lunes, 19 de marzo de 2012

Castigos, otras medidas de disciplina y niños adoptados


Quiero hablaros de un tema que suele salir frecuentemente tanto en el ámbito clínico, en el trabajo terapéutico, como en las sesiones de formación (talleres o jornadas) con las familias adoptivas: el castigo. ¿Hemos de castigar a los niños o adolescentes cuando traspasan un límite, no obedecen de manera recurrente o desafían una norma? ¿Conseguimos con el castigo ser eficaces y poner fin a la conducta de desobediencia o de desafío? ¿Está contraindicado castigar a los niños adoptados que han sufrido con anterioridad el maltrato o el abandono en sus familias o lugares de origen? ¿Qué medidas de disciplina usar? ¿Se puede retirar al niño a un lugar aislado? ¿Hay que quitarle cosas que le gusten para que aprenda y reaccione?

En primer lugar, empezaremos por hacer una breve exposición de las técnicas de modificación de conducta y en qué principios de aprendizaje se sustentan.


La psicología de la conducta, con una larga tradición, nos dice que los sujetos aprenden según cuál sea la consecuencia a una conducta. Así pues, si deseamos fortalecer comportamientos y que aumente la probabilidad de emisión de los mismos en el futuro, debemos de aplicar contingentemente una consecuencia positiva, lo que técnicamente se denomina refuerzo positivo. Si el niño estudia, felicitarle. Si saca buenas notas, comprarle un regalo previamente pactado. Por el contrario, si la consecuencia de una conducta es negativa (tanto porque se le aplica un estímulo aversivo como porque se le quita algo que al niño le guste), la probabilidad de emisión de esa conducta se reducirá en el futuro. Por ejemplo, retirarle la videoconsola durante una semana por insultar a la profesora.

En el refuerzo negativo (que no hay que confundirlo con el castigo) la conducta del niño pone fin a un estímulo desagradable para él (por ejemplo, montar una pataleta cada vez que la madre le pone pescado; la pataleta va en aumento y con ella el niño pone fin a la ingesta de este alimento porque la madre lo retira ante los gritos) Esta conducta de este niño está reforzada negativamente por la madre.

Por extinción entendemos la eliminación progresiva de un determinado comportamiento porque la consecuencia que lo reforzaba desaparece. Por ejemplo, si cada vez que el niño habla en clase éste obtenía la atención de la profesora, para extinguir este comportamiento la maestra ha de ignorar esa conducta. La extinción es un procedimiento lento para hacer desaparecer comportamientos que están previamente arraigados.

Y, finalmente, el tiempo fuera consiste en apartar al niño del ambiente donde con su conducta está generando consecuencias negativas, llevándole a un sitio aburrido y sin estimulación, sin prestarle ninguna atención. Durante un tiempo debe de permanecer en ese sitio solo. Si retorna al lugar en el que estaba y vuelve a emitir el comportamiento negativo, debe de regresar al tiempo fuera.

Estos son los principios básicos de conducta, explicados de un modo sencillo y con los que casi todos los padres, adoptivos o no, se manejan con sus hijos. Casi todos alaban a sus hijos ante sus comportamientos positivos, castigan los negativos o apartan a los niños a su cuarto para que reflexionen sobre lo que han hecho.

Pero… ¿Es esto realmente eficaz para los niños que tienen historias traumáticas de vida? ¿Es esto conveniente, aparte de que pueda ser eficaz, para un niño que acarrea la pesada carga del maltrato y que ha sufrido y sufre por ello?  

Sin ningún ánimo de minimizar los aportes tan positivos que los principios de psicología conductual han proporcionado a la terapia del comportamiento, por ejemplo con técnicas útiles, eficaces para el tratamiento de la ansiedad, la depresión u otras patologías, ayudando a las personas a alcanzar un bienestar o una mejoría en su salud mental, estimo que las aplicaciones al ámbito infantil en el área de los problemas de conducta o emocionales, aun pudiendo en algunos casos ser eficaces, me parecen inadecuados. Y en el caso concreto de niños adoptados o acogidos con historias de malos tratos a sus espaldas, posiblemente traumatizados, me parece contraindicado. Ahonda claramente en el sufrimiento del niño y pueden, incluso retraumatizar.

