jueves, 11 de marzo de 2010

Lo peor y lo mejor del ser humano

Cambio de tercio respecto a lo que veníamos escribiendo: Quiero aprovechar la oportunidad que me brindan estas líneas para hablaros del terremoto de Chile y de una reflexión surgida en el marco de unas conversaciones con personas afectadas por este hecho luctuoso.

Me toca de cerca porque tengo amigos/as en Chile. Afortunadamente, están bien físicamente (aunque sobrecogidos por la magnitud de la catástrofe natural) Ellos y sus familias. Les he escrito y me han contado sus vivencias respecto a lo que allí pasa en su entorno. Son profesionales de la psicología con una entereza que sobrecoge. Me decían, entre otras muchas cosas, que este tipo de tragedias “sacan lo peor y lo mejor del ser humano” Así como hemos asistido en los medios de comunicación al pillaje y saqueo de tiendas y locales comerciales por parte de algunos desesperados (lo peor del ser humano), las gentes más solidarias (como mis amigos/as) van a ayudar todo lo que puedan para sacar adelante a las personas y las zonas afectadas (lo mejor del ser humano)


Son conscientes de que si cuidan la salud mental de la buena gente chilena, se conseguirá la reconstrucción de todo lo demás. Y las psicólogas con las que he contactado por mail y por facebook son expertas, además, en trauma y resiliencia. Saben que, a pesar de todo, mucha gente se mantiene bastante equilibrada mentalmente e, incluso, desarrollan habilidades y recursos hasta entonces inusitados. Y eso es lo que van a potenciar y rescatar, a buen seguro.
Estas expertas conocen que las experiencias traumáticas ejercen un impacto enorme sobre todos los aspectos de la vida de la gente y que por ello se hace necesario atender a las mismas y sus consecuencias. Para ello, necesitan unirse, apoyarse y organizarse, y en ello están. La resiliencia brota y emerge cuando existen recursos externos que la propician y la potencian. La pena es que todo esto no sale en los medios de comunicación. Se prefieren las imágenes más sensacionalistas en detrimento de las menos llamativas pero mucho más trascendentes. Del impulso de gentes como estas amigas depende que una comunidad pueda encontrar la manera de sanar de las heridas psíquicas y reconstituirse para volver a empezar. Aunque es realmente duro, del sufrimiento pueden brotar también energías y fuerzas insospechadas que le llevan al ser humano a no derrotarse y a emerger para rehacerse. Los testimonios de personas que han podido enfrentar tremendas experiencias e incluso aprender de ellas, nos dan la esperanza de que los chilenos puedan reconstruirse en lo personal. Porque desde aquí podrán levantar todo lo que ha caído. El apoyo y ayuda a los más frágiles y a los que han quedado solos y/o sin nada es lo que más hay que cuidar.
Desde estas líneas, quiero lanzar un mensaje de solidaridad a todas las víctimas del terremoto así como todo el ánimo del mundo. Y, por supuesto, cada uno desde sus posibilidades, el apoyo económico que humildemente podamos recabar desde aquí. Hay una cosa que realmente me ha emocionado y es cómo agradecen, con qué hondura, cualquier gesto de empatía.