lunes, 21 de febrero de 2011

Cómo potenciar el apego seguro en los niños (III y final)

La reparación de las disrupciones en la conexión. Este elemento, explicado por Siegel en "La mente en desarrollo", consiste en la tarea educativa y emocional que los padres y cuidadores han de poner en práctica con niños que presentan un apego desorganizado. Reparando esas conexiones comunicacionales, es como el niño podrá ir avanzando hacia representaciones seguras de sus nuevos progenitores.

¿Qué son las disrupciones en la conexión cuidador-niño? Son típicas de progenitores con apego desorganizado o no resuelto. Padres desorientados, desorganizados y/o perturbados que no han establecido conexiones sintonizadas con sus hijos. Al contrario: han provocado severas disrupciones (rupturas bruscas) en esta conexión. Siegel nos lo explica con este ejemplo: Pensemos en un hombre (que es padre actualmente) que fue objeto de los estallidos alcohólicos, en su niñez, de su padre borracho y furioso. Su distante madre era incapaz de protegerlo, y él era vulnerable a los imprevisibles caprichos de su padre. Este hombre como decimos, tiene actualmente una hija, y ésta, como hacen a menudo los niños, insiste en que las cosas se hagan a su manera. Al padre de esta niña le costaba ser flexible (como consecuencia de su historia con su padre alcohólico). La irritación de su hija hacia él (irritación infantil normal) le hacía sentirse rechazado, y ponía en marcha los patrones de cambios abruptos en su estado mental y las reacciones de ira que establecieron el patrón de apego desorganizado. La percepción de la respuesta de su hija iniciaba una cascada de activaciones en la memoria implícita (la que contiene los recuerdos de sensaciones, emociones… y de la que no somos conscientes que estamos recordando, no supone un recuerdo activo y consciente) Él se veía inundado por una respuesta emocional que rápidamente cambiaba su estado mental. En algunos casos, tal cambio podía parecer la entrada en un estado de mente congelado o equivalente al trance. En otros casos, el cambio podía revelar la repentina aparición de una ira explosiva. En esta situación, se sentía superado por las memorias implícitas y repentinamente cambiaba al estado mental infantil en el que se encontraba con la vieja y familiar sensación de rechazo, miedo, ira y desesperación. La subsiguiente percepción de la irritación de su hija como ira hacia él le inducía a sentirse humillado. Antes de poder salir de esta avalancha, se enfurecía, y este estado de alteración le llevaba a comportarse de un modo terrible con su hija. Literalmente se encontraba fuera de control.

Con estos cambios (como el padecido por esta hija) en la conexión con el adulto, no contingentes, nos dice Siegel, la mente del niño puede ser incapaz de desarrollar transiciones suaves y mostrará también cambios abruptos y, a veces, caóticos de estado, los cuales se observarán ya desde el primer año. Adicionalmente, el niño puede comenzar a reproducir un estado desorganizado como un patrón repetido y aprendido de activaciones neuronales. El niño aprende a recrear la conducta incoherente del progenitor sintonizándose con los cambios caóticos en el estado parental.

Por ello, los padres adoptivos y educadores que tienen hijos o cuidan de niños con patrón de apego desorganizado se asombran y asustan, también sienten desconcierto y sensación de incontrolabilidad, cuando el niño (que no ha podido reparar con otras experiencias) muestra cambios repentinos y abruptos de comportamiento: de repente, se escapa, sin que sepamos muy por qué. Pasa de abrazarnos y decirnos que nos quiere y ser los mejores padres, a en breves minutos, mostrarnos un odio, ante una situación de frustración, enorme. "Solamente le dije que no dejara el plato sucio encima de la mesa, con una leve elevación de voz, y ello desencadenó una respuesta violenta: tiró los platos, los cubiertos al suelo, gritaba, nos amenazaba…"

Situaciones de este tipo pueden ser explicadas (también habría otras causas) desde el apego desorganizado.

