lunes, 10 de febrero de 2014

¿Qué podemos aprender de Dexter, una impresionante serie de ficción que nos muestra un personaje, hijo adoptivo, con una psicopatía de origen traumático?

 
He estado dudando sobre si dedicar o no una entrada a esta serie de TV -aclamada por público y crítica- pues normalmente suelo ceñirme a la realidad -que dicen supera a la ficción- y no a las fantasías. Pero del mismo modo que alguna vez hemos recurrido a la novela (por ejemplo, en este post sobre Zola y la transmisión intergeneracional del maltrato, el cual escribí hace ya un tiempo), el arte, la ciencia o el cine para analizar obras que guarden relación con las temáticas que abordamos en Buenos tratos, ¡por qué no acudir a la TV! Sobre todo si es un producto tan sublimemente trabajado como el nombre que da título al post de hoy y también a la serie de la cadena Showtime: Dexter. Pues por qué no. Y aquí la tenéis.


Os confieso que desde que mi amigo y colega Rafael Benito, psiquiatra, me recomendó la serie de Dexter, ésta me ha atrapado por completo -y no soy el único que pertenece al mundo psi que le ha fascinado- Me ha gustado y obnubilado tanto este personaje, su caracterización psicológica y la originalidad del planteamiento que no me he podido resistir a hablar de ello aunque me salte el guión habitual de este blog. Por un día, me concederéis ese permiso, estoy seguro. Además, creo de verdad que vamos a extraer interesantes aprendizajes para nuestra tarea con los niños y adolescentes traumatizados por la violencia, el abuso o el maltrato. De eso me encargo yo, de lo contrario no hablaría aquí de este personaje de la factoría Showtime.

¿Por qué me/nos interesa tanto esta serie? Porque Dexter -forense de la policía de Miami especializado en analizar las manchas de sangre en la escena de un crimen con particular maestría- presenta una biografía traumática: es adoptado por un comisario de policía que le encuentra, siendo aún un bebé, en medio de un charco de sangre, junto con su hermano, con su madre yaciente muerta porque fue asesinada por una banda de criminales. Dexter tiene vagos recuerdos sobre esto pues, como digo, era un bebe y aún no tenía desarrollada la memoria explícita. Pero la memoria implícita contiene emociones y sensaciones de ira, terror, pánico, odio, dolor... El actual forense de la policía de Miami no sabe, al principio de la serie, que sufrió este trauma, ni mucho menos porqué asesinaron a su madre de esa manera tan cruel e impactante para un bebé. Irá descubriendo su dura historia a lo largo de los diferentes capítulos. Tampoco sabe qué fue de su hermano. Terminaremos conociendo también cuál es su vida y que pasó con él. Nos sorprenderá. No quiero abundar más en detalles porque si doy demasiadas pistas, os desvelaré la trama principal, la cual te mantiene en vilo, deseoso de ver el siguiente capítulo. Así pues, me ciño escuetamente a la información más básica para no dar demasiados datos a quienes no habéis visto esta sorprendente obra.


Dexter es adoptado por el comisario de policía Harry (investigaba el caso de la banda que mató a su madre) quien viendo la crudeza y el terror vividos por aquél, y sabiendo que queda huérfano, decide darle un hogar y una familia. Tiene como hermana adoptiva a Debra -en la actualidad también policía-, quien trabaja en la misma comisaría. Mantiene con ella una relación de complicidad y una fuerte unión, aunque discutan y pasen por momentos de tensión y crisis en la relación; asistiremos, a lo largo de los episodios, a cómo se va desarrollando y qué va ocurriendo con esta relación fraternal porque el devenir de la misma es también digno de análisis, y también nos dejará boquiabiertos el final de la misma.


