lunes, 28 de mayo de 2012

La capacidad parental de reflexionar de modo coherente sobre el pasado influye de manera significativa en la capacidad de inculcar seguridad en los hijos


Como ya sabéis los que habitualmente seguís este blog, me alineo con la teoría del apego como el marco comprensivo que mejor nos permite conocer al ser humano y cómo éste se va forjando: cerebro, mente y experiencias convergen (como en ninguna otra teoría) en la del apego.

Suelo hablar mucho del apego en los niños y adolescentes. El apego tiene dos vertientes: una, biológica; nacemos con un equipamiento biológicamente “escrito” para apegarnos a un cuidador. El llanto, la risa, la mirada… son conductas que el bebé emite con el fin de atraer a aquél para que satisfaga sus necesidades de manera empática, rápida y sensible. Es la función supervivencial del apego. Por ello el vínculo de apego es diferente a otro tipo de vinculaciones porque su función primordial es la de asegurarnos la supervivencia.

La pasada semana tratamos sobre la segunda vertiente del apego: la emocional. O, lo que es lo mismo, la seguridad que nos proporciona un cuidador que emocionalmente es capaz de contener nuestras angustias y malestares, saber aliviarlos y actuar como filtro estabilizador y realizar una adecuada función reflexiva: reflejar nuestras emociones sin invadir. Refleja nuestra experiencia emocional a través del cariño, enfatizando las emociones o transformando el afecto negativo en positivo. Pero el cuidador reflexivo debe reflejar, valga la redundancia, nuestra experiencia emocional no la suya. Esto favorece la mentalización, esto es, que veamos al otro con una mente independiente de la nuestra, con intenciones, deseos, sentimientos… Este aporte a la teoría del apego, como ya apuntamos, corresponde al autor Fonagy.

Esta semana, a partir del libro “El apego en psicoterapia”, de David Wallin (del que también os vengo hablando), recojo las aportaciones de otra autora clave en el tema del apego: Mary Main.

Mary Main revolucionó (es la segunda revolución en el apego: la primera, la que Bowlby y Ainsworth llevaron a cabo; la tercera, la que vimos la pasada semana con el autor Fonagy) la teoría del apego y aportó “un protocolo de estructura flexible, aparentemente sencillo, denominado Entrevista de Apego Adulto (AAI, por sus siglas en inglés) en el que pedía a los padres que formaban parte de un estudio que recopilaran la historia de su relación con sus propios padres y reflexionaran sobre ella, incluyendo las experiencias de pérdida, rechazo y separación” (Wallin, 2012) Es una herramienta que ha demostrado que puede evaluar el apego en la vida adulta.


“Main observó una correlación significativa entre la seguridad del apego en los niños de su estudio y el estado anímico con respecto al apego de los padres (evaluados con la AAI) Es más, la clasificación de los padres en la AAI predice el tipo de apego que el niño tendrá con una probabilidad del 75%" (Wallin, 2012) Recordemos que los tipos de apego inseguro que el niño puede desarrollar son: evitativo; ambivalente y desorganizado. Pues bien, “…los padres de los niños inseguros mostraban en las transcripciones de la AAI un patrón general de dificultad para mantener un discurso coherente y colaborativo” “Hay tres patrones en este sentido: los padres de los niños evitativos se les describió como “negadores” porque minimizaban el valor y la influencia del apego. Estos padres  insistían en que no recordaban experiencias relacionadas con el apego. A los padres de los niños ambivalentes se los caracterizó como “preocupados”, porque experimentaban los apegos del pasado como factores que se inmiscuían continuamente en el presente. Por último, se definió a los padres de los niños desorganizados como “irresolutos/desorganizados”, debido a que se mostraban intermitentemente desorganizados o desorientados al reflexionar sobre los traumas de etapas anteriores” (Wallin, 2012)

Vemos, pues, como hay una correspondencia entre el estado de mente con respecto al apego de los padres (los esquemas mentales codificados en la memoria) y la probabilidad del 75% de fomentar un apego inseguro en los hijos. Por ejemplo, los padres “negadores” Es muy probable que los hijos de éstos desarrollen un apego evitativo; el niño no tendrá más remedio que adaptarse y crearse el “traje evitativo” que se desconecta de las emociones y maximiza la independencia y la autosuficiencia.

