lunes, 14 de julio de 2008

Verdi, una historia de resiliencia

La vida de Verdi es un ejemplo más de cómo, desde el sufrimiento, puede construirse la resiliencia o capacidad de resistir el impacto de los traumas. ¿Por qué unas personas con sucesos de vida muy duros y dramáticos logran desarrollar la capacidad no ya de supervivir si no de vivir (esto es, alegría de vivir), y otros, en cambio, caen en las simas de la depresión, las drogas, la marginalidad o cualquier otra forma de destrucción? Todavía no se conoce al cien por cien por qué, pero algunos autores, como Boris Cyrulnik, a través de sus libros (por ejemplo, Los patitos feos) nos enseñan cómo se trabaja esa capacidad. Pues, desde luego, no surge desde la nada. Brota del interior, pero también ha de apoyarse en personas. Lo más importante es contar con un tutor de resiliencia, alguien que te acompañe y te ayude a enfrentar el sufrimiento de sentirse maltratado, dañado, vejado… Ayer estuve viendo en DVD la biografía de Verdi y me impactó la enorme fuerza vital de este genio de la música. Nadie le ayudó en su carrera musical ni en fraguarse un nombre, a excepción de su suegro que le apoyó económicamente de manera incondicional. Y su mujer, a menudo olvidado su gran papel en las biografías, quien se constituyó en sus inicios en un enorme sostén hasta que… falleció. Pero es que, anteriormente, habían muerto prematuramente también los dos hijos que Margarita, su esposa, le había dado. Una página poco conocida de la vida del compositor italiano. Verdi tenía que componer música bufa para un libreto justo después del fallecimiento de su esposa, duelo sumado a los dos anteriores de los hijos… Y fue un enorme fracaso. ¿Cómo conectar con el humor cuando las entrañas duelen? Decidió que nunca más compondría. Se sumió en una profunda angustia, en un hondo sentimiento depresivo durante tres largos años. Parecía que tenía todo a favor para dejarse arrastrar por un adormecedor de los sentimientos (alcohol, drogas…) o para llevar una vida errática fantasmal. Pero no. Hizo el duelo, y en plena lucha contra su dolor, el empresario musical de La Scala le pidió que musicara el libreto de Nabucodonosor. Aunque al principio a regañadientes, sus sentimientos intimaron con el contenido de esta historia en la cual el pueblo de Israel lamenta su esclavitud, el famoso Va pensiero. Sin, quizá, ser consciente, transformó su rabia y dolor emocional en una obra que conectó con el sentir del pueblo y le catapultó a la fama. El también musicaba el dolor por la esclavitud a la cual le tenía sometida su depresión. Los italianos vivieron el Va pensiero como un canto contra la opresión extranjera que vivían. Posiblemente Verdi –y esto es sólo una especulación propia- se liberaba, al fin, de la opresión de las puñaladas emocionales que la vida le había clavado. Quizá también ayudó que, por aquel entonces, la soprano que cantaría esta ópera comenzaba a enamorarle…


En este enlace podéis escuchar on line el Va pensiero.


5 comentarios:

Gemma dijo...

¿Qué fino hilo nos une a la vida cuando se hace la oscuridad? Está claro que a Verdi le rescató la música. Gracias por ese "Va pensiero" on line, una auténtica delicia.

José Luis Gonzalo Marrodán. dijo...

Desde luego Gemma, el hilo que nos une a la vida es muy fino cuando el dolor es muy fuerte. A Verdi le rescató la música, ¡y vaya legado nos dejó! Pienso que las personas que han sufrido traumas pueden mejorar mucho si transforman toda esa energía en algo creativo. Pero no es menos cierto que muchas veces hacen falta personas al lado que te ayuden a conseguir esa resiliencia. Gracias por participar y enriquecer esta página, y me alegro que te guste el Va pensiero. Por cierto, que en esa misma página se pueden escuchar muchas más obras de Verdi on line.

Maria Durga dijo...

Hola José Luis.

Me ha gustado mucho este artículo sobre la resiliencia. Es un tema por el que estoy sumamente interesada.

Historias como estas de Verdi y de Cyrulnik, realmente abren ante mí una puerta a la esperanza.

Ojalá todos aquellos que sufren o han sufrido algún tipo de trauma, puedan beneficiarse de tan maravilloso recurso, ojalá.

El Va pensiero on line, todo un lujo! Gracias, siempre me ha emocionado esta parte de Nabuco.

En cuanto a lo de Rygaard, mañana seguro hablo con mis amigos y le confirmo. Hemos estado de viaje y hasta hoy no he pasado por su blog.

Gracias por sus atentas palabras.

Saludos.

José Luis Gonzalo Marrodán. dijo...

María: Estás en lo cierto, ojalá todos los que han sufrido traumas pudieran desarrollar la resiliencia. Pero a veces, además de recursos personales, los hace falta humanos, materiales... Y estas personas sabemos que en muchos casos no cuentan con ellos.

Te agradeceré mucho que me tengas al tanto de la visita de Niels Rygaard.

Gracias por visitar el blog y por participar.

José Luis

Yolanda Ávila dijo...

Si me permitís, dejo un cuento-historia que trata sobre la resiliencia (igual ya lo conoceis):


Un hijo se quejaba con su madre acerca de su vida y de cómo las cosas le resultaban tan difíciles. No sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencido. Estaba cansado de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema aparecía otro.
Su madre le llevó a la cocina; allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre el fuego. En una colocó zanahorias; en otra, huevos; en la tercera, puso granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra.
El hijo esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su madre. A los veinte mintutos la madre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón. Sacó los huevos y los puso sobre un plato. Finalmente, coló el café y lo sirvió en una taza.
Mirando a su hijo le dijo: ¿Qué ves?. Zanahorias, huevos y café, fue su respuesta. Le hizo acercarse más y le pidió que tocara las zanahorias, él lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera; al quitarle la cácara, observó que el huevo estaba duro. Finalmente le pidió que probara el café; él sonrió mientras disfrutaba de su aroma.
Humildemente, el hijo preguntó: ¿qué significa esto madre?. Es química, le explicó: los tres elementos se han enfrentado a la misma adversidad: agua hirviendo, pero han reccionado de forma diferente en función de sus características.

*
La zanahoria llegó al agua fuerte y dura; pero, después de pasar por el agua hirviendo, se ha puesto débil, fácil de deshacer.
*
El huevo ha llegado al agua frágil, su cáscara protegía un líquido interior; pero, después de estar en el agua hirviendo, su interior se ha endurecido.
*
Los granos de café, sin embargo, son únicos: después de estar en el agua hirviendo, ha sido capaces de cambiar el agua y sus propiedades.

¿Cuál eres tú, hijo? Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes?, preguntó a su hijo.

*
¿Eres una zanahoria, que parece fuerte, pero cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza?
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¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable, un espíritu fluido, pero tras una muerte, una separación o un despido te has vuelto duro y rígido? Por fuera pareces el mismo, pero eres amargado y áspero, con un espíritu y un corazón endurecidos.
*
O ¿eres como el grano de café? El café cambia al agua hirviendo, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición, el café alcanza su mejor sabor.

Si eres como el grano de café: cuando las cosas se ponen peor tú reaccionas en forma positiva, sin dejarte vencer, y haces que las cosas a tu alrededor mejores; que ante la adversidad exista siempre una luz que ilumina tu camino y el de las personas que te rodean. Esparces con tu fuerza y positivismo "el dulce aroma del café"
Y tú, ¿cuál de los tres eres?



Un saludo,
Yolanda Ávila.