¿Y qué más tiene este personaje para atraer nuestra atención? Agarraos a la silla: Dexter es un psicópata asesino en serie. Sí. Como lo oís. Pero ha conseguido controlar (canalizándola) su tendencia a la depredación y pulsión de matar gracias a su padre adoptivo. Harry descubrió tempranamente las tendencias de su hijo, y en vez de repudiarle, decidió convertirse en su tutor. Le enseñó a canalizar su depredación dándole un código (el código de Harry, así se refiere el personaje al mismo) Además, le enseñó a aparentar normalidad, a desarrollar un estado del yo externo que le permita parecer adaptado y simular ser un individuo integrado en sociedad. Dexter tiene muchas dificultades para sentir, no tiene necesidad de estar en la intimidad, ni de tener amigos, ni arraigo... Su padre le enseñó a mostrar esa fachada aparentemente sintonizada hacía al exterior. Gracias a ello ha llegado a ser un eficiente forense, simpático y algo tímido, que regala donuts a sus compañeros al llegar a la comisaría, que sale con una chica (Rita) que tiene dos niños de una relación anterior (en la que fue víctima de malos tratos, por eso está también traumatizada y no puede entrar en intimidad sexual; esto no molesta demasiado a Dexter porque sí le gusta el sexo pero no la intimidad. Como dice el propio personaje: “me gusta Rita porque está tan perjudicada como yo”)


Dexter tiene una incapacidad para sentir y empatizar emocionalmente con los demás (aunque sí tiene el código de su padre para funcionar y regular su depredación), y de ahí su estilo vincular desapegado (aunque aparente lo contrario) El forense, además, participa en la vida laboral y de ocio que comparte el equipo de policías (con cierto retraimiento y timidez pero dando el pego de ser un compañero agradable) Vamos, el yerno ideal si no fuera porque el exterior de Dexter nada tiene que ver con su interior: un mundo oscuro e ignoto para él que le lleva a no entender la "música", ni la sintonía emocional y de conexión entre humanos. Un interior que alberga (como él lo denomina) un oscuro pasajero que necesita asesinar en serie siguiendo su propio ritual, dando rienda suelta a sus impulsos violentos más primarios. Dada su profesión, tiene acceso a información privilegiada sobre perfiles de delincuentes sospechosos que se investigan en el departamento de policía de Miami (donde se sitúa la serie) o que fueron absueltos por falta de pruebas. Dexter les hace un seguimiento implacable tal y como lo haría un león con su presa y cuando está completamente seguro de que el sujeto en cuestión es culpable (tiene evidencias irrefutables, tal y como su padre le enseño en su código; código por cierto que abandonará durante un periodo corto de tiempo en algunos puntos pues el forense hace su propio camino y -ya veréis porqué- se distanciará de su padre), se toma la justicia por su mano -cual ángel de la muerte- capturándole sibilinamente y asesinándole en una mesa y una cámara de ejecución especiales que él prepara para cada ocasión: rodeado de las fotografías de sus víctimas (arrancándole confesión de sus crímenes) y atenazado por plásticos que le impiden cualquier movimiento, le hace un corte en la cara para obtener una muestra de sangre que, posteriormente, guardará en una cajita (como buen asesino en serie conserva sus trofeos) para descuartizarle con el fin de terminar echando los trozos al fondo de la Bahía de Miami en la que reposarán los restos -por los siglos de los siglos, sin que nadie lo advierta (¿o sí?)- de pederastas, estafadores, traficantes, maltratadores... en fin, toda la caterva de Miami. 






La serie no es truculenta ni tiene escenas con contenido gore; se ve lo justo. El acento, afortunadamente, no está puesto ahí sino en el personaje y cómo percibe éste los seres que le rodean y su mundo, en mostrarnos la profunda brecha que hay entre el Dexter de dentro y el que se muestra por fuera, y como lo mentaliza éste. El gran logro de esta ficción está también en la voz en off que nos permite acceder al mundo interior de Dexter, que va comentando y reflexionando acerca de él mismo y de todo lo que le acontece, creando una asombrosa complicidad con el espectador.


Antes de comentaros qué podemos aprender de este insólito planteamiento para nuestro trabajo y tarea educativa, comento qué es lo que resalto de esta serie.

