me doy cuenta que a veces proyecto historias mias o de mi percepcion de su pasado (el que no vivimos juntas) que me condicionan mi visión de futuro, esun trabajo conmigo misma que hago cada día para encontrar esta paz y tranquilidad y ser "objetiva" en mis atribuciones a ciertas conductas suyas. No descarto recibir apoyo terapeutico en un futuro cuando la adolescencia o preadolescencia lo requieran o cuando sea. Espero hacerme entender, no se si me enrollé mucho. por cierto este blog es algoqueme ayuda mucho en mantener vivo mi trabajo personal cada dia con ella. gracias.

José Luis Gonzalo Marrodán. dijo...

Ester: Me alegra mucho que la entrada te haya aportado otra visión a la hora de dar respuesta a las conductas de los Ninos. Hoy mismo un joven de 23 años que lleva en terapia conmigo desde los 17, un caso muy grave que ha evolucionado muy bien, me decía que lo que le ha ayudado de mi persona a encontrar recursos internos para rehacerse y no hundirse han sido la empatía, la paciencia y el animo que le infundaba. Esta claro que debemos usar la empatía mucho mas de lo que acostumbramos. Eso ayuda mucho a los Ninos y jóvenes. Gracias y un cordial saludo.

José Luis Gonzalo Marrodán. dijo...

Hola Laura: estoy completamente de acuerdo contigo. Esa resonancia emocional en los padres no integrada se produce en algunos casos. Nosotros lo llamamos en nuestro libro el autoreferencial. Es algo parecido porque supone interpretar las conductas del nino desde nuestros esquemas educativos, desde los que nos han sido validos a nosotros pero que con Ninos frágilizados como muchos adoptados pueden no ser validos. Una parte de la terapia, en estos casos, suele ser el trabajo con los padres. Pero si hay que trabajar a fondo esas atribuciones o los padres presentan necesidades de trabajo personles, suelo derivarles a terapia. Cuando los padres cambian y tienen otra mirada, se nota muchísimo en el nino, pues mejora a su vez. En algunos casos no basta solo con que el nino trabaje en la terapia. Hace falta una terapia para los padres porque ellos tienen aspectos suyos que han de modificar. Me alegra que el blog te aporte. Un cordial saludo

Elena dijo...

Por supuesto que creo que la terapia muchas veces la necesitamos nosotros, en vez de nuestros hijos. Muchas veces necesitamos cambiar nosotros nuestros puntos de vista, nuestras creencias, y superar ciertas frustraciones pasadas. ¿Cómo vamos a ayudar a nuestros hijos a que superen sus miedos, sus frustraciones, sus angustias, si nosotros no hemos superado lo nuestro?. Cada vez estoy más convencida de que proyectamos en nuestros hijos nuestras ansiedades, nuestras inseguridades, por supuesto de forma inconsciente. Y también la vivencia de la adopción, nuestros sentimientos hacia la familia biológica, todo ello nuestros hijos lo perciben aunque no lo creamos y aunque no lo digamos. Los niños tienen un sexto sentido para eso. Y por supuesto, a mí personalmente no me vale lo que me diga la vecina, la profesora o ni siquiera mi madre para la educación de mi hijo, porque sus inicios de vida han sido otros y no se puede actuar de la misma manera , por ejemplo, todos dirán que los mimamos mucho, que los malcriamos porque con siete años a lo mejor, les hacemos cosas que deberían hacer solos. Fomentando su autonomía , creo que muchas veces es necesario dejarles volver atrás, a las etapas que se han saltado, para poder luego seguir adelante.
Me ha gustado mucho la entrada, con ejemplos prácticos todos lo entendemos mucho mejor. Un abrazo.

Elena

Beatriz dijo...

Hola José Luis:

Super ilustrativa tu entrada, me ha encantado. En mi experiencia, cuando renuncias a entrar a la guerra por el control y adoptas esa posición empática, el malestar de los niños se desvanece como una pompa de jabón al roce con el dedo. Pero es verdad, como tú dices, que en el día a día no siempre se tiene el tiempo y la lucidez para actuar así. En cualquier caso, creo que entender lo que puede estar pasando y querer ejercer una parentalidad "de otra manera" -a pesar de críticas, comentarios, jucios...-, es ya estar en la mitad del camino.