Veamos unos ejemplos:

A un niño que proviene de un orfanato de Rumanía en el que ha estado cuatro años casi aislado, sin estimulación alguna, con retraso en el desarrollo, con un déficit auto-regulatorio y con trastorno de la vinculación, practicar con él un tiempo fuera porque grita y se enfada cuando le mandamos hacer los deberes, gatillará su cólera porque conectará con el abandono que vivió. Llevarle a una habitación y dejarle allí no le ayudará a reflexionar ni podrá hacer la conexión causa-efecto.

A un adolescente que vivió en sus primeros años de vida en un centro de acogida donde no tenía nada, apenas para comer, sin ninguna pertenencia propia, sus padres biológicos ya ni le visitaban, con un sentimiento de desarraigo y de haberlo perdido todo, el que sus padres adoptivos le castiguen quitándole la videoconsola porque no estudia, probablemente no le haga efecto. Le hará conectar con la carencia. Para quien lo ha perdido todo o no ha tenido nada, quitarle cosas le dispara este sentimiento de carencia.

Darle premios materiales a un niño para que estudie, no robe, no pegue a los niños de su clase o realice otras conductas le lleva al menor a manipular al adulto.

Personalmente, he trabajado con estas técnicas (pues estoy formado en modificación de conducta y sé de lo que hablo) cuando no era consciente de lo que supone su aplicación con estos niños. Y el resultado que he obtenido ha sido negativo. Se producen una serie de efectos secundarios e indeseados que son peores que lo que tratamos de lograr (en el supuesto que se logre) Afortunadamente, la intuición, rápidamente, me indicó que éste no era el camino e, incluso, pedí disculpas a los niños por haber usado el tiempo fuera. Nunca llegué a castigar ni a proponer a los padres el uso del castigo; sabía que eso era muy negativo para estos niños. La formación que hice posteriormente me situó en cuáles eran las medidas de tratamiento más adecuadas. Y como las he probado y funcionan (con tiempo, calma, paciencia y constancia), por eso las comparto con vosotros/as.

Los propios niños y adolescentes me dicen que castigarles, sacarlos fuera, ignorarles… agrava aún más su conducta. Se sienten maltratados de nuevo por el adulto. Y además, dicen, esas medidas no consiguen frenar sus comportamientos negativos.

Muchos padres argumentan lo siguiente: entonces… ¿qué hacemos? ¿No le ponemos límites? ¿Le dejamos hacer lo que quiera? Obviamente, no. Lo que ocurre es que, normalmente, estamos pensando que los niños o adolescentes pretenden tomarnos el pelo cuando se niegan a hacer un determinado comportamiento. O si no quieren estudiar, es que son vagos. O que buscan fastidiarnos. Lo que casi nunca nos preguntamos es qué le puede pasar interiormente (pensamientos, emociones...) al niño o joven para comportarse del modo en que lo hace.

Para mí, hay otras maneras de poder, lo primero, comprender lo que al niño o joven le pasa. Hablar y preguntar. “No quieren hablar”, dicen a menudo los padres. De acuerdo. Quizá hay que elegir el mejor momento para que podamos dialogar e investigar qué le pasa para desobedecer tanto, haber sacado tan malas notas, etc. Darle opciones: ¿puede ser que te pase esto o esto otro? Se habla muy poco con los hijos. El ritmo de vida es frenético y todos queremos que funcionen como adultos en miniatura. Se dedica muy poco tiempo o nada a jugar, merendar juntos, leer, ir al campo... Convivir y vincularse. Más allá de funcionar y cumplir con tu obligación. Lo primero es crear el vínculo, la unión, ese sentirse sentidos del que tanto hablamos pero tan poco cultivamos. A mí me parece preocupante el escaso tiempo que se dedica a los niños y lo mucho que se les aparca con la excusa de que es bueno que haga tal o cual actividad. Cuando lo prioritario es enseñarle a ser y estar. Vínculo=permanencia.