Para ser una serie tan larga (8 temporadas), no acusa demasiado el lógico desgaste. Todos los capítulos son buenos, no hay ninguno que no concite interés. Hay temporadas mejores que otras pero todas son notables y algunas excelentes. A lo largo de las mismas, iremos conociendo a Dexter, las personas que forman su vida y su mundo y nos adentraremos en su traumática biografía. Asistiremos a lo complicado que le resulta llevar esa doble vida. Los expertos en analizar series de TV dicen que decae en la sexta temporada, pero al final de ésta, con una escena de gran impacto y que marcará el devenir de los personajes, resurge el interés para afrontar ya la recta final de la trama con un impresionante desenlace. Las mejores temporadas -afirman los entendidos- son la primera, segunda (donde descubriremos el pasado de Dexter y cómo un asesino que tiene en vilo a la ciudad de Miami le conoce, le va dejando mensajes y le irá conduciendo a descubrir dolorosas verdades biográficas), cuarta, séptima y octava. Tercera y sexta temporada son más flojas. Y la quinta tiene un buen nivel. Aunque todo esto, ya sabéis, depende del gusto de cada uno.


Además de la trama, las subtramas son interesantes. La intriga del tipo de delincuente a quien se tienen que enfrentar y lo atractivo de la investigación criminal y de la caracterización del perfil psicológico de los asesinos. A todo el que le atraiga este mundo, le gustará mucho la serie. Toda temporada tiene un asesino en serie, criminales o bandas a quienes tienen que investigar, descubrir y detener. Dexter le hará la competencia a la policía porque quiere cogerles antes y arreglarlo todo para que, sin despertar sospechas, pueda llevarles a su cámara de ejecución y satisfacer su necesidad. Esto le acarreará muchos problemas y cantidad de veces te terminas preguntando cómo se librará de ser descubierto. El aire de externa imperturbabilidad del personaje (el falso self, como decía Winnicott) hace que se maneje con inaudita inteligencia y autocontrol. Tanto Michael Hall (actor que encarna a Dexter Morgan) como el resto de actores hacen soberbias interpretaciones; pero Hall borda el papel de asesino en serie pseudoadaptado. La caracterización de los compañeros de trabajo de Dexter -o de otros personajes con los que se relaciona- está igualmente muy bien hecha, y las tramas y lo que acontece en sus vidas son tambien interesantes.


Asistimos en voz en off a lo que piensa Dexter, a su autodiálogo. Como os he dicho, éste es sin duda, un gran atractivo. Podemos compartir cómo piensa, reflexiona, actúa… el forense de la policía. Se crea una gran complicidad y sintonía entre él y el espectador. Podemos conocer cómo está fracturada su personalidad y la gran mentira que es su vida. Poder entrar en la mente de un asesino en serie -que se aparece como encantador  a los ojos de todos- y compartir su filosofía de la vida, y las investigaciones que va haciendo para descubrir delincuentes que se han ido de rositas y llevarles a su mesa, es alucinante. Además, Dexter se relacionará con personas que tendrán la capacidad de adivinarle, de leerle por dentro, de saber que su exterior no es auténtico… Éstas -aparte de ponerle en tremendas situaciones y aprietos- le ayudarán a conocerse. 



La particular Ley Dexter: en esto recuerda a otros personajes de la ficción (novela, comic…) que también aplicando su particular justicia, libran a la sociedad de seres abominables. Dexter sigue el código de su padre, eso sí. Si no tiene pruebas irrefutables, no ejecuta a nadie (durante un periodo se salta el código en algunos aspectos. Pero se sabrá por qué hace esto, pues no es un asesino sin código. Ha aprendido a no ejecutar gratuitamente) Pero hemos de subrayar que el objetivo del forense de la policía de Miami en realidad no es hacer justicia (de paso sí) sino liberar (con un código y un protocolo) sus pulsiones violentas: si no asesina en serie de ese modo entonces ya no sería un "psicópata bueno", por así decirlo. Necesita asesinar.


