lunes, 12 de septiembre de 2011

Ansiedad de separación en los niños adoptados

La ansiedad de separación ante la partida de la figura de apego es una conducta normal en los niños sobre todo en el periodo denominado de apego centrado (los 6 y los 24 meses) En esta etapa el niño es muy sensible y reactivo ante la irrupción de extraños, peligros u otras amenazas y activa sus conductas de apego (proximidad física en el espacio) hacia su figura principal en busca de protección y seguridad. Este comportamiento tiene valor de adaptación y le ha permitido y le permite a la especie sobrevivir en el mundo.

Posteriormente, el niño aprende mecanismos autorregulatorios emocionales y puede ir progresivamente manejando las separaciones. La figura de apego es interiorizada y el infante adquiere el fundamento seguro para estar en el mundo. El niño aumenta su autonomía de manera progresiva hasta que puede separarse por completo sabiendo que puede retornar a esa base segura cuando lo necesite. De adultos nos sucede igual: cuando pasamos por etapas difíciles en las que necesitamos confort, afecto, apoyo o consejo, nos acercamos a aquellas figuras (padres, amigos, pareja…) que sabemos van a acogernos ante el derrumbe emocional.

Hay hitos en el desarrollo de los niños. La aparición de la marcha, de la deambulación, es ya una primera habilidad que hace posible las primeras experiencias de separación. Si el apego con la principal figura es seguro, el niño activará su sistema de exploración sabiendo que la madre es la base segura a la que se puede retornar en caso de apuro o peligro, pues tiene la imagen interna de que ella le cuidará, protegerá o calmará. Si estas primeras exploraciones se hacen positivamente, ambos sistemas, complementarios, actuarán colaborando en beneficio de potenciar el desarrollo global del menor y su autonomía en particular. Otro hito importante -primeras experiencias de separación- es la entrada en la escuela infantil. Planificar, estructurar y manejar bien este gran momento es clave para que los niños vayan aprendiendo a separarse y reencontrarse con la figura de apego de una manera segura.

La mayoría de los niños interiorizan este apego seguro. Pero hay otros -en un tanto por ciento más pequeño- que por factores internos y externos en interacción demoran esa separación de manera segura, tranquila y confiada de la figura de apego teniendo la certeza de que retornará. Su representación mental es de inseguridad: sienten que esta figura no va a volver, les va a dejar o que les va a ocurrir alguna desgracia a uno o ambos. Temen consecuencias terribles que además no saben verbalizar ni explicarse bien debido a las limitaciones que los niños tienen con el pensamiento y el lenguaje al ser aún demasiado pequeños. El temor que sienten suele considerarse emocional porque no hay razones que justifiquen (y si las hay, el temor se exagera) esa desproporcionada reacción de temor a la separación.

La ansiedad a separarse -cuando ésta ya adquiere categoría de trastorno y el niño está en la segunda infancia- de la figura de apego no es exclusiva de los niños que han vivido experiencias de apego subóptimas (separaciones tempranas, malos tratos, abandono…) Los niños que han permanecido con los padres o figuras de apego desde el principio también suelen presentarla, aunque en menor medida. Por factores de tipo genético y/o ambiental en interacción (por ejemplo, una ansiedad de separación de la figura de apego tras un suceso traumático puntual como un accidente familiar) el niño puede experimentar esta ansiedad de separación. En este tipo de casos -si ha habido una buena base y los padres o cuidadores colaboran con unas pautas-, los niños se recuperan rápido. Pero cuando hablamos de trastorno de ansiedad de separación en niños con antecedentes de abandono o malos tratos en los dos primeros años de vida, nos referimos a niños que experimentan este problema porque su base no ha sido segura y el problema es de más intensidad y de mayor duración, probablemente. En el caso de los niños adoptados (sobre todo, al menos por lo que veo en mi trabajo, corregidme si me equivoco, algunos de los que provienen de adopción internacional presentan experiencias en las que han sido enviados a orfanatos, esto es, han sufrido ruptura de contacto con la figura de apego durante el primer o segundo año de vida y, además, cuidados de baja calidad) bregar con ese estrés durante mucho tiempo y en periodos sensibles (ya hemos dicho que existe un periodo en el que la separación o ruptura es mucho más crítica para el niño) tiene sus consecuencias en el desarrollo posterior. Uno de los problemas que se puede desarrollar es éste del trastorno de ansiedad de separación.

Bowlby describió la respuesta de los niños ante la ruptura ante las figuras de apego en la fase en la cual cuidador y niño están ya íntimamente entrelazados, en la etapa del apego centrado. Primero, el niño protesta por todos los medios: llanto, rabietas, gritos… Segundo, sucede la desesperación, continúa preocupado por su retorno e hipervigila. Después, finalmente, desarrolla un desapego emocional, esto es, no se abre a la conexión emocional y a la vinculación con otras figuras. Se pone como un escudo.