¿Cómo ayudamos a tratar de pasar de un modelo de representación mental desorganizado a otro más seguro? Cada caso requiere una evaluación individualizada, es difícil dar pautas generales. Suelen ser los perfiles más graves de apego y los más vinculados a la psicopatología (la evaluación también requiere determinar si concomitantemente existe psicopatología asociada o no), pero no por ello debemos desalentarnos y pensar que no se puede hacer nada. El mismo Siegel y otros autores nos dicen que es posible pasar de un apego desorganizado a uno seguro porque el cerebro muestra su plasticidad a lo largo de toda la vida. Al menos podrán coexistir dos modelos mentales: el desorganizado, que siempre puede activarse, mucho más cuanto menos tiempo de buenos tratos lleve el niño, con el seguro, que progresivamente se irá instalando en la mente del menor con nuestras pautas educativas y nuestros cuidados.

Lo que recomiendo, en base a mi experiencia de tratamiento, son las siguientes orientaciones. Reflexionad sobre ellas para vuestro caso concreto y hacedlas vuestras, si os convencen. No olvideis que cada niño es un mundo:

- Predecibilidad y consistencia en las respuestas comunicativas en la educación del niño y en las pautas normativas. Adelantar y hacer predecible qué se espera de él y qué se puede y no se puede hacer.

- Cuidar en la comunicación los cambios de rutina, las modificaciones en los planes. Generan gran inseguridad y pueden desatar una respuesta desorganizada caótica, agresiva, irascible e incluso en algunos niños, desconectada (disociada), como si no estuvieran presentes, distanciados de sus procesos mentales.

- Cuidar los tonos de voz, los gestos, los movimientos… suaves, calmados, tranquilos pero firmes. Firmes no es duros, sino seguros, asertivos. Hacer predecibles nuestras acciones y anticiparlas en voz alta al niño.

- Las situaciones de intolerancia a la frustración: son las más complicadas y las que pueden disparar una respuesta disruptiva. Ser flexibles cuando hay que serlo y firmes cuando no. Normalmente lo más adecuado es mantener la firmeza y la autoridad en cuestiones cotidianas relevantes.

- En los momentos de agresividad, es cuando más miedo probablemente siente el niño. Tratar de calmarle con las palabras y no entrar en la discusión. Afirmar que sentimos que no le guste lo que le proponemos (si es una norma) pero que se debe hacer por la razón que esgrimamos. Pero no entrar en la discusión. Hay que evitar entrar en la escalada que el niño nos propone. Si se desata ante nuestra consistencia y firmeza una respuesta agresiva, entonces es necesario contener al niño físicamente, lo cual no significa hacerle daño, sino sujetarle físicamente para que evite dañar o dañarse. Un contenedor físico es un precursor de un contenedor emocional que necesitan vivir. Anticiparle de antemano que cuando haya una situación en la que se muestre con rabia y pueda hacer daño o dañarse, se le sujetará pero para pararle, nunca para hacerle daño. Evitar los castigos físicos (tortas, etc.) Gatillan más la cólera del niño y le confirman en su modelo mental de que el adulto es maltratador (lo que han vivido en su pasado) Hay que sujetarles hasta que suelten toda la rabia interna y se calmen o rompan a llorar.

- A veces, nuestra consistencia la agradecen. El hecho de que nos vean consistentes y firmes pero no entrando en su espiral de maltrato (la cual activan en los cuidadores por los modelos parentales inadecuados interiorizados) es un comienzo para ganar en contención y confianza.

- Precisamente, de confianza se trata. Cuando la vayan interiorizando, mejorará la relación con nosotros y puede aparecer el afecto.

- A veces, transmitirles que están muy alterados (y nosotros también) y que vamos a serenarnos parando un momento (no dejándole yéndonos de la habitación porque pueden vivirlo como abandono) y esperando a calmarnos, puede resultar con algunos niños. Por ejemplo: “No te quieres poner las zapatillas e ir a clase hoy. Bueno, yo me voy a enfadar y tú también. Algo te debe de pasar hoy, así que esperaremos aquí sentados con calma a que estemos tranquilos y te pongas el calzado” A veces, tenemos prisa porque nos puede el día a día, pero yo siempre insisto en lo mismo: si hay que llegar tarde se llega, lo importante es no caer en esa espiral de “pelea” con el niño. Este no está seguro del adulto muchas veces y aferrarse en sus percepciones y tomar el control es lo que le da seguridad. Cuanto menos tiempo de convivencia lleve con nosotros, más desconfiará y no estará seguro de cómo le trataremos porque en su mente está representada la imagen de un progenitor dañino junto sentimientos de ira, miedo, dolor… Hace falta años para llegar a confiar.