Dexter es adicto a asesinar en serie (hay hipótesis en psicología criminal que plantean que los asesinos en serie tienen adicción a matar. Esto es, asesinar sería como una adicción) pero ha conseguido encauzarlo y reconvertirlo para librar a la sociedad de tipos detestables, es como un remedo de un justiciero.  Os confieso algo: me he sorprendido identificándome con Dexter y deseando que pusiera a algún delincuente en su mesa (traficantes de personas, pederastas…) Y ese es otro logro de la serie: que te caiga bien este particular individuo. Pues descubres que su patología tiene, en su origen, componentes traumáticos (su vida ha sido muy dura, no es un asesino en serie perverso sino disociado estructuralmente de niño por el impacto de un terrible psicotrauma) y que ha hecho un camino de resiliencia resistente para que no le destruya a él ni destruya a ningún inocente. Y, claro, cuando analizas cómo son algunos de los otros personajes que pueblan la ficción, adviertes que aunque no lleven una doble vida, también son psicópatas a su modo. ¿O no es quizá más deplorable que el personaje de Laguerta se acueste con el marido de una compañera a quien le han nombrado teniente -en vez de a ella- sólo con el fin de desestabilizarle emocionalmente y poder recuperar así su puesto? El psicópata no es alguien asociado a la delincuencia y la cárcel, sino que, como dice Vicente Garrido, es un camaleón en la sociedad actual que puede ocupar puestos de relevancia precisamente por esa capacidad y por su inteligencia y dotes seductoras.


A lo largo de los episodios, viviremos la evolución del personaje: Dexter irá cambiando y empezará a estructurarse psicológicamente -y a humanizarse- cuando empiece a comprender su historia (descubrirá que el trauma vivido guarda una estrecha relación con su anomalía caracterial; la pena es que no puede seguir la terapia que inicia porque…¡debe de llevar a la mesa a su terapeuta porque es un estafador!) y también en la medida en que se beneficie de la conexión con su pareja y con otras personas, irá conociéndose mejor a sí mismo. Humanizarse, por así decirlo, tiene ventajas para Dexter pero conlleva graves riesgos de los cuales su padre (otro elemento atractivo de la serie es ver cómo el forense puede, aunque ya fallecido, dialogar con su progenitor y permitir al espectador ver a éste que se le aparece en innumerables momentos –en realidad, está en su mente pero lo podemos ver físicamente a su lado- a través de las distintas temporadas) le advertirá. Dexter descubrirá cosas de su biografía que perjudicarán la relación con Harry, necesitando aquél también hacer su proceso de individuación. Padre e hijo tienen un vínculo que no sabría muy bien cómo definir. Dexter crece disociado entre el niño interno aparentemente normal y la parte emocional dañada por el impacto de presenciar el asesinato de su madre. Harry se constituye en una figura firme y segura para un niño que necesita de estas cualidades hasta que sea capaz de regular y canalizar su psicopatía de una "mala" a otra "buena" (una canalización, digamos, muy particular y se puede discutir si es éticamente plausible o no; pero es la manera de canalizar la psicopatía que elige el padre para su hijo ante -suponemos- la imposibilidad de curarla o rehabilitarla)  El padre le "prestó" los lóbulos frontales a su hijo (y creo que Dexter los "tiene" todavía de adulto, porque si se los "devuelve", no hay permanencia ni capacidad en él para dominar al monstruo que lleva dentro, ese cerebro reptiliano indomable que el forense de la policía ha desarrollado) Es una figura paterna idealizada pero que bajará del pedestal para ser reinventada (porque Dexter necesita a su padre, lo quiera o no) El forense no sabe por qué tiene esa fractura en su personalidad (ese otro yo que necesita asesinar); lo va descubriendo, y nosotros con él, a lo largo de las temporadas. El trauma tiene un peso específico en su grave problema (y es una hipótesis plausible; juraría que los guionistas han sido asesorados por expertos psicólogos y psiquiatras) y el personaje lo irá sabiendo.


¿Qué podemos aprender de Dexter? Me encantaría, los que habéis visto la serie, que participarais diciendo cuál es vuestro punto de vista en este sentido.