Cuando un bebé en la fase de apego centrado es separado de su figura de apego esa experiencia tan dura (para que nos hagamos una idea y podamos comprender a los niños, es como el desamor que hemos podido sentir todos cuando la pareja de tu vida no te corresponde. “Te lloré todo un río”, dice el grupo musical Maná) deja una impronta. La memoria episódica (la que registra los hechos y los sitúa temporalmente y en su contexto) no está formada. La memoria que está desarrollada es la memoria implícita, sobre todo la que radica en el hemisferio derecho del cerebro y la que contiene imágenes, sensaciones, sentimientos… Esta memoria no implica un esfuerzo consciente y no se tiene la conciencia de que se está recordando. A edades posteriores (entre los 5-12 años) situaciones de la vida cotidiana (los primeros días de colegio, un retraso a la hora de ir a buscarle…) pueden disparar una respuesta traumática de ansiedad en la que se produce una invasión del pasado en el presente: el hemisferio derecho inunda al izquierdo (más racional) de esas sensaciones y emociones de angustia y dolor vividas tiempo atrás cuando sucedió la separación o el abandono. En esos momentos el niño no puede hacer nada planificado y responde de acuerdo a emociones subcorticales que activan su respuesta de lucha-huida-paralización.

En el caso de los niños adoptados que han vivido separaciones traumáticas es esperable que al ser adoptados muestren síntomas y conductas que sugieren ansiedad al separarse de sus nuevos cuidadores. En la medida que van desarrollando un vínculo con éstos, la ansiedad y las conductas de miedo, protesta, etc. van desapareciendo. Si muestran ansiedad al separarse ello indica que van interiorizando a los cuidadores como tales. Para hablar de trastorno, los síntomas han de ser muy intensos, permanecer estables en el tiempo y sobre todo causar una interferencia en la vida cotidiana del niño y de la familia. La línea que separa el trastorno de una ansiedad de separación no es siempre claramente delimitable.

Recuerdo el caso de una niña de 9 años con retraso mental leve acogida desde los cinco años por una familia. La niña tenía antecedentes de malos tratos y cuidado negligente por parte de sus padres biológicos. Un apego desorganizado añadido al retraso mental le situaban en una posición de alta vulnerabilidad. El acogimiento funcionó muy bien y esta niña recibió cuidados y atenciones muy positivas para su desarrollo. Pero por una serie de problemas, la familia no podía seguir haciéndose cargo de la niña. Ingresó en un centro de menores y recuerdo –todavía me sobrecoge- que la educadora referente me explicó que desde que entró en el centro, a las noches, lloraba y gritaba diciendo: “¡¡¡ama, ama!!!” Su protesta continuó durante mucho tiempo. Pero al final, como preconiza Bowlby, dejó de protestar y su conducta con respecto a los demás se volvió desapegada y desconectada de las emociones e intenciones de los otros. A pesar de todo, con una psicoterapia basada en el apego y sobre todo esforzándonos en mantener su contexto lo más permanente posible (su educadora estuvo 5 años seguidos con ella y esto fue lo más importante), consiguió adaptarse y tener un buen funcionamiento. Desde luego, era esperable que esta niña hubiera mostrado ansiedad de separación ante la educadora teniendo en cuenta lo que había vivido. Pero optó por protegerse con una fobia al afecto para no tener que volver a sufrir más por las separaciones que su mente ya anticipaba.

No todos los niños con antecedentes de experiencias traumáticas de separación o abandono desarrollan este trastorno de ansiedad de separación. Otros niños desarrollan otros síntomas o alteraciones o estrategias. Aquí existe un nudo que es muy difícil de desenredar para la ciencia de hoy en día entre los genes y las experiencias que dan como resultado la persona única e irrepetible con sus pensamientos, sentimientos y conductas.

¿Y qué podemos hacer?, os preguntaréis probablemente. A esto trataré de dar respuesta la semana que viene.

¿Cuáles han sido vuestras vivencias con vuestros hijos/as adoptados/as con las situaciones en las que tienen que separarse? Sería bien enriquecedor compartirlas. Espero vuestros comentarios.

12 comentarios:

Mei dijo...

Para mí, hoy era el día de hablar de este asunto...Me he dejado a mi hijo (junto con la mayoría que todo hay que decirlo) llorando, no! berrando en la puerta del aula...tras estar con él una hora, jugando, contándole que iba a comprar pan y que volvía...y otras mil historias...sin resultado...No sé cómo me lo encontraré, cuánto habrá llorado y qué pasará mañana que creo que será peor que hoy...y...me encuentro con esta entrada que voy a pasarle a su profe mañana mismo por email, a parte de recomendarle tu blog porque ya me ha confesado que no sabe nada de niños adoptados, deprivación y maltrato emocional...
Gracias y un fuerte abrazo

Mei dijo...