Otra manera de enseñar y educar al niño es mediante la calma y la tranquilidad. Los padres, a menudo estresados ellos, con las prisas del día a día, no son conscientes de que ya van crispados por el niño. Estar serenos y tranquilos, pero firmes en nuestras manifestaciones, es muy importante. Hace pocos días un padre me decía que cuando se calma él, consigue calmar a su hijo. Muchas de las veces, problemas de ira, de agresividad… se conducen mucho mejor si damos una buena estructura al hijo (un orden predecible) y le regulamos con las palabras, tranquilizándole y ayudándole a parar haciendo que suelte el acelerador. Óscar Pérez-Muga expone magistralmente en nuestro libro “Todo niño viene con un pan bajo el brazo” cómo se puede tratar a los niños en función de su perfil de apego, y cómo a los niños más punitivos es mejor ayudarles a parar (él pone la excelente metáfora del coche) no de un frenazo en seco (castigo) sino ayudándoles con palabras calmantes a que bajen y paren soltando el acelerador. A fin de cuentas no debemos olvidar que ahí está su gran déficit pues carecieron de figuras de apego estables que actuaran como filtro estabilizador y por ello no controlan sus emociones y conductas. ¡Cuantos conflictos irían mucho mejor si nos calmamos y calmamos a los hijos! Pero no lo hacemos porque mantenemos muchas ideas preconcebidas tales como que no quiere hacer lo que debe hacer o nos toma el pelo, pero no nos lo planteamos como un problema de regulación y de que el niño no se sabe contener y hemos de enseñarle.

Otra táctica son las medidas reparatorias que rarísima vez me encuentro con padres o familias que las hagan. Si causa un daño o no hace algo bien, ha de reparar sus acciones haciendo algo positivo por la persona agraviada. O si rompió algo o no cumplió con su obligación, ha de arreglarlo o hacer algún trabajo que beneficie a la familia. Les ayuda a conectar con los demás, a desarrollar la empatía y aprender que lo mismo que pueden dañar es posible reparar. Es cierto que los niños se suelen negar, pero si les ayudamos y nos lo tomamos con paciencia, lo podemos conseguir.

Cuando no hacen buen uso de las cosas, se puede acordar con ellos una medida de protección. Nada se les quita, puesto que es suyo. Pero sí se acuerda guardarlo hasta que sea el momento apropiado o cuando aprenda a hacer un buen manejo de esa cosa.

Soy consciente de que es realmente muy difícil y que no hay un camino sencillo y una receta para todos (cada caso requiere un estudio propio), para tratar las conductas negativas de los niños con trastornos del apego. La aceptación fundamental del niño o joven (aceptarle siempre como persona, pero las conductas negativas no se toleran si dañan a las personas o a las cosas); la calma y la tranquilidad (elegir el momento en el cual el menor esté más receptivo a hablar; a veces es mejor dejar pasar la tormenta y esperar a que se estabilice); valorar desapasionadamente muchas de las conductas a las que les damos excesiva importancia (que se ponga determinada ropa o que no coma determinados alimentos, por ejemplo); la metacomunicación empática (“algo te debe de pasar para comportarte hoy así, vamos a calmarnos y luego hablamos”); enseñarles las cosas y acompañarles (¿cuánto grado de dependencia tiene el niño para hacer las cosas?); no dar por supuesto que saben todo lo que tienen que hacer; tener paciencia y perseverancia; ayudarles a reparar; regular a los niños enseñándoles a soltar el acelerador y no frenándoles con castigos o amenazas; no castigar físicamente jamás (ni tampoco con otro tipo de castigos); ser tolerantes; usar el sentido del humor; apreciarles y agradecerles su colaboración y sus logros; darles oportunidades para volver a empezar; y mantener siempre preservado el vínculo ("aunque nos enfademos te quiero y te acepto siempre; y siempre te querré y te cuidaré") “¡Si eso ya lo sabe!” – dicen algunos padres. Pero necesita oírlo una y otra vez.

15 comentarios:

Violeta Alcocer dijo...

Hola José Luis!
Excelente artículo, lo comparto en mi muro de facebook. Esto es justo de lo que hablo en mi taller para familias "Alternativas a los castigos". Me gusta también explicar cuáles son las técnicas de modificación de conducta (que al igual que tu, conozco bien) y sus posibles efectos adversos y escasa eficacia a medio plazo, para que las familias escojan y tomen sus decisiones desde la libertad. La alternativa, como bien dices, no siempre es fácil. Pero merece la pena... Mil gracias por tus aportaciones. Un abrazo! V.

José Luis Gonzalo Marrodán. dijo...

Hola Violeta: Muchísimas gracias por tu comentario. Compruebo con alegría que seguimos compartiendo lugares comunes. Yo también me identifico con tus ideas y hacer profesional. Creo que es bueno dar esas alternativas a las cuales tu te refieres porque existen y los padres no las suelen tener en cuenta y son las mas adecuadas para este tipo de niños y me atrevería a decir que para todos los niños. En muchos foros me critican por esto aludiendo al carácter científico de la modificación de conducta pero yo creo que la perspectiva de la psicología del apego nos permite enfocar este tema desde otro punto de vista en el que la permanencia, la regulación y la estructura se conjuntan para ayudar al niño a desarrollarse como persona y no reducirlo todo a conductas. Un abrazo y gracias por tus palabras y por etiquetado en Facebook.