El papel del padre como tutor de resiliencia resistente. Éste no se abruma, no se desespera ni rechaza a su hijo cuando descubre, horrorizado, su tendencia a disfrutar matando. “No estás sólo, hijo, y te voy a ayudar” – le dice. Esto impresiona. Me ha gustado cómo comprende a su vástago y le enseña recursos para lograr esa aparente adaptación social. Le acepta en su ser desviado y le pone límites: no de sanación -porque no parece posible- pero sí para mantener a raya su mecanismo voraz asesino y no usarlo con un fin abyecto. Le moldea y le proporciona un código de actuación que le sirve de contención y guía de vida para lograr el autocontrol. Le ofrece el camino de que al menos, no dañe a inocentes. Me ha resultado impresionante cómo este padre se echa a la espalda al hijo y le ayuda a salir adelante. Eso nos sugiere que en nuestro trabajo debemos asumir esa tutorización incondicional de los niños y adolescentes para ayudarles a que superen o canalicen sus déficits, pues a la larga da sus frutos.


La presentación –como ya he apuntado- de un tipo de psicópata (asesino serial) que viene explicado por el papel del trauma temprano. En el excelente libro de Anabel González y Dolores Mosquera titulado: “EMDR y disociación. El abordaje progresivo”, nos hablan -refiriéndose al trauma- de los estados del ego, y creo que se le puede aplicar a este personaje: “Son aquellas partes de la personalidad que conforman el self (sentido del sí mismo) completo. El concepto de estados del ego tal y como fue definido por John y Helen Watkins hace referencia no sólo a las partes disociativas de la patología postraumática (rasgos o modos de ser apartados de la conciencia y que toman el control temporalmente, de la personalidad), sino también a aquellas que componen el self saludable de cada individuo. Estos estados del ego nos dan capacidad para adaptarnos, pensar y actuar de un modo diferente en distintas situaciones. Watkins y Watkins proponen un abordaje terapéutico que procede del psicoanálisis y la hipnosis, y desde esta perspectiva, el objetivo de la terapia no es la plena integración de la personalidad (cosa que según los autores nunca existiría) sino la superación del conflicto interno entre estados del ego” En este sentido, todos tenemos estados del yo diferentes pero los hemos podido armonizar. Dexter no. No vive en equilibrio y armonía con su ser, él está en conflicto con esa parte que desea dañar y disfrutar asesinando (el oscuro pasajero, así le llama) y le atormenta. Se conoce bien a sí mismo y gracias a ello puede -por ponerle un nombre- "gestionar" el conflicto; pero éste es un conflicto permanente que le resta autenticidad a  su vida y le traerá graves consecuencias para él y quienes le rodean.



Me he encontrado en mi práctica clínica a jóvenes que cuando ya han desarrollado una base segura conmigo, se atreven a verbalizar aspectos de sí mismos que por miedo o vergüenza no comparten con nadie. Es miedo a lo que descubren dentro de sí mismos, a que se les vaya de las manos... ¿Qué es lo que descubren?: una parte de sí mismos que contiene odio y deseos de venganza. Incluso muchos tienen fantasías omnipotentes en las que se ven a sí mismos fuertes, como justicieros, vengando a la humanidad de gente perversa. Cuando vamos trabajando, relacionan esta parte de sí mismos o estado del yo (a veces más o menos disociado) con el maltrato (lo he observado, sobre todo, en jóvenes con antecedentes de duro maltrato y violencia) sufrido y el dolor que les causa, como una parte emocional; y cuando con la terapia van superando el conflicto, empiezan a mejorar. Evidentemente -y afortunadamente- no son ni hacen lo de Dexter, ni mucho menos, hay grandes diferencias; pero internamente estos jóvenes tienen también dentro sus pasajeros oscuros.