El segundo día...TODO HA IDO PEOR...para todos...ioncluso 3 niños ha vomitado en clase y menos 4 el resto hasta 24 han berreado a la entrada...Hoy el horario era de 9 a 14 horas...¿No es demasiado?...Creo que es una barbaridad pero...dicen...que son las normas del cole...aunque también puede haber excepciones...en determinados casos el periodo flexible (que ha sido de un sólo día) se puede ampliar...Mi marido y yo meditaremos hoy si somos uno de esos casos y decidimos solicitar un mes flexible para mi hijo especial...cómo lo ves Jose Luis????
Es un cole preferente para niños sordos y con hipoacusia, como mi hijo, pero no tiene ni idea de las preferencias de niños adoptados con circunstancias de apego, vínculo y demás maltrato a un bebé extremas y duras...Sería bueno solicitar esta excepcionalidad para mi hijo???? La ley la permite...

soylauraO dijo...

Los temas que ud desarrolla son importantes y desconocidos en su fibra íntima para casi todos los humanos que no sean especialistas; y para los especialistas que son sólo teóricos. Ud está brindando argumentos útiles para defendernos de quienes quieren tratarnos como estadísticas y números en fichas.
GRACIAS

http://enfugayremolino.blogspot.com

Xiao dijo...

Yo no he necesita separarme de mi hija en estos dos años y medio ya que tengo la suerte de no trabajar y dedicarme a ella. Pero esos momentos han tenido que darse en algún momento y siempre han sido difíciles.
Recuerdo con especial pena los días de su ingreso por una neumonía, a los 6 meses de estar con nosotros. Estuvo muy malita; como era por Gripe A ingresó en aislamiento, es decir, estábamos encerradas literalmente las dos en una habitación. Si alguien entraba (con limitaciones) debía de hacerlo con mascarilla y guantes, lo mismoq ue yo cada vez que salía, con mascarilla y guantes. Yo sólo salía para ir a por un café a la máquina o a por un bocadillo a la cafetería. Cuando le decía a mi hija que me iba a algo y que volvía en seguida, sólo me miraba, pero como si no me viera, como si fuese transparente. Y se daba la vuelta. A mi me daba la impresión de que ella "sabía" que en una de esas yo no volvería. Y cuando volvía me miraba de la misma manera. No me dejó que la tocase ni la besase hasta que volvimos a casa y se sintió de nuevo segura (bueno, más o menos segura)
Ahora, cuando ya lleva con nosotros dos años y medio, aún a veces no soporta la idea de separarse de mi. Especialmente por las noches. Dormirse sin mi presencia (física y muy, muy cercacna) es un ataque de ansiedad seguro.
Ya hay en situaciones y con determinadas personas y/o espacios que se queda sin mi sin ningún problema. En otras y/o con otras le pone mala sólo de pensar que yo me vaya.
Pero se ve una evolución clara a lo largo de estos dos años.

Anónimo dijo...

Tengo dos hijos que adopté hace 16 años y continuan teniendo ansiedad por separación, no se si esto que digo desanimara a los que tienen hijos pequeños que les cuesta mucho ir al colegio, pero los mios a dia de hoy todavia lo pasan mal si salgo una noche a cenar con unos amigos y eso que nunca los dejo solos a pesar de tener 16 y 18 años, tampoco llevan bien que me vaya un fin de semana y hasta haace muy poco me llamaban 20 veces al dia, aunque estuviera trabajando etc.
Bueno esto ya no lo hacen ahora por lo tanto creo que vamos mejorando, pero hay que reconocer que es bastante duro ver que pasa el tiempo y tienen ese agobio cada vez que me muevo, ellos me dicen que tienen miedo de que me pase algo cuando no eatoy con ellos.

José Luis Gonzalo Marrodán. dijo...