Anónimo dijo...

¡Excelente artículo! me ha encantado. Gracias por explicarlo tan claro. Yo intento aplicarlo cada día con nuestro hijo, y va funcionando.

Anónimo dijo...

Madre adoptiva

Nuestro hijo lleva con nosotros dos años ya, el refuerzo positivo es lo que mejor le funciona, con lo que mejor reacciona.

Pero hay conductas que no "se pueden consentir y hay que corregir" eso es evidente.

Nunca le he castigado aislado en su habitación, es algo que ni siquiera me lo he planteado conmigo nunca lo han hecho y yo con el tampoco, si que he usado el metodo un, dos, tres... y tan solo tuve que sentarlo unos minutos en una sillita y yo cerca sin estar sentada a su lado, evidente, unas tres veces, solo con oir "uno..." ya reacciona.

Sí que le he castigado a ver la tele, por ejemplo, que le gusta mucho y la verdad es que espera el momento tele, después de cenar,pero ese momento tele lo hemos sustituido por actividades juntos, el cuando le he "castigado" sin tele, siempre intenta que le deje verla, pero le digo sabes que no puedes, y le digo que quieres que hagamos? y jugamos o hacemos puzles lo que el me proponga.

Es pequeño tiene cuatro añitos, pero no creo que sean "castigos" que el pueda asociar con un abandono o desapego, reacciona muy bien.

El reacciona muy bien y funciona, ya os digo que prefiero el refuerzo positivo.

Corregidme si lo estoy haciendo mal... pero

Anónimo dijo...

Hola

Este artículo me encantó! en mi ciudad existe un programa de capacitación a padres y cuidadores que se llama "habilidades parentales" cuando lo tomé tenía la expectativa de ver técnicas de intervención específicas para niños con problemas en la vinculación, pero todo el taller fue modificación de conducta!, al igual que tú, mi formación básica es la modificación de conducta, y en otras situaciones aplica en forma excelente, pero en estos casos (niños que se encuentran en instituciones) no me parece que sea la mejor forma de intervención, hasta me parece cruel en algunos casos. Es una lástima que aún tengamos este tipo de atrasos y solo se usen nombres atractivos como mercadotecnia, lo peor del asunto es que se maneja como un programa de gobierno y se "capacita" a todas las instituciones de la sociedad civil con estas estrategias.

saludos desde México

José Luis Gonzalo Marrodán. dijo...

Gracias por vuestros comentarios y participación. Compartimos las mismas experiencias pues a mi me ha sucedido de manera similar. Los niños víctimas de malos tratos no responden a estas técnicas y estoy de acuerdo en que pueden ahondar en su sufrimiento. Con respecto a la mercadotecnia, aqui nos sucede que todas las guías de tratamiento recomiendan como de elección estas técnicas por su eficacia y el apoyo experimental que reciben. Y casi nadie se atreve a decir otra cosa. Yo me pregunto cuantos niños víctimas de malos tratos componen estas muestras experimentales. De todos modos, eficaz no quiere decir que sea apropiado.

Anónimo dijo...

Gracias por el artículo.
Intento aplicar algunas cosas que tu cuentas gracias a que las fui aprendiendo, básicamente, en lecturas previas a la adopción y en foros. De todas formas viene bien un buen recordatorio; especialmente si es tan claro y bien estructurado. No sé porqué motivo (supongo que es la prisa) en algunos momentos me salto la manera fácil de atajar los pequeños conflictos del día a día.

En definitiva un muy buen recordatorio, con complementos muy interesante y argumentos de peso. Gracias.

José Luis Gonzalo Marrodán. dijo...

Muchas gracias a ti, me alegra que este recordatorio te haya ayudado. El feedback que me das diciendo que es una exposición clara y ordenada me ayuda a mi para saber si expongo los temas de manera diáfana, cerciorandome de que así es.

Saludos,

Un abrazo

Monica Castaneda dijo...

Muy buen articulo José Luis, gracias por compartir las conclusiones a las que has llegado en la práctica y muchas gracias tambien por las recomendaciones de libros, siempre son muy buenas!