No he tratado a psicópatas adultos, pero sí a jóvenes con rasgos que se consideran la antesala futura de la misma. Aunque hay líneas de investigación que parecen poner el acento en la genética o en aspectos constitucionales para explicar las causas de esta anomalía, nunca se deben descartar los factores ambientales (familiares, sociales…) como contribuyentes en su gestación. En particular, el trauma por maltrato y abandono, especialmente para aquellos jóvenes que desde muy temprana edad no han vivido la ternura sino la crueldad e incluso el sadismo. Desean desquitarse de lo que consideran humillaciones y afrentas. Para ellos, la sociedad les ha fallado y vuelcan su rencor en las figuras con las que conviven. Van desarrollando rasgos de ausencia de empatía, disfrute con el dolor ajeno, egocentrismo, egoísmo, frialdad, estilo de vida parasitario (aprovechándose de otros), manipulación, aunque superficialmente encantadores o de fachada sintonizada... La detección temprana y la asignación a estos menores de tutores de resiliencia que les acompañen desde la permanencia, la aceptación incondicional y los límites, junto con los tratamientos que sean necesarios, es lo que puede marcar la diferencia entre el que tiene opciones de rehabilitarse o no. Aunque hay bastantes casos de psicópatas adultos que, según nos dicen expertos, no llegan a conseguirlo. ¿Es una psicopatía donde tienen un peso específico los factores genéticos, temperamentales, psicofisiológicos… ¿O los biográficos y sociales? ¿O todos estos factores en interacción? Sin embargo, en la infancia, podemos influir sobre este tipo de perfiles probablemente a tiempo. Por ello, un vínculo y un sentido a lo vivido son fundamentales.


Antes he llamado resiliente resistente a este insigne forense ¿Se puede resiliar incluso con una anormalidad tan grave como la de este personaje? Yo creo que no sería resiliencia en el sentido francés del término porque el forense no sufre un renacimiento postraumático aunque sí un proceso de autoconocimiento que le aporta sentido a lo vivido (sabe que su oscuro pasajero se genera por un trauma, pero no puede dejar de ejecutar a delincuentes y satisfacer, con su particular código, su pulsión y llevar esa doble vida) Tampoco en el sentido americano de adaptación positiva porque la manera de canalizar su anomalía no le hace vivir adaptado (es una pseudoadaptación) Diríamos que sobrevive y, a veces, malvive. En este sentido, ¿podría ser un tipo de resiliencia resistente porque ha desarrollado los mecanismos que necesita para que la patología no sea tan devastadora?

 
En definitiva, aprendemos de esta serie la gran necesidad de que el entorno incluya y no excluya. Que las infancias no determinan pero sí marcan: podemos ver el devenir de un hermano que tuvo permanencia, regulación y límites (Dexter) frente a otro que no, y cómo uno es un psicópata bueno y otro malo.


Quiero incidir en la necesidad de que la red social que rodea al niño sea acogedora. Es la red la que va a fomentar la resiliencia (tiene que haber por fuerza alguien que permanezca en la vida, que sea un tutor que acompañe, guíe, oriente, apoye, escuche, limite, dé afecto…), así como el trabajo y elaboración de la historia de vida.


Al final creo que dedicar un post a Dexter ha merecido la pena porque hemos terminado hablando de nuestros temas favoritos: trauma y resiliencia.


Cuando la veáis, dejadme vuestros comentarios, que leeré como siempre, gustosamente.

Os dejo, para quienes no la habéis visto, con el trailer de la primera temporada:

 


Después del excursus de hoy sobre Dexter, regresaremos con nuestros temas habituales  de apego, trauma y resiliencia. En concreto, acabo de descubrir un libro (cómo no, de la mano de mi maestra en psicoterapia Maryorie Dantagnan) que ¡me ha cautivado por completo! Me refiero a "EMDR therapy and adjunct approaches with children. Complex trauma, attachment and dissociation" ("Terapia EMDR y abordajes complementarios con niños. Trauma complejo, apego y disociación"), escrito por Ana M. Gómez, una autoridad en la materia. La autora me ha atrapado y estoy literalmente enganchado a su lectura. Además del abordaje EMDR, Ana propone otros complementarios basados en el apego, y también un conjunto de técnicas y estrategias fundamentadas en las teorías de los más prestigiosos investigadores y profesionales del trauma complejo, que es el que suelen presentar con bastante frecuencia niños/as adoptados y acogidos con historias severas de abandono, maltrato y abuso. Voy a ir ofreciéndoos una selección de lo mejor del libro, sabiendo, además, que muchas cosas vais a poder aplicarlas los padres y las familias con vuestros/as niños/as. Esta es la gran noticia. Así pues, permaneced pegaditos a Buenos tratos, que nos esperan grandes aportaciones.