Hola todos/as: veo que esto está animado y las experiencias que comunicáis pueden ayudaros mucho entre vosotros/as. Lo que veo es que dos personas informan de evolución positiva a lo largo del tiempo, de que las situaciones que se van afrontando son más y la intensidad de las manifestaciones de ansiedad menores. Es que los niños que tienen historia de abandono por detrás tienen registrada en su memoria la experiencia y cada uno luego la revive posteriormente ante situaciones de separación transitorias, sí, pero separación. La mochila que llevan pesa, por ello el acompañamiento, la comprensión, la calma (entenderlo como un evento de su historia pasada que se dispara en el presente pero con la memoria de lo ocurrido, con el recuerdo, aún en el pasado, por lo que la sensación que el niño tiene es que no está en el presente)y el que nosotros podamos contener todo esto es fundamental. Porque sabemos que todo eso irá mejorando. Todavía más si se les proporciona tratamiento psicológico adecuado. Respecto a la pregunta que me haces, Mei, si tu hijo necesita una transición más progresiva, estoy completamente de acuerdo porque la historia de tu hijo es traumática. Ahora bien, sigo insistiendo en que nuestra tranquilidad es fundamental para que el niño sintonice con ella a la larga. Sé que es dificil estar tranquilo cuando un niño llora, patalea, grita y pide que vuelvas. O te sigue y no te permite que te vayas. Nos asustamos y nos ponemos ansiosos pero a pesar de todo hay que hacer un esfuerzo para calmarnos. La semana que viene ofreceré unas pautas para este problema pero son pautas a trabajar a largo plazo y que precisan de nuestra serenidad.Un saludo para todos/as.

Anónimo dijo...

La verdad es que nosotros adoptamos a nuestra hija cuando tenia 9 meses el primer año no me separe de ella, pero luego no he tenido ningun problema en dejarla con mis padres, mi hermana y este aÑo se ha quedado a dormir en casa de amigas suyas. La primera vez se vinieron mis padres a dormir a nuiestra casa y luego siempre la hemos adelantado la situacion y nunca hemos tenido ningun problema.

Un saludo Maria

Elena dijo...

Mi hijo, la verdad es que no tiene (o al menos eso creo), esa ansiedad de separación, tan solo por las noches,, cuando se acuesta, no quiere que me vaya porque dice que está muy bien conmigo, pero enseguida se duerme. Lo típico, al principio se iba con todo el mundo, no diferenciaba la figura de apego de referencia, luego fue seleccionando hasta hoy que cuando algún amigo le dice que si se queda con ellos mientras nosotros vamos a hacer algún recado, dice que no, que se viene con nosotros. Pero por lo demás, bien, ni al entrar en la guardería ni al colegio. A veces nos dice que somos los mejores padre y que nos quiere más que nosotros a él y al rato que nos odia porque a lo mejor le hemos corregido en algún comportamiento.
Un abrazo.

Elena

Anónimo dijo...

Hola Jose Luis, adopté a mi hijo cuando tenia 14 meses y la verdad es que nunca ha tenido problemas para quedarse con personas conocidas (abuelos, tios, amigos, etc) la adaptación al colegio fue buena y ahora que tiene casi 7 años le gusta ir a casa de amigos e incluso un par de noches se ha quedado a dormir y le encanta. Pero desde hace aproximadamente un año (cuando tenia 5,5 años) ha empezado a tener miedo a perderse y si vamos por la calle, o estamos en una tienda y en un momento determinado no me ve y no sabe donde estoy se pone a llorar (aunque sean unos segundos) porque dice que cree que se ha perdido, solo ocurre cuando el pierde la referencia de donde me encuentro, porque luego el puede estar jugando por el parque toda la tarde con sus amigos sabiendo que yo estoy al lado sentada en una terraza aumque no me vea.
Un saludo y muchas gracias por tu blog.
Rosa

Concha dijo...

Mi hijo de siete años, aparentemente no manifiesta ansiedad de separación de manera evidente, pero intuyo que es una pose, una estrategia más para no mostrar lo que el entiende por debilidades.

Lo que está claro es que no puede dormirse hasta que solucionemos un enfado, y que no le hace ninguna ilusión dormir en ningún lugar donde yo no esté.
Un abrazo

Luna dijo...

A los pocos meses de adoptar a mis hijas mi marido empezó a viajar y cada vez que se marchaba era terrible, insumisión y rebeldía desde la mañana hasta la noche. Con el tiempo se fueron acostumbrando a sus ausencias, ahora tres años después, la pequeña que tiene 5 años, sigue poniéndose nerviosa cuando su padre no está. La mayor, 7 años, sin embargo está tranquila, aunque cuando salimos de nuestro entorno (vacaciones) aunque sea un sitio conocido y esté con familiares se altera mucho y tengo que tenerla conmigo las 24 horas.

ALEXIA dijo...

Hola José Luis,
Como siempre muy interesante tu entrada. Llevo un tiempito en el que mi hijo le cuesta muchísimo separarse de mí, pero solo de mí. Está peor que al principio. No me deja ni ir al baño, ni ausentarme un segundo y arma unas pataletas de mucho cuidado. Muchas veces es casi imposible calmarlo y la verdad me encuentro amenudo en que no se como actuar. Espero tu próxima entrada con impaciencia porque cada día está peor y siento que a veces se me va de las manos.
Un abrazo fuerte y hasta pronto.