- Comprender y tener presente siempre que las conductas negativas del niño derivadas de un apego desorganizado son producto de un sufrimiento, y que fueron sus mecanismos de adaptación en un entorno hostil. La biografía del niño y sus experiencias son determinantes en la aparición de estos comportamientos, no hay nada malo interno en el niño. Ayudarle al menor a que haga esta lectura para evitar la gestación de un autoconcepto de “niño malo”

- Paciencia, paciencia, paciencia…. (seguid hasta el infinito) Y perseverancia, perseverancia, perseverancia (seguid hasta el infinito) E incondicionalidad (seguid hasta el infinito) A pesar de todo, hay que evitar el sentimiento expulsivo que estos niños pueden llegar hacernos sentir y transmitirles que sus conductas no nos gustan porque son dañinas (vamos a trabajar con él para que aprenda otros comportamientos, no olvidemos que los suyos son propios de un aprendizaje en un contexto de supervivencia) pero siempre le vamos a querer y aceptar, ayudarle y estar ahí. Precisamente esta es la fórmula que propone, entre otras muchas valiosísimas cosas, en su libro "Indómito y entrañable. El hijo que vino de fuera” el autor José Ángel Giménez Alvira que cuenta su experiencia de crianza y vinculación con su hijo adoptado a los nueve años víctima de malos tratos antes de la adopción. Magnífico libro y guía que recomiendo desde ya.

Hay más pautas y orientaciones que se pueden proponer para este perfil de niños con apego desorganizado con rasgos punitivos, espero con interés las que queráis plantear en los comentarios para que todos nos beneficiemos de las mismas. Previa reflexión, claro está.

Termino esta trilogía sobre cómo potenciar el apego seguro en los niños y la semana que viene estoy aquí de nuevo con una delicatessen: un cuento hecho por una niña que acude a psicoterapia conmigo, ejemplo de narrativa resiliente.

15 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias por ese último post. Mi hijo no tiene un trastorno de apego, o al menos eso creemos nosotros y la psicóloga, no lo tiene por lo menos de forma predominante respecto a otras cosas. Lo fundamental en él es una gran gran falta de autoestima e inseguridad y falta de confianza y creerse capaz de hacer las cosas, lo que hace que continuamente se esté llamando torpe y tonto. Ya va mucho mejor desde que está con la psicóloga, que la verdad lo está ayudando mucho. Mi hijo tiene seis años y medio y lo adoptamos con casi dos. Es bueno, obediente y no tiene problemas en el comportamiento más que los derivados de estos trastornos que comento, y todo lo que dices y mucho más que intentaré ir poniendo cuando tenga un poco de tiempo, es muy importante.
Quiero conseguir este libro que comentas, ya lo había oído pero tengo otros por delante y esto es como un vicio, que te pones y al final te tienes que contener para no seguir comprando. Gracias de nuevo.

Elena

José Luis Gonzalo Marrodán. dijo...

Hola, Elena: Me alegro de que tu hijo vaya avanzando y mejorando, la terapia, en efecto, es un espacio de trabajo y relación con un profesional que puede ayudarle a mejorar los problemas de falta de confianza y seguridad en sí mismo, y por supuesto la autoestima. Los libros como dices, son un vicio, pero éste en concreto está escrito por un padre adoptivo y cuenta su experiencia con su hijo. Para mí es diferente a todos los demás, muy útil porque las vivencias son necesarias, enseñan mucho. Saludos cordiales, José Luis

Anónimo dijo...