Cuidaos / Zaindu

17 comentarios:

Anónimo dijo...

Uf, José Luis,

Entiendo el subrayado positivo que haces pero, como madre, pensar que puedo tener una psicópata en casa me deja descorazonada...

José Luis Gonzalo dijo...

Hola, entiendo tu preocupación, pero no es eso lo que pretendo transmitir en esta entrada. Afortunadamente, nuestros chicos/as en su gran mayoría, no son psicópatas. Lo que he querido enfatizar es la necesidad de que como tutores de resiliencia les acompañemos y apoyemos en sus problemas emocionales y vivencias por muy duras que sean.

Anónimo dijo...

Hola Jose Luis. ¿Recomendarías ver esta serie a un adolescente con trastorno del apego? ¿Le podría aportar algo ?

José Luis Gonzalo dijo...

Hola. No le veo a esta serie vocación psicoeducativa, así que en principio, no la recomendaría para adolescentes. Saludos

Chiquita adorada dijo...

Uff qué buen análisis, nunca he visto Dexter, pero seguro que ahora lo miraré. La verdad es que da miedo saber que alguien con apariencia totalmente normal puede ser un psicópata... pero al final uno se pregunta, quién es realmente normal?? y qué define la normalidad?? Un abrazo, me gustó mucho tu entrada de hoy, muy interesante.

José Luis Gonzalo dijo...

Gracias, Chiquita, con gente como vosotros da gusto escribir! La serie te encantará. Respecto a los psicópatas, Dexter lo es, sin duda, pero algunos otros personajes de la serie más normalizados... lo son menos?

Anónimo dijo...

Cuando buscando como cada lunes tu entrada, leí "Dexter", se me han removido muchas cosas.

Debo aclarar que no he visto ni un solo capítulo de esta serie aunque conozco la trama, curiosamente cuando hace seis años iniciabamos el acogimiento del que hoy es mi hijo pequeño, el mediano de mis hijos estaba bastante enganchado y me hablaba con frecuencia del argumento y del protagonista.

En nuestra andadura buscando respuestas a los problemas que presentaba el peque, conocí a un psicólogo que una vez evaluado al niño y su historia, me hablo del apego y de los trastornos derivados del mismo. En un momento de la conversación, mientras yo le comentaba que había leido "El niño abandonado" y que estaba en estado de shock, me preguntó: ¿has visto Dexter?, y añadió; "ahí tenemos perfectamente retratado un psicópata, y la base del origen de su psicopatía, es evidente que los guionistas estan perfectamente asesorados por profesionales de la salud mental".

Así de un plumazo me situó en el peor de los escenarios, lo cual le agradezco profundamente, ya que en ese mismo momento fuí consciente de la gravedad del trauma y de la importancia de trabajar su resiliencia.

Un abrazo enorme
Concha

José Luis Gonzalo dijo...

Gracias, Concha, me alegra saber que aquella pregunta acerca de si has visto Dexter te ayudara a hacerte consciente de que los niños traumatizados pueden tener oscuros pasajeros y que debemos hacernos cargo de ellos para ayudarles en el proceso de resiliencia. La verdad es que me está sorprendiendo mucho lo que esta entrada os esta interesando. Me alegro. Gracias por tu comentario.

Chedi dijo...

Hola José Luis,
Esta entrada me ha dado otra luz (dolorosa luz), para interpretar las últimas conductas de mi hija.
No es que esté hablando de ningún caso similar pero sí de esa falta de conciencia, de esa frialdad frente a situaciones que ponen en evidencia su tendencia a mentir, fantasear, desafiar,huir de sí misma.
Cada día intento renovar ese apoyo y comprensión incondicional del que hablas. A veces cuesta mucho porque nunca sabes exactamente qué terreno pisas.

Muchas grácias por guiarnos en este intrincado camino,

Chedi

José Luis Gonzalo dijo...

Gracias a ti, Chedi, y realmente si, el camino es intrincado. Me alegra saber que este espacio te sirve de guía. Un saludo cordial.

Esther Redolosi dijo...