Lo más sorprendente, en mi opinión, de todas las aportaciones de esta gran teórica del apego es que “se puso de manifiesto una innegable correspondencia entre el modo de discurso de los padres en la entrevista de apego –es decir, cómo reflexionaban sobre su propia experiencia de apego- y la conducta de apego del hijo” “Y, lo que es más crucial, esta seguridad no depende tanto de los hechos que hayamos vivido en la historia personal, por muy problemáticos que sean, cuanto del empeño por comprender esa historia” (Wallin, 2012)

Llego al punto que quería llegar: los padres que han trabajado su propia historia, la han comprendido y reflexionado y son conscientes de su estado de mente con respecto al apego, y han conseguido transformar su historia (por muy dura que ésta sea) y resiliar, pueden ser unos padres completamente competentes. Existen muchos casos que todos conoceremos de padres que han padecido historias de malos tratos, abandono… y parecería que estarían abocados a repetir los patrones de apego disfuncionales. Pues no. Si han hecho un esfuerzo de elaboración y cambio, se transforman, renacen y pueden ser seguros y hacer seguros a sus hijos. Estos padres tendrían un mérito enorme y habrían logrado una seguridad denominada "ganada" con respecto al apego. Son unos triunfadores, en efecto.

Todos los padres (biológicos o no biológicos) tenemos el deber de revisar nuestras propias historias y reflexionar sobre nuestros recuerdos en relación a nuestra experiencia de apego. Esto nos hará ser mucho más competentes. En el caso de los padres o familias adoptivas, deben ser plenamente conscientes, además, de que se van a hacer cargo de un niño o niña que ha podido pasar por experiencias adversas de abandono o malos tratos. Y tenemos el deber de asegurarles padres o familias competentes para poder cuidar. No se le puede fallar dos veces a un menor (bastante trágico es que se le haya fallado una vez) Puede re-traumatizar. Ignoro si se incluye la valoración del apego (del estado de mente con respecto al apego) en los procesos de valoración de las familias ¿Imagino que sí? En caso contrario, pienso que debería de hacerse una valoración completa en base a este protocolo de los futuros adoptantes o acogedores. Ser un cuidador competente depende de la capacidad que tengamos para ello; y ésta viene muy influenciada por el estado de mente con respecto al apego que hayamos desarrollado. La Entrevista de Apego Adulto se revela como un protocolo científico y riguroso a incluir en las valoraciones de los adoptantes y acogedores. 

9 comentarios:

Rosa Fernandez dijo...

Me ha encantado... gracias José Luis por el esfuerzo que haces todas las semanas. ;)

Anónimo dijo...

Me está gustando mucho esta serie de entradas que estás haciendo porque aporta NUEVOS ELEMENTOS, nuevas visiones de lo "de siempre"... de cómo ver y enfrentarnos al tema del apego con nuestros hijos. Necesitamos aprender a "VER" a nuestros hijos en lo cotiidano. Me siento reflejada en esta entrada. En este mirar para atrás hacia mi propia historia y tratar de compemder a hija, ganamos todos.

Itsaso

José Luis Gonzalo Marrodán. dijo...

Gracias Rosa e Itsaso. Me alegra saber que se aportan nuevos elementos. Un saludo cordial.

Anónimo dijo...