Tengo un ratito ahora así que voy a intentar comentar algunas cosas en base a mi experiencia con mi hijo, por si le puede servir a alguien:
1- En cuanto a los tres o cuatro primeros item que comentas, Jose Luis, me parece muy importante al principio, evidentemente luego no hace tanta falta, pero aún hoy, después de cuatro casi cinco años con nuestro hijo, cuando hay algún cambio en la rutina de cada día, tengo que procurar comentárselo para que no le pille sin saberlo porque se descuadra un poco su mente (aunque ya menos, ya va aprendiendo que a veces puede haber cosas que suceden de pronto sin esperarlas), así si el padre o yo un día por trabajo no podemos ir a buscarlo al cole, esa mañana le tengo que decir: hoy van a venir los abuelos a buscarte, y ya él lo sabe.
2- Intolerancia a la frustración. Para mi es de las cosas más complicadas de llevar porque al menos en mi caso, ver como mi hijo se frustra porque no le sale algo a la primera y lo toma como si él no pudiera hacerlo porque no vale, me duele en el alma, y por más que le diga: no pasa nada, sabemos que es difícil y te cuesta, a ti y a casi todos no nos salen las cosas bien siempre, a veces hace efecto pero muchas veces no. Supongo que hay que continuar siendo constante y repetitivo hasta la saciedad.
3-Leí un libro hace unos meses de Adele Faber en el que daba unas pautas para entender a los hijos (no sólo adoptados), y decía que era muy importante empatizar y reconocer sus sentimientos. Y me ha valido mucho. Si un niño está triste porque se ha enfadado con un amiguito, no vale decirle: no pasa nada, eso no es nada; para él sí es algo, y si le dices eso le estás quitando importancia que para el niño tiene y él puede ver que no le entiendes, hay que reconocer sus sentimientos y decirle: debes sentirte mal, debe ser un rollo haberte enfadado con tu amigo, y así se inicia una conversación que muchas veces incluso es el mismo niño el que da la solución al problema. Sigo en el post de abajo.

Anónimo dijo...

4-Es muy importante creo hacerle saber al niño con nuestras palabras y actitudes, que todo su problema de falta de seguridad, autoestima, concentración o comportamiento impulsivo que quizá ni él mismo entiende por qué se produce, no es culpa suya sino que es culpa de los mayores, que no supieron hacer bien las cosas, o de la situación de un país, o de que hubo una guerra... para que así él no se sienta culpable y se frustre y se insulte a sí mismo aún más. En el caso de mi hijo, cuando hacía algo "malo", y yo le reñía, me decía que es que él siempre tenía la culpa, que era un tonto; yo le decía que eso no era así y el que sí y yo que no hasta que le decía:¿tú crees que eres malo, el más malo de los niños, crees que esto lo has hecho queriendo?, y me decía que no; entonces le decía ¿ves?, te sale a veces sin querer, tenemos que aprender poco a poco a controlar eso, seguro que los dos juntos podremos hacerlo. También me comentaron que cuando hubiera algo que no supiera hacer o que le costar mucho y no lo terminara, en vez de echarle la culpa o la responsabilidad a él, nos responsabilizáramos nosotros. Si por ejemplo no había terminado un trabajo, decirle: es que he sido yo la culpable, no me he dado cuenta de que era demasiado difícil, era para un niño más mayor que tú.
5-Hacerle siempre ver que lo malo es la conducta y no él. Separar siempre la acción de la persona. No decir: no seas tan pegón, sino: pegar está mal, por ejemplo.
6-Bueno, y lo de la paciencia creo que es algo inherente a todo esto, muchas veces la perdemos pero no podemos perder los papeles, cuesta mucho tener un logro y un pasito hacia delante para que en un momento lo podamos echar casi todo a perder. Tenemos que estar siempre ahí y ser muy contundentes y asertivos en nuestras afirmaciones. Mi hijo, un día le reñí por algo, no recuerdo qué, y de pronto me soltó lo típico: tú es que no me quieres como una mama de verdad. En ese momento me quedé un poco chafada pero afortunadamente reaccioné y le dije: para bien o para mal y lo quieras o no, soy tu mamá para siempre, la de verdad, y te quiero hasta el infinito, no te voy a dejar nunca y voy a estar siempre aquí. Creo que es la seguridad que necesitan, saber una y otra y otra vez y muchas más, que no van a sufrir un segundo abandono como el que ya sufrieron un día.

Elena

José Luis Gonzalo Marrodán. dijo...