Muy interesante la entrada. Me apasiona el mundo de la psicopatía y escribo a veces algunos artículos sobre este tema en mi blog.
Me has animado a ver la serie.
Un saludo.

Anónimo dijo...

Yo a raiz de esta entrada me dio vuriosidad de ver la serie. Llevo solo 4 capitulos , los primeros, y me pregunto si el padre de Dexter no tuvo o pudo tener otra opcion para su hijo que encauzarle su " problema" de esa forma.... no se si eso puede ser real en algun caso.. tamoco se si ser asesino en serie es algo inevitable.... sin embargo unas cidigos del padre si fueron aceptados por el hijo

José Luis Gonzalo dijo...

Me hago las mismas preguntas que tu, no se si el padre tuvo otra opción, en la serie parece que se sobreentiende que no, que tuvo que ayudarle a encauzarlo y darle un código.

Mercedes Tamara dijo...

Hola : Actualmente estoy en la 4 temporada de Dexter No sé que opinar de ella La primera temporada mantiene un ritmo lleno de un gran suspense que engancha , lo que ocurre en las siguientes temporadas es que hay escenas muy absurdas
No es frecuente que las personas que están cerca de este psicópata no adviertan el carácter homicida de este siniestro personajes
Dexter actuando siempre de una forma tan precavida para no dejarse atrapar ,se hace cómplice del fiscal para ejecutar unos crímenes conjuntamente , lo que acaba por ser peligroso para las siguientes actuaciones de Dexter Por eso, no tiene otra alternativa que eliminarlo.

Pese a estos pequeños fallos , la serie engancha bastante

Anónimo dijo...

conozco una persona con la personalidad idéntica a la de Dexter en muchísimos aspectos, excepto que no es un criminal, ni perverso, ni manipulador, pero he encontrado demasiadas analogías comparando los modos de relacionarse. Desapego, falta de empatía, estilo de vida parasitario, nadie conoce verdaderamente su historia, inapetencia sexual, incapacidad de sentir y expresar emociones, con un padre (como único) testigo y cómplice de la verdadera personalidad de su hijo, meticuloso, calculador, metódico. Y con una fachada social que encubre todos estos detalles, ya que se trata de un artista (por momentos frustrado, o con poca confianza en si mismo u optimismo por lograr éxito y reconocimiento), con una innata capacidad de entablar relaciones sociales superficiales, caer bien a todo el mundo, por su ligereza y habilidad de sacar temas de conversación gracias a su inteligencia y basto conocimiento de cultura general y su mentalidad totalmente desprejuiciada.
En fin, lo que en principio consideré una simple personalidad insegura y con dificultades para entablar lazos afectivos, despues de ver la serie "dexter" me he cuestionado todo el tiempo, si se trata en realidad de un "psicópata" o al menos de de una persona con una psicopatología bastante importante.
Cabe destacar que jamás ha mostrado agresividad ni violencia en ninguna de sus formas. Jamás expresa rabia, ira, o enojo, ni física, ni verbalmente, ni si quiera en un gesto o expresión facial, lo único que si expresa a veces es frustración, abulia y resignación.
Es para preocuparme o podría ser más paranoia mia que realidad? gracias

José Luis Gonzalo dijo...

Hola, gracias por tu comentario. Los psicópatas cosifican a las personas (son medios para conseguir sus fines) Por ello mienten, manipulan, tergiversan y muestran formas de crueldad muy diversas sin conmoverse.

No parece que esa persona por lo que dice presente este rasgo de depredación. Quizá presente algunos rasgos pero no todos. Puede ser que presente algunos otros rasgos de personalidad que le diferencian de un psicopata. En cualquier caso habría que evaluarlo para estar seguros. Un saludo

Anónimo dijo...

pregunté lo mismo que a vos, en la universidad, en una clase de psicoanálisis, y me explicaron que la personalidad de Dexter es mas bien un caso de neurosis obsesiva grave, pensandolo así tiene mas sentido, suponer que la persona de la que te hablé (en el comentario anterior)también se trate de una neurosis. Saludos y gracias por la respuesta.