lunes, 20 de septiembre de 2021

"El alma de Ema", un relato de Paula Moreno, psicóloga y especialista en trauma

Firma invitada

Paula Moreno

Psicóloga

Presentación

Una vez más contamos con la colaboración de mi colega Paula Moreno, quien nos regala un relato en base a un cuento que ella ha publicado recientemente titulado: "El alma de Ema". Ella ya estuvo con nosotros/as cuando nos presentó sus obras anteriores: "No todo lo que picha es pinchudo" y "Un mono a prueba de tormentas". Paula y yo seguimos sin conocernos personalmente, pero vibramos en la misma frecuencia en cuanto a modelo de trabajo e intervención psicoterapéutica con la infancia: respetuoso y adaptado al sufrimiento que los malos tratos causan en los niños y niñas. Durante la pandemia, el pasado 2020, hemos estrechado más el contacto y he podido descubrir los valores humanos que Paula atesora, porque ambos colaboramos para prestar ayuda a las familias y educadores y sus niños y niñas durante la fase más dura del confinamiento, creando y compartiendo recursos psicológicos que nos hiciesen sentir mejor. Y este contacto con ella, aunque online, siempre es muy sentido; porque Paula Moreno tiene sensibilidad y capacidad para sintonizar con las personas: sabe llegar al alma. Por eso, ha escrito este precioso cuento, del cual nos comparte este relato en exclusiva para los lectores y lectoras de Buenos tratos. Muchas gracias, Paula, de todo corazón, por dedicar generosamente tu tiempo para compartir tu saber con nosotros/as.

Para quienes no conozcáis a Paula Moreno, ella nos cuenta en su web profesional que "desde los inicios de mi carrera de he dedicado a la docencia, dando cursos y presencias en Congresos Nacionales e Internacionales. Hace muchos años trabajo en el área del maltrato infantil, llevando a cabo los diagnósticos de riesgo de los niños y sus familias como los tratamientos específicos". Para saber más sobre Paula: https://www.paulamoreno.org/sobre-mi



"El alma de Ema"
Por Paula Moreno
Para contactar con Paula: pmoreno2702@gmail.com



Como un suspiro me habita

Como aire tibio me susurra

Como viento de vida me guía

Cerca de mi corazón late mi alma.



¿Alguna vez has visto el alma de las cosas o de las personas? ¡Qué locura!

Bueno, no es tanta locura si uno conoce a Ema. 

Parece ser que Ema tiene un don muy particular. Ella puede ver el alma de las personas. Las ve no solo con sus ojos sino con su cuerpo y sus emociones. 

Ema siente el alma de su abuelo a través de su pipa y recuerda los momentos amorosos que pasaron juntos. Recuerdos que la embargan de alegría y complicidad.

©Paula Moreno


También puede sentir el alma del costurero de su abuela, juega a que se esconde entre los hilos y se desliza por sus dedos.

Su abuela Julia es muy importante en su vida, no sólo la escucha con mucha atención todo lo que Ema le comparte, sino que la ayuda a entender su don.

¿Será ese el secreto de las almas? ¿Será el amor parte de ese secreto?

Ema sabe que descubrir el alma de las personas tiene que ver con notar sus maneras de estar en el mundo. Así el alma de su vecina es grande porque le brillan los ojos cada vez que abre las puertas de su casa para darle de comer a los niños del barrio.

¿Qué color tendrá esa alma? Ema piensa que es como el cielo.

Hay almas rebeldes como la amiga de su mamá que logró hacer un abrazo humano a la plaza cuando querías convertirla en shopping.

¿Será que las almas se fortalecen cuando luchan juntas?

Ema entiende que su papá esconde su alma en la espalda, pero ella la descubre igual cuando su papá cuida de su abuelo y le da tanto amor.

Ema aprendió a escuchar las sensaciones de su cuerpito. Son ellas las que le avisan que su alma gemela llegó a la plaza para jugar con ella. Sólo mirarse para entenderse y echar a reír.

Ema es muy curiosa, entonces, se pregunta por el alma de su tortuga cuando la ve triste. Se imagina que la puede ayudar con esa emoción dolorosa. Le ofrece calma y sol. Le ofrece también el alma de su perro Paco, que es muy alegre y saltarina.