Muchas gracias, José Luis. Un saludo,
Beatriz

José Luis Gonzalo Marrodán. dijo...

Los conentarios de Elena y Bea coinciden en que entradas cono estas, ilustrativas, ayudan a entender muchos de los aspectos teóricos que exponemos. Tomo nota para escribir mas de este tipo en un futuro.

Me alegra mucho, Elena, que como madre comentes que en muchas ocasiones somos los padres el problema con nuestros aspectos personales sin trabajar. Ser tutor de resiliencia para nuestros hijos supone además, que debemos de prepararnos. Por ello, acudir a las formaciones y talleres para padres lo considero imprescindible. Y estar abierto a la critica e incluso a una terapia personal para cambiar lo que no me deja funcionar positivamente con mi hijo, es, en muchos casos, imprescindible. Los padres no son responsables de los graves sucesos que los Ninos han podido vivir en sus lugares de origen pero si son responsables de cambiar sus actitudes, valores y normas educativas, si estas, lejos de fomentar la resuliencia del hijo, lo que hacen es retraumatizar al nino. Estos padres deben de cambiar ellos.

Comparto plenamente contigo, Beatriz, que la empatía es el camino en la relación diaria con nuestros hijos y que ello hace que las estrategias de control de los Ninos se desvanezcan. Pero todavía hay mucho por hacer porque hay gente que no opina lo mismo y lo sigue viendo como una cuestión de conducta. Ahí tenemos los programas de supernany...

Gracias por vuestra participación e interesantísimas aportaciones.

Un saludo cordial

Anónimo dijo...

Bueno, Laura...y lo digo por experiencia...cuando somos madres y padres descubres aspectos de tí que desconocías...buenos y malos...y si la situación se plantea difícil con tu hijo, como en este caso, más aún...con la maternidad te transformas, a veces para bien, y otras para mal...sólo la aceptación, el amor, la maduración, la comprensión, así como la capacidad de descubrir y estar dispuesto a cambiar, hacen que estos sobresaltos sobre tí misma, puedan canalizarse para el bien de todos, de tí y de tus hijos...sin duda asumir que tú también eres así, que hay huecos oscuros en tu pasado que no reconocías y que quieres ser más feliz y hacer más felices a ELLOS, puede hacer tu vida mejor...
Yo he cambiado tanto que...ahora...a veces que no me reconozco...De mi han salido comportamientos desconocidos, desagradables, crueles, duros, inaceptables...y los voy transformando en otros más vivibles...y eso te acerca a la satisfacción personal, tras esos cambios he sido más capaz de muchas más cosas...y lo fundamental, de amar profundísimamente y comprender mejor a mi hijo...Eso es lo mejor para mi alma...Y lo que no consigo o no sé...lo leo aquí, en este blog y en tú libro, que ya me llegó ayer...Jose Luis...gracias...siempre nos enseñas tanto!!
Mei

José Luis Gonzalo Marrodán. dijo...

Vosotros y vosotras si que nos enseñáis, Mei, yo he aprendido tanto! El libro que acabamos de publicar -me alegra que ya lo tengas, espero con gusto tu opinión- recoge lo que hemos vivido con los padres en nuestro trabajo, y por supuesto, lo que hemos vivido con los Ninos que nos enseñan siempre a ser mejores personas, como tu apuntas entre líneas. Un abrazo,

Celia Iris dijo...

Buenas! se que hace bastante desde que publicaste la entrada del blog, pero me gustaría sabes si puedes darme consejos para unos padres con un niño adoptado con estos síntomas de apego desorganizado. Soy estudiante de psicología y me vendría muy bien la información. Gracias.

José Luis Gonzalo dijo...

Hola Celia, lo que puedo contarte desde los mensajes es muy limitado. No hay espacio suficiente para escribir sobre ello. Por otro lado, aquí en mi blog, en la etiqueta apego tienes muchos más artículos donde propongo elementos de disgnostico y ofrezco pautas y orientaciones a los padres, profesores y profesionales. Así que ya está escrito, solo tienes que tomarte el tiempo y la paciencia para buscarlo y leerlo. Por otro lado, tengo editado un libro que se llama "Vinculate", editorial Desclee de Brouwer donde profundizo sobre esto y el cual te recomiendo. Gracias y saludos.