Un abrazo desde México : )

Mónica C.U.

José Luis Gonzalo Marrodán. dijo...

Gracias a ti, Mónica, por valorarlo, un abrazo para ti y para las buenas gentes de esa bella tierra que es México!! Un abrazo!!

nuria.mico@gmail.com dijo...

Tengo un niño de 6 años, adoptado con transtorno del vínculo, no se que tipo de castigo aplicarle por eso he mirado en tu blog. Todo lo que uso no me sirve para nada, el repite las mismas cosas que sabe que no me gustan y no avanzamos y estoy harta de cartigarle. Me podrías recomendar algún libro que me ayude a educar a mi hijo a ser social con los demás y a respetar lo que le rodea. Gracias. Nuria

José Luis Gonzalo Marrodán. dijo...

Debes de tener paciencia, Nuria. No te recomiendo
que castigues al niño, eso no le va ayudar a aprender como debe de relacionarse. Los niños con problemas de vinculo suelen repetir los patrones relacionales aprendidos en el pasado. Necesitan otro tipo se pautas educativas. En este mismo blog puedes consultar en la etiqueta "apego" varios artículos en los que se ofrecen orientaciones. Puedes leer los libros "El niño abandonado" y también la guia para padres adoptivos titulada "Todo niño viene con un pan bajo el brazo?" Ten paciencia y constancia, enseñarle como relacionarse, y sobre todo mantén la calma. Con amabilidad pero con firmeza con las conductas negativas. Un saludo cordial.

José Luis Gonzalo Marrodán. dijo...

Debes de tener paciencia, Nuria. No te recomiendo
que castigues al niño, eso no le va ayudar a aprender como debe de relacionarse. Los niños con problemas de vinculo suelen repetir los patrones relacionales aprendidos en el pasado. Necesitan otro tipo se pautas educativas. En este mismo blog puedes consultar en la etiqueta "apego" varios artículos en los que se ofrecen orientaciones. Puedes leer los libros "El niño abandonado" y también la guia para padres adoptivos titulada "Todo niño viene con un pan bajo el brazo?" Ten paciencia y constancia, enseñarle como relacionarse, y sobre todo mantén la calma. Con amabilidad pero con firmeza con las conductas negativas. Un saludo cordial.

Carmen dijo...

Gracias por el artículo que suscribo letra por letra. Después de años de "turismo clínico" con mi hijo (lo adoptamos con 3 y ahora tiene 9 años), probando todo tipo de terapias, medicación... llegué a esta misma conclusión a base de observación. Mi hijo se ponía violentísimo a la mínima y aquello iba en crescendo(ha tenido ya dos ingresos)y no quiero entrar en detalles, ya que no es mi propósito espeluznar a los que entráis en el foro, pero desde hace tiempo comencé a pasar de todo y de muchos, y aplicar lo que me marcaba mi intuición y mis años con él). Comencé a sujetarlo nada más notaba que le dan sus arranques, para que no se autolesionara o lesionara a otros, mientras le besaba y le tranquilizaba con susurros o surrealistas toques de humor. Borré de mi agenda amenazas por muy sutiles que fueran o cualquier amago de castigo. Es más, cuanto peor se ponía, más besos le daba. Y aseguro que con los "piropos" con los que me homenajeaba y algún puntapié o mordisco con buena puntería, me costaba un triunfo mantener el tipo. Hoy en día no necesito apenas recurrir a esto, pero el camino es aún largo y farragoso (con sus problemas de socialización la cosa no está para tirar cohetes). Necesita que le repita ( y no tengo objeciones en mutar durante unos minutos a disco rayado) lo que le quiero, a pesar de que su comportamiento en muchas ocasiones me lleva a mi dormitorio, me cierra durante unos segundos allí, me hace soltar un par de improperios y puñetazos a la pobre almohada, pero vuelvo tranquila, que es mi objetivo. Que me vea serena en las situaciones tensas es la clave para que se acabe tranquilizándose él. No es nada fácil, pero como se suele decir, yo me di cuenta de que tenía esa fuerza para manejar la situación, cuando la fuerza fue lo único que me quedó.
Un saludo y gracias por tu lucidez y experiencia Jose Luis.
Un abrazo

José Luis Gonzalo dijo...

Te agradezco mucho mucho este comentario, Carmen, porque a corazón abierto has compartido una experiencia propia que ilustra clara y sentidamente lo que yo pretendo explicar. Un abrazo