Estimada Elena: magnífica puesta en práctica y aplicación de lo que en el post se expone, muchas gracias por compartirlo con todos, pues de experiencias de este tipo se aprende mucho. Un cordial saludo, José Luis

Ana dijo...

QUe post mas interesante y que buen blog!

Desde hoy te sigo.

Si quieres conocerme, visitame en mi blog http://creciendocondavid.blogspot.com/

Saludos!

José Luis Gonzalo Marrodán. dijo...

Gracias por tus palabras, Ana, y bienvenida. Tomo nota de tu blog. Un cordial saludo, Jose Luis

José Luis Gonzalo Marrodán. dijo...

Ana: se me olvidaba, cuando tenga un rato, visitare tu blog. Un saludo cordial, Jose Luis

hablemosdelainfancia dijo...

Querido compañero de realidad virtual,

estupenda tu última trilogía.

Dejo varios links sobre Siegel:

articulo titulado "La presencia de los padres para una correcta formación neurológica"

http://arvo.net/cerebro-humano/los-padres-y-una-correcta-formacion-neurologica/gmx-niv884-con9972.htm


Videos de conferencias (en inglés):
http://www.youtube.com/watch?v=Nu7wEr8AnHw

http://www.youtube.com/watch?v=1OdBXGHwNCk&feature=player_embedded

Interesantes...

Un cordial saludo.

hablemosdelainfancia dijo...

Para quién no lo sepa, Goldie Hawn es la fundadora de http://www.thehawnfoundation.org/about

un espacio que os invito a conocer.


Saludos,

José Luis Gonzalo Marrodán. dijo...

Gracias por las felicitaciones y por las aportaciones. Yo, desde luego, no me pierdo los links sobre Siegel!! Un abrazo para ti, Yolanda.

Concha dijo...

Gracias por tu recomendación de "Indomito y entrañable", acabo de terminar su lectura y encuentro que es otro libro indispensable, para los que estamos embarcados en la aventura de la paternidad adoptiva.
Un beso

Anónimo dijo...

Jose Luis, no sé si este es el espacion para ello pero me gustaría que nos dieses una lista de libros que piensas que son buenas guías para entender y ayudar a nuestros hijos adoptados. Libros que toquen temas como la autoestima, resiliencia, escuela, identidad adoptiva y origenes...
Hay muchos, y yo he leído muchos pero de los que realmente me han marcado y servido me quedo con pocos.Algunos de los que me han gustado son:
-El niño abandonado
-Cómo hablar para que tus hijos te escuchen y como escuchar para que tus hijos te hablen.
-La herida primaria (este con algunas reservas, me parece demasiado pesimista en algunos aspectos pero reconozco que está bien)
-Adopcion y escuela
-La aventura de convertirse en familia (estos dos últimos cuando se está empezando el proceso de adopción son muy útiles)

Si alguien sabe de algunos que también estén bien agradecería que lo pusiera.
Gracias a todos y a ti Jose Luis.

Elena

José Luis Gonzalo Marrodán. dijo...

Hola Elena: La lista la podemos hacer entre todos y será mucho más rica. De los que has puesto que me gustan todos, añadiría:

"Los buenos tratos a la infancia. Parentalidad, apego y resiliencia", de Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan

"El dolor invisible de la infancia", de Jorge Barudy.


"Los desafíos invisibles de ser madre o padre", de Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan

"La resiliencia: crecer desde la adversidad", de Grane y Forés.

"Los patitos feos" y todos los libros de Boris Cyrulnik.

Un cordial saludo,

José Luis Gonzalo

José Luis Gonzalo Marrodán. dijo...

Y, desde luego, el libro que Concha recomienda, acabo de terminarlo y es el relato de un padre adoptivo que cuenta su experiencia de adopción con su hijo, el cual había sido víctima de malos tratos durante diez años, antes de ser adoptado. Una paternidad desafiante, dificil, dura, gratificante también y que nos habla a las claras de las secuelas que los malos tratos dejan en los niños. Una experiencia que muestra que la paciencia, perseverancia, firmeza, amor e incondicionalidad de unos padres puede conseguir con gran esfuerzo, hacer resiliente a un niño. No os lo perdáis. José Luis