¿Habrá descubierto Ema que las almas se espejan? Que se buscan y se entrelazan como sosteniéndose.

Tal vez descubrió que las almas se encuentran y crean un gran sentimiento de fortaleza.

Ema no deja de buscar respuestas y se anima a preguntarle a su abuela por el alma de su abuelo que murió. ¿Qué habrá descubierto con esta pregunta?

©Paula Moreno.


Ema aprendió que su alma es empática, le gusta acercarse a la de sus amigos y escucharlos en un silencio que sólo las almas conocen. Esos silencios que hacen que el otro pueda confiar.

Ema es tan feliz al descubrir las cualidades de su propia alma que toma mucho aire para inflarla y comparte con su abuela un momento mágico de risas y alegría inmensa.

Si pudiera tener una lupa y mirar de cerca a Ema, descubriría la esencia de su don.

Ella es una niña que principalmente juega. Podría ser obvio para cualquiera este descubrimiento. Sin embargo, la capacidad de un niño o de una niña de jugar implica que se siente segura/o. Que puede desplegar su imaginación y creatividad con la suficiente confianza.

Que puede probar en el juego distintos roles, que entrena su flexibilidad y que trata de encontrar nuevos recursos.

Esa seguridad no sólo es externa sino que Ema puede sentirla desde su interior. Algunos autores dirán que aparece en ella una neurocepción que le permite estar abierta y receptiva, tanto a su mundo interno como al de los demás.

¿Cómo logra Ema adentrarse a la pregunta acerca de las almas? ¿Cómo descubre su don?

La presencia de su abuela nos dará una pista. Ella la acompaña en este curiosear de una manera amable y sostenida. Le permite jugar con sus descubrimientos, se alegra con lo que Ema reconoce de su don y la ayuda a seguir indagando, a que busque lo que para ella tiene sentido. Esta capacidad de cultivar en Ema esta visión mentalizadora, es la esencia de su don. Poder mirar con ojos amables y atentos a su mundo interno.

Su abuela también la acompaña en los momentos donde Ema afronta una emoción más difícil como, por ejemplo, la tristeza de su abuelo que ha muerto. Su abuela la ayuda a ponerle palabras a sus experiencias, a nombrarlas. De esta manera Ema podrá ir dándole sentido a sus experiencias y a las del mundo.

Cuando un niño o una niña se siente sentido por la persona que lo cuida, puede generar un sentimiento de conexión. La experiencia de sentirse conectados está muy ligada a la sintonía que se produce cuando dos personas resuenan. Ema se siente escuchada por su abuela, y a su vez ella puede mirar con ojos atentos a su papá y descubrir su alma bondadosa. Se ha generado una cadena de amor.

Ema también aprendió en ese contexto de apego seguro y de amor incondicional, que su alma es empática. Ponerse en el lugar de su amigo implica que Ema tuvo que estar atenta a sus emociones. Diferenciarlas de las de su amigo, para luego ponerse en su lugar.

Ema aprendió que su alma es empática porque recibió empatía. Porque hubo un adulto que le permitió reconocer sus emociones, calmarlas cuando estaban aumentadas y ponerles nombre.

Muchos estudiosos llaman a este proceso regulación emocional. Proceso que se logra dar en el contexto de los vínculos de cuidado. Vínculos de cuidado seguros y amorosos.

Si vuelvo a tomar mi lupa y la acerco al alma de Ema, descubro que Ema tiene la intención de que su alma se fortalezca y sea un alma luchadora. Ella confía que los brazos calentitos de su mamá la van a acurrucar y serán el nido de amor para desplegar sus alas. 

Porque Ema confía que sus valores guiarán su alma para lograr aquello que necesita para vivir de manera que sus ojos brillen y su corazón palpite.

Ema sabe que su cuerpito es el reservorio de su alma, por eso le presta mucha atención.

Ema como todo niño y toda niña, es amada. Y cuando un niño o niña son amados, la posibilidad de que sus almas florezcan son inmensas.

Y si son amados, podrán amar. Un mundo mejor está al alcance de nuestras almas.

 

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