Hola José Luis
Soy padre adoptivo desde hace un año, nuestra hija de tres todavía se muestra muy insegura y cuando pierdo la paciencia me doy cuenta que tiendo a repetir las malas formas que tuvieron conmigo de pequeño, (lo de la violencia física noto como si saliera directamente de de la mano de mi madre, que bien que la utilizaba), para mi es una autentica lucha interior no repetir "esas formas" y te aseguro que en alguna ocasión ha ocurrido, y los resultados en oposición a la contención y la paciencia son desastrosos para todos.
Lo peor es que en mi generación la disciplina y normas era casi equivalente a malos tratos y a incomprensión.
Por suerte para mi dispongo de blogs como el tuyo que invitan a reflexionar y superar viejas heridas.
Muchas Gracias.
P.D.
En nuestro C.I. (certificado de idoneidad) lo que notamos, mi mujer y yo, que las psicologas más que preocuparse por una infancia de buenos o malos tratos buscaban una posterior superación/compresión/perdón de los mismos hacia nuestros padres.

José Luis Gonzalo Marrodán. dijo...

Efectivamente, la clave no está en la historia que tengas, sino en que la hayas podido elaborar y ser consciente de cómo te afecta en tu vida (relaciones) Y que puedas integrar lo nuevo para dar un cambio. Gracias por tu comentario, un saludo cordial.

Anónimo dijo...

Hola Jose Luis,

muy interesante tu nueva entrada. Gracias por darnos nuevos elementos para la reflexión.

En referencia a la última parte de tu entrada de hoy, me hace pensar en un caso de una mujer adoptada adulta que no ha recibido de sus padres adoptivos el apoyo suficiente para elaborar su historia, es decir, no se ha hablado de su adopción de manera abierta durante su crecimiento. Además ella reproduce con sus hijos biológicos el mismo patrón. Sus hijos aún no saben que ella es adoptada.
Cómo la podriamos ayudar a elaborar su historia ya en su edad adulta?
qué intervención socioeducativa sería adecuada en este caso?

Ella lleva una vida tranquila y no identifica ningún problema ante esta situación, pero es evidente que no tiene elaborada su historia.

Gracias de nuevo
Ana

Anónimo dijo...

Hola Jose Luís,
muchas grácias por el trabajo que haces con este blog, felicidades!
Te sigo cada semana!
Las entradas sobre la función reflexiva i la mentalización me parecen muy útiles para el trabajo con las familias.
Tus aportes nos son muy enriquecedores también a los professionales que trabajamos con niños y sus familias.
Te mando un fuerte abrazo des de Barcelona y espero reencontrate pronto.

Meritxell

José Luis Gonzalo Marrodán. dijo...

Hola Ana: Es un caso complicado por la falta de conciencia que esta mujer tiene. Es posible que tenga un patrón de apego negador. O bien no recuerdan nada de su historia de vida o bien hasta la pueden idealizar. Son personas que además no dan valor e incluso rechazan la intimidad emocional. Una forma de poder ayudarla sería derivándola a una psicoterapia. Pero claro, la psicoterapia supone una interacción emocional y es muy privada e íntima, con lo cual dirá que no la necesita, en una especie de racionalización. Una forma de engancharla a la terapia sería con algún fin práctico (por ejemplo, ayudar a sus hijos) Y de ahí, poco a poco, que el terapeuta se vaya ganando su confianza para que esta mujer se vaya abriendo. Esto en el caso de que sea un paciente negador (en la infancia se le llama paciente evitativo), claro está. Saludos.

José Luis Gonzalo Marrodán. dijo...

Meritxell querida! ¿Cómo estás? Ya me pasaron tus buenas noticias (que no desvelaré aquí por respetar tu intimidad) Pero (por lo que tú ya sabes) ¡felicidades!

Gracias por tus palabras, me alegra mucho que te gusten las entradas y que las valores, sobre todo una profesional tan cualificada y competente como tú, y mejor persona. Me acuerdo con mucho cariño de vosotros, espero veros pronto. Si me acerco a Barcelona, ya os llamaré. Un